«Es fundamental que se materialice el Proyecto Tronador III»

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La senadora nacional por Río Negro, Silvina García Larraburu, sumó su voz a quienes, desde diferentes sectores del sistema de ciencia y de tecnología, comenzaron a requerir que el país avance con el proyecto de contar con un lanzador espacial propio. Larraburu preside la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación del Senado de la Nación, y es la autora, junto con la legisladora Silvia Sapag, de un proyecto de financiamiento escalonado del sistema de Ciencia (hoy existen tres), que pretende elevar, por ley, el presupuesto del sector al 2% del Presupuesto Nacional, en 2030. Pero, además, lo significativo es que sus palabras se dan en un contexto en el cual acaba de ingresar al Congreso el Proyecto de Ley de Presupuesto, en cuyo avance el Gobierno declaró «primordial» la inversión en ciencia y tecnología, para «revertir la tendencia a la disminución presupuestaria del sector». En una reciente columna de opinión, Larraburu consideró «la Ciencia y la Tecnología vuelve a posicionarse como política de Estado» y que en este marco, «el Plan Espacial Nacional ocupa un lugar preponderante». Por eso consideró que «a fin de completar el ciclo de la tecnología satelital, es fundamental que se materialice el Proyecto Tronador III y contar con un lanzador propio que garantice la soberanía plena en un área geoestratégica». De esta manera, la legisladora nacional se sumó a voces como la de Raúl Kulichevsky, Director Ejecutivo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, Marcos Actis, director del Centro Tecnológico Aeorespacial e integrante del directorio de la CONAE, el ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza y el Gerente de Proyectos Espaciales de INVAP, quienes afirmaron que es necesario avanzar con esta iniciativa. Reproducimos a continuación la columna de García Larraburu: «Estamos construyendo la Argentina del futuro. Un país en donde la Ciencia y la Tecnología vuelve a posicionarse como política de Estado, bajo la premisa que el crecimiento nacional sólo es posible si introducimos conocimiento y valor agregado local. En este marco, el Plan Espacial Nacional ocupa un lugar preponderante. Muestra de ello es la reciente puesta en órbita del SAOCOM 1B. Junto a Japón somos las únicas naciones que actualmente poseen satélites con un radar que opera en banda L, que brinda nueva información sobre nuestros recursos naturales y permite optimizar el desarrollo productivo nacional, como también aporta datos para la gestión de emergencias y el control de nuestras fronteras, entre muchas otras utilidades. A fin de completar el ciclo de la tecnología satelital, es fundamental que se materialice el Proyecto Tronador III y contar con un lanzador propio que garantice la soberanía plena en un área geoestratégica. De esta manera, el país dará un paso decisivo en el dominio de la tecnología espacial, y en particular dentro del programa Arquitectura Segmentada y se podrá poner en órbita desde Argentina a una nueva generación de satélites, de diferentes tamaños, que conformen asimismo constelaciones propias. Además, posibilitará un círculo virtuoso de crecimiento de las empresas del sector espacial argentino y de generación de nuevas empresas de base tecnológica que podrían ingresar en mercados internacionales espaciales y no espaciales con grandes capacidades competitivas. Esto implica, también, incrementar la sinergia entre nuestro sistema científico-tecnológico- con el productivo. El proyecto del lanzador ya se encontraba en la hoja de ruta del primer Plan Espacial Nacional. Hace 26 años, con ritmos divergentes, el país avanza en su capacidad de acceso al espacio. Un paso contundente se produjo en 2007 cuando se concretó la puesta en funciones de VENG S.A, una empresa que tiene hoy a la CONAE como su accionista principal, pero que cuenta con la posibilidad de incorporar accionistas del sector científico-tecnológico nacional, tanto públicos como privados. La misma fue concebida para la fabricación de vehículos lanzadores. Actualmente se está ejecutando el programa ISCUL (Inyector Satelital de Cargas Útiles Livianas), que comprende el desarrollo del Vehículo Lanzador Tronador III, con capacidad de situar en órbita a satélites de hasta 1000 kg. Además de VENG, en el proyecto están involucradas varias Universidades Nacionales, INVAP y distintas empresas privadas de tecnología. En los centros espaciales CETT y CEPI, se dispusieron un conjunto de facilidades con el objeto de fabricar prototipos y el equipamiento necesario. Además, se emplazaron bancos de ensayos para motores de propulsión de primer nivel. La CONAE nos informa que el desarrollo del vehículo se encuentra avanzado en un 55%. El equipamiento y facilidades para su producción en el 80%; la infraestructura de tierra que posibilitará el seguimiento, telemetría y control en un 85% y aquella que da soporte al lanzamiento en un 40%. Por otra parte, ya se está trabajando en otro vehículo lanzador de cargas livianas, el VLE. El mismo tiene un 40% de avance y cuando se concrete, le permitirá a Argentina posicionarse en el corto plazo en el segmento de los micro lanzadores. Como país debemos fijar prioridades, y en materia de Ciencia y Tecnología estos proyectos son urgentes. El mes pasado en el Senado recibimos al Doctor Conrado Franco Varotto, físico especializado en tecnología nuclear y espacial, fundador de INVAP y actual asesor de la CONAE. Él nos explicaba que en Naciones Unidas se está trabajando en la sustentabilidad del espacio exterior y esto podría derivar en un equivalente al Tratado de No Proliferación Nuclear. Corremos el riesgo de que en ese futuro “Tratado de No Proliferación Espacial” sólo queden incluidos, sin grandes limitaciones, los países con capacidad de lanzar. Con todos los esfuerzos realizados en la materia, Argentina no puede darse el lujo de perder el lugar geoestratégico que ha conseguido
Silvina García Larraburu, presidenta de la Comisión de Ciencia del Senado

