El Ingreso Universal, o Renta Básica Universal es una institución sobre la que se ha estado debatiendo por más de una década. En principio, la idea es que garantiza a todos los ciudadanos de un país lun ingreso mínimo que permita la supervivencia básica mes a mes, garantizado por el estado.
Los que cuestionan esta medida sostienen que destruye la «cultura del trabajo». Se les responde que esa «cultura del trabajo» puesta en peligro por una modestísima suma mensual se refiere exclusivamente a trabajos precarios y mal pagos. En un nivel superior del debate, se ha señalado que el trabajo no da sólo un sueldo, sino identidad y sentido de pertenencia. Que el ideal de una sociedad debe ser que todos sus miembros tengan trabajo, no sólo una asignación.
Sucede que la pandemia del nuevo coronavirus está haciendo obsoleta esa discusión, al menos por un tiempo. Países tan poco «populistas» como el Brasil actual (por lo menos en San Pablo) y Colombia han implementado una forma de renta básica universal.
Y los Estados Unidos y varios países europeos avanzan en esa dirección. Como lo vemos en AgendAR, una vez que esas instituciones se establecen en una sociedad, es muy difícil que se vuelva atrás.
Entre nosotros, ayer el presidente Alberto Fernández, en un reportaje radial, expresó su aprobación de la idea. Pero la medida que se está elaborando en el Ministerio de Desarrollo Social no es un «ingreso universal», aunque se llame así.
Está pensado para unos 3 millones de argentinos, los más vulnerables entre quienes cobran el Ingreso Familiar de Emergencia, y que, se supone, tendrán dificultades para conseguir empleo aún cuando finalice esta fase del «aislamiento social» y las restricciones en el transporte urbano.
El encargado de dar precisiones fue el ministro, Daniel Arroyo, que confirmó la creación del subsidio, que, a diferencia del IFE, no está previsto para un par de meses, sino que podría extenderse por varios años.
Arroyo explicó que el Ingreso Universal se complementaría con el plan Potenciar Trabajo, que buscará reconvertir los planes sociales y subsidios en mano de obra productiva al servicio del Estado.
Y destacó que el Ingreso Universal estará apuntado a unos 3 de los 9 millones de beneficiarios del actual IFE, a quienes definió como el grupo “más vulnerable” de la economía social argentina.
También aclaró que “la AUH es totalmente complementaria al resto de los programas y forma parte del sistema de seguridad social porque funciona como un complemento del salario familiar para quienes no tienen un trabajo formal”.“Sabemos que cuando la pandemia termine una parte de quienes hoy tienen IFE reingresarán al mercado laboral”.
Desde el Gobierno Nacional, se lo ve como parte de su estrategia para reactivar la economía en los próximos meses. Como lo fue el plan Jefes y Jefas de Hogar en el año 2002.
Un estudio científico estima que tres millones de vidas se salvaron en 11 países europeos por las medidas de aislamiento social contra el Covid-19. El trabajo calcula que el distanciamiento social impuesto en diferentes intensidades evitó, sólo en España, unas 450.000 muertes por Covid-19. El estudio se publicó en la prestigiosa revista Nature y se puede acceder cliqueando aquí.
El equipo del Imperial College de Londres afirmó que “el número de muertos habría sido enorme” sin las cuarentenas. Pero advirtieron que sólo una pequeña proporción de personas se había infectado y que aún se está sólo “al principio de la pandemia”. Los cierres han “salvado más vidas, en un período de tiempo más corto, que nunca antes”.
El estudio es obra de un equipo de “modelización” en computadora que lidera el Imperial College de Londres y que colabora con la Organización Mundial de la Salud. Además de España se han analizado los casos de Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Noruega, Suecia, Suiza y Reino Unido. Se usa el número de muertes en cada país para estimar el número de infecciones que había dos semanas antes y sigue la trayectoria de estas desde el comienzo de la epidemia hasta el 4 de mayo, cuando algunos países comenzaron a relajar las medidas .
La investigación muestra que las medidas tuvieron éxito, y que en todos los países analizados el llamado “número reproductivo” Rt (que mide cuántos casos nuevos hay por cada infectado ya registrado) quedó por debajo de 1, considerado un nivel que ya impide la expansión del virus. Si no se hubiera tomado ninguna medida, los expertos calculan que estos países habrían registrado 3,1 millones de muertes más. “En medio de la pandemia en curso, dependemos de datos de muertes que son incompletos, con sesgos sistemáticos en la presentación de informes, y sujetos a una futura consolidación”, aclaran los científicos. “Estimamos que las intervenciones actuales han sido suficientes para reducir el número de reproducciones a menos de 1 (el citado número Rt) y lograr el control de la epidemia.
Estimamos que, en los 11 países, entre 12 y 15 millones de personas han sido infectadas, lo que representa entre el 3,2% y el 4,0% de la población. Nuestros resultados muestran que las principales intervenciones no farmacéuticas y el bloqueo (cuarentena) en particular han tenido un gran efecto en la reducción de la transmisión. Se debería considerar la posibilidad de continuar con la intervención para mantener la transmisión del virus Sars-CoV-2 bajo control”, agregan los científicos británicos.
“La tasa de transmisión del virus ha caído hasta estar controlada en todos los países estudiados”, resalta Shamir Batt, estadístico de la Universidad de Oxford y coautor del trabajo. “Ahora lo importante es valorar qué medidas hay que mantener para tener a la transmisión bajo control”, resalta. La caída media del número de reproducción Rt ha sido de un 81% en los 11 países analizados.
Se descubrieron dos enormes estructuras compuestas por material denso ubicadas a unos 3000 kilómetros por debajo de nuestros pies, en lo profundo de la Tierra. El hallazgo de este fenómeno en las entrañas del planeta fue realizado gracias a una serie de algoritmos recopilados en un sistema llamado Sequencer aplicados a los datos que proporcionan los sismógrafos, y constituye una «enorme anomalía» nunca antes detectada.
