Descubren el papel fundamental de una proteína en la renovación de las células

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En experimentos con células de mamífero, investigadores argentinos comprobaron que el gen FKBP8 y su correspondiente proteína son necesarios para que tenga lugar la autofagia, un proceso biológico relevante tanto para la salud del individuo en general, como en infartos, accidentes cerebrovasculares, tumores y otros eventos patológicos. Un estudio liderado por científicos de Mendoza comprobó el rol crucial que cumple un gen en la autofagia, un mecanismo que poseen las células para renovar sus componentes como proteínas y organelas y que se activa ante situaciones de estrés como falta de nutrientes que proveen energía y aminoácidos o en condiciones de hipoxia o falta de oxígeno. La bioquímica María Isabel Colombo, líder del trabajo e investigadora del Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM), que depende del CONICET y de la Universidad Nacional de Cuyo, explicó: “La autofagia participa de forma activa en la prevención de innumerables condiciones patológicas que van desde enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer hasta cuadros infecciosos como la tuberculosis. Su estudio a nivel de ciencia básica puede aportar información para el desarrollo futuro de diversas herramientas terapéuticas”. En un estudio previo realizado en moscas Drosophila melanogaster, en colaboración con investigadores del Instituto Leloir, los científicos del IHEM comprobaron que una nueva proteína, a la cual se denominó “Zonda”, era necesaria para la activación de la autofagia. El nuevo estudio, publicado en “Biochimica et Biophysica Acta. Molecular Cell Research”, se basó en experimentos con células de mamífero.Los científicos encontraron un gen análogo a Zonda denominado FKBP8. Asimismo, comprobaron que ese gen cumplía una función similar en la regulación de una etapa muy temprana de la vía autofágica cuando se requiere su activación en situaciones de ausencia de nutrientespuntualizó el biólogo molecular Milton Aguilera, primer autor del trabajo e investigador del CONICET en el laboratorio de Colombo. De la misma manera que descompone componentes de la célula, la autofagia puede degradar agentes patógenos que hayan invadido el interior de las células como virus y bacterias, siendo un mecanismo de defensa que funciona como parte de la respuesta inmune. “Debido a esto, la autofagia participa de forma activa en la prevención de innumerables condiciones patológicas que van desde enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer hasta cuadros infecciosos como la tuberculosis”, explicó Colombo. Por otro lado, en algunos casos particulares la activación de la autofagia puede ser contraproducente para ciertas terapias. “Un ejemplo es el tratamiento de algunas formas de cáncer, donde las células tumorales utilizan la autofagia para evitar los efectos nocivos de la quimioterapia”, agregó Aguilera. “Entender como la autofagia es regulada en las células en condiciones fisiológicas nos permite desarrollar fármacos o estrategias terapéuticas para inhibir o activar la vía según las necesidades particulares”, indicó Colombo. Otro gran campo de estudio donde se ha puesto el foco sobre la autofagia es el envejecimiento. “En este proceso, las células se vuelven incapaces de renovarse, en parte debido a una pérdida de la actividad autofágica. En este sentido, encontrar terapias que nos permitan revertir esta pérdida ayudaría a disminuir o retrasar los efectos del envejecimiento en el organismo”, destacó Colombo. Del trabajo también participaron Esteban Robledo, del IHEM; y Pablo Wappner y Mariana Melani, del Instituto Leloir y del CONICET.

Los investigadores comprobaron que la proteína FKBP8 regula la vía autofágica en etapas muy tempranas de la misma. En ese proceso se forman vesículas denominadas autofagosomas (marcadas con rojo en etapas tardías a la derecha y tempranas a la izquierda) donde se degradan y reciclan los materiales de todas nuestras células lo cual es absolutamente necesario para que la célula continúe viviendo especialmente cuando los nutrientes escasean.

América Latina: desigualdad, poca inversión en salud, 28% de todas las muertes por covid

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Con el 8,4% de la población mundial, América Latina ha sufrido el 28% del total global de muertes a causa de Covid-19.

Así dice el informe «Desigual y letal: Cinco claves para recuperarse de la crisis de derechos humanos que desató la pandemia en América Latina y el Caribe» presentado por Amnistía Internacional y el Centro por los Derechos Económicos y Sociales (CESR). El reporte expone los factores que explican el número desproporcionado de muertes por coronavirus en la región si se la compara con otras partes del mundo. “Desigual y letal” concluye que los países con mayor desigualdad y menor gasto público en salud fueron los que más sufrieron durante la pandemia, y que los efectos devastadores recayeron en los grupos históricamente marginados, tales como las mujeres, los pueblos indígenas y las personas afrodescendientes, entre otros. “El Covid-19 nos dejó una dolorosa lección: la profunda desigualdad socioeconómica en las Américas agravó las consecuencias de la pandemia. Es fundamental reconsiderar las políticas públicas vinculadas a la salud y a la protección social basándose en los derechos humanos para evitar futuras adversidades en nuestra región, la más desigual del mundo. Los gobiernos de América Latina y el Caribe, incluido el de Argentina, deben aumentar el gasto y asegurar una implementación eficaz de las políticas sanitarias”, señaló Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina. A pesar de los altos niveles de pobreza en América Latina y el Caribe, en los últimos decenios los gobiernos no recaudaron suficientes ingresos por impuestos ni combatieron la desigualdad, ni siquiera en épocas de expansión económica, señala el informe. El resultado es un escaso gasto en servicios de atención de la salud y protección social —incluidos desempleo, pensiones y apoyo a la infancia—, que son indispensables para una vida digna y para defender de verdad los derechos humanos. Aunque muchos países latinoamericanos hicieron transferencias monetarias durante la pandemia, ninguno amplió el seguro médico ni tomó suficientes medidas para implementar mecanismos de seguridad social universal o extender las coberturas a fin de garantizar que las personas más desfavorecidas estuvieran atendidas. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) establece que debe dedicarse, como mínimo, un 6% del producto bruto interno (PBI) a la salud. Sin embargo, casi todos los países de la región gastan mucho menos en servicios de salud pública. En Perú, por ejemplo, en el decenio que precedió a la pandemia, las autoridades no aumentaron el gasto público en salud a pesar de su crecimiento económico, y sólo invirtieron el 3,3% de su PBI. Países como México, Brasil y Perú, donde el 1% más rico de la población acapara más del 30% de la riqueza nacional, registraron las cifras más elevadas de muertes por Covid-19 en la región en proporción a su población. Chile, donde el 20% más rico de la población acumula 10 veces más ingresos que el 20% más pobre, también tiene una de las tasas de mortalidad per cápita más altas de la región. Además, el país comparte con el resto de la región la enorme desigualdad económica. El 20% más rico concentra casi la mitad del ingreso total de los hogares (47%), mientras que el 20% más pobre sólo el 6%, lo que significa que los ingresos del primer grupo son 8 veces mayores que los del segundo. A este panorama desigual se le suma el sistema de impuestos regresivos: 50% de los ingresos por esa vía provienen de tarifas al consumo, como el IVA. “Argentina aún tiene enormes deudas para combatir las desigualdades y el acceso equitativo a derechos. Aun cuando se tengan políticas adecuadas, los gobiernos fallan en la implementación para garantizar el efectivo goce de los derechos humanos”, dice el informe.

