El gobierno de Israel aprobó una cuarentena estricta a partir del viernes, ante un rebrote de COVID-19

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Israel y Palestina (Cisjordania y Gaza) enfrentan un nuevo brote de coronavirus, lo que lleva a propuestas y medidas destinadas a frenar su propagación y mitigar las ramificaciones económicas de la crisis por parte de las autoridades israelíes y palestinas. Israel tiene actualmente 37.482 casos activos; 1.103 personas han muerto. En Cisjordania, hay 9,845 casos activos, en Gaza 1,549. En Cisjordania y Gaza, han muerto 240 personas. El gobierno israelí acordó imponer una cuarentena estricta nacional de tres semanas que entrará en vigencia el viernes a las 2 p.m., en la víspera del feriado de Rosh Hashaná. El primer ministro Benjamin Netanyahu dijo en una rueda de prensa que las advertencias de los funcionarios de salud llevaron a la decisión del gobierno, que restringe a los ciudadanos no alejarse de sus residencias en un radio máximo de 500 metros.

Coronavirus en Argentina: los números, el temor, la negación, la esperanza

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El Ministerio de Salud confirmó anoche que en las últimas 24 horas se registraron 10.776 nuevos casos de Covid-19 y 115 personas fallecidas por coronavirus. Con estos registros, suman 546.481 los positivos en el país y la cifra de muertos se elevó a 11.263 personas. Ayer a la mañana reportaron 409.771 personas recuperadas, de las que 9650 correspondían a las últimas 24 hs. Según el último informe, las camas de Unidades de Terapia Intensiva (UTI) ocupadas en todo el país ascienden a 2.962. Así, el porcentaje de ocupación a nivel nacional es de 60,4%, mientras que en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se eleva a 68,5%. Desde el reporte emitido esta mañana que dio cuenta de la muerte de 58 personas, esta tarde se notificaron otros 57 decesos en una decena de provincias. Del total, 38 son hombres, 18 residentes en la provincia de Buenos Aires, 5 en Capital Federal (CABA), 2 en Chaco, 4 en Córdoba, 2 Mendoza, 2 en Salta, 2 en San Juan, 1 en Santa Fe, 1 en Tierra del Fuego y 1 en Tucumán. A estos se les suman 19 mujeres, 6 residentes en la provincia de Buenos Aires, 4 en CABA, 1 en Chaco, 2 en Córdoba, 3 en San Juan, 2 en Santa Fe y 1 en Tierra del Fuego. Con los números del informe del día anterior, se señalaba que con 3.093 casos, la Argentina contaba casi el 5% del total de casos en UTI del mundo, que acumulaba 60.882. El ranking lo encabezaba Estados Unidos, con 14.347 casos, seguido de India, con 8.944, Brasil, con 8.318, e Irán, con 3.768. Y se afirmaba que, a diferencia de esos cuatro primeros lugares, donde la curva de casos ya comenzó a bajar, en la Argentina aún no se ve un retroceso del virus. Si bien los infectados por el virus SARS-CoV-2 habían sumado casi mil pacientes en las últimas dos semanas, el porcentaje de ocupación de camas UTI en el país se mantiene relativamente estable. La alta cifra argentina se explica, entre otros factores, por el alto número de casos activos: personas que aún cursan la enfermedad. En la actualidad, en el país 114.728 personas aún están infectadas. Si se tiene en cuenta las estadísticas globales del virus, que detallan que entre el 2 y el 3% de los casos necesitarán internación en una UTI, el país está dentro de los márgenes esperables, con un 2,7% del total de casos activos. «Mientras no se estabilice y comience a bajar el número de casos en el país, las internaciones en terapia intensiva van a seguir subiendo», dice Eduardo López, médico infectólogo y jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, que agregó: «Es fundamental que se comiencen a aplicar sistemas de rastreo y bloqueo de casos como el Detectar en las zonas del interior del país donde se están produciendo ahora los brotes». Como dijimos hace algunos días, la situación regional en cuanto a casos como porcentaje de la población era otra a mediados de agosto: Argentina no estaba en el 4° sino en el 7° lugar en cuanto a su tasa de incidencia y la tasa mundial de nuevos contagios por millón de habitantes la encabezaba Perú, ahora dos puestos debajo nuestro, con 192 nuevos casos por día. En el medio está Costa Rica, con 204. Sigue Brasil, con 186; España, con 181; Montenegro, con 175. Este lamentable “top 10” se completa con la pequeña Andorra y sus 168 nuevos casos diarios por millón de habitantes. Las preguntas que surgen naturalmente son ¿qué se hizo mal? y ¿qué puede hacerse? Y las respuestas inevitables son insatisfactorias: Nada en especial, a la primera. Nada muy distinto de lo que se esta haciendo, a la segunda. Que no se interprete mal. Los médicos conocen mucho más sobre esta dolencia que hace 6 meses; la infraestructura y los procedimientos sanitarios han mejorado mucho en la mayor parte del país. Y algunos tratamientos, con plasmas, hasta con el común ibuprofeno, ofrecen perspectivas alentadoras. Pero todavía no hay ninguna receta que asegure un mejoramiento rápido de los pacientes graves, ni aquí ni en el resto del mundo. Salvo algún desarrollo inesperado e imprevisible, tendremos que esperar hasta que se confirme la eficacia de algunas de las vacunas que se están ensayando. Por ahora, el único recurso que se conoce para minimizar las chances de contagio, es el muy primitivo de la cuarentena. Y seamos francos: no hay motivos para esperar que la cuarentena sea seguida con mayor rigor por la sociedad que lo que ha sido en estos meses. Al contrario. Un sector importante de la sociedad argentina sí la cumple, y toma todas las precauciones. Pero por necesidad o por desaprensión, un sector también numeroso no la está cumpliendo desde hace meses, o la cumple «más o menos». Hablar de la «cuarentena más larga del mundo», sin tener esto en cuenta, es una tontería. Otra tontería es querer mostrar siempre un país -distinto conforme pasan los meses y cambian los números de contagios- donde no hizo falta la cuarentena por «la responsabilidad social». ¿Alguna idea de porqué funcionaría un llamado a la responsabilidad social si no funcionó el «aislamiento obligatorio»? Lo cierto es que la letalidad es baja. Muy baja, salvo entre los ancianos y los que tienen comorbilidades. Y ni siquiera la mala noticia que trajo ayer la Harvard Medicine School, que 1 en 5 de jóvenes hospitalizados por COVID necesitan terapia intensiva, y cuidados continuos aún después de recuperarse, es difícil que cambie las actitudes insertas en la sociedad. Los que tienen fe en una religión, rezarán. Los que tienen fe en la ciencia -que muchas veces también son religiosos- esperarán por la vacuna o el tratamiento eficaz. La respuesta común es una que nuestra sociedad ha tendido a dejar de lado, pero es a la que han recurrido los seres humanos en guerras y catástrofes a lo largo del tiempo: el aguante. Y la esperanza.

