Siguen los incendios en las islas frente a Rosario

“No tengo dudas que son intencionales los incendios” dice el intendente de Rosario. Lo que podemos decir desde AgendAR es que esto ya sucedió años atrás, cuando el humo de los incendios llegó hasta la Capital Federal. Y no conocemos fallos de la Justicia sobre ese desastre ambiental anterior.

Una buena crítica al monetarismo, mal titulada

Julián Zicari es doctor en Ciencias Sociales, y Magíster y especialista en Historia Económica. A pesar de esos pergaminos, escribe sobre economía con claridad. En este caso, reproducimos una reciente columna sobre emisión e inflación en Ámbito, donde hace una crítica fundada sobre la teoría monetaria de la inflación. Pero el medio que la publicó puso el título (es habitual en los medios, incluso en AgendAR), que dice: «Seis errores del monetarismo: por qué emitir no alimentará la inflación». La segunda frase convierte a un artículo de divulgación serio en una chicana para ser refutada en las redes sociales y programas de TV…

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«Todos conocemos la premisa monetarista que se suele repetir como un mantra: la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario. Así, viejos ortodoxos argentinos y jóvenes libertarios, con más certeza que capacidad de pensar o cuestionar su propia teoría, se embarcan en defender y repetir los postulados monetaristas que terminan siempre en políticas de ajuste, concentración económica y caída salarial. Es que el monetarismo con su sencillez teórica entiende que sólo la emisión monetaria es la causante de la inflación, siendo esto una relación supuestamente univoca. Por lo que con este único postulado, que podría escribirse simplemente en un sobrecito de azúcar, busca explicar prácticamente todos los problemas económicos, casi como si no hubiera necesidad de escribir libros, plantear otros problemas o hacer revisiones empíricas sobre su doctrina. De allí que como actualmente pasa, en el que aumenta la emisión, denuncian que en poco tiempo vendrá una hiperinflación, aún cuando el ritmo de los precios esté bajando (la inflación anualizada de diciembre fue 54% y la de junio 43%). Sin duda pueda resultar atractivo explicar todo solo con una variable sin considerar nada más, pero también se debe reconocer que la realidad es mucho más compleja que eso. Por ello mismo, dado los grandes problemas y errores que esconde la doctrina monetarista busquemos plantear seis preguntas para cuestionar algunas de sus certezas. 1 – ¿Es una regla mecánica? La primera pregunta apunta a plantear los problemas de la supuesta identidad que existiría entre emisión e inflación, como si fuera una regla mecánica, objetiva e incuestionable. De este modo, por ejemplo, podemos preguntarnos por la simetría: si existe la certeza de que al subir la emisión sube la inflación, tendría que pasar lo inverso cuando la emisión pasa a ser negativa, obteniendo también entonces inflación negativa. Sin embargo, como sabemos, no ocurre ello: los precios tienen más facilidad para subir pero muchas rigideces para bajar. Por lo tanto, la identidad entre emisión e inflación no es tal: la deflación casi nunca existe y el ritmo de movimiento de los precios no se puede manejar a control remoto solo con la cantidad de dinero. Es decir, no hay fenómeno mecánico entre una cosa y otra. Pero además tampoco es clara cómo opera la relación: si subimos un 10% la emisión ¿tendremos un 10% de inflación (o tendremos más que ese número, o acaso menos)? Otra pregunta refiere a lo que pasa cuando aumenta la cantidad de dinero, pero bajan los precios, como por ejemplo con la trampa de la liquidez, algo que también suele ser silenciado. De aumentar la cantidad de dinero, además, tampoco es claro si aumentarán los precios, sino que además –de subir- no sabemos en cuántos períodos de tiempo ocurrirá, a qué ritmo y a qué se deben los retrasos. Por tanto, la existencia de elasticidades dispares (a veces negativas, otras neutras y otras tantas positivas) indica que la supuesta regla monetarista muchas veces falla, tiene problemas que no puede explicar y que, en realidad, es más lábil que cierta: su inflexibilidad y rigurosidad entonces son un mito. 2 – ¿La inflación es mono o multicausal? El segundo gran problema del monetarismo es su rigidez conceptual. Al postular la exclusividad de la inflación debida a los fenómenos monetarios deja al descubierto su gran pobreza analítica resultando finalmente en un ridículo mayúsculo. En la Argentina sabemos que el principal determinante de la inflación es la suba del precio del dólar. También actúan en ella factores como la concentración económica de mercados claves, los ajustes tarifarios, los movimientos del valor de la nafta, la puja distributiva, los precios externos de los bienes primarios, las expectativas, los desequilibrios productivos, las tasas de interés en el mundo, el ciclo económico, la estacionalidad y los ahogos del sector externo. Veamos un simple ejemplo: durante el macrismo desde mediados de 2017 hasta fines de 2019 la emisión prácticamente fue nula, sin embargo en 2018 al duplicarse el valor del dólar, la inflación se duplicó (pasó de ser del 24% en 2017 a 48% en 2018) y volvió a subir un año después. Vemos acá que la validez empírica de la teoría monetarista brilló por su ausencia. 3 – ¿De qué hablamos cuando hablamos de emisión? En tercer lugar el monetarismo nunca aclara a qué se refiere exactamente con emisión o fenómenos monetarios, pues existen muchos mercados de dinero. A veces hablan de la “maquinita” refiriéndose a la simple emisión de billetes y monedas (M0), pero a veces se refieren a los niveles del dinero bancarios, como las cuentas corrientes (M1) u otras que incluyen a las cajas de ahorro (M2), mientras que en otros momentos hablan de que es necesario incluir encajes bancarios y otros mecanismos de esterilización para analizar el circulante dinerario. Aunque las más de las veces no se refieren a nada de eso, sino a la emisión respaldada con reservas (increíblemente, respaldada en dólares, ¡otra moneda!). Es decir, existen múltiples agregados monetarios, con lógicas y formas de funcionamiento no siempre iguales en cada caso. La estructura monetaria y su operatoria son propias de cada país y de cada momento histórico en ellos, dado que su cultura bancaria, financiera y monetaria son heterogéneas: la moneda no funciona del mismo modo en el Congo, que en Alemania, en China o en la Argentina. Entonces, si consideramos los diversos elementos, volvemos a reforzar la idea de que no es posible establecer una relación clara ni lineal entre emisión e inflación, por lo que no existe la ley universal monetarista tal como se postula. 4 – ¿Por qué muchos países imprimen y no sube la inflación allí? El cuarto problema se liga a considerar todos los ejemplos existentes en los que la relación entre emisión e inflación es nula o incluso inversa. Por ejemplo, Japón estuvo en recesión durante gran parte de la década de 1990, sufriendo deflación. Para ello las autoridades quisieron quebrar eso y darle un sentido positivo a los precios para evitar que sigan cayendo, así se largaron a emitir, sin embargo se encontraron con la famosa trampa de la liquidez y no tuvieron la inflación que estaban buscando con solo emitir. En la actualidad podemos ver cómo en plena pandemia y en la emergencia económica mundial provocada por el Covid-19, los principales países del mundo se han largado a emitir a lo loco. No obstante, por más que en Europa o en Estados Unidos le den “a la maquinita” no se registra inflación allí. La respuesta que suelen dar quienes defienden el monetarismo frente a estos graves problemas empíricos es que eso ocurre en “países serios” y porque la población tiene “confianza” en sus autoridades monetarias, aumentando incluso la demanda de dinero en esos lugares a pesar de emitir. Lo curioso, igualmente, es que apelar a la idea de “confianza” implica aceptar que la relación entre emisión e inflación no es objetiva, sino subjetiva y cultural: una apreciación que vuelve a dejar de lado el mecanicismo o la certeza básica del monetarismo, pues intervienen entonces evaluaciones y diagnósticos muchas veces ideológicos, contextuales e históricos. Del mismo modo, debemos subrayar lo que es obvio: las principales monedas fuertes del mundo (como el dólar, el euro, la libra esterlina o incluso el bitcoin) son monedas fiduciarias. Es decir, se basan en la confianza y no tienen respaldo ni regla alguna. Por lo cual, la regla mecánica e infalible no puede sostenerse tampoco aquí. 5 – ¿Hablamos de física o de una ciencia social? El quinto problema del monetarismo es que el dogmatismo de su mantra le hace pensar que estudiar economía es lo mismo que estudiar física, es decir pensar en cómo actúan objetos inertes entre sí, cuando en realidad –y aunque les duela- nos referimos a una ciencia social, en la cual están implicadas relaciones de poder, clases sociales, problemas distributivos, estructuras productivas desequilibradas, conflictos sociales, la relación centro-periferia y tradiciones económicas específicamente históricas propias de cada lugar. Por ejemplo, las expectativas económicas para determinar el consumo, la inversión, el nivel de precios, el ahorro o la compra de dólares se establece según diagnósticos ideológicos y contextuales. Si existe un presidente “pro-mercado” o uno “populista”, por más ambos que tomen las mismas medidas, diferirá en cómo reaccionarán los agentes sociales ante ellos: aquí no hay objetividad sino ideología. No es posible establecer de manera exacta los ciclos económicos porque la economía depende de sociedades vivas, cambiantes y en conflicto. Por ello, por más que nos puedan servir las herramientas matemáticas o el cálculo, nunca obtendremos valores precisos en todas las variables. Si fuera así y pudiéramos calcular todo, la Unión Soviética hubiera triunfado en lugar de derrumbarse. No se puede hablar en abstracto sino de cada sociedad y coyuntura específica. De esta manera, la postulación de reglas mecánicas, universales, objetivas e inflexibles no es posible. De allí otro grosero error del monetarismo. 6 – ¿Cómo funciona la regla en los límites? El último cuestionamiento al monetarismo podría permitirnos hacerle un reconocimiento: efectivamente es posible pensar en algún tipo de vinculación entre emisión e inflación en los extremos. Es decir, si no existiera regla monetaria alguna, ningún gobierno tendría necesidad de recaudar impuestos sino que simplemente podría emitir y gastar todo lo que necesite sin consecuencia alguna. No obstante, sabemos que no es así: ningún gobierno puede imprimir al infinito sin generar efectos indeseables. Ahora bien, el problema radica en pensar entonces al monetarismo en sus extremos: a veces sin emisión tenemos inflación, otras con emisión no la tenemos, sabemos que si tenemos emisión negativa eso no nos garantiza inflación negativa, pero sí que si la emisión es radicalmente descontrolada habrá efectos inflacionarios. Sumemos otros problemas: además de que la cuestión elástica entre dinero y precios no es clara, tampoco lo es con respecto a los rezagos de tiempo en que puede funcionar o pasar a ser neutral. Por lo que la cuestión de los casos límite el monetarismo tiene algo de razón pero también dificultades en explicarlos: cuándo y por qué en ciertos momentos funciona la regla y en otros no. En suma, vemos que existen muchos cuestionamientos a la doctrina monetarista, doctrina con la cual muchas personas fanáticamente se identifican, repitiendo un mantra univoco entre emisión e inflación. Como hemos dicho, es verdad que es atractivo explicar todo solo con una variable, pero el problema con ello es que empequeñece el debate y la realidad. Por eso, en vez de tener solo certezas es mejor desafiar al pensamiento focalizando en los problemas de una teoría en lugar de cerrarse en la terquedad de defenderla como una verdad incuestionable. Tal vez así surjan mayores esfuerzos para entender nuestra realidad y aportar mejores soluciones a ella.» Una observación de AgendAR: Un ejemplo, válido, que utiliza Zicari en su artículo: en Argentina, y en la mayoría de los países, se recurrió a la pandemia a una alta emisión, y eso no ha disparado una escalada en los precios. El motivo, empirico, es fácil de percibir: la demanda bajó, en muchos productos hasta el suelo. Alguien tan ortodoxo como Adam Smith ya había señalado a la oferta y la demanda como los datos claves, más allá de cualquier fenómeno monetario. Pero, como reconoce Zicari, la emisión tiene consecuencias. En nuestro caso, la disparada del dólar «blue» es una de ellas ¿Por razones psicológicas, entre otras? Y sí. Sólo un monetarista extremo se animaría a decir que no tienen influencia. Más al punto: la restricción de la demanda no puede continuar, si la economía se va a recuperar. Es necesario, y urgente, estimular la oferta. En especial, de los productos de la canasta básica, en los que la demanda es inelástica.

10 años de Satellogic: la empresa argentina que produce microsatélites para el mundo

Con su flota de 10 microsatélites, que para fines de este año se ampliará a 21, la firma argentina logró consolidarse en esta década como uno de los líderes en la industria de observación de la Tierra.

