Plasmas anti COVID – Decisiones políticas vs decisiones científicas

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Entre las terapias del Covid-19, una sigue entre grandes signos de pregunta: el uso de plasmas sanguíneos refinados de sangre de convalecientes. ¿Sirven o no sirven? Sea por sí o por no, la falta de evidencia no es evidencia de falta. Lo raro es que siga sin haber una respuesta clara y universalmente válida a 9 meses y casi un millón de muertos de iniciada la pandemia. Y el problema en casi todo el mundo ha sido la calidad científica de la investigación clínica sobre este punto: es abundante (decenas de miles de pacientes tratados con plasma) pero defectuosa en lo metodológico. Bueno, aquí y en la India dejó de serlo. Y ésa, lectores de AgendAR, es LA noticia. De modo extraño, en el país que generalmente lidera al mundo en investigación clínica, los EEUU, sucede una inaceptable e inescrupulosa injerencia política en decisiones sanitarias que debieran basarse en ciencia. En agosto, la Food and Drug Administration (FDA, la Administración de Drogas y Alimentos), autorizó por EUA (Emergency Use Authorization, autorización de uso por emergencia) el empleo masivo de plasmas como una estrategia revolucionaria, un “game changer”, según… el presidente Donald Trump. En silencio, en segundo plano, estaba el comisionado general de esa agencia, Dr. Stephen Hahn. Pero el NEJM (New England Journal of Medicine) y JAMA (Journal of the American Medical Association), las dos mayores publicaciones de medicina clínica estadounidenses, destrozaron esta intervención política en decisiones técnicas. Lo mismo están haciendo otros jugadores importantes de la opinión médica estadounidense, incluso las publicaciones de alta divulgación, como el Science Times y la revista Scientific American. La revista tecnológica Wired, que en la pandemia pasó de ocuparse poco de epidemiología a hacerlo mucho y bien, el 11 de septiembre publicó lo siguiente: “Los datos sobre la eficacia del plasma de convalescientes para el Covid-19 hasta ahora ha sido inconcluyente, mayormente por falta de estudios aleatorizados y controlados. Los voceros de la FDA exageraron la utilidad de este tratamiento, y su EUA otorgada justo antes de la Convención Nacional Republicana dio pie a la especulación de que la administración Trump había apretado a la FDA para esa aprobación. La semana pasada, un panel de expertos de los National Institues of Health (Institutos Nacionales de Salud) refutaron los datos presentados por la FDA en apoyo de su EUA, y dijeron que carecían de información de ensayos bien controlados para dar apoyo a la hipótesis de que el plasma de convalescientes es una terapia efectiva. Algunos hospitales sencillamente juegan con la idea de ignorar la autorización de la FDA y dedicar sus recursos en plasma para más ensayos clínicos”. En la cascoteada historia de la FDA, ningún director general debió dar razón a tantos desvaríos sucesivos de un presidente como el Dr. Stephen Hahn a los de Donald Trump. El Covid-19, en la epidemiología de Trump, era “un tema menor”. Cuando se volvió una catástrofe, la salvación, en la farmacología de Trump, pasó a ser la hidroxicloroquina, después el remdesivir, y para coronar, la propuesta presidencial de ingestión (¡o inyección!) de desinfectantes, cloro o lavandina. Como resultado, la credibilidad de la agencia regulatoria “ha alcanzado un nuevo punto bajo” – expresó tersamente un respetadísimo cardiólogo académico estadounidense (el Dr. Eric Topol). Sepa disculpar el lector criollo que lo anestesiemos con algunas líneas de la política electoral estadounidense, pero a los argentinos esto nos afecta indirectamente. No fueron pocos ni blandos los aprietes que recibió Hahn para otorgar su EUA, “plasmas para todos”. Pero el modo de ceder del funcionario médico sobrepasó todo lo esperable. El jueves 19 de Agosto, visto que los estamentos científicos de la FDA se negaban a fabricar “la buena noticia” exigida por Trump, el presidente declaró públicamente que esa agencia estaba dominada por “un estado profundo” (es decir una maffia) que pretendía posponer el anuncio para después de las elecciones. En criollo, dejarle “la buena nueva” (que no existe) a los Demócratas. Simultáneamente, Trump llamó a comparecer al Dr. Francis Collins, coinvestigador del proyecto de secuenciación del genoma humano hace años, hoy director de otra agencia aún mucho más renuente a la mala ciencia, los National Institutes of Health (NIH, Institutos Nacionales de Salud), centrales en la estrategia de investigación biomédica en Norteamérica. Aunque los NIH no tienen poder de veto regulatorio, el peso de su opinión en asuntos de salud pública es enorme. Con Collins, Trump fue directo: “Sacás esto para el viernes”. Collins –dice el New York Times el 12 de Septiembre- se negó (1) Canchero, Trump le pasó por encima: el domingo 23 lo invitó formalmente a una conferencia de prensa en la que Collins debió quedarse impasible mientras Trump anunciaba ante la TV que los plasmas eran un “game changer”, y el complaciente Hahn lo secundaba afirmando que según revisiones de una parva de casos en poder de la prestigiosa Mayo Clinic, los plasmas reducían la mortalidad en un 35%. En la Mayo Clinic quedaron atónitos: no hay modo de retorcer sus datos –numerosísimos, pero fragmentarios y deficientes- para exprimirles semejante bolazo. Y esto lo dijo al toque el Science Times del lunes 24 de agosto (2). Habiendo dado esta noticia el domingo 23, Trump pudo presentarse el lunes 24 en la Convención Nacional Republicana en plan héroe, nuevamente salvando al pueblo. Nadie en los EEUU espera que Trump respete la ciencia: se jacta especialmente de no hacerlo. Por eso la furia del “establishment” médico de todo el país se desencadenó básicamente contra Hahn y la FDA. El problema es que el descrédito afecta irremediablemente a una agencia encargada de garantizar la eficacia y seguridad de alimentos, cosméticos, medicamentos, análisis y dispositivos para la Salud, pero con autoridad extra-nacional. Esto crea un problema regulatorio que no se limita a los desconcertados 52 estados que componen el “Home of the Brave and The Land of the Free”. Afecta a decenas de países cuyas autoridades de licenciamiento médico aprueban automáticamente todo lo que tenga el visto bueno de la FDA. Sí, lector/a, somos de ese club, por decreto presidencial de 1992 – nunca modificado a la fecha. Esto es otro lío más para el ANMAT, que acata como referentes a la FDA y a la agencia supranacional europea, EMA. Puede parecer menemismo residual, pero otras agencias regulatorias hacen lo mismo: es barato porque obvia gastar en investigación propia, y si una droga mal licenciada terminada matando gente, el funcionario local se ampara en la letra de la ley: la culpa es de los EEUU, y chau. Pero esta pandemia (y las que vengan) ponen en evidencia que el Titanic de la medicina mundial tal vez soporte que el ocasional capitán esté loco de atar y acelerando, y que el navegante sea un Chirolita incapaz de decirle que la idea no es buena, al menos en zona de témpanos. Son personajes tal vez de paso. Pero otra cosa peor, sin embargo, es perderle la confianza a “los fierros” de navegación: el compás, el sextante y la cartografía, todo junto. Sobre esto, volveremos. Si de la medicina se piantan los métodos científicos, por desacreditados, se agrava “El Retorno de los Brujos”, por citar a Louis Pauwels y Jacques Bergier, aquellos dos precursores esotéricos de la actual New Age. En la ocasión del Covid-19, y en un intento modesto de reconstruir un sistema de confianza autóctono y desde abajo, algunos países han decidido despegarse en los hechos de la FDA y emprender el mismo rumbo que Wired anuncia para los grandes hospitales de EEUU: dedicar sus pocas y preciosas existencias de plasmas y derivados a investigación bien hecha. Y desconocer cualquier valor a la FDA en cuestiones de Salud hasta que su liderazgo se comprometa a basar sus decisiones en ciencia, si alguna vez lo hace. Uno de estos países es la India, hoy literalmente incendiada de Covid, casi el nuevo epicentro de la pandemia. Tiene al menos una investigación clínica recién terminada, no muy grande, pero prolija y precisa. Y en el Cono Sur se destaca Argentina con al menos 4 “trials”(investigaciones en pacientes) en marcha en decenas de hospitales y clínicas tanto del ámbito público como privado en estrecha colaboración, 3 de los cuales pueden suministrar datos fuertes: su método es comparar la acción del plasma contra a un “placebo” inactivo: solución fisiológica estéril. En cualquier rama del estudio, la activa o la de control, el paciente recibe el mejor cuidado estándar actual para todos los pacientes, por supuesto. Una de estas investigaciones podría tener sus primeros resultados en menos de dos meses. Es muy refrescante que esta amplia colaboración haya podido organizarse en el país sin la intervención de la industria farmacéutica.

