En Argentina se volverá a producir chapa para la industria naval luego de 50 años

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Luego de 50 años sin hacerlo, la Argentina volverá a fabricar acero Grado A destinado a la industria naval, lo que permitirá sustituir importaciones en la construcción de barcos y barcazas.

La producción estará a cargo de la empresa Laminados Industriales, en su planta industrial de Villa Constitución, Santa Fe. Allí inició sus actividades en 2008 con una inversión de USD 50 millones.

La compañía cuenta con capacidad para la producción de 200.000 toneladas anuales de chapas laminadas. Su nave industrial tiene más de 15.000 metros cuadrados de superficie cubierta, en la que se encuentra instalado un tren de laminación de chapas gruesas laminadas en caliente.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, consideró este lanzamiento como “un hito para la industria naval, porque los barcos que se van a fabricar en Argentina van a tener chapa naval producida aquí en Villa Constitución”, y anticipó que se está trabajando en un proyecto de ley para el desarrollo del sector.

“Vamos a trabajar en una ley para el desarrollo de la industria naval para que todas estas medidas se conviertan en política de Estado. No tiene sentido que no tengamos una mirada estratégica y regalemos un mercado que Argentina puede ocupar con eficacia, eficiencia y generando decenas de miles de puestos de trabajo y prosperidad para el país”.

“Hace 50 años que Argentina no fabricaba chapa para la industria naval; esto también es el resultado de haber recuperado la política industrial, con más producción nacional y más trabajo argentino”, afirmó Kulfas tras recorrer la planta industrial en Santa Fe.

Durante el acto, las autoridades resaltaron que el objetivo de la empresa es abastecer el mercado local y regional, fortalecer el perfil de productos siderúrgicos nacionales y sustituir importaciones. La empresa destina sus productos a estructuras metálicas, torres eólicas, gasoductos, tanques para depósito de petróleo, máquinas agrícolas, minería, puentes y puertos.

En el acto también se hizo entrega a la empresa de la certificación de las Reglas RINA (Registro Italiano Navale), Grado A, que respalda los requisitos aplicables a la resistencia, tenacidad y soldabilidad del producto que utiliza la industria naval, fluvial y marítima.

El presidente y CEO de Laminados Industriales, José Pablo De Martino, afirmó: “Pensamos que la industrialización es una parte sustantiva para lograr el desarrollo. Un cambio estructural sería que germine en la mayoría de todos nosotros la convicción de defender nuestra producción industrial, que es la de todos”.

El secretario de Industria de Santa Fe, Claudio Mossuz, sostuvo que “esto no es cuestión de casualidad, sino de causalidad gracias a las políticas que desarrolla el Gobierno Nacional que apoyó sin dudas este desarrollo; y de políticas provinciales en las que Santa Fe viene liderando. Lo que más nos importa es la recuperación del empleo”.

Por su parte, la presidenta de la Cámara de la Industria Naval Argentina, Silvia Martínez, afirmó: “Hoy nos sentimos importantes, valorados y reconocidos como un sector industrial con una visión estratégica. Es un día de fiesta para los que estamos en la industria naval”.

Europa enfrenta el cierre del gas ruso. Las consecuencias para nosotros

«En 2021 Rusia suministró el 40% del gas de Europa. Desde la invasión de Ucrania, la imagen ha cambiado rápidamente.

El 31 de mayo, Gazprom, el gigante energético estatal de Rusia, anunció que dejaría de suministrar a GasTerra, holandesa, y Orsted, danesa, tras negarse a pagar la gasolina en rublos. El suministro a través de Shell a Alemania también quedó cortado. La decisión parecía una represalia: el día anterior la UE había anunciado una prohibición para el petróleo ruso, cubriendo el 75% de las importaciones del país y el 90% a finales de año. Rusia ya había cortado a las compañías de gas en Bulgaria, Finlandia y Polonia. Para reemplazar los suministros rusos, muchos países europeos están recurriendo al gas natural licuado (GNL) importado de América y Asia. Las importaciones de GNL aumentaron un 47,7% interanual en abril y un 19,9% en comparación con marzo. Este suministro líquido debe devolverse a su estado gaseoso antes de enviarse a los usuarios finales. Hasta hace poco, Europa parecía tener muchas instalaciones de procesamiento. En teoría, puede manejar suficiente GNL para reemplazar casi dos tercios del gas ruso canalizado. Las terminales de importación del continente funcionaron a solo el 45% de su capacidad en 2021, según Energy Intelligence, un editor de la industria. Pero a medida que Rusia comienza a cerrar el grifo, el déficit en las instalaciones de procesamiento y los oleoductos para el transporte posterior se está haciendo evidente. La mayor parte de la capacidad de regasificación de Europa se encuentra en el sur y el oeste; Gran Bretaña y España tienen alrededor de la mitad. Los países sin litoral del este de Europa, que tienen la mayor exposición a la importación de energía rusa, están en la peor situación. Falta la infraestructura para enviar el gas a donde se necesita. En los últimos meses, los dos gasoductos a través de los cuales Gran Bretaña envía gas a Europa continental se han estado agotando. Con envíos marítimos de GNL a raudales y no hay dónde ponerlo, los precios  de la gasolina en Gran Bretaña se derrumbaron.W Alemania es un caso especial. Se ha visto especialmente afectada, ya que depende del gas para su actividad industrial, pero todavía no tiene terminales de GNL en funcionamiento. Antes de la guerra, obtenía el 55% de su gas de Rusia, un proveedor barato. El gobierno alemán se ha apresurado a cambiar eso. El 19 de mayo, el parlamento en Berlín aprobó una ley para agilizar la homologación y construcción de terminales, eliminando algunos controles ambientales. Pero construir instalaciones en tierra lleva tiempo. Una solución rápida es arrendar unidades flotantes de almacenamiento y regasificación (FSRU), barcos que convierten el combustible líquido nuevamente en gas. El gobierno de Alemania planea instalar cuatro en un futuro próximo, a un costo de casi 3.000 millones de euros (3.200 millones de dólares). El primer proyecto, en Wilhelmshaven en el Mar del Norte, puede comenzar operación dentro de unos meses y tendrá una capacidad de 7.500 millones de metros cúbicos por año, equivalente a alrededor del 8,5% de la demanda de gas de Alemania. Otros países están siguiendo su ejemplo. Polonia, que dependía de Rusia para aproximadamente la mitad de su gas (aunque alrededor de el 70% de su energía proviene del carbón), prevé adelantar la apertura de una FSRU a 2025 y estudia instalar otra que le permita vender más gas a dos países sin litoral, República Checa y Eslovaquia. Francia e Italia han iniciado el proceso de adquisición de los suyos. El 30 de mayo, SNAM, una empresa energética italiana, llegó a un acuerdo de 350 millones de dólares para comprar un barco. A largo plazo, se planean más terminales terrestres. Alemania sigue adelante con dos que, combinados con el FSRU, le darían una capacidad de 53.000 millones de metros cúbicos al año, más de lo que compró a Rusia en 2021. Está previsto un tercero. Los grupos ecologistas se quejan de que las costosas inversiones en combustibles fósiles van en contra de los objetivos de Europa de reducir las emisiones. Pero por ahora, reducir la dependencia de la energía rusa es la prioridad del continente.»

Comentario de AgendAR:

El apreciado lector del portal que nos llamó la atención sobre esta nota de The Economist, señala que este proceso va a hacer todovía más caro el GNL que debemos importar y más difícil conseguir los barcos que deben traerlo aquí, al Atlántico Sur. Tiene razón.

Flexibilizarán el «cepo» a los que trabajan para firmas del exterior y cobran en dólares

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El ministro de Economía, Martín Guzmán, el de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y el titular del Banco Central, Miguel Pesce, anunciaron ayer que flexibilizarán el cepo para que las empresas de la economía del conocimiento puedan acceder a dólares libres por sus exportaciones para retener talento y que los freelancers tengan la posibilidad de ingresar los fondos que generan trabajando para el exterior sin pesificarlos. . Las empresas del sector podrán obtener una “certificación de aumento de ingresos por cobros de exportaciones de servicios en 2022″, para ser exclusivamente destinada al pago de remuneraciones de sus trabajadores, hasta el mínimo entre 50% del aumento de las exportaciones en el acumulado 2022 respecto de la totalidad de 2021; y 20% de las remuneraciones brutas para lo que resta de 2022.
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Es decir: podrán disponer del 50% del incremental de las exportaciones o más siendo el tope el pago del 20% de la masa salarial.
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Para aquellas personas humanas que brindan servicios al exterior en forma particular (programadores, contadores, entre otros) se habilita la posibilidad de ingresar directamente sus honorarios en dólares en entidades financieras del país hasta un límite de US$12.000 anuales, sin necesidad de liquidarlos en el mercado de cambios.

