El gobierno aprobó el primer evento biotecnológico chino para la soja

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Se trata de un cultivo tolerante a herbicidas desarrollado en China, en el marco de la asociación con una empresa argentina. La resolución 17/2019 de la Secretaría de Agroindustria oficializa la aprobación del nuevo evento biotecnológico para el cultivo de soja tolerante a herbicidas desarrollado por la empresa Beijing Dabei Nong Biotechnology (DBN), cuyo pedido de autorización fue presentado por Bioceres/Indear.

Ambas firmas han establecido un joint venture para combinar tecnologías de tolerancia a sequía (aportado por INDEAR), y de tolerancia a herbicidas y protección contra plagas (aportado por DBN), con el objetivo de obtener una variedad de soja que combine todas estas características. Es la primera vez que otro país autoriza comercialmente un producto en cuyo desarrollo intervino la biotecnología china.

Esta variedad, además de la resistencia al glifosato, también incorpora al glufosinato de amonio, lo que brinda otra alternativa ante la creciente problemática de malezas resistentes en la Argentina.

El secretario de Agroindustria, Etchevehere destacó “la cooperación alcanzada con China para el desarrollo en biotecnología y bioseguridad. Los gobiernos de Argentina y China mantienen un Grupo Bilateral de diálogo técnico en Biotecnología y Bioseguridad, donde se realiza un seguimiento especial de esta colaboración única en su tipo”. Señaló que “esto permite concretar autorizaciones y lanzamientos comerciales, para lograr que las tecnologías lleguen más pronto al productor, evitando complicaciones comerciales».

Los argentinos más ricos: Rocca, Bulgheroni y Roemmers

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Leyendo la edición 2019 del célebre ranking de la revista Forbes, se puede observar que la crisis cambiaria del año pasado impactó fuerte en el patrimonio de los empresarios argentinos más ricos, como se había quejado uno de ellos. Varios hasta directamente desaparecieron de la lista. Por supuesto, esa crisis también perjudicó más aún, en proporción, a la mayoría de los argentinos. Pero ellos no figuran en la lista de Forbes.

De todos modos, la curiosidad es humana. Y repasamos: Paolo Rocca, dueño del holding Techint, alcanzó los u$s 4.100 millones. El empresario italo argentino se ubica en el puesto 478 de los más ricos globales.

Alejandro Bulgheroni y familia vuelven a ocupar el segundo puesto local del ranking de Forbes. En esta edición, pasó a tener u$s 3.100 millones. El empresario del grupo Bridas ocupa el puesto 715, en el listado global. Participa de Pan American Energy, que es a su vez accionista de Axion. Junto con su hermano fallecido en 2016, vendieron el 50% de su participación en Bridas a la empresa china CNOOC en 2011.

El tercer argentino más rico es Alberto Roemmers, ubicado en el puesto 745 a nivel mundial. Alcanzó los u$s 3.000 millones. El dueño del laboratorio Bagó ocupa entonces el podio de los tres más ricos en el país.

El puesto del cuarto argentino más rico lo comparten tres empresarios. Uno de ellos es Eduardo Eurnekian, presidente de Corporación América, que se ubica en el puesto 1425, bastante lejos de Roemmers. Su fortuna asciende a u$s 1.600 M.

En el mismo escalón está Marcos Galperin, fundador y CEO de Mercado Libre, cuyo patrimonio asciende a u$s 1.600 millones. Sin embargo, aclaran que en los últimos días las acciones de su compañía subieron de valor y ahora sumarían u$s 2.100 millones. Pero el ránking mundial, cerró antes de esta buena noticia.

Gregorio Pérez Companc es el empresario que cierra el bloque de ejecutivos argentinos en Forbes 2019. Con Molinos y con su incursión en el negocio petrolero, a través de la venta de servicios, pasó a tener u$s 1.600. También ubicado en el lugar 1425 el ranking mundial. Sólo esos seis empresarios pudieron sostenerse en ese ranking.

Pero si bien no figuran en el listado internacional, hay varios empresarios argentinos que integran el selecto club de los multimillonarios en dólares. Entre ellos: el desarrollador de condominios de Miami, Jorge Pérez, también con oficinas en la Argentina. La familia Werthein. Edith Rodríguez, la viuda del ingeniero Luis Alberto Rey, dueña junto a sus tres hijos del 70% del paquete accionario de Pluspetrol. También forman parte Hugo Sigman y Silvia Gold; Javier Madanes Quintanilla; Jorge Horacio Brito; Federico Braun y familia; Enrique Eskenazi y familia, y los Urquía. Y aunque se quejó que ya no tiene tanto como antes, Eduardo Costantini, también integra el grupo.

De todos modos, resulta evidente que la economía argentina no permite alcanzar las cimas globales de la riqueza. Para mostrarlo, tenemos el caso de Scrooge McDuck, el pato más rico del mundo.

La Justicia prueba nuevos métodos para obligar a la manutención familiar

Un cordobés, cuya identidad no fue dada a conocer, iba a viajar a Nueva York con su mujer y dos de sus hijas, pero la Justicia se lo impidió porque debía un año y medio de alimentos de su hija mayor, de otro matrimonio. Llegaron al aeropuerto, presentaron los documentos en el mostrador de check in de la aerolínea, pasaron al área de Migraciones y, cuando iban a abordar el avión, se lo impidieron agentea de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, por la abultada deuda por alimentos que mantenía con su primera hija.

Finalmente, tras ponerse al dia, pudo viajar a USA, seis días después. Durante años el hombre no había abonado alimentos para la manutención de su hija mayor: hasta agosto, tenía una deuda acumulada de 195.000 pesos, según informó La Voz del Interior.

La abogada de la ex esposa, la Dra. Diana Mezzano, había pedido a la Justicia de familia que lo incluyera en el registro de deudores alimentarios y le prohibiera salir del país. Según explicó la abogada Mezzano el hombre no tiene haberes en blanco ni bienes a su nombre, salvo un auto BMW que le pudo embargar hace un año, pero que no puede ser ubicado.