(Continuará, y se desarrollará, mañana)

Dr. Pedro Politi, oncólogo y farmacólogo

Daniel E. Arias, periodista científico

Referencias:

Los dos dólares de los argentinos

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Conviene que planteemos desde el comienzo que en AgendAR no nos convence la propuesta de desdoblamiento del tipo de cambio que plantea aquí el economista Eduardo Levy Yeyati. Respetamos la indudable versación técnica del autor, pero creemos que en una realidad económica tan diversa como la argentina, donde las actividades productivas tienen dinámicas y condicionamientos muy distintos, un sistema como el que propone se convertiría muy pronto en una madeja inmanejable de múltiples tipos de cambio. ¿Por qué reproducimos su columna, entonces? También para plantear el debate, porque es posible que nosotros seamos los equivocados, pero sobre todo porque expone en forma muy clara y comprensible la doble función que ha llegado a cumplir el dólar en nuestra economía. Y que seguirá cumpliendo, hasta que no encaremos el desafío fundamental: reconstruir la moneda argentina.

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«La discusión cambiaria en la Argentina suele confundir los roles del dólar. Con uno de ellos nos referimos al tipo de cambio, es decir, al precio relativo de las exportaciones en relación con las importaciones, a la competitividad por precio y al balance comercial. Los términos sub y sobre valuación se relacionan con este rol, cuando es en esto en lo que pensamos cuando decimos que el dólar (o el país) está caro o barato. El dólar también es una unidad de ahorro, es decir, un activo financiero, cuyo valor refleja variables menos «fundamentales» como el diferencial de tasa de interés entre el peso y el dólar, o el riesgo financiero y de convertibilidad (léase defaults, cepos y controles) de los activos argentinos en relación con los extranjeros. Hoy en la Argentina, como casi siempre en las últimas décadas, el precio del dólar está determinado no por el equilibrio comercial (el primer rol), sino por el equilibrio financiero (el segundo rol). El peso se aprecia cuando ingresan capitales financieros convencidos de que el país se encamina a normalizar su economía y se deprecia cuando estos capitales toman ganancias o pierden la fe. Esto refleja en parte señales reales y en parte creencias, amplificadas por el comportamiento de rebaño -el miedo a perderse el negocio en la suba, el pánico y el efecto Puerta 12 en la caída- típico de inversores atomizados. También incide la naturaleza especulativa de la inversión en una moneda, el peso, volatilizada por la dolarización del ahorro local y abandonado por inversores de largo plazo. Si esto último suena circular es porque lo es: la dolarización de nuestros ahorros y la capitulación de los inversores extranjeros más estables (fondos mutuales e institucionales) hacen al peso más sensible al ciclo financiero, es decir, más volátil, espantando a ahorristas locales y a inversores estables. ¿Está caro el peso? Mirando la evolución del tipo de cambio ajustado por inflación en relación a otros países, diríamos que, si bien podría estar más depreciado para compensar los impuestos a las exportaciones, el peso no está excesivamente sobre valuado. Mirando la relación entre oferta y demanda en el mercado de divisas, diríamos que el peso está carísimo. Basta con imaginar qué pasaría si elimináramos el cepo: sin intervención, el tipo de cambio subiría dramática e inmediatamente; con intervención, agotaríamos rápidamente las reservas. Casi nunca el equilibrio comercial es igual al financiero. Esta dicotomía, que no es inusual en otras economías en desarrollo, adquiere en la Argentina una gravedad adicional. A la mencionada iliquidez del mercado de pesos, que agrega volatilidad del equilibrio financiero, hay que sumarle un tercer rol del dólar, el de unidad de cuenta: la indexación implícita de muchos precios al tipo de cambio eleva el impacto de una devaluación en la inflación. ¿Por qué la Argentina no flota y deja que el peso encuentre su equilibrio? Porque el equilibrio financiero es incierto y elástico. En las buenas, sin la intervención del Banco Central la apreciación no tendría límites y castigaría la producción local. En las malas, sin oferta de dólares la demanda podría hundir al peso en una espiral descendente. Es común echarles en cara a los bancos centrales que compren «caro» los mismos dólares que a los pocos años venden a una paridad más alta para evitar una depreciación excesiva. Son pocos los países en desarrollo que no administran las variaciones cambiarias, casi siempre para adecuar el equilibrio financiero al comercial. En la Argentina, la diferencia entre el financiero y el comercial es hoy inmanejable. De ahí, la telaraña de controles y regulaciones que intentan sin éxito cuadrar este círculo. Desdoblamiento Suponiendo que las causas que dan origen a esta dicotomía extrema (insostenibilidad e inconsistencia fiscal, expectativas negativas, implosión del mercado en pesos) no cambian en los próximos meses, y dado que el dólar tiene dos roles y que cada rol tiene su equilibrio, lo natural sería que cada equilibrio tuviera su precio. De eso se trata, ni más ni menos, el desdoblamiento entre un tipo de cambio comercial y otro financiero: de un dólar ahorro alto que reduzca la dolarización de activos y estimule la entrada de capitales, sin contaminar al dólar comercial que determina la inflación. ¿Por qué no se hace? Las contraindicaciones son varias, ninguna de ellas insalvables. Para empezar, el desdoblamiento violaría el artículo 8° del FMI, que prohíbe al país tener tipos de cambios múltiples.salvo que el FMI lo apruebe, algo que no sería improbable si el arreglo es transitorio. Alternativamente, se podría instrumentar un «desdoblamiento fiscal» en base a impuestos a la compra (como con el impuesto «solidario») y a un reembolso a las ventas no relacionadas con operaciones de comercio exterior. Un segundo obstáculo son los activos financieros denominados en (o indexados al) dólar, emitidos con anterioridad al desdoblamiento: pasarlos al financiero desencadenaría litigios y quiebras; dejarlos al comercial (como ahora), podría ser visto como un seguro de cambio. Los flamantes depósitos indexados al dólar oficial agregan una nueva dimensión a este problema. Un tercer obstáculo, tal vez el más relevante, es el tsunami de pesos que, de abrirse ese canal, irían contra la oferta de dólares financieros. El Banco Central debería intervenir también en el mercado financiero, con la ventaja de que lo haría a un nivel bien por encima del oficial. Dicho esto, la reciente emisión pandémica posiblemente precise, al menos al comienzo, algún límite de compra -menos exiguo que 200 dólares al mes. El cuarto obstáculo es político: algunos sectores pedirán liquidar exportaciones al tipo de cambio financiero para compensar el impacto de las retenciones. Liquidar exportaciones al financiero tendría esencialmente el mismo efecto que una devaluación del oficial: mayor inflación, que es precisamente lo que se intenta evitar con el desdoblamiento. El último obstáculo, el más clásico, es tal vez el menos crítico. Los incentivos para que aparezcan derrames y arbitrajes: sobrefacturación y anticipación de importaciones, la subfacturación de exportaciones, ya existen hoy en presencia de un tipo de cambio paralelo, que es casi el doble que el oficial. El desdoblamiento no es un remedio, es apenas un bálsamo; en palabras del ministro de Economía, Martín Guzmán, sería una medida «para aguantar». No hay en principio razones fundamentales para una brecha cambiaria de 80%, salvo que esperemos una devaluación o un salto de la inflación que nos lleve a una espiralización cambiaria. Un programa monetario creíble del Banco Central ayudaría a eliminar esta profecía autocumplida. Un presupuesto de consolidación fiscal, junto con un programa financiero basado en el desarrollo del mercado de pesos indexados para reducir la dependencia externa, daría credibilidad al programa monetario. Hoy ninguno de estos dos elementos está aún sobre la mesa, y las pocas señales que emite el Gobierno apuntan en la dirección opuesta. A las contraindicaciones al desdoblamiento ya mencionadas, se suma la capacidad de gestión y la transparencia imprescindibles para un régimen de este tipo. Por todo esto, se entiende la reticencia del equipo económico (y de muchos economistas) a avanzar con esta «innovación» obsoleta. Pero la alternativa de esperar a que la paz cambiaria llegue sola, o de la mano de la confianza en un eventual programa financiero y fiscal, es optimista y, en ausencia de opciones, riesgosa. Como dice el viejo adagio, el buen político planifica para lo peor.» Por:

En todo el mundo crecen los contagios de COVID-19. Pero la medicina consiguió reducir la letalidad