A. B. F.

Claver-Carone, el candidato de Trump, fue elegido presidente del BID

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El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) anunció ayer sábado 12 de septiembre que eligió al estadounidense Mauricio Claver-Carone, hasta ahora asesor del presidente Donald Trump, como su presidente para los próximos cinco años. Los 48 gobernadores de la entidad se reunieron en modo remoto para votar el sucesor del colombiano Luis Alberto Moreno -quien concluye su tercer período consecutivo al frente del organismo-, que por primera vez en la historia del BID no será un latinoamericano. Claver-Carone, actual director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, asumirá el 1 de octubre por un período de cinco años, con posibilidad de reelección, Será el quinto presidente en la historia del BID, luego del chileno Felipe Herrera (1960-71), el mexicano Antonio Ortiz Mena (1971-88), el uruguayo Enrique Iglesias (1988-2005) y Moreno (desde 2005). Como presidente estará a cargo de las operaciones del Grupo BID, formado por el propio banco y las divisiones BID Invest (de asistencia al sector privado) y BID Lab (laboratorio de innovación), informó el organismo en un comunicado en su sitio web. El BID no precisó el resultado de la votación -que formalmente es secreta- pero recordó que para ser consagrado presidente, un candidato debe ser votado por la mayoría absoluta de la totalidad de los votos de los 48 países miembros y al menos 15 de los 28 países de la región, incluidos Canadá y Estados Unidos. Fuentes del organismo afirmaron que Claver-Carone recibió 30 votos de gobernadores (así se llama a los miembros del directorio del BID) y 23 de países de la región, según la agencia de noticias AFP. Otra fuente diplomática dijo que se registraron 16 abstenciones. La asamblea iba a realizarse en mayo pasado en Barranquilla, Colombia, pero fue aplazada debido a la pandemia de coronavirus. “Esta victoria es para Latinoamérica y el Caribe”, dijo Claver-Carone en un comunicado enviado a la agencia Efe poco después de su elección. Por su parte, el Gobierno argentino también emitió ayer un comunicado en el que celebró la decisión de los 16 países que optaron por la abstención en la elección de autoridades. Nuestro gobierno había anunciado que se abstendría, habiendo retirado a su candidato, el Secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Béliz. La postura de abstención habría sumado el 31,23% de los votos emitidos, los de Argentina, Chile, México, Perú y Trinidad y Tobago, más los países de la Unión Europea, lo que representó un total de 16 países en la misma posición. Claver Carone, único candidato, obtuvo 30 votos de 23 países, en su mayoría latinoamericanos, incluidos los otros socios del Mercosur, Brasil, Uruguay y Paraguay. En ese mismo comunicado el gobierno argentino saludó a Mauricio Claver Carone, en su elección: «Nuestro país, como socio relevante y estratégico del BID, continuará bregando por una agenda de inclusión social y desarrollo humano sostenible de la institución, que exprese los intereses de América Latina y el Caribe».

