Las exportaciones anotaron el mejor octubre desde 2012. Superávit comercial fue en el mes de u$s 1.601 millones

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En el décimo mes de 2021, Argentina registró un superávit comercial de u$s1.601 millones, según lo informado por el INDEC ayer martes. Las exportaciones anotaron su mejor octubre desde 2012, mientras que las importaciones fueron las más altas para este período desde 2017.

De acuerdo con los datos oficiales, en octubre el país vendió a otros países por un total de u$s 6.848 millones, un 46,5% (+u$s 2.174 millones) más que en el mismo mes de 2020. El incremento anual fue traccionado en primer lugar por un crecimiento del 73,7% (+u$s 778 millones) en las exportaciones de productos primarios, principalmente de cereales.
También fue significativo el aporte de los envíos de manufacturas de origen industrial, que treparon un 56,8% (+u$s 703 millones), impulsados por la performance de productos químicos, material de transporte terrestre y metales comunes y sus manufacturas.
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En cuanto a las importaciones, el aumento respecto de octubre del año pasado fue del 31% (u$s 1.243 millones) para ubicarse en los u$s 5.247 millones.
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El salto del 33,5% (+u$s 559 millones) en las compras de bienes intermedios fue el principal factor explicativo del repunte en las importaciones. «Se distinguieron particularmente los suministros industriales elaborados no especificados en otras partidas, que reflejaron el mayor incremento de todos los rubros», detallaron desde el INDEC en su informe.
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El organismo de estadísticas públicas puso énfasis también en el notable incremento de los costos de transporte internacional. En efecto, el valor del flete casi que se duplicó en el último año, a la vez que arrojó un alza del 51,8% contra octubre de 2019, cuando todavía no había pandemia. En particular, la tasa que más aumentó estuvo asociada con los productos chinos.
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En cuanto a los socios comerciales, Brasil se mantuvo a la cabeza, siendo el principal destino de las exportaciones argentinas y el segundo proveedor de importaciones, detrás de China. En términos anuales, las ventas al país vecino crecieron 50,1%, contra una suba de las compras de apenas 13,1%, lo cual se tradujo en un saldo comercial superavitario de u$s 115 millones.
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El podio lo completaron China y Estados Unidos. Entre los principales destinos de las exportaciones también se destacaron, al igual que en meses previos, India, Chile, Vietnam y Países Bajos. Paralelamente, las importaciones desde Paraguay y Alemania volvieron a resaltar entre los primeros puestos.
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Tanto las exportaciones como las importaciones se desaceleraron a mínimos desde junio. Sin embargo, las ventas externas siguen en récord de casi una década, a la vez que las compras se ubican en máximos desde 2017, cuando el gobierno de Mauricio Macri tenía muy pocas barreras arancelarias.Con estos números, en el acumulado de 2021 Argentina exhibe un superávit comercial de u$s 13.940 millones, el más elevado desde 2009.

Afirman que ahora los preadolescentes crecen más lento y maduran sexualmente más temprano

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A partir de la pandemia, los controles de seguimiento de peso y talla en niños y niñas se demoraron. El sobrepeso por el aislamiento podría incidir en ese desarrollo adelantado, según los endocrinólogos que lo han detectado.

Mientras la ola pandémica disminuye y retorna la “normalidad”, surgen nuevas consecuencias de salud no directamente relacionadas con la infección por SARS-CoV-2, pero sí con el aislamiento y los cierres del año pasado.
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Entre estas se destaca la caída vertiginosa de visitas de control al pediatra, incluyendo controles básicos como el seguimientode peso y talla de los chicos. Esos datos son claves para revelar en forma precoz algún trastorno del crecimiento. . “A principios de 2020 se cortaron bruscamente todos los controles pediátricos. Y en esta especialidad es perder las oportunidades para detectar a tiempo problemas de crecimiento”, explica Ignacio Bergadá, jefe de Endocrinología Infantil en el Hospital Gutiérrez. “Y lo más preocupante –agregó– es que, si bien la situación se ha ido normalizando, hoy todavía no recuperamos la tasa de consultas pediátricas que teníamos en los años previos a la pandemia”.
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Según Bergadá, que también es investigador del Conicet, los problemas no diagnosticados de crecimiento en los chicos son una de las consecuencias no directas que deja la pandemia. “En pleno pico de contagios hicimos los controles pediátricos por medios virtuales. Pero eso impedía pesar y medir a los chicos en forma correcta y periódica. Esto es clave porque los problemas de crecimiento son silenciosos y esas mediciones son la mejor oportunidad para detectar cualquier problema en forma precoz”. En otras palabras, un niño puede estar creciendo menos que lo normal y no tener ningún otro síntoma visible.
. Algo similar resumió la doctora Raquel Piazza, pediatra clínica del Sanatorio Mitre: “La pandemia generó una demora significativa en los controles de los chicos y eso llevó a diagnósticos tardíos en varias patologías. Y si bien muchos padres mantuvieron contacto con el pediatra vía WhatsApp o videollamadas, la ausencia de consultas  presenciales nos dejó sin oportunidades para poder valorar el crecimiento y el desarrollo y así lograr la detección precoz de, por ejemplo, posibles alteraciones hormonales”.

TRAS LA PANDEMIA SURGEN PROBLEMAS DE SALUD QUE SE RELACIONAN CON EL AISLAMIENTO

Maduración precoz

De acuerdo a este endocrinólogo, los problemas asociados con la estatura no son la única consecuencia hormonal que puede relacionarse con la pandemia. “En los últimos meses también notamos un aumento en las consultas por desarrollo sexual precoz. Las hipótesis posibles que ligan ambos fenómenos se basan en que durante el aislamiento los chicos realizaron menos actividad física y tuvieron mayor ingesta de alimentos. Eso puede haber causado más sobrepeso, situación que puede relacionarse con el adelantamiento de la pubertad. De todos modos, es un tema que debemos seguir porque también se ha registrado un aumento de consultas sobre maduración sexual precoz en chicas delgadas”, explicó el profesional, que es secretario de la Fundación de Endocrinología Infantil. Y agregó: “Son casos que pueden requerir algún tratamiento. Por ejemplo, estamos viendo casos de maduración sexual en niñas de 7 u 8 años cuando usualmente la edad promedio de inicio de la pubertad es entre los 10 y los 11 años”. ¿Por qué es clave volver a llevar a los chicos a la consulta pediátrica presencial? “Los controles periódicos permiten generar alertas tempranas para muchas patologías. Y el diagnóstico precoz en temas de crecimiento y maduración es la clave para facilitar la recuperación y el éxito de cualquier tratamiento”, concluyó Bergadá.

Salud en el celular

En los últimos años aparecieron muchas apps para smartphones especializadas en prevención. “Lo que vemos como positivo es que usándolas el paciente se involucra más en el control de su salud”, explicó Bergadá. Respecto a las patologías del crecimiento, un laboratorio médico financió el desarrollo de una app gratuita que facilita a los padres el seguimiento de la evolución de la altura y peso de sus hijos desde bebés hasta los 19 años. Según le explica Gerson Manzella, gerente de Marketing del Laboratorio Sandoz: “La aplicación se llama Jirafa y se puede usar en celulares Android y iOS. Y explica en forma fácil cómo registrar en el hogar el peso y la altura. Con eso, la app facilita la comparación y el control con las curvas de crecimiento “saludable” emitidas por la OMS y la Sociedad Argentina de Pediatría para cada edad y sexo”. Estas apps de seguimiento de salud se están popularizando y facilitan los controles periódicos porque generan en forma automática alertas específicas sobre varios temas, incluyendo recordatorios y alertas del calendario de vacunación. Signos de Alerta Aparte de los monitoreos médicos periódicos de peso y de altura, los padres pueden notar otros signos de alerta.
  • Cuando los chicos no cambian el talle de ropa o zapatos a lo largo de muchos meses.
  • El contraste con el cambio de altura de los compañeros de grado.
  • En nenas se nota un desarrollo precoz del botón mamario.

