Investigadores del INTA desarrollaron un mapa con las zonas de alta probabilidad de incendios hasta febrero de 2020. Son más de 2 millones de hectáreas las que están bajo riesgo. Esta investigación permite prever los lugares con más probabilidad debido a al historial y la geografía.
Estas 2 millones de hectáreas bajo riesgo durante la temporada de fuegos se debe a:
* Presencia de una importante región sin fuego por más de 10 años. * Un proceso de acumulación de forraje muy focalizado en algunos departamentos durante el último ciclo productivo, a pesar de la emergencia agropecuaria declarada por sequía en febrero 2019. * Presencia de áreas arbustizadas de manera generalizada en la región del Espinal. * Identificación de un área muy importante con bajo a nulo aprovechamiento ganadero, (distancias medias a las aguadas superiores a los 3 km).
Este mapa de peligrosidad para incendios fue generado a partir del modelo desarrollado por el Área de Gestión Ambiental y Recursos Naturales de la EEA Anguil en 2016, donde se consideran como variables las áreas sin fuego durante los últimos 10 años, productividad forrajera superior al 20% respecto a la media estimada para el período 2000-2018, dificultad para acceder a los sitios, áreas de conservación, áreas arbustizadas y presencia de tendido eléctrico de alta tensión.
El INTA destacó que la predictibilidad del modelo es del 85%. Se aclara que este modelo identifica las áreas de mayor peligrosidad. Esto significa que cualquier área puede incendiarse, pero éstas son las de mayor riesgo y deberían tenerse en cuenta para una pronta verificación por parte de los organismos pertinentes.
Hay un debate en marcha sobre las causas y las consecuencias del Gran Apagón del domingo pasado. En AgendAR hemos aportado a ese debate. Pero ahora queremos compartir algo que encontramos en las redes sociales, y que «echa luz» sobre los medios, poniendo un poco de humor. Lo estamos necesitando.
Página 12: «El macrismo deja sin luz a todo el país»
La Nación: «A causa de 70 años de peronismo, el país se queda sin luz»
C5N: «Toda la Argentina sin luz y Mauricio Macri sigue de vacaciones«
Clarín: «La Cámpora habría atacado una central eléctrica para retrasar el juicio a Cristina»
Crónica: «Faltan 100 días para la primavera»
Infobae: «Los mejores memes del apagón»
El Gourmet: «Ideas para una cena a la luz de las velas»
Cosmopolitan: «Tips para maquillarte de memoria»
Olé: «Scaloni tiene menos luces que Argentina»
TN: «Vivir sin electricidad hace bien a la salud»
El Trece: «¿Se puede cargar un celular con una papa?»
La tasa de desocupación subió en un año del 9,1 al 10,1% según los datos del INDEC. Este porcentaje significa que en la población urbana -la que se encuesta- hay 1.920.000 desocupados, 220.000 más que un año atrás. Si se incluye la población rural, el desempleo golpea a más de 2 millones de personas.
También aumentó la subocupación pasó del 9,8 al 11,8%. Suman así 2.250.000 personas que trabajan menos de 35 horas semanales, aunque están dispuestos a trabajar más. Son 420.000 más que un año atrás.
Para tener claro este índice, hay que tomar en cuenta que el INDEC considera desocupado a quien no tiene trabajo y lo busca. Si no lo está buscando, no se lo incluye en esta estadística.
Hace sólo un día publicamos una nota sobre el problema de la desocupación en los jóvenes. Todavía no contábamos con estas cifras, pero ya sabíamos que el desempleo juvenil es todavía más alto.
Los medios que acostumbran a publicar las pérdidas de horas y de producción provocadas por los días de para deberían -deberíamos- ayudar a tener claro las pérdidas que el desempleo está causando, todos los días, todas las semanas.
La desocupación es el problema económico y humano que enfrenta la Argentina, que enfrenta cualquier sociedad. Nada hay más grave, en tiempos de paz, que éste.