El «Capitán Beto» comenzó a orbitar la Tierra el 26 de abril de 2013. Fue el primero de los microsatélites construidos por Satellogic, una empresa nacida hace 10 años en Bariloche que hoy, con 11 naves en órbita y a punto de lanzar otros 10, busca profundizar su idea de llenar el cielo de objetos que «generan imágenes de muy alta resolución de la Tierra» por un costo «entre 50 y 100 veces más eficiente que el de cualquier otra compañía en el planeta», afirma Emiliano Kargieman, fundador y CEO de la firma. «Esa eficiencia en costos que tenemos para capturar datos de alta resolución es muy única, solo lo hacemos nosotros. Ese diferencial lo hemos construido con muchísima tecnología, con muchísimos procesos y con mucha transpiración. Y es lo que nos da la posibilidad de tener un impacto real en estos grandes problemas». La empresa que imaginó y fundó junto a su socio Gerardo Richarte cumple en este mes de julio sus primeros 10 años de vida. Una década en la que pasó de ser una startup incubada por la rionegrina INVAP -con inversiones privadas y un aporte de 10 millones de pesos del Ministerio de Ciencia de la Nación- a una «pequeña multinacional de ADN argentino», con sedes en varios países y más de 200 empleados distribuidos en equipos en la Argentina, Uruguay, España, Estados Unidos y China.
Emiliano Kargieman, CEO de Satellogic, junto a Liu Hui, CEO de ABDAS, la firma china que tendrá el acceso a los servicios satelitales de la empresa argentina.
En 2013 «Capitán Beto», con sus escasos 38,5 kilos de peso y 82 centímetros de altura, se convirtió en el primer nanosatélite argentino en orbitar la Tierra. Fue un vehículo de prueba y abrió el paso para «Manolito», «Tita», «Fresco», «Batata», «Milanesat» y otros que componen la constelación de 10 satélites de la empresa. En agosto ese grupo se ampliará a 11, con la partida de «Hipatia», y en octubre duplicará su tamaño con el lanzamiento de los primeros 10 satélites de Satellogic fabricados en serie. Se trata en todos los casos de microsatélites de observación, a partir de los cuales la empresa comercializa sus productos o servicios de imágenes, datos y analítica geoespacial, que se aplican en rubros como la agricultura, infraestructura, forestación, energía, ambiente o en la toma de decisiones gubernamentales. Los logros de esta década, sin embargo, son solo el principio. «El objetivo de la primera etapa (de la constelación) es llegar a tener suficientes satélites en órbita como para hacer un remapeo semanal de toda la superficie de la Tierra, por debajo de un metro de resolución, a 70 centímetros. Es algo que hoy no existe, la humanidad no cuenta con la capacidad de ver cada metro cuadrado de la superficie de la Tierra cada semana», afirma desde Barcelona, en un reportaje vía Zoom. Esa primera constelación «requiere que pongamos en órbita, en total, unos 60 satélites. Ese es el primer paso. De ahí, crecer hacia donde queremos llegar, que es hacer un remapeo diario de la superficie del planeta, para lo que vamos a necesitar algunos satélites más», continúa. Kargieman recuerda que Satellogic nació como respuesta tecnológica al análisis de algunos de los problemas más importantes por resolver, «concentrados fundamentalmente alrededor de tres cosas: la producción y distribución de alimentos, la generación y distribución de energía y la gestión de recursos naturales para poder hacer esas cosas». Porque «lo que tenemos no es tanto un problema de disponibilidad de recursos sino de optimización del uso de recursos». «Empecé a entender que no teníamos una estructura para recuperar datos sobre lo que pasaba sobre la superficie de la Tierra de manera frecuente y poder utilizarlos para alimentar mejores sistemas de toma de decisiones. En 2010 decidí dedicarme a construir la infraestructura que nos permitiera hacer eso». «Esa infraestructura se compone de cientos de satélites y para poder construirlos, en el proceso tuvimos que lograr bajar el costo unitario de esos satélites: de cientos de millones de dólares a cientos de miles de dólares, porque si no la infraestructura que necesitábamos construir no iba a ser posible de financiar. Ese es el origen de la compañía y es un poco el propósito que aún comparten todos los que trabajan en la empresa». Uno de los grandes beneficios de la reducción de costos es la “democratización” del acceso a la imaginería geoespacial. “A nivel de costos ya estamos ahí, en el lugar en el que podemos servir a clientes que antes habían quedado afuera. El problema es que para poder hacerlo a la escala que queremos necesitamos tener más satélites en órbita”, explica el CEO, y dice que para poder tener el impacto que buscan necesitan “lanzar todavía otros 40 a 50 satélites en los próximos años, para poder servir realmente a todos los clientes”. “Para eso todavía nos faltan un par de años. Pero sí ya estamos trabajando, por un lado, con clientes de todas esas industrias, agro, infraestructura, forestal, cartografías, seguros y demás, y por otro lado con gobiernos. Quizás la democratización empezó con el acceso de esta tecnología para gobiernos que antes no tenían acceso de datos”. Un logro que destaca del último tiempo es la capacidad adquirida por la empresa para fabricar en serie, como quedó en evidencia con el lote de 10 satélites que salieron de la planta hace una semana y que irán al espacio en octubre. «Cuando hacía planes hace 10 años… algunas de las cosas que estamos haciendo me hubiera gustado hacerlas antes. Me hubiera gustado tardar cinco años en llegar a dónde estamos ahora», reconoce el CEO, sonriendo. Sin embargo, asegura, «estoy conforme con que la tesis que teníamos al principio se validó, con que desarrollamos toda la tecnología que necesitamos para hacer esto y que la pudimos probar en órbita, con que pudimos montar nuestra constelación de satélites, armar un equipo realmente excelente. Todavía tenemos la oportunidad de tener el impacto que me imaginaba hace 10 años que estábamos apuntando a tener».

Empieza en EE.UU. el ensayo más grande del mundo de la vacuna, hasta ahora. 30 mil voluntarios

Unos 30.000 voluntarios participan desde ayer lunes de un estudio en los Estados Unidos, el más grande conocido hasta ahora, para encontrar la vacuna contra el Covid-19, con uno de los principales candidatos en la recta final de la carrera mundial para encontrar la solución a la pandemia de coronavirus. Aún no hay garantía de que la vacuna experimental, desarrollada por los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. y el laboratorio Moderna, funcione. Tras la prueba, en la que como en todo experimento médico, los voluntarios no sabrán si están recibiendo la vacuna o un placebo, los científicos seguirán de cerca qué grupo experimenta más infecciones a medida que realizan sus rutinas diarias, especialmente en áreas donde el virus aún se está propagando sin control. El laboratorio estadounidense Moderna asegura que si la vacuna contra el Covid-19 resulta efectiva y segura, podrá administrar al menos 500 millones de dosis por año. Otros ensayos, de China y de la Universidad de Oxford de Gran Bretaña, comenzaron a principio de este mes la etapa final de la prueba en Brasil y otros países afectados. Pero serían grupos algo menos numerosos. El estudio final de la prueba de Oxford comenzará en agosto. En septiembre, el de Johnson & Johnson y en octubre el de Novavax. Pfizer planea su propio estudio de 30.000 personas, que comenzará en estos días en Alemania, EE.UU. y en Argentina. Los estudios masivos no son solo para evaluar si las vacunas funcionan. Son necesarios para verificar la seguridad de cada potencial vacuna, con el fin de que los científicos puedan comparar todas las posibilidades.

Las características de este ensayo

En las últimas semanas, más de 150.000 estadounidenses se registraron a través de una página web, según el doctor Larry Corey, virólogo del Instituto de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson, en Seattle, que se sumó para supervisar el estudio. «Los ensayos deben ser multigeneracionales, deben ser multiétnicos y deben reflejar la diversidad de la población de los Estados Unidos», dijo Corey. Hizo hincapié en que es especialmente importante asegurar suficientes participantes negros e hispanos, ya que esas poblaciones son muy afectadas por el covid-19. Usualmente lleva años crear una vacuna desde cero. Pero los científicos están estableciendo récords de velocidad, estimulados por el conocimiento de que la vacunación es la mejor esperanza del mundo contra la pandemia. Los fabricantes comenzaron a trabajar con el coronavirus el 10 de enero, cuando China compartió la secuencia genética del virus. Solo 65 días después, en marzo, la vacuna hecha por los NIH se probó en personas. La primera receptora está alentando a otras personas para que sean voluntarias ahora. «Todos nos sentimos indefensos en este momento. Hay poco que podamos hacer para combatir este virus. Y participar en esta prueba me ha dado la sensación de que estoy haciendo algo bueno», dijo Jennifer Haller, de Seattle. Ese estudio de la primera etapa, que incluyó a Haller y a otras 44 personas, mostró que las vacunas aceleraron el sistema inmunológico de los voluntarios de la manera que los científicos esperaban, con algunos efectos secundarios menores, como fiebre, escalofríos y dolor en el lugar de la inyección. Las primeras pruebas de otros candidatos principales han tenido resultados igualmente alentadores. Si todo va bien con los estudios finales, de todos modos tomará meses para que lleguen los primeros datos de la prueba de Moderna. Los gobiernos de todo el mundo están tratando de almacenar millones de dosis de los principales candidatos para que, cuando los reguladores aprueben una o más vacunas, puedan comenzar a distribuirse de inmediato. Las primeras dosis disponibles serán racionadas, presumiblemente para las personas con mayor riesgo de contraer el virus. «Somos cautelosamente optimistas. Habrá datos para demostrar que la vacuna puede funcionar al final del año», explicó el doctor Stephen Hoge, presidente de Moderna, con sede en Massachusetts. Los fondos para lograr la masividad y la velocidad de este desarrollo, y los de Pfizer/BioNTech y Novavax, provienen en parte de la Operación Warp Speed, aprobada en abril por el presidente Trump, con la intención de obtener la vacuna a «velocidad warp» (¿una instrucción al Sr. Spock?). Nadie se quejará del nombre si da resultados.

Yacimientos Carboníferos Río Turbio acuerda con el Ministerio de Ciencia para transformar su actividad

Yacimientos Carboníferos Río Turbio firmó un convenio de cooperación con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para mejorar las tecnologías aplicadas a la extracción en el yacimiento de Río Turbio, Santa Cruz, con el objetivo de mejorar la explotación de los recursos naturales y disminuir el impacto ambiental de la actividad minera. No se menciona en el convenio, pero ambas partes están conscientes de la animosidad cada vez mayor en el planeta contra el uso de combustibles fósiles, y en particular del carbón.

El texto dice que se buscarán, además, alternativas para su comercialización, para darle más rentabilidad y se explorarán otras áreas con potencial, como la posibilidad de sumarle valor localmente al mineral para comercializarlo como carbón activado, para su uso en filtros de aire y agua. También se menciona la posibilidad de la explotación de piedra caliza. De la reunión participaron el interventor de YCRT, Aníbal Fernández; el titular de MINCYT, Roberto Salvarezza, la presidenta de CONICET, Ana Franchi; el secretario de Planeamiento y Políticas de la cartera de Ciencia, Diego Hurtado; y el Subsecretario de Coordinación Institucional del organismo, Pablo Núñez. Con respecto al acuerdo, el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación dijo: “Estamos pensando, en una primera etapa, en una colaboración con dos empresas que trabajan en energía y en el área de geología, que están asociadas al CONICET. Una es Geomap, de Salta, que hace estudios geológicos y de impacto ambiental. Es una empresa mixta, público-privada, que tiene un equipamiento de nivel internacional, único en la Argentina, para la actividad minera. También vamos a trabajar con Y-TEC, que tiene varias líneas en desarrollo de energía. Vamos a diseñar nuevos productos y dar apoyo a trabajos de tecnología e innovación, y en lo ambiental. En las actividades mineras hay que trabajar con mucho cuidado en ese aspecto y el sistema científico argentino tiene una alta capacidad en soluciones para el área ambiental”. El primer paso del convenio será crear una comisión con integrantes del MINCYT, el CONICET y YCRT, para identificar los nichos en los que haya posibilidad de agregar valor en forma rápida para aumentar la rentabilidad de la mina. “Es un paso muy positivo, para el sistema de ciencia argentino, poder vincularse con la producción y las empresas de base tecnológica. Tenemos capacidades de innovación para desarrollar tecnologías en el área de energía y esto es un muy buen ejemplo”, expresó Salvarezza. Desde su creación, en 1958, YCRT atravesó diversas dificultades en su funcionamiento. En el año 1972 alcanzó un pico de más de 500.000 toneladas vendidas, dedicadas principalmente a la producción de energía eléctrica. En 1993, la empresa fue privatizada y cayeron dramáticamente sus niveles de producción e inversión, hasta que en el año 2002 presentó la quiebra y fue intervenida por el Gobierno nacional. En el año 2004, tras un accidente en el que murieron 14 operarios, el Gobierno de Néstor Kirchner comenzó a invertir en tecnología con el objetivo de volver a producir unas 450.000 toneladas anuales, a lo que se sumó la construcción de una central termoeléctrica de última generación para garantizar mercado para esta producción. Tras una serie de muchos retrasos, en el año 2015 se inauguró la central pero con solo una de sus dos calderas en funcionamiento y sin haberse terminado de construir totalmente. Durante los cuatro años de la gestión de Cambiemos, la usina no funcionó, se trabaron juicios con la empresa constructora Isolux y hubo denuncias de corrupción que involucraron a funcionarios a cargo de la empresa, a la vez que se produjeron más de 400 despidos. También se rehabilitó el puerto Loyola, en la costa atlántica, para embarcar carbón con fines de exportación. Si bien se estima que la cuenca tiene unas 450 millones de toneladas de carbón que podrían alimentar a la usina durante 150 años, la generación de energía eléctrica a partir del carbón está entre las fuentes de energía más contaminantes. Las plantas más antiguas son las principales aportantes de gases de efecto invernadero y del ácido sulfurico que genera lluvia ácida, aunque las plantas más modernas, como la de Río Turbio, logran minimizar estas emisiones contaminantes. Frente a estos cuestionamientos, Salvarezza contestó: “La Argentina tiene menos del 1% de su matriz energética a partir del uso de carbón, mientras que Chile y Alemania andan cerca del 40%. No creemos que esto ponga en riesgo al ambiente, nuestro componente de carbón diría que es insignificante y tenemos pueblos mineros que dependen de esa actividad, en una región en la que tenemos que sostener la soberanía argentina”. En el largo plazo, el acuerdo también buscará que, a partir de la cooperación con el gobierno de la provincia de Santa Cruz, se pueda incentivar la formación de recursos humanos especializados y se logre desarrollar un centro tecnológico asociado a la industrialización del carbón y sus derivados. “Lo que nos comunicó Aníbal Fernández es que la producción de la mina viene muy bien y se están cumpliendo los objetivos. Tienen nuevos frentes de trabajo y la maquinaria polaca está funcionando muy bien”, dijo Salvarezza. La maquinaria polaca a la que hace referencia Salvarezza consiste en dos tuneleras para excavación con sistema de transporte continuo que tuvieron un costo de más de 50 millones de euros cuando fueron adquiridas, en el año 2012. Los equipos llegaron en 2016 y quedaron sin uso hasta este año.

Una encuesta nacional para cuidar el reloj biológico de las personas durante la cuarentena

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Desde el martes 21 de julio está en marcha el proyecto Mi Reloj Interno, que comenzará con una encuesta nacional anónima para determinar el impacto del confinamiento asociado a la cuarentena por COVID-19 en nuestro reloj biológico. Su buen funcionamiento es clave para la salud, ya que regula y ordena toda nuestra fisiología en los momentos adecuados del día. “Con la información recabada en la encuesta anónima implementaremos la aplicación (app) ‘Mi reloj interno´ para que la población pueda informarse adecuadamente sobre su reloj circadiano y sobre cómo sus hábitos interfieren con su funcionamiento óptimo, así como las consecuencias que ello acarrea”, señala Fernanda Ceriani, una de las investigadoras del proyecto, jefa del Laboratorio de Genética del Comportamiento en la Fundación Instituto Leloir (FIL) e investigadora del CONICET. La aplicación ya está en desarrollo y asistirá en un “auto” diagnóstico, incluyendo el uso de un sensor del celular para medir la luz en distintos espacios de la vivienda. En función del diagnóstico, los usuarios recibirán recomendaciones concretas para mejorar sus hábitos cronobiológicos. La iniciativa forma parte del proyecto “Desafíos cronobiológicos asociados al aislamiento social” que cuenta con el financiamiento de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación y es liderado por científicas de varias instituciones y universidades. “La información que se obtendrá a partir de la encuesta será central para el desarrollo del proyecto. Es importante poder evaluar qué efectos está teniendo el confinamiento en nuestro sueño y nuestros ritmos circadianos. A partir de estos resultados, podremos generar las recomendaciones destinadas a mejorar los hábitos cronobiológicos”, explica María Juliana Leone, doctora en Ciencias Básicas y Aplicadas de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) e investigadora del CONICET en la UNQ y en la Universidad Torcuato Di Tella. Paula Cramer, doctora en Ciencias Biológicas, especialista en comunicación y referente de la Red de Clubes de Ciencia del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, relata que los clubes tendrán un rol importante en la difusión de la encuesta en cada rincón del país. Además, ayudarán a elaborar piezas de comunicación pública sobre cronobiología para la población general. “Nuestro objetivo es ayudar a transitar mejor el confinamiento, pero también apuntamos a generar una conciencia de la higiene del sueño que mejore nuestra calidad de vida más allá de esta coyuntura”, agrega. El aislamiento social, preventivo y obligatorio se ha convertido en una herramienta necesaria para enfrentar la pandemia por COVID-19, pero puede reducir la exposición a la luz natural. Nuestro reloj interno precisa de la luz solar para distinguir entre el día y la noche y así ordenar los horarios del sueño, los hábitos cotidianos y los ritmos de la fisiología a lo largo del día. A esta condición se le suma la exposición excesiva a luz artificial en horarios nocturnos. “La combinación de estas situaciones es adversa para el reloj circadiano, y puede derivar en otros problemas de salud que incluyen diabetes, reducción de las defensas, insomnio, depresión y otras alteraciones metabólicas y cognitivas”, explica la doctora en Biología Lia Frenkel, investigadora del CONICET, de la FIL y del Instituto de Biociencias, Biotecnología y Biología Traslacional (IB3) que depende de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.
Las científicas que lideran el proyecto Mi Reloj Interno.

