Advierten que el dólar podría cerrar el año próximo en torno a $ 51,5

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La consultora económica Ecolatina publicó en su último informe sus proyecciones económicas para el año próximo, de las que se infiere que la carrera nominal será más pareja en 2019. En este marco, proyectó un dólar en torno a $ 51,5. Entre las causas de una desaceleración en la suba de la divisa, Ecolatina señaló que el tipo de cambio real “no se encuentra atrasado”, de modo que sus presiones alcistas estarían más acotadas. Además, consideró que el esquema de Zona de No intervención cambiaria acotaría dinámicas disruptivas. Las variables que toma en cuenta Ecolatina son reales. Aunque no son todas. En cualquier caso, desde AgendAR compartimos el pronóstico… pero puede ocurrir mucho antes de diciembre ’19. Seguramente antes de octubre.

La ciencia, con acceso abierto

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Todos los días crece el conocimiento científico. En las próximas 24 horas se publicarán cientos de estudios con los descubrimientos más recientes, pero la mitad quedarán recogidos en revistas académicas que solo se distribuyen a los centros de investigación capaces de pagar suscripciones millonarias. Cabe preguntar por qué una ciencia que depende en gran parte de la financiación pública no facilita todos sus resultados a la ciudadanía. El educador, autor, activista y catedrático de la Universidad de Stanford John Willinsky (Toronto, 1950) lleva dos décadas de cruzada por el acceso libre y universal a la información científica. Asegura que esta visión, la de la ciencia abierta, ya es posible en la era digital. Y, sin embargo, sus esfuerzos se han visto frustrados por el celo con el que las editoriales académicas se aferran a su arcaico modelo de publicación. “El acceso al conocimiento es un derecho humano”, dice Willinsky durante una visita al Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid. Habla pensando en los investigadores que no están afiliados a una buena biblioteca universitaria (como muchos en nuestros países del Hemisferio Sur), en los estudiantes y en los periodistas, pero también incluye al público y a profesionales de todas las disciplinas: “Hay astrónomos aficionados con un telescopio en el jardín, que quieren aprender sobre los últimos avances en astronomía, y hay médicos en la clínica, que no están seguros de un diagnóstico y necesitan más información”. Para él, la ciencia “podría tener un papel mucho más amplio” en la sociedad del que tiene ahora». El pilar sobre el que se sostiene la ciencia abierta es la publicación de las investigaciones científicas bajo el modelo open access, es decir, de lectura gratuita. “Antes de internet esto no se cuestionaba. No íbamos a repartir revistas científicas en los autobuses”, bromea el autor. Pero ahora que sí es posible, sigue sin ser lo más habitual: “Los investigadores envían y revisan artículos sin cobrar, reciben un estipendio simbólico por editar. Las editoriales acaban en una posición muy ventajosa, porque invierten muy poco dinero y acaban siendo las dueñas de la propiedad intelectual». Aprovechando su monopolio en la diseminación del conocimiento, estas editoriales académicas cobran suscripciones cada vez mayores por sus revistas. Los centros de investigación, que necesitan acceso a los últimos estudios para trabajar, pagan. De acuerdo con su última memoria anual, el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de España) gasta unos 9 millones de euros al año en la adquisición de información científica. Pero el mercado está cambiando, dice Willinsky. El año pasado, las universidades alemanas no renovaron su contrato con Reed-Elsevier, la mayor editorial de revistas científicas del mundo, en protesta por los precios abusivos. Este mes, el consorcio de universidades francesas ha hecho lo mismo con Springer-Nature, que publica una de las dos revistas científicas más prestigiosas del mundo. El éxito de la web pirata Sci-Hub, que permite descargar cualquier artículo de investigación gratis, demuestra la demanda global por la ciencia abierta. “Las expectativas públicas son importantísimas para este proceso”, opina Willinsky. “Sci-Hub es un parásito [de la industria editorial], pero también es una ilustración preciosa de lo que quiere la gente. Estamos viendo una serie de señales y prodigios que las editoriales también están percibiendo”, explica. Ahora, el 50% de las publicaciones científicas son open access, aunque la distribución es muy heterogénea en cuanto a la geografía, las disciplinas y el prestigio de estas revistas. Según el investigador canadiense, el éxito de la ciencia abierta “ya es inevitable”. “Hace 15 años, las editoriales decían ‘estáis locos, vais a acabar con las publicaciones’. Ahora nadie está en contra del open access. Cuando Elsevier alardeaba de que es la segunda editorial con más revistas de lectura gratuita, yo me lo tomé como una señal del cambio”.

Lanzan nueva edición de InnovatiBA, un evento de innovación y tecnología

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La sexta edición del encuentro de innovación y tecnología estará enfocado en el rol de la tecnología y su impacto en la vida cotidiana de las personas. La educación, el uso de drones y robots , realidad virtual , blockchain y neurociencias son solo algunos de los temas que serán abordados en InnovatiBA, de la mano de expositores como Sebastián Campanario, Gabriela Genovese, Sebastián Valdecantos, Marina Solanas, Antonio Vázquez Brust, Erick de Badts, Mariano Wechsler, Francisco José Anello, Sandra Felsenstein y Fredi David Vivas, entre otros. InnovatiBA se llevará a cabo el 13 de diciembre de 9 a 18 en el Planetario Galileo Galilei. A su vez, también contará con una edición virtual, gracias a la transmisión en vivo. En ambos casos, los interesados deberá inscribirse en:www.buenosaires.gob.ar/form/innovatiba.

