“El gobierno boliviano tendrá que acordar una nueva reducción en el volumen de gas para Argentina”

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El consultor energético y ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Mauricio Medinaceli Monrroy, advierte en esta entrevista sobre el declive de la producción de gas en Bolivia. Uno de los factores, y no el menos importante, que afectarán la disponibilidad de energía para la producción y los hogares en Argentina en el futuro inmediato.

«El declive en la producción de gas en Bolivia no pasa desapercibido en la región. Las dificultades para garantizar la entrega de los volúmenes pactados en los contratos de abastecimiento de gas con Brasil y Argentina llevaron al país vecino a negociar unas adendas para disminuir los envíos futuros y así evitar el pago de multas por incumplimiento, pero es probable que tampoco pueda cumplir con los nuevos volúmenes pactados. Mauricio Medinaceli Monrroy tiene una mirada crítica sobre el futuro de la producción de gas en Bolivia. El de los hidrocarburos es un sector que conoce de cerca. Fue ministro de Hidrocarburos en el país vecino. Economista egresado de la Universidad Católica Boliviana, Medinaceli Monrroy trabaja hace años como consultor energético tanto en el país como en el extranjero. En esta entrevista, Medinaceli Monrroy compartió su visión sobre el mercado del gas en Bolivia, el declive de la producción, el contexto político para introducir reformas en el sector, y el escenario para el gas boliviano en la región. -¿Cómo es la foto del consumo interno y de la exportación de gas hoy en Bolivia? -Respecto al consumo interno el 50% o más va alimentar la generación termoeléctrica. Esto fue creciendo en el tiempo, le fue ganando espacio a la hidroelectricidad en los últimos 15 años. En segundo lugar está el consumo industrial, donde destacan algunas cementeras y otras fábricas. En tercer lugar está el sector comercial, como restaurantes y hoteles, con el consumo de GNC. Ese segmento tuvo un crecimiento muy importante porque el producto recibe un subsidio de 20 centavos de dólar por cada m3. El precio de la gasolina sin subsidio en otros países es de un dólar. Con esos 20 centavos compensa el costo del kit de conversión. Adicionalmente, el gobierno boliviano estableció una oficina de apoyo a la conversión a GNC, otorgando créditos a distintos sectores, sobre todo al transporte público, como taxis y minibuses. Luego está el sector residencial. Toda esta estructura en conjunto tuvo una tasa de crecimiento muy grande. Hace 20 años se destinaba al mercado interno el 20% de toda la producción de gas boliviano. Hoy en día es el 30% y se espera que vaya subiendo. Entre paréntesis, esto genera un problema para los productores de gas porque cuando exportan el producto lo hacen a precios competitivos pero cuando venden el producto al mercado interno lo hacen a precios subsidiados. Entonces la ecuación económica no cierra, hay una suerte de subsidio cruzado en el precio al productor desde lo que es la transportación al mercado interno. -¿Qué precios reciben hoy los productores en el mercado interno? -En este momento y desde hace casi 20 años los productores de petróleo reciben un precio de 25 dólares por cada barril cuando lo venden al mercado interno y por cada millón de BTU de gas reciben 1 dólar. Si se suma unos impuestos a la producción del 50%, el margen bruto para el productor es de 12 dólares por barril y 50 centavos por millón de BTU. Esto no funciona, independientemente de lo que pase con el precio internacional. -¿Cuáles son hoy los principales campos productores? -En las décadas de los 60 y 70 los principales campos productores de gas estaban en Santa Cruz y Cochabamba: Colpa y Caranda. De hecho, esos campos fueron la razón para nacionalizar el sector en 1969. Luego de los 80 y con la inversión de los 90 se vio que el potencial del gas estaba en Tarija, zona que colinda con Argentina, y que de acuerdo a muchos geólogos comparte unas estructuras con Argentina, con Paraguay e inclusive con Perú. Los campos productores del sur del país se llaman Sabalo, San Alberto, Margarita, Itaú y hay un quinto campo en Santa Cruz que está sustituyendo la producción en San Alberto. Son como cinco grandes campos productores. Estamos hablando de una reserva de 5 trillones de pies cúbicos. Uno de ellos ya está en la etapa de declinación por la sobreexplotación de los últimos 10 años. En términos geográficos sería mayormente lo que está en la frontera con Argentina. -En los últimos años se observa un declive en la producción de gas. ¿Cómo se llegó a esta situación? -Quizás vale la pena comenzar por cuál fue el motivo por el que se incrementó la producción de gas. En 1974 Bolivia firma un acuerdo de complementación energética con Brasil. Fue ratificado por los cuatro presidentes posteriores en Bolivia y también por sus homólogos en Brasil. Este proyecto al final deriva en la construcción el gasoducto Bolivia-Brasil, que es uno de los más largos del mundo, con más de 3500 km de extensión y un diámetro de más de 30 pulgadas. Fue mayormente impulsado por Petrobras. Ya en la década del 90 se trabaja en el contrato de exportación y la modificación de la normativa legal para atraer una inversión, similar a la apertura al capital privado extranjero en Argentina y Brasil. Al finalizar los 90 llegan petroleras como Petrobras, Repsol, British Gas. Muchas llegan porque ven que en Bolivia hay un potencial de gas interesante, pero también hay un potencial de mercado interesante con el Brasil. 20 años de un contrato que comenzó en 1999, con la posibilidad de ampliar a más de 30 millones de m3 al día. Esta llegada de empresas al país asociada a un marco legal atractivo, consolidado en impuestos sobre utilidades, y un marco institucional con un Estado más presente en la parte regulatoria que productiva, hace que Bolivia comience a exportar gas. En 2001/02, British Gas descubre el gas en el campo de Margarita y como Brasil ya estaba ocupado crea un proyecto para exportar gas a los EE.UU. y México. El proyecto debía sacar el gas natural por un puerto chileno. Esto exacerbó la fibra más íntima de los bolivianos y generó una convulsión social. El 80% de la gente se opuso a exportar a través de Chile. Al final se quedó con el gas natural para los bolivianos. Creo yo que este fue el germen para lo que vino después. Por este y otros conflictos el presidente Sánchez de Losada tuvo que salir del país y entró un nuevo presidente, Carlos Meza, que convocó a un referéndum sobre el gas. Esto generó la opción para que se presente una propuesta político partidaria muy agresiva en lo que es la parte de nacionalización. En el año 2005 se llama a elecciones y gana Evo Morales, cuya plataforma central era la nacionalización de los hidrocarburos. Ya en la presidencia no hace una nacionalización ortodoxa. No hay expulsión de empresas ni expropiación del capital. Lo que hay es una firma de contratos y sube en una pequeña parte los impuestos, que ya habían subido un año antes de su asunción. Más allá del uso mediático de la nacionalización, entiendo que las empresas no se van porque comienza la escalada de los precios internacionales del crudo, llegando a más de 100 dólares. Y como el precio del gas natural exportado a Argentina y Brasil está vinculado a un precio internacional del petróleo, los precios del gas se incrementan por un factor de ocho. Por tanto, las empresas petroleras ven que su ecuación económica funciona, aún con la carga impositiva que se tenía al momento. Pero toda la inversión está destinada a la explotación y no a la exploración. Nada en el nuevo contexto institucional de Bolivia está dirigido a descubrir nuevas reservas. En los últimos 15 años se sobreexplotó el gas natural descubierto en los 90. Esto llega a un límite cuando en 2015 los precios internacionales caen y todo empieza a caer en el país, comenzando por la producción. Tan así fue que en 2018 Bolivia paga una multa de más de 140 millones de dólares a Brasil por incumplimiento en la entrega de gas. Ante eso, Bolivia firma en 2019 una adenda para disminuir los acuerdos de entrega y que no existan más multas. En 2020 también se firma un acuerdo similar con Argentina que disminuye los acuerdos de entrega. Lo que da cuenta de que la caída de la producción de gas boliviano no se debe a una falta de demanda de Argentina o de Brasil sino a una incapacidad en la producción de gas por parte de Bolivia.
-Mencionó el gasoducto con Brasil. De esa inversión derivó el contrato de gas con ese país. ¿Qué tan importante fue ese contrato para la economía boliviana? -La mitad del crecimiento económico boliviano de los últimos 15 años se debe al proyecto de exportación al Brasil. No el 10%, no el 20%, es el 50%. Gracias al proyecto, Bolivia pasa del grupo de países de ingresos bajos al grupo de países de ingresos medios. Debido a las reservas que se encontraron con este proyecto también se pudo firmar el proyecto de exportación con Argentina. Por lo tanto no se puede entender la economía boliviana tal y como es ahora sin ese proyecto de exportación de gas. -Un tema presente en la discusión de los hidrocarburos en Bolivia es el Impuesto Directo a los Hidrocarburos, que data del 2005. ¿Cómo ha ido afectando ese impuesto a los productores en relación con la evolución de los precios internacionales? -Los productores actuaron estratégicamente diría yo. ¿Qué fue lo estratégico? Disminuir los volúmenes de entrega al mercado interno cuando era posible porque este no aguanta un precio subsidiado y una cantidad de impuestos de esa naturaleza. Luego invirtieron en la explotación de los campos y no invirtieron en la exploración. El impuesto sobre un proyecto de exploración hace que la ecuación económica no cierre ni aún con 80 o 100 dólares el precio del barril. Estamos hablando de una regalía total de 50% del ingreso bruto. Termina siendo hasta confiscatorio en muchos campos. Por eso es que la inversión se destinó a explotar al máximo lo que se tenía descubierto, y en un afán por tratar de mejorar la ecuación económica el gobierno de Morales pone un subsidio a los productores. Este subsidio se llama Incentivo a la Exploración de Hidrocarburos. No funcionó como se esperaba porque a ningún productor le gusta operar con subsidios. La producción comienza a caer y la exploración realizada por la empresa estatal YPFB tampoco dio buenos resultados. -¿La modificación del impuesto es una condición suficiente para volver a atraer la inversión en exploración? -Es el primer paso pero no es suficiente. Se necesita una reingeniería legal e institucional, un cambio en la parte de impuestos, quitar subsidios, hacer más eficiente a la empresa estatal y mecanismos de licitación de campos que sean más transparentes. Pero estos son criterios técnicos que todo el mundo conoce. La gente técnica del gobierno, de la empresa estatal y de la oposición lo conoce. El tema es si la parte político-partidaria tomará el riesgo de los cambios que necesita el sector. El costo político no es menor. Bajar impuestos a las petroleras, reducir el subsidio aún si es progresivo, decir que se hará más eficiente a la empresa estatal, tiene un costo político asociado que no sé si el actual presidente se anime a tomarlo. La política del actual gobierno es sostener el crecimiento a través de deuda pública, externa e interna. Es válida en cierta forma. Por el momento está funcionando bien, aguanta. Pero no creo que en el corto plazo se animen a realizar cambios profundos porque la economía le da aire para maniobrar con la deuda. El actual presidente tiene más una misión de administración que de políticas de desarrollo. Él administra muy bien el aparato público, es eficiente, no tenemos una inflación grande y el país ha tenido tasas de crecimiento aceptables. No es solo la tenencia del gas, también ha sabido manejar, al contrario de Venezuela, por ejemplo. Sin embargo, no hay una estrategia de mediano y largo plazo por la cual Bolivia pueda repetir lo que hizo con el gasoducto al Brasil, que se pensó para explotar 20 o 30 años. -¿Cuál es el nivel de inversiones que el país necesita para incrementar sus reservas? -Le puedo dar un rango en base a mis cálculos. Entre 3 a 5 mil millones de dólares es lo que más o menos necesita el país en el futuro para abastecer con holgura el mercado interno y externo. -¿Piensa que Bolivia pueda cumplir con la entrega de los volúmenes pactados en la última adenda negociada con Argentina? -Tal como van las cosas, quizás el gobierno boliviano debería acordar una nueva reducción de los volúmenes de gas enviados a Argentina. -El presidente Arce presentó hace poco un plan para la exploración de hidrocarburos. ¿Cuál es su análisis sobre ese plan? -Tuvimos dos o tres planes en el pasado, muy parecidos. Ninguno se cumplió porque el sector necesita reformas más profundas que solamente descubrir el gas. Por ejemplo, dentro de este plan uno de los proyectos es un campo que está en el norte de Bolivia, en la frontera con Perú y Brasil. El área se llama Madre de Dios. Ese lugar no tiene ni carreteras que vinculen con el eje central y menos gasoductos. El plan apunta al desarrollo de ese campo, probablemente para exportar después a Perú. En Bolivia el sector de hidrocarburos ya vive la etapa de crisis. No es que podamos hacer algo para revertir este proceso. Ya está en la parte de declinación. Todo lo que se puede hacer de aquí en adelante es simplemente para tratar de revertir esta tendencia en un mediano plazo. -Brasil reglamentó este año una nueva Ley del Gas. Argentina recuperó su producción gracias a Vaca Muerta. ¿Cómo afectan estos y otros cambios en estos mercados a la perspectiva boliviana de exportar gas? -Desde mi perspectiva no es que Bolivia pierda los mercados. El Mato Grosso es aún un mercado natural para Bolivia. Aún el norte argentino probablemente sea un mercado interesante para Bolivia. Pero sí las condiciones de negociación son distintas y menos positivas para Bolivia que hace 30 años atrás. En el pasado Brasil aceptó algunas condiciones. También en Argentina, el precio de compra del gas de Bolivia es muy alto. Cuando venga nuevamente una ronda de negociación de seguro bajarán el precio a un nivel más competitivo con el GNL o con el mismo Vaca Muerta y probablemente los volúmenes no serán de tan largo plazo. Sí hay mercado para Bolivia, pero las condiciones de negociación son menos favorables. Es un contexto en el que hay más competencia, con producción en estos países y el ingreso del GNL, pero también las energías renovables que entran con fuerza. Hay un cambio en la matriz energética en el consumo y en la oferta en América del Sur. Aquí se suele decir que Bolivia permitió la entrada del GNL a América del Sur porque tanto Brasil como Argentina y Chile vieron que el país que potencialmente tenía importantes reservas no tenía una estabilidad política, administrativa, social como para asegurar un suministro confiable. Entonces buscaron otras fuentes y las consiguieron. Con este panorama, dudo que el sector de hidrocarburos sea el motor del crecimiento de la economía boliviana de los próximos cinco o diez años, como lo fue en el pasado. Tanto porque no tenemos gas como porque las condiciones de mercado son distintas. Para Bolivia no se perdió el mercado pero cada año que pasa perdemos una oportunidad más de abastecer el mercado porque ni Brasil ni Argentina esperarán a que Bolivia haga las reformas.»