El dólar «blue» se desplomó. Termina abril en el «piso» de $ 200, en el microcentro porteño

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El dólar billete extraoficial o «blue» -el que se compra y se vende sin registros- que venía en alza, hace sólo tres días atrás registró una abrupta subida y llegó a valores que no se observaban desde mediados de febrero. El blue se vendió a $ 212,50 y quedó a 10 pesos de distancia de su récord histórico, y los dólares financieros llegaron a tocar los $ 215. Pero la tendencia alcista que se registró durante seis ruedas consecutivas, se vio interrumpida el miércoles. Y ayer viernes, el último día hábil de abril, el tipo de cambio paralelo cayó por tercer día consecutivo, y volvió a una barrera que parecía haber dejado atrás: los $ 200. Este viernes las cuevas y arbolitos de la city porteña cerraron el día vendiendo el dólar blue a $ 200,50, $ 3,50 pesos menos que ayer (-1,7%). En los últimos tres días acumuló una caída de $ 12, por lo que borró gran parte del recorrido ascendente que registró en la última semana. En abril cerró estable. Como repetimos muchas veces en AgendAR, con el dólar «blue» se mueven cifras insignificantes insignificantes, comparadas con los montos de las importaciones y exportaciones declaradas, que no tienen otro remedio que liquidarse al dólar oficial. Su importancia es psicológica. Que no quiere decir que no sea real. Para el común de la gente -incluso empresarios, y titulares de cuentas en el exterior- el del «blue» es el «verdadero» valor del dólar. Y actúan en consecuencia.

China aprobó hoy la soja HB4, desarrollada en Argentina. Esa no es la noticia más importante

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El Ministerio de Agricultura de China aprobó hoy 29 de abril la soja HB4, el evento tolerante a sequía desarrollado por Raquel Chan y su equipo para la empresa argentina Bioceres.

El trámite de aprobación de la soja HB4 fue presentado en China en 2016 y hoy se publicó la Resolución que autoriza su cultivo en el país. Desde Bioceres (su acción se disparó en el Nasdaq con la noticia) repasan que la soja tolerante a sequía fue aprobada en 2015 por Argentina y luego también por los países de mayor producción mundial de este cultivo: Estados Unidos (agosto 2019), Brasil (mayo 2019), Paraguay (2019) y Canadá (2021). Estos países representan aproximadamente el 85% de la producción global de soja. Pero China es además el principal importador de soja del mundo. Por eso su aprobación es un elemento decisivo en el competitivo mundo del comercio internacional, para este producto de una empresa rosarina y de la biotecnología argentina. En este portal tratamos de seguir de cerca, y de alentar en la humilde medida de nuestras posibilidades, estos desarrollos. Y de señalar las barreras que enfrentan. Por ejemplo, el reportaje a Raquel Chan que publicamos en marzo de 2019, ¿Quién es Raquel Chan, la científica argentina que desarrolló el trigo “anti-sequía”? , muestra bien la oposición regulatoria, empresarial e institucional que tuvo que atravesar no la soja sino el trigo HB4. Y en la introducción a este otro reportaje a la Dra. Chan que reproducimos el 19 de enero de este año hicimos algo de historia: «En abril de 2018, a 20 días de entrar online AgendAR, publicamos una nota que comenzaba así «En un escenario donde se producen pérdidas de toneladas de alimentos por las sequías…» Y continuaba: «En 2012 el equipo dirigido por Raquel Chan logró repercusión internacional con la primera tecnología transgénica desarrollada íntegramente en Argentina». Nos enfocamos sobre todo en el caso del trigo genéticamente modificado, porque es lo que despertó más resistencia. La aceptación regulatoria de la soja HB4 por China es menos dramática. Por algo muy sencillo: es un forraje, el alimento de nuestro alimento. Con el trigo se muestra cómo lo más anticientífico y antinacional del ecologismo le hicieron perder más de una década de recaudación a esta patente «por miedo a alienar al cliente number one», en este caso Brasil. Hasta que en noviembre de 2021 Brasil no aprobó el trigo HB4, la Mesa de Enlace y la Federación de Acopiadores sugerían quemar los campos sembrados con esta variedad experimental, no fuera que se mezclaran con trigo no transgénico en un silo o una bodega de barco, los ecologistas detectaran el hecho y la cosa terminara con un escándalo de medios y el rechazo brasileño masivo del trigo argentino. Lo de hoy es entonces un paso importante pero no decisivo. Si China no comprara soja HB4 o sus derivados, la India y el Sudeste Asiático entero son clientes. En el mercado de los alimentos, hoy el poder lo tienen los oferentes. Esta pequeña victoria final no debe tapar el hecho de que lo importante no es tener cultivos industriales que se ríen de las sequías y las inundaciones gracias a sus genes HB4 sacados del girasol. Lo importante es haber sabido generar esa patente y defenderla de sus enemigos naturales, de los cuales el primero es la ignorancia científica entre quienes están en posiciones de poder en gobiernos y en empresas. Y el segundo son los lobbistas de las firmas multinacionales de biociencias. Estas empresas no están muertas de ganas de que empecemos a dejar de ser clientes pagadores de sus patentes, y nos volvamos competidores cobradores de las nuestras. Cada sequía desde 2018 nos salió alrededor de U$S 7.000 millones/año en cosechas. Pero no asumir a la Argentina como potencia biotecnológica emergente nos sale más caro, llueva, truene o brille el sol.