La condición para usar este mecanismo es que no adquieran divisas a través del sistema financiero (concertado ventas de títulos valores con liquidación en moneda extranjera 90 días antes de la acreditación de los fondos y se comprometan a no realizarlo por los 90 días subsiguientes). Los ingresos por encima de dicho monto deberán ser liquidados y transformados en pesos.

La medida se hará operativa mediante una norma de la autoridad monetaria que también está desarrollando un sistema online que pondrá a disposición de las entidades financieras para controlar la utilización de este mecanismo.

Durante un encuentro con representantes de las empresas, Guzmán dijo que el Gobierno busca adaptar la regulación de capital hacia un “esquema macroprudencial”, y que se apunta a “construir una Argentina con más capacidad de aprendizaje y generación de conocimiento”.

Por su parte, Kulfas indicó que las medidas anunciadas por el Gobierno son importantes para darle más dinamismo a las exportaciones del sector de Economía del Conocimiento. “Tenemos un plan de crecimiento que permite expandir el empleo en este sector que ya está generando más de 1000 empleos formales todos los meses, y que es clave también para retener talentos en un contexto global donde hay muchísima competencia por los recursos humanos calificados. Argentina tiene ese potencial y lo tiene que poder desarrollar en toda su dimensión”.

Pesce brindó más detalles de la medida y destacó que el Gobierno Nacional decidió “avanzar con las empresas que exportan servicios muy valiosos porque generan empleo y aprovechan un recurso importante, como el capital humano”.

También participaron la subsecretaria de Economía del Conocimiento de Producción, María Apólito; la jefa de Gabinete del Ministerio de Economía, Melina Mallamace; el secretario de Política Tributaria, Roberto Arias; y el subsecretario de Programación Regional y Sectorial, Agustín Lódola.

En representación de las empresas, estuvieron Sebastián Mocorrea, presidente de Argencon; Luis Galeazzi, su director ejecutivo; Clara Mendiberri, managing director de JPMorgan; Néstor Nocetti, fundador y CEO de Globant; Sergio Kaufman, CEO de Accenture; Sergio Candelo, presidente de la Cámara de la Industria Argentina del Software de Argentina (Cessi); María Laura Palacios, vicepresidenta de Cessi y CEO de G&L Group; Liliana Garay (InvGAte) y Ernesto Galindez, CEO de TGV.

Comentario de AgendAR:

La reacción de los empresarios del sector -«off the record»- es que la norma es demasiado compleja. En lo que -creemos- tienen razón. Se convertirá, como muchas de las disposiciones de la AFIP, en un procedimiento que sólo podrá ser manejado por asesores impositivo. En lo que concierne a los «freelancers», se señaló que el límite equivale a un ingreso mensual de u$s 1.000.-, «demasiado bajo». Es posible, sobre todo si se detiene en algún momento la desvalorización constante del peso. Pero pensamos que puede servir para empezar a conocer el número de aquellos que trabajan para el exterior, que en la situación actual trabajan casi totalmente «en negro». Algunas estimaciones hablan de un mercado informal superior a los u$s 2000 millones.

Dos científicas argentinas serán premiadas en Francia

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El presidente Alberto Fernández recibió en la Casa Rosada a la biotecnóloga María Florencia Cayrol y a la doctora en Ciencias Matemáticas Alicia Dickenstein, investigadoras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y galardonadas con el Premio de L’Oréal-Unesco «Por las Mujeres en la Ciencia». Fernández estuvo acompañado por el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus. El mandatario felicitó a las científicas argentinas que viajarán a Francia a recibir el galardón que reconoce la labor de las mujeres en la ciencia, materia en la cual Argentina es líder regional con 10 reconocimientos, la mayor cantidad en América Latina. Cayrol se graduó en la Universidad Nacional de Quilmes en 2008 y obtuvo un doctorado por la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires en 2015. Actualmente, se desempeña como investigadora en el Conicet y en el Instituto de Investigaciones Biomédicas. En 2019 recibió una distinción de la Unesco en la categoría beca y ha realizado grandes aportes con sus estudios sobre cómo mejorar tratamientos oncológicos con bajos efectos secundarios de diferentes tipos de tumores malignos. Este año Cayrol fue premiada en la categoría Rising Talent del Premio Internacional L’Oréal-Unesco por sus investigaciones de las razones por las cuales el mecanismo molecular desencadenado por las hormonas tiroideas afecta la eficacia de las terapias oncológicas, incluida su actividad antineoplásica y la inmunidad antitumoral asociada. Por su parte, Dickenstein es doctora en ciencias matemáticas por la Universidad de Buenos Aires e investigadora superior del Conicet en el Instituto de Investigaciones Matemáticas «Luís Santaló». Fue vicepresidenta del comité ejecutivo de la International Mathematical Union por el período 2015–2018 y desde 2019 se incorporó como Académica Titular de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En 2017 Dickenstein recibió el Premio Consagración en Matemática de la Academia y en 2021 el premio L’Oréal-Unesco por su trayectoria en geometría algebraica, cuya entrega se postergó por la pandemia de Covid-19. Ese mismo año fue reconocida como «Personalidad destacada de la UBA», en el marco de los festejos del bicentenario de la Universidad de Buenos Aires.  

El «Polo Tecnológico y Social», en Tandanor

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En nuestro país se volverá a producir «chapa naval», la que se utiliza en la construcción de barcos, luego de 50 años. Está bien que una de las organizaciones sociales que divulga y promueve el desarrollo tecnológico entre nosotros, elija este lugar y este momento para enmarcar su accionar. . Este viernes 3 de junio, a las 12 horas, estaremos presentando el Polo Tecnológico y Social en la Comuna 4. ? La actividad la llevaremos a cabo en los Astilleros Tandanor, ubicados en Av. España 2591, Costanera Sur, CABA ? ⚓ ??. ? Dicho proyecto, acerca a nuestra comunidad distintas capacitaciones sobre temáticas vinculadas a la economía del conocimiento y la formación profesional. Al mismo tiempo, impulsa el desarrollo productivo con incorporación de Industria 4.0 en las Comunas 4 y 8, situación que genera trabajo calificado, favorece la inclusión social y reduce la brecha digital existente. ? Esta iniciativa también funciona, desde el pasado 3 de abril, en la sede de la Sociedad de Fomento General Paz, histórica institución con sede en el Barrio de Villa Lugano. ? Programa del evento: 12 hs. | Palabras de bienvenida y proyección de video institucional. Autoridades de Tandanor 12:15 hs. | Presentación de la propuesta. Representantes del CESTCABA 12:45 hs. | Firma de acuerdo marco de cooperación y colaboración. Autoridades de Tandanor y representantes del CESTCABA (Liderar Mujer – Centro de Estudios para la Inclusión Social | CEIS) 13 hs. | Palabras de representantes del mundo del trabajo, del sector pyme y del ámbito de la educación y la formación profesional. 13:30 hs. | Visita guiada por los Astilleros Tandanor. 14 hs. | Finalización de la jornada. CESTCABA | Consejo Económico y Social Territorial CABA Consultas e informes: ? [email protected]

