El test serológico argentino ya superó los 100.000 ensayos

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“COVIDAR IgG”, cuyo desarrollo fue liderado por científicos del Instituto Leloir y del CONICET, se está empleando con varios fines, incluyendo la determinación de anticuerpos de plasma convaleciente, el control de la transmisión en barrios y el cuidado del personal de la salud.

Este primer test serológico argentino para COVID-19 alcanzó una producción de 100 mil determinaciones y tuvo un desempeño “excelente” donde se lo usó. Se distribuyen en forma gratuita a hospitales y centros de salud públicos y privados de todo el país. La herramienta tiene diversas aplicaciones: diagnóstico (complementario al PCR); monitoreo de pacientes infectados para evaluar la respuesta inmunológica; determinación del estado inmunológico del personal de la salud; cuantificación de anticuerpos en muestras de pacientes convalecientes con fines terapéuticos; y análisis de la evolución de la pandemia a nivel poblacional. COVIDAR IgG fue desarrollado por científicos de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y del CONICET, en el marco de la “Unidad Coronavirus COVID-19” conformada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCyT), el CONICET y la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación. El test permite determinar en plasma sanguíneo la presencia de anticuerpos específicos contra el nuevo coronavirus. “Ha tenido un éxito rotundo en el sentido de que tiene una gran especificidad y sensibilidad”, señala Andrea Gamarnik, jefa del Laboratorio de Virología Molecular de la FIL e investigadora del CONICET. Referentes de laboratorios de todo el país indicaron que COVIDAR IgG presenta un excelente desempeño comparado con kits serológicos importados. Además, está disponible en forma totalmente gratuita para las autoridades de salud nacionales, provinciales y de la Ciudad de Buenos Aires. Personal sanitario, pacientes, y barrios COVIDAR IgG ya se utiliza en distintos puntos del país y con diversos fines. Por ejemplo, está disponible en más de 70 hospitales y clínicas del país para el seguimiento de pacientes internados y el Ministerio de Salud de Provincia de Buenos Aires lo está empleando para el estudio de médicos, enfermeros, ambulancieros y personal administrativo, logístico y de limpieza.  “Es de vital importancia cuidar al personal de salud, que son quienes se arriesgan cada día para el control de la pandemia”, indica Gamarnik. Otra aplicación es la “titulación” o determinación de los niveles de anticuerpos que tienen los sueros donados por convalecientes para evaluar su posible aplicación a personas que están cursando la enfermedad. En este sentido, los investigadores de la FIL han tomado la iniciativa de colaborar en la tarea de cuantificar anticuerpos de tipo IgG solicitado por los centros que reciben las donaciones de plasma. “El desempeño del test serológico creado en el Instituto Leloir es excelente y resulta crucial para poder seleccionar los plasmas que se aplicarán a los pacientes”, afirma Ventura Simonovich, jefe de la sección Farmacológica Clínica del Hospital Italiano de Buenos Aires. La herramienta también se está empleando en diferentes estudios clínicos en diversos centros médicos. Por ejemplo, Simonovich es uno de los médicos que lidera un ensayo clínico multicéntrico para el tratamiento de neumonía moderada por COVID-19 y desarrolla protocolos para descentralizar esta tarea. Asimismo, la Fundación Infant, dirigida por Fernando Polack, ha recibido más de 3000 determinaciones del COVIDAR IgG para la titulación de plasmas de convalecientes por coronavirus para la realización de un estudio clínico que apunta a determinar la eficacia de la administración temprana de ese tratamiento en adultos mayores afectados con COVID-19. Otra novedad es que los investigadores de la FIL y del CONICET validaron un nuevo método de toma de muestra más sencillo, destinado especialmente a la determinación epidemiológica de quien está o estuvo infectado. “En lugar de la extracción de sangre venosa, se puede hacer una punción digital y colectar la gota en un tubo con conservante para su análisis en el laboratorio. Esto facilita enormemente el proceso”, explica Gamarnik. Las autoridades de salud de CABA ya están empleando esta nueva adaptación de COVIDAR IgG en operativos sanitarios en barrios para detectar la circulación del virus y contribuir a frenar su avance en la población. La Provincia de Buenos Aires, en tanto, recibió el jueves 25 de junio un nuevo lote de 10.000 determinaciones para el mismo fin.
Los investigadores de la FIL y del CONICET también están desarrollando una base de datos centralizada para el análisis de los resultados serológicos que arrojan las decenas de miles de determinaciones de COVIDAR IgG y estará a disposición de las autoridades nacionales para ayudar a responder varias preguntas: ¿Cómo es nuestra respuesta inmunológica al COVID-19? ¿cuáles son los niveles de anticuerpos, qué tipos aparecen y en qué momento? ¿cuánto duran? ¿cuál es el desempeño de la diversidad de terapias con plasma sanguíneo para pacientes con diferentes grados de severidad? “Para crear el test serológico para COVID-19 hemos formado un equipo de trabajo de excelente nivel con investigadores y becarios del CONICET que aportan conocimiento desde diversas áreas: virología, bioquímica y diagnóstico. A esto se suma la enorme experiencia del Laboratorio Lemos, referente en Argentina y la región por la producción de kits para diagnóstico de Chagas. Venimos haciendo un trabajo maratónico para desarrollar esta herramienta en tiempo récord, validarla, contar con la aprobación de ANMAT y escalar su producción. Ahora apuntamos a sostener la producción en 50.000 determinaciones por semana”, puntualiza Gamarnik. “Con el kit desarrollado y producido aquí logramos abaratar costos, contribuir al control de la circulación del virus en nuestra población y aportar al desarrollo de terapias. Nuestro avance, y los conseguidos en estos meses por otros investigadores del CONICET, demuestra que estamos capacitados para resolver problemas de nuestra sociedad”, afirma Gamarnik. Del desarrollo de COVIDAR IgG participaron Marcelo Yanovsky y Julio Caramelo, jefes de laboratorio de la FIL; doctorandos y jóvenes doctores que integran el grupo de Gamarnik: María Mora González López Ledesma, Horacio Martín Pallarés, Diego Ojeda, Guadalupe Costa Navarro y Lautaro Sánchez; Diego Álvarez, del IIB-Universidad de San Martín, y Jorge Carradori, del Laboratorio Lemos. El proyecto recibió el apoyo del Fondo para la Convergencia del Mercosur (FOCEM) y de la Fundación Williams, que aportó una donación importante para la etapa inicial. A esta buena noticia se añade otra, aparecida en la revista del Centro Argentino de Ingenieros, que normalmente no se ocupa de kits de diagnóstico. En muy poco tiempo, la Argentina desarrolló 2 kits de testeo PCR confirmatorio, que dicen con un 98% de certeza si uno tiene o no tiene el virus, porque detecta fragmentos de sus genes. Debido a eso, detectan infección en cualquier estadío de la misma, incluso en esos entre 5 y 10 días iniciales «de ventana inmunológica» en que el portador está sano y no produce anticuerpos G. A diferencia de un ELISA serológico como el de Gamarnik, un PCR es indiferente y ciego a los anticuerpos o a la reacción inmunológica del infectado. Lo que detecta son secuencias genéticas del virus, «amplificándolas» (es decir multiplicando N veces su cantidad) hasta que producen una reacción diagnóstica o no. Hay virus o no lo hay, punto. A diferencia de los «Real Time PCR, o RT-PCR» importados que el país estuvo usando hasta mayo, estos dos test criollos no insumen 7 horas de amplificación de genes virales en un equipo de U$ 70.000 dólares (el «termociclador»), ni un ambiente de laboratorio bien equipado en aparatos y personal. Lo hacen enfermeros no especializados en 2 horas o menos a pie de cama en hospitales, o en kioskos sanitarios improvisados en calles y lugares públicos, a condición de que tengan electricidad. Damos la palabra al CAI: «El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, junto a científicos del CONICET, del Instituto de Ciencia y Tecnología Dr. César Milstein, entregaron 1.500 determinaciones del NEOKIT-COVID-19, y capacitaron a las autoridades de hospitales provinciales y de CABA para la implementación de los test de diagnóstico desarrollados en la Argentina. Se trata del NEOKIT-COVID-19 y ELA-CHEMSTRIP. «El NEOKIT-COVID-19 fue desarrollado por científicos del CONICET en el Instituto de Ciencia y Tecnología Dr. César Milstein (ICT Milstein, CONICET-Fundación Pablo Cassará), el kit de diagnóstico rápido presenta dos cualidades: permite testear muestras de ARN y obtener resultados en menos de dos horas (con similar sensibilidad que las técnicas actuales de RT-PCR) y no requiere equipamiento completo (termocicladores en tiempo real). El cambio de color de violeta negativo a azul positivo determina una prueba positiva para SARS-CoV-2. «Esta herramienta agiliza y refuerza la respuesta del trabajo sanitario, porque, en muy poco tiempo, los equipos de salud tienen la certeza de qué decisiones tomar sobre el paciente con síntomas, es decir, si mantenerlo aislado, darle el alta o bien, realizar algún tratamiento. El desarrollo podría llegar a una producción local de casi 500 kits por semana, es decir, unos 50.000 testeos, dependiendo del suministro de los insumos correspondientes. «El desarrollo de “NEOKIT-COVID-19” estuvo a cargo de un equipo de investigación del ICT Milstein, liderado por Adrián Vojnov e integrado por Carolina Carrillo, Luciana Larocca y Fabiana Stolowicz, y Santiago Werbajh, de la Fundación Cassará. En el caso de ELA-CHEMSTRIP, se trata del test diagnóstico molecular argentino del virus que causa COVID-19 y que fue desarrollado a partir de una alianza estratégica entre las Universidades Nacionales de San Martín (UNSAM) y de Quilmes (UNQ) y dos PyME tecnológicas: CHEMTEST y Productos Bio-lógicos SA (PB-L). «El kit funciona en tres pasos a partir del hisopado nasofaríngeo de la persona a diagnosticar. Todo el proceso dura una hora y media y puede realizarse con los productos que vienen en el kit diagnóstico, más un equipo para incubar a 60°, es decir, que no requiere del equipamiento costoso y sofisticado que utilizan los test moleculares RT-PCR. «Las PyME involucradas son CHEMTEST, incubada en la Fundación Argentina de Nanotecnología (FAN) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación dentro del Campus de la UNSAM; y Productos Bio-Lógicos (PB-L), una empresa de base tecnológica creada desde la UNQ. En conjunto están en condiciones de producir 100.000 kits diagnósticos de COVID-19 por mes.» —————————————————————————————————– Reflexión de AgendAR: Argentina ya tiene un ELISA detector de anticuerpos MUY confiable, como el Covidar IgG que ya se entregó en número de 100.000. A eso añadió (en menos de un mes) dos PCR ultrarrápídas que bajan casi a la mitad el precio y en 2/3 el tiempo de un RT-PCR importado, y que se empiezan a producir en número de 200.000 tests mensuales (caso del NEOKIT COVID-19) o 100.000 (caso del ELA CHEMSTRIP). Esto nos coloca en un lugar único en la región. Sin pagarle un dólar a ningún importador, sin obligar a la gente a concurrir a hospitales (sitios que últimamente evita por las aglomeraciones y esperas), ahora el país tiene las bases técnicas y logísticas para empezar el rastreo confirmatorio de casos, o como sugiere la Dra. Andrea Gamarnik, el testeo al azar; pero todo en forma descentralizada, en las calles, en las plazas y en los domicilios. La cuarentena rabiosa «fase 1» sólo se mantiene en el AMBA, que amontona al 33% de la población en el 0,5% de la superficie. Pero con el 99,5% del territorio y el 67% de sus habitantes en distintas fases de salida de cuarentena, ahora se podrá empezar a controlar con cuarentenas más locales y acotadas los inevitables rebrotes, para controlar los contagios sin destruir la economía. Ningún país en Sudamérica tiene herramientas propias para transitar esta fase, que puede durar el año o los años en que tarden en aparecer vacunas eficaces y seguras. Durante lo que dure la emergencia, podemos ser proveedores de la región.

