FAdeA, certificada para intervenir aviones comerciales Airbus 320 de Brasil

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El Ministerio de Defensa que conduce Agustín Rossi anuncia que con la certificación emitida por ANAC Brasil, FAdeA S.A incorpora la capacidad para brindar servicios de mantenimiento comercial a los más de 100 aviones Airbus A320 que operan en el país vecino. “Es una excelente noticia que amplía la potencialidad del trabajo argentino y de la Fábrica Argentina de Aviones”, aseguró el titular de la cartera, al tiempo que comentó que concluida la auditoría técnica realizada por la Agencia Nacional de Aviación Civil de Brasil, la Dirección Técnica de Aeronavegabilidad de Brasilia informó a FAdeA que ya cuenta con la certificación que la avala “para realizar servicios de mantenimiento a aeronaves con matricula brasilera (PT y PR), a componentes y accesorios y para realizar servicios especializados como ensayos no destructivos, reparación de material compuesto y pintura; entre otros”.

Esta certificación es de gran relevancia para FAdeA S.A ya que potencia su mercado de mantenimiento comercial, incorporando la posibilidad de intervenir los más de 100 aviones A 320 operados en dicho país, sumando de esta manera una nueva capacidad a las ya obtenidas para intervenir aeronaves de Argentina y Chile.

Por su parte, la presidenta de la empresa, Mirta Iriondo, aseguró “Debemos seguir trabajando para continuar ampliando nuestras capacidades comerciales y crecer en este mercado tan exigente” y resaltó que esta certificación “es un reconocimiento al desempeño de nuestro personal, quienes día a día da muestras de su compromiso y capacidad”, al explicar que FAdeA S.A «debe continuar potenciando su rol estratégico en el desarrollo tecnológico del país. El negocio de mantenimiento comercial es muy importante para nosotros, ya que junto con la fabricación de aviones y aeropartes y el mantenimiento militar, conforman una cartera de productos y servicios que nos permite ser una empresa estratégica y sustentable, atendiendo las necesidades aeronáuticas de nuestras fuerzas armadas y generando nuevos negocios con clientes externos”.

Las emisiones de carbono se estancaron en 2019

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Las emisiones de dióxido de carbono (CO2) para producir energía se estancaron en 2019 en el mundo en los 33 gigatones, por el freno registrado en los países desarrollados en el uso de combustibles fósiles con ese fin, según un informe publicado este martes por la Agencia Internacional de la Energía.

Pese a que la economía global se expandió un 2,9%, la disminución de las emisiones en la producción de energía eléctrica en las economías avanzadas compensó el “incremento continuo” en otros países, indicaron los autores del informe.

El mayor uso de renovables, sobre todo de la eólica y la solar, la sustitución del carbón por el gas natural en la producción eléctrica y una mayor generación de energía nuclear fueron los principales factores de esta contención. La AIE también destacó el hecho de que 2019 fue un año más templado en varios países y que en algunas economías emergentes el crecimiento económico se redujo.

Las emisiones del sector eléctrico en las economías avanzadas disminuyeron a niveles de finales de la década de los 80, cuando la demanda era un tercio inferior a la actual.

El informe de la AIE destacó el recorte de las emisiones en Estados Unidos, con una caída del 2,9%, 140 millones de toneladas menos, hasta situarse en los 4,8 gigatones. Desde que en 2000 alcanzaran su máximo histórico, ese país las ha recortado en 1 gigatón.

En la Unión Europea, incluido el Reino Unido, el recorte fue del 5 % hasta los 2,9 gigatones, 160 millones de toneladas menos en 2019, un año en el que, por vez primera, el carbón se vio superado como fuente de producción de electricidad por el gas natural y la eólica se quedó a las puertas del segundo lugar.

El uso del carbón para producir electricidad se redujo un 25%, mientras que el gas natural subió un 15%.

En Japón, las emisiones cayeron un 4,3%, la mayor bajada desde 2009, por el incremento del 40% de la producción de energía nuclear tras la vuelta a la actividad de varios reactores.

Fuera de las economías avanzadas, las emisiones crecieron en 400 millones de toneladas, un 80% procedente de Asia, según la AIE, que lo atribuyó al uso del carbón, que representó más del 50% del total y es responsable de 10 gigatones de emisiones.

En China, el frenazo económico, la expansión de las renovables y la entrada en funcionamiento de siete reactores nucleares atenuó el crecimiento de las emisiones, al igual que en India, donde el uso de carbón en la generación eléctrica cayó por primera vez desde 1973.

Todo lo contrario que en otros países del sureste asiático, donde las emisiones crecieron de forma importante ligadas al aumento del uso del carbón.

El INDEC informó el índice de inflación de enero: 2,3 %. Observaciones

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Es el índice menor desde julio 2019. La inflación anual a partir de febrero ´19 resulta entonces del 52,9%.

Entre los rubros que forman el índice mensual los que más subieron fueron Recreación y cultura (5%), Alimentos y Bebidas (4,7%) y Bebidas alcohólicas y tabaco (4,3%). La categoría Salud cayó un 2% y Equipamiento y Mantenimiento del hogar, un 1,3%.

El presidente Alberto Fernández afirmó que la baja en el promedio de inflación mensual es un dato «auspicioso pero no suficiente». Los opositores, por supuesto, cuestionaron el índice, lo que llevó al director del INDEC, Marco Lavagna a señalar que el equipo que lo confeccionó es el mismo que estaba en la gestión anterior, de Jorge Todesca.

El promedio del 2,3% que registró el INDEC está en línea con la de otros distritos claves, como la Ciudad de Buenos Aires (2,4) o Mendoza (2,5%). En cambio, por el mayor impacto del turismo, en Córdoba fue del 3,92% y en Neuquén del 4,56%.

Este editor se siente obligado a señalar que el índice de inflación es un dato estadístico, con un elemento ineludible de arbitrariedad: no existe una canasta de productos que todos consumen por igual. De todos modos, parece evidente que no hay una escalada inflacionaria. ¿Es un logro modesto? Sí, pero si esa escalada se producía, cualquier plan económico y la misma posibilidad de hacerlo, se destruían.