Perfil de Mauricio Claver-Carone:

Es un abogado de 45 años, nacido en Miami de padre español y madre cubana, y criado en Madrid. Ha llegado a ser una figura importante de la comunidad cubano-estadounidense en Florida y en Washington, a tal punto que cofundó uno de los comités de acción política anticastristas más influyetes de Estados Unidos. Duro crítico del descongelamiento de la relación con Cuba impulsado en 2014 por el entonces presidente Barack Obama, se sumó al equipo de Trump durante la transición previa a la asunción y se convirtió en su hombre de confianza para la política de Washington frente a América latina. “La región tiene una Venezuela y una Cuba, pero también tiene una mayoría abrumadora de países que son democráticos; la manera de evitar repetir lo que pasó en Venezuela es asegurarse de que haya crecimiento económico”, sostuvo en una reciente entrevista con el diario The Miami Herald, al explicar cuáles serán sus objetivos al frente del BID. Los principales medios estadounidenses lo señalan como uno de los mayores defensores de la política de presión -sanciones económicas, imputaciones penales y apoyo a un gobierno opositor paralelo- contra el presidente venezolano Nicolás Maduro. Como hombre de Trump para la región, Claver-Carone recorrió el continente y estableció relaciones y contactos, que demostraron ser beneficiosos para su candidatura al BID. En la Argentina, el gobierno lo recuerda especialmente por el desplante diplomático que protagonizó el día de la asunción del presidente Alberto Fernández, en diciembre pasado, cuando se retiró sorpresivamente de una ceremonia. Explicó que lo había hecho porque en el mismo sitio se encontraba el entonces ministro de Comunicación e Información de Venezuela, Jorge Rodríguez, uno de los funcionarios de Maduro sancionados por Washington. Poco después volvió a confrontar al gobierno argentino: “Queremos saber si Alberto Fernández va a ser un abogado de la democracia en la región o apologista de las dictaduras y caudillos de la región, sean Maduro, (Rafael) Correa o (Evo) Morales”, dijo en conferencia de prensa y criticó la decisión del gobierno argentino de recibir al ex mandatario boliviano.

UNTREF: Presente y futuro de la energía nuclear

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Seminario Internacional

Presente y futuro de la energía nuclear en un mundo en cambio

Lanzamiento del Programa de Estudios de Energía Nuclear e Innovación (PROGENI – UNTREF), un ámbito dedicado a abordar este extenso campo desde todas sus aristas problemáticas, con una mirada académica y buscando incidir en las políticas públicas. En cuatro encuentros semanales, y con la participación de profesionales y expertos internacionales, se debatirán temas como cambio climático, innovación tecnológica y licencia social.
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Fecha y Lugar

Miércoles 23 y 30 de septiembre y 7 y 14 de octubre de 2020* – de 12:00 a 13:30 hs.

Actividad no arancelada
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Organiza: Centro Interdisciplinario de Estudios Avanzados (CIEA UNTREF)
   Inscripción                                      Programa
*Algunas exposiciones serán en inglés.
Universidad Nacional de Tres de Febrero untrefeduar2016.png
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Un test del INTI permite detectar pérdidas de olfato y adelantarse al coronavirus

