(Concluirá mañana)
La sociedad argentina y el campo. Segunda parte
Este artículo en 3 partes de Roy Hora fue reproducido en AgendAR en momentos de tensión de los productores agrarios con el gobierno anterior. Creemos que tiene vigencia en momentos de otras, distintas, tensiones.
2ª
La primera parte de este artículo está aquí. Se indicó ahí en los últimos párrafos que, en las elecciones legislativas de 1914, ya bajo la Ley Sáenz Peña, cuando la Unión Cívica Radical de Hipólito Yrigoyen fue por primera vez a las urnas en la provincia de Buenos Aires, Yrigoyen eligió para encabezar su lista de diputados al estanciero Leonardo Pereyra Iraola, uno de los ganaderos más conspicuos del país. E hizo una muy buena elección. Roy Hora apuntó «Fue quizás la última vez que un exponente tan emblemático de la alta burguesía agraria que había liderado el formidable proceso de cambio rural del medio siglo previo estuvo en condiciones de encarnar un ideal inclusivo de comunidad.»
«La era democrática no fue amable con los poderosos, y mucho menos con los poderosos del campo. Y estos, a su vez, le pagaron con la misma moneda. En los años de entreguerras, un foso cada vez más profundo, cavado al calor de la intensificación del conflicto social y la pérdida de centralidad económica del sector agroexportador, comenzó a dividir ambos mundos. El empresariado del campo fue en una dirección; la sociedad, en otra.
Conflicto, industria y democratización
Comencemos por la disputa social. En el curso de la década de 1910, los conflictos entre terratenientes y agricultores arrendatarios cobraron intensidad, lo que desprestigió a los propietarios y los empujó hacia el lado negativo de la ecuación política. Para la década de 1920, esta impugnación, nacida tímidamente con la huelga de Alcorta, Santa Fe, de 1912, se extendió a toda la región pampeana. También se impuso en la ciudad, tal como lo muestra la simpatía con que fue recibida por la población porteña la marcha al Congreso con que, en agosto de 1921, los chacareros de la Federación Agraria reclamaron una ley de arrendamientos que acotara el poder propietario. Ganaderos pequeños y medianos también elevaron sus quejas contra los grandes estancieros, diferenciándose y por momentos enfrentando a aquellos cuyo liderazgo hasta entonces habían aceptado.
La Gran Depresión de comienzos de la década de 1930, que golpeó con dureza al campo, reafirmó este humor antielitista: de allí en adelante, la imagen pública del gran estanciero quedó asociada, cada vez más, al egoísmo y el atraso productivo. Desprestigiados y corroídos por la crítica popular, el terrateniente y su mundo terminaron de consagrarse como un obstáculo al progreso de la comunidad.
La sociedad rural no solo expuso sus divisiones a la luz del día. La crisis del 30 marcó el comienzo de una etapa de declinación ya no del ascendiente de las elites rurales, sino del patrón de desarrollo centrado en las exportaciones pampeanas. En esos años, el motor económico del país se fue quedando sin energía. El cierre del mercado mundial hizo que la capacidad de integración social del país agroexportador se dañara de manera irremediable. La desocupación comenzó a ceder hacia 1933, pero los salarios permanecieron estancados por una década. Para trabajadores que se habían acostumbrado a que el progreso era el orden natural de las cosas, fue la señal de que vivían en un país distinto al de 1900 o 1920. Ese retroceso despejó el camino para la formulación de un nuevo horizonte a partir de la cual desplegar las aspiraciones de bienestar de las mayorías: la nueva nación crecida al calor de la sustitución de importaciones y el proteccionismo industrial. El peronismo y el desarrollismo encarnaron, cada uno a su manera, las promesas de esta nueva era.
Dividido internamente e impedido de formular una propuesta capaz de interpelar a los actores y protagonistas de un país cada vez más industrial, y en el que la población urbana ya superaba ampliamente a la rural (la tasa de urbanización en 1947 era de 62%, y se elevaba a 72% en la región pampeana), el agro quedó confinado a la irrelevancia, como un mero proveedor de recursos con que apuntalar la expansión de la ciudad. Allí, en las grandes urbes litorales, en torno de la manufactura y los servicios, se calmaban la sed de justicia social y las demandas de incorporación de las mayorías. Allí se labraba el futuro del país y hacia allí migraron, desde las provincias pampeanas y pronto también desde el interior profundo, los que anhelaban mejorar su condición. El campo era el pasado y, a juicio de muchos, un pasado en el que no había nada valioso para rescatar.
Los descendientes de Leonardo Pereyra Iraola lo experimentaron en carne propia: su estancia más deslumbrante, San Juan, ubicada a las puertas de La Plata, fue expropiada en 1949, y en esas tierras nació el parque Derechos de la Ancianidad. Es indudable, sin embargo, que Juan D. Perón fue avaro con los que, desde su izquierda, le reclamaron una reforma agraria comprensiva y sistemática. El presidente justicialista se contentó con poner los recursos del sector exportador al servicio del proyecto que en verdad le importaba: una reforma de la sociedad urbana centrada en salarios elevados, pleno empleo y sindicalización, todo ello apoyado por la expansión del sector industrial. Para los arrendatarios, sin embargo, el nuevo país que había renegado del campo como motor de desarrollo no fue nada mezquino: gracias al congelamiento de los arrendamientos decretado durante la Segunda Guerra Mundial y convertido en ley en 1948, y desde entonces prolongado por más de 20 años, muchos de ellos se fueron sumando, poco a poco, al universo de los propietarios. Con un escenario sesgado a favor de los agricultores de menor escala, la línea de fractura nacida en Alcorta continuó dividiendo a la población de la campaña.