Nadie está corriendo riesgos en Atucha II. Y no habría cómo, además. Pero vamos a los papeles: circula por la web una denuncia del portal alemán Telépolis (hay una excelente traducción aquí). Su título: “Argentina: maniobra arriesgada en central nuclear”. El supuesto riesgo, aclara el texto, se está tomando con Atucha II. Es un macanazo y la lectura de la traducción evidencia dos cosas:
Telépolis tiene, como todo el periodismo ecologista alemán, algún conocimiento básico de la tecnología nuclear. Asunto que merece nuestro elogio.
También es obvio que en Telépolis no tienen maldita la idea de la ingeniería usada, o de la situación específica de Atucha II.
No se trata de detalles. Lo que Telépolis llama “maniobra arriesgada” y los portales locales retitulan como se les da la gana, es haber devuelto la central a operar a una potencia de 250 MW, un 40% de la nominal tras salir del “Apagonazo” del domingo 16.
Chocolate por la noticia, colegas alemanes: 250 “mega” la potencia máxima operativa de Atucha II desde hace meses, debido a la rotura de una bomba del circuito primario. Seguirá así, por disposición de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), mientras no se terminen de filtrar del mismo, con grandes coladores con forma de elemento combustible e interior de malla muy fina, los residuos metálicos que dejó este desperfecto.
Es previsible que una vez que los filtros hayan hecho su trabajo, el primario de Atucha II todavía tenga algo del detritus de esas microvirutas de acero, ya erosionadas a polvillo más fino que las limaduras, y más difícil de remover. Habrá que estudiar en modelos físicos, es decir en el “loop” termohidráulico del Centro Atómico Ezeiza, cómo quitar ese contaminante. O en plan B, estudiar –bajo la mirada poco piadosa de la ARN- cuánta pérdida de vida útil le causará eso a las bombas que impulsan el tremendo torrente de agua pesada del circuito de refrigeración. Las bombas fueron diseñadas para durar 30 años de operación continua, pero si no se eliminan las limaduras, probablemente haya que sustituirlas antes de tiempo por desgaste precoz de los álabes. La cuestión es que eso es más un tema de disponibilidad de la central que de seguridad.
Telépolis se angustia, sin embargo. Supone que Atucha II está llena de xenón 135 (Xe-135), un producto de decaimiento del iodo 135 (I-135) que a su vez es un producto de fisión del uranio 235. Y se equivoca: el inventario de Xe-135 generado por la parada de Atucha II fue bastante pequeño, dado que el núcleo de la central venía funcionando al 40% de su potencia. De modo que tras su parada por desconexión, al volverla a arrancar e ir subiendo despacito de potencia, el Xe-135 va eliminándose por bombardeo de neutrones.
No ha sido lo mismo con las otras dos plantas nucleares criollas, Atucha I y Embalse. Cuando el Apagonazo, venían funcionando a potencia nominal (es decir al 100%). Todavía están en maniobras de arranque para ir quemando el Xe-135. Atucha II, en cambio, hoy entrega 250 MW y todavía está algo debajo del 40% de su potencia nominal. Es el techo que la ARN le permite hoy. Sí, una suerte que no es verano y que el Secretario de Energía, el contador Gustavo Lopetegui, todavía no está desesperado por la demanda de millones de acondicionadores de aire.
Lo que sabe Telépolis sobre Xe-135 probablemente lo acaba de aprender de la serie “Chernobyl”, de HBO, pero lo que entiende de la ingeniería de Atucha II cabe en el reverso de una estampilla y sobra lugar. Una vergüenza, dado que la central es de diseño alemán, una KWU-SIEMENS. La verdad estadística es que todas las máquinas de esta marca, sean de uranio natural como las criollas o de uranio enriquecido como las que hay en suelo germánico o en España, son muy caras, los Rolls Royce de la núcleoelectricidad. Pero así también son de sólidas, y lo demuestra su foja accidentológica.