El hombre se presentó en los Tribunales, y desde el Juzgado de Familia le exigieron que mostrara voluntad de pago a futuro. Terminó ofreciendo el pago total de su deuda y abonar 12 meses por adelantado, para lo que puso como fiadora a su abogada.

Esto se enmarca en la búsqueda de la Justicia por aplicar nuevos castigos para los que deben cuotas alimentarias.

OTRAS OPCIONES

En los últimos tiempos, la Justicia está empezando a aplicar enfoques «creativos» para lograr que los padres cumplan con sus obligaciones de alimentos. También en Córdoba, un juez le impidió a un hombre ir a bailes de cuarteto y a partidos de fútbol del club Talleres. Y en provincia de Buenos Aires, otro fallo judicial contra un hombre que debía 800.000 pesos de alimentos le impidió ingresar al San Isidro Club.

En Mendoza, a un abogado lo obligaron a dar charlas a un centro penal juvenil en concepto de trabajo comunitario. En Rawson, un juez ordenó que si el padre mantenía su negativa a pagar alimentos le suspendería la frecuencia radial de la cual era dueño o cerrarle la cerrajería. En Cipolletti, ordenaron ser privado de la libertad durante los fines de semana.

«Son algunas medidas adoptadas en el marco o fundadas en ese artículo 553 que es amplio y flexible a propósito, porque se debe tener en cuenta las costumbres, hobbies, molestias o restricciones que puedan tener efectos y lograr el cumplimiento de la obligación alimentaria según la realidad de cada persona», afirma la abogada Marisa Herrera, especialista en Derecho de Familia.

«Argentina está a un paso del colapso económico (de nuevo)»

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AgendAR ha publicado críticas de la mayoría de las políticas económicas de la gestión Macri. Y el autor del tweet, el periodista Ismael Bermúdez, recopila con severidad los números que registran sus fracasos. Pero cuando el ex ministro Ricardo López Murphy y la revista Forbes se unen a las voces de alarma…

Síntomas de la crisis: se compran 100 mil remedios menos por día

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En 2018, las ventas de medicamentos experimentaron una caída del 5,1% frente a los registros del año anterior. Esa disminución se intensificó en los últimos meses del año pasado y continuó en enero. Estos datos de la consultora de salud IQVIA, difundidos por la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), son contundentes. Y generan preocupación entre los especialistas porque sugieren que muchas personas, en medio de dificultades económicas, se vieron obligadas a interrumpir o cumplir parcialmente con los tratamientos indicados por sus médicos.

En 2017 se vendieron unas 740,3 millones de unidades de medicamentos (envases, cajas, frascos); en 218 fueron 702,4 millones. Significa que en todo el país, las farmacias disminuyeron sus ventas en 37,9 millones de unidades a lo largo del año. Un promedio de 103.744 unidades menos por día o 4.323 menos por hora.

El consumo menor al año anterior se registra de manera ininterrumpida desde mayo, en coincidencia con el inicio de la crisis económica, pero se sintió con especial fuerza en el último cuatrimestre del año pasado, según las estadísticas de la COFA. Noviembre y diciembre fueron los peores meses, con descensos interanuales de 9,7% y 8,6%, respectivamente.

En el último mes del año, por ejemplo, la caída fue del 13% interanual en remedios de venta libre y del 7,1% en los de venta bajo receta. En noviembre, en tanto, los derrumbes habían sido del 16,1% para las drogas que no requieren prescripción médica y del 7,5% para las otras. En enero de 2019, en tanto, la retracción fue algo menor, pero también relevante: 5% en recetados y 8,7% en venta libre.

Según el informe de COFA, todos los grupos farmacológicos -a excepción de aquellos para los músculos esqueléticos- se vieron afectados. La presidenta de la Confederación, María Isabel Reinoso, indicó que las estadísticas son el resultado de una «depresión de las economías familiares, a raíz de los aumentos de tarifas y el desempleo». «Los pacientes acortan tratamientos crónicos, aunque en estas patologías la merma de consumo en unidades es menor que en otros segmentos».

Los medicamentos de venta libre, utilizados para dolencias menores, mostraron una caída mayor. Entre los productos más perjudicados se señala a los de sangre y órganos hematopoyéticos (los cuales comprenden a antitrombóticos, antianémicos, soluciones de perfusión, antihemorrágicos y medicamentos que disminuyen los lípidos).

Un informe reciente del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) señaló que, en el último año, el costo promedio de los 50 medicamentos principales para adultos mayores aumentaron un 53,24%. Y que entre 2015 y 2018, el precio global de los fármacos habría escalado un 235%. Algunos, hasta un 524%.

Adiós a los Jumbos

Nuestro amigo Daniel Arias, (a) «El Barón Rojo», cuenta aquí todo lo que se debe saber sobre los vuelos comerciales en vísperas de la 3° década del siglo. Aerolíneas, pilotos, agentes de turismo y pasajeros, presten atención:

¿Seguro que cabemos todos? Empleados de Emirates, primer y máximo cliente del Superjumbo de AIRBUS, como mojarritas rodeando a Moby Dick

El 21 de febrero, hace dos semanas, se hizo oficial: se deja de producir el gigantesco cuatrimotor Airbus 380, superior en todo al Boeing 747 «Jumbo» que quiso eliminar del mercado. Sin embargo, el contendiente europeo, cuyos primeros planos se trazaron en gran secreto en 1988, llegó 40 años tarde a esa lucha.

Hoy cuando una flota de Jumbos sale de servicio, si la aerolínea decide serle fiel a Boeing, su cuatrimotor es reemplazado por un bimotor 787 Dreamliner: fuselaje más estrecho, menos plazas y sólo dos turbinas. Pero el Dreamliner consume la mitad de combustible por milla/pasajero y sus motores tienen la mitad de propensión a fallas que los primeros “turbofanes” de los años ’70.

El tremendo A-380 logró vender apenas 234 unidades sobre 313 pedidos a lo largo de 13 años. El “break even” del negocio habría necesitado de 1200 entregas en 20 años, pero con un exiguo tope de fabricación de 4 aparatos por mes no había manera de llegar a esa meta. Peor aún, la curva de encargos estaba en picada terminal desde 2015.