Enrique Garabetyan

El tratado AUKUS y el submarino nuclear argentino. La posición de AgendAR

José Converti, PhD., Ingeniero, Profesor titular de Ingeniería del Instituto Balseiro, publicó recientemente este artículo. Que ha tenido una gran repercusión entre todos aquellos que se interesan en el tema de los submarinos, y en la presencia argentina en el mar. Pero estamos en desacuerdo con una de sus conclusiones. Por eso,  publicamos su artículo y, a continuación, exponemos nuestras diferencias.

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«El acuerdo militar tripartito entre Australia, el Reino Unido y Estados Unidos conocido como AUKUS (del acrónimo en inglés de Australia, United Kingdom y United States), abre nuevamente la discusión sobre la factibilidad y la conveniencia de desarrollar en nuestro país la tecnología para la propulsión nuclear de submarinos. Este tratado provocó un gran enfado de Francia al verse arrebatado por Estados Unidos de un contrato de venta de submarinos por más de sesenta mil millones de dólares. La decisión de Australia es comprensible dada la superioridad tecnológica de la oferta norteamericana. Los franceses ofrecían submarinos con un sistema de propulsión AIP (Air Independent Propulsion). Estos tienen una autonomía sólo un poco superior a la tradicional Diesel-Eléctrica con banco de baterías de plomo-ácido; pero con la desventaja que se trata de un sistema nuevo y poco experimentado. Para un país oceánico como Australia, donde las distancias a recorrer hasta llegar a la zona de operación son muy grandes, la opción nuclear es muy superior a la ofrecida por Francia. La superioridad de la propulsión nuclear sobre la AIP, para países oceánicos (tales como Argentina) está muy bien analizada en un reciente artículo de Ricardo Burzaco, editor de la revista Defensa y Seguridad. Si Australia no tomó esta opción anteriormente es por haber sido bloqueada por la Armada norteamericana (US Navy). Sólo recientemente, a la luz del conflicto geopolítico con China, EEUU reevaluó la conveniencia de tener un aliado confiable cercano a la zona de conflicto. Este hecho ha abierto un nuevo capítulo en la discusión sobre el submarino nuclear nacional. Ya en el tercer gobierno de Perón (1973-74) en pleno auge del desarrollo nuclear argentino, surgió la primera iniciativa para desarrollar un reactor nuclear adecuado para la propulsión de un submarino, en el proyecto denominado Carena. Esto cobró gran impulso luego de la Guerra de Malvinas y el hundimiento del crucero ARA General Belgrano por un submarino inglés de propulsión nuclear. El vicealmirante Carlos Castro Madero que presidió la CNEA entre 1976 y 1983 fue un gran impulsor de este proyecto. No obstante, la tecnología adoptada para el reactor naval fue desacertada ya que se tomó como modelo el reactor que impulsaba una nave de superficie, el “Otto Hahn”. La opción más adecuada hubiera sido un PWR (reactor de agua presurizado) que había brindado excelentes resultados en el Nautilus, primer submarino con propulsión nuclear desarrollado en EEUU en un lapso de cinco años (1950-1955). Lamentablemente se persistió en esta opción aún al desistirse del proyecto original, en el gobierno de Alfonsín, camuflando dicho reactor con un ligero cambio en el nombre a Carem y presentándolo como un reactor “inherentemente seguro” para “pequeñas poblaciones aisladas” como lema de marketing. Sus impulsores creían sinceramente que dicho reactor, con pequeñas modificaciones sería adecuado para impulsar un submarino. Fue el contralmirante Domingo Giorsetti quien, a principios de la década de los 90, demostró que el reactor en desarrollo era inadecuado para la propulsión de un submarino. No obstante, el proyecto Carem continuó siendo justificado por sus supuestas bondades tecnológicas y constituir un baluarte de la “tecnología nacional” constituyéndose en el proyecto emblemático de la CNEA y llevando la parte mayoritaria de su presupuesto. Hoy día, después de 40 años, con problemas tecnológicos sin miras de ser resueltos y sin un estudio realista de posibles compradores si se lograra un prototipo en funcionamiento; sería hora de una evaluación seria sobre la conveniencia de continuar el proyecto. Debemos tener en cuenta que la CNEA de hoy es un sector minoritario del sector nuclear nacional. Cuando se produjo el desguace de la CNEA original durante el gobierno de Menem, la CNEA se redujo solo al sector de investigación y desarrollo. El sector nuclear ha logrado importantes éxitos en las últimas décadas. Hace ya varios años se completó exitosamente la Central Nuclear Atucha II y la extensión de vida de la Central Nuclear Embalse. INVAP se posicionó como el principal proveedor mundial de reactores de investigación. La CNEA sólo puede mostrar un proyecto inconcluso y seriamente cuestionado. Entre los años 2011 y 2018 un grupo del CAB (Centro Atómico Bariloche) de la CNEA desarrolló la ingeniería conceptual de un reactor tipo PWR (Reactor Nuclear Compacto) adecuado para la propulsión de un submarino nuclear nacional. Este proyecto fue suspendido sin ninguna justificación a pesar de los excelentes resultados logrados. Si se compara con el primer logro importante de la CNEA en 1958 que fue la construcción y puesta en funcionamiento del primer reactor nuclear en Latinoamérica (el RA-1) que se efectuó en un tiempo record de nueve meses, los 40 años del Carem nos tienen que hacer reflexionar. O el plantel tecnológico actual es inferior al de la década del ´50, o el proyecto tras el cual se han embarcado no ha sido una buena elección. Ninguno de los que han ocupado los puestos directivos de decisión tuvo el conocimiento y voluntad de cambiarlo. En mi opinión, creo que continuar con el proyecto Carem no es una decisión adecuada de la cual habrá que ver cómo salir airosamente. Sería más sensato direccionar los recursos y experiencia del Carem hacia el proyecto suspendido (Reactor Nuclear Compacto) del que aún no se ha justificado su suspensión. Este proyecto sería una contribución sustancial al sistema de defensa de nuestros recursos marítimos y territoriales, hoy en gran medida descuidados