En esta etapa de veloz diversificación del tejido productivo, el Estado pudo ampliar sus fuentes de recursos fiscales. Este programa fue tomando cuerpo desde la década de 1930, con la sanción del impuesto a la renta, que volvió a la administración pública menos dependiente de los avatares del comercio exterior. Luego fueron cobrando volumen otros impuestos dependientes de la actividad interna. Pero en la medida en que la manufactura crecida al calor de la sustitución de importaciones nunca logró generar sus propias divisas, los impuestos a las exportaciones agrarias siguieron desempeñando un papel primordial en el esquema tributario. La administración de las ventas externas por el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio durante el periodo 1946-1955 y luego los impuestos a las ventas externas, conocidos como retenciones, fueron sus principales manifestaciones.
Pese a que ni sus recursos naturales, ni su capital humano, ni el tamaño de sus mercados de bienes y servicios podían augurarle un futuro promisorio para el crecimiento industrial, Argentina continuó progresando. Ya no brillaba en América Latina, pero siguió avanzando e incrementando el bienestar de sus mayorías. En la década de 1970, sin embargo, la sustitución de importaciones alcanzó su techo, y paralelamente el producto y el empleo manufacturero iniciaron un retroceso que hasta el día de hoy no se ha detenido. La notable inestabilidad macroeconómica que signa al país desde entonces agravó los problemas. Todo esto coincidió con una sed de divisas cada vez más intensa, producto ya no solo de las necesidades de la manufactura sino de las demandas de consumo de una sociedad que reclama más bienes y servicios que los que su economía puede generar.
Las limitaciones del patrón de crecimiento centrado en la industrialización por sustitución de importaciones no conmovieron la visión negativa sobre el sector rural y su empresariado forjada en el curso del medio siglo previo. La principal protesta rural de la década de 1980 lo pone de relieve. El rechazo suscitado por el «camionetazo» que una importante asociación propietaria, la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), organizó en marzo de 1985 contra un alza de las retenciones a las exportaciones decidida por el gobierno del presidente Raúl Alfonsín revela que, todavía entonces, los voceros del campo no podían asociarse a ningún proyecto de futuro. Esa protesta fue percibida como la expresión del egoísmo de un empresariado que no podía ver más allá de su propio interés, casi siempre opuesto al del resto de los argentinos. Aupadas por un amplio respaldo ciudadano, predominante en las clases medias urbanas, las fuerzas de seguridad sacaron a los ruralistas de la calle y las rutas sin miramientos. Nadie osó salir en su defensa. Todo esto nos recuerda que, en el renacer de nuestra democracia, expresiones como «empresa agraria» y «modernidad productiva» seguían perteneciendo a universos retóricos enfrentados.
Para entonces, sin embargo, la pampa comenzaba a despertarse de la larga siesta que anestesió su potencial expansivo desde la Gran Depresión. Atenazadas entre un mercado mundial que osciló entre la atonía y el proteccionismo, y una política pública más orientada a extraer recursos que a promover el crecimiento, las exportaciones agrícolas se mantuvieron literalmente estancadas entre 1930 y 1960. En ese lapso, Argentina perdió cerca de dos terceras partes de su participación en los mercados mundiales de productos agrícolas. En la década de 1960, tractores y semillas híbridas comenzaron a revertir la caída. Por otros 30 años, sin embargo, la recuperación fue lenta. El terreno perdido comenzó a recuperarse a mayor velocidad desde la década de 1990. El principal factor fue una importante reducción en los costos del capital, que acercó a la agricultura pampeana a la frontera tecnológica internacional. Desde 2002, una fuerte expansión de la demanda asiática, que llevó los precios a las nubes, le dio bríos a este ciclo de crecimiento.
Fue entonces cuando cobró envergadura una agricultura más dinámica y más plenamente capitalista, cuya punta de lanza fue el sistema de cultivo conservacionista de mínimo laboreo del suelo conocido como siembra directa (es decir, sin arado ni labranza). En comparación con otras regiones productoras de bienes agrícolas de clima templado en América del Norte, Europa central o Asia, la calidad y baratura del suelo siguen constituyendo un rasgo diferencial de la agricultura granífera argentina, que llevan a un uso intensivo de este factor. Desde la década de 1990, sin embargo, la inversión en tecnología desempeña un papel más central en el proceso productivo que en cualquier otra etapa del desarrollo agrícola pampeano del último siglo. Y esto, a su vez, estimula las economías de escala y premia a las empresas de espaldas financieras más anchas y gestión más profesionalizada.
El salto tecnológico
Convertidas en la vanguardia tecnológica del campo, las firmas de mayor tamaño constituyen el más importante impulsor de un proceso de concentración productiva todavía en curso. Estas empresas son las principales responsables del auge productivo que, con la soja como nave insignia, llevó la cosecha de granos de 40 millones a casi 150 millones de toneladas en los últimos 30 años. Aunque menos espectaculares, otros procesos de transformación se observan en la ganadería vacuna, impulsada por la tecnología del confinamiento o feedlot y, sobre todo, en la expansiva «industria» aviar, responsable hoy de más de 40% del consumo de carne en el país.