COVID-19: la mortalidad en Argentina. La ciudad de Buenos Aires, con la tasa más alta.

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Reproducimos este informado artículo de Gabriel Sued, a pesar que la política de AgendAR es evitar en lo posible las notas que pueden tener algún sesgo morboso (hay demasiado de eso en la TV), por dos motivos: deja claro que el riesgo individual es pequeño; sólo la extraordinaria velocidad del contagio del coronavirus lo hace tan peligroso para la sociedad. Y que existe una relación directa entre las grandes aglomeraciones y el número de contagios, con las únicas excepciones del Chaco y, menor, Río Negro. Por eso hay que aplaudir el manejo en dos provincias con ciudades tan grandes como Córdoba y Rosario. Este mapa de Martín Barrionuevo fue confeccionado a partir de un vector (los casos positivos) distinto al de los datos de Sued. Pero presenta la misma pintura.

«Aunque la cantidad de contagios diarios de coronavirus en el Gran Buenos Aires supera a la de la ciudad de Buenos Aires desde hace casi un mes, la tasa de mortalidad por la pandemia en la Capital Federal sigue siendo la mayor de todo el país: con 503 fallecimientos hasta el domingo pasado, la Ciudad tiene 160 muertes por cada millón de habitantes, el cuádruple que el Gran Buenos Aires, donde la tasa de mortalidad es de 40 muertes cada millón de habitantes.

La provincia de Buenos Aires es el distrito que acumula más fallecimientos, 585 hasta el domingo. Pero, dado que concentra casi el 40% de la población del país, tiene una tasa de mortalidad por coronavirus de 35 fallecimientos cada millón de habitantes, todavía menor que la del Gran Buenos Aires calculado por separado. Los indicadores de los dos distritos están por encima de la tasa de mortalidad nacional, que es de 30, una de las más bajas de la región, con 1307 fallecimientos acumulados hasta el domingo. De acuerdo con datos del Ministerio de Salud de la Nación, el segundo distrito con mayor tasa de mortalidad del país es Chaco, con 78 fallecimientos por millón de habitantes. El tercero es Río Negro, con 55; en el cuarto lugar, debajo del promedio nacional, aparecen La Rioja y Neuquén, con 20; Córdoba, con 10; Tierra del Fuego, con 6; Mendoza, con 5; Tucumán y Jujuy, con 3; Chubut y Misiones, con 2, y Santa Fe, con 1 fallecimiento cada millón de habitantes. La alta tasa de mortalidad de la ciudad de Buenos Aires en comparación con el resto del país responde al menos a dos factores. En primer lugar, es por lejos el distrito con mayor incidencia, es decir, con más cantidad de contagios cada 100.000 habitantes. En segundo término, es el distrito con mayor porcentaje de adultos mayores, grupo de riesgo ante la enfermedad. En la Capital, el 21,7% de la población tiene 60 años o más, mientras que en la provincia de Buenos Aires ese grupo es el 14,9%. Este factor tiene su peso, dado que el 79% de los fallecidos tienen 60 años o más. En el Ministerio de Salud porteño indicaron que la comparación de la tasa de mortalidad entre los distritos no es correcta, dado que el dato solo es significativo entre dos distritos con demografías similares, en los que la epidemia haya tenido el mismo tiempo de evolución. «Para comparar la mortalidad habría que esperar el final de la curva, porque hoy no sabemos qué componente es evolutivo y qué componente, definitivo. En la ciudad de Buenos Aires la epidemia arrancó antes que en el resto de los distritos, donde se ve una curva inmadura», argumentó un funcionario del organismo que encabeza Fernán Quirós. Cerca del ministro señalaron que es previsible que la tasa de mortalidad de la Capital sea la más alta, porque la pandemia tiene mayor impacto en los grandes conglomerados urbanos. La incidencia es la razón principal de la tasa de mortalidad de la ciudad de Buenos Aires, porque la letalidad del virus, es decir, el porcentaje de fallecimientos sobre el número de contagiados, es de 1,85%, casi igual que en la provincia de Buenos Aires, con 1,86%. Esto mismo se comprueba si se analiza la cantidad de pacientes con coronavirus que se encuentran en terapia intensiva. En la Ciudad representan el 0,8% de los contagiados y en la provincia 1%. En definitiva, si bien el virues es igual de agresivo para los pacientes de uno y de otro lado de la General Paz, la tasa de mortalidad por millón de habitantes es mucho mayor en la Ciudad porque la enfermedad alcanzó a un porcentaje mucho mayor de la población que en el resto del país. «Tenemos un porcentaje mayor de gente que se enfermó porque la epidemia está en una etapa más avanzada y porque en la ciudad la densidad poblacional es mayor», respondió un funcionario del gobierno porteño. La incidencia de la pandemia en la ciudad es de 857 casos cada 100.000 habitantes, casi el cuádruple que en el Gran Buenos Aires, con una incidencia de 215 contagios cada 100.000 habitantes. En toda la provincia, la incidencia es de 190. Con 31.639 contagiados, la provincia de Buenos Aires es el distrito con más casos del país, seguido por la Capital, con 27.103. La tabla de incidencia revierte el orden entre los dos distritos porque la población de la provincia es casi 6 veces mayor.
Como sucede con la tasa de mortalidad, detrás de la Capital aparece Chaco, con una incidencia de 163; Río Negro, con 114; Tierra del Fuego, con 86; Neuquén, con 69; Jujuy, con 24; La Rioja y Entre Ríos, con 20; Chubut, con 19; Córdoba, con 17; Santa Cruz, con 14; Santa Fe y Formosa, con 12; Corrientes, con 10; Mendoza, con 8; Tucumán, con 4; Misiones, con 3; Santiago del Estero, San Luis, Salta y La Pampa, con 2; San Juan, con 1, y Catamarca, sin casos