Que para un periodista alemán hoy la única central nuclear buena sea una clausurada y a espera de desguace, eso para AgendAR es un problema cultural y político de ese país, probablemente transitorio. La desnuclearización a paso de carga de Alemania la transformó en el mayor emisor de carbono de la Unión Europea, por la vuelta a la explotación de carbón propio amén del que importan a manos llenas de Polonia.
Cuando a los mandamases de los países más inundables por eventos ligados al cambio climático respondan con tarifas aduaneras a los grandes contaminadores globales, ahí te quiero ver. Para ponerlo en concreto, según el Banco Mundial, un inmueble inundado 3 veces pierde el 100% de su valor. Terrible para la BMW y la Mercedes, si se inundan Mumbai, Shangai y Londres, donde los ricos aman esas marcas, pero más sus casas y sus ciudades. El que viva, lo verá.
No deje que un físico maneje el diccionario
Heavy water, (deuterium oxide), & water ice cubes.
El
hielo no logra flotar en agua pesada y se va al fondo. Es cara pero tiene
algunas ventajas.
El agua pesada en el circuito primario de nuestras centrales cumple un doble rol: refrigera el núcleo, pero por otra parte posibilita la reacción nuclear. Como el uranio natural es un combustible “pobre” y de baja reactividad, el agua pesada le baja la velocidad a los tres neutrones que en promedio genera la fisión espontánea de un átomo de uranio 235. De este modo, los retiene dentro dentro del núcleo y así logra que haya suficientes como para impactar otros átomos de uranio 235 vecinos, y desatar la famosa reacción en cadena de fisiones.
Si Ud. sustituyera por agua común el agua pesada de nuestras tres centrales, éstas se apagarían de inmediato. Los físicos, bastante alejados del lenguaje intuitivo común, a este rol del agua pesada lo llaman “moderador”, cuando en realidad lo que hace es acicatear la reacción nuclear. Consejo práctico: nunca deje que un físico nuclear le controle el diccionario.
Sin embargo, en un punto los tipos tienen razón. Si por algún evento accidental el agua pesada se recalentara por encima de su temperatura óptima (185º Celsius), dejaría de ralentar los neutrones, estos se “piantarían a la bartola” en lugar de actuar sobre el combustible y la central se iría apagando lentamente.
Ojo, no es una teoría de libro ni un modelo computacional, es otro de los varios sistemas de seguridad pasiva diseñados ad-hoc, en este caso exclusivo de las centrales PHWR, es decir de uranio natural. Cuando se rompió un canal refrigerante en Atucha I en 1988, el moderador se calentó, dejó de moderar y eso fue lo que dio la primera alarma: la central empezó a perder potencia hasta apagarse sola.
Grave problema para la red eléctrica, sumida en apagones a repetición para perplejidad del entonces Secretario de Energía, Jorge Lapeña. Pero de seguridad en la central, todo bien. Aunque en la CNEA los partidarios de la tecnología nuclear alemana estaban a las puteadas: como país, empezábamos a pagar los costos ocultos en la compra de un prototipo. Efectivamente, cuando KWU nos vendió Atucha I sabía bocha de centrales de uranio enriquecido, pero su experiencia con uranio natural y agua pesada no pasaba de la operación de un reactorcito experimental, el MZFR, de 57 MW. Atucha I fue un rediseño «ad hoc» de sus grandes centrales a uranio enriquecido. KWU sólo logró venderlo aquí y a precio de regalo. La CNEA estaba entonces más interesada en la tecnología canadiense CANDU, que es un diseño específico «desde cero» para uranio natural y no una readaptación. Y había dos bandos: los que querían negociar con Canadá, y los que preferían lisa y llanamente hacer una CANDU 100% nacional. De ahí el precio de regalo.Era
¿Cómo terminó la historia de la ruptura de Atucha I? KWU-SIEMENS, generosa, ofreció reparar la central por U$ 200 millones (equivalentes a U$ 430 millones de hoy), parándola 2 años. Era un tercio del precio de una central equivalente nueva, es decir, un robo. La Dra. Emma Pérez Ferreira, a la sazón presidenta de la CNEA, prefirió el “compre nacional”, juntó a INVAP con Techint para diseñar herramientas hasta entonces desconocidas, y reparó a nuevo la planta por US 17 millones, el 8,5% de lo que pedían los alemanes.