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Sirve para alertar en forma temprana ya que el 50% de las personas con COVID-19 dejan de percibir olores. En el 11% de los casos es el primer síntoma.
Para sumar una nueva herramienta y poder detectar en forma prematura posibles portadores de coronavirus, un equipo del INTI -en colaboración con médicos especialistas en olfato– puso a punto un kit y un protocolo de pruebas de uso simple y adaptado a la “cultura” de olores “argentinos”. Este dispositivo puede ser usado para ayudar a identificar con certeza a personas que perdieron el olfato y sugerirles el aislamiento preventivo mientras esperan las horas necesarias para someterse al hisopado y la PCR. “Nuestra idea era tener algo que nos hiciera ganar tiempo y seguridad para ciertos casos en los que la gente puede no haberse dado cuenta de que perdió la capacidad de oler en forma repentina”, explicó Patricia Portillo Mazal, otorrinolaringóloga del Hospital Italiano y una de las responsables del desarrollo de “Olfatest”, el kit que permite detectar, en menos de dos minutos, estas situaciones. Según esta experta se sabe desde hace tiempo que muchos virus causan pérdida de olfato. Cuando el responsable es el SARS-CoV-2 la situación es diferente de la causada por gripe o resfrío: en el coronavirus no suele estar acompañada de congestión, tos o mocos. ¿Para qué usar esta característica clínica? “Es una idea interesante porque, en promedio, el 50% de las personas con COVID-19 sufren pérdida de olfato y -en el 11% de los casos- es el primero de los síntomas: aparece incluso antes que la tos o la fiebre”, agregó Portillo Mazal. “Por eso se puede aprovechar este síntoma, que es temprano y prevalente, y -si se comprueba fehacientemente usando el Olfatest– se puede indicar aislamiento para prevenir contagios, mientras se espera si surgen otros rasgos o llega la indicación de hisopar”. Tras la validación, la medición del test ya alcanza el 94% de confiabilidad. Puede parecer extraño que sea necesario un test para chequear que una persona perdió un sentido. Pero según Portillo Mazal, “es un síntoma realmente llamativo y su aparición -hoy por hoy- puede llevar a que la gente consulte, a diferencia de lo que ocurre si siente una febrícula o tiene diarrea”.
TRAS LA VALIDACIÓN, LA MEDICIÓN DEL TEST YA ALCANZA EL 94% DE CONFIABILIDAD
La idea de este kit, cuyo funcionamiento ya fue validado ante cientos de pacientes y está en proceso de transferencia tecnológica para su comercialización, es que sea utilizado para -por ejemplo- facilitar el control cotidiano en ámbitos laborales, tal como hoy se hace tomando la temperatura a los ingresantes a una oficina o comercio. “Lo diseñamos para hacer monitoreo y para evitar nuevos contagios entre el personal de instituciones, centros de salud, empresas o comercios” detalló Fernando Pino, jefe del Departamento de Vida Útil y Análisis Sensorial en el INTI. Y agregó: “La evaluación del olfato con fines médicos es algo que existe en el mundo desde hace años. Por ejemplo, para el diagnóstico de enfermedades neurológicas complejas. Pero en abril pensamos como podíamos adaptar la metodología para Covid y obtener un test nacional, más económico, que sea seguro para el personal que lo toma y simple de tomar, sin necesidad de entrenamiento”. Básicamente, consiste en el uso de tiras de pruebas de perfume sobre las que se vuelcan unas gotas de fragancias químicas. Luego de oler ese papel la persona debe responder entre cuatro opciones. “Por ejemplo, se le pregunta: ¿siente olor a jamón, flan, naranja o yerba? Se repiten tres pruebas de este estilo y -en función de los resultados, correctos o no-, se pueden utilizar otras esencias hasta, finalmente, determinar con certeza si la persona tiene o perdió el olfato”. Según Portillo Mazal, luego de las evaluaciones y validaciones que hicieron durante dos meses con pacientes en la Universidad de Quilmes, esta medición alcanza hoy un 94% de confiabilidad.
Pino explicó que ahora que el kit ya probó su funcionamiento efectivo, el INTI fabricará 30 dispositivos y los distribuirá para hacer pruebas masivas. “Cada unidad permite testear entre quinientas y mil personas. Y luego vamos a transferir la tecnología a alguna empresa interesada para que lo fabrique en serie y ayudar a simplificar los controles preventivos”.

Otras cartas en la manga

En los seis meses de pandemia, el INTI completó varios desarrollos y dispositivos para ayudar al manejo de la emergencia. “Entre los aportes de los tecnólogos del INTI hubo desarrollos importantes como el diseño y construcción de un equipo de ventilación asistida para la terapia intensiva, en conjunto con varias Pymes locales. También trabajamos para poner a punto otras partes de equipos que se usan en el diagnóstico rápido de la presencia del virus”, le dijo el doctor Ruben Geneyro, presidente del INTI. Y agregó: “siempre con la idea de sustituir importaciones”. Por otra parte, los expertos en materia textil aportaron su know how para testear y aprobar el super-barbijo. Y, en los próximos tres meses, esperan tener ya listos dos nuevos recubrimientos y materiales para elaborar telas con capacidades antivirales. “Serán géneros que podrán ser comercializados por las empresas fabricantes y usados para elaborar barbijos, cofias y camisolines, por ejemplo”, adelantó Geneyro.
 

AstraZeneca anunció que retoma las pruebas de la vacuna contra el coronavirus

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El gigante farmacéutico AstraZeneca y la Universidad de Oxford reanudaron los ensayos para la vacuna contra el nuevo coronavirus tras suspenderlos ante la sospecha de reacción adversa grave, por la detección de mielitis transversa en un participante en Gran Bretaña. (ver esa noticia aquí). «Los ensayos clínicos para la vacuna contra el coronavirus AstraZeneca Oxford, AZD1222, se reanudaron en el Reino Unido tras la confirmación por parte de la Autoridad Reguladora de la Salud de Medicamentos (MHRA, por sus siglas en inglés) de que era seguro hacerlo», comunicó hoy sábado el laboratorio a través de un comunicado. «A nivel mundial unos 18.000 individuos fueron inoculados con vacunas experimentales dentro del programa de pruebas», dice la universidad en un comunicado. «En programas tan amplios como este es habitual que en algunos de los participantes se encuentren dolencias. Cada caso debe ser cuidadosamente evaluado para garantizar la seguridad», continúa el texto, que no concreta el día específico de reanudación de las pruebas. Desde AstraZeneca anunciaron el pasado martes que habían decidido pausar el ensayo de la vacuna que desarrollan contra el Covid-19, debido a la aparición de «una enfermedad potencialmente inexplicable» en uno de los participantes del mismo, un accionar que en la compañía describieron como «rutinario». El laboratorio tiene ya contratos suscritos con Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Europea para el suministro de dosis de su vacuna, una vez que concluya la fase de pruebas. También, producirá en la Argentina la vacuna diseñada por la Universidad de Oxford para combatir el virus SARS-CoV-2, que será distribuida junto a México en toda América Latina.