Estados Unidos advierte a Argentina sobre la seguridad de Atucha III, que construirá China

Las advertencias de una alta funcionaria del Departamento de Estado que nos visitó recientemente sobre seguridad nuclear de las empresas chinas, despertaron la indignación de nuestro Daniel Arias, casi de proporciones bíblicas («Hipócritas, que veis la paja en el ojo del vecino y no la viga en el propio»). Pero eran esperables, en estos tiempos de la Guerra Fría II, y tomar precauciones siempre es bueno. Y este editor, que durante varios años publicaba breves notas con el título común «Para la autoestima argentina»,  encuentra que el reconocimiento de la trayectoria y el liderazgo argentino en tecnología y seguridad nucleares, es estimulante. Los dejo con el reportaje a Ann Ganzer y el comentario de Arias.

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El Departamento de Estado de EE.UU., a través de una de las visitas recientes a nuestro país, acercó a varios ministros las preocupaciones del gobierno de Biden sobre la seguridad de la central nuclear que financiará y construirá China.

«La decisión de la Argentina de avanzar en la construcción de una cuarta central nuclear con tecnología y financiamiento de China no pasó desapercibida en el gobierno de Estados Unidos. A principios de este mes, una comitiva importante de 15 funcionarios, comandada por Ann Ganzer, subsecretaria de Política de No Proliferación del Departamento de Estado, visitó Argentina y alertó sobre sus preocupaciones “acerca de la calidad del control de seguridad de China”.

Ganzer le transmitió este mensaje de manera directa a los ministros Matías Kulfas (Desarrollo Productivo), Daniel Filmus (Ciencia y Tecnología) y Jorge Taiana (Defensa); al jefe de Gabinete, Juan Manzur, al secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, y al vicecanciller, Pablo Tettamanti.

“Es una decisión soberana de la Argentina elegir con quién asociarse para ampliar la generación de energía nuclear, pero queremos advertir que China tiene una mirada menos estricta en lo que se refiere a seguridad y protección que nosotros; ellos toman atajos. Les hemos hablado a los reguladores para que estén seguros y entiendan cómo es el reactor chino y que verifiquen bien esa tecnología para que se aseguren que funciona”, dijo Ganzer.

En febrero pasado, Argentina firmó un acuerdo con China por el cual confirmó la construcción de una cuarta central nuclear que se llamará Atucha III. Esta negociación llevó más de 10 años e involucró también al gobierno de Mauricio Macri, quien decidió avanzar con el reactor de tecnología china Hualong One, de agua liviana y uranio enriquecido, en vez del de tecnología canadiense Candu, que se tenía como alternativa.

Ann Ganzer, subsecretaria adjunta de Política de No Proliferación en la Oficina de Seguridad Internacional y No Proliferación del Departamento de Estado, en una entrevista con LA NACION.
Ann Ganzer, subsecretaria adjunta de Política de No Proliferación en la Oficina de Seguridad Internacional y No Proliferación del Departamento de Estado. .

El acuerdo incluye que China aporte el 85% del financiamiento de la obra, presupuestada en US$ 8.300 millones, aunque las autoridades de la empresa estatal Nucleoeléctrica, encargada de la operación y mantenimiento de las centrales nucleares, están negociando para que los bancos chinos cubran el 100% del costo.

La construcción de Atucha III demoraría 99 meses (un poco más de ocho años). El repago comenzaría una vez que esté en operación y se extendería durante 12 años.

China tiene 54 centrales nucleares en funcionamiento en su país y está construyendo otras 15 más. Sin embargo, fuera de su territorio solo se probó la tecnología china en Pakistán; la Argentina sería el segundo país donde se exportaría el reactor Hualongo One.

“Sabemos que la Argentina está trabajando en el diseño de un reactor más chico, el Carem, y nos encantaría ver que construyan eso en vez [de la central nuclear con tecnología China, pero es una decisión de la Argentina. Solo le estamos comunicando al gobierno argentino algunas de las preocupaciones que tenemos sobre la calidad de control de seguridad de China. Es una alerta de nuestras preocupaciones”, hizo hincapié la funcionaria, que optó la visita a nuestro país como su primera salida internacional luego de dos años de pandemia.

Ganzer señaló a la energía nuclear como una herramienta clave para combatir el cambio climático y en ese sentido indicó que los reactores pequeños, como el que está diseñando la Argentina, son el futuro.

Creemos que los reactores pequeños pueden ser una significativa fuerza multiplicadora para ayudar al cambio climático. Todos los países están buscando energía limpia y muchos se enfocan en energías renovables, que son muy buenas, como la energía solar, eólica e hidráulica, pero no son consistentes, porque el sol no brilla siempre. La matriz energética necesita potencia de línea base y pensamos que pequeños reactores pueden ser la solución para parte de América Latina. Queremos asociarnos con la Argentina para proveer estos reactores al resto de la región. Tal vez el que está diseñando la Argentina o alguno nuestro o de algún otro país”.

Centrales nucleares Atucha I y Atucha II
Centrales nucleares Atucha I y Atucha II .