Fue el momento en que la CNEA se dio cuenta de que ya entendía más de este tipo de centrales, a fuerza de cliente viejo y entrometido en cada detalle, que su propio fabricante. Una revelación. La SIEMENS contraatacó con todo su equipo de comunicación, preanunciando desastres bíblicos. Pero el trabajo se hizo bajo supervisión de los expertos en seguridad operativa y radiológica del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de las Naciones Unidas, que, terminado el mismo, felicitó a la Argentina.
Jorge Lanata no hizo lo mismo: el titular de Página 12, aquel día, fue “La arreglamos con un alambre”. Causó pánico internacional. El gabinete uruguayo empezó a sesionar secretamente en Paysandú, lo más lejos posible de Atucha I, “ese Chernobyl criollo”.Algún periodismo es aficionado a las catástrofes: el miedo vende bien, y después se olvida.
Volvemos a Atucha II y al año 2019. Telépolis se espanta germánicamente: ¿cómo puede ser que Atucha II esté ya trabajando al 40% de potencia, cuando Atucha I y Embalse siguen paradas? Justamente, porque ya está terminando de quemar lo que quedaba de xenón 135 (Xe-135). Como este radioisótopo absorbe neutrones, tiende al apagado de las centrales, asunto por el cual los radioquímicos (cero en relaciones públicas, estos muchachos) lo llaman “un veneno neutrónico”. Sí, veneno, tal cual. Saben de neutrónica, pero los quisiera lejos del diccionario.
Gracias a la serie de HBO, el público sabe que el RBMK de Chernobyl era inestable por diseño y lamentable por sistemas de seguridad. También sabe que los jefazos soviéticos sabían esto. Los argentinos que están en energía nuclear sabíamos ya desde los ’70, cuando se empezaron a construir los 16 RBMK, que ese diseño era como un camión doble acoplado sin frenos. Para el caso, los tipos tenían una central mucho mejor, la VVER-440, muy parecida a la flota de 220 plantas de uranio enriquecido y agua liviana de 2da. generación de las firmas y gobiernos occidentales. Pero claro, era una inversión inicial mucho mayor.
Si nos vamos a costos, en 1986 un RBMK salía U$ 200 por kilovatio instalado, y nuestra humilde Atucha I, U$ 1.800, y el 50% del costo de la centralita criolla estaba invertido en sistemas activos y pasivos de seguridad.
Lo insólito del desastre de Chernobyl es que sucedió en el curso de un experimento de seguridad sencillamente estúpido, que no puede autorizarse jamás en un aparato poco controlable y de gran módulo. Tal como se ve en la serie, el RBMK, de 1000 MW de potencia y envenenado de Xenón-135, se cayó incontrolablemente desde un 50% de su potencia nominal a casi el 1% de la de diseño y luego “rebotó” en milésimas de segundo a más del 1000%. En esa salvaje “rampa de potencia” voló el núcleo del reactor, el edificio, la irrupción de aire dentro de los internos de la central generó un incendio del moderador (grafito) que desparramó humos llenos de productos de fisión por buena parte de Europa, etc. ¿Y por qué la rampa? Porque el grafito recalentado estimula la reactividad, a diferencia del agua pesada, que al recalentarse, la baja.
El RBMK era un doble acoplado sin frenos, y dentro del verticalismo sin escape del sistema político soviético, quedó un día en manos del equivalente de un conductor borracho. Alcanzó.
La pesada factura del agua pesada
La
mayor planta de agua pesada en el mundo es argentina, está en Arroyito,
Neuquén, el gobierno la cerró y quiere chatarrearla.