«La Hidrovía Paraná-Paraguay, un recurso extraordinario de la geografía, se transformó en una fuente de pérdidas»

Reproducimos esta columna de opinión -con la que estamos de acuerdo- de Julio González Insfrán, secretario General del Centro de Patrones y Oficiales Fluviales de Pesca y Cabotaje Marítimo: «En las últimas semanas, como parte de las primeras medidas oficiales para reactivar la economía de cara a la salida de esta horrible pandemia, se volvió noticia la Hidrovía Paraná-Paraguay. El Estado nacional y siete provincias conformaron una empresa para administrar este recurso clave -una suerte de enorme «autopista de agua» cuyo 50% corre íntegramente por territorio argentino, y por donde circula hacia el resto del mundo la producción de cinco naciones-, y el Ministerio de Transporte creó un gabinete con la participación de todos los actores -sindicatos, empresas, profesionales, funcionarios- vinculados al sector. Este es un gesto político decisivo por el que varias fuerzas nacionales, ligadas tanto al capital como al trabajo, vienen bregando pacientemente desde hace años. Por eso es importante comprender por qué los argentinos -sea cual fuere nuestra actividad y nuestro color político- no deberíamos dejar de prestarle atención. La Hidrovía Paraná-Paraguay ha sido uno de los más claros ejemplos de cómo un recurso privilegiado de la geografía, capaz de conferir extraordinarias ventajas económicas (tal como ocurre en los países que han sabido aprovechar sus ríos), puede transformarse en una fuente de pérdidas a causa de malas -o nulas- políticas de Estado. Con diversos matices a lo largo de las últimas cuatro décadas, el régimen impositivo y legal argentino ha favorecido sistemáticamente a las empresas transportistas extranjeras que se adueñaron del negocio del flete en toda la cuenca fluvial y en el sector de ultramar. Nuestro país hoy exporta unos 14 millones de toneladas sólo en granos -un volumen que pocos países del mundo producen-, pero ninguna empresa argentina, ni pública ni privada, participa del transporte de esa carga. Ni en la exportación, ni en el tráfico de cabotaje desde el interior hacia los puertos de ultramar. Esto, según nuestros cálculos, representa 3.400 millones de dólares anuales de pérdida -en un país donde la falta de divisas es un problema capital- a manos de las empresas transnacionales que han conseguido hacerse cargo del negocio del transporte fluvial y marítimo. Entre otras prebendas, estas compañías operan en aguas locales con tripulaciones menos capacitadas que las locales, pagan menos impuestos que un buque de bandera argentina y cargan combustible en nuestros puertos por un precio 35% menor. Esta es la razón por la que la Argentina prácticamente no tiene buques de carga propios -con suerte llegan al 2% del total-, y por la que la poderosa industria naval que en algún momento de su historia el país supo conseguir, con astilleros estatales como Tandanor y Río Santiago, más excelentes astilleros privados, pelea por su subsistencia. Una flota mercante de bandera y una industria naval pujante conforman un sistema estratégico para la economía, porque tienen el poder de generar clusters de industrias proveedoras con productos de alto valor agregado y puestos de trabajo altamente calificados. Esta llave estratégica forma parte de las oportunidades perdidas a lo largo de estas décadas por la Argentina. Teniendo en vista las ventajas que la cuenca fluvial representa para las economías regionales, cinco naciones –Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia- firmaron en 1994 el Tratado Internacional de la Hidrovía, con el objetivo de explotar equilibrada y responsablemente este recurso en beneficio de sus pueblos. Pero Argentina lo desaprovechó, y ese desaprovechamiento terminó convirtiendo la ventaja en un problema grave. Además de desincentivar el transporte fluvial de carga, se respondió al crecimiento de los volúmenes de producción con una estructura logística irracional, donde el 85% es transportado en camiones, un medio por lejos menos eficiente (y más contaminante) que los buques y los ferrocarriles. En lugar de diseñar un sistema de transporte multimodal, aprovechando las ventajas relativas que cada medio ofrece para cada uso y región, se invirtió en rutas y también -porque el Tratado lo exigía- en el mantenimiento de la Hidrovía, pero sólo para garantizarle la explotación del recurso a las multinacionales. Como resultado, a los productores del norte argentino se les hace más costoso transportar la carga que generan para exportación hasta un puerto de ultramar, como Rosario, que lo que cuesta el flete desde Rosario hasta el puerto de