Baja el Paraná, pero todavía aparecen gigantes: pescaron una raya de 120 kilos

Como ha pasado otras veces, el río Paraná, frente a la localidad correntina de Esquina fue el escenario de una nueva pesca que sorprendió a todos en medio de la histórica bajante que estamos sufriendo. Este domingo, un grupo de pescadores esquinenses logró sacar un espécimen de raya de aproximadamente 120 kilos. Hecho que no dudaron en retratar y compartieron las imágenes en las redes sociales. Sucedió este domingo, y los protagonistas fueron Sebastián Bonelli, Horacio Antenuchi, Dany Villán, quienes probaron pique en la zona del Ingá y lograron extraer una enorme raya de 120 kilos.
Uno de los protagonistas de este episodio, Horacio Antenuchi, comentó que la lucha con el animal se extendió una hora y media para finalmente extraerlo. “La raya pelea y mucho, hay que tener mucha paciencia, porque es dura la pelea. Cuando la pescamos, la llevamos hasta la costa, la sacamos a la arena, nos tomamos unas fotos y la devolvimos, lentamente porque era muy pesada”, dijo el pescador. Reconoció que se sintió un poco intimidado por el tamaño del animal. “Asusta un poquito, cuando se acerca a la embarcación,”, dijo. Pero la jornada de pesca no terminó ahí, “después seguimos pescando porque somos fanáticos de la pesca, queríamos el dorado y tuvimos suerte, algo hay”.
Esquina es uno de los destinos de pesca más visitados en Corrientes, aun en pandemia. Sin embargo, las condiciones actuales del cauce complican la navegabilidad. La emergencia hídrica por la extrema sequía es una realidad y el pescador advirtió que “hay que tener mucho cuidado al salir a navegar, es muy difícil. Sostuvo que las salidas mermaron mucho por el estado actual del río. Según los datos brindados por la Prefectura Naval Argentina, el río Paraná tiene ahora una altura de 0.47 metros en el puerto de esta ciudad de la provincia de Corrientes. Si bien es un valor muy por debajo de su promedio normal, resulta levemente más alto que el de puertos de otras localidades. El hecho fue severamente cuestionado desde el sector ambientalista provincial, que hace meses vienen reclamando por la veda total en el Paraná por la bajante. Pero los pescadores indicaron que, tras acercarla a la orilla para tomarse fotos, la devolvieron a las bajas aguas del río. Tenemos que decir que, aunque sea sorprendente para los que conocemos los peces solamente en el plato, no es un hecho novedoso: en febrero fue pescada una raya de 190 kilos, frente a Colonia San José, en Santa Fe. Estos enormes ejemplares son únicos en su tipo en el mundo. Habitan el tramo inferior de los ríos Paraná y Uruguay, y se convirtieron en un pez extremadamente vulnerable como consecuencia, más que nada, de la sobrepesca.  

«Desarollismo contra ambientalismo»: un debate entre dos hombres de paja

En nuestra opinión, Alejandro Galliano, construye en esta nota dos «hombres de paja». Es decir, atribuye a quienes dan prioridad al crecimiento y desarrollo de la economía argentina, y también a quienes quieren sobre todo proteger el ambiente y la biodiversidad, planteos exagerados y objetivos irreales. El suyo sería un enfoque cuestionable… si no fuese que esas exageraciones y fantasías -de ambos lados- hoy forman parte del debate en los medios, y en las redes sociales. Vale la pena entonces leerlo para recordarnos que no «es por acá». Prometemos tratar de seguir apostando en AgendAR a los caminos razonables para desarrollarnos y proteger el ambiente.

ooooo

En medio de uno de sus habituales derrumbes económicos, Argentina está discutiendo su modelo de desarrollo. Un salto de madurez respecto al colapso anterior en 2001, cuando optamos por culpar en bloque al neoliberalismo, simular el retorno a un pasado dorado y apostarle todas las fichas a un solo commodity. Hoy el debate congrega a técnicos, militantes y funcionarios vestidos de civil en torno a dos posiciones que podemos resumir provisoriamente como desarrollismo y ambientalismo (por razones de espacio, omito categorías como “falopa”, “ecocida”, etc).