Cuando a los expertos nucleares ingleses se les pregunta cómo se apaga un incendio de grafito (tuvieron uno en un reactorcito plutonígeno militar en Windscale, Escocia, en 1957), contestan, parcos: “Cuando se termina de quemar el grafito”. Qué hacía el grafito en Windscale, o en Chernobyl: actuaba de moderador.
Desde Windscale que el ese material está desacreditado en reactores, y ni hablemos de usarlo en grandes centrales nucleoeléctricas, de mucha mayor potencia térmica. Pero los soviéticos lo usaron igual en 16 plantas RBMK gigantes: tenían el país más grande del mundo y uno de los más boreales, fríos y oscuros, necesitaban mucha electricidad y vapor pero también exportar casi todo su petróleo para conseguir dólares. Y el grafito sale barato.
Aquí, en todas nuestras centrales, para el mismo rol (moderar) preferimos el agua pesada: cuesta entre U$ 600.000 y U$ 800.000 la tonelada y constituye hasta el 20% de la inversión inicial de la central, pero a) da estabilidad en cualquier escenario de funcionamiento, b) literalmente la vacuna contra las “rampas de potencia”, y c) no se quema ni desata incendios incontrolables.
Colegas alemanes (y también compatriotas): aquí sobre la seguridad nuclear manda la ARN, no la Secretaría de Energía. La autoridad misma del Presidente de La Nación está limitada por lo que sepa de tecnología nuclear, o lo que sepan sus allegados. En el caso del ingeniero Mauricio Macri, estamos en el horno: el Secretario de Energía es un contador, y el Subsecretario de Energía nuclear, un sociólogo. Pero la ARN es experta y depende directamente de presidencia.
Y por su nivel técnico y seriedad, con la gente de licenciamiento aquí no se embroma. En 1987 un ignoto regulador del CALIN (Comité de Licenciamiento Nuclear), órgano entonces interno de la CNEA, le tiró el caballo encima a todo el tótem de funcionarios sobre su cabeza, incluídos el presidente de la entidad, ing. Alberto Costantini y el de la Nación, Raúl Alfonsín, y ganó. Sucedió cuando el radioquímico Dr. Rodolfo Touzet denunció la omisión de un par de paradas de mantenimiento de Atucha I por falta de repuestos. La Secretaría de Energía, dirigida (para variar) por petroleros que no quieren un mango puesto en nuclear, la necesitaba desesperadamente en línea, dados los apagones continuos por el estado lamentable de las centrales térmicas (sí, los petroleros pueden ser contradictorios).
Touzet, que estaba en el CALIN (Comisión de Licenciamiento) de la CNEA saltó por encima de todos los niveles de autoridad del estado, se quejó a los medios y ganó. La máquina volvió brevemente a su rutina de mantenimientos y buen servicio hasta que inesperadamente se rompió por un problema oculto de diseño, pero de eso ya hablamos. Touzet, que estuvo unos días en tapa de los diarios, siguió en funciones: jubilado hace mucho, ya cumple 58 años trabajando en seguridad radiológica, sin parar. No recibió medallas, no le gusta la notoriedad, no se le harán series en HBO, es un emérito “ad honorem” y también nuestro Valery Legasov, sin siquiera haber tenido que suicidarse.
Colegas alemanes, aquí todo es menos dramático. Telépolis se espanta porque la central de Embalse fue relicenciada para 30 años más de vida operativa, pero es la tercera CANDU en hacer lo mismo. Y serán muchas más. Hay 47 de estas centrales de diseño canadiense en 7 países del mundo operando desde los ’70. Jamás tuvieron un accidente mayor que dos derrames de agua pesada dentro del edificio de la central, en Canadá. Cuestan un 40% menos en inversión inicial. Mejor no me pregunten si prefiero CANDU o SIEMENS.