Este nuevo escenario signado por el cambio tecnológico ha incrementado la presión sobre las chacras familiares. En el curso de las últimas tres décadas cerca de un tercio de estas empresas desapareció. Diversos elementos sugieren que ese porcentaje es superior en los distritos dominados por la agricultura exportable. Desplazados del proceso productivo, muchos agricultores cedieron sus tierras a empresas de mayor envergadura y pasaron a convertirse en rentistas. Al calor de este proceso de concentración productiva, el mundo agrícola actual se perfila como la contracara del forjado en la «primera globalización». A comienzos del siglo XX, los terratenientes imponían su voluntad sobre un vasto universo de chacras familiares, cuyo trabajo explotaban. Hoy son los grandes empresarios los que, en su condición de arrendatarios, labran la tierra de numerosos pequeños y medianos rentistas. Cuando a mediados de la década de 2000 el más famoso de estos nuevos potentados rurales se describía como un «sin tierra» –para entonces su firma explotaba casi 100.000 hectáreas ajenas–, cometía algo más que una boutade1. Arrinconada la explotación familiar, acotado el papel de la propiedad del suelo como factor determinante del patrón de desarrollo, el capital extiende su dominio sobre el campo.
En un punto, sin embargo, el expansivo capitalismo agrario de nuestro tiempo no es el ciego expropiador que en su momento creyó ver Karl Kautsky. Las empresas de enorme tamaño, esas que controlan decenas e incluso cientos de miles de hectáreas, han demostrado ser criaturas frágiles: abruptos cambios en los mercados y en la política pública penalizan las estrategias de expansión muy veloces. La producción de commodities con una tecnología cuyo manejo está al alcance de muchas empresas hace del campo un ámbito poco favorable para la emergencia de unicornios del maíz o de la soja. Y si dirigimos la atención hacia el otro extremo del universo propietario, podemos constatar que muchos pequeños productores sufrieron el rigor de los nuevos tiempos, pero no al punto de verse obligados a desprenderse de su patrimonio. Las liquidaciones forzadas de tierra fueron un fenómeno limitado a la década de 1990, de poca significación relativa.
En resumen: parcialmente acotada en la cumbre, la concentración productiva convive con una estructura de propiedad en la que todavía existen grandes propiedades pero que aun así tiene una impronta mesocrática, hija de la partición hereditaria y de las leyes de congelamiento de los arrendamientos de la década de 1940, y sostenida desde hace un par de décadas por la metamorfosis de muchos agricultores en rentistas. A su vez, esta agricultura se apoya sobre un vasto universo de empresas proveedoras de servicios, algunas de ellas con cientos de empleados pero otras de escala familiar, cuya prosperidad depende del éxito de la economía de la siembra directa.
Estos procesos empujaron la constitución de un bloque agrario heterogéneo pero que, desde el punto de vista de la política de los intereses, carece de fisuras internas de importancia2. Allí convive una variedad de empresas de servicios –productores y proveedores de insumos, contratistas de maquinaria, AgTech que ofrecen servicios especializados, agrónomos y transportistas– junto con los agricultores que tanto la Federación Agraria como la Sociedad Rural aspiran a representar. Por primera vez en tres cuartos de siglo, este conjunto diverso pero con intereses confluyentes no solo puede exhibir una unidad que, si bien sometida a tensiones, no se ha quebrado en más de una década. También encarna la voz de un campo que ha logrado volver a hablar el lenguaje de la modernidad productiva. En el compost cultural que alimenta la imaginación de esta comunidad empresaria hay mucho más de futuro que de pasado.»
Bayer pagará más de 10 mil millones de dólares en los juicios contra Monsanto. Glisofato y linfomas
El gigante alemán Bayer pagará más de u$s 10.000 millones para cerrar la mayoría de las demandas penales que asumió tras la adquisición de Monsanto, iniciadas en Estados Unidos por presuntas muertes y enfermedades que habría causado el uso del glifosato, herbicida «estrella» del portfolio de la empresa estadounidense.
«Bayer anunció una serie de acuerdos que resolverán sustancialmente importantes litigios pendientes de Monsanto, incluidos los litigios de responsabilidad de producto Roundup en los Estados Unidos, los procesos sobre «dispersión de dicamba (otro herbicida)» y los litigios de «PCBs en agua«, informó la empresa, a través de un comunicado.
«La característica principal es la resolución de Roundup en los Estados Unidos, que dará cierre a aproximadamente el 75% de los litigios actuales. Se trata de aproximadamente 125.000 demandas, presentadas y no presentadas en total. Las demandas resueltas incluyen todas las firmas de abogados demandantes que lideran el litigio federal multi-distrito de Roundup o los casos representativos de California seleccionados para juicio, y aquellos que representan el 95% de los casos actualmente listos para juicio, y establecen valores y parámetros clave para guiar la resolución del restante de los reclamos, a medida que avanzan las negociaciones».
«Además, la resolución pone en marcha un mecanismo para resolver de manera eficiente posibles futuras demandas. La compañía efectuará un pago de u$s 8.800 millones a u$s 9.600 millones para resolver los litigios actuales de Roundup, incluyendo una asignación con la que se espera cubrir reclamos no resueltos y de u$s 1.250 millones, para apoyar un acuerdo colectivo por separado, con el fin de abordar potenciales futuros litigios».
AgendAR ha seguido a lo largo del tiempo estos juicios en varias notas, dada la relevancia que tienen estos juicios para la actividad agrícola en Argentina, donde el glifosato -uno de los componentes del herbicida Roundup- es habitualmente usado. Sugerimos ver Monsanto: condenado por causar cáncer con el herbicida Roundup y Bayer anuncia una inversión de u$s 5.600 millones en herbicidas alternativos al glifosato.
Organigrama oficial: cuatro direcciones del sector eléctrico. Ninguna abarca la energía nuclear!
A través de la Decisión Administrativa 1080/2020 se definió el organigrama del Ministerio de Desarrollo Productivo que conduce Matías Kulfas.
La Secretaría de Energía, a cargo de Sergio Lanziani, presenta tres subsecretarías: Energía Eléctrica, Hidrocarburos, y Planeamiento Energética. Cabe señalar que el área administrativa y legal de la Secretaría de Energía pasó a depender directamente del ministro Matías Kulfas.