Plasmas anti COVID – Decisiones políticas vs decisiones científicas – 3ra. parte

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(La primera parte de este artículo está aquí; la segunda, aquí)
  1. Dos ramas significa números claros
En los tres primeros estudios (el coordinado por el Italiano, el del Hospital Militar y el del CEMIC) los enfermos con Covid-19 se distribuyen al azar en dos ramas: el grupo que recibe plasmas reales y el grupo de control, al que se suministra algún placebo difícil de diferenciar del plasma. Los enfermos participan con consentimiento informado y firmado (por ellos, si están conscientes, o por sus familiares, en caso contrario). Como sea, quien pone la firma sabe de las chances de caer en una rama u otra por sorteo. Para ir a fondo con la prolijidad, hay doble enmascaramiento. Así como el enfermo ignora si le inyectaron plasma o una solución salina, eso corre también para los médicos tratantes. La información es accesible a todos sólo a fecha de término. Si en alguno de las revisiones intermedias a cargo de los supervisores surge que el desempeño de la rama que recibe verdaderos plasmas es significativamente mejor que el del grupo control, el Comité de Ética lo interrumpe, y ambas ramas se unifican: plasmas para todos los participantes. En tales casos también se descorcha champagne, al menos en las películas. Pero como la biología no es Netflix, si las diferencias son casi nulas, el estudio sigue hasta la fecha prevista de conclusión, para refinar los números. En el Covid-19 el desenlace (mejoría o muerte) suele ser relativamente rápido (ojo, empiezan a aparecer excepciones, y todavía son raras). Por ello, todos estos estudios durarán apenas meses, algo poco habitual en la investigación clínica. Este complejo sistema se llama indistintamente “aleatorizado”, o “a doble ciego” o simplemente “controlado” y permite filtrar de los resultados el efecto psicológico que causa cualquier posible “game changer”. Y es que la esperanza también cura: en este caso, la hay en iguales dosis para ambas ramas, aunque diluída en una dosis equivalente de incertidumbre: ningún participante sabe si recibió plasma o una solución salina. Afirmado y firmado: los plasmas han sido, “ab initio”, recursos de crisis a falta de mejores terapias. Y si no están formulados como medicamentos, resultan demasiado primitivos como para fundar buenos experimentos: la respuesta de anticuerpos de Pepe es individual, jamás idéntica a la de Pancho, aunque ambos se hayan enfermado del mismo virus. La formulación de los plasmas a estado final de medicamento homogéno en cuanto a tipo y concentración de anticuerpos se obtiene “pooleando” sangre de decenas y preferiblemente centenares de curados. La pureza y concentración idénticas en cada dosis dependen de sucesivos y laboriosos procesos de filtrado en múltiples columnas. Todo esto es mucho más trabajoso, artesanal y caro que la vieja farmacología de síntesis química de moléculas. Pero si uno tiene tiempo y recursos, la sangre es sólo una materia prima difícil de conseguir, y el producto final, un medicamento tan predecible como una aspirina. En este caso es un líquido transparente amarillento en una ampollita o bolsita, pero cada una contiene los mismos anticuerpos y en la misma concentración invariable, preferiblemente muy alta. Sólo así puede el uso de la primer ampolla y de la número 100.000 dar resultados comparables. El doble ciego es casi imposible de obviar porque los plasmas hicieron enorme diferencia en algunas enfermedades virales emergentes: fue el caso inolvidable – y ya mencionado- de la fiebre hemorrágica argentina, identificada en 1958. Pero en otras virosis recientes (como el Ebola, descubierto en 1976 en África Subsahariana) o el SARS (2003), no sirvieron de nada. Y los resultados de su uso en virosis respiratorias recientes a coronavirus, como el SARS y el MERS, son inconcluyentes. Cuanto mayor es el grupo de pacientes y más prolongado es un estudio controlado, más fiables son los resultados y más factibles de devenir en herramientas de decisión de la salud pública. El Dr. Fernando Polack cree que la principal víctima del Covid es el rigor científico. Aunque las conclusiones resulten sorpresivas y más bien deprimentes (el caso del Ebola), una vez publicadas es difícil desacatarlas hasta que no surja otro estudio equivalente en tamaño, duración y calidad que así lo aconseje. Los estudios controlados hacen la diferencia entre la medicina basada en la evidencia y el “me parece”. Lo único mejor que un estudio controlado es un estudio controlado GRANDE. Y lo único mejor que un estudio controlado grande es uno que además logró sobrevivir al examen despiadado de un comité de referato formado por pares de quienes firman. Y lo único mejor que eso, es que los pares estén en distintos países, de modo que en su decisión no prime el interés personal o nacional. Esto es lo que sucede en un mundo perfecto. En el mundo real y en el caos de la pandemia, la realidad es otra, como dice nuestro virólogo Fernando Polack aquí. Los estudios controlados se vuelven especialmente informativos cuando su tamaño permite que las dos ramas estén además divididas en subgrupos por dosis recibida, sexo, edad, ocupación, estado clínico y otras subcategorías. En un “trial” prolijo, se estandariza hasta el grado de respuesta clínica. Es el caso del testeo de plasma equino de Immunova, donde se considera una escala objetiva de 8 grados de compromiso clínico, y sólo se habla de efecto curativo si el paciente asciende al menos 2 escalones. Hay que llegar a cifras duras e incontrovertibles. Puede parecer que estamos hablando de números y no de personas, pero son números que cuantifican con objetividad nuestra capacidad de salvar –o no- a las personas con tales o cuales medios. Sin estos números, la medicina se vuelve brujería sofisticada, y la salud pública, un barco a la deriva de las corrientes de opinión. Como resulta evidente, un experimento controlado multicéntrico de gran tamaño, en muchos hospitales y con varias subcategorías resulta complejo de coordinar y caro de organizar. Y máxime en un país gigante, de 2,8 millones de km2: ¿cómo hacer para que un suero en la Quiaca y otro en Ushuaia sean idénticos? En la otra punta del arco de credibilidad están los estudios “no controlados” u “observacionales”, en que se toman algunos, o centenares o incluso miles de casos antes y después de tal o cual abordaje. El exceso de este tipo de estudios ha sido el