Brasil anunció que no renovará el acuerdo bilateral de transporte marítimo con Argentina a partir del 9 de febrero de 2022. Se trata de un tratado vigente desde 1985 y regula el comercio exterior por vía marítima entre ambos países.
(Para explicar el significado de esta importante decisión, reproducimos una columna de opinión del diplomático Roberto García Moritán):
«La decisión unilateral de Brasil de no renovar el acuerdo bilateral de transporte marítimo, que tiene germen en la Conferencia Marítima de Armadores de Argentina y Brasil de 1959 y que transporta el 80% del intercambio comercial, afecta de manera sensible los intereses marítimos argentinos.
Ese instrumento establecía que todas las cargas entre Argentina y Brasil debían ser transportadas por armadores de ambos países en el que participaban alrededor de 12 líneas argentinas y 25 brasileñas.
A partir de febrero del 2022 el transporte del comercio bilateral, que oscila en los 20 mil millones de dólares, puede optar por buques de terceras banderas. El valor de los servicios relativos al flete marítimo se estima en 1.000 millones de dólares.
La medida es preocupante por cuanto refleja la erosión de la capacidad diplomática para encarar con mayor equilibrio y lucidez un problema de interés vital para las respectivas marinas mercantes. Lamentablemente ni Buenos Aires ni Brasilia pudieron encontrar fórmulas renovadas para actualizar y hacer más eficiente un sistema de transporte marítimo bilateral que reclamaba de una nueva estrategia que tuviera en cuenta los avatares del escenario global.
El mundo del comercio por agua ya no es el mismo de 1985 como lo demuestra la crisis de las navieras occidentales en los tráficos internacionales. El acuerdo entre Argentina y Brasil, si bien era cuestionado en negociaciones de libre comercio del Mercosur con terceros países y bloques, no imponía restricciones para que cualquier armador extranjero se instale y opere como armador de Argentina y Brasil. Esa circunstancia, entre otras, demuestra que existía margen para explorar instancias menos abruptas.
La posición de Brasil se enmarca en una economía más globalizada que se entrelaza con la dinámica del poder marítimo brasileño en todas sus fases, civil y militar, que incluye el concepto que la carga de su comercio exterior le pertenece por derecho propio.
Desde hace tiempo, en distintas conferencias internacionales de fletes, Brasil lo ha dejado en claro al reservar derechos si los precios de los fletes llegaran a perjudicar su comercio exterior. La diplomacia de Itamaraty ha tenido siempre una participación preponderante en ese enfoque como en activar la preeminencia naval regional del Brasil. En 2019 la flota transportó 830 millones de toneladas (principalmente mineral de hierro, combustibles, semillas y oleaginosas).
También la actitud de Brasil puede estar vinculada con la prioridad que otorga al relacionamiento con los principales conglomerados navieros que tienen una posición dominante en el mercado mundial de fletes.
Las 25 empresas más significativas concentran el 86,4% del transporte marítimo mundial y son eje del comercio marítimo globalizado. En el 2019 alcanzó un volumen de 11 mil millones de toneladas.
En América Latina, entre Hamburg Sud, Alianca de Brasil, Sea Land y Maersk acaparan alrededor del 25% del mercado de fletes.
En este contexto, la Argentina debería definir con urgencia una estrategia integral en materia de vías navegables, puertos, marina mercante e industria naval.
Hace poco más de medio siglo la marina mercante argentina era la segunda del hemisferio, solo superada por Estados Unidos. Argentina pasó del 36% del total del mercado de fletes del comercio exterior en 1981, a 0,9% en la actualidad.
La flota fluvial, por citar otro ejemplo, solo transporta el 2% de la carga fluvial del Mercosur. La actividad naviera argentina ha quedado reducida al cabotaje marítimo ya que el transporte fluvial por la Hidrovía Paraná Paraguay está dominado por Paraguay, Brasil y Bolivia ante la falta de unidades argentinas.
Es hora de un cambio de visión geopolítica y de mayor conciencia marítima para fortalecer la soberanía estratégica del mercado de bienes y servicios.»
El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi, llegó ayer 20 de febrero a Teherán, en medio del anuncio de las autoridades de Irán de poner fin este martes 23 a las inspecciones de la OIEA en sus instalaciones nucleares.
Grossi fue recibido por el vocero de la Organización de Energía Atómica de Irán, Behrouz Kamalvandi, y el representante de la República Islámica ante el OIEA, Kazem Gharibabadi.
Se trata de la segunda visita en un año a la nación persa del director del organismo rector de la ONU para el sector nuclear. La primera tuvo lugar en agosto pasado, cuando Irán «concedió voluntariamente a la OIEA acceso a dos sitios que reclamaba. Se acordaron la fechas para el acceso y para las actividades de verificación», según el comunicado emitido entonces.
Ahora, las autoridades iraníes alertaron que a partir del martes estarán cerradas a cualquier control sus centrales e instituciones dedicadas a la fisión atómica.
Esa decisión obedece a una ley aprobada por la Asamblea Consultiva Islámica (Parlamento) que estipula suspender compromisos con el Plan Integral de Acción Conjunta o acuerdo nuclear, si el resto de los firmantes continúa sin cumplir lo sellado en ese pacto.
Previamente, el gobierno de Irán había declarado que su país volvería a regirse por los términos del acuerdo nuclear firmado en 2015 durante la presidencia de Obama, si Estados Unidos levantaba las sanciones aplicadas durante la presidencia de Trump.
Y desde el otro lado, Europa y Estados Unidos, después de cuatro años de alejamiento, afinan sus posiciones ante Irán. Los jefes de las diplomacias francesa, británica, alemana y estadounidense instaron este miércoles a Teherán a respetar las obligaciones que impone el acuerdo nuclear.
Esto facilitará que, tras la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, Washington regrese al pacto con el que Donald Trump rompió unilateralmente en 2018, según afirmaron en Europa al término de la reunión de los ministros de Exteriores europeos con el flamante secretario de Estado Antony Blinken.
Nuestro compatriota encara un «zurcido» delicado.
Rusia, uno de los mayores exportadores de trigo del mundo, planea lanzar un mecanismo de retenciones móviles a la exportación de granos el 1º de abril. Lo adelantó el ministro de Economía ruso, Maxim Reshetnikov, en una reunión con el presidente Vladimir Putin.
El mecanismo incluye un impuesto a la exportación basado en una fórmula, lo que podría cambiar los aranceles fijos que se impusieron a partir del 15 de febrero. La medida busca frenar el aumento de los precios de los alimentos en medio de la crisis del coronavirus.
«La situación en el mercado mundial de alimentos está empeorando desafortunadamente», dijo Putin, y agregó que también era necesario preparar un mecanismo para apoyar a los productores de granos.
Los precios mundiales del trigo han aumentado desde mediados de diciembre, cuando Rusia dijo que intentaría frenar las exportaciones con impuestos fijos a la exportación.
Reshetnikov no proporcionó ningún detalle sobre la fórmula, pero dijo que iba a ser un «amortiguador de precios» permanente destinado a «prevenir la transferencia de las fluctuaciones de precios globales y los altos precios globales a nuestro mercado nacional».
A partir del 1º de abril, los exportadores de cereales rusos deberán registrar sus contratos en una de las bolsas de Rusia, que luego calcularían un indicador de precio para la fórmula, agregó el ministro.
Según Reuters, la fórmula se establecería en el 70% de la diferencia entre el precio del trigo por tonelada y 200 dólares. El precio de la fórmula no sería el de cada contrato de exportación, sino el punto de referencia calculado por la Bolsa de Moscú.
Aunque otros productores de trigo como Australia tienen cosechas excelentes, Rusia juega un papel vital en el suministro global y su grano seguirá siendo necesario en la última parte de la temporada, dijo Andree Defois, presidente de la consultora Strategie Grains. Los futuros de trigo de Chicago alcanzaron el nivel más alto desde 2014 después del anuncio del gobierno ruso.
Eso ejerce una presión adicional sobre los grandes importadores como Egipto, que compra importantes cantidades de trigo a Rusia cada año porque sus precios tienden a ser más baratos que la mayoría de las otras fuentes.
Estas noticias son muy significativas para la economía argentina: por un lado, aseguran todavía mejores precios para las exportaciones de trigo que pueda hacer nuestro país. Pero también subrayan la necesidad que comparten todos los gobiernos de moderar los precios de los alimentos, en el marco de la pandemia.
La Comisión Nacional de Actividades Espaciales, CONAE, firmó un acuerdo con una empresa de Italia para brindar la información generada por los satélites SAOCOM 1A y 1B, con fines agropecuarios.
El lanzamiento del SAOCOM 1B significó un gran avance tecnológico para Argentina. Esta misión permite que el sector agropecuario pueda contar con información para la toma de decisiones.
Así, la empresa e-GEOS de Italia realizó un acuerdo con la CONAE para exportar las imágenes satelitales. En esa forma se incrementará la presencia en el exterior de la información generada por la constelación de satélites argentinos de observación de la Tierra SAOCOM.
El acuerdo se da en el marco del Sistema Ítalo-Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (SIASGE), creado por la CONAE y la Agencia Espacial Italiana (ASI). “La información brindada por los satélites del sistema SIASGE, que combina datos radar en banda L de los SAOCOM argentinos con datos en banda X de los satélites COSMO Skymed italianos, ofrece una amplia gama de aplicaciones para el sector agropecuario y la gestión de recursos naturales, como así también una mejor cobertura diaria, con datos de alta calidad y capacidades de análisis únicas”, afirmaron desde la CONAE.
“El acuerdo entre VENG S.A. con e-GEOS, líder mundial en distribución de productos y servicios satelitales, es un nuevo paso para posicionar a nivel mundial a los productos SAOCOM en el competitivo mercado de información espacial. Y reafirma la posibilidad de dar continuidad al Sistema Ítalo Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (SIASGE) con un segundo sistema, el SIASGE II, conformado por los futuros satélites SAOCOM II y Cosmo-Skymed Segunda Generación”, aseguró el director Ejecutivo y Técnico de la CONAE, Raúl Kulichevsky.
Además, destacó que esta alianza comercial ofrece una gran oportunidad para mostrar la capacidad tecnológica de alto valor agregado que posee el país. De esta manera se aumenta exponencialmente la distribución de los productos SAOCOM en el mundo.
Por su parte, el CEO de e-GEOS y director de la Línea de Negocios de Información Geográfica de Telespazio, Paolo Minciacchi, agregó: “Este acuerdo, que confirma la cooperación industrial duradera entre Italia y Argentina, enriquece aún más la oferta de datos de e-GEOS y representa una oportunidad para confirmar nuestra capacidad para construir nuevos servicios y aplicaciones combinando los datos de SAOCOM con los datos de la primera y segunda generación de satélites COSMO-SkyMed. Además, el resultado de esta colaboración puede ser mejorado y difundido a través de las subsidiarias de eGEOS en todo el mundo”.
Satélites SAOCOM
Los SAOCOM, como explicamos, entre muchas otras notas, aquí, son especialmente útiles para prevenir, monitorear, mitigar y evaluar catástrofes naturales o antrópicas. Además, el INTA participó del proyecto ya que permitirá saber cuál es el mejor momento para la siembra, fertilización y riego, en cultivos como soja, maíz, trigo y girasol.
Con el lanzamiento del SAOCOM 1B, Argentina cuenta con información de un mapa de humedad del suelo, un índice radar de vegetación, máscaras de agua, un sistema de soporte a las decisiones en la agricultura y manejo del riesgo por emergencias hidrológicas.
Ayer, viernes 19, el presidente Alberto Fernández le pidió la renuncia al ministro de Salud, Ginés González García, luego que el periodista Horacio Verbitsky revelara que accedió a la aplicación de la Sputnik V gracias a un favor que le hizo el funcionario. El presidente convocó a la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, para que lo reemplace y asuma como titular de la cartera de Salud. La especialista en vacunas jurará hoy a las 17 en la residencia de Olivos.
Toda la otra información que disponemos sobre este lamentable asunto de los «vacunados VIP» -nosotros preferimos usar el viejo término de «acomodados»- más el doble o el triple de especulaciones, ya están en los medios y en las redes sociales.
En AgendAR, que no tenemos vocación por el escándalo, no vemos la necesidad de repetir lo que aparece en todos lados. Pero sí nos parece que corresponde dejar clara nuestra posición.
Ante todo, queremos decir que respetamos y valoramos la gestión de Ginés González García. Cometió errores, por supuesto, todos lo hacemos, pero en su mayoría tuvieron que ver con un estilo expansivo e imprudente de comunicación. Es imposible acertar con todos los pronósticos, y por eso conviene que un funcionario no los haga si no es imprescindible.
Hay dos falencias en el desarrollo de su tarea más importantes que hemos señalado, con discreción, en varias de nuestras notas: una negociación poco previsora con algunos de los laboratorios más importantes. En particular hemos dicho que conseguir que AstraZeneca aceptara fabricar en Argentina la «vacuna de Oxford» ha sido un logro de Ginés y un reconocimiento a la capacidad científica argentina.
Pero debió estipularse que una parte de la producción permaneciera en el país. Envasar y rotular es una parte más fácil de la tarea.
También nos hubiera gustado, y lo dijimos, que el Ministerio de Salud dedicara más fondos a los desarrollos locales de vacunas. Por supuesto, la urgencia dictaba lo que se hizo: dedicar la mayor parte de los escasos recursos financieros a comprar las que ya están produciendo los gigantes farmacéuticos. Pero también hay que sembrar para el futuro.
Repasamos estas objeciones por honestidad intelectual, pero somos conscientes que son injustas. Porque no disminuyen el esfuerzo titánico de conducir un Ministerio de Salud en una emergencia sanitaria como no se había visto en 100 años, a la que nadie en el mundo vio venir
Al 17 de este mes Argentina tenía 391.975 personas vacunadas con la primera dosis, y 241.662 personas vacunadas con la segunda dosis de la vacuna Sputnik V. No es el mejor desempeño del mundo, pero es un logro impresionante para el aparato estatal deteriorado que tenemos. Y es en parte logro de la gestión de Ginés.
Dicho esto, que debe decirse, también hay que decir que favorecer a los amigos, familiares y aliados políticos es un hábito muy argentino -y de muchos otros pueblos, también- y no ha sucedido solamente en la gestión del ministro que debió renunciar por ello.
Pero la vacunación es, literalmente, un asunto de vida o muerte, y eso ha despertado una sensibilidad que en otros asuntos se muestra… menos alerta. En estos días, casos como éste, más graves, han estallado en Chile y en Perú, y también allí provocaron reacciones furiosas.
Quizás un resultado positivo de este escándalo es que como sociedad tengamos menos tolerancia con nuestros propios defectos.
Ahora, corresponde desearle a la Dra. Carla Vizzotti -que ya ha demostrado ser una excelente funcionaria y una buena comunicadora- suerte en su gestión. Ella, y todos nosotros, la necesitaremos.
Hace 3 semanas, era la denuncia de una ONG «Médicos Sin Fronteras»: «De un total de más de 27,2 millones de dosis de esta vacuna entregadas hasta ahora (27 de enero), los países con más recursos acumulan casi 27 millones (un 99,3%), mientras que los estados de ingresos medios solo han recibido unas 250.000 dosis (un 0,0009%) y los países en vías de desarrollo, ninguna«.
Esta semana fue la denuncia del canciller mexicano Marcelo Ebrard en las Naciones Unidas: «Los países más ricos del mundo acaparan el acceso a las vacunas anticovid». Fue en un llamado a «revertir la injusticia (…) porque de ello depende la seguridad de toda la humanidad».
«Nunca habíamos visto una división tan profunda que afectase a tantos en tan poco tiempo», dijo Ebrard en una videoconferencia virtual del Consejo de Seguridad de la ONU, que discutió el miércoles el acceso a la vacunación contra el covid.
«Urge actuar y de ahí lo oportuno de esta sesión para revertir la injusticia que se esta cometiendo porque de ello depende la seguridad de toda la humanidad», afirmó.
El canciller mexicano señaló que el mecanismo COVAX impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para garantizar el acceso universal a la vacuna «ha resultado insuficiente» y no ha distribuido vacunas hasta el momento.
«El escenario que queríamos evitar desgraciadamente se está confirmando (…) Instamos a los países a evitar el acaparamiento de vacunas y a acelerar las primeras etapas de las entregas de COVAX, privilegiar la distribución a países de menores recursos», indicó.
Tres cuartas partes de las primeras dosis de vacunas administradas en el mundo se concentran en apenas 10 países que representan el 60% del PIB global, dijo el canciller citando datos de la OMS.
Según Ebrard, algunos estudios muestran que si se mantiene la actual tendencia, los países de menores recursos no obtendrán un acceso generalizado a la vacuna hasta mediados de 2023.
El acceso universal y equitativo a la vacuna anticovid «es el principal reto que enfrentamos y es también, de no resolverse, el principal riesgo para la seguridad de la humanidad y para el prestigio de la acción multilateral en nuestro tiempo», afirmó el canciller en nombre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, que México actualmente preside.
Con unos 176.000 fallecidos debido a la pandemia, México -de 126 millones de habitantes- es el tercer país más enlutado del mundo por el covid-19 en números absolutos después de Estados Unidos y Brasil.
Ebrard dijo que México es uno de los pocos países con acceso a vacunas y recordó que alcanzó junto con Argentina un acuerdo con el laboratorio anglo-sueco AstraZeneca para producirlas, envasarlas y distribuirlas en la región. Agradeció también a la Unión Europea, India y China que le han enviado vacunas.
«Pero tenemos que ver por todos los demás y los que tenemos posibilidades tenemos que ser solidarios con los que no las tienen».
Hace unas horas el presidente de Francia, Emmanuel Macron, pidió que Europa y Estados Unidos suministren hasta 5% de sus reservas de vacunas contra COVID-19 a los países en desarrollo.
El jefe de Estado francés señaló que algunos países de África están comprando vacunas occidentales, como la de AstraZeneca, a «precios astronómicos», dos o tres veces más de lo que pagan los europeos, y están recibiendo ofertas por preparados chinos y rusos.
«Es una aceleración sin precedentes de la desigualdad global y es además políticamente insostenible, porque está preparando el camino para una guerra de influencias sobre las vacunas».
Con la mirada que trata de ser realista de AgendAR, vemos que está visible la puja geopolítica, y también la preocupación que se expresa en estos llamamientos y en otros que ya hemos publicado aquí.
En las decisiones políticas, sobre todo en las decisiones de política internacional, rara vez las consideraciones humanitarias son el factor decisivo. Pero es posible lograr que sean menos miopes y autodestructivas.
Es una afirmación de Adar Poonawalla, director del Serum Institute, el mayor fabricante de vacunas anti-Covid del mundo.
De su línea de producción ya está saliendo la vacuna de Oxford /AstraZeneca (por ejemplo: el lote de 580.000 dosis de Covishield que llegó hace una semana a nuestro país).
Su compañía ya produce 70 millones de dosis al mes de la vacuna de AstraZeneca. Pero tiene acuerdos con otras tres farmacéuticas y es el principal suministrador de Covax, el programa para los países de menor ingresos.
¿Alguna vez imaginó que fabricaría vacunas para una pandemia global?
Nadie desea una pandemia, pero casi se puede decir que fuimos creados para una. Producimos 1.500 millones de dosis de vacunas al año para unos 170 países de ingresos bajos y medios. Es cierto que nunca imaginamos que el mundo entero dependiera tanto de nosotros, pero nadie más tiene la capacidad que tenemos nosotros para ampliar la producción.
Dedicamos unos 1.000 empleados al programa y aplazamos durante dos o tres años los lanzamientos de productos previstos para 2020 para poder usar las instalaciones que se les habían asignado. Luego fue cuestión de equipar y validar esas instalaciones, un proceso que completamos en un tiempo récord.
En agosto ya estábamos fabricando y almacenando una vacuna que, según nuestras estimaciones, se aprobaría en diciembre. Las primeras dosis se enviaron en enero y hasta la fecha hemos entregado 30 millones.
¿Cuándo alcanzarán su capacidad máxima?
Ahora mismo nuestra producción es de unos 70 millones de dosis al mes. A finales de marzo, cuando tengamos en funcionamiento una tercera instalación COVID-19, estaremos en 100 millones. Si conseguimos optimizar nuestros procesos, cuando termine el año podría ser mayor.
Entre otros, somos proveedores del mecanismo Covax, creado para distribuir de forma equitativa en todo el mundo las vacunas contra la COVID-19, cuyo objetivo es enviar 2.000 millones de dosis antes de que termine 2021. Siendo realistas, eso podría llevar hasta 18 meses porque, si tenemos suerte, para finales de año habremos producido 400 millones de dosis.
Si hubiera que adaptar las vacunas a las variantes emergentes, ¿en qué medida se complicarían las cosas?
Ahora que los procesos ya están en marcha sería sencillo. Tenemos el cultivo del virus en células vivas, por lo que solo tendríamos que cambiar la copia maestra del clon, el virus con el que infectamos esas células, para que entonces se propague por ellas. Tardaríamos entre dos y tres meses en empezar a producir la nueva vacuna a pleno rendimiento.
Hay quienes piensan que la lentitud en la distribución de la vacuna se debe a que los desarrolladores dueños de las patentes han otorgado licencias a pocos fabricantes, ¿está de acuerdo?
No. Hay suficientes fabricantes, lo que pasa es que para ampliar la producción hace falta tiempo. Y por cierto, este año me ha sorprendido la cooperación entre el sector público y el privado para el desarrollo de estas vacunas.
Lo que me parece realmente frustrante es la falta de armonización regulatoria mundial, que ha supuesto un retraso de varios meses en la distribución de las vacunas, y no solo de las nuestras. ¿Qué han estado haciendo los reguladores estadounidenses, británicos y europeos en los últimos siete meses, mientras yo estaba ocupado fabricando vacunas? ¿Habría sido tan difícil reunirse con la Organización Mundial de la Salud y ponerse de acuerdo en que la aprobación de una vacuna en la media docena de países fabricantes más importantes fuera una aprobación para enviarla a cualquier parte del planeta?
En vez de eso hay un mosaico de aprobaciones y yo tengo 70 millones de dosis que no puedo enviar porque han sido adquiridas pero no aprobadas. Su vida útil es de seis meses y estas caducan en abril.
(Este lunes la OMS incluyó en su lista de uso en emergencias dos versiones de la vacuna de la Universidad de Oxford y AstraZeneca, una de ellas la fabricada por el Serum Institute).
¿Qué piensa cuando ve que los países ricos se pelean por el suministro de la vacuna?
Creo que los fabricantes prometieron demasiado y no gestionaron bien las expectativas. Yo, en mi compromiso, hice una estimación a la baja. Dije que haría 50 millones de dosis desde el primer día. Creo que todo esto podría haberse evitado si todos los fabricantes hubieran dicho: «No esperen grandes volúmenes hasta mayo o junio».
¿El COVID-19 va a cambiar para siempre la forma de fabricar las vacunas?
Sí. Casi todos los países quieren tener fabricación local para no volver a enfrentarse con otros para asegurarse las vacunas. Puede que no todos lo consigan, pero por ahora parece que la voluntad política y el dinero están ahí. Muchas farmacéuticas y fabricantes de genéricos también se han dado cuenta de que hay espacio para nuevos actores en el sector de las vacunas. Mi pronóstico es que en los próximos cinco años el panorama se va a transformar.
Ford ha decidido adaptarse a los requerimientos del mercado europeo, y apuesta por los autos eléctricos, y por hacer crecer y electrificar su división de vehículos comerciales.
La compañía se ha comprometido a que, para mediados de 2026, el cien por cien de su gama de autos europeos tendrá una versión cero emisiones -con modelos bien puramente eléctricos, bien híbridos enchufables-; y para 2030, será completamente eléctrica.
También seguirá el mismo camino su gama de vehículos comerciales
Ford contará con versiones cero emisiones -eléctricas puras o híbridas enchufables- en 2024. En 2030, se espera que dos tercios de las ventas de vehículos comerciales Ford sean eléctricas puras o híbridas enchufables.
Ford ha comunicado esto tras informar, en el cuarto trimestre de 2020, de que la rentabilidad había vuelto a sus operaciones en Europa y anunciar una importante inversión global en electrificación.
Según sus directivos, a escala mundial, de aquí a 2025 iba a destinar al menos 22.00 millones de dólares a la electrificación; casi el doble de la inversión que la marca había anunciado previamente. “Hemos reestructurado con éxito Ford Europa y hemos vuelto a la rentabilidad en el cuarto trimestre de 2020. Ahora aceleramos hacia un futuro totalmente eléctrico en Europa, con nuevos vehículos”, dijo Stuart Rowley, presidente de Ford Europa.
Inversiones para la electrificación
Una nueva inversión de 1.000 millones de dólares es el primer paso en el camino de Ford hacia un futuro totalmente eléctrico; su fin es modernizar las instalaciones de ensamblaje de vehículos de Colonia, Alemania -uno de sus mayores centros de fabricación de Europa y sede de Ford Europa-. Esta inversión transformará las actuales operaciones de ensamblaje de vehículos en el Ford Cologne Electrification Center (“Centro de Electrificación de Ford Colonia”) para la fabricación de vehículos eléctricos; la primera instalación de este tipo que tendrá Ford en Europa.
ATENTO VOYAGER II, AQUÍ LA TIERRA
Desde el 14 de Septiembre del año pasado sabemos que el Voyager II nos oye e incluso nos escucha (es decir, nos oye y además entiende nuestras indicaciones). Este viernes 19 de Febrero de 2021 sabremos si esta nave increíble nos sigue haciendo caso, o si debemos resignarnos a que se nos muera.
El 25 de Enero del año pasado esta sonda cósmica se autodiagnosticó una falla y automáticamente apagó sus últimos 2 sensores activos para conservar energía. Había salido de la Tierra con 11 instrumentos funcionando joya, pero eso fue hace 44 años. Existía la URSS pero no la Internet, y tal vez Ud. tampoco, lector.
A medida que ambas sondas Voyager excedían su vida útil máxima planificada de 12 años y algunos sensores iban perdiendo utilidad, hubo que irlos apagando para conservar las termocuplas de las 3 baterías de plutonio 238. Cada año que pasa, éstas pierden 4 vatios de potencia. No hay placas fotovoltaicas en las Voyager: no servirían de nada en la oscuridad por la cual navegan ambos vehículos, para los cuales nuestro Sol es otra estrella más, de puro chiquita y lejana.
La primera erupción volcánica extraterrestre detectada en Io, una de las 89 lunas de Júpiter.
Y en plan de ahorro se empezó por las cámaras que en su momento sacaron tan espléndidas fotos de los planetas gaseosos, y luego de los exteriores y de algunas de sus lunas, todas ellas bastante más interesantes que los planetas en sí, desde el punto de vista de la exobiología. Lectores, los Voyager nos rompieron la cabeza.
Gracias a esas cámaras sabemos que Io, una de las 89 lunas de Júpiter, tiene vulcanismo activo, con 2 volcanes fotografiados “in fraganti” escupiendo nubarrones de dióxido de azufre y lava basáltica, muy al estilo terrestre, como se puede ver aquí. Titán, la mayor de las lunas jovianas, bajo una atmósfera rojiza de amoníaco esconde mares de metano y otros hidrocarburos líquidos; y sepultados en roca, muy debajo de tales océanos de gas licuado y nafta, hay otros mares, pero de agua y amoníaco, que disparan geysers. Titán tiene más acción que Las Vegas.
Europa, Ganímedes, Calisto son tres más de las 89 lunas jovianas con mares acuosos bajo gruesísimas corazas de hielo, así como Encélado, Dione y Rhea, 3 lunas de las 90 de Saturno. Todas ellas parecen también encerrar mares.
Y es el caso también de Titania y Oberón, 2 de las lunas de Urano, y por último, el de Tritón, esa loca y enorme luna de hielo rojo medio parecida a Plutón, y que gira a contramano de la rotación del 8vo y último planeta verdadero, Neptuno. El mentado Tritón, satélite neptuniano, también tiene criovolcanes activos. Desde algún océano subglacial invisible escupen agua con amoníaco a 160 km. de altura: podrían derribar a un satélite artificial, cuando instalemos alguno allí.
Las cámaras de los Voyager nos dieron todas estas primeras sorpresas en vivo y directo. Nos dijeron adónde debíamos apuntar otras cámaras espaciales que se construyeron después, como las del observatorio orbital Hubble, que subió a órbita baja terrestre 13 años tras la partida de los Voyager. O las de la misión New Horizons, lanzada hacia ese suburbio último del Sistema Solar, la Nube de Oort, que despegó de Cabo Cañaveral 39 años después de los Voyager.
Resultaría raro pero no imposible que, cavando bajo el cascajo marciano, (tarea en los próximos días a cargo del rover Perseverance), nos encontremos con alguna que otra bacteria extremófila de bajo metabolismo. Ese bicho sería un lerdo relicto de aquel Marte rumboso de hace 3000 millones de años, con núcleo activo, campo magnético, tectónica de placas, mares, vulcanismo poderoso, una atmósfera de densidad decente e incluso, tal vez, una biosfera: casi una Tierra chiquita y fugaz. Pero pinta que todo eso desapareció. Si el árido y helado Marte de hoy tuviera un slogan político, podría ser: “Dicen que soy aburrido”.
Lo que nos enseñaron los Voyager es que si queremos encontrar ecosistemas acuosos vivos HOY deberíamos mitigar un poco nuestra obsesión marciana, y mandar robots mucho más poderosos, naves madre con inteligencia artificial, que perforen pozos inmensos en el hielo lunar de los planetas gigantes y externos, y luego pongan a navegar “drones” por esas aguas oscuras. Probablemente son los sitios menos aburridos del Sistema Solar, después de la Tierra, dicho con ánimo de pesca. Olvídese del Loch Ness.
Los Voyager, estimadas/os, nos dieron vuelta el mate. Nos pasaron el primer indicio de que los mares en otros mundos tal vez sean cosas de lo más comunes en nuestro Sistema, y entonces ¿por qué no también en el resto del Universo?
En la nueva visión que nos dieron ambos Voyager, los planetas gaseosos gigantes son verdaderos sistemas solares en miniatura. Como tales, tienen decenas de lunas que generan calor profundo en sus corazones de roca, debido a la palpitación (sístole compresiva, diástole expansiva) que dichos satélites ejercen gravitacionalmente unos sobre otros al encontrarse y desencontrarse en sus órbitas.
Las grandes lunas de hielo parecen tener esa fuente gravitacional de energía térmica. Y éste calor, además del evidente vulcanismo, podría originar vida sin fotosíntesis solar en lo profundo. No hay que inventar nada, podría parecerse a esas bacterias extremófilas terrestres que viven oxidando sulfuros en el terrible calor geológico de las termas abisales, en las cordilleras dorsales oceánicas, a 2000 o 3000 metros de profundidad.
El calor de algunas lunas no sólo mantiene líquida el agua bajo el hielo, sino que origina criovolcanes. Fueron fotografiados en incontestable erupción en Titán, Encélado y Tritón por los Voyager. Constan en actas. Los materiales para construir vida extraterrestre están ahí en las lunas, y la energía también.
¿Se entiende por qué algunos viejos “groupies” queremos a los Voyager como a los Beatles y a Gardel? Porque, como los mentados, nos cambiaron el paradigma. Sus cámaras nos forzaron a sopapos a hacernos las preguntas correctas: ¿la vida, entonces, es un fenómeno rarísimo o banal?
¿Che, no será incluso inevitable?
Ambas sondas Voyager hace tiempo que están fuera de la frontera radiológica del Sistema Solar, la heliopausa, donde el viento solar lucha contra el viento galáctico. Hoy sabremos si la nave número 2 seguirá viva, y por cuánto tiempo.
Se necesita una velocidad de escape de 11 km/s para salir de la Tierra, pero para escapar del Sol, cuya masa es 300.000 veces mayor, la velocidad no la busques, lector/a, en ningún propulsor químico. Sólo te la va a dar el brutal campo gravitatorio de –pongamos- Júpiter. Te zambullís en ese pozo de gravedad y el planeta te acelera en la caída, pero en lugar de embestirlo le pasás de refilón y salís de la picada disparado en la dirección que elijas, sólo que con una velocidad mucho mayor.
Es lo que hicieron los Voyager, y lo hicieron más de una vez. Aprovecharon una alineación insólita de planetas que se da una vez cada 184 años, y que les permitió ir saltando de uno en otro como va Tarzán, columpiándose de liana en liana.
La gravedad del Sol, en cambio, siempre te bolea las patas, te tira hacia adentro del Sistema Solar, no quiere dejarte ir, va limando cada acelerón gravitatorio que supiste conseguír a lo Tarzán. Pero las «gravity gains» se pueden haber acumulado, mal que mal, y los últimos saltos, si los hiciste lo que se dice bien, te pueden dar velocidad de escape para salir de los límites radiológicos del Sistema Solar. El Voyager II los cruzó en 2018, viajando a 15,4 km/s y el #1 los traspasó antes, en 2012 y a 17 km/s. Chau, Sol.
Tras volar en tándem sobre trayectorias casi idénticas en sus primeros 22 años, las naves II y I separaron sus rumbos en Neptuno, el último planeta, en 1996.
El Voyager I pasó sobre el Polo Sur neptuniano y salió como escupido en ascenso de 35º por sobre la eclíptica, el plano de giro de la parte planetaria del Sistema Solar. Por ello la telemetría, comunicaciones, comando y control (TC3) con el Voyager I (que técnicamente ya no da para mucho), se hace desde dos enormes antenas de 70 metros de diámetro de la NASA, una en California y otra en Madrid. Son parte de la red DSN (por Deep Space Network, o del espacio profundo). Con ella la NASA controla casi todos sus activos en vuelo por el Sistema Solar. Salvo uno.
Aquel año 1996 se venía muriendo de una leucemia uno de los inspiradores de esa misión doble (y antes de las misiones Viking a Marte, y luego de la Galileo a Júpiter). Hablo del planetólogo, divulgador y poeta Carl Sagan.
Es difícil explicarle Sagan a un milennial: a fines de los ’70, su serie de divulgación “Cosmos”, por televisión abierta, tuvo 500 millones de fieles en 60 países cada viernes. Es más o menos lo que habían juntado –y una única vez- Neil Armstrong y Buzz Aldrin el día que descendieron en la Luna, en la década anterior. Hay gente que siguió carreras científicas por Sagan, y algunos a los que no nos daba el mate para tanto, nos hicimos divulgadores.
A pedido de don Carl, el Voyager 1 recibió la orden de girar sus cámaras para fotografiar por última vez la Tierra, ya entonces tan lejana que en la imagen ocupa un único pixel.
Carl Sagan, 1933-1996.
Fue con esa foto a la vista que Sagan escribió y grabó, con su tranquilo vozarrón de barítono, “The Pale Blue Dot”(el pálido punto azul). Es la reflexión más bella, lacónica y sincera producida por la astronáutica. Pese a la música pegajosa que le untó encima la NASA (esa agencia publicitaria con un programa espacial adjunto), vale la pena escuchar esas palabras:
Mientras Sagan se hacía famoso por última vez, el Voyager II pasó sobre el Polo Norte de Neptuno y se zambulló en una picada de 48º de inclinación bajo la eclíptica, para tomar imágenes muy impactantes de Tritón. Por eso es que hoy para tener TC3 de esa nave dependemos de la única antena como Dios manda de la Deep Space Network que la NASA se dignó ubicar en el Hemisferio Sur, la DSN43.
Las sorprendentes texturas topográficas de Tritón, satélite de Neptuno.
Esa antena de 70 metros de diámetro está en Canberra, Australia, es viejísima (47 años) y entró en reparaciones y repotenciación en marzo de 2020. Lo hizo justo a tiempo para que el Voyager se quedara sin instrucciones durante 7 meses, haciendo lo poco que ya hacía. Cundió la pandemia y Australia, con pocos enfermos pero intenso intercambio comercial y de personas y virus con China, se cerró como una almeja.
De los 30 supervisores de la NASA que ya partían para Canberra con las camisas arremangadas y escupiéndose las palmas de las manos, sólo se permitió el ingreso de 4. Así las cosas, la DSN43 se atrasó muchísmo en su “revamping” y vuelve oficialmente a la vida HOY.
¿Qué significa eso para el club de fans de la Voyager II?
La antena Deep Space Network 43 de Canberra, Australia, única en el Hemisferio Sur capaz de hacer contacto de ida y vuelta con la Voyager II.
Esta frágil nave ha seguido emitiendo telemetría esos 7 meses en forma automática, certifican otras antenas menores de la DSN en Australia. Pero una colgadura de sistemas a bordo la hizo apagar automáticamente la calefacción de sus últimos sensores activos, para conservar baterías.
En Octubre de 2020 se pudo usar el la DSN43 para preguntarle a doña Voyager II hasta qué punto sigue viva, y lo estaba, bien gracias, ¿y por casa? Hoy seguramente la NASA está ensayando si ese maquinón geriátrico, a 18.000 millones de kilómetros de nosotros, está en condiciones no sólo de escuchar sino de seguir, todavía, un par de instrucciones. Reencender algunos sensores, tal vez. O corregir su posición.
A su venerable edad de 44 años, cada componente del Voyager II traspasó ene veces su duración máxima estimada. 5 de los 11 sensores estaban prendidos y muy atentos cuando el vehículo atravesó la heliopausa, el límite entre el ambiente radiológicamente solar y el propiamente interestelar.
Pero aunque la vida de la Voyager II ha consistido en darnos sorpresas, ya no se esperan grandes efemérides. Casi todos los sensores entre ellos las cámaras- ya no se calefaccionan más para amarrocar electricidad, y como la nave viaja por el espacio interestelar, a 3 grados Kelvin (es decir a -270º Celsius), pueden haberse congelado. Y entonces andá a resucitarlos.
Y es que nadie diseñó los Voyager para llegar tan lejos. Si la II sigue viva, su robustez es consecuencia de su simplicidad. Es más invencible que un Rastrojero. Es tan obsoleta que toda su memoria RAM suma 67 mega, 200.000 veces menos que la de un celular cheto 5G.
La idea original de Sagan y de todo el equipo era pispear Júpiter y Saturno, y su ruta. Cuando pasado Saturno se vio que ambos vehículos seguían técnicamente joya, se tomó la decisión de estirar la misión hasta Urano, Neptuno y después vemos. Hasta ahí, la misión era planetológica. Pero como estos vehículos, nada impresionantes con sus flacos 734 kilos de masa, llegaron a Neptuno en absoluto plan de «no me muero más», la muchachada a cargo de las misiones planetarias decidió jugarse a lo grande y, usando el trampolín gravitatorio de Neptuno, directamente sacarlos del Sistema Solar.
Hoy son sondas interestelares que no van a ningún lugar preciso, pero muestran el medio ambiente radiológico galáctico, el espacio tal como es por fuera del paraguas físico de la heliopausa. Y a fuerza de rayos cósmicos emitidos por estrellas que explotaron, es aún mucho más brutal que el espacio interplanetario. Toda idea de astronáutica interestelar, hermanas y hermanos criados leyendo a Isaac Asimov, Stanislaw Lem, Úrsula K. Le Guin y Cordwainer Smith, es incompatible con la fisiología humana.
Como en esta tercera y casi inesperada parte extrasolar de su misión a la nave le toca detectar velocidad, energía y dirección de partículas cargadas y de campos magnéticos, con 2 sensores “ad hoc” alcanza para esta tarea. Las cámaras no sirven, al no haber ya nada corpóreo qué fotografiar.
Pero lo esencial ahora que se reanuda contacto con la nave no es tanto la carga útil como la plataforma de servicios, en especial los 16 “thrusters”, minicohetes propulsores químicos de hidrazina. Cada tanto hay que dispararlos unas milésimas de segundo para conservar la “actitud” de la nave y el perfecto alineamiento de la antena del Voyager II con la DSN43 de Canberra. Pero los thrusters se han venido deteriorando, y hay que ver si aún disparan y con qué grado de control.
La puntería es importante, como le recordaba Guillermo Tell a su hijo (y viceversa).
La pequeña antena de 2,70 metros de diámetro del Voyager emite con apenas 20 vatios, la potencia de una lamparita de heladera.
A 18.000 mil millones de kilómetros, en Canberra esa señal se recibe 17,35 minutos después con una potencia de 0,000.000.000.000.000.000.001 vatios, y hay que diferenciarla del estrépito de fondo producido por millones de otras fuentes naturales de ondas de radio, llenas de sonido y furia pero carentes de significado, al decir de otro Guillermo, don Will Shakespeare.
Descifrar los susurros del Voyager no requieren del tamaño y potencia gigantescas de la DSN43: lo hacen antenas mucho menores. Pero la operación contraria, emitir desde Tierra una señal que la antenita parabólica del Voyager pueda diferenciar de la incoherente cháchara de fondo para luego interpretar las órdenes, eso requiere de una potencia de salida tremenda.
En las películas malas, los vehículos espaciales andan con los propulsores activados al taco todo el tiempo, como si fueran aviones de combate. La realidad de los satélites y sondas es otra, y máxime si para impulsarse usan propelentes líquidos viejos y setentosos, como la hidrazina y el tetróxido de nitrógeno.
Satélites y sondas usan esos propelentes de un modo entre amarrete y miserable, con maniobras minúsculas premeditadas, discutidas y calculadas en equipo durante semanas, porque las existencias de líquidos a bordo son limitadas. El día que se agotan se pierde definitivamente el contacto de la nave con las antenas terrestres, y no habiendo estación de servicio para recargas, esa sonda queda dando tumbos a la deriva.
Si tal va a ser el destino de la Voyager II, tal vez nos enteremos hoy. Todavía tendrá potencia en sus baterías de plutonio para seguir midiendo hasta bien entrado el año 2167 los parámetros del viento de partículas que sopla por la galaxia: contra todo pronóstico, los sensores aparentemente aguantarían. Pero funcionalmente para nosotros, los terrestres, la Voyager II habrá muerto y jamás nos enteraremos de que sigue viva y repartiendo informes de la meteorología de la Vía Láctea, misión a la que llegó por puro «y ya que estamos», y para lