Ley de talles: la industria asegura que no puede producir para todos los cuerpos

La industria de la moda ha impuesto, desde hace varias generaciones, el ideal de una figura de mujer estilizada -sus críticos dicen «anórexica»- que en la realidad sólo puede alcanzar una minoría de las mujeres. En los últimos tiempos, trata de evitar el esteorotipo -una prueba son las exitosas modelos europeas de la imagen de arriba. Pero las percepciones colectivas de lo «atractivo» no se modifican tan fácil.

Los legisladores han tratado de avanzar en el tema. La ley de talles más antigua es la bonaerense, sancionada en el 2001, y la última provincia en sumarse con ley propia fue Córdoba en 2015. Ahora la diputada nacional Lucila Lehmann (Cambiemos Santa Fe) presentó un proyecto de ley de talles para garantizar que al menos un modelo de cada prenda que se comercialice, se ofrezca en un mínimo de ocho medidas.

Esos talles serán resultado de un “estudio antropométrico” que el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) está llevando adelante: es una medición de los cuerpos de los argentinos teniendo en cuenta diferencias por regiones, que debería dictaminar cuántos centímetros tiene que tener el talle más chico y cuántos el más grande.

Según una encuesta, al 38% de los argentinos siempre le cuesta conseguir su talle mientras que otro 31% dijo que eso le pasa «frecuentemente».

Pero la industria textil hace observaciones. “Lo que hay que permitir es que cada empresa defina dónde está su consumidor y cuál va a ser el sector rentable”, sostuvo Alicia Hernández, de la Cámara de Indumentaria Argentina (CIAI). Hoy la curva de talles vigente está basada en un modelo regulado por las normas IRAM y las empresas aseguran que es una curva amplia. Pero los talles varían de marca en marca, no son uniformes, y en los locales de los shoppings centers no suele haber variedad de medidas.

La contrapropuesta de la industria es el de una ley de “normalización” de talles, donde si una persona es talle 50 en una marca, lo sea en todas. Tras el estudio antropométrico del INTI, señaló Hernández que el paso siguiente es construir una nueva curva de talles.

“Lo empezamos a hacer con el gobierno anterior. El estudio es costoso porque hay que medir gente en todo el país y se tienen que trasladar. Nos prometieron que lo tienen que terminar en esta gestión”, remarcó la vocera de CIAI.

“No es un tema de producción sino de consumo”, sostuvo Hernández. A eso suma el contexto de la industria textil que opera a la mitad de su capacidad instalada. “La ley de talles, más allá de cumplir con una variedad, lo que tiene que hacer es generar una relación que haga que la prenda quede bien”, asegura Romina Kolsky, de Lecol, una firma de indumentaria que fabrica «talles reales», que agrega que en la Argentina hay falta de oferta.

Las marcas tampoco tienen en los locales todos los talles. Un paliativo podría llegar de la mano del ecommerce. Hay marcas que ofrecen más variedad de talles por internet. Es un modelo que está creciendo en el exterior, en locales que fabrican con bajo costo y gran escala, como el caso de H&M o Forever 21. “El segmento más complicado es el de adolescentes y jóvenes porque es la identidad con la marca y estas empresas buscan soluciones, por caso puntual”, asegura Hernández.

Kolsky agrega que la comparación con Estados Unidos o Europa no es correcta. “Ellos confeccionan en China. Nosotros no podemos exportar porque no podemos competir”, agrega y cuenta que reciben pedidos de Uruguay pero los costos no cierran. “Los impuestos, el transporte, duplican el costo”.

El problema de los talles para la industria es que ampliar la variedad tiene un costo mayor. “Los costos son distintos. Una remera nuestra es entre el doble y triple de una remera común. Pero no es solo la tela que ves ahí sino también el desperdicio que hay en un corte”, explica Kolsky.

Las marcas que están en los shoppings solo representan el 30% de la producción de indumentaria argentina. “En La Salada hay ropa para todo el mundo”, concede la representante de la industria.

Ushuaia prohíbe el uso de plásticos descartables en restaurantes y bares

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Los locales gastronómicos de Ushuaia, la ciudad más austral de Argentina, capital de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, deberán reemplazar de forma permanente los elementos plásticos de único uso.