talón de Aquiles de la Clínica Mayo, el NIH y la FDA para poner esas cifras en valor como base de una política de salud. Es de sentido común que si los pacientes tienden a curarse, el remedio (sea el que sea) está funcionando y debe ser bueno. ¿Pero en qué medida se curaron? ¿Con cuáles dosis? ¿Comparando contra qué otro abordaje? ¿Para qué estadíos de la enfermedad fue eficaz la nueva terapia y en cuáles no? ¿Y para qué tipo de pacientes funcionó, según edad, ocupación, estado clínico, etc? Del mismo modo en que algunos contadores “cocinan” los números para disminuir el “tamaño fiscal” de sus clientes, en el caso del EUA de plasmas, la FDA dibujó a lo bestia los datos de 70.000 pacientes estadounidenses que recibieron este tipo de terapia para que las cifras salieran brillantes. Concretamente, la FDA tomó un segmento rarísimo de pacientes: menores de 80 libres de respirador, y receptores de plasmas de alta concentración en anticuerpos activos a sólo 3 días de diagnosticados. Todos los demás, excluídos de la muestra. Los cuándos y los cuántos son preguntas críticas. Pongamos por caso la dexametasona, la mejor droga entre las muchas probadas y descartadas en lo que va de la pandemia. Dásela antes de tiempo a alguien recién contagiado de Covid-19 y le deprimís la inmunidad con la que podría ganar los primeros combates. Dale “dexa” cuando una tormenta de citoquinas le está llenando los alvéolos pulmonares de un hidrogel baboso que el oxígeno, incluso insuflado por un respirador, no logra atravesar, y quizás salves a un 33%. Correcto, “vamos la dexa”. Pero… ¿cuánta? Para saber la mejor dosis por kg., hay que comparar varias distintas. El problema de los estudios observacionales es que no dan esa información capaz de generar políticas de salud consensuadas entre médicos con distinta formación, experiencias diferentes y opiniones total o parcialmente divergentes. Por ello, retrotraen la medicina al más puro “me parece”: al no haber dos ramas, el medicamento o abordaje nuevo se comparan sólo contra sí mismos. En rigor, cuando un medicamento pasa con éxito de las pruebas preliminares (“in vitro” y luego con modelos animales), lo primero que se hace es un estudio de fase 1. Y éste suele ser un test observacional, de una sola rama y con un grupo no muy numeroso, que puede andar entre los 10 a 100 pacientes. Y es que lo que se está midiendo del nuevo medicamento no es tanto la efectividad comparada como la toxicidad. Si es baja o nula y además hay efectividad medible, y supera a otros enfoques considerados terapia estándar, eso va como “bonus” y se pasa más rápido a fase 2. Pero en las fases 2 y 3 rige el más riguroso “doble ciego” y los grupos son numerosos: centenares en 2, miles en una 3. La fase 3 es como la Playa Omaha el día D: gran cantidad de terapias promisorias hasta la fase 2 cae ametrallada por los números, como “Rangers” al pie de aquellos acantilados, sin poder trepar. El licenciamiento está arriba, aunque sin garantías. En el apuro que le imprimió el Covid-19 a la medicina, “el premio gordo”, algunas vacunas se licenciaron por decreto, y más por necesidades políticas o geopolíticas que médicas. El caso de tapa de libro fue la vacuna Sputnik 5 de Rusia. Más allá de que en el mundo real demuestre ser buena, mediocre, mala o quizás excepcionalmente buena, el hecho es que se licenció sin haber hecho una fase 3, como contamos aquí. Con que sea buena nomás, en 2021 y 2022 los rusos se sentirán salvadores de la Humanidad y tan llenos de gloria como para no hacerle reproches al gran propulsor de la Sputnik 5, el presidente vitalicio Vladimir Putin. En la escuela primaria y cuando Ucrania todavía obedecía a Moscú como miembro de la URSS, el niño Vladimir aprendió de memoria aquellos versos épicos inmortales ucranianos del Слово о плъку Игоревѣ, o Slovo o plŭku Ígorevě, aquí en Occidente, el Cantar de la Hueste del Príncipe Igor. Y esos versos dicen: “Y nosotros, la mesnada, teníamos hambre de alegría”. Los presidentes vitalicios no duran en funciones sólo por sus buenos servicios de espionaje. Son muy conscientes del hambre de alegría de la mesnada, es decir de la soldadesca. Recuerdan bien el destino de Nicolae Ceaucescu, presidente rumano desde 1965 hasta 1989, cuando tras 24 años de escasas alegrías para sus mesnadas fue capturado y juzgado en dos horas por su propio ejército, y fusilado con 120 impactos de bala. Xi Xing Ping es otro mandatario que sabe que quien monta un tigre no puede bajarse. China debe remontar el desdoro internacional de haber sido el sitio de origen del Covid y de no haber podido contener el contagio inicial. Y lo está haciendo decentemente: tras aplastar las curvas de contagio domésticas con cuarentenas draconianas, encaró el desarrollo simultáneo de 4 vacunas tecnológicamente distintas. Éstas salieron de brevísimos estudios preliminares a testeos de fase gigantes que mezclaban la 1 con la 2 y la 2 con la 3. Conclusión: China ya tiene dos fórmulas licenciadas “en casa”, la de Sinovac y la de Sinopharm, que además están en testeo de fase 3 en otros países incluido el nuestro. Aquí la vacuna de Sinopharm, sobre la que Agendar publicó esto y esto, se suministra en los centros Vacunar de la prestigiosa Fundación Huésped, de Pedro Cahn. En el exterior, donde cualquier reacción adversa es imposible de silenciar, se mantiene una perfecta prolijidad de doble rama. Y es que China sabe que un licenciamiento propio no convence a nadie en el resto del planeta. También sabe que 300.000 actos vacunatorios con la Sinopharm sin un solo caso de efectos adversos ante nuestros ojos es “too good to be true”. Otra vacuna china en carrera, obra de la firma CanSino y la Academia Militar de Medicina, en un acto de futurología explícita, viene garantizada –dice el fabricante- contra todas las mutaciones del coronavirus. Desde agosto se está poniendo a prueba con voluntarios, personal sanitario del Ejército Popular de Liberación, como narramos aquí. En agosto todavía había suficiente circulación viral en China como para que enfermeros y médicos militares no inyectados pudieran hacer de grupo control, simplemente por ser una comunidad de muy alto riesgo y convivir en los mismos espacios hospitalarios donde se hacían los estudios de fase. Y probablemente los no participantes hayan sido un grupo control muy a regañadientes: entre un Covid bastante probable y de final incierto y una vacuna a la que tus colegas y superiores médicos le tienen fe, ¿hay tanto margen de dudas?

(Concluirá mañana)

Dr. Pedro Politi, oncólogo y farmacólogo

Daniel E. Arias, periodista científico

Plan Conectar: satélite, banda ancha y TV digital. Inversión: $ 37.900 millones. Lo llevará a cabo ARSAT

El Plan Nacional de Conectividad «Conectar», presentado ayer por el presidente Alberto Fernández desde la sede de ARSAT en Benavídez, buscará universalizar el acceso a conexiones de banda ancha de última generación en todo el territorio continental de nuestro país, y prevé la reactivación del Plan Satelital Argentino.

Todo esto demandará una inversión de $ 37.900 millones desde ahora hasta 2023, que se destinarán a cuatro ejes: el Sistema Satelital Argentino, la Red Federal de Fibra Óptica (Refefo), la Televisión Digital Abierta y al centro nacional de datos, todas iniciativas lideradas por la empresa ARSAT.

El plan contempla el «desarrollo, construcción y puesta en órbita de un nuevo satélite, el primero de la segunda generación de ARSAT”, que estará orientado a la ocupación de las posiciones orbitales de la Argentina, al desarrollo de la industria satelital de telecomunicaciones y a reducir la brecha digital, brindando conectividad satelital de alta calidad a 200 mil hogares rurales. Además, se actualizará y extenderá hasta los 38.808 kilómetros la Red Federal de Fibra Óptica, se renovarán los equipos de las 100 estaciones de la Televisión Digital Abierta (TDA) y se pondrá en valor el Centro Nacional de Datos de ARSAT. Para universalizar el acceso a los servicios TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y a las conexiones de banda ancha de última generación prevé una inversión total de $37.900 millones, dispuestos de la siguiente manera: Sistema Satelital Argentino: $ 19.950 millones Red Federal de Fibra Óptica: $ 13.200 millones Data Center de ARSAT: $ 4.300 millones Televisión Digital Abierta: $ 450 millones Sus objetivos son:

Sistema Satelital

Esta inversión incluye el desarrollo, construcción y lanzamiento del Arsat SG1, «el primero de la segunda generación de satélites de comunicación», remarcan en la empresa, donde prefieren que no se utilice el término Arsat 3 para referirse a este nuevo emprendimiento. El Arsat SG1 permitirá brindar conectividad satelital de alta calidad a más de 200.000 hogares rurales. «Este proyecto se había discontinuado en la gestión anterior, y obligó al Estado Nacional a pagar más de 7 millones de euros para proteger la posición orbital argentina», difundió un comunicado de la Jefatura de Gabinete. «Al no contar con un satélite propio en esa posición, el país no pudo brindar servicios satelitales a las poblaciones rurales que hasta ahora siguen sin conexión» y recordó que en febrero pasado comenzaron las primeras reuniones de trabajo para la construcción de la segunda generación de satélites argentinos de telecomunicaciones.

Fibra óptica

Se completará la red Federal de Fibra Óptica (Refefo) con la construcción e iluminación de nuevos 4.408 kilómetros de fibra, para llegar a los 38.808 kilómetros en el 2023. La red, que comenzó a construirse en el 2010, también requiere de una actualización de equipos para multiplicar por 10 la capacidad de banda ancha que provee a prestadores de internet. Según cifras de Arsat, a fines del 2019 la red tenía 34.400 kilómetros, de los cuales 31.150 estaban iluminados y 1049 localidades conectadas. Ahora se prevé que la ampliación permitirá llevar internet de alta calidad a 22 millones de personas en el 2023.

Televisión digital

La Televisión Digital Terrestre, que permite el acceso a las señales digitales audiovisuales por antena, invertirá $450 millones para la «recuperación de las 100 estaciones de transmisión», que permiten tener cobertura en más del 80% del territorio. El objetivo del Gobierno es también renovar los equipos de la plataforma, de modo de mejorar la calidad de la imagen y asegurar que llegue a unos 10 millones de hogares en el país.

Centro Nacional de Datos

Este Centro Nacional de Datos, que funciona en las instalaciones de Arsat en la localidad bonaerense de Benavídez, actualizará los equipos de almacenamiento, servidores, redes, backup y software. También se ampliarán los servicios de cloud, que han tenido una fuerte demanda este año debido a la pandemia de coronavirus, que aceleró la migración a la «nube» de servicios y aplicaciones públicas. Además, se ampliarán las políticas de contingencia «con los máximos estándares internacionales». Hasta ahora, el Centro de Datos de Arsat es «uno de los data center más confiables y seguros de Latinoamérica y el único del país con certificaciones TIER III del Uptime Insitute» y también recibió la certificación ISO 27001 en el 2013, por tener las mejores prácticas en la gestión de la seguridad de la información. En el 2015, el data center recibió la ISO 9001:2015, que estandariza el sistema de control de calidad de las organizaciones, gestionando y controlando la calidad en todos los procesos.

El desafío de distribuir 6 mil millones de vacunas contra el coronavirus

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Según un estudio, se necesitarán entre 8 mil y 15 mil aviones de carga, 200 mil contenedores, hielo seco y cajas refrigeradas en cantidad. La región no está lista para esos requisitos.

La vacunación masiva contra el Covid-19 llegará a mediados de 2021 según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud. Para que eso pase, habrá que desplegar 10.000 millones de dosis en todo el mundo. ¿Cómo será la logística para eso pase? Un estudio del operador DHL señala que se necesitarán 15 mil vuelos, 200 mil contenedores y 15 millones de entregas en cajas refrigeradas a medida que los laboratorios que tengan éxito en la producción de vacunas contra el coronavirus puedan ponerlas en circulación.  También IATA, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo advirtió que el desafío logístico será “la misión del siglo” y llamó a los gobiernos a planificar con anticipación y cuidado el transporte y distribución de la vacuna. La puesta en marcha de las cuarentenas y aislamientos ya trajo desafíos a la logística para la circulación y el abastecimiento de bienes esenciales. La advertencia de IATA apunta a que eso no vuelva a pasar. El cálculo de la asociación es algo inferior al de DHL, que se estimó con un número de dosis que supera la población mundial (10.000 millones de dosis contra 7.800 millones de personas).
Según el director general de IATA, para proporcionar una dosis se requerirá el uso de 8.000 aviones de carga Boeing 747
Actualmente, se están desarrollando y ensayando más de 250 vacunas en siete plataformas diferentes, detalló DHL. “Con las vacunas antiCovid-19 saltando rápidamente etapas en su desarrollo, es probable que se impongan rígidos requisitos en materia de temperatura (hasta -80°C) en determinadas vacunas para asegurar que se mantenga su eficacia durante el transporte y el almacenamiento”, advirtió el análisis de la empresa especializada en transporte de cargas. Hoy las vacunas normalmente se distribuyen entre 2 y 8°C.