El nuevo satélite de la nueva ARSAT – 2° parte

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(La primera parte de este artículo está aquí)

2. EL DISCRETO ENCANTO DE LOS MOTORES SUTILES

¡Hasta aquí con los propergoles!, dice ARSAT, ahora que resucitó. En la oficialmente extinta plataforma 3K, los combustibles líquidos de encendido espontáneo formaban algo más del 56% del peso total del satélite. Ahora, con propulsión totalmente eléctrica basada en motores “de efecto Hall”, 1673 kg. de metilhidracina y tetróxido de nitrógeno se reemplazarán por 200 kg. de xenón, un gas noble.

¿Por qué este gas se llama “noble”? Por químicamente ortiva. Tiene saturados los “orbitales de valencia”, poca afinidad por electrones ajenos y poca propensión a perder los propios. En circunstancias normales, es reacio a combinarse químicamente con ningún otro elemento de la tabla de Mendeleiev, y por ende, está casi siempre en estado monoatómico. Su primera virtud como combustible, entonces, es que no corroe sus tanques ni resulta peligroso para la nave.

¿Y por qué expeler xenón, en lugar de sus primos del grupo 18 de la tabla? Son el helio, el neon, el argón y el kriptón, todos igualmente nobles. Se prefiere el xenón porque tiene una masa muy alta, casi 33 veces mayor que la del helio. De modo que, con la autoridad que confiere Isaac Newton, afirmo que si uno, como acción, dispara xenón hacia la derecha, habrá mayor reacción hacia la izquierda. Y viceversa.

¿Y cómo se disparan átomos de xenón? Es complicado: requiere de ionizarlos, acelerarlos con interacciones de dos campos eléctricos explicados aquí, y expelerlos como un chorro de plasma de muy baja densidad pero altísima velocidad. ¿Tanta? Sí, de 20 a 30 veces la de los gases que vomita, portentosos, cualquier cohete químico.

No hay combustión en un satélite “full eléctrico”. La electricidad para ionizar y expeler xenón la dan las baterías, recargadas por placas fotovoltaicas. Estos paneles son también la única fuente de potencia del resto de los sistemas del satélite. Y así, por reacción contra este sutilísimo vientecito de xenón generado a popa, un satélite avanza en el sentido contrario, hacia proa.

Estos motores eléctricos “de efecto Hall” generan muy poca aceleración, comparados con los fogosos y espectaculares cohetes con combustibles químicos. Estos son (pido ayuda a la hidráulica) “de gran caudal”. No es buena idea pararse detrás de uno de ellos cuando se dispara, y no sólo por la temperatura. En cambio los eléctricos expelen poquísimas unidades de masa por segundo. Uno puede pararse metros detrás sin despeinarse, si soporta el vacío. En plan hidráulico, uno los llamaría de bajísimo caudal.

Por ello, no dan ni a palos para un despegue directo desde Tierra. Pero otra cosa es usarlos cuando ya se está en órbita: aunque ejercen fuerzas  muy bajas, lo pueden hacer de un modo persistente. Y eso en un ambiente, como el orbital, donde no hay resistencia aerodinámica y la gravedad terrestre es “micro”, permite alcanzar velocidades muy altas, sin otro límite que el stock de gas.

Ahora, ¿cómo es que 200 kg. de xenón permitirán que el ARSAT 3 dure 15 años en operaciones? ¿No es como mucho pedir?

Ya es demasiado pedir que un motor de apogeo convencional suba a un satélite del tamaño de una 4×4, en sucesivos giros al ecuador, desde una órbita de transferencia muy elíptica hasta una perfectamente circular y geoestacionaria. Aquí le mostramos en qué consiste esa maniobra con un motor químico convencional, como los de los ARSAT 1 y 2.

Pueden verlo (en una animación) cliqueando aquí: en.wikipedia.org/wiki/Geostationary_transfer_orbit#/media/File:Animation_of_EchoStar_XVII_trajectory.gif

La órbita de transferencia de los ARSAT 1 y 2 tuvieron su “kilómetro cero” allí donde el satélite se apeó del cohete lanzador. Lo hicieron a baja altura (300 km) pero con muchísima energía. Ese lugar de separación lanzador-satélite fue el perigeo (lugar más cercano a la Tierra) de la primera de 14 órbitas, cuyo apogeo (el lugar más lejano) anduvo clavado siempre en los 35.786 km. de altura.

Con sucesivos disparos de su motor de apogeo durante los descensos, el satélite gana energía y va logrando perigeos cada vez más altos. Algunos disparos pueden durar más de una hora, otros apenas segundos, pero en esta parte más bien emocionante de la menesunda, llamada LEOP (Low Earth Orbit Phase), el plan es imprimirle al satélite 1500 metros por segundo de velocidad adicional hasta llegar a una órbita totalmente circular, geoestacionaria propiamente dicha, de 35.786 kilómetros de altura, y eso en sólo 5 maniobras y dentro de las primeras 14 órbitas.

Con su velocidad lineal reducida a 3,08 km/s el satélite termina estacionando en su altísimo sitio de destino, donde gira a la misma velocidad angular que la Tierra. A partir de entonces, con el remanente de propelentes y más de una docena de “thrusters” (micromotores apuntados en otras direcciones), hay que mantener el satélite en su altura, posición y actitud de trabajo durante su vida útil. Son 15 laboriosos años de “stationkeeping”: 100 instrucciones correctivas anuales, cada una no menor de 16.000 líneas de código.

Ya cuesta creer que semejante trepada sea posible con propergoles líquidos. Fue con un motor cohete de lo más convencional y apenas 40 kg. de empuje que el ARSAT 1 ascendió desde su órbita de transferencia a su “slot orbital”. Allí sigue hoy, fijo como una estación retransmisora, con  ocasionales disparos de 16 “thrusters”. Estos tienen apenas 1 kg. de empuje.

Girando a la misma velocidad angular que la Tierra, el ARSAT 1 está como clavado a 35.786 km sobre un punto fijo cuya vertical cae en la selva colombiana, longitud 71,8 Oeste. Fue un viaje épico de 400.000 km, 14 órbitas y 10 días de duración. El cohete de apogeo se disparó ahorrativamente, y aún así la maniobra se comió el 76% del combustible.