El descubrimiento fue realizado por investigadores en la Universidad de Maryland y publicado el pasado viernes en la revista Science. Allí se informó que el sistema que se utilizó para esta detección se desarrolló originalmente para analizar galaxias distantes, pero terminó develando un misterio en el interior de la Tierra.
Lo que bautizaron como «anomalías muy grandes» fueron detectadas, una debajo de las Islas Marquesas, un archipiélago volcánico ubicado en la Polinesia Francesa. Y la otra, de estructura similar, debajo de Hawai . Esta última resultó ser más vasta de lo que se supuso en un principio.
Los científicos fueron dirigidos por Doyeon Kim , un sismólogo de la Universidad de Maryland. El trabajo consistió en alimentar los sismogramas capturados de cientos de terremotos ocurridos entre 1990 y 2018 ese sistema de análisis de algoritmos Sequencer.
Esto permitió analizar 7000 mediciones de sismos, cada uno con una magnitud de al menos 6,5 puntos, que se produjeron en el mundo subterráneo debajo del Pacífico en los últimos 30 años.
Los terremotos generan ondas sísmicas debajo de la superficie de la Tierra que viajan miles de kilómetros. Cuando las ondas encuentran cambios en la densidad, temperatura o composición de la roca, cambian de velocidad, se doblan o se dispersan, produciendo ecos que se pueden detectar.
Los ecos de las estructuras cercanas llegan más rápido, mientras que los de las estructuras más grandes son más fuertes. Al medir el tiempo de viaje y la amplitud de estos ecos a medida que llegan a los sismómetros en diferentes lugares, los científicos pueden desarrollar modelos de las propiedades físicas de las rocas ocultas debajo de la superficie.
«Pudimos analizar simultáneamente miles de sismogramas de ondas que se difunden a lo largo del límite entre el núcleo y el manto y obtener una vista panorámica de la dispersión en la región del Pacífico», explica el abstract del artículo de la citada revista científica.
«Encontramos ecos en aproximadamente el 40% de todas las rutas de ondas sísmicas», señaló otra parte del estudio. «Eso fue sorprendente porque esperábamos que fueran más raros, y lo que eso significa es que las estructuras anómalas en el límite núcleo-manto están mucho más extendidas de lo que se pensaba».
Esas anomalías en el interior de la tierra descubiertas por los científicos a través de los ecos que analizó Sequencer se denominan zonas de ultra baja velocidad (ULVZ ) y fueron definidas como » parches densos en el límite núcleo-manto» de la Tierra.
Lo que se llama el manto de la tierra es la capa interna del planeta que se encuentra entre el núcleo (centro) y la corteza (superficie) terrestre.
Nadie sabe exactamente cómo se forman las ULVZ o de qué están hechas, pero está claro que tienen diámetros de aproximadamente cien kilómetros y que son lo suficientemente densas como para desacelerar las ondas que las atraviesan.
El esquema demuestra gráficamente dónde se ubican las estructuras densas descubiertas a 3000 kilómetros de profundidad, bajo las Islas Marquesas y debajo de Hawai
WhatsApp señala que pagar será «tan fácil como enviar un mensaje», solo se requiere vincular una tarjeta de crédito o débito y no tiene un costo adicional.
La digitalización de la vida cotidiana, que ya estaba en marcha, se aceleró con la pandemia. Este desarrollo ya estaba previsto antes de irrupción del coronavirus, pero es uno que va a transformar la pequeñas transacciones diarias en una escala que hoy no podemos apreciar. Whatsapp es, probablemente, la aplicación más usada entre nosotros.
La compañía ha empezado a extender su servicio de pago entre usuarios con la llegada de esta función a Brasil, donde está disponible tanto para usuarios de la aplicación de mensajería como para pequeños negocios.
Los pagos de WhatsApp, que se habilitaron primero en India, permitirán también a los usuarios realizar pagos digitales a través de la ‘app’ y de WhatsApp Business. En Brasil hay una base de 10 millones de microempresas y pequeños negocios.
Se trata de un servicio que simplifica los pagos digitales para que sean «tan fáciles como enviar un mensaje», como señala la compañía en una publicación en su blog oficial. Las transacciones están protegidas mediante un código PIN de seis dígitos o mediante la lectura de la huella dactilar.
Para funcionar, los usuarios deben vincular una tarjeta de crédito o débito, de una serie de entidades bancarias asociadas, y no supone ningún costo adicional cuando se realizan pagos o transacciones con este servicio.
Los pagos de WhatsApp funcionan con el sistema Facebook Pay, lo que permitirá que en un futuro los usuarios puedan realizar transacciones entre las distancias aplicaciones de Facebook, como indica la compañía.
La compañía ha indicado que el servicio de pago está disponible desde este lunes en Brasil, pero que próximamente llegará a más países.
Eugenio Díaz Bonilla es un destacado economista argentino que trabaja en organismos internacionales. Es decir, es parte de la numerosa «diáspora argentina», que ha seguido creciendo en estos años, no por persecuciones políticas sino por las oportunidades que el mundo actual ofrece a nuestros profesionales (salvo pandemia, claro).Como ya dijimos en otros casos, creemos que esa «provincia 25» puede ofrecernos un aporte valioso, si tenemos claro que desde afuera se pierden de vista realidades que encontramos obvias. Alguien que vive y sobrevive aquí, no puede ignorar (aunque lo disimule en sus escritos) los condicionamientos sociales y políticos de las propuestas económicas. Pero por eso mismo, las ideas que puede plantear alguien como Díaz Bonilla están libres de los prejuicios locales (aunque no de los del Hemisferio Norte; trabajan allí…).Entonces, estas son ideas informadas para la discusión que los que vivimos aquí nos debemos. Con urgencia.