Esta Subsecretaría de Energía Eléctrica dirige cuatro áreas estratégicas:
- Dirección Nacional de Regulación y Desarrollo del Sector Eléctrico
- Dirección Nacional de Generación Eléctrica
- Dirección Nacional de Infraestructura Eléctrica
- Dirección Nacional de Transporte y Distribución Eléctrica
«Aulas burbuja», para volver a la escuela
Todos los alumnos, a partir de primer grado, deberán usar un barbijo casero, que tape la nariz, la boca y el mentón. Será obligatorio adentro y afuera del aula. El distanciamiento social obligatorio será de 1,5 metros, sin excepción. No se podrán hacer actos, reuniones ni eventos, y, en el caso de confirmarse un caso positivo dentro de la escuela, se cerrará el establecimiento por un día para una exhaustiva desinfección. La cantidad de alumnos dentro del aula estará limitada por la relación entre su superficie y el metro y medio de separación obligatorio entre pupitres. Y para lograr una mejor dinámica en las clases, se propone el modelo de las aulas burbujas, con la idea de formar pequeños grupos de 2, 3 o 4 estudiantes, rompiendo con el esquema tradicional del salón con los alumnos sentados en fila y mirando al frente.
Esas son algunas de las pautas y recomendaciones que figuran en el protocolo nacional para el regreso presencial a las aulas, que presentó ayer el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta. El Consejo Asesor creado para tal fin fue el responsable de la redacción de las casi 70 páginas que tiene el documento, que será debatido para ser aprobado por el Consejo Federal de Educación en los próximos días, a más tardar la semana próxima: Normas y sugerencias en relación con la salud, la higiene y la seguridad.
También incluye posibles cambios en la arquitectura escolar, el funcionamiento de las universidades y de otros ámbitos como la ruralidad, la educación técnico profesional, las escuelas especiales y la actividad física, que fueron redactadas y consensuadas por un gran número de expertos y distintas organizaciones.
Se trata, según Trotta, de un piso mínimo y obligatorio que todos los establecimientos educativos deberán cumplir, a los que luego se le sumarán los protocolos particulares de cada provincia, jurisdicción y de las propias escuelas. «Desde hace más de un mes venimos pensando en el regreso a las aulas bajo la premisa del cuidado de la salud, y de la construcción de consensos. Para eso creamos el Consejo Asesor [a través de la resolución 423], en el que participan representantes de todos los sectores de la educación», señaló Trotta al inicio de la conferencia.
Lo acompañó durante las dos horas que duró el encuentro virtual el biólogo Diego Golombek, director del INET y responsable del consejo asesor. Los protocolos, según el científico, conforman un trabajo con lineamientos detallados y exhaustivos. Señalan, por ejemplo, la concentración y el porcentaje de lavandina que debe diluirse para desinfectar las superficies, y sugieren ideas como la de «dejar la puerta principal de acceso al baño siempre abierta, para que los chicos no tengan que tocar el picaportes en cada ocasión que van», dijo Golombek.
El documento prevé dos instancias: una previa a la apertura de los establecimientos, para garantizar las condiciones sanitarias, y otra que contempla el accionar cuando las escuelas estén en funcionamiento, siempre y cuando la situación epidemiológica de cada región lo permita. «Es un trabajo amplio, consensuado por los más diversos especialistas, plural, que busca derribar los lógicos temores y generar una conciencia colectiva de cuidados para disminuir las posibilidades de contagio», dijo Trotta. Y agregó: «Capacitar a los docentes, al personal docente y preparar a las familias para la vuelta a una escuela que no será la misma que en marzo requiere de cuidados específicos y normas nacionales. El sistema educativo moviliza a más de 15 millones de personas por lo que resulta definitorio el nivel de circulación del virus en cada lugar previo al regreso».
Por su parte, Golombek, señaló que es fundamental hacer la distinción entre protocolos que son obligatorios y recomendaciones, que serán adaptadas a cada jurisdicción. «También estamos trabajando en protocolos para aplicar en el transporte público y el escolar. La idea es retrasar un poco el horario de ingreso a la escuela para que no coincida con el pico laboral», explicó Trotta. «Además estamos analizando con el Ministerio de Salud para promover una campaña de vacunación contra la gripe en docentes y chicos, y elaboramos recomendaciones especiales para modalidades educativas específicas como la artística, educación técnico profesional (ETP), educación física, educación especial, en contextos de encierro y facultades de salud».
(Entre los participantes en la conferencia virtual se observó una aparente contradicción entre el nivel actual de contagios, que obliga a endurecer la cuarentena, y este protocolo para volver a las aulas. Desde AgendAR señalamos que el «pico» se registra, sobre todo, en el Área Metropolitana. El resto del país debe empezar a encarar este tema, sin apresuramientos.
Tecnólogos argentinos desarrollaron un sistema para hacer monitoreo remoto de pacientes Covid-19
La solución está destinada a los enfermos leves que tienen que cumplir con internación domiciliaria. Los médicos podrán seguirlos a distancia.