Telépolis se alarma porque Atucha II volvió al 40% de potencia, pero evidentemente no sabe de su breve historia operativa ni entiende siquiera su tecnología. La máquina no está moderada por grafito y en jerga de físicos, «tiene coeficiente de vacío negativo”. En castellano, si se sale de parámetros prefijados de temperatura, presión y radioquímica, se apaga en lugar de estallar. Cuantimás, hay una larga lista de chequeos que debe aprobar no sólo la ARN, el jefe de central sino la computadora –imposible de baipasear- para ponerla nuevamente en línea. Si este protocolo no se completara al 100%, la máquina seguiría “enclavada”, con las barras de control caladas a fondo. No arranca, punto.
Nadie está haciendo idioteces en Atucha II, y además no hay cómo. O es endiabladamente difícil.
Y si quieren darnos lecciones de moral antiatómica, ahora que se autofelicitan germánicamente por estar cerrando sus 18 excelentes centrales y emitir carbono como nadie en Europa, ¿por qué además viven comprándole electricidad nuclear a Francia?
Los precios mayoristas se aceleraron en mayo pasado un 4,9% en relación a abril, con una fuerte suba en el caso de los Productos Primarios, impulsados por el petróleo crudo y gas (+11%), indicó ayer martes el INDEC. En los primeros cinco meses de 2019, los precios mayoristas acumularon una suba del 18,8% y en 12 meses del 68,5%.
El alza de mayo fue la más alta del año, y con los aumentos de meses anteriores -el 3,4% de febrero, el 4,1% de marzo y el 4,6% de abril- mostró una tendencia ascendente después del 0,6% que había registrado en enero último.
Los precios mayoristas se van trasladando gradualmente a los minoristas, por lo que la diferencia de once puntos porcentuales con respecto al 57,3% que registra el Índice de Precios al Consumidor (IPC), seguiría impactando en el alza del costo de vida de los próximos meses. La demora en el traslado a los precios minoristas se atribuye a la caída del consumo.
Es clave tener en cuenta que este nivel inflacionario se da en un momento en que los índices financieros dan señales favorables: las acciones suben en la bolsa local, el riesgo país, todavía muy alto, disminuye, y, sobre todo, el precio del dólar se mantiene estable. Pero si los precios de todos los demás bienes aumentan, se forma un desequlibrio que provoca la próxima explosión.
Para acceder al informe del Índice de precios al consumidor (IPC) de mayo 2019, cliquear aquí.
El Banco Central de Brasil mantuvo ayer miércoles, en una decisión unánime y por décima vez consecutiva, la tasa básica de interés en el 6,5 %, su menor nivel histórico y un porcentaje que era previsto por el mercado financiero. Nuestro BCRA, ayer la bajó nuevamente a… 65,441%. Diez veces más.
Para su decisión, el Comité de Política Monetaria (Copom) del emisor brasileño señaló que tuvo en cuenta «los indicadores recientes de la actividad económica» del país, que apuntaron una «interrupción del proceso de recuperación de la economía» del gigante suramericano en los últimos trimestres.
El único comentario que podemos hacer aquí es que, como Jair Bolsonaro no es más keynesiano que Mauricio Macri, y su ministro de Economía, Paulo Guedes, es un neoliberal mucho más consistente que el equipo que hemos tenido aquí los últimos años, la explicación es que los empresarios brasileños son menos… tímidos que los nuestros.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) anunció a través de su cuenta de Twitter que cuenta «con una nueva herramienta para proteger la salud pública. Ahora los productos veterinarios y fitosanitarios no se podrán comercializar en canales no autorizados, como MercadoLibre. Para eso firmamos un convenio de colaboración”.
El objetivo es evitar las ventas de medicamentos para animales y agroquímicos a través de plataformas de e-commerce.
“El hecho que los productos veterinarios o fitosanitarios se vendieran en este tipo de plataforma, representaba un incumplimiento de los requisitos de venta bajo receta o asesoramiento profesional”, explicó el director de Productos Veterinarios del Senasa, Federico Luna.
