En estos días el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, dio un extenso reportaje a Jorge Fontevecchia, del diario Perfil. Nos parece de interés reproducir aquí las evaluaciones y expectativas de uno de los dos hombres claves de la gestión de Alberto Fernández.
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«—¿Cuál es tu pronóstico de cómo va a ser la evolución de la economía este año? —Yendo al grano, vemos una economía que está en un buen momento, no sin dificultades. Si hace dos años nos hubiesen dicho que en 2022 íbamos a estar creciendo, generando empleo, sacando argentinos y argentinas de la pobreza, mejorando la desigualdad, reduciendo la desigualdad con la industria, creciendo con la energía de Vaca Muerta, produciendo récord con la inversión productiva, creciendo 30% respecto a 2019 y con las exportaciones en alza, realmente hubiese dicho que lo veía difícil o imposible, o me tengo que pellizcar para pensar que esto es cierto y es lo que está ocurriendo. Esto no es color de rosa, tenemos una inflación alta que tiene dos componentes, el nuestro propio de una inflación que ya lleva 15 años en dos dígitos, que se aceleró durante el último gobierno de Mauricio Macri y que se agravó ahora por la crisis internacional, o mejor dicho, primero por la pandemia y después por el impacto de la crisis en Ucrania. Hay que verlo todo. La mitad medio llena del vaso es una economía creciendo, impulsada por la inversión, por las exportaciones, mejorando el consumo, sacando gente de la pobreza. Por supuesto, necesitamos bajar la inflación para que el efecto de todo este crecimiento se vea mucho más en los hogares. Pero para ser concreto, respondiendo a tu pregunta, veo un año bueno, no sin dificultades. Aspiramos a crecer por segundo año consecutivo, y que también el año 2023 podamos volver a crecer, porque esto lo que nos va a permitir realmente es construir otro sendero que nos permita crecer a largo plazo y no andar siempre a los sobresaltos. —Cuando uno les pregunta a los distintos actores económicos cuál es su proyección de lo que va a suceder en la economía de este año, todos dicen “depende cuánto dure la guerra”. La guerra, para un país como la Argentina, independientemente de que moral o éticamente sea una pregunta incómoda, ¿trae más oportunidades que amenazas o amenazas que oportunidades? —A nuestro país le trajo las dos cosas, por un lado mejoró los precios de exportación, la soja, el trigo, el maíz, valen mucho más que lo que valían a principio de año, pero también vale mucho más la energía. Argentina hoy es un país productor de energía, gracias al plan Gas que implementamos en 2020. Vaca Muerta está en récord de producción y tenemos un abastecimiento muy importante, pero no todo. Nos falta durante períodos del año un 10% o un 15% del abastecimiento de gas para poder tener seguridad respecto a los hogares y las industrias, eso hoy hay que importarlo. También el precio del gas se fue por las nubes. Con lo cual, el resultado es ambiguo y obviamente estos efectos también se traducen en más inflación, que se ve en todo el mundo. Lo hemos visto en estos días, en el mes de marzo, inflación del 3% en España, 2,5 en Alemania, Turquía arriba de 6, cosas que no se veían hace décadas. Insisto, esto es un efecto ambiguo, tenemos cosas que nos favorecen y otras que generan tensiones.