Encuesta a nivel nacional

Las investigadoras se proponen estudiar los hábitos (sueño y otros) de personas sanas en situación de confinamiento a través de cuestionarios en línea www.mirelojinterno.org y telefónicos para llegar a aquellas que no están muy conectadas. La encuesta se responde en 15 a 20 minutos y puede participar cualquier persona de al menos 13 años e incluye preguntas relacionadas con hábitos y actividades cotidianas, horarios de sueño y preferencias diarias, entre otras. “Luego del análisis de los datos contaremos con propuestas concretas que difundiremos a través de una aplicación (app) como pautas saludables desde la cronobiología, dentro del espectro de recomendaciones asociadas al confinamiento”, indica Leone. “Nuestro proyecto pretende establecer una estrategia de concientización y acciones concretas con el fin de minimizar algunos efectos secundarios de la cuarentena a corto y mediano plazo”, puntualiza Frenkel.

El CEO de Aluar y FATE dice: «Sin la intervención del Estado, no hay salida de la crisis económica»

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Está al frente de dos empresas icónicas como son Aluar (que fabrica aluminio) y Fate (hace neumáticos). Además, tiene en su historial otras como la Hidroeléctrica Futaleufú, Transpa (transportadora de energía eléctrica) e incluso INFA, firma de ingeniería, y montajes industriales. Quien habla es Javier Santiago Madanes Quintanilla, un ingeniero de 66 años egresado de la Universidad Católica. Se lo consulta sobre todo: pandemia, crisis, deuda y acuerdo social. También, sobre la moratoria que impulsa el Gobierno, Vicentin, y fórmula público-privada en la economía. Periodista: La Argentina atraviesa la peor de las crisis que hayamos tenido memoria. ¿Qué análisis hace? Javier Madanes Quintanilla: En materia de pandemia y producción, los números son muy claros, pero hay realidades sectoriales que merecen una diferenciación. En nuestro caso, la actividad se mantiene en porcentajes que imponen los propios protocolos. Por ejemplo, una empresa alimenticia trabaja hoy al 75% u 80% en función de las restricciones que tiene que aplicar para poder funcionar. A partir de ahí vienen las quitas más grandes; en el caso nuestro, en Aluar, las restricciones por grupos que operan, aquellos especialmente exceptuados por edad o situaciones sanitarias determinadas. Si le sumamos los protocolos que aplicamos, algunos de ellos incluso imponen cierta rotación del personal, yo diría que estamos operando al 50% o 55% de nuestra capacidad. Nos va costar mucho levantar los niveles de actividad, mientras el episodio de la pandemia y la cuarentena continúe, para ser más claro. P.:¿Cómo impactan en términos productivos los necesarios protocolos sanitarios? J.M.Q.: Por ejemplo, en Fate, está el distanciamiento obligatorio entre nuestra gente, el piso de la fábrica puede contener un máximo de personas. Hay una estructura de servicios, hasta el vestuario, para todo existe una cantidad determinada de personas; el transporte privado también nos fue complejo de instrumentar; en rigor, tuvimos que duplicar la cantidad de transporte que teníamos antes, y así y todo hay limitaciones, la gente tiene puntos de encuentro, pero incluso aquellos que tienen autorización para trabajar no pueden utilizar el transporte público. La industria en la zona del AMBA trabaja al 60%. Pero en el interior, estos porcentajes pueden aumentar un poco o bastante. Incluso allí alguien puede llegar a su lugar de trabajo en bicicleta o moto. P.: Hablemos de la deuda. ¿Piensa que se llega a un acuerdo pronto? J.M.Q.: Hay que prestarle atención a la curva de aceptación. Tratar de determinar qué es sustentable para la Argentina. Vamos a tener una decisión pronto. Y el Gobierno deberá decidir en qué punto de la curva de aceptación se está conforme. Veo difícil que se logren mayorías totales en el caso de la deuda. Pero a partir de un escenario determinado, se puede ir a una aceptación parcial del 60% sin lograr el arrastre o se puede rechazar la oferta. Ya ahí entra un terreno de decisiones políticas. Si fuera parcial el acuerdo, es un problema. Si se queda un monto muy importante, entonces no queda despejado del todo el futuro. P.: ¿Ayuda la moratoria impositiva que impulsa el Gobierno? J.M.Q.: Hay que ver cada caso en particular. Es difícil hacer una evaluación por sector. Un pequeño comerciante no representa el mismo caso que alguien que se encuentra operando al 50% o alguien que trabaja en el sector agroexportador. No creo que pueda darse una sola respuesta. Yo creo que la moratoria se da prácticamente de hecho. Eso es porque está teniendo una ruptura de la cadena de pagos. Y ahí es cuando se empiezan a agotar las posibilidades financieras. Pretender que la parte impositiva no tiene repercusión es una ilusión. Vemos que cae la recaudación de una forma importante. Por eso yo pienso que la moratoria quizás funciona más para el sector pyme, y un poco menos para el sector de las grandes compañías. Ahí juegan otras cosas. A las grandes empresas no les cambia la ecuación la moratoria. Las grandes empresas también tienen problemas serios, pero son de otra naturaleza. Una moratoria seria útil, pero hay que pensarla en esos términos. P.: Pero entonces, ¿qué necesitan las grandes empresas? J.M.Q.: Yo creo incluso que en este momento, para las grandes empresas argentinas, lo más importante es discutir la viabilidad y sustentabilidad de cada sector. ¿Es posible que sigan produciendo? ¿Cuáles son las condiciones e incentivos que necesitan? ¿Cuál es el estado de situación que tienen hoy? No son muchos los sectores que pueden hablar de sustentabilidad de la ecuación económica, no es por el Gobierno, sino por el momento histórico, la pandemia; si queremos mantener actividad privada que no se destruya, vamos a tener que ser imaginativos. Lo que quiero decir es que con las herramientas que hoy disponemos el nivel de destrucción de la actividad privada va a ser muy fuerte. P.: ¿Es salud versus economía? J.M.Q.: El Gobierno eligió un camino para enfrentar la pandemia y es el que tenemos que seguir. No podemos compararnos con otros países para ver cuánto cayó la economía en cada uno de ellos. Pero lo que debe quedar claro es que lo primero que debería lograrse tras la crisis es una recuperación del capital de riesgo. Hay que aceptar los distintos escenarios en función de los tiempos de evolución de la pandemia. El deterioro que se ha generado es muy grande. P.: Distintas asociaciones empresariales reclaman políticas de desarrollo… J.M.Q.: Argentina no es un país muy generoso en términos de promoción de inversiones. Y no lo es desde hace muchas décadas. Siendo aún joven tengo recuerdos de la política de Frondizi respecto de inversiones. O tomar el ejemplo de Brasil, que tiene una modalidad de promoción de inversiones mucho más definida. Habría que buscar políticas parecidas. Vamos a tener que hacerlo en un marco de situación fiscal muy comprometido. No creo que la salida sea mediante al aumento de la presión fiscal a empresas. Lo veo muy complicado. Si usted necesita alimentarse, es preferible mantener la vaca viva y tomar la leche. Ahora se plantea ese dilema. Cuando uno busca resolver los problemas vía un impuesto al stock de riqueza no está pensando bien cómo ir al fondo de la cuestión. Esto no surgió con la pandemia, sino que es un tema global. Yo creo que la clave es encararlo por el lado de la readecuación de la redistribución en la creación de la riqueza y no tanto del capital existente. P.: Pero en muchos lugares del mundo se plantea la posibilidad de subir los impuestos a los sectores de mayores ingresos para financiar los efectos de la crisis… J.M.Q.: En este momento no es oportuno el impuesto a la riqueza. Hay que fomentar la inversión. Orientar los capitales hacia una actividad generadora de valor. Si el impuesto se aplica contra la especulación financiera, no tengo argumentos. Pero no es oportuno un impuesto a la creación de valor. Va a ser muy difícil tener un ciclo inversor que permita generar el valor que requiere la creación de riqueza y la posterior distribución. Si hay algo que vamos a estar necesitando, es recomponer los activos productivos. La caída de inversión en Argentina no sólo viene dada por la pandemia. Hace muchos años el país tiene niveles de inversión muy bajos. No podemos establecer barreras de capital con tanta facilidad. Sería bueno ver cómo otros países encaran este tema y a partir de ahí tomar las decisiones más inteligentes. Si uno se equivoca con la forma de implementar la redistribución de la riqueza, puede generar mucho más daño que el bien que se supone que hace. Cuando usted termina gravando las actividades de crecimiento, nos hacemos trampa. Lo único que genera es salida de capitales argentinos hacia países donde se les da tratamiento diferente. P.: ¿Lo entusiasma la idea de un acuerdo económico y social? J.M.Q.: Lo veo bien. Hablamos de un debate inevitable que aún no se ha dado. Son muchos los actores que van a intervenir en ese debate. Pero no estoy seguro de si de la pandemia se sale con los ánimos necesarios para darlo. De ahí pueden surgir algunas instancias que quizás no sean indicadas para este momento; la reforma laboral, por ejemplo. Yo no creo en las reformas laborales por decreto; las modificaciones deben darse de otra manera, a través de los convenios porque cada actividad tiene sus características particulares. P.: ¿El Gobierno se sobregiró en materia de emisión monetaria? J.M.Q.: Me parece que no podemos cerrar los ojos y pensar que todo eso no va a tener efecto. Hay que comprender que el Gobierno está tratando, de la manera que puede, de acompañar con emisión, cubrir agujeros, tanto en el sector público como privado. No creo que pueda hacerse otra cosa por ahora. P.: ¿Qué piensa de la gestión del presidente Alberto Fernández? J.M.Q.: Le tocó arrancar una gestión y de inmediato cambió todo. Creo que peor momento no podría haber elegido para ser presidente. Claro que él no eligió todo esto. Es muy difícil gestionar en estas condiciones. Es muy árido porque la propia dinámica que tiene la situación sanitaria lo lleva a deterioro en el tiempo por mejores intenciones que tenga. No lo envidio. Se enfrenta a un deterioro del capital político, de su imagen. La administración y gestión de la pandemia y la cuarentena se paga con capital político. P.: ¿Cómo evalúa la predisposición del Gobierno a intervenir en el salvataje de Vicentin? J.M.Q.: No me preocupa que el Estado intervenga en el juego económico. Yo creo que se puede tener bajo la forma de una actividad público-privada una ecuación razonable. Veo muy a la defensiva a mucha gente. Se entiende que hay algunos antecedentes que no ayudan, pero en este momento hay una ecuación de subsistencia en la fórmula público-privada que tiene mucho más valor que antes. Sin la participación del Estado, no es posible concebir una salida, tanto en términos sanitarios como también económicos. Y ojo que no soy estatista.

En cuarentena y de noche, en el Astillero Contessi botaron el pesquero “Federico C”

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El astillero Contessi atravesó una tarde-noche particular. Este jueves, con la luz del día ya disipada y la marea en un punto alto, botó al pesquero “Federico C”, el buque más importante en la historia de la empresa, fundada en 1950. El porte de este congelador tangonero explica su importancia. La embarcación mide 39,9 metros de eslora; 9,70 de manga moldeada; además, exhibe casco de doble arista, proa con bulbo y hélice; todas características emergidas de un diseño propio. La unidad responde al prototipo 39AC/GV, orientado la pesca con tangones y congelado del producto abordo. Se trata de una apuesta del propio grupo empresario, ya que reemplazará al “Miss Patagonia”, con más de treinta años de servicios. Propulsión y carga Como parte del equipamiento, cuenta con motor principal Yanmar 6EY22AW, un auxiliar de babor y otro auxiliar de estribor Mitshubisi S6R T2MPTK, más un motor generador de puerto Cummins 6CTA-G2GD1 y planta eléctrica con tres alternadores. De acuerdo a los detalles ofrecidos por los constructores, puede congelar 18 toneladas del marisco por día y alojar a 32 tripulantes. Su nombre es un homenaje a Federico Contessi, fundador de la firma, y testigo ayer de la botadura. Minutos antes, sus nietas, Justina Goñi y Verónica Angeleri, había estrellado la botella de champagne sobre el casco en calidad de madrinas. Ceremonia y emoción Se trató de una ceremonia particular, con una mínima cantidad de público; principalmente obreros navales, algunos contratistas, empleados afectados a la maniobra, la tripulación y monseñor Armando Ledesma, quién bendijo a la embarcación. El distanciamiento social que impone el coronavirus y la necesidad de bajar al buque con una marea extraordinaria, alentada por los vientos del sureste que soplaron en las últimas horas, le dieron forma a un acto austero, pero plagado de emoción, gritos de alegría y lágrimas. Atrás quedaron 75 mil horas hombre invertidas en esta construcción. Ahora, resta el alistamiento final de sistemas eléctricos y frigoríficos, que se realizará con el buque a flote, así como la puesta en marcha de algunos equipos importados. Leandro Goñi, nieto de Federico y director del astillero, dijo: “Esperamos que este buque marque un punto de inflexión. Sabemos que existe una importante demanda potencial de esta clase de congeladores y estamos demostrando que se pueden hacer en la Argentina con iguales o mejores prestaciones que los importados”.