Problemas de América Latina

En caso de que las condiciones de distribución sean en bajas temperaturas, el escenario más restrictivo, la Argentina y toda América del Sur y Central y Asia, no están preparadas para esa logística. África es el continente con más dificultades. En el escenario de un sistema de distribución habitual, la distribución en la Argentina y la región se vuelve viable porque el reparto en la “última milla” sería el convencional. Según un estudio de McKinsey, los nuevos vectores utilizados en algunas de las vacunas que se están desarrollando requieren las condiciones de transporte más restrictivas. “La crisis del COVID-19 se ha manifestado con una magnitud y un impacto sin precedentes. Los gobiernos, las empresas y el sector logístico han tenido que adaptarse rápidamente a los nuevos desafíos”, aseguró Katja Busch, CCO (Chief Commercial Officer) de DHL. Según las estimaciones de la empresa, pensando en el escenario logístico más riguroso, “es importante mapear los requisitos logísticos e identificar los posibles cuellos de botella en los puntos clave de la cadena de suministro: en el transporte intermedio, el envío intercontinental, el almacenamiento, la distribución local y el almacenamiento final de corto plazo en el lugar de utilización”. El número de envíos, por ejemplo, implica casi 15 millones de cajas refrigeradas en una cadena de suministro potencial, acompañados del correspondiente volumen de bloques de refrigeración o de hielo seco. En líneas generales, «la producción de hielo seco no parece ser un cuello de botella para la distribución de la vacuna. Pero incluso bajo circunstancias extremas, tanto la disponibilidad de un embalaje adecuado como el máximo de cantidades permitidas de hielo seco en transportes de carga aérea podrían limitar las capacidades de envío en determinados casos, si no se realizan los preparativos necesarios a tiempo”, advierte el estudio de DHL. “Es posible que se produzcan cuellos de botella en destino al haber una producción centralizada de hielo seco, sobre todo si hay que reabastecer cada 3-5 días”, remarcan. Para IATA, también habrá que trabajar en cuestiones como agilizar las operaciones en los aeropuertos y requisitos para la tripulación. Entre esas facilidades incluyen darle prioridad de aterrizaje y despegue a los vuelos que transporten vacunas contra el coronavirus o que los miembros de las tripulaciones de esos vuelos sean exceptuados de las cuarentenas.   Este estudio nos recuerda que, como en la guerra, un elemento fundamental de la salud pública es la logística. Los Estados deben estar pensando en cómo encararlo.

El Banco Central encarece el dólar un 35% para salvar las reservas

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El Banco Central que preside Miguel Ángel Pesce decidió una batería de medidas para reducir la sangría de dólares que venían sufriendo las reservas. La que está en los titulares de los medios y se refiere al mayor número de particulares: quienes quieran comprar dólares a partir de hoy miércoles 16/9 deberán pagar un nuevo tributo. Además del impuesto PAIS -que representa un 30% sobre la cotización oficial del billete-, pagarán un 35% de percepción a cuenta de Ganancias. Según la cotización del martes, cada dólar «ahorro» no bajaría de 130 pesos. Las compras con tarjeta de crédito en el exterior se descontarán del cupo de 200 dólares mensuales para atesoramiento. Los consumos realizados en dólares hasta el 15 de septiembre no pagarán ese 35% de anticipo de Impuesto a las Ganancias, si los pagos ya están reflejados como efectuados en moneda estadounidense por las tarjetas de crédito. Los que se hagan desde hoy 16 de septiembre ya abonarán esa percepción. En el caso de quienes pagan Ganancias y Bienes Personales, el excedente cobrado por sobre lo que tienen que pagar -si lo hubiera- les será reintegrado. En el caso de monotributistas o personas que no pagan Ganancias ni Bienes Personales, deben hacer el trámite en la AFIP. El organismo recaudador les devolverá en la cuenta bancaria que tengan informada. En otras medidas, que seguramente afectarán a operaciones más importantes, el directorio del Central dispuso también que las empresas podrán acceder en el mercado único y libre de cambios al equivalente del 40% de sus obligaciones de deuda. Se fijaron además restricciones para el acceso a la operatoria de «contado con liquidación» a no residentes. En el Central creen que los extranjeros explican la mitad de las operaciones diarias de esa modalidad. Las autoridades suponen que los no residentes desarmarán sus posiciones en bonos que se usan para obtener dólares. Eso ayudaría, desde el ángulo oficial, a que la cotización del dólar que se obtiene a través de los bonos sea parecido al nuevo «ahorro». El directorio del Central explicó en un comunicado que «tomó medidas para promover una más eficiente asignación de las divisas; evitar operaciones disruptivas de inversores no residentes sobre los mercados financieros; favorecer el desarrollo del mercado de capitales local; sentar los lineamientos para una renegociación de la deuda privada externa compatible con el normal funcionamiento del mercado de cambios, y priorizar a las pequeñas y medianas empresas en la asignación de créditos para la prefinanciación de exportaciones». En opinión de AgendAR, estas medidas -forzadas por una situación de hecho: una demanda de dólares que es en realidad una fuga del peso, son demasiado complicadas. Necesitarán ajustes y reglamentaciones que las harán todavía más complejas y dificultarán su aceptación por la sociedad. La intención es transparente: el Central no quiere devaluar, todavía más, el tipo de cambio oficial, el del dólar con el que se hacen las importaciones y las exportaciones, para no acelerar la inflación. Pero la sociedad argentina está tan «enganchada» con el valor del dólar y muchos precios de artículos de consumo se moverán con el dólar ilegal, el «blue». El gobierno argentino deberá encarar, más temprano que tarde, un plan antiinflacionario en serio. Ya hemos dicho que no ignoramos el costo de esa política, aunque se encare con inteligencia y flexibilidad. Pero más costoso es el camino de la inflación alta y constante.