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«¿Cómo será el mundo luego de la pandemia y qué puede hacer nuestro país para recuperar el desarrollo económico y social en ese contexto? Esta crisis va a pasar (millones de científicos están trabajando en los tests, tratamientos y vacunas que permitirán funcionar al mundo). Pero el impacto de la pandemia y sus consecuencias seguirán, y deben analizarse en relación con tendencias globales preexistentes.
Voy a mencionar solamente cuatro, con las posibles conclusiones para Argentina (dejo para otro momento el tema crucial de la recuperación social luego de la pandemia).
El primer punto es que la demanda de alimentos venía creciendo a tasas más lentas que en el pasado, con menor énfasis en la cantidad de calorías, y con una mayor orientación a la diversidad, calidad, inocuidad, salud y sostenibilidad ambiental.
En un mundo, en el que, al menos antes de la pandemia el número de obesos superaba al de desnutridos, van a seguir incrementándose las preocupaciones alimentarias ligadas a la salud.
Argentina está concentrando su producción en unos pocos productos primarios, sin mucha diferenciación en términos de calidad e impacto sobre la salud.
Nuestro país tiene una enorme capacidad humana y de recursos naturales para producir esa variedad y calidad, dinamizando no solamente la pampa húmeda, sino también las economías regionales.
Para ello se necesita un marco macro económico con un tipo de cambio ajustado por la inflación que sea competitivo y estable (no sujeto a las tradicionales fijaciones y explosiones del tipo de cambio nominal), con retenciones calibradas para generar diversidad y valor agregado, e inversiones en ciudades intermedias, logística (especialmente trenes), riego, y ciencia y tecnología.
La segunda tendencia es la transición energética, producto de un acelerado cambio tecnológico en fuentes renovables. El avance del gas y petróleo de esquistos cambió la ecuación energética mundial.
Pero en los últimos diez años una revolución tecnológica aún más radical (ligada a las preocupaciones por el cambio climático) está bajando el costo de la energía solar y eólica a rangos competitivos con la energía fósil. Esto, junto con la gran expansión de vehículos eléctricos, ponen claramente un límite al potencial de desarrollo de Vaca Muerta y los biocombustibles tradicionales.
La pandemia (mediante la restricción de movimientos y la mayor digitalización) ha alterado aún más la matriz energética de nuestras sociedades. Deberíamos acelerar la transición hacia fuentes no fósiles (incluyendo solar, eólica, hidráulica y nuclear) para las cuales Argentina tiene altas capacidades humanas y naturales, insertando nuestra industria en las cadenas de producción relacionadas con esa transición energética.
La tercera tendencia es la ya mencionada digitalización global, que estaba avanzando antes de la pandemia y que se aceleró exponencialmente desde la misma.
Nuestro país tiene sistemas anticuados de información y realización de trámites en bancos, administración pública, protección social, sistema impositivo, educación, y salud, que podrían hacerse mucho más baratos y eficientes con la digitalización.
Esto también ayudaría con la formalización de la economía, y la inclusión financiera y social de poblaciones vulnerables. Argentina tiene unaalta capacidad técnica en informática y software en general, que debería ser apoyada y reforzada.
Obviamente, se necesitan inversiones en infraestructura de comunicaciones, y mejores instituciones y gobernanza del manejo de datos privados.
La cuarta tendencia es la desglobalización y la fractura de las cadenas productivas internacionales. En las últimas décadas, la incorporación a la economía mundial de países en desarrollo, especialmente asiáticos, y en particular China, significó, de acuerdo al FMI, la cuadruplicación de la oferta laboral mundial.
Esto permitió sacar a millones de individuos de la pobreza en el mundo, pero también afectó el empleo de sectores importante de las clases medias de los países desarrollados, generando la actual revuelta contra la globalización.
El ascenso de China fue propiciado por gobiernos en EEUU y Europa con la expectativa de hacer de ese país un socio responsable del sistema internacional y la idea que el avance de la clase media iba a democratizar su sistema político.
Ambas perspectivas han cambiado negativamente desde mediados de los 2000s en los países desarrollados, mientras que la aparición del nuevo virus desde China y las próximas elecciones de EEUU (donde ambos candidatos argumentan que solamente él, y no su contrincante, puede manejar el conflicto con ese país), auguran más fractura geopolítica.
Argentina debe tratar de insertarse en la nueva división internacional del trabajo basándose en su capacidad de ciencia y tecnología (p.ej. medicinas, equipos médicos, energías renovables, autos eléctricos). Ciertamente la fragmentación geopolítica tiene otras importantes ramificaciones diplomáticas y económicas, pero es tema para otro artículo.
Nuestro país ha vivido una tensión permanente entre expectativas y posibilidades, tensión que explota a mediados de los 1970s (cuando empieza realmente nuestra decadencia), y, que, aunque atenuada desde la democracia, aún no está resuelta. Esa tensión ha llevado a una gran volatilidad política y económica y al terrible aumento de la pobreza. Esta pandemia es una tragedia, pero también nos da una oportunidad para trabajar por la unión nacional, alineando adecuadamente el desarrollo, la macroeconomía y las instituciones ¿Seremos capaces?«
En este reportaje, Nora Bär reúne las opiniones de funcionarios responsables y expertos, sobre lo que se habría hecho bien y mal en esta larga cuarentena. Al final, añadimos algunas observaciones de AgendAR.
«¿Por qué, a pesar de que nos estamos acercando a los 100 días de un aislamiento social preventivo y obligatorio, en lugar de estar descendiendo, los casos de Covid están creciendo? Esta es la pregunta que se hace gran parte de la población, que está sumida en el hartazgo.
Contra lo que podría pensarse, muchos infectólogos, epidemiólogos, matemáticos, bioinformáticos y científicos de datos dan respuestas coincidentes: aunque las medidas que se tomaron fueron acertadas y oportunas (se ganó tiempo para equipar el sistema de salud, entrenar a médicos y enfermeras para lidiar con el virus, desarrollar tests nacionales y posibles terapias, saber más sobre qué fármacos o tratamientos hay que descartar por completo y cuáles habría que ensayar), a lo largo de estos meses también se filtraron errores que les restaron efectividad.