El primer mérito del debate es haber fomentado una transversalidad impensable en otros rubros: peronistas, radicales, liberales y progresistas unidos por el desarrollo y contra el ambientalismo. También hubo intervenciones interesantes. Roy Hora, historiador agrario que leí con deleite en mis años de estudiante, en un arco argumental sorprendente ofreció como modelo sustentable para Tierra del Fuego el saneamiento del Riachuelo que une al sudoeste de Buenos Aires con el Río de la Plata («Las salmoneras no serían nuestro problema ambiental más grave»). ¿Queda algo por decir entre tantos textos y voces? En primer lugar, es difícil tomar partido entre las dos posturas tal como se presentan. En segundo lugar, lo que hago es básicamente una historia de las ideas: rastreo los orígenes y la lógica interna de un conjunto de conceptos e imágenes, y después veo cómo interactúan con la realidad, aquello que está afuera del pensamiento. Veamos si eso sirve para algo en esta discusión. Antes, y como no aspiro a ser un árbitro olímpico ni busco el justo medio, empiezo por explicitar mi postura. Creo que Argentina necesita crecer y que distribuir lo acumulado no alcanza. Creo que el mercado es inevitable. Creo que la política y la tecnología son las herramientas que nos permiten solucionar, incluso superar, al capitalismo. A esta altura, el aceleracionismo es un meme. Pero uno poderoso, que me ayuda a pensar más allá de sus límites y de los míos, como para otros puede serlo una frase de Perón o una de Obama. El desarrollismo como nuevo mercantilismo Los argumentos desarrollistas tienen dos velocidades o, para darle un toque criollo, dos trancos. El argumento de tranco corto dice que Argentina no crece hace años y necesita exportar e ingresar dólares ya mismo. Una verdad irrebatible. Solo que ese cortoplacismo poco tiene que ver con la voluntad de construir un modelo económico, no por nada, llamado desarrollismo. No se trata sólo de explotar todo lo explotable sino de darle una dirección, establecer prioridades, montar un sistema sostenible. La desesperación no parece buena consejera para nada de eso. Aquí es donde llega el desarrollismo de tranco largo, que nos habla de la necesidad de agregar valor, de los eslabonamientos hacia adelante, de Noruega y Corea del Sur. Modelos atractivos, alguno de ellos también extractivista, y con un desempeño indiscutiblemente exitoso en el último medio siglo (aunque, me temo que algunos desarrollistas deben seguir soñando con Mosconi y Alejandro Bunge, si no con algún Plan Quinquenal). En el peor de los casos, este desarrollismo de tranco largo parece apenas un traje digno para el desarrollismo de tranco corto. En el mejor, es un idealismo. Al igual que el realismo político, el realismo económico combate a los idealistas de lo blanco idealizando lo gris. El idealismo desarrollista combina una concepción mercantilista del mundo con una concepción colonial del país. Como los mercantilistas del siglo XVII, asumen que la riqueza mundial, esta vez medida no en oro y plata sino en litio y agua dulce, es escasa y hay que pelearla a codazos. El daño que no hagamos lo van a hacer otros. No suena tan errado: quizás en el Antropoceno, Colbert triunfe sobre Adam Smith. Pero esa noción de escasez global se revierte al volver la vista al país, que los desarrollistas entienden como un mero territorio a colonizar, con recursos infinitos que se pueden explotar sin remordimiento ni consecuencias. Un nuevo El Dorado, lleno de chanchos y shale gas. Vuelve el reflejo de Australia y Canadá con el que tanto nos comparamos en el pasado pero con su peor rostro: enclaves que dispusieron de los recursos de un enorme hinterland. En Hispanoamérica las cosas no salieron igual. Por fuera de los enclaves blancos había “repúblicas de indios”. Que hoy votan. Quizás estoy siendo injusto y exagerado. Los desarrollistas con rostro humano subrayan una y otra vez la necesidad de regular la explotación de recursos naturales para resguardar el bien público y el entorno natural. Eso nos lleva a otra discusión. El nuevo ambientalismo contra el crecimiento económico Decir ambientalismo es tan impreciso como decir socialismo, feminismo o cristianismo. Bajo una sola etiqueta caben cientos de debates. Pero tampoco podemos detenernos en el narcisismo de sus pequeñas diferencias. Propongo entonces tomar dos grandes tradiciones. Una sería la «sustentabilidad«, presentada en 1987 por Gro Harlem Brundtland en su informe “Nuestro Futuro Común” para la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU. Se trataba de conciliar al desarrollo económico con la justicia social y la preservación del medio ambiente. Fue el ecologismo oficial de los años ‘90, perfectamente compatible con la democracia liberal, la globalización y los discursos de Clinton, Bono y alguna Miss Universo. Es también el horizonte de garantías del desarrollismo: no teman a esta salmonera ni a esta minera, podemos regularlos. Si a la sustentabilidad la condenó su tibieza ecuménica y el consiguiente inmovilismo político, al optimismo regulacionista argentino lo condena su pasado. Solo con ver lo que costó aprobar una sencilla ley de etiquetado, o lo que aún cuesta ejecutar el fallo Mendoza de saneamiento del Riachuelo (para pesar de tantos fueguinos), es difícil ilusionarse con lo que pueda hacer el anémico Estado Argentino ante una multinacional minera o un enclave porcino en el medio de la pampa. La otra tradición ambientalista es más radical y antigua. Nació en los ’70 con los debates alrededor del Informe Meadows y los límites del crecimiento. En ese intercambio, André Gorz y Nicholas Georgescu-Roegen llegaron por vías diferentes al mismo concepto: decrecer, consumir y producir menos como única forma de supervivencia humana ante un agotamiento de los recursos proyectado para 2030. Durante la hegemonía neoliberal de los ’80 y ’90, el decrecionismo, que postula la prescindencia del crecimiento económico, sobrevivió en las catacumbas y resurgió con el antiglobalismo del nuevo siglo. La crisis climática y el descrédito político de la sustentabilidad transformaron a las premisas decrecionistas en el fundamento tácito de buena parte del ambientalismo actual: el crecimiento económico tal como lo mide el PBI es insostenible, injusto e incontrolable. Bajar el metabolismo social, vivir con menos, sería la solución. Branko Milanovic hizo las cuentas: si ponemos como tope del nivel de vida mundial el ingreso global promedio (5.500 dólares anuales), aún deberíamos permitir que el 73% del mundo incrementara sus ingresos. Imposible de lograr sin crecimiento económico. ¿Debemos vivir aún con menos? Por no hablar del efecto político que tendría intentar operar un ajuste para hacer decrecer al consumo global. Si el desarrollismo sobreestima la capacidad reguladora del Estado argentino, el decrecionismo lo hace con la plasticidad de la sociedad ante las metas políticas de una minoría. El decrecionismo es insostenible e injusto. No es raro entonces que tanto el “manifiesto de los 170 académicos holandeses” como el venerable Bruno Latour saludaran al parate económico de la pandemia como una oportunidad para decrecer. Ya que no por la razón, el decrecimiento debía aplicarse por la fuerza. Décadas de aislamiento político y radicalización llevaron al decrecionismo a esta cerrazón utópica rayana en la misantropía. ¿Qué hacer? No sé. Hace poco, en medio de un seminario, un participante con vocación por la filosofía analítica (quiero nombrarlo: Juan Iosa), destripó meticulosamente mi crítica al decrecionismo y me demostró en la cara que soy decrecionista sin asumirlo, que repudio sus medios pero comparto su diagnóstico. No esperen entonces conclusiones rotundas de esta nota: soy un aceleracionista en deconstrucción. Pero tratemos de hacer algo con eso. ¿Cuál es el problema de los medios decrecionistas? Que son mecánicos: se trata de trabar con un palo los engranajes de la máquina social para que deje de quemar carbón. Pero el mundo no es solo un motor, también es una computadora. Hay redes recursivas de intereses y relaciones. Apagar el turismo por el Covid bajó la huella de carbono pero fomentó la tala ilegal. Ya es demasiado tarde para esperar que la Naturaleza se recomponga sola. La solución no es mecánica, es cibernética. Buscar la retroalimentación entre esas redes y estas políticas. Incorporar a la posnormalidad: ante una situación ambiental de incertidumbre total, no confiar solo en este paper o en aquella consultora, sino extender la revisión por pares a toda la comunidad. No vamos a encontrar una voluntad popular: los sanjuaninos quieren minería, mal que les pese a los ambientalistas; y los fueguinos no quieren salmoneras, mal que les pese a los desarrollistas. Sería óptimo extender esta asamblea a las cosas, hacer hablar de alguna manera a las personas no humanas que también son parte de estas decisiones. En definitiva, la Naturaleza no existe: todos los objetos somos híbridos. Y tenemos que vivir juntos. La recursividad nos evitará caer en el representativismo. La palabra del pueblo no tiene punto final sino que retroalimenta nuevos proyectos y nuevos debates: presentarles a los fueguinos su futuro sin ensambladoras; y a los sanjuaninos, su futuro sin agua. Y ver qué pasa. De ese feedback no emergerá un modelo cerrado sino el tanteo hacia una práctica de desarrollo acorde con la época que nos tocó, así como el modelo agroexportador emergió de la pérdida del Alto Perú y la revolución industrial inglesa; y en Argentina, la sustitución de importaciones, surgieron de la política de masas y la crisis del modelo agroexportador. No será maravilloso pero tampoco debe ser el desastre que nos prometen tanto el ambientalismo decrecionista como el desarrollismo mercantilista.