Científicos argentinos buscan crear carne ‘in vitro’ para no matar animales

La posibilidad de comer un jugoso “bife de probeta” será en breve una realidad. Gracias a los avances en agricultura celular, en pocos años se podrá consumir carne cultivada en un laboratorio, mucho más saludable y menos cruenta en cuanto a su proceso de producción, ya que no será necesario sacrificar un animal. Además, su desarrollo a gran escala no redundará solo en un comportamiento ético/ambientalista, sino que realizará un aporte sustantivo contra la crisis alimentaria en el mundo, según los especialistas. Por otra parte, la del bife de probeta parece la salida «tecno» de un dilema ambiental enorme: la ganadería en todas sus formas y el mantenimiento de la temperatura media mundial se llevan pésimo. Por una parte, el recalentamiento global está haciendo desquiciando los ciclos pluviales en zonas de pastoreo tropicales, subtropicales y templadas, o ecosistemas cada vez más dedicados al cultivo de forrajes, como es el caso de la Llanura Chacopampeana argentina. Más se calienta el mundo, más cara se vuelve la carne. Pero por otra parte, los gases fermentativos emitidos por el ganado contribuyen al menos en un 14,5% al recalentamiento de la atmósfera, básicamente con metano y dióxido de carbono, según los organismos científicos de las Naciones Unidas. De modo que no sólo el clima global amenaza al ganado, sino que éste amenaza el clima.  En Argentina, la ingeniera química Sofia Giampaoli (Itba) y la bióloga Carolina Bluguermann (Conicet) crearon Granja Celular para trabajar en el desarrollo de lo que será una revolución en la industria ganadera. A diferencia de la carne natural y su proceso de producción, la sintética requiere una pequeña porción de tejido muscular y tres meses de incubación para fabricar cerca de dos mil raciones. El procedimiento comienza con una biopsia del tejido glúteo del animal desde donde se extraen células madre que luego serán alimentadas y criadas en un laboratorio. Para obtener una hamburguesa de 100 gramos se necesitarán unos 15 mil millones de células. “Reproducimos externamente en un biorreactor, lo mismo que las células experimentan en el interior del animal. En lugar de pasto les damos aminoácidos, sales y vitaminas, en un entorno con determinadas condiciones de temperatura y oxígeno”, explicó Giampaoli.
  • La técnica está en fase de experimentación solo en tres países del mundo: Israel, Holanda y EE.UU.
“La tendencia innata de las células proliferadas ‘in vitro’ para adherirse unas a otras causa el aumento de volumen y la formación de pequeños filamentos de carne que posteriormente serán compactados”, continúa. El resultado será una “carne limpia”: tejido magro, con el valor justo de fibra y proteínas, y sin agregados artificiales durante el proceso de cultivo. Sin embargo, por su particular textura, sabor y color, las especialistas aseguran que requerirá de un aditivo graso y de colorantes naturales para mejorar su gusto y aspecto.
  • La producción de carne celular provoca reacciones a favor y en contra en todo el mundo.
“La carne sintética no es carne”, asegura el ingeniero Enrique Pavan, investigador del INTA Balcarce. “Se apropian del término carne por una cuestión de ‘marca’, pero en realidad no es más que un híbrido de células musculares inyectadas con hormonas y antibióticos”, sentencia. Acerca de la posibilidad de ofrecer este producto en góndolas, pronostica: “No tendrá buena aceptación de la gente”. Desde Granja Celular apuntan: “En menos de cinco años la carne in vitro convivirá en los supermercados con la carne de cría. Esto no significa el fin de la industria ganadera, pero sí que va a tener una gran competencia. Además la gente tiene más acceso a la información y por eso cuando sepa cómo se beneficia al planeta apostando por la carne celular elegirá en esa dirección”, asegura. Una de las grandes barreras de la carne sintética es el costo de fabricación: “La clave es lograr ser competitivos desde lo económico y producir masivamente. Para eso es indispensable invertir en desarrollo pero también en infraestructura”, manifestó. Para Diego Gauna, director del Instituto de Prospectiva y Políticas Públicas del INTA y autor del informe Carne sintética: 10 interrogantes en la era de la producción 4.0: “la inversión en carne sintética a nivel global ha sido motorizada por múltiples factores: el incremento en la demanda de proteína animal, la huella ambiental de los sistemas ganaderos tradicionales y el mayor peso que le otorgan los consumidores a nuevos atributos, tales como el bienestar y la no matanza de animales”. También resalta el hecho de que este tipo de producción descarta la posibilidad de transmisión de enfermedades. “En términos teóricos sería posible funcionalizar las células que se producen in vitro para que produzcan compuestos beneficiosos para la salud humana”, agregó. Si bien no hay datos reales sobre costos de producción, ha habido una caída exponencial del precio. El costo de la primera hamburguesa sintética (producida en 2013 por el científico holandés Mark Post) fue de US$ 330 mil. Hoy se estima que se encuentra en US$ 10. “Si los costos siguen esta dinámica y pueden llegar a valores competitivos respecto de la carne producida en forma tradicional, es de esperar que los efectos sean muy significativos y puedan alterar la industria de carne tal cual la conocemos”, concluyó Gauna.  

