El comercio electrónico entre empresas y consumidores facturará este año US$ 12.600 millones en la Argentina, y se ubicará tercero en el ranking de la región latinoamericana, según un estudio privado.
A su vez, la previsión del informe Ecommerce Report difundido por la empresa de tecnología y servicios SAP Latinoamérica, es que en la región el volumen de negocios de esta actividad llegará a los US$ 84.000 millones, lo que implica un crecimiento de hasta el 15% respecto al año anterior.
México, con US$28.800 millones, será el país con mayor volumen, seguido por Brasil (US$20.900 millones) y Argentina (US$12.600 millones). Según el informe uno de los factores que explican el incremento es la continua expansión de internet que en la región para fines de este año alcanzará una penetración del 69%, contra el 66% del año pasado.
El valor más alto de Latinoamérica lo tiene Uruguay, con un 88% de penetración, seguido por Costa Rica (85%), Argentina (82%), Ecuador.En el otro extremo, en Honduras hay apenas un 39% y en Guatemala, un 42%.
Una técnica sencilla para limpiar agua contaminada con bacterias patógenas fue desarrollada por científicos argentinos. El avance sería particularmente apropiado para casas y escuelas que no cuentan con servicios de red y la extraen de pozo, así como para el tratamiento de efluentes cloacales.
Además de sales y arsénico, el agua de pozo puede tener Escherichia coli: un grupo grande de bacterias que se encuentra en el ambiente, los alimentos y los intestinos de las personas y los animales. Aunque la mayoría de las cepas son inofensivas, otras pueden causar diarrea, infecciones del tracto urinario, enfermedades respiratorias, y otras patologías.
“Nuestra herramienta logró remover casi el 100% de los patógenos”, indica la primera autora del trabajo, la doctora María Belén González, investigadora del Instituto de Ingeniería Electroquímica y Corrosión (INIEC), en Bahía Blanca.
“Si bien se probó en condiciones de laboratorio, podrían desarrollarse sistemas masivos de tratamiento de aguas residuales para proteger los ecosistemas y, por lo tanto, la salud humana y animal”.
La técnica se basa en la inmovilización de especies de cobre sobre una superficie porosa formada por polímeros, constituyendo una especie de filtro o “celda de flujo continuo”. En el estudio, los investigadores pusieron agua de pozo contaminada con Escherichia coli en contacto con ese material. Y midieron la carga microbiana antes y después de atravesarlo.
“En algunos casos, la reducción llegó a un 99%”, indicó la investigadora de la institución que depende del Departamento de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Sur (UNS) y del CONICET.
“Está previsto continuar con los ensayos, en particular vamos a intentar mejorar la herramienta probando la inmovilización de nanoparticulas de plata sobre la superficie porosa”, indicó González.
Del avance, descrito también participaron Daniel Flamini y Silvana Saidman, del INIEC; Lorena Brugnoni, del Instituto de Investigaciones Biológicas y Biomédicas del Sur (INBIOSUR), que depende del Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia de la UNS; y Lidia Quinzani, de la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI), dependiente de la UNS y del CONICET.
Este el texto completo del discurso del presidente Alberto Fernández que pronunció ante la Asamblea Legislativa, después de jurar. Al pie, está el video con el traspaso del mando y el discurso, pero nos pareció conveniente publicarlo por escrito. Es el programa que el nuevo presidente propone a la Nación.
«Señora Vicepresidenta,
Diputadas, Diputados y Senadores
Querido Pueblo Argentino,
El 10 de diciembre de cada año, no es un día cualquiera en nuestra memoria colectiva.
Hoy celebramos el momento en que la Argentina toda sepultó la mas cruel de las dictaduras que hemos debido soportar. Ese día, hace treinta y seis años, Raúl Alfonsín asumía la Presidencia, nos abría una puerta hacia el respeto a la pluralidad de ideas y nos devolvía la institucionalidad que habíamos perdido.
Desde entonces, nuestro país atravesó distintos momentos. Algunos más plácidos y felices y otros más tristes y tumultuosos. Pero en cualquier caso siempre perseveramos en la institucionalidad y toda crisis que se nos presentó supimos sobrellevarla preservando el funcionamiento de la república.
Los argentinos hemos aprendido así, que las debilidades y las insuficiencias de la democracia solo se resuelven con más democracia. Por eso hoy quiero iniciar estas palabras reivindicando mi compromiso democrático que garantice entre todos los argentinos, más allá de sus ideologías, la convivencia en el respeto a los disensos.
Deseo dirigirme muy personalmente a cada una y a cada uno de esos argentinos que habitan esta Patria.
Lo hago ante los representantes de esta Asamblea Legislativa, las autoridades de toda la comunidad internacional que hoy nos visitan y las diversas expresiones de nuestra vida en sociedad.
No quiero emplear frases gastadas ni artificiales.
Quisiera que mis palabras expresen, del modo más fiel posible, el eco de millones de voces que aun siguen resonando en toda nuestra Argentina.
Desde la humildad de esa escucha, y desde la esperanza que millones de compatriotas han expresado en las urnas el pasado 27 de octubre, vengo a convocar a la unidad de toda la Argentina en pos de la construcción de un Nuevo Contrato de Ciudadanía Social.
Un contrato social que sea Fraterno y Solidario.
Fraterno, porque ha llegado la hora de abrazar al diferente.
Solidario, porque en esta emergencia social, es tiempo de comenzar por los últimos, para después poder llegar a todos.
Este es el espíritu del tiempo que hoy inauguramos.
Con sobriedad en la palabra y expresividad en los hechos.
Los vengo a convocar, sin distinciones, a poner a la Argentina de pie. Para que comience a caminar. Paso tras paso. Con dignidad. Rumbo al desarrollo con justicia social.
Hoy más que nunca, es necesario poner a la Argentina de pie como condición necesaria para que vuelva a caminar. Ello supone, antes que nada, recuperar un conjunto de equilibrios sociales, económicos y productivos que hoy no tenemos.
Es hora de abandonar el aturdimiento.
Ser conscientes de que las profundas heridas que hoy padecemos necesitan, para comenzar a curarse, de tiempo, sosiego, y, sobre todo, de humanidad.
Quiero convocar a esta Argentina Unida a desplegar una nueva mirada de humanidad, que reconstruya los vínculos esenciales entre cada uno de nosotros.
Por eso mismo, tengo la necesidad de compartir con Ustedes la convicción que siento en este momento, acerca de los grandes muros que tenemos que superar para poner a la Argentina de pie.
Tenemos que superar el muro del rencor y del odio entre argentinos.
Tenemos que superar el muro del hambre que deja a millones de hombres y mujeres afuera de la mesa que nos es común.
Y, finalmente, tenemos que superar el muro del despilfarro de nuestras energías productivas.
Estos muros, y no nuestras ideas distintas, son los que nos dividen en este tiempo histórico.
Por eso quisiera que estas palabras no fueran un monólogo, sino la invitación a una reflexión profunda y sincera acerca de este momento trascendental.
Superar los muros emocionales, significa que todas y todos seamos capaces de convivir en la diferencia y que reconozcamos que nadie sobra en nuestra Nación, ni en su opinión, ni en sus ideas, ni en sus manifestaciones.
Tenemos que suturar demasiadas heridas abiertas en nuestra Patria. Apostar a la fractura y a la grieta significa apostar a que esas heridas sigan sangrando. Actuar de ese modo, sería lo mismo que empujarnos al abismo.
Lo expreso desde el alma, tanto a quienes me votaron como a quienes no lo hicieron. No cuenten conmigo para seguir transitando el camino del desencuentro.
Quiero ser el Presidente capaz de descubrir la mejor faceta de quien piensa distinto a mí. Y quiero ser el primero en convivir con él sin horadar en sus falencias.
Quiero ser capaz de corregir mis errores, en lugar de situarme en el pedestal de un iluminado.
Yo vengo a invitarlos a construir esa sociedad democrática.
El sueño de una Argentina unida no necesita unanimidad. Ni mucho menos uniformidad. Para lograr el sueño de una convivencia positiva entre los argentinos, partimos de que toda verdad es relativa. “Tal vez de la suma o la confrontación de esas verdades podamos alcanzar una verdad superadora”, supo decir con acierto Néstor Kirchner.
Al decir esto no ignoro que los conflictos que enfrentamos expresan intereses y pujas distributivas.
Pero también soy consciente de que, si actuamos de buena fe, podemos ser capaces de identificar prioridades urgentísimas y compartidas para acordar después mecanismos que superen aquellas contradicciones.
Más allá de las diferencias, estoy seguro de que todas y todos coincidimos en que comenzar a superar el muro de las fracturas de la Argentina implica crear una ética de las prioridades y las emergencias.
Comenzando por los últimos, para llegar a todos.
Más de 15 millones de personas sufren de inseguridad alimentaria en un país que es uno de los mayores productores de alimentos del mundo.
Necesitamos que toda la Argentina Unida le ponga un freno a esta catástrofe social. Uno de cada dos niñas y niños es pobre en nuestro país.
Sin pan no hay presente ni futuro. Sin pan la vida solo se padece. Sin pan no hay democracia ni libertad.
Por eso la primera reunión oficial de nuestro Gobierno consistirá en un encuentro de trabajo sobre esta prioridad, el Plan Integral Argentina Contra el Hambre. Allí todo nuestro gabinete y las personalidades de la sociedad civil que generosamente se han sumado a nuestro llamado, comenzaremos la acción que ponga fin a este presente penoso.
Pero no sería sincero ante Ustedes si no compartiera otra convicción: los marginados y excluidos de nuestra Patria, los afectados por la cultura del descarte, no sólo necesitan que le demos con premura un pedazo de pan al pie de nuestra mesa. Necesitan ser parte y ser comensales en la misma mesa. De la mesa grande de una Nación que tiene que ser nuestra “casa común”.
Esto nos exige reorientar prioridades en nuestra economía y en nuestra estructura productiva.
La solidaridad en la emergencia tiene muchas caras.
Las economías familiares se encuentran asfixiadas por los altos niveles de endeudamiento, a tasas usurarias y en algunos casos con esquemas de devoluciones diarias.
Hoy nuestros compatriotas tomaron créditos para comprar alimentos y remedios o para pagar las facturas de los servicios públicos. Las abuelas y abuelos se endeudaron para comprar medicamentos y empezaron a comer menos y peor.
La situación de las PyMEs tiene también proporciones dramáticas, requiriendo un alivio fiscal y estímulos apropiados.
La capacidad ociosa de nuestras fábricas, industrias y comercios también constituye un despilfarro de energías productivas.
Queremos un Estado presente, constructor de justicia social, que le dé aire a las economías familiares: por eso vamos a implementar un sistema masivo de créditos no bancarios que brinde préstamos a tasas bajas.
La economía popular y sus movimientos organizados, el cooperativismo y la agricultura familiar serán también actores centrales de estas políticas públicas.
La cultura del trabajo se garantiza creando trabajos formales con todos los beneficios de la seguridad social. Por eso pondremos en marcha acciones que faciliten que todos los titulares del salario social complementario puedan insertarse en el mundo laboral y cobrar por su trabajo.
Hoy el desempleo afecta a casi un 30 por ciento de los jóvenes y, aún en tasas más altas, a las mujeres jóvenes. Hay más de 1.200.000 jóvenes que no estudian ni trabajan. Debemos garantizar el derecho al primer empleo, a través de becas solventadas por el Estado para que jóvenes se capaciten y trabajen en empresas, PyMEs, organizaciones sociales y de la economía popular y la agricultura familiar.
La idea de un Nuevo Contrato de Ciudadanía Social supone unir voluntades y articular al Estado con las fuerzas políticas, los sectores productivos, las confederaciones de trabajadores, los movimientos sociales, que incluyen al feminismo, a la juventud, al ambientalismo. Vamos a sumar en ello, también al entramado científico-tecnológico y a los sectores académicos.
Estoy seguro de que todos vamos a coincidir en que hemos llegado a esta situación porque se han aplicado muy malas políticas económicas. Esa serie de decisiones económicas fueron determinantes para que el Pueblo Argentino, en su mayoría, las descalificara en las últimas elecciones.
Desde la fidelidad a ese mandato popular, vamos a impulsar un conjunto de medidas económicas y sociales de distinta naturaleza, que comiencen a revertir el rumbo estructural de atraso social y productivo.
En los próximos días estaremos convocando a los trabajadores, a los empresarios y las diversas expresiones sociales, para la puesta en marcha de un conjunto de Acuerdos Básicos de Solidaridad en la Emergencia, que constituyan el cimiento sólido a partir del cual se vuelvan a encender los motores de nuestra economía.
Estaremos planteando en esta convocatoria una serie de medidas para restablecer los indispensables equilibrios macro-económicos, sociales y productivos para que la Argentina se encienda y pueda volver a caminar.
Sabemos que estaremos transitando un sendero estrecho, complejo, desafiante, donde no hay lugar ni para los dogmas mágicos ni para las pujas sectarias.
Faltaría a la verdad y a la responsabilidad, si no compartiera con Ustedes el exacto escenario en el que hoy asumimos. Tiene cifras y datos contundentes, emanados de la administración saliente. Y es la información indispensable para comprender los desafíos que tendremos que asumir como sociedad.
Si no hiciera esto, no podría explicar por qué va a llevar algún tiempo lograr aquello que todos queremos.
La inflación que tenemos actualmente es la más alta de los último 28 años. Desde 1991 la Argentina no tenía una inflación superior al 50 %.
La tasa de desocupación es la más alta desde 2006.
El valor del dólar pasó de $ 9 a $ 63 en solo cuatro años.
La Argentina no para de achicar su economía. El PBI de 2019 es el más bajo de la última década.
La pobreza actual está en los valores más altos desde 2008. Retrocedimos más de diez años en la lucha por reducir la pobreza.
El PBI per cápita es el más bajo desde el año 2009.
La deuda externa en relación al PBI está en su peor momento desde el año 2004.
La indigencia actual está en los valores más altos desde 2008.
El nivel de producción industrial hoy es equivalente al del año 2006: retrocedimos 13 años.
El empleo industrial registrado tiene el nivel de 2009.
La cantidad de empresas es equivalente al nivel registrado en 2007: retrocedimos 12 años. Se cerraron 20 mil empresas en 4 años. De ellas, 4.229 eran empresas industriales.
El PBI industrial cayó un 12,9 %, comparando el primer semestre de 2019 contra el mismo período de 2015.
23 de las 24 ramas de la industria bajaron su nivel de actividad en 2018 respecto de 2015.
En estos 4 años se perdieron en la industria más de 141 mil empleos registrados del sector privado.
En términos interanuales, el empleo industrial registrado lleva 42 meses consecutivos de destrucción.
Detrás de estos terroríficos números, hay seres humanos con expectativas diezmadas.
Tenemos que decirlo con todas las letras: la economía y el tejido social hoy están en estado de extrema fragilidad, como producto de esta aventura que propició la fuga de capitales, destruyó la industria y abrumó a las familias argentinas.
En lugar de generar dinamismo, hemos pasado del estancamiento a una caída libre.
En este contexto, he decidido que no le daremos tratamiento parlamentario al Presupuesto Nacional proyectado por el gobierno saliente para el ejercicio 2020. Sus números no reflejan ni la realidad macroeconómica, ni las realidades sociales, ni los compromisos de deuda que realmente han sido asumidos.
Un presupuesto adecuado solo puede ser proyectado una vez que la instancia de negociación de nuestras deudas haya sido completada y, al mismo tiempo, hayamos podido poner en práctica un conjunto de medidas económicas, productivas y sociales para compensar el efecto de la crisis en la economía real.
La Nación está endeudada, con un manto de inestabilidad que desecha cualquier posibilidad de desarrollo y que deja al país rehén de los mercados financieros internacionales.
Tenemos que sortear ese escenario. Para poner a Argentina de pie el proyecto debe ser propio e implementado por nosotros, no dictado por nadie de afuera con remanidas recetas que siempre han fracasado.
La Argentina que buscamos construir es una Argentina que crezca e incluya. Una Argentina en donde haya incentivos para producir y no para especular.
Una Argentina con una visión de Proyecto Nacional de Desarrollo, en la cual la agroindustria, la industria manufacturera, los servicios basados en conocimiento, las PyMEs, las economías regionales y el conjunto de actividades productivas, sean capaces de agregar valor a nuestras materias primas para exportarlas y potenciar un robusto mercado interno.
Por eso, los Acuerdos Básicos de Solidaridad en la Emergencia serán el punto de partida para detener la caída libre de la situación que recibimos. Saldremos de ese cuadro con el consenso y de manera paulatina y sostenida.
Resulta fundamental recuperar la economía. Una macroeconomía ordenada es una condición necesaria para dejar lugar a la creatividad de las políticas en pos del desarrollo. No hay progreso sin orden económico.
Para reordenar a la economía necesitamos salir de la lógica de más ajuste, más recesión y más deuda que se ha impuesto en los cuatro años que hoy acaban. En esa acción de reordenamiento, vamos a proteger a los sectores más vulnerables.
En este presente que afrontamos, los únicos privilegiados serán quienes han quedado atrapados en el pozo de la pobreza y la marginación.
Necesitamos aliviar la carga de la deuda para poder cambiar la realidad. Debemos volver a desarrollar una economía productiva que nos permita exportar y así generar capacidad de pago.
Quiero que todos comprendamos que el gobierno que acaba de terminar su mandato, ha dejado al país en una situación de virtual default. Por momentos siento estar transitando el mismo laberinto que nos atrapó en 2003 y del que pudimos salir con el esfuerzo del conjunto social.
Nuestro plan de Acuerdos Básicos de Solidaridad en la Emergencia, busca resolver esa situación de desorden, para otorgarle consistencia económica y social a nuestra recuperación.
La consistencia integral de lo que proponemos en materia de todas las variables del plan -precios, salarios, tarifas, tipo de cambio, aspectos monetarios, fiscales y sociales-, serán explicitadas en los próximos días, convocando a todos los sectores involucrados.
Apelo a la responsabilidad y el patriotismo de todas y todos.
Recibimos un país frágil, postrado y lastimado.
Es la hora de la vocación compartida que busca un país que le ofrezca un destino mejor a todas y a todos.
El plan macroeconómico que perseguimos es una pieza central pero no aislada de un Proyecto Nacional de Desarrollo que comprende múltiples áreas interrelacionadas. Vamos a trabajar de manera simultánea en nuevos ejes para transformar nuestra estructura productiva, con políticas activas que den cuenta del cambio tecnológico vertiginoso que enfrentamos, de la inter-relación entre industrias, recursos naturales y servicios.
Vamos a encarar el problema de la deuda externa. No hay pagos de deudas que se puedan sostener si el país no crece. Tan simple como esto: para poder pagar, hay que crecer.
Buscaremos una relación constructiva y cooperativa con el Fondo Monetario Internacional y con nuestros acreedores. Resolver el problema de una deuda insostenible que hoy tiene Argentina no es una cuestión de ganarle una disputa a nadie. El país tiene la voluntad de pagar, pero carece de capacidad para hacerlo.
El Gobierno saliente tomó una inmensa deuda sin generar más producción con la cual obtener los dólares imprescindibles para pagarla. Los acreedores tomaron un riesgo al invertir en un modelo que ha fracasado en todo el mundo una y otra vez. Nosotros queremos resolver el problema y para eso necesitamos que todas las partes trabajemos responsablemente.