El mundo le quedó chico al A-380. Dimensionado para entre 550 y 840 pasajeros en sus 2 cubiertas (corridas desde la cabina a la cola), con opcionales como habitaciones privadas, restaurantes, bares y hasta un casino a bordo, el Airbus 380 era un Titanic volador. Se lo pensó para el expansivo ciclo anterior al crack mundial de 2008. Y éste suponía la triplicación del tránsito aéreo para 2028.

Como con el Titanic, el plan no era que los ricos de business o de primera cerraran las cuentas, sino que dieran glamour. La rentabilidad dependía del sufrido mediopelo hacinado en filas de 10 butacas en clase turista, apretado como una sardina por los laterales y atrapado por el espaldar del asiento de adelante, cuyo ocupante inevitablemente lo reclina hasta clavártelo en el esternón. Fuselaje ancho es pasajero estrecho y maltrecho.

Las dos cubiertas suman casi 500 m2 habitables (es un decir). Tanta grandeza dimensional obliga a la liviandad. La sustitución de metales por plásticos reforzados con tres clases distintas de fibras (de carbono, de vidrio o de cuarzo) daban un A-380 hecho en un 53% de “composites”, apenas un 16% de aleación aluminio-litio, mucho titanio y techado de un nuevo material (el GLARE), un laminado de capas de aluminio y de fibra de vidrio, con solo unas pocas piezas de aleaciones de acero. Es más: el entramado de aluminio estaba pensado para redistribuir inofensivamente los impactos de rayos por toda la célula del avión, más como una jaula de Faraday que como soporte estructural. Y nada de remaches: todas las piezas plásticas, metálicas e híbridas estaban cosidas entre sí por láser.

Cada ala de A-380 era tan robusta que podía cargar 325 toneladas, pero resultaba a tal punto una cascarita hueca de plástico que, sin los motores y vaciada de sus 155.000 litros de combustible pesaba apenas 6,5 toneladas.

A su vez, cada uno de los 4 motores daba un 30% más de empuje que los de un Boeing Dreamliner. Los turbofanes del A-380 eran muy bocones, con un diámetro interno de 2,95 metros: a régimen de vuelo, engullían 1,5 toneladas de aire por segundo.

En realidad, de este “Superjumbo” (sobrenombre vengativo que le daba la prensa europea) no se debería escribir en pretérito: Emirates, el mayor cliente del A-380, se clavó 101 aviones. El jeque que firmó la compra tal vez hoy sea objeto de una “fatwah de emasculación”, pero los 234 A-380 entregados seguirán volando 30 o 40 años más, con sucesivas remotorizaciones, pases de manos y último “levántate y anda” en las “low cost” del Tercer Mundo. Ánimo, vecinos de El Palomar: no hay modo de que este Goliat entre en la pista.

En 2005, cuando el monstruo de marras –tras 17 laberínticos años de rediseños, renegociaciones y atrasos- por fin se presentó a la prensa, en la fiesta se juntaron para brindar los primeros ministros Tony Blair, Jacques Chirac, José Rodríguez Zapatero y Gerhard Schröder: representaban a los 4 países contratistas principales, aunque había aviopartes de toda Europa.

En 2007, tras más y mejores atrasos, por fin el avión debutó en un Singapur-Sydney sin escalas. En aquel momento sus 4 motores Rolls Royce Trent valían exactamente lo que entonces una tonelada de oro, 13 mil millones de euros. Pero con una fabricación geográficamente tan pan-europea para no ofender a ningún miembro comunitario, la logística de integración era una pesadilla, la fábrica de terminación y testeo en Toulouse, Francia, sólo lograba entregar 48 aviones/año y las acciones de EADS y Airbus habían bajado un 25%. El A-380 fue un experimento exitoso en materiales, y uno fracasado en economía.

Volaron pocos A-380, por ende, pero eso sí, no había ningún avión mayor en los cielos del mundo, salvo esos pocos transportes militares rusos y ucranianos Antonov 225. Y probablemente no volverá a haber, dado que son pocos los aeropuertos del mundo con pistas de 60 metros de ancho, como le impuso, aviesa, la Federal Aviation Authority (FAA) de los EEUU al nuevo competidor de Boeing (un Jumbo aterriza con pistas de 45 metros de ancho). Tampoco sobran aeropuertos capaces de desalojar las pistas paralelas de rodaje porque en la principal hay un A-380 carreteando, solitario, a lerdos 24 km/h hacia o desde una cabecera.

Con el fin prematuro del Superjumbo europeo Boeing se dará el gusto de poder liquidar su producción de Jumbos. Parece el fin del Cretáceo, cuando desaparecieron los dinosaurios… aunque es difícil hacer predicciones, especialmente acerca del futuro. Eso lo decía Niels Bohr, cuya experiencia en incomodidad como pasajero aéreo en 1941 superó la de la clase única en el cabotaje japonés. Sobre esto, volvemos al final.

¿Quién derribó semejante avión? Con Wall Street vendiendo alegremente hipotecas “subprime”, no hacían falta misiles antiaéreos. En 2008 el mercado aeronáutico implotó, y 10 años más tarde no logra retomar su vuelo anterior.

¿Cuántas turbinas se necesitan?E

El 787 Dreamliner, el avión medianito yanqui que mató al gigante europeo

El paradigma sentado por la FAA de los EEUU en los ’70 era que para cruzar océanos como el Atlántico o el Pacífico, 4 turbinas eran el mínimo, y 2 un número prohibido: no se podía esperar que un bimotor con una turbina “plantada” en medio del mar lograra renguear hasta algún aeródromo costero. Pero infinidad de Jumbos perdieron un motor y lograron llegar a pistas de alternativa.

En los ’70, lo que dijera la FAA era doctrina en el resto del planeta, y todavía hoy tiene su peso. En un mundo económicamente centrado ya no en el Atlántico Norte sino en Lejano Oriente, ninguna aerolínea intercontinental se compra una flota de operación prohibida o restringida en los EEUU. British Airways será tan británica como EADS, pero adquirió sólo 12 A-380.