La situación de la economía argentina a mediados de 2021

0
El economista Juan Manuel Telechea publicó en Cenital a principios de este mes un detallado informe «La semana económica, en números». Creemos que su primer párrafo es un resumen, no sólo de la situación de ese momento, sino de la coyuntura en que se encuentra la economía argentina, de la que el gobierno y sus funcionarios del área económica «no le encuentran la vuelta». Lo reproducimos: La actividad económica se contrajo 2% en mayo, algo previsible ante el aumento de los contagios y las restricciones a la circulación establecidas por el gobierno. Tanto los precios mayoristas como los de la construcción se desaceleraron en junio. La Canasta Básica sigue aumentando por encima del nivel general de precios. En junio se mantuvo el elevado superávit comercial, de la mano del mayor aumento de las exportaciones en siete años. Esta es la descripción de una economía con superávit comercial y un superávit fiscal primario, cuestionable desde un enfoque riguroso, pero que brinda más respiro que en cualquier momento de los últimos tres años. Si el país fuera una empresa, los contadores diríamos que sus «fundamentals» son buenos. Pero la «sensación térmica» de la economía, y la realidad de la mayoría de sus habitantes, es mala. Y eso se debe a que el empleo y el consumo están muy por debajo de cualquier índice aceptable. El gobierno no consiguió reemplazar con diversos incentivos, el IFE, ATP, los planes sociales ni con las obras públicas, a la inversión privada ni tampoco al consumo: el turismo interno, la gastronomía,… Y no se atreve a recurrir a la «solución Milton Friedman: tirar dinero desde helicópteros», ni tampoco, como le gustarí,a «poner más dinero en los bolsillos de la gente» porque considera, con algunos buenos motivos, que una parte considerable se irá a comprar dólares. La destrucción de la moneda argentina como reserva de valor tiene un precio alto.

Salta pone sus expectativas en la minería de cobre, gracias a la «revolución verde»

0
En lo que se conoce como «revolución verde», por la conciencia global sobre el cuidado del ambiente, el cobre es uno de los minerales más estratégicos para un mundo más consciente de la ecología. Está presente en mayor cantidad que cualquier otro en todos los usos tecnológicos que buscan reducir la contaminación del planeta. De allí el creciente interés por ese metal, que se ha llegado a pagar hasta 10.000 dólares por tonelada. Eso hace que Salta, donde existe uno de los proyectos cupríferos más grandes de Sudamérica, tenga una oportunidad única para su postergado desarrollo económico y social. De concretarse el proyecto de explotación de cobre Taca Taca en la Puna salteña, la provincia entraría en las primeras ligas de la actividad minera. Pero hay múltiples factores que inciden e  una inversión multimillonaria como la que implica Taca Taca. «El proyecto Taca Taca podría ser un salto de desarrollo muy importante para la provincia por la cantidad de actividad y empleo directo e indirecto que podría generar, pero la inestabilidad macroeconómica que hoy tiene la Argentina es un limitante para la inversión», explicó la secretaria de Minería de la Provincia, Flavia Royón. «Ellos (los inversores de Taca Taca) plantean el tema del acceso al mercado de cambios como una gran traba y desde otros proyectos también lo ven como un problema. La carga impositiva que tiene la actividad en el país también es un tema que está en conversaciones», advirtió la funcionaria.
A nivel mundial, cada año se consume una media de 30 millones de toneladas de cobre metálico y China es el principal consumidor.
Por el crecimiento demográfico, la transición energética de combustibles fósiles a energías renovables y la electrificación de la sociedad, que incluye desde los autos eléctricos a la transformación de los hogares, se estima que hasta 2040 se necesitarán 105 millones de toneladas adicionales de cobre. Los grandes productores del material son Chile y Perú (que suman el 40% de la oferta de cobre de mina), seguidos de otras zonas como Australia y China. El hecho de que haya pocos países productores también garantiza un precio alto del mineral. En Argentina hay siete proyectos cupríferos en estado de prefactibilidad o factibilidad. En San Juan, la principal provincia minera del país, se encuentran los proyectos Pachón, Josemaría (el más avanzado), Altar, Los Azules y Filo del Sol. En Catamarca está el proyecto Mara y en Salta, Taca Taca. El país no cuenta con ningún proyecto minero de cobre desde que Minera Bajo La Alumbrera cesó sus operaciones en 2018. La Secretaría de Minería de la Nación identificó que la demanda de cobre mundial ofrece una ventana para algunos de los grandes proyectos argentinos, ya que se estima que para 2025 habrá una brecha esperada de casi 2 millones de toneladas de cobre para cubrir con nuevas minas. La empresa canadiense First Quantum Minerals está a cargo del proyecto Taca Taca, cuyo yacimiento, a cielo abierto, se encuentra en Tolar Grande. También tiene previsto extraer oro y molibdeno. Las previsiones de la compañía es hacer una inversión en la provincia de 3.500 millones de dólares y generar 4 mil puestos de trabajo en la etapa de construcción y luego 2.500 empleos directos a largo plazo. Se estima que la vida útil de la mina Taca Taca será de 32 años y está planeado empezar su construcción en 2023, con un presupuesto anual de operación de U$S 650 millones. El cobre extraído alcanzaría un pico de aproximadamente 275.000 toneladas en los primeros 10 años de operaciones. Además, se proyecta una extracción de 110 mil onzas de oro y 4.100 toneladas de molibdeno concentrado. First Quantum Minerals es el sexto productor de cobre del mundo, con 20.000 empleados a nivel global y operaciones en 4 continentes.  

Desde la Conferencia sobre Cambio Climático (COP 26): «El carbón debe pasar a la historia»

Alok Sharma, presidente de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático -conocida por sus siglas COP 26-, afirmó el miércoles 20 de julio que las negociaciones de cara a la próxima cumbre mundial pasan por hacer que el carbón como combustible pase a la historia.