¿Hay lugar para los locales comerciales? Amazon está abriendo tiendas

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“El mundo quiere que sean típicos… No permitan que eso suceda”, alertó Jeff Bezos en abril en su última carta anual a los accionistas como CEO de Amazon. Pero el gigantesco imperio de ventas online ahora está ensayando un formato de comercio minorista muy tradicional: la tienda de departamentos. Amazon ha ayudado a hundir muchas cadenas. Ahora está analizando el formato para dar impulso a su presencia en el comercio minorista. Como compañía Amazon está entrando en una fase más madura. Ahora con un nuevo CEO, Andy Jassy, se está viendo forzada a reconocer que el comercio electrónico puro tiene sus límites. Además está enfrentando nueva competencia de cadenas convencionales como Walmart y Target que con retraso están mostrando que ellas también pueden trabajar bien en internet. La presencia de Amazon en las calles comerciales es pequeña. Desde 2015 ha abierto 24 librerías en Estados Unidos. Sus 30 tiendas “4-star”, que tienen ítems muy valorado por los clientes funcionan como un sitio de la red con ingreso físico. Whole Foods, una cadena de almacenes de alta gama que compró en 2017 aporta el grueso de los ingresos de sus tiendas físicas, que aportaron tan sólo el 4% de las ventas totales de Amazon en el último trimestre. Su nueva cadena de productos frescos Amazon Fresh y las tiendas sin cajero Amazon Go apenas aportan. Por lo que los nuevos espacios de comercio minorista de 2800 m² que según se dice está imaginando significan un cambio. Amazon no ha confirmado ni negado sus planes. Pero los detalles que se conocen respecto del tamaño y la ubicación de las tiendas sugieren que los informes tienen sustancia. Las primeras se abrirán en California y Ohio. Si les va bien se prevé que Amazon abra más.

¿Por qué invertir en negocios comerciales presenciales en el momento que el covid-19 impulsa el comercio electrónico?

La tasa de crecimiento de las ventas en las plataformas de Amazon, incluyendo las de terceros, se habían desacelerado antes de la crisis, de cerca del 30% al año a menos del 20%. La tendencia vuelve a reafirmarse al volver la gente a las tiendas. En el trimestre pasado las ventas online propias de Amazon crecieron sólo 16%, por debajo de las expectativas (aplacadas) de los inversores. En el futuro los clientes querrán comercio minorista “omnicanal” que combine las compras online y las físicas, dice Mark Shmulik de Bernstein, un broker, en cuanto al vuelco de Amazon a las tiendas de departamentos tiene una pregunta: “¿Por qué tardó tanto?” El motivo de la firma también es defensivo. Walmart ha hecho funcionar bien el comercio omnicanal durante la pandemia fundiendo su formidable red física con su sitio de la red y ofreciendo un servicio de “clickear y recoger” en el día. Volverse más físico puede no ser fácil. El desempeño de las tiendas de ladrillos de Amazon ha sido discreto. Mientras las ventas de la mayoría de las demás grandes cadenas de almacenes se han duplicado e incluso triplicado en la pandemia, las de Whole Foods apenas han variado, señala Sucharita Kodali de Forrester, una firma de estudios. Los ingresos totales de tiendas físicas de Amazon el año pasado estuvieron un 6% por debajo del nivel de 2018. Hacer que los mercados de Amazon sean atractivos para los compradores puede ser más difícil de lo que anticipa Amazon. Según se dice quiere que vendan sus marcas privadas baratas de ropa y aparatos, lo que se contradice con sus aspiraciones de que las tiendas ofrezcan alta moda, cosa que le ha resultado difícil online. No está claro si las tiendas copiarán ejemplos existentes del canon de la tienda de departamentos, a la manera en que las tiendas Amazon Fresh se parecen a las de los almacenes convencionales, o si Amazon piensa sacudir la estantería.

Los contagios después de la vacunación: los casos de Bahréin y de Israel

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  Se trata de dos países distintos, que apelaron a diferentes vacunas para inmunizar a su población. Bahréin, la de Sinopharm, Israel, la de Pfizer. Pero ambos tienen común que su población es pequeña, sus recursos sanitarios son muy buenos, y llevaron adelante decididas y bien organizadas campañas de inoculación. Hay otra similitud: ambos enfrentan un brusco resurgimiento del coronavirus. ¿Conclusiones? Se confirma algo que ya sabíamos: las distintas vacunas en uso masivo en el mundo muestran eficacia –en la gran mayoría de los casos– en disminuir las internaciones y las muertes. Pero no evitan los contagios, ni eliminan por completo los riesgos, especialmente para las personas de edad avanzada o con comorbilidades. También nos recuerda que todavía nos falta mucho por conocer de la dinámica de esta pandemia.

Tulia, el auto argentino que sorprendió en el Salón de París

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Fue la creación del constructor de autos de carrera Tulio Crespi, ocupó el stand que tenía reservado Lotus y paralizó la exposición de 1975 cuando Juan Manuel Fangio entró a visitarlo sin aviso previo.

Todo empezó casi por casualidad, aunque las casualidades no siempre son eso, sino en todo caso, situaciones que ocurren y sirven para otro propósito. Era el año 1967, cuando los Torino habían empezado a correr en Turismo Carretera como la gran novedad y eran el auto a vencer. El talentoso piloto tucumano Nasif Moisés Estéfano, conocido como el Califa, sufrió un accidente con su cupé 380W en el autódromo de Buenos Aires y no pudo correr al día siguiente.

Los daños en su auto fueron considerables, entonces decidió llevárselo al constructor de autos de fórmula, Tulio Crespi, quién por ese entonces tenía su taller en el barrio porteño de Chacarita, para que, aprovechando las libertades que el reglamento del TC tenía en ese entonces, lo transformara en un prototipo que pudiera vencer a los otros autos de la marca.

El "Petiso" de Nasif Estéfano, el primer Torino modificado del Turismo Carretera, fue sin querer el disparador de la creación de la Tulia que iría a ParísEl «Petiso» de Nasif Estéfano, el primer Torino modificado del Turismo Carretera, fue sin querer el disparador de la creación de la Tulia que iría a París

Así nació “El Petiso” de Crespi, que no era otra cosa que un Torino con el techo mucho más bajo, medía del piso al techo solamente un metro, los pesos repartidos hacia el eje trasero y una inclinación del parabrisas mucho mayor, que mejoraba considerablemente la aerodinámicaFue el primer Torino que se modificó para competición en Argentina. El auto funcionó tan bien, que IKA-Renault le dio tres carrocerías más a Crespi, para hacer otros “petisos”. Uno de ellos fue el que le permitió ganar a Rodolfo de Álzaga en Rafaela al año siguiente.