¿Compramos aviones de combate, fabricamos drones, o ambas cosas? – Conclusión

(La primera parte de esta nota está aquí.) Los argentinos llegamos a 1982 con 70 Skyhawk, 21 Mirage III y 26 Dagger: no era una gran flota de caza, pero sí era una flota de caza bastante grande. Gracias a esos números el cazador argentino promedio en la FAA entrenaba 200 horas por año en vuelo, más o menos lo que los pilotos de la OTAN. Eso generó capacidades que en 1982 a la Task Force le costaron entre 6 y 9 hundimientos, según quién cuente. A sumar: 4 buques fuera de combate, aunque a flote, y 12 averiados que volvieron, valerosos, al combate tras repararse a la que te criaste en el área logística TRALA en altamar, muy al Noroeste de las islas. 25 de Mayo de 1982: 2 pilotos y un fotógrafo valientes. A izquierda, el A4B del capitán Pablo Carballo, y a derecha el del Tte. Carlos Rinke, bajo una volea masiva de munición antiaérea y a punto de lanzar bombas de 227 kg a la fragata HMS Broadsword… donde está el fotógrafo. La Task Force estuvo a punto de tener que pegar la vuelta. Eso pese a nuestros aviones sin radar y con bombas bobas (carentes de todo guiado), bien de la 2da Guerra. Pegar la vuelta, pese también a la renuencia de la FAA a adecuar la BAM Malvinas para desplegar 20 o 30 Skyhawk en las islas durante el mes que tardó en llegar la Task Force. Pegar la vuelta, pese a la ausencia de toda estrategia proactiva de ataque una vez empezados los tiros, así como una falta de voluntad (muy recíproca) para coordinar acciones con la Armada. Esto concluyó no sólo en demasiadas pérdidas de personal sino de material. 47 aviones destruidos (44 en combate) y 15 inutilizados, liquidados o capturados en tierra. Horacio Mir González, en su Dagger, le devuelve cortesías de cañón a la fragata HMS Ardent, que además está por comerse (por el hangar del helicóptero) una bomba boba de 500 kg. Después de Malvinas, con 62 aviones menos y la mayor parte de los perdidos formada por Skyhawk A4B y C, el entrenamiento promedio del cazador argento descendió a la media regional, unas 80 horas/año. Logró clavarse ahí porque todavía seguían bastante operativos bastantes interceptores Mirage III franceses y Dagger israelíes, que se terminaron de desprogramar recién en 2015, cuando ya literalmente se caían solos del aire y la tasa de accidentes subía. Hoy las horas de entrenamiento de cada cazador egresado del entrenador avanzado Pampa son un interrogante. En los papeles, cada piloto cazador vuela 120 horas anuales. ¿Pero en qué aparatos? El Pampa, un trainer bueno como pocos en el mundo para aprender a volar cazas de generación 4 o 4,5 sin matarse, es una escalera a ningún lado. Porque los Pampa son subsónicos: los supersónicos “te los debo”. Tanto los A4R Skyhaws y los Pampas son subsónicos, aptos para ataque a tierra, y una nulidad en intercepción. Aunque ambos podrían ser ágiles en “dogfight”, desperdiciarían buena parte del alcance potencial de cualquier misil aire-aire porque sólo pueden lanzarlo a una velocidad inicial inferior a la del sonido. No es ponerles cohetes y bautizarlos interceptores. Tampoco sobran misiles ni plataformas para dispararlos. Con apenas 28 Pampa operativos, 26 de ellos viejos modelos II y II-40, en defensa aérea no estamos mal. Sencillamente, no existimos. Isaac se propone llegar a 40 Pampas en despliegue efectivo, y probablemente si sigue en su puesto en 2024, lo hará. Con 30 años menos que los A4R, la disponibilidad de los Pampa para prácticas de combate debería ser mayor. Pero además de insuficientes en cantidad, por ahora, son en-tre-na-do-res: así, separado en sílabas, para que el concepto cale. Son tan chiquitos que no tienen lugar interno para radar o cañones. Los pueden llevar colgando en “pods” sub-alares o ventrales, como si fueran bombas o misiles, pero a costa de perder velocidad, agilidad o ambas cosas. Y la construcción de Pampas nuevos es lenta: son alrededor de 20.000 componentes a montar, casi todos importados, lo que da un avión que se construye en dólares, lo que a su vez explica por qué se construye tan poco. Desde 2009, cuando FAdeA inició un laborioso proceso de desarrollo de proveedores nacionales (interrumpido durante la gestión de Mauricio Macri), sólo se logró que el 13% fuera “made in Argentina”. Julio de 2021. FAdeA empieza a entregar los Pampa III block 2 a la Fuerza Aérea. Tampoco es rápida la modernización de los Pampas viejos a modelo III bloque 2. No estamos en la 2da Guerra, cuando fábricas de estilo fordista producían Spitfires o Focke Wulf en línea de montaje como si fueran autos. Hoy los cazas son endiabladamente más complejos, las certificaciones, agotadoras, y la construcción, artesanal. Y por ello, extremadamente cara. Y no sólo aquí sino en todo el mundo. “Milennium 7 Star”, canal de Youtube dirigido por un ingeniero aeronáutico –no da su nombre- ligado a EADS y a la aviación italiana, ofrece un dato sorprendente: la construcción de nuevos aviones de combate por todos los fabricantes en todo el mundo no supera las 3000 unidades/año. Como para comparar: en los 4 meses y monedas antes de rendirse, el 7 de mayo de 1945, Alemania, con sus fábricas y su infraestructura industrial devastada al ras, logró construir 5732 cazas de superioridad aérea, y 1104 de ataque. Lo que no tenía ya era combustible o pilotos para usarlos. ¿Se entiende que estamos en otro siglo y otro mundo? La Dra. Mirta Iriondo, presidenta actual de FAdeA, cree que aprovechando la novedad presupuestaria que es el FONDEF se puede hacer acopios grandes de componentes, como para trabajar con stock asegurado y construir Pampas en cifras significativas. Este modo de usar la plata y una mayor sustitución de aviopartes importadas podría lograr que, en algún momento la FAA pueda tener 8 Pampas nuevos cada año. O viejos, pero actualizados a standard III bloque 2, belleza de entrenador. Eso, además, es algo que ya debería haber sucedido. Pero en 2018 cierta recurrente caterva de salames, momias y tilingos con y sin gorra se patinó U$ 160 millones en comprar 12 entrenadores a turbohélice Beechcraft Texan II a EEUU. Adquisición coherente: los Texan son inferiores al Pampa en todo, ya sea docencia o combate, aunque no en precio. Eso sí, son OTAN, y dejan un diego. Y no es Maradona. Hoy, aunque por primera vez (¡desde 1984!) haya un plan creíble de llegar a 40 Pampas, alguno sueña también con exportar. Pero es obvio que nadie en el mundo lo comprará si no lo compramos nosotros. Para volver al tema, aunque ese plan soportara el probable regreso de los Walking Dead a FAdeA, a la FAA y al MinDef, la cuestión de los jets supersónicos sigue pendiente. 12 cazas JF-17 Thunder, incluso con los misiles más guau, no resuelven nuestra indefensión territorial. Pero atienden al menos un poco el problema que la va volviendo incurable: la erosión de recursos humanos. Entre la frustación profesional y los sueldos bajos, los cazadores argentos se piantan a las aerolíneas para aburrirse a muerte: vuelan robots donde los humanos son apenas sistemas de back-up. Pero al menos vuelan, y ganan mucho más. Hoy la Escuela de Aviación Militar de Córdoba y las bases aéreas de la FAA están sudando para producir y pulir futuros choferes aeronáuticos de Flybondi, Latam, Copa o United. Creo que en su voluntad de defender ante todo los RRHH de la Aeronáutica, el brigadier general Xavier Isaac no está salvando su persona o su jubilación, sino su fuerza. Es un tipo criterioso e íntegro. Sin embargo aunque coinciden mucho, los intereses de la Argentina pueden ser más complejos que los de su aviación de combate. Y en esta compra el país se juega demasiadas cosas y durante décadas. Esto tal vez le enfría los pies al ministro de Defensa, Jorge Taiana, que no por nada antes fue canciller. Hoy comprar un caza es casi como casarse: lo que te traigas a casa, va a vivir con vos 30 o 40 años, y viene atado a un país desconocido (Pakistán en este caso) y a todo su sistema industrial y de alianzas diplomáticas (China, China y más China). Y así como hoy te compraste 12, mañana cuando tengas un mango disponible van a presionarte para que sean 24 más de igual palo. Y no es imposible decir que sí por sensatez, sencillamente para no repetir con la flota de guerra la total pesadilla que hoy es la repuestería y el mantenimiento de la flota de entrenamiento actual. Estás formada por Tecnam italianos, Grob alemanes, Texan yanquis y Pampas casi argentinos. Lo que se dice, un paisano de cada pueblo. Por el contrario, necesitamos un caza multirrol único, útil tanto para ataque como para intercepción, y que sea el mismo en la FAA y la Aviación Naval, para estandarizar mantenimientos, compra de armas, y mejorar el entrenamiento conjunto. En esto el Thunder tiene dos virtudes incuestionables: el ser