Así lo determinó su Concejo Deliberante, luego de que transformara en ordenanza un proyecto presentado por la agrupación vecinal “A limpiar Ushuaia”. “Ushuaia tiene que ser una de las ciudades más respetuosas del país con respecto al cuidado del medio ambiente y en esta dirección es que tenemos seguir caminando”, sostuvo el concejal Tomás Bertotto, impulsor del proyecto.

El objetivo de la iniciativa es reducir la cantidad de basura en comercios que vendan alimentos y generan gran volumen de residuos. “El plástico es lo que más está perjudicando el medioambiente, formando islas del tamaño de países y directamente ingresando a los organismos de los peces. Literalmente, estamos comiéndonos el plástico que estamos tirando”, advirtió Muriel, vecina de la ciudad e integrante de “A limpiar Ushuaia”.

Desde principios de año la agrupación se dedicó a juntar firmas y generar conciencia a través de la web y redes. Además, los vecinos se contactaron con los locales gastronómicos y les propusieron reemplazar los plásticos descartables: “Algunos eliminaron los sorbetes e hicieron otra modificación para adecuarse a esta idea”, dijo Muriel.

Tras un primer intento fallido en marzo de este año, el proyecto fue presentado nuevamente en el Concejo Deliberante a principios de noviembre. Con el apoyo de más de 2 mil firmas, Bertotto logró que se trate en la comisión de medioambiente, lo que terminó con la aprobación de la nueva ordenanza.

El crecimiento de opciones políticas que recogen las inquietudes sobre el medio ambiente se notó en las elecciones locales de varias provincias, en el turno de 2017. Hasta ahora, no ganaron ninguna elección, pero son un fenómeno a tomar en cuenta en la política argentina.

Por stock acumulado, están vendiendo autos 0 km con descuentos hasta 40%

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Cerca de 250.000 autos es el stock acumulado en automotrices y concesionarias a raíz de la caída de la demanda de 0 km en los últimos meses. La mayoría de las marcas están ofreciendo descuentos muy importantes. Es verdad que sucede después de los aumentos que se acumularon después de mayo del año anterior.

¿Qué le pasa al capitalismo contemporáneo?

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Este es un trabajo de Angus Deaton, Premio Nobel de Economía 2015, Profesor de Economics and International Affairs Emeritus en la Universidad de Princeton. Es el autor de The Great Escape: Health, Wealth, and the Origins of Inequality. Y queremos dejar claro que en AgendAR pensamos que no está hablando de nuestra realidad, sino de la de los EE.UU. y la Unión Europea. En Argentina no tenemos el capitalismo al que Deaton se refiere, que opaca al Estado y la comunidad. El nuestro es mayormente prebendario del Estado, nomás. Y lo del «virus del socialismo» es humor británico.

Pero habla de los problemas de la sociedad global. De la que somos parte. Y la suya es una mirada aguda, se compartan o no sus premisas.

PRINCETON – «Casi de repente, el capitalismo se ha puesto visiblemente enfermo. El resurgido virus del socialismo infecta una vez más a los jóvenes. Otros más prudentes que aprecian los logros pasados del capitalismo y quieren salvarlo proponen diagnósticos y remedios. Pero sus propuestas a veces se superponen con las de quienes querrían hacer pedazos el sistema; y las distinciones tradicionales entre izquierda y derecha ya no dicen nada.

Felizmente, Raghuram G. Rajan, exgobernador del Banco de Reserva de la India y profesor en la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago, ha puesto su conocimiento y experiencia sin igual a la tarea de analizar el problema. En su nuevo libro, The Third Pillar: How Markets and the State Leave Community Behind [El tercer pilar: cómo los mercados y el Estado se olvidan de la comunidad], Rajan sostiene que el cáncer que aflige al capitalismo contemporáneo no es un problema de “Leviatán” (el Estado) ni de “Behemot” (el mercado), sino de la comunidad, que ya no actúa como freno a ambos monstruos. De modo que receta un “localismo inclusivo” para reconstruir comunidades que den a la gente un sentido de dignidad, estatus y significado.

El libro de Rajan, igual que The Future of Capitalism [El futuro del capitalismo] de Paul Collier (economista de la Universidad de Oxford), es exponente de un género cada vez más nutrido de críticas del capitalismo desde adentro. Rajan defiende el capitalismo, pero comprende que ya no está trabajando al servicio del bien social y que es preciso ponerlo otra vez bajo control.