A pesar de las discrepancias, el Mercosur volvió a apoyar a la Argentina en la cuestión Malvinas

Nuevamente, en esta reunión en 2020, los Estados parte y asociados del Mercosur expresaron su apoyo a los derechos argentinos en la Cuestión de las islas Malvinas y condenaron los continuos actos unilaterales británicos en contra de las resoluciones de Naciones Unidas.

Cómo se usan los tres tests de COVID-19 desarrollados en nuestro país

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Ya están en uso los tres tests desarrollados por investigadores del Conicet: uno para detectar y medir anticuerpos contra el SARS-CoV-2, y dos para detectar el virus y hacer diagnóstico. El primero que se conoció, a 45 días del primer paciente identificado en el país, es el Covidar IgG, una prueba serológica para medir e identificar anticuerpos contra el coronavirus que se generan en el organismo del paciente entre siete y nueve días después del comienzo de los síntomas. Generado por la viróloga Andrea Gamarnik y su equipo de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y del CONICET, en respuesta a la convocatoria del «Unidad Coronavirus COVID-19» conformada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCyT), el CONICET y la Agencia Nacional de Promoción I+D+I, ya alcanzó las primeras 100.000 determinaciones y se distribuye de forma gratuita a hospitales y centros de salud, públicos y privados. Este test permite determinar la presencia de anticuerpos específicos contra el nuevo coronavirus, pero además cuantificarlos en el plasma de pacientes recuperados que se utiliza con fines terapéuticos. También puede utilizarse como una herramienta para medir la circulación del virus en la población. Por su gran especificidad y sensibilidad, presenta un excelente desempeño comparado con kits serológicos importados. Según un comunicado de la FIL, Covidar IgG ya está disponible en más de 70 hospitales y clínicas del país para el seguimiento de pacientes internados. El Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires lo está empleando para el estudio de médicos, enfermeros, ambulancieros y personal administrativo, logístico y de limpieza. Otra aplicación es la «titulación» o determinación de los niveles de anticuerpos que tienen los sueros donados por convalecientes para evaluar su posible aplicación a personas que están cursando la enfermedad. «La mitad de nuestro laboratorio, de diez personas, está dedicado a prestar este servicio solicitado por los centros que reciben las donaciones de plasma», explica Gamarnik. Lo utilizan en sus ensayos clínicos el Hospital Italiano de Buenos aires y la Fundación Infant. Esta última recibió más de 3000 determinaciones para su estudio clínico que intenta determinar la eficacia de la administración temprana de ese tratamiento en los cuadros graves de Covid-19 de adultos mayores. Inicialmente validado con extracción de sangre venosa, los científicos ahora lo adaptaron para que pueda utilizarse con una gotita obtenida por punción digital, lo que facilita mucho el proceso y resulta más sencillo para detectar individuos asintomáticos que hayan tenido contacto con el virus. En CABA, ya se está utilizando en operativos sanitarios, y la Provincia de Buenos Aires recibió, el jueves pasado, un nuevo lote de 10.000 determinaciones para el mismo fin. Dado que, gracias a distintas donaciones y al financiamiento del sistema científico, son producidas por el Laboratorio Lemos al costo y se entregan en forma gratuita, Gamarnik está tratando de impulsar dos aplicaciones nuevas. «En CABA la semana que viene iniciamos un programa para investigar ‘seroprevalencia’, para ver dónde estamos parados -explica la investigadora-. Ahora tenemos un serokit que permite tomar muestras en la calle por punción digital. Y también nos gustaría planear un operativo para buscar asintomáticos». La serología no se usa para diagnóstico porque los anticuerpos tardan por lo menos una semana en generarse. Si este test se emplea hasta el quinto día, en muestras de pacientes que tuvieron síntomas se vio que aproximadamente el 30% dan positivo. O sea, que se pierde al 70%, que recién desarrolla anticuerpos al noveno o décimo día. Sin embargo, por su extrema facilidad y rapidez de procesamiento, Gamarnik opina que podría usarse en forma complementaria. «Por ejemplo, podrían tomarse 2000 muestras en un barrio elegido. Supongamos que hubiera un 0,5% de personas con anticuerpos, detectaríamos 10 personas que dan positivo la serología. Podríamos hisopar a esas diez personas y a sus contactos estrechos. Esto es rapidísimo, con 100 personas en la calle se puede hacer y uno detecta por dónde se está moviendo el virus. Imaginemos que hay que hisopar a 30 personas, alrededor del 50% pueden tener una PCR positiva. No es seguro que uno pueda detectar personas que están transmitiendo el virus, pero sí se puede ver por dónde está circulando. Si uno pudiera hacer un millón de PCR por semana, sería ideal, pero no tenemos esa capacidad». Los científicos también están desarrollando una base de datos centralizada para el análisis de los resultados serológicos que arrojan las decenas de miles de determinaciones de Covidar IgG y estará a disposición de las autoridades nacionales para ayudar a responder varias preguntas: ¿cómo es nuestra respuesta inmunológica a Covid-19? ¿cuáles son los niveles de anticuerpos, qué tipos aparecen y en qué momento? ¿cuánto duran? ¿cuál es el desempeño de la diversidad de terapias con plasma sanguíneo para pacientes con diferentes grados de gravedad? Pruebas moleculares Además del test serológico, la Anmat aprobó dos tests moleculares locales para detección del nuevo coronavirus que no necesitan equipos tan complejos como la PCR y dan el resultado en entre una y dos horas. Uno es el Neokit, desarrollado por investigadores del Instituto Milstein en colaboración con el Laboratorio Cassará, que está en pleno escalado de producción. «El primer lote de capacitación se probó en hospitales de la provincia de Buenos Aires y de CABA -comenta Adrián Vojnov, que lideró el desarrollo-. El Malbrán hizo una evaluación de nuestro kit con muestras de pacientes del conurbano y hubo una coincidencia del 100% con respecto a la PCR. Ya se usaron 1500 determinaciones para entrenar a personal de capacitaciones en el Hospital Rossi de La Plata, en San Fernando, en Malvinas Argentinas, en el Fiorito y en el Muñiz, de CABA». Del ELA-Chemstrip, desarrollado por las universidades nacionales de San Martín y de Quilmes, con dos compañías tecnológicas (Chemtest y PB-L) ya se enviaron 500 determinaciones al hospital Mariano de la Vega, de Moreno, 2000 al San Juan de Dios, de La Plata, 500 al Gandulfo, de Lomas de Zamora, 500 al Presidente Perón, de Avellaneda, y 1500 al Presidente Carlos Néstor Kirchner, de Escobar. Esta semana se enviaban 1000 a Santiago del Estero y 15.000 más a laboratorios privados de AMBA y públicos del conurbano, informó Diego Comerci, codirector del grupo que diseñó esta herramienta.