«Cronosoja»: en el Conicet desarrollan un programa para planificar la siembra de soja

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Cronosoja es un software que permite predecir los estadios del cultivo de la soja en más de 300 partidos en las provincias argentinas. Fue desarrollado por un equipo multidisciplinario de grupos de investigación del CONICET, del INTA y de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), y recibe el apoyo de empresas privadas como Syngenta y Don Mario. Su uso es gratuito y su formato amigable e intuitivo. Para obtener la mayor producción (del cultivo de la soja en este caso) es fundamental conocer cuáles son los momentos críticos en las distintas fases de desarrollo para aprovechar los periodos en los que se genera el rendimiento y la calidad de los granos, en las condiciones ambientales más favorables. “El modelo Cronosoja es una herramienta clave para poder diagramar la siembra del cultivo; permite seleccionar un cultivar en particular y una localidad para conocer cuándo ocurrirán cada una de las etapas del ciclo”, dice el investigador Daniel Miralles que trabaja en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA, CONICET-UBA). Cronosoja no solo le permite al usuario conocer en qué fecha calendario ocurrirán los estadios fenológicos, o estados de desarrollo, del cultivo para cada momento del ciclo, sino que también le permitirá conocer el riesgo climático: estimar el contenido de agua útil, humedad del suelo y los daños por heladas. Además, el modelo contempla más de treinta variedades comerciales de soja disponibles en el mercado y abarca la predicción de 300 partidos de toda la región productora de soja de Argentina. ¿Cómo utilizarlo? El usuario debe ingresar al dominio cronosoja.agro.uba.ar/ y registrarse. Inmediatamente después le llegará un aviso de registro a su correo electrónico y podrá comenzar a utilizarlo. Al ingresar a la plataforma digital, se debe seleccionar una localidad o partido dentro de las provincias argentinas, una variedad de soja y una fecha de siembra. La información de salida mostrará la fecha de ocurrencia de cada estadio ontogénico, el riesgo de heladas y el contenido de agua útil en el suelo para cada una de las etapas fenológicas. Además, al pulsar el botón de los distintos estadios ontogénicos (íconos en verde), se desplegará una pantalla en la que se pueden ver imágenes ilustrativas de ese estadio seleccionado y una breve explicación de los procesos que están ocurriendo. Se puede así observar cada una de las etapas: siembra, emergencia, comienzo de floración, inicio de formación de vainas, semillas completamente desarrolladas y plena madurez. El backstage del programa Cronosoja utiliza algoritmos complejos que simulan, día por día, el estado de desarrollo del cultivo de soja de manera dinámica y se basan en la marcha de la duración del día (fotoperiodo) y de las temperaturas cardinales (base, óptima y crítica) que determinan la velocidad de avance del desarrollo. Las ecuaciones que definen cada etapa fueron aplicadas a una serie climática de más de treinta años, lo que permite conocer el error de predicción respecto de la ocurrencia promedio. Para el cálculo del contenido de agua en el suelo se utilizó el modelo de Balance Hidrológico Operativo para el Agro (BHOA), desarrollado en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Este modelo es utilizado actualmente para el monitoreo de humedad del suelo por el Servicio Meteorológico Nacional y por el INTA en sus informes semanales. Para conocer el riesgo de heladas, se trabajó con los datos de temperatura mínima del proyecto Power NASA. El modelo fue desarrollado por Daniel Miralles y Santiago Álvarez Prado, ambos investigadores del CONICET en el IFEVA (CONICET-UBA), por María Elena Fernández Long (FAUBA), Alan Severin (INTA) y otros colaboradores. La programación estuvo a cargo de Aníbal Crespo de la Unidad de Tecnología Informática de la FAUBA. Actualmente, el modelo se encuentra disponible solo para Argentina, pero está previsto ampliarlo a Paraguay, Chile, Uruguay y Brasil en el marco de un proyecto de colaboración del PROCISUR coordinado por la investigadora del CONICET Fernanda Gonzalez. Los científicos anteriormente habían desarrollado la serie CRONOS para trigo y cebada, que ya cuentan con 30.000 usuarios registrados. “Esperamos que este este modelo supere ampliamente esa cifra debido a que la soja es el cultivo de mayor área en Argentina y en gran parte de los países del cono Sur”, dice Miralles.

Cordero asado: Un grupo de productores argentinos impulsarán el consumo de carne ovina

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Los argentino consumimos aproximadamente 118 kilogramos de carne al año. El consumo está liderado por la vacuna con 53 kg, aviar con 49 kg y porcina con 15 kg. De carne ovina se consume solo 1 kg. al año. Queda demostrado que el cordero tiene mucho por crecer. A modo de ejemplo, en Australia consumen 10,6 kg. de carne ovina y en Uruguay, 3 kg.

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Los Mayines, un grupo formado por una gran diversidad de productores, cree que es posible agregar valor a la producción ovina, diversificar el consumo de carnes en Argentina y atender dos tipos de mercado.
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Por eso comenzaron a transitar un camino -lento, pero firme- que los lleve a comercializar un producto que busca ganar un lugar en la dieta diaria de los argentinos.
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Hace un tiempo, Gustavo Almassio, ingeniero agrónomo y productor agropecuario se sumó a Los Mayines: un grupo de pequeños productores de Cambio Rural Ovino, coordinado por un veterinario.
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“Con parte de los integrantes (12) del Grupo, armamos una Sociedad Anónima para, como primer paso, comprar un terreno en el Parque Industrial de San Cayetano, al sur de la provincia de Buenos Aires. Luego, adquirir contenedores para levantar un frigorífico, uno para despostes y envasado al vacío, y otro para guardar los refrigerados”.
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El segundo propósito consiste en hacer el desposte en San Cayetano; después vender la carne, y como objetivo máximo trozarla. «Son etapas sucesivas”, contó y agregó: “Durante este año es factible que podamos tener las cosas armadas, y después hay que completar las habilitaciones”.
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Según comentó, se puede lograr la habilitación municipal y provincial, pero la más complicado es la de Tránsito Federal que permitiría llegar a CABA. Resaltó que en San Telmo se encuentra El Baqueano, un restaurante que se especializa en carnes autóctonas y alternativas, cuyo dueño es de San Cayetano. “Ojalá algún día podamos llegar con la carne de Los Mayines a El Baqueano, y para que eso ocurra tenemos que tener la habilitación para transito federal”.
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Cuello de botella en la comercialización “La idea es no solo comer cordero a la cruz en alguna fiesta, sino tratar de tener un animal más pesado para trozar”, así lo expresó Almassio. En este sentido, cabe resaltar que hace aproximadamente un año, en el marco de la Ley Ovina, se creó el programa o mejor dicho marca “Cordero Argentino”, y uno de sus objetivos es que los consumidores tengan un acercamiento más directo con este tipo de producto.

«La carne ovina tiene todo para crecer. Hace falta articular la oferta y demanda”.

Uno de los temas en este camino de agregar valor y vender es tener constancia en el tiempo. Al respecto, ejemplificó: “Si alguien va a comprar paleta trozada a la carnicería, lo importante es que lo encuentre en la semana y que no sea coyuntural o estacional”. En segundo lugar, ser interdisciplinario para aprovechar el negocio. En este sentido, reconoció: “Los productores podemos conocer tranqueras para adentro, pero tiene que haber gente capacitada que entienda de agronegocios, administración, y cobranza. Los productores no estamos preparados para eso, esa es la etapa que va a venir cuando tengamos armado todo esto”.
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La carne ovina tiene mucho para crecer. Hay un potencial enorme y sobre todo, cuando hay cada vez más personas interesadas en consumir un producto «natural». “La mayor parte de la ganadería ovina es pastoril, y además, genera arraigo territorial porque se requiere gente para llevar adelante la actividad. Con nuestra marca queremos empezar a contar esa historia”, apuntó Almassio.

El gobierno de la C.A.B.A. lanza una encuesta para conocer el estado inmunológico de los porteños

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Este proyecto busca reunir información sobre el estado inmunológico general de la población respecto al COVID-19 y observar la evolución de la infección en este momento. Se realiza a través de una muestra probabilística. Está a cargo del ministerio de Salud porteño y de la Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad. Para completar el estudio, un enfermero se presentará en las viviendas seleccionadas entre las 10 y las 17, de cada día. Pedirá la firma de un consentimiento y hará extracción de sangre, mediante punción de dedo, para determinar la presencia de anticuerpos. Se elegirá a una persona mayor de 18 años que resida en la vivienda y los resultados estarán disponibles a partir de 5 días de tomada la muestra. Si el testeo es positivo, se invitará a la persona a realizarse un hisopado. «Aunque la participación no es obligatoria, es importante resaltar que esta encuesta es la mejor manera de conocer la dimensión real del virus en la Ciudad. La información obtenida es un insumo para tomar políticas públicas en relación a la salud», afirman desde el ministerio de Salud de CABA. Observación de AgendAR: El resultado de esta encuesta será un dato estadístico, porque es imposible sacarle sangre a los casi 3 millones de porteños; ni siquiera es práctico hacerlo, en un lapso razonable, con todos los que pueden estar infectados. Atención: no estamos diciendo, como algunos, que ese dato es sólo de interés académico. Puede ser útil para el diseño de una política sanitaria de plazo mediano. Pero, ¿es el mejor uso del personal y los recursos sanitarios cuando los contagios por cada 100 mil habitantes son los más elevados del país? ¿Cuándo se dice en el diario de mayor circulación que es más probable infectarse en Buenos Aires que en Londres o Madrid? En nuestra opinión, este proyecto que ya se ha puesto en marcha será útil en la emergencia si se utiliza para incrementar la provisión de plasma, su donación por parte de aquellos a los que se detecten anticuerpos. Este plasma es, hasta ahora, el mejor recurso para luchar contra el coronavirus.

Un avión para resucitar una fábrica, una fábrica para resucitar a un país – Conclusión

