lunes, 6 julio, 2026 - 9:57 pm

La saga de la Argentina nuclear – L

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Los anteriores capítulos de la saga estan aqui FATE CIFRA: POSTALES DE AQUELLA ARGENTINA POSIBLE varsavsky cifra El hombre y la obra: el astrofísico Carlos Varsavsky y las Microcifra 10 científicas, que en 1975 ya se exportaban a Europa. Como concesión -indebida- a los EEUU, usaban punto decimal en lugar de coma. Necesitados de nuestra baquía en informática y sobre todo, en formar infomáticos, en 1987 los brasileños le hicieron a Manolo Sadosky la propuesta de la ESLAI, la Escuela Latinoamericana de Informática, para ir formando una mejor base de profesionales en el subcontinente entero. Como les sucedía con los asuntos atómicos, estos nuevos primos en el Mercosur tenían plata y la gastaban a espuertas en abrir y ampliar sus universidades «estaduales». Ya empezaban a cosechar ingenieros, y buenos. Pero necesitaban muchos más y eran esclavos de su pasado: les faltaba un siglo entero incubando un sistema educativo público de excelencia de punta a punta. Sadosky era Mariano Acosta + UBA, matemático, físico e informático. Varsavsky era Nacional Buenos Aires + UBA, astrofísico por una parte, y organizador industrial experto en prospectiva. Los propios ingenieros Madanes, una luz para la política y los negocios, tenían la UBA tatuada en el mate, y jamás, ni desde chicos, habían pisado un aula privada. En consecuencia eran gente muy polivalente y de un nacionalismo nada declamatorio. La historia de CIFRA entre 1969 y 1976 todavía eriza la piel. Bajo protección aduanera puesta por Aldo Ferrer durante la presidencia del general Roberto Levingston, y con Julio Broner, líder de la entonces potente Confederación Económica Argentina(CGE) aquellos Madanes estaban inventando otra Argentina. Con tecnología 100% salida de la Universidad de La Plata, sin pagar un dólar de royalties a ningún consultor externo, los Madanes acababan de fundar ALUAR en Madryn. La idea era transformar bauxita importada -en aquel momento, desde Jamaica- en aluminio nacional en lingotes. Lo quería la Fuerza Aérea para su Fábrica Militar de Aviones de Córdoba, por si había pesto con vecinos hacia el Oeste por rediseño de mapas. También vendría bien duraluminio criollo por si pintaba boicot de proveedores externos de aeronaves militares completas (como sucedió). Como reducir bauxita a metal es un proceso electrolítico que consume barbaridades de energía, a ALUAR el presidente militar Agustín Lanusse, siguiendo planes anteriores, le construyó la central hidroeléctrica de Futaleufú, en la lejana cordillera, y un electroducto de 330 KV (kilovoltios) que cruzaba 550 km. de la estepa chubutense. Fue una inversión majestuosa: la pared del dique mide 120 metros de alto y 600 de espesor en la base, y el cierre capturó 4 lagos preexistentes (el Situación, el Quiñe, el Epu y el Cula) y los unificó en uno sólo de 9200 hectáreas, que se llama Amutui Quimey (ningún chubutense lo llama así) y tiene profundidades de hasta 245 metros. La caída de agua generada es de 120 metros y alimenta 4 turbinas Francis, con 472 MW instalados totales, que producen regularmente 2900 GW hora anuales. En los 70 eran cifras muy «guau», pero hoy que no lo son tanto, queda claro que «El Futa» es quizás el más perfecto de los lagos hidroeléctricos argentinos: poca superficie pero bastante potencia, y lo alimentan lluvias que no son infalibles pero sí muy generosas. El cauce se tiende entre las isohietas de 1500 mm/año al Este, y de 3000 mm/año al Oeste. Sin población en esas orillas abruptas, el agua sigue tan cristalina como hace medio siglo. ALUAR, 550 km. hacia el Este, salvó a Madryn de evaporarse demográficamente. Cuando se instaló la firma, la ciudad no tenía ingresos, salvo la pesca. Conservaba 7000 habitantes y los iba perdiendo por el clásico patagónico: ciudades de chicos y de viejos: los jóvenes se van al norte a trabajar o a estudiar, y los que terminan una carrera, no vuelven ni a palos. Alguna gente en Madryn se ganaba la vida gracias el buceo recreativo, que da sus morlacos, pero sólo en verano. Se instaló ALUAR, bien al modo de los viejos Madanes, y se dió vuelta la ciudad: se llenó toda de ingenieros, técnicos y obreros calificados, que además cambiaron la educación pública porque muchos se pusieron a dar clases en escuelas y colegios. Se crearon las primeras carreras de la Universidad de la Patagonia Austral, Biología e Informática. Se instaló el CENPAT, instituto del CONICET. Madryn de pronto empezó a absorber juventud y laburantes: en 1980 ya tenia 22.000 habitantes, en 1991, más de 45.000, hoy anda por los 124.000. Estimados, Madryn es irreversible. Volvé, Aldo Ferrer, y llevate esta foto. Tu obra. Lo increíble es esto: todavía en 1993, el 99% de la electricidad se la “bebía” la inmensa ALUAR y con el 1% restante, sobraba para iluminar Trelew y Madryn. Con esas humoradas de la historia argentina, tan militar e impredecible, aunque fue la Fuerza Aérea la que fogoneó la creación de la represa de Futaleufú y la instalación de ALUAR, luego jamás le pidió «dural», es decir aleación aeronáutica de aluminio, para los aviones argentinos (los Guaraní, los Pucará, los Pampa), cuando todavía le quedaban ganas de diseñar y construir. ¿Pero acaso no fue un militar, Perón, quién en 1950 fundó la CNEA para lograr la fusión del litio? 73 años más tarde, nadie logró ese objetivo en el resto del planeta. Es más, nadie se lo propuso. Pero en la fisión del uranio, tanto más banal pero tecnológicamente peliaguda, la institución estuvo activa e hizo bastantes otras cosas interesantes… Si no las conoce, no está solo. La Argentina suele vivir en un termo cuando se trata de entender sus pequeñas victorias tecnológicas. Pero si tiene tiempo, puede leerlas en esta saga. Sin aluminio aeronáutico, de todos modos el país se llenó de cerramientos, autopartes y matricería de otras aleaciones de aluminio, con empresas constructoras en algunos casos fundadas a pie de ALUAR. La bauxita, una arenilla violentamente roja, viene a Madryn, puerto aceptablemente profundo y abrigado, desde el país que la tenga más en precio: Australia, China, la India o Guinea, no importa. Importa mucho más la energía que requiere transformar esos médanos escarlatas desembarcados en Madryn en aluminio metálico, algo que casi permite definir un lingote de ese material como electricidad congelada. Pero lo más importante, por lejos, es que la tecnología de la gigantesca planta se hizo y luego se rehizo aquí, en una universidad pública, sin consultoras gringas. Todavía más importantes aún fueron las decenas de fábricas de artículos de aluminio que surgieron en el país como consecuencia de ALUAR, y las miles de personas que emplean. Cuantimás, que el aluminio es un elemento versátil: con aluminio se puede hacer desde estructuras fijas y móviles, desde edificios a aeronaves, pero también automóviles, vagones de tren ultralivianos, artefactos de consumo como televisores de pantalla plana, notebooks, cables de alta tensión, estructuras de cohetes y hasta combustible sólido de cohetes, y altos explosivos también. Dadme aluminio y os daré una industria nacional más o menos diversificada y compleja. «Tecnológicamente densa», como decía Aldo Ferrer. Pero dadme también una burguesía con gente como Ferrer y aquellos Madanes. En el cenit de su poder económico, político e intelectual, aquellos Madanes y los discípulos de Sadosky hicieron de CIFRA uno de los 10 mayores fabricantes de calculadoras del mundo. Leyó bien. Y la firma, conste en actas, no era un armadero fueguino: tenía tecnología propia integrada verticalmente: impresoras, memorias, carcazas… ¡CIFRA diseñaba sus propios chips con sistemas CAD en 1970! ¡Y los fabricaba, junto con los “leds” de las pantallas, en una planta de 1400 personas! ¡Y qué velocidad de innovación! De 1973 a 1974, las CIFRA pasaron de tener 150 circuitos integrados a sólo 7, y mayor potencia de cálculo. Aquellas máquinas -no todas- tenían una impecable belleza y no había modo de romperlas. Literalmente hidrolavaron y rasquetearon del mercado nacional a Olivetti, IBM y Phillips, para luego inundar el latinoamericano hasta el Río Grande. Mientras en casa CIFRA era dueña del 50% de las ventas, en México, capturó el 30% en las barbas mismas del Tío Sam. Los mexicanos las adoptaron como al tango. En la orilla norte del Río Grande, Texas Instruments miraba con cierta preocupación. Me imagino a los representantes mexicanos pensando: «Ya les cruzaremos el mero río, pinches gringos cabrones…». El único mercado donde las “multis” del Hemisferio Norte le lograban armar una especie de Línea Maginot a CIFRA era… je, je… Brasil. ¿Cómo nos iban a olvidar, los primos, cuando se armó el Mercosur? Habíamos sido su pesadilla más cercana. En 1975 las CIFRA ya cruzaban el Atlántico rumbo a dos países de Europa, gracias a la “MicroCifra”, la segunda calculadora de bolsillo de la historia después de la Hewlett Packard 35, y la primera con capacidad de operaciones científicas y financieras. Aquí copó la región de movida, para leve desconcierto de Japón, que estaba llevándose puesto el resto del planeta con cuatro marcas nuevas, al menos en este ramo: Casio, Canon, Sharp y Sanyo. Nuestro país les resultaba indescifrable. En todo sentido. Cuando se quisieron acordar, los Madanes tenían 400 distribuidores en Argentina, unos 100 más afuera, y las maquinitas criollas pintaban hasta en la República Federal Alemana. El 30% de la producción se exportaba. El 15% de las utilidades se invertía en Investigación y Desarrollo. La craneoteca de FATE Electrónica tramaba ya la serie 1000, una proto-PC de escritorio, todavía sin teclado gráfico o pantalla independiente. Ahora el rival a barrer era IBM y el nicho computacional, el de las máquinas “mainframe”. La FATE 1000 tenía el tamaño de una máquina de escribir y la potencia de cálculo de una IBM 370, la cual en comparación, por tamaño y forma, era como una heladera adosada a un piano. La maquinita criolla intentaba una revolución conceptual: la transformación de la computadora como bien de capital en otro de consumo. Y ahí quedó. En la búsqueda de ese cambio de paradigma, la CIFRA 1000 no llegó a enfrentarse jamás con IBM. Tampoco pudo batirse con un adversario aún más elegante, avanzado y temible, un artilugio modular ya dotado de tres periféricos muy «game changer»: pantalla, teclado y mouse, arquitectura que dos hippies de nombre Steve y apellidos Jobs y Wozniak respectivamente, le afanaron a un gran competidor y pergeñaron en un garaje de Los Altos, suburbio de Los Ángeles. Hoy el lugar es sitio histórico: fue la cuna de la Apple II, que vendió unas 6 millones de unidades y cambió la historia de Jobs, Wozniak y el mundo. Obvio que con enormes ayudas directas e indirectas e incluso encubiertas de las agencias federales de innovación tecnológica militar pero dual, como la DARPA. Pero los creyentes de Silicon Valley prefieren la leyenda de que Apple nació por partenogénesis y en un pesebre. Bueno, un garage, es lo mismo. La Apple II y la CIFRA 1000 coincidían en ser aparatos difíciles de imaginar para los ingenieros en sistemas, y casi amigables para los tecnonabos que moriremos sin saber un comino de programación. Jobs y Wozniak sacaron su producto sin el respaldo financiero e industrial de Madanes, pero en un ecosistema económico y tecnológico de inmensa potencia: el californiano. De la DARPA y otros ríos subterráneos de dólares federales ya hemos hablado. Los milagros con ayuda gubernamental son más fáciles. A aquellos Madanes fundadores, en cambio, se les estaba incendiando el país. Carlos Varsavsky se tuvo que rajar a los EEUU cuando en 1977 mataron a su sobrino David, y con muchas amenazas de muerte encima. Murió allí, en los EEUU, como lo que había sido antes de su momento CIFRA: un radioastrónomo académico. Jobs dejó este mundo en 2011 sin haber siquiera oído de la marca CIFRA. El diseño de la ya antideluviana 211 tenía ese minimalismo “cool” de Apple. Pero esa firma tan cotizada en bolsa nunca pasó por el Rodrigazo y trascartón, por el industricidio traccionado a genocidio de aquel otro hijo de su madre, para quien era lo mismo producir aceros o caramelos. Hablo de aquel esquelético señor con apellido de hoz y guadaña de Parca, quien con su apertura unilateral de aduanas, de chupaderos y de financieras exterminó no sólo a miles de personas y empresas, sino también la noción misma de capitalismo tecnológico en Argentina. Lector@s, no me fumé nada raro. Cualquiera que se acerque a los 70 pirulos vio y usó las máquinas CIFRA. Quien conserve alguna, que la cuide: son objetos de culto en Internet. Cuando en 1978 las primeras Apple II llegaron a la Argentina sin pagar tasas aduaneras gracias al Doctor Joe, y más como chiche de ricos que otra cosa, los restos mortales de la planta de FATE Electrónica en Victoria, conurbano Norte de Baires, fueron comprados por la firma electrónica japonesa NEC. Para su entierro. Para aterrizar, los japoneses estaban desmalezando la pista, como quien dice. Pero quién nos saca la copa del Mundial 78, ¿eh?