A. B. F.

Plasmas anti COVID – Decisiones políticas vs decisiones científicas – 2da. parte

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(La primera parte de este artículo está aquí)
  1. Los plasmas y el primer premio Nobel
Cuando el plasma o sus principios activos funcionan, alguien se gana un Nobel. Ha sido así desde el principio, con el primer Nobel de Fisiología en 1901. Pero cuando los plasmas no funcionan, nadie se entera. Dato a retener: lo que hace funcionar –a veces- a los plasmas son proteínas en disolución con forma de “Y”: los anticuerpos. Desde que Emil von Behring y ShibasaburŌ Kitasato empezaron a tratar la difteria con transfusiones de sangre de curados, se acumularon 130 años de experiencias frecuentemente exitosas usando hemoderivados como medicamentos. En una escala creciente de valor agregado, pureza y especificidad, a la sangre entera siguieron los sueros filtrados de toda célula, después los plasmas, a continuación los concentrados de inmunoglobulinas (llenos de todo tipo de anticuerpos), finalmente los anticuerpos policlonales dirigidos contra un único antígeno, y desde 1984, gracias a nuestro compatriota César Milstein y a su socio Georges Köhler, los anticuerpos monoclonales. Estos son los más cercanos en principio a esa idea de la bala de plata única y perfecta con que según el folklore de Transilvania el cura de la aldea mata al vampiro. Behring, Milstein y Köhler ganaron premios Nobel con todas estas disrupciones tecnológicas. A Kitasato en 1901 se lo negaron por japonés. Peor aún, volvieron a hacerlo: debió haber ganado al menos dos Nobel, por haber aislado además el bacilo de la peste bubónica. ¿Racistas en el Karolinska Intitute? Sí, como en todos lados. Dos cosas a subrayar: En pleno siglo XIX, Behring y Kitasato estaban bloqueando los antígenos de la letal Corynebacterium diphtheriae con anticuerpos humanos, aunque sus ideas sobre la existencia de antígenos y anticuerpos eran a lo sumo conjeturales: los llamaban “toxinas” y “antitoxinas”, nombres todavía adecuados. Ignoraban por completo su complejísima estructura esteroquímica de proteínas, y sus encajes recíprocos tipo “llave-cerradura”. A duras penas conocían al bacilo mencionado: la medicina en 1890 recién se resignaba a creer un poco en las bacterias, esos seres identificados no mucho antes por Louis Pasteur y Joseph Lister, y los médicos –sin saber que estaban ante la forma de vida más primitiva y abundante del mundo- empezaban a clasificarlas. Impresiona lo mucho que hicieron Behring y Kitasato con lo mucho que ignoraban. El progreso médico a veces depende de esos inspirados palos de ciego. Hacemos una hipótesis: si funciona, funciona, para eso están los experimentos. Ya más tarde con otros experimentos mejores, descubriremos cómo y por qué y cuánto, y con qué límites. La otra cosa a subrayar: la fuente de hemoderivados no es necesariamente la sangre humana, siempre escasa. Los anticuerpos de los sueros con que bloqueamos los antígenos tóxicos de serpientes, arañas y algunas bacterias y virus peligrosos bien pueden venir de bichos como conejos o caballos: a diferencia de los donantes humanos, se les puede inyectar antígenos sin requerir que firmen ningún papel, y no hay que convencerlos de regalarnos después su sangre. Éste fue uno de los aportes tecnológicos decisivos de Behring. Respecto de los plasmas humanos, existen cruzados dispuestos a jurar por su eficacia en todas las ocasiones. En 2015, John Mair-Jenkins y otros hicieron un “metaestudio”, es decir peinaron decenas de estudios anteriores de uso de inmunoglobulinas en todo tipo de virosis respiratorias. MUY anteriores, a decir verdad: arrancaron con la brutal “gripe española” de 1917, la H5N1 aviar de 2008, la H1N1 porcina de 2009, y dos pandemias recientes a coronavirus (el SARS de 2002 y el MERS de 2011). Este “estudio de estudios” concluyó que los sueros habían bajado un 75% la mortalidad general de todas estas respiratorias virales. Pero agrupar en un mismo ensayo virus y testeos tan distintos equivale a comparar peras con naranjas y papas fritas. Y como no se puede ser muy fifí con la pulcritud metodológica de vetustos estudios de 1917, los resultados pueden considerarse viejos, inciertos y quizás exagerados. Lo que no puede decirse de ningún modo es que Mair-Jenkins pecaba de entusiasmo por orden presidencial, como su colega Hahn. La mal llamada “gripe española” y su tendal de soldados que se la trajeron desde el frente europeo en 1918 en la enfermería militar de Camp Funston, Kansas. En aquella ocasión se apeló al uso de sueros de recuperados, con resultados inconcluyentes. Si hay un país donde la contundencia asertiva de Mair-Jenkins podría tener eco es éste, Argentina. El metaanálisis de 23 brotes consecutivos de fiebre hemorrágica argentina, provocada por el virus Junín, mostró que entre 1959 y 1983 sobre 4433 pacientes, los tratados con plasmas de convalescientes refinados por el Dr. Julio Maiztegui, del Instituto Malbrán, tuvieron una mortalidad del 3,29%, mientras los  que recibieron terapias convencionales alcanzaron una cifra de mortalidad atroz: el 42,85%. Sin embargo, intentos reiterados de usar plasmas en otras fiebres hemorrágicas terribles, como el Ebola africano, no llevaron a nada concreto. Lo que funciona con algunos virus no tiene por qué hacerlo con otros, aunque sean primos. Y es una pena, porque los argentinos tenemos el Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba, el más grande e importante de la región, como se ve aquí. Fundado por el presidente Illia en 1964, Hemoderivados de la UNC recibe sangre desde centros de salud de las 23 provincias argentinas y la transforma en más de 50 medicamentos que se distribuyen por convenio en nuestro país, amén de en Uruguay, Chile, Paraguay, Bolivia y Ecuador. Estos fármacos líquidos dominan el 50% del mercado regional y ahorran U$ 60 millones/año en importaciones a la salud pública nacional. Folleto muy esperanzado y ya viejo del Laboratorio de Hemoderivados de la UNC Si los plasmas de curados o sus concentrados tuvieran una utilidad claramente demostrable en Covid-19, este laboratorio universitario y público sería una herramienta capaz de salvar decenas de miles de vidas en la región. Tiene instalaciones bien equipadas y una logística aceitada por 56 años de trabajo. “Hemoderivados”, como se lo llama en Córdoba, anda tras eso al menos desde el 9 de abril, como se ve en este video, pero desde entonces no ha hecho declaraciones y no parece tener novedades.