Ese ascenso es la fase más peligrosa de la vida de cualquier GEO. Si en un mal LEOP se gasta combustible de más, se pierden años y años de “stationkeeping”. Un satélite dura lo que sus combustibles. Después, entra a derivar a tumbos, y es chatarra.

Dicho sea de paso, el ascenso hasta su sitio orbital del ARSAT 1 fue modélico: se gastaron menos propelentes que los esperables, y no es imposible que el satélite llegue operativo a 2030, en lugar de a 2029.  Aplauso al equipo de ingenieros orbitales. Durmieron poco y nada en aquellos 10 días “de cortar clavos”.

Un motor eléctrico experimental de sólo 2 kW eyectando plasma en el Princeton Plasma Physics Lab.

La mente lucha por entender que se pueda manipular de semejante modo un aparato de casi 3 toneladas con un motorcito que sólo tira 40 kg. Pero ojo: con un impulso lateral de 40 kg. aquí en la Tierra uno despatarra por el piso a un rugbier gravitacionalmente bien plantado. Hay que ver cómo mueve esa misma fuerza a un satélite casi ingrávido, eximido además de toda resistencia aerodinámica.

El misterio siguiente es entender que se pueda lograr lo mismo con un motor mucho más minimalista, tanto que su empuje equivale al de unas pocas monedas de 1 peso en la mano. La única respuesta posible es que con microgravedad, con xenón, con electricidad, sin resistencia aerodinámica y con tiempo, la física newtoniana hace cosas extraordinarias.

El ascenso LEOP del ARSAT 3 probablemente no baje de 4 meses, y la distancia total recorrida en muchas más sucesivas órbitas, cada vez más circulares, será mucho mayor. ¿Pero esto no implica un lucro cesante? Sí, de al menos 110 días comparado con un LEOP químico. Durante el LEOP el satélite no está fijo en un punto del cielo, que es lo que un operador terrestre espera de un GEO. Quiere que no se mueva nada: exactamente lo que se exige de una torre retransmisora. Y hasta que el GEO no deje de moverse para un operador terrestre, no existe. Y su dueño no cobra un mango.

9 GEOs fijos sobre 9 distintos puntos del Ecuador, y sus respectivos haces de iluminación.

Pero 4 meses de lucro cesante se recuperan de sobra con el ahorro de peso: cada kg. puesto en órbita de transferencia costaba U$ 60.000, a fecha de partida de los ARSAT 1 y 2. Desde entonces, la empresa SpaceX de Elon Musk demolió el precio a U$ 25.000, y descontando. De paso, si quiere saber por qué los soviéticos impusieron en los ’70 la superioridad del xenón antes que la de otros gases nobles, tiene una buena explicación en este video de 9 minutos (en inglés).

Ahora Ud. entiende por qué todo GEO, más allá de su tipo de propulsión, es más una espacionave que un satélite, con grandes plataformas de servicio y cargas útiles más bien exiguas. El prescindir de combustibles líquidos es una lucha contra ese límite. Las empresas de comunicaciones son mucho más conservadoras que las agencias espaciales, de modo que la fueron dando en 2 etapas: promediando los ’90, empezaron a sustituir los “thrusters” de “stationkeeping” por equivalentes eléctricos, cuya fuerza equivale tal vez a la carga de aquellas mínimas monedas de 10 centavos, hasta hace poco circulantes. Pero esos satélites de 2da generación, o híbridos, conservaban unos robustos motores químicos de apogeo.

Luego, cautelosamente, a partir de 2000, se ensayaron en tierra los motores eléctricos de apogeo. El primer GEO “full electric” fue el ABS-3A de Boeing y se lo disparó en 2015. La moda cundió: este año la mitad de los GEOs que se lancen serán eléctricos puros.

¿Por qué son tan ahorrativos? Porque disparan xenón con una velocidad fenomenal, entre 10 y 50 km/segundo o por ahí, 30 veces mayor que la de los gases de combustión cuando escapan por las toberas de un cohete químico.

Y si recuerda física de 3ro y 4to año, la energía cinética de los objetos, aunque se trate de un mínimo e impalpable puñado de átomos de xenón, varía linealmente con su masa, pero cuadráticamente con su velocidad. Eso hace de estos pesados y veloces átomos de xenón un recurso “de altísimo impulso específico”, como dicen en jerga.

Sí, claro, lo entiendo. Ud. de pibe vió despegar, con la boca abierta, al Saturno V que llevaba a Armstrong, Aldrin y Collins a la Luna. ¡Eso era un show! ¡Vamos la fuerza bruta! Un cohete casi el doble de alto que el obelisco de Buenos Aires, que vomitaba un caudal de 13 toneladas/segundo de gases de combustión por las toberas, y esos gases lo levantaban del piso con 4080 toneladas de fuerza. Faltaba música de Wagner, nomás.

Con tales antecedentes, Ud. me dice: “Arias, no me jodas con suspiritos angelicales de xenón”. Pero el que tiene que reprogramar su cabeza es usted. Y al hacerlo, aprenderá a valorar la insoportable levedad de los motores eléctricos.

Nuestro ARSAT 1 en 2014, a semanas de su partida, enorme y con poca carga útil como casi todo GEO de 1ra generación. Ahora en 3 años debemos llegar a un 3ra generación “full”, proceso que a la industria mundial le tomó 20 años.

No se flagele al respecto. A mí también me gustan más los cohetes rugientes y wagnerianos. Pero dentro de poco los motores químicos van a servir sólo para despegar de la Tierra o aterrizar en otros planetas. Dentro del Sistema Solar, y hasta donde la luz del sol sea capaz de producir suficiente electricidad, los viajes probablemente se hagan a puro xenón.

Los motores “de efecto Hall” empezaron a desplegarse cautelosamente en sondas científicas, a fines de los ’60, pero ahora hay centenares de ellos en centenares de satélites industriales, si suma GEOs y LEOs (Low Earth Orbit), los de órbita baja. Y si bien los rusos son el mejor proveedor (FAKEL), los yanquis tienen a Boeing, los europeos a SNECMA, los italianos a SITAEL, y la demanda insatisfecha hoy hace surgir firmitas como Orbion (EEUU), que te entregan –o eso dicen- el motorcito a 8 días de pedido. Falta que te llegue en Rappi. Todo se vuelve “commodity”.

Planteado así, el ARSAT 3 parece facilísimo.

Pero mirémoslo desde otra perspectiva. Al pasar sin escalas intermedias de la plataforma 3K a la nueva “full electric”, ARSAT habrá dado el salto de satélites GEO de 1ra generación (los de los años ’70 y ’80) a los de 3ra. Tal cual. Como si la administración macrista de ARSAT –y del país- no hubiera existido.

En el fondo lo que asusta es eso: existir, existió, y el 40% del electorado quiso que se quedara. Este salto que al mundo GEO le tomó 20 años la Argentina debe darlo en 3 o 4. El ARSAT 3 se supone listo para lanzar en 2023, pero es nuestro primer eléctrico puro, fruto tecnológico de nuestra primera “joint venture” con Turquía que logró llegar a papeles firmados.

Recuerde la historia de los ARSAT 1 y 2. Recuerde la del CAREM con los turcos ¿Ud. cree que en esta ocasión van a faltar palos en la rueda?

(Concluirá mañana)

Daniel E. Arias

Martín Guzmán en el Congreso

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En AgendAR queremos dar nuestra evaluación de la batalla de la deuda en que está enfrascado el gobierno argentino, cómo no. Pero nos parece más adecuado acercar primero la exposición de quien está en el frente de batalla. E informa a los legisladores. Este es el video completo:

Imponente protesta ante el Congreso contra el FMI

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Ayer, martes 12, y coincidiendo con la presencia del ministro de Economía, Martín Guzmán en una sesión especial de Diputados, agrupaciones políticas incluidas en el Frente de Todos, el poderoso sindicato La Bancaria, y la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), para mencionar los sectores más numerosos, movilizaron desde las 16 en la avenida 9 de Julio e Independencia y cerraron a las 18 con un acto frente al Congreso. El objetivo, repudiar las políticas de ajuste y el endeudamiento del gobierno de Macri, y, en las palabras de la UTEP «acompañar el intento por parte de cartera de Hacienda de declarar que el pago de la deuda externa es insostenible».

Por su parte, el Frente de Izquierda y los Trabajadores (PTS, PO y MST) se concentraron desde las 12 del mediodía con una olla popular en el Obelisco y una marcha hacia las oficinas del FMI. Su consigna: «Marchamos en repudio de la llegada de la misión del organismo, ya que consideramos la deuda totalmente ilegitima y no estamos dispuestxs a que el pueblo la pague a costa del empeoramiento de sus condiciones de vida».

La foto de arriba puede ser mostrada a la Directora General Georgieva y, sobre todo, a los acreedores con los que Martín Guzmán deberá negociar. Un sector muy grande de la población argentina está furiosamente en contra del FMI y las políticas de ajuste. Pero el gobierno de Alberto Fernández es apoyado o contiene a gran parte de las organizaciones que se movilizan. El mensaje sería: «No tiren demasiado de la cuerda».

Una empresa argentina ensaya un kit para la detección del coronavirus

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Un equipo de científicos argentinos que han formado una empresa tecnológica está desarrollando el prototipo de un kit portátil para diagnosticar, mediante ingeniería genética, si un paciente está infectado con el nuevo coronavirus, «COVID-19», que ya causó más de mil muertes.

Es CASPR Biotech, que desarrolla plataformas basadas en la aplicación de la tecnología CRISPR; descubierta en 2012, utilizada mayormente para edición génica, que también sirve como herramienta de diagnóstico molecular.

«Hace seis años comenzamos a desarrollar un kit portátil y de fácil uso para la detección de secuencias de ADN/ARN (ácido ribonucleico) para hacer diagnósticos de enfermedades infecciosas, entre otras aplicaciones», cuenta Carla Gimenez, biotecnóloga y socia fundadora de Caspr.

«Cuando surgió el problema del coronavirus, probamos con un fragmento del virus cuya información está disponible, ya que fue secuenciado, y los resultados fueron óptimos. Pero para validarlo, debemos hacer el test con muestras de pacientes».

La ventaja de esta plataforma es que permite hacer un diagnóstico preciso con un equipo portátil en salas de menor complejidad o lugares como aeropuertos o estaciones de transporte público, y se obtienen los resultados en menos de una hora.

Además de Carla, integran el equipo emprendedor los biotecnólogos Federico Pereyra Bonnet y Lucía Curti, quienes venían trabajando con Crispr desde 2014, el bioinformático Guillermo Repizo y el emprendedor Franco Goytia.

Bonnet explicó por su parte que «el kit es una tira reactiva de papel en la que el resultado puede leerse como en un Evatest» y agregó que el «costo es de menos de dos dólares por prueba».

Más allá de la epidemia de coronavirus, esta plataforma sirve para detectar presencia de otros virus como denge, zika, chikunguña y hantavirus. Durante 2019, la compañía realizó pruebas para la detección de dengue en pacientes con el Instituto GIGA en Misiones y el Hospital Albert Einstein de Sao Paulo.

La compañía recibió una inversión inicial de u$s 200,000 por parte de GridX, una «company builder» especializada en startups biotecnológicas, conformada por inversores particulares como Marcos Galperín (Mercado Libre) y Miguel Galuccio (ex YPF), e institucionales como Bagó, Vicentin y Grupo Insud. Meses más tarde recibió otra inversión, de u$s 250.000 por parte de la aceleradora biotecnológica IndieBio, con sede en San Francisco, California.

Actualmente, los socios se encuentran a a búsqueda de una nueva ronda de inversión internacional, para poder iniciar la producción a escala de estos Bio-kits.