Se inicia el proceso de construcción del Canal Magdalena

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Se conoce el cronograma de la licitación del Canal Magdalena En una primera etapa, se licitará la obra de apertura, y cuando ésta comience, será el turno del balizamiento. La selección del contratista para el mantenimiento del canal quedará para el próximo gobierno. «La obra que se llevará a cabo fue la acordada con Uruguay en el seno de la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP). No nos podemos mover un milímetro de este parámetro porque eso implicaría tener que volver a consulta con los uruguayos», señaló Hernán Orduna, vicepresidente del Ente Nacional de Control y Gestión de la Vía Navegable (Ecovina). El funcionario recordó que, en su momento, Uruguay pidió 45 tipos de estudios sobre la traza navegable los que fueron cumplimentados en su totalidad. «No vimos esto como una traba sino más bien como una oportunidad para demostrar la solvencia del proyecto», recordó Orduna en su exposición durante el seminario «Potencial Logístico del Canal Magdalena«. En el evento, llevado a cabo en la sede del Consorcio de Gestión del Puerto La Plata con una notable concurrencia, también expuso el titular del ente, José Lojo y el escritor Agustín Barletti, autor del libro «La hora del canal Magdalena«. El cierre estuvo a cargo de Juan Cruz Lucero, subsecretario de Asuntos Portuarios de la Provincia de Buenos Aires.
José Lojo junto al CEO de TecPlata, Juan Pablo Trujillo.

También informó sobre el cronograma establecido: en una primera etapa, se licitará la obra de apertura, y cuando ésta comience, será el turno del balizamiento. La selección del contratista para el mantenimiento del canal quedará para el próximo gobierno. El tiempo estimado de la obra será de 21 meses, aunque las experiencias de trabajos anteriores muestran que este plazo podría reducirse sensiblemente. Por ejemplo, cuando la dragadora Jan De Nul realizó a mediados de los 90 la apertura de la Vía Navegable Troncal del Paraná, se adelantó en varios meses a los plazos previstos.
Croquis del Canal Magdalena.
Los expositores coincidieron en la necesidad que se concrete el canal por la importancia que tiene para la logística y el comercio y para la defensa de la soberanía argentina. Lojo celebró este encuentro que contó con una amplia participación de público y muy buena recepción «en cuanto a los beneficios que el canal se haga por los beneficios que tendrá para la Región, la Provincia y el país». «Lo más importante es que el Canal Magdalena es la vía natural de acceso para el Río de la Plata y cuenta con ventajas técnicas que van a permitir que las grandes embarcaciones que hoy ingresan al río lo hagan con mucha más seguridad, mejor conexión y nos permita que los puertos de la ribera del río del lado argentino se desarrollen de tal manera para que podamos asegurar una muy conectividad entre nuestra zona núcleo de producción y la zona de destino de la mercadería», explicó Lojo. Asimismo, reafirmó el compromiso para que esto se concrete «al tratarse de una cuestión de soberanía, ya que de esta manera aseguramos una conexión entre nuestro litoral fluvial y marítimo hasta la Antártida que hoy no la tenemos, hoy tenemos que pedir permiso a Uruguay para ir de Rosario a Necochea; es necesario tener el gobierno de la circulación de nuestras embarcaciones y mercadería». En tanto, Lucero recordó que «esta obra fue impulsada por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y discontinuada en el año 2016 por la gestión anterior» y reforzó la afirmación del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel kicillof quien sostuvo que «la ejecución de este proyecto es un acto de soberanía ya que le permitirá al Estado recuperar recursos de la Provincia y del país«. «Por sus beneficios económicos, logísticos y geopolíticos, con el Canal Magdalena lograremos multiplicar la generación de riqueza en la Provincia, integrar nuestras distintas áreas geográficas y regiones, mejorar la distribución del ingreso, generar puestos de trabajo y asegurar un futuro más próspero para las y los bonaerenses», concluyó. Por su parte, Barletti explicó que «esta obra se paga sola desde su inicio. La masa salarial generada por las empresas nacionales con dragas bajo bandera argentina tendrá un colosal efecto multiplicador sobre la economía«. Añadió que «una vez realizada la apertura del Canal Magdalena, bajarán los fletes, se navegará de forma más segura y se acortarán los tiempos de navegación. Asimismo, en la zona de General Lavalle se prestarán con mano de obra argentina todos los servicios a los buques que hoy se realizan en Montevideo». Orduna destacó el potencial logístico del Canal Magdalena e hizo una breve reseña «a la evolución del proyecto y de los estudios correspondientes que se vienen realizando desde hace años para que esto se concrete y que cuentan con las aprobaciones correspondientes». Además, habló sobre la proyección del Puerto La Plata en este escenario ya que «se convertirá en una pieza magistral beneficiado por la ejecución del proyecto de Canal Magdalena, contando con la ventaja que la adecuación del Canal de Acceso requerirá un dragado mínimo». Finalmente, coincidió con los expositores en «que el canal mejorará los tiempos de navegación, la fluidez del tráfico y el valor real del flete y reafirmó la importancia que tiene para la soberanía de nuestro país». Estuvieron presentes el presidente del Concejo Deliberante de Ensenada, Luis Blasetti, el CEO de TecPlata, Juan Pablo Trujillo, concejales y concejalas de la Región, el ingeniero Horacio Tettamanti, ex Subsecretario de Puertos y Vías Navegables de la Nación, representantes de Aduana La Plata, Prefectura La Plata, Escuela Naval, entre otras autoridades del gobierno nacional, provincial y municipal. También, instituciones educativas, cámaras empresariales y de servicios portuarios, instituciones, gremios, y público en general.

INTA: Argentina, con alto potencial para producir y exportar fertilizantes biológicos

Un equipo de investigación de la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), del que participa el INTA, estimó que el país genera 1.7 millones de toneladas de estiércol promedio por día en las producciones de carne bovina, avícola, porcina, tambera y de huevos. Apuntan a reutilizar sus nutrientes en fertilizantes de base biológica que compitan en el mercado internacional. Una oportunidad en un contexto global de demanda de mayor sostenibilidad productiva. El estiércol es el mayor flujo de biomasa residual rico en nutrientes generado por el sector pecuario con gran potencial para convertirse en fertilizantes de base biológica y bio-estimulantes vegetales. La reutilización eficiente de los nutrientes de estos residuos es una oportunidad en un contexto global de demanda de mayor sostenibilidad productiva. Con esta premisa como faro, el proyecto FERTIMANURE apunta a la recuperación innovadora de nutrientes de fuentes secundarias para la producción de fertilizantes de alto valor agregado a partir de estiércol animal. Para cumplir con su objetivo, cuenta con la participación de especialistas de 20 instituciones público-privadas de nueve países España, Bélgica, Alemania, Países Bajos, Italia, Croacia, Francia, Chile y Argentina. En este marco, una delegación internacional del proyecto recorre, del 8 al 13 de marzo, producciones animales en la Argentina y realiza una serie de actividades, entre las que se destaca una visita al INTA Castelar. “Argentina genera un promedio de 1.708.616 toneladas de estiércol por día en las producciones de carne bovina, avícola, porcina, tambera y de huevos”, detalló María Eugenia Beily, investigadora del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola del INTA Castelar y parte del equipo de FERTIMANURE. “A partir de los datos del último censo agropecuario, generamos un informe con estimaciones de generación de estiércoles en las diversas producciones animales de la Argentina y analizamos su composición nutricional de nitrógeno, fósforo y potasio”, explicó. Del estudio del INTA surge que todas las producciones animales generan estiércoles muy ricos en nutrientes, los cuales deberían ser reutilizados y recuperados como fertilizantes en la agricultura. De todos modos, reconoció: “los estiércoles obtenidos de las producciones de carne porcina y avícola presentan los contenidos de nutrientes más elevados”. Este dato cobra mayor valor al confirmarse que pueden ser recuperados gran parte de su totalidad para obtener fertilizantes de base biológica para la agricultura. Es que, según se desprende de la investigación, la totalidad de los animales destinados a la producción de carne aviar y huevos están en confinamiento total, mientras que el 40 por ciento de los porcinos están en estas condiciones. En referencia al aporte nutricional diferencial entre unas producciones y otras, explicó que “los estiércoles producidos en la carne porcina y avícola tienen cifras más elevadas en nitrógeno, fósforo y potasio porque los sistemas digestivos de estos animales no son tan eficientes en la absorción de estos nutrientes”. En esta línea, Beily ponderó la implementación de tecnologías que permiten la recuperación de nutrientes a partir de los estiércoles y subrayó sus beneficios. “Por un lado se reduce el impacto ambiental que generan estos residuos orgánicos cuando no tienen tratamiento y, por otro, se reutilizan estos recursos renovables valiosos, aportando al concepto de economía circular”. Del estudio realizado por el INTA para el proyecto FERTIMANURE surge que, en la Argentina, hay 131 mil establecimientos de producción bovina con 53,9 millones de animales, de los cuales entre el 20 y el 28 por ciento están confinados y concentrados principalmente en Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. “Esta producción tiene un promedio de generación de estiércol de 1.617.000 toneladas por día”, especificó Beily. Y explicó que la composición nutricional promedio estimada por el INTA es de 13.500 miligramos de nitrógeno por kilo de estiércol, 4,18 miligramos de fósforo y 7,98 de potasio. A su vez, la producción tambera cuenta con 7.069 establecimientos con 1,08 millones de animales, de los cuales el 15 por ciento están confinados. Estos animales están distribuidos en mayor proporción en Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. “Estos animales generan aproximadamente 12.096 metros cúbicos de efluentes por día con una composición de nitrógeno, fósforo y potasio muy rica”, explicó Beily quien detalló que presentan en promedio 1.200 miligramos de nitrógeno por kilo de efluente, 55 miligramos de fósforo y 368 de potasio. Por su parte, la producción de carne porcina cuenta con 39.398 establecimientos con 3,6 millones de animales, de los cuales el 40 por ciento están confinados y concentrados, en su mayoría, en Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa. “La generación promedio se calculó en 43.200 toneladas por día con una composición nutricional de 2.400 miligramos de nitrógeno por kilo de estiércol, 423 miligramos de fósforo y 1.451 de potasio”, indicó la especialista del INTA. Además, la producción de carne avícola o pollos parrilleros cuenta con 1.511 establecimientos con 490 millones de animales, todos ellos confinados y concentrados en Entre Ríos y Buenos Aires. “Esta producción genera 34.300 toneladas de estiércol por día, con una composición nutricional es de 29.600 miligramos de nitrógeno por kilo de estiércol, de 9.700 miligramos de fósforo y 12.500 de potasio. Por último, hay 494 establecimientos de producción de huevos en la Argentina con 20,2 millones de animales, todos confinados y distribuidos en Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Mendoza. “Se generan aproximadamente 2.020 toneladas de estiércol por día con una composición nutricional promedio de 47.000 miligramos de nitrógeno por kilo de estiércol, de 13.500 miligramos de fósforo y 30.300 de potasio. “El INTA es uno de los socios de la CELAC con una gran actividad dentro del proyecto”, señaló Beily, quien, además, destacó el aporte de la institución para comprender el potencial de mercado, así como el análisis de la generación de estiércol en las principales producciones pecuarias de la Argentina, el estudio de la oferta de nutrientes derivados y su distribución geográfica. “Hace 15 años que realizamos relevamientos y estudios con estiércoles de diversas producciones animales y, a partir de toda esa información, estimamos promedios del contenido de nutrientes -nitrógeno, fósforo y potasio- que tienen los efluentes líquidos o purines y el estiércol sólido”, detalló la especialista. Un proyecto por la economía circular FERTIMANURE tiene como objetivo la recuperación innovadora de nutrientes de fuentes secundarias para la producción de fertilizantes de alto valor agregado a partir de estiércol animal. Su nombre es un acrónimo de la frase en inglés “FERTIlizer from animal MANURE”, es decir, abono de origen animal estiércol. Financiado por la UE, este proyecto cuenta con la participación de 20 instituciones público-privadas de 7 países europeos (España, Bélgica, Alemania, Países Bajos, Italia, Croacia y Francia) y 2 países de la CELAC (Argentina y Chile). Actualmente, están en marcha 5 proyectos piloto en granjas en 5 países diferentes de la UE que apuntan a valorizar el estiércol de 3 tipos diferentes de materias primas. Enmarcado en el Programa Horizonte 2020, el proyecto apunta a brindar soluciones innovadoras en materia de tecnología, productos finales y modelos comerciales que contribuyan a resolver la problemática de la generación de estiércol en los establecimientos pecuarios intensivos de aves, cerdos, feed-lot y tambos. El proyecto cuenta con diversos módulos que comienzan con la producción de información de base, tanto en la UE como en la región de la CELAC. Es decir, la densidad de animales y generación de estiércoles; análisis del marco legal de gestión de fertilizantes y manejo de estiércoles, análisis de mercados de fertilizantes inorgánicos y orgánicos. Europa produce alrededor de 1.400 Mt de estiércol por año y más del 90 % del estiércol producido se devuelve a los campos agrícolas. Sin embargo, este sistema de economía circular aún requiere incrementar su eficiencia. Este proyecto apunta a crear sinergia entre los agricultores y las actividades industriales. A su vez, el proyecto cuenta con el desarrollo de las plantas pilotos para la recuperación de nutrientes para la producción de fertilizantes de base biológica. Así como la producción de los fertilizantes de base biológica a medida y la evaluación de su calidad. También se trabaja en la demostración de los fertilizantes de base biológica y la evaluación de la sustentabilidad de los fertilizantes y las plantas de recuperación de nutrientes