—¿Puedo simplificar todo el desarrollo que hiciste diciendo que Argentina está por entrar en un ciclo de viento de cola nuevamente sostenido? —Estamos en un ciclo donde hay muy buenas condiciones, lo de viento de cola me hace ruido porque parece que entonces uno se deja llevar, y ya lo decía Séneca, no hay viento de cola si uno no tiene bien claro para dónde está conduciendo. —No es condición suficiente, pero su condición necesaria. —Por supuesto que el hecho de que haya un panorama internacional que nos favorece sin duda es un aliciente. —Vos que escribiste “Los tres kirchnerismos”, cuando comparás este escenario internacional para la economía argentina con el de 2003, ¿con qué te encontrás? —Este escenario en muchas cosas es incluso mejor que el de 2003, porque en el caso de la minería, por ejemplo, veo oportunidades de ingresar en toda la cadena de valor, de ser un proveedor de minerales, pero también de construir en la Argentina la plataforma sudamericana de vehículos y baterías eléctricas. Estamos trabajando en eso y dentro de pocos días va a haber anuncios, porque estamos recibiendo inversores que ya no solo los hemos interesado en el litio, con la Ley de Movilidad que está en el Congreso y que es la ley más avanzada en América Latina hasta ahora, en la que plantea desafíos más fuertes con incentivos muy claros. Hay un montón de inversores internacionales que están mirando a Argentina con interés porque está claro que va a haber plataformas mundiales. Obviamente Estados Unidos va a ser una, va a haber en Asia, en Europa. En América del Sur, Argentina aparece a la vanguardia y esto nos posiciona también como proveedor industrial, no solamente como proveedor de materias primas. —¿Cómo se compara la situación internacional actual para Argentina en sus dos grandes momentos: a comienzos del siglo pasado y a mediados? —Éste es un momento distinto a ambos, primero estamos en una etapa de globalización, solo que es distinta a la que veníamos viviendo. Hay un reacomodamiento geopolítico que en algunas cosas nos puede beneficiar. Estoy viendo un escenario donde Argentina tiene cierta madurez en algunos procesos productivos y tecnológicos. Lo que necesita son políticas estables, por eso presentamos hace pocos días un plan a largo plazo. Argentina tiene que salir de esta lógica de estar siempre a los tumbos, tapando agujeros. Por supuesto, como lo son los problemas de corto plazo, eso hay que hacerlo permanentemente, pero también planificar a largo plazo. Lanzamos el Plan Argentina Productiva 2030, que está estructurado en torno a diez misiones industriales. Lo tomamos de Marina Mazzucato, economista italiana que está en Inglaterra. Este tema es interesante porque no se trata solamente ya de hacer planes sectoriales, que motiva mucho a los actores del sector, pero no son tan comprendidos por el resto de la sociedad. Estas misiones justamente buscan atacar desafíos sociales, económicos y ambientales. Argentina vive en una situación pendular políticamente desde hace mucho tiempo, lo que buscamos es estructurar algunos consensos mínimos. Nos gustaría que este plan no sea simplemente el plan del Ministerio o del gobierno de Alberto Fernández, buscamos que pueda enraizarse en los sectores productivos, los sectores sindicales, la sociedad civil, las universidades y también de la oposición. Argentina no puede estar cada tres o cuatro años cambiando de idea, no sirve más hacer alimentos, hay que hacer software, hay que hacer de todo, pero ordenadamente. Hay que ponerse metas mensurables que puedan ser evaluadas y que puedan obviamente ir siendo corregidas, pero con un horizonte claro. Llegar a 2030 con dos millones de puestos de trabajo más formales de los que tenemos ahora, con nueve millones de pobres menos de los que tenemos ahora, con una economía que esté funcionando correctamente, que no tenga desequilibrios externos, con el doble de exportaciones de las que tenemos ahora.«Hay un montón de inversores internacionales que están mirando a Argentina con interés»
—Argentina tuvo sus dos momentos de gloria coincidiendo con las dos Guerras Mundiales. La pandemia, que para muchos fue equivalente a una guerra, y ahora la de Ucrania ¿reformulan la geopolítica y hacen que la globalización entre en otra etapa, que se priorice tener autoabastecimiento, tener seguridad de insumos, lo que nuevamente se le vuelva a dar a la Argentina una oportunidad como en las dos guerras anteriores? —Sí, estás diciendo cosas justamente muy atinadas y que describen muy bien el momento que estamos viviendo. No es que se rompió la globalización, como sí se había roto en los momentos de autarquía que hubo en el período de entreguerras, y parte del escenario de la segunda posguerra. Lo que hay ahora es otra globalización y efectivamente con la pandemia, la situación geopolítica impuso en muchos países la necesidad de repensar las cadenas de valor, hacerlas más cortas, resilientes, trabajar justamente en asegurar abastecimiento. Tuve reuniones con sectores de Estados Unidos que planteaban esto y no era simplemente pensar en vacunas o en medicamentos, sino en redes de suministro mucho más amplias. Al mismo tiempo hay tecnologías nuevas que hoy permiten producir un montón de bienes y servicios de manera más automatizada, con lo cual esa búsqueda del pasado de inversiones que se iban a Asia, a países de bajos salarios, ya carece de sentido, porque además esos países ya mejoraron sus salarios. Hay un mundo que es diferente, se está reacomodando y si tenemos la habilidad, la inteligencia, toda la Argentina, no solamente el Gobierno, la sociedad civil y los sectores productivos, si nos dejamos de pelear por cualquier cosa y tiramos para el mismo lado, hay una oportunidad enorme y tenemos una década para crecer en serio.«Existe un escenario donde Argentina tiene cierta madurez en algunos procesos productivos y tecnológicos»

(Continuará mañana)


Después de mil charlas con colegas, analizar papers y hablar con médicos, consideraron que para que su hijo mejorara su calidad de vida tenían que lograr «disminuirle» la inflamación celular y modular su sistema inmune.