Rotterdam, en Holanda. La estructura logística es un factor determinante en la competitividad de una economía, y en la Argentina este factor no parece haber sido tenido en cuenta. Hasta aquí, la historia del problema; pero la posible solución también tiene su historia. En 2013, el Centro de Patrones y Oficiales Fluviales y otros sindicatos nucleados en la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval Argentina iniciaron una gestión por la recuperación de la marina mercante y la industria naval, con una clara visión del potencial de este sector para generar 20.000 nuevas fuentes de trabajo. En este movimiento fueron incluyendo poco a poco a otros sindicatos, cámaras empresarias, profesionales, instituciones y dirigentes de todo el arco político. La movida logró trascender la coyuntura política e incluso sobrevivió a varias divergencias entre distintos intereses. El objetivo era generar un nuevo marco legal y regulatorio con el consenso más amplio posible, para suprimir las asimetrías que -hasta el día de hoy- hacen prácticamente inviable mantener un buque navegando bajo bandera argentina. Las ventajas, si se lograba, eran claras. Hoy el transporte fluvial de gran porte se realiza con remolcadores de empuje guiando convoyes de barcazas con capacidad de cargar 40.000 toneladas en un solo viaje. Con una flota de 50 unidades de este tipo el sector de comercio exterior ahorra el 30% de lo que hoy son pérdidas en concepto de flete, y los productores argentinos ganarían competitividad. La fabricación de un convoy de este tipo representa 175.000 horas hombre de trabajo calificado para los astilleros nacionales. En el sector de ultramar, con que apenas un 10% de los buques que retiran carga de exportación en el puerto de Rosario lo hagan bajo bandera argentina, la economía nacional ganaría 1.200 millones en divisas genuinas. Y esto no requiere -como podría pensarse- de una inversión millonaria del Estado: basta apenas -y nada menos- con una decisión de política fiscal que, en lugar de establecer prebendas, favorezca la industria, el comercio, la producción y el trabajo de los argentinos, con sentido federal. Una simple decisión política inteligente -y patriótica, hay que decirlo- podría permitirle al Estado argentino cuidar las inversiones privadas en el sector e inclinar la balanza para convertir un gran problema en una gran solución. Al cabo de cinco años de trabajosa gestión, el proyecto de legislación consensuada entre sectores se convirtió en la Ley 27.419, con el voto afirmativo de casi todas las fuerzas políticas incluido el entonces oficialismo, pero el presidente Mauricio Macri vetó las cláusulas relativas a un nuevo régimen impositivo para la marina mercante y el financiamiento de la industria naval por crédito fiscal. Esto significaba atar a la iniciativa de pies y manos: el sistema fiscal argentino impone cargas del 70% a los buques de bandera, cuando en otros países de la Hidrovía, como Paraguay, estas se reducen a la mitad. Pero ni siquiera existe la excusa de que una reducción de esa tasa representaría una pérdida para el fisco, porque el 70% de cero, es cero: la Argentina hoy no tiene buques, y una merma impositiva haría que los tenga y, gracias a eso, permitiría empezar a recaudar. Los anuncios recientes del gobierno nacional vinieron acompañados, además, de la promesa de reglamentar la Ley 27.419 y de restablecer las cláusulas vetadas, y que permitirían resolver de raíz las asimetrías impositivas que traban el desarrollo de la marina mercante y el financiamiento de la industria naval. Funcionarios de Transporte y de Industria manifestaron su interés y apoyo, además, a un proyecto de diseño y construcción de remolcadores de empuje propulsados a GNL en astilleros argentinos. Esta tecnología, que es el estándar en la navegación fluvial en Europa por sus características económicas y ecológicas, permitiría ahorros del orden del 70% en el costo del flete, mejorando drásticamente la competitividad de los productores argentinos y brindándole al país, adicionalmente, la posibilidad de convertirse en proveedor de este combustible no tradicional para el mercado naviero internacional. Hay movidas estratégicas que cambian la relación de fuerzas en el tablero. La conformación de una flota mercante de bandera puede traccionar un círculo virtuoso impulsor de la industria -poniendo en marcha las capacidades ociosas de la industria naval- y del comercio internacional, poniendo al alcance de los productores locales una herramienta valiosísima para la competitividad y el acceso a nuevos mercados. La decisión política, esta vez, parece tomada, y es fundamental que se siga en ese rumbo.»