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La posición de AgendAR

Al doctor José «Pepe» Converti lo precede su fama de jefe de proyectos y reactorista. Es imposible no acordar con él en que el Otto Hahn fue un mal punto de partida para llegar al propulsor de un submarino nuclear. Ojo, como motor naval del barco carguero alemán homónimo, ese reactor de 38 MW eléctricos dio resultados excelentes. Entre 1964 y 1972, aquel mercante granelero se navegó el planeta entero (463.000 km) gastando apenas 22 kilos de uranio. Recién ahí requirió un cambio de combustible. Impresiona bastante, ¿no? Pero el prototipo del CAREM que se derivó del motor naval del Otto Hahn depende enteramente de la convección para refrigerarse y generar vapor, y este fenómeno natural de circulación de fluidos se debilita y suspende si el reactor se sale de la vertical. Un submarino con un CAREM, reactor enteramente carente de refrigeración por bombeo, se quedaría sin potencia motriz y en recalentamiento del núcleo toda vez que deba hacer maniobras de combate que exigen rolidos y cabeceos extremos. No por nada todos los motores de submarinos nucleares, aún los modelos más modernos y convectivos, tienen bombas de refrigeración. No pueden prescindir de ellas, aunque son su componente más ruidoso, aún más que la propia hélice, y por ende el más factible de delatar la posición e identidad de la nave ante cualquier hidrofonista. En la polémica de los contraalmirantes, Carlos Castro Madero vs. Domingo Giorsetti, le damos razón al último. Un submarino nuclear exige un PWR, un reactor convencional (pero muy pequeño, debe caber dentro del casco interno resistente a la presión). Este motor además debe ser muy presurizado y, en el caso argentino, quemar el  uranio de mayor enriquecimiento que permitan la ley internacional, la diplomacia y la capacidad tecnológica propia. Eso anda ligeramente abajo del 20%, en el orden del 19,7%. El motor del futuro submarino nuclear brasileño «Alte. Alvaro Alberto», planta motriz de la cual ya hay un prototipo no embarcado en fase de testeo, tiene esas características. Pero Brasil desarrolló un programa de enriquecimiento de uranio todavía insuficiente, muy superior al nuestro. El de ellos cabalga sobre una tecnología más moderna (centrífugas, en lugar de membranas de difusión gaseosa). Además, las instalaciones brasileñas no son experimentales, como nuestra plantita de Pilcaniyeu, sino que tienen escala industrial. Brasil pagó un precio político muy alto por desarrollarlas, y por el atrevimiento diplomático de no haber cejado en su propósito de un submarino nuclear (y quien dice uno, dice el primero de varios). En cuanto Brasil empezó a arrimar seriamente la bocha en esa dirección, el gobierno de los EEUU reconstituyó, al menos simbólicamente, su 4ta Flota para mantener superioridad naval sobre el Atlántico Sur. Ante los ojos de EEUU, Brasil estaba cruzando la delgada línea roja. Se venía tormenta. Y la hubo. Los gobiernos del Partido Trabalhista, los dos de Luiz «Lula» da Silva y el trunco de Dilma Rousseff, fueron los que más hicieron avanzar la construcción de las plantas de enriquecimiento. Pero esas plantas fueron la causa oculta del trabajo de zapa a cargo de la diplomacia de la OTAN, la oposición y los multimedios que culminó en el «golpe blando» que derribó a Rousseff en 2016, y la prisión posterior de Lula sobre acusaciones dibujadas. Hubo otras causas, por supuesto: a fuerza de sudamericana y pese a su mucha educación industrial, que la ha dotado de un indudable nacionalismo tecnológico, la burguesía brasuca sigue siendo aristocratizante, racista y no se banca la inclusividad social trabalhista. Así como en 1964 no soportó la del presidente Joao Goulart, depuesto por golpe militar y asesinado en 1976 en su exilio en Argentina. Y  en 1954 tampoco toleró la «manga ancha» ante los trabajadores de Getulio Vargas, el Perón brasileño, quien se suicidó minutos antes de que sus conmilitones lo depusieran. Con cuchipandas judiciales similares a las que mandaron a la cárcel a Lula terminó preso -y con el equivalente de una perpetua- el Almirante e ingeniero nuclear y mecánico Luiz Othon Pinheira da Silva. Fue el hombre que, bajo el paraguas del PT y sin ser siquiera de ese partido, estaba logrando simultáneamente el avance de obra de la central nucleoeléctrica de Angra III, la construcción de nuevas «cascadas» en la planta de enriquecimiento de Resende, y el avance del PWR naval. Tras remar en dulce de leche y contra no poca oposición desde 2006, la inversión en Resende acaba de llegar a 7 cascadas de enriquecimiento, cada una de muchas etapas. Pero para abastecer un programa nucleoeléctrico con las 3 Angras en línea se necesitarían 35 toneladas actuales de LEU (Low Enrichment Uranium), uranio enriquecido al 4%, lo que supone 30 cascadas, 17 más que las actuales. ¿Cuánto más debería crecer la planta de Resende para abastecer también el consumo de un submarino? Un motor naval que navega sumergido necesita no LEU sino HALEU (High Assay Low Enrichment Uranium), uranio enriquecido a casi el 20%? ¿Y el de una flota de al menos 4 submarinos nucleares? Brasil tiene garra y alguna vez llegará a ello, pero a través de un camino políticamente muy diagonal, complejo y aporreado, en el que más de un político o militar patriota terminarán presos o muertos. Porque al Norte del ecuador, nadie quiere un Brasil transformado en potencia naval, capaz de proteger por sí mismo su red de comercio mercante con África y con China. Nosotros también hemos pagado un precio alto por haber inaugurado Pilcaniyeu en 1981: la CNEA fue paralizada y luego desmantelada, y lo mismo le sucedió a la fábrica de submarinos Domecq García. Pese al intento de Néstor Kirchner de reabrir esa instalación bajo el nombre de CINAR, el nuevo astillero especializado, ahora con el nombre de Alte. Storni, no ha podido regresar a su función original que le otorgó Juan D. Perón cuando la planeó: construir y reparar submarinos. La OTAN no se olvidará jamás de que el ARA San Luis, único submarino operativo de la Armada Argentina en 1982, le disparó torpedos pesados SST4 (que no funcionaron) a las fragatas Yarmouth, Arrow, Alacrity y de yapa a un submarino británico. Tampoco se olvidan los británicos de que la Task Force le surtió centenares de cargas a nuestra pequeña nave, sin lograr siquiera ubicarla. El San Luis era un HW 209 minúsculo y costero, armado en Argentina con componentes alemanes, de propulsión puramente diésel-eléctrica. Y llegó a la guerra en pésimo estado técnico por falta de mantenimiento, pese a ser entonces una nave relativamente nueva, y pese también a que la Armada hasta 1982 tenía unos presupuestos de lujo. Que gastaba en otras cosas… Pasaron 39 años pero lo del San Luis no se perdona. La OTAN y sus muchos operadores en nuestra clase dirigente no se limitarán a prohibirnos un submarino nuclear, de esos que pueden sumergirse meses sin siquiera usar el snórkel para renovar aire, como el futuro Alvaro Alberto brasileño. Desde 1982 no nos dejan tener NINGÚN submarino, no digamos nuclear, tampoco de propulsión anaerobia AIP. ¡No nos dejan tener un simple diésel-eléctrico como los de la Primera Guerra Mundial! Y menos aún nos dejan tener un astillero como el Storni. Desde que reabrió en 2006, esa fábrica de tecnología muy avanzada rara vez tuvo fondos como para mantener una planta estable y capacitada de recursos humanos. La frustración salarial y los proyectos inconclusos expulsan a cualquiera, especialmente si puede ganarse la vida en otras industrias menos exóticas y perseguidas. Recomponer cuadros se hace cuesta arriba: no se consiguen ingenieros navales expertos en submarinos con avisos en Internet. Aún en ese cuadro complicado, se pudo reparar sin ayuda externa alguna un barco técnicamente muy demandante: el rompehielos ARA Irízar, incendiado en 2007. Pero los submarinos están en otro orden de complejidad mayor. Son naves marinas con costos tan bestias y tolerancias tan bajas ante el error como las naves espaciales. Ninguno de los dos poderosos submarinos TR-1700 «en construcción» (comillas intencionales) el S-43 Santa Fe y el S-44 Santiago del Estero, logró avanzar un milímetro. Hoy siguen como en 1994, cuando el presidente Carlos Menem, casi el operador más explícito de los EEUU y del Reino Unido en nuestra política, cerró el astillero, ubicado sobre Costanera Norte, y trató de vender las tierras para shoppings y barrios chetos. De modo que aquí estamos: sin submarino alguno en el mar, con Chile reclamando de pronto posesiones marinas argentinas que no estaban siquiera en discusión, con Inglaterra dueña incontestada de posguerra de 1700 millones de km2 de mar donde hasta 1986 Argentina pescaba sin pedir licencia, con S-43 el Santa Fe detenido en un avance de obra del 71% desde hace 28 años, el S-44 Santiago en un 30%, y con la dirigencia política sin plata ni voluntad para hacer una extensión de vida del S-41 Santa Cruz, el primero de nuestra excelente y desdichada línea TR-1700. Reabrir el astillero en 2006 fue un acto de coraje político de Néstor Kirchner. Pero al coraje hay que sumarle plata: las fábricas tecnológicas complejas requieren de un flujo continuo de fondos y de proyectos. La reparación de vida media del S-42 ARA San Juan debió durar un año y terminó prolongándose durante siete. Según informes de la comisión parlamentaria que debió analizar su hundimiento, en 2017 esa nave llevaba 44 meses sin una revisión técnica integral, que corresponde sí o sí cada 18 meses. Fue obligada a navegar con no menos de 40 averías y desperfectos y pese a que embarcaba agua por el snórkel. Eso probablemente terminó en un incendio de baterías y la muerte instantánea de la tripulación. Hoy no está el horno para bollos. Alberto Fernández no se planta en absoluto como Néstor Kirchner, y el santacruceño era valiente pero no mago. Si él no logró resucitar la construcción del Santa Fe, si hoy no podemos usar el CINAR para reparar siquiera el S-41 ARA Santa Cruz, que tan excelentes servicios tiene rendidos y puede dar todavía, ¿tenemos alguna chance de construir una propulsión nuclear naval para ponerla en el Santiago del Estero, que está al 35% de avance? No con este gobierno. Mi respuesta al Dr. Converti es que hoy estamos bastante lejos de aquella asertividad