La FAA y no la calidad del producto (indiscutible) fue la causa principal por la que el Jumbo 747 dominara totalmente los cielos del mundo durante medio siglo, en que hubo que ampliar las pistas de sus 30 metros promedio a los 45 que hoy son de práctica. Luego Boeing desarrolló bimotores de fuselaje ancho y largo alcance, y la FAA le concedió la merced de las “reglas ETOPS” (por Engines Turn or Passengers Swim) como las llamaron los pilotos, famosos por su humor negro (traducción: las turbinas giran o los pasajeros nadan). Pero cuando llegaron las ETOPS, el Jumbo ya había remodelado el mundo de modos asombrosos.

Aeroisla de Haneda, Japón. ¿Qué hace un cuatrimotor en una estación de cabotaje?

En 1995 en la aeroisla en la bahía de Tokyo que seguramente inspiró las últimas cruzadas de Álvaro Alsogaray, yo no lograba salir de mi asombro al ver que el Jumbo era el único avión elegido por la casi decena de líneas de cabotaje entre las distintas ciudades del archipiélago japonés, separadas entre sí por tramos de mar casi anecdóticos. Es que el flujo de pasajeros en Haneda era demasiado descomunal para pensar siquiera en otros aviones. Recuerdo haber contado, incrédulo, 10 Jumbos planeando uno detrás de otro en la recta final de aterrizaje, con el tren y los flaps ya desplegados, separados entre sí apenas lo suficiente en vertical y horizontal para no derribarse unos a otros con la turbulencia. Esos son pilotos.

Pensé que por mucho que pujara Airbus con sus entonces nuevos bimotores A-330 de fuselaje ancho, estos jamás podrían «empaquetar» a 600 japoneses como aquellos Jumbos reconfigurados a clase única. En plan de parecerse a los trenes urbanos de Tokyo, a aquellos Jumbos sólo faltaban esos ursos de guantes blancos que estrujan a los pasajeros para poder cerrar las puertas.

El cuatrimotor A-340 era una novedad reciente, pero los pilotos suelen ser conservadores (del propio pellejo) y odian bastante las novedades (no así las aerolíneas). El verbo “empaquetar” define el tamaño de los asientos y no el de los japoneses, cuya estatura promedio de posguerra supera 1,71 metros para los hombres.  

Pero el paradigma de la invencibilidad del Jumbo, incluso tan fuera de su ruedo intercontinental como en el cabotaje nipón, fue cambiando con la infinidad de mejoras que atravesaron las turbinas aéreas desde los ’70.

Las 4 del Jumbo en 1970 eran revolucionariamente «boconas», porque sus enormes compresores frontales derivaban apenas una décima parte del aire aspirado a la cámara de combustión: el resto del aire captado circulaba alrededor de la turbina, crudo, sin mezclarse con combustible ni entrar en reacciones de combustión. Ergo, este tipo de motores, los «turbofanes» («fan» significa «ventilador»), eyectaban gases de combustión muy calientes y veloces por sus toberas, como sus antecesores, los “turbojets”. Pero los gases quemados por un turbofan quedaban envueltos en un chorro perimetral de aire crudo, frío y más lento, simplemente ventilado hacia popa, que genera más del 80% del empuje motriz del avión.

Un típico turbojet de los ’60: el 100% del aire ingerido va a combustión.

Un turbofan de los ‘70, con una importante derivación lateral.

Un turbofan moderno, con prácticamente un 90% de derivación lateral.

Este arreglo HBR (High Bypass Ratio), o “de alta derivación lateral», mitiga la fricción pura y dura de los gases de escape contra la atmósfera, lo que disminuye simultáneamente el ruido y el consumo. Lo primero garantizó la aceptación social del avión en los aeropuertos rodeados de tejido urbano, lo segundo le gustaba a las aerolíneas. Si el Jumbo reinó 50 años en los vuelos transmarítimos fue por sus 4 turbofanes y la FAA, con un empuje aún mayor.

AIRBUS, el gigante emergente de la fusión de las varias industrias aeronáuticas nacionales cuando se constituyó la Unión Europea, llegó tarde y sin ganas a la competencia por los cuatrimotores, con su A-340. Pero tenía la ventaja de contar con una autoridad aeronáutica propia para todo el continente europeo, y estadísticas de seguridad suficientes como para legislar sus propias regulaciones ETOPS, que la FAA no impugnó porque ya tenía sus propios bimotores estadounidenses intercontinentales a defender. Tal vez la cantidad de estados miembro (28 a fecha de hoy) haya sido la única ventaja de tener un club de construcción aérea de tamaño continental, en lugar de una fábrica centralizada única en Seattle.

Obligado a dar pelea contra los Airbus 330 y 340, con su bimotor 767 Boeing pasó a la defensiva frente a la firma pan-europea, y con la aparición de otros competidores mundiales en cabotaje (Rusia, Brasil y China), no esperó a que el 767 se volviera plácidamente un hito o un clásico: en cuanto pudo lo reemplazó por el 787 Dreamliner.

De modo que estamos en la era ETOPS, y los dinosaurios van muriendo. Vistas las estadísticas, ya nadie discute la seguridad de volar sobre océanos con 2 turbinas, pero la crisis de 2008 y los «focus groups» de pasajeros convencieron a las aerolíneas de romper con el modelo vigente de vuelo con escalas (a veces muchas) impuesto por los «hubs», o aeropuertos principales, que conectan con el destino final del pasajero con «spokes», o radios, generalmente a través de aviones de cabotaje. Casos claros y graves: Miami, Kennedy, Dallas, Chicago, Heathrow, Barajas, Frankfurt, Narita y siguen las firmas.

Ese esquema «hub & spoke» duró desde la entrada en servicio del Comet-4 británico y el Boeing 707, a finales de los ’50. Pero los tiempos muertos de espera entre el primer y el segundo avión (y a veces, tercero), amén de los vuelos perdidos de interconexión por atraso del anterior son insufribles, y fundamentalmente, poco competitivos en la economía posterior a 2008. Máxime en plena furia de internet, cuando la agencia de turismo desapareció y los vuelos se compran desde casa, tras comparar muchas ofertas.