«La literatura médica suele recomendar el uso de compuestos antioxidantes presentes en frutos como el arándano o el maqui, pero mi hijo no los toleraba. Y entonces empezamos a investigar otras moléculas antioxidantes pero de origen marino, que se podían obtener partiendo de compuestos producidos por el metabolismo de los erizos de mar cuyos huevos no fecundados contienen moléculas conocidas como espinocromas, que aportan polifenoles con efectos antioxidantes. «En concreto esos compuestos se obtenían a partir de los erizos, ¡qué justo era el animal con el que yo trabajaba a diario en mi laboratorio!», comentó Rubilar.
Lo que siguió fue un trabajo detectivesco que implicó ponerse en contacto con un grupo de científicos rusos, que desde su instituto en Siberia, habían descubierto, clasificado y usado esas mismas moléculas para desarrollar un fármaco cardiológico inyectable, con efectos antiinflamatorios y que se usa en Alemania para tratar cardiopatías.
Rubilar se enfocó en analizar los huevos no fecundados de los erizos de su laboratorio y comprobó que estaban repletos de espinacromas «saludables». Así que mientras las estudiaban en detalle comenzó a darle a su hijo preparados caseros hechos en base a ese elemento «sabiendo, por supuesto que era algo seguro e inocuo ya que son alimentos que se consumen regularmente en otros países».
¿Qué pasó? Que ese tratamiento natural le generó efectos positivos, disminuyendo la inflamación y modulando las reacciones alérgicas de manera tal que pudieron bajar la dosis de corticoides que le recetaban regularmente hasta llegar a interrumpirla por completo y solo continuó tomando inmunoglobulinas.
Productos antioxidantes
La compañía estará lanzando 3 productos: uno se combina con extractos de algas -que también cultivan en su planta productiva- y su efecto es disminuir la inflamación celular y aportar moléculas del complejo vitamínico B y ácido fólico. Otro producto es equivalente al nutracéutico elaborado en Rusia. Tiene efectos antioxidantes y ayuda a controlar el colesterol y la glucosa. La utilidad de este preparado ya está siendo ensayado en pruebas de doble ciego randomizadas, que fueron financiadas con un subsidio del Ministerio de Ciencia para analizar sus efectos en la evolución de 100 pacientes de hospitales como el Santojanni y el Muñiz. El objetivo es precisar sus efectos terapéuticos en personas con secuelas de Covid-19 (aún siguen sumando candidatos desde el mail:
No es la falta de viento lo que está restringiendo la generación de energía eólica sino la falta de dólares, situación que toma más relevancia en el contexto de crisis energética producida por la falta de gas.
Por esta situación, la Cámara Eólica Argentina (CEA) envió una carta al presidente del Banco Central, Miguel Pesce, con copia al ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; al secretario de Energía, Darío Martínez y a la titular de la AFIP, Mercedes Marcó de Pont, alertando sobre esta situación.
La cantidad de destinatarios que tiene la carta se debe a las varias —y variadas— barreras burocráticas que deben vencer las empresa para importar, ya que cada ventanilla impone una restricción cambiaria, agravada por la imposición del Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI) y de la Capacidad Económica Financiera (CEF).
Para que el Banco Central de la República Argentina les otorgue dólares a las empresas, éstas tienen que aprobar el Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones, instrumento de la AFIP que “prioriza los controles y la gestión de riesgo sobre las mercaderías”, y cumplir con la capacidad económica financiera.
El problema es que, al momento de las licitaciones, las empresas crearon subsidiarias para presentarse, las cuales no cumplen con las nuevas exigencias y no pueden comprar los productos necesarios.