“El hecho de que los productos veterinarios o fitosanitarios se vendieran en este tipo de plataforma, representaba un incumplimiento de los requisitos de venta bajo receta o asesoramiento profesional”, explicó el director de Productos Veterinarios del #Senasa, Federico Luna. t.co/QdH7JbOZXA
Están pasando cosas en la comunidad científica argentina. Como que el Directorio del CONICET se pronuncie ante la situación salarial del personal del organismo cuyos salarios en muchos casos están por debajo de la línea de pobreza determinada por el INDEC.
Buenos Aires, 19 de junio de 2019
«El Directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) por unanimidad decidió ratificar su acompañamiento a los reclamos en materia de mejoras salariales y de condiciones de trabajo que se plantean en cada uno de los estamentos del organismo y de la comunidad científica y tecnológica. Numerosos salarios, incluso, están por debajo de la línea de pobreza determinada por el INDEC. Esta situación se refleja también en los estipendios asignados a la planta de becarias y becarios del organismo, en todas sus modalidades.
La recuperación de salarios y estipendios dignos y acordes a las tareas del personal del organismo, trabajadores o becarios, como así también el pase a planta permanente de trabajadores que llevan muchos años desempeñándose bajo la figura de contratos, es un problema que requiere una solución definitiva.
Deseamos también agregar que nos comprometemos a realizar gestiones tendientes a revertir esta situación, en particular para tener finalmente un escalafón propio y un convenio colectivo específico, como sucede, por ejemplo, con los trabajadores docentes y no docentes de las universidades nacionales y de otros organismos de ciencia y técnica.»
El desempleo afecta más a los jóvenes argentinos que a los adultos. Según datos del INDEC, casi dos de diez jóvenes están desempleados (19,3%), frente al 7,4% de la población en general(Hasta ahora. Hoy miércoles 19 sabremos el nuevo índice de desocupación. Y se advierte que a fin de año puede llegar al 12%, el peor registro desde 2005). Así, la tasa de desempleo en los jóvenes más que duplica a la de la población adulta en general y viene ampliándose desde 2004. La Argentina es el país con mayor desempleo juvenil de la región.
Por otra parte, el desempleo afecta más a los jóvenes que más necesitan trabajar: los provenientes de hogares de menores ingresos. Mientras el 26% de los jóvenes del quintil más bajo de ingreso está desempleado, solo el 9% de los jóvenes del quintil más alto está en esa situación. El género es otro predictor de vulnerabilidad laboral: el 25% de las mujeres jóvenes están desempleadas frente al 15,4% de los varones.
A esto se suma la incidencia de la informalidad. En la Argentina el 34% de los trabajadores está en situación de informalidad, pero si se consideran solamente los trabajadores jóvenes, ese porcentaje asciende al 60%, es decir que seis de cada diez jóvenes que trabajan lo hacen de forma precaria.
Entonces, más allá del desempleo, entre los jóvenes, otro problema tanto o más serio es la informalidad, que se traduce en que a menudo ganan el salario mínimo o menos, trabajan por jornadas extendidas, en situaciones insalubres y sin protección social (sin vacaciones pagas, licencias por estudio, por maternidad o paternidad en caso de tener un hijo, ni aportes jubilatorios). Esto tiene consecuencias graves para el futuro de los jóvenes. La informalidad del primer empleo es un predictor importante de trayectorias de exclusión: impacta negativamente sobre los ingresos futuros, sobre la probabilidad de tener un trabajo decente y de acceder a la jubilación.
Un gran desafío pendiente de diferentes administraciones y niveles de gobierno es superar la alta incidencia de la informalidad en el mercado de trabajo, que afecta especialmente a las mujeres y a las personas provenientes de hogares de menores ingresos.
Además, los jóvenes enfrentan una gran disparidad entre lo que la demanda de trabajo les exige y lo que les ofrece. Se les pide conocimientos técnicos y capacidades cognitivas, sociales y emocionales mucho mayores que los requeridos para el puesto, pero simultáneamente no se les ofrece protección social ni condiciones decentes.