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(La primera parte de este artículo está aquí; la segunda, aquí)
  1. EL IA-100 TENDRÁ QUE FABRICAR UNA FÁBRICA
El IA-100, ese nuevo y viejo avión para reequipar de cadetes de pilotaje a la Fuerza Aérea, entró en estudio preliminar en invierno de 2014. Se decidió darle curso urgente: insólito en Argentina, pasó de planos a volar en 18 meses. Y es que se corría contra reloj. Si ganaba las elecciones el Pro, probablemente lo trataría como Herodes a la infancia. Y pasó tal cual. En 2016, en plan Inquisición Española, la abogada y diputada riojana Cristina “Nany” Salzwedel entró y salió de la FAdeA sin haber logrado mandar a la hoguera a nadie, pero con algunos nuevos proyectos militares y duales recientes enterrados vivos. Pobrecito IA-100, no hubo ni tiempo ni de bautizarlo. Los abogados riojanos (pienso en Menem) no han sido piadosos con la fábrica. La siguió un segundo interventor, el señor Ércole Felippa, industrial lechero (sic), cuya profesión en sí ya era un mensaje a la FAdeA (“Ustedes no existen”). Y la fábrica empezó a existir cada vez menos. Finalmente vino el “profesional cool”, Antonio Beltramone, manager financiero de SOCMA y gerente de RRHH de la Fiat, con herramientas como la jubilación de expertos viejos para recontratarlos flexibilizados “porque son como familia” (sic). Sí, tiene razón, lector, es más o menos el manual de gestión del talento profesional con que las zaibatzu japonesas dominaron el mundo electrónico y automotriz en los ’80… pero al revés: si sabés mucho, te echo. A Beltramone todavía lo añoran las viudas de Macri (Infobae) por haber echado a 700 personas “que no cumplían tareas”. Debió ser difícil cumplirlas en una fábrica de aviones que, en fin, ya no fabricaba aviones. FAdeA se había ido volviendo un taller de chapa, pintura y frenos que subsidiaba a las dos mayores competidoras de Aerolíneas, LAN y a Flybondi, la aerolínea de Macri. Y así, mientras los bárbaros otra vez quemaban Roma, el IA-100, avión escuela que con toda la furia puede costar U$ 600 mil por unidad, se cubrió de polvo en un hangar. «Como forma de ahorro». Entre tanto, siempre en plan de ahorro, el presidente Mauricio Macri y su ministro de Defensa, Oscar Aguad, compraron 10 Beechcraft AT6 Texan 2 turbohélice a U$ 16 millones por unidad. Esta máquina tapona simultáneamente la modernización de los Pampa III y los Pucará, así como el del mentado IA-100. Lo realmente interesante es que por el precio de un Texan se construyen casi 27 IA-100… Ahora está frente a la fábrica Mirta Iriondo. Fue decana de la FAMAF (Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba), ex directora de Planificación Industrial del Ministerio de Defensa. En su exilio en Suecia obtuvo una maestría en Ingeniería Física y un doctorado en Matemática. El día en que asumió el cargo, Infobae le reconoció los pergaminos académicos, pero avisando al lector que extrañaba “la solvencia de Beltramone”. Y es que Iriondo no acredita sus laureles en finanzas, megadespidos o lácteos. La actual presidenta de FAdeA. Pergaminos y cargos, ver arriba. La nueva conducción de FAdeA no desató (resulta obvio) una cacería de brujas contra la anterior. Agradece, eso sí, que no se haya cercenado la relación con Embraer y sigue dispuesta a vender mantenimiento, algo que FAdeA había iniciado en tiempos pre-macristas. Como FAdeA está certificada internacionalmente para reparar Boeing 737 y Airbus 320, naves que en América Latina las hay a patadas, probablemente será un buen negocio “de volumen” y en dólares. Volumen y dólares son algo que FAdeA necesita desesperadamente. Eso estará nuevamente accesible cuando se mitigue la pandemia y vayan resurgiendo el turismo y la aviación. Pero FAdeA se propone no sólo mantener aviones de línea sino seguir repotenciando el gastado parque aéreo de las 3 fuerzas armadas. Y además, el de todas las fuerzas nacionales de seguridad, y de las provinciales que toquen timbre. Éste es un negocio con menos divisas y menor volumen que el de las aerolíneas. Pero está más cerca de la misión fundacional de la fábrica, y tiene techo para crecer. El ministro de Defensa, Agustín Rossi, sintetizó un programa inmediato con gusto a poco, pero es lo que hay. Este año FAdeA entregó a la FAA otro Hércules puesto a nuevo (para lo cual tiene licencia de Lockheed), y le pone turbinas Pratt & Withney  PT6A-62 canadienses, aviónica israelí Elbit y “otros sensores” a 5 Pucas, que volarán a cerrar algunos agujeros en el Escudo Norte donde todavía se cuelan unas 40 avionetas/mes volando de noche, pegadas al piso y bajo el radar. Esos 5 Pucas se llamarán Fénix, nombre que alude a su resistencia al “fuego amigo”. El año pasado, la FAA, que en 1984 rompió los utilajes de construcción, que luego atrasó años enteros la remotorización, que disminuyó a la carrera el número de células viables entregándoselas a los intendentes como estatuas de plaza, por fin se atrevió a desprogramarlos oficialmente. El “timing” no les pudo salir peor. Ups, este año algunos muertos resucitarán. Los Fénix podrían tener visión infrarroja estabilizada en la nariz, y algún radar de INVAP en barrido lateral, e instrumentación tipo “full glass cockpit”, esas grandes pantallas multifunción para sustituir a los relojes analógicos. Van a ser los primeros cazas nocturnos de nuestra historia. Y si se consiguen más turbinas, podrían no ser los últimos. Rossi al asumir hablo de recuperar 19 Pucas. ¿Son los únicos que no se han vuelto estatuas? ¿O hay otras células viables? En 2019 se hablaba de 30. Como sea, ésa no es una auditoría encomendable al propietario. Rossi hablo también de construir más Pampas III, pero sin atarse a números. Y es que el Pampa es un buen avión, sólo que jodido de construir y ni te cuento de vender. De construir, porque los genios de la FMA que lo codiseñaron con Dornier le dieron un 100% de componentes importados. Supongo que el plan original era irlo nacionalizando de a poco, pero eso no ocurrió. Y obviamente, mientras Lockheed estuvo de okupa pago en la fábrica, no trató de desarrollar proveedores locales. En realidad, le daba tan poca bola a su negocio cordobés que en los últimos 5 años, los únicos gringos en la planta eran un contador de la Lockheed y los mamuts del US Marine Corps que, con anteojos negros y equipados a guerra, custodiaban ese pedazo de territorio diplomático estadounidense. FAdeA logró que un 3% y luego un 12% del Pampa fuera argentino, pero desarrollar proveedores calificados por normas de calidad (INVAP lo puede decir bien) raramente lleva menos de una década. Y los tipos tienen que saber toda esa década que trabajan para programas asegurados sin importar quién gane las elecciones, y que cobran. Y es duro de exportar, el Pampa III, por varios factores, pero entre ellos –inesperadamente- está la aviónica israelí. En 2019 Evo Morales le dijo a Macri: “Deme tres”, para levantar un muerto que Argentina tenía con Bolivia por la provisión de gas. Pero la cancillería israelí trabó la venta debido al presunto antisemitismo del entonces presidente (legítimo) boliviano. Teóricamente, ahora que lo tumbaron, los Pampas deberían poder venderse, pero…
  1. a) Morales no parece antisemita, y el único y fortísimo racismo en Bolivia es más bien un asunto de blancos hispanohablantes contra indios y mestizos aymaras y quichuas;
  2. b) el objetivo de aquel bloque fue probablemente trabar una exportación militar Sur-Sur, y bajo el guante del simpático Feter Shmuel se adivina la mano del Tío Sam;
Por vaya a saber qué otros motivos se cayeron ventas en Ecuador y Guatemala. Y fue una lástima, porque cobrar U$ 14 millones por un Pampa es una torta. Ojalá pudiéramos comprar materias primas pagando con Pampas. Pero sin más aviopartes locales, es duro incluso mantener el plantel de aviones propio. Aquí hay solo 31 Pampas volando. La FAdeA tiene todo un estado al cual devolverle credibilidad en su capacidad de dominio territorial. La Armada, por ejemplo, necesita resucitar su componente aéreo. Cuando se hundió el ARA San Juan, Argentina pasó por la humillada angustia de casi no contar con aviones de búsqueda y rescate operativos. Pasó también por el trauma de tener que recibir ayuda de demasiados países, entre ellos algunos con los cuales hubo y persiste hipótesis de conflicto. Los Orion y los Tracker II antisubmarinos de la Armada están a espera de renovarse. ¿Es posible transformarlos en AWACS, centros voladores de control aéreo? ¿Y es posible que estos AWACS dirijan no sólo aviones pilotados, sino drones? Rossi todavía no habló de ello, pero el programa de FAdeA que puede abrirle más futuro es el SARA, el Sistema Aéreo Robótico Argentino, cancelado por adivinen qué exministro de Defensa (lo llaman «Terminator»). Se abren posibilidades. Si se crea una red que enlace informáticamente los radares y otros sensores de INVAP a bordo de aviones y drones argentinos de observación y combate, a la CONAE con sus satélites-radar como los SAOCOM, y que use exclusivamente los satélites de telecomunicaciones de ARSAT, ¿no podemos hacer del Mar Argentino, hoy casi caminable debido a los pesqueros piratas, un sitio mucho más peligroso de invadir y de saquear? La FAdeA sin duda tendrá sus primeros balances en azul cuando venda MUCHO mantenimiento a aerolíneas. Ése será su pan de cada día. Pero tiene el deber fundacional, a contrapelo y además mal pago de ser un pilar de la defensa nacional, y eso en el peor momento de su historia, tanto en equipamiento técnico como en recursos humanos. El IA-100 es volver un poco a su misión fundacional, y desde muy abajo, pero ¿cuál es el techo? Clarísimamente, no se sabe. ¿Da para nuevo “avión de bandera”, el pequeño IA-100? Pregunta compleja. El único modelo actual no es un prototipo, sino un demostrador tecnológico. Puede entendérselo como un pre-prototipo. ¿Y qué demuestra? Demuestra que FAdeA domina el arte de cortar telas muy duras, pincelarlas en resina, curarlas en autoclave al vacío, transformarlas en piezas estructurales más resistentes a la tensión que el duraluminio pero hasta un 40% más livianas; y hacer un avión argentino certificado por normas FAR 23. Pero además demuestra que FAdeA ha sobrevivido y puede crecer, y además quiere. Esto, para mí, lo hace “de bandera”. El empenaje del IA-100, y el nombre de la fábrica a la que ojalá ayude a volar de nuevo Y existir no es poco. Más allá de que las ventas del IA-100 sean estrepitosas o modestas, este avión volando aquí y en algunas ferias aeronáuticas internacionales a la FAdeA le cambia la historia. Y la facha. Todos los componentes que forman la célula del IA-100 son de fibra de vidrio, aunque no así los largueros de ala, dos perfiles de fibra de carbono, material más difícil de trabajar y menos resistente al corte, pero de mayor elasticidad y aún menor peso. El Kevlar no se usa, porque no hace falta blindar el motor o al piloto en dos “bañaderas antibalazos”: el IA-100 entrenará a militares (y civiles), pero no está pensado para llevar armas, ni siquiera montadas bajo las alas. Para ello necesitaría “hard points” subalares y perdería bastante en aerodinámica. Su único propósito militar es formar militares. Nada menos. El demostrador tiene algunas pocas piezas metálicas: la ballesta elástica  del tren de aterrizaje fijo es de duraluminio. En cambio se usa acero aeronáutico en las charnelas (bisagras de los alerones, flaps, timones de profundidad  y de deriva), en los puntos de izado (argollas para colgar el aparato de una grúa) y en las bancadas que aguantan el motor. Obviamente también son metálicos el motor y el tablero. El resto del IA-100 es de materiales compuestos, y por eso pesa apenas 637 kg. sin combustible ni ocupantes. Cargado a full raya los 960 kg. Con un motor sin pretensiones, como el Lycoming chico, tiene 1 HP por cada 5,3 kg. de masa, y esto le permite despegar sin transpirar en 350 metros. Rápidamente veremos carreras de despegue más cortas cuando se vaya llegando a vuelo acrobático. En el modelo B, con un Lycoming de 260 burros y esas alas de flujo laminar, casi libres de turbulencia, costará tenerlo pegado al piso. De la resistencia de esas alas ya se habló, y al repasar las cifras todavía me asombro. Pero son las que corresponden a un avión acrobático. ¿Quién quiere una máquina de éstas? Por una vez, la Fuerza Aérea Argentina, pese a su herencia ideológica de “compre no nacional”. Hoy la opción es quedarse sin pilotos y desaparecer. Como dice el Martín Fierro: “No hay cosa como el peligro/pa’ refrescar a un mamao ”. Y también dice: «Hasta la hacienda baguala/cae al jagüel con la seca». Por lo pronto, la decisión sobre el IA-100 la toma el ministro de Defensa. Agustín Rossi dijo que quiere entre 30 y 40 IA-100 para la Fuerza Aérea, y piensa en al menos 10 para el Comando de Aviación Naval. No se va a llegar a eso rápido: primero hay que homologar a normas FAR 23 el prototipo B del entrenador militar. Poniéndole toda la furia, a eso se podría llegar a comienzos de 2022. Desde entonces, se fabricarían 2 aviones por mes. Si cree que es poco, los rivales como Cirrus, Diamond o Grob no superan los 30 aviones/año. Salvo para monstruos como Boeing, Airbus o Tupolev, con muchos procesos robotizados, es curioso hasta qué punto la construcción de aeronaves sigue siendo un asunto casi artesanal. Eso es lo que la vuelve una industria tan keynesiana, tan generadora de empleo calificado, tan potencialmente útil para darle unos paletazos de cardioversor al PBI. ¿Se puede ir por más con el IA-100? Sí, saliendo del país. Depende de participar en algunos pocos pero grandes festivales aéreos, preferiblemente con una escuadrilla en lugar de un mero “stand”, de no delirarse con el precio y de buscar representantes para desarrollar un servicio de posventa internacional honesto. Para ganar plata hay que gastar plata. Una marca se construye. Si se toma la decisión de llevar el IA-100 afuera, rivales no le van a faltar, pero si el estado argentino lo entiende como un negocio, tampoco compradores. Mercado hay, y es (por definición de Adam Smith) ese sitio donde se dan y se reciben patadas. En 2019, AgendAR objetó la explicación de Antonio Beltramone para no construir el IA-100: demasiada competencia en ese segmento aeronáutico. Si hubiera dicho algo parecido en Fiat cuando la firma presentaba su 4×4 “Toro”, ¿cuánto habría durado? Dicho de vuelta: el demostrador hoy de vuelta al ruedo no es el prototipo. Pero los productos finales van a ser muy parecidos, con más motor, una cabina unos centímetros más ancha y tren retráctil. Por ahora serían el modelo B para entrenamiento básico de cadetes aeronáuticos, y el C, con habitáculo ampliado a  4 personas. Si vuelve a existir una política de fomento del pilotaje, el modelo C podría dar servicio a nuestros aeroclubes, donde la avioneta promedio tiene 50 años. Lo podrían también querer como “avión de enlace” (en jerga castrense) los gobiernos provinciales, las fuerzas de seguridad y las empresas privadas.   El tablero del IA-100, un “full glass cockpit” de Garmin, armado por Redimec. La potencia informativa del Full Glass Cockpit que trae el demostrador es casi enloquecedora. El piloto puede volar bajo de noche, ya sea “mirando” el paisaje en infrarrojo a través de una cámara Garmin,  o zigzagueando a través del relieve porque el avión tiene cada loma, árbol o edificio de la superficie terrestre almacenado en su memoria, y lo despliega. Es el modo en que navegaban –sin piloto- los misiles crucero del Tío Sam en los ’80. Hoy eso se ha vuelto tecnología civil, si uno tiene los morlacos que exige Garmin. No dudo de que parte de estos sensores, actuadores y pantallas se pueda hacer aquí. Un modo muy directo de bajarle el precio a los modelos B y C es ofrecer menos aviónica. Me adelanto a su rechifla, lector: los pilotos mayores de 40 no soportan los comandos “touch” y menos aún que Garmin te los cambie de lugar desde Olathe, Kansas, y porque se le cantó a un programador, si le da por seguir la tradición de Microsoft o de Tesla Motors. Sin llegar a los extremos de los ultralivianos, que vuelan sólo de día, con buena meteorología y apenas con 6 relojes analógicos, se puede simplificar mucho la oferta de sensores y/o comandos por pantalla. No hace falta un centenar, y menos camuflados en los nodos remotos de un un árbol de navegación indescifrable. El aprendiz de piloto, incluso joven, agradece cierta simplicidad en la información: volar es una disciplina tetradimensional y minuciosa, en la que de pronto sucede mucho y a la vez, y el tiempo importa tanto como las distancias y las alturas. Y no hace falta una emergencia para ello: entrar en un aeropuerto con mucho tránsito tratando de acatar las órdenes del torrero, que suele hablar en monosílabos y con una dicción horrorosa, ya pone un poco los pelos de punta. Los humanos no somos siquiera somos arbóreos y de las alturas, como nuestros primos, los chimpancés. Somos primates terrestres, nacidos en la chatura de la sabana africana. El vuelo sobrecarga fácilmente nuestros sentidos, entendimiento y capacidad de ejecución. Volar podrá ser una actividad bellísima, tal vez una de las experiencias cumbres de cualquier vida, pero de fácil no tiene nada. Incluso en los aeroclubes más silvestres, donde no hay torrero para ordenar la actividad y los pilotos de fin de semana concurren en bandada justamente por eso, es difícil encontrar “aeronabos” en gran cantidad. Y es que los muy malos pilotos, a diferencia de los muy malos automovilistas, no duran. Darwin y Newton lo garantizan. ¿Qué le falta imperdonablemente al IA-100? Un nombre. Para abrumar un poco a la FAdeA pero sobre todo para bancarla, porque la recontra-queremos, sería joya que los lectores le hagan propuestas a la fábrica. Queremos que los renacidos secundarios técnicos bauticen al IA-100. ¿Una cronología del futuro? En 2021, el “roll-out”: el prototipo B sale de un hangar, los flashes enceguecen, Rossi e Iriondo esconden bravamente un lagrimón, y los aerobobos nos babeamos. En 2022 el avioncito se trata de ganar la homologación FAR 23 haciendo cosas escalofriantes en el cielo, lo que es una buena ocasión de subirlo a redes y mostrarlo “urbi et orbi”. En 2023 entra en producción. Si vuelve a ganar la gente que trajo a Terminator, La Diputada, El Lechero y El Profesional, lo único que podrá defender al IA-100 de tanta artillería antiaérea será el éxito comercial. No sobra el tiempo. Lo dicho: el aparato necesitará un despegue corto y una trepada rápida. Y FAdeA, cambiar su historia. Y agarrate, Catalina.

Daniel E. Arias

Se reprogramó el lanzamiento del SAOCOM 1B para fines de agosto. Space X requirió tiempo adicional

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La Comisión Nacional de Actividades Espaciales, CONAE, informó que tras las resoluciones que tomó la fuerza aérea de Estados Unidos, el despegue del satélite argentino SAOCOM 1B fue reprogramado para fines de agosto. En el comunicado, la Conae confirmó que tras los ensayos de los 18 profesionales de la comisión el Satélite Argentino de Observación Con Microondas (Saocom) 1B se encuentra en óptimas condiciones y listo para ponerlo en órbita. La fecha prevista era ahora, a fines de julio, pero la empresa Space X pidió tiempo adicional para poner a punto el vehículo lanzador. «Este tiempo adicional lo acerca a otros lanzamientos previstos desde esa Base, por lo cual la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, encargada de las autorizaciones de los lanzamientos de misiones desde Cabo Cañaveral, dispuso esta reprogramación». En octubre de 2018 fue lanzado el Saocom 1A de idéntico diseño y en esta ocasión el 1B completará la constelación Saocom con el objetivo central de medir de la humedad del suelo y aplicaciones en emergencias, tales como detección de derrames de hidrocarburos en el mar y seguimiento de la cobertura de agua durante inundaciones. Una vez que se concrete el lanzamiento del Saocom 1B, ambos satélites actuarán «en tándem» en el relevamiento de información, orbitando a 620 kilómetros de altura.

Avanza en Diputados una reforma a la ley de quiebras para evitar un cierre masivo de empresas

El oficialismo de la Cámara de Diputados impulsará, con la venia del Ministerio de Justicia y el apoyo de la oposición, una reforma a la ley de concursos y quiebras para evitar el cierre definitivo a miles de empresas en riesgo.