Uber vs Taxis: los cambios en el negocio del transporte urbano

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Marcelo Marchetich, ex taxista y hoy conductor de Uber, llega a su casa a las 6 de la mañana. Se baja del auto, entra y se sienta a desayunar. En unos minutos se irá a dormir. Cuenta el dinero: 3000 pesos. Salió a las 23 e hizo alrededor de 15 viajes. Se mete en su cama con una sonrisa de satisfacción. «Los taxistas tienen que trabajar todos los días para cubrir su deuda», declara, incluso el franco «porque generalmente están atrasados», en el pago de alquiler del auto.

En la Ciudad de Buenos Aires coexisten distintos servicios de transporte. Unos, como los taxis, son tradicionales y bien conocidos por la gente, pero de acuerdo con datos de la Asociación de Taxistas de Capital (ATC), la actividad perdió 10.000 trabajadores desde 2015. «Es una barbaridad», asegura Omar Viviani, secretario general del Sindicato de Peones de Taxis (SPT). Y desgrana las críticas a las aplicaciones que no pagan impuestos mientras «el Gobierno mira para otro lado».

Como consecuencia de esta merma, el valor de la licencia de taxi cayó su nivel más bajo desde principios de 2003.

El valor de la licencia refleja el flujo esperado de trabajo. Según un relevamiento del Centro Tecnológico de Transporte, Tránsito y Seguridad Vial (C3T), de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), las licencias de taxis pasaron de costar unos USD15.156,33 en marzo de 2016, a USD2.890,22, en 2019. y siguieron en baja Es decir, hoy valen un 81% menos. Además, entre enero y julio de 2018 -año en que estalló la crisis económica- la licencia tuvo una caída de USD2500 aproximadamente: de 8929,37 dólares pasó a 5589,19 dólares. A partir de ahí, el descenso fue inevitable, ya que la licencia llegó a valer USD 1527,79, en julio de 2019.

Licencias poco claras
Hay un cupo limitado establecido por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que en el último dato que ofrece se encuentra en 37.674. Para obtener una, se debe realizar una transferencia. Ésta se realiza con un escribano, quien enviará la solicitud a SACTA S.A., la empresa reguladora de la actividad que depende del Gobierno de la Ciudad. Este organismo tiene cinco días para entregar la titularidad a quien la pide, o rechazarla.

La transferencia es privada, por lo que los dueños de la licencia establecen el valor al que ellos desean venderla. «Hay una parte en negro, sin mucho control», dice Rafael Skiadaressis, especialista en economía del transporte. Además del valor propio de la licencia, el Gobierno estableció, desde 2012, una tasa a pagar al realizar una transferencia. El valor es el de 20.000 fichas de taxis. Es decir, una persona que quiere obtener una licencia de taxi debe pagar un aproximado de $91.600 por ese proceso, el 58% del valor de la licencia. Esta tasa se destina en un 80% a la capacitación de Conductores Profesionales de Taxi y en un 20% para el control de los servicios de transporte.

El factor clave de la diferencia
El valor de la licencia muestra la realidad del taxista que además ve cómo se multiplican la opciones de transporte privado. Aplicaciones como Uber, Cabify y la recién llegada Beat significan un mercado mucho más competitivo: cada vez más personas utilizan estas apps antes que el servicio de taxis.

Según el SPT, hoy en día hay 26.000 taxistas circulando. Un informe de IProUp, un portal de noticias web especializado en Fintech y startups, estima que los conductores de Uber son 55.000 y los de Cabify 12.500. La diferencia es notable, aunque las empresas no brindaron cifras oficiales que confirmen estos datos. ¿Cuál es el mayor beneficio? No es necesario tener una licencia. Al no pagar por ella ni su tasa de transferencia, los gastos se achican considerablemente.

En un contexto de crisis y desempleo, entrar en estas aplicaciones exige poco y promete una recaudación estimada en 12.000 pesos por semana, a razón de 40 horas trabajadas. Trabajar de taxista es mucho más difícil ya que implica entre 12 y 16 horas de trabajo diarias y un margen escaso de ganancia. La labor que realizan es exactamente la misma, pero los gastos que cada opción implica, hacen inclinar la balanza hacia las aplicaciones.

Un conductor de Cabify que prefirió no decir su nombre sostiene que «un gran porcentaje de conductores de la aplicación somos ex taxistas».

Lo que viene
La convivencia entre los servicios de transporte tiene visiones diferentes. Para Valeria Orso, vocera de Cabify, taxistas y aplicaciones pueden convivir porque «son distintas opciones de movilidad para los usuarios», pero remarcó que sus autos «son más seguros». Desde el SPT concuerdan en que «hay que fomentar el trabajo», pero agregan una mirada más cruda: la realidad es que es «una pelea de pobres contra pobres». En cambio, Marcelo Boeri, líder de Taxistas Unidos, dice que «avasallan su trabajo». Skiadaressis analiza que «Uber ya ganó en la forma de pedir un auto», pero ni aun con regulaciones podrían coexistir porque «las aplicaciones necesitan la flexibilidad».

Las proyecciones de crecimiento para los taxistas son inexistentes. El crecimiento de trabajadores en las aplicaciones y las largas colas de taxis vacíos no describen un panorama prometedor. La licencia seguirá bajando, y también lo hará la cantidad de choferes.

De todos modos, el futuro de las aplicaciones tampoco es una promesa de felicidad sin fin. Según Skiadaressis, las apps no existirán más cuando «los inversores privados se cansen de poner plata».

«Uber se está yendo a la B», resume al mostrar que en los últimos 5 años la empresa perdió USD 12.000 millones. Si desaparecen, quedará desempleada una gran cantidad de trabajadores, mientras que en la calle circulará un servicio de taxis golpeado y disminuido. El transporte privado, seguramente, volverá a reinventar nuevas opciones.

El nuevo satélite de la nueva ARSAT

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Hace 8 días anunciamos -estuvimos entre los primeros- ¡El ARSAT-3 está en marcha!. Pero no nos imaginamos cómo venía. Aquí Daniel Arias nos lo cuenta. Y vale la pena saberlo. El Arsat-3 y la nueva ARSAT vienen reforzados.

Ahora que la nueva ARSAT S.A. comunicó que vuelve a su mision inicial, hacer satélites geoestacionarios de telecomunicaciones, ¿cómo van a ser? Agendar le preguntó esto al físico Pablo Tognetti, fundador de la empresa y hoy de regreso en su dirección.