La funcionaria destacó el liderazgo argentino en el sector nuclear y lo ejemplificó en Rafael Grossi, titular del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). “Deben estar muy orgullosos de Rafael Grossi. Valoramos mucho sus esfuerzos para asegurar la seguridad nuclear de los reactores, sobre todo el de Chernobyl, donde estamos muy preocupados por la toma de Rusia de esas operaciones».

«Hay establecidas reglas internacionales para mantener el orden, como el tratado nuclear de no proliferación, la convención de armas químicas y los tratados multilaterales de controles. Pero a Rusia no le importó. Estamos muy preocupados con la posibilidad de que Rusia utilice armas nucleares. Estamos mirando la situación de cerca, pero esperamos que no se llegue a eso”.

El reactor nuclear de Atucha II
El reactor nuclear de Atucha II .

«La Argentina y Estados Unidos tienen una relación de más de 40 años en materia de energía nuclear. El país fue el primero de todo América Latina en construir la primera central, Atucha I, que entró en operación en 1974. Hace 20 años se creó entre ambos países el Comité Permanente Conjunto de Cooperación en Energía Nuclear (Jscmec). (A los americanos nos encantan los acrónimos).»

«Hacemos estas reuniones una vez al año y alternamos el lugar. La última vez nos reunimos en Estados Unidos, en 2019. Después se suspendió por Covid los últimos dos encuentros y este año nos tocó en la Argentina. Tenía una delegación de 45 personas que quería venir, que tuvimos que cortar. Todos querían estar porque es una relación muy importante. La Argentina es líder en energía nuclear y en seguridad nuclear”.

Finalmente, volvió a dejar en claro la advertencia sobre la construcción de la central nuclear con tecnología china. “Lo importante es que la energía nuclear no es como construir otra fábrica, hay mucho de preocupación sobre seguridad y protección que va con ello, requiere regulaciones, pericia, entrenamiento especial, y esperamos trabajar en sociedad con la Argentina para traer esta información y capacidad en otros países de América Latina. La Argentina es la líder de la región y nos encantaría trabajar con ella para ayudar a otros países a construir esa infraestructura, para que cuando los reactores pequeños estén listos para la comercialización y exportación, los países de la región puedan comprarlos, operarlos y tener energía limpia en sus matrices”, concluyó.»

Comentario de AgendAR:

Me resulta inevitable recordar que las autoridades regulatorias nucleares de los EEUU, que «no toman atajos en materia de seguridad», licenciaron la central GE MK-1. Lo hicieron pese a las muchas objeciones internas de los revisores de esa tecnología. Aquí en los ’60 la GE-MK1 se rechazó a libro cerrado. La lista de objeciones era casi tan larga como la carpeta de presentación. Pero en EEUU se construyeron 23 de estos reactores cuyos sistemas de seguridad no son únicamente insuficientes, sino claramente malos, y al menos uno de ellos (la correlación de la potencia térmica del núcleo con el volumen del edificio de contención), incorregible. No es que eso lo hayamos descubierto aquí. En 1972 Stephen Hanauer, experto en seguridad radiológica de la AEC (Atomic Energy Commission) de los EEUU, pidió discontinuar la construcción de los GE-MK1, que la industria eléctrica estadounidense adoraba: eran TAN baratos… Aquel mismo año Joseph Hendrie, posteriormente director de la NRC, (Nuclear Regulatory Commission), el organismo federal que otorga o niega licencias a instalaciones nucleares, fue un poco más lejos que Hanauer y dijo que «era atractivo prohibir esos sistemas». Los cuestionamientos fueron «in crescendo»: en 1980 Harold Denton, otro directivo de la NRC, dijo que los GE MK-1 tenían un 90% de posibilidades de reventón del edificio de contención, en caso de derretimiento del núcleo. Ese edificio es la última línea pasiva de defensa entre los elementos combustibles y el medio ambiente, y en el GE-MK1 no sólo es de escaso volumen sino estructuralmente débil. General Electric y las «utilities» le cayeron a Denton con los tapones de punta, y luego pasaron años tratando de mitigar silenciosamente ese defecto intratable. No lograron mucho. España compró un GE-MK1, y la Tokyo Electrical Power Company (TEPCO) de Japón los 4 que se hicieron puré radioactivo en Fukushima, en el accidente de 2011. Además de problemas estructurales de diseño, estas centrales tenían tres agravantes independientes en sus sistemas de back-up para garantizar el enfriamiento de sus núcleos en caso de inundación:
  • eran pocos,
  • eran malos
  • y estaban mal ubicados.
Eso, en el país donde se acuñó la palabra «tsunami». El accidente de Fukushima llegó al tope de la escala de severidad en la escala INES: el 7. Sólo la URSS, con el accidente de Chernobyl en 1986, había llegado a esas alturas. Y para eso les hizo falta el peor diseño de central de la historia, el RBMK. También le recordaría a Mrs. Ganzer que el único derretimiento de núcleo de una central nuclear en las Américas la tuvo un reactor B&W, Babcok & Wilcox, mucho mejor que el GE-MK1, por la construcción. Pero eso sí, muy pobremente instrumentado, porque en su país, Mrs. Ganzer, «no toman atajos» con la seguridad nuclear para bajar costos. Tal vez el nombre del reactor le suene: Three Mile Island, en Harrisburg, Pennsylvania. ¿Recuerda, Mrs. Ganzer? La unidad 2 de ese complejo nuclear se accidentó en 1979. Sin víctimas, pero aquel fue el primer accidente nucleoeléctrico de la historia en alcanzar la categoría 5 en la escala INES, hubo una ola de terror nacional, y se tuvo que cerrar esa planta para siempre. Su gemela, Three Mile Island 1, tiene licencia del NRC para seguir operando hasta 2034. De modo que en materia de centrales nucleares el único país que licenció dos máquinas que sufrieron accidentes de categoría 7 y 5 en la escala internacional INES (7 es el máximo) fue EEUU, su país. Que nunca toma atajos, Mrs. Ganzer. Tal vez los chinos sean incluso peores que los estadounidenses en seguridad nucleoeléctrica, pero todavía no hay indicios de ello, pese a que desde 1991 tienen una flota activa de 54 reactores en operación, casi todos bastante grandes. Y como Ud. sabe, ni la física ni la química ni la meteorología permiten esconder un accidente INES 6 o 7 en una gran instalación nuclear, aunque las autoridades nacionales traten de disimularlo. El accidente de la unidad 4 del complejo de Chernobyl fue denunciado por los expertos en radioprotección de Forsmark, una central nuclear sueca distante 1100 km, cuando detectaron niveles anormales de cesio 137 y iodo 131 en los zapatos de un empleado. Hicieron una recorrida a fondo de seguridad de Forsmark y todo andaba normal. Salieron al parque que rodea la planta y había cesio 137 y 131 en el pasto. Acababa de llover, y el viento había soplado dos días seguidos desde Ucrania. Miraron el mapa: Chernobyl. Dieron la alarma. A las pocas horas, el gobierno de Gorbachov dio oficialmente la noticia. Si los chinos hubieran tenido algún problema grave de seguridad nuclear, el planeta entero se habría enterado, Mrs. Ganzer. Y si lo llegan a tener, nos enteraremos. De todos modos, si la ARN, la Autoridad Regulatoria Nuclear de nuestro país observa algo que no le guste en el diseño de la Hualong-1 que se está comprando a China, tiene suficiente autonomía como para detener la adquisición. Y en ello le puede pasar por encima incluso al presidente de la Nación. No es un invento, es historia. Si Ud. no lo sabe, será porque estaba distraída, Mrs. Ganzer. Pero conviene repasar esas cosas antes de bajar a darnos consejos. El CALIN, o Comité de Licenciamiento, antecesor institucional de la actual ARN, hizo parar Atucha I en 1987 porque el gobierno del doctor Raúl Alfonsín venía retrasando paradas de mantenimiento a la central. Alfonsín hacía esto porque se le venía encima un verano de apagones: faltaba electricidad en todo el país, pero el problema era peor en el AMBA, ya que el parque de generación térmico de SEGBA e ITALO era viejísimo y no había modo de sostenerlo en línea. Como la dirección de la CNEA trataba de colaborar con el gobierno y los apagones son muy impopulares, para la Secretaría de Energía lo ideal era que las 2 robustas centrales nucleares cargaran con el peso muerto de todo un sistema eléctrico que se había derrumbado ante sus ojos. Para el Ministerio de Economía, esa situación también era ideal: el país estaba endeudado y los repuestos nucleares son importados y caros. Pero en 1987 Chernobyl era un recuerdo recientísimo. El CALIN perdió la paciencia, informó a la prensa, y el escándalo subsiguiente permitió que Atucha I hiciera rápido y bien su muy atrasada parada de mantenimiento. ¿Alguien fue echado? Nadie. ¿Represalias institucionales? Tampoco. ¿Carreras estropeadas? En absoluto. Para la cúpula de la CNEA al hacer su trabajo el CALIN estaba garantizando que en Argentina la energía nuclear siguiera siendo una opción. En EEUU, ya desde antes del accidente de Three Mile Island, había dejado de serlo tiempo atrás: las plantas se habían vuelto endemoniadamente complejas y caras. Después del accidente se volvieron también anatema político. Hoy la seguridad nuclear en nuestro país está a cargo de la ARN, que es externa al organigrama de la CNEA y de NA-SA, se maneja con presupuesto propio y depende únicamente del Poder Ejecutivo Nacional. Es otra gente de otra generación, pero con la misma formación científica y legal, y un grado aún mayor de independencia institucional. Haciendo historia, esto no es algo que se pueda decir de la Nuclear Regulatory Commission de los EEUU, según los hechos, Mrs. Ganzer. ¿Puedo llamarla Ann? Have a good trip, Ann.

Daniel E. Arias

Covid-19: leve aumento de casos y de positividad en Argentina, pero pocos pacientes en terapia intensiva

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  • Los casos detectados de coronavirus aumentaron levemente y también la positividad (el % de casos confirmados sobre las pruebas realizadas) en la última semana en nuestro país.
  • Esto podría indicar un cambio en la tendencia de la curva, que según especialistas es “esperable” frente al comienzo del frío y la circulación de la variante Ómicron BA.2, pero las internaciones en terapia intensiva y las personas fallecidas continúan bajas.
“Comenzamos a ver un aumento muy muy leve. Esto está dentro de lo esperable porque estamos entrando en el otoño-invierno”, indicó Analía Rearte, directora nacional de Epidemiología e Información Estratégica del Ministerio de Salud. La especialista y funcionaria señaló que “desde el Ministerio sabemos que es esperable que haya un aumento de casos de Covid -no sabemos si este incremento implica que ya empezó o no- y lo que no sabemos es cómo será con la co-circulación de otros virus respiratorios, que también es esperable que aumenten su presencia”. “Se empieza a notar en las estadísticas un crecimiento de los casos detectados. Sin dudas, con los cambios de criterio en el testeo va a ser cada vez más compleja la detección, pero aún así en algunos distritos como la Ciudad de Buenos Aires ya comienzan a verse leves aumentos en las notificaciones y también en la positividad”, indicó el contador Martín Barrionuevo, que analiza datos desde el inicio de la pandemia. De acuerdo a su trabajo que toma como base las cifras del Ministerio de Salud, a nivel nacional la positividad pasó de 7% a principio de abril a estar hoy cerca del 10%, y lo mismo sucede en la Ciudad Buenos Aires. Por su parte, el físico e investigador del Conicet Jorge Aliaga detalló que “el promedio de confirmados semanales a nivel nacional, ordenados por fecha de inicio de síntomas, entre el 10 y el 16 de abril fue de 637, mientras que la semana pasada (entre el 17 y el 23 de abril) fue de 699”. “Hay que tener en cuenta que estas cifras son por fecha de inicio de síntomas, que es una manera de evitar las variaciones de las fechas de cargas, pero que también pueden ser incompletas porque puede haber casos que se notifiquen dentro de un tiempo que corresponden a estas semanas”, indicó Aliaga. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, el investigador señaló que “desde hace unas semanas se ve una curva que sube muy lentamente pero en forma sostenida”. El médico infectólogo Martín Hojman, quien trabaja en el Hospital Rivadavia, en el barrio de Recoleta, también observó “un incremento leve en las consultas y las confirmaciones en los últimos días”; en tanto que señaló que “los casos en las UTI continúan bajos”. Este cambio en el comportamiento de la curva de casos de Covid, que venía descendiendo en forma sostenida, también es esperable para Aliaga. “Por un lado, está la variante Ómicron BA.2 circulando en CABA, por el otro las personas están más encerradas como consecuencia del frío y con más actividades presenciales”. Según el último reporte de la sala de situación del Ministerio de Salud, al 18 de abril se habían detectado 154 casos de variante ómicron BA.2 (más transmisible aún que la Ómicron original), de los cuales 27 eran personas con antecedente de viaje internacional y 127 se encontraban en investigación. Frente a este escenario, Barrionuevo sostuvo que “tenemos que aprender a mirar estas nuevas ‘olas’ o incremento de casos con un prisma diferente porque con la vacunación y la enorme cantidad de contagios previos hay mucha población con inmunidad y esto es clave para tratar de comprender cuál será el impacto de esos crecimientos”. “Hoy tenemos niveles muy bajos de personas internadas en terapia intensiva y también tenemos pocas personas fallecidas por Covid-19; si se ordenan por fecha de fallecimiento debemos estar en 5 personas diarias a nivel país”, completó. A modo de ejemplo, Barrionuevo describió que en Corrientes “hace más de 20 días que no hay ningún fallecido por Covid en el Hospital de Campaña”. En el mismo sentido, Aliaga señaló que “si el aumento de casos no es tan alto, el impacto en el crecimiento de muertes va a ser bajo porque la letalidad bajó muchísimo como consecuencia de las vacunas”. “No obstante -señaló- si se desatara otra ola como la última causada por Ómicron, igual tendríamos muchas personas fallecidas, aunque el número sea significativamente menor en proporción a los casos que las olas anteriores”. Desde 18 de abril, el Ministerio implementó una nueva estrategia de transición para integrar la vigilancia de Covid-19 a la de las enfermedades respiratorias agudas de presunto origen viral. Se definió que se priorizará el diagnóstico en personas con enfermedades respiratorias que pertenezcan a los siguientes grupos: mayores de 50 años y con condiciones de riesgo; poblaciones especiales que residan, trabajen o asistan a ámbitos que por sus características presentan mayor riesgo de transmisión o generación de brotes.

IEASA ya contrató 9 barcos de gas natural licuado por u$s 657 millones

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La empresa estatal Integración Energética Argentina (IEASA, ex Enarsa) adjudicó nueve cargamentos de Gas Natural Licuado (GNL) por unos u$s 657,8 millones para superar el inicio del invierno 2022. El Estado nacional pagó un precio promedio u$s 28,729 por millón de BTU, un 27,6% menos que en la licitación anterior, cuando por ocho barcos regasficadores se pagó u$s 39,666 el millón de BTU en promedio. Con este nuevo cargamento ya suman 17 los navíos contratados desde fines de marzo. Cinco atracarán en el puerto de Escobar y los otros cuatro en el de Bahía Blanca. La terminal Escobar puede regasificar hasta 10 barcos por mes, mientras que Bahía tiene capacidad para cinco. Se estima que para toda la temporada invernal serán necesarios entre 50 y 60 en total, por lo que desde ahora la empresa estatal deberá contratar unas 40 embarcaciones más. En IEASA no solo celebraron el precio promedio de u$s 28,729, sino que resaltaron que al momento de la apertura de la oferta el precio del GNL de referencia TTF cotizaba a u$s 32,25. O sea, que en medio del conflicto por la guerra en Ucrania y la disparada de los precios de la energía se pagó menos y, encima, por más volumen. Pero el año pasado, sin guerra ni sanciones a Rusia, IEASA había pagado u$s 8,33 por millón de BTU para abastecer de GNL el invierno 2021. Es que el total adjudicado con los nueve barcos fue de 22,9 trillones de BTU, por encima de los 19,8 trillones de BTU de la licitación anterior con ocho. Esta compra representó 3,1 TBtu adicionales y u$s12,4 millones menos. Una explicación a la reducción de los precios fue la menor demanda de GNL en Europa y el nuevo confinamiento en China.
Para pasar el invierno y sostener la demanda de electricidad y gas el Gobierno diseñó un plan energético. Estas adjudicaciones de GNL se complementan con un aumento de la producción subsidiada de gas natural que llegó a 125 MMm3/ en marzo, particularmente con el shale gas de Vaca Muerta, más un acuerdo de provisión de gas desde Bolivia, que está dispuesto a enviar 14 MMm3/d en plena temporada fría, de mayo a septiembre. En el Gobierno confían que el gas boliviano, un invierno menos frío y una mejora de la producción hidroeléctrica podrían ayudar a una menor adquisición de cargamentos de GNL, causarán una menor necesidad de regasificación. En 2021, Argentina alcanzó casi los niveles de importación de GNL previos a la pandemia, con un total de 56 cargamentos. Casi todos los envíos que recibió el país el año pasado provinieron de Estados Unidos, que aumentó rápidamente la producción ante la mayor demanda, Qatar y Trinidad y Tobago. Por primera vez desde 2013 llegarán dos cargamentos de GNL de Egipto. Los dos buques, el BW Brussels y el Stena Clear Sky, se dirigen al puerto argentino de Escobar después de embarcar GNL en los puertos egipcios de Damietta e Idku. Con estas medidas y en medio de la crisis energética global por el conflicto entre Rusia y Ucrania, los analistas calcularon que el desbalance entre exportaciones e importaciones de la Argentina se multiplicará casi por ocho al pasar los u$s 600 millones del año pasado a unos u$s 4.700 millones en este, como estimó consultor Daniel Gerold en IDEA Neuquén. Otras evaluaciones más pesimistas hablan de un déficit energético de más de u$s 5.500 millones al terminar el 2022.

Nucleoeléctrica Argentina ratificó la actual conformación de su Directorio por un nuevo período

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Este martes 26 de abril se realizó la Asamblea de Accionistas de Nucleoeléctrica Argentina, en la que se ratificó la actual conformación del Directorio de la empresa, por un nuevo período.

Así, la constitución del Directorio continúa siendo la siguiente: – Presidente: Ing. José Luis Antúnez – Vicepresidente: Lic. Jorge Sidelnik – Director: Ing. Alejandro Estévez – Director: Lic. Isidro Baschar – Director: Dr. Gabriel Barceló Como síndicos fueron nombrados: Síndicos titulares: – Hebe Cereseto – María Valeria Fortti – Gustavo Alberto Macagno Síndicos suplentes: – Silvia Alejandra Rodríguez – Marcelo Daniel Pinceti – Juan Leonardo Sevilla Nucleoeléctrica Argentina, NA-SA, es la empresa a cargo de la operación de las tres centrales nucleares en funcionamiento en el país, Atucha I, Atucha II y Embalse. La potencia instalada total de sus tres plantas es de 1763 MW. La compañía está a cargo de la comercialización en el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) de la energía producida por sus plantas y del gerenciamiento de los proyectos que aseguren la normal operación de sus instalaciones, así como de aquellos que tengan por objetivo la construcción de futuras centrales nucleares en territorio nacional. La empresa es una sociedad anónima cuyo capital social accionario se encuentra distribuido entre el Ministerio de Economía de la Nación (79%), la Comisión Nacional de Energía Atómica (20%) e Integración Energética Argentina S.A (IEASA).

Desde la OMS, advierten a Elon Musk por su compra de Twitter: «La mala información cuesta vidas”

Al mismo tiempo que el multimillonario Elon Musk cerró un acuerdo para comprar Twitter, un funcionario de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió sobre los peligros que representa la desinformación sobre la salud y vacunas en las redes sociales.

«La mala información cuesta vidas”, dijo el martes Mike Ryan, director ejecutivo del programa de emergencias sanitarias de la OMS, en respuesta a la pregunta de un reportero sobre la oferta de Musk, un autodenominado absolutista de la libertad de expresión, para comprar Twitter por unos US$ 44.000 millones. “Cuando alguien alcanza una posición en la vida en la que tiene tanta influencia sobre la forma en que se comparte la información con las comunidades, asume una gran responsabilidad”, señaló Ryan en la conferencia de prensa en Ginebra. Durante la pandemia, la OMS ha trabajado con plataformas de redes sociales para brindar la información más reciente y precisa sobre el covid y las vacunas. “Le deseamos suerte al Sr. Musk con sus esfuerzos para mejorar la calidad de la información que todos recibimos”, agregó Ryan. “En el caso de esta pandemia, la buena información salva vidas. La mala información te lleva a lugares muy malos”. Las muertes globales relacionadas con el covid fueron alrededor de 15.000 la semana pasada, dijeron funcionarios en la sesión informativa, la más baja desde marzo de 2020. Aun así, indicaron, la pandemia no ha terminado. Comentario de AgendAR: Estamos de acuerdo con el directivo de la OMS en cuanto a la responsabilidad de las empresas propietarias de las redes sociales, que deben, necesariamente, equilibrar sus beneficios, la libertad de expresión, y desalentar los mensajes de odio o ignorancia que circulan en ellas. Pero estaríamos más impresionados por sus declaraciones si la Organización Mundial de la Salud, hubiera sido más acertada y oportuna en su comunicación sobre la pandemia.

Porqué el Estado argentino decidió financiar las pruebas de la ARVAC «Cecilia Grierson»