Los legisladores deben actuar con celeridad porque mañana lunes 27 los juzgados del fuero comercial abren sus puertas, y se prevé una catarata de presentaciones por juicios, ejecuciones y demandas contra empresas que, por las consecuencias de la pandemia, no pueden afrontar sus deudas. El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, acordó con los referentes de la oposición a priorizar este tema en la agenda legislativa y a acordar un proyecto común. La ministra de Justicia, Marcela Losardo, remitió a Massa una propuesta de modificación de la ley de quiebras que, en líneas generales, apunta a que las personas humanas y las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyME), cuenten con mayor oxígeno para negociar sus deudas con los acreedores y puedan mantenerse en actividad. La intención de Massa es conciliar la propuesta del Poder Ejecutivo con los proyectos de ley que, con el mismo objetivo, presentaron los diputados Cristian Ritondo (Pro), Graciela Camaño (Consenso Federal) y Carlos Selva (Frente de Todos). Desde el Ministerio de Justicia confirmaron que colaborarán con el debate con aportes propios. «La idea es que la ley surja del Congreso para que se le dé visibilidad y riqueza al debate». La propuesta del Poder Ejecutivo, que replica en algunos aspectos las iniciativas ya presentadas por Juntos por el Cambio Consenso Federal, tiene dos pilares: por un lado, recomienda suspender por 90 días hábiles los pedidos y las declaraciones de quiebra, las ejecuciones de garantías y la liquidación de los bienes, al tiempo que propone prorrogar por 180 días el vencimiento del período de exclusividad que cuenta el deudor para formular propuestas de acuerdo preventivo con sus acreedores. El otro eje de la propuesta del Poder Ejecutivo promueve el Acuerdo Preventivo de Acreedores (APE), para que las MiPyME en situación de cesación de pagos, dificultades financieras o sobreendeudamiento puedan recurrir a un procedimiento extrajudicial que actúe como un régimen de protección frente a las medidas judiciales que les impidan llevar adelante su actividad, permitiéndoles negociar sus pasivos en un marco de tranquilidad con sus acreedores. El objetivo es que, con esta herramienta, los deudores puedan llegar a un acuerdo preventivo extrajudicial, más sencillo y menos oneroso que un proceso concursal judicial. El proyecto de Ritondo propone una figura similar: el Procedimiento de Reestructuración Empresaria Simplificada (PRES), una herramienta de reestructuración de deuda que llevaría unos 180 días, en lugar de los 9 a 12 meses que demanda un concurso preventivo o los años que insume un proceso de quiebra. as cámaras empresarias, los jueces comerciales y abogados especialistas en la materia imploran que el Congreso actúe cuanto antes. Tanto abogados como empresarios temen que se produzca una «Puerta 12» cuando este lunes se levante la feria judicial y los tribunales se vean colapsados ante una avalancha de cheques rechazados y de pedidos de convocatoria y de quiebra. «La situación es dramática: según nuestra encuesta, el 10% de las pymes está en una situación muy crítica. Esto involucra a 60.000 empresas de todos los rubros y afecta a un universo de entre 300.000 a 600.000 trabajadores», advierte Pedro Cascales, vocero de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). «Esta crisis es peor que la de 2001/2002», insistió. Los datos de la AFIP parecen darle la razón: en abril y mayo pasados (los primeros dos meses de cuarentena) 18.546 empresas dejaron de aportar a la Seguridad Social y se desprendieron de 284.821 empleados.

Convocan a voluntarios, entre 18 y 85 años, para probar la vacuna del COVID-19. Ya hay 15 mil!

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El primer ensayo clínico en nuestro país que probará una de las 4 vacunas más adelantadas para prevenir el coronavirus comenzará ahora en agosto. Los voluntarios se inscriben en una página web. Se trata del estudio de fase 3 de la vacuna del laboratorio estadounidense Pfizer y el alemán BioNTech, que en Argentina estará liderado por el infectólogo Fernando Polack. El ministro de Defensa, Agustín Rossi, confirmó que «ya se anotaron más de 15.000 voluntarios».

Indicó en un reportaje radial «se va a sumar personal del Hospital Militar que hará el seguimiento». (El Dr. Polack ya había revelado, en esta nota que publicó AgendAR, que el estudio de prueba de la vacuna contra la Covid-19 comenzaría en agosto en el Hospital Militar de la ciudad de Buenos Aires). Rossi sostuvo que hay voluntarios en las Fuerzas Armadas, pero los voluntarios ya anotados superan la necesidad prevista. Esta vacuna ya tuvo buenos resultados en las primeras instancias de la investigación clínica. La fase 1 (donde se mide la seguridad) y fase 2 (donde se empieza a medir la eficacia) ya se están realizando en Estados Unidos y en Alemania, desde abril y mayo respectivamente. La fase 3 (confirmación de eficacia clínica, en una grupo humano mucho mayor) se hará en Estados Unidos, en Alemania, en Argentina. y probablemente en otros países, según anticipó Alejandro Cané, director de asuntos científicos de vacunas de Pfizer para Norteamérica. En Argentina se probará el 20% del material disponible para esa etapa del ensayo. Para eso se reclutarán voluntarios de entre 18 y 85 años. No pueden participar mujeres embarazadas o en período de lactancia. Quienes quieran sumarse a esta investigación, pueden expresar su voluntad en esta página web (verificada por la Administración Nacional de Medicamentos y Tecnología Médica (ANMAT). Esto fue necesario, porque para postularse al estudio hay que completar varios datos personales. Desde la ANMAT aclararon que este organismo no participa en la convocatoria de voluntarios para los estudios clínicos ya que esto lo realizan los investigadores, en este caso la Fundación Infant, que lidera el doctor Polack. Lo mismo informaron desde la filial local de Pfizer. Al ingresar a la página, lo primero con lo que se encuentra el interesado es una breve explicación sobre el estudio en la que se hace una aclaración importante: no todos los que finalmente sean seleccionados recibirán la vacuna. «La mitad de los participantes en el estudio recibirá la vacuna en desarrollo y la mitad recibirá placebo –en forma de inyección de solución fisiológica. De esta manera se puede evaluar comparando los resultados en los dos grupos si la vacuna es eficaz para prevenir COVID-19. Esta división entre un grupo que recibirá el fármaco y otro que no (que se llama «grupo control») es el protocolo que se aplica en el estudio de todos los medicamentos. El postulante tiene que completar un formulario, para que los investigadores puedan contactarse «y aclarar sus dudas». Primero debe contestar tres preguntas: si tiene entre 18 y 85 años, si vive en CABA o a menos de 60 kilómetros de Capital y, si es mujer, si está embarazada o en período de lactancia. Luego, si el postulante califica para el reclutamiento, tiene que informar su nombre, DNI, edad, dónde vive, y brindar también un e-mail, un celular y otro número de teléfono y un horario de contacto, además de responder a través de qué medio se enteró del proyecto. Finalmente, para completar el registro, tiene que validar la postulación a traves de un enlace que recibe por mensaje de texto en el celular que informó. Desde la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEME) emitieron esta semana un comunicado brindando detalles de cómo es la participación en una investigación clínica, que siempre es voluntaria y gratuita. El voluntario debe brindar su consentimiento a través de un proceso que incluye recibir información detallada de todo lo relacionado con la investigación. En cualquier momento puede cambiar su deseo de participar, sin consecuencias, y debe recibir toda nueva información obtenida sobre el producto en investigación. En todo estudio existe además un comité de ética que tiene como objetivo proteger los derechos y seguridad de los participantes.

Las ventas en pandemia: crecen en los supermercados; caen, al piso, en los shoppings

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Empujadas en parte por la compra electrónica, y a pesar de la crisis generada por la pandemia de coronavirus, las ventas en supermercados mostraron una mejora del 5,1% en mayo respecto del mismo mes de 2019. De acuerdo con el informe difundido por el INDEC, en mayo las ventas en supermercados sumaron un total de $ 24.038,2 millones (a precios constantes), lo que representa un aumento de 5,1% respecto a mayo de 2019. A valores corrientes, llegó a $ 78.682, es decir, un 54,8% más. En el caso de los autoservicios mayoristas, las ventas sumaron $ 3.945 millones (valores constantes), un 4,2% más que igual mes del año previo. Si se diferencia las compras hechas de manera presencial en los supermercados y las concretadas por el canal online, el informe oficial arroja un dato llamativo, con una suba cercana a 280% en la venta electrónica. El informe señala que en mayo de 2020 las ventas totales a precios corrientes en los locales ascendieron a $ 75.054 millones, lo que representa un 95,4% de las ventas totales y muestra un aumento del 50,5% respecto a mayo de 2019. Por su parte, las ventas totales a precios corrientes por el canal online sumaron 3.628 millones, un 4,6% de las ventas totales pero que creció un 276,2% respecto al mismo mes del año anterior. En cuanto a la segmentación por rubros, los aumentos interanuales más marcados a precios corrientes fueron exhibidos en productos electrónicos y artículos para el hogar (129,5%), seguido de verdulería y frutería (81,6%) y productos de almacén (58,9%). Entre los tres representaron casi el 40% de las ventas totales en supermercados. Como era previsible, los locales considerados no esenciales, en muchos casos cerrados por disposiciones oficiales, no registraron el mismo desempeño. En los shoppings de todo el país las ventas se desplomaron por encima del 95%, al no tener habilitación para abrir por la cuarentena.

Un avión para resucitar una fábrica, una fábrica para resucitar a un país – 2da. parte