Pero la ACTC justo decidió otro cambio de reglamento porque se estaba degenerando su esencia. No permitió que los autos se siguieran modificando tanto, para eso estaban los Sport Prototipos. El TC debía volver a sus formas originales con la salvedad de la trompa, que seguía siendo libre.

Esa sería la casualidad que le dejó a Crespi una carrocería sin reformar en su taller, y entonces al genio se le ocurrió una idea.

Tulio y sus creaciones. Los autos de carrera, los autos deportivos, y hasta utilitarios, todos nacidos de su ingenio en las décadas del 60 y 70Tulio y sus creaciones. Los autos de carrera, los autos deportivos, y hasta utilitarios, todos nacidos de su ingenio en las décadas del 60 y 70

“Un día, mirando el auto dije, con esto me voy a hacer un auto deportivo de calle. Y así nació la Tulia, que curiosamente, a pesar de estar diseñada sobre la base de un Torino, no tenía el motor de ese auto, sino un motor Falcon. Claro, Renault me había dado solo las carrocerías y no tenía un motor, así que le puse un Ford que tenía”.

Del auto a la fama, había un gran paso que dar. Crespi quería mostrar su obra y pensó que la mejor manera era en la Exposición Ganadera de La Rural, una cita que aún sigue siendo importante, pero que en aquellos años 70 lo era aún más.

Un espacio en La Rural era muy caro en esa época. Pero le buscamos la vuelta y lo conseguimos. Así que ahí expusimos la Tulia por primera vez en La Rural de 1969. El espacio era tan chiquito que solo entraba el auto y nada más. Pero fue tanto el revuelo que causó, que un día vino el Presidente de La Rural, que para el año siguiente nos dieron un stand enorme, donde entraban también los autos de carrera y todo lo que yo quisiera llevar. Desde ese entonces, nunca más volví a tener que pagar un stand en la principal exposición de Argentina”.

La Tulieta estaba basada en un Renault 4, pero causó sensación. Se fabricaron 55 unidades y la historia empezó en la Exposición Rural de 1972La Tulieta estaba basada en un Renault 4, pero causó sensación. Se fabricaron 55 unidades y la historia empezó en la Exposición Rural de 1972

La Tulia fue un éxito y comenzaron a llegar pedidos. Y mientras seguía fabricando autos de carrera y el exclusivo auto deportivo de calle que ahora sí tenía motor Torino, Renault había lanzado el R4 con motor 1.000 cm3, y sobre la base de ese nuevo auto chico que llegaba al mercado argentino, nació la Tulieta.

“Al estar en la exposición ganadera, la marca se hizo conocida, y en 1972, ya con los dos modelos en producción, comencé a recibir cada año una invitación para exhibir en el Salón de Paris. Algo que yo jamás hubiera soñado siquiera, y que no estaba dentro de mis posibilidades.”

“Un año, Jorge Cupeiro nos invitó a unos cuantos pilotos y a mí a un viaje por Europa, en el que visitamos Ferrari, Lamborghini, De Tomaso, y ahí veo los autos que se fabricaban allá, así que ahí pude comprarlos con el mío, y me di cuenta que no tenía mucho que envidiarles. Y al año siguienteRenault me propone hacer un equipo para correr en la Fórmula Renault francesa, entonces hicimos otro viaje y fuimos a Francia a ver dos carreras para ver cómo era la categoría”.

La Tulia GT, evolución del primer Tulia, que tenía motor Ford, aunque después se cambió por el Tornado que equipaba a los TorinoLa Tulia GT, evolución del primer Tulia, que tenía motor Ford, aunque después se cambió por el Tornado que equipaba a los Torino

“Aprovechando el viaje, con un amigo que vivía allá, Jean Paul Gavin, decidí ir a ver de qué se trataba la invitación para presentar un stand en el Salón de París, pero cuando fuimos ya no había más lugar para la exposición de ese año, y nos dijeron que no era posible. Así que me volví a Argentina a seguir con la preparación del ese equipo para la Fórmula Renault sin volver a pensar en el tema. Pero a las pocas semanas, recibo noticias de París, me avisan que Lotus no llegaba con los autos y el stand quedaba vacío. Que si quería ir, todavía estaba a tiempo.

“Imaginate que me agarraron a último momento. Le había entregado justo una Tulieta a Cocho López y a otro cliente una Tulia gris, que para ese entonces ya no era un Torino modificado sino un auto completamente hecho en fibra, de punta a punta Crespi. Ambos me prestan sus autos para poder llevarlos a París, pero todavía había que ver cómo llevarlos.”

“Resulta que yo tenía un tapicero que trabajaba en la Fuerza Aérea, y él me hace el contacto para hablar con el Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea Argentina, quién nos autoriza a llevar los dos autos en un Hércules que viajaba a Inglaterra llevando turbinas de avión. El avión debía desviarse, aterrizar en un aeropuerto militar que estaba a unos 30 kilómetros de París, y ahí nos dejaban los autos. Lo más lindo de todo fue cómo organizamos todo. El único apoyo por fuera de mi familia y amigos, fue de Luís Elías Sojit. Entre todos armamos cada cosa que había que tener para la exposición.

Desde carteles y fotos, hasta la comida, y todo viajó adentro de los autos, en el avión. Eso sí, pedí por favor viajar yo también en el Hércules y me dejaron, así que me subí con los autos y me fui a París solo. Fue una experiencia increíble. El avión hizo una escala en las Islas Canarias y de ahí a París, donde mi amigo Jean Paul me estaba esperando. Bajamos la Tulia y la Tulieta, y nos fuimos andando hasta el salón. Así como te lo cuento.”

El Stand de Crespi en el Salón de París de 1975. Al lado de la marca de otro argentino que estaba radicado en Italia, Alejando De TomasoEl Stand de Crespi en el Salón de París de 1975. Al lado de la marca de otro argentino que estaba radicado en Italia, Alejando De Tomaso

La cara de Crespi se ilumina al recordar esta historia maravillosa. Y por momentos vuela con la imaginación y se pregunta cómo habrían sido las cosas si detrás suyo hubiera tenido una fábrica de autos que lo ayudara. Imaginarlo solo, con sus dos autos en un avión militar, llegando a Francia, sin saber el idioma, sin comunicaciones, parece una locura.

“Me acuerdo que la revista Corsa me dio una cámara para que saque fotos y se las mande, así me publicaban alguna nota. Pudieron publicar muy poco, porque yo no sabía cómo sacar las fotos, y no tenía la cabeza puesta en eso. Ahora me doy cuenta qué distinto podría haber sido si hubiera tenido como tuvo la Misión Argentina de Nürburgring, un apoyo de promoción detrás… «.

Pero la historia del Salón de París todavía no había comenzado. Tulio y Jean Paul llegaron conduciendo los autos al predio de la exposición.

Cuando llegamos al Salón me encuentro el camión de Ferrari bajando sus autos. Ahí se me cayó todo. Las medias, los pantalones, todo. Y me pregunté ‘¿Qué hago yo acá?’, porque sea Ferrari o quién sea, de alguna forma esos eran con los que yo tenía que competir. En ese momento me di cuenta dónde estaba.”

La Tulia y la Tulieta, una de las sensaciones del Salón de París de 1975La Tulia y la Tulieta, una de las sensaciones del Salón de París de 1975

“La cuestión es que metimos los autos en el stand, al lado nuestro estaba De Tomaso, enfrente Ferrari, estaban todos. Hasta Lotus, que en esos días logra terminar el auto pero como estaba yo, le dieron un lugar en un pasillo. Nuestro stand ya estaba armado cuando llegamos, y con tantos preparativos me había olvidado de llevar una bandera argentina, yo que soy tan nacionalista. El stand tenía un cartel que decía simplemente Crespi, entonces la gente pensaba que era una marca italiana, así que me conseguí un mástil chiquito y una banderita argentina para poner y que de alguna forma estuvieran nuestros colores en París.”

“Al tercer día pasó algo que no me voy a olvidar jamás. Llego al stand y me encuentro con cuatro directivos de Ferrari sentados adentro de la Tulieta, que a diferencia de sus autos, tenía cuatro plazas y no dos, admirando el auto. Me felicitaron por el diseño y la terminación. Yo ahí le dije a mi hermana, que había venido después en avión: ‘Listo, vámonos, carguemos todo. Esto es demasiado’. Después, ese auto mío ganó el premio de ese año por el diseño. También pasó algo gracioso, porque apareció una comitiva de árabes, que estaban encantados con el auto, pero nos pedían aire acondicionado, que nosotros no teníamos ni en los planes.”

El auto más pequeño de Crespi era la Tulieta. Esta unidad era de Cocho López, quién se la prestó a Tulio Crespi para poder llevar una unidad a ParísEl auto más pequeño de Crespi era la Tulieta. Esta unidad era de Cocho López, quién se la prestó a Tulio Crespi para poder llevar una unidad a París

Mientras Crespi era invitado a dar una charla dentro del mismo salón para explicar su proceso de fabricación de fibra de vidrio, en el que los propios constructores europeos reconocían estar más atrasados que Argentina, había olvidado por completo que mientras estaba organizando el viaje en Buenos Aires, había recibido un día la visita de Juan Manuel Fangio en su taller de Chacarita.

Fangio caía sin avisar. Y como no le gustaba molestar o interrumpir, cuando venía al taller (que por entonces ya tenía tres pisos), le pedía permiso a la secretaria y me buscaba donde yo estuviera, no le gustaba eso de anunciarse y que uno tuviera que dejar de hacer lo que estaba haciendo para recibirlo. Y como él era así, yo lo tomaba así, y pasábamos horas charlando mientras yo trabajaba. Cada vez que llegaba algún extranjero a Buenos Aires, Fangio lo traía a mi taller a mostrarle mi trabajo. Un fuera de serie”.

Pero el olvido de Crespi era sobre la promesa que le había hecho el quíntuple campeón del mundo de Fórmula 1, asegurándole que lo visitaría durante el Salón de París.

Juan Manuel Fangio cumplió su promesa, fue al Salón de París a visitar a Tulio Crespi, y causó tanto revuelo que colapsó el standJuan Manuel Fangio cumplió su promesa, fue al Salón de París a visitar a Tulio Crespi, y causó tanto revuelo que colapsó el stand

“Estábamos en una recepción que nos hizo una noche la embajada argentina y llega el aviso de que iba a venir Fangio, así que al día siguiente fuimos a gestionar credenciales para él con los organizadores. Hicimos el pedido y nos fuimos al stand, y al rato viene el Director del salón porque quería verificar que el que venía era Juan Manuel Fangio, el Campeón de Fórmula 1. Cuando les dijimos que sí, no lo podían creer. Esa misma tarde, si mal no recuerdo, apareció una comitiva de la organización para preguntarnos el horario en que vendría y decirnos que no nos preocupemos, que ellos se encargarían de todo.”