PARA TENER UNA SOLUCIÓN ECONÓMICA CADA KIT NO DEBERÍA COSTAR MÁS DE $3500“El paciente solo debe colocarse el equipo dos o tres veces por día, durante un par de minutos, según le indiquen, y en forma automática se toman esos parámetros y son enviados por Internet o por una línea de teléfono celular a una central de monitoreo, supervisada por nuestros médicos. Si algún dato se sale de los números esperados, el sistema lo detecta, dispara una alarma y el profesional revisa que pasa, puede llamar al paciente o, incluso -si es necesario-, avisar a urgencias y enviar una ambulancia al domicilio”, agregó la experta que se dedica a desarrollar servicios de telemedicina desde 2016. Según Simonetta, “para poder tener una solución económica -queremos que cada kit no supere los $3500 de costo- lo armamos usando tecnología open source, y con sensores no invasivos, usamos una placa de hardware Arduino que incluye un módulo de conexión WiFi e hicimos una aplicación Web que muestran en forma gráfica la evolución del paciente”. Actualmente el equipo, que está en proceso de homologación por entidades como INTI y Anmat, suma un pulsioxímetro de dedo, que mide la saturometría y la frecuencia cardíaca; una mascarilla con sensor de CO2, para determinar la frecuencia respiratoria; y un sensor de temperatura corporal periférica. Funciona con pilas comunes y realiza las mediciones en un par de minutos. Mientras que ahora esta solución puede ayudar a manejar la emergencia del coronavirus, este tipo de dispositivos de telemedicina son prometedores: “es algo nuevo el mundo, pero está creciendo”, explicó Briggiler. Y aseguró que “en el mediano plazo, estos equipos van a ser algo tan común como hoy los termómetros, que están disponibles en cualquier casa. La razón es que -en muchos casos- recogen información que puede evitar concurrir a una guardia o consultorio por temas menores: desde renovar la receta de un paciente crónico, a chequear los resultados de análisis de rutina o -incluso- resolver consultas pediátricas de baja complejidad”.

La seguridad de los datos
“Un aspecto importante que tuvimos en cuenta para diseñar la solución de telemedicina fue el cuidado de la privacidad y la seguridad de los datos recogicos”, dijo Adrián Lasso, vicepresidente de la compañía Baufest y responsable del desarrollo de software que soporta el monitor remoto. “En cuanto a la privacidad, decidimos que la información de la persona no se almacene sino que sólo se muestre la identificación de cada dispositivo. En caso que los equipos sean usados por instituciones medicas, es posible vincularlos con sus propios sistemas de atención de pacientes para que los datos y parámetros personales de cada persona sólo puedan ser accedidos por los médicos o el personal de salud debidamente autorizados y así poder preservar la privacidad de esa data sensible”. Según el experto, al escribir el software usamos las mejores prácticas para asegurar tanto la transmisión como el almacenamiento de toda la información delicada relacionada con cada usuario”.Enrique Garabetyan
La sociedad argentina y el campo. Primera parte
Este artículo en 3 partes de Roy Hora fue reproducido en AgendAR en momentos de tensión de los productores agrarios con el gobierno anterior. Creemos que tiene vigencia en momentos de otras, distintas, tensiones.
1ª
Reproducimos este valioso ensayo de Roy Hora, doctor en Historia Moderna por la Universidad de Oxford, profesor en la Universidad de San Andrés y en la Universidad Nacional de Quilmes, e investigador principal del CONICET. Es un intelectual que escribe sobre lo que ha estudiado.
«Argentina, el país del «vértigo horizontal» de las grandes planicies, respira campo. Pero al mismo tiempo es un país apabullantemente urbano, en el que los imaginarios sobre ese campo se construyen a menudo a la distancia. Los conflictos recurrentes por el reparto de la renta agraria, en un contexto de fuertes transformaciones tecnológicas y de cambios en la propiedad de la tierra, dejan ver las discusiones irresueltas y plantean nuevos debates sobre la relación entre campo e industria, el tipo de impuestos deseables y la sostenibilidad del modelo actual.
Tras un segundo aumento de los derechos que gravan las exportaciones agrícolas, impuesto a solo tres meses de que Alberto Fernández asumiera la Presidencia, el malestar viene creciendo entre los empresarios del campo. Por el momento, la pandemia de covid-19 que asola al mundo ha sacado el tema del centro del escenario, dirigiendo la atención hacia problemas más urgentes y, de paso, deshilachando la protesta que las asociaciones ruralistas, reunidas en su Mesa de Enlace, habían programado entre el 9 y el 12 de marzo. El malestar agrario, sin embargo, no ha desaparecido, y más tarde o más temprano volverá a expresarse. Aunque es muy improbable que alcance la virulencia del conflicto del campo del otoño de 2008, el espectro de esa protesta continúa acechando. Doce años atrás, durante cuatro meses de intensa disputa, la Argentina urbana aprendió sobre impuestos a las exportaciones y siembra directa, sobre productores de soja y piquetes agrarios. Visto a la distancia, la principal consecuencia de la mayor protesta agraria de toda la historia argentina fue la constitución del «campo» como una fuerza sociocultural y, sobre esa base, aunque de manera mucho menos exitosa, como un actor dispuesto a alzar su voz en la disputa política. Una década más tarde, mucho de ese legado sigue vigente.
¿Cuánto hay de novedoso en el panorama que se abrió en 2008, tan decisivo para entender el malhumor propietario que vuelve a desplegarse ante nuestros ojos? Quizá no tanto como algunos suponen. Basta una rápida mirada hacia atrás para constatar que, desde muy temprano en la historia argentina, cierto grado de tensión constituyó un rasgo definitorio de la relación entre el empresariado rural y el Estado. No podía ser de otro modo en un país que ya en la última parte del siglo XIX contaba con un sector público de dimensiones considerables cuyo financiamiento, inevitablemente, dependía del agro pampeano, su motor económico y su único generador de divisas.