supersónico, y las de algunas de sus armas lanzables. En un duelo aéreo, el lanzamiento desde una plataforma supersónica evita que cualquier misil común despilfarre sus escasos segundos de impulso motriz en romper la velocidad del sonido. Exceptuado de este gasto gracias a la velocidad del avión, el misil llega más lejos y alcanza más energía cinética, y con ésta, aunque ya haya agotado su combustible, volando “balístico” y por pura inercia, todavía puede sacar muchas, inesperadas y sucesivas maniobras de intercepción en la fase terminal del vuelo. Dicho esto, uno puede montar un misil supersónico sobre un carro tirado por un burro, si quiere. Y el misil será supersónico igual, pero con menos alcance y menos capacidad acrobática terminal. No es poco común hacer esto en países ricos, subir misiles muy guau a plataformas lentas, pero resulta un lujo caro. Nadie los regala. Es fama que el misil PL-10 de guiado infrarrojo para combate visual puede ser apuntado y programado con el casco del piloto de un JF-17. Por ello, puede dispararse incluso hacia atrás, si el audaz cazador mira a su perseguidor por sobre su hombro. Sí, con estos cascos y estos misiles, las miradas matan. Así las cosas, el lugar más seguro para el adversario, que durante un siglo de guerra aérea fue colocarse “a las 6”, detrás de tu nuca, puede perder de golpe sus encantos. Aún sin que el piloto gire la cabeza como un buho, el sensor de infrarrojo del PL-10 engancha por su cuenta cualquier fuente térmica desalineada hasta a 90º de su eje, o como se dice en la jerga, en posición muy “off-bore”. Eso significa que en el hemisferio de cielo delante del misil no hay maldito el lugar adónde éste no te vea, y en su pequeña mente enferma esté diseñando trayectorias para llegar hasta el calor de tus motores. Si es un PL-10 tampoco hay distancia de seguridad dentro de los 20 km. de la posición de lanzamiento. En comparación, el Vympel R73 ruso, que hace una década era la octava maravilla, sólo capta fuentes térmicas en un cono de 60º respecto de su eje. Es más fácil eludirlo maniobrando duro. “tirando G” en virajes de romperse las vértebras. Sólo que cualquier misil hoy se banca maniobras de 30 G, y el cuerpo de un piloto entrenadísimo y su avión, 9 G. Punto para el misil. En combate visual acrobático, el PL-10 chino está en el mismo nivel de calidad que los mejores Sidewinder 9X yanquis, Iris T alemanes o Python israelíes, y tal vez sea un poco mejor. Todos estos tienen visión capaz de procesar imagen, en lugar de seguir estúpidamente un foco de calor (como el sol). Poseen suficiente inteligencia artificial como para adelantarse al blanco e interceptarlo al paso, y para no dejarse engañar demasiado por lanzamiento de bengalas desde el blanco que simulan otros blancos. El cielo se ha vuelto un sitio hiperletal para los imitadores del Barón Rojo. Tan lentos de construir, en una guerra real los aviones ya no duran nada. El otro misil terrible aire-aire que puede pedirse con el JF-17 es el PL-15, apuntado inicialmente por el radar AESA del avión, y luego, en fase terminal, por su propio minirradar AESA. Este bicho es demasiado caro como para malgastarlo en un “dogfight” visual, aunque en un apuro, todo sirve. Pero fue diseñado para BVR, Beyond Visual Range, combate a distancias no visuales. La diferencia con el PL-10 es que su velocidad no es Mach 2,5 sino 4,5, casi hipersónico. Es más, su alcance balístico llega a los 200 km. Es un “killer” de los aviones multiplicadores que vuelan en la hasta hace poco tranquila e inexpugnable retaguardia: los AWACS, con su orquesta de radares, y los tanqueros. El campo de batalla aéreo se ha decuplicado en profundidad. Hasta que llegaron el PL-15 chino y el Meteor de MDBA, consorcio inglés, francés, alemán e italiano, los tripulantes de AWACS y tanqueros accedían a la edad jubilatoria. Hoy, ya no es seguro. Con el combo de misiles PL10 + PL15, el Thunder se vuelve el equivalente aéreo de un boxeador peso mosca con la pegada de un peso pesado. Lo que nos lleva a lo siguiente: el Thunder es un caza conceptualmente viejo: célula metálica remachada, en lugar de materiales compuestos, y una turbina hecha para durar 2200 horas y reconstruirla a nuevo, y tirarla cuando llegó a las 4000. Alguien lo definió como un MiG 21 de los años ‘50 solo que con una célula que imita bien la del F-16 (de lejos, es posible confundirlos). Y está cargado de sensores, aviónica y armas tan modernas como las de los mejores cazas de 5ta generación de la OTAN. El riesgo casi inevitable con el Thunder es el de quedarse sin mantenimiento: Pakistán está lejos, y China ni te cuento. Cuando Rusia nos estaba tentando con el MiG-35 y mantenimiento en Córdoba, todavía parecía posible que China ofreciera algo parecido, pero entre que la compra es chica (12 unidades) y que todo lo ruso quedó fuera de juego, olvídate cariño. El riesgo si aceptamos 12 cazas de suyo poco durables sin mantenimiento local es que se queden juntando polvo en un hangar a los 10 años de compra. Hay otro riesgo peor: que los pakistaníes te claven con la espera. Vos pagaste, pero el caza no llega nunca. PAC hoy trabaja a todo vapor para reemplazar por Thunder C sus viejos A7 (derivados chinos del MiG-21), o Mirage III y V, e incluso sus primeros y ya obsoletos Thunder A y B, que en comparación con el C, son unas anérgicas albóndigas. No es que los pakistaníes sean lerdos: el suyo es un país absorto en una inacabable guerra aérea de desgaste y baja intensidad con la India. Obviamente, priorizan la demanda de su propia aeronáutica. El riesgo de comprar Thunder es esperarlos años y años. Lo que significa que uno se clavó con el patito feo porque no quería seguir perdiendo cazadores argentos a manos de Flybondi o de Latam… y los va a seguir perdiendo, pero menos. Para comprar cazas chinos, dicen algunos entendidos, olvidate de Pakistán y pedí el J-10 C. Los J-10 A y B se han fabricado mucho más, en el orden de centenares. Quizás se podría comprar de segunda mano. ¿Se exporta este avión? No, que sepamos. ¿Por qué? Los chinos por ahora no venden sus propios cazas de primera línea para evitar a expertos en ingeniería inversa, como lo son ellos. Con tanta gente otanesca en la FAA y el gobierno adecuado, saben que un J-10 C entregado a la Argentina estará hormigueando de expertos de la USAF desarmando, fotografiando y rearmando todo. Pero a los J10-C les sucede también que los motores de las serie inicial, el WS-10, no duraban nada. Los turbofanes que empiezan a tener hoy son tan buenos como los rusos de última generación, que se hicieron con colaboración de la francesa SNECMA-ATAR. Pero esos no sobran. El J-10C: el caza chino que sí habría que comprar ya, si estuviera en venta. El embajador argentino en China, Sabino Vaca Narvaja, sinófilo puro y duro, empuja como una locomotora a favor del Thunder. Pero don Sabino me está vendiendo un aparato que vale más por sus armas lanzables que “per se” y cuyo defecto principal es la inexistencia, aunque sus misiles PL-10 y PL-15 se fabrican más rápido. Es como pedir ravioles en un restaurante, y que en lugar de ravioles te den un vale por ellos. Y eso sí, un sobrecito de queso rallado real. Para el día en que te lleguen los ravioles. Es probable que Taiana, que se ha debido fumar a la generala Richardson con su oferta de chatarra deslumbrante, rumie similares pensamientos. Pero está en un sitio del estado lleno de viudas de Menem, muertos de ganas de volver a las relaciones carnales con EEUU, y a comprar cualquier cadaver aeronáutico, mientras sea de buena familia. Mi renuencia a fierros de la OTAN, incluso nuevos y regalados, es simple: nuestro mayor escenario de conflicto, nuestra frontera caliente, es marítima y son las Malvinas, y nuestro enemigo potencial es la potencia número 2 de la OTAN. Con el artículo 5to de defensa recíproca de la siempre creciente membrecía de este resucitado club militar, es como si las islas demasiado famosas se hubieran vuelto un tiempo compartido. Si China, potencia marítima (a diferencia de Rusia), se trenzara con la OTAN, descubriríamos que desde Malvinas operan como desde su casa no sólo los británicos sino los EEUU… y como 29 países más, incluyendo algunos vecinos tan inesperados en estos barrios del Atlántico Sur como Macedonia del Norte y Bulgaria, y próximamente Finlandia y Suecia. Todos esos nuevos aspirantes a usuarios de NUESTRAS islas compensan, por número, el hecho de que el Reino Unido parece a punto de desunirse, con Escocia e Irlanda listas para tomarse el olivo y entrar a la UE. Cosas de europeos. Soy argentino, ergo, no le compro nada a la OTAN. Un arma de la OTAN, mala o buena, no sirve para pelear con la OTAN. Va a venir físicamente destruida e informáticamente hackeada. Para muestra, un botón. El armamento