Confesamos que nuestra expectativa era que se continuaría con la plataforma de servicios 3K, planificada para los tres primeros ARSAT hasta 2015. En los 1° y 2° funciona “joya” desde 2014 y 2015, el proveedor INVAP ya la sabe hacer con los ojos cerrados, es sencilla, robusta, y se termina rápido. Un “tuerca” la compararía con un Land Rover militar: ni lindo ni potente, ni liviano ni innovador, pero hace lo suyo. Y andá a romperlo.

Después de todo, pese al modesto ancho de banda de los satélites 1 y 2, hechos con la plataforma 3K, igual levantan plata con la pala: venden servicios por U$ 65 millones/año. Mantuvieron a ARSAT desde 2015 hasta hoy.

Tognetti nos sorprendió:  “Propulsión eléctrica y payload flexible, desarrollados en el país. Mayor prestación, menor costo. Entramos esta vez en el momento de crecimiento de estas tecnologías emergentes”, respondió, sucinto. Traduzco al automotriz: “Olvídense de los Land Rover, vamos por un Tesla S”.

Una clave de la decisión es de diplomacia: ARSAT SA ya no es una primeriza. No está obligada a demostrar que los ARSAT no se rompen ante un planeta escéptico, donde sólo 20 firmas de 7 otros países se atreven a construir GEOs, satélites geoestacionarios. De hecho, de puro robustos, los ARSAT 1 y 2 pagaron los seguros más bajos del mercado mundial a fecha de lanzamiento. ARSAT S.A. ahora puede asumir una ingeniería menos paranoica y tomar riesgos técnicos. Eso mejora la correlación ancho de banda vs. peso. Y por ende, los ingresos: ahí arriba, a 35.786 km. de altura, lo que uno vende es ancho de banda.

Pero eso sería la mitad de la verdad. ARSAT está obligada a cambiar de caballo porque también lo está INVAP S.E., su proveedora de satélites. Y es culpa del éxito: los 2 ARSAT que usaron la plataforma 3K anduvieron tan bien que INVAP consiguió un socio tecnológico turco con menos kilometraje espacial pero bolsillos más profundos, Turkish Aerospace Industries (TAI) para desarrollos más audaces.

La delegación turca de TAI se fotografía con la de INVAP en Bariloche, en septiembre de 2019.

Ambas empresas crearon una firma ad-hoc, GSATCOM, para hacer una familia de GEOs con entre 45 y 47 gigabites/segundo de velocidad en su carga útil, apoyada por una plataforma de servicios con propulsión eléctrica y de apenas 1,5 toneladas de masa. Como referencia, los ARSAT 1 y 2 pesan 3 toneladas por gorra… “Y el ancho de banda promedio de la flota GEO actual está en los 10 gigabite/segundo”, añade el ing. Gabriel Absi, hoy a cargo del área satelital de INVAP.

INVAP podría tal vez haber seguido su ruta satelital sin socios si el gobierno de Mauricio Macri no hubiera liquidado “in limine”, en 2015, la construcción del ARSAT 3 (y de 5 aparatos más). Macri lo hizo para regalarle unilateralmente el cielo argentino a 26 satélites de todo origen, con palpable presencia española, para alegría de HISPASAT.

Este regalo probablemente no dañó las finanzas de algunos funcionarios vinculados a TESACOM, operadora local de la firma ibérica, nombrados en su cartera por el Ministro de Telecomunicaciones de 2015, Oscar Aguad. Pero ésas son mezquindades: el objetivo de la movida fue eliminar a ARSAT SA como jugador minúsculo pero emergente en un poker de millonarios: en 2015, la construcción satelital era un negocio global de U$ 5.400 millones, y la venta de servicios satelitales (comunicaciones a la cabeza), de U$ 127.000 millones. Y ARSAT jugaba chirolas, pero en ambas mesas.

Y hay más. Discapacitar a ARSAT como empresa espacial escondía un tiro por elevación contra INVAP. Porque la barilochense es una piedra en el zapato de varias cancillerías.

Esta SE (Sociedad del Estado) rionegrina es de base nuclear, pero tecnológicamente multiforme: una ameba. Desde 1987 destruyó repetidamente a las ofertas estadounidenses, soviéticas, rusas, francesas, canadienses, japonesas y coreanas en toda licitación limpia de reactores nucleares. Ganó en Perú, Argelia, Egipto, Australia, Holanda (2 veces) y Arabia Saudita. En reactores INVAP es la número 1 mundial, y no es imposible que, si se asocia bien, la barilochense copie ese recorrido en otro mercado inmensamente mayor, el de las centrales nucleares compactas “de potencia”.

INVAP radarizó los aeropuertos y rutas aéreas del país con tecnología propia (negocio que la estadounidense Raytheon y la francesa Thompson creían propio), pero también puso radares en barcos y aeronaves de la Armada y la Fuerza Aérea (ceños fruncidos en Londres), y refundó con aparatos propios el SINARAME (Sistema Nacional de Radares Meteorológicos). Con su experiencia en satélites y radares, animales muy autónomos, desplegó los primeros “drones” argentinos de observación realmente robóticos. Y tiene en su foja 5 satélites notables de observación terrestre (en poco tiempo más, 6), y ahora, 2 de comunicaciones.

Mirado desde la sustitución de importaciones, ya el ARSAT 1 supuso evitar desembolsos de U$ 25 millones/año. Mirado desde el equilibrio fiscal, la dupla ARSAT 1 y 2 ganan U$ 65 millones/año y pagan todos los gastos de ARSAT SA. Mirado desde las exportaciones no tradicionales, con el ARSAT 2 la Argentina empezó a vender servicios satelitales a EEUU (el mundo al revés). INVAP es demasiadas piedritas en demasiados zapatos. Sobrevivió a intentos de quebrarla de ya 3 gobiernos.