Perotti interviene el puerto de Reconquista por irregularidades. La concesionaria, del grupo Vicentin

El gobernador de Santa Fe Omar Perotti firmó el decreto n° 574 por el que dispone la intervención del Ente Portuario Puerto Reconquista (EAPRe) por 180 días y designa como titular al actual representante de la Provincia en la entidad, Martín Deltin, autor de un explosivo informe que derivó en esta decisión oficial. Antes de ingresar a la descripción de la catarata de irregularidades desplegada en esa entidad es necesario tener en cuenta un dato relevante: en 1999 una parte del Puerto Reconquista fue concesionada por 30 años a Ríos del Norte SA, formada por Vicentin SAIC y Buyatti SAICA. Hoy el presidente de Vicentin SAIC es Daniel Buyatti, casado con la hija del fundador del gigante empresario. Según el decisorio, el 14 de febrero pasado “se eleva informe-denuncia del actual representante del Poder Ejecutivo en el Puerto de Reconquista y que por su gravedad origina los presentes actuados”. Ahí se revela un hecho insólito: “la ‘Terminal A’, espacio operativo de cargas y almacenamiento de granos y aceites, está inactiva y sin operaciones desde el año 2004”. Agrega que “ello es así porque ‘Terminal A’ no efectúa un embarque desde el año supra indicado, no registra movimiento portuario alguno, no realiza depósito de cereales y afines, ni acciones tendientes al uso comercial, por sí o por terceros, configurándose así un apartamiento del destino comercial del puerto”. En este contexto, el gobernador apunta a Ríos del Norte SA pero también a los directivos de la entidad: “esta situación no sólo representa un claro incumplimiento de la concesionaria de la citada terminal de no garantizar una carga mínima de la principal obligación contractual, sino que además conlleva responsabilidades de las autoridades del EAPRe en la explotación del puerto comercial como tal, y concurre, cuanto menos en negligencia o abandono de sus funciones de contralor”. Pero advierte que Deltin denunció ante Prefectura el 26 de mayo de este año “el acopio y embarque no registrado ni autorizado del Buque Trasbordador ‘Cynthia’ matrícula 01478”. Un indicio que hubo alguna actividad en 16 años, pero «en negro». También el decreto de Perotti señala que “la ‘Terminal B’ utiliza la bajada con un muelle flotante para el servicio de balsa, consistente en el transporte de personas y vehículos, cubriendo el trayecto Reconquista — Goya”, y “el resto de las instalaciones están destinadas al uso privado de guarderías, como el estacionamiento destinado a la aduana, parte de la ‘Terminal A’ utilizada como playa de automóviles e ingreso a la mencionada guardería” y que “los depósitos pertenecientes al EAPRe, uno de ellos incorporado a la guardería Costa Norte, primero como préstamo de uso, luego como mayor superficie concesionada, son hoy depósito de lanchas, mientras que el depósito (dentro del área concesionada a ‘Río del Norte S.A.’), con balanzas a los laterales y rampas de carga en proximidad, es hoy también depósito de lanchas y yates”. Ante esta situación, el gobernador decide: “por la magnitud, extensión y capacidad y funciones del puerto, claramente ha cesado y abandonado su destino comercial, dando sólo cabida a la actividad recreativa privada, en abierta violación del destino del puerto previsto por la ley en su art. 1: ‘funciones de administrar y explotar los respectivos puertos, manteniendo el destino comercial al momento de la creación del ente portuario’ y en su art. 8: ‘queda vedado a los entes el otorgamiento de autorizaciones, permisos y/o concesiones que constituyan monopolios a favor de permisionarios o concesionarios’”. Más adelante, el decisorio precisa que “según surge de las del Actas de Directorio, se observa en cuanto al régimen de organización y ejercicios de cargos, una confusión de funciones y responsabilidades y que pueden ser consideradas, en principio, un apartamiento de la Ley y su reglamentación en cuanto al régimen de organización del órgano de conducción”. El documento revela negocios particulares con el EAPRe. Afirma que hay un “grave incumplimiento en cuanto a la Fiscalización y Control (…) no respetándose el esquema de auditoría externa, y siendo el Síndico en ejercicio quien oficiara de contador del Ente, confeccionara, suscribiera y a la vez desempeñara el rol de auditor externo de los Estados contables, y asimismo su estudio contable llevara la administración económico-financiera del Ente”, lo cual “presenta un evidente incumplimiento de la fiscalización y control que implica una auditoría externa, una incompatibilidad ética y confusión de roles”. Y añade que “se suma la situación de que uno de los directores fue designado apoderado legal del Ente”. “Todo ello deriva en que el desenvolvimiento institucional del EAPRe resulte cuestionable fundadamente por las conductas administrativas contradictorias con ciertos estándares valorativos, entre los que cabe resaltar el apego a normas éticas y al accionar transparente y que amerita ser rectificado”. Entre otras irregularidades, el informe Deltin, citado en el decreto de Perotti, asegura que los nombramientos de los Directores por la empresa concesionaria se encuentran vencidos, y no se ha cumplido en tiempo y forma con la obligación de elevar al Poder Ejecutivo el balance general al 31 de Diciembre de cada año. En este marco, y “ante la gravedad de los hechos detallados”, Perotti ordena intervenir por 180 días el EAPRe con Martín Deltin a la cabeza, a quien se le requiere finalizado el plazo “un informe circunstanciado de las medidas adoptadas y a adoptar para dar cumplimiento a los fines perseguidos con el presente decreto”, como así también se encomienda a la Sindicatura General de la Provincia “una auditoría integral del ente (…) con facultades de ampliar los alcances de la misma en la medida que su proceder así lo justifique”.

Otros elementos que surgen sobre la situación del grupo Vicentin:

Justamente hoy la periodista Silvia Naishtat publica que «en diciembre, previo a que se desencadenara la cesación de pagos de Vicentin, sus bancos acreedores del exterior pidieron información al gigante agroindustrial. En ese momento solicitaron a la cerealera un proceso de due dilligence para acceder a sus números. Y afirman no haber encontrado explicación para que una firma de balances robustos estuviera boqueando unos pocos meses más tarde. En Amsterdam, sede de BMO, banco de Desarrollo Holandés, 50% estatal, junto al cooperativo Rabobank, había quienes previeron un cataclismo. Esos acreedores junto a la CFI, el brazo financiero del Banco Mundial, los franceses Credit Agricole y Natixis, y en menor medida otros como el brasileño Itaú, que extienden líneas de prefinanciación de exportaciones, se unieron en un comité de acreedores. Acumulan US$ 530 millones, que representan el 38% del pasivo del gigante agroindustrial que se calcula en US$ 1.400 millones. Y fueron a la justicia de Nueva York para solicitar lo que se llama un proceso de Discovery (rastreo de las cuentas desde 2017 de las empresas y la familia Vicentin) que fue concedido por el juez Alvin Hellerstein, de la Corte del distrito Sur de Nueva York, en febrero. El estudio de abogados Norton-Rose-Fullbright que lleva el caso en Nueva York tiene “sospechas” de que algunos millones se habrían escabullido. A todo esto existe un desencanto generalizado en los bancos especializados en financiar la cosecha que trasciende el caso Vicentin y que pone en riesgo lo que pueda llegar ocurrir en este castigado 2020 con los cultivos como la soja, maíz, sorgo y girasol cuya siembra temprana arranca en setiembre. De allí, el apuro por resolver el caso Vicentin de un concurso que, pandemia mediante, extendió hasta fines de agosto la presentación de verificación de las deudas.»

Más pruebas de vacunas contra COVID-19, con resultados alentadores

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La compañía alemana BioNTech y el laboratorio farmacéutico estadounidense Pfizer anunciaron ayer miércoles 1° de julio resultados preliminares positivos para su proyecto conjunto de vacuna contra el nuevo coronavirus en 45 participantes. La vacuna experimental BNT162b1 «es capaz de generar una respuesta de anticuerpos neutralizantes en humanos a niveles mayores o iguales a los observados en sueros convalecientes, y lo hace a dosis relativamente bajas», dijo Ugur Sahin, director ejecutivo de BioNTech, citado en un comunicado de ambas compañías. El suero o plasma convaleciente se extrae de la sangre de personas que han sido infectadas con SARS-CoV-2 y que se han recuperado. Los datos preliminares corresponden a un ensayo llamado de fase 1/2 llevado a cabo en Estados Unidos, cuyo objetivo era verificar que la vacuna no fuera tóxica y desencadenara una respuesta del sistema inmunitario para preparar al cuerpo para resistir el virus. Participaron 45 personas de 18 a 55 años, la mayoría de las cuales recibieron dos dosis con 21 días de diferencia de la vacuna o de un placebo, sin saberlo. Pero un número relativamente grande de participantes tuvo fiebre después de la segunda dosis, según el estudio publicado en el sitio en internet de prepublicaciones científicas medrxiv.org. La tecnología de esta vacuna se basa en el ARN mensajero, un código genético que se inserta en las células humanas para que produzcan anticuerpos específicos para el coronavirus. Varias compañías ya han publicado resultados preliminares que indican que sus vacunas experimentales activan una respuesta inmune, después de la fase inicial de sus ensayos clínicos, es decir, en humanos. Veintitrés proyectos han comenzado estos ensayos, según la London School of Hygiene & Tropical Medicine, y varios ya han pasado a la segunda e incluso a la tercera fase, que consiste en inyectar la vacuna en miles o decenas de miles de voluntarios para ver si impide realmente el contagio. La vacuna de la biotecnología estadounidense Moderna y la de la Universidad de Oxford y el laboratorio AstraZeneca se encuentran entre las más avanzadas en ensayos a gran escala, así como varios proyectos chinos, en particular el de la empresa CanSinoBIO, sobre el que informamos en detalle ayer: ya ha obtenido la autorización para administrarla a decenas de miles de soldados del ejército chino.

´Delirium´, una complicación que aparece en pacientes graves de coronavirus

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Pacientes de coronavirus que se recuperaron describen haber experimentado desde un estado de confusión y visiones, hasta alucinaciones y agitación durante la internación en terapia intensiva

Historias recientes de personas que se recuperaron de Covid-19 en Estados Unidos, China, Francia o el Reino Unido describen haber experimentado desde un estado de confusión y visiones, hasta alucinaciones y agitación durante la internación en terapia intensiva. El mismo fenómeno ha sido observado por médicos de los hospitales en Buenos Aires. Mientras la ciencia busca conocer mejor cómo la infección afecta otros órganos más allá de los pulmones, por ejemplo el cerebro, los relatos de quienes estuvieron en respirador con sedación varias semanas atraen la atención de especialistas. Se trata de una complicación habitual de los cuidados críticos: el delirium . «Está fuertemente asociado con el síndrome post terapia intensiva, que se caracteriza por la aparición (después del alta) de trastornos cognitivos, debilidad neuromuscular (polineuromiopatía), depresión y trastorno por estrés postraumático. Son los pacientes que quedan huérfanos de atención porque no hay quien comprenda lo que les sucede», explica Ignacio Previgliano, exjefe de la Unidad de Terapia Intensiva y actual director del Hospital Fernández. Pero con la demanda de cuidados críticos con uso de respirador que genera la pandemia de Covid-19, esos efectos pueden convertirse en un problema de salud pública sin un seguimiento en el tiempo. Para alertar sobre esto a la comunidad médica internacional y las autoridades sanitarias, la Academia Europea de Medicina de la Rehabilitación publicó en la revista Journal of Rehabilitation Medicine «un llamado a la acción» para contrarrestar las secuelas físicas, emocionales y psicológicas que pueden permanecer hasta al año del alta en un 35% de los pacientes que superaron la internación en una Unidad de Terapia Intensiva. En un video difundido con el artículo, Henk Stam, presidente de la academia, lo define como «una consecuencia de Covid-19 que, hasta ahora, no atrajo demasiada atención» . Hace cinco años, cuando otro coronavirus encendía las alertas mundiales -MERS-CoV causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio-, Previgliano entrenó en China a los equipos de las unidades de terapia intensiva (UTI) de los hospitales universitarios de Huizhou, Urumqi y Lanzhou en la detección de este síndrome confesional agudo, que aparece en entre el 30 y 80% de los pacientes, independientemente de la causa por la que necesitan asistencia respiratoria. «Es una complicación psiquiátrica multicausal con pasos diagnósticos claros», agrega. «Covid-19 es una enfermedad más que requiere ventilación mecánica en terapia intensiva.» Dos herramientas clínicas facilitan el diagnóstico de este síndrome confusional durante la internación: una es la Escala de Sedación y Analgesia de Richmond (RASS, por su nombre en inglés) y la otra es un test neurológico para evaluar la confusión en cuidados críticos conocido como CAM ICU, por su sigla en inglés. Es breve y consta de una serie de preguntas simples, como ¿un kilo pesa más que dos? o ¿hay peces en el mar? «Se vio que los pacientes con delirium tienen, al alta de la terapia, daño neurocognitivo», comenta Previgliano, que investigó ese efecto no deseado del uso del respirador con un análisis de los resultados de anatomía patológica de los cerebros de pacientes que no habían fallecido por causas neurológicas. Condición habitual Juan Ignacio Ingelmo es jefe de la División Interconsulta y Urgencias en Salud Mental del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital de Clínicas. En estos meses, también le toca asistir a pacientes con Covid-19. Coincide en que el delirium o síndrome confusional agudo es una condición habitual no sólo en la unidad de terapia intensiva, sino en otros ámbitos hospitalarios, como la unidad coronaria y otras salas de internación . «La internación en cuidados intensivos, que es un ambiente cerrado, en sí mismo es una condición. Y, en términos generales, no suele dejar secuelas, salvo en algunas condiciones, como cuando es provocado por una condición de hipoxia cerebral», indica el especialista del hospital universitario. Ingelmo comenta que en los pacientes con la enfermedad por el nuevo coronavirus puede tener que ver también con el efecto directo del virus en la función pulmonar. «Con Covid-19 se ven síndromes confusionales, pero hasta aquí no hay evidencia de secuelas en el largo plazo«, dice sobre su experiencia cotidiana. Y agrega: «Es probable que Covid-19 tenga una acción directa sobre el sistema nervioso central , como lo sugieren los síntomas de disgeusia (pérdida del gusto) y anosmia (pérdida del olfato), entre otros. Pero esto aún no nos permite afirmar que el síndrome confusional agudo esté directamente asociado . Hay síntomas neurológicos que estamos viendo en los pacientes y es altamente probable que tengan relación con Covid-19». Si bien desde el servicio que dirige Ingelmo no detectaron un aumento de consultas de terapia intensiva u otros servicios por síntomas neuropsiquiátricos en pacientes con Covid-19, señala que «hay evidencia creciente en publicaciones internacionales de que esto podría ser de esta manera». Un estudio publicado hace cinco días en la revista Lancet Psychiatry describe complicaciones neurológicas y psiquiátricas en un primer seguimiento en Reino Unido de 153 pacientes con Covid-19 a través de una red online de la Asociación de Neurólogos Británicos, la Asociación Británica de Especialistas en ACV y el Colegio Real de Psiquiatras. El 18% de los casos tenía menos de 60 años. En los países del hemisferio norte que superaron lo que sería la primera ola epidémica de este nuevo coronavirus, distintos grupos de Estados Unidos y Europa que elaboraron guías para el manejo del delirium coinciden en que esta pandemia también crea «la tormenta perfecta» para la aparición de esta complicación. Eso incluye un uso más prolongado del respirador y los fármacos para la sedación y la analgesia, además de la alteración del sueño y la inmovilidad por varias semanas sin posibilidad de recibir la visita de sus seres queridos por las restricciones para prevenir contagios. Además, la falta de oxígeno y la inflamación en los casos más graves también puede afectar el cerebro y colaborar con la aparición de complicaciones cognitivas.

En la provincia de San Luis se desarrolla otro auto eléctrico

Coradir, una empresa especializada en artículos eléctricos de San Luis, presentó el «Tito»: el primer auto eléctrico de esa provincia. El objetivo de la empresa es lanzarlo a la venta a fin de año, a un precio de 10 mil dólares.
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Juan Manuel Baretto, presidente de Coradir, anunció que ya se inició el proceso de homologación y que el Tito competirá contra el Volt, el auto eléctrico cordobés, que cuesta el doble.
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La empresa Coradir ya tiene los primeros prototipos, el vehículo que planean sea el más económico del país. Tito tiene una autonomía de 100 kilómetros con una carga eléctrica de ocho horas y su velocidad máxima es de 65 km/h, dado que es un auto destinado al uso en la ciudad.
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La fábrica les daría trabajo a 40 personas para el ensamblado del automóvil. El lanzamiento oficial sería en diciembre, pero depende de la habilitación de los permisos.
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“Desde hace dos años trabajamos junto con Probattery, una empresa nacional de baterías que tiene muchos años. Comenzamos a trabajar en esta línea porque entendemos que el futuro de la electrónica está en estas temáticas. Pensamos que el tema de los coches eléctricos en la Argentina venía muy demorado y planeamos hacer un modelo como para generar el primer cliente para la línea de baterías de movilidad de la empresa”, expresó el presidente de Coradir, Juan Manuel Baretto.
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“Tito es un producto muy superador”, expresó sobre el primer auto eléctrico puntano. El vehículo tiene cuatro asientos y los traseros son rebatibles para lograr más espacio en el baúl. Además, tiene carrocería de origen chino, pero será reemplazada por una nacional. “Un gran problema es la carrocería en chapa, que para diseñar las matrices, los moldes y hacerlo acá necesitás mucha demanda, entonces lo que hicimos fue buscar en China una que ya existe, que se usa en muchos modelos eléctricos, y firmamos un convenio”, contó.
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La electrónica y las baterías son diseño de la compañía. “En principio traeríamos todas las partes a la planta de San Luis y el coche se ensamblaría íntegramente aquí”, agregó.
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“En el primer trimestre del año que viene ya tendremos que estar haciendo la carrocería nosotros. Tenemos los permisos del diseñador y hay una empresa en Munro haciendo las matrices, porque lo vamos a hacer del material Kevlar, ya que para hacer matriz de chapa se necesitan muchas cantidades. Como tenemos una fábrica de metal-mecánica, vamos a hacer la carrocería de aluminio con perfiles y partes fundidas”, detalló.
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La compañía estima que para fin de año tendrán el 80% del vehículo con producción nacional.
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El auto eléctrico está en proceso de certificación para que aprueben las medidas de seguridad y que el coche tenga el permiso para circular en la provincia y en el resto del país.
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“Está pensado para que sea de carga lenta y quien adquiera un vehículo eléctrico no tenga que hacer en su casa una modificación, entonces de noche, mientras dormís, dejás el coche enchufado y listo. Tiene 100 kilómetros de autonomía con baterías de plomo; si ponés el pack de baterías de litio, podes triplicar esa distancia”, indicó Baretto.
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“Para ser un citycar esa autonomía sobra. Yo vivo en La Punta y no hago 100 kilómetros por día, tranquilamente debería cubrir el desplazamiento de una persona. Está pensado para ser un coche que no salga de la ciudad”, expresó el presidente de la empresa. La firma planea comercializarlo en todo el país. Tendrá un costo al público de 10.000 dólares. “Es a dólar oficial, hoy sería unos $720.000”, mencionó. Los tiempos de entrega serían de 60 a 90días. . “La semana que viene largamos el micrositio web del vehículo, donde van a estar todas las especificaciones técnicas definidas para que la gente que sea más entusiasta lo pueda ir viendo”, anunció el presidente de Coradir. . Baretto mencionó que planean que las cuotas de financiación tengan el mismo monto que el gasto mensual de nafta de un auto común. “En promedio la gente recorre 20.000 kilómetros por año en una ciudad, son unos 1.500 mensuales, que equivalen a $12.000 de nafta por mes. Queremos llegar a una cuota ajustada al valor del combustible o algo similar. Estamos trabajando con los bancos”, estimó. Además, expresó que planean que Tito sea el auto más barato de la Argentina.
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“En principio haríamos dos motorizaciones, una de más velocidad para quienes tengan que ir de una ciudad a otra, pero también depende de los permisos y su rapidez. Después, quizás con una carrocería similar, haríamos un cargo, que sobre todo para paquetería es muy útil”, adelantó.
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Otra característica del vehículo es que no requiere mucho mantenimiento, solo de frenos, y las baterías de litio duran alrededor de ocho años. La empresa está haciendo las modificaciones a la fábrica para crear la línea de ensamble. Y planea vender entre 200 y 250 vehículos en el primer año de lanzamiento.

La primera vacuna anti COVID-19 ya fue licenciada. Es china. Y hay otras en camino