Hoy lo que vende es el vuelo «punto a punto» entre ciudades de tamaño grande a mediano, sin escalas. Por lo tanto, es mejor y más flexible una flota con más aviones aunque estos tengan menos asientos. En vuelos internacionales, una cabina con un 20% de asientos vacíos significa que se vuela a pérdida. Y en cabotaje, esto significa: bienvenidos de regreso los fuselajes más estrechos.

Aunque con el «punto a punto» los pasajeros no sufran tanto haciendo nada en los aeropuertos, desde que el Jumbo masificó los cielos los pasajeros de clase turista viajan en un hacinamiento espantoso. Sin embargo, jamás lograrán superar la incomodidad de Niels Bohr, cuando el Special Operations Executive inglés lo hizo escapar desde Suecia a Inglaterra en un velocísimo y escueto bombardero Mosquito, concretamente en la bodega de bombas. Como el Mosquito era capaz de alturas extremas de 23.000 pies, inalcanzables para los interceptores alemanes de 1943, se había provisto para Bohr una pila de frazadas y un casco con su correspondiente máscara de oxígeno. Pero el genio de la mecánica cuántica era demasiado cabezón, de modo que los pilotos ingleses aceptaron volar a unos modestos 2000 pies, con la esperanza de que no se helara ni se muriera de hipoxia. En realidad no estaban muy preocupados por la comodidad de Bohr: era cuestión de que no se quedara en Dinamarca ocupada, donde podría haber sido forzado por los nazis a colaborar en el programa de la bomba atómica alemana. Si llegaba vivo, mejor. Pero si aparecía un Focke Wulf alemán, las instrucciones eran dejarlo caer. Bohr llegó a Inglaterra felizmente inconsciente, pero vivo. Los que hemos tenido que volar por trabajo a las antípodas del planeta en clase turista siempre hemos envidiado eso de estar inconscientes durante el vuelo.

Los asientos cortos y angostos son la pesadilla actual de los pasajeros comunes. Para llevarlos como sardinas en una lata, incluso un fuselaje angosto paga, porque genera menos resistencia aerodinámica y disminuye el gasto de combustible, la pesadilla actual de las aerolíneas. Eso lo demostró brillantemente Embraer con su flota de bimotores flacos, dándole tremenda paliza comercial –y en terreno propio- a Bombardier, Dornier, Airbus y Boeing. Los flacos y bellos aviones brasucas volvieron a Airbus el 3er constructor mundial de aeronaves, y lograron desplazar de su casi monopolio del cabotaje a otro Boeing aún más clásico pero menos notorio que el Jumbo: el panzón 737, llamado «La Chancha» por los pilotos argentinos.

Ahora, impulsado por el modelo de viaje «punto a punto» y la venta por internet, incluso los aviones intercontinentales empiezan a angostarse. Ajústense el cinturón, aerolíneas.

Daniel E. Arias

¿Quién es Raquel Chan, la científica argentina que desarrolló el trigo “anti-sequía”?

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Un desarrollo del Conicet que podría elevar en forma significativa la producción de trigo argentino y convertirse, además, en un nuevo tipo de exportación de soluciones biotecnológicas de alto valor se encuentra hoy en el eje de una polémica. Que sirve, al menos, para que conozcamos el trabajo de nuestros científicos, y su relación con la producción argentina y la calidad de vida.

Los lectores de AgendAR ya conocen del tema y los desarrollos recientes, pero vale la pena enterarnos en este reportaje de los porotos transgéncios que entran en la feijoada. Y de lo que sería necesario para que la biotecnología argentina le brinde más beneficios económicos al país.

El desarrollo es el trigo transgénico HB4 que probó ser capaz de sobrevivir a largos períodos de sequías e igualmente seguir rindiendo buenas cosechas. Aunque ya obtuvo el aval del Senasa y de la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia), la Secretaría de Agricultura de la Nación, junto a un grupo de productores, se opone a la aprobación por el temor al rechazo de algunos mercados como el brasileño. Aún no hay fecha para que se pueda comercializar esta variedad desarrollada por profesionales del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL) en conjunto con la compañía Bioceres.

La responsable de ese logro biotecnológico que tomó varios lustros de trabajo es la doctora Raquel Chan, directora del IAL y profesora en la Universidad del Litoral. “La ciencia detrás de este producto es buena, segura y rentable, aunque probarla y obtener la patente fue muy complejo”. Y agregó: “desde Conicet trabajamos junto a Bioceres y tuvimos que superar muchas trabas, básicamente por falta de recursos”.

Además, la biotecnóloga sumó otro dato: “sabemos de varios grupos científicos argentinos que tienen muy buenas ideas y desarrollos biotecnológicos originales que funcionan en las mesadas de los laboratorios. Pero que no cuentan con infraestructura ni fondos para tramitar los permisos y encarar ensayos a campo. Son posibles productos valiosos que podríamos perder”.

El trabajo de Chan y su grupo comenzó a mediados de los 90, como una investigación básica y luego se convirtió en un desarrollo aplicado. “Queríamos entender los mecanismos que usaban los vegetales para adaptarse a las condiciones cambiantes del medio ambiente. Estudiábamos genes del girasol, una planta capaz de soportar condiciones ambientales adversas”. Tras muchos experimentos identificaron el gen Hahb-4, cuyo mecanismo de acción es original ya que logra “engañar” al metabolismo y consigue que, aún durante un período de escasez de lluvias, la planta continúe haciendo fotosíntesis y creciendo.

El siguiente paso fue introducir esa secuencia en el genoma de otras especies como: soja, maíz, alfalfa y, en los últimos años, trigo. Y comprobaron que mejoraba su capacidad de adaptación a situaciones de estrés hídrico, siempre sin afectar la productividad. “Los efectos de este gen son notables: si se siembra nuestro trigo HB4 genéticamente modificado en regiones donde el agua escasea, en promedio, eleva el rinde en un 30% o más. Y hubo zonas donde el rinde duplicó la cosecha obtenida con trigo común”.

Curiosamente, admite Chan, el único cultivo industrial que no mostró resistencia o rindes adicionales significativos con el gen HB4 fue el maíz. Cree que en realidad esa planta ha sido tan modificada por milenios de selección artificial anónima desde épocas precolombinas, que resulta difícil hacerle mejoras metabólicas. No así la soja, la alfalfa y el trigo, en los que la transfección con HB4 «hace diferencia», y de modos cuantitativamente sorprendentes. Según los expertos, por los efectos del cambio climático esta tolerancia a los extremos hídricos se volverá cada vez más necesaria si se quiere seguir teniendo producciones abundantes.