nuclear que tuvo la Argentina kirchnerista, plasmada en obras concretas como la terminación de Atucha II y la extensión de vida de Embalse. No dudo de que el almirante Giorsetti tiene razón: es y será mucho mejor meterle un PWR argento a un TR-1700 alemán que un motor Otto Hahn, o cualquier derivación del mismo. Pero una cosa es diseñar ese PWR en planos, un ejercicio académico seguramente exigente: sólo hay 2 países en Sudamérica que lo pueden hacer, y somos uno de ellos. Otra cosa mucho más difícil sería licenciar el motor nuclear en planos, conseguir la plata, mandar a fabricar sus partes, construir la planta y probarla en tierra. Y una tercera -y muy distinta, porque supone un desafío diplomático, no sólo técnico- sería terminar el submarino S-44 ARA Santiago, y una cuarta, y por lejos la más peliaguda de todas, sería montarle el reactor nuclear y empezar las pruebas de mar. No es técnicamente imposible. La Argentina triunfó sobre otras imposibilidades técnicas a pura calidad profesional y con garra política, caso de la compleción de Atucha II. Pero para llegar a un submarino nuclear argento se necesitaría no sólo un flujo de fondos enorme, sino que las clases dirigentes argentinas le den blindaje institucional al proyecto y le permitan sobrevivir al menos a 4 o 5 cambios de gobierno nacional sin aflojar el cash flow ni arrugar ante patoteadas de la OTAN. Mirando por encima de las barricadas que definen la grieta argentina, hoy por hoy, eso es política-ficción. También me parece fantaciencia política que la Argentina vaya a conseguir suficiente HALEU para que ese submarino imaginario pueda navegar. Nuestro país no tiene instalaciones para llegar a uranio al 19,7% por la propia (ojalá las tuviera). Los propios brasileños, tras tanta y tan cara lucha, tienen menos planta de enriquecimiento que la necesaria para fogonear sus centrales, cuando logren entrar en línea las tres. Entonces, los sucesivos núcleos del futuro submarino nuclear argento, ¿quién nos lo va a vender? ¿Hay alguien en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas interesado en que Argentina vuelva a ejercer poder sobre el Atlántico Sur? EEUU y el Reino Unido obviamente no. Tampoco veo manos alzadas en la Unión Europea, Rusia está en otra de sus guerras con Ucrania y no nos debe nada en materia de comercio. Y China prefiere que lo poco que le quedó a la Argentina de Zona Económica Exclusiva siga sin control por parte de nuestro estado. No podría ser de otro modo: los chinos son los primeros beneficiarios de la actual y desaforada piratería pesquera. ¿Entonces, obligados por las circunstancias, vamos a construir una planta de enriquecimiento en serio, con centrifugadoras y capacidad industrial como para llegar a fabricar HALEU? Estimado Pepe, por menos que eso Irán vive a punto de ser invadido y/o bombardeado. Y por acusaciones fraguadas de estar haciendo eso, en 2003 Irak fue invadido y destruido como estado. Ante los ojos de los EEUU, ´primer proliferador mundial, el enriquecimiento es tecnología proliferante. Por eso Pilcaniyeu no funciona. Por eso no estamos siquiera operando la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), que nos costó casi U$ 3000 millones a fuerza de atrasos, y que necesitamos desesperadamente, ya que sin este insumo se paran nuestras tres centrales nucleares existentes. La PIAP se paró en 2015. Y es que antes los ojos de los EEUU, el agua pesada también es tecnología proliferante. Creo que esto vale para poner las cosas en perspectiva geopolítica. Ud. cree que la central nucleoeléctrica nuclear compacta CAREM, un derivado de ese Otto Hahn que Castro Madero soñó poner en un submarino argentino, no sirve. En otro tiempo, eso se lo habría discutido, pero hoy estamos totalmente de acuerdo. La física manda. ¿Pero que el CAREM no sirva en un submarino significa que no puede dar electricidad en tierra? El hecho de que desde 1984 no haya podido ser terminada siquiera en prototipo, ¿habla mal de la central, o del país? En 1988 estuve en Turquía acompañando al embajador Adolfo Saracho, que andaba a punto de lograr una UTE con INVAP como oferente argentino de la tecnología del CAREM, y la TAEK, la Comisión Turca de Energía Atómica, como fuente de capital. Turquía entonces era una subpotencia industrial y comercial, y estaba creciendo a un 8% anual. Los planos del CAREM habían sido examinados prolijamente por los expertos nucleares de los 4 partidos turcos representados en el Parlamento, pero además también por las poderosas Fuerzas Armadas: el reactorcito argentino les parecía genial a todos, con su sencillez de diseño, su seguridad inherente y la posibilidad de fabricación en serie y montaje «in situ». Y cuando los iba entrevistando, todos los Turcos Importantes que fui a ver me aclaraban: «El CAREM no sirve para la demanda de electricidad turca, que es demasiado grande, pero sí para vender en…» y seguía una lista de unos 30 países de Medio y Extremo Oriente, compradores habituales de tecnología occidental a través de Turquía. La tenían re-clara. Definitivamente, los turcos estaban fuera de la neblina. Con cero votos en contra y sin abstenciones, el Parlamento Turco aprobó ante mi mirada atónita una partida equivalente de U$ 400 millones para financiar la construcción de un prototipo del CAREM en suelo propio, a condición de que la Argentina hiciera lo propio. ¿Cómo comunicarle aquel entusiasmo a mi país? No pude. Alfonsín ya vivía en un laberinto y no prestaba atención a las informaciones que mandaba Saracho desde Ánkara. La Argentina iniciaba su primera hiperinflación. En 1989, a caballo de la segunda, llegó Menem, sacó a INVAP de la negociación con Turquía y puso al frente al hasta entonces ignoto Manuel Mondino, nombrado presidente de la CNEA por Menem. El CAREM se hundió por obediencia debida de ambos a órdenes que seguramente llegaron a nuestra cancillería en un «white paper», sin membrete y en inglés. ¿Eso habla mal del reactor? No. ¿De la CNEA? Creo que tampoco. ¿De nuestra clase política? Eso que lo conteste el lector. Puedo aburrir al Dr. Pepe Converti dando más y más ejemplos de lo mismo, y él los conoce bien, uno por uno, a lo largo de casi 40 años. Y para no aburrir más al lector, finalizo con un llamado a defender lo existente, lo real. Por ahora y en materia de centrales nucleoeléctricas argentinas, hay dos opciones. La más tradicional sería la que propone la nueva dirección de NA-SA: * uranio natural, ya que no tenemos enriquecido ni enriquecimiento, y podemos resucitar la PIAP * tubos de presión, ya que hay una única metalúrgica (IMPSA) capaz de hacer un recipiente de presión (pero no muy grande), pero CONUAR nos permite hacer todos los tubos, y una central CANDÚ es básicamente un rompecabezas de tubos, * experiencia, ya que la central Embalse, de Córdoba, tuvimos que terminarla sin los canadienses, y entre 2014 y 2018 la retubamos para 30 años más de operación, nuevamente por la propia y con un 97% de componentes argentinos. Por el lado menos clásico, lo que hay es el prototipo del CAREM. Desde que fue sacado de INVAP y volvió a la CNEA, en 2006, se demoró y complicó con tantos rediseños que en lugar de completarse en 2012, los cimientos recién se empezaron a excavar en 2011. Y aunque en un país más normal eso supondría «habemus CAREM» en 2017, hoy en 2021 está al 61% de avance de obra civil. Eso no incluye la obra difícil, la «isla nuclear» y el «Balance of Plant», es decir la turbina. Eso sí, hay hormigón a rabiar. ¿Por qué está nuevamente, o más bien siempre, tan atrasado? Bueno, más allá de la cultura letárgica de la CNEA para la construcción, la administración macrista disminuyó el presupuesto de la casa en un 52%. Peor aún, le quitó la obra, que redireccionó a Techint. Firma que vivió parándola y despidiendo operarios y técnicos toda vez que faltaba plata. Y faltaba plata a repetición. ¿Eso habla mal del reactor? No. A lo sumo subraya que tras su partición en tres pedazos por Menem, la CNEA sigue siendo imprescindible en combustibles, ciencia de materiales y formación de cuadros científicos y tecnológicos. Pero ha perdido la evidente capacidad de gestión de obra que tuvo hasta principios de los ’80. En AgendAR solemos darle espacio a diversos personajes prestigiosos del ámbito nuclear, tanto partidarios de una propuesta CANDÚ como del CAREM. Cada una con sus defectos y sus posibilidades, ambas nos parecen reales. Tienen historia propia, materialidad física, gente que ha envejecido tratando de sacarlas adelante, proveedores que se han calificado fabricando componentes para una y/u otra. Sabíamos de la existencia del reactor PWR del Centro Atómico Bariloche para motorizar un submarino. Y estamos totalmente a favor de volver a tener submarinos, aunque sean diésel eléctricos. Sin submarinos, olvidate de controlar el antes llamado Mar Argentino. El Ministro de Defensa, Jorge Taiana, cree que los submarinos son el principal déficit de la Armada Argentina, a la que además le falta de todo en materia de naves de superficie mucho más básicas, y ni hablar de aviones. Y estamos de acuerdo con Taiana. Por eso estamos también a favor de terminar, cuando exista el coraje político para ello, los submarinos inconclusos que juntan polvo y óxido en el CINAR. Y de que al menos uno de ellos, el S-44 Santiago del Estero, se puedan modernizar añadiendo al casco un anillo más de acero HY-80, y que esta prolongación albergue alguna propulsión adicional de tipo AIP, que las hay de muchos tipos distintos. Todas las cuales, como opciones, y concordamos en ello con el Dr. Converti, son muy inferiores en autonomía a la motorización nuclear propuesta por el Alte. Giorsetti. De eso, ni duda. Pero dentro de las dificultades políticas (que no técnicas), elegimos la menor. Y justamente porque no somos de abandonar la lucha. Pero sí de dejar las grandes batallas para cuando hayamos ganado algunas chicas. Hasta ahora nos abstuvimos de hablar en AgendAR del proyecto de PWR del CAB porque en la situación actual, con un gobierno nacional insospechable por ahora de vocación por el avance de la industria nuclear, es introducir un tercero en discordia. Lo que equivale a aumentar el nivel de confusión, ruido e inacción. Y eso valdría la pena hacerlo si estuviéramos hablando de un reactor real. Pero éste, por ahora, es de papel.