No vamos a repetir la triste historia de misiones de técnicos imprudentes que prometen planes que no pueden cumplir y toman decisiones que luego terminan comprometiendo el destino de millones de argentinas y argentinos.
Seriedad en el análisis y responsabilidad en los compromisos que se asumen para que los más débiles dejen de padecer. Bajo esas premisas asumiremos toda negociación de nuestra deuda.
Existe otro equilibrio básico que tenemos que construir: el equilibrio federal y territorial.
Argentina necesita poner fin a una estructura que muestra un país “central” rico y pujante y un país “periférico” que busca desarrollarse a partir de las mínimas concesiones que el país “central” entrega. No pueden haber argentinos de primera y argentinos de segunda. Argentina es una sola y mancomunadamente debe propender al desarrollos de todas y cada una de sus regiones. Ese es el desafío que enfrentamos y debemos superar.
Vamos a poner en marcha estos Acuerdos Básicos de Solidaridad en la Emergencia contando también con la participación de los Gobernadores de todo el país, con un criterio federal innovador, en clave productiva y social, más allá de lo meramente fiscal.
Llevaremos una parte sustancial de la actividad política y administrativa del Estado Nacional a las provincias, creando capitales alternativas, a fin de que la realidad de esos lugares de nuestra Patria pueda hacerse carne en los decisores de política, en los medios de comunicación y adquiera, a su vez, la visibilidad que no tuvieron durante décadas.
También vamos a realizar un análisis exhaustivo a fin de descentralizar y/o relocalizar en distintas provincias a los organismos del Estado Federal.
Así como ahora el Instituto Nacional de Vitivinicultura funciona en la Provincia de Mendoza y el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero funciona en la Ciudad de Mar del Plata, debemos pensar en diversas alternativas que garanticen un nuevo federalismo.
Vamos a poner a la Argentina de pie, con una infraestructura federal de calidad, sostenible y sustentable, promoviendo el desarrollo regional y creando juntos miles de puestos de trabajo en cooperativas de servicio, pequeñas y grandes empresas.
Vamos a desplegar por todo el país un Plan de Reactivación de Obras Públicas, que estén asociados al desafío ecológico y nos permitan mejorar un eco-sistema de relaciones ambientales, sociales y productivas.
Serán proyectos de ejecución rápida y con gran empleo de mano de obra local, destinados a mejorar la seguridad vial y la accesibilidad, el ordenamiento urbano y territorial, la construcción y el mantenimiento de edificios públicos y la infraestructura hidráulica, entre otros.
Nuestro compromiso es garantizar la absoluta transparencia en la administración de los recursos destinados a la obra pública. Los ciudadanos podrán acceder a toda la información sobre el proyecto de la obra, los costos de la misma, el proceso de licitación y selección de la empresa ejecutora, monitorear los avances y denunciar irregularidades.
Vamos a desarrollar un ambicioso plan de regularización del hábitat y de la construcción de viviendas. Es inadmisible pensar que en pleno siglo XXI millones de argentinos no tengan un techo bajo el cual guarecerse. El nuevo Ministerio del Hábitat y la Vivienda ha sido instituido con el propósito de atender a la solución de esas carencias.
Vamos a atender la salud de los argentinos a través del Ministerio que alguna vez degradaron. La desatención que en estos años ha padecido la salud en Argentina está a la vista. Enfermedades que creíamos desterradas han vuelto a aparecer entre nosotros. De aquí en más, arbitraremos las medidas pertinentes para que nuestros hijos sean vacunados en tiempo y forma, para que en los hospitales no falten insumos y para que los remedios lleguen a nuestros abuelos de menos ingresos de modo gratuito.
Todos estos desafíos debemos afrontarlos en un contexto internacional convulsionado. Argentina no debe aislarse y debe integrarse a la globalización. Pero debe hacerlo con inteligencia preservando la producción y el trabajo nacional.
Queremos una diplomacia comercial dinámica que sea políticamente innovadora. Por eso en materia de relaciones internacionales, pondremos en marcha una integración plural y global.
Plural, porque Argentina es tierra de amistad y relaciones maduras con todos los países.
Global, porque esa integración es con el mundo y con lo local a la vez. Una Argentina inserta en la globalización, pero con raíces en nuestros intereses nacionales. Ni más ni menos lo que hacen todos los países desarrollados que promueven el bienestar de sus habitantes.
Nuestra Cancillería estará concentrada en conquistar nuevos mercados, motorizar exportaciones, generar una activa promoción productiva de inversiones extranjeras directas, que contribuyan a modificar procesos tecnológicos y a generar empleo.
En esa globalización también sentimos a América Latina como nuestro “hogar común”.
Vamos a robustecer el MERCOSUR y la integración regional, en continuidad con el proceso iniciado en 1983 y potenciado desde 2003.
Con la República Federativa del Brasil, particularmente, tenemos para construir una agenda ambiciosa, innovadora y creativa, en lo tecnológico, productivo y estratégico, que esté respaldada por la hermandad histórica de nuestros Pueblos y que va más allá de cualquier diferencia personal de quienes gobiernan la coyuntura.
La vamos a honrar, vamos a avanzar juntos en la construcción de un futuro de progreso compartido.
Seguimos apostando por una América Latina unida, para insertarnos con éxito y con dignidad en el mundo. En 1974, el general Juan Domingo Perón señalaba que “a niveles nacionales, nadie puede realizarse en un país que no se realiza. De la misma manera, a nivel continental, ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice”.
Sabemos que se trata de un mundo altamente complejo. Con graves problemas y desequilibrios económicos. Han crecido en varios países movimientos autoritarios, ha habido golpes de Estado y al mismo tiempo en varios países crecen reclamos ciudadanos contra el neoliberalismo y la inequidad social.
En cualquier escenario, la Argentina levantará alto sus principios de paz, de defensa de la democracia, de plena vigencia de los derechos humanos. Defenderemos la libertad y autonomía de los pueblos a decidir sus propios destinos.
Reafirmamos nuestro más firme compromiso con el cumplimiento de la Cláusula Transitoria 1ra de la Constitución Nacional y trabajaremos incansablemente para potenciar “ťl legítimo e imprescriptible reclamo por la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientesŢ.
Lo haremos sabiendo que nos acompañan los pueblos de América Latina y el mundo y convencidos de que el único camino posible es el de la paz y la diplomacia. Honraremos la memoria de quienes cayeron en la lucha por la soberanía. Lo haremos trabajando por la resolución pacífica del diferendo y sobre la base del diálogo que propone la Resolución 2065 de las Naciones Unidas.
No hay más lugar para colonialismos en el Siglo XXI.
Sabemos que para esta tarea no alcanza el mandato de un Presidente, o de un Gobierno. Exige una política de Estado de mediano y largo plazo. Por ello convocaré en la órbita presidencial a un Consejo donde tengan participación todas las fuerzas políticas, la Provincia de Tierra del Fuego, representantes del mundo académico y de los excombatientes. Su objetivo será forjar un consenso nacional para diseñar y llevar adelante las estrategias que permitan conducir con éxito el reclamo más allá de los calendarios electorales.
Defenderemos nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, la plataforma continental, la Antártida Argentina y los recursos naturales que estas extensiones poseen porque pertenecen a todos los argentinos.
La Argentina necesita una política ambiental activa, que promueva una transición hacia un modelo de desarrollo sostenible, de consumo responsable y de valoración de los bienes naturales.
En esa búsqueda estamos inspirados en la Encíclica “Laudato Si” de nuestro querido Papa Francisco, Carta Magna ética y ecológica a nivel universal. Por eso hemos tomado como primera decisión jerarquizar como Ministerio el área ambiental.
Reafirmamos nuestro compromiso con el Acuerdo de París, promoviendo el desarrollo integral y sostenible mediante una transición justa que asegure que nadie quede atrás. Estas medidas son esenciales para atender las vulnerabilidades del país, en particular, de los sectores más desprotegidos, que son los que más sufren los efectos del Cambio Climático. Necesitamos ordenar las condiciones para la conservación y uso racional de los recursos ambientales, de los bosques y la biodiversidad, de los humedales y los suelos, del mar y sus recursos.
Queridas argentinas, queridos argentinos:
En simultáneo con la solidaridad en la emergencia, en los próximos días estaremos enviando al Parlamento las bases legislativas para institucionalizar un Consejo Económico y Social para el Desarrollo, que será el órgano permanente para diseñar, consensuar y consagrar un conjunto de políticas de Estado para la próxima década.
Le daremos rango legislativo y propondremos que sus máximas autoridades sean elegidas con acuerdo Parlamentario, por un período de gestión que trascienda nuestro mandato.
Pretendemos que en este ámbito plural se diseñen los grandes pilares institucionales y productivos de mediano y largo plazo -sin discusiones coyunturales-, rumbo a un desarrollo humano integral e inclusivo.
Aspiramos a que desde este Consejo se abran debates informados, con evidencia científica, con participación creativa, con el concurso de técnicos y profesionales de toda la Argentina que puedan inspirar la construcción de rumbos diferentes.
Sabemos que nuestro país no se destaca por haber tenido políticas de Estado. Desde 1983 ha habido solo dos constantes. La decisión irrevocable de vivir en una sociedad democrática y la voluntad de integrarnos regionalmente.
Tenemos la responsabilidad de asumir como políticas de Estado otros imperativos morales irrevocables de la sociedad Argentina. Desde 1983 la sociedad ha trabajado para el Nunca Más al terrorismo de Estado, para lograr Memoria, Verdad y Justicia. Los primeros avances se lograron desde 1983 y luego se retomaron muchos otros desde 2003. Y se impidió colectivamente cualquier retroceso en esta materia. Estamos orgullosos como sociedad de tener hoy Fuerzas Armadas comprometidas con la democracia.
Hoy es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Y hoy, otra vez, la Argentina vuelve a comprometerse con el respeto a los derechos del hombre y a levantar ese compromiso como bandera inclaudicable en cualquier país del mundo.