The Third Pillar hace un profundo análisis del contexto histórico para explicar el momento actual; pero sus mayores aciertos son cuando recapitula los acontecimientos posteriores a la Segunda Guerra Mundial para explicar por qué todo empezó a descomponerse allá por 1970. Hasta entonces, el mundo había estado ocupado en la recuperación y la reconstrucción, y el crecimiento económico había recibido un impulso adicional gracias a la adopción de tecnologías de frontera por medio de la inversión en reemplazos.

Pero después de 1970 el crecimiento tendencial se desaceleró, lo que explica muchas de las dificultades actuales. Mientras eso sucedía, los gobiernos no tuvieron idea de cómo hacer frente a la desaceleración, más que prometer la restauración del perdido paraíso de la posguerra. En la mayoría de los casos eso supuso más endeudamiento. Y en Europa, las élites se lanzaron a la unificación continental, con el elevado propósito de poner fin a la reiteración de episodios de matanza. Pero en su prisa por obtener los beneficios obvios de la integración, se olvidaron de sumar a la ciudadanía. Fue así como finalmente aprendieron que después de la hibris llega la némesis.

El éxito de la socialdemocracia en la posguerra debilitó el poder del mercado para actuar como una influencia moderadora sobre el Estado. Según Rajan, ambos debilitados actores, en Europa y en Estados Unidos, quedaron mal parados para lidiar con la inminente revolución de las tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC), de modo que la gente de a pie tuvo que hacer frente sola a las amenazas. Y las corporaciones, en vez de ayudar a sus trabajadores a manejar la disrupción, la empeoraron, al usar la vulnerabilidad de sus empleados para enriquecer a sus accionistas y ejecutivos.

¡Y cómo se enriquecieron! Conforme la mediana de ingreso de los hogares se estancó y aumentó la concentración de la riqueza, el capitalismo se volvió manifiestamente injusto y perdió el apoyo popular. Para poner a raya a sus oponentes, Behemot llamó en su auxilio a Leviatán, sin comprender que un Leviatán populista de derecha al final se come a Behemot.

Hay que destacar dos puntos de la exposición de Rajan. En primer lugar, la desaceleración del crecimiento es una causa fundamental (aunque de ritmo lento) del malestar social y económico de la actualidad. En segundo lugar, las consecuencias desafortunadas de la revolución de las TIC no son propiedades inherentes del cambio tecnológico; más bien, como señala Rajan, reflejan una “falta de modulación de los mercados por parte del Estado y de los mercados mismos”. El autor no insiste en esto, pero el segundo punto nos da motivos de esperanza, porque implica que las TIC no nos condenan a un futuro sin empleo; todavía hay lugar para una formulación de políticas esclarecida.

Rajan hace una muy buena exposición de la mala conducta de las corporaciones, tanto más eficaz cuanto que proviene de un profesor de una importante escuela de negocios. Según explica, el cuasiabsolutismo de la doctrina de la primacía de los accionistas sirvió desde el inicio para proteger a los ejecutivos a expensas de los empleados, y sus efectos perjudiciales se agravaron por la práctica de pagar a los ejecutivos con acciones.

En The Future of Capitalism, Collier hace una exposición similar desde Gran Bretaña, con la historia de la empresa británica más admirada de su infancia (y de la mía): Imperial Chemical Industries. En aquel tiempo todos crecíamos soñando trabajar algún día en ICI, una empresa que proclamaba como misión “ser la mejor compañía química del mundo”. Pero en los noventa, ICI cambió de norte, al adoptar el principio de valor para los accionistas. Y según Collier, ese único cambio destruyó a la empresa.

¿Y la comunidad? En otros tiempos, Estados Unidos fue un país líder en educación pública, cuyas comunidades locales ofrecían a niños de cualquier nivel de talento y condición económica escuelas donde aprendían juntos. Y cuando la educación primaria dejó de ser suficiente, también empezaron a proveer acceso universal a la educación secundaria.

Pero hoy que para triunfar se necesita título universitario, los jóvenes más talentosos van a buscarlo muy lejos de su comunidad de origen, y terminan autosegregándose en ciudades cada vez más grandes, de las que los menos talentosos quedan excluidos por el alto costo de vida. Protegidos en sus relucientes claustros, los que triunfan forman una meritocracia en la que a sus hijos –y a casi nadie más– les va tan bien como a ellos.