La ANAC confía que vuelvan los vuelos en octubre, pero en las provincias con brotes de COVID tienen dudas

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La titular de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC)Paola Tamburelli, dijo el jueves que «para las autoridades aeronáuticas es prioridad el retorno de la actividad aérea«, prevista a partir de octubre, y anticipó que se iban a «limar los últimos detalles del protocolo unificado» que luego será presentado ante las autoridades sanitarias para su aprobación. Y en una reunión virtual con la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA) y en el que participaron funcionarios y representantes de líneas aéreas y aeropuertos del país se afirmó “Las líneas aéreas están prontas para volar. Cumplen con las medidas dispuestas por todos los organismos y autoridades y confirman el mensaje de que volar es seguro”. Pero la decisión oficial de avanzar con el retorno de los vuelos en octubre aún tiene varios obstáculos por sortear antes de volverse una realidad. Más allá de la luz verde emitida por los ministerios de Transporte y Salud, la decisión de habilitar los despegues ahora depende tanto del presidente Alberto Fernández como de los gobernadores de las provincias destino. Y ellos son los que todavía, en su gran mayoría, se muestran reticentes a la reapertura de los vuelos de cabotaje. En tanto el Covid-19 exhibe circulación comunitaria en 14 provincias del interior, el grueso de los mandatarios mantiene silencio respecto de la intención nacional de reactivar la actividad aerocomercial. «Hay que ver qué gobernador quiere que entren aviones a las provincias», se sinceró una fuente oficial. «Transporte trabajó fuerte en los protocolos para los pasajeros, para aeronáuticos, navales y terrestres. Esto se presentó al Ministerio de Salud con fechas tentativas y se dio la aprobación. Siempre pensando en octubre, como es la intención que reconoció Mario Meoni. Pero dependerá de que los gobernadores acepten vuelos y micros», añadió. Se afirma -sin que ningún funcionario lo diga «on the record»- que si bien los números hoy son dramáticos -entre 9.000 y 10.000 casos diarios en las últimas semanas-, este promedio actual no impediría el retorno de la actividad de cabotaje a partir del mes próximo. «Pero si los números empeoran será difícil que se reactiven, si se mantienen o bajan entonces la señal será buena», indicó una fuente del área que no deseaba que se publique su nombre También dependería de esa decisión el destino inmediato del aeropuerto de El Palomar, que «de momento está operativo». Desde JetSmart se afirmó: «No se ha recibido ninguna notificación contraria a poder volar desde El Palomar si hay habilitación de vuelos en octubre». Portavoces de Flybondi, la otra aerolínea que opera en Morón, también destacaron la ausencia de impedimentos oficiales para despegar y aterrizar en dicho aeropuerto. «De hecho, hoy estamos volando charters desde El Palomar», puntualizaron. Aparentemente, quedaría desterrada la opción planteada a mediados de la cuarentena de promover el traslado de las «low cost» al aeropuerto de Ezeiza.

El Ministerio de Desarrollo Productivo financia una plataforma en el Malbrán para la lucha contra el COVID-19

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El Ministerio de Desarrollo Productivo otorgó un subsidio de 10 millones de pesos, a través del Ministerio de Salud, para la puesta en marcha en el ANLIS-Malbrán de un laboratorio de evaluación, investigación y testeo de tecnologías sanitarias que previenen la transmisión del COVID-19, en el marco de la política de fortalecimiento de las capacidades científico-tecnológicas ante la pandemia.
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El proyecto de la dirección Científico-Técnica del ANLIS-Malbrán y de la Unidad Operativa Centro de Contención Biológica (UOCCB), se financiará con un aporte no reembolsable de 9.878.791 millones de pesos del Ministerio de Desarrollo Productivo para la concreción de una plataforma que concentre la investigación, desarrollo, innovación y evaluación eficaz de nuevas soluciones tecnológicas, que incluyen dispositivos, estrategias técnicas, protocolos, métodos y sistemas -tanto in vivo, como in vitro-, bajo las condiciones de contención biológica Nivel 3.
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Específicamente, la plataforma servirá para evaluar la actividad virucida -es decir que mata o es capaz de matar los virus- de distintos agentes físicos y químicos como la luz ultravioleta, el ozono y compuestos químicos como sales de amonio cuaternarias, entre otros, sobre distintas superficies materiales, tanto porosas como impermeables, frente a cultivos virales de COVID-19 en condiciones nativas y posterior cultivo en células.
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La Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud-Malbrán es la única institución pública del país que cuenta con un edificio inteligente con laboratorios de seguridad biológica BSL3 y BSL3A. Tiene la capacidad de manejo de muestras de Nivel 4, gracias a que cuenta con una cabina clase 3, cascada de presión negativa por termomecánica equipada con filtros HEPA, destructor térmico para tratamiento de residuos líquidos y puertas herméticas, autoclaves de frontera y sistemas redundantes para asegurar contención biológica.
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«Lo peor está por venir»: prevén la llegada de peores desastres climáticos