«La pandemia generó una situación absolutamente inédita en la historia de las personas que estamos vivas -comenta Fernán Quirós, secretario de Salud de la Ciudad-. Por lo tanto, hemos tenido que ir aprendiendo semana a semana, de las circunstancias, del comportamiento del virus y de la sociedad. En ese contexto, y en base al conocimiento que teníamos en cada instancia, tomamos decisiones pensando en cuidar la salud de la ciudadanía para superar este momento tan difícil con el menor dolor posible».
«Un acierto fue haber realizado un adecuado diagnóstico de situación en los primeros días de marzo, cuando todavía no se sabía cómo iba a impactar la pandemia -opina Eduardo López, jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y miembro asesor del Poder Ejecutivo-. Fue correcto haber decidido una cuarentena, especialmente con restricción de la movilización, cierre de espectáculos masivos, escuelas, aeropuertos y fronteras. Y la ciudadanía lo aceptó con estoicismo. El tiempo de duplicación de casos se llevó de cuatro o cinco días a un promedio de 21. Otro dato importante es que en el interior del país la incidencia de la enfermedad bajó drásticamente. Hoy hay más de 10 provincias sin casos».
El ex secretario de Gobierno de Salud, Adolfo Rubinstein, coincide: «Más allá de las críticas acerca de que duró mucho tiempo, haber tomado la decisión en ese momento estuvo bien. La curva era muy empinada y no teníamos los servicios de salud preparados para atender la epidemia». Pero aclara que «no se tomó más temprano porque hubo semanas en las que se subestimó la magnitud del problema y se retrasaron las decisiones de comprar reactivos de diagnóstico. También influyó la entrada de viajeros desde países que ya tenían brotes».
El matemático Guillermo Durán, que junto con Diego Garbervetsky coordina un grupo de más e 50 investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y de otras universidades nacionales que están siguiendo muy de cerca el rastro de la epidemia comparte esa visión: «El aislamiento evitó miles de contagios y centenas de muertes. Ya vimos lo que sucedió en países como Brasil, Estados Unidos, Italia, España y Suecia».
Los estudios de Durán, Daniel de Florian y otros muestran que el primer mes hubo un cumplimiento estricto de la cuarentena. Se observa en las curvas de movilidad que pudieron trazarse, por ejemplo, a partir de datos de teléfonos móviles. Eso permitió casi controlar la situación en todo el interior del país (con pocas excepciones; entre ellas, Resistencia) y en la mayor parte de la Provincia de Buenos Aires. Dos casos notables son Santa Fe y Córdoba, donde aún con importantes centros urbanos, los distintos focos de transmisión del virus pudieron apagarse gracias a excelentes trabajos territoriales del Estado, con organizaciones barriales y sociales en el seguimiento de contactos.
Pero tras un comienzo exitoso, como señalan muchos, que permitió reducir drásticamente el número de reproducción R (la cantidad de personas que contagia un caso índice), a medida que se otorgaban permisos y excepciones, la cuarentena se flexibilizó más de lo conveniente. Después de haber llegado casi a un 80% de restricción en la movilidad tras el cierre de fronteras y la suspensión de eventos masivos (12/3), el de las clases y la ordenanza del teletrabajo para la administración pública (16/3) y el aislamiento obligatorio del 20 de marzo, a principios del mes siguiente los casos empezaron a crecer. Con frecuencia, hubo poco control de los individuos que volvían de zonas con transmisión activa del virus. Algunos eran alojados en hoteles y luego liberados sin efectuarles los tests correspondientes. Simultáneamente, empezó a haber cada vez más personas exceptuadas, sin seguimiento ni rastreo eficientes.
En ese contexto, se dieron eventos de transmisión en conglomerado. Como el de Loncopué, en Neuquén, a principios de abril, cuando un asado de cumpleaños con 60 invitados organizado por una persona que volvía de Chile en la primera semana de cuarentena provocó 25 casos de Covid y dos muertes. El 30 de abril se confirma el primer caso en el Barrio 31 y el 5 de mayo se lanza el plan Detectar; al principio, solo para los barrios vulnerables.
Lo que no se hizo fue la preparación de la respuesta comunitaria. Generar equipos de rastreadores entrenados para apagar los brotes rápidamente.
«La cuarentena se flexibilizó más de lo que uno hubiera querido -dice López. En el interín rigió durante algún tiempo una definición de caso sospechoso que no respondía a lo que se estaba viendo y retardaba el diagnóstico de algunos casos. El testeo expandido llegó un poco tarde». Hoy, hay brotes importantes en CABA, AMBA y Chaco, y el 41% de los casos es por transmisión comunitaria; es decir, que no permiten rastrear de quién adquirieron el virus.
Para Soledad Retamar, ingeniera en Sistemas, docente e investigadora de la Facultad Regional Concepción del Uruguay de la Universidad Tecnológica Nacional, las primeras medidas fueron acertadas y efectivas, porque permitieron además comunicar a la sociedad los hábitos adecuados para prevenir el contagio. «Luego, cuando se fueron haciendo más laxas, era el momento de implementar una estrategia fuerte de seguimiento de contactos y aislamiento, y es allí donde no se lograron los resultados esperados».
Para ella, como para Rodrigo Quiroga, bioinformático de la Universidad Nacional de Córdoba, es crucial tener una trazabilidad y aislamiento de casos. «En este momento estamos viendo cuellos de botella en los datos referidos a la gran cantidad de casos sospechosos que aún se encuentran a la espera del resultado o, peor aún, de la toma de muestra», subraya Retamar.