Mejorar la calidad de los derechos humanos y cívicos implica también superar esta pobre calidad institucional en la que vivimos.
Es tiempo de ciudadanizar la democracia. Tenemos una democracia con cuentas pendientes y siento que expreso a una generación que llega en esta hora al poder para tomar la decisión de saldarlas.
Una democracia sin justicia realmente independiente no es democracia.
Supo decir un penalista clásico, que cuando la política ingresa a los Tribunales, la justicia escapa por la ventana.
Sin una justicia independiente del poder político, no hay república ni democracia. Solo existe una corporación de jueces atentos a satisfacer el deseo del poderoso y a castigar sin razón a quienes lo enfrenten.
Hemos visto el deterioro judicial en los últimos años. Hemos visto persecuciones indebidas y detenciones arbitrarias inducidas por los gobernantes y silenciadas por cierta complacencia mediática.
Por eso hoy vengo a manifestar frente a esta Asamblea y frente a todo el Pueblo Argentino, un contundente Nunca Más.
Nunca Más a una justicia contaminada por servicios de inteligencia, “operadores judiciales”, procedimientos oscuros y linchamientos mediáticos.
Nunca más a una justicia que decide y persigue según los vientos políticos del poder de turno.
Nunca más a una justicia que es utilizada para saldar discusiones políticas, ni a una política que judicializa los disensos para eliminar al adversario de turno.
Lo digo con la firmeza de una decisión profunda: Nunca más es nunca más.
Porque una justicia demorada y manipulada significa una democracia acosada y denegada.
Queremos una Argentina donde se respeten a rajatabla la Constitución y las leyes. Queremos que no haya impunidad, ni para un funcionario corrupto, ni para quien lo corrompe, ni para cualquiera que viola las leyes. Ningún ciudadano por más poderoso que sea está exento de la igualdad ante la ley. Y ningún ciudadano, por más poderoso que sea, puede establecer que otro es culpable si no existe debido proceso y condena judicial firme.
Cuando se presupone la culpabilidad de una persona sin condena judicial se está violentando no sólo la Constitución, sino los principios más elementales del Estado de Derecho.
Para superar este muro que lo único que ha garantizado en la Argentina es la impunidad estructural, en los próximos días vamos a enviar al Parlamento un conjunto de leyes que consagren una integral reforma del sistema federal de justicia.
Al mismo tiempo, estaremos reorganizando y concentrando los esfuerzos de la justicia de modo que se pueda enfatizar con eficacia y transparencia la investigación del crimen organizado, el crimen complejo y el narcotráfico y la droga, que son flagelos que debemos abordar con un carácter sistémico.
Se trata de aprovechar valiosos y mayoritarios recursos que hoy existen en nuestro sistema de Justicia, de modo de terminar con la mancha ominosa que un sector minoritario le provoca a la credibilidad de las instituciones.
En el mismo sentido de transformación profunda, he decidido que sea intervenida la Agencia Federal de Inteligencia, para impulsar así una reestructuración de todo el sistema de inteligencia e información estratégica del Estado.
Como paso inmediato, dispondré la derogación del decreto 656 del 2016, que fue una de las primeras y penosas medidas que la anterior administración promovió y que significó consagrar el secreto para el empleo de los fondos reservados por parte de los agentes de inteligencia del Estado.
En el marco de la derogación de dicha medida, que significó un lamentable retroceso institucional, también he tomado otra decisión: dichos fondos reservados, no sólo dejarán de ser secretos, sino que serán reasignados para financiar el presupuesto del Plan contra el Hambre en la Argentina.
Lo mismo haremos con el resto de los fondos reservados que el actual presupuesto nacional hoy prevé para las otras fuerzas armadas y de seguridad, que serán mantenidos como tales en la medida indispensable, sólo cuando necesidades estrictísimas de defensa y seguridad lo exijan, y siempre con un máximo nivel de control parlamentario.
Lo digo y reitero con la firmeza de una convicción profunda.
Nunca más al Estado secreto.
Nunca más a la oscuridad que quiebra la confianza.
Nunca más a los sótanos de la democracia.
Nunca más es nunca más.
En este contexto, les anuncio también que en las próximas semanas estaremos enviando al Parlamento y sometiendo al debate informado de la sociedad civil y los expertos de todo el país, una propuesta de transformación y coordinación estructural de toda la política de seguridad ciudadana y prevención de la violencia.
Aspiramos a que sea no sólo una política de Estado sino también una política de la sociedad. Concertada, plural, integral y co-gestionada, más allá del plazo de nuestro mandato, entre todos los actores del sistema político. Para evitar los péndulos peligrosos que no hacen más que poner en cuestión la credibilidad de las instituciones.
Queremos poner a la Argentina de pie. Y en ese objetivo también tienen que estar incluidas nuestras fuerzas armadas.
Para eso tienen que estar capacitadas y equipadas, alistadas y adiestradas, para el cumplimiento de la misión principal y las misiones secundarias.
Queremos una política de Defensa autónoma, defensiva y cooperativa, articulando principalmente con los países de la región, con quienes ya no tenemos hipótesis de conflicto.
Estamos convencidos de que la ciencia, la tecnología, la producción para la Defensa y la ciberdefensa pueden constituirse en vectores fundamentales del desarrollo nacional.
Queremos que el Sistema de Defensa continúe apoyando la política antártica nacional, siendo nuestro país el que mayor presencia ininterrumpida tiene en el continente blanco y el que más bases posee. Allí, el aporte logístico de las fuerzas armadas hace posible que centenas de científicos e investigadores puedan realizar su tarea, aún en situaciones extremas.
Continuaremos con las misiones de mantenimiento de la paz en el marco de nuestra pertenencia a la Organización de las Naciones Unidas.
Como Comandante en Jefe quiero decirles con claridad a nuestras fuerzas armadas: tenemos una enorme oportunidad para mirar al futuro y hacer de la política de Defensa una verdadera política de Estado, con un consenso amplio de las fuerzas políticas y un fuerte compromiso con nuestra Constitución Nacional.
Ciudadanizar la democracia también es respetar la libertad de expresión y todas las opiniones emitidas a través de los medios masivos de comunicación.
En tiempos de operaciones de intoxicación con noticias falsas a través de las redes sociales, necesitamos más que nunca de medios vibrantes, comprometidos con la información de calidad.
Los medios están hoy inmersos en un cambio tecnológico exponencial que, al interpelarlos, también interpela a nuestra democracia. Nuestro Gobierno asume el compromiso de acompañarlos con independencia en esta transición. Y de consolidarlos como una gran industria del conocimiento.
En esta dimensión de pleno respeto, vamos a hacer una convocatoria a una mejor calidad institucional en nuestra relación con los medios periodísticos, a través de la reformulación en lo que ha sido hasta hoy el manejo de la pauta de publicidad del Estado.
La administración que hoy terminó, gastó un monto total de 9.000 millones de pesos en propaganda oficial.
Un despropósito de propaganda estatal, en un país con hambre de pan y hambre de conocimientos.
Queremos una prensa independiente del poder e independiente de los recursos que la atan al poder.
Por eso, vamos a reorientar el presupuesto de publicidad del Estado bajo otros criterios.
Queremos que dejen de servir a la propaganda del Estado para que pasen a servir al mejoramiento de la calidad educativa.
No vamos a recortar esta cifra inmensa en su totalidad, porque afectaría el movimiento empresarial de nuestros medios periodísticos. Pero sí vamos a reorientarla.
Queremos que los avisos que pague nuestro gobierno, en lugar de hacer propaganda, contribuyan a mejorar el proceso de aprendizaje de nuestros jóvenes.
Para que la matemática, la historia, la literatura, la física y las ciencias de nuestras currículas escolares, puedan ser enseñadas de modo más eficaz y creativo, a través de contenidos que sean desarrollados y diseminados por la pauta publicitaria que se pone en marcha con los recursos del Estado.
No queremos avisos pagos con dinero de todos para que elogien las bondades del gobierno de turno.
Vamos a invertir el presupuesto de la publicidad oficial para publicar avisos en los medios que serán herramientas pedagógicas, que nos ayuden a mejorar el rendimiento educativo de nuestros jóvenes en todo el país. Tenemos que poner estos recursos al servicio del dictado de contenidos más accesibles y más adaptados a las demandas modernas.
En las próximas semanas estaremos convocando a las instituciones periodísticas de todo el país, para que se sumen con su talento a esta propuesta y se comprometan junto a docentes, científicos, pedagogos y expertos en educación, bajo la consigna de mejorar la calidad educativa.
El sistema de medios del Estado ֲadio, televisión, agencias de noticias, espacios culturales- también va a contribuir a este propósito prioritario. Más y mejor educación para todas y todos.
Y también vamos a promover que todas las jurisdicciones y los otros Poderes del Estado del país, con un criterio federal, se sumen a este propósito.
No habrá pauta del Estado para financiar programas individuales de periodistas. Sólo se destinará a instituciones periodísticas. En la relación con los periodistas, más que nunca tiene sentido aquella frase de que “las cuentas claras conservan la amistad y el respeto”.
En el mismo contexto de innovación, vamos a proponer una Gran Escuela de Gobierno, con altísima excelencia académica, como eje de un proceso de profesionalización, mérito y carrera administrativa en el marco del Estado Nacional.
Impulsamos todas estas decisiones porque entendemos que un Nuevo Contrato de Ciudadanía Social implica poner en marcha una gesta educativa, científica y tecnológica. Como alguna vez dijera Arturo Frondizi, debemos lanzarnos “con decisión y coraje a la conquista del futuro”.
Pondremos todos los esfuerzos necesarios para universalizar la educación de la primera infancia, para que todas nuestras niñas y niños, desde los 45 días hasta los 5 años aprendan, jueguen y convivan en ese espacio fundamental para su futuro como personas y para nuestro futuro como nación que es la escuela.