El campo como locomotora
Contra lo que afirma el mito liberal y reafirma el populista, para 1910 Argentina ya había forjado un Estado que era mucho más que un guardián nocturno. Su tamaño, medido en términos de erogaciones per cápita, se encontraba entre los mayores del mundo. Un sistema educativo que era motivo de orgullo nacional, un presupuesto militar elevado, grandes inversiones en infraestructura (ferrocarriles y puertos, edificios públicos y agua corriente) y una abultada deuda externa ayudan a explicar por qué el Estado costaba, ajustado por el tamaño de la población, tanto como en Francia o Alemania. Pero a diferencia de estos países, que poseían economías más diversificadas y menos asimetrías regionales, aquí solo la pujante economía exportadora surgida en las fértiles praderas pampeanas podía saldar esa cuenta. De manera directa o indirecta, el grueso de esos recursos salía del campo.
Considerando la temprana emergencia del Estado más robusto y costoso de América Latina, no sorprende que el problema del tamaño y la calidad del gasto público animaran el debate cívico desde antes de la era democrática. Y que la presión fiscal diese lugar a pujas y disputas y, en ocasiones, también a movilizaciones. En los principales distritos pampeanos (Buenos Aires y Santa Fe) las hubo al menos desde comienzos de la década de 1890, y en ellas participaron tanto agricultores como ganaderos y terratenientes.
Por su significación, conviene detenerse en la rebelión fiscal del verano de 1911-1912, buen ejemplo de las protestas que movilizaron al empresariado del campo a comienzos del siglo XX. En esos meses, un abrupto incremento del impuesto inmobiliario rural en la provincia de Buenos Aires puso en pie de guerra a la clase propietaria. Las empresas agrarias no podrán sostener ese nivel de impuestos e irán a la quiebra, dijeron, palabras más, palabras menos, muchos exaltados. Al calor de esa rebelión fiscal, Defensa Rural, un partido de base terrateniente nacido en los salones de la Sociedad Rural Argentina, se propuso desafiar al gobierno provincial. Animados por la sanción de la Ley Sáenz Peña, que aseguraba elecciones mucho más transparentes y participativas que las anteriores, los grandes estancieros dijeron presente. Es importante destacar que la constitución del empresariado rural como un actor político no tuvo lugar en el seno, sino contra el gobierno del Partido Conservador. Una prueba más de que la idea de bloque histórico no describe bien la relación entre Estado y clase propietaria en la Argentina oligárquica.
¿Por qué los ruralistas desafiaron a una fuerza política tan poderosa como el oficialismo de entonces? Porque eran la única voz que hablaba en nombre de un sector de actividad que, desde la izquierda hasta la derecha, todos veían como la locomotora del país. Al fin y al cabo, el sector agroexportador había convertido la economía argentina en una de las de más veloz crecimiento del planeta en la «primera globalización». Y porque, pese a la pregnancia del sentimiento antielitista que por entonces ya tenía un lugar en la vida pública, los capitalistas rurales aún no eran tenidos por enemigos de la comunidad salvo por grupos minoritarios, de escasa gravitación en el debate público. En abril de 1912, los estancieros de Defensa Rural aprendieron que no es posible competir en elecciones sin el respaldo de una organización bien implantada en el territorio y mordieron el polvo de la derrota. Aun así, la creencia de que estos actores tenían cierto ascendiente sobre la población de la campaña no parece haber sido del todo equivocada.
De hecho, cuando dos años más tarde la Unión Cívica Radical (UCR) de Hipólito Yrigoyen fue por primera vez a las urnas en la provincia de Buenos Aires (en 1912 se había abstenido), su lista de diputados estuvo encabezada por Leonardo Pereyra Iraola, uno de los ganaderos más conspicuos del país. La legislación electoral daba entonces a los votantes la posibilidad de tachar nombres en la boleta de su elección (no existía la «lista sábana»), lo que nos permite conocer mejor sus preferencias. El conteo de los votos muestra que el jefe radical no se equivocó al colocar a Pereyra Iraola como mascarón de proa de su programa de renovación de las instituciones: fue el más votado de la lista radical y superó a candidatos de carreras políticas más notorias y nacidos en cunas más populares. La lección parece clara: en el principal distrito agroganadero del país, ser un terrateniente reconocido, más que un baldón, podía constituir un activo. Un personaje como Pereyra Iraola no disminuía, sino que incrementaba el atractivo de una organización política que aspiraba a conquistar el voto popular.
Pero no por mucho tiempo. Fue quizás la última vez que un exponente tan emblemático de la alta burguesía agraria que había liderado el formidable proceso de cambio rural del medio siglo previo estuvo en condiciones de encarnar un ideal inclusivo de comunidad.»
(Continuará)
Mangas de langostas en Santa Fe y en Corrientes. Córdoba se prepara
Hace dos meses, el 19 de abril, AgendAR informó Volvió la langosta a la Argentina. Ahora, el Ministerio de Agricultura y Ganadería de Córdoba señala que, junto al SENASA, comenzaron a articular acciones de seguimiento y monitoreo ante el avance de una plaga de langostas que ya ha llegado hasta el norte de Santa Fe.
Según los datos que ha venido recolectando el Senasa en los últimos días, las mangas con estos insectos provienen de Paraguay y se asentaron ahora en el departamento General Obligado de esa provincia. También hay un foco en Corrientes.
En la calificación del Senasa, Santa Fe y Corrientes están bajo “peligro” y Córdoba figura en “precaución”. Precisamente por eso, las autoridades sanitarias decidieron activar medidas preventivas ante la posibilidad de que las langostas entren a Córdoba por el nordeste.
En el mapa se puede ver el avance de la plaga, y el nivel de advertencia para las distintas provincias.
De todos modos, las informaciones técnicas indican que, en función de las características climáticas que se esperan en las próximas horas -fundamentalmente la dirección del viento-, es más probable que la manga se dirija hacia sectores de las provincias de la Mesopotamia, y no hacia Córdoba.