ARSAT compra sistemas avanzados a Communications & Power Industries

ARSAT, la compañía nacional de telecomunicaciones argentina, ha adjudicado a Communications & Power Industries (CPI) un contrato de aproximadamente 20 millones de dólares para el suministro de grandes sistemas de telemetría, seguimiento y mando (TT&C) y puertos de enlace en banda Ka para el satélite ARSAT-SG1. CPI suministrará dos antenas TT&C de 13,2 metros y seis antenas de estación terrestre de puerto de enlace de 6,3 metros, cada una de ellas totalmente integrada con amplificadores de comunicaciones por satélite de CPI, que se instalarán en varios emplazamientos de Argentina.
ARSAT-SG1, cuyo lanzamiento está previsto para 2025, será el primer satélite de alto rendimiento de ARSAT con tecnología de satélite de alto rendimiento (HTS), así como su primer satélite que opera en la frecuencia de banda Ka. Su objetivo es proporcionar banda ancha por satélite fiable y de alta calidad a más de 200.000 hogares en zonas rurales de baja densidad de Argentina, Bolivia, Chile y Paraguay, donde el despliegue de infraestructuras de comunicaciones terrestres es insuficiente para atender la creciente demanda.

Proyectos industriales en el area de defensa

Uno de los aspectos centrales para la recuperación de capacidades de las Fuerzas Armadas Argentinas es el desarrollo de diversos proyectos y programas que busquen la incorporación de nuevos medios y sistemas a través de su adquisición, teniendo un necesario impacto en la industria nacional para la Defensa, a través de la inclusión de opciones de transferencia de tecnología, offset y producción local.

En este marco, reproducimos esta entrevista de Zona Militar al Subsecretario de Investigación Científica y Política Industrial para la Defensa, Licenciado Roberto Adaro, y al Director Nacional de Política Industrial para la Defensa, Licenciado Martín Novella.

ZM: ¿En qué situación se encuentran los proyectos industriales para la defensa y la industria para este sector en general?

Roberto Adaro: A esta gestión en Defensa le tocó asumir en el marco de condiciones que son transversales al resto de la Argentina (alto nivel de endeudamiento, un sector productivo golpeado, y una situación económica general que luego se agravó por la pandemia del COVID-19 y luego por la Guerra entre Rusia y Ucrania). Al momento de iniciar la gestión, el Ministerio estaba plagado de contratos truncos, que se dejaron de pagar abruptamente sin formalizar un cierre. Estas deudas eran tanto con proveedores nacionales como internacionales.

En ese contexto de primer año de gestión, se logró la aprobación de la Ley del FONDEF, una ley apoyada por un amplio espectro político, que representa la asignación de un crédito específico para el reequipamiento y la modernización de las Fuerzas Armadas, reconociendo ahí una deuda histórica.

El FONDEF generó una movilización de las áreas y organizaciones de las FFAA y el Ministerio a cargo de las adquisiciones, luego de muchos años sin participar intensamente en los mercados de defensa. Por el lado de la industria, esta movilización también generó el interés de empresas y capitales nacionales, en general PyMEs, con ganas de convertirse en proveedores de la defensa. En este sector, sin una señal de demanda de parte del Estado, es imposible que haya empresarios dispuestos a arriesgarse, y eso es lo que queremos conseguir.

ZMDe los proyectos que ustedes tomaron, ¿cuáles son esos que consideraron que son esenciales que se mantengan en las Fuerzas Armadas como para darle impulso y que tengan algún resultado tangible en estos tres años?

Roberto Adaro: Son muchos pero hay algunos que debemos destacar por su relevancia. Ciertamente el caso del proyecto de Modernización del TAM es paradigmático, ya que se firmó en 2015, luego se dejó de pagar, quedó frenado y nunca se inició, hasta que en 2021 se terminó de pagar el anticipo y pudo empezar su ejecución.

Este proyecto tiene diversas aristas que vale la pena destacar:

Es un desafío pedagógico, ya que por primera vez en décadas tenemos en curso un proyecto grande y complejo que involucra a un proveedor internacional de primera línea, ELBIT SYSTEMS, trabajando a la par de proveedores argentinos y del personal técnico del Ejército.

En ese sentido fue necesario volver a entrenar un músculo que teníamos atrofiado: la gestión de proyectos de transferencia de tecnología (recordemos que el proyecto TAM original fue así), el desarrollo de proveedores locales que pudieran complementarse y estar a la altura, y la coordinación de diversas áreas de gobierno, civiles y militares, que participan en las diversas etapas del mismo: logística, presupuesto, arsenales, aduana, investigación y desarrollo, normas técnicas, comunicaciones, etcétera.

Creemos que en ese sentido se marca un rumbo, y que ese rumbo ojalá se mantenga y se profundice. Por eso, es importante que este tipo de proyectos tengan continuidad a largo plazo.

Aquí hay un punto clave, independientemente del esfuerzo e impulso que pueda hacer una gestión del Ministerio, y es que las Fuerzas y toda la sociedad se apropien de los proyectos. Por ejemplo, el TAM es de la República Argentina. Lo administra y usa el Ejército, pero es una inversión que está haciendo el Estado argentino y que está haciendo la República Argentina para su defensa.

El otro aspecto central del proyecto TAM2CA2 es la recuperación de una empresa como IMPSA como proveedora de la defensa. El proyecto no sería posible si no fuera porque encontramos en IMPSA un socio estratégico, una empresa que ahora es pública, y cuenta con una experiencia, una infraestructura y una capacidad de reacción que en muy poco tiempo nos permitió generar un abanico muy amplio de soluciones para el proyecto. Hoy IMPSA está haciendo la ingeniería inversa y la modernización de la batea de los tanques, además del mecanizado de las torres.

Martin Novella: Además del TAM podemos mencionar a otros proyectos importantes en curso que es importante velar por su continuidad.

En primer lugar, hay varios proyectos que involucran a FADEA, como la Modernización del Pucará, la Modernización de los Hércules o la fabricación del Pampa. También se dio inicio definitivo al desarrollo y fabricación del IA-100 Malvina.

La obtención de resultados en proyectos de esta naturaleza requiere continuidad presupuestaria ya que las discontinuidades a las que se han expuesto generan interrupciones en las líneas de suministro, dificultan la relación con proveedores y se pierden capacidades y recursos calificados, tanto en la base industrial que provee a estos proyectos como en las propias empresas de la defensa. Por todo eso es muy importante garantizar su continuidad, darles previsibilidad financiera y que puedan madurar para alcanzar un ritmo acorde a una línea de producción.

Por su parte, TANDANOR retomó y finalizó el proyecto de la Lancha tipo SWATH, que había estado frenado durante muchos años. También consolidó su rol de astillero de mantenimiento para la Armada y está trabajando en fortalecer su área de ingeniería, a partir de proyectos como el del Buque Polar en vinculación con el astillero finlandés AKER.

Otros proyectos de gran relevancia son los que involucran a INVAP y el desarrollo de radares. En ese sentido, la continuidad del SINVYCA y del programa de radarización para el Comando Aeroespacial es fundamental. Pero también se ha iniciado diversos proyectos tendientes a diversificar el portafolio de INVAP en materia de radares. Por ejemplo, se dio inicio al desarrollo del POD ISR y de la mano de ello un radar aerotransportado; de radares navales; y de un radar multifunción para la defensa aérea.

ZM: FONDEF- ¿Lo que es investigación y desarrollo está contemplado en el FONDEF? ¿O en realidad son partidas que se asignan se bajan y demás como funcionaría cualquier un presupuesto anual?

Roberto Adaro: La Ley del FONDEF es una asignación específica de parte del ingreso corriente previsto en el Presupuesto Nacional que debe destinarse al reequipamiento de las Fuerzas Armadas. A partir del sistema de inversión de la defensa actualmente vigente, y por la normativa existente incluso previa al FONDEF, todo proyecto debe figurar dentro del Banco de Proyectos de Inversión Pública, cumpliendo con los requisitos correspondientes.