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Ayer publicamos en AgendAR una nota donde se muestra que el número de muertes por coronavirus por millón de habitantes en nuestro país es significativamente más bajo (247,94) que el de EE.UU., Brasil, España, Italia, Suecia,… No debe inducir a la complacencia: el crecimiento en las últimas semanas de los contagios, indica que también crecerán los fallecimientos, aunque -nos decía una lectora- nuestros índices de recuperación de pacientes en los primeros meses no pasaban del 35% y hoy en día ya llegan a mas del 70%. Esta nota que reproducimos muestra que lo mismo está pasando en el resto del mundo: «En las últimas semanas, la virulencia de la enfermedad COVID-19 cambió. Es menos letal, según varios registros que marcan la evolución de la pandemia a causa del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, que hoy registra una menor cantidad de fallecimientos por día, si se toman en cuenta los meses de marzo y abril de este año. La reducción en la letalidad de COVID-19 se ha atribuido en gran parte a mejoras en los tratamientos médicos experimentales para un virus hasta ahora desconocido y también a la identificación más temprana de las infecciones del coronavirus, lo que permite una rápida intervención médica y protección contra la infección de personas con mayor riesgo. También podría explicarse por un aumento de las pruebas de detección, que identificarían casos más leves y asintomáticos, lo que llevaría a una tasa de mortalidad notificada más baja. Los expertos coinciden en que se ha aprendido mucho puertas adentro de las Terapias Intensivas, con médicos que no han conectado inmediatamente a los pacientes a respiradores automáticos, lo que en muchas ocasiones producía daño pulmonar. Ademas, el oxígeno suministrado a través de pequeñas cánulas nasales es mucho menos invasivo y, a menudo, cumple su función. A fin de julio, se descubrió que el antiinflamatorio económico dexametasona redujo las muertes en un tercio entre los pacientes que reciben ventilación mecánica, y existe esperanza de que esto mejore aún más la supervivencia. En las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) británicas, la proporción de pacientes con COVID-19 con respiradores disminuyó del 90% en los primeros días al 30% en junio. “El estudio muestra la impresionante reducción de la mortalidad lograda durante la pandemia para los pacientes ingresados en la UCI de Reino Unido. Los 10 a 20 puntos porcentuales absolutos de mejora de la supervivencia, en todos los grupos de edad, son sorprendentes. Dentro de los tratamientos que han mejorado se destacan: uso más restringido de ventilación mecánica, anticoagulantes, decúbito prono, dexametasona, ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea no como último recurso) y la evitación de fármacos sin eficacia”, manifestó Eric Topol, reconocido cardiólogo, genetista e investigador en su cuenta de Twitter.
La mortalidad de pacientes COVID-19 tratados en UCI había caído a poco menos del 42% a finales de mayo, desde casi el 60% en marzo.
Eso es según el primer análisis sistemático de dos docenas de estudios que involucran a más de 10.000 pacientes en Asia, Europa y América del Norte. La rápida propagación del SARS-CoV-2, el alto número de casos y la proporción de pacientes que requieren soporte respiratorio impusieron una “demanda sin precedentes” en los servicios de las UCI, escribieron los investigadores en un estudio publicado en julio en la revista Anesthesia. Los países en las fases posteriores de la pandemia ahora pueden estar manejándolo mejor, dijeron. “Puede reflejar el rápido aprendizaje que ha tenido lugar a escala mundial debido a la pronta publicación de informes clínicos al inicio de la pandemia. También puede ser que los criterios de admisión a la UCI hayan cambiado con el tiempo, por ejemplo, con una mayor presión sobre las UCI al inicio de la oleada pandémica”, escribieron los autores, dirigidos por Tim Cook, anestesiólogo y médico de cuidados intensivos en Bath, Inglaterra. Si bien las cifras de muerte suelen ser un indicador rezagado respecto a la cifra de contagios, hay razones para esperar que el atraso ahora sea más amplio y más lento. “Después de todo, se ha aprendido mucho sobre cómo tratar a pacientes con COVID-19”, es el consenso mundial sobre la evolución médica frente al coronavirus. Pero también se recuerda que un recuento de muertes más bajo no es una justificación para que los Estados reabran sus economías sin cautela. Las muertes van rezagadas en comparación con los casos porque el COVID-19 es una enfermedad bastante lenta. Se necesita tiempo para desarrollar una infección lo suficientemente grave como para requerir hospitalización. Una infección aguda puede tardar más tiempo en causar la muerte. También hay que decir que las muertes no siempre se informan de manera oportuna. La Organización Mundial de la Salud (OMS) está recopilando datos de países para identificar elementos que reducen la mortalidad, con el objetivo de crear una caja de herramientas de tratamientos que permita a los médicos brindar una mejor atención a la gama completa de pacientes con COVID-19. “El nuevo estudio se sumará al conocimiento acumulativo. Esta es información crítica que nos ayudará a refinar nuestra estrategia para reducir la mortalidad”, explicó Sylvie Briand, directora de la OMS, del departamento para la Preparación Mundial de Riesgos Infecciosos. La enfermedad crítica asociada con el COVID-19 puede prolongarse. Alrededor de una quinta parte de las hospitalizaciones en la UCI en el Reino Unido duró más de cuatro semanas, y el 9% persistió durante más de 42 días. Y los expertos tienen un dato clave en la mira: la mortalidad en las UCI por COVID-19 es casi el doble de la tasa típica del 22% para otras neumonías virales. El mensaje importante que deja la OMS es que “a medida que la pandemia ha progresado y todos estos factores se combinan, la supervivencia de los pacientes admitidos en UCI con COVID-19 ha mejorado significativamente”.