Daniel E. Arias

 

La gobernadora de Río Negro recibió a directivos de Fortescue. Tema: la planta de «hidrógeno verde»

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La Gobernadora Arabela Carreras, recibió en Viedma a Sebastián Delgui y Carmen Aranguren, representantes de la empresa australiana Fortescue Future Industries. La firma comunicó que inicia su plan de prefactibilidad para la instalación de la planta productora de Hidrógeno Verde en Río Negro.

a empresa confirmó a la gobernadora Carreras la decisión que la planta será emplazada en Punta Colorada. La obra prevista por la firma australiana en nuestro país representa la posibilidad de generar unos 15.000 puestos de trabajo directos. El encuentro llevado a cabo la semana pasada incluyó la planificación de las distintas obras contempladas en el marco de esta inversión, al tiempo que se acordó realizar una recorrida por distintos sitios de interés de la provincia, potenciales sedes para la instalación de las plantas industriales y los parques eólicos previstos en el proyecto. Posteriormente, la mandataria rionegrina, acompañada por el Secretario General, Daniel Sanguinetti, recibió al Intendente de Sierra Grande, Renzo Tamburrini, quien se interiorizó de la implementación del proyecto y lo alcances de la iniciativa, anunciada recientemente por el gobierno nacional luego de varios meses de trabajo conjunto con el gobierno de Río Negro. El proyecto contempla la construcción de una planta generadora de 650 MW en una primera etapa, ampliable a 2 GW y escalable a 8 GW en fases posteriores. Esto incluye además la creación de un parque eólico que genere energías renovables para alimentar la planta, y, por otro lado, la construcción de un nuevo puerto en la zona de Punta Colorada, que será de vital relevancia para el desarrollo de la iniciativa.  

Keclon inauguró su planta de enzimas y proteínas en Santa Fe y piensa en triplicar su producción

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La empresa biotecnológica argentina Keclon estrenó su fábrica de San Lorenzo. El ministro de Agricultura de la Nación se manifestó sorprendido por la velocidad que está tomando la industria del conocimiento en Santa Fe.

Después de casi una década de inversiones por 14 millones de dólares y liderada por científicos del Conicet y la Universidad de Nacional de Rosario (UNR), Keclon inauguró formalmente su planta para la producción de enzimas y proteínas a escala industrial en San Lorenzo. «Una empresa que pasa de producir 15 litros en el laboratorio de la facultad a 30 mil litros en esta planta», dijo el CEO de la compañía Leonardo Marrafini. Con esta producción apuntan no sólo la sustitución de importaciones, sino a la exportación. Rodeados de la comunidad científica de la región, el ministro de Agricultura nacional, Julián Domínguez, y el gobernador Omar Perotti destacaron el fuerte desarrollo de empresas biotecnológicas en la provincia. «Santa Fe está liderando agresivamente en materia de desarrollo de biotecnología y de la industria del conocimiento”, resaltó Domínguez. “El conocimiento brinda hoy la enorme posibilidad de que nuestros sectores tradicionales puedan tener un salto de competitividad y valor agregado”, dijo el gobernador. El presidente de Keclon dijo que se trabajando en dejar listo un laboratorio -en el que se desempeñan 20 científicos- para desarrollar productos de diagnóstico y pharma. “Apuntamos a reemplazar las enzimas en los mercados alimenticios del Mercosur -casi el 100% son importadas-, para alimentación humana y animal y la parte oleoquímica. El ADN de la empresa es el crecimiento”, dijo Marrafini. Explicó que a mediano plazo apuntan a triplicar su capacidad de producción. También señaló que una vez alcanzados los niveles de producción proyectados a tres años llegarán a una facturación de 50 millones de dólares. El proyecto de Keclon fue impulsado en el marco del Conicet y UNR, pero el desarrollo de la planta llegó finalmente de la mano de una fuerte inversión privada. Entre los que apostaron a la biotecnológica están Molinos Agro, Puerto Asís Investments, Ganagrin y el fondo AxVentures-Pymar Fund. Keclon es una empresa de biotecnología dedicada al desarrollo de soluciones biotecnológicas innovadoras basadas en ingeniería de proteínas y microorganismos y en procesos de fermentación de alto rendimiento que mejoran la eficiencia productiva y la sustentabilidad ambiental. La compañía desarrolló una plataforma tecnológica propietaria utilizando herramientas de ingeniería genética, biología sintética y técnicas de evolución dirigida. Keclon brinda soluciones para las industrias de la alimentación, oleoquímica y farmacéutica. Además de incrementar los rendimientos productivos, la adopción de soluciones biotecnológicas a gran escala, como las enzimas, constituye el pilar más importante de las tecnologías sustentables o “química verde” ya que reducen el impacto ambiental de los procesos industriales; son 100% biodegradables, ahorran energía y reducen el consumo de agua y otros recursos esenciales. La combinación de las capacidades de I+D, plataformas de fermentación a gran escala, procesos de purificación y downstream de última generación convierten a Keclon en un referente regional para el desarrollo y comercialización de un amplio rango de bioproductos, transformando el talento científico argentino en negocios de escala global.

CAME: La industria Pyme creció en octubre y alcanzó el 71,3% de capacidad instalada

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Un relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa –CAME– marcó que ocho sectores industriales estuvierron en alza y tres en baja durante el mes de octubre pasado. Uno de los que creció más fue el sector de Maderas y Muebles

La producción de la industria pyme aumentó 14,2% en octubre en comparación al mismo mes de 2020 y 5,8% contra septiembre de este año, con ocho sectores en alza y tres en baja, según el Índice de Producción Industrial Pyme (IPIP) que elabora mensualmente CAME. Además, el nivel de producción alcanzó un uso de la capacidad instalada del 71,3% en octubre, uno de los niveles más altos de los últimos años, con sectores como maderas y muebles que empiezan a estar al tope de lo que pueden producir, habiendo usado en octubre el 86% de sus instalaciones. En ese sentido, el informe destacó que el 62% de las pymes consultadas evaluó la situación actual de su empresa como «buena o muy buena» y que el 21,6% tiene pensado incrementar sus inversiones en los próximos dos meses. Aún así, las 300 empresas consultadas para la elaboración del documento manifestaron que «siguen los problemas de abastecimiento de insumos», ya que hay productos que los proveedores «no entregan» pese a que «las ventas crecen».

China crea una vasta infraestructura de investigación para alcanzar sus objetivos en el área del clima

China está experimentando un «movimiento nacional» a medida que las empresas, los gobiernos regionales y el mundo académico cambian de rumbo para ayudar al país a cumplir sus objetivos climáticos.

El principal emisor de carbono del mundo ha publicado, por primera vez, planes que describen ampliamente cómo podría lograr emisiones netas cero de carbono para 2060, y un pico de emisiones antes de 2030 – promesas que el país asiático hizo en 2019. La movida ha estimulado a más de diez universidades e instituciones prominentes a establecer institutos de investigación acerca de neutralidad de carbono ya este año; la Academia de Ciencias de China inauguró un centro el mes pasado. “Habrá muchas áreas que necesitarán la contribución de los investigadores”, dice Fu Sha, modelador de la organización sin fines de lucro Energy Foundation China en Beijing. Estas incluyen tecnologías energéticas bajas en carbono, desde pilas de combustible de hidrógeno hasta baterías; mecanismos basados en el mercado para controlar las emisiones, como impuestos sobre el carbono y esquemas comerciales; y modelos que ayudarán a los gobiernos locales y las industrias a establecer objetivos realistas de recortes, dice. Los investigadores también deberán estudiar qué sectores de la población de China se verán más afectados por la transición y aprender cómo ayudarlos a afrontar la situación, dice He. Establecer el camino hacia “una transición más justa e inclusiva sería un tema de investigación muy importante”, dice. Para acceder al artículo completo (en inglés), cliquear aquí.

Francia ve la energía nuclear como un tema de soberanía

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El Presidente Macron quiere construir nuevas centrales para reducir emisiones y preservar su autonomía ante las importaciones de gas y petróleo.