Collier cuenta la misma historia en Gran Bretaña, donde el talento y la participación en el ingreso nacional se han ido concentrando en Londres, y se generó vaciamiento y resentimiento en las localidades del interior. Pero como señala Janan Ganesh, del Financial Times, las élites metropolitanas ahora se encuentran “encadenadas a un cadáver”.

Rajan considera que la meritocracia es un producto de la revolución de las TIC. Pero yo sospecho que viene de antes. No olvidemos que el sociólogo británico Michael Young publicó su presciente distopía The Rise of the Meritocracy [El ascenso de la meritocracia] en 1958. De hecho, Collier y yo somos parte de la primera camada de la meritocracia británica. Y tal como predijo Young, nuestra cohorte dejó el sistema inservible para las generaciones siguientes, sin dejar de alabar sus virtudes. En Escocia, donde crecí, los talentos locales, intelectuales, escritores, historiadores y artistas, todos partieron a buscar mejor fortuna, o renunciaron simplemente a competir con las superestrellas de los mercados de masas. Y eso nos empobreció a todos.

Como Rajan, creo que la comunidad es una víctima de la captura de los mercados y del Estado por una élite minoritaria. Pero a diferencia de Rajan, dudo de que comunidades locales más fuertes o una política de localismo (inclusivo o no) puedan ser la cura del mal que nos aqueja. El genio de la meritocracia salió de la botella y ya no hay modo de volver a meterlo».

Traducción: Esteban Flamini

El Archivo General de la Nación, pasado por agua

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Hace mucho tiempo que el personal le viene informando a Emilio Perina, titular del AGN, de las deficiencias en la conservación de los documentos que se guardan allí. Pero, entre el ajuste y la falta de interés, una gran cantidad de material irrecuperable se perdió para siempre.

El martes de la gran lluvia, el edificio de la calle Alem sufrió el castigo de la tormenta y la inundación de sus dependencias. Los trabajadores habían entrado al depósito y vieron que la Historia se estaba dando una ducha sobre varios incunables: Decretos del Poder Ejecutivo Nacional (desde el año 1947 al 2015), expedientes del Juzgado del Crimen de Primera Instancia de la Capital, Libros de la Propiedad Inmueble, Protocolos Notariales, Cédulas del Censos Económico y Social, Órdenes del Día de la Policía de la Capital y Decretos del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública.

Sin respuesta de las autoridades, fue parte del personal el que puso a resguardo el patrimonio público. Entre todos corrieron documentos y cajas, abandonaron sus puestos para armarse de trapos de piso y secadores, se jugaron el pellejo coqueteando con el peligro de electrocutarse en contacto con las paredes húmedas y descascaradas.

La Junta de Delegados de ATE denunció que se dañaron unas 700 unidades de conservación. Relevamientos preliminares afirman que entre el material rescatado se encuentran todas las actuaciones del juicio a Simón Radowitzky, el anarquista que ultimó al jefe de policía Ramón Falcón en noviembre de 1909.

La importancia de catalogar y facilitar decretos presidenciales no requiere demasiada explicación. Su recopilación tiene valor en sí misma pero además resulta insustituible para, entre otros, aquellos ciudadanos que fueron puestos a disposición del Poder Ejecutivo durante las dictaduras militares. Es el propio Archivo el que reconoce que los expedientes del Juzgado del Crimen porteño (la mayoría, de fines del siglo XIX y principios del XX) aportan información para “estudiar la situación de género y minoridad, incluidos los maltratos y abusos; la inmigración; los cambios que experimentó la medicina y la criminalística; los delitos políticos y los cometidos por los funcionarios públicos y por la policía; los conflictos con la Iglesia; y el rol de la prensa y de la opinión pública”.

El viernes anterior, 8 de marzo, los delegados ya habían informado a Perina que la situación del depósito era insostenible. Denunciaron que el lugar se llovía “como consecuencia de la falta de mantenimiento en los techos y de la falta de limpieza de los desagües exteriores”. Las autoridades solo aportaron varios trozos de plástico para cubrir las cajas. Y descansaron en su fe en el pronóstico metereológico. Unas 96 horas después el cielo no perdonó. La entidad gremial agregó que “desde julio de 2016 el Archivo General de la Nación no cuenta con empleados de mantenimiento ni maestranza”. Los trabajadores recordaron que durante el verano hubo varias jornadas en las que no anduvo el aire acondicionado en los lugares de resguardo, poniendo en riesgo documentos que, por su antigüedad, requieren condiciones climáticas específicas.