Dentro de eso los proyectos de FONDEF pueden ser de toda clase: de adquisición local o al exterior; llave en mano o de investigación y desarrollo; de plataformas o de munición. La Ley no lo restringe a un tipo particular, sólo se focaliza en el reequipamiento de las FFAA.

En ese marco, la Ley del FONDEF y otras normas indican que siempre que sea posible se deben priorizar los proyectos de desarrollo local, la transferencia de tecnología, el crecimiento de la industria de defensa nacional y su internacionalización.

ZM: En definitiva, el espíritu de la ley era asignación a gastos de capital, y en el año pasado han aparecido determinados ítems en lo que es el FONDEF que ya empiezan a generar algún tipo de ruido en el ámbito. Por ejemplo el tema de la munición. Si bien es algo completamente necesario, se sabe que no hay un stock de munición, pero no es específicamente un gasto de capital.

Roberto Adaro: Efectivamente, el año pasado el Ministro Taiana aprobó el Plan de Adquisición de Munición Plurianual (PAMP), que prevé la asignación de una parte del FONDEF para la compra de munición. Esto supone, en primer lugar, asegurar un flujo sostenido para ese fin, lo cual permite entablar negociaciones más sólidas y en mejores condiciones. En segundo lugar, la implementación del PAMP está centralizada en el Estado Mayor Conjunto, con el objetivo de consolidar compras comunes, mejorando las condiciones y asegurando la congruencia. En tercer lugar, y con relación a la pregunta, las municiones son elementos que integran sistemas de armas y en ese sentido se encuentran plenamente dentro del alcance del FONDEF, cuyo objeto es el reequipamiento de las FFAA.

Quizás es una cuestión semántica, pero “bienes de uso” corresponde a una denominación propia del clasificador presupuestario del Sector Público, de allí que sea un concepto más abstracto que lo relativo al material militar.

Eso no quita que el FONDEF sea un instrumento perfectible. El FONDEF se aprueba a finales del año 2020, con la Ley de Presupuesto 2021 ya aprobada. Eso requirió un esfuerzo de consistencia para su implementación. Luego, en 2022 el Congreso Nacional no aprobó la Ley de Presupuesto, y se debió trabajar con un presupuesto reconducido. Eso representó un desafío aparte para el FONDEF. En ese sentido, podemos decir que este año 2023 es el primero donde tenemos una Ley de Presupuesto aprobada que incorpora proyectos FONDEF.

ZM: ¿Piensan que es algo que va a durar con el paso del tiempo y que se vaya a concretar en varios proyectos?

Martin Novella: Para que dure en el tiempo necesariamente el sistema tiene que madurar y mejorar. Hay cuestiones que no son solo recursos económicos, sino que implican un esfuerzo adicional como el preparar las estructuras de gestión, tener equipos técnicos preparados y capacitados para gestionar proyectos, administrar presupuesto, negociar contratos. En su núcleo, la gestión de Defensa es una gran operación logística.

Lo peor que puede pasar es tener el crédito presupuestario y no saber o poder ejecutarlo eficaz y eficientemente por carencias en recursos humanos o las instituciones destinadas a tal fin. No es sólo una disquisición sobre la buena administración del recurso público, sino que hace a la defensa nacional y también a las posibilidades de desarrollar una industria para la defensa.

ZM: Queremos entender un poco esta dinámica entre lo que es el FONDEF y lo que es la incorporación de medios, y cómo se concatenan con lo que son los planes de investigación y desarrollo. ¿Cómo se inserta el I+D dentro del FONDEF?

Martin Novella: En general los proyectos de I+D se inician a partir de un requerimiento de las Fuerzas, que puede ser o bien proveniente de las unidades operativas, o bien propio de las áreas de investigación y desarrollo, que a su vez está vinculado un requerimiento operacional. En ese sentido, los proyectos de I+D pueden ser proyectos FONDEF como cualquier otro. Es una definición de cada Fuerza, del EMCO y del Ministerio si un requerimiento operacional puntual se va a satisfacer mediante un proyecto de adquisición “llave en mano”, o bien mediante un proyecto de desarrollo. Lo que importa en todo caso es qué criterios se utilizan y cómo se configuran.

En el caso de varios proyectos de I+D, lo que está implícito muchas veces es una lógica tirada por la oferta, según la cual se sigue el camino de: investigar, diseñar, prototipar, madurar tecnológicamente y, por último, cuando están en condiciones, se trasciende a la fabricación de una serie. Este último salto suele ser estar expuesto a toda clase de obstáculos. Muchas veces porque no se financian adecuadamente para alcanzar un prototipo operativo, y en el transcurso la propuesta quedó obsoleta. Otras veces porque el proyecto es accesible en su fase de ingeniería, pero el salto a la producción es excesivamente costoso (por ejemplo, para adquirir maquinaria para una fabricación en escala). Otras veces porque no se desarrolló un proveedor externo, o se descuidó algún aspecto de la cadena de provisiones.

Pero los proyectos de I+D son fundamentales, porque permiten generar una capacidad única dentro de las FFAA (y en el país) de conocimiento profundo de las tecnologías de defensa, el cual es necesario no sólo para generar soluciones, sino también para formular y orientar los requerimientos, adquisiciones y derrames tecnológicos hacia la industria.

Ahora bien, los años o las décadas de desinversión han derivado en que algunos equipos o plataformas principales estén obsoletos o fuera de servicio. En el orden de prioridades, modernizar esos sistemas principales, como aviones, blindados o buques, siempre va a pesar más que desarrollar algún subsistema tecnológico o capacidad particular, y la gran asimetría entre sus costos implica que los primeros tengan preeminencia al momento de asignar y distribuir recursos.

Entonces, una forma de resolver esa tensión es precisamente apoyarse en los grandes proyectos de adquisición como base sobre la cual desarrollar capacidades locales. Esos grandes proyectos, en la medida que prosperan, son demanda efectiva. Establecen una base de financiamiento, plazos y escala de producción. O sea, definen los contornos de un mercado. Eso nos permite generar oportunidades de derrame hacia la industria nacional sobre una base concreta.

Además, si esos proyectos involucran a un actor externo más avanzado, me permiten acceder a transferencias de tecnología y generar vinculaciones internacionales para mi industria, y muchas veces sobre la base de acuerdos políticos inter-estatales que dan estabilidad institucional a los proyectos.

Entonces, se trata de capitalizar lo más posible esas inversiones, especialmente si son adquisiciones al exterior. Ahí es donde entran los Acuerdos de Cooperación Productiva, u offset.

Roberto Adaro: Los recursos siempre son escasos y en el fondo todo es un tema de asignación de prioridades. ¿A qué le das prioridad? ¿a la adquisición de medios o al sostenimiento de la tropa en los cuarteles? Lo importante y lo urgente en un mismo plano y al mismo tiempo. Son decisiones difíciles y se trata de balancear múltiples necesidades.

La investigación y el desarrollo son parte sustancial de la defensa para cumplir con los principios de autonomía y soberanía. ¿Cuán soberano o autónomo puedo ser sin la capacidad de investigar, innovar y desarrollar? Si bien hoy la tendencia se inclina hacia el uso dual de la tecnología desde su génesis, buena parte de los bienes y servicios tecnológicos que hoy disfrutamos tuvieron sus inicios en la defensa. Negarnos esa posibilidad, desperdiciando además las capacidades de nuestro sector científico en pos siempre de lo urgente es “pan para hoy, hambre para mañana”.

El desafío es de articulación. De vincular esas capacidades, con las necesidades y requerimientos concretos de las FFAA y de la Defensa.

El desafío también es pasar de la Ciencia a la Tecnología, y de ésta a la Producción. Es un camino que suele asumirse como dado, lineal, pero que no lo es tal. Podemos afirmar que este desafío abarca a todo el sector científico tecnológico nacional, y no solamente al área de defensa.

En lo que respecta a los proyectos de I+D, se trata de procesos extendidos en el tiempo y que, hasta alcanzar un resultado final satisfactorio, el camino muchas veces no es lineal. En ocasiones hay que llegar a callejones sin salida para volver y lograr el resultado. Y hacer esto en un contexto donde se tienen necesidades operacionales urgentes, en un periodo de tiempo más corto, es difícil. Requiere balancear esa dicotomía temporal.

En ese contexto, lo que pasa muchas veces es que oscilamos en un péndulo entre comprar todo afuera del país, o tratar de generar los desarrollos internamente en la estructura de las FFAA con los recursos a mano.

Seguramente se trata de construir un equilibrio. Hay capacidades que es imprescindible desarrollar internamente porque son muy específicas o requieren una velocidad de respuesta que no puede depender de un tercero. Pero para muchos otros sistemas, debemos poder generar asociaciones con empresas nacionales preferentemente, o bien de otros países que están más avanzados en la escalera de desarrollo, y encontrar áreas o subsistemas para trabajar en conjunto con nuestra industria local. Eso requiere conocer los proveedores, qué fortalezas tienen, y cuáles son esas áreas de cooperación posibles.

A veces la nostalgia nos juega una mala pasada, porque creemos que lo que se hizo hace 40 años, lo podemos hacer ahora de vuelta. No entendemos que pasaron 40 años, la gente que lo hizo ya no está, las máquinas se volvieron obsoletas, recuperarlas es impracticable, y el estado del arte de la industria es otro.

Martin Novella:

Agrego además que hace 40 o 70 años tampoco se hicieron desarrollos 100% autóctonos. La primera fase de industrialización militar, entre las décadas del ’20 y ’30, hubo grandes compras de equipamiento y maquinaria industrial en Europa llave en mano. La segunda fase, con Savio en Fabricaciones Militares, también involucró diversas producciones bajo licencia, como el FAL, y compras de bienes de capital al exterior con financiamiento internacional, por ejemplo, el caso de SOMISA y el Plan Siderúrgico, en asociación a firmas de ingeniería y bancos de EEUU.  Y la tercera etapa, en la década del ’70, se trató de una serie de acuerdos de co-producción y transferencias de tecnología (hoy les diríamos “offsets”, aunque en esa época no se llamaban así), mayormente con empresas alemanas, como el TAM, el Pampa, las MEKO y los submarinos. Este recorrido es el que siguen todos los países del mundo con intenciones de desarrollar una industria militar, pero se cortó en la década del ’90.

ZM: La cuestión del offset. Hace poco el Ministerio aprobó una reglamentación interna. ¿En qué consiste esto? ¿Va a pasar también a una normativa nacional? ¿Esto de alguna manera impacta con lo que es el Compre Argentino o alguna Ley de offset nacional, ¿cómo sería este este camino de la integración industrial o tecnológica en proyectos de defensa?

Roberto Adaro:

La primera cuestión en ese sentido es que en realidad no fue una Resolución, sino que fueron dos Resoluciones que están estrechamente vinculadas y se aprobaron conjuntamente. Por un lado, la Resolución 1612/22 que aprobó las pautas para los acuerdos de cooperación productiva u “offset”, y por otro lado, la Resolución 1611/11 que crea el Programa de desarrollo de proveedores para la industria de la defensa.

Los “acuerdos de cooperación productiva” consisten en la exigencia de “compensación” (offset en inglés), en el marco de una adquisición de un sistema de armas al exterior, que se le realiza al proveedor del mismo.

Aún dentro del paraguas normativo de la Ley de Compre Argentino, quisimos avanzar en algunos aspectos puntuales no estrictamente comprendidos por la ley o bien, que por la especificidad de la jurisdicción defensa, merecen una regulación particular.

Lo primero es conceptualizar qué es offset y qué no. Para nosotros, en defensa, offset es aquello que genera una nueva capacidadque habilita una transferencia de tecnología, que genera nueva producción o que habilita una exportación. No importa si luego se instrumenta mediante una capacitación, una subcontratación o una coproducción. En ese sentido, cuestiones como recibir cursos adicionales para la operación de los sistemas, o la posibilidad de offsets indirectos como la exportación de commodities, no son offsets bajo la actual política.

La segunda cuestión es que a nosotros nos preocupaba que la exigencia de los offset se haga extensiva a los acuerdos Estado-Estado, que no están estrictamente comprendidos dentro de la Ley de Compre y que en defensa son muy habituales, especialmente para los sistemas más relevantes. Necesitábamos contar con un marco más claro para las FFAA en relación con eso.

La tercera cuestión era asegurarnos que los derrames tecnológicos e industriales que vengan de la mano de esos proyectos de adquisición, que demandan un gran esfuerzo para el Estado Nacional, sean aprovechados dentro del ámbito de la Defensa considerado en su totalidad. Esto puede incluir otras áreas u organizaciones distintas a la beneficiaria de la compra original, pero también potencialmente a empresas públicas o privadas que son proveedoras de la defensa.

ZM: ¿es una normativa que ustedes la apuntan de manera absoluta? Qué pasaría por ejemplo si se compran fusiles, o, en un extremo opuesto, en la compra de un caza multirol, donde las complejidades son distintas. ¿Qué tipo de offset se puede producir? ¿cómo se cómo trabajarían la cuestión del offset en ese caso sabiendo que no hay escalas industriales?

Roberto Adaro:

Hay dos condicionantes. Lo primero es si el instrumento es Estado-Estado. Si no es un Estado-Estado rige, en la medida en que lo alcance por los montos, la Ley de Compre Argentino. La segunda cuestión es el monto de la compra, o sea el offset es exigible a partir de un determinado monto que está medido en módulos para que sea ajustable. Actualmente se encuentra en torno a los USD 9, 6 millones. Si esos dos requisitos se cumplen, se debe contemplar un offset.

Martín Novella: Los ejemplos planteados en la pregunta son buenos porque son dos extremos donde es desafiante identificar un offset evidente. El primer factor crítico a considerar siempre es la magnitud de la compra y la escala. Si la compra es muy pequeña, es difícil que yo pueda exigir un offset considerable. Debemos ser realistas y entender a qué tipo de offsets podemos aspirar con nuestras posibilidades.

Siguiendo tus ejemplos, en el caso de una modernización de fusiles hay empresas que ofrecen el ensamble y fabricación de piezas a nivel local, si la compra supera determinada cantidad, que por otra parte es razonable para el tamaño de nuestras FFAA. No estaría fuera de alcance. Pero si sólo se van a comprar pocos fusiles para una unidad, es más difícil y no tiene sentido industrial.

En el otro caso extremo, si el sistema es una plataforma que involucra integraciones muy complejas, con proveedores desarrollados específicamente, es otro caso problemático. Porque quizás se trata de la compra de un sistema muy costoso para nosotros, pero que en términos internacionales sigue siendo una compra pequeña.

Por ejemplo, el caso de Brasil con la compra a SAAB de los Grippen, la envergadura de la adquisición les permitió negociar y obtener a cambio decenas de acuerdos particulares de offset para desarrollar proveedores locales de diversos subsistemas, con el apoyo de SAAB.  Es una apuesta estratégica y que involucra una co-producción.

En nuestro caso, para empezar, depende si se trata de una plataforma a producir, modernizada o usada. Y dada la cantidad de unidades a adquirir, es más coherente apuntar a incorporar capacidades de mantenimiento de alto nivel, la apertura de determinados sistemas, o la posibilidad de integrar o interoperar con sensores o sistemas desarrollados localmente.

La posibilidad de interoperar, por ejemplo, me permite vincular a una empresa local con una empresa líder de defensa a nivel mundial, aún si no es proveedora del sistema principal. Y eso me permite encontrar la vuelta al problema de las economías de escala que siempre actúan como barreras a la entrada.

En ese sentido, la lógica tradicional que sólo piensa en maximizar la sustitución de importaciones no siempre es la más adecuada. En verdad se trata de insertarse en las cadenas de valor, de la forma más inteligente posible.

Por otra parte, hay que aclarar que la norma genera la flexibilidad suficiente para autorizar excepciones para aquellos casos donde no hay una posibilidad real de offset y es preciso proceder con la compra. En ese sentido se trata de una política realista. Es mejor autorizar una excepción que desvirtuar el instrumento llamando “offset” a lo que no lo es realmente.

La saga de la Argentina nuclear – XLIX

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó Los anteriores capítulos de la saga estan aqui 49 – EL MERCOSUR NACIÓ ATÓMICO PERO TRATÓ DE SEGUIR INFORMÁTICO
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La primera calculadora CIFRA 211, sobria, bella, irrompible y diseñada por alumnos de Manolo Sadosky. Entre 1969 y 1976 esa división de hardware de FATE, CIFRA, hizo de la Argentina uno de los 10 mayores fabricantes mundiales de electrónica de oficina.
No lo recuerda nadie pero nadie lo niega: el Mercosur, por lo que vale, nació nuclear. Su peldaño inicial fue una operación audaz del embajador Adolfo «Chinchín» Saracho, que logró que el presidente Raúl Alfonsín invitara a su par, José Sarney, a visitar la plantita argentina de enriquecimiento de uranio de Pilcaniyeu, en la estepa patagónica, a 65 km. de Bariloche. Sarney vino con gran comitiva de la CNEN, que es la CNEA brasuca, y meses después retribuyó con una invitación para que los expertos argentinos fueran a ver la planta de enriquecimiento de Aramar. De ahí nació un tratado de inspecciones y control de combustibles nucleares y elementos físiles, el ABACC… y el resto de la trama de relaciones comerciales e industriales y pactos aduaneros que forman el Mercosur, que actualmente suma más de U$ 600 mil millones en intercambios, fue emergiendo como un inesperado pollo de aquel inesperado huevo. Lo dicho: el Mercosur nació nuclear. Lo raro es lo que hizo Alfonsín a continuación: discontinuó el Programa Nuclear Argentino. Pilcaniyeu a Alfonsín le sirvió para «hacerle el dentre» a Sarney, estilo «¿Siempre venís aquí? ¿Trabajás o estudiás?». Antes de que llegara Sarney la había cerrado, la reabrió para la visita y en cuanto se fue, la volvió a cerrar. Y si sólo hubiera sido Pilcaniyeu… En 1987 algunos diplomáticos, periodistas y estudiosos del área Ciencia y Tecnología, tanto brasucas como argentos, nos devanábamos los sesos tratando de fijar los lineamientos técnicos y comerciales de un “Mercosur Nuclear”. Era imposible: amén de que 37 años de desconfianza y rivalidad recíprocas en el área atómica no desaparecen a toque de botón, ambos programas, el argentino y el brasileño, venían en picada. Por distintas causas, pero no tan distintas. Lo común en ambos lados de la frontera fue que, recuperadas ambas democracias, la gente atómica ya no tenía campeones entre los partidos civiles y los medios, y en esta nueva etapa, los milicos –aunque chirriaran- estaban pintados en la pared. Mucho más en Argentina, donde habían matado civiles a rolete, destruido mucha industria y de yapa declarado (y perdido) una guerra. Las cúpulas partidarias en Brasilia y Buenos Aires no tenían ni idea de que el verdadero negocio nuclear es la venta de tecnología, no de energía. 36 años más tarde, asunto rarísimo, siguen en la misma. En Brasil, cuyo Programa Nuclear tuvo resultados menos espectaculares pero se avanzó mucho en enriquecimiento de uranio y en motorización naval, eso llama un poco la atención. Pero Argentina en el interín lleva exportados 8 reactores nucleares multipropósito, algunos verdaderamente complejos y poderosos (¡uno de ellos a Brasil!), amén de centros de medicina nuclear, y plantas de manipulación de radiofármacos medicinales e industriales. Tenemos clientes nucleares en la India, Australia, Holanda y Arabia Saudita. Y todavía hoy, no hay modo de que el político argento tipo entienda el prestigio y autoridad diplomáticas que esto confiere al país. Tampoco a nuestros diplomáticos les cae la ficha. Cuantimás, en 1987 las nuevas autoridades energéticas civiles renegaban del átomo y apostaban a la hidroelectricidad con entusiasmo de inventores en Brasil, y al estrepitoso yacimiento de gas de Loma de la Lata en Argentina. El descalabro de Chernobyl, el año anterior, había agravado además nuestra desconcertada orfandad política, la de los pro-nucleares sudacas. La muerte de Jorjón Sábato, radical, emblema científico y nuclear, respetado por el país entero, sucedida apenas un mes anterior a la jura de Alfonsín, había roto el único puente a prueba de terremotos entre aquel nuevo presidente, cofundador del Mercosur, y el distante Planeta CNEA. Pero aunque el Cono Sur viniera con átomos a la baja, 1986 pudo haber sido el año de boom de un “Mercosur Informático”. Ventana de oportunidad, la hubo y grandota: el mercado se había reinventado y disparado en los suburbios de Los Ángeles en 1981 con la aparición de las computadoras de escritorio. Rápida de reflejos, la industria electrónica brasuca, protegida por una gruesa coraza aduanera, se había trepado con decisión a esa rampa. Y… epa. Nos invitaba a subirnos. Ojo, no por bondad sino por necesidad, que es más durable. Desde 1979, literalmente entre gallos y medianoche, Brasil había devenido en la gran subpotencia informática regional: partiendo de un 27% de dominio del mercado propio, llegó al 60% en 5 años, los últimos 2 -1985 y 1986- bajo el paraguas de una ley de reserva de mercado. Habiendo devorado sus recursos humanos por exceso de éxito, las empresas brasucas, junto con los palacios de Planalto e Itamaraty, pedían acceso rápido a la vieja baquía de la UBA en Computación Científica, carrera creada por el clan de Manolo Sadosky en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. La fundación sucedió en 1962, con la instalación de la primera supercomputadora de la región, la célebre “Clementina”. Sadosky fue a los números lo que Sabato a los átomos, pero sin ningún paraguas naval, cuando todavía esos adminículos servían. Echado de la UBA por los trogloditas de Onganía y luego del país por la Triple A, el irrompible don Manolo volvía en 1983 como Secretario de Ciencia, a recoger los pedazos del sistema científico y juntarlos sin Poxipol, porque eso no estaba en el presupuesto. De todos modos, aunque Alfonsín no le diera un mango, don Manolo ponía huevo y sesera en todo lo que hacía, y además era pasajero inevitable en el avión presidencial. Buenísimo, porque los nuevos empresarios informáticos brasileños tenían por fin con quién hablar. Pero además tenían tema. No sólo querían asociarse a Sadosky y la UBA, querían sobre todo a sus hijos intelectuales, los dispersos ingenieros argentos de FATE Electrónica, con toda su rarísima experiencia en materiales, electrónica, diseño, fabricación y exportación. Esas personas habían quedado dispersas en el sistema científico, en las industrias, y buena parte estaba en el exterior. Esta historia tiene una prehistoria. Desde 1935, los empresarios Manuel y Adolfo Madanes se volvieron los más exitosos fabricantes de impermeables del país con su empresa FATE, sigla de Fábrica Argentina de Telas Engomadas. Durante la 2da Guerra no se conseguían neumáticos en Argentina, de modo que este par de audaces decidió fabricarlos aquí. Ya en 1945 dominaban buena parte del segmento rodados del mercado automotor argentino. Los hacían tan bien o mejor que las marcas yanquis, italianas, francesas e inglesas. En 1967 los Madanes vieron una nueva oportunidad, aunque muy distinta, en la electrónica liviana, que estaba a muy pocos años de volverse informática pero no lo sabía. La industria local avanzaba mucho en calidad en ventas, fogoneada por un mercado bastante exigente y quisquilloso, pero bien forrado. Entonces los Madanes, amigos y admiradores del «Clan Sadosky» y de su trayectoria en Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, aprovecharon la dispersión de cráneos (en más de un sentido) que desató Onganía en la UBA con su “Noche de los Bastones Largos”. Con la diáspora de profesores renunciantes y tratando de retener a muchos de los buenos en el país, los Madanes armaron otra empresa, “un aguantadero electrónico de tecnozurdos”, como la definen con nostalgia incrédula los memoriosos. Nuestro proyectito Manhattan criollo, pero benigno. Algo que conocí de chiquilín, y aunque la miraba de afuera (fui sólo un usuario), en su momento me dio asombro, y todavía me da orgullo. Los Madanes eran millonarios y contrataron a los próceres matemáticos e informáticos criados por Sadosky, entre ellos Humberto Ciancaglini y el radioastrónomo Carlos Varsavsky. Los que entonces eran muy jóvenes y siguen en la brecha informática recuerdan bien aquel minuto de fulgor argentino: Alfredo Moreno, que desde ARSAT diseñó en 2014 el software de la plataforma de cine argentino “Odeón”, o el maestro criptógrafo Hugo Scolnik, que dirigió hasta 2014 la seguridad informática de esa firma estatal de telecomunicaciones. Desde la citada noche de cachiporrazos y hasta la llegada de Martínez de Hoz, durante 9 años, “aquella chusma valerosa” (por decirlo a lo Borges) de Exactas y de Ingeniería, con Varsavsky como Jefe de Nuevos Proyectos, logró implantar la marca CIFRA en casi toda oficina privada o pública argentina y latinoamericana. “Implantar” minimiza lo que pasó. CIFRA barrió con la competencia. La pisoteó y pulverizó. ¿Quién era la competencia? Olivetti ante todo, que tenía el 90% del mercado hispanoamericano. Lo perdió. ¿Y Corea del Sur no aprovechó para colarse? Estimados/as: Corea ni pintaba. ¿Qué sabían esos de electrónica? Las firmas a vencer eran la mencionada italiana, más las yanquis Remington, Monroe, Hewlett Packard y Victor, más las emergentes japonesas Toshiba y Sharp. Y derrotadas fueron todas y cada una, desde Tierra del Fuego al Río Grande. Por CIFRA, Industria Argentina. Años de oro de la electrónica criolla: otros fabricantes argentos de electrónica se sumaron al malón, aunque con éxito menor: Czerweny, Drean, Talent. Y es que aquí, hay que subrayarlo, había una electrónica más que interesante en el segmento «top» del mercado de consumo. Los equipos de audio Audinac y Holimar eran MEJORES que los japoneses, y sólo les pisaba el poncho alguna marca “very high end” como la yanqui Marantz, la nipona Luxman o la inglesa NAD. Pero lo de FATE-CIFRA en calculadoras de escritorio fue un vendaval. Dominio total del 30% del mercado hispanoamericano, y del 50% del argentino. Exportaciones a Alemania… ¿Qué quedó de eso? Diez años y 30.000 muertos más tarde, en 1986, la de FATE-CIFRA era ya otra épica industrial olvidada en el Gran Alzheimer Argentino, una leyenda urbana algo tanguera y melancólica para los fieles y fanáticos, más o menos como lo es el Pulqui II para los aeronáuticos y el IKA Torino y el Rastrojero para los tuercas. Pero los industriales del palo brasileños en 1987 recordaban bien aquella breve patriada. Y el Mercosur, ese chiche nuevo, podía darles acceso a la vieja muchachada de CIFRA, vía Manolo Sadosky. La Política Nacional de Informática de Brasil había sido escrita de apuro en 1984 para decirle “vade retro” a Bill Gates, a Steve Jobs y a sus obras. El presidente Jose Sarney subió con mandato de volver inmortal el momento de gloria de sus propias marcas. Hablo de Modulo en software, e IGB, Itautec y Bravox en hardware, y varias más que aquí, en nuestras pampas, no pintaron nunca. En 1986, los brasileños habían chocado contra un techo interno: necesitaban no sólo de nuestros recursos humanos. Necesitaban también, y sobre todo, de nuestra capacidad docente para formarlos. Cuando los fabricantes informáticos de Sao Paulo tuvieran que sobrevivir fuera de su barricada aduanera, debían salir de la misma matando, mandarse “la gran blietzkrieg”. De modo que decidieron hablar con expertos en invasiones electrónicas. Sí, tal cual, no mire alrededor. Hablo de nosotros.