La CEA señala que, en la Aduana, están frenados desde hace meses repuestos para un aerogenerador con potencia instalada de 3,6 MW. El valor de los mismos es de 15.000 dólares, pero la energía perdida exige aportar 385.000 dólares para compensar los 5.512 KW/h que se dejaron de producir con los molinos.
La falta de dólares es, además, un gran problema.
“Tenemos facturas adeudadas de varios meses que no podemos pagar por no tener acceso a los dólares. Algunos aerogeneradores exigen estudios específicos, como las radiografías de palas, que no los podemos hacer, y tenemos que dejarlos fuera de servicio”, explicaron.
También hay complicaciones con las empresas navieras. Como el Banco Central restringió la posibilidad del pago a término, atienden a otros mercados y a las compañías locales les cuesta conseguir quien les entregue la mercadería.
La carta
La crisis se agudizó con la Comunicación 7030 del Banco Central, con efectos en las importaciones para la industria eólica.
La CEA explicó que la situación se traslada a toda la cadena de valor del sector, particularmente a quienes fabrican y desarrollan componentes nacionales (torres, insumos eléctricos, logística y servicios) que ven frenada su expansión y el mantenimiento de las fuentes de trabajo si los desarrolladores y tecnólogos no pueden encarar sus proyectos con normalidad.
Las restricciones y requerimientos para las empresas que deban acceder al Mercado Único y Libre de Cambios han producido un profundo desarreglo, que no sólo entorpece la instalación de los parques, sino también su operación y mantenimiento.
“No desconocemos las dificultades por las que atraviesa el país en su macroeconomía. Y por esa razón hacemos los esfuerzos posibles, porque es nuestro sector el que hará posible que la Argentina cumpla con sus compromisos de París y COP 26 de Glasgow en materia de cuidado ambiental a través de la sustitución de los combustibles fósiles”, se indicó.
Por último, la CEA plantea conformar una mesa de trabajo y ayuda para tratar los problemas, encontrar soluciones de coyuntura y hacer propuestas para resolver la situación y ayudar al crecimiento del sector eólico.
Generación paralizada
Desde fines del siglo XX, dos generaciones de parques eólicos dan cuenta del desarrollo alcanzado en nuestro país.
Con el inicio del siguiente siglo, la mayoría de los parques de primera generación quedaron inoperantes por los inconvenientes técnicos y los obstáculos financieros y regulatorios, fruto de la fluctuación político-económica del país.
El parque eólico instalado en el año 1990 en la localidad de Río Mayo, en la provincia de Chubut, con 4 turbinas de origen alemán, abrió la primera generación de parques que se concretó entre 1990 y 2008.
La crisis de 2001 y la partida del país de empresas del rubro de eólico agravaron la situación y obligó a importar repuestos. Aparecieron, además, inconvenientes en la Dirección General de Aduanas que retrasaban el ingreso y la entrega de productos.
En la primera década de 2000 dos de los equipos quedaron inoperantes y el tercero fue detenido antes de que se rompiera.
CEPA buscó obtener subsidios y ayuda externa para costear las reparaciones pero, pese a los numerosos intentos, los aerogeneradores dejaron de operar.
En números
—La energía eólica es el aprovechamiento de la energía cinética del viento para transformarla, a través de aerogeneradores, en eléctrica.
—Por su carácter renovable es inagotable, no contaminante y de gran potencial de explotación.
—La Argentina cuenta con uno de los mejores vientos en cuanto a velocidad y persistencia y posee tierras para emplazar parques.
—El sector creció con la promulgación de la Ley del Régimen de Fomento Nacional para el uso de Fuentes Renovables de Energía, que permitió sentar las bases para su desarrollo.
—El pasado 1 de marzo se registraron dos marcas históricas, estableciendo un récord de aportes de generación eólica y solar, con 3.670 MW.
—El citado día 1, el 25.96 % de la demanda de energía eléctrica fue abastecida por fuentes renovables. De ese porcentaje, el 70,34 % provino del sector eólico; el 22 % del fotovoltaico; el 4,56 % del hidráulico y el 3,1 % de las bioenergías.
—En el año 2021 la energía renovable cubrió —en promedio— el 13 % del abastecimiento eléctrico del país.