En la página web del laboratorio se puede leer este texto impasible: “Una inmunoglobulina o concentrado de anticuerpos es un medicamento que refuerza el sistema inmune de cualquier persona para ayudarlo a afrontar las enfermedades. Estas inmunoglobulinas pueden ser poli específicas (contienen diversos anticuerpos) o hiperinmunes (enriquecidas con un anticuerpo en particular), como es el caso del medicamento que estamos desarrollando para la COVID-19. No se trata de una vacuna, ni de una cura.             “En el caso del coronavirus Sars-CoV-19 que genera la enfermedad COVID-19 , además de conocer el comportamiento del virus, también es necesario conocer el comportamiento de los anticuerpos que genera el sistema inmune para combatir a este virus.             “También se hace imprescindible determinar la cantidad de anticuerpos que circulan en el plasma, así como la cantidad mínima que debe tener una unidad de plasma donado para poder ser ingresado a un proceso productivo.             “Todo ese conocimiento ya ha sido generado y las técnicas analíticas necesarias han sido desarrolladas junto a laboratorios de la UNC, CONICET y el Instituto Leloir de ANLIS y validadas para detectar únicamente los anticuerpos de interés”. Esto no significa que Hemoderivados-UNC esté ausente de la trinchera. Fabrica 4 insumos muy de uso en las terapias intensivas para tratar de ordenar el desquicio inflamatorio llamado “tormenta de citoquinas” propio de un Covid severo. Esos 4 medicamentos son la dexametasona, dos gammaglobulinas (indovenosa e intramuscular) y la albúmina sérica humana. Si Hemoderivados tuviera además alguna gammaglobulina para el Covid, aunque todavía estuviera en pruebas clínicas de fase 2, ya habría cantado “Bingo” y la prensa cordobesa (nada localista) se habría hecho una fiesta. De esas pruebas de fase estaría pendiente el país entero y también algunos países vecinos. Y el lugar obvio para testear un plasma sería el Hospital Nacional de Clínicas de la propia UNC, unidad tan grande como para haberle dado su nombre a todo un barrio de la ciudad, el de la Reforma Universitaria de 1918 y el del Cordobazo de 1969. Por ahora no tenemos informes de experimento alguno en curso en ese barrio que ya cambió dos veces la historia del país. Los cuatro ensayos argentinos en desarrollo Hospital Italiano, que coordina un “trial” con plasmas de pacientes recuperados de Covid en 30 hospitales y clínicas en todo el país. Foto de Daniela Mac Adden. Para despejar dudas sobre si los plasmas sirven en esta emergencia, el Hospital Italiano acaba de completar la fase de reclutamiento de un “trial” multicéntrico que coordinará a 30 hospitales y clínicas de todo el país, con un total de 350 pacientes a tratar con plasma de recuperados de Covid. Por su tamaño mediano y metodología prolija, el estudio ya despierta curiosidad externa: termina en Octubre y se espera lograr la aceptación para publicación en alguna de las revistas de medicina clínica “top” del planeta. Hay en curso otros dos estudios similares en calidad aunque no en tamaño: el del Hospital Militar, y el que acaba de iniciar el CEMIC, un centro privado de salud y de investigación. Entre tanto, el Hospital Muñiz, especializado en infecciosas y dependiente de la CABA, acaba de iniciar un cuarto estudio, pero “de rama única” u “observacional”, ergo más limitado para decidir políticas de salud. Sobre esto, volvemos luego. Hay otro ensayo más en curso en 6 hospitales porteños y bonaerenses desde el 27 de julio. Involucra a 121 pacientes y termina en noviembre de este año. Lo banca una farmacológica argentina (Inmunova) y es el único que tiene la capacidad industrial de darle un producto estandarizado a todos los participantes. Esto sólo podrían hacerlo Inmunoderivados de la UNC o el ANLIS Malbrán porteño. Pero el de Inmunova no es plasma humano. El estudio de Inmunova echa mano de plasmas equinos “hiperinmunes”. Esto significa que se trata de sueros procesados, para refinar y concentrar los anticuerpos específicamente activos contra el virus SARS CoV-2. Hay 130 años de experiencia mundial exitosa con sueros obtenidos de caballos inyectados con toxinas: las de ofidios, arácnidos e incluso algunas  toxinas bacterianas. El que se ganó un premio Nobel en 1901 por abrir este camino fue el ya mentado Emil Behring, cuyos concentrados equinos resultaron efectivos no sólo contra la difteria (entonces gran asesino bacteriano de chicos) sino contra el tétanos (asesino bacteriano sin preferencias etarias). Extracción de sangre de caballos inmunizados contra la difteria para hacer sueros en el laboratorio de Behring y Hoechst. La mención del Covid-19, por ahora, es un voto de deseos. A caballo de sus caballos, Behring se ganó el Nobel y también el “von” delante del apellido. Con esa sílaba, el emperador Wilhelm ascendió al buen Emil, hijo de un maestro pobre de escuela, de mortal común a noble prusiano, es decir a caballero. Tiene cierta lógica. En el caso de Inmunova, se refinan y purifican plasmas  de caballos a los que se inyectó el “receptor binding domain”, la parte funcional de la proteína “Spike” del SARS CoV-2, con la que este virus se ancla a las células a invadir e inicia su abordaje. La respuesta del caballo es expresar en su sangre un conjunto de anticuerpos de diversa potencia y especificidad destinados a bloquear ese “gancho de abordaje” viral. Es una mezcla policlonal, porque puede haber decenas de anticuerpos, siempre con forma de letra “Y” pero distintos, que hacen ese mismo trabajo aunque con diferente efectividad. La firma seleccionó los más activos, los concentró y patentó ese cóctel como medicamento. Lo llamó INM005, y dice que “in vitro” demostró 50 veces más potencia que los plasmas de enfermos humanos recuperados. Sin embargo, esa buena respuesta en laboratorio no tiene por qué cumplirse en personas: los humanos somos más complejos que cultivos celulares, e inmunológicamente más impredecibles que otras especies habituales en los laboratorios, incluso mamiferianas. Por lo demás, los plasmas equinos pueden tener tanto ventajas (por abundancia, estandarización y precio) como desventajas (por mayores reacciones antigénicas peligrosas). Hay experiencias parecidas a las que intenta Inmunova en Brasil, y las hubo –inconcluyentes- en China en 2005 durante la pandemia (mucho más regional) de otra coronavirosis: el SARS. Eso es lo que empieza se está poniendo a prueba en Argentina: nunca habrá sido tan cierto aquello de “en la cancha se ven los pingos”.