Sharma es también el Secretario de Estado para el Desarrollo Internacional en el gabinete de Boris Johnson, y Gran Bretaña será la anfitriona del mayor evento climático internacional del año, en el mes de noviembre en Glasgow. Reunirá a representantes de unos 200 países con un objetivo declarado de mantener a raya el calentamiento global. El llamamiento a dejar de usarlo como combustible suena paradójico desde el país que llegó a ser, gracias al carbón, la principal Potencia durante un siglo. En realidad, mucho de la movida climática se puede ver como un caso de «patear la escalera». Países que contaminaron más que ninguno, y  aún ahora contaminan, son los que impulsan las medidas de salvaguardia ambiental. Pero ese no es el enfoque que nos conviene a nosotros, los argentinos. El calentamiento global es un problema que afecta a todos los habitantes del planeta. Y la economía argentina está en mejores condiciones que la de la mayoría de los paises para adaptarse a las nuevas, e ineludibles, reglas de juego. Gran Bretaña ahora está recibiendo a los ministros de Clima y Medio Ambiente de 51 países para mantener conversaciones sobre la cumbre que se hará en noviembre, y debemos tener nuestros propios planteos. Durante esta cita se pretende impulsar compromisos más ambiciosos por parte de los países que rubricaron el Acuerdo de París de 2015, en el que se comprometían a mantener el aumento de la temperatura media mundial «muy por debajo» de los 2 grados centígrados. Estas medidas están dirigidas a prevenir fenómenos meteorológicos devastadores y extremos como olas de calor, inviernos más fríos, inundaciones y sequías. «He sido muy claro al decir que quiero que la COP 26 sea la cumbre en la que el carbón pase a la historia», asegura Alok Sharma en una entrevista con la agencia Reuters. El carbón es el combustible más contaminante si las emisiones no se capturan y almacenan bajo tierra. Pero esa tecnología de captura va a la zaga, la mayoría de las centrales térmicas del mundo producen no solo emisiones de dióxido de carbono, responsables del calentamiento global, sino también otros contaminantes perjudiciales para la salud. Por su parte, los países del G7 se han comprometido a reforzar las tecnologías y políticas que aceleren la transición a la descarbonización. Se han comprometido, a su vez, a poner fin a nuevas ayudas por parte de los gobiernos destinadas a este combustible. Aunque hay contradicciones de acción, ya que muchos países siguen financiándolo a la vez que planean la construcción de nuevas centrales térmicas. Después de que las catastróficas inundaciones azotaran el noroeste de Europa la semana pasada y mientras los incendios forestales continúan haciendo estragos en el sur de Oregón (Estados Unidos), los ministros de Energía y Clima del G20 se reunirán en Italia durante los próximos días para tratar de aumentar los recortes de emisiones y las promesas de financiación para el clima.

Conflicto abierto entre bancos y fintechs, ante la bancarización de la mayoría de la sociedad

Las principales asociaciones de bancos privados (ABA y ADEBA) y la Cámara Argentina Fintech (CAF) se trenzaron en un conflicto público luego que los bancos pidieran limitar las transferencias entre cuentas bancarias y billeteras digitales ante supuestos fraudes. Las fintechs lo rechazaron por «falso» y denunciaron como «una práctica anticompetitiva» de las entidades bancarias.

La postura de los bancos Este jueves se conoció una carta dirigida al Banco Central de la República Argentina, firmada por dos directivos de ABA y de ADEBA -que nuclean a los bancos privados de capital extranjero y nacional, respectivamente- en la que le pedían a la autoridad monetaria que pusiera topes a la transferencia de dinero entre cuentas con CBU (bancarias) y cuentas con CVU (digitales). El argumento de las asociaciones fue que «la interoperabilidad de alguna manera facilitó la concreción de ilícitos vinculados a estas empresas que brindan diferentes servicios financieros» y que, «para proteger a sus clientes», algunas entidades habían decidido aplicar «limitaciones en los importes a transferir». «Los beneficios derivados de la adopción de esta restricción se han visto reflejados en una notable disminución de los fraudes provenientes de operatorias con proveedores de servicios de pago», sostuvieron las entidades en una carta firmada por Paz Adrogué (ABA) y Alejandro Pérez (ADEBA). Las operaciones de las fintechs Para entender la dimensión de aquellas empresas de base tecnológica dedicadas a operatorias financieras o fintechs, en el sistema nacional de pagos: actualmente hay cerca de 14 millones de CVU en la Argentina y más de un tercio de las transferencias realizadas en junio último provinieron o circularon hacia este tipo de cuentas, según el informe de pagos del BCRA. En total, son 68 las empresas Proveedoras de Servicio de Pagos (PSP) que operan en el país, que incluyen a algunas de las principales empresas fintech como Mercado Pago, Ualá y Naranja X, entre otras, a través de las cuales se realizan estas operaciones. El reclamo de los bancos Los bancos también reclamaron a la autoridad monetaria que existe «una alta proporción de ilícitos que registran intervención directa o indirecta de cuentas alojadas en empresas proveedoras de servicios de pago, facilitado por la no existencia de regulaciones sobre las mismas». «Entendemos que resultaría conveniente que estas empresas sean reguladas, debiendo cumplir al menos medidas mínimas de seguridad», reclamaron ADEBA y ABA en la carta. Por su parte, fuentes del Banco Central confirmaron haber recibido el documento con las propuestas y, si bien «se aguarda la evaluación técnica», en principio, «no se las considera viable». Fuentes de ADEBA aseguraron que el objetivo de la misiva «no fue ir contra ninguna fintech en particular» sino que se buscó advertir a la autoridad monetaria de las vías a través de las que se comenten fraudes y estafas. La postura de las fintech La CAF respondió con un comunicado en el que afirmó que «es falso el argumento sostenido por las asociaciones bancarias que asevera que la interoperabilidad entre cuentas facilita el ciberdelito». Por el contrario, señaló que «existen acuerdos de colaboración entre Proveedores de Servicio de Pagos (PSP) y bancos en pos de proteger a los usuarios que redujeron significativamente las tasas de fraude, con casos concretos en que el ciberdelito se disminuyó en un 90%». Al mismo tiempo, denunció la admisión de las cámaras de que «algunos bancos están incumpliendo la normativa vigente y limitando las transferencias de sus usuarios hacia cuentas virtuales» que, tal como señala la Comunicación «A» 7175, exige que no haya necesidad de solicitudes especiales para transferencias hasta el monto equivalente a 15.000 UVAs ($1,2 millones) y 12.500 dólares. «Se trata de una práctica anticompetitiva, no cumple el marco regulatorio actual y atenta contra la interoperabilidad del sistema y la inclusión financiera», aseguró la CAF. Sobre este punto, fuentes del Banco Central aseguraron que «los bancos no pueden poner topes a las transferencias» y que, «si fuera así, están cometiendo una infracción». Por último, la CAF señaló que el pedido de los bancos «va en contra del proyecto de Transferencias 3.0 en el cual todos los actores del sistema deberán interoperar desde el 29 de noviembre en los pagos y cobros con código QR» y que las PSP «están regulados desde febrero 2020 ante BCRA y cumplen normativa impositiva de fisco nacional y provinciales, y normativa antilavado de la UIF (Unidad de Información Financiera)». Desde AgendAR señalamos que la naturaleza de los servicios financieros ha sido transformada profundamente -era inevitable- por la tecnología informática. Y esa transformación fue acelerada todavía más por la pandemia. Que, entre otras cosas, forzó la bancarización de más sectores de la sociedad, inclusive entre los más humildes. Creemos que el cambio recién empieza.