 

Notebooks: Fabricantes locales apoyaron la suba de aranceles dispuestos para algunas clases de computadoras

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  • El Gobierno rectificó la medida de Macri que bajó a cero el arancel para importar computadoras y tabletes. 
Empresarios nacionales del sector tecnológico avalaron la decisión del Gobierno, que reimplantó los aranceles de importación de cuatro clases de computadoras portátiles o notebooks con el propósito de “fortalecer al sector industrial en cuestión” elevándolos de cero a 8% y 16%, según el caso. El empresariado nacional venía reclamando la medida desde 2017. La decisión se formalizó mediante el decreto 136/2023, publicada ayer en el Boletín Oficial, e implica la revisión parcial del decreto 117 de febrero de 2017, por el cual el Gobierno del expresidente Mauricio Macri redujo a cero el arancel de importación de una serie de productos informáticos, con el consecuente cierre de plantas y despidos de miles de trabajadores. De esta manera, se eleva al 8% la alícuota de la posición arancelarias 8471.30.12, que comprende a las unidades “de peso inferior a 3,5 kilogramos, con teclado alfanumérico de por lo menos 70 teclas y con una pantalla de área superior a 140 centímetros cuadrados e inferior a 560 cm2”, y el mismo porcentaje para las posiciones 8471.30.19 y 8471.30.90, catalogadas como “las demás” en la Nomenclatura Común del Mercosur (NMC)”. “En la misma línea, resulta conveniente modificar la alícuota aplicable en concepto de Derecho de Importación Extrazona (DIE) en relación con la posición arancelaria de la Nomenclatura Común del Mercosur 8471.30.11, estableciéndola en un nivel del 16%”, agregó, en referencia a lo que el NMC clasifica como “de peso inferior a 350 gramos con teclado alfanumérico de por lo menos 70 teclas y con una pantalla de área inferior a 140 cm2”. La decisión “permitirá que coexistan ambos mercados de notebooks, las importadas por un lado y las nacionales de fabricación y ensamble nacional por el otro, permitiendo incorporar nuevos empleados a las fábricas”, dijo Federico Freitag, presidente de Solution Box citado por la agencia Télam. El gerente de la Cámara Argentina de Multimedia, Ofimática, Comunicaciones y Afines (Camoca), Carlos Scimone, aseguró que la medida “es un adelanto importante, que veníamos pidiendo”, y pronosticó que “en el segundo semestre se va a sentir en los precios, que van a mejorar bastante”. “Es la primera vez que, subiendo los aranceles, van a bajar los precios”, sostuvo, al entender que se va a pasar de una situación en que “tres empresas (HP, Dell y Lenovo) manejan el mercado y ahora van a aparecer cinco o seis más, así que la competencia va a ser importante”. En el mismo sentido se expresó Guillermo Freund, presidente del sector electrónico de Cadieel (Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas), quien confió a esta agencia que el arancel cero de 2017 “generó una situación muy mala para el sector”. Pablo Rubio, CEO de Novatech, explicó que no habrá aumento de precio en las notebook y tablets de producción nacional. “Es una gran noticia para la industria, ya que ahora vamos a poder fabricar nuestras marcas o de terceros a precios competitivos y estamos convencidos de que no generará un aumento en los precios que pagan nuestros clientes”, aseguró Rubio, al conocerse la medida dispuesta por el Gobierno. “Hace muchos años que venimos invirtiendo en la fabricación nacional para poder lograr capacidad productiva”, mencionó Rubio, y destacó que gracias a ello los equipos de marcas locales no van a incrementar sus precios y las marcas que fabriquen nacionalmente tampoco deberían sufrir dicho incremento. En esa línea, el directivo destacó que: “Hay muchas empresas multinacionales con planes de iniciar la producción en nuestro país y esta medida favorece esa decisión, lo que les evitaría que aumenten los valores de los productos por el incremento de los aranceles de producto terminado, ya que genera una mayor competencia y se puede abastecer el 100% del consumo nacional”, detalló. Por su parte, el director ejecutivo de Positivo BGH, Juan Ponelli, indicó que “el decreto refleja un pedido que venía realizando la industria desde hace mucho tiempo”, debido a que el hecho de que los productos informáticos importados vuelvan al arancel externo común del Mercosur “permite a los fabricantes nacionales volver a un modelo de negocio mucho más sustentable”. “Un arancel del 16% para este tipo de productos permite salir de la excepción que representaba el 0% que tenía hasta ahora, y de la excepción del 35% que tuvimos en el pasado, es una medida madura, un punto de equilibrio muy saludable para todos los players de la industria”, manifestó Ponelli.

Petroleras paralizan la producción en el sur de Chile en protesta por el precio que fija Enap

Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo en cuanto al precio de venta de crudo con la empresa estatal Enap, las productoras FDC y GeoPark decidieron suspender sus operaciones. A fines del año pasado, la Empresa Nacional del Petróleo comenzó a pagar un valor menor por el crudo que se produce localmente. Concretamente, les ofreció Brent a 25 dólares menos, fijando el precio en US$ 56 por barril, cuando actualmente cotiza en US$ 81. Frente a esto, las compañías comunicaron que este valor no es rentable para continuar con la producción.

Las empresas productoras de crudo del sur de Chile, fundamentalmente GeoPark y FDC-una empresa de capitales argentinos que adquirió las áreas de YPF en el sur del país vecino-, paralizaron su producción. La decisión radica en la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre el precio del crudo con la Empresa Nacional del Petróleo (Enap). Esta situación se debe a que Enap -que lleva adelante el proceso de refinación- tomó la decisión de comenzar a abonar un precio menor por el petróleo que se produce localmente. Les ofreció a las productoras Brent a menos 25 dólares, es decir, US$ 56 por barril, cuando su cotización es de US$ 81. Ante esta medida, las productoras decidieron frenar la producción puesto que estos valores no resultan rentables. Sobre todo, teniendo en cuenta que, si Enap tiene que importar petróleo, no abona el Brent sino el Brent más US$ 5, lo que arroja un total de US$ 86 por barril, 30 dólares por encima de lo que le paga a las petroleras locales.

La situación de FDC

La productora FDC realizó la inversión de compra en 2021, adquiriendo los activos que estaban bajo la órbita de YPF. Se trata de pozos de petróleo y gas ubicados en el bloque San Sebastián. Frente a esta adquisición, el estado chileno analizó durante un año la validez de la transacción a través del Ministerio de Energía y de la Contraloría General de la República, quienes dieron certeza a la operación a través del proceso de aprobación que culminó con la Toma de Razón en septiembre de 2022. No obstante, y a pesar de que FDC recibió a la totalidad del personal, las instalaciones y los pozos de YPF, desde septiembre del 2022 no ha podido vender su producto porque las gestiones para celebrar el contrato de venta no han avanzado, y no han recibido respuesta por parte de Enap. A través de un comunicado, la empresa afirmó que el crudo que producen “es similar al de ROCH, empresa petrolera argentina a la cual Enap actualmente compra un volumen diario similar al que pueden proveer los pozos de FDC”. En ese sentido, desde la productora exigieron que el Estado proteja la inversión y desarrollo local “brindando seguridad jurídica, y dando certeza a los contratos”.