Al día siguiente habían puesto una alfombra roja y un cordón policial que iba desde la entrada al Salón, hasta el stand de Crespi. Yo no lo podía creer. La admiración que despertaba Fangio era asombrosa. Cuando llegó Fangio, el stand nuestro explotaba de gente, pero no era de público, sino de todos los directivos de todas las fábricas que querían verlo y ver si se lo podían llevar a su espacio. Juan estuvo un rato con nosotros y después fuimos con él a visitar a las demás marcas. En todos los stands lo estaban esperando con una botella de Champagne… Ahí me di cuenta que yo no le había dado nada, pero porque no tenía nada para ofrecerle, jajaja.”

El aspecto deportivo de la Tulia GT aún hoy, 45 años después, sigue siendo de avanzadaEl aspecto deportivo de la Tulia GT aún hoy, 45 años después, sigue siendo de avanzada

Los autos fueron sin precio, porque el dólar estaba tan barato en ese momento, que en dólares era muy caro. Entonces hasta el día que Colin Chapman presentó su Lotus en el pasillo, los Tulia no tenían precio de venta. Ese día, cuando Crespi se sentó en el auto inglés y vio la terminación y el precio, que era 60.000 francos, fue a su stand y decidió poner la Tulia en 80.000 francos y una Tulieta en 70.000. De todos modos, ninguno de los autos podía ser vendido, primero porque ya tenían dueño, y segundo, porque no habían salido de nuestro país para exportación.

El 12 de octubre del 1975 terminó el Salón de l’auto de París y los europeos habían descubierto que en América, había una fábrica de autos que no conocían. Tulio y Jean Paul llevaron la Tulia y la Tulieta de París a Normandía, y las subieron a un barco, en el que regresarían a Argentina.

“Cuando volvimos, no paraban de llegar cartas, pero eran tantas, que no tenía plata para contestarlas. En ese tiempo, para mandar una carta al exterior tenías que ir al correo y comprar las estampillas y despacharlas, que eran muy caras y eran tantas que no podía. Me llegaron cartas de revistas, pedidos, representaciones, pero tuve que decir que no podía venderles porque tenía el año todo vendido, y en realidad era porque acá el dólar se había ido a las nubes y no podía hacerlo”.

La historia no quedó ahí. Por orden de Renault Francia, poco tiempo después de aquel Salón del automóvil, Crespi es invitado a una reunión con la cúpula de Renault Argentina en Buenos Aires.

Cada año, en las exposiciones de autos clásicos, esta Tulia de Crespi que pertenece al Museo del Automóvil de la ciudad de Buenos Aires, es exhibida con orgullo como un símbolo de la industria nacionalCada año, en las exposiciones de autos clásicos, esta Tulia de Crespi que pertenece al Museo del Automóvil de la ciudad de Buenos Aires, es exhibida con orgullo como un símbolo de la industria nacional

“Me pidieron que lleve una Tulieta al centro. La querían ver. El vicepresidente en persona se arrodilló y lo le miró hasta el chasis. Me hicieron todo tipo de preguntas. Y al final, me dicen ‘Lo vamos a hacer’. Era el proyecto para que Vefra, la división de autos especiales de Renault Argentina, hiciera el Alpine 2, para reemplazar al Renault 12 Alpine que ya estaba produciendo. Tenía que hacer 60 Tulietas por año. Fangio, enterado de lo que pasaba, me propuso hacer la fábrica en Balcarce, y así fue como cerré mi taller de toda la vida en Chacarita y me vine a Balcarce. Pero el gobierno abrió la importación, Martínez de Hoz hundió la economía argentina, Vefra cerró y el proyecto quedó en nada. En Balcarce, no hicimos ni siquiera una sola Tulieta 0km.”

Visto a la distancia, lo de Tulio Crespi es sencillamente maravilloso. Y es frecuente que alguien le mencione lo que hubiera sido si en lugar de nacer en Argentina hubiera nacido en Europa. O ni siquiera eso, si se hubiera instalado en el viejo continente a fabricar autos.

Tulio Crespi, el padre de tantos autos de carrera en Argentina, y de las dos únicas coupé deportivas que viajaron hasta Francia para presentarse en el Salón de ParísTulio Crespi, el padre de tantos autos de carrera en Argentina, y de las dos únicas coupé deportivas que viajaron hasta Francia para presentarse en el Salón de París

Pero Crespi, que el 22 de junio cumplió 83 años, siempre contesta la misma frase con esa inconfundible sonrisa que lleva siempre dibujada en su rostro.

“Ni loco. Podría tener más plata quizás, pero no sería feliz. No tendría mis amigos, no viviría en mi país. Eso no lo cambio por nada del mundo”.

Cambio climático: los límites de la energía hidroeléctrica

La energía hidroeléctrica se ha considerado hasta ahora una fuente de energía fiable y flexible. Pero el cambio climático podría significar su fin.

Hasta 2019, más de la mitad de la electricidad renovable del mundo se generaba a partir de la energía hidroeléctrica, según la red Ren21, con sede en París. Pero las sequías están provocando las mayores caídas en la generación de energía hidroeléctrica en décadas. El sur de Brasil, donde nace el río Paraná, sufre desde hace tres años una grave sequía que afecta también a Paraguay y Argentina. Los niveles de los embalses del centro y el sur de Brasil han descendido más de la mitad y en la actualidad  están en cerca de un tercio de su capacidad. Dado que Brasil obtiene casi un 60% de su electricidad de la energía hidroeléctrica, el país podría enfrentarse a un apagón.

El dilema de los combustibles fósiles

Para evitarlo, las autoridades brasileñas están reactivando las centrales eléctricas que funcionan con gas natural, volviendo a hacer crecer las emisiones de gases de efecto invernadero, al igual que los precios de la electricidad. Algo similar está ocurriendo en Estados Unidos. Allí, California permite a la industria y la navegación generar energía con diesel. También se permitirá a las centrales de gas quemar más combustible. En México se reporta la fuerte reducción del nivel de las aguas en 210 represas en marzo de 2021. Pero no solo la sequía, sino también las lluvias torrenciales y las inundaciones pueden paralizar la generación de energía hidroeléctrica. Recientemente, el ciclón Idai (uno de los peores ciclones tropicales de los que se tiene constancia en África y en todo el hemisferio sur) dañó dos importantes centrales hidroeléctricas en Malaui en marzo de 2019, lo que provocó el colapso del suministro eléctrico. Su casi homónimo, el huracán Ida, dejó sin luz a un millón de personas en el Sur de EE.UU. En varios países de África, la energía hidroeléctrica representa más del 80% de la generación de electricidad, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Pero según un estudio de la Universidad de Naciones Unidas, las represas tienen una vida útil de entre 50 a 100 años. El desgaste aumenta el peligro de roturas.
Inundación de las riberas del Altenahr, Alemania. Aquí el 19 de agosto de 2021

Inundación de las riberas del Altenahr, Alemania. Aquí el 19 de agosto de 2021

Advertencias contra la expansión de la energía hidroeléctrica

Ya a partir de 25 ó 35 años, los costos de mantenimiento encarecen las centrales hidroeléctricas, concluyen los autores. Otro factor que no habla en favor de la expansión de la energía hidroeléctrica en los países de desarrollo. Las centrales hidroeléctricas no solo suelen interferir masivamente en el ecosistema, sino que también pueden convertirse en un peligro para las personas, dice Thilo Papacek, de la ONG «Gegenströmung”. Esto se debe a que las represas no solo dificultan la migración de peces, sino el transporte de sedimentos aguas abajo. «Sin la acumulación de sedimentos en las riberas, el cauce de un río se hunde cada vez más en el paisaje detrás de la presa. En caso de lluvias intensas, puede desarrollar una fuerza enorme, sobre todo si los embalses tienen que abrirse para evitar un desbordamiento. Un grave riesgo para la población. «Es cierto que no podremos prescindir de la energía hidroeléctrica en el futuro», reconoce Klement Tockner, profesor de Ciencias del Ecosistema en la Universidad Goethe de Fráncfort. «Pero las preguntas son: ¿dónde y cómo construiremos y operaremos las centrales hidroeléctricas en el futuro?»

Las represas no deben cambiar la velocidad del flujo natural

Según Tockner, las nuevas centrales tendrían que construirse de forma que los ríos siguieran siendo lo más permeables posible, tanto para las masas de agua durante las crecidas como para los peces y los sedimentos. La gestión de las instalaciones también debe imitar la dinámica natural y no cambiar la velocidad del flujo natural. Stefan Uhlenbrook, hidrólogo del Instituto Internacional de Gestión del Agua (IWMI) cree que «si es necesario, hay que devolver los sedimentos mecánicamente al curso del río”. Las grandes plantas tienden a ser cada vez más ineficaces debido al cambio climático, explica Uhlenbrook. Básicamente, las centrales hidroeléctricas deben ser más pequeñas y el suministro más descentralizado.

Más turbinas flexibles, menos grandes represas

Las denominadas turbinas de flujo, que se cuelgan en medio de un río y generan electricidad a partir de la velocidad del flujo del agua, son especialmente permeables. También funcionan con niveles de agua bajos, no requieren grandes obras y son adecuadas para zonas remotas, pero no pueden abastecer a zonas urbanas. La central eléctrica de pozo de la Universidad Técnica de Múnich (TUM), que según sus datos también está autorizada para las reservas naturales, promete un alto grado de continuidad y seguridad ante las inundaciones. Una planta piloto en el estado de Baviera, al sur de Alemania, abastece a unos 800 hogares. Pero las nuevas tecnologías no ayudarán por sí solas a combatir la amenazante sequía. «Podemos reducir los efectos de las sequías cambiando el uso del suelo. Los bosques naturales almacenan mucha agua, que luego liberan durante los periodos de sequía; tenemos que ver cómo podemos reducir tanto las sequías como las inundaciones con medidas respetuosas con la naturaleza», apunta Tockner. Lo que está claro, sin embargo, es que «en vista del aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, la energía hidroeléctrica ya no será más una fuente de energía fiable». Y el hidrólogo Uhlenbrook nos recuerda un aspecto que, en su opinión, se ignora con demasiada frecuencia: «Por encima de todo, debemos centrarnos en ahorrar la mayor cantidad de energía posible».