Un adiós a Miguel Ángel Virasoro, el físico argentino pionero de la «teoría de cuerdas»

0
A los 81 años, murió este viernes 23 el destacado físico argentino Miguel Ángel Virasoro. Pionero de la «teoría de cuerdas», que pretende trazar una descripción unificada de la estructura del universo, el año pasado había recibido la prestigiosa «medalla Dirac», que otorga el Centro Internacional para la Física Teórica Abdus Salam, junto con sus colegas y amigos André Neveu, de la Universidad de Montpellier, y Pierre Ramond, de la Universidad de Florida. El galardón le llegó a 50 años de que publicara lo que hoy se conoce como «Álgebra de Virasoro», que tiene aplicaciones en la gravedad cuántica y en el estudio de los agujeros negros, un avance matemático revolucionario. «Fue un golpe de fortuna que sí, tiene su importancia, pero que estaba en la teoría que estábamos construyendo», comentó el propio Virasoro en esa ocasión. El trabajo en el que la desarrolla se publicó el 15 de mayo de 1970 en Physical Review D. «Fue un científico brillante y uno de los tipos más lúcidos que me haya sido dado conocer –afirma con tristeza Gastón Giribet, docente de la UBA e investigador en física teórica, agujeros negros y teoría de cuerdas–. De renombre mundial, Virasoro realizó tal cantidad de aportes que se hace prácticamente imposible enumerar todos ellos en este espacio. Podríamos decir que Virasoro supo erguirse como contraejemplo de ese dictum insidioso de Paul Valéry: ‘La gloria de un hombre exige que su mérito pueda ser explicado con pocas palabras'». Y enseguida agrega Giribet: «Mientras lo recordábamos, un reconocido colega me dijo: ‘Qué notable que Virasoro haya hecho contribuciones importantes en tantos temas distintos’. Su comentario me llevó, en una suerte de homenaje privado, a repasar de memoria algunos de sus aportes científicos: en física de partículas, es reconocido como uno de los pioneros en la construcción de la teoría de cuerdas, área de investigación en la que su nombre es ineludible. Los ‘vínculos de Virasoro’, los ‘operadores de Virasoro’, el ‘álgebra de Virasoro’, las ‘amplitudes de Shapiro-Virasoro’ son elementos fundamentales de esa teoría. En 1970, mientras se encontraba en la Universidad de Wisconsin, descubrió el álgebra que hoy lleva su nombre y que lo hizo conocido también en el área de la matemática pura. A cincuenta años de aquel trabajo suyo, el ‘álgebra de Virasoro’ se convirtió en una visitante ubicua de nuestros pizarrones. También son notables sus aportes en la física estadística, área en la que, junto con sus colegas Giorgio Parisi y Marc Mézard, realizó importantes descubrimientos en el estudio de los sistemas denominados ‘vidrios de espín’. Y son muchas más las disciplinas científicas que iluminó con su mirada, siempre aguda y original». Fidel Shaposnik, docente de la Universidad Nacional de La Plata e investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires, que lo conoció en París, recuerda que formó parte del grupo de los físicos más creativos de toda Europa. En ocasión de otorgarle el Premio Gans de esa casa de estudios, en 1989, afirmó: «Hay quienes sostienen que una idea en la física es una cosa entre las cosas, perdida entre las ideas que pueblan el universo, indiferente hasta dar con el hombre o la mujer capaces de descifrar sus símbolos. De ser esto cierto, son muchas las ideas que tuvieron que esperar a Virasoro para ser descifradas». Nacido en Buenos Aires el 9 de mayo de 1940, fue hijo del destacado filósofo del mismo nombre. Después de dar un año libre, Miguel ingresó al Colegio Nacional de Buenos Aires y luego a la Facultad de Ciencias Exactas de la misma universidad, de la que llegaría a ser decano. Fue alumno de figuras legendarias como Rolando García, Juan José Giambiagi y Carlos Bollini. Estaba terminando su tesis cuando se produjo la noche de los bastones largos, en 1966, y aceptó una invitación para ir a trabajar al Instituto Weizmann, en Israel, con lo que iniciaría un periplo que lo llevó a vivir más años en el extranjero que en su propio país. Decidió dedicarse a la física cuando estaba terminando la escuela secundaria. Aunque en el Nacional Buenos Aires no tenían que hacer curso de ingreso a la universidad, como se dictaba cerca del colegio, asistió al que estaba dando Rolando García sobre lógica simbólica. En esos días a su papá lo había echado de su cátedra la Revolución Libertadora y la familia estaba en muy mala situación económica. Pudo estudiar gracias a la ayuda de Rolando García y Manuel Sadosky, que le dieron una beca de la Fundación Einstein, porque su familia no quería que se dedicara a algo tan abstracto. Tras los sucesos de la noche de los bastones largos, pudo terminar su tesis merced a la ayuda de la Fundación Bariloche, se graduó y al día siguiente se fue al Instituto Weizmann, en Israel, donde trabajó con Gabriele Veneziano. Volvió a la Argentina para casarse y partió a los Estados Unidos. En 1971 regresó por un breve período y en 1973 fue nombrado decano de Exactas, pero debió renunciar al poco tiempo. Después de unos meses turbulentos en los que tuvo que buscar refugio en el Instituto de Tecnologías Hídricas para no perder su puesto en el Conicet (aunque era físico teórico, tenía que calcular las subidas del Paraná), decidió aceptar una invitación para trabajar dos años en la Universidad de Princeton. Allí conoció a Tullio Regge, «una persona absolutamente incomparable, increíble». Cuando éste decidió volverse a Italia, lo convenció de trasladarse a Turín, donde desembarcó después de un año en L’École Normale Supérieure, de París. En abril de 1976, el gobierno militar lo había declarado «prescindible» en el Conicet. En Italia, investigó y enseñó en Turín y Roma y, durante 1995 y 2002, fue director del Centro Internacional de Física Teórica (ICTP). Junto con Giorgio Parisi, Virasoro también realizó contribuciones seminales en unos sistemas magnéticos conocidos como «vidrios de spin», un tema que lo entusiasmó «porque era más cercano a la realidad». En 2011, pensando que podría ser más útil aquí que en Europa, decidió volver a la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), donde organizó un programa interdisciplinario en Sistemas Complejos y una colaboración con el INA (Instituto Nacional del Agua) para modelizar los ríos de nuestras pampas. «Miguel Virasoro fue un hombre con una enorme curiosidad en muchos campos; tuvo que escapar de la Argentina durante la dictadura –cuenta Parisi, via email–. Trabajar con él fue un placer humano e intelectual. Sus contribuciones científicas fueron absolutamente magníficas y estimularon incontables aventuras científicas en muchas áreas independientes. Una vez me contó que después de dar un seminario sobre prosopagnosia (un desorden cognitivo que impide el reconocimiento de rostros), le preguntaron si era el hijo del inventor del álgebra de Virasoro (uno de sus principales descubrimientos de veinte años antes). Este episodio lo divirtió y enorgulleció. Fue un amigo maravilloso y franco. Discutíamos sobre muchos temas diferentes e, incluso si finalmente no coincidíamos, yo aprendía mucho. Lo extraño profundamente». Era también una persona de una calidez y una modestia que no abundan. El año pasado, cuando se le preguntó por sus aportes, contestó con abrumadora sencillez: «Seguramente hice avanzar la ciencia un día, porque si no encontraba yo esa solución, al día siguiente la encontraba otro». Y agregó: «La ciencia avanza por un esfuerzo de muchos. El premiado es el que llega antes en tiempo, en general no por mucho. Este premio [por la medalla Dirac] representa un reconocimiento al grupo de científicos que construyó la futura teoría de cuerdas en los años 68-70 y al hacerlo encontró nuevas simetrías. Eran muchos, el jurado tuvo que elegir a tres y eligió a aquellos que llegaron antes a algún resultado».