En la línea editorial de AgendAR procuramos evitar el catastrofismo sensacionalista. Pero las catástrofes ocurren. Y el razonamiento de Pascal sugiere que hay que tomar precauciones contra el peligro cuando es muy grande, aunque las chances sean pocas. Y las chances no lo son en este caso. El consenso casi universal de los climatólogos nos advierte sobre el calentamiento global. Por eso reproducimos esta nota de la AP, aunque se refiere sobre todo a los desastres que están ocurriendo en EE.UU. Es en este mismo planeta, después de todo. Los incendios forestales cubren una superficie récord en California, atizados por una sequía de casi 20 años. Al norte, partes de Oregon que habitualmente no se incendian hoy están en llamas. Mientras tanto, las 16ta y 17ma tormentas tropicales con nombre de la temporada se han formado en el Atlántico, una cifra récord para esta época del año. El poderoso tifón Hishen azotó esta semana Japón y la Península Coreana. El mes pasado, el calor alcanzó 54,4 grados Celsius (130° F) en el Valle de la Muerte, la temperatura más alta en la Tierra en casi un siglo. Phoenix continúa alcanzando temperaturas récord y Colorado pasó de un calor de 32° C (90° F) a nieve esta semana. Siberia, famosa por su clima gélido, alcanzó los 37° C (100° F) hace unas semanas, acompañados por incendios forestales. Antes de eso, Australia y la Amazonía ardieron. En medio de todo esto, el sistema de vientos en línea recta con fuerza de huracán conocido como “derecho” causó daños millonarios en Iowa y pasó casi inadvertido. Los desastres naturales excéntricos —la mayoría de los cuales están relacionados con el cambio climático, de acuerdo con los científicos— parecen ocurrir en todas partes en el loco 2020. Sin embargo, expertos aseguran que probablemente miraremos hacia atrás y diremos que esos eran los días buenos, cuando los desastres no estaban tan desbocados. “Se va a poner mucho peor”, dijo el miércoles la climatóloga Kim Cobb, del Instituto de Tecnología de Georgia. “Lo digo con énfasis porque desafía la imaginación. Y saber eso es lo que asusta siendo una climatóloga en 2020”. El director de ciencias ambientales de la Universidad de Colorado, Waleed Abdalati, ex científico en jefe de la NASA, dijo que la trayectoria de desastres y cambio climático cada vez peores por la quema de carbón, petróleo y gas es clara, y corresponde a la física básica. “Tengo la firme creencia de que vamos a mirar hacia atrás en 10 años, con seguridad en 20 y definitivamente en 50 para decir: ’Vaya, 2020 fue un año desbocado, pero lo extraño”, manifestó Abdalati.
Eso porque lo que está sucediendo ahora es el tipo de alteración climática que los científicos habían pronosticado hace 10 o 20 años.
“Parece que esto es de lo que siempre estuvimos conversando hace una década”, señaló la climatóloga Kathie Dello, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Incluso así, Cobb señaló que la magnitud real de lo que está sucediendo ahora era difícil de comprender entonces. Así como el futuro de los desastres climáticos es difícil de comprender ahora. “Un año como 2020 podría haber sido el tema de una maravillosa película de ciencia ficción en el 2000”, declaró Cobb. “Ahora tenemos que observar y asimilar desastre tras desastre tras desastre en tiempo real, además de la pandemia. El panorama no podría ser más sombrío. Es una perspectiva horripilante”.
“La década de 2030 va a ser notablemente peor que la de 2020”
El decano ambiental de la Universidad de Michigan, el científico climático Jonathan Overpeck, dijo que, en 30 años, debido al cambio climático ya instilado en la atmósfera “tenemos prácticamente garantizado el doble de lo que tenemos ahora”. “Muchas personas quieren responsabilizar al 2020, pero el 2020 no causó esto”, señaló Dello. “Sabemos qué conducta causó el cambio climático”. Hay que considerar el medio ambiente como un motor: “Hemos inyectado más energía al sistema porque hemos atrapado más calor en la atmósfera”, dijo el secretario general de al Organización Meteorológica Mundial, Petteri Taalas. Eso significa más energía para tormentas tropicales y cambios en los patrones de lluvia que causan sequía en algunas partes y lluvias torrenciales en otras, aseguró Taalas. Algunos desastres en el momento no pueden ser directamente vinculados al calentamiento provocado por el hombre, como los vientos llamados “derecho”, señaló Overpeck. Pero mediante la observación del panorama general a lo largo del tiempo se advierte el problema, el cual se reduce a la física básica de la energía calorífica atrapada. “No soy alarmista. No quiero asustar a la gente”, afirmó Abdalati. “Es un problema con tremendas consecuencias y es demasiado importante para no estar en lo correcto. Espero que este año, 2020, lo miremos hacia atrás y digamos que fue lo suficiente loco para motivarnos a actuar sobre el cambio climático en Estados Unidos”.