El físico Jorge Aliaga, ex decano de Exactas-UBA y actualmente secretario de Planeamiento y Evaluación Institucional de la Universidad Nacional de Hurlingham, considera que lo que se hizo bien fue mantener un crecimiento lento de los casos. Lo que se hizo mal fue no haber prolongado en el AMBA lo que se había empezado a lograr el primero de abril y que sí logró el interior: bajar los casos como Uruguay. «Es decir -destaca-, tuvimos el famoso ‘pico’, con la mayoría de los casos en el interior. Allí se apagaron, pero en el conglomerado urbano de Buenos Aires, no».
«El aislamiento bajó la transmisión del nuevo coronavirus a la cuarta parte de lo que había sido al inicio y dio esperanzas de que podríamos ir hacia la supresión de la epidemia, reemplazándola por focos recurrentes como en los países que ganaron las primeras batallas -detalla Roberto Etchenique, químico analítico de la Exactas-UBA. Pero faltó un poco. A mi entender, hubo cuatro errores: la insistencia en ‘aplanar la curva’ para que los casos subieran de a poco, sin explicar que con eso no bastaba, que hay que lograr que los casos disminuyan cada día; la negativa inicial al barbijo, con lo que se perdió tiempo valioso y credibilidad; la constante predicción de la ‘fecha del pico’; y la más importante: no haber salido hace más de un mes a hacer un intenso rastreo de contactos y aislamiento, insistiendo en buscar solo a aquellas personas con síntomas, que ya no eran las responsables del grueso de la transmisión».
Y si hay coincidencia en el diagnóstico, también la hay en cuáles deberían ser las medidas que hay que tomar de aquí en más.
Para López, habría que trabajar fuertemente con el plan Detectar para identificar casos índices y contactos estrechos. De acuerdo con el especialista, no sería desacertado «volver a la cuarentena Fase 1 durante todo un período de incubación (15 días), dependiendo de los números». «Hoy por hoy, estamos con una cuarentena imperfecta. Si volvemos, tenemos que asegurarnos de que sea efectiva. Todavía estamos en una situación que se puede controlar».
Rubinstein agrega que «Esta semana es crítica para ver cómo viene el R. Hay que seguir los datos día por dia, porque si no, nos puede pasar lo que le pasó a Chile. Así como [el aislamiento] sirvió para ganar tiempo, lo que no se hizo fue la preparación de la respuesta comunitaria. Generar equipos de rastreadores entrenados para apagar los brotes rápidamente. Estoy hablando de 20.000 personas, 4000 equipos de atención primaria. Si no hacemos eso, entonces la cuarentena no sirvió».
Esto último se hizo en Santa Fe y Córdoba con buenos resultados. Está empezando a hacerse en la provincia de Buenos Aires y también CABA tiene planes de avanzar en ese sentido. «La ciudad fue pionera en la obligatoriedad del tapabocas -dice Etchenique-. Pero sigue sin entenderse del todo que ‘aplanar la curva’ no sirve, que a cualquier velocidad, si la curva sigue subiendo, antes o después, saturará el sistema. Cuando esto se comprenda en toda su magnitud, y a la vez haya una toma de conciencia ciudadana de que no tenemos que seguir el camino de Chile y Brasil, será el momento de decir que vamos en la dirección correcta».
Hubo muchas cosas bien hechas y algunos errores. De esa experiencia crece la convicción de que, probablemente, la salida de esta encrucijada exigirá un nuevo esfuerzo durante 15 días. Pero no se trata de volver al principio, porque si se hace todo igual, los resultados van a ser los mismos. Se trata de barajar y dar de nuevo para avanzar con un gran operativo de identificación de infectados y un veloz rastreo de contactos que permita interrumpir la transmisión del virus.
«Sí es necesario poner a miles de personas a hacer esas tareas, habrá que hacerlo -dice Durán-. Hay que actuar muy rápido: a este ritmo (y a este R) saturamos el sistema de salud en alrededor de un mes, lo que implicará muchas muertes evitables. Estamos en la situación en la que estaba Chile hace un mes y creciendo de la misma forma. Lo que proponemos en el AMBA no es imposible, muchos países lo lograron: Nueva Zelanda, Singapur, Estonia, Vietnam. pero hay que aumentar la capacidad de rastreo y de testeo».
Y concluye Pedro Cahn, director científico de la Fundación Huésped y miembro del comité asesor: «Iniciar tempranamente las medidas, a siete días del primer caso, fue un acierto. Basta con mirar a otros países de la región, como Brasil, con más de 230 muertos por millón de habitantes, Chile, con 200 por millón de habitantes. Nosotros estamos en 20 o 21; es decir, que podríamos estar ahora con ocho o 10.000 muertos. ¿Se hizo suficientemente rápido el cierre de fronteras? Probablemente, no. Con el diario del lunes, uno podría decir: la verdad, todo lo que hicimos a partir del 10 de marzo por ahí podríamos haberlo hecho el 3 o el 5, pero hay que entender que estábamos todos en un proceso de aprendizaje: los médicos, los gobernantes de las distintas jurisdicciones. Nadie tenía un libreto. Todo lo que podíamos ver era lo que se había hecho mal en otros lugares. Actuamos tratando de tener el menor margen de error posible.
¿Que hay cosas que se podían haber hecho mejor? Sí, seguro. Fuimos aprendiendo. Probablemente la política de rastreo tendría que haber empezado antes, pero si la situación es complicada, podría ser horrible. Hay una fatiga; es un problema complejo que hay que manejar con precisión quirúrgica, porque necesitamos más que nunca que la sociedad comprenda que esto es serio, pero puede ser gravísimo si no hacemos las cosas bien. Tanto los individuos como los gobernantes. De aquí en más, así como en el inicio de la epidemia había gente que reclamaba testeos masivos y nosotros decíamos que no tenía sentido porque el 90% de los tests daban negativo, ahora que ya la positividad es del 30 o 40% hay que testear más. Tenemos que acelerar y amplificar el plan Detectar, necesitamos algo así como un ‘Detectar plus’. Y cumplir lo que está escrito. Si con las normas vigentes nadie de los que no tengan que salir sale, si no hacemos baby showers, partidos de fútbol, mateadas, asados. Tenemos que convencernos de la importancia de observar estos cuidado, porque todavía no contamos con tratamientos ni vacunas. Tenemos una empatía total con la gente que está sufriendo la cuarentena y carecemos de todo interés en que la cuarentena se mantenga como tal, salvo por una razón sanitaria».