Comentario de AgendAR:

Esta nota, original en alemán y traducida para la edición en castellano de Deutsche Welle, refleja con claridad lo que ha sido llamada la «superstición antinuclear» de Alemania (que no es exclusiva de ese país, por cierto). Pero allí en 2022 se cierran las 3 últimas de las 18 grandes centrales nucleares del país. El lado bizarro es que tanto ambientalismo duplicó la huella de carbono de Alemania: daban generación «de base» (24×7 a plena potencia casi todo el año), cosa que la enorme inversión sustitutiva alemana en parques eólicos y solares no logró jamás porque el viento y el sol son recursos intermitentes y además, en ese país nuboso y de baja insolación, impredecibles. Eso llevó a Alemania, que no tiene gas en suelo propio, a reabrir sus enormes minas de carbón, el más contaminante y menos eficiente de los combustibles fósiles. Así, en nombre de la ecología, los alemanes pasaron a tener un parque de generación más bien propio del siglo XIX que del XXI. Pero como las centrales de carbón que sustituyeron a las nucleares no dan abasto, los alemanes deben importar electricidad de base desde Polonia (también producida con carbón). Hace una década, el deterioro medio de calidad de aire resultante de esto ya estaba matando -en general de hipertensión arterial y EPOC, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica- a 1800 ciudadanos/año por sobre la media esperable. Hubo otros costos. El precio final de la electricidad al consumidor alemán se duplicó, medida contra la de Francia, donde el 71% de la producción eléctrica es nuclear. Pero como aún así la demanda eléctrica alemana insatisfecha seguía en rampa, se empezó a importar electricidad francesa… que es mayormente nuclear. A este modelo se le da el nombre de «Energiewemde» (transición energética), y Alemania quiere exportarlo con un entusiasmo evangelizador. Sin imitadores, hasta ahora. Las críticas de los hidrólogos a la hidroelectricidad como panacea libre de emisiones de carbono para la provisión de base son legítimas. Sobre todo, en un país donde el desarrollo de este tipo de centrales cumple siglo y medio y ya no cabe una represa más… salvo que se construyan nuevos ríos (es un chiste malo). Las centrales «hidro» no se pueden poner en cualquier lugar de cualquier río. Los sitios ideales son las cabeceras de cuenca en zonas montañosas, donde hay orillas de piedra capaces de almacenar agua para capear los años de sequía. Las centrales hidro en terreno abrupto logran buenas combinaciones de caudal y pendiente, y el agua no suele tener sedimentos que puedan acumularse a pie de cierre e ir cegando las turbinas. Pero en Alemania -y en toda Europa Occidental- tales sitios están explotados al 100% desde el siglo XX. Las turbinas sin cerramiento ancladas en los fondos fluviales, incluso en ríos de llanura, son el único frente donde Alemania todavía se puede permitir nueva construcción. Pero estas máquinas «de alta permeabilidad», o «no obstructivas», no dan la potencia concentrada de las de cierre. Y además no se las puede construir en las baguadas (cauces profundos) de los ríos de llanura, porque interferirían la navegación, que en Alemania es el espinazo del transporte pesado. Relegadas a los márgenes de los cauces, no es mucho lo que se puede construir ni la potencia que pueden generar. La verdad es que Alemania se metió en un brete cuya única salida es la lenta reapertura de las centrales nucleares, la mayor parte de las cuales, a partir de 2011, año del accidente nuclear de Fukushima, se cerraron con premura, cuando todavía tenían bastante vida útil planificada. Pero según viene la política en Alemania, eso por ahora sólo lo proponen los partidos xenofóbicos de ultraderecha. A los expertos en energía de los partidos de la industria, el centro cristiano y la socialdemocracia, ya les cayó la ficha hace una década, sobre todo cuando les llega la cuenta de gas ruso, que viene con exigencias geopolíticas respecto de la OTAN y de Ucrania. Pero no se atreven a abrir la boca por no ser llamados nazis. Y los verdes, contradictoriamente, viven felices quemando carbón ajeno y propio como en tiempos del Káiser Guillermo. La estrategia hidroeléctrica argentina hasta tiempos de Alfonsín se había trazado durante los gobiernos anteriores, mayormente durante el gobierno de Arturo Illia y luego cuando el ciclo militar Onganía-Levingston-Lanusse. Tenía su lógica: la de no poner todos los huevos en la misma canasta climática. Los ríos represables originados en los oasis andinos, el Juramento, el Salí, el Diamante, el Dulce y el Atuel, dependen de nieves lejanas que los climatólogos hasta bien entrados los años ’70 consideraban eternas. Pero ahora saben que la nieve permanente ya no lo es: las precipitaciones están a la baja, y por las mayores temperaturas de la atmósfera, se están fundiendo en primavera más rápido de lo que se reponen en invierno. La hidroelectricidad que requería de mayores inversiones, sin embargo, era la de los grandes ríos de llanura de la cuenca del Plata. Se planificaron y terminaron construyendo centrales enormes sólo donde antes había saltos: Yacyretá sobre el Paraná, con 3200 MW instalados, y Salto Grande en el  Uruguay, con 1800 MW. El problema es que la electricidad hay que comprársela a los copropietarios, o compartirla. Son respectivamente Paraguay y Uruguay. Inicialmente, nos vendían buena parte de su mitad del producto eléctrico. Pero su demanda propia ha ido creciendo, son dos países que no tienen otros recursos energéticos baratos, y a los cuales cada vez les es menos negocio venderle los MW/hora a la Argentina. Los mejores «sitings» hidroeléctricos de ambos ríos, donde estos corren entre paredes de piedra y con alto desnivel, están en territorio brasileño, y explotados «al mango»: suman más de 50 cerramientos. Y aún así, tras dos años seguidos de sequía en estas dos cuencas más extensas que Europa Occidental, Brasil, el país más hidroeléctrico del mundo, enfrenta un futuro de apagones. Nuevamente, el cambio climático, que alarga y empeora tanto las épocas de sequía como las de inundación, está desbaratando inversiones que se pensaban aseguradas por estadísticas climáticas. Y el problema fueron justamente esas estadísticas: recogían datos pluviométricos entre comienzos del siglo XX y las décadas del ’60 y ’70, el último momento de los 6000 años de estabilidad climática en que se desarrolló la civilización tecnológica de nuestra especie. Ese período terminó. Nosotros lo terminamos, al llenar la atmósfera de gases invernadero salidos de la combustión de combustibles fósiles. El mundo debería estar empezando muy lentamente un nuevo ciclo glaciario, no enfrentando un recalentamiento. Los embalses brasileños sobre el Alto Paraná y el Alto Uruguay están hechos en zonas de gran declive de la Serra Geral. En general, el relieve les da capacidad de almacenamiento. Turbinando reservas el primer año de esta última y devastadora megasequía, los primos brasucas lograron zafar un año entero de la emergencia hidroeléctrica, que en el caso de ellos, con una matriz eléctrica fluvial entre un 80% y un 90%, viene con tintes trágicos. Pero este segundo año ya los agarra con los embalses secos. Nuestros dos embalses sobre la cuenca del Plata no dan ese «changüí». Yacyretá es un represamiento «de pasada», o «de pelo de agua». Falto de dos buenas orillas de piedra, el lago resultante es inmenso, pese a que hubo que construirle 80 km. de terraplén muy alto para que no inundara un quinto de Paraguay. Pero lo que no tiene Yacyretá, por estar en una geografía tan chata, es capacidad alguna de almacenamiento. Así como los años demasiado lluviosos hay que soltar agua sin turbinar por el aliviadero, los años secos y de bajo caudal «la planchan» en producción eléctrica. Salto Grande, con dos orillas de piedra, es un poco mejor, pero no mucho. Como dato de lo mal que estamos en esta megasequía, el caudal en Yacyretá bajó de los algo más de 14.000 m3/segundo esperables para este invierno a algo más de 4000 m3/seg. Hay que ir clausurando las tomas de las 20 turbinas tipo Kaplan, una tras otra. El Paraná se ha vuelto caminable. Hasta tiempos de Alfonsín, el criterio entre climatólogos era que la Argentina tenía sus apuestas hidroeléctricas bien repartidas sobre tres sistemas hídricos que parecían climáticamente desconectados entre sí. Por un lado, la apuesta más vieja fue a las nieves «eternas» (valen las comillas, puestas con el diario del lunes) en los Andes Centrales, por otro, las lluvias «confiables y regulares» de la Alta Cuenca del Plata, en un segundo sistema climático bien alejado del cuyano. Pero la tercera apuesta, la joya del la red eléctrica nacional, eran los ríos Limay y Neuquén, la Alta Cuenca del Negro. «Joya» porque el Limay, por dar un ejemplo, nace a casi 800 metros de altura, cae 500 metros en los 480 kilómetros subsiguientes y tiene doble apalancamiento: las nieves que alimentan el lago natural Nahuel Huapi, y el propio lago, que como reserva de agua ante inviernos secos y sin nieve, es colosal. Así las cosas, los represamientos de Alicurá, Piedra del Águila, Pichi Picún Leufú, Chocón y Arroyito se construyeron con la seguridad de que ese sistema hidroeléctrico era a prueba de fallas climáticas locales. Pero además, para tranquilidad del país, parecía estadísticamente imposible que sobrevinieran sequías prolongadas simultáneas en tres lugares tan distantes y distintos como la Alta Cuenca del Plata, la Alta Cuenca del Negro, y los ríos mendocinos de deshielo. Sorpresa: en épocas de Raúl Alfonsín, sucedió exactamente eso. Aquel presidente, confiado en su Secretario de Energía, Jorge Lapeña, y ahogado por la deuda externa, interrumpió la terminación y entrada en línea de la Central Nuclear de Atucha II, que debió haber sucedido en 1987. En cambio, ante el estado ruinoso del parque termoeléctrico, se confió mucho en la hidro: a Yacyretá le faltaba mucha obra, pero Salto Grande estaba terminada desde 1979, y para la demanda eléctrica de los ’80, era enorme. Y El Chocón, la mayor central del sistema Limay-Negro, venía «con doble paracaídas», según las estadísticas. Que eran erróneas, porque se basaban en números que excluían lo que empezó a pasar desde los 70 en adelante, cuando entramos -sin saberlo- a otro mundo. Los 6000 años de estabilidad climática se habían terminado. Aquí en Sudamérica los climatólogos empezaron a hablar de «años de Niño», que exageran las lluvias donde las hay y recrudecen la sequía en zonas secas, alternadas por «años de Niña», donde sucede lo contrario. Sin ser tan terrible como la de este año, la sequía de 1987 permitía cruzar el Limay caminando, a la altura de La Lipela. Pero Alfonsín no tenía idea de que estas cosas fueran posibles. Los tremendos apagones de 1987 y 1988 contribuyeron al síndrome de «¿Dónde está el piloto»? causado por la hiperinflación. Ambos fenómenos, de una ferocidad sin antecedentes y de yapa, simultáneos, le echaron la clase media en contra y le costaron el gobierno. ¿Lo habría salvado la entrada en línea de Atucha II en 1987? Es la pregunta del millón, y las respuestas son conjeturales. Aquel año, Atucha II activa habría sido la mayor máquina de base del país y en el lugar justo, sin pérdidas de potencia por la longitud que penaliza las líneas de alta tensión. Pero la decisión de no terminarla, mantenida a rajatabla entre 1983 y 1987, había generado atrasos de obra. No eran subsanables entre 1988 y 1989, cuando «la Niña» secó simultáneamente las altas cuencas del Plata y del Negro. Ya sustituido por Carlos Menem, Alfonsín jamás hizo ese balance, al menos públicamente. Su entonces secretario de energía sigue siendo un activo lobbista antinuclear. Le debemos la decisión de no construir el prototipo de la mini-central nuclear CAREM, ya en tiempos de la Alianza, pese a que tenía financiación asegurada por ley votada en el parlamento. Los desastres que le causaron Menem y luego De la Rúa al Programa Nuclear Argentino y al país se pagaron importando más de U$ 5000 millones/año de gas boliviano y emiratí cuando se fueron y el PBI argentino volvió a crecer, especialmente entre 2010 y 2015. Y no es que después de 2010 se creciera como entre 2003 y 2009. Pero aún así había que echar mano a cortes programados en la industria sin contrato firme, y con apagones en las ciudades. La capacidad de generación sencillamente no alcanzaba. Esos costos, agravados por la política antinuclear del gobierno de Macri, se siguen pagando todavía hoy. 1000 megavatios nucleares sustituyen la quema de 1600 millones de m3/año de gas natural. Por ahora (en AgendAR tocamos madera), los megavatios nucleares argentinos tienen disponibilidad de entre el 81 y el 93%, llueva, truene o brille el sol. Al menos, mientras el Paraná de las Palmas mantenga suficiente caudal como para garantizar el enfriamiento de los circuitos secundarios de las centrales Atucha I y II. Pero tantos años sumados de política antinuclear nos han dado una matriz eléctrica carbodependiente: el 71% de nuestra electricidad viene de quemar gas natural, y toda vez que el PBI crece, el gas que podemos producir no alcanza. Nuestra última gran apuesta a la hidroelectricidad, las 2 represas sucesivas sobre el distante río Santa Cruz, fueron primero paralizadas «para un reexamen técnico». Luego fueron rediseñadas para una menor capacidad instalada, y finalmente interrumpidas en inicio de obra por el gobierno de Mauricio Macri, cuyo ministro de energía, el Ing. Juan J. Aranguren, venía de ser el presidente histórico de la Shell. Como en 2016 debía entrar en obra una central argentina CANDU, a terminarse en 2022 con financiación asegurada por China. Aranguren la paró «para reexaminar el proyecto», le fue sacando componentes nacionales (los generadores de vapor, por ejemplo) y cediéndolos a China «para bajarle el precio», con lo cual logró atrasar el arranque de obra dos años, hasta que en 2018 la canceló «definitivamente». A este funcionario el año que viene le deberemos entonces la falta de 1310 MW hidro (iban a ser 1800) instalados en un río apalancado por nieves y lluvias que en Santa Cruz no están a la baja, y regulado por 2 lagos gigantescos: el Argentino y el Viedma. Como enclave hidroeléctrico, el del Santa Cruz promete ser el más resistente a los altibajos del cambio climático. Si se construye, claro está. Pero a Aranguren también le deberemos la falta de 700 MW nucleares CANDÚ que NA-SA debía inaugurar en el predio de las Atuchas en 2022, si se seguía con los planes de 2014. En suma, Aranguren mató en el huevo entre 2010 y 2510 MW de base, de alta disponibilidad, casi independientes del clima y libres de emisiones de gases invernadero. Por ahora, habrá que reemplazarlos quemando más de 3200 millones de m3/año de gas, que se sacarán por «fracking» y/o deberemos importar. No parece que esto vaya a empobrecer a la Shell. Lo que sería bueno que la Argentina entienda es que si con esta sequía el Sistema Argentino de Interconexión no se viene abajo en apagones, es porque está colgado de sus 3 centrales nucleares, una máquina chica y dos medianas. Hacen la diferencia. Lo de Menem y Macri no fue «superstición antinuclear» alemana. No tuvo nada de ideológico. Aquí fue una movida contra la electricidad de base libre de carbono: un negocio gasífero. Pero ahora que el PBI empieza a repuntar, Argentina también tiene que enfrentar, en parte por esa megasequía al norte de la cuenca del Plata que se menciona en la nota, y un problema de escasez de energía de base que no desapareció nunca. Hay dos centrales hidro a construir sobre el Santa Cruz y dos nucleares, una sobre el Paraná de las Palmas y otra todavía sin sitio asegurado. Todas tienen financiación asegurada por China. Pero según viene de números la oposición, no están a salvo de interferencias. Y nuestra espalda financiera es mucho menor que la de Alemania.