La luz amarilla, no obstante, existe: el Ministerio recordó que en aproximadamente un kilómetro cuadrado pueden movilizarse hasta 40 millones de insectos, comiendo pastizales equivalentes a lo que pueden consumir dos mil vacas en un día.
En este marco, desde el Gobierno provincial y el Senasa recordaron que la Ley Nacional 27.233 establece la obligación del productor agropecuario de denunciar la presencia de la plaga en sus establecimientos, como así también el control con los productos autorizados para tal fin.
Para hacer estas denuncias, hay que contactarse con el Senasa a través de la línea 0800-999-2386, del correo electrónico [email protected], o a través de la aplicación Alertas Senasa. El Ministerio de Agricultura y Ganadería, en tanto, también cuenta con una línea para denuncias: 0800-8888-AGRO.
Además, la cartera provincial y la dirección local del organismo nacional cuentan con protocolos de trabajo que pueden ser activados en caso de ingreso de la plaga. Entre otros aspectos, incluyen una red de informantes en todo el territorio cordobés, y la articulación con municipios y comunas para el desarrollo de las tareas de control.
En la calificación del Senasa, Santa Fe y Corrientes están bajo “peligro” y Córdoba figura en “precaución”. Precisamente por eso, las autoridades sanitarias decidieron activar medidas preventivas ante la posibilidad de que las langostas entren a Córdoba por el nordeste.
En el mapa se puede ver el avance de la plaga, y el nivel de advertencia para las distintas provincias.
De todos modos, las informaciones técnicas indican que, en función de las características climáticas que se esperan en las próximas horas -fundamentalmente la dirección del viento-, es más probable que la manga se dirija hacia sectores de las provincias de la Mesopotamia, y no hacia Córdoba.
La luz amarilla, no obstante, existe: el Ministerio recordó que en aproximadamente un kilómetro cuadrado pueden movilizarse hasta 40 millones de insectos, comiendo pastizales equivalentes a lo que pueden consumir dos mil vacas en un día.
En este marco, desde el Gobierno provincial y el Senasa recordaron que la Ley Nacional 27.233 establece la obligación del productor agropecuario de denunciar la presencia de la plaga en sus establecimientos, como así también el control con los productos autorizados para tal fin.
Para hacer estas denuncias, hay que contactarse con el Senasa a través de la línea 0800-999-2386, del correo electrónico [email protected], o a través de la aplicación Alertas Senasa. El Ministerio de Agricultura y Ganadería, en tanto, también cuenta con una línea para denuncias: 0800-8888-AGRO.
Además, la cartera provincial y la dirección local del organismo nacional cuentan con protocolos de trabajo que pueden ser activados en caso de ingreso de la plaga. Entre otros aspectos, incluyen una red de informantes en todo el territorio cordobés, y la articulación con municipios y comunas para el desarrollo de las tareas de control.
⚠️#Alerta #Langosta ? #SantaFe
— Senasa Argentina (@SenasaAR) June 18, 2020
Equipos #langosteros dieron apoyo a los productores del paraje El Algarrobal, del distrito de Lanteri, que realizaron acciones para disminuir la población de la manga de langostas. pic.twitter.com/hQwg9w5DLY
Se limitará la circulación 15 días en el Área Metropolitana
Según trascendió, el gobierno nacional restringirá fuertemente la circulación por 15 días en la Ciudad Autónoma y el Gran Buenos Aires, con el objetivo de amortiguar la propagación de los contagios de coronavirus. También se dijo que se mantendrán abiertos los negocios de cercanía.
«Los tres gobernantes (con responsabilidad en el AMBA) estamos de acuerdo», dijo ayer el presidente Alberto Fernández durante una reunión con editores de medios gráficos y audiovisuales, en referencia a sí mismo, al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.
Sin duda, uno de los motivos de esta decisión, fueron los números de ayer: el Gobierno informó que 2.285 personas dieron positivo al test de Covid-19. En la provincia de Buenos Aires se registró un nuevo récord, con 1.334 contagiados. 759 en la C.A.B.A., con una población 5 veces menor. En todo el resto del país, 191 casos. Resulta evidente que el problema agudo se presenta en el AMBA.
El objetivo es tomar la medida «cuanto antes» y podría anunciarse mañana mismo, cuando Fernández, Kicillof y Larreta vuelvan a encontrarse para definir la próxima etapa. Todavía están en estudio qué actividades volverán a cerrar.
El Gobierno intenta que el freno a la circulación de personas distienda la situación de las salas de terapia intensiva, que, en los últimos días, mostraron un fuerte incremento de la ocupación. El aumento de casos tiene un correlato directo en la ocupación de camas de terapia intensiva. En ese contexto, Fernández quiere enviar con la medida un mensaje de advertencia a la población para que refuerce su aislamiento.
El endurecimiento acordado por los gobiernos nacional, porteño y bonaerense apunta a restringir al máximo la circulación de personas durante el plazo que dure la medida.
Y las personas autorizadas a trasladarse volverán a ser solo aquellas dedicadas a las tareas esenciales y a los comercios de cercanía de los barrios. La decisión implica un desafío para los controles gubernamentales, ya que la nueva etapa encuentra la cuarentena cerca de cumplir 100 días, con el inevitable cansancio social frente a las restricciones.
En opinión de AgendAR, el gobierno acierta al enfocar las restricciones en la circulación. La necesidad, el hartazgo y la irresponsabilidad, según los casos, hacen más difícil evitar que una parte de la población rompa el aislamiento, como ya dijimos. La circulación en vehículos puede controlarse mejor, y aún más el transporte público.
Desde el oficialismo se presenta un proyecto para regular las tarifas de internet
El cordobés Pablo Carro encabeza un grupo de diputados del Frente de Todos que promueven un proyecto de ley para declarar un derecho humano el acceso a internet. Y así regular sus tarifas, aunque tratando de mantener la competencia entre las empresas.