Transgénico. El hecho de que un gen de girasol se haya insertado en el genoma del trigo con técnicas de laboratorio despierta inquietud. “Yo respeto las opiniones, pero hoy no comemos nada que no haya sido totalmente modificado por miles de años de agricultura. El maíz, el kiwi o el brócoli son ejemplos típicos. ¡No tienen nada que ver con las plantas naturales originales! Son variantes genéticas obtenidas por siglos de mejoramiento de especies, hechas a prueba y error por miles de agricultores. Para obtener nuestro trigo sistematizamos y aceleremos ese proceso”, detalló la experta.

Por otra parte, muchos asocian lo transgénico al glifosato. “Con el trigo HB4 es erróneo. Podemos cultivarlo, no aplicar herbicidas e igual tener mejor producción si hay sequía”. Finalmente recordó que “el gen que introdujimos en el trigo es algo natural, obtenido del girasol. Todo el mundo consume aceite de girasol o mastica sus semillas y a nadie le preocupa ingerir esa parte de su ADN”.

—¿Por qué no se aceptaría en mercados como Brasil? ¿Miedo a lo transgénico?
—Yo creo que el problema básico es un conflicto económico. No creo que sea miedo porque, aunque dicen no querer este trigo, siembran regularmente porotos genéticamente modificados que luego consumen en la feijoada. Además, un gran porcentaje de la caña de azúcar que hoy cosechan tiene ADN modificado en el laboratorio. Por eso creo que, con el tiempo, nuestra tecnología, que ayuda a producir más y que desarrollamos 100% en Argentina, terminará imponiéndose.

Preocupación por la fuga de cerebros
—¿Qué le falta a la ciencia para acercarse más a la producción?
—Hay que inyectar más dinero y hacer como en los países desarrollados que patentan todo lo que parece interesante y luego ven si lo desarrollan y lanzan al mercado. Además, se pueden dar exenciones impositivas a las compañías que inviertan en ciencia. Y facilitar la interacción público-privada. Deberíamos crear, como en Brasil, una empresa estatal enfocada en el desarrollo de productos de biotecnología. Pero que sea ágil, siguiendo el modelo de Invap. Que pueda moverse en este mercado con la agilidad del privado, aprovechando el know-how generado en los laboratorios públicos, de forma que toda la sociedad se beneficie.

—¿Están trabajando en forma normal?
—Como otros institutos, tenemos problemas de falta de fondos para investigar. Y la situación se agrava mes tras mes. Por ejemplo, no llegan subsidios ganados y comprometidos por la Agencia de Promoción. Por otra parte, debido al deterioro de los sueldos, varios de nuestros investigadores recibieron ofertas para irse a países vecinos. Otros que están en el exterior ya postergaron su regreso.

Córdoba se convierte en marzo en la capital mundial del idioma español

El VIII Congreso Internacional de la Lengua Española se presenta en Córdoba (Argentina) del 27 al 30 de este mes de marzo. En la céntrica Plaza San Martín de Córdoba Capital, un gran panel con letras de colores cronometra los días que faltan para el inicio del congreso. El contador ya no llama la atención de los cordobeses; ya saben de memoria la sigla de cuatro letras: el CILE.

Por encima de la promoción cultural -y también del cholulismo- inseparables de estos eventos, hay un aspecto geopolítico y de «poder blando» que merece algo de reflexión.

Más de 480 millones de personas utilizan el español como lengua materna en todo el mundo y 577 millones lo hablan, según estadísticas de 2018. Por razones demográficas, y también por los 21 millones de alumnos que lo estudian como lengua extranjera, va a seguir creciendo. Tras el chino mandarín, es el segundo idioma del mundo -por delante del inglés- y el tercero entre los más utilizados en Internet. Pero las industrias del entretenimiento y del software no están usando a fondo este capital común, y tampoco la comunicación científica.

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En el congreso intervendrán más de 250 escritores, académicos, pensadores y artistas de los 32 países participantes. Entre ellos, Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Nélida Piñón, Martín Caparrós, Joaquín Sabina, Jorge Fernández Díaz, Soledad Puértolas, Alejandro Dolina, Norma Morandini, Elvira Sastre, Luisa Valenzuela y Elsa Osorio.

El tema principal de CILE es el futuro del idioma español. Por ahora, el evento ya transformó la segunda ciudad de la Argentina en cantidad de habitantes con obras cuyo costo sobrepasa los $ 500 millones. Las mejoras edilicias incluyen todos los espacios en los que sesionará el congreso.

Tendrá como epicentro el Teatro del Libertador General San Martín, pero también se desarrollará en el Teatro Real, la Universidad Católica y las facultades de Derecho y Ciencias Exactas. Además, se mejoraron otros espacios sede de actividades, como la Biblioteca Córdoba, y se realizaron obras en la vía pública.

¿Se ha logrado romper con el tradicional predominio de autores y expertos masculinos que arrastra el CILE? En parte, aunque sí será el congreso con mayor presencia activa de mujeres disertantes, con al menos 36% (más de 90 ponentes), según confirmó el Instituto Cervantes, organizador del encuentro junto a la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) y las administraciones argentinas de Nación, provincia y la ciudad de Córdoba.

De la Academia Argentina de Letras (AAL), que ejerce la secretaría del congreso y es organizadora de múchas actividades, acudirá el mayor número de representantes: 14 de sus 16 integrantes. José Luis Moure, presidente de esa institución, adelanta su aporte al CILE, que ya cuenta con casi 3500 inscriptos: «Procuraré plantear lo que para mí es una falsa oposición entre el español, considerado como lengua uniforme, y su condición como una lengua que tiene una enorme cantidad de variedades».