La venta de naftas en la ciudad de Buenos Aires aumentó 7,4% en octubre

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La comercialización de naftas en la ciudad de Buenos Aires alcanzó en octubre último los 47.088 litros, lo que significó un aumento de 7,4% en comparación con el mismo mes del año pasado y un incremento de 6,6% con respecto a septiembre. Este incremento de ventas en la Ciudad se dio a contramano de lo que ocurrió a nivel nacional donde, según datos de la Secretaría de Energía, las ventas de combustibles registraron en octubre una baja de 2,8% interanual, pero un crecimiento de 4,1% mensual. Así lo destacó la Federación de Comercios e Industria de la ciudad de Buenos Aires (Fecoba)

Las tabacaleras quieren dejar de vender humo (de cigarrillos)

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Imaginar que que una tabacalera les pida a sus consumidores que dejen de fumar parecería asemejarse más a la ciencia ficción que a la realidad. Sin embargo, sucedió en octubre en Gran Bretaña. Allí Philip Morris Internacional (PMI), la tabacalera más grande del mundo, realizó una agresiva campaña publicitaria instando a sus clientes a dejar de fumar sus cigarrillos para que se pasen a sus nuevos productos de “riesgo reducido”.
  • Un nuevo negocio con el que intenta compensar el estancamiento del consumo global de tabaco.
Se trata en definitiva de la transformación de la industria tabacalera hacia alternativas propias a los cigarrillos tradicionales. Y una forma de dar pelea además en el el mercado del cigarrillo electrónico donde entraron en escena actores que antes no jugaban. De hecho, en este camino coinciden PMI (casa matriz de Massalin Particulares, su afiliada en la Argentina) como su competidora British American Tobacco (BAT, representada en el país por Nobleza Piccardo). Ambas compañías vienen desarrollando hace más de 10 años y ya han colocado en el mercado primero sus cigarillos electrónicos con vapor y, más recientemente, dispositivos electrónicos que calientan tabaco para que éste libere sustancias evaporables, pero en un proceso libre de combustión. Allí radica el gran cambio y la posibilidad concreta de “dejar de vender humo”. Porque al no haber combustión, el humo es reemplazado por aerosol (una solución de gotas minúsculas en aire) que se disuelve rápidamente en el aire y que incluso no deja olor. Pero principalmente desaparecen bastantes de los centenares de moléculas orgánicas tóxicas generadas por el tabaco durante una combustión a bajas temperaturas y con poca oxidación. De ahí el riesgo reducido para la salud del «vapear» en lugar de «fumar», y de ahí también, el cambio de paradigma y la apuesta para que el fumador cambie de producto. En la Argentina, la ANMAT aún no autorizó la venta del cigarrillo electrónico pese que se vende hasta en quioscos de revistas. Ver personas «vapeando» ya es habitual en Baires. Pero lo que es «por derecha», los dispositivos que calientan tabaco aún no fueron lanzados en el mercado local. Para acceder a productos 100% legales y libres de humo habrá que seguir esperando.

Suman productos navideños al programa Precios Cuidados

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La canasta de fin de año será ampliada con quince artículos en góndola para fortalecer el mercado interno y juguetes para el arbolito, gracias a un acuerdo entre la Secretaria de Comercio y la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ). El Gobierno decidió incorporar productos de la canasta navideña y juguetes a la lista de Precios Cuidados, que fue actualizada con subas promedio de 3,8%, para apuntalar el consumo y poner un valor de referencia ante una inflación que impactó de manera directa en el rubro de alimentos y bebidas. El programa será ampliado de ese modo con quince artículos en góndola en un intento por fortalecer el alicaído mercado interno. Según estudios privados, una familia deberá disponer de al menos $4.150 para afrontar los gastos de una cena navideña, la cual será casi un 50% más cara que en 2017.  