Nucleoeléctrica firma un acuerdo para avanzar en la generación de energía nuclear

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El presidente de Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA), José Luis Antúnez, firmó un acuerdo con el Centro de Desarrollo y Asistencia Tecnológica (CEDyAT) para avanzar en la generación de energía nuclear. El convenio además permitirá la realización de actividades de cooperación: formación profesional de los recursos humanos y el desarrollo de nuevas tecnologías innovadoras y sustentables, incorporando la dimensión socio ambiental. El acuerdo acompaña la proyección de la nueva central nuclear Atucha III, con financiación china, como parte de los objetivos estratégicos definidos por Nucleoeléctrica Argentina en su plan de acción. Fabián Ruocco, director ejecutivo del CEDyAT, expresó que «en el plano de los recursos, la producción, la inversión y el empleo del espacio nuclear argentino interno tiene un peso importantísimo a nivel internacional», y destacó que «la complejidad creciente de la actividad económica internacional amplió y multiplico la demanda de expertos». «La conclusión de Atucha II y la Extensión de Vida de la Central de Embalse, que fueron atendidas en gran medida por la propia oferta argentina de bienes complejos y conocimientos de entidades nacionales, marcan un hito histórico para un país latinoamericano, donde destacan algunas Unidades de Vinculación Tecnológica de larga trayectoria», afirmó Ruocco.. La generación de energía nuclear resulta una fuente sustentable que garantiza el abastecimiento eléctrico, frena las emisiones contaminantes, reduce la dependencia energética exterior y produce electricidad de forma constante. El Gobierno nacional a través de la Comisión Nacional de Energía Atómica y la empresa Nucleoléctrica retomó el proyecto de construcción de la cuarta y quinta central. La de más próxima iniciación se construirá con tecnología de uranio enriquecido y financiamiento chino a partir de 2022 en la localidad bonaerense de Lima, a la par de las centrales Atucho I y Atucha II. La segunda es conocida como el «Proyecto Nacional» ya que sigue la línea de las centrales preexistentes de uranio natural y agua pesada, en una locación aún no definida y con planes de construcción para no antes de 2024. A la par, Nucleoeléctrica comenzó las tareas preliminares para la extensión de la vida útil de Atucha I, lo que demandará una inversión de US$ 300 millones.  

El lado oscuro de Vaca Muerta: ¿qué hacer con la «sopa química» del fracking?

Ni el barro ni el agua que se necesita para extraer el hidrocarburo de Vaca Muerta pueden reutilizarse. El descarte se hace en plantas de tratamiento y pozos sumideros.