Al pie de los acantilados calcáreos de Normandía, entre las verdes praderas donde pastan las vacas y el mar bravo del canal de la Mancha, se juega el futuro atómico de Francia. La central nuclear de Penly es el lugar elegido para instalar dos reactores de nueva generación, primera fase del plan de Emmanuel Macron para combatir el cambio climático y asegurar la independencia energética. Lo anunció el presidente de la República en un discurso televisado el 9 de noviembre, y dio así un vuelco a la discusión sobre una fuente de energía que parecía obsoleta tras el accidente en la central japonesa de Fukushima en 2011. “Por primera vez en décadas”, dijo, “vamos a relanzar la construcción de reactores nucleares en nuestro país y seguiremos desarrollando energías renovables”. Macron no ofreció más detalles, pero el gigante público Électricité de France (EDF) trabaja con la hipótesis de seis reactores del tipo EPR2 que entrarían en funcionamiento entre 2035 y 2040 y costarían 46.000 millones de euros. En octubre Macron ya anunció una inversión de 1.000 millones de euros en mini-reactores del tipo SMR. Francia es el segundo país del mundo con más centrales, 56, y el segundo productor de energía nuclear, después de Estados Unidos. El 70% de su electricidad proviene de esta fuente. En Penly, donde funcionan dos reactores desde los años 90, y en los pueblos de este rincón bucólico de Francia, las palabras de Macron sonaron a gloria. Se calcula que la construcción de los nuevos reactores creará 10.000 empleos y asegurará durante décadas la supervivencia de la central. ”Si consideramos que la prioridad política es luchar contra el calentamiento global, no hay solución sin la energía nuclear”, considera Sébastien Jumel, 49 años, diputado del Partido Comunista Francés (PCF) en la Asamblea Nacional y ex alcalde de Dieppe, el puerto pesquero de 30.000 habitantes a 15 kilómetros de la central nuclear de Penly y a 40 de la central de Paluel. “Yo no estoy de acuerdo en muchas cosas con el presidente de la República, pero creo que ha tomado la decisión correcta”. El argumento de Jumel, y el de Macron, es que, únicamente con energías renovables, la eliminación de las emisiones de CO2 en 2050 es inalcanzable. Según los estudios en los que se basa el Gobierno, el objetivo de cero emisiones puede alcanzarse sin nucleares, pero saldría más caro, o exigiría una reducción del consumo eléctrico drástico que las sociedades occidentales no parecen dispuestas a hacer. Para Jumel, la prioridad es que esté en manos de una compañía pública, como es el caso con EDF en Francia. “La energía nuclear no es ni de izquierdas ni de derechas: es pragmática”, añade el diputado comunista en el aparcamiento de Penly en lo alto del acantilado. La fe atómica está extendida en Francia, al contrario que en la vecina Alemania. Después de Fukushima, la canciller Angela Merkel anunció el apagón nuclear: las últimas centrales deberían cerrar a finales de 2022. España prevé apagar las suyas en 2035. El átomo es un fundamento de la soberanía francesa desde mediados del siglo pasado. Pese al peligro de catástrofe y al problema del almacenamiento de los residuos tóxicos, casi no emite gases de efecto invernadero y libera al que la usa de la dependencia de los productores como Rusia o Arabia Saudí. La soberanía también es geopolítica gracias a la disuasión nuclear. Tras la salida de Reino Unido de la Unión Europea, Francia es el único país del club con la bomba atómica que, junto al sillón permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, la eleva por encima de lo que sería el poder objetivo de una potencia media europea. “Hay que razonar en el espíritu de nuestros padres y abuelos para entenderlo”, dice Jean Guisnel, coautor de Le président et la bombe (El presidente y la bomba, no traducido). “Entre 1870 y 1940 Francia fue invadida tres veces por tropas extranjeras. Es así de simple. Por eso la posición de la clase política francesa, sin excepción, consiste en garantizar la soberanía nacional y la integridad del territorio gracias a lo nuclear. Y esto no cambiará”. Macron hizo explícita la doctrina en un discurso de febrero de 2020: “Si por ventura un dirigente de Estado subestimase el apego visceral de Francia a su libertad y pensase en atacar nuestros intereses vitales, sean cuales sean, debe saber que nuestras fuerzas nucleares son capaces de infligir daños absolutamente inaceptables a sus centros de poder”. Guisnel explica por videoconferencia que, en Francia, la conexión entre el uso civil y militar de la energía nuclear es íntima. “Es el mismo tema”, dice, “la misma gente, el mismo proyecto”. Durante una década todo les parecía ir en contra del campo pronuclear. Fukushima y la renuncia alemana. El envejecimiento de las centrales construidas a partir de los años 70 como resultado del llamado plan Messmer, por el nombre del primer ministro gaullista que, en plena crisis del petróleo, impulsó la nuclearización. Los retrasos y la explosión de costos en la construcción del nuevo reactor EPR en la central de Flamanville, también en Normandía. El cierre de Fessenheim, junto a la frontera con Alemania. Las dudas de los presidentes sucesivos, incluido Macron hasta hace poco. Y de repente, los astros se alinean. El cambio climático no espera al desarrollo de las renovables. A esto se añade el encarecimiento de la energía en este otoño de 2021 y un ambiente preelectoral en Francia: las presidenciales son el próximo abril. El discurso predominante a izquierda, centro y derecha coincide: con la pandemia y la inestabilidad global, es prioritaria la soberanía. No solo la energética y militar. También la industrial. “Sin la industria nuclear no es posible que el país vaya hacia arriba”, sostiene a las puertas de la central Nicolas Vincent, 42 años, delegado de la Confederación General del Trabajo (CGT) en Penly donde trabaja con el equipo que maneja el reactor. El suyo no es un empleo cualquiera, dice: él fabrica electricidad. “Trabajo para la nación, para el bien de todos, el bien común”, se enorgullece. Françoise y Richard Kobylarz, 69 y 70 años, profesores jubilados en Dieppe, no están convencidos. Con el Colectivo Antinuclear Dieppe, llevan años intentando persuadir a sus conciudadanos del peligro de las centrales vecinas (Penly y Paluel), sin demasiado éxito. “La gente vive en la negación total: este es el país más nuclearizado del mundo por número de habitantes”, analiza Richard en el salón de su casa. Apunta Françoise: “Es una megalomanía: Francia tuvo el Concorde… Nos encantan las cosas enormes. Pero termina mal. Es una huida miserable hacia adelante”. Entre los obstáculos del plan Macron figura el costo y el tiempo de construcción. El antecedente de Flammanville –empezó a construirse en 2007, debía costar 3.000 millones y ya ha costado 19.000, y todavía no está en funcionamiento– no es alentador. Mientras, en Penly y en los pueblos de los alrededores, pueblos dotados de escuelas modernas e infraestructuras culturales y deportivas poco habituales en la Francia rural, se preparan para la nueva década prodigiosa que doblará la población. “Vendrán 10.000 trabajadores. Será complicado. Habrá que albergarlos. Y construir apartamentos”, dice en su despacho Patrice Philippe, alcalde de Petit-Caux, el municipio de 9.500 habitantes que engloba los pueblos de la central. “Trabajamos en ello”.

Vaca Muerta: YPF y la empresa estatal de Noruega invertirán en un proyecto piloto u$s 117 millones

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Las petroleras estatales de Argentina y de Noruega, YPF y Equinor, invierten en una zona de Vaca Muerta en Neuquén para desarrollar petróleo y Fa de esquisto «shale». Avanzan otras asociaciones con empresas extranjeras.

Las empresas petroleras estatales YPF (Argentina) y Equinor (Noruega; ex Statoil) invertirán cerca de 117,7 millones de dólares durante los próximos cinco años para un nuevo proyecto en etapa piloto en Vaca Muerta. Será en las zonas norte y centro de la actual área Bajo del Toro, sobre la que recibieron del gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, la concesión de explotación no convencional número 42 en la historia, consignó el diario Río Negro. La inversión de YPF junto a su socia busca determinar el potencial de petróleo y gas en esta zona de la Cuenca Neuquina (cercana a Rincón de los Sauces, en el norte de la provincia, donde se solía explotar de forma convencional), a través de la perforación de 14 pozos horizontales y el desarrollo de instalaciones asociadas como una planta de tratamiento temprano de la producción (EPF) con capacidad para procesar 4400 barriles de petróleo por día y 120.000 metros cúbicos de gas por día. Además, ambas compañías aportarán casi 3 millones de dólares en concepto de Responsabilidad Social Empresaria, que serán destinados a la repavimentación de un tramo de la ruta provincial 5. En el caso de que el piloto en el área Bajo del Toro Norte muestre resultados positivos, ambas petroleras contemplarían avanzar con el desarrollo masivo del área, con inversiones por más de u$s 3000 millones en pozos e instalaciones asociadas para multiplicar la producción a 45.000 barriles por día de petróleo, equivalente a cerca de un 8% de la extracción actual a nivel nacional. «Es un hito muy importante. Bajo del Toro es el activo que permitió la llegada de Equinor al país. Tenemos un activo de clase mundial que nos va a permitir generar la energía que el país necesita, en forma eficiente y con bajas emisiones (de dióxido de carbono)» destacó Nidia Alvarez Crogh, country manager de Equinor en Argentina. Por su parte, el CEO de YPF, Sergio Affronti, destacó que hoy es «un día muy especial por esta nueva concesión en sociedad con Equinor, que marca el inicio de un desarrollo dentro de la ventana de petróleo de Vaca Muerta en el norte de la provincia y un nuevo polo productivo en esa zona». Ambos directivos destacaron la importancia del trabajo conjunto y la relación con la provincia de Neuquén. «Tenemos que acelerar el desarrollo de Vaca Muerta en base a los grandes progresos en eficiencia que logramos este año, que nos permitirá ser competitivos a nivel mundial» concluyó Affronti. Este avance en las inversiones contempla la división del actual bloque en dos áreas:
  • Bajo del Toro Norte (de 113,8 kilómetros cuadrados), donde se realizará el piloto mencionado, y sobre la cual ambas compañías solicitaron al gobierno provincial -dueño del recurso- una Concesión de Explotación No Convencional por 35 años.
  • Bajo del Toro, con un remanente de 43 kilómetros cuadrados en la zona sur, sobre la cual se ha solicitado un segundo período exploratorio de 4 años que contempla la perforación de un pozo vertical e inversiones estimadas en 3 millones de dólares.
Después de liderar en solitario la avanzada en Vaca Muerta y deriskear los campos, otras petroleras nacionales e internacionales se fueron animando a imitar el camino de YPF. La empresa de bandera argentina se asoció con la estadounidense Chevron en Loma Campana, con Petronas (la estatal de Malasia) en La Amarga Chica y con la angloholandesa Shell en Bandurria Sur y Bajada de Añelo (también en conjunto con la noruega Equinor). Además, según detalló la semana pasada el gerente general de YPF en una conferencia para analistas de bancos de inversión, la compañía está manteniendo diálogos con las autoridades de India para lanzar una nueva asociación en el desarrollo de shale gas.