Qué son los «indicios de vida» en Venus

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Venus es el planeta que entre los giran en torno al Sol es el más parecido a la Tierra por su tamaño… pero profundamente distinto y hostil a la vida tal como la conocemos. Porque es mucho más caliente en su superficie debido al potente efecto invernadero producido por su atmósfera compuesta principalmente de dióxido de carbono y nubes de ácido sulfúrico que atrapan el calor. Las temperaturas llegan a los 470 grados y entre otras cosas allí el plomo se funde. Pero en el nivel donde están las nubes, a unos 48 km de la superficie, la temperatura es aproximadamente la misma que en la superficie de la Tierra. Y un equipo de la Universidad de Cardiff, Gran Bretaña, ha detectado en ellas un gas llamado fosfina. El paper se publicó ayer 14 de septiembre en Nature Astronomy. La fosfina es un compuesto formado por tres átomos de hidrógeno y uno de fósforo: un gas incoloro e inflamable que huele a ajo o a pescado en mal estado. Se produce en forma natural por microbios anaeróbicos -que no necesitan oxígeno para vivir-, por la descomposición de materia orgánica, o de forma industrial. En la Tierra se produce de forma biológica (principalmente) y está asociada a microbios que viven en entornos carentes de oxígeno como pueden ser lagos, aguas fecales o intestinos de animales. Entonces ¿las nubes de Venus podrían albergar vida microbiana? Es una hipótesis tentadora, pero se necesitan muchas más pruebas para encararla seriamente. El gas podría tener también un origen no biológico. Aunque los autores del paper señalan que las cantidades son tan grandes que, pese a que han revisado los procesos posibles que podrían producir fosfina en un planeta así, no han sido capaces de explicarlas sin incluir algún tipo de vida. La primera señal de fosfina se captó en el año 2018 mediante el telescopio James Clerk Maxwell en el volcán Mauna Kea, en Hawai, aunque no fue concluyente. Un año después, ALMA, otro radiotelescopio situado en el desierto de Atacama de Chile determinó la evidencia más claramente. No obstante los propios científicos afirman que la detección de fosfina no es una prueba sólida de vida en en el planeta. Hay que tomarlo con cautela pero abre las puertas a nuevas investigaciones sobre nuestro vecino Venus y la vida fuera de la Tierra. (Agradecemos a la Dra. en Física Mar Gómez por su excelente síntesis)

Los precios al consumidor de los productos del agro son 4,14 mayores de los que recibe el productor

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¡Y esa brecha está en su menor valor histórico! La diferencia de precios entre lo que pagó el consumidor y lo que recibió el productor por los productos agropecuarios tuvo una fuerte caída en agosto, al ubicarse 15% debajo de julio.

Según un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la brecha de precios para el promedio de los 24 principales productos agropecuarios que participan de la mesa familiar cayó 15% en agosto y la participación del productor en el precio final saltó a 28,9%. La baja fue impulsada por caídas profundas en las brechas del ajo, el zapallito, la cebolla y el tomate. En el caso de la cebolla y el zapallito, reacomodaron sus brechas después de registrar fuertes subas en julio. Hubo 7 productos con aumento de brechas, 1 sin variación y 16 con descensos en agosto, lo que empujó el IPOD hacia abajo. En promedio, los consumidores pagaron 4,14 veces más de lo que cobró el productor por los productos en la tranquera de sus campos, cuando en julio la diferencia fue de 4,87 veces. La brecha de agosto es la menor desde que se comenzó a medir en agosto de 2015. Los datos surgen del Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) que elabora el sector de Economías Regionales de CAME en base a precios diarios online de los principales supermercados del país, más de 700 precios de verdulerías y mercados para cada producto, y precios de origen de las principales zonas productoras, que releva un equipo de 35 encuestadores.

El trabajo en las Unidades de Terapia Intensiva con los pacientes de coronavirus

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Rosa Reina, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), explica cómo es el trabajo de un médico terapista con un paciente Covid-19 positiv: el más complejo que existen en la actualidad. «Lo primero es cómo nos tenemos que preparar los que trabajamos con el paciente: médicos, enfermeros, kinesiólogos. Tenemos que vestirnos y desvestirnos siguiendo un protocolo adecuado. Cuando nos sacamos los elementos de protección es cuando corremos el mayor riesgo porque esos elementos ya están contaminados. Se deben seguir todos los pasos y en un determinado orden. Algunos elementos se desechan, otros se limpian y se reutilizan», comenzó su detallado informe Reina, y agregó: «Todo este proceso lleva unos 15 minutos, entre que nos vestimos y desvestimos. Generalmente una persona está chequeando como hacemos el proceso para cuidarnos». «Cuando los entramos a ver, con todo ese equipo, primero revisamos al paciente, el monitor, el respirador. Los pacientes son muy complejos. Un alto porcentaje está con respirador para ventilación mecánica y suelen tener una evolución muy crítica. Muchos de estos pacientes deben ser colocados en posición ‘prono’, es decir, boca abajo porque esto mejora un poco la oxigenación, ya que, tienen pulmones muy comprometidos e inflamados». «Para esa maniobra se necesitan cuatro personas. No la puede hacer un profesional solo. Cuando se entra a revisar al paciente, si vemos que necesita ser puesto en ‘prono’ uno avisa que se cambien otras tres personas más», dijo sobre el protocolo que se desarrolla en los sectores Covid-19 que se crearon en centros de salud públicos y privados. «Siempre hay una línea que separa la parte más limpia de la habitación y la más cercana al paciente. Divide el área Covid de la no Covid que suele estar a unos 60 o 70 centímetros de la entrada de la habitación o de la cama del paciente», detalló sobre cómo se disponen las zonas de trabajo, y agregó: «Para poder comunicarnos entre los que estamos cerca del paciente, ya que se hace difícil escucharnos por todos los elementos de protección, escribimos en un papel lo que necesitamos. Si es una habitación cerrada, lo pegamos al vidrio para que lo lean los que están afuera, si no es una habitación se la mostramos a nuestros compañeros que están del otro lado de la línea roja que es la zona limpia que es la que asiste. Siempre hay hojas de papel cerca de las camas de los pacientes«. Ante la consulta sobre cuántas veces al día deben controlar a un caso de coronavirus positivo en terapia intensiva, dijo: «El paciente Covid-19 necesita un chequeo casi constante. Estamos controlando medidas que son muy críticas que se deben seguir de cerca. Si bien en algunos lugares tienen centrales de monitoreo que están en red con los monitores de cada uno de los pacientes, en la mayoría de las terapias no está. Por eso, hay que entrar todo el tiempo. Por más que uno disponga el monitor de manera tal de que se pueda ver detrás de la línea roja, no siempre se puede«. «La verdad, el control y revisión de estos pacientes es continuo. Tratamos de hacerlo cada una o dos horas. Estos pacientes no se pueden ver cada ocho horas. Cada vez que entramos y salimos de esa zona roja hay que vestirse y desvestirse. No se para».