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(La primera parte de este artículo está aquí; la conclusión, aquí) 2. Por qué aquí suceden estas cosas La orden de Presidencia de la Nación en 2016, via el Ministerio de Defensa, fue liquidar cualquier programa de construcción aérea o repotenciación de una industria aeronáutica independiente. Por ello, la primera interventora en la fábrica, la abogada y diputada riojana Cristina “Nany” Salzwedel, abogada, entró a FAdeA “como Los Intocables”, arrastrando dos traíllas, una de periodistas al uso y otra de sabuesos contables de la consultora internacional Deloitte, con órdenes de desenterrar esqueletos de los roperos, y prometiendo castigos penales por los presuntos ilícitos de la administración anterior. Salzwedel repartió jubilaciones anticipadas y suspensiones, cortó horas extras y redujo jornadas. Pero en materia penal, se fue en abril de aquel mismo año con las manos vacías. Ni un triste preso. Justamente, la administración kirchnerista de FAdeA andaba medio corta de esqueletos escondidos: nunca pudo dedicarse al “living la vida loca”. Tenía que rearmar con Poxipol lo que había dejado en pie Lockheed Martin de la vieja FMA o Fábrica Militar de Aviones: no mucho. Lockheed había mantenido vegetativamente un par de galpones para emparchar (a escote del estado) los 36 cazabombarderos A4 Skyhawk comprados por el presidente Carlos Menem en estado “as is” (traducción al cervantino: destripados y hechos fruta). Lockheed también jugó a que modernizaba o construía entrenadores avanzados argentinos IA-63 Pampa II: entregó 18 en 14 años. Sí, 1,3 aviones por año. Incluidos los bisiestos. Detengan las rotativas: acabo de recibir una corrección desde Córdoba, y documentada. Los aviones construidos desde cero y entregados volando a la FAA por Lockheed en sus 14 años no fueron 18. Fueron 6.  0,43 aviones/año. Ups. Prosigo. Mientras reinó Lockheed, protegida del país por un doble anillo de US Marines y por nuestros medios, los muchos otros hangares de la fábrica se empezaron a derrumbar. Estaban llenos de máquinas herramienta de control numérico adquiridas cuando el sitio se llamaba FMA. Esos fierros tenían destinos precisos: proyectos aeronáuticos cancelados “para ahorrar” por el único presidente de la historia argentina con brevet de piloto: Carlos Saúl Menem. Eran:
  • mantenimiento y modernización de los IA-58 Pucará,
  • el montaje a escala del jet entrenador avanzado IA-63 Pampa,
  • la construcción desde cero del impactante avión de cabotaje liviano IA-70 CBA 123 en sociedad con Embraer (volaron 2, en 1990 llegó a juntar 160 pedidos),
  • y el caza de superioridad aérea FMA SAIA 90 (ése proyecto probablemente nos quedaba grande).
Con el derrumbe de la mayor parte de la fábrica, los hangares destinados a ese plan fueron invadidos de ratas, palomas, yuyos y óxido. Se perdieron decenas de millones de dólares en tornos, fresadoras de broca y químicas, perforadoras, estampadoras y hornos verticales a presión. Qué ahorros, los de Menem. El todavía increíblemente adelantado CBA 123, o Vector, que el riojano se negó a continuar, supuso pasar a pérdida U$ 300 millones en costos de desarrollo. Incluso respetando el plan de privatizar la FMA a todo trance, ¿no hubiera levantado mejor precio con aquel avión desplegado en una pre-serie? Nadie preguntó, porque la prioridad era aniquilar la finalidad de la fábrica, no venderla cara ni barata. Desde que existe la OTAN (1949), supo ver siempre a nuestro ir y venir medio independientista por las industrias de defensa, como quien mira deambular una rata por una viga de su casa. Se lo bancaba mal. Los desarrollos argentinos en aviación, artillería y construcción naval a los gringos les costaban ventas: las que no nos podían hacer. Aunque exportáramos poco y nada, éramos un mal ejemplo en la región. Resultaba inevitable que nos sintieran como una piedrita en el zapato, aunque geopolíticamente fuéramos de lo más engominados y alineados. Y es que aún con toda la gomina, no éramos 100% controlables. En los ’80, Argentina estaba siempre por testear un misil no autorizado de 1000 km. de alcance con una carga de 500 kg (el Cóndor II de la FAA). No era una cañita voladora sin navegación, como dice Daniel Santoro: por algo Egipto e Irak estaban prendidos al negocio, motorizado (en todo sentido) por Messerschmitt Bolkow Blöhm. Es decir, por Alemania, donde en los ’40 se inventó el misil tierra-tierra. Pero cuando en 1983, al año y monedas de la rendición argentina en Malvinas, la OTAN supo por boca del presidente electo Raúl Alfonsín que el país había desarrollado una plantita de enriquecimiento de uranio (Pilcaniyeu, estepas de Río Negro), empezaron los “what ifs”. ¿Y qué pasaba si, para recuperar el honor, decidíamos escalar a dimensiones enormes la mínima instalación de Pilca y llegar a uranio “grado bomba” (enriquecido al 95%)? ¿Qué pasaba si además de quedar así al alcance teórico de una bomba de uranio, de yapa la podíamos montar sobre un misil de alcance medio? Inútil explicar que “Pilca” se decidió en 1978, cuando EEUU nos declaró embargo de uranio enriquecido porque la CNEA se había atrevido a exportar un ínfimo reactor de investigación a Perú, “in their own backyard”. Inútil alegar que se necesitarían centenares de Pilcas para llegar al uranio militar de una única bomba. El Atlántico Norte ya nos la tenía jurada desde el ’49 y votó irnos mandando preventivamente de regreso a la Edad de Piedra pero de a poco y sin invadirnos, que siempre fue difícil. La OTAN delegó con discreción la tarea en gobiernos genuflexos, y confió en disciplinar a los que no lo fueran con la deuda, los medios, la CIA, los tribunales, los militares, la City porteña o lo que fuera. A la luz de lo logrado, a los de la OTAN no les fue mal. Por eso desde 1984, empezaron a patinar y caerse nuestras industrias de defensa, navales, aeronáuticas, mecánicas, químicas, electrónicas, algunas gigantescas, muchas con más de medio siglo de existencia. Y al capotar, derribaron a su gran entramado de proveedores y se perdieron decenas de miles de empleos de ingenieros y técnicos, muchos de ellos en firmas con balances históricamente en azul. Casi todas ellas, estatales o privadas, fueron cerrando, una tras otra. A veces con ayuda: para cerrar los astilleros Tandanor-Domecq García, de construcción de submarinos, Menem hizo que Defensa vendiera a precio simbólico su terrenos en Puerto Nuevo a una sociedad fantasma. Ésta intentaría volver shoppings y un barrio cheto esos talleres llenos de equipamientos muy complejos. Para cerrar los Astilleros Río Santiago, donde se construyeron durante décadas las corbetas y destructores de la Armada, se organizó un desembarco en gomones del Grupo Albatros de la Prefectura Naval Argentina. Otro día damos detalles: son demasiado bananeros y se van de tema. En la FMA de los ’80 trabajaban casi 12.000 personas en decenas de asuntos industriales donde lo que mandaba eran la buena metalurgia y la alta precisión. Una de esas personas, el técnico Miguel Irazoqui, un histórico del Instituto Aerotécnico de épocas del Pulqui II, me dice que su último trabajo en los ‘80 era hacer y balancear “boogies” argentinos… para los ferrocarriles chinos. Hoy a China le compramos formaciones ferroviarias enteras, y cuando nos reparan vías, se traen no sólo los rieles sino también… los durmientes. Como si aquí faltaran, sin alusiones. Eso explica que Menem pudiera también cerrar (sin movilizaciones masivas) la enorme red de ENETs, las Escuelas Nacionales de Educación Técnica, que en los ’80 juntaban 400.000 alumnos. En la Argentina postindustrial, exportadora solo de naturaleza cruda, se habían vuelto una vía muerta. En los ’50, con el transitorio nombre de Instituto Aerotécnico, la que hoy se llama FAdeA diseñaba por una parte el caza Pulqui II y empezaba la construcción de turbinas Rolls Royce, mientras por otra diseñaba, armaba y vendía activamente motocicletas Puma, motores, tractores y autos diversos, y luego la irrompible, irremplazable chata argentina: el Rastrojero. Imagen del Pulqui II, 3er prototipo, por Nicolás Ciancio. En 1953 pudo ser mejor que el MiG 15 (del que es casi un clon) y que los tres primeros modelos del Sabre F-86. Nunca lo sabremos. Pero en 1994 aquella época de oro era pura leyenda. La ya vieja planta, con todos sus números en rojo, venía bien de equipamiento pero lastrada por décadas de proyectos abortados en el prototipo, o degollados en la cuna sin llegar a fabricación a una escala decente: el mentado Pulqui II, el Guaraní II, el Pucará, el Pampa, el Vector… ¿Cómo podía no dar pérdida esa fábrica? No sangraba por lo que hacía sino por lo que mataba. La Fuerza Aérea Argentina (FAA) era la raíz del problema. Aunque algunos de sus tecnólogos mejores y jefes más patriotas siguen apostando a tener una industria propia, juegan con la cancha inclinada en contra. La práctica de importar aviones (hechos percha, o a precios insanos, o ambas cosas), le deja a los popes estadías en el exterior y unas comisiones que garantizan una jubilación dorada. ¿Qué ya no mandan porque estamos en democracia? Si les cortás esos lujitos, te incendian los medios con que se caen los Mirage, como si eso sucediera porque se fabrican Pampas o Pucas, o se remediara importando chatarra, como los 36 Skyhawk A4R traidos por Menem en 1997. De los cuales hoy queda 1 en condiciones de volar. Desde 1995 los brigadieres ya no son dueños de la fábrica pero si su cliente principal. Y desde 1956, cuando el brigadier Heriberto Ahrens mató al Pulqui II para importar F86 Sabres, aprendieron a tirar la piedra y esconder la mano. El “Puca” por fin remotorizado con turbinas canadienses P&W. La tarea misteriosamente insumió 5 años porque debió (¿debió?) hacerse en Israel. ¡Eso en un avión de diseño local!  De yapa, en su viaje de ida a Tel Aviv, la Aduana argentina incautó el ala como “exportación de armas”. Raro… Del “Puca” se construyeron 107 unidades (cifra récord, según nuestra historia reciente) e incluso se exportaron. Pero fue tan emperradamente mala la posventa a los clientes (Sri Lanka, Colombia y Uruguay) que los disuadió de volver jamás a tocarnos el timbre. Como propietaria de la fábrica, la FAA venía impidiendo que su propio avión “de bandera” (en aquellos tiempos, el Puca) se siguiera fabricando: en 1984 fueron destruidos misteriosamente los atalajes. Ups, ¿qué pasó? ¿Orden firmada? Pucha, no la encuentro… Al Pampa, siguiente nave “de bandera”, le fue peor porque se lo acogotó desde el despegue con la compra de otros aviones técnicamente inferiores como entrenador avanzado, pero siempre más caros: el Embraer Tucano en 1987, y el TC6 Texan II en 2019. Ambas importaciones bloquean no sólo al Pampa sino también al siempre vigente y necesario Puca. Y eso que contra viento y marea, ambos aparatos, para más inri, habían sido remotorizados y re “avionizados” en instrumental, como se puede ver en este video.
En los ’80 la cúpula aeronáutica compraba cualquier cosa, pero sostenía con orgullo a su fábrica cordobesa como la cuerda a un ahorcado prestigioso. En 1994 Menem no quería sostener a la Fuerza Aérea ni siquiera por el gañote, máxime tras la bárbara fajada que ésta le arrimó en Malvinas a la tercera armada del planeta y la segunda de la OTAN, y para colmo con aviones de mierda. Además, ¿para qué gastar siquiera en fuerzas armadas? Como miembros extrarregionales de la OTAN, nos aseguraba en la posguerra el complaciente canciller Guido Di Tella, estábamos defendidos (reite) por EEUU. “Pax Americana”, bro. Aunque el paraguas militar de los EEUU nunca fue nuestro, en 1982 nos lo clavaron en un ojo, y hoy además está ya muy agujereado. Sin embargo, gente que sobrevivió a los muchos aterrizajes forzosos de la fábrica cordobesa sostiene que Lockheed Martin fue un destino de lujo: el objetivo inicial de Menem era el cierre y el loteo. Estimados, son 24 hectáreas a tiro de piedra del centro de Córdoba. De no haber sido por Lockheed, hoy esas tierras serían shoppings y bailantas. El resultado de haber destruido tan al ras nuestra industria de defensa, o al menos con capacidad dual, no deja de ser raro. Para todo argentino mayor de 60 que no existan Fate Electrónica o las 14 plantas industriales de Fabricaciones Militares o Astilleros Alianza, o Tandanor, o que la Comisión Nacional de Energía Atómica se haya sumido en la irrelevancia, es como si nos faltaran cachos de paisaje: el Aconcagua, ponele, o el Paraná… Para los argentos sub 30, en cambio, esta devastación postindustrial que habitamos es lo que hubo siempre, como si aquel país fabril, urgente, fierrero y experto en que crecimos los canosos no hubiera existido. La erosión no se mide sólo en planta instalada: en recursos humanos productivos y culturales a la Argentina le sobrevino un pre-Alzheimer, un olvido de su identidad y capacidades, amén de una vocación por lo imbécil y frívolo que el filósofo Tomás Abraham, en 1991, bautizó “el Apocalipsis cholulo”. Un apocalipsis caro, sin duda. Medido en términos marítimos, implicó la liquidación de ELMA, con más de 60 mercantes, una de las mayores flotas mercantes del mundo. Subastada “por ahorro”, ja. Sin ella, en 2014, admitido hasta por el diario La Nación, ya estábamos pagándole U$ 5000 millones/año a armadores chinos en transportar la cosecha argentina. Rojo coincidente casi al centavo con nuestra deuda energética por importación de gas aquel año. En 2016 el entonces Ministro de Telecomunicaciones, Oscar Aguad, canceló el satélite argentino ARSAT 3 (U$ 200 millones) y dio inicio a la habilitación de 26 satélites estadounidenses y europeos sobre suelo propio, que nos cobran promedio no menos de U$ 30 millones/año cada uno. Y fueron concesiones ilegales, sin contraprestación para la Argentina: según los reglamentos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, ARSAT debería poder dar servicios satelitales en EEUU y la UE en forma proporcional. En 2017, ya como Ministro de Defensa, a Aguad se le perdió un submarino TR-1700 con 44 tripulantes, el ARA San Luis, debido al parecer a una válvula de snórkel que venia pidiendo relevo a gritos desde hacía meses. Un satélite y un submarino son un “score” de daños que asombraría hasta al Barón Rojo, pero Aguad no renunció: su presidente lo necesitaba para seguir haciendo patria, pues tenía por delante “les travaux de la mer”. Compró 4 patrulleras (una vieja de 7 años) a Francia, todas llave en mano y por un total de 317 millones de euros. Para ello, suspendió la construcción en Astilleros Río Santiago de 5 unidades OPV Fassmer mejores, y por U$ 90 millones menos, y con la ingenieria ya pagada. OPV Fassmer colombiana en Antártida. Chile también las construye. Nosotros no, aunque pagamos la ingeniería en 2003 y la idea era “hacer vaquita” con los mantenimientos. Pero la lista sigue. A Israel Macri le compró 4 patrulleras fluviales Shaldag hechas crema por U$ 48 millones de dólares, y a España dos buques oceanográficos hechos puré por U$ 33 millones. El 21 de julio de 2020, 14 entidades (desde el Consejo Profesional de Ingeniería Naval  hasta las cámaras de los astilleros argentinos, pasando por todos los sindicatos obreros navales), concordaron en que con esas adquisiciones chatarreras de Macri, Aguad, Bullrich y Barañao se perdieron más de 10 mil puestos de trabajo en los astilleros públicos y privados argentinos. Más precisiones, aquí. Cierta industria de defensa trató de volver a existir durante aquel modesto y contradictorio rebrote industrial, educativo y tecnológico de entre 2003 y 2015. Desde 2009, en cuanto se le dio el olivo a Lockheed, la empresa residual resultante (FAdeA) intentó –con la oposición blindada de la Fuerza Aérea- remotorizar y relanzar los dos proyecto clásicos: el Puca y el Pampa. Pero también se iniciaron proyectos nuevos: los drones SARA (Sistema Aéreo Robótico Argentino) con colaboración de INVAP. Y para volver al tema, el menos problemático de los proyectos nuevos es este modesto y hermoso IA-100. Primer intento de un nuevo avión argentino desde… ¿el Pampa, en 1980? Aunque si se cuenta el CBA 123 Vector, desde 1992. Como sea, es demasiado tiempo sin hacer aviones completos. La “F” de FAdeA significa “fábrica”, no taller. Esa diferencia la pueden hacer el IA-100 y su progenie, cuando la tenga.

(Concluirá mañana)

Daniel E. Arias

Raúl Kulichevsky: “Con el SAOCOM 1B tendremos mapas tridimensionales del suelo”

El director ejecutivo de la CONAE habló desde Cabo Cañaveral, donde se realizan las últimas pruebas antes del lanzamiento del nuevo satélite de la misión SAOCOM, a fines de este mes.

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El Satélite Argentino de Observación con Microondas (SAOCOM) es casi único en su tipo en el mundo: cuenta con una gran antena –de 35 metros cuadrados–, que posee un radar de apertura sintética (SAR, en inglés) en banda L, que permite tomar registros de la superficie terrestres de hasta dos metros de profundidad, con múltiples aplicaciones en agricultura, prevención de inundaciones y manejo de incendios, entre otras.
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Es un gemelo del SAOCOM 1A, lanzado en el año 2018 por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que completa la misión por parte de la Argentina, pues los dos forman parte de una constelación (SIASGE), que también incluye a cuatro satélites COSMO-SkyMED, de la Agencia Espacial Italiana.
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Al sumar la información de todos ellos se obtienen paquetes de datos únicos en el mundo, cuyo objetivo principal es la gestión de emergencias, pero con múltiples misiones secundarias vinculadas con el desarrollo económico de ambos países y que permitirán brindar servicios de imágenes a terceros.
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El SAOCOM 1B había viajado a Estados Unidos en un Antonov AN124 y, tras una demora de varios meses, y se espera que pueda ser lanzado al espacio cuando las condiciones meteorológicas lo permitan en una fecha posterior a hoy, sábado 25 de julio, a bordo de un lanzador Falcon 9 de la empresa SpaceX, con base en Cabo Cañaveral.
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El ingeniero Raúl Kulichevsky, director ejecutivo de la CONAE, es uno de los 18 especialistas del organismo y de la empresa rionegrina INVAP que se encuentran en Florida, Estados Unidos, para la realización de las pruebas al satélite que forman parte de la preparación para su puesta en órbita. Aquí sus respuestas, en vísperas del lanzamiento:
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-¿Cómo se llevan a cabo los trabajos en Estados Unidos?
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-La semana pasada tuvimos una primera semana de cuarentena en el hotel pero fue con un trabajo muy intenso, cada uno desde su habitación, a través de videoconferencias, para preparar distintas cuestiones que tienen que ver con las comunicaciones con los grupos en la Argentina y eso incluyó una simulación completa del día de lanzamiento. Posteriormente, nos hicieron un test PCR y el domingo nos informaron el resultado negativo, así que el lunes empezamos a trabajar en la base.
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Los primeros dos días sacamos el satélite de la cofia en la que lo habíamos dejado guardado. Con el satélite a nuestra disposición volvimos a conectar los equipos electrónicos para ver el estado del satélite e hicimos las inspecciones visuales de los paneles solares. Hicimos el encendido del satélite para ver si estaba todo bien y resultó perfecto. Todos los subsistemas se encendieron sin ningún tipo de problema, así que no solo pudimos ver eso, además, pudimos probar los sistemas de comunicación con Córdoba, Bariloche y Buenos Aires. También revisamos toda la telemetría de encendido del satélite, así que ahora estamos completamente seguros de que está en perfectas condiciones.
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-¿Cómo es el protocolo que están siguiendo por el coronavirus?
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-Vinimos con un protocolo particular para nosotros sabiendo que las medidas que se tomaron en Estados Unidos son distintas a las que se aplicaron en Argentina. Acá no hay cuarentena estricta como la que hemos tenido en nuestro país. Pero nuestro protocolo incluye controles muy estrictos, y minimizamos cualquier posibilidad de contacto con gente que no sea el personal de SpaceX. Este protocolo lo preparamos con los sectores de Higiene y Seguridad de INVAP y de la CONAE, no solo para el cuidado de cada uno de nosotros, sino que, a su vez, cada uno está cuidando a todo el grupo.
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El SAOCOM es casi único en su tipo en el mundo: cuenta con una gran antena –de 35 metros cuadrados–, que posee un radar de apertura sintética (SAR, en inglés) en banda L, que permite tomar registros de la superficie terrestres de hasta dos metros de profundidad.
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-¿Qué ventajas tiene sumar el segundo satélite a la constelación?
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-Varias. No es solo el hecho de poder tener mayor frecuencia de observación. Tener un segundo satélite también permite contar con nuevas aplicaciones. Una es poder desarrollar modelos digitales de elevación, que son una especie de mapas tridimensionales del suelo que nos permiten, por ejemplo, saber hacia dónde va a fluir el agua en el caso de una inundación. Tener en órbita el segundo SAOCOM nos va a permitir mayor frecuencia y también extraer todo el potencial que la misión tiene.
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-¿Cómo está la gestión comercial de las imágenes de los SAOCOM?
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-Estamos avanzando en ese sentido con VENG, la empresa controlada por CONAE, que está a su vez trabajando con e-GEOS, que es una empresa italiana con participación de la Agencia Espacial Italiana. Estamos trabajando para poder brindarle servicios a China, para distintos sectores de ese país, pero también hemos tenido solicitudes de información de los SAOCOM desde distintas partes del mundo.
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-¿En qué nuevos satélites está pensando la CONAE?
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-Estamos trabajando en la misión SABIA-Mar, un satélite dedicado al mar y el océano (en cooperación con Brasil, que debía construir uno también como parte del acuerdo, pero cuyo desarrollo fue retrasado), que ha completado la etapa de ingeniería de detalle y esperamos poder lanzar en el año 2023.
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Así como los SAOCOM tienen su mayor potencial en el sector continental de la República Argentina, aunque también servirán para controlar la pesca ilegal en el Mar Argentino, SABIA-Mar permitirá recolectar una cantidad de información muy importante, que tiene que ver con las necesidades del proyecto Pampa Azul, que el Gobierno ha relanzado hace poco. También estamos pensando en la serie 2 del SAOCOM y en acceso al espacio, a través del desarrollo de los vehículos Tronador II y III. Obviamente, hoy la misión SAOCOM se lleva gran parte de nuestra atención, pero seguimos trabajando muy intensamente en diversos proyectos.
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-El proyecto Tronador sufrió retrasos durante el Gobierno anterior. ¿Qué expectativas tienen ahora? ¿La idea sería contar con el microlanzador VLE (Vehículo Lanzador Espacial) y después con el Tronador?
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-Sí, el VLE va a ser un primer lanzador que nos va a permitir probar las capacidades de satelización de pequeños satélites de hasta 80 kilos, para poder hacer luego un aprovechamiento muy importante de todo lo que tenga que ver con el desarrollo del VLE en los Tronador II y III.
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En definitiva, gran parte de lo que se diseñe y se pueda probar con el VLE va a ser utilizado también en el proyecto Tronador. Por supuesto, hoy el país vive una circunstancia muy difícil pero entendemos que desde el Gobierno hay un interés en que el desarrollo del acceso al espacio en la Argentina se pueda llevar adelante, así que esperamos contar con los recursos presupuestarios que nos permitan avanzar con este proyecto, que es crítico para poder completar y tener independencia tecnológica y capacidades de lanzamiento propias para nuestro país.
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El VLE llegará a 300 kilómetros de altura con cargas útiles de hasta 80 kilos. Con menos carga, se podría llegar hasta 400 kilómetros. La idea es hacer una primera prueba hasta más o menos esa altura. El Tronador III, nos va a permitir colocar en órbita satélites de aproximadamente 650 kilos a una altura de entre 600 y 700 kilómetros.
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-¿Se espera que haya más vehículos experimentales de la serie VEX o ya se empezaría con el desarrollo del VLE?
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-No, ya empezamos con el VLE porque la etapa de vehículos experimentales, que eran los VEX, nos permitieron probar muchos subsistemas vinculados con la parte de propulsión y la de desarrollo de navegación guiada y control. Ahora, ya necesitamos de otras tecnologías que vamos a usar en el caso del VLE y que posteriormente servirán para el Tronador.
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-Si bien los plazos de desarrollo de tecnología son variables, ¿cuándo esperan hacer el lanzamiento del VLE?
-Si contamos con los recursos presupuestarios adecuados, entendemos que probablemente podríamos estar haciendo un primer vuelo de prueba hacia fines del año 2022.