No descansaremos hasta que un niño en una zona rural tenga el mismo acceso a una educación transformadora que una niña de un centro urbano, viva en el punto del país que viva. Hoy existen regiones en donde 3 de cada 10 chicos no comienzan su escolaridad antes de los 5 años y otras donde la mitad no lo hace antes de los 4.
Asimismo, vamos a tener como prioridad avanzar en la extensión de la jornada escolar, una iniciativa fundamental para romper las desigualdades de origen. Empezaremos por las escuelas a las que asisten niñas, niños y jóvenes de sectores que más necesitan del Estado, que ya no pueden esperar más.
Nada de esto será posible si no valorizamos a lo más importante de este sueño que tenemos entre manos: queremos que cada maestro y cada maestra deseen ser los educadores del futuro, el motor de cambio y transformación de nuestra sociedad. Mejorar las condiciones de trabajo y asegurar una formación inicial y permanente debe ser una prioridad.
Durante mi gobierno estableceremos las bases de un gran Pacto Educativo Nacional, con todos los actores de la comunidad educativa y de la sociedad.
Y esto no es letra muerta de un discurso.
La Argentina se hizo valiosa cuando Alberdi y Sarmiento trabajaron para que la educación sea pública. Se hizo rica con la Reforma Universitaria. Se hizo más potente cuando el justicialismo declaró la gratuidad de la enseñanza universitaria.
Reivindicamos a la investigación científica y tecnológica porque ningún país podrá desarrollarse sin generar conocimientos y sin facilitar el acceso de toda la sociedad al conocimiento. He decidido que en nuestro Gobierno el área respectiva recupere su jerarquía Ministerial que nunca debió perder.
Junto al movimiento obrero organizado, columna vertebral del acuerdo social, también vamos a impulsar un esencial fortalecimiento de la formación permanente para los trabajos del presente y del futuro. Queremos que el cambio tecnológico tenga alma, que esté al servicio de vivir bien, que multiplique productividad, inclusión y equidad.
No quiero finalizar sin mencionar enfáticamente que en estos próximos cuatro años haré todos los esfuerzos necesarios para que estén en un primer plano los derechos de las mujeres. Buscaremos reducir, a través de diversos instrumentos, las desigualdades de género, económicas, políticas y culturales. Pondremos especial énfasis en todas las cuestiones vinculadas al cuidado, fuente de muchas desigualdades, ya que la mayor parte del trabajo doméstico recae sobre las mujeres en Argentina al igual que otros países.
Ni una Menos debe ser una bandera de toda la sociedad y de todos los poderes de la república. El Estado debe reducir drásticamente la violencia contra las mujeres hasta su total erradicación.
También en nuestra Argentina hay mucho sufrimiento por los estereotipos, los estigmas, por la forma de vestirse, por el color de piel, por el origen étnico, el género o la orientación sexual. Abrazaremos a todos quienes sean discriminados. Porque cualquier ser humano, cualquiera de nosotros, puede ser discriminado por lo que es, por lo que hace, por lo que piensa. Y esa discriminación debe volverse imperdonable.
Nuestra ética política reivindica los valores de la solidaridad y la justicia. A todos los argentinos nos afecta la crisis. Quiero dirigirme un momento también a quienes están en una mejor situación económica. A los argentinos que por su esfuerzo o por el motivo que fuera tienen una situación más placentera.
En un contexto de gravedad extrema, de emergencia, debemos comprender que no existe la posibilidad de pedirle sacrificios a quien tiene hambre, no se le puede pedir sacrificios a quien no puede llegar a fin de mes. Debemos salir de esta situación con solidaridad, para que cuando se encienda la economía todos los sectores, sin excepción, puedan verse beneficiados. Pero hasta eliminar el hambre le pediremos mayor esfuerzo solidario a quien tenga más capacidad de darlo.
Comenzar por los últimos, para llegar a todos.
Y así, proponemos una Argentina donde el abrazo crezca, se multiplique, porque necesitamos unirnos. Si logramos detener el odio, podremos detener la caída de la Argentina.
La primera y principal liberación como país es lograr que el odio no tenga poder sobre nuestros espíritus. Que el odio no nos colonice. Que el odio no signifique un derroche de nuestras personas viviendo en comunidad.
Quiero terminar agradeciendo profundamente la generosidad y destacar la visión estratégica que nuestra vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, ha expresado en este tiempo de la Argentina.
Permítanme también recodar en esta hora a tres personas que me signaron en la vida.
Quiero recordar a mi madre que me marcó con su ejemplo.
Quiero recordar a Esteban Righi quien me inculcó como nadie los mejorrs valores del Estado de Derecho.
Y quiero recordar a Néstor Kirchner, quien en el año 2003 me permitió participar de la maravillosa aventura de sacar a la Argentina de la postración.
Quiero agradecer también a todas mis compañeras y compañeros del espacio político que nos ha llevado a la victoria, por la permanente dedicación y militancia.
Muchas veces me he preguntado en estos días por qué motivos quisiera que nuestro Gobierno sea recordado en el futuro.
Quisiera que seamos recordados por haber sido capaces de ayudar a volver a unir a la mesa familiar. Que las lógicas y saludables diferencias políticas que pueden existir en una familia puedan dialogarse en paz y en respeto, sin divisiones o peleas.
Quisiera que seamos recordados por haber sido capaces de superar la herida del hambre en la Argentina, que es un insulto a nuestro proyecto colectivo de vida en común.
Quisiera que seamos recordados por haber sido capaces de superar la lógica perversa de una economía que gira alrededor de la desorganización productiva, la codicia, la especulación y la infertilidad para las mayorías.
Quisiera que dejemos como huella haber reconstruido la casa común con un gran proyecto nacional, un Acuerdo Estratégico para el Desarrollo, del cual nos sintamos orgullosos.
Por eso, deseo que las palabras finales de mi primer mensaje como Presidente de toda la Argentina, no constituyan una respuesta sino una pregunta.
Las respuestas sin preguntas son como árboles sin raíces. Y sólo en el encuentro entre las preguntas y las respuestas nuestras palabras adquieren vida real.
¿Seremos capaces, como Argentina Unida, de atrevernos a construir esta serena y posible utopía a la cual nos llama hoy la historia? ¿Seremos capaces como sociedad? ¿Seremos capaces como dirigentes?
Yo quiero ser el Presidente de la escucha, del diálogo, del acuerdo para construir el país de todos.
Días atrás un amigo me señalaba la importancia de todo ello en el futuro que se avecina. Tenía razón al decir que tenemos que aprender a escucharnos aun sabiendo que no pensamos los mismo. Demasiado tiempo probamos el método del enojo y del rencor. Todas y todos debemos despojarnos del rencor que cargamos. Volvamos a ganarnos la confianza del otro. Volvamos a confiarnos entre nosotros.
Nos ha llegado la hora. Por eso estoy aquí.
Cuando mi mandato concluya, la democracia argentina estará cumpliendo 40 años de vigencia ininterrumpida.
Ese día quisiera poder demostrar que Raúl Alfonsín tenía razón.
Espero que entre todos podamos demostrar que con la democracia se cura, se educa y se come.
Pongámonos de pie y empecemos nuevamente nuestra marcha.
La Argentina es un país con una historia violenta, de enfrentamientos feroces. Pero que de cuando logró intervalos prolongados de relativa paz. Fue en ellos que nuestro país creció y se transformó (No en todos esos períodos las transformaciones fueron para bien, o para lo que hoy consideramos bien, pero eso es otra historia).
El hecho es que a partir de 1983, después de la violencia, las masacres de la represión clandestina y una guerra perdida, el rechazo por todo eso logró que los argentinos iniciamos una etapa donde los enfrentamientos se manejaron, en general, dentro de las reglas de juego de la democracia. Pero, a pesar de algunos logros importantes, es evidente que no conseguimos una transformación perdurable de nuestra sociedad. Salvo, lamentablemente, en el crecimiento de una pobreza estructural, un sector excluido del empleo digno y los beneficios sociales.
Y ha vuelto a crecer en estos años un enfrentamiento rencoroso entre nosotros, la llamada «grieta». El nuevo gobierno que empieza hoy puede ser -ojalá sea- la oportunidad para detener esta deriva y crear las condiciones para un período de estabilidad y transformación, con más justicia que otros en el pasado. Esto último es una condición necesaria. Nuestras sociedades ya no admiten injusticias sin reaccionar. Los países cercanos son una demostración de esto.
Hay algo que nos ayuda a ser prudentemente optimistas. En AgendAR asumimos el compromiso de no transformar el portal en un vehículo de nuestras identidades políticas personales. Aunque las tenemos, por supuesto. El hecho es que hoy las identidades políticas están, en una porción numerosa de nuestra población, más definidas, y más enfrentadas que hace 15 años, por ejemplo. Una versión actualizada del viejo abismo entre peronistas y antiperonistas
Como sea, nos resulta evidente que el enfrentamiento es en el fondo cultural y de valores, de dos ideas de cómo debería ser nuestro país. Hay frases hechas que en su simpleza los definen bien. Un lado de la «grieta» se llama a sí mismo «nacional y popular». El otro, dice pretender que la Argentina sea como «los países serios» (una versión imaginaria de cómo son en realidad; pero la expresión sirve para describir lo que quieren).
¿Cuál es, entonces, ese indicio positivo que percibimos? Que vemos que una parte de los sectores con poder económico -una pequeña minoría de la sociedad, pero con un peso decisivo en los que desconfían de lo «nacional y popular» y rechazan la intervención del Estado- se han dado cuenta que los intentos para llevar adelante lo que consideran una «modernización» de la sociedad -lo que se dicen a sí mismos, y repiten los grandes medios- que hacen los «países serios», todos ellos han terminado en fracasos.