La acumulación de capital humano empieza en la primera infancia. Hay que tomar medidas que permitan que las familias pasen tiempo con sus hijos y políticas de conciliación entre días laborales y familiares, políticas de trasferencia de ingreso que permitan el desarrollo integral y facilitar el acceso a servicios de calidad con el objetivo de garantizar sus derechos y de fortalecer sus capacidades para que a futuro puedan sostener a una población que ya no gozará del llamado bono demográfico, los beneficios de que la población en edad de trabajar sea mayor que la dependiente (chicos y adultos mayores) y en consecuencia, el potencial productivo de la economía sea superior.
Actualmente, la proporción de personas en edad de trabajar en la Argentina es mayor que la de personas dependientes. Sin embargo, en 25 años esa relación se va a invertir. Por lo tanto, hay que apostar servicios de educación (en todos los niveles y con un mayor grado de articulación con el entorno laboral) para facilitar el acceso de los jóvenes al mercado de trabajo. También es necesario fortalecer las políticas para la primera infancia para que los chicos de hoy puedan tomar la posta y trabajar productivamente para mantener la sociedad futura.
Por los reiterados incrementos de las cuotas -entre cuatro y cinco ajustes anuales-, la disminución del poder adquisitivo de la población y la menor cantidad de afiliaciones por la vía de obras sociales -debido a la caída del empleo- se sigue achicando el padrón de los afiliados a los servicios de medicina privada.
Datos de la Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires marcan que en 2018 sólo el 10% de la población porteña declaró contar con un plan de medicina prepaga por contratación voluntaria. Y otro 18% respondió que tiene la cobertura prepaga por la derivación de aportes a través de una Obra social. En total el 28%.
En 2016, los afiliados voluntarios sumaban el 12,7% y derivaban sus aportes otro 19,9%. En total el 32,6%. Es una caída de 4,6 puntos en solo 2 años y representan 140.000 beneficiarios menos sólo en CABA. Si esta caída se proyecta a todo el país según la distribución nacional del padrón el sistema tendría 1,2 millón de beneficiarios menos. En lo que va de este estas desafiliaciones se acentuaron por el mayor deterioro de los ingresos de la población.
El grueso de la población porteña —el 46,1 %— tiene cobertura a través de las obras sociales que aumentaron el padrón por la vuelta de los que derivaban sus aportes a las prepagas. Se atienden exclusivamente en hospitales públicos el 18,6% y el resto en mutuales o servicios de emergencias.
En promedio, el costo de los planes de las prepagas es de entre $ 6.000 y $ 7.500 mensuales para una persona de edad mediana, y es mucho más alto para los adultos mayores. Un matrimonio joven con dos hijos menores, por un plan sin reintegros, paga alrededor de $ 13.000 por mes. Y los planes familiares mayores superan ese importe.
Desde julio, el costo de esos planes vuelve a subir un 17,5% en 3 tramos mensuales. El primer aumento, del 5,5%, regirá a partir del 1 de julio. Otro 6% se sumará desde el 1 de agosto y el tercero, también del 6%, regirá a partir del 1 de septiembre.
La semana pasada, se dio el primer paso para que las prepagas puedan dar coberturas parciales de cobertura ambulatoria o de internación. Esto significa ofrecer planes más baratos, que no garantizan el 100% de la atención médica sino coberturas limitadas. Quienes acepten esos planes deberán cubran el resto a través del hospital público.
Los planes parciales de cobertura ambulatoria incluyen: Consultas Médicas, Medicamentos, Estudios y Prácticas de Baja Complejidad y Estudios y Prácticas de Alta Complejidad. En tanto, los parciales de internación incluyen Emergencias Médicas en domicilio y Guardia, Internación Clínica y Quirúrgica y Medicamentos en Internación.
Esta situación, que no parece ser de coyuntura por los costos cada vez más altos de la salud, prevsenta un desafío y una oportunidad a las obras sociales ¿Pero están dispuestas a asumirlo? Varias de ellas, las más prósperas, prefieren conservar, no aumentar, su limitado universo de afiliados.