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Observaciones de AgendAR: Reproducimos este reportaje de Nora Bär no sólo por la seriedad con que está hecho y la sensatez de las respuestas. Otro motivo adicional es que aquí no se percibe el partidismo que tiñe tantos comentarios… Para los opositores al gobierno, se hizo todo mal. Para los partidarios, al revés. En estas evaluaciones no se detecta eso, a pesar de los compromisos de algunos de sus autores.
Pero debemos señalar que aquí se nota mucho la mirada de los médicos. Natural: son los que han estudiado y tienen experiencia en salud. Sin embargo, se debe tener en cuenta las necesidades, la impaciencia y también la irresponsabilidad de muchos. Entre los más de 14 millones del AMBA.
Hemos comentado antes que en el equipo de AgendAR hay bastante experiencia acumulada. Pero si hace 4 meses nos hubieran preguntado sobre la posibilidad de mantener a gran parte de la población por más de 3 meses en lo que equivale a un arresto domiciliario, hubiéramos respondido que no se podría.
La decisión de los diversos gobernantes -un presidente, 24 gobernadores, un jefe de gobierno- fue firme y coordinada. Y los ciudadanos aceptaron, en su gran mayoría, la situación.
Pero una porción no. Los que reparten alimentos, medicinas, los que transportan, las fuerzas de seguridad, no podían «quedarse en casa». Y no se les exigió eso, por supuesto.
Luego, el desgaste previsible. Es un virus con baja letalidad, y siempre habrá los que estén dispuestos a correr el riesgo, por buenas o malas razones.
Este no es un llamado a la resignación. Sí al realismo. Si los sanitaristas que aconsejan a los gobernantes consideran necesario «endurecer» la cuarentena por un período corto, y los gobernantes del AMBA así lo deciden, la cuarentena deberá imponerse, con cuidadosa planificación. Por un período corto esta vez. Uno largo… no es posible.
El servicio meteorológico ruso informó que la temperatura en la pequeña ciudad de Verkhoyansk llegó a 38 grados centígrados este sábado 20. Una población de la República de Sakha, parte de la Federación Rusa, situada sobre el Círculo Polar Ártico, a unos 4660 kilómetros al noreste de Moscú, rompió así el récord histórico registrado hasta el momento.
Buena parte de Siberia sufrió temperaturas altas fuera de temporada, que provocaron incendios forestales graves. Y el del sábado no es un fenómeno sin precedentes. El libro Guinness ya le reconoció a la población de 1300 habitantes la amplitud de temperatura más extrema del mundo, con 68 grados centígrados bajo cero y una alta anterior de 37,2°.
El presidente Donald Trump sugirió este viernes en una entrevista en el Despacho Oval, que ha tenido dudas sobre su decisión de reconocer a Juan Guaidó como líder legítimo de Venezuela y que estaría abierto a reunirse con Nicolás Maduro.
“Podría quizá pensar en ello”, dijo Trump, cuando le preguntaron si se reuniría con el mandatario venezolano. “Maduro querría reunirse. Y yo nunca me opongo a las reuniones. Ya sabe, raramente me opongo a las reuniones”, añadió.
Trump indicó, en esa entrevista de la que anoche se publicó un adelanto, que no tiene mucha confianza en Guaidó, quien año y medio después de proclamarse presidente encargado de Venezuela y ser reconocido como tal por Estados Unidos y cerca de 60 países, no ha logrado avanzar en su afán por sacar del poder a Maduro.
“Guaidó fue elegido”, dijo Trump en la entrevista, según los extractos adelantados. “Yo creo que yo no estaba necesariamente a favor, pero a alguna gente le gustaba, a otra no. A mí me parecía bien. No creo que fuera muy significativo de una u otra manera”.
Las palabras de Trump sobre Guaidó concuerdan con lo que apunta John Bolton, ex consejero de Seguridad Nacional, en su explosivo libro de memorias que llega a las librerías mañana martes (y que ya circula por Internet), del que los medios han adelantado numerosos extractos. Bolton explica que Trump, poco después de reconocerlo como presidente legítimo, expresó dudas sobre Guaidó, que le parecía un “crío” en contraste con el “fuerte” Maduro. Trump, según Bolton, llegó a plantearse una rectificación, después de colocar tras él todo el apoyo de la maquinaria de la diplomacia estadounidense.
En AgendAR no estamos seguros que esta sea una buena noticia para Maduro. Pero por cierto es una mala noticia para Guaidó y la oposición venezolana.
A esta imagen no necesitamos agregar nada sobre la realidad humana. Ya todo está en los medios. Si, en lo que se refiere al tema central de AgendAR, la producción argentina: Brasil ha sido, hasta un mes atrás, nuestro principal socio comercial. Y es, por muy lejos, nuestro principal mercado para nuestra producción industrial.
Reproducimos este estimulante artículo de Eduardo Crespo, Marcelo Muñiz y Gonzalo Fernández. Y agregamos al final algunas observaciones de AgendAR:
«En América Latina pensamos el desarrollo económico desde el comercio internacional. En países centrales, en cambio, quien habla de desarrollo piensa en tecnologías, finanzas, cambios estructurales en la organización estatal (las denominadas “instituciones”), …
No es una anomalía. Sucede que en regiones periféricas el desarrollo capitalista moderno -la misma revolución industrial- se introdujo desde afuera. Fue un proceso iniciado en Europa que paulatinamente abarcó otros territorios. Aunque la conexión entre diferentes regiones del planeta se remonta a tiempos inmemoriales, exceptuando contadas excepciones el comercio de larga distancia no incluía productos básicos, es decir, bienes directa o indirectamente utilizados en la producción de todos los demás, como alimentos y energía. Hasta el siglo XIX el transporte era oneroso. Cualquier producto que se podía elaborar en un territorio soportaba sin grandes dificultades la competencia internacional por la protección que brindaba el costo de transporte. El comercio de larga distancia solía a limitarse a ítems exóticos, productos que no se podían elaborar por las limitaciones geográficas del país importador.
Fue sólo en el siglo XIX cuando la mayor parte del planeta se incorporó a un orden internacional estructurado en base a una división internacional del trabajo, donde productos básicos – incluso competitivos de la producción local – eran comercializados en gran escala.
Este orden se edificó en base a tres pilares: el tecnológico, el financiero y el militar. El primero dependía de máquinas características de la revolución industrial, el ferrocarril y el barco a vapor, diseñadas en los países que lideraron el desarrollo económico moderno. Tuvieron el efecto de abaratar costos de transporte y así incorporar inmensas áreas del planeta a una acumulación en escala global. El segundo fue el financiamiento de la infraestructura que sustentaba la conexión global, en particular el trazado de líneas férreas, puertos y servicios urbanos. Era proporcionado por redes de bancos europeos, principalmente británicos. Los países que se conectaban al comercio internacional también se integraban a una red de obligaciones contractuales. La tercera condición, quizás la más importante, era la existencia misma de un orden internacional, algo que los economistas suelen dar por supuesto.
Cruzar el Océano con barcos repletos de mercancías nunca fue tarea sencilla. En el pasado las travesías no sólo sufrían a causa de icebergs y huracanes, también tenían que sortear piratas y armadas hostiles. Esta situación cambió drásticamente después de la batalla de Trafalgar (1805), cuando Inglaterra se transformó en la potencia incontestable de los mares. La Royal Navy proporcionó una infraestructura militar imprescindible al servicio del libre mercado.
Estas condiciones propiciaron las independencias y la construcción de Estados en nuestra región. Sin Trafalgar, la Royal Navy, barcos a vapor, ferrocarriles y banca inglesa, nuestra historia habría sido diferente. Basta pensar en los recurrentes conflictos civiles argentinos por el control del puerto y la aduana de Buenos Aires.
Es comprensible que sigamos pensando el desarrollo económico mirando con inusual insistencia hacia el mercado mundial. Todos los ingredientes que en estas latitudes lo hacen posible siempre vinieron de afuera. Es natural que para el historiador y economista latinoamericano el desarrollo sea un fenómeno «export-led», impulsado por las exportaciones, y que el (buen) economista local insista, obsesivo, en la restricción externa y la bisagra que nos conecta al mundo, el tipo de cambio.
Aunque el crecimiento económico moderno coincide con la creación de una división del trabajo en escala global, sus frutos no se repartieron de forma balanceada. Aunque las causas de la denominada “Gran Divergencia” son acaloradamente discutidas, todo indica que el comercio internacional reforzó las asimetrías de origen (1). En otras palabras, los países que se especializaron en desarrollar actividades de mayor complejidad técnica y donde la innovación permanente es imprescindible – esto ya durante la “segunda revolución industrial” de finales del siglo XIX – siguen siendo comparativamente ricos, los otros, los que se especializaron en proveer materias primas adoptando pasivamente condiciones técnicas desarrolladas afuera, siguen siendo comparativamente pobres.
En coyunturas afortunadas, cuando los términos de intercambio mejoran, pueden crecer a tasas elevadas, pero esto no ocurre debido a motores de crecimiento propios, endógenos, sino por circunstancias que en general no controlan. Argentina y Uruguay son paradigmáticos. A principios del siglo XX contaban con indicadores envidiables a escala mundial. Sus PBIs per cápita superaban los de Suecia, Finlandia, Noruega, Japón. Pero cuando las fronteras de expansión agrícola fueron ocupadas y sobre todo cuando la hegemonía británica llegó a su fin, después de la crisis de 1930, siguieron trayectorias de países periféricos, signadas por el estrangulamiento de divisas y el estancamiento relativo. Contadas son las naciones que en el siglo XX revirtieron su fortuna y se incorporaron al bloque de los desarrollados. En general se trató de países con apoyos geopolíticos evidentes, como Corea del Sur, Taiwán, Israel. Otros, como España y Portugal, tendieron a converger con su región, aunque también apoyados de afuera y con brechas persistentes en relación a los líderes. El desarrollo de los subdesarrollados, la convergencia, fue la excepción, no la regla.
Cierta literatura apunta que, así como las tecnologías del carbón y del vapor cambiaron la estructura del comercio internacional en el siglo XIX, las tecnologías de comunicaciones y transporte contemporáneos hicieron lo propio en las últimas décadas. Las empresas multinacionales pueden organizar su producción con “cadenas globales de valor” (CGV) basadas en la subcontratación de millares de empresas desparramadas en espacios heterogéneos. Con las tecnologías anteriores las economías de coordinación obligaban a concentrar la producción más sofisticada en locales específicos, acentuando asimetrías. Las nuevas tecnologías, en cambio, permiten dispersar la producción en función de otros costos – como los salariales – sin por ello encarecer o imposibilitar la coordinación. Esta transformación estaría revirtiendo la suerte de las naciones. Niveles de ingreso y salarios entre países ricos y pobres tenderían por ello a converger. En palabras de Baldwin “Las cadenas de oferta mundiales han transformado el mundo. Revolucionaron las opciones de desarrollo que enfrentan las naciones pobres; ahora pueden unirse a las cadenas de oferta en lugar de tener que invertir décadas para construir las suyas (2)” .
Para desarrollarse, entonces, los países ya no necesitarían generar capacidades propias, sino incorporarse a las ajenas que ahora sí estarían disponibles para todos. En esta hipótesis los países subdesarrollados podrían cambiar su estatus internacional subiéndose al tren de las corporaciones multinacionales.