Vaca Muerta es una roca generadora gas y petróleo. Son 30 mil kilómetros cuadrados, unas tres millones de hectáreas, de hidrocarburos de excelente calidad. La que no es de calidad es la roca: en un yacimiento convencional, sería muy porosa y los hidrocarburos líquidos y gaseosos la ocuparían como el agua a una esponja, o como las aguas subterráneas a un acuífero. La roca de un yacimiento convencional es receptora. Era lo suficientemente porosa, por empezar, como para que los hidrocarburos, originados en una formación madre, o generadora, geográficamente contigua o comunicada, la fueran llenando. Pero la roca generadora es otra cosa. A simple vista parece roca sólida. Su porosidad sólo se ve al microscopio, y los hidrocarburos contenidos en estos microporos son imposibles de explotar por inmóviles: no hay diferencia de presión que logre que se desplacen horizontalmente hasta el caño de un pozo. Salvo que se triture esa formación de roca con tremendas ondas de choque hidráulicas generadas por equipos ubicados en la superficie, se incrusten granos de arena mecánicamente resistentes en las fisuras así generadas para que no se vuelvan a cerrar, y se inyecten surfactantes (no muy distintos de los detergentes industriales) que ayuden a despegar los hidrocarburos líquidos más bituminosos y obstructivos de la roca. Entonces sí, en esa roca ahora transformada en una esponja a martillazos hidráulicos y sometida a un lavado químico, el peso de los miles de rocas sedimentarias amontonadas encima y que la aplastan, empieza a hacer lo suyo. Impelidos por las diferencias de presión estática, el gas y el petróleo fluyen hacia la red de caños horizontales perforados que se abren desde la perforación vertical, como los rayos de una rueda de bicicleta. Una rueda colocada en horizontal, entiéndase: hablamos de roca sedimentaria. Finalmente, los hidrocarburos ascienden con enorme energía por la perforación vertical hasta la superficie, donde si no hay cabezales que atajen, el torrente de lodos, roca triturada, agua, arena e hidrocarburos brota explosivamente. Este proceso es súbito y a veces, sorpresivo y desparrama contaminantes en superficie. Como dicen en Vaca Muerta: «los pozos de fracking se vienen, se vienen de repente». La fractura hidráulica, o «fracking», nació en los yacimientos convencionales como una forma de prolongar la vida útil de pozos verticales hechos en roca receptora, cuya producción empezaba a declinar. Como no hay nada más caro o económicamente riesgoso que buscar nuevos yacimientos convencionales, la Argentina está llena de pozos sobremaduros. En esos típicos acuerdos magistrales y a veces secretos que firma el estado argentino con las petroleras privadas, la exploración la suele hacer YPF a pérdida. Pero cuando aparece petróleo o gas, se concede el área a las privadas durante décadas. Para ello, basta bautizar como «zonas a explorar» a las ya exploradas con éxito, operación de baja tecnología que se hace en superficie y con contratos raros. Pero la Argentina, y particularmente Neuquén, están llenas de campos «sobremaduros», es decir poco productivos. Es la consecuencia de décadas en que sólo YPF exploraba en serio. Repsol, cuando la sustituyó, jamás lo hizo. Sí lo hicieron algunas pequeñas petroleras canadienses privadas, llamadas en tiempos de Menem y De la Rúa a remediar el agotamiento de la producción, hasta que las echaron debido a su éxito. De modo que el fracking no es nuevo en el país: es el único modo de mantener en producción los pozos en declinación. Y es que perder un pozo convencional de 1800 metros de profundidad (el promedio nacional de entonces) es dar de baja una obra que en los 90 había costado al menos U$ 20 millones de dólares. Pero simultáneamente, en los ’90 apareció en EEUU (y también en la Argentina, un desarrollo de INVAP pagado por San Antonio Pride) la novedad de los cabezales de perforación dirigibles desde la superficie. El asunto implicaba electrónica de control muy robusta, capaz de empezar verticalmente un pozo y al llegar a una formación interesante, empezar a perforar en horizontal, en lo posible sin salir de la misma, e ir tendiendo a la zaga del trépano una red de caños perforados colectores. Un pozo de fracking no es un simple agujero encamisado de cemento: es toda una construcción subterránea, laboriosa y cara. Esto transformó los pozos de producción y también la geopolítica mundial del petróleo. Permitió que los pozos se hicieran directamente sobre roca generadora, muy abundante, en lugar de roca productora, muy escasa. Y le dió a los pozos petroleros esa curiosa morfología subterránea de rueda de bicicleta, con decenas de rayos que se abren horizontalmente desde un eje vertical. En superficie, equipos enormes, camiones de doble acoplado que cargan con motores navales, inyectan agua, arena y surfactantes a presión y destruyen la roca sólida, en las profundidades, hasta volverla porosa y productiva. Brevemente productiva, en general, porque los pozos que son puramente de «fracking» son impredecibles en materia de duración. Se agotan de pronto. EEUU, hasta los ’90 el primer consumidor mundial y deficitario crónico en hidrocarburos, pasó a ser autosuficiente en gas, e incluso exportador de petróleo en la formación llamada Permian, porque se sedimentó durante el Pérmico. Atraviesa zonas enormes de las Grandes Llanuras donde durante más de un siglo la única población eran «farmers» blancos que producían cereales y vivían como la familia de Lassie e incluso como los Ingalls. De pronto esos sitios se llenaron de trabajadores petroleros de todos los colores y con plata, y los precios de todo (alquileres, comida) se fueron a las nubes. Y como las formaciones «frackeadas» no siempre están geológicamente aisladas de otras rocas más superficiales, como las del acuífero de Ogallalla, el mayor de los EEUU, en algunos pueblos empezó a salir gas natural por las canillas. Uno abría la canilla y la encendía con un fósforo, y la llama ardía hasta cerrarla. Podía mandar las fotos a los amigos. Lo que no se podía tomar era el agua. Y no sólo por el gas, sino por los surfactantes, amén de los ácidos y metales pesados lixiviados desde la roca generadora. Regar cultivos con ese agua tampoco era una gran idea. No se puede tener todo. Algunos «farmers» cerraron y se fueron. Arabia Saudita y otros grandes productores convencionales perdieron parte de su importancia estratégica y mucho lucro potencial. Algunos príncipes saudíes wahhabis se enojaron, y algunas Torres Gemelas se derrumbaron. En Argentina, esa formación de roca generadora e inútil durante décadas llamada «Vaca Muerta», descubierta por YPF en tiempos del Proceso, se empezó a conceder a las petroleras multinacionales. Generalmente con el argumento, más falso que dólar rojo, de que sólo éstas tenían la tecnología de perforación guiada, de motores de superficie para fractura hidráulica, y de construcción de redes de caños horizontales colectores a 3000 metros de la superficie, la profundidad media de la formación Vaca Muerta. Que a todo esto, tiene la superficie de Bélgica: ocupa los subsuelos muy profundos de Neuquén y parte de provincias aledañas, como Río Negro y algo de La Pampa, aunque su espesor es de unos pocos centenares de metros. La producción será impredecible, pero por puro volumen, hay para rato. Y en Neuquén permite la continuidad del estado benefactor, tan desaparecido en el resto de la Argentina. Pero a un costo. Aquí todavía no hay pintorescas fotos de canillas escupiendo fuego. Pero ese método, y ahora nos metemos en materia, genera residuos, lodos y líquidos contaminados con químicos que no pueden ser reutilizados. Esa es otra cara (algunos dicen “un controversial lado b”) de la extracción de gas y shale oil en la Cuenca Neuquina. Las empresas petroleras que operan en la zona juntan los barros, que pueden ser sólidos, semi sólidos o líquidos y no deberían tener más de 9% de hidrocarburos. Las empresas de tratamiento transportan ese material y los arrojan en predios, tierras fiscales cedidas por el Estado provincial. Un triángulo cuyos dos vértices son privados y el otro, público. Son tres las compañías que tratan lodos: Treater, Indarsa y Comarsa. Dos de ellas, Comarsa y Treater, han sido denunciadas en la Justicia por organizaciones civiles preocupadas por el impacto ambiental. En mayo del año pasado, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, afirmó en la Cámara de Senadores que los residuos de Vaca Muerta son “alarmantes” y que las empresas “se manejan con impunidad”. Los líquidos terminan en pozos sumideros hechos para ese fin por las empresas petroleras. También hay pozos adaptados, es decir, que ya han sido explotados o que quedaron abandonados y fueron reconvertidos. A medida que se van llenando, más pozos se necesitan. Entre 2012 y 2020, en ocho años, se habían inyectado doce millones de metros cúbicos en los sumideros, lo que equivale a llenar de agua 18 Bomboneras. El 80 % de esas inyecciones corresponden al periodo 2018-2020. Hay pozos sumideros muy cerca de lagos de donde se extrae agua potable para consumo humano. Y hay sismos justo donde están esos grandes recipientes subterráneos llenos de líquido tóxico. Hay basureros petroleros inmediatamente al lado de barrios que se levantaron a fuerza de tomas en la capital neuquina, personas que llegaron con la esperanza de conseguir un trabajo, una changa o una casa en una provincia que depende exclusivamente del extractivismo. El agua mala se barre debajo de la alfombra. Y las montañas de tierra empetrolada desbordan en piletones dentro del ejido urbano. El problema es ambiental, pero también social. Vivir al lado de una montaña de tierra empetrolada “El viento trae el olor y la nariz, la garganta, la boca se secan. Ahora ya no hay hornos, ahí quemaban la tierra. Eso es lo peor, porque el humo… ¿vio? Ahora que siguen removiendo la tierra igual hay olor. Y con el calor se siente más. ¿Erupciones en la piel? No. ¿Casos de cáncer? No sabemos. Pero con el olor no se puede estar”. Habla Gladys Wilka, jujeña, diez hijos, en pareja. Gladys llegó hace apenas un año y medio y vive en la toma de Casimiro Gómez. Detrás suyo, a unos 200 metros, está el tapial que divide la planta de tratamiento de Comarsa (Compañía de Saneamiento y Recuperación de Materiales S.A.) de la barriada que habita. Desde aquí se ven los picos de esa tierra demasiado negra y la pala mecánica de una retroexcavadora que se hunde y asoma, con un ritmo programado, removiendo barro. El aire es agrio. Algunas familias fueron reubicadas. Ahora el asentamiento de Casimiro Gómez está dividido en cuatro sectores, cada uno con un referente, y ocupado por unas 200 familias que deben ser mudadas porque la zona industrial no es apta para vivienda. La toma y la planta de tratamiento están una al lado de la otra y ambas a sólo doce kilómetros de la ciudad de Neuquén. Comarsa donó un generador eléctrico para sus nuevos vecinos. También ha dispuesto una guardia armada las 24 horas para custodiar su predio. En 2015, en Neuquén promulgaron una ley que prohíbe las plantas de tratamiento de descarte de hidrocarburos dentro de los diez kilómetros del ejido urbano. Como la norma es posterior a la habilitación de la planta, le comunicaron a la empresa que debía trasladarse y que no podía seguir usando las tecnologías instaladas para dar tratamiento al stock en planta. El plazo es hasta 2022. La bio-remediación es un proceso natural, según explicaron, por el cual las mismas bacterias que conviven con los hidrocarburos y el suelo degradan el hidrocarburo rompiendo el enlace entre la molécula de carbono e hidrógeno. “Dicho proceso, si bien eficiente y ambientalmente seguro, requiere grandes extensiones de espacio y condiciones ambientales”, agregaron. La Asociación Argentina de Abogados y Abogadas Ambientalistas (AAdeAA) denunció penalmente a dos empresas tratantes de los descartes que generan las empresas que operan en el yacimiento de Vaca Muerta en diciembre pasado. La Fiscalía Especializada en Derecho Ambiental del Ministerio Público Fiscal de Neuquén lleva las causas contra Treater y Comarsa, en ambos casos por irregularidades en el tratamiento de los residuos petroleros. La AAdeAA pide que se investigue la responsabilidad de las compañías, de las petroleras y de las autoridades estatales. Y denuncia un negocio millonario: “No forman parte de la estrategia sólo un grupo de empresas, sino muchos actores del establishment político de la provincia y la Nación”, dice el abogado ambientalista Rafael Colombo, miembro de la Asociación. Entre la radicación de la denuncia en la Justicia en diciembre pasado y abril hubo algunos avances. Luego de un pedido de acceso a información pública, vino un “escopetazo de información”: 1.182 páginas provistas por el Estado provincial con información surgida de las actas de inspección. El Observatorio Petrolero Sur (Opsur), el Taller Ecologista y la Izquierda Diario los analizaron y recogieron datos para ampliar la denuncia. Los y las abogadas ambientalistas nucleadas en la asociación creen que los residuos no son tratados, sino que simplemente se trata de lugares de acopio que ponen en peligro a las personas y el entorno que habitan: suelo, agua, atmósfera y ambiente. Sigue Colombo: “Los basureros petroleros son la cara más visible del fracking. El hecho de que pongan en riesgo el ambiente y la salud de los habitantes configura el tipo penal. Vamos por la comprobación efectiva de los daños”. Que Comarsa se apropió de tierras con las complicidad del Estado, que declaran tratar una cantidad de descartes mucho mayor a la real, que acumulan más basura de la que deberían y que no suspendieron las tareas a pesar del mal funcionamiento de los hornos “poniendo en peligro a la población con emisiones de dioxinas y material particulado” son parte de la la denuncia ampliada. “El riesgo a la salud pública es inmenso, porque las personas no están viviendo a pocos metros de residuos peligrosos de altísima toxicidad con los cuales si las personas entraran en contacto directo y/o continuo probablemente morirían al poco tiempo, más allá de los potenciales y gravísimos riesgos a la salud que implica el hecho de vivir inhalando los gases que emanan estos residuos peligrosos”, dice la denuncia en la que no se detallan cuáles son las consecuencias de vivir al lado de una planta de tratamiento a corto o mediano plazo. “Estamos a disposición de la Justicia y de todos los organismos de control”, dijeron desde Comarsa. A los pozos sumideros van los líquidos que se usan en el fracking y que ya no se pueden tratar. Es agua totalmente inutilizable, irrecuperable. De hecho, sólo pueden reutilizar hasta un 10% del agua de retorno y por única vez. Las empresas petroleras toman el agua del río Neuquén y pagan 90 pesos cada mil litros. Esa “sopa química” no se ve: está alojada a 80, mil, mil quinientos metros bajo tierra. Sismos, pozos sumideros y plantas de tratamiento. Javier Grosso es geógrafo, docente e investigador de la Universidad Nacional del Comahue y del Instituto de Formación Docente de Villa Regina, y advierte sobre la propagación de los pozos sumideros: “Hay una normativa específica para que los líquidos no entren en contacto con las napas, pero hoy es el riesgo es que los sismos que se están dando en esta zona pueden romper los sumideros y generar filtraciones de agua contaminada a las napas. Pero además, el tiempo que llevan acumulando liquido residual puede generar efectos adversos”. Sauzal Bonito volvió a temblar el domingo. De acuerdo a sus datos, hay cerca de 160 pozos sumideros en la provincia de Neuquén. Unos 60 están activos. Allí van a parar los descartes de aguas, al que llaman flowback o fluidos de retorno. Alrededor de 40 de esos pozos fueron perforados desde 2017, un año caliente para la industria del petróleo. A más actividad, más necesidad de pozos. “La empresa Pan American Energy tiene un pozo sumidero a 2.900 metros de distancia del lago Mari Menuco. Y la distancia entre el sumidero y la boca de toma de donde sale el 70% del agua para consumo de Neuquén está a 3.300 metros”, agrega Grosso. Ante la consulta, desde Pan American Energy informaron que no tienen pozos sumideros a esa distancia.