complejo hoy tiene un único dueño real: el país fabricante. Muhammad Marathir, ex ministro de Defensa de Malasia, descubrió que la deslumbrante flota de aviones Boeing F-18 Superhornet nuevos que compró su país sencillamente no despegarán si intentan entrar en una guerra no autorizada por el State Department. Las armas rusas, es fama, no vienen con estos problemas, porque además de que los ivanes carecen de conflictos de ultramar, están desesperados por vender. Del Thunder sabemos que tiene un “bus” informático que le permite usar toda la panoplia de armas lanzables chinas, rusas y además occidentales, lo que permitiría creer que vienen libres de esta patología informática, a saber: lo compraste, pero el caza no es tuyo. Dicho sin poner las manos en el fuego. El paquete de 12 Thunder previsto en el malogrado presupuesto 2022 andaba por los U$ 664 millones, sin seguridad de entrega, sin garantías de posventa. Y si querías misiles, a pagarlos aparte, morocho. Mientras tanto, la guerra de 2020 entre la relativamente poderosa Armenia y el algo menos poderoso Azerbaiyán la ganó, contra todo pronóstico, ese último estado. Lo hizo en un mes y una semana, usando drones turcos Bayraktar TB-2, o israelíes Harop, Orbiter y Hermes, que también son drones. El Bayraktar TB-2, la exportación más guau de Turquía después de los culebrones. Pero mucho mejor. En este negocio te cobran según tu cara y según la del vendedor. Por eso el Orbiter, que en una urgencia puede ser un avioncito kamikaze (una “munición de sobrevuelo de un solo uso), funciona más bien como un aparato de observación casi imposible de ver desde el suelo, y recuperable en paracaídas. Mitad avión, mitad misil, ¿qué tal? En 2016 el Orbiter tenía ya 18 clientes internacionales, y un precio de (diz que) U$ 8 millones. Y eso porque los israelíes están cebados. El mucho más capaz Bayraktar, reutilizable N veces por su capacidad de transportar misiles antitanque TOW, bombas guiadas y sistemas de apuntamiento láser, los azeríes lo compraron a Turquía en cantidad escasa (24 unidades) y a un precio de chiste: U$ 1,2 y U$ 2 millones según equipamiento a bordo. En el conflicto de otoño de 2020 los azeríes barrieron con sus drones todo el sistema antiaéreo de radares, misiles y armas de tubo armenios, casi simultáneamente con las bases aeronáuticas. Hecho esto, procedieron a liquidar sistemáticamente los camiones, la artillería, el complejo nacional de comunicaciones civiles y militares y los tanques armenios. El Ministerio de Defensa azerí posteó en Facebook e Instagram toda imagen publicable, casi en tiempo real. La guerra propagandística la tenía ganada mucho antes de la victoria militar. Y sin embargo, los azeríes habían comprado con ascos y desconfianza. El día anterior a la guerra Azerbaiyán no tenía un solo Bayraktar. Los adquirió tan de apuro que tuvo que alquilar a operadores turcos. Hoy, en medio del show aéreo de destrucción de activos rusos con Bayraktar en Ucrania, ese drone está por las nubes. Éste es un juego donde el derecho de piso es bajito. Turquía no era un fabricante de gran fama, y miralos hoy. Israel, el proveedor más famoso de drones, en 2018 exportó U$ 7500 millones, pero el Jerusalem Post del 28 de enero de 2019 rezongó que el anterior había sido un año flojo, y que normalmente el país vendía U$ 8900 millones o más. ¿Y qué cazas vuelan hoy, impertérritos, por los cielos de Ucrania? Ucranianos, prácticamente, ninguno: los rusos los hicieron percha, mayormente en tierra. La superioridad aérea rusa es más bien virtual: los cazas rusos atacan con misiles stand-off, sin casi salir de su propio territorio, o del de Belarús. Lo más importante de la guerra aérea en Ucrania lo hacen drones turcos, rusos y estadounidenses. De uno y otro lado revientan camiones, baterías antiaéreas y tanques, e incluso aviones, cuando están en tierra. Los que pelean en el cielo son mayormente robots, hablando mal y pronto, no personas. Robots supuestamente, teleguiados. Nadie admitirá que muchos operan en forma autónoma, sencillamente porque el “data-link” de control es el talón de Aquiles de cualquier drone, el componente que lo puede inutilizar en vuelo… o volver en contra de su dueño. En Abril, un par de robots aéreos ucranianos Neptuno (el equivalente de decir “marca Cuchuflito” en Argentina) hundieron un terrorífico crucero ruso de 12.500 toneladas erizado de radares, sistemas misilísticos y artillería de tubo, el Moskva. Éste ni los detectó. Parece haber estado distraído por Bayraktars, es decir otros robots. Hace 40 años, el 25 de Mayo de 1982, Argentina le causó dos bajas terribles a la Task Force. La primera, usando aviones A4 y bombas bobas, y a un riesgo terrible para 4 pilotos argentinos (Marcos Carballo, Carlos Rinke, Mariano Velasco y Jorge “Bambam” Barrionuevo), la FAA les discapacitó la fragata HMS Broadsword, y les hundió el destructor HMS Coventry. Veinte minutos después, un par de misiles Exocet AM39, es decir dos robots aéreos, programados por radar desde aviones Super Étendard hundieron la conteinera mercante STUFT Atlantic Conveyor llena de pertrechos logísticos. Su ausencia dejó bastante desamparada a la infantería inglesa en las 3 semanas siguientes. Para la Task Force, fue una acción menos espectacular y una pérdida menos dramática, pero mucho más grave que la del Coventry. Barraza y Curilovic, días después de la misileada del Atlantic Conveyor. En aquella volteada, los portaaviones ingleses se salvaron de puro cuete. Los pilotos argentinos que lanzaron los Exocet, Roberto Curilovic y Julio Barraza, ni los vieron. Programaron sus misiles para que pegaran en los mayores ecos de radar a unos 35 km de distancia. Corrieron un riesgo mucho más bajo que Carballo, Rinke, Velasco y Barrionuevo: fueron detectados sólo por su emisión activa, cuando hicieron tres barridos de radar y detectaron los blancos. Cuando la Task Force reaccionó, ya habían lanzado sus robots y estaban pegando la vuelta. Y eso fue hace 40 años. ¿Hemos aprendido algo? Un Exocet AM 39 es un drone, sólo que alojado en un misil crucero. Hoy los drones vienen de todo tamaño, alcance, autonomía, aplicación y severidad, y coinciden en poder infligir daños fenomenales a un costo económico y personal bajísimo. En 2015 INVAP estaba desarrollando drones para las 3 fuerzas armadas y todas las de seguridad. Drones argentinos, ojo. No es que estábamos importando material yanqui, israelí o turco. ¿Adivina qué presidente canceló su desarrollo en 2016? Sí, ése. Los drones no son nada populares entre los pilotos, porque pueden dejarlos sin trabajo. No hace falta haber diseñado un avión excelente, como el Pampa, para hacer drones. Son aparatos en los que lo aeronáutico pesa mucho menos que lo informático, y son baratos justamente por eso. Y podemos exportarlos. Por fuerza, son tan autónomos como los 8 satélites que hemos puesto en órbita desde 1996, y en eso hemos tenido éxito absoluto. Gracias a INVAP somos el país más espacial de la región. ¿Y no podemos hacer drones? No tenemos escenarios de conflicto inmediatos: en Chile están los socialdemócratas, que probablemente nos den 4 años de paz. En las Malvinas está la OTAN, más bien distraída por sus negocios en Ucrania y en la posible desunión del Reino Unido. Es el momento de no tirar plata al cuete y volver a hacer drones. Son poco románticos, poco costosos, y pueden ser cruelmente costo-efectivos. La aviación tripulada es bellísima, pero el futuro le pertenece cada vez menos. Porque es cara. ¿Y con qué plata volver a hacer drones? Se puede usar parte de los U$ 664 millones que íbamos a gastar en los Thunder, y atrasar esa compra unos años para cuando Pakistán realmente garantice los 12 aviones entregados razonablemente en pista. Y todavía tal vez nos quede un vuelto para misiles antiaéreos y antibuque. Tal vez Rusia vuelva a ser un oferente posible. Las cosas cambian. Mayo de 1982. Limpieza de pista para que no aspire basura la turbina de un Mirage III destacado allí contra la Task Force. Mi capacidad para contrariar la percepción y la voluntad del sistema político argentino es infinita, sólo que el sistema ni siquiera la nota. Pero mirando el paralelogramo de fuerzas actual, eso de pisar los Thunder dos o tres años sería el único punto de acuerdo que pueden tener los borregos deseosos de volver al redil de la OTAN, los patriotas que quieren salvar nuestros recursos humanos en los escuadrones de caza, y los avisados que quieren escaparse hacia el futuro. La Argentina ha resucitado bastante, aunque como lo hizo para pocos, no se notó. Tal vez en 4 años resucite más, tengamos más plata y podamos comprar mejores o más aviones supersónicos, lo ignoro. La aviación tripulada no desaparecerá de golpe, ni mañana. Yo creo que no desaparecerá. Pero es cada vez más cara.