Chile ante un escenario peruano: José Antonio Kast y Gabriel Boric a segunda vuelta

Chile vivirá unas semanas, hasta el 19 de diciembre, partido en dos, a la espera de elegir presidente. El derechista José Antonio Kast y el izquierdista Gabriel Boric se disputarán el relevo de Sebastián Piñera, tras ser los dos candidatos más votados en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de ayer domingo. Kast ha sumado el 28% de los votos, frente al 25,5% de su rival. Será el duelo entre dos modelos de país diametralmente opuestos: por un lado, el que reclama seguridad y la restauración de la paz perdida desde que las revueltas de 2019 sacudieron las raíces de la transición iniciada en 1990; por el otro, el que no está conforme con los logros del “milagro chileno” y quiere un cambio de rumbo radical que sume derechos sociales. Comienza un proceso de alianzas con las formaciones de centro, que quedaron fuera de la pelea perdiendo la fuerza que tuvieron en las décadas anteriores. José Antonio Kast, que se presentó a las elecciones con el Partido Republicano de Chile, es un ultra que ha prometido abrir una zanja en el norte del territorio chileno para detener a los inmigrantes. Defiende al brasileño Jair Bolsonaro, a Donald Trump y simpatiza con el partido Vox en España. Su agenda económica es la de un liberal extremo y su agenda social la de un conservador que rechaza el aborto y el matrimonio igualitario. Sin opciones en el inicio de la campaña, empezó a escalar posiciones con promesas de orden y más seguridad. Llegó así a aquellos sectores que buscan restaurar el orden social previo a las manifestaciones de 2019. Sus propuestas trascendieron al elector tradicional de la derecha, concentrado en los sectores más ricos, y permeó en los sectores de ingresos medios y bajos. En su discurso de celebración, Kast insistió en la estrategia que más votos le trajo: dijo que su eventual Gobierno se concentrará en luchar contra la delincuencia, el narcotráfico y el terrorismo. “La única candidatura que va a recuperar la paz, que es la alternativa para enfrentar a los delincuentes y el narcotráfico y que pondrá fin al terrorismo es la nuestra. Gabriel Boric y el Partido Comunista quieren indultar a los vándalos que destruyen. Hay que decirlo, fue Boric y el Partido Comunista los que se reúnen con terroristas asesinos y nunca han estado del lado de las víctimas del terrorismo y la delincuencia”. Gabriel Boric, candidato de la alianza de izquierda Apruebo Dignidad, representa la agenda de los jóvenes que protagonizaron las revueltas sociales. Con 35 años, un triunfo en diciembre lo convertiría en el presidente más joven que  haya pisado La Moneda. Boric era un líder estudiantil en 2011, cuando se produjeron los primeros reclamos callejeros por educación y salud pública gratuita de calidad. Sus propuestas, elaboradas en alianza con el Partido Comunista, suponen, en lo social, un giro de 180 grados al liberalismo económico que marcó el desarrollo chileno de los últimos 30 años. Boric ha prometido mayor presencia del Estado en la economía y, sobre todo, terminar con el modelo de jubilaciones, hoy en manos privadas. Esta noche, Boric le contestó directamente a Kast. “A quienes le temen a la delincuencia les decimos que vamos a estar con ustedes y que seremos implacables con el narcotráfico”, dijo. También pidió evitar la “arrogancia” para convencer a aquellos que no votaron por Apruebo Dignidad. “Lo que tenemos que hacer es entender por qué eligieron alternativas distintas, y convencerlos de que somos un mejor camino para conducirlos hacia un país más justo. Para poder ganar en esta segunda vuelta tenemos que ser humildes y receptivos”. El centro del espectro político ha sido el gran derrotado de la jornada. Sebastián Sichel (12,5%), la opción electoral del presidente Sebastián Piñera, y la democristiana Yasna Provoste (11,7%), heredera de los partidos de la transición, quedaron lejos en el cuarto y quinto lugar. Entre ambos no sumaron el 25%. La sorpresa la dio Franco Parisi, un candidato que hizo campaña desde EE UU sin pisar Chile, adonde no puede entrar por una deuda por alimentos que mantiene con la madre de sus hijos. Parisi prácticamente no participó de los debates –solo en los que permitieron su participación virtual– y no llegó a votar este domingo. El economista obtuvo el 13% con un discurso antiinmigrantes. Inician ahora 28 días de negociaciones frenéticas por conseguir apoyos. Lo natural es que Boric se lleve los votos de Yasna Provoste. Al reconocer su derrota, la senadora dijo que su partido, la Democracia Cristiana, “no permitirá el avance del fascismo que representa José Antonio Kast”. Pero fue prudente en su apoyo a Boric, al advertir que cualquiera sea el resultado del balotaje su partido estará en la oposición. “Será importante escuchar lo que va a ofrecer Boric al país”. Sichel también dio algunas pistas, en sentido contrario. “No voy a votar por Boric y tengo diferencias programáticas con Kast, que estoy dispuesto a conversar». Los votos de Parisi, en tanto, son un misterio. Como un francotirador, captó un descontento heterogéneo sin identidad política definida. De cualquier modo, el presidente que surja de la elección del 19 de diciembre tendrá un desafío enorme. Deberá gobernar un país crispado, con amplios sectores que reclaman una transformación radical y otros que quieren restaurar el orden perdido. Deberá convivir además con la Asamblea Constituyente que en estos momentos redacta una nueva Constitución que entierre la heredada de Augusto Pinochet. La Asamblea fue la respuesta política a las revueltas de octubre. Y su conformación reflejó las demandas del momento. Integrada por una mayoría de candidatos independientes, alineados sobre todo a la izquierda, elaborará un texto que tendrá que ser refrendado en una votación popular. El voto a Kast pone en duda la capacidad de la Asamblea de proponer un texto que pase el filtro del clima político que está surgiendo en la periferia más conservadora. En opinión de AgendAR, los acuerdos que hagan con uno u otro candidato los otros partidos políticos no tendrán mucho peso. Sus dirigentes no parecen capaces de traccionar muchos votos. El peligro que enfrenta Chile -más real que cuando lo describíamos ayer- es que se dé una situación similar a la que atravesó Perú recientemente y que acentúa su inestabilidad: un balotaje entre dos candidatos, en el que la mayoría de los votos que consigan no serán a favor de ellos sino de rechazo al otro.