1955, 1962, 1966, 1976… recetas ligeramente distintas, pero ninguna consiguió estabilizar la economía ni la sociedad. Y nuestro país vio interrumpido a partir de 1976 el nivel de crecimiento bastante aceptable que a pesar de todo había mantenido hasta entonces.
El intento asociado con Menem-Cavallo fue el que más se sostuvo, por la indudable habilidad politica del riojano. Pero terminó con la caída de la Convertibilidad y la crisis más grande que hayamos sufrido los argentinos hasta ahora.
El de Macri fue el más auténtico, en cierto modo. Un gobierno con superabundancia de CEOs y operadores de mercados financieros quiso replicar en Argentina lo que creían funcionaba en los países «desarrollados». Y el fracaso fue rápido y terminante.
No creemos que el otro lado de la «grieta», el 40% que votó a Macri en octubre, lo vea así. Pero los que vieron disminuir el valor de sus empresas o perdieron el valor de sus inversiones especulativas con las devaluaciones…
La relativa tranquilidad con que los mercados financieros reciben el cambio de gobierno: dólar relativamente estable, suba de acciones, descenso del riesgo país, parece indicar una actitud de «esperar y ver».
Esto no garantiza una «luna de miel», por supuesto. Todos los sectores van a defender lo que creen sus intereses, y los más poderosos suelen ser los más beligerantes. Dependerá de la prudencia, habilidad y firmeza del nuevo gobierno como siguen las cosas. Siempre es así.
Las ceremonias de asunción de un presidente, son -como los centenarios y bicentenarios- ocasiones para las relaciones públicas en el plano de los Estados. Como las RR.PP., sirven también para medir la importancia que los países se dan entre sí. Y para viajes en primera clase de delegaciones numerosas (Con el CO2 que inyectan a la atmósfera los viajes en avión, si se llega a tomar en serio el calentamiento global probablemente serán reemplazadas por ceremonias en video).
Pero ahora, en 2019, las delegaciones presentes, y su nivel, son símbolos importantes. En AgendAR mencionamos las visitas que consideramos son significativas para el entorno político inmediato de nuestro país. El resto, estará en los medios, con profusión de fotos.
EE.UU. envía una delegación encabezada por Alex Azar, secretario de Salud y Servicios Humanos. Formará parte de ella Mauricio Claver-Carone, el director del Departamento del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, el funcionario más importante de Donald Trump para América latina. Ya se había reunido con Alberto Fernández en México.
Claver-Carone fue hasta hace poco director ejecutivo interino de Estados Unidos ante el FMI. Es abogado y es conocido por su defensa del embargo al régimen cubano y por sus duras posturas contra el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
En esta delegación también vendrá Emma Doyle, vicejefa de gabinete, y Michael Kozak, vicesecretario del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado. Por supuesto, estará el embajador de Estados Unidos en Argentina, Edward Prado. Indicaría que EE.UU. se interesa en la Argentina y en el nuevo gobierno. Y espera conversar en serio, aunque no probablemente en las ceremonias de asunción.
En nuestra opinión, será importante que desde Washington -como desde Beijing, Bruselas, Moscú, Londres- se vea a la Argentina y a la región razonablemente estables. Mencionamos las visitas relevantes en ese aspecto.
En Brasil gobierna Jair Bolsonaro, que trata de ser más imprevisible que Trump. Pero la última noticia es que vendrá su vicepresidente, el general Hamilton Mourão. Si es así, mostraría que Bolsonaro, o gente muy influyente en Brasil, consideran clave la relación entre nuestros dos países (En realidad, cualquiera que mire un mapa de América del Sur puede percibir eso).
De Chile viene, por pocas horas, su presidente, Sebastián Piñera. Y dada la crisis que está viviendo su país y su gobierno, es un poderoso indicio de la importancia que presta a la relación.
Uruguay viene en fuerza. El reciente presidente electo de Uruguay, Luis Lacalle Pou, cruzará el Río de la Plata con buena parte de sus futuros 13 ministros. Se espera que la comitiva se complete con el saliente Tabaré Vázquez, y José “Pepe” Mujica, amigo personal de Fernández.
Desde Paraguay también viene el presidente Mario Abdo Benítez. Cabe destacar que Abdo Benítez fue, junto a López Obrador, uno de los pocos presidentes de América Latina que ofreció asilo a Morales, tras el Golpe de Estado en Bolivia. Ese gesto fue agradecido públicamente por Alberto Fernández.
De Bolivia, justamente, la presidente autoproclamada Jeanine Áñez no fue invitada. Ni sus gobernantes actuales -estimamos- recibirán muchas invitaciones, hasta que se ponga en marcha un proceso electoral legítimo.
Hace unos seis meses publicamos esta nota en AgendAR. Y medio año después, tenemos que decir que, pese al IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, por sus siglas en inglés), las Naciones Unidas, Emmanuel Macron y Greta Thunberg, el panorama no ha cambiado. Apenas tuvimos que actualizarla ligeramente.
En AgendAR no queremos minimizar un problema muy serio con ironías fáciles. Nuestro objetivo es ayudar a mostrar que no se enfrenta con conductas individuales bien intencionadas, o prestándose a encontrar «culpables» fáciles (la ganadería, por ejemplo). Justamente, al final precisamos por qué el título de la nota puede inducir a engaño.
Los países que más contaminan el aire por habitante no son los que la mayoría de la gente imagina. Esta nota de Guadalupe Moreno y la infografía adjunta lo dejan claro:
«Muchos de los países que en la actualidad más CO2 emiten por cabeza se encuentran en la península arábiga. Este es el caso de Qatar, con algo más de 37,05 toneladas por persona (37.000 kg), Kuwait (23,5 toneladas) Emiratos Árabes (21,6t) y Arabia Saudí (19,4t), todos por encima de los grandes contaminantes en cifras absolutas, como China, India y Estados Unidos.
El peso de la industria del petróleo en estas economías puede ser una de las razones que explican su clasificación en las primeras posiciones. En España, que se encuentra en el tercio superior en la tabla de todos los Estados contaminantes según la Comisión Europea, la cifra es de 6,09 toneladas por persona.
La presencia de CO2 en el aire es una de las causas principales del calentamiento global. Este gas forma una cúpula aislante en la atmósfera que no deja salir al espacio el componente infrarrojo térmico de la luz solar reflejada por la superficie terrestre. La absorción de infrarrojo por la atmósfera causa un efecto de atrapamiento del calor similar al del vidrio de los invernaderos. La concentración de CO2 en el aire se mantuvo relativamente estable desde los primeros diez mil años antes de Cristo hasta la Revolución Industrial con alrededor de los 200 ppm (partes por millón, como unidad de masa). A partir del siglo XIX, en cambio, su proporción se multiplicó rápidamente, hasta alcanzar en 2017 las 407 ppm, un récord histórico, según relata el proyecto de datos sobre cambio climático Tomorrow.»
Al respecto, tres observaciones: los países de la península arábiga, en rampa demográfica por absorción de inmigrantes del SE asiático, dependen del petróleo hasta para conseguir agua potable (la obtienen por desalinización de agua de mar, en plantas en su mayor parte viejas e ineficientes). Alemania, la ecológica, se ha vuelto el mayor emisor de C02 de la Unión Europea por el cierre prematuro de sus plantas nucleares, y el regreso de las plantas eléctricas de carbón para tapar el bache de producción. Por último, como subraya el IPCC con cierta desesperación, la última vez que la atmósfera de nuestro planeta tuvo más de 400 ppm de C02, hace 800.000 años, el Homo sapiens no existía, pero como resultado del calor y la fusión de glaciares y casquetes polares, el nivel promedio de los mares estaba entre 20 y 30 metros más alto que el actual.
El verdadero significado del gráfico es que el consumo de los sectores más prósperos es el que contribuye más al calentamiento global: automóviles, viajes en avión, aire acondicionado en todas partes,… Por eso figuran al tope de la lista los países del Golfo, con un % alto -comparado con otros- de su población que practica el consumo ostentoso. Una cosa es asegurar agua potable para la población, otra hacerlo con plantas de destilación (térmicamente muy ineficientes frente a las de ósmosis inversa), otra elegir el petróleo como fuente térmica de la potabilización de agua marina, en lugar de la energía fototérmica o la nuclear, y la última y peor es incurrir en delirios como tener pistas artificiales de esquí con nieve artificial dentro de sus shopping-malls.
Pero el título es engañoso. El gráfico muestra la contaminación por habitante, y esos países aportan muy poco al CO2 global. EE.UU. aporta mucho más en conjunto, y China… es el campeón indiscutible, simplemente por población e industria.
Cuando los gobiernos estén dispuestos a encarar las consecuencias del cambio climático -por ahora, preocuparse es «políticamente correcto», sobre todo en Europa, atascada en un antinuclearismo insostenible, pero ninguno las ha apuntado con precisión- las medidas tendrán que ser globales. Todavía falta para que esto sea políticamente posible.
El gobernador bonaerense electo, Axel Kicillof, confirmó hoy lunes a la tarde su Gabinete, con Pablo López como ministro de Hacienda y Sergio Berni al frente de la cartera de Seguridad. En tanto, Augusto Costa será ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica; Julio Alak encabezará la cartera de Justicia y Derechos Humanos, y Daniel Gollán, la de Salud.
Pasado mañana, miércoles 11, los nuevos funcionarios prestarán juramento.
La lista completa:
– Jefe de Gabinete: Carlos Bianco.
– Secretario General: Federico Thea.
– Ministro de Hacienda: Pablo López.
– Ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica: Augusto Costa.
– Ministro de Justicia y Derechos Humanos: Julio Alak.
– Ministro de Seguridad: Sergio Berni.
– Ministra de Gobierno: Teresa García.
– Ministra de Desarrollo de la Comunidad: María Fernanda Raverta.