Daniel E. Arias

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El interventor del Enargas convalidó los aumentos de tarifas. Y también los cuestionó

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A través de varias resoluciones publicadas ayer 1° de junio en el Boletín Oficial, el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas), que preside Federico Bernal, convalidó los nuevos cuadros tarifarios para el servicio de gas que las empresas deberán aplicar a partir de ayer, pero incluyó fuertes cuestionamientos y advertencias sobre cómo se llevó a cabo el proceso, lo que podría generar demandas judiciales sobre su validez.

En los considerandos de las resoluciones publicadas este miércoles, el interventor admitió que el ente regulador no tuvo tiempo de analizar la razonabilidad de las nuevas tarifas de gas. También anunció que convocará a una nueva audiencia pública para garantizar la participación ciudadana, dado que, a su entender, el gobierno se salteó esa instancia. En esos textos, el Enargas señala que se vio obligado a aumentar las tarifas sólo por expresa instrucción del Ministerio de Economía, pasando por alto «recaudos normados» que fija el marco regulatorio. Fuentes vinculadas a Economía, consultadas en los primeros momentos, admitieron sorpresa. Señalaron que en lo que va de 2022 ya se realizaron tres audiencias públicas para discutir el funcionamiento del sector de gas natural. Agregaron que, con esta suba, las facturas aumentarán en promedio sólo un 40%, contra una inflación que se proyecta por encima del 60%. Por su parte, en el texto de las resoluciones, el interventor del Enargas anticipó que convocará a una nueva audiencia donde se analicen los puntos que no fueron tomados en cuenta en la audiencia pública del 10 de mayo pasado, donde se determinó un nuevo precio del gas natural en el Punto de Ingreso al Sistema de Transporte (PIST). Este punto podría generar demandas judiciales sobre la validez de las nuevas tarifas que, en la letra de las resoluciones del mismo Enargas, ya estarían vigentes. Ambos lados de la discusión interna tienen en mente -o al menos deberían tener- el «fallo CEPIS», una decisión emblemática de la Corte Suprema que en 2016 anuló el aumento en las tarifas del servicio público de gas natural dispuesto sin haberse realizado previamente una audiencia pública «que le diera la oportunidad a los usuarios de participar en la toma de decisión».

Las actitudes de los argentinos sobre el consumo de drogas

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  • Una investigación hecha por la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires sobre 2.000 participantes indica cambios y continuidades en la opinión social sobre el acceso a los estupefacientes.

La relación de los argentinos con el consumo de sustancias psicoadictivas está en evolución y sobresalto permanente: dos ejemplos recientes: un folleto entregado en un evento municipal sobre drogas y prevención de daños causó un enorme revuelo mediático mientras, en simultáneo, avanza la oferta y la demanda, de medicamentos con cannabis. En ese marco un equipo de investigadores de la Facultad de Psicología de la UBA publicó un detallado análisis sobre lo que percibe la sociedad acerca del «consumo problemático de sustancias». «Buscábamos determinar que piensa la población general sobre la relación entre el consumo de sustancias psicoactivas y la salud mental y las influencias de una sobre otra. Es un tema sobre el que en Argentina hay poca información: encontramos algunos datos de 2018, mientras que en otros países es algo que se indaga con frecuencia», dijo Martín Etchevers, uno de los responsables del trabajo junto a Cristian Garay y otros dos investigadores. Para conocer la percepción popular armaron un completo cuestionario online y sistematizaron las respuestas de 2072 argentinos, adultos, que participaron desde todo el país. Y algo que aclaran los responsables es que decidieron excluir el consumo de alcohol, ya que por su naturaleza necesita otro tipo de análisis. La primera conclusión del estudio publicado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada es que la enorme mayoría de los participantes considera que el consumo problemático de sustancias se ha vuelto actualmente más grave que en el pasado. Eso respondió el 85,6 %. En cambio sólo un 13,1 % lo considera «igual» de grave que antes y apenas el 1,2 % percibe que es algo «menor que en el pasado». Y si bien no hicieron referencia específica a que momento es «el pasado», por otros trabajos se deduce que esta sensación de agravamiento del problema se incrementó con la pandemia y el aislamiento. Pese a esa sensación sobre un empeoramiento, otro punto de la investigación muestra que otra mayoría de los consultados considera que esa «gravedad» no se refleja en la inclusión de esta temática en el ámbito educativo. «Un alto porcentaje percibe que no se refleja en los debates sociales y educativos. En los colegios hay materias que tratan sobre genero, igualdad, educación sexual o discriminación y preguntamos si se hace algo así con consumo de sustancias adictivas», contó Etchevers. «Pero la gente considera que no». Por otra parte, el investigador contó que «además, también corroboramos los programas educativos y lo cierto es que ese tema no figura. A veces se abren debates pero apuntan más a despenalización y se consideran perspectivas políticas o legales. Pero la perspectiva del tema desde lo psicológico o psiquiátrico y lo que tenga que ver con salud mental y consumo de sustancias adictivas no se trata. No es un tema menor». En concreto, del grupo de respondentes que tiene hijos en edad escolar, el 80,2 % afirmó que «no recibieron en el colegio información sobre consumo problemático de sustancias. Y solo el 19,7 % respondió que sí. Esta falta de abordaje escolar contrasta fuerte con lo que la gente considera que pasa en el ámbito familiar: a otra pregunta específica, respondida por los participantes que tienen hijos, el 88,6 % dijo haber dialogado con ellos sobre consumo problemático y apenas el 11,3 % respondió que «no ha dialogado sobre la temática con sus hijos». En otras palabras, según Etchevers, «para las familias el tratamiento es importante -y afirman charlarlo en casa-, pero consideran que en el espacio educativo no está presente». Otro dato significativo de la investigación fue que los participantes consideran que «obtener cocaína es muy fácil (41,4 %); o fácil (37,6 %). Mientras que apenas el 10,5 % consideró que no podría obtenerla. En cuanto a marihuana el 89,9 % de los participantes de la investigación considera que hacerse de cannabis «es fácil o muy fácil». Según Etchevers una de las conclusiones que surgen de esta investigación es que hay un espacio vacante para hacer crecer el debate específico. «Por otra parte», afirmó el entrevistado, «la hipótesis que surge de charlas con familiares es que las personas que ya tienen consumos problemáticos no cuentan con muchos espacios de acceso a tratamientos. Deberíamos darle más lugar y tiempo a la divulgación e incluir en la difusión la salud mental y los aspectos psicológicos de los consumos, ya sean como causantes o como efecto de la adicción».
EL 89,9 % DE LOS PARTICIPANTES DE LA INVESTIGACIÓN CONSIDERA QUE HACERSE DE CANNABIS «ES FÁCIL O MUY FÁCIL».
Otro dato que resaltan es que el tema tiene fuertes ribetes ideológicos que llevan a que, a veces, sea tratado en forma algo romántica: «Puede incidir en esto que al individuo que está consumiendo se lo imagina como una persona responsable y con recursos y capacidades plenas y que el consumo sería inocuo si la persona estuviera bien. Por otra parte, en muchas intervenciones quien habla se pone a sí mismo como ejemplo y se menciona a quienes sortearon el problema de manera positiva. «Pero», recuerdan, «mucha gente no lo ve de manera positiva. Pensemos en las palabras de la madre de Chano o del propio «karateka» Medina (el ex-boxeador), que también sufrió adicciones y tienen un relato diferente». Según Etchevers esto ocurre, en parte, porque se desconoce, o se olvida, que hay sustancias que son psicoactivas y que cumplen con su esencia: causan adicción y no son inocuas: «falta en el debate la perspectiva de salud mental y lo que genera -a nivel mental- la adicción». Finalmente, los expertos de la Facultad de Psicología explican que está bien que cada persona tenga sus propias ideas, «pero deberíamos ofrecer más educación científica sobre lo que provocan ciertas sustancias: sea depresión, acelere, agresión, problemas cardíacos o de memoria, o lo que sea». En otras palabras, sería interesante usar los ámbitos educativos, para difundir conocimientos formales sobre los efectos del consumo de sustancias adictivas y sumar más psico-educación técnica, aportando datos duros y con un enfoque sobre salud mental y prevención.