¿Dónde está Bahía Blanca?
La ciudad de Bahía Blanca es señalada —por la Cámara Eólica Argentina— como una región estratégica para el desarrollo de parques eólicos, en razón de sus condiciones inmejorables gracias a la calidad de sus vientos, la cercanía al puerto y la conectividad.
De los 1.176 MW de potencia eólica de la provincia de Buenos Aires, el 20 % le corresponde a Bahía Blanca.

“El Plan Espacial va a ser el producto de la participación amplia de usuarios de información satelital, instituciones del sector científico-tecnológico, instituciones educativas, otros ministerios y empresas privadas”, enfatiza el director ejecutivo de la CONAE, Giovanni Sacchetto.
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(Esta propuesta tiene asociaciones que quizás Boris Johnson no tuvo en cuenta: justamente en Ruanda se dio uno de los últimos genocidios del siglo XX: un intento de exterminio de la población Tutsi por parte del gobierno hegemónico Hutu de Ruanda en 1994. Se calcula que entre 500.000 y 1.000.000 de personas fueron asesinadas).
Enrique Breccia (centro) entrevistado por Juan Royo Abenia y Ángel Fernández el 29 de marzo pasado en Zaragoza
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Uno de sus homenajes a Malvinas
El Mangrullo, en Neuquén, la joya de la corona de Pampa Energía
En el yacimiento El Mangrullo hoy trabajan más de 1.000 personas por día, entre petroleros y trabajadores de la construcción
La empresa está ampliando su capacidad de tratamiento del gas
PARTO SIN FECHA CIERTA
«Oficialmente nacimos en 1976, de la mano de un grupo de científicos del Centro Atómico Bariloche. Pero la verdad es que ya venían trabajando desde 1972, bajo el paraguas del «Programa de Investigación Aplicada» que lideraba el físico Conrado Varotto«, recordó Vicente Campenni, CEO de la empresa.
La lógica de la por entonces flamante «startup» seguía las ideas de otro físico legendario, Jorge Sabato, que en la década del ´60 postuló que el desarrollo tecnológico de un país «se alcanza por medio de la interacción conjunta y permanente entre el Estado, el Sistema de Ciencia y Tecnología y las empresas». El caldo de la época era propicio y eso explica que en la misma época FATE -sí, la empresa de neumáticos- abría una división de ¡microelectrónica! para fabricar calculadoras mientras Aluar inauguraba el mayor laboratorio de investigación y desarrollo del país.
Con lógica -casi todos los miembros de la flamante empresa provenían de la comunidad atómica y la administración estaba en una habitación de la residencia estudiantil del Balseiro- sus primeros proyectos se enfocaron en resolver necesidades de la entonces pujante industria del átomo. A pedido de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) desarrollaron desde cero una planta de fabricación de esponjas de circonio. Y lo hicieron en tiempo récord. Encadenando contratos se graduaron de confiables e innovadores con el diseño y fabricación del reactor de investigación y docencia RA-6 que le ahorró a la CNEA comprarlo afuera «llave en mano».
El siguiente salto dio pie a otra de sus actuales líneas de negocios: la medicina nuclear. En 1977 comenzaron a ofrecer un procesador de biopsias para anatomía patológica y desde entonces fueron complejizando la oferta y los dispositivos dedicados al diagnóstico y cura del cáncer.
El negocio del espacio, que hoy la encuentra con varios satélites operativos, comenzó a principios de los noventa, cuando –otra vez de la mano de Varotto que dirigía la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE)–, les encargaron la serie de satélites SAC. Esta se continuó con el Arsat y los Saocom y ahora tienen avanzado el SABIA-Mar, en conjunto con Brasil.
Finalmente, la cuarta área en la que se especializa son los radares. Nacida como lógica expansión de su know-how en equipamiento satelital, a partir de 2003 comenzaron a colaborar con la Fuerza Aérea en el programa de radarización nacional. Eso la obligó a desarrollar equipos para uso militar pero también tecnologías de radarización civil.
EL PRESENTE
Vicente Campenni es actualmente gerente general de INVAP. Doctor en física de la Universidad de Córdoba, especializado en ciencia de materiales, ingresó en 1988. En la década del noventa pasó al área de ensayos mecánicos y trabajó en control de calidad satelital. Y desde 2017 es su máximo directivo.