La liquidación del Plan Nuclear Argentino – 2° parte

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(La 1° parte de esta nota está aquí) ÓRDENES DE ARRIBA: STOP AL PROGRAMA NUCLEAR ¡El G-20! Fuera del humo habitual en estas ocasiones, el “game changer” real para Argentina de esta version fashion, moderna y sudaca del “Great Game” victoriano (cuando los imperios británico y ruso disputaban quién mandaba en Asia Central), fue una no-noticia nuclear. La Argentina no compra centrales hasta el 2022. Ésta es la culminación de una bien armada catástrofe estratégica para el país: el cierre de la PIAP, y con ello, el abandono de toda pretension de tener una línea propia de centrales CANDU, sobre lo cual hablamos de sobra en el artículo anterior. Ahora, ni uranio natural ni enriquecido, ni centrales propias ni ajenas. Como cabecera de playa para la Chinese National Nuclear Corporation (CNNC) somos más interesantes que Brasil. Allí el programa nuclear civil volvió a frenarse tras un intento casi exitoso, entre 2003 y 2014, de terminar y poner en servicio la central nuclear Angra III, una vieja compra “llave en mano” inconclusa de épocas militares durante más de 23 años. Fue una movida comparable a la finalización por NA-SA de Atucha II entre 2006 y 2014. Pero en Brasil la cosa no llegó a puerto por “timing”: tras derrocar a Dilma Rousseff, el nuevo presidente Michel Temer paró todo. Y sus jueces del “Lava Jato” al almirante Othon Luiz Pinheiro da Silva, físico nuclear e ingeniero mecánico a cargo de la obra, los jueces del “Lava Jato” le pusieron 43 años de encierro con acusaciones no muy demostrables de corrupción. Seu Othon, como lo llaman en Brasil, donde es una referencia popular, antes de casi terminar Angra III y caer preso, logró llevar a término un reactor nuclear presurizado no muy distinto de un PWR eléctrico, sólo que con uranio 4 veces más enriquecido: 19.9%, límite del “Low Enriched Uranium” para usos civiles. Eso da mucha potencia en un núcleo chico. Ese motor será la planta motriz del futuro submarino nuclear SNBR Alte. Álvaro Alberto, primero de una serie con la que Brasil pretendía defender de un posible bloqueo por la 4ta Flota de la US Navy sus rutas comerciales con África. Esto, para algunos, explicaría por qué cayó preso. La otra mitad de los expertos dice que con haberle construido a su país la capacidad de enriquecer uranio al 19,9%, Seu Othon, ya anciano, debería pasar en prisión varias vidas más. Como sea, el átomo civil en Brasil ha vuelto a frenarse por decapitación, pero el país alcanzó un nivel tecnológico desigual e interesante. En resumen: no hay países con una cultura atómica equiparable en la región, salvo el nuestro. Como ellos, hemos sufrido bastantes derrotas y cosechado algunas victorias, pero nuestro modelo siempre fue sabatiano, menos basado en la transferencia de tecnología por parte de proveedores externos, y algo más apalancado en la investigación y desarrollo locales “desde cero”, desde la pura ciencia básica al producto. Eso nos permitió desarrollar innovaciones y plantas exportables, sin otras ataduras que las salvaguardias y los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Así, Perú tiene 2 reactores, uno de capacitación, el RP-0, y otro de fabricación de radioisótopos medicinales de 10 MW térmicos, el RP-10. Éste dejará de ser el mayor de la región cuando entre en línea nuestro RA-10 en Ezeiza, y el RBM en San Pablo, tres veces más potentes. Lo interesante es que todas las plantas mentadas son argentinas, mayormente obras de la CNEA e INVAP. Bolivia, por su parte, acaba de iniciar su camino nuclear con el reactor del centro de medicina nuclear de El Alto, ciudad popular anexa a La Paz. Esta venta la Argentina creía tenerla asegurada, en parte porque durante casi dos décadas, decenas de físicos, ingenieros, reactoristas, radioquímicos y radiólogos bolivianos se perfeccionaron en el Centro Atómico Bariloche. Hoy son líderes en su país y dan fe de que en materia de sistemas, docencia y fundamentalmente en transferencia de tecnología típica somos atípicos: el “know how” y el “know why” se retacean al comprador en casi toda venta nuclear, pero no aquí. La idea siempre es desarrollar clientes, no competidores, pero aquí la solución del problema es invertir más en I&D que el cliente, y seguir siendo su proveedor. Perfectos no somos. En 2017 en Bolivia se nos coló la rusa ROSATOM con una financiación que el presidente Mauricio Macri no quiso siquiera empardar. Es lógico: el gobierno argentino tenía que financiar LEBACS y “carry trade”. INVAP se perdió así U$ 300 millones de dólares, pero no el interés que despierta en el vecindario: el gobierno boliviano le otorgó, resarcitoriamente, la construcción de centros de medicina nuclear por U$ 150 millones, operación que el ingeniero Macri atribuyó a su acción de gobierno. No sin razón. La CNEA tiene 68 años de actividad, ha hecho trabajosamente de la Argentina el único país emergente con un SMR propio y exportable, la central de potencia compacta modular CAREM. INVAP viene exportando reactores no de potencia sino de investigación desde 1987 y a partir de 2006 se volvió el número 1 mundial en la materia. NA-SA terminó este año el “retubamiento” (una reconstrucción casi total) de la CANDU cordobesa de Embalse, con personal y know-how propio y sólo dos asesorías externas menores. Mostró que puede clonarla a ojos cerrados. Cuando se rompió Atucha I en 1988, en lugar de hacerla reparar por SIEMENS a U$ 200 millones y con la central parada 2 años, la volvimos a poner en servicio en meses, con ingeniería y herramientas propias, y por U$ 17 millones. Luego anduvo joya, y continúa. Nuestros reactores de irradiación salvaron a Argentina, Perú y el Sur de Brasil de esa tragedia médica encubierta, el desabastecimiento de molibdeno-99 por la cual (ver artículo anterior) somos miembros del G-20. En materia de recursos humanos, muchos expertos nucleares del Cono Sur y de la región pasaron por Bariloche. En diplomacia atómica, con Brasil pudimos forjar el único pacto bilateral de salvaguardias nucleares del mundo: nosotros vigilamos que ellos no estén fabricando bombas, y ellos hacen lo propio con nosotros a través del ABBAC. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), dominado por los EEUU, sólo aparece para echar agua bendita sobre esta agencia sudaca, armada audazmente por los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney en 1987. Con ella se terminó –hasta hoy y sin ayuda o intromisión de terceros- toda suspicacia de carrera armamentista nuclear entre países que a fines de los ’80 emergían de dictaduras militares. Hemos dirigido el OIEA en varias ocasiones y volveremos a hacerlo, así como sus organismos directos e indirectos de seguridad radiológica. Fuimos también fundadores del Nuclear Suppliers Group (NRG), un club informal pero poderoso en materia de control de proliferación de armas nucleares. Sin el argentino Rafael Grossi, el acuerdo de desarme de Irán de 2015 (hoy desbaratado a porrazos por Trump) difícilmente hubiera llegado a puerto. Con 68 años de vida nuclear podríamos ser el equivalente en tecnología civil de Francia, país cuya electricidad es 75% atómica y que exportó reactores y centrales. Pero como estado económicamente menos poderoso, políticamente menos compacto y con algo de gas y petróleo propios, pasamos de un 15 y luego un 10% de electricidad nuclear a menos del 5% hoy. También nos atrasamos 30 años en construir el CAREM y perdimos decenas de ventas por “non papers”, es decir ukases sin firma, del Departamento de Estado. De puertas adentro, siendo que no somos un país gasífero o petrolero, lo poco que tenemos de hidrocarburos alcanzó para que el sector “Oil & Gas”, dominado por multinacionales, aplastara nuestro desarrollo hidroeléctrico y nucleoeléctrico y dominara el sector eléctrico con un 65% de producción térmica. Ser víctimas de la “maldición del recurso” con tan poco recurso no nos pinta bien. Un ingeniero nuclear español en el OIEA de Viena nos resumió así en 1988: “No comprendo cómo con miles de expertos y técnicos tenéis sólo dos centrales nucleares activas. Nosotros tendremos quizás un tercio de vuestros expertos, y operamos 9 centrales y vamos por 3 más”. Habría sido ofensivo contestar que de nuestros fierros somos más dueños e inventores que usuarios y operadores, pero aquel diagnóstico impecable de nuestro mundo nuclear, híper e infradesarrollado a la vez, sigue vigente. Blanco sobre negro, en Sudamérica y por défault, somos los expertos atómicos con oferta, panoplia, solera, docencia, autoridad y los que damos lustre. No es poco. El CAREM sumando atrasos de construcción en Lima, Provincia de Buenos Aires. Acabamos de explicar por qué China nos eligió como cabecera de playa para entrar a pelearle el muy subdesarrollado mercado nuclear sudamericano a Rusia. También por qué EEUU está literalmente bombardeando la cabecera de playa para aniquilarla. Nótese que en principio el Departamento de Estado está defendiendo más su autoridad política que su tecnología: desde 1981, los autodenominados “americanos” no tienen oferta nucleoeléctrica alguna que sea atractiva o vendible incluso en tierras propias: toda su ingeniería resulta demasiado grande, compleja, insegura y/o cara. Sin embargo, los EEUU vienen tratando de salir de ese coma 4 tecnológico con un proyecto SMR copiado casi enteramente del CAREM argentino, el NuScale. Éste ya fue licenciado por las autoridades regulatorias federales. Llega tarde pero va a los piques hacia la construcción financiado por el grupo de ingeniería Fluor, el Deparment of Energy y más de 80 empresas partícipes. Ya tiene cliente (Utah Associated Power Systems) y “siting” en el Idaho National Laboratory. Estará listo en 2026. Como nuestro CAREM, el NuScale es modular, se fabrica en serie con piezas estandarizadas que viajan en camión ya semi-integradas hasta el emplazamiento para su armado final. Pero a diferencia del CAREM, su inspirador, NuScale empieza no con un reactor-módulo de 25 MW sino con 12 de 50. Van derecho a una central de 600 MW. Se saltean el prototipo. Nos quieren primerear. Y como la Subsecretaría de Energía Nuclear siga atrasando al CAREM, lo van a lograr. Acabamos de explicarle otro motivo, ya más económico que geopolítico, por el cual el Departamento de Estado de Donald Trump con nosotros pasó de los palos en la rueda a los palos en la cabeza. Lo hizo sin dar la cara y a través de la perruna complacencia de nuestro gobierno, sin plata por haberse vuelto el primer emisor de deuda del planeta. El Departamento de Estado necesita hacer “tabula rasa” rápida de 68 años de tradición nuclear argentina llena de luces y sombras, pero también con territorio a defender y cómo y con qué y para qué defenderlo. Ahora déjenos explicar el apuro chino por hacer pie en Argentina. Por el cuño industrialista y sabatiano que sobrevive en el ámbito nuclear, en lo que es mercado interno, los profesionales y técnicos de la CNEA y de NA-SA son mayormente –no todos- “canduceros”: este diseño inventado por Canadá en los ’60 aquí implica combustible nacional, tecnología ya asimilada y gran generación de trabajo en las empresas electrónicas, electromecánicas y metalmecánicas criollas. Si buscamos socios tecnológicos y/o financieros, para un CANDU (una cancillería, ahí), están todos los integrantes del CANDU Owners Groups (COG) por un lado, y por otro China, y por otro la India. Música, sobra. Difícil no bailar, con tanta gente sentada. ¿Un canciller, ahí? No, don Jorge Faurie, gracias, esperamos al próximo. La central Hualong-1 que Trump no quiere que compremos para bloquear a China, y que China nos quiere casi regalar. El financista en el caso que acaba de perderse era China. Ofrecía su propia version CNNC de la CANDU6 canadiense. Fue probada exitosamente con dos unidades en Qinshan desde fines de los ’90, muy parecidas a Embalse. Con esta máquina, CNNC garantizaba:
  • Financiar un 75% de la inversión inicial
  • Autorizar componentes argentinas en un 70% del valor de la obra nuclear (distinta de la civil, que es puro hormigón y albañilería).
  • Dejar la dirección de obra en manos de NA-SA
  • Acepar pago en 20 años al 4% de interés, pero con 8 años de gracia.
¿Por qué semejante regalo chino? En unos años y con autofinanciación, nos habría permitido prescindir enteramente de China, al menos en nuestro mercado interno. Y los chinos aceptaban el riesgo, porque querían (acaso siguen queriendo) traer aquí su Hualong-1. A sabiendas de que el uranio enriquecido nos complica la vida: es 4 veces más caro, la ingeniería básica nos es rarísima… La Hualong-1 fue justamente lo único que Macri dejó en pie de la oferta china… hasta el G-20. ¿Necesitamos esa super-central de uranio enriquecido? Hay que ser bobo para decirle que no a un regalo de 1180 MW, aunque por motivos ya demasiado explicados, nos gustaría más un par de CANDU de 740 MW. Pero la Hualong-1 por ahora es lo único que hay con esa financiación despampanante, y a caballo regalado… ya se sabe. La oferta rusa en centrales grandes (las VVER) es técnicamente excelente. Pero ROSATOM tiene un márketing rígido sólo aceptable en países nuclearmente muy bananeros: te arman la central sin dejarte aportar o ajustar un tornillo, y te la operan con personal ruso. El cliente, como pintado en la pared. Eso la CNEA lo habría rechazado hasta en 1950. La persistente CNNC china estaría incluso dispuesta –dixit Carlos Burgueño, de Ámbito Financiero- a llevar al 100% su financiación, un “first timer” en el mercado de centrales de potencia. Por ello, imaginemos que la imbecilidad proferida por Argentina durante el G-20 no resistirá. Haremos infraestuctura eléctrica regalada en lugar de imprimir LELIQS y otras abominaciones timberas que destruyen trabajo, en lugar de crearlo, y son base del combo argentino de tarifazos y apagones en las ciudades de la Pampa Húmeda. Entonces supongamos que el runrún de pasillos en el Programa Nuclear tiene fundamento, y que con Mr. Trump ya de regreso en los McDonald’s de su país, la oferta de la Hualong-1 se retoma. En tal caso, aunque la negociación del “paquete” de transferencia sería muy tortuosa, la Argentina –ya le dije que no insista, Faurie- podría asegurarse lo básico: la fabricación local del combustible (a lo largo de los 60 años de vida útil de una Hualong-1, termina costando otras dos centrales más). Y póngale que además se queda con un porcentaje bonito (un 30%) de la obra nuclear (la de complejidad, distinta de la civil, que es puro hormigón y albañilería). Nada de ello cuadra con los modales perrunos de éste gobierno. Pero en 2019 hay elecciones y podríamos volver al estadio con un mejor equipo. Difícilmente uno peor. No se sabe. El DT y los jugadores deben tener algunas cosas en claro: la CNNC va por el prestigio, no por la plata. Necesita esa venta para certificar con un usuario-constructor exigente su nueva máquina, destinada a cambiar la percepción global de la industria china. La Hualong-1 es “de bandera”. El país que la diseñó puso en ella toda la carga simbólica “high-tech” que en los años ’70 Japón invirtió en bienes de consumo (microelectrónica y automóviles), para sepultar su imagen anterior a los ‘60, de país de fábricas tan berreta que exportaba relojes por kilogramo, como clavos. Regionalmente hablando, somos el candidato justo para comprar, construir, probar una Hualong y que los libres del mundo respondan: “Y los Argies vieron que era buena”. Pero no somos el único. Lo segundo a aclararle al DT es que hay 4 Hualong-1 en construcción en China y 5 en Pakistán (compra directa sin licitación, y Pakistán no da lustre). Inglaterra, que sí puede darlo, acaba de terminar su revisión regulatoria de la Hualong-1, con vistas a una primera unidad a licitarse para Hinkley Point, en el SO de Devon, sobre el canal de Bristol. Pero como suele decir la reina; “Los asuntos de palacio, van despacio”. Lo que sí nos aprieta en tiempos es la unidad de inminente entrada en servicio, la # 4 del complejo de Fuqing, provincia de Fujian, sobre el Mar Meridional. Central terminada y en plena carga de su combustible. Los sistemas complejos nuevos diseñados para vidas medias extensas suelen tener una gráfica de desperfectos de disponibilidad llamada “de la bañadera”, por su forma. La mayor parte de las fallas ocultas en el diseño empieza con un pico descendente a lo largo del primer año operativo, como la rampa para apoyar la espalda de una bañadera. Luego la vida útil (60 años en este caso) suele transcurrir sin inconvenientes porque el sistema se ha vuelto más conocido y previsible: ese tránsito es el fondo plano de la bañadera. Sin embargo, en el año previo a la salida de servicio prevista, la fatiga de materiales puede provocar otro pico de salidas de servicio: el final de la bañadera. Queda dicho que si unidad 4 de Fuqing funciona sin problemas durante 2020, ya nos podemos ir olvidando de la financiación regalada. La verdad (hasta donde el gobierno admite ese sustantivo), es que no hay obra alguna hasta 2022. Eso y el cierre inmediato de la PIAP, lo que nos pusieron en el plato, son los modos de destruir rápidamente, por desaliento masivo, los recursos humanos que hacen de la Argentina una cabecera de playa interesante para que El Reino del Medio muestre la calidad de su Dragón Chino. Por eso esta vez es a fondo. No se toman prisioneros.

Dr. Andrés Kreiner, Físico nuclear, secretario general de APCNEAN

Daniel Arias, periodista científico

¿Arde París? No. Es la Unión Europea

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Al menos 180 heridos y más de 900 detenidos en París, epicentro de los disturbios, y unos 1385 en todo el país, son los números informados por las autoridades francesas durante el cuarto sábado de protestas convocadas por los «chalecos amarillos». En toda Francia salieron a las calles unas 125.000 personas, 10.000 de ellas en París, especificó el ministro del Interior, Christophe Castaner, durante una conferencia de prensa conjunta con el primer ministro Édouard Philippe. Nadie lo diría: parecieron millones. Madame La République es tierra socialmente díscola, y difícilmente se despeina por 125.000 movilizados. «Las fuerzas del orden han hecho que se respete la ley», subrayó Philippe, quien puso el acento en que ahora es momento para el diálogo. Como sea, está en Francia el inaugurar nuevos tipos de revuelta popular, y ésta es la primera claramente energética de la posguerra. Se le puede echar la culpa al tarifazo de los combustibles líquidos, y a que el francés de a pie está en contra del efecto invernadero, pero en el fondo a favor porque prefiere seguir pagando poco la nafta o el gasoil de su «bagnole». Sin embargo, la cosa es mucho más honda. En los años ’80, «La Edad de Oro» según los nostálgicos del presidente Francois Mitterrand, el 80% de la electricidad francesa era producida en centrales nucleares de la empresa estatal Électricité de France (EDF). Aquella Francia fue por lejos el país más nuclearizado de la historia, en materia eléctrica, y aquel donde el usuario pagaba la factura eléctrica más barata del entonces llamado Mercado Común Europeo. Desde 2004 a hoy, sin embargo, el aporte nuclear a la matriz eléctrica francesa bajó un 17%, en parte porque desde los ’90 el estado ha hecho lo imposible por privatizar el negocio nuclear, a lo que el público se niega. En parte porque como consecuencia de lo anterior, el estado dejó de invertir en mejoras tecnológicas constantes en que hasta fin de siglo era la flota nucleoeléctrica más despampanante de la Tierra. La central nuclear francesa tipo es de los ’70 o los ’80, con poquísima construcción nueva, y el costo de la factura domiciliaria e industrial subió tironeada por cada alza del barril de petróleo o del m3 de gas, que Francia importa, sin acompañar los descensos de los hidrocarburos cuando sucedían. Aún así, de los 14 de los 28 estados de la UE que producen electricidad nuclear, Francia fabrica la mitad: sobre más de 800.000 gigavatios/hora GWh), 403.195 eran franceses. Esta cifra el presidente Emmanuel Macron la quiere disminuir drásticamente, con el cierre de 14 centrales. De algún modo, todo esto se informa en términos sumamente banales: los franceses aman demasiado las barricadas, o están aburridos de tanto bienestar posmoderno, o están simultáneamente a favor y en contra de los impuestos a las emisiones de carbono. Nada de eso. Éste es un asunto tecnológico y social ligado a si el estado sirve a la población o está pintado y para saqueo. Los empleados del Syndicat Intercommunal pour le Gaz et l’Électricité, en el pico de la revuelta, anunciaron que reconectarían a la red a 12 millones de habitantes pobres con el servicio interrumpido por falta de pago. Y que además le desconectarían el servicio a las empresas que, como los supermercados Carrefour, estaban en conflicto por despidos masivos de personal. ¿Se entiende mejor, así? Dado que las centrales nucleares producen potencia de base, disponible 24×7 durante más del 85% del año, es difícil que el bache en Francia (o en el Tibet, da lo mismo) pueda cubrirse con energías renovables (mayormente intermitentes). El cierre de centrales sería un modo «ecológico» (?) de volver a un mercado eléctrico dominado por el sector «Oil & Gas», del que Francia trató de apartarse desde 1973, tras el boicot petrolero de los países árabes hacia Europa, que paralizó el país. Lo que Macron trae y la población urbana resiste a todo trance es un escape futurista hacia el pasado. La Total podrá estar de acuerdo con este modelo de negocios, pero en tanto el gas venga de «sitios conflictivos» como Rusia, Medio Oriente o África del Norte, los precios eléctricos subirán. Y en Francia -en cualquier país tecnificado- los precios eléctricos repercuten casi linealmente sobre los de la producción y distribución de alimentos. El modelo energético de Macron produce pobres. Los que se niegan a serlo, producen barricadas. Voila! El ministro Philippe anunció que mañana el presidente Emmanuel Macron hablará por primera vez a la población desde que comenzó la movilización de los chalecos amarillos el 17 de noviembre último y que ya dejó cuatro muertos y más de 2.000 detenidos. En las calles de Paris volvieron a verse automóviles ardiendo y negocios asaltados mientras los manifestantes intentaban levantar barricadas con las placas de madera con las que habían sido protegidos muchos negocios. La Policía reprimió las protestas con gas lacrimógeno y camiones hidrantes en los alrededores de los Campos Elíseos. Fueron movilizados 89.000 efectivos de seguridad en todo el país, 8.000 de ellos en París, reforzados por vehículos blindados de la Gendamería. Durante la mañana, los chalecos amarillos organizaron bloqueos o filtraron el paso de vehículos en decenas de lugares por todo el territorio francés. Las protestas se extendieron a otras ciudades del país, como en Burdeos, Toulouse, Marsella, Lyon o Nantes y a otros países como Bélgica y Holanda. El Gobierno francés ya había anunciado la suspensión de la subida de impuestos a los combustibles y al diésel durante 2019. Resulta evidente que el aumento de los combustibles -que, recordemos, tenía por objetivo desalentar el uso de combustibles fósiles, en el marco de la lucha contra el calentamiento global- fue sólo el disparador de estas protestas. Una o dos veces por siglo, Francia se levanta y sus convulsiones se transmiten al resto del mundo. No parece que la de esta vez tenga el peso histórico de la Revolución de 1789. Un Napoleón no está en el horizonte previsible. La revuelta puede «desinflarse» como sucedió en Mayo 1968. Pero de todas formas expresa que una gran parte de la sociedad encuentra intolerable la realidad que vive. Especialmente las ligadas a sus gastos de energía. ¿Es la «Europa de los banqueros», como alguna vez la llamó De Gaulle? No parecía haber banqueros en las barricadas. Las reglas de juego de la globalización financiera, que imponen un pensamiento único, una racionalidad tan inhumana como la del stalinismo? ¿El paulatino descenso en la calidad de vida de las clases medias europeas a partir de fines de los ’80, de lo que esto ha sido una consecuencia? Seguramente. Pero el rechazo se dirige también a la burocracia impersonal de Bruselas, que impone reglas abstractas sin un vínculo emotivo con sus pueblos. La anomia de la sociedad moderna, a la que el discurso globalista no da respuesta. La identidad nacional resulta así el refugio de los hombres y mujeres a cuyas vidas el «sistema» no les da un sentido. Pero menos metafísicamente, esa gente es clase media que sigue queriendo ser clase media.