Enrique Garabetyan

En Córdoba se construirán 20 plantas para autoconsumo de biocombustibles

El Gobierno de Córdoba sigue impulsando la industria de los biocombustibles: adelantó que se construirán 20 plantas para autoconsumo durante este año.

“Vamos a darle la posibilidad a los productores, a las empresas, a todos los sectores de la economía cordobesa que pasemos al autoconsumo de biodiésel”, dijo el gobernador Juan Schiaretti en un acto en la empresa Oreste Berta SA, que colabora en la adecuación de los vehículos de la flota pública -6000 unidades- para usar biocombustibles. Schiaretti aprovechó la oportunidad para defender cambios en la ley nacional de biocombustibles. En noviembre pasado los diputados del Bloque Federal presentaron un proyecto para modificarla. El pedido clave es que la norma establezca, por ejemplo en el caso del etanol, el piso del 12% (6% para el bioetanol de maíz y 6% para el de caña de azúcar) y que ningún funcionario pueda modificarlo hacia abajo, sí hacia arriba. Ese porcentaje del 12% se estableció por la reglamentación de la ley, pero lo sancionado permite una eventual baja del corte con bioetanol al 9% en la nafta, mientras que para el gasoil la mezcla mínima del biodiésel será de un 5%, con una eventual reducción al 3%. “En Córdoba defendemos los biocombustibles y queremos una ley que contemple mayor mezcla para utilizarlo cada vez más como corresponde -describió-. Vamos a continuar bregando por eso, porque es la manera de cuidar la ecología, el futuro y de cuidar el trabajo de los cordobeses y los argentinos”. Schiaretti ratificó que Córdoba tiene un “potencial fenomenal” de desarrollo de los biocombustibles. “Tenemos que actuar coordinadamente e ir planteando los pasos necesarios para que vayamos sustituyendo la utilización de los combustibles fósiles por un combustible que contamina menos y que nos permite generar más empleo”. También remarcó que la provincia viene trabajando con los privados, con el sector científico técnico y con municipios. El empresario Oreste Berta explicó, por su parte, que en el laboratorio se dedican a hacer “todos los ensayos y ajustes necesarios para que un motor actual que no está calibrado para este tipo de combustibles diversos al combustible fósil funcione correctamente y no tenga ningún problema”. Los vehículos oficiales equipados con motores diésel usarán 100% biodiésel, mientras que los motores nafteros emplearán 85% de bioetanol de maíz y 15% de nafta.

¿Compramos aviones de combate, fabricamos drones, o ambas cosas?