INVAP se asoció formalmente con TAI el 4 de ese septiembre de 2019, pero venían “en chamuyos” desde 2018. Con la suspensión de los satélites y los radares, al costo de violar olímpicamente la ley 27.208 de Desarrollo de la Industria Satelital (y otras), aquel año Macri había logrado bajar la facturación de INVAP en un 93% respecto de la de 2017, y todavía les debía 700 millones de pesos (pendientes de épocas en que 16 pesos compraban un dólar). Pero en lugar de pagar, mandó a Marcos Peña a Bariloche a impartir “coaching ontológico”: mediten, ábranse el universo, coman pasto y acepten los mercados y la muerte, porque no los va a salvar el estado.

Pero a INVAP vive salvándola el estado desde los ‘80: el peruano, el argelino, el egipcio, el australiano, el holandés (2 veces) y el saudí. ¿No era hora de darle una segunda oportunidad al turco?

TAI tiene su experiencia en aeronáutica. Se inició en 2004 como co-constructora del F-16 Fighting Falcon bajo licencia de Lockheed, pero luego desarrolló otros aviones, drones y helicópteros propios. Son menos complejos que un caza de superioridad aérea de 4ta generación, pero más vendibles. No le va mal: tiene una facturación de alrededor de U$ 1500 millones/año y está entre las 100 mayores del renglón.

En satélites, sin embargo, TAI está como la Argentina en los ’90, antes del satélite SAC-C de la CONAE (Comisión Nacional de Actividadades Espaciales), el “antes y después” tecnológico de la Gerencia Espacial de INVAP. TAI construyó un par de satélites chicos de órbita baja y observación terrestre con la italiana Telespazio, los Götürk 1 y 2, y desde 2014 están trabados con un primer geoestacionario propio de 4 toneladas y con 20 trasponders en banda Ku, el Türksat 6 A, para uso propio. Por la sucinta descripción, se adivina otro Land Rover: pesado y con no mucho ancho de banda.

Pero si tras remarla 6 años todavía no hay foto en la web, uno sabe también que no hay nada mostrable. Y es que el primer GEO suele ser un parto atravesado, algo que sabemos bien aquí. TAI apuntaba evidentemente a 2 GEOs: la denominación 6 A sugiere al menos planes de un 6 B, que tampoco está fotografiable. Bien, por algo sólo 8 países en el mundo sabemos construir estas bestias que deben trabajar 15 años a 35.786 km. de altura. Fuimos el último en entrar a ese club, en 2014.

Ergo, el “affectio societatis” entre INVAP y TAI tiene buenas bases. Turquía no logra terminar con su primer GEO y a la Argentina Macri y Aguad les pararon el tercero.

El acuerdo se hizo por una familia satelital nuevecita y más moderna, un GEO ya no de 1ra o de 2da generación, sino de 3ra, potencialmente competitivo por precio y prestaciones “urbi et orbi”. Con un back-up financiero como el de TAI, la algo experta INVAP se vuelve atrevida.

A la hora de repartir clientes, la cosa está escrita y firmada. INVAP tiene una considerable fama nuclear y fabrica satélites desde 1994, 5 de órbita baja, 2 GEOs, todos impecables.

Pero a no confundirse: los activos turcos comerciales son milenarios. El intercambio entre ciudades estado, y luego entre estados y después entre imperios, e incluso el regalito para desarrugarle el ceño al emperador, todo eso nació hace unos 7000 años en tierras de la Meseta de Anatolia. Y sigue firme ahí.

Con su iniciativa de “La Franja y la Ruta”, Xi Jinping está tratando de recrear la Ruta de la Seda y las Especias. Pero desde tiempos romanos hasta el siglo XVIII, los operadores concretos de esa red vial y naviera, los tipos que trajeron a Occidente esas novedades chinas decisivas, el acero, la pólvora y el papel, eran descendientes o parientes de (va la lista: los hattianos, los urartes, los medos, los persas, los acadios, los asirios, los hititas, los cimerios, los escitas, los frigios, los capadocios, los jónicos, los persas, los corintios y los macedonios), todos nacidos en tierras hoy de Turquía, o al menos con casa central ahí.

Y caída Roma con sus águilas, la Ruta la operaron sucesivamente los bizantinos en Constantinopla, y luego los dos grandes imperios otomanos en Estambul, la misma ciudad con su viejo y su nuevo nombre. Resumiendo: turcos. Con tanta cultura mercantil encima, los bebés de la élite turca nacen (sin saberlo) con contactos comerciales.

Comprobado “de visu”: entre 1988 y 1992 la TAEK, o Comisión Turca de Energía Atómica, quiso comprarle a INVAP la central nuclear compacta modular CAREM a INVAP, entusiasmada por el entonces embajador Adolfo “Chinchín” Saracho. Detalle interesante, con el PBI creciendo sostenidamente al 8% anual, la industria y las ciudades turcas le quedaban grandes al CAREM de entonces (25 MW). Por esa causa, los turcos no lo querían para ellos sino –muy turcamente- para venderlo con nosotros.

“A no menos de 30 países de Medio y Lejano Oriente”, me dijo en 1988 el físico nuclear Erdal Inönü, uno de los jefazos pólíticos del SHP, el partido socialdemócrata, representante parlamentario por Esmirna. “Nos compran de todo. Algunos, desde hace siglos.”, añadió.

Los otros 2 partidos me dijeron lo mismo, incluido el liberal laico de Süleyman Demirel, “Del Verdadero Sendero”, ya en coalición con el SHP, y el islámico del premier actual, Recep Tayipp Erdohan, llamado entonces “Del Bienestar”, a la sazón, minúsculo. El CumHurriet, equivalente turco del Grupo Clarín, lo mismo. Las 3 Fuerzas Armadas, todavía las más poderosas en activos no nucleares de Medio Oriente, lo mismo. Los servicios secretos, otro tanto. El parlamento votó el equivalente actual a U$ 400 millones de fondos para un prototipo CAREM en Turquía si la Argentina hacía lo propio: unanimidad, cero abstenciones.

Argentina ni se enteró. El país ardía en hiperinflaciones, que causan autismo. Llegado Menem, deshizo tranquilamente el negocio en tres tiempos: eliminó a INVAP de la ecuación, demoró a la TAEK 3 años con estupideces y por último exigió una coima exorbitante incluso para sus inventores. No salió en ninguna tapa. Cero escándalo.