Los intensivistas

«El otro tema, es el equipo de salud. Cómo queda el personal de salud. En varios países de Europa, que están teniendo esta segunda ola, hay personal de salud que no se recuperó de la primera ola y, tal vez, no puede volver a trabajar en esta segunda. Ya sea por lo físico o lo emocional», contó Reina. Reina luego explicó el rol de los residentes que debieron comenzar a trabajar casi sin tiempo de adaptación. «En el 2009, cuando fue la pandemia del H1N1 el mayor pico lo tuvimos en mayo y junio, hasta julio. Los primeros días de junio, ingresaron los nuevos residentes de terapia intensiva y que, obviamente, no tuvieron los dos o tres meses de adaptación del principio. Entraron y tuvieron que aprender todo junto. Eso mismo está pasando ahora. Los nuevos residentes fueron directo a planta con los residentes más antiguos y los médicos de planta. Hoy, uno los escucha y tienen un aprendizaje y conocimiento de cómo manejar la gravedad de estos pacientes que es impresionante. Para sacarse el sombrero».

El rol de lo emocional y la pospandemia

«Estamos pasándola como mejor podemos, sobreviviendo. Emocionalmente, estamos muy mal. Hay todo un equipo que está trabajando para apoyarnos pero, muchas veces, no tenemos el tiempo para sentarnos 15 o 20 minutos para charlar. A veces, no tenemos ese tiempo«, se sinceró Reina. La titular de la SATI, luego pidió: «Después de la pandemia hay que preparase para otra situación. Para otra crisis. Ya hay artículos internacionales escritos que hablan de la crisis posterior a la crisis y tiene que ver con el paciente luego de su paso por terapia intensiva. Esto las autoridades sanitarias lo tienen que empezar a entender y diseñar estrategias de seguimiento de estos pacientes que quedan con secuelas: cognitivas, motoras o psicológicas. No solo los pacientes, sino que también las familias. Esto a nivel mundial se está hablando mucho. Incluso ya hay equipos de trabajo formados para ese día después». Para cerrar, se le preguntó, en una escala del 1 al 10, cuán difícil es tratar a una persona grave infectada de SARS-CoV. 2 y dijo: «El paciente Covid-19 es muy difícil de tratar. Están en una escala de 9 o 10. No recuerdo otra patología que sea más compleja de atender. Atendemos muchísimas neumonías. Pero esto es otra cosa».  

Midiendo los resultados de la cuarentena frente al coronavirus

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Los casos positivos del nuevo coronavirus registrados en Argentina han subido consistentemente en las últimos semanas. Por eso es natural que muchos compatriotas, angustiados ante una pandemia que nadie esperaba y que parece no tener fin, se pregunten por la utilidad de las medidas de política sanitaria que ha tomado el gobierno, y de una larga e irregular cuarentena. Este cuestionamiento, legítimo, se ha envenenado entre nosotros, como era previsible, por una amarga «grieta» política. Es visible que son los opositores al gobierno los más descontentos, mientras que sus partidarios defienden las políticas. Sin pretender «neutralidad», en AgendAR buscamos el mejor criterio para evaluarlas. Los registros no son perfectos, no pueden serlo; y eso sin tomar en cuenta que en muchos países su infraestructura sanitaria sólo puede brindar datos muy aproximados. Y en algunos, no se brindan con rapidez. Por eso elegimos un dato lúgubre pero más verificable que otros: las muertes atribuidas al coronavirus. Tampoco es exacto, claro, pero es más preciso que el registro de contagios, o de camas ocupadas cuando hay muchas diferencias en las disponibilidades por país. Éste es el mapa que marca, con la intensidad de sus colores, como está cada país en ese trágico «ranking». La intensidad del color refleja la mayor o menor cantidad de muertes. Damos los números de muertes por millón de habitantes a la fecha de ayer -13 de septiembre- de países referenciales y de nuestros vecinos. Argentina: 247,94;  EE.UU.: 585,2;  España: 636,23;  Italia: 588,85;  Suecia: 578,85;  Brasil: 617,29;  Perú: 927,85;  Chile: 622,25;  Uruguay: 12,95;  Paraguay: 72,06. (Estos datos son reunidos por la Johns Hopkins University y puede accederse a ellos aquí). Por supuesto, estos números son provisorios, varían día a día, los cambios llegan a ser significativos conforme pasan los meses. Cuando concluya esta pandemia, se podrá evaluar mejor lo que se hizo y los resultados.