Algunos audaces insinúan que esta transformación es lo que sustentó el ascenso económico chino. No caben dudas que la introducción de China al sistema internacional, como todo lo ocurrido en Asia Oriental, fue facilitada por Estados Unidos en las décadas de 1970 y 1980, un modo de cercar a la URSS, que por entonces lucía como un rival más temible, equivalente a la incorporación anterior de Japón, Corea del Sur y Taiwán como formas de contener la revolución china. La inversión extranjera directa, liderada por empresas de la región vino después. Entendemos, no obstante, que la experiencia china no se subsume a esta explicación. La escala de su mercado doméstico, su milenaria tradición estatal, organización social y disciplina – características compartidas con sus vecinos -, y sobre todo el ser un país militarmente autónomo, nuclear y con históricas aspiraciones a recuperar su antigua grandeza, convierten a China en un actor formidable de aspiraciones globales. No se trata apenas de un destino rentable para la inversión extranjera. Es una inmensa maquinaria social con extraordinarias capacidades para, primero, incorporar tecnologías del exterior y luego para desarrollar las propias y colocarse en la vanguardia de un número creciente de ellas. Nada semejante se observa en otros países que pasivamente fueron incorporados a estas cadenas, como México, que a juzgar por las estadísticas es un gran exportador de manufacturas, pero que desde la década de 1980 se caracteriza por el crecimiento vegetativo, la exportación de personas (las remesas de parientes están entre sus principales fuentes de divisas) y haber perdido regiones de su territorio a manos de burguesías del narcotráfico.
Además, hay indicios de que este tipo de globalización podría estar llegando a su fin. Cualquiera sea la explicación del ascenso chino, parte del establishment norteamericano interpreta que estos cambios desestabilizan el orden estadounidense. Esta circunstancia, sumada a las consecuencias de la crisis mundial de 2008, están reorientando la economía mundial en un sentido opuesto al que siguió desde la segunda guerra mundial. El comercio internacional está paralizado. En el segundo semestre de 2019, antes de que los efectos del Covid-19 fueran evidentes, caía incluso en términos absolutos. El gobierno de EEUU rompe acuerdos comerciales, adopta una retórica proteccionista y desarma regímenes de regulación globales creados por sus predecesores. Autores como Peter Zeihan (3), Richard Hass (4) e Ian Bremmen (5), pronostican que EEUU profundizará esta estrategia aislacionista en años venideros.
Debe entenderse que EEUU no precisa del mundo. Es superavitario en alimentos, gracias al shale volvió a serlo en energía, aún lidera el desarrollo tecnológico mundial, tiene poder militar para protegerse y emite dólares. Ya no cuenta con incentivos para seguir actuando como garante del comercio internacional. China, mucho más dependiente del mundo, también busca adecuarse a estas circunstancias reorientado sus actividades hacia dentro.
Como fue común en todas las pandemias de la historia, lo más probable es que el Covid-19 profundice esta tendencia. Las recesiones globales acentúan el proteccionismo como formas de preservar empleos. Las restricciones a la circulación de productos y personas no son buenos augurios para el comercio global. En estas circunstancias llama la atención que tantas voces (como en «Eldiplo» y en «Clarin«) aún depositen esperanzas en el futuro exportador argentino . Sigue siendo fuerte la visión simplista que reduce todas las dimensiones económicas a un ajuste de precios relativos.
Si “el tipo de cambio es flexible, la restricción externa no existe” decía la ortodoxia macrista. Si mantenemos “un tipo de cambio competitivo… el desarrollo vendrá por añadidura” parecen sugerir otros. Si no es con exportaciones, ¿cómo? Si el crecimiento para dentro no es sostenible y los esfuerzos del pasado, como la sustitución de importaciones, además de costosos, son hoy inviables dadas las disparidades tecnológicas y la estrechez de los mercados, ¿cómo superar nuestra crónica restricción de divisas? ¿Cómo pagar nuestras deudas?
El primer paso es reconocer restricciones, sobre todo cuando no se controlan. Ningún país de tamaño medio o grande en la región parece haber encontrado su lugar en el mundo. Ninguno, chico o grande, camina hacia el desarrollo. La convergencia asociada a las cadenas globales de valor es un fenómeno exclusivamente asiático. Es grave que esto no se discuta y sigamos comprando espejitos de colores. Aunque la sustitución de importaciones a la vieja usanza ya no sea viable, la experiencia china confirma que no es a través de inserciones pasivas, ni a consecuencia de combinaciones milagrosas de precios relativos, como las economías se desarrollan.
Notas
(1) Williamson,J. “Trade and Poverty. When the third world fell behind”. MIT, 2011.
(2) Baldwin,R. “Global supply chains: why they emerged, why they matter, and where they aregoing”, en Global value chains in a changing world, World Trade Organization,2013.
(3) Zeihan, P. “Disunited Nations: The Scramble for Power in an Ungoverned World”. Harper Business, 2020.
(4) Hass,R. “A World in Disarray”. Penguin Press, 2017.
(5) Bremmen,I. “Every nation for itself”. Penguin, 2012.»
ooooo
Una observación de AgendAR: El planteo que hacen aquí los autores está avalado por la historia, y si no forma parte del conocimiento común, es porque resulta «inconveniente» asumirlo para el discurso convencional.
En realidad, ya desde el siglo XVI comienzan a desarrollarse en el Caribe y en el Sudeste de Asia, las primeras «economías de plantación», estructuras modernas, «capitalistas», que producían azúcar, café, té o especias para el mercado europeo basadas en el trabajo esclavo. Trajeron riqueza a sus propietarios, pero no desarrollo.
Aceptado esto, a los países modernos se les enfrenta un problema: ¿cómo obtienen los recursos para importar lo que no producen dentro de sus fronteras, y los insumos que necesitan para sus industrias?
Las exportaciones no son, por sí mismas, la causa del desarrollo, es cierto. Pero son necesarias para desarrollarse.