La polémica sobre el acuerdo con China para instalar criaderos de cerdos

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Una intensa campaña -impulsada como es habitual en estos tiempos desde las redes sociales, con videos que se distribuyen también por Whatsapp- se ha desatado para frenar un posible acuerdo con China para instalar criaderos de cerdos en la Argentina y exportar su carne al país asiático. Desde la Cancillería de nuestro país, se anunció que »aún no hay acuerdo y que se tendrán en cuenta las prevenciones planteadas y que aún no hay fecha estimada para el lanzamiento». Pero en cuestión de días, ya se reunieron miles de adhesiones a la petición que demoniza el posible acuerdo. Entre los firmantes, figuran intelectuales prestigiosos y personalidades de los medios, algunos de los cuales participan en esta campaña. Encabezan las firmas Soledad Barruti (periodista y escritora), Marcos Ezequiel Filardi (abogado de derechos humanos y soberanía alimentaria), Maristella Svampa (socióloga y escritora), Guillermo Folguera (CONICET-UBA/Biologo-Filosofo), Enrique Viale (abogado ambientalista), Elizabeth Jacobo (FAUBA), Miryam Kurganoff de Gorban (nutricionista y doctora honoris causa UBA y UNR), Gabriela Cabezón Cámara (escritora), Pablo Alabarces (Sociólogo / Investigador del Conicet), Beatriz Sarlo (ensayista y escritora), Patricia Pintos (Geógrafa / UNLP), Rafael Colombo (abogado ambientalista), Gabriela Massuh (escritora), Carlos Gamerro (escritor), Alejandra García, (Fundación Franz Weber), Jesusa Rodríguez (Senadora de la República Mexicana), Liliana Felipe (compositora), Erica Rivas (actriz), Leonor Manso (actriz), Patricia Zangaro (dramaturga). En AgendAR nos pareció que entre los argumentos expuestos en el documento y en emotivos videos faltaba una visión vinculada a la actividad rural, una parte importante de la economía argentina. Que no está pasando por un buen momento. Por eso decidimos compartir las observaciones de Matías Longoni, un periodista argentino especializado en agro. Conductor, cronista y editor de BichosdeCampo.

«Ya hay varias personas que han pedido mi opinión sobre la campaña en redes sociales para frenar la instalación de enormes criaderos de cerdos en el país, dedicados pura y exclusivamente a producir carne porcina para China.

En principio, creo que este es un muy interesante tema de debate para el país. Pero justamente por eso, porque es un lindo tema, no debería ser tratado con mentiras o medias verdades, como estoy leyendo. No podemos hacer de este debate sobre los chanchos un chiquero.

Propongo que nos enfoquemos entonces en las verdades.

1) Es verdad que en China se produjo desde 2018 el sacrificio de millones de cerdos debido a la aparición de una enfermedad muy contagiosa, la Peste Porcina Africana. El sacrificio es el modo de pararla, porque no tiene cura. Como el Covid.

No es verdad que los cerdos sean enterrados vivos, como dicen los detractores de este proyecto.

2) Es verdad que China necesita reemplazar la carne porcina que dejó de producir. Por eso es que Argentina y otros países le están exportando tanta carne vacuna, de pollo y de cerdo. Se estima que comprará 18 millones de toneladas este año, tres veces lo que consume la Argentina.

3) Es verdad que hay interés de empresarios chinos en comenzar a producir la carne que necesitan fuera de su país. Y es verdad que hay tratativas bastante avanzadas en Cancillería para instalar algunos megacriaderos en la Argentina.

Es falso que esas inversiones sean por 27.000 millones de dólares, como dicen los opositores a este proyecto. Por ahora se habla, más bien de cifras mucho más modestas, pero que podrían incrementar un 50% la producción porcina de la Argentina a mediano plazo.

4) Es verdad que este proyecto, si se confirma, tendría un impacto importante en el llamado «agronegocio» local, pues implicaría convertir a la Argentina en un jugador importante en un negocio del que ahora poco participa: la producción de carne de cerdo.

Es falso que esto pueda ser comparado con la irrupción de la soja transgénica en 1996, como dicen algunos detractores del proyecto. No tiene nada que ver con eso. Incluso este proyecto hasta podría servir para hacer más sustentable la producción agrícola del país. Ahora explico.

¿Por qué China estaría interesada en producir carne porcina en Argentina? Básicamente porque allá están cortos de recursos que aquí por ahora sí tenemos: agua y comida. Eso hace que el costo del kilo de cerdo sea allá 2 o 3 veces más caro que hacerlo acá.

En la producción porcina lo importante es tener «madres»: cada cerda puede parir entre 8 y 10 lechones en un corto lapso de tiempo que a mi me fascina por su exactitud: La gestación dura 3 meses, 3 semanas y 3 días. es decir 114 días.

A nivel global, para reemplazar el stock de porcinos que perdieron por culpa del virus, necesitan los chinos tener 3 millones de madres diseminadas en el mundo. Para la Argentina piensan en una primera etapa en cuatro módulos de 15 mil madres. Nada comparado con el total.

Pero para la Argentina sumar esas 60 mil madres en una primera etapa sería incrementar significativamente su stock actual de chanchas, que es de 400 mil cabezas. Y si se llegara al final del plan y se instalaran 200 mil madres, la capacidad de producción local crecería 50%.

Este plan, además de generar mucho movimiento y empleo para la instalación de estas granjas, permitiría a la Argentina comenzar a ser un jugador de la carne más consumida en el mundo, que es la porcina. Recién comenzamos a exportarla en 2018 y en muy pequeñas cantidades.

Esto es algo que la gente desconoce bastante: históricamente la Argentina produjo menos carne de cerdo de la que consume, todavía hoy importa grandes cantidades desde Brasil o Dinamarca. Tenemos todas las condiciones para producir, pero somos tan boludos que no lo hacemos.

Producir cerdo es básicamente, además de tener las madres, engordar a los lechones con maíz para que conviertan ese alimento en kilos de carne. La Argentina, en ese sentido, tiene mucho maíz que exporta como grano, sin agregarle valor, porque no produce suficiente carne porcina.

De nuestra cosecha de maíz -que orilla las 50 millones de toneladas- solo procesamos un 16%, para producir algo de carne, bioetanol y puchitos de polenta. Brasil procesa el 30% y Estados Unidos casi el 70%: agregan valor a los granos y así genera alimento y más trabajo.

Por eso decía que el proyecto chino podía ayudar a la sustentabilidad: generaría demanda interna de maíz y mejoraría los precios del grano, que así estaría en mejores condiciones de competir con la soja. De allí que el plan chino no tenga punto de comparación con la soja RR.

El maíz está, ya lo producimos, nos sobra: exportamos más de 35 millones de toneladas para que otros países engorden sus animales y produzcan las carne que no le vendemos nosotros. Como sobra, no habría que producir más, habría que exportar menos y convertirlo acá en carne.

Saber esto es fundamental para desterrar de cuajo otra mentira de esta campaña en contra del proyecto chino: es falso que haya que desmontar miles de hectáreas para producir más maíz. No es cierto. Es falso. El maíz ya está.

Incluso, aunque no está definido, siempre se especuló con que la instalación de estas mega granjas para producir cerdos para China debería hacerse cerca de las zonas de producción de maíz: Córdoba, La Rioja, Catamarca. No hay mucho monte nativo por allí para cuidar.

Lo que sí habrá que observar con atención en este tipo de proyectos es la fuente de agua. En eso sí hay que ser muy estrictos. Y en el manejo de efluentes. Habría que exigir a estas granjas que tengan generadores de biogás o algo por el estilo, para que sean sustentables.

En definitiva, me han pedido que opine sobre este petitorio y opinaré: no estoy de acuerdo para nada con el rechazo social al plan chino, porque si se hacen bien las cosas representa una posibilidad de generar valor agregado y riqueza para varias provincias. Y sobre todo trabajo.

De algunos que impulsan este petitorio desde sus poltronas de Palermo no me extraña. Pero confieso que me apena ver a intelectuales -como Beatriz Sarlo- suscribirlo. No puede un intelectual rechazar este debate en toda su dimensión, pues tiene que ver con el desarrollo del país.

Lo que sí celebro es el debate social sobre una iniciativa de esta envergadura. Y que podamos ejercitar control social sobre estas negociaciones. Solo será positiva sin fundamentalismos y con un Estado inteligente, que sepa canalizar de buen modo estos estímulos externos.»

Esta es la opinión de Matías Longoni que en líneas generales compartimos. Sólo queremos agregar una observación, después de ver esos videos que muestran lo que representa en la práctica la crianza industrial de animales para el consumo. Comprendemos que algunas sensibilidades pueden ser afectadas, y simpatizamos con los esfuerzos que se hagan para que los animales de granja sean criados en condiciones más humanas. Pero queremos preguntar a esas personas sensibles ¿cómo creen que se están criando, ahora y aquí, los cerdos y los pollos que proporcionan el jamón y los huevos que hayan comido en estos años? Ahora, si son veganos rigurosos, no hay nada que observarles.

Nueva esperanza: la ANMAT aprobó el ensayo clínico para probar un plasma hiperinmune

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Este plasma hiperinmune, que se obtiene de equinos, desarrollado por dos científicas, María Laura Cerutti y María Eugenia Acuña, de la Universidad Nacional de San Martín y la empresa Inmunova fue aprobado para ensayos clínicos en pacientes de Covid-19.
La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) aprobó el ensayo clínico del plasma hiperinmune desarrollado por investigadoras de la UNSAM y la empresa Inmunova. A través de una disposición publicada ayer, 24 de julio, el organismo autoriza “a realizar el estudio clínico denominado: Estudio fase 2/3, adaptativo, randomizado, controlado, doble ciego para estudiar la farmacocinética, la eficacia y la seguridad del suero equino hiperinmune en pacientes adultos con enfermedad moderada a severa confirmada SARS-CoV-2”. La ANMAT autorizó a que los ensayos clínicos con el plasma obtenido de equinos se realicen en varios sanatorios de AMBA. El plasma, que ya demostró que es capaz de neutralizar al virus en pruebas de laboratorio, es un tratamiento para pacientes con diagnóstico de la infección, a ser administrado en las primeras etapas de la enfermedad. El plasma hiperinmune fue desarrollado gracias a una articulación pública-privada entre el laboratorio Inmunova, la UNSAM, el Instituto Biológico Argentino (BIOL), la Fundación Instituto Leloir (FIL), mAbxience, el CONICET y ANLIS Malbrán. Es un tratamiento que persigue la inmunización pasiva y que consiste en administrar anticuerpos a los pacientes contra el agente infeccioso, produciendo su bloqueo y evitando que se propague. En el desarrollo del suero se utilizó como antígeno una proteína recombinante del virus SARS-CoV-2. Esa proteína se inyectó en caballos, para obtener anticuerpos policlonales. El plasma producido contiene gran cantidad de estos anticuerpos con capacidad de impedir que el virus ingrese a las células y se multiplique.

Como actúa

“El suero equino tiene una capacidad neutralizante de 20 a 100 veces mayor que el promedio del plasma de convalecientes. La capacidad de neutralizantes es mayor, se los puede producir en gran cantidad por los volúmenes que se pueden obtener y se puede escalar para producir una cantidad muy importante, lo que permitiría utilizar estos anticuerpos en etapas más tempranas de la enfermedad”, explicó Fernando Goldbaum, director del Centro de Rediseño e Ingeniería de Proteínas del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la UNSAM y socio fundador de la empresa biotecnológica INMUNOVA. El estudio clínico comenzará la semana próxima en el Sanatorio Güemes, en el Hospital General de Agudos “Dr. Ignacio Pirovano”, ambos de CABA, en el Hospital Cuenca Alta – SAMIC de Cañuelas y en el Instituto Médico Platense de La Plata. Próximamente iniciará en más de diez hospitales y clínicas de obras sociales del área metropolitana de Buenos Aires y La Plata. Incluye la participación voluntaria de 242 pacientes adultos con enfermedad moderada a severa causada por la infección del SARS-CoV-2 confirmada por PCR, dentro de los diez días del inicio de síntomas y que requieren hospitalización.