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Es oficial: hay una vacuna anti-Covid licenciada por una autoridad regulatoria con jurisdicción sobre 1400 millones de personas. Es de la empresa china CanSino y la autorización de su despliegue sucedió este domingo 29/6, pero está restringida únicamente a las FFAA chinas. La vacuna había hecho estudios de fase I y II, es decir de toxicidad y un primer doble ciego de efectividad. Normalmente a eso sigue uno de fase III con miles de casos también en doble ciego, para que los grandes números expresen los efectos colaterales escondidos. Pero en este caso la dirigencia política china decidió que las FFAA (o una parte de éstas) asuman la fase III. Para el caso, son las más numerosas del planeta: 2,18 millones de militares, sumando todas las armas. CanSino es una empresa incubada por el Instituto de Biotecnología de Beijing, que a su vez depende de la Academia Militar de Ciencias Médicas. Desarrolló una vacuna viral recombinante: consta de adenovirus Ad5 vivos y modificados. En su versión salvaje, son casi inofensivos, pero no del todo: causan resfríos en los humanos. En la versión modificada por CanSino, tienen un añadido genético del virus SARS CoV-2: las secuencias de ARN que codifican la proteína «Spike» de la cápside de este último virus. La idea es que los tejidos del vacunado, en una suerte de aprendizaje de tiro al blanco, fabriquen esta antígeno irritante en la cantidad suficiente como para que el sistema inmune lo detecte y sintetice anticuerpos capaces de neutralizarlo. De algún modo, la vacuna real la fabrica el propio vacunado en su cuerpo: CanSino suministra las instrucciones genéticas para hacerlo. La proteína Spike es quizás el blanco más importante para atajar el SARS CoV-2: actúa de garfio de abordaje para que el virus se pegue a la célula que trata de invadir. Si se lo bloquea, el abordaje fracasa. De las 29 enzimas que parece fabricar este virus, todas ellas con capacidad antigénica, todas factibles de bloqueo con anticuerpos, la Spike parece ser el objetivo de la mayor parte de las vacunas en desarrollo. En materia de efectividad, la revista de medicina británica «The Lancet» evaluó casi favorablemente la fase 1 de la vacuna de CanSino, que se hizo sobre 108 voluntarios (todos del servicio médico del Ejército Popular de Liberación): el 75% de los vacunados con dosis altas expresó anticuerpos con capacidad de neutralizar la proteína Spike, y el 50% de los que recibieron una dosis media también. En forma interesante, la respuesta a la vacuna fue doble: no sólo estimuló la producción de anticuerpos anti-Spike, sino también la llamada “inmunidad celular”, es decir la acción de los linfocitos CD4 y CD8 contra los tejidos infectados. ¿Qué dice la competencia? Dennis Burton, inmunólogo del Scripps Research Institute de los EEUU, dijo que los publicados en The Lancet son números aceptables «pero para nada impresionantes». El problema de la vacuna de CanSino, explica el tipo, es que tiene un piso alto y un techo bajo. El techo está dado por la toxicidad: una alta dosis de virus del resfrío, sean salvajes o modificados, puede ser una pésima idea. Hildegund Ertl, vacunólogo del Wistar Institute, dice lo siguiente sobre la toxicidad de la fórmula de CanSino: “Casi todos los vacunados, el 81%, pasaron por al menos un efecto colateral fuerte, sea dolor de cabeza, dolores musculares, fatiga o fiebre”. Ertl añade que 9 de los 108 pacientes de la fase 1 tuvieron fiebre alta, y entre ellos 5 de los que recibieron la dosis máxima. Si ése es el techo, el piso lo pone la respuesta inmune humana frente a los adenovirus Ad5. ¿Qué hace con ellos? Los neutraliza con anticuerpos, es decir, ataca la vacuna, porque ES –además- una infección: un resfrío. La gente que no se resfría nunca es bastante eficiente en esto de neutralizar adenovirus Ad5, y tal vez por ello esta vacuna en particular les resulte inefectiva a bajas dosis. Sin embargo, ahora que se suministrará masivamente, podrá verse en números su potencial de evitar –o no- grandes contagios de Covid-19, o al menos de mitigarlos. En la cancha se ven los pingos, como dicen en Beijing. Ante el problema de que casi todo humano tiene memoria inmune contra los resfríos, otros investigadores que usan adenovirus como vectores de distintos antígenos del SARS CoV-2 optaron por primos lejanos del banal Ad5, de los que la mayor parte de los humanos no tenemos mayor experiencia patológica, como el Ad26. Fue el vector elegido por Johnson y Johnson. La idea es que el vacunado no ataque a la vacuna. Otro ejemplo más audaz: AstraZeneca y el grupo de la Universidad de Oxford prefieren como vector un virus del resfrío de los chimpancés. Más allá de críticas y comparaciones, la de CanSino fue la primera vacuna del mundo en publicar los resultados de su fase 1 en una revista con comité de referato, y no cualquiera: The Lancet es el “journal” más prestigioso en medicina clínica, o al menos el más viejo (empezó en 1823). Ahora esta vacuna es también la primera en llegar a despliegue masivo. Próximo paso para CanSino si la vacunación de las FFAA chinas da buenos resultados: vacunar al personal viajero de las multinacionales chinas con operaciones en el exterior. El gobierno chino es lo suficientemente monolítico como para saltearse una fase III, o inventar una tan enorme que de hecho equivale a un licenciamiento acotado, y eso sin que los medios protesten. El patriotismo de las fuerzas armadas se puede dar por descontado. La obediencia de los medios chinos también. (En una serie de notas Las vacunas que vienen, que publicamos hace sólo dos semanas, mencionamos a CanSino, pero no entre las más adelantadas. Eso sí, señalamos que los chinos habían aprendido dos lecciones en fabricación de armas de sus mentores soviéticos de hace 70 años: «Hacelo simple, y poné el cuerpo»). Más de un “opinator” saldrá con que sería difícil que un ente regulador occidental como la FDA (Food and Drug Administration, la agencia reguladora estadounidense) pueda apresurar así el licenciamiento comercial de una vacuna. Pero estaría macaneando. En 1955 la primera fórmula efectiva contra la poliomielitis, la de Jonas Salk, se puso a prueba sobre una fase III que involucró a 1,8 millones de chicos estadounidenses. Eso fue muy poco ortodoxo, pero en la ocasión las autoridades echaron agua bendita sobre el procedimiento. Aquel año EEUU tenía una epidemia de 55.000 casos mayormente infantiles, y no estaba el ánimo público para una fase III de un par de años.  Hubo problemas de seguridad: unos 200 casos de parálisis atípica en un único miembro (el inyectado). Resultaron no ser inherentes a la vacuna Salk en sí, sino a mal control de calidad de dos de los 5 fabricantes elegidos por el gobierno estadounidense para fabricar casi 2 millones de dosis. La vacuna Salk funciona con virus entero inactivado por formol, y varias partidas estaban mal inactivadas, es decir con el virus parcialmente vivo. No son infrecuentes los problemas de seguridad originados en fábrica cuando una vacuna es licenciada. No es lo mismo una producción de algunos miles de dosis que la de muchos millones. La competencia entre biotecnológicas estadounidenses y chinas por una vacuna anti-Covid empieza a parecerse a la carrera espacial por la Luna en 1969. Sólo que en esa había sólo prestigio en juego: ahora son millones de vidas y la economía mundial. Este virus no desaparecerá solo, y en sus idas y vueltas tiene el potencial de repetir la performance del de la gripe H1N1 de 1917, que tras cuatro oleadas pareció esfumarse del mundo en 1920. Pero eso tras haber matado –sin mayor oposición- a entre 40 y 100 millones de personas. Dado que la tecnología de vectores virales recombinantes es totalmente distinta de la de tiempos de Jonas Salk, es difícil que pueda repetirse un problema de seguridad parecido al que tuvo el primer despliegue masivo de la Salk con esta vacuna de CanSino. Pero la inmunología es una ciencia bastante impredecible y los que mandan son los resultados. El punto menos brillante de esta primera vacuna podría ser la efectividad, más que la seguridad. Pero incluso si demuestra un efecto protector al menos parcial, siempre se la podrá combinar con otras de distinta base tecnológica, apuntadas contra otros antígenos y/o procesos virales. No sería extraño que en un futuro nada lejano lo común sean las vacunas múltiples anti-Covid. Lo bueno es saber que ya hay al menos una ya en despliegue masivo, y casi 160 más en distintas fases preclínicas y clínicas de desarrollo y licenciamiento. Hasta ahora, todo fue cuarentenas, o diagnóstico y rastreo, defensa puramente pasiva, brutal y de alto costo económico y político. Esta fórmula es la primera acción ofensiva de la humanidad contra el Covid-19. Por fin empezó la guerra en serio. Pero nada indica que vaya a ser corta o fácil.

Daniel E. Arias

Bernal Castro: “Si no hay un reactor CANDU, sería preferible no avanzar con la oferta china”

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El presidente de la Comisión Nuclear Metalúrgica de ADIMRA -Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina- y discípulo del tecnólogo Jorge Sabato en la CNEA, afirma que la compra de una central nuclear a China llave en mano solo es válida si está vinculada con la construcción de otro reactor con la tecnología dominada por la Argentina.