– Ministra de Comunicación Pública: Jésica Rey.
– Ministro de Salud: Daniel Gollán.
– Ministra de Trabajo: Mara Ruiz Malec.
– Ministra de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual: Estela Díaz.
– Ministro de Desarrollo Agracio: Javier Rodríguez.
– Ministro de Infraestructura y Servicios Públicos: Agustín Simone.
– Presidente del Banco Provincia: Juan Cuattromo.
– Directora general de Cultura y Educación: Agustina Vila.
– Director ejecutivo de ARBA: Cristian Girard.
La primera observación es que -por todo el elemento la incertidumbre que siempre en política acompaña el «llenado» final de los cargos- es una lista que no ofrece sorpresas importantes. Los nombres habían sido mencionados (también en AGendAR) y el conjunto puede describirse como el «equipo de Kicillof».
AgendAR informó el 28/11 El 20 de diciembre se lanza la Unión de Trabajadores de la Economía Popular. Ahora reproducimos esta valiosa nota de Laura Vales, donde describe la nueva transformación de los movimientos sociales que nacieron décadas atrás como «sindicatos» de los desempleados y ahora se plantean ser nuevos actores en la economía, en un pie de igualdad con el sindicalismo tradicional, para negociar con los empresarios privados y con el Estado.
La CTEP, Barrios de Pie, CCC y el Frente Darío Santillán se preparan para conformar un Sindicato de Trabajadores de la Economía Popular. El paso significa, en lo formal, la unificación de sus personerías. En lo político, la mirada apunta a un cambio de etapa. Muchas condiciones para dar un salto de crecimiento están dadas: las cuatro organizaciones hicieron campaña por el Frente de Todos y serán parte del gobierno, con acceso a la gestión. Se disponen a entrar a este ciclo con un gremio que posiblemente se integrará a la CGT. Contarán, finalmente, con diputados nacionales, provinciales y concejales. Esta construcción, señalada por el sociólogo Francisco Longa como una acumulación inédita para los movimientos sociales, merece ser seguida de cerca.
Un elemento estructural está en la base de este cambio. En los últimos años, con mayor fuerza en el período de gobierno de Cambiemos, encabezados por el llamado triunvirato de San Cayetano, estos movimientos han conseguido permear a la política con su mirada sobre el problema del trabajo. La figura del desocupado como persona que atraviesa una crisis -y requiere asistencia hasta superarla- ha sido desplazada para poner, en su lugar, el concepto de trabajador de la economía popular, que implica una condición permanente, y la posibilidad de políticas de desarrollo para el sector; incluso de constitutirse en un actor económico en disputa con las lógicas del mercado.
La pregunta es ¿por qué gremializar a los que no tienen un empleo formal?
“El sector privado tenía, hace 40 años, 6,2 millones de trabajadores, en un país con 17 millones de habitantes. Hoy, con una población de 45 millones, el sector privado sigue dando empleo a 6,4 millones de personas”, arranca Nicolás Caropresi, del Movimiento de Trabajadores Excluídos (MTE-CTEP). En la CTEP estiman que en la Argentina hay alrededor de 5 millones de trabajadores de la economía popular.
De ese total, los organizados en cooperativas o que perciben planes sociales, son actualmente cerca de 500 mil. En el país sólo hay un sindicato con mayor número de integrantes, número que surge de considerar los beneficiarios del Salario Social Complementario y sumarle los planes del Hacemos Futuro, categoría en la que el macrismo juntó todos los antiguos programas de empleo. Aunque cuando Caropresi habla del Sindicato o Unión de Trabajadores de la Economía Social alude a un conjunto mayor, más amplio que el de los planes sociales.
“La idea es abrir esta convocatoria a más organizaciones que vienen trabajando con el sector. Lo central para nosotros es que entiendan la definición de trabajador de la economía popular, y por qué creemos importante gremializar a ese actor. Esto incluye a las organizaciones que nuclean a trabajadores de la vía pública, vendedores ambulantes, cartoneros, cooperativistas de viviendas, los que limpian arroyos, los que hacen veredas, los que lavan coches, los que cuidan coches. Los promotores de salud, los que sostienen guarderías y comedores populares. Todo este sector de los descartados del sistema, que se inventaron su trabajo, está bienvenido a aportar a esta construcción”.
La creación del sindicato fue uno de los temas del encuentro de los movimientos sociales con Alberto Fernández, realizado el mes pasado en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA). «Él está muy al tanto de este proceso», asegura Daniel Menéndez, de Somos-Barrios de Pie, sugiriendo un visto bueno presidencial. «Fue casi una propuesta que nos hizo… o una chicana, en el sentido que en esa charla nos planteó que siempre discutimos por las partes y demás».
Las organizaciones invitaron al futuro presidente a participar del acto de lanzamiento del sindicato, que inicialmente iba a ser el sábado pasado y ahora pasó al viernes 20. La postergación tuvo que ver, entre otras cosas, con que son días en que se está definiendo qué dirigentes irán a la gestión pública. Los movimientos quieren tener presencia en tres secretarías: Desarrollo Social, Vivienda y Agricultura Familiar.
Para Menéndez, la creación del gremio expresa “un proceso de unidad que en el campo popular ha sido uno de los datos más importantes de estos últimos cuatro años. Es la construcción de una herramienta donde estén todas las tendencias, o por lo menos las más importantes».
Quedarán afuera dos sectores del sindicato: las organizaciones de la izquierda como el Polo Obrero -también el Frente de Organizaciones en Lucha, que movilizaba con el Frente Darío Santillán y los Cayetanos- y la la vertiente kirchnerista de los movimientos populares, el Frente Milagro Sala.
La nueva organización es pensada como herramienta para disputar el reconocimiento de derechos, una expresión que contiene significaciones amplias. Para las cooperativas de las áreas «productivas» de la economía popular (las de alimentos, fábricas recuperadas, agroecología, comercializadoras), la pelea es por políticas de Estado que les permitan dar un salto en escala. Por ejemplo, el compre estatal, que más que posiblemente sea implementado dentro del programa Argentina contra el Hambre.
Para los trabajadores, el reconocimiento de derechos tiene como horizonte el acceso a una jubilación, obra social, vacaciones pagas. Señala Rafael Klejzer, del MP La Dignidad: «Como fue el Estatuto del Peón en el ’45 con Perón, hoy hay un nuevo actor económico que se va haciendo visible y al que el Estado debe reconocerle derechos. En las recuperadas y cooperativas de trabajo no tenemos cobertura social, ni jubilación. Así como estamos, va a haber compañeros que después de trabajar 40 años sin aportes no van a poder jubilarse».
Añade que no se trata sólo de crear un marco que reconozca derechos al que cobra un plan social, «porque la economía popular es más amplia que los programas sociales, hay miles de compañeros que están en cooperativas de trabajo sin cobrar ningún plan ni recibir el salario social complementario. Hay recuperadas que vienen del ’94 y cooperativas que arrancaron en el 2001 y atravesaron todos estos años sin que sus trabajadores accedieran a nada».
La agremiación supone también dotarse de mayor fuerza para hablar de derechos aún más básicos. Caropresi, del Movimiento de Trabajadores Excluídos, recuerda que «la mayoría de las actividades que realizan nuestros compañeros del MTE están criminalizadas».
«El cartonero, el carrero, el vendedor ambulante, el cuidacoche son todas actividades que la respuesta que tienen hoy en día es la persecución policial. Entonces, en primer término, se trata de poder discutir con los Estados cómo estos compañeros pueden seguir llevando adelante sus tareas laborales que hoy están siendo impedidas por cuestiones de jurisprudencia más locales, municipales o contravencionales».
Otras ramas de actividades, como las de cuidado, permanecen totalmente invisibles. Las mujeres en los movimientos sostienen miles de jardines populares, donde reciben a los niños para que sus madres puedan trabajar o estudiar. «Estos espacios son imprescindibles porque la realidad es que las guarderías maternales del Estado no tienen vacantes. Las mujeres estamos pasando situaciones muy duras, de violencia económica, muchas veces violencia en nuestros hogares sin tener un lugar donde ir, no tenemos con quién dejar a los chicos para trabajar, estamos además endeudadísimas. Las compañeras que cuidan a los chicos en estos espacios solamente perciben un salario social, otras un programa Hacemos Futuro que cada dos meses se les cae. Para sostener los jardines estamos haciendo rifas, inclusive comida para vender», cuenta Dina Sánchez, del Frente Popular Darío Santillán.
Con la obra social ya se han hecho algunas experiencias. Hay cooperativistas que accedieron a coberturas de obras sociales mediante el monotributo; la CTEP armó una obra social propia. Hasta ahora, son experiencias acotadas.
Hay dos formatos por los que los trabajadores de la economía popular han accedido a estas coberturas en salud: cuando el beneficiario de un programa accede al monotributo social, puede elegir obra social. En teoría se puede elegir cualquier obra social, pero en la práctica muchas no aceptan. Por eso surgió un segundo esquema: cada organización junta un paquete de beneficiarios, 300 por ejemplo, y hace un acuerdo con una obra social para que los atienda. Todo esto funciona de manera despareja, precaria, muy menor.
Las ideas para dotar de cobertura de salud al sector van desde crear otra categoría del monotributo que permita ampliar la cobertura y los aportes a pensar en un Instituto. De todos modos, los dirigentes plantean que no es un tema que quieran poner en primer plano, como prioridad, porque es blanco de la estigmatización. Un reclamo que puede ser presentado como la búsqueda de una caja.