Fernando Peirano: «Sólo 1 de cada mil pymes está realizando un proyecto de I+D en Argentina»

0

Para Fernando Peirano, titular de la Agencia I+D+i del MinCyT, la respuesta y la capacidad innovadora del sistema científico y tecnológico argentino fue la responsable de que el sistema sanitario no colapsara, y puede -y debe- tener un papel fundamental en la pospandemia.

La pandemia fue un suceso inesperado y, como a todo el mundo, sorprendió a los argentinos. Pese a eso, Fernando Peirano -economista, actual titular de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i) de la órbita del Ministerio de Ciencia – piensa que la irrupción del COVID-19 no nos ha descolocado. ¿Por qué? Porque la respuesta del sistema científico apenas la pandemia se desató, dice, fue inmediata: acudieron a la convocatoria del Ministerio desde las biociencias hasta las ciencias sociales para presentar más de 200 proyectos, de los cuales la Agencia que dirige evaluó y aprobó 84, lo que dio como resultado, entre muchas otras cosas, productos como los famosos barbijos con nanotecnología que una pyme de La Matanza desarrolló y produjo con la colaboración de la UNSAM, tests rápidos de COVID y tests de antígenos de producción local que estuvieron listos en apenas dos meses, suero equino hiperinmune, entre otros. Peirano citó varios ejemplos en donde el factor común fue la acción articulada entre el sistema científico y las pymes, sin obviar la adquisición de la capacidad de fabricar localmente vacunas y sustituir importaciones de insumos imprescindibles como jeringas o hisopos de uso sanitario que, aunque parezca mentira, ya no se estaban fabricando más en la Argentina. Esa respuesta, sostuvo, no fue casual, sino el resultado de una política de Estado de apoyo al sistema científico y técnico que se mantuvo por una década, pese a que durante los años del macrismo la actitud fue otra. Pero no alcanza simplemente con un mayor financiamiento para el sector de la innovación: es necesaria una política de articulación entre sectores donde -reconoció sin embargo- la mayoría del trabajo está por hacerse. Peirano dialogó el jueves 22 de julio con los más de 60 participantes del webinario «Conocimiento y desarrollo», realizado por la Comisión de Innovación, Ciencia y Tecnología del Instituto Antonio Cafiero y conducido por Bruno de Alto, director del área de Gestión Ambiental de ACUMAR. Estuvieron presentes también, entre otros, el docente de la UNO y ex diputado nacional Alberto Briozzo, referente de la Red de Adecuación Ambiental de ACUMAR, y el ingeniero Carlos Gianella, director de la comisión organizadora del encuentro.

«Emprendedor», palabra tan vapuleada

  La figura del emprendedor tecnológico es hoy el gran paradigma de una mitología sobre la salvación individual y la fórmula para el progreso y la riqueza. Pero esa mitología suele ocultar algunas realidades, como la precarización laboral (cuyos cultores ven el trabajo freelance como «una virtud») y el hecho de que ningún proyecto de innovación prospera sin una política de incentivos. «El emprendedor no es el que nada en contra de la corriente, el que tiene una idea innovadora y disruptiva que va en contra de todo lo que se hace», aseguró Peirano: «Es el que integra diferentes elementos que están presentes en la sociedad, y es en ese sentido que una política de Estado debe apoyar los emprendimientos innovadores de las empresas de base tecnológica». España, con una población similar a la de Argentina, tiene 11 veces más pymes que participan en diferentes procesos de innovación tecnológica. Aquí apenas el 1% de las pymes innovan en ese sentido, «y sólo una de cada mil se encuentra realizando un proyecto de I+D«, dijo Peirano. «La Agencia I+D+i del MinCyT tiene actualmente, sin embargo, unos 8000 proyectos en carpeta, lo cual representa «mucho trabajo, pero también mucho desorden», lo que requiere dinamizar las estructuras organizativas para que sean más funcionales a esos procesos de articulación. «La Argentina –dice Peyrano– es un país de campeones invisibles a los que tenemos que rescatar. Tenemos que lograr que recurran a pedir ayuda a un centro de investigación o a una universidad, para pasar del conocimiento por curiosidad al conocimiento por necesidad y poder resolver los problemas de la sociedad».

Los caminos posibles para el desarrollo

Fue la crisis provocada por la pandemia la que llevó, por ejemplo, a poner la atención en una empresa de Córdoba «Tecme» que fabricaba respiradores de uso médico y los exportaba a Alemania. La decisión de apoyarla e incrementar su productividad fue lo que permitió, según Peirano, poder instalar más unidades de terapia intensiva y evitar que el sistema de salud argentino colapse. «Habíamos hecho un trabajo conceptual previo con la plataforma electoral en 2019, que fue más allá de lo electoral en el sentido de reeditar el contrato entre la ciencia, la tecnología y la sociedad, pero hoy hasta en las calles se palpa que tener ciencia y tecnología es un beneficio no sólo para los que trabajan en el sector, sino para toda la Argentina». Peirano reconoció, sin embargo, que no alcanzará con las soluciones implementadas «en la pandemia y en el posmacrismo» para salir de la crisis provocada por la pandemia, cuyas consecuencias finales, «como sucede con una inundación, sólo se ven cuando bajan las aguas». «Tenemos recursos naturales, tradición productiva y una plataforma universitaria muy dinámica, pero ninguna de estas piezas basta por sí sola para ser una locomotora del desarrollo productivo basado en la ciencia y la tecnología», admitió. No obstante, todo el mundo tiene que redefinirse tras la pandemia, no sólo la Argentina. Hay algunas certezas: la panacea de la producción «just-in-time» global, donde cada nación aporta a una industria globalizada según sus ventajas competitivas, ya se ha quedado sin fundamento. También la idea de que el mercado por sí solo es capaz de distribuir más equitativamente el desarrollo. Innovar y articular sectores -no en clave proteccionista, aclara, sino en clave proactiva- será una necesidad. Por un lado, propone acercarse a esa innovación «invisible» que no está en contacto con el sistema de ciencia y tecnología, «porque indudablemente las pymes han tenido que innovar para sobrevivir a la pandemia, pero no tienen la espalda financiera» ni el asesoramiento profesional que les permita embarcarse en un proyecto de I+D. Luego, indicó que hay sectores como el de la industria alimentaria -que es la principal en la Argentina- o el de la salud, que tienen un gran potencial para la innovación de base tecnológica. «Hay que vincular la innovación con la inversión. Es necesario que la inversión no sea solamente para recuperar lo que ya teníamos. Pero para eso -remarcó Peirano- tiene que haber actores que vayan más allá de la empresa». El trabajo por hacer, ahora a gran escala, es la construcción de esas redes de actores que pongan en acción «las capacidades innovadoras que cada uno tiene y que no puede desplegar por separado

Si Europa levanta su «muro de carbono» ¿frenará nuestras exportaciones?

La Unión Europea quiere imponer un impuesto al carbono, un arancel que aumenta según la «huella de carbono» de los productos que se importan. Sus partidarios dicen que podría presionar a otros países para que tomen medidas climáticas más firmes. Pero esta nueva herramienta podría ser complicada de implementar.

El nuevo plan de la Unión Europea para enfrentar el cambio climático incluye una propuesta que, de ser adoptada, sería la primera de su tipo: un arancel basado en las emisiones de carbono para las importaciones de los países que no tomen medidas similares para reducir sus propias emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta. Los impuestos fronterizos sobre el carbono, que se han debatido durante años, pretenden resolver un problema básico. Si un solo país intenta imponer políticas de reducción de emisiones a nivel nacional, corre el riesgo de que, por ejemplo, sus fábricas de acero y cemento se enfrenten a costos más elevados y comiencen a estar en desventaja ante competidores extranjeros con normas medioambientales más laxas. Si la producción de acero y cemento se desplaza al extranjero, la política climática se vería perjudicada, ya que esas fábricas extranjeras emitirían tanto o más dióxido de carbono en otros lugares. En teoría, un impuesto fronterizo sobre el carbono podría ayudar a evitar esa subvaloración. Si las fábricas de todo el mundo que venden acero, cemento, aluminio o fertilizantes a la Unión Europea (UE) tuvieran que pagar un cargo adicional por la contaminación que emiten, tendrían un incentivo para limpiar sus operaciones. Las empresas europeas tendrían menos incentivos para trasladar sus operaciones al extranjero. Y, si otros países adoptaran normas similares, eso podría presionar a las naciones reticentes a frenar su uso de combustibles fósiles. Sin embargo, los escépticos afirman que un impuesto fronterizo sobre el carbono podría resultar difícil de aplicar y enfurecería a los principales socios comerciales de Europa, entre ellos Rusia y China. La propuesta de la UE es una primera prueba para determinar si esta idea puede tener éxito. La idea también podría extenderse. En Estados Unidos, los demócratas propusieron su propia versión de un impuesto sobre las importaciones de países que carecen de políticas climáticas sustanciales, como parte de un plan presupuestario de 3,5 billones de dólares. Aunque esa iniciativa es mucho menos detallada que el plan de la UE, es una señal de que la política climática se está entrelazando cada vez más con la política comercial. “Sigue siendo una incógnita si los ajustes en las fronteras son la mejor manera de estimular la cooperación mundial en materia de cambio climático o si otros enfoques podrían funcionar mejor”, dijo Brian Flannery, investigador invitado de Resources for the Future, un centro de estudios de Washington. “Pero ahora que Europa tiene una propuesta concreta sobre la mesa, podemos empezar a tener un debate serio sobre cómo podría funcionar en la práctica”. Cómo funcionaría Los detalles del “mecanismo de ajuste fronterizo al carbono” propuesto por la Comisión Europea se describen en un documento de 291 páginas. En este momento, la mayoría de las industrias en la UE están cubiertas por un programa que cobra a los contaminadores por el dióxido de carbono que emiten. Esto se conoce como el Sistema de Comercio de Emisiones, el programa establece un límite a las emisiones globales y lo va endureciendo con el tiempo. Los grandes contaminadores deben obtener permisos por cada tonelada de dióxido de carbono que emiten y el número de permisos disminuye con el tiempo, lo que hace que el precio aumente. En la actualidad, el precio de esos permisos es de casi 60 dólares por tonelada, lo que supone un fuerte incentivo para que las empresas europeas reduzcan sus emisiones. La UE propone endurecer aún más ese límite y al mismo tiempo eliminar poco a poco el número de permisos gratuitos que durante mucho tiempo ha concedido a las industrias expuestas a la competencia comercial, como la siderúrgica. El objetivo es ayudar a reducir para 2030 las emisiones totales de gases de efectoinvernadero de la UE en un 55 por ciento por debajo de los niveles de 1990. Para cumplir ese objetivo, muchas industrias europeas tendrán que hacer cambios drásticos y costosos. Productores de acero como Arcelor Mittal están buscando maneras de utilizar hidrógeno en lugar de combustibles fósiles en sus hornos, aunque advierten que esas mejoras podrían costar decenas de miles de millones de dólares. Ahí es donde entraría el impuesto fronterizo sobre el carbono propuesto. Las empresas extranjeras que quisieran vender cemento, hierro, acero, aluminio, fertilizantes o electricidad a la UE también tendrían que pagar ese precio por cada tonelada de dióxido de carbono que emitan al fabricar sus productos. La idea sería igualar las condiciones del carbono. El impuesto fronterizo entraría en vigor en 2026. Los funcionarios europeos proponen un periodo de introducción progresiva en el que se intentaría averiguar cómo funcionaría en la práctica el impuesto en la frontera, lo que daría tiempo a que otros países se preparen.
La acería de ArcelorMittal en Zelzate, Bélgica, está experimentando con hidrógeno en vez de combustibles fósiles para sus hornos.
Los países que podrían verse más afectados son Rusia, Turquía, China, el Reino Unido y Ucrania, que en conjunto exportan grandes cantidades de fertilizantes, hierro, acero y aluminio a la Unión Europea. Estados Unidos vende mucho menos acero y aluminio a Europa, pero también podría verse afectado. Implementar un impuesto fronterizo sobre el carbono podría suponer varias complicaciones. Por un lado, las empresas que esperan vender determinados productos a la Unión Europea tendrían que controlar y verificar las emisiones asociadas a la fabricación de sus productos. Si los países no pueden o no quieren hacerlo, la UE impondría sus propios precios. Los expertos afirman que esa verificación es posible, pero puede ser complicada. Además, países como Estados Unidos, China y Rusia se han opuesto al impuesto fronterizo sobre el carbono, lo que plantea la perspectiva de aranceles de represalia y guerras comerciales. También es posible que los países traten de impugnar el ajuste en frontera en la Organización Mundial del Comercio, aunque los funcionarios europeos afirman que están trabajando para garantizar que las normas resistan las objeciones jurídicas (entre otras cosas, lo llaman “ajuste” y no “impuesto” por razones jurídicas). En el pasado, la Unión Europea había desistido de implementar propuestas similares. Hace una década, las autoridades europeas querían cobrar a las aerolíneas extranjeras que despegaran y aterrizaran en Europa por la contaminación de carbono que producen. Pero la UE desechó la idea tras las fuertes presiones de Estados Unidos y China. Los funcionarios europeos han dejado abierta la posibilidad de negociar acuerdos comerciales individuales con distintos países que eviten la necesidad de imponer aranceles al carbono, sobre todo con las naciones que están adoptando políticas climáticas. Pero habría que concretar los detalles. Para convertirse en ley, la propuesta de la UE debe negociarse entre los 27 países miembro y el Parlamento Europeo. Aunque muchas empresas de la UE, como las siderúrgicas, apoyan la idea de un ajuste fronterizo, no están tan dispuestas a perder los derechos de emisión gratuitos del actual programa de fijación de precios del carbono, ya que eso les obligaría a realizar cambios más drásticos en sus negocios. Esta controversia podría complicar las negociaciones internas. Todavía hay un gran debate entre los expertos sobre cuán efectivo será en última instancia el ajuste de la frontera de carbono de la UE, dijo Johanna Lehne, asesora principal de políticas con sede en Bruselas en E3G, un grupo de investigación y defensa que trabaja en política climática. Según Lehne, los funcionarios vieron la política como una iniciativa vital para abordar los temores de que las políticas climáticas de la UE podrían colocar al continente en una desventaja económica. “Envía una señal real de que la UE se toma en serio el intento de descarbonizar estos sectores industriales”, dijo. “Y están tratando de encontrar una respuesta a muchas de esas preocupaciones políticas internas”.

Comentario de AgendAR:

¿Debe preocuparnos este «para arancel» que está analizando la Unión Europea? La respuesta es sí, y no es porque nuestras exportaciones industriales actuales, y las del futuro previsible, tengan una «huella de carbono» considerable. El problema es otro. En el futuro muy cercano, estas preocupaciones le brindan a la UE otro pretexto para penalizar nuestras exportaciones agrícolo-ganaderas. Ya vemos como la aprobación por los países miembros del acuerdo Mercosur-Unión Europea se demora indefinidamente, por el cuestionamiento a la deforestación en Brasil. Pero también se agita el fantasma de las emisiones de gases inverrnadero que provocaría la ganadería. En AgendAR no lamentaremos el archivo de ese pésimo acuerdo con la UE, en los términos en que está planteado. Pero si creemos necesario tener en cuenta que el «Muro de Carbono» de la UE es sólo una indicación que las reglas de juego del comercio y la producción globales están cambiando. Debemos prepararnos para ello.

En Buenos Aires comienzan los ensayos para combinar las vacunas Sputnik V, AstraZeneca y Sinopharm

0

Los ensayos para combinar las vacunas Sputnik V, AstraZeneca y Sinopharm en la provincia de Buenos Aires se inician esta semana, con la colaboración de científicos y científicas del CONICET.

Tres vacunas, seis combinaciones posibles y miles de voluntarios son las cifras del proyecto lanzado por el Ministerio de Salud de la Nación para estudiar la eficacia, la respuesta inmunológica y la seguridad de combinar entre sí las vacunas autorizadas en el país. Los investigadores del CONICET que integran el Laboratorio de Salud Pública de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata (FCEx, UNLP) tendrán un rol importante en el análisis de las muestras recibidas en todo el territorio bonaerense. La iniciativa, puesta en marcha en respuesta a la necesidad de acelerar los esquemas de inmunización en la población frente al avance de la cepa Delta,tendrá comienzo en estos días. «A algunas de las personas que acepten participar se les ofrecerá recibir como segunda dosis una vacuna distinta a la que hayan tenido como primera: Sinopharm, Sputnik V o AstraZeneca. Además, habrá otros grupos con aquellas que tengan el esquema completo con una misma vacuna. Según los protocolos, se les extraerá sangre periódicamente para evaluar la cantidad de anticuerpos anti COVID que van generando. Luego, se compararán los resultados de todas las combinaciones para elegir la o las más efectivas. Nuestro espacio será uno de los nodos articulados por el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, y recibiremos muestras para su análisis», relató Guillermo Docena, investigador del CONICET en el Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) y uno de los responsables del laboratorio.