La inflación se aceleró por tercer mes consecutivo: fue del 6,6% en febrero

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La inflación se aceleró con fuerza por tercer mes consecutivo. En febrero se ubicó en el 6,6%, el nivel más alto desde agosto del 2022 cuando el IPC trepó hasta el 7% y muy por encima de lo proyectado por el mercado (+6,1%). Además, en un año superó el 100%, por primera vez en más de tres décadas, así lo informó este martes el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Por otra parte, la inflación acumuló en el primer bimestre del año un alza del 13,1%. El ítem que más subió el mes pasado fue Alimentos y bebidas no alcohólicas que se disparó 9,8%, principalmente afectado por la fuerte alza de precios en los cortes de carnes y los productos lácteos. Las divisiones que tuvieron aumentos por encima del IPC en febrero fueron Comunicación (+7,8%), sobre la que pesó el alza de los servicios de telefonía e internet y Restaurantes y hoteles (+7,5%). En cuanto Salud (+5,3%) incidió las suba de las cuotas de las prepagas. Las dos divisiones que menos subieron fueron Prendas de vestir y calzado (+3,9%) y Educación (+3,2%).

La saga de la Argentina nuclear – XLVIII

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó Los anteriores capítulos de la saga estan aqui CÓMO DESARMAR A UN IDIOTA CON NO POCA INTELIGENCIA  picture1 El presidente brasileño general Artur da Costa e Silva, quien en 1967 nos convidó “a bombas”, y le contestamos amablemente: “Ud. primero”. Uno de los objetivos de esta saga “incubada” por AgendAR es demostrar que nunca fuimos proliferadores nucleares. Ni siquiera en las épocas más idiotas y belicistas del ispa. La cultura institucional de la CNEA y su “weltbild” lo impidieron siempre. Mucho decir para una institución fundada por un general en 1950 y dirigida hasta 1983 por tres sucesivos contraalmirantes. A más de un estudioso yanqui –por caso, John Redick, del Henry Stimson Center– lo nuestro le parece contraintuitivo, una rareza.  ¿Por qué la Argentina no optó por seguir el camino de la India en 1974, si le sobraban quilates técnicos para imitarla? Es más, ¿por qué no imitó a Brasil? Bueno, al menos hay UN yanqui que nos cree buenos, aunque no entiende por qué. Como causa suficiente “to go nuke all the way”, Argentina tenía en su vecino de puerta a un rival públicamente comprometido a ello desde 1967. Comprometido por boca, además, de su presidente, el general Artur da Costa e Silva. Aquel año, éste dijo ante el Consejo Nacional de Seguridad lo que debía desarrollar la agencia atómica brasuca, la entonces poderosa CNEN: “No las llamaremos bombas, las llamaremos artefactos que pueden explotar”. El general se aseguró de que sus dichos se filtraran a la prensa. Aquí, en cambio, el fúnebre general Juan Carlos Onganía, pese al susto ante el despliegue industrial e hidroeléctrico de los vecinos –tenemos la baja Cuenca del Plata, ellos la Alta-  no estaba para pelotudeces. Estaba demasiado ocupado con cosas más reales. Debía aprobar la decisión de hacer Atucha I con la alemana KWU, en lugar de con la canadiense AECL. Alguien le había dicho a “La Morsa” que a los primos les llevábamos suficiente ventaja tecnológica nuclear como para dormir sin frazada, y que valía más concentrarse en sumar capacidades pacíficas, en este caso la nucleoeléctrica. En términos geopolíticos (palabra tan de moda entre aquellos milicos), tener la primera central nuclear de la región generaba más prestigio y respeto que hablar al cuete de “artefactos que pueden explotar”. Y de paso, evitaba chocar de frente con los EEUU, que no es poco. Con da Costa e Silva tan entregado a su diarrea verbal, el contralmirante Oscar Quihillalt en 1967 tuvo que estudiar seriamente una vía rápida a la bomba “just in case”. Si el generalato brasileño probaba las palabras de da Costa e Silva con hechos, ¿qué remedio habría? De todos modos, don Oscar propuso -y no hubo votos en contra en la plana mayor de la CNEA- NO levantar aquel guante brasuca. Tras aquel primer concordato, a Quihillalt le quedaba la tarea más bien dura de calmar la paranoia profesional del Ejército. Pero contaba con dos ases en su mano: diseño propio en reactores, que los vecinos no tenían, y la sorprendente participación de industriales nacionales que se iban anotando para la electromecánica de la central nucleoeléctrica Atucha I. No es lo mismo comprar «a paquete abierto» que «llave en mano», como Brasil adquirió su primera Westinghouse, a la que le faltó llegar terminada y envuelta en celofán. Por lo demás, hubo bastante intervención de la CNEA sobre planos, especialmente en el diseño del circuito primario de refrigeración de Atucha 1, y la insistencia en que tuviera dos generadores de vapor (GV) y no uno, pese a la potencia tan reducida -320 MWe- de la máquina. Como los GV son los principales sumideros de calor del núcleo, tener un par aumenta la seguridad si se pincha uno. Esta discusión suponía «per se» una inversión de roles: un puñado de argentinos discutiendo de igual a igual la ingeniería del país que la plana mayor del Ejército, comprador histórico de fierros Krupp, Mauser y hasta cascos de infantería germánicos, siempre consideró el “nec plus ultra” tecnológico mundial. Era una diferencia de enfoque con Brasil, que aunque ya iba para país más industrial que la propia Argentina, todavía compraba todo fierro complejo llave en mano y “a paquete cerrado”. Podía pagar la transferencia de tecnología, y sólo si le interesaba la producción local. “Cancha mata billetera”, decía la CNEA, más cultora de la investigación tecnológica propia. Y a esto se añadía nuestra elección del uranio natural como combustible, frente a la opción brasileña de enriquecido para Angra I. Ahí el mensaje era parecido: “Autonomía mata potencia”. Onganía estaba obsesionado entonces porque los primos estaban haciendo demasiadas obras aguas arriba del Paraná y el Uruguay sin preguntarnos a los de aguas abajo. Y llovido sobre mojado, da Costa e Silva anunciaba bomba. Lo que le mostraba Quihillalt al Ejército Argentino, era que en know-how nuclear teníamos mejor manejo de la pelota. Mucho mejor. Quihillalt no era un hippie pacifista, título que el generalato sí le prodigaba más bien a Jorge Sábato, que de hippie no tenía nada pero sí de pacifista. El mensaje del contralmirante era que si Brasil nos convidaba a bombas, los podiamos dejar pasar a ellos primero, y que de paso, se aguantaran ellos la reacción yanqui. Después, con el know-how nuestro, los alcanzábamos caminando. Y al State Department le diríamos entonces que la bomba argentina era inevitable, puesto que existía la brasileña. En aquel momento a Quihillalt lo escuchaban generales con un considerable toque industrial nacionalista, como Juan Enrique Guglialmelli. Un tipo de ese calibre intelectual entendía el mensaje de la CNEA incluso por señas de truco: no había que venderle nada. Pero abundaron siempre más los gorilas de denso pelaje, inmersos en la persecución de peronistas y comunistas y muy proclives a chirridos con nuestros vecinos de mapa, y generalmente por cuestiones de mapa. Pero incluso los duros-duros en ese bando no estaban totalmente exentos de materia gris: Osiris Villegas, por dar un caso, que como jefe del Consejo Nacional de Seguridad creado por Onganía, tuvo algún grado de decisión sobre la elección del combustible de nuestra primera central, y posiblemente sobre el proveedor. Todos escuchaban a Quihillalt: mejor primerear a Brasil con una central nucleoeléctrica, ganar en «soft power», dar un poco de envidia y no pagar los costos desaforados de una carrera nuclear de armas regional. Porque si corríamos una con Brasil, se sumaría a la misma Chile, a la zaga pero de algún modo. Guglialmelli llegaba a plantear –y en los 60 eso era anatema entre generales- que con los brasileños había que dejarse de matoneos hidroeléctricos por ver quién la tenía más larga en el Paraná, y en cambio tejer algún gran proyecto industrial común. Y a todo ello, el menguado de Costa e Silva hablando de «artefactos que pueden explotar»…  Qué modo de sacarle la espoleta a la situación, don Quihillalt. Quihillalt no macaneaba respecto de nuestras capacidades autónomas. Como consecuencia de ellas, 47 años más tarde, en 2014, antes de la entrada en línea de Atucha II, nuestras dos centrales, envejecidas y todo, tenían factores de disponibilidad del 95,8% anual, casi 10 puntos arriba de las comparativamente más nuevas de los vecinos, y 17 puntos por encima de la media mundial. Por si el dato interesa a alguien. Medio siglo después de que da Costa e Silva hablara de cosas que pudieron explotar pero no lo hicieron, en los estados ricos del Sur de Brasil la medicina nuclear es posible gracias a algunos radioisótopos de diagnóstico y terapia fabricados por nuestro ya cachuzo RA-3, diseño y construcción 100% argentos. La producción específicamente nacional de radioisótopos en Brasil tiene lugar principalmente en el reactor IEA-R1 de 5 MW térmicos, instalado en el IPEN, organismo autárquico administrado por la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN) en el campus de la Universidad de Sao Paulo. Pero el IPEN es básicamente un importador. Con un presupuesto de unos U$ 15 millones, cubre el 85 % de la demanda nacional de medicina nuclear, el 80% de la cual pasa a su vez por un único radioisótopo de diagnóstico, el molibdeno 99 metaestable. El Mo 99 m es de vida tan corta que no resulta estoqueable. Hay que producirlo no muy lejos de sus sitios de uso, y si exporta, a tiro de un aeropuerto. El suministro tiene que coincidir con el uso, y al IEA-R1 le falta potencia para fabricarlo. La demanda de los vecinos es considerable, de modo que además del RA-3 de la CNEA en Ezeiza, con 10 MW térmicos, el IPEN gasta buena plata en importarlo, junto con otros radiofármacos desde Sudáfrica, Rusia Australia y Holanda. Y el consumo está básicamente en el Sur de Brasil. El Norte es más pobre y allí hay tanta medicina nuclear como fútbol en la revista Para Tí. Sí la hay en Argentina, ya con 14 centros especializados en las provincias, y también en Perú, gracias al reactor RP-10, bastante similar al RA-10 argentino… como que fue construido por la CNEA e INVAP. No es que Brasil no tenga planes de tener fabricación propia. Claro que los tuvo, máxime durante el pico del desabastecimiento mundial de Mo 99 m, que se volvió verdaderamente trágico a partir de 2009, y continúa siéndolo bastante, aunque la gente fina no se entere de ello. Pero siempre con esa tendencia a comprar llave en mano y pagando por la tecnología, en lugar de sudar el guardapolvo en laboratorio, el IPEN trató más de una década de que se la transfiriera Francia. Con ese país, desde la primera presidencia de Lula, que data de 2003, había gran romance por compra de submarinos de Naval Group por parte de la Marinha Brasilera. Sin embargo, Madame la République es algo estrecha, y Brasil jamás logró nada que no fueran las habituales propuestas «llave en mano», es decir, si messieurs les brasiliens veulent un réacteur, lo entregamos terminado y con un moño, quoi!. En 2010, ya con Dilma Rousseff como presidenta, Brasil terminó acordando que le diseñáramos una fotocopia del