El Archivo anunció por twitter que las instalaciones afectadas estarán cerradas hasta por diez días. Se perjudicarán investigadores y público en general, muchos de los cuales suelen venir desde el interior del país a resolver sus consultas. Y no se podrá recuperar lo destruido.

Apple competirá con Netflix. Vemos su oferta, y las plataformas argentinas

Netflix es, para la industria del entretenimiento y también por su influencia en la cultura pop global, el equivalente de lo que empezó a ser Hollywood hace 100 años. Con un catálogo cada vez más completo de nuevas propuestas de orígenes nacionales muy diversos, se afirma en la mayor parte del mundo como LA plataforma para ver películas y series, la nueva forma de la cultura de masas.

Tiene competencia, claro, en el mundo «on demand»: Amazon (con Prime Video), Disney (con todas las licencias que atesora, como Marvel y Lucas Films, además de Hulu y Fox) y AT&T (Warner y HBO)… Y este lunes 25 de marzo Apple lanza su plataforma de streaming bajo suscripción mensual. Lleva en producción en proceso más de 30 series y películas originales. Es un cambio para una compañía que se mantuvo alejada del sector del entretenimiento durante sus más de 40 años de vida.

La oferta de Apple contará con grandes y reconocidos actores, guionistas y directores. De Jennifer Aniston y Resse Witherspoon, a Steve Carell, pasando por Oprah Winfrey y otras grandes estrellas de Hollywood. Pero con eso no es suficiente. Sería un catálogo muy reducido ofrecer 30 a 40 producciones —muchas menos inicialmente porque no están finalizadas— a los clientes.

Hay dudas, entonces, sobre este “Apple streaming”. Y una, clave para todas las plataformas, es el modelo de negocio.

Una posibilidad es que sea gratuito, ofrecido como un servicio a los clientes de Apple que hayan comprado un iPhone o un iPad previamente. Otra es que tenga un precio más tradicional, de varios dólares al mes, y que venga con contenido adicional licenciado a otras distribuidoras y productoras. Esta es la opción de Netflix, con la que creció durante la última década hasta casi 150 millones de abonados en todo el mundo.

Una tercera opción, es que Apple opte por un sistema de niveles de oferta, como los cableoperadores tradicionales. Las series de Apple podrían ser gratuitas o tener un precio inicial más reducido, pero si el cliente quiere poder disponer del catálogo de —ejemplo— HBO, Disney, Fox o similares, podría hacerlo por diferentes precios. Hay que tener en cuenta que el presidente de Disney, Bob Iger, está en la junta de directores de Apple. Hasta es concebible un acuerdo con Netflix, el principal rival del nuevo proyecto de Apple.

Un punto que nos interesa remarcar en AgendAR -con nuestro prejuicio en favor de propuestas locales- es un hecho evidente: la oferta de series de Netflix es gigantesca y crece semana a semana, pero su catálogo de películas es lamentable. Y es posible que lo mismo ocurra en la plataforma de Apple, por lo menos con las películas clásicas que quisiéramos volver a ver, «on demand».

Por eso, repasamos aquí las plataformas locales. Y sugerimos que analicen sus modelos de negocio, para crecer. Hay público, si hay material de calidad.

CINE.AR

CINE.AR PLAY es la propuesta de contenidos puramente nacionales del Instituto Nacional del Cine y Artes Visuales (INCAA) y ARSAT armada en 2013 con el nombre de “Odeón” y un éxito inmediato y rampante desde 2014. Los “masterminders” del sistema fueron un documentalista famoso, David “Coco” Blaustein, que digitalizó la filmoteca, y Alfredo “Corto Maltés” Moreno, un informático discípulo de Manuel Sadosky, armador del sistema de navegación y acceso.

En 2016 las nuevas autoridades de ARSAT le cambiaron el nombre. La plataforma, por suerte, sigue siendo gratutita y ya cuenta con más de 600 títulos de películas argentinas, 80 propuestas de series y 400 cortometrajes. Además, posee estrenos en simultáneo con más de 160 salas de cine que fueron informatizadas para proyectar en pantalla grande y altísima definición. El ojo humano no discierne diferencias entre las proyecciones digitales de Odeón, hoy CINE.AR, y una de película analógica de acetato en 35 mm.