Será la primera vez en la historia del CILE, desde México 1997, que un país reincide como anfitrión: solo la Argentina lo consiguió, y las expectativas son altas; esperan la presencia de unas diez mil personas y superar así las marcas de Rosario 2004.No faltará humor cordobés, pero sí el de un santafecino que se nos perdió: Roberto «El Negro» Fontanarrosa, maestro de la historieta y el cuento, que tanto hizo reír y pensar, allá en Rosario, con su disertación sobre las malas palabras.

El gobierno reactiva el acuerdo con China para construir una central nuclear

Finalmente el pragmatismo y la paciencia china se impusieron: el gobierno de Mauricio Macri decidió reactivar el controversial acuerdo con la administración de Xi Jinping para avanzar en el proyecto de construcción de la IV central nuclear en la Argentina, con una inversión global de 7.900 millones de dólares.

El portal de noticias Infobae -al que nadie puede acusar de insensibilidad a las preocupaciones de EE.UU. y de la NATO en esta área- lanzó la noticia hace pocas horas. Las rápidas consultas de AgendAR en la comunidad nuclear no produjeron resultados todavía («El gobierno no nos consulta» fue la respuesta unánime), pero ya habíamos informado a principios de diciembre sobre un supuesto compromiso con Xi Jinping, y trámites en marcha parecen confirmar la decisión.

En 15 días llegará a Buenos Aires una misión de la empresa China National Nuclear Corporation (CNNC) y del gobierno chino para ajustar con funcionarios de Energía, de Cancillería y de la estatal CAMMESA los detalles finos del acuerdo.

La nueva central nuclear con capital y tecnología de China estará ubicada en Lima, el polo bonaerense de Campana. El préstamo chino será del 85% del total de la obra y el aporte local será de un 15%. A su vez, la tasa de interés que pagará la Argentina a China será de aproximadamente el 5,5% y el Gobierno logrará un adicional de USD 2.500 millones con una «financiación blanda» (no se dan cifras) para que el Tesoro Nacional tenga libre disponibilidad de esos fondos.

Según se indica en el preacuerdo (se negoció hace dos meses en Beijing mientras la Cancillería sostenía aquí, en pleno G20, que de energía nuclear ni hablar hasta 2022), la potencia de la nueva central nuclear será de 1.150 MW. Una vez en marcha -después de 5 años de construcción- la potencia nuclear instalada en Argentina estará por primera vez en la historia cerca de los 3 «giga», o gigavatios: 2.940 MW, con las tres centrales existentes, es decir las dos Atuchas y Embalse, amén de la nueva.

Como ese mismo portal remarca, existió -probablemente todavía exista- una dura pulseada en el seno del gobierno macrista sobre este asunto. En el Ministerio de Hacienda -entre otros- había una oposición firme, y circuló en octubre del año pasado un documento reservado que elaboró el equipo de Dujovne y que sostenía que «no sería conveniente hoy poner en un compromiso financiero a la Argentina» para la construcción de una central nuclear.

Pero ante el inesperado anuncio presidencial los funcionarios hoy afirman «El diseño del nuevo acuerdo con China no afecta el esquema fiscal que tiene la Argentina ya que se trata de un préstamo a 20 años y con una quita en el costo global de USD 1.000 millones». También se menciona una rebaja de casi USD 1.000 millones en la inversión -financiada- de la central que era de USD 9.000 millones y que ahora será de USD 7.900 millones. Además de los USD 2.500 de libre disponibilidad. Todos estos préstamos empezarán a pagarse recién en el 2021.

La flexibilidad de los chinos fue parcial: aceptaron bajar los costos del proyecto y sumarle un préstamo adicional, pero no se movieron en la idea de establecer en el acuerdo la decisión de hacerlo exclusivamente con tecnología nuclear de China, el reactor Hualong One que trabaja con uranio levemente enriquecido (4,4%) y agua liviana. No existe experiencia nacional en esta tecnología.

La Argentina históricamente trabajó con uranio natural sin enriquecimiento alguno en las Atuchas I y II, y en Embalse, que es una central CANDU canadiense de tubos de presión. De estos dos diseños llamados PHWR (Pressured Heavy Water Reactor), el único con clientes recientes, presentes y futuros es el CANDU. Las Atuchas, centrales alemanas con recipiente de presión, son excelentes pero demasiado complejas y caras, justamente por el costo de esa enorme pieza de acero forjado cuando tiene que encerrar un núcleo gigante.

Los núcleos de las centrales de uranio natural, por definición, son volumétricamente grandes, ya que el combustible natural es «menos picante». Para el caso, pesa lo mismo el recipiente de presión de Atucha II, que rinde 690 MW eléctricos, que el de una moderna PWR (Pressured Water Reactor) de uranio enriquecido como Flamanville en Francia, que rinde 1600. En revancha, Atucha II tiene un quemado del uranio considerablemente más profundo que el tendrá Flamanville, o para el caso, cualquier PWR, incluida la Hwalong-1 que finalmente. al parecer, nos compraremos.

Los expertos nucleares que consultamos no coinciden en absoluto en que el país deba pasarse con trompetas y estandartes a la tecnología de uranio enriquecido, o con que ésta sea «el futuro» y el uranio natural «el pasado». La India, con 12 copias del CANDU pedidas, 6 de ellas en construcción y 22 más en marcha, ejemplifica la cosa. China, cuya autoridad regulatoria ya aceptó 2 CANDU canadienses de 1000 MW para sumar a las 2 de 740 MW que compró durante el pasaje de siglo, es otro ejemplo. Corea, con 4 CANDU, está lo suficientemente contenta con esa tecnología como para relicenciar sus centrales para una 2da vida de 30 años operativos cuando se cumple «la primera vida».

Los expertos históricos en Argentina dejan que la Secretaría de Energía (dirigida por petroleros) diga libremente sus opiniones acerca de qué es progresivo y qué no en materia nuclear, pero esperan poder liberarse de su conducción bajo otro gobierno, y construir otra u otras CANDU con componentes argentinos (con financiación propia se puede llegar al 100%). Es una tecnología buena totalmente dominada, y nos da la tranquilidad de producir el combustible 100% en Argentina desde 1984. Comprar centrales de uranio enriquecido es comprar una dependencia tecnológica con China u otro país con enriquecimiento de uranio a escala de centrales, es decir entre el 4 y el 5% pero en cantidades enormes.