Como se ve, los intentos societarios tecnológicos con Turquía vienen de tiempo atrás. Necesitan mucho horario central y primera plana porque, al menos aquí, es fácil asesinarlos entre bambalinas y alejarse silbando bajito. Pero además, con tantos pero tan distintos pergaminos, es esperable que ambos socios de GSATCOM quiera tener algunos clientes en exclusiva.

En septiembre de 2019, cuando era claro que Macri estaba de salida, INVAP y TAI firmaron la constitución de la nueva compañía. Entonces Matías Alonso, de la revista TSS de la Universidad de San Martín, le preguntó a Vicente Campenni, gerente general de INVAP, qué pasaría si ARSAT retomara sus misiones y pidiera un ARSAT 3.

Campenni le contestó: “Cuando la Argentina o Turquía tengan una posición comercial ventajosa para poder acceder a un contrato lo pueden hacer en forma independiente, aunque deberán pagar derechos a la otra parte por el uso de la tecnología desarrollada en forma conjunta”.

La causa principal por la cual la “vieja” plataforma 3K, de 1ra generación, está oficialmente muerta para la nueva ARSAT, sería ésta: si nos estamos tomando el trabajo de desarrollar con los turcos una de 3ra generación, ¿la vamos a desaprovechar? ¿Qué mensaje le estaríamos mandando a nuestros posibles futuros clientes?

Les aclaro que no va a ser TAN fácil llegar de un salto a una plataforma de 3ra generación desde una de 1ra. Mañana les cuento por qué.

(Continuará mañana)

Daniel E. Arias

Para el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, elegimos una historia

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«A los 25, la historia de Sofía Morena Del Pozo podría ser la de muchas otras jóvenes. Está en pareja y piensa tener hijos, pero más adelante. Hasta aquí, lo habitual. Salvo por un detalle: ya había conseguido un empleo muy bien pago en un banco, cuando decidió abandonar todo para abrazar su pasión: la ciencia.

«Estaba cerca de recibirme de licenciada en Física, me quedaba un último final -cuenta-. Daba clases particulares para mantenerme y mis viejos me ofrecían la posibilidad de vivir en el departamento en el que atendía mi mamá, que es psicopedagoga. Pero las clases particulares no eran suficientes para tener autonomía y yo quería independizarme. Así que armé dos CV, uno para la industria y otro académico, para tratar de obtener una beca de doctorado».

La respuesta del Conicet le llegaría varios meses más tarde. Mientras terminaba la licenciatura, envió su CV y pasó por innumerables entrevistas de trabajo. En la segunda mitad de 2018, la contrataron en un banco internacional justo una semana después de dar su último final.

«Fue tremendo -recuerda-. Nos contaron que se habían inscripto 4000 personas. En el área de «análisis de datos», terminamos ingresando seis: una matemática, un ingeniero industrial y otro de sistemas, y tres físicos que habíamos sido compañeros de carrera, uno de mi camada y otro del año anterior».

A fin de año le llegó la mala noticia de que en el Conicet le habían rechazado el pedido de beca. No se fijó en los puntajes ni solicitó revisión de su caso, pero a pesar que estaba muy encaminada y el mundo de la actividad privada le daba estabilidad económica, posibilidad de viajar y crecer, algo no la dejaba dormir tranquila. Quería investigar, pero eso implicaba renunciar a todos esos beneficios y padecer los sinsabores de la crisis presupuestaria.

Después de pensarlo mucho, decidió arriesgarse y llamó a Enzo Tagliazucchi, director del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Computacional, para plantearle que quería trabajar con él.

«Entonces, pasó algo muy ‘loco’ -explica-. Nos íbamos a juntar en Córdoba y Alem, y ese mismo día a la mañana me llega un mail del Conicet notificándome que me habían asignado la beca doctoral y tenía que presentarme de inmediato».

Así, diez meses y medio después de empezar a trabajar en un banco, en agosto de 2019, presentó la renuncia y se sumó al laboratorio de Tagliazucchi en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA bajo la diección de Pablo Balenzuela. Hoy, Del Pozo investiga en redes complejas, un tema que tiene aplicaciones en las neurociencias y las redes sociales.

«Las redes se pueden representar a partir de nodos y enlaces; con un diagrama de puntos y líneas –detalla–. Esto, por ejemplo, permite visualizar la actividad del cerebro o las comunicaciones telefónicas y analizarlas con la teoría de redes complejas. Se pueden estudiar dinámicas de formación de opinión, análisis de flujo de información en los diarios o identificación de grupos de amigos en el tiempo… Yo estoy desarrollando un algoritmo de detección de comunidades».

La joven física creció en el partido de Hurlingham, ubicado al Oeste del Gran Buenos Aires, un municipio pequeño, pero populoso, conocido por sus arboledas y sus casonas de estilo inglés. Su primer contacto con la matemática lo tuvo con su abuelo, carnicero, que la desafiaba a hacer cuentas mentales jugando a sumar monedas de cinco, diez y 25 centavos.

Tercera de cuatro hermanos, cuando llegó a sexto grado, sus padres le propusieron que hiciera el curso de ingreso a la escuela universitaria «Carlos Pellegrini» como una forma de ampliar sus horizontes.

«Entré sin ir a una academia de apoyo gracias a la matemática, porque en historia y geografía era horrible», bromea. Le tocó el turno noche y muchas veces tuvo que quedarse en la casa de familiares porque era muy chica para volver hasta Hurlingham.

Cuando llegó el momento de optar por una carrera universitaria, dudó entre física y filosofía. Hizo los dos ingresos, pero ganó su amor por la primera, que le resultaba más desafiante. Aunque reconoce que el doctorado es duro y a pesar de haber resignado tres cuartos de su sueldo, asegura que siente «una dicha infinita».

«Estoy contenta por haber tenido la experiencia de trabajar en el mundo privado; me hizo valorar todavía más la investigación».

Junto con su pareja, también físico, comparten las tareas hogareñas y, por ahora, se considera afortunada porque no sintió en carne propia las barreras de género que sufrieron otras generaciones.»