RA-10. No confundir nuestro actual RA-3, reactor de 1967, con este monstruo todavía a terminar, el RA-10. Pero debo explicar cómo el RA-3 contribuyó a la paz regional, y a mantener la rivalidad con los primos en el fútbol. Aquí ya veo que voy a sucumbir -me pasa siempre- a una disgresión, pero es imprescindible. Prometo volver al tema: el general da Costa e Silva asustándonos con «artefactos que pueden explotar». Y el pito catalán que le hicimos. El RA-3 fue la primera gran obra nuclear de la CNEA, y una apuesta contra el embajador estadounidense que le hizo ganar U$ 350.000 al jefe del proyecto, el ingeniero Jorge Cosentino. Era MUCHA guita. La cifra era una parte de un crédito que los EEUU nos daban para que les compráramos una planta de 5 MW llave en mano a General Dynamics. Cosentino contestó: «Minga, lo hacemos nosotros». No usaba muchos circunloquios. El representante de General Dynamics, L. Saccio, retrucó que la Argentina no iba a poder sola con un reactor tan grande como el RA-3… y apostó esa plata. Corría 1961. Cuando Cosentino inauguró el RA-3 en 1967, presente en la ceremonia atiborrada de milicos y curas, como era norma, Saccio se portó como un duque y pagó la apuesta. Cosentino depositó el cheque en la cuenta de la CNEA, y ésta no es la única anécdota por la que ha pasado a la historia nuclear criolla, en la que no sobra la cordura, con el sobrenombre de «El Loco». El RA-3 inauguró la medicina nuclear argentina. Conforme se iba creando la demanda, porque los radioisótopos en la medicina pública resultaban una enorme novedad, se le fue ampliando la potencia de 5 MW iniciales a 7 y desde esa cifra a los actuales 10 MW. Evidentemente el diseño original del Loco Cosentino era sensatamente previsor y aguantó mucha reingeniería. Pero nunca tanta como la que se le tuvo que hacer en 1978, cuando la Argentina se bancó un boicot de uranio enriquecido al 90% de EEUU, y hubo que rehacer de pe a pa todo el núcleo, la refrigeración y los espacios de irradiación para funcionar con enriquecido al 19,7%. Hoy el RA-3 es como un auto muy pisteado, al que le triplicamos misteriosamente la potencia pese a que el tanque de nafta hoy carga un 80,3% de agua. Como sea, el RA-10 será el remplazo del RA-3, que ya está viejito y tiene demasiadas salidas de servicio por reparaciones. El fastuoso RA-10 será a su modo una versión potenciada y pisteada del OPAL de 20 MW, considerada por Australia, Canadá, Holanda y EEUU la mejor planta de irradiación del mundo, por disponibilidad y capacidades. Con su habitual modestia, Argentina concuerda con esta caracterización: la barilochense INVAP, fundada por la CNEA, le vendió el OPAL a Australia en 2000 y lo terminó en 2006, en tiempo y forma, por U$ 300 millones. Y eso tras haber sacado del ruedo a la oferta estadounidense (además de la canadiense, la francesa, la rusa, la japonesa y la coreana). Conclusiones inevitables: 1) EEUU ya no pierde cheques contra nosotros, pierde obras nucleares, 2) El dólar evidentemente se ha devaluado, y sigue, 3) INVAP se puso de moda como proveedor de reactores, 4) Los brasileños se hartaron de melindres franceses. Como dice el Cantar de Gesta de don Rodrigo Díaz de Carreras, de Les Luthiers: «¡Nos descubrieron, por fin nos descubrieron!» Australia y Argentina se autoabastecen en Mo 99m y exportan, mientras en Europa, Japón y el resto de las Américas y Asia, falta. Y en Brasil, para qué vamos a hablar… Desde 2006, según admite Canadá, eterno competidor y perdedor ante nosotros, el OPAL es el mejor reactor del mundo en esto de producir molibdeno 99 m. Trabaja y trabaja sin romperse. Y además, sirve para decenas de cosas más en ciencia, tecnología y educación. En suma, que en 2010 los brasucas vinieron al pie y tras un anuncio conjunto de presidentas, Dilma Rousseff y Cristina Kirchner, el IPEN compró a INVAP y por U$ 70 millones la ingeniería básica del futuro RBM, o Reator Brasileiro Multiproposito, de 30 MW, el reemplazo del actual IEA-R1. La CNEN ya le asignó un terreno de 200 hectáreas en Iperó, São Paulo, y tiene resueltas las licencias regulatorias ambientales y de seguridad nuclear. La mesa está puesta: lo que falta es la comida. Si el RBM no se construyó en los 13 años que pasaron es porque el lobby radiofarmacéutico brasuca quiere monopolio sobre la venta de la producción de un reactor en el que no ha puesto ni pondrá un mango. Para sangrar, tienen a la CNEN, que es el estado. La Rousseff no se fumaba estas cosas. Pero por algo la tiraron, y después de ella llegaron a la presidencia señores como Michel Temer y Jair Bolsonaro, ambos proclives a este, en fin, «modelo de negocios». Es el que explica que siga la crisis del Mo 99m en el planeta entero. En Francia, Sudáfrica, Holanda y Bélgica, países que dominan el mercado mundial de radioisótopos, los reactores los construye y mantiene el estado. Las farmacológicas, en cambio, se ocupan del packaging, del márketing y de algún otro sustantivo anglosajón, hacen caja salvaje y no devuelven un cobre. Ergo, cuando el reactor llega a la «edad kaput», que anda por los 50 pirulos de funcionamiento continuo, no hay plata en el estado para una unidad de reemplazo. Por eso sigue faltando Mo 99m. Y por ello conseguir un diagnóstico decente por imagen nuclear en Norteamérica y Europa es difícil, y los seguros médicos se hacen los giles y te despachan con tests de menor resolución, su ruta. Eso cuesta vidas. Allá, no aquí. El RA-10 es otro monstruito de 30 MW, y probablemente tendrá resto no sólo para expandir la medicina nuclear a TODAS las provincias argentinas, sino para remediar la situación en Brasil, incluso en el Norte, mientras éste país se decide a ver cómo sigue el show con el RBM. El RA-10, con sus 30 MW de potencia térmica y su sofisticación de diseño, nos podría dar el dominio del 20 al 30% del mercado mundial de radioisótopos médicos, particularmente el de molibdeno 99, que hoy vale aproximadamente U$ 6300 millones/año, y que desde hace 20 años no hace sino crecer. Si estuviera en marcha, podríamos estar facturando arriba de U$ 1260 millones/año, para empezar. Y eso con un reactor que terminará costando U$ 400 millones con toda la furia a fecha de entrega. Y que debería durar al menos 50 años en operaciones. Es decir, se pagaría con los primeros 4 meses de facturación. Debería haberse inaugurado en 2022. Pero el gobierno de Mauricio Macri en 2016 le demedió el presupuesto 2015 a la CNEA, y luego clavó a la casa con esa plata en pesos en el fugaz inframundo de la Subsecretaría de Energía Atómica, dirigida por (¡¡!!) un sociólogo mandado a su vez por un petrolero de la Shell. La obra se paró en 2019. Con mejor presupuesto y una conducción más profesional y menos antinuclear en Energía, el Dr. Herman Blaumann de la CNEA, quien dirige la obra «ab initio» (2006), supone que en 2024 el RA-10 estará terminado y produciendo. Ojalá. Pero hay elecciones. Nunca se sabe. Todo esto para volver sobre el tema de la bomba brasileña. En 1967, con el RA-3 recién inaugurado, hasta Osiris Villegas e incluso Juan Carlos Onganía, entendían que la superioridad tecnológica en asuntos nucleares pasa fundamentalmente por lo civil. Habían estado en la inauguración. Tenían la prueba delante de las narices. Por eso ya en 1968 habían adoptado la postura de la CNEA: no responder a da Costa e Silva y concentrarse en construir, además del primer reactor de irradiación, la primera central nucleoeléctrica sudaca, y hacerla rápido y bien, y con mucha industria propia metida en la menesunda. Y que nos echen los perros o nos quiten lo bailado. Hacemos cosas útiles, cosas buenas, cosas propias. «Soft power». ¿Se entiende? Esto explica por qué en general Argentina no tiene problemas en transferir su tecnología nuclear como argumento de venta: en realidad, con el vecindario viene siendo nuestro mejor argumento de paz. Y de paso a veces eso ayuda a decidirse al cliente difícil, ya que INVAP suele no tener un mango y no puede ofrecer financiación, Esto la obliga a ganar casi exclusivamente por calidad de oferta, raramente por precio. ¿Somos tan buenos que nos copian la tecnología? Seguro. No problem. Es de la mejor calidad, en serio, en reactores multipropósito. En esos que sirven tanto para fabricar radioisótopos como para experimentar con nuevos combustibles, y de paso y cañazo para formar nuevos expertos, somos Gardel. Si nos quieren copiar, que nos copien. Pero mejor que nos compren. Como en la CNEA nunca paran de investigar en combustibles, materiales y termohidráulica, lo que nos pirateen hoy, en cinco años INVAP -que transforma en ventas toda esa I&D- lo habrá mejorado y ya será un poco viejo. Éste no es un lujo que nos damos sino una necesidad: vendemos así no porque nos sobren los clientes o la plata, como a AREVA, la empresa nuclear francesa, o ROSATOM, la rusa, sino para que no nos sobren los recursos humanos nucleares. Que no queden al cuete, desesperados, ganando poco y viendo cero progresos en el país y en sus vidas. Nuestro peor drama nuclear no ha sido perder ingenieros, físicos y químicos nucleares de la CNEA, que se han ido centenares. Lo peor ha sido cuando cierran su división nuclear las empresas proveedoras calificadas, o cuando quiebran las medianas. Por eso vendemos al mundo nuestro “know how” con manga ancha. Nuestro marketing no es un asunto ideológico ni tiene nada que ver con la filantropía. Más bien, con la supervivencia. Comparado con el alto oficial promedio de su arma, o de las otras dos, Quihillalt fumaba bajo el agua. Lo dicho: ésa ha sido una característica no demasiado personal, sino de casi todos los altos oficiales de Marina y Ejército que pasaron la vida en la CNEA, y más aún, los que egresaron con algún título del Instituto Balseiro. Salían reformateados, «sabatizados». Es una lástima para el país que los milicos ya no vengan como antes. Es una lástima para sus armas. Es conveniente recordar que el “soft power” de la CNEA hasta bien entrados los ’80 estuvo  acompañado de una dependencia directa con el Poder Ejecutivo, no de un ministerio y menos aún de una secretaría. Hasta 1983, el presidente de la CNEA entraba al despacho del Presidente de la Nación con un simple telefonazo, y en el día. Si llamaba era, fija, por algo estratégico. Lo que no podía predecir siempre el contralmirante Quihillalt era a quién se iba a encontrar en el resbaladizo sillón de Rivadavia: vio desfilar sobre el mismo a 18 presidentes, algunos francamente incompatibles con los otros. Pero todos esos se vieron beneficiados. La relativa paz en la que hemos vivido en la región es en parte consecuencia de nuestro dominio casi monopólico de una de las tres tecnologías duales que modelaron a escoplazos la historia del siglo XX, y continúan. Las otras dos son la aeroespacial y las TICs, y desde los ’80 hay que añadir las biociencias. En esa última también brillamos. El reciente embajador argentino en Hungría, Max Gregorio Cernadas, narró con buena pluma cómo en 1986 Alfonsín evitó una segunda carrera armamentista nuclear sudaca. Sólo añado que antes de Alfonsín hubo otro tipo que evitó una primera carrera con Brasil que pudo ser mucho peor, cuando nuestro vecino nos convidó abiertamente a bombas. Y ése fue Quihillalt, nada recordado.