Lo firman 29 diputados oficialistas, y fue presentado este viernes 19 en una teleconferencia con legisladores y expertos de América Latina, en un debate sobre cómo garantizar a la mayoría de la población el servicio de internet, que con la pandemia pasó a ser esencial para la vida cotidiana.
Se afirma que seguirá siéndolo: la irrupción del 5G, la tecnología que facilita el «internet de las cosas», convertirá a la calidad de la red en la llave para el desarrollo de un país.
El proyecto considera como «un derecho humano» el «acceso a servicios de conectividad a internet, en sus modalidades de banda ancha fija, móvil y satelital» y excluye de la regulación a las tarifas de telefonía celulares.
Define a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) como un «servicio público en competencia», que pueden fijar sus precios «justos y razonables, cubrir los costos de la explotación y tender a la prestación eficiente y a un margen razonable de operación».
Pero contempla que podrán ser reguladas «las tarifas de los servicios públicos esenciales y estratégicos de las TIC y las prestadas «en función del Servicio Universal y de aquellos que determine la autoridad de aplicación por razones de interés público».
Ni bien comenzó la pandemia, un proyecto de ley de Fernanda Vallejos pidió congelar tarifas de internet y presionó para que la Enacom acordara con las compañías frenar las subas hasta septiembre. Antes se los había declarado servicios esenciales para que no puedan suspenderlos. El gobierno congeló las tarifas celular e internet hasta septiembre.
Los legisladores de Cambiemos no ocultan sus dudas por la nueva regulación y advierten que será difícil garantizar inversiones del sector privado si no se permiten márgenes de rentabilidad que las justifiquen.
«Tiene que haber un sistema colaborativo entre los que toman decisiones y los que tienen capacidad de invertir. Y trabajar en conjunto para garantizar un acceso universal», propuso la radical Karina Banfi. «Hay que ver de dónde venimos: en 2015 había 63 localidades conectadas a internet y en 2019 más de 1000».
En Argentina los principales actores son la reciente fusión Telecom-Cablevisión, Telefónica y América Móvil (Claro). «El Gobierno tiene que entender que el congelamiento que las tarifas de telefonía fija impidió modernizar rápido la fibra óptica. No puede repetir el mismo error», señalaron desde una de las compañías que resistió a denominar la telefonía móvil como servicio público. Fue escuchado.
En los fundamentos del proyecto del oficialismo reconocen que, según fuentes privadas, el 95% de la población y más del 70% de las ciudades y localidades del país tiene conectividad, pero advierten que en zonas periurbanas es nula o deficiente.
Y señala que «los servicios de Internet fijos y móviles en Argentina son caros y ofrecen velocidades que no condicen con las expectativas de un ciudadano contemporáneo, para la población ubicada por debajo de la media de ingresos».
«Respecto de los costos mensuales para los bolsillos de los argentinos, no estamos bien. La asequibilidad de estos servicios, medida en dólares y devaluaciones mediante, se lleva más del 10 o el 15% de los ingresos de una familia ubicada en el cuarto o quinto quintil por nivel socioeconómico».
Este proceso, advierten, va a contramano de la mayoría de los países del mundo, que según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) vienen teniendo una «drástica reducción de los precios en relación con los ingresos».
China aprobó la importación de una nueva variedad de soja transgénica
China aprobó ayer martes 23 la importación de dos nuevas variedades de soja genéticamente modificadas (OGM), incluida la variedad DBN-Ø9ØØ4-6, desarrollada por la firma DBN (Dabei Nong Biotechnology), asociada con la argentina Bioceres. Como informamos en AgendAR, desde febrero de 2019 esta variedad cuenta con la aprobación de seguridad de las autoridades argentinas para ser producida en nuestro país.
La aprobación oficial de China es una instancia definitoria en estos temas y abre el camino para las habilitaciones efectivas. Con el visto bueno del gobierno chino, principal comprador de soja del mundo, se podrá poner en marcha la producción y comercialización de la semilla.
Aunque esta variedad fue desarrollada por la empresa china DBN, la autorización regulatoria en Argentina fue solicitada por la empresa local Bioceres, aliada estratégica de la compañía asiática. El grupo con sede en Rosario podría facilitar el proceso de comercialización en función de lo que vaya decidiendo DBN, que posee la propiedad intelectual sobre este evento biotecnológico.
Mientras tanto, la firma local de biotecnología también espera obtener pronto la aprobación de importación por parte de China para su variedad de soja resistente a la sequía, HB4. Aunque todavía no se efectivizó la desregulación del evento en soja HB4 en China, esta autorización valida la estrategia elegida por Bioceres y de su aliado DBN.
La otra soja aprobada por China es la MON87751, una variedad resistente a insectos lepidópteros desarrollada por Bayer, informó el Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales chino, que también aclaró que los cultivos aprobados para la importación se utilizarán exclusivamente como alimento para animales. Todas las aprobaciones entraron en vigencia a partir del 11 de junio y durarán cinco años.
Además, el ministerio chino también renovó los certificados de seguridad para la importación de otros seis cultivos transgénicos, cinco variedades de maíz y otro cultivo de soja, desarrollados por Bayer, Corteva y Syngenta.
Hace tiempo que Beijing viene aprobando las importaciones de productos modificados genéticamente para alimentar al ganado, pero no ha comercializado completamente la producción de granos modificados genéticamente en el país. Sin embargo, en enero, otorgó certificados de seguridad a dos variedades de maíz transgénico, incluido uno desarrollado por DBN. Los productos deben superar dos pasos regulatorios adicionales antes de que puedan cultivarse en China.