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¿Cómo y por qué se eligió financiar a la vacuna argentina que acaba de iniciar la primera fase de ensayos clínicos? En un reportaje de la agencia TSS, el biólogo molecular Lautaro Zubeldía, asesor del MinCyT durante la selección de proyectos, señala la importancia de diseñar una estrategia local de desarrollo de fármacos y los condicionamientos geopolíticos que enfrentan este tipo de iniciativas. Lautaro Zubeldía es biólogo molecular especializado en Desarrollo de la Biotecnología en el área de Vacunas preventivas y Terapéuticas. Después de dedicarle más de una década a la investigación en el laboratorio, decidió que los ensayos los haría con su propio trabajo: se preguntaba por qué la mayoría de las investigaciones que llevaban a cabo “no pasaban nunca de la frontera de la mesada a un producto que llegue a manos de la gente y que le solucione algún tipo de problemática”. Fue así como se volcó a las ciencias sociales y, particularmente, a cuestiones de política científica y tecnológica, lo que lo llevó a dedicar su posdoctorado al análisis del desarrollo y la producción nacional de vacunas. En medio de ese proceso, se desempeñaba como asesor en el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MINCYT) cuando durante la pandemia se abrió la convocatoria que buscaba financiar proyectos locales de investigación en vacunas contra el SARS-Cov-2, entre los cuales resultó seleccionado el de la denominada “ARVAC Cecilia Grierson”. Así, se convirtió en la primera en pasar a la fase de ensayos clínicos a través de un consorcio público-privado entre el CONICET, la UNSAM y el Laboratorio Cassará. ¿Qué características distinguían a la ARVAC para que recibiera financiamiento público? Varios, como la característica de la plataforma, cómo está diseñada y cómo se elige el antígeno, por ejemplo. Cuando evaluamos qué plataformas debíamos apoyar, vimos que ARVAC no usa el Spike entero sino otra fórmula más pequeña, el denominado Receptor Binding Domain (RBD), que es una fracción del Spike. Es decir, restringe la porción del antígeno, algo que a mí, como biólogo, de alguna manera, me da más de seguridad. ¿En qué sentido? Históricamente, fueron apareciendo una sucesión de virus: SARS 1, MERS, Chikungunya, Zika, Ébola y las gripes aviares, que tenían un 30% de letalidad aunque no eran tan contagiosas. Pero, ya desde la aparición del SARS 1, se hablaba de que el target para una posible vacuna ideal era la proteína Spike. Por eso, cuando comenzó la pandemia hice una revisión de la literatura disponible y encontré publicaciones del año 2010 que advertían que ese antígeno entero, en experimentos in vitro, había generado efectos fisiológicos. Entonces, cuando vi la plataforma de subunidad –que es la que utiliza ARVAC– me pareció una buena opción, porque esa tecnología, ese modo de abordar una vacuna, ya se probó en muchas otras y se conoce que, en general, los efectos secundarios que puede tener esa plataforma no serían peligrosos.
La ARVAC Cecilia Grierson es la primera candidata vacunal argentina en pasar a la fase de ensayos clínicos a través de un consorcio público-privado entre el CONICET, la UNSAM y el Laboratorio Cassará.
De todos modos, la proteína Spike completa es la que se está utilizando en la mayoría de las vacunas que hoy están disponibles contra la Covid. Sí, son la tercera generación de vacunas, las de RNA y las de vector viral, como la Sputnik V, la de Cansino y la de Astra Zeneca. Las vacunas de vector viral se caracterizan porque no inyectan un pedacito del antígeno sino un vector, que es un virus que también está incapacitado de reproducirse, que lleva el gen Spike o una porción del antígeno que vos quieras introducir. Ese virus vector introduce su ADN a determinadas células del cuerpo y las obliga a fabricar el antígeno. La estrategia de estas vacunas es valerse de la maquinaria molecular de las propias células del cuerpo, para obligarlas a fabricar el antígeno contra el cual el sistema inmune va a reaccionar. Y entre las vacunas que se están investigando en el país, también hay algunas que usan la tecnología de vector viral. Sí. Las vacunas de vector viral permiten dar una respuesta rápida frente a una amenaza que se esparce muy rápidamente. Desde el punto de vista del análisis de una pandemia, ante la aparición de un virus que empieza a contagiarse agresivamente, las vacunas de vector viral son más fáciles de producir y escalar que las vacunas a subunidad. Además, en este tipo de vacunas, al igual que en las de ARN, frente la aparición de mutaciones, se puede modificar más rápido el antígeno. Entonces, si estamos en una situación donde va a haber más pandemias, es importante tener una plataforma de vacunas que permita una respuesta rápida. ¿Las vacunas tradicionales de virus inactivado, como la de Sinopharm, no son una opción? Sí, esas son muy buenas, lo que pasa es que son muy complejas y caras de producir, porque se necesitan fabricar grandes cantidades de virus y luego inactivarlos. Para eso es imprescindible tener al menos tres o cuatro laboratorios de alta bioseguridad, porque hay que ser muy cuidadosos de que no se escape el virus. Además, montar esos laboratorios tiene dos complejidades: por un lado, es muy costoso, y por otro, despierta suspicacias, porque cualquiera que tiene esos virus también puede fabricar armas biológicas. Entonces, desde otros países pueden empezar a cuestionarse qué hace la Argentina con eso. Si algo ha dejado en claro la pandemia es que no se puede diseñar una estrategia de desarrollo de fármacos y vacunas sin leer el momento geopolítico. Lo que pasa hoy con los desarrollos biotecnológicos es similar que lo que pasó con la tecnología nuclear después la Segunda Guerra Mundial.
“No se puede diseñar una estrategia de desarrollo de fármacos y vacunas sin leer el momento geopolítico”, dice Zubeldía.
Volviendo a ARVAC, se dice que para fin de año podría estar aprobada. ¿Es posible concluir las tres fases de investigación clínica en tan poco tiempo? Sí, es rápido. En cuanto a las fases, hay que decir dos cosas: una es que se van a hacer las tres fases como vacuna de refuerzo, lo que de alguna manera acorta el camino, porque, según las regulaciones de ANMAT, se necesitan menos personas. Lo otro es que luego habrá que hacer fármaco-vigilancia de la gente a la que se le aplicó la ARVAC: ver qué les pasó y qué no, si tuvieron efectos secundarios. Todo eso se comprueba en las tres fases de pruebas clínicas pero después tiene que continuar en el campo. No es que después de la fase tres ya se terminó. Eso es lo que nos metieron en la cabeza durante la pandemia, pero no es así. Por eso, antes se tardaba cinco años en poner una vacuna en el mercado, porque había que vigilar qué estaba pasando con los cuerpos de las personas. Entonces, las fases 1, 2 y 3 son rápidas, pero también es importante la fase 4. Pero, entonces, ¿son suficientes las tres primeras fases para empezar a aplicar la vacuna en personas? Sí, lo son, si después se hace fármaco-vigilancia. Es decir, si se hace un seguimiento a las personas por un tiempo prudencial. ¿Cuál es la relevancia de este desarrollo? Haber iniciado el camino de tener plataformas vacunales realizadas en el país, con tecnología propia y, en la medida de lo posible, con empresas nacionales o estatales. Hoy no hay un laboratorio público que pueda hacer el trabajo que está haciendo Cassará, pero con inversión se podría realizar. Me parece indispensable tener varias plataformas distintas para afrontar este tipo de amenazas que pareciera que van a seguir estando. Es lo que creo que el Estado, con todas las dificultades del caso, está haciendo. Me parece importante que tengamos una vacuna propia.