Durante 2018 CINE.AR estrenó 170 filmes en paralelo al circuito comercial, que es notoriamente remiso a la exhibición de películas argentinas, y máxime si son nuevas y de directores noveles y actores poco conocidos. Eso sumó una ventana más para traccionar la hoy desfalleciente producción de cine y TV nacionales ya no desde la oferta, sino desde la demanda.

QubitTV

Presente en Argentina y Uruguay, la compañía argentina de entretenimiento video on demand hizo su relanzamiento durante 2018 con una nueva estrategia de negocios.

El foco está puesto “en la creación de experiencias cinéfilas para los consumidores”, explican desde la firma. Su estrategia competitiva se centra en que el público obtenga un diferencial en cine variado y de calidad.

Con una tasa de crecimiento promedio de 1.000 nuevos usuarios mensuales, QubitTV se posiciona como una empresa joven e innovadora. Posee la mayor cantidad de alianzas estratégicas en el país, tanto con productoras y distribuidores de cine grandes e internacionales como nacionales e independientes.

La plataforma ofrece siete días de prueba gratuitos y, una vez finalizado ese período, una suscripción mensual por $209.

“Somos una plataforma 100% argentina que está desarrollando un crecimiento exponencial. Apostamos continuamente al negocio e invertimos constantemente en nuevas tecnologías y contenidos premium seleccionados por expertos. Nos centramos en ofrecer una buena experiencia de usuario: digital, portable y cinéfila”, expresa Nicolás Jordán, CEO de QubitTV.

Las telcos:

Movistar es otra de las firmas que apuestan por este segmento que opera en varias ciudades del país. Incluye en su catálogo a Netflix, y suma televisión en vivo y más señales on demand.

DirecTV, en tanto, lanzará DirecTV Go en la Argentina este año (ya funciona en Chile y Colombia). Al servicio que la compañía brinda se añadirán algunas de las alternativas mencionadas.

Claro ofrece a sus clientes de los servicios paquetizados la chance de contratar los servicios OTT Crackle y Noggin, por un plus mensual de $120 el primero y $90 el segundo.

¿Un Brexit uruguayo?

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El ex presidente (1985-1990 y 1995-2000) y precandidato por el Partido Colorado, Julio María Sanguinetti, dijo en una entrevista que Uruguay no puede seguir en un Mercosur «mediocre» que no da las «respuestas necesarias».

Afirmó: «Lo primero hoy es lograr que funcione la zona de libre comercio, que realmente haya una libertad de circulación de bienes y de mercadería entre nosotros». Que deje de funcionar como un «cerrojo o corsé» que no permite a los países miembros acceder a tratados de libre comercio con otros espacios económicos «imprescindibles», como lo son algunos países asiáticos.

Si se convirtiera en presidente en 2020, prevé una buena relación con Mauricio Macri -si este fuera reelecto- y con Jair Bolsonaro, o por lo menos con su ministro de economía Guedes.

De todos modos, son afirmaciones de campaña. Como sabe la primera ministro británica, es difícil llevarlas a la práctica.

El precio de los peajes y los carriles VAO

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Un lector de AgendAR, Juan Carlos Lafosse, nos acerca esta idea que, dice, «hace rato trata de difundir sin éxito». Como han aumentado los peajes recientemente, debería tenerlo.

Si usted va a trabajar todos los días con su auto haga las cuentas:

¿Cuánto paga por mes de nafta, peajes y estacionamiento?

¿Y cuantos embotellamientos soporta?

Si conseguimos que en todas las autopistas y avenidas principales se establezcan

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Que NO son ninguna novedad. Existen en muchas partes del mundo desde hace años

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No es broma! Haga las cuentas y verifíquelo! Las autopistas y avenidas son un SERVICIO para la comunidad cuyo uso debe optimizarse para beneficio de TODOS!

El “crowdfunding” llegó a la ciencia argentina

Un grupo de investigadores argentinos -María Gabriela Luna, docente investigadora de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) en el Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE, CONICET) es la directora- fue seleccionado por la Entomological Society of America para financiar su trabajo a través de una plataforma digital. Recibirá aportes de individuos e instituciones de los EE.UU. y otros países.