Ricardo Bernal Castro es el presidente de la Comisión Nuclear Metalúrgica de ADIMRA y el titular de la Cámara de Fabricante de Tubos y Caños de Acero. También es conocido como uno de los 12 apóstoles de Jorge Sabato, el gran tecnólogo argentino con el que trabajó en la Gerencia de Materiales de la Comisión Nacional de Energía Atómica, CNEA desde el año 1969. Durante la dictadura que se inició a partir de 1976, Bernal Castro abandonó la jefatura del Laboratorio de Ensayos Mecánicos de la CNEA y pasó al sector privado. Más cerca en el tiempo, este ingeniero electrómecánico que se había incorporado a la Fábrica de Aleaciones Especiales (FAE) empresa especializada en la producción de tubos de zircaloy para plantas nucleares participaría de dos grandes proyectos del sector nuclear argentino: la finalización de la obra de Atucha II y la extensión de vida de la Central Nuclear Embalse. En diálogo con TSS, Bernal Castro respondió a las declaraciones del director de Nucleoeléctrica Argentina (NASA), Rubén Quintana, sobre la conveniencia o no de construir una central nuclear CANDU (de agua pesada y uranio de bajo enriquecimiento, la tecnología dominada históricamente por la CNEA) en la Argentina y acerca del impacto que tendría en la industria local con respecto a la construcción de una central china Hua Long llave en mano. “Decir CANDU o Hua Long es una falsa dicotomía. Creo que hay que hablar de las dos simultáneamente, como se acordó originalmente con China. En el año 2015 viajamos junto con NA-SA para firmar un acuerdo por la construcción de las dos centrales y ambas líneas son válidas si están vinculadas. Un reactor Hua Long solo cuesta unos 8000 millones de dólares y, por más que sea un muy buen crédito, hay que pagarlo”, dijo. Para construir una central nuclear CANDU, Quintana aseguró que hace faltan 70 actualizaciones importantes que son demasiado caras y que deberían contratarse en el exterior. ¿Esas actualizaciones se hicieron para la extensión de vida de Embase? Se incorporaron algunas innovaciones de lo que es el modelo CANDU VI, que es lo más reciente que desarrolló CANDU, pero como Embalse es una central anterior a estos desarrollos no tuvo esas innovaciones. Más allá de que se hayan incorporado o no, los conocimientos que tiene NA-SA, por el equipo que trabajó en Embalse, más la propia experiencia anterior de la CNEA cuando se construyó Embalse, más de 40 años atrás, hace que cualquier adaptación o modificación necesaria en una central CANDU sea relativamente sencilla de hacer por argentinos a partir de un acuerdo entre la Argentina y Canadá. ¿Le parece que es posible hacer una nueva CANDU en nuestro país entonces? Creo que es una buena idea. Este tipo de central es la que mejor conoce la Argentina entre las existentes. El resto de las centrales tienen dos problemas. En primer lugar, del modelo Hua Long chino no se conocen centrales en otros lugares. Hay algunas similitudes con respecto al reactor Westinghouse de Estados Unidos, que no se ha continuado, y con un desarrollo francés. En segundo lugar, la construcción de los componentes principales de una central de este tipo no serían posibles de hacer en la Argentina porque hace falta industria básica muy importante que solo pocos países en el mundo tienen. Canadá hizo el CANDU porque no tenía esa industria pesada necesaria para hacer recipientes de presión como un PWR (reactor de agua presurizada, en inglés). Entonces, optó por desarrollar los tubos de presión, que es una tecnología para países industriales desarrollados pero de menos capacidad en industria pesada. Así llegaron a un reactor que tuvo y tiene una gran actividad. No olvidemos que en India se están construyendo seis reactores tipo CANDU, ya que los indios hicieron sus propios avances y próximamente esperan construir otros diez. En cuanto a los combustibles para una central Hua Long, ¿cree que CONUAR podría producirlos? Hasta donde yo sé, las discusiones sobre el combustible han sido muy duras. ¿Técnicamente se podría? No sabemos porque no lo conocemos. CONUAR es una empresa que desde hace 40 años fabrica combustibles nucleares para las centrales de potencia, que son de uranio natural o levemente enriquecido. Pero también ha desarrollado, bajo las instrucciones de la CNEA, el combustible del CAREM y de otros reactores experimentales, y los de investigación de INVAP. Experiencia tiene, el problema es la transferencia de tecnología. Habría que ver si China está dispuesta a hacer esa transferencia y cuándo, porque había información del Gobierno anterior (la gestión de Cambiemos) que decía que podrían hacer la transferencia de tecnología después de 20 años de funcionamiento de la central. No sabemos si hoy están ofreciendo algo nuevo. ¿Cuales son las expectativas con el proyecto CAREM? El CAREM es lo mediato. Consideramos, desde el punto de vista de la Comisión Nuclear de ADIMRA, y de ADIMRA en su totalidad, que es un punto estratégico del desarrollo nuclear argentino. Ahí debería estar primero el esfuerzo. Si hoy pensamos en una obra nuclear deberíamos concentrarnos en el CAREM, que tiene costos menores y es un módulo desarrollado íntegramente en la Argentina, con la industria local, con todos los componentes principales de la isla nuclear fabricados en el país y ahí es adonde debería estar apuntando la Argentina. Deberíamos estar buscando créditos regionales para poder desarrollar ese reactor, que desde el punto de vista regional sería un avance fantástico porque está diseñado y pensado para zonas remotas adonde no se pueden construir grandes generadores de energía por la falta de redes. Primero, hay que terminar el prototipo que será la vidriera al mundo. De aquí a dos o tres años ese reactor puede llegar a tener una condición financiera que hoy no tiene, por una mejora del país y de la región. Hoy, con la pandemia que estamos viviendo, cualquier condición crediticia, ya sea para un CAREM, un reactor chino o uno canadiense, es difícil de pensar. ¿Cómo está el vínculo de las empresas del área nuclear con Brasil? El vínculo es bueno. Hubo suministros aislados en los últimos años, exportaciones estratégicas a Brasil, por ejemplo, para el submarino de propulsión nuclear que está construyendo ese país. La Argentina proveyó partes absolutamente críticas y estratégicas, como los tubos de los generadores de vapor del submarino, pero hay poca vinculación. Me parece que la Argentina tiene que hacer un trabajo mucho más intenso con Brasil en materia nuclear porque somos países complementarios. Brasil tiene esa industria pesada de la que hablábamos para hacer una vasija de PWR que no tiene la Argentina. Por otro lado, la Argentina cuenta con una industria intermedia, producto de su experiencia tanto en la ampliación de vida de Embalse como en la construcción de Atucha II y el mantenimiento de Atucha I, que no tiene Brasil. Hay una cantidad de elementos complementarios que deberían estar más vinculados. En este momento la relación política no es la mejor y eso hace que no haya grandes vinculaciones, pero nuestro trabajo de expansión nuclear debería estar sustentado junto con Brasil. ¿Cómo fueron los últimos cuatro años para las empresas del sector nuclear? Fueron malos. No solo porque no se construyó lo que se pensó que se iba a construir, tanto la central CANDU como la Hua Long, sino porque las autoridades le decían a la industria que se prepararan, que continuaran trabajando y se fortificaran porque venían esas obras. En esas condiciones, las empresas se comprometieron, crecieron, incorporaron personal y mantuvieron los equipos que estaban trabajando en la extensión de vida de Embalse, ya que no había mejor práctica que la instalación de los componentes de Embalse para que después esos mismo recursos humanos se dedicaran a la construcción de la central CANDU. Hasta mediados del año 2018 ese proyecto seguía vivito y coleando, pero tras la apertura del crédito con el FMI se cayó el CANDU y nunca hubo una información definitiva por parte de la Secretaría de Energía. Fue una especie de abandono sin avisar la renuncia. Quisiera remarcar el esfuerzo de ambos proyectos de los que estamos hablando. Por razones financieras e industriales, estos proyectos deben estar vinculados. El reactor chino tiene una réplica bajísima en la industria argentina. Puede haber algún componente menor o suministro, algo de obra civil, pero es un reactor llave en mano. El rebote industrial y tecnológico del reactor chino es cero. Para China, es bueno poder vender un reactor fuera de su territorio que no sean los dos que está construyendo en Pakistán, que tienen que ver con razones geopolíticas, pero no hay ningún otro en el mundo occidental. Además, no se venden muchos reactores en el mundo en este momento. El CANDU es todo lo contrario: salvo una o dos bombas, la turbina y el generador, que deben ser importados, el resto de los componentes se pueden fabricar en el país y la industria lo ha demostrado con la extensión de vida de Embalse. Por eso, ambos proyectos deben estar juntos y no es una idea loca porque fue lo que siempre estuvo en las negociaciones y China lo aceptaba sin ningún problema. Por supuesto que, a medida que iba avanzando la negociación, el Gobierno de Macri cedía algunos componentes del CANDU a China para que les fuera más atractivo, pero ese no era el eje de la negociación. El eje siempre fue que China financiaba un reactor y construía otro, eso fue lo que motivó el acuerdo. Si no hay un reactor CANDU y solo se compra uno llave en mano, sería preferible no avanzar con China.»