En el acto de lanzamiento, en el Microestadio de Ferro, se presentará a una junta promotora del sindicato. Todo indica que será conducido por el titular de la CTEP, Esteban «Gringo» Castro. La junta promotora tendrá la tarea de ir cumpliendo con los pasos legales y el diseño de un estatuto. En junio, la CGT tiene previsto realizar su congreso nacional, momento en el que se podría formalizar la incorporación de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular -uno de los posibles nombres del nuevo sindicato. El proceso es abierto, cuánto puede sumarles esta eventual entrada depende de cuál sea el perfil de la central obrera en 2020, de qué pasará con las CTA y los gremios de la Corriente Federal. De detrás de qué dirigentes puede darse, si se da, la reunificación.
«Inmediata construcción de Atucha III tipo CANDU con Agua Pesada de la Planta Industrial de Agua Pesada». Esto es lo que el físico Andrés Kreiner, secretario general de la Asociación de Profesionales de la Comisión de Energía Atómica y Actividades Nucleares, y Subgerente de Tecnología y Aplicaciones de Aceleradores en CNEA, planteó en la Cumbre de la Industria Nuclear, Latinoamérica 2019, que se reunión la semana pasada en Buenos Aires.
☢ “La central CANDU es la mejor solución tecnológica, industrial y financiera para la Argentina en función de las capacidades de nuestro país para diseñar, construir y fabricar sus componentes”
Kreiner afirmó que «una central tipo CANDU (que emplea uranio natural) es la mejor solución tecnológica, industrial y financiera para la Argentina en función de las capacidades de nuestro país para diseñar, construir y fabricar sus componentes”.
Y agregó “El impacto socio-económico de una CANDU se expresa en que es el proyecto que maximiza la generación de empleo, la fabricación nacional de insumos, de equipos y, al mismo tiempo, minimiza el gasto en divisas. Es exactamente lo que nuestro país necesita en este momento.”
En las mismas víspera de la asunción de un nuevo gobierno, que la APCNEAN reitere su postura en ese ámbito es muy significativo. AgendAR, que ha seguido de cerca la problemática de la industria nuclear en la Argentina -y va a seguir haciéndolo- ofrece sus páginas para debatir las políticas que deben ponerse en práctica.
Como se reconoce en este artículo, el despliegue de la tecnología 5G es algo lejano para nuestro país (Lejano, en términos de comunicaciones, significa de 3 a 5 años). Pero las presiones diplomáticas o económicas de los dos gigantes en pugna, EE.UU. y China, son temas muy presentes. El nuevo canciller, y el equipo del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación tendrán que ocuparse.
Para nuestros lectores, nos parece útil reproducir esta informada nota de Gabriel Balbo, director de ESPADE y especialista en Inteligencia Competitiva.
«A pesar de las advertencias de la Administración Trump con respecto a la utilización de tecnología china en el despliegue de redes de telecomunicaciones móviles de quinta generación (5G), países europeos de la importancia económica y estratégica que tienen Gran Bretaña, Francia y Alemania, se muestran renuentes a cerrar sus mercados a Huawei y ZTE. En América Latina, todavía distante de un despliegue de importancia de 5G, Huawei estaría tomando la delantera, con pruebas en Brasil y México.
La disputa por el dominio de la tecnología, dada en un plano paralelo al de la “Guerra Comercial” entre Estados Unidos y China, está muy lejos de ser una suerte de adjunto a esta última. La carrera tecnológica tiene ribetes propios y de valor estratégico quizás aún más importantes que un rojo en la balanza comercial: el control sobre el flujo de la información y las comunicaciones.
Fuente: ESPADE
Si bien hoy es incontestable el rol protagónico actual del 5G como tecnología disruptiva dentro del sector de telecomunicaciones (por su velocidad y menor latencia) y su impacto económico y social (internet de las cosas, coches autónomos, etc.) lo que no se muestra tan evidente son las implicancias que existen para la seguridad, defensa y soberanía de las naciones y las economías. Menos aún si además consideramos un negocio de 3,5 trillones (anglos) de dólares esperando efectiva apropiación.
Estados Unidos es quien se manifiesta más preocupado por los efectos sobre la seguridad y defensa, demostrándolo con fuertes apelaciones a la posibilidad de espionaje por parte de China a través de los backdoors (puertas traseras) del equipamiento de telecomunicaciones ofrecido por sus grandes players, Huawei y ZTE. Washington insiste a sus socios de la OTAN que veden la entrada de los chinos en el negocio de despliegue de redes de 5G, aconsejando el uso de tecnología occidental. En este caso entran al ruedo Ericsson (Suecia), Nokia (Finlandia) y, complementariamente la californiana Cisco Systems, todas asociadas estratégicamente con firmas norteamericanas proveedoras de chipsets, tales como Qualcomm, Broadcom, Intel, TI, entre otras.
La estrategia china se centra más en el negocio, en el poder blando de su diplomacia comercial, posicionándose con condiciones muy favorables para el potencial comprador: calidad y precios de equipamiento muy competitivos, muchas veces acompañados de facilidades financieras, haciendo un combo muy difícil de rechazar. Y como aditamento para desarticular la embestida retórica norteamericana sobre la seguridad, firmas como Huawei no solamente se disponen a sobrellevar todo tipo de controles in situ (en los países receptores de la tecnología) sino que ofrecen compartir su tecnología 5G para desarrollos en conjunto. Vale destacar que el 32% del total de las patentes esenciales de 5G pertenecen a firmas chinas, detentando Huawei un 16% y ZTE el 10%.
A esta fachada eminentemente comercial de la estrategia china, subyace el objetivo de largo plazo de predominio mundial en el campo tecnológico y su advenimiento como potencia global. De acuerdo con el plan Made in China 2025, en una primera fase el gigante asiático buscará reducir las diferencias con otros países (horizonte: año 2025), posteriormente fortalecer su posición relativa (hacia 2035) y finalmente alcanzar el liderazgo en innovación (en 2045).
En este escenario, Europa se encuentra en una profunda disyuntiva. Así, sus principales potencias vacilan entre realizar el despliegue de sus redes nacionales de 5G con las firmas chinas Huawei y ZTE (optimizando calidad y costos), o adjudicar su arquitectura a firmas occidentales (como las anteriormente mencionadas Nokia y Ericsson) consideradas “confiables” por el gobierno norteamericano. El hecho de que adopten esta última opción contribuiría a mantener la buenas relaciones con la superpotencia y bien aceitado el eje OTAN.
Gran Bretaña es un caso paradigmático, ya que avanzó profundamente en el despliegue doméstico de sus redes de 5G con Huawei y ahora debe evaluar su continuidad frente a las advertencias de Washington. En particular la relacionada a la cooperación de información de inteligencia (en peligro de acuerdo con las hipótesis de espionaje mencionadas) pero también en vistas de un acuerdo comercial favorable post-Brexit. En tanto que por el otro lado, los británicos reciben advertencias de China con respecto al perjuicio económico que sufrirán si no continúa el despliegue iniciado.
En este momento la decisión sobre “que hacer con Huawei” está demorada debido al calendario electoral: será tomada después del próximo 12 de diciembre (elecciones generales) por el próximo gobierno. Esto no solo es una mala noticia para Huawei, sino también para las operadoras, que se ven obligadas a desacelerar el despliegue de su infraestructura 5G y su lanzamiento comercial. Asimismo, expertos señalan un perjuicio general para toda la economía británica derivado de la indecisión sobre el tema, “mientras el resto del mundo avanza velozmente hacia adelante”. Huawei ha realizado tests con las tres principales operadoras de Gran Bretaña (BT, Telefónica y Vodafone).
Por su parte, Francia se ha manifestado renuente a la exclusión automática de Huawei y ceder a las presiones de Estados Unidos. No obstante la nación gala ha aprobado en julio pasado una nueva ley para asegurar el despliegue de redes 5G, conocida como “Ley Huawei”, apoderando al Primer Ministro para autorizar los proyectos presentados por las operadoras, considerando que no exista “grave riesgo de perjudicar los intereses de la defensa y seguridad nacionales”. Esta situación ha retrasado también el despliegue del 5G en Francia, donde se espera su lanzamiento comercial para 2020.
La posición de Alemania con respecto a Huawei es eminentemente pragmática. Recientemente Peter Altmaier, ministro de economía alemán le advirtió explícitamente a Ren Zhengfei (el mandamás de Huawei) sobre la consideración de “la seguridad de las telecomunicaciones en Alemania, la protección de los datos de los ciudadanos y la certeza de que se cumpla la ley alemana” para la adjudicación de sus licitaciones. Más allá de esta advertencia, todas las telcos alemanas tienen estrechos vínculos comerciales con China, son clientes de Huawei y han advertido que prohibirlos retrasaría el lanzamiento de redes 5G.
¿Qué ocurre en Latinoamérica? Básicamente la región se encuentra en un “momento” anterior de la tecnología móvil, explotando las redes 4G, aún limitadas y con mucho potencial de crecimiento. Esto significa que el 5G aún deberá esperar, tanto por una cuestión propiamente comercial como por los issues técnicos (asignación de frecuencias) y regulatorios (despliegue de antenas), aún no resueltos.
Más allá de lo mencionado, existen distintos tests de 5G en los principales mercados. En Brasil, la operadora TIM está ensayando en el sur del país (Florianópolis) con equipamiento Huawei. En México conviven pruebas llevadas adelante con Huawei, Nokia y Ericsson. En tanto que en Argentina, la firma Personal ha realizado tests con Nokia, mientras que Telefónica hoy se ha volcado primordialmente al uso de equipamiento Ericsson (usando también Huawei en menor medida).
En conclusión, tanto las economías de Europa como las de América Latina, en tanto “targets” de los grandes contendientes de la guerra tecnológica, tendrán que asumir un posicionamiento ante esta actual dicotomía. Los Estados deberán enfrentar las ofensivas sobre sus mercados y la decisión sobre a quien otorgarle el dominio sobre redes y comunicaciones. Están en juego los datos, la soberanía sobre los mismos, sobre las redes y el grado de dependencia tecnológica a asumir. La partida está en marcha.»