La industria y la construcción vuelven, lentamente, a los niveles pre pandemia

La economía continúa recuperándose, y en el caso de la industria y la construcción se ubican en niveles similares a la prepandemia. Aunque a diferencia del crecimiento de mayo y junio, donde las tasas mensuales de expansión habían sido muy altas, ahora hay cierta moderación en la expansión de las distintas actividades. La industria trabajó en julio al 56,8% de su capacidad (no muy debado de febrero). Según el Informe de Panorama Productivo del Centro de Estudios para la Producción (CEPXXI) del Ministerio de Desarrollo Productivo, en mayo y junio el pico de recuperación se debió a dos factores. En primer lugar, muchas empresas, pasaron de no producir a retomar la actividad; eso llevó a una base de comparación muy baja. En segundo término, las reaperturas en sectores como el industrial fueron de la mano de recomposición de stocks, lo cual generó una mayor producción hasta nivelar el abastecimiento. El informe del CEPXXI destaca que un caso testigo de ello fueron las plantas productoras de cigarrillos, que operaron al 97% de su capacidad instalada en junio. “Que las tasas de crecimiento intermensuales se hayan moderado no implica que se hayan detenido”, sostiene el informe. Al respecto, en julio la industria manufacturera creció un 2,1% mensual desestacionalizado (tras haberlo hecho al 12,3% en mayo y al 16,5% en junio) y la actividad de la construcción, que volvió a los niveles de febrero, lo hizo al 6,8% (tras haberlo hecho, desde bases muy reducidas, al 113,6% en mayo y al 37,5% en junio). Tanto la industria, la construcción y el comercio, son los sectores a los que el Gobierno le pone buena parte de los esfuerzos para motorizar la recuperación. Fuentes oficiales le explicaron que “las 60 medidas que se preparan contemplan ejes de corto y mediano plazo”. En lo inmediato, se priorizará la reactivación de consumo a través de aquellos sectores que “traccionan más la industria nacional, que sea con menor contenido importado posible”. También en el corto plazo aparece la obra pública, y “lo que se pueda de obra privada, porque eso es empleo y eso consume dos insumos nacionales”, explicaron las mismas fuentes. En lo que hace a los primeros datos productivos de agosto, el informe del CEPXXI sugieren una nueva mejora en el nivel de actividad industrial, “medida con base en el consumo de energía que releva CAMMESA», aceleró su crecimiento (+4,9% intermensual desestacionalizado) y cerró el mes en niveles similares a los prepandemia: nuestra estimación preliminar para el promedio de los 31 días comprendidos en agosto es de una caída interanual del 2,3%. No solo eso: para el período comprendido entre el 10 de agosto y el 9 de septiembre, la baja se redujo al 0,6% interanual”. En esa línea, el informe señala que la producción automotriz creció 21,2% mensual en agosto y todo apunta a que septiembre consolide esa tendencia. Por ejemplo, Ford y Mercedes Benz, siguiendo lo que Toyota había iniciado a fines de julio, anunciaron el retorno a un segundo turno de producción, y Volkswagen comunicó la duplicación de la producción de la pickup Amarok en los próximos 50 días. Los despachos de cemento treparon 6% mensual en agosto (2,2% desestacionalizado), la mayor cifra del año. “Si bien ambos indicadores persisten en terreno negativo a nivel interanual (-16,2% y -12,5%), si esta tendencia continúa en septiembre ambos sectores podrían llegar a estar en terreno neutro (o incluso positivo) interanual”, explica el CEPXXI. Claro que los indicios de recuperación enfrentan la realidad de la pandemia del coronavirus, que parece mantenerse firme en el Área Metropolitana de Buenos Aires, y ahora con focos fuertes en el interior del país. “Todos estamos pensando que la pandemia lentamente va cediendo. Esperamos que así sea, pero no lo tenemos garantizado, con lo cual se abre otro problema si la pandemia no cede”, analizó una alta fuente gubernamental. Al respecto, el CEPXXI indica que “la dinámica de la pandemia –hoy con mayor ritmo de contagios en el interior del país, que hasta ahora había tenido un menor impacto relativo con la excepción de algunas provincias puntuales– introduce un interrogante respecto de lo que ocurrirá en las próximas semanas en materia productiva”. Un dato indicador de cómo impacta la pandemia es la heterogeneidad de la recuperación en los distintos sectores de la industria. Se observa una significativa mejora en la producción y las expectativas en rubros como muebles, heladeras, lavarropas, cocinas, termotanques, griferías, materiales para la construcción, electrónicos, hilados, tejidos de punto y planos, tintorería industrial, calzado, limpieza del hogar, juguetes, maquinaria agrícola, motos y bicicletas. Por el contrario, ramas como confecciones o aquellos proveedores de la industria hidrocarburífera (como tubos sin costura o bienes de capital para el sector) persisten en niveles reducidos de actividad. Situación en las empresas pymes En línea con la recuperación económica, un dato alentador es que también mejoran las expectativas de las pymes industriales, tal como se desprende del informe de la Fundación Observatorio Pyme. “Para el tercer trimestre, las pymes manufactureras esperan una mejora en las ventas y las horas trabajadas, pero también aumentos en el precio de venta de sus principales productos”, señalan los datos los datos preliminares de la Encuesta Coyuntural a Pyme industriales de la Fundación Observatorio Pyme, que será presentado de forma completa en el 18º Seminario-Taller, que se llevará a cabo el martes 15 de septiembre. En ese sentido, el informe indica que en comparación a las expectativas de los primeros meses del año, para el período julio-septiembre las empresas manufactureras que ocupan entre 10 y 250 personas tienen mejores perspectivas para la evolución de su actividad, así como prevén incrementos de precios. “También las expectativas sobre su propia economía y la de su sector industrial mejoran para el próximo año”, sostiene. En cuanto a empleo, el relevamiento muestra que las pymes resisten la pandemia ya que la reducción de la cantidad de ocupados durante el segundo trimestre de 2020 con una caída del 2,9%, en términos interanuales, fue menor a la del segundo trimestre de 2019 con un descenso del -5,5%. “Aunque fuertemente impactadas por la pandemia en su nivel de actividad productiva, las pymes industriales mantienen su planta de personal (influidas tanto por la prohibición de despidos sin justa causa y por razones económicas, como por la posibilidad de establecer acuerdos de suspensión -con reducción salarial- y el acceso a los beneficios del ATP)”, señala la Fundación Observatorio Pyme.