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El que crea que en 2024 o 2025 tendremos 12 cazas multirrol JF-17 Thunder a desplegar de a cuatro por base aérea en las de Plumerillo (Mendoza), Río Gallegos (Santa Cruz) y Tandil (Provincia de Buenos Aires) es libre de hacerlo. Nosotros en AgendAR tenemos dudas. Pese a las abundantes evidencias de que el caza supersónico chino-pakistaní JF-17 ya es “compra cocinada” para Argentina, y afirmaciones de “que sale con fritas” (es decir, antes de las elecciones), no es imposible que el país desensille hasta que aclare.
Tan popular no parece. Y por qué debería serlo, no lo sabemos, pero por barato seguro que no.
Entre otras cosas, porque tampoco es imposible que la alianza peronista actualmente en el gobierno pierda las elecciones de 2023. Entonces la compra quedaría sin efecto no bien asuma la actual oposición, probablemente más afín a adquirir lo que nos sugiera la generala Laura Richardson. En su visita, la generala dijo tener F-16 y F-18 a nuestra disposición, algunos verdaderamente añejos. Unos pocos de esos aviones aún están incluso en condiciones de volar en desfiles aéreos, si se los recorre –Argentina paga- de punta a punta en célula, turbina y aviónica. No nos darían capacidad de defensa alguna, pero alegrarían a más de un piloto en la Fuerza Aérea Argentina (FAA), aunque por motivos distintos. Algunos hace años que sólo vuelan escritorios pero son firmemente occidentales (hinchas de la OTAN) por motivos culturales (ponele). Otros no tienen nostalgia alguna por la Guerra Fría anterior, que no conocieron, pero son cazadores graduados y no tienen en qué volar. Esos últimos son al menos motivos más declarables para tirarse de cabeza sobre cualquier oferta supersónica, sirva o no sirva. No sería imposible, si firmamos en 2022 y nos echáramos para atrás en 2023, que se pierda la reserva de los JF-17 con PAC (Pakistani Aircraft Complex) y CATIC (China National Aero-Technology Import & Export Corporation). Tampoco sería imposible que en ese caso la Cancillería china nos anote otro poroto en contra, para sumar al acumulado por el freno de papeles impuesto por el actual Secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, sobre las dos represas del Río Santa Cruz y la central nucleoeléctrica Hualong-1, o Atucha III. Esta última debía arrancar obra en 2018. Los vínculos comerciales y financieros de Argentina con China son lo suficientemente viejos, profundos, intrincados y fuertes como para darle a ese país distintos modos de cobrarse cada una de estas afrentas. Éste es sólo un marco político y diplomático de referencia, muy determinante pero nada lineal. No es que si Juntos por el Cambio (JxC) gana las presidenciales se murieron los Thunder. Así como con Beliz el State Department tiene operadores en el actual gobierno, el 华人民共和国外交部) o Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China tendrá los suyos en cualquier gobierno de JxC. Sin embargo, como país de desarrollo mediano y que supo tener una industria de defensa considerable, la Argentina a veces sigue sus propios intereses. En este caso, conviene mirar las necesidades y compararlos con las ofertas técnicas mediante algún sistema objetivo de puntaje. Es lo que estuvieron haciendo el último par de años el Ministerio de Defensa y la FAA, y lograron que el único oferente con aviones nuevos y de generación 4,5 (Rusia, con los MiG-35) bajara a U$ 35 millones la cotización de una máquina que, por prestaciones, según ingenieros aeronáuticos argentinos que diseñaron cazas, debería valer no menos de U$ 80 o 100 millones la unidad “pelada”. El bello MiG 35, como otros cazas rusos, tiene toberas alternativas para operar desde pistas bombardeadas sin que se incruste cascajo en las turbinas.  “Pelada” significa armada solamente con su cañón de 23 mm. Arma que en la guerra aérea contemporánea, muy de pelearse BVR (Beyond Visual Range), fuera del rango visual, con radar, sensor de infrarrojo y misiles inteligentes es útil sólo para desfile. A esto los rusos añaden lo que pidamos en misiles y bombas autoguiados –pero cobrándolos aparte- y últimamente ofrecieron la clave del negocio: capacitar personal de la FAA en territorio ruso e instalar un servicio técnico más o menos completo y de cercanías en Córdoba. Y es que cuando pasen unos pocos años, hacer recorrida de turbinas o de células en Rybinsk, oblast de Yaroslav, a 267 km. de Moscú, no va a ir ni para atrás. El combo asiático PAC-CATIC se mantuvo imperturbable en sus U$ 50 por un avión inferior al MiG-35 en casi todo, salvo en el radar AESA y el armamento lanzable (misiles y bombas MUY inteligentes). En esto, China tiene un par de “game changers”: los aire-aire PL10 para distancia visual, y el increíble PL15 eficaz hasta a 200 km. Todo lo cual, por supuesto, lo cobran adicional. Este combo de misiles, amén de un antibuque poderoso –el C-802AK, de 190 km. de alcance, por dar un ejemplo- equilibrarían un poco la actual indefensión estratégica argentina. Pero con una compra más grande. No así con una de sólo 12 Thunder y 48 misiles, mitad para combate visual y mitad para extra-visual. De mantenimiento en cercanías, el dúo asiático no dijo nada. Lo que por ahora da Kamra, sede fabril de PAC en el Punjab paquistaní, para recorrer las células (desarmar, reparar y rearmar el conjunto fuselaja-alas), o Guiyan, provincia de Ghizhou, para recorrer las turbinas WS-13 Taishan. Es como decir en la Luna. Habida cuenta de que ni la célula del Thunder ni las turbinas chinas son famosas por duración (4000 y 2200 horas operativas respectivamente), la oferta es francamente floja. Salvo que los volemos poco y nada, en diez años no tendremos un Thunder capaz de despegar. La deriva antirrusa actual de la dirigencia argentina, que incluye al gobierno de Alberto Fernández, elimina (por ahora) al MiG-35 como opción. Hasta que no se fume la pipa de la paz en Ucrania e incluso después, cualquier caza ruso, éste o incluso uno mejor, puede venir equipado de fábrica con un “impeachment” parlamentario. Algo debían suponer Beijing e Islamabad de cómo estaría el mundo en 2022, porque en 2020 y 2021 actuaron como si no existiera la competencia de los rusos, aunque estos dan más y mejor por menos. La única contraoferta que teme China sería lo que nos traiga alguien como la generala Richardson: cazas políticamente viables, aunque técnica y tácticamente inviables. Sobre esto, volveremos. Para endulzar su intransigencia, China ofrece 80 blindados artillados de 8 ruedas, es decir transportes de tropas con cierta capacidad ofensiva: nada capaz de enamorar a un aviador. Añadiendo la escueta fama de NORINCO como fabricante de vehículos y contraponiendo la oferta de los IVECO Guaraní, por parte de IVECO Brasil, el «bonus pack» chino tampoco mata de amor a un general de caballería, o Ministro de Defensa o de Hacienda. IVECO aquí no es un cheque volador extracontinental: tiene talleres en Villa Soldati, CABA, y en Munro, Pcia. de Bs. As. En este paralelogramo de fuerzas, el MinDef y la Fuerza Aérea Argentina (FAA) parecen ver distintas urgencias. Y sin chocar de frente (todavía), plantean soluciones divergentes. En todos los casos, su implementación excedería el tiempo remanente de esta presidencia, y quizás hasta los cuatro que le tocarán a la próxima, recaiga en quién recaiga. Y es que la compra de un supersónico nuevo es tan vinculante que su cumplimiento merece una velocidad más geológica que supersónica. El problema es si la Argentina puede darse ese lujo o no. Uno que piensa que no puede es el jefe de la FAA, brigadier general Xavier Isaac. Es un cuadro militar con un combo de sentido común, audacia y visión industrialista como no se ve en su puesto desde hace mucho. Dijo más o menos que la compra se decide este año. Y habiendo un único oferente libre de vetos, eso da Thunder. De aquí a la China (pasando antes por Pakistán). Con los Himalayas de fondo, el Thunder no hace fea estampa, y tampoco luciría mal en los Andes. Éste es un modelo viejo, sin lanza de reabastecimiento en vuelo, algo que la Argentina no se puede permitir por su territorio enorme. Creemos que la prioridad de Isaac no es la defensa territorial, sino algo más de base. Éste es un país gigante, el 8vo del mundo por superficie. Con 12 cazas repartidos en Mendoza, Buenos Aires y Santa Cruz, Isaac sabe que no cambia nuestra indefensión aérea. 12 cazas mediocres con 48 misiles muy buenos no son ningún alambrado impasable alrededor de nuestros 2,78 millones de km2. Y ni mentamos los territorios insulares y antárticos, donde la autoridad argenta es conjetural. Tal vez con 80 JF-17 C sí se puede defender el país donde tenemos soberanía efectiva, si a ese número añadimos también el millón de km2 de Zona Económica Exclusiva (ZEE) del Mar Argentino. Allí en los hechos venimos perdiendo el control cada vez más desde 1986. Para ello, la Armada (ARA) deberá tener al menos 20 o 30 de esos cazas a su nombre y en bases costeras. Sin embargo, imponerle un caza a la Armada es asunto del MinDef y Presidencia, no de la FAA. Ni Juan D. Perón, en su momento de mayor autoridad, le pudo poner “su” avión (el DL-22) a la Marina. Y a los navales todo lo que no venga de la OTAN les causa convulsiones. Obviamente, en el nadir de este endeudamiento, no nos da el cuero (todavía) para 80 cazas. Tampoco para 60. Tampoco para 24. ¿Entonces, por qué Isaac quiere tan desesperadamente 12 cazas, con los que a duras penas podría defender Mendoza? Porque se le está evaporando la fuerza de pilotos de caza. Son el recurso humano más caro y de sustitución más difícil y lenta de la Fuerza Aérea. En 2015 la desprogramación de los viejísimos Dagger (Mirage V israelíes) condenó a los cadetes cazadores egresados a hacer cola para volar en los 7 A4R Skyhawk aún operativos, y que por subsónicos, sólo sirven para ataque a tierra (o a mar). Aunque se los llame interceptores, no lo son. El año que viene habrá 18 Skyhawk, porque Isaac, con una obstinación de tornillo, viene recuperándolos a fuerza de canibalizar los restos de los 32 que compró (hechos percha) don Carlos Menem en 1995. A esos hubo que resucitarlos como a Lázaro. Y ya demasiadas veces. Siendo realistas, por pura decrepitud, estos 18 Skyhawks tendrán una tasa de disponibilidad más bien bajita, y el mantenimiento que reciban viene con un límite: andá hoy a conseguir componentes en el mercado internacional para un avión diseñado en los ’50 y desprogramado en todo el mundo, salvo aquí y en Brasil. El A4R argentino, un avión subsónico de ataque diseñado en los ’50. Tenemos 7 en vuelo y tal vez logremos recuperar 18, resucitándolos como a Lázaro. Aunque eso ya se hizo muchas veces. Allí, EMBRAER revivió y revitalizó 7 Skyhawks provenientes de Kuwait, con historial de guerras que parte de Vietnam y atraviesa las del Golfo. Como nosotros, ahora los brasucas tienen aviones recauchutados por enésima vez y diseñados originalmente para embarcados. Les falta el portaaviones, como a nosotros. Nadie es perfecto. Antes de Malvinas, el piloto cazador de la FAA tenía 70 Skyhawk, de modelos B y C como aviones de ataque, amén de 21 Mirage III como interceptores y 26 Dagger como aparatos multirrol. Aunque sólo los Mirage III habían sido comprados nuevos a Francia en 1970 y 1977, y aunque el resto de la flota era vetusta de solemnidad y tenía una disponibilidad “mejor no preguntes”, la suma daba una fuerza temible. Especialmente, por los recursos humanos que permitió construir, a fuerza de horas acumuladas de entrenamiento. Y eso se vio de sobra en Malvinas.    

(Continuará mañana)

Daniel E. Arias