(Continuará mañana)

Dr. Pedro Politi, oncólogo y farmacólogo

Daniel E. Arias, periodista científico

Encuesta global sobre la confianza en las vacunas: el resultado asusta más que los virus

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Los últimos años el debate sobre las vacunas ha crecido, impulsado por el movimiento antivacunas. En países como Corea del Sur, Indonesia, Pakistán y Polonia, la confianza en las vacunas ha disminuido en los últimos años, según un estudio publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet. Aunque el apoyo a las vacunas en Europa sigue siendo bajo en comparación con otras regiones, hay indicios de que la confianza está aumentando en Finlandia, Francia, Italia, Irlanda y el Reino Unido, según el informe. Los autores dijeron que creen que su investigación, basada en más de 284.000 adultos encuestados en 149 países entre 2015 y 2019, es la mayor iniciativa hasta la fecha para medir la fe mundial en las vacunas. La inestabilidad política y el extremismo religioso en varias naciones están alimentando el escepticismo, mientras que la difusión de información falsa amenaza con interrumpir programas de vacunación en todo el mundo, reveló el estudio. La disminución de la confianza puede provocar retrasos y disuadir a las personas de vacunarse, lo que contribuye a brotes de enfermedades como el sarampión, la poliomielitis y la meningitis. “Ha sido muy volátil”, dijo en una entrevista Heidi Larson, profesora de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, quien dirigió la investigación. El informe puede ayudar a determinar “dónde se va a necesitar más preparación y refuerzo de la confianza en las vacunas contra el covid”. El número de personas que están en total desacuerdo con que las vacunas son seguras aumentó significativamente en seis países, incluidos Azerbaiyán, Afganistán y Serbia, según los hallazgos. En Filipinas, preocupaciones en torno a una vacuna contra el dengue desencadenaron una fuerte pérdida de fe que también pareció afectar la aceptación de las vacunas de rutina, según la investigación. USA, Polonia y Francia En Polonia, un movimiento organizado contra las vacunas redujo el porcentaje de personas que están totalmente de acuerdo en que las inoculaciones son seguras de 64% en 2018 a 53% en 2019, escribieron los autores. Sin embargo, en Francia, donde la confianza en las vacunas ha sido baja, aumentó de 22% a 30% en el mismo período. El apoyo ha aumentado en EE.UU., donde más personas se han manifestado en contra de los movimientos anti vacunas, según Larson. Aun así, a medida que los desarrolladores se apresuran a crear una vacuna contra el covid-19, nuevas encuestas han revelado dudas en el país y otras partes del mundo. En una encuesta que realizó Gallup el mes pasado, alrededor de un tercio de los estadounidenses dijo que no se vacunaría cuando haya disponibilidad.

Una observación de AgendAR:

No encontramos nada sorprendente en los resultados de estas encuestas. En demasiados ámbitos -no sólo el sanitario- se puede apreciar el crecimiento de la irracionalidad, así como la insensibilidad de las burocracias que administras un «conocimiento técnico» sin conocimiento ni empatía con los intereses y preocupaciones de gran parte de la población.

Mapa de contagios en Argentina, 15-09-20

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Reproducimos un tweet de Martín Barrionuevo. Nos permite visualizar, mejor que muchas palabras, la situación de la pandemia en nuestro país, en estos momentos

La NASA ofrece comprar muestras de suelo lunar. Asoma un debate sobre la propiedad de la Luna

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La NASA, la agencia espacial norteamericana, hizo pública una oferta abierta para empresas privadas de todo el mundo que hayan desarrollado o vayan a desarrollar capacidades espaciales. La entidad estatal -es decir, el gobierno de los EE.UU.- se compromete a pagar por muestras de rocas lunares de entre 50 y 500 gramos un precio de alrededor de US$ 300 el gramo, cuando se pesan en la tierra. El objetivo es recopilar los materiales en 2024. En la publicación, la NASA señaló que la premisa de Estados Unidos es crear políticas que alienten el uso público y privado de los recursos que se encuentran en el espacio exterior. Según Casey Dreier, defensor y asesor de la organización Planetary Society -un lobby en favor de la exploración espacial-, consultado por la CNN, «La confirmación de que la NASA pagaría a las empresas por muestras de rocas lunares establece un precedente legal importante». El hecho de que un país o una empresa pueda tener o vender recursos extraterrestres forma parte de un intenso debate en el derecho internacional. El Tratado del Espacio Extraterrestre de 1969 no resulta claro sobre el asunto y otro de 1979 solo fue aceptado por 18 países. «La nueva política de la NASA confirma que, desde la perspectiva del gobierno norteamericano, las empresas pueden obtener ganancias de los materiales que recolecten», explicó Dreier. La idea es alentar a los capitalistas de riesgo y a otros para que inviertan en tecnologías de exploración espacial y para poner en marcha operaciones mineras lunares que, a futuro, puedan financiar misiones de astronautas. Según el administrador de la NASA, Jim Brindenstine, «es el momento de establecer una certeza regulatoria para extraer e intercambiar recursos espaciales». Joanne Gabrynowicz, ex editora del Journal of Space Law, indicó en una entrevista con Reuters que «el negocio para una empresa privada es venderle piedras a la NASA, las rocas son el producto. Lo que la organización debe decidir es si vale la pena correr el riesgo financiero y tecnológico». La agencia espacial señaló en su comunicado que se realizará un 20% del pago por adelantado, un 10% en la adjudicación, otro 10% en el lanzamiento y el resto cuando la misión sea completada con éxito. Además de suelo lunar, la NASA indicó que eventualmente comprará otros recursos como el hielo que se puede usar como suministro de agua potable para futuras bases lunares. También, la descomposición del agua en moléculas de hidrógeno y oxígeno podría ayudar a producir combustible en el caso de un posible viaje a Marte, que la agencia espera concretar durante la década de 2030.

China confía en que su vacuna estará disponible en noviembre

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El mundo está a la expectativa de la vacuna contra el coronavirus. Hace algunos días, la Organización Mundial de la Salud informó que las versiones de países como Estados Unidos, China, Rusia o Brasil sobre una posible cura no se ajustaban a la realidad. Sin embargo, ayer desde China insistieron en que que su vacuna podría estar lista para aplicación masiva en noviembre. Los investigadores chinos se mostraron muy optimistas. Representantes de las firmas Sinovac Biotech y Sinopharm señalaron que sus vacunas podrían ser aprobadas tras los ensayos de la fase 3. Algunas de las candidatas fueron ofrecidas a trabajadores esenciales en el marco de un programa de utilización de emergencia. La experta en bioseguridad del Centro chino para el control de enfermedades, Wu Guizhen, indicó a la cadena oficial CCTV que estaría disponible una vacuna para el público “alrededor de noviembre o diciembre. De acuerdo a los resultados clínicos de la fase 3, su progreso es muy rápido”. Actualmente, hay nueve vacunas contra la Covid-19 que están siendo probadas en humanos en etapas adelantadas. Argentina, tras su aprobación por parte de la ANMAT, autorizó a realizar estudios de la fase 3 de la vacuna china contra el coronavirus de Sinopharm Group, que desarrolla el Laboratorio Elea Phoenix. Ver una evaluación por AgendAR de la vacuna china aquí.