Racha alcista en el precio de la soja: ¿»Viento de cola» para Argentina?

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El viernes pasado la tonelada de soja alcanzó en el mercado local el valor récord de u$s 265 por tonelada o, en moneda local, unos $ 20.000. Según las estadísticas nacionales, en total restan por venderse -los granos que todavía mantienen en los silos de la campaña 2019/20- unos 18,8 millones de toneladas de la oleaginosa. Sumarían alrededor de u$s 6.500 millones en divisas para la Argentina, teniendo en cuenta los valores FOB. La decisión que tomará cada productor o acopiador es un dato incierto. Seguramente se verá tentado con la expectativa -tan habitual en Argentina- de esperar a una futura devaluación. Pero… la necesidad de recursos para la siembra, los fertilizantes, los herbicidas… aseguran que la mayor parte se venderá. Y asegurará el ingreso de divisas para las exhaustas arcas del Estado. Las subas en el mercado local son, como se comentaba hace pocos días en AgendAR, el reflejo de lo que sucede en Chicago; el viernes la soja cerró su decimocuarta suba consecutiva hasta alcanzar los u$s 369,50 por tonelada, lo que significa su mayor nivel desde junio de 2018. En este contexto, la cosecha de soja todavía sin vender de la Argentina se revalorizó, en los últimos 45 días, alrededor de u$s 1.800 millones y la cifra trepa hasta los u$s 2.500 millones si se tiene en cuenta al maíz. El rally alcista en el mercado de Chicago es producto de una conjunción de factores que van desde la sostenida demanda de soja por parte del mercado chino, junto con la merma productiva de los Estados Unidos por inconvenientes climáticos y el casi agotado saldo exportable de Brasil.. A partir de aquí se abre un abanico de posibilidades en el mercado local, según explican los analistas de granos. En primer término, aquellos productores que tengan la necesidad de financiar la próxima campaña encontrarán en el récord de 20.000 pesos por tonelada un valor tentador para ejecutar o ponerle precio al grano ya vendido, pero sin haberlo fijado. Se trata de otros 8 millones de toneladas de la oleaginosa de la campaña 2019/20. En este contexto, el viernes, el USDA mantuvo su estimación de cosecha de soja argentina 2019/2020 en 49,70 millones de toneladas, pero elevó de 9,50 a 10,25 millones el cálculo sobre las exportaciones. Según el analista Ricardo Baccarin “la perspectiva del mercado es mejor, gracias a la suba de precios y si el tipo de cambio se sigue actualizando, entre septiembre y noviembre comenzarán a verse más ventas por parte de los productores que necesitan financiar la próxima campaña”. Otra cuestión a tener en cuenta es que en lo inmediato las subas en el mercado local e internacional son alentadoras para el ingreso de divisas. En apenas 40 días el valor FOB (free on board, por sus siglas en inglés, es un indicador del valor que los clientes externos están dispuestos a pagar por el producto) para el poroto de soja en los puertos argentinos creció de 356 a 405 dólares por tonelada, lo que se traduce en un incremento del 13,8%, el del aceite de soja, un 5,2%, de 754 a 793 dólares, y el de la harina de soja, un 13,5%, de 327 a 371 dólares, según los datos del Ministerio de Agricultura.

Trump en campaña y la industria farmacéutica global

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Washington (CNN) El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que ordena a agencias federales que prioricen la compra de ciertos medicamentos y materiales médicos cuando se fabrican en Estados Unidos. En especial, la orden ordena a la FDA que produzca una lista de «medicamentos esenciales, medidas médicas e insumos críticos» que serán regidos por los nuevos requisitos. La medida marcará un cambio en la forma en que Estados Unidos obtiene sus medicamentos y suministros médicos en el futuro. «La orden ejecutiva requerirá que las agencias gubernamentales estadounidenses compren todos los medicamentos esenciales que necesitamos de fuentes estadounidenses», dijo Trump durante un discurso en una fábrica en Ohio. «La orden ejecutiva también eliminará las barreras regulatorias innecesarias a la producción farmacéutica nacional y apoyará los procesos de fabricación avanzados que mantendrán bajos los precios de nuestros medicamentos y permitirán que las empresas estadounidenses compitan en el escenario mundial». El asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, anticipó la acción el jueves temprano y dijo que Estados Unidos es «peligrosamente dependiente de naciones extranjeras para nuestros medicamentos esenciales, suministros médicos … y equipos médicos como respiradores». La orden «establece un nivel básico de demanda para atraer un nivel de inversión suficiente para satisfacer las necesidades que tenemos de estas cosas que necesitamos en tiempos de problemas», agregó Navarro, un halcón en los temas de comercio internacional. China ha sido el actor mundial dominante en la producción de equipos de protección personal (EPI). Y en los EE. UU., el 90% de todas las recetas se obtienen con medicamentos genéricos. Una de cada tres píldoras consumidas en ese país es producida por un fabricante de genéricos de la India, según un estudio de abril de 2020 de la Confederación de la Industria India (CII) y la consultora KPMG. India obtiene alrededor del 68% de sus materias primas, conocidas como ingredientes farmacéuticos activos (API), de China. La orden ejecutiva también elimina algunas barreras regulatorias para la fabricación y los productos farmacéuticos en los EE.UU.