«Este año fue muy malo, pero para el 2019 estamos más que preocupados»

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El presidente de la Unión Industrial Argentina ( UIA), Miguel Acevedo, manifestó este viernes que 2018 fue «muy malo» para el sector manufacturero y alertó que para 2019 «estamos más que preocupados». «Hay una baja generalizada de la industria en el último semestre, no hay sector que se haya salvado del parate. El año es muy malo y la perspectiva para el siguiente nos tiene más que preocupados». Según los últimos datos oficiales, la producción industrial cayó en octubre un 6,8%, el sexto mes consecutivo de baja. Así, la actividad manufacturera acumuló una contracción del 2,5% entre enero y octubre de este año respecto de igual período de 2017, informó esta semana el INDEC. En declaraciones radiales, Acevedo recordó que la UIA elaboró «una serie de medidas para entregar al Gobierno» que apuntan a revertir la crítica situación del sector. Para graficar el panorama actual de la industria, el empresario comentó que «las cadenas de pagos están muy estresadas. La mayoría de las empresas está al 60% de su capacidad. Se ganan mercados no por inversión, sino por retiro de otros del mercado». «Esto es una rueda. No puede estar el dólar subvaluado pero tampoco los ingresos (salariales) tienen que estar muy por debajo de la inflación». Por ese motivo, llamó a reactivar el mercado interno vía «bono o sueldos. El sentido del bono es que sea a cuenta de paritaria». «No es que las empresas no quieran dar aumentos. Darán lo que se pueda dar a fin de año. Si al empresario nacional le decís por dónde va a ir, habrá inversión. Sino, vendrá la inversión extranjera y especulativa». Sobre la causa judicial de «los cuadernos», Acevedo evaluó: «es algo que va a impactar en la economía, porque son muchísimas empresas (involucradas). Para poner en contexto estas declaraciones de Miguel Acevedo, hay que recordar que llega a la presidencia de la Unión Industrial Argentina representando a las grandes exportadoras de la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA), entre ellas Cargill, Molinos y la empresa que preside, Aceitera General Deheza. Si ellas están preocupadas…