Sobre este decisivo punto, recomendamos la lectura de nuestro artículo «Argentina domina la ingeniería CANDU. Es una ventaja global«.

En cualquier caso, en AgendAR vemos que las condiciones de financiación, participación industrial Argentina y dominio nacional sobre el combustible mencionadas son menos favorables que las ofrecidas en mayo de 2018 -cuando China ofrecía financiación también para Atucha III en versión CANDU, con un 85% de componentes argentinos y 8 años de gracia, es decir sin pagar un centavo desde la entrada en servicio. Esa CANDU china de 740 MW de la CNNC era parte de una oferta paquete con la Hwalong-1, planta muy potente, bonita y moderna pero todavía sin testear.

Esa generosidad casi desaforada de China se debe a que somos, un poco por défault, «la puerta grande» para entrar en Sudamérica, ya que exportamos reactores, mientras que en materia de centrales de potencia a los primos brasileños no les está yendo bien. El rival de los chinos en esta parte del mundo no son los EEUU, que desde 1981 no tienen ninguna central que se hayan podido vender siquiera a sí mismos. Los autodenominados «americanos» son a lo sumo un opositor diplomático formidable, pero limitado por la realidad comercial: no nos compran casi nada y son un competidor agropecuario. El oponente real de los chinos en Sudamérica es ROSATOM, la empresa nuclear del estado ruso, y para la CNNC hacer pie en Argentina con su central «de bandera» es ganarle el 50% de la partida. Hwalong significa, literalmente, «dragón chino».

Sin embargo, los constantes cambios de libreto del gobierno macrista, desgarrado entre facciones y lobbies que acatan, genuflexas, al State Department y otras que prefieren comprar tecnología a quien al menos nos compra porotos de soja, están logrando que la generosidad inicial del dragón hoy esté a la baja. Esta vez no se habla de «años de gracia», los intereses ya no son del 4% anual, y los pasillos nucleares dicen que CNNC exige los 3 primeros núcleos de la Hwalong: eso implicaría importar elementos combustibles durante al menos 12 años.

Por cierto, el gobierno ya cambió demasiadas veces de opinión y circulan un exceso de versiones de pasillo para dar una opinión definitiva. Esperaremos los hechos. Y ampliaremos.

El animé japonés, algo más que violencia y ojos grandes

Compartimos este interesante artículo de Leonardo Desposito:

«En los últimos tiempos, algunos exhibidores cinematográficos se encargaron de estrenar en salas, por tiempo limitado, largometrajes de animación japonesa, eso que llamamos “animé” para copiarles un poco la pronunciación y, de paso, establecer la diferencia nipona. Para muchos, es solo un conjunto de historias violentas con colores planos, imágenes detenidas y personajes con ojos gigantescos y redondos. Para otros, una de sus artes más representativas y ricas.

Dejemos de lado a Miyazaki, el más destacado y brillante de los artistas del animé: es suficientemente conocido. Hay muchísimo más. El animé es en realidad un arte surgido de dos padres: la televisión y la historieta (el manga). En la segunda posguerra, el Japón destrozado recibió fuerte ayuda e influencia estadounidense. No es que no hubiera animación antes (el célebre director de El arpa birmana, Kon Ichikawa, había dirigido películas animadas). Pero recién cuando en los ´50 el auge de la electrónica y la reconstrucción crearon un mercado para las publicaciones de historieta es que hubo un campo para ello.

El pionero en ambos campos fue Ozamu Tezuka, creador de Astroboy (Tetsuwan Atom) para la gráfica. Y, con su éxito, le ofrecieron adaptarla a la TV. Los primeros episodios son bastante precarios, pero fue un éxito universal. Ese fue el inicio y, en los sesenta, creció con más series como Meteoro, Kimba y, más tarde, Mazinger, gracias a las que se descubrió el género en Occidente.

Saltemos unas décadas. Después de mucho tiempo de animación restringida, a fines de los ochenta, y sí gracias al éxito de la artesanía de Miyazaki más el suceso internacional Akira, de Kastsushito Otomo, el animé se volvió internacional. Y fue mucho más que violencia fantástica.

En general, los animé reflejan tres preocupaciones -algunas de raíz religiosa- de la cultura japonesa: que la ruptura de la comunión con la naturaleza genera catástrofes, que los productos de la tecnología pueden crear una conciencia propia, que el mundo “divino” no es necesariamente bueno. Casi todas las ficciones animadas van por estos caminos.

Si quiere realmente comprender y disfrutar de este género en forma cinematográfica, hay algunos títulos que son centrales (más allá de Akira, que ya mencionamos). Uno genial es Millenium Actress, de Satoshi Kon (desgraciadamente fallecido hace pocos años). Es la historia del Japón y del siglo XX a través de una actriz que narra sus memorias. Básicamente es un melodrama, y lo animado -en Japón, si se puede hacer con actores, también se puede dibujar, no hay sentido de lo “infantil” en ese aspecto- fusiona la realidad y la ficción, un tema importante en la película.

Basada en la serie Cowboy Bebop de 1998, la película Cowboy Bebop: Knockin’ on Heaven’s Door, de Shinichirō Watanabe, es un gran policial negro, una hermosa descripción de un futuro no demasiado diferente de nuestro hoy, y, sobre todo, una película melancólica sobre la pérdida. La banda de sonido es extraordinaria y las secuencias de acción difieren de la fantasía desatada: recuerdan a filmes como Contacto en Francia por su realismo. Es otra creación notable.

Sobre una historieta de Tezuka, el realizador Rin-taro realizó Metrópolis, esta sí de pura ciencia ficción aunque tratada con un estilo un poco retro, que toma algunos elementos del clásico de Fritz Lang para contar una parábola sobre el poder y la identidad. La secuencia de la catástrofe final, donde una robot toma conciencia, musicalizada con Ray Charles cantando “I can’t stop loving you” es un masazo emocional marca mayor.

Y, en un campo más tradicional, el bello cuento El niño y la bestia, de Mamoru Hosoda, donde un chico cae en un mundo fantástico -un poco a la manera de Alicia-, lo que permite a la película reflexionar sobre la realidad y la fantasía.