«Constelación SAOCOM», el cortometraje. El 1B cumple un año y la CONAE festeja

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Con el lanzamiento del segundo satélite con tecnología radar de la CONAE, Argentina completó su misión espacial más ambiciosa. Para celebrar el aniversario realizaron un cortometraje, un documental de 14 minutos. En él los hombres y mujeres de la agencia espacial argentina recuerdan cómo trabajaron en cada instancia de la Misión y, particularmente, durante la campaña de lanzamiento.
     

Argentina acusa a Chile de avanzar sobre su territorio. Piñera responde que «ejerce su derecho»

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El Gobierno argentino rechazó un decreto del presidente de Chile, Sebastián Piñera, que amplió la plataforma continental del país trasandino en los mares australes de modo tal que se superpone con la delimitación territorial argentina votada por el Congreso de la Nación en 2020. El presidente Piñera respondió públicamente “Lo que está haciendo Chile es ejercer su derecho y declarar su plataforma continental”.

La Cancillería argentina declaró que la resolución de Piñera –instrumentada a través de dos decretos del 23 de agosto- “claramente no condice con el Tratado de Paz y Amistad celebrado entre ambos países en 1984”, que clausuró el conflicto por el Canal de Beagle. El rechazo del gobierno argentino a la resolución de Piñera no busca desatar un conflicto diplomático sino sentar una postura oficial, afirmaron fuentes oficiales. Los gobiernos de Argentina y Chile ya habían tenido un cortocircuito a principios de agosto, cuando un decreto de Alberto Fernández que fijó directivas militares contenía un error -se dijo- sobre el estrecho de Magallanes, lo que motivó una protesta chilena. Pero la disputa sobre la plataforma continental tiene raíces más profundas. El canciller chileno Andrés Allamand había objetado en su momento la presentación que hizo Argentina ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) de las Naciones Unidas. Para el funcionario chileno, esa comisión “no tenía competencia” para avalar la demanda argentina. Que fue aprobada por unanimidad por la CLPC el 11 de marzo de 2016. La Cancillería chilena había remitido al embajador argentino en Santiago, Rafael Bielsa, dos notas de protesta a raíz de la nueva demarcación argentina. Nuestra cancillería replicó este fin de semana que “la presentación oportunamente efectuada por el Gobierno argentino sobre dicha zona” ante la CLPC “se ajusta en todo al Tratado de Paz y Amistad” firmado en 1984, cuando se dio por cerrado el conflicto por el Canal de Beagle. La postura argentina es que la presentación nacional “fue aprobada sin cuestionamientos por dicha Comisión con los efectos de establecer un límite marítimo definitivo y obligatorio de conformidad con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR)”. “Ni la presentación ni la decisión de la Comisión fueron objetadas por Chile”, aseguró el ministerio que encabeza Felipe Solá. Justamente ese punto es el que abrió una disputa interna en Chile, donde sectores patagónicos y vinculados a las Fuerzas Armadas reclamaban a Piñera que subsane el olvido de la diplomacia chilena ante la “nueva avanzada argentina”. El origen del conflicto, ahora potenciado por la decisión de Piñera, data de 2009, cuando Argentina extendió la plataforma continental a las 350 millas náuticas, con aval de la CONVEMAR. Ante el silencio chileno, los que presentaron su propia demarcación fueron los británicos, a partir de las Islas Malvinas, con lo que se desató una carrera estratégica por “la puerta de entrada a la Antártida”. La alianza entre chilenos y británicos se mantiene a través del puente aéreo entre las Malvinas y Punta Arenas y del “libre tránsito” de los espacios marítimos que también abarcan a las islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Chile, a su vez, pelea por su propio acceso al territorio antártico. La ampliación de la plataforma continental que decretó Piñera persigue ese objetivo, más allá del mar territorial. La Cancillería afirmó que “el límite exterior de la plataforma continental argentina en esta zona se refleja en la Ley Nacional 27.557, aprobada el 4 de agosto de 2020 por unanimidad en ambas Cámaras del Congreso de la Nación y promulgada por el Poder Ejecutivo el 24 de agosto de ese mismo año”. “La medida intentada por Chile pretende apropiarse de una parte de la plataforma continental argentina y de una extensa área de los fondos marinos y oceánicos, espacio marítimo que forma parte del Patrimonio Común de la Humanidad de conformidad con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar”, aseguró la Cancillería. (Chile votó su propia ley de demarcación de la plataforma continental el año pasado). En la misma línea, sostuvo que “la pretensión chilena no es aceptable para la República Argentina y plantea una situación que corresponderá resolver a través del diálogo en defensa de los derechos argentinos; de acuerdo a la histórica hermandad de nuestros pueblos y el derecho internacional”.    

Observación de AgendAR:

Consideramos que para entender este conflicto en su justa dimensión es necesario separar un elemento de coyuntura -el proceso electoral en marcha en ambos países- y otro, de gran importancia estratégica -los nuevos territorios submarinos que Comisión de Límites de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas reconoció a nuestro país- pero que no es el punto central de este desafío. Un desafío que quedará en pie mucho después de las próximas elecciones. Lo que reclama ahora Chile es una plataforma sobre el Atlántico Sur, no aguas profundas. Este reclamo sobrepasa el límite fijado por el tratado de 1984, en que Argentina abandonaba su reclamo por los islotes de Picton, Lennox y Nueva tras su ocupación de facto por las FFAA chilenas. Para que Argentina firmara esa concesión, Chile tenía a su favor el desconocimiento por Argentina de un fallo arbitral de Gran Bretaña en favor de Chile. El error de la diplomacia argentina era anterior a la situación de guerra inminente de 1978. Fue cuando aceptó semejante árbitro, no su obvio fallo en favor de Chile. Así, en 1978 habríamos ido a la guerra como transgresores. Pero el tratado de paz de 1984 fijaba el meridiano 67° 16 Oeste como límite oriental de todo reclamo chileno, y el espolón submarino que ahora Chile llama propio rompe ese acuerdo. Y lo que reclaman tiene un alto valor económico: son aguas someras, biológicamente muy productivas por ser enteramente eufóticas: hay fotosíntesis desde la superficie hasta el fondo. Por otra parte, la punta oriental del nuevo territorio submarino que Chile ahora llama propio llega muy cerca de las Orcadas del Sur, que están en la cartografía argentina desde el siglo XIX. Lo que permite reclamos de hecho como este, por parte de Chile o de otras naciones más  fuertes, es nuestra falta de política pesquera, marítima y de industria naval, y nuestra indefensión técnica aeronaval. Más allá de cómo termine esto, era inevitable que sucediera, y no será lo último en suceder.

Argentina participará de la Feria Internacional de Comercio de Servicios de China 2021

Argentina participa en Beijing, China, de la Feria de Servicios más importante del mundo, con un stand propio y la presencia de siete ministerios y más de 120 empresas públicas y privadas, en especial del sector tecnológico.

Se trata de una participación inédita en la Feria Internacional de Comercio de Servicios de China (Ciftis) 2021, que se desarrollará formalmente del 2 al 7 de septiembre. «Por primera vez, el país cuenta con un stand físico propio y con la presencia de más de 120 empresas en las que se destaca el sector tecnológico (cinco veces más que en la edición anterior)», afirma un comunicado de la embajada argentina en la capital china. Entre las compañías públicas y privadas sobresalen Impsa, Veng SA, Y-Tec, Globant, Conae, Terragene SA, entre otras que se dedican a servicios digitales y cognitivos, ingeniería, biotecnología, industria satelital y energía. Además participa un amplio espectro de empresas del sector de servicios, empresas de turismo, la Cámara Argentina de Software y Servicios Informáticos, la Cámara Argentina de Diseño y la participación de Universidades, agencias y organismos provinciales. Siete Ministerios son parte de la feria con mensajes especiales enfocados en la potencialidad del Mercado de Servicios entre la Argentina y China, y son Ciencia, Tecnología e Innovación; Desarrollo Productivo; Turismo y Deportes; Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto; Educación; Cultura; Agricultura, Pesca y Alimentación; así como la Secretaría de Innovación pública de Jefatura de Gabinete. Sabino Vaca Narvaja, el embajador argentino en Beijing, quien estuvo a cargo de la inauguración del Stand Nacional, junto con autoridades del Ministerio de Comercio chino, dijo: «Estamos trabajando fuertemente en la participación de la Argentina en las ferias comerciales de China que, por su volumen de negocios, se van convirtiendo en las más importantes del mundo». «Dentro del sector privado, existen numerosas experiencias exitosas de cooperación con inversiones de empresas chinas de reconocimiento mundial, como DIDI, C-TRIP, Huawei, Alibaba, Xiaomi, Tencent, en compañías argentinas con gran potencial como proveedores de servicios tecnológicos». «Ciftis constituye una plataforma de promoción del comercio en las áreas de servicios empresariales y finanzas, comunicaciones, construcción e ingeniería, distribución, educación, medio ambiente, salud y sociedad, turismo, cultura y deportes, transporte, y otros servicios».