Es la primera vez que estos compatriotas incursionan en un mecanismo colaborativo de este tipo y están tan entusiasmados con el formato como con los posibles resultados. Es el único proyecto argentino que se incorporó a la propuesta de la Sociedad Entomológica Americana (ESA, por sus siglas en inglés) para financiar sus experimentos a través del crowdfunding internacional, un método para sumar fondos colectivos.

El desafío impulsado por la ESA consiste en presentar proyectos de investigación referentes a especies de artrópodos invasores a través de una plataforma llamada Experiment.com por la cual empresas, organismos, instituciones o particulares interesados pueden hacer un aporte económico que permita concretar las experiencias científicas.

Junto a sus becarios del CONICET, Nadia Salas Gervassio y Franco D’ Auro, Luna completó la solicitud para sumarse a la iniciativa. “Participar de este desafío no implica dejar de reconocer la importancia del apoyo estatal, pero en este caso buscamos financiar sólo una parte de la línea de investigación mayor”.

El equipo argentino –cabe mencionar que de los seis proyectos de investigación que participan del desafío, los otros cinco pertenecen a grupos norteamericanos– está dedicado al estudio del control biológico de la polilla del tomate, llamada Tuta absoluta, una plaga originaria de Sudamérica que hace poco más de una década se trasladó al sur de Europa y de allí a África y Asia, alcanzando rápidamente a dos grandes productores del fruto: China e India. Hasta el momento, lo que se utiliza para eliminarla casi exclusivamente son insecticidas químicos, cuyo uso irresponsable resulta altamente contaminante para el medio ambiente, los trabajadores rurales y la propia cosecha.

“Nosotros estudiamos a uno de sus principales enemigos naturales: una avispa llamada Pseudapanteles dignus, que es un parasitoide, es decir que pone sus huevos dentro de la larva de la polilla y la mata. Lo mejor de todo es que es muy específica de esa especie: no afecta a ninguna otra, lo cual la hace muy eficiente y poco riesgosa”, explica Luna. Actualmente, el grupo realiza experimentos en invernáculo para observar y medir los efectos.

“Evaluamos cuántas avispas liberar según la densidad de la plaga, medimos la producción de tomate y su calidad, comparamos el daño en la cosecha con plantas no tratadas y todo lo necesario para conocer en detalle cómo funciona esta interacción biológica”, señala la especialista.

El proyecto se llama Evaluating biocontrol techniques against the South American tomato leafminer, Tuta absoluta, an invasive pest worldwide, y se lo puede apoyar de distintas maneras: compartiéndolo con expertos internacionales, productores y público en general a través de correo electrónico y redes sociales; apoyándolo por medio de una nota en el sitio de Internet; y patrocinándolo económicamente.

La ESA ya anunció que cooperará con aquellos trabajos que hayan alcanzado más de la mitad de los fondos mínimos requeridos. Los investigadores están a la espera de información sobre este punto.

Lo descripto deja claro la principal objeción al «crowdfunding» en la ciencia, especialmente desde los científicos veteranos: hace depender la financiación de las investigaciones de su mayor o menor correspondencia con las preocupaciones de moda en el público. Casi un ejercicio de relaciones públicas.

Igual, aunque no puede ser la forma principal de financiar a la ciencia, es un aporte, en un momento donde los prejuicios contra el pensamiento científico, siempre presentes, son estimulados por algunos políticos.

No es una discusión en la Argentina hoy, en todo caso. El crowdfunding es un fenómeno de sociedades prósperas.

Dilema en el agro: vender, invertir o guardar en silo bolsa

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Expoagro 2019 es una muestra de pujanza (Sus organizadores repiten, como todos los años, «de optimismo», pero no es tan así). Se afirma que se cerrarán negocios por más de 50 mil millones de pesos, pero, si se toma en cuenta la inflación, el récord no parece tan importante.

Es cierto que la presencia de miles de productores en la exposición son un indicio de cosecha récord. Pero, dice la periodista de Clarín Silvia Naishtat, en este año electoral, aflora un dilema que es parte de la naturaleza de los farmers argentinos. Aquellos que ya cubrieron sus gastos y tienen excedentes, ¿guardarán esa parte de la cosecha en el silo bolsa o la invertirán en maquinaria y más tecnología? Y en AgendAR agregamos que es necesario tener en cuenta un elemento más en el dilema: el precio del dólar.

Los productores rurales tienen que ser, ante todo, empresarios. Y sus insumos -fertilizantes, semillas, combustible, repuestos de las maquinarias- están dolarizados. Saben, como todos, que el gobierno se esfuerza desesperadamente en contener el valor del billete verde. La pregunta es ¿por cuánto tiempo?

Además, como la inflación siguen en todos los otros precios, el tipo de cambio, que hoy parece alto, o razonable, según los tipos de cosecha ¿cuánto tardará en parecer «atrasado»? Por eso en ese dilema hay una pregunta que debe ser anterior: ¿Vender, invertir, o guardar los granos en silo bolsas? Reproducimos el cuadro de situación de Expoagro ´19:

Después de la sacudida que significó la sequía del año pasado, muchos productores se han repuesto. Otros destinarán gran parte de esta campaña a pagar las pérdidas. Los economistas del Banco de Galicia calcularon esa pérdida en el equivalente al 2% del PBI.

“No tenemos una demanda extraordinaria”, dijeron en Ipesa, la líder en los silo bolsa. Allí saben que los productores hacen caja con el maíz y suelen guardar la soja. Por las dudas, lanzaron un silo bolsa de mayor diámetro y hasta 100 metros, una cuadra, de longitud. Son los más requeridos desde sus filiales en EE.UU y Brasil.

Alicia Ciciliani, ministra de Producción de Santa Fe, se ataja: “El campo es un sector dinámico que ha hecho todos los deberes, invierte si hay crédito”, apuntó. Y ese incentivo hoy hace falta. En Claas, una de las grandes de maquinaria agrícola, cuentan que hay crédito en tasa cero en dólares a los que nadie se anima. Y en el caso de los préstamos en pesos, la tasa llega a un aceptable 23%, una rebaja que se reparte entre los fabricantes de maquinaria y el propio banco. La cosechadora de Claas se ofrece a US$ 780.000.

Nicolás Marinzalda menciona que los salva la exportación de los cabezales para la cosecha de girasol que destinan a casi todo el mundo. De otra dimensión, Franco Fabril una empresa familiar de cabezales de la cordobesa Arias, padece el mismo problema. Distinto es el caso de Lindsay de enormes equipos de riego que importa desde EE.UU. y que tras la sequía del año pasado vio incrementar la demanda.

Para Martín Berardi, de Ternium, dedicada a aceros planos para galpones y maquinaria, entre otros usos, la cosecha récord se siente en una recuperación gradual de las ventas. Miguel Acevedo, presidente de la UIA, insistió que las tasas ahogan la actividad.

Hay empresas empeñadas en estimular como YPF que lanzó la ambiciosa división agro. Nicolás Winschel, un ex Monsanto, contó que están aprovechando sus 105 puntos de venta que llegan a 22.000 productores. Ofrecen canje de granos a los que pagan sobreprecio para combustibles, fertilizantes y agroquímicos. En esta muestra ya están cerrando contratos por 2 millones de toneladas que después exportarán. La otra novedad es el impulso que le están dando desde la petrolera estatal a los biocombustibles y a la unidad Y-Tec, la sociedad con el Conicet que ya creó un bio fungicida en soja.

Otras firmas como Biogénesis Bagó mencionan que los gastos en sanidad animal no bajan por ser indispensables para vender carne al mundo. Esteban Turic, CEO de la empresa, que es la única de América Latina que tiene y produce desde su planta en China unas 50 millones de dosis, dijo que ya están exportando desde su fábrica de la bonaerense Garin a Vietnam, Corea del Sur, Tailandia y Taiwán.

Y entre las novedades se destaca Indigo, con su corazón en Boston y considerada el primer unicornio del mundo dedicado a la tecnología para el campo. Indigo vale más de US$ 1.000 millones y su primera filial fuera de EE.UU. es la Argentina. La firma se dedica a identificar micororoganismos que son beneficiosos para el desarrollo y potenciar el rendimiento de los cultivos. Carlos Becco, su CEO en el país, ensayó un modelo acorde a estos tiempos en vez de vender la semilla, se asocia a los productores-clientes en función de los mayores rindes.