Según nos explica: «En los últimos dos años atravesamos un cambio organizacional importante, en parte porque se registró un giro político que reactivó varios proyectos de inversión tecnológica nacional de gran envergadura», dice. Sin embargo, ese cambio se vio atemperado por la pandemia. «Impactó en nuestro trabajo con clientes locales y generó dificultades extra en los proyectos de clientes del exterior», reseña.
¿En qué estado está hoy la compañía? «Volvimos a crecer y nuestro staff suma ya 1.400 personas. Con eso nos estamos adaptando para afrontar, en tiempo y forma, una mayor carga de trabajo que la que teníamos hasta 2019», desarrolla.
Obviamente la pandemia los obligó a repensar las operaciones y la ejecución de proyectos, tanto los locales como en el resto del mundo. «Te doy un ejemplo: al comenzar la pandemia trabajábamos para la India, Holanda, Turquía, Arabia y Bolivia. Muchos de nuestros profesionales estaban en esas locaciones y debieron volver. Ahora, cuando nuestros expertos regresaron a esos países se toparon con nuevas olas de Covid.»
Claro que eso complejiza la planificación de tareas «algo esencial para nuestra performance como compañía: tuvimos que pasar de pensar en términos de ‘meses’ a planificar en el lapso de ‘semanas’, porque el contexto dinámico condiciona todo y nos sumó una nueva capa de complejidad». Tampoco ayuda que cada proyecto se apoya en una cantidad de proveedores, nacionales e internacionales, muchos de los cuales son pymes, por lo que sus entregas también se ven afectadas por aislamientos y contagios. «Tradicionalmente los directivos nos preocupábamos por conseguir nuevos negocios. Bueno, en los últimos 18 meses tuvimos que enfocarnos en cómo hacer para cumplir los contratos de manera eficiente.»



El doble estándar europeo de lo “verde”
Se sabe que en la Patagonia contamos con los mejores vientos del mundo, tanto en lo que respecta a velocidad y densidad de potencia como constancia, lo cual se traduce en inmejorables factores de capacidad para los parques eólicos emplazados allí. Pero por más constantes que sean, debido a la intermitencia natural de los vientos, tanto diaria como estacional, no se tendría un abastecimiento de electricidad constante a la planta a lo largo del día y del año.
Para mitigar posibles interrupciones en la operación y ganar fiabilidad a largo plazo, es decir, para tener potencia firme, se está estudiando la opción de interconectar la planta a la línea de transmisión de 500 kV del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), la red eléctrica de tendidos de alta tensión del país.
Como nuestra matriz eléctrica depende de aproximadamente un 60% del gas natural, un 30% de hidroeléctrica, un 5% de energía nuclear y otro 5% de energías renovables (eólica, solar, biogas, minihidroeléctrica), entonces, con un 20% de electricidad proveniente del SADI, podría decirse que el hidrógeno sería 81% verde, verde oscuro, digamos, pero más verde botella que verde petróleo.
¿Y si consideramos al gas natural y a la energía nuclear como verdes en esta carrera de descarbonización? En ese caso, tendríamos un hidrógeno 94% verde, más brillante, un verde esmeralda. Pero también podríamos clasificar a las centrales hidroeléctricas grandes, de más de 50 MW, como verdes. Y entonces tendríamos un hidrógeno 100% verde, totalmente verde, verde trébol, menta, helecho, verde verde.
Pero, quién dice qué fuente es verde y cuál no? En febrero de este año, la Comisión Europea presentó un acto delegado complementario para “acelerar la descarbonización”, en el cual se propone clasificar como verdes a la energía nuclear y al gas natural. Si cuán verde será el hidrógeno depende de una taxonomía climática europea, la cual pretenden cambiar ahora por sus propias urgencias en el contexto geopolítico internacional, ¿por qué nos debería preocupar a nosotros? Al ser Europa uno de los principales mercados de interés de FFI, los avances del proyecto en Río Negro dependen de lo acordado entre europeos, al mismo tiempo que éstos exigen el criterio de “adicionalidad”, es decir, que todo el hidrógeno verde sea producido con electricidad generada en proyectos verdes nuevos, lo cual dejaría abierta la dificultad para que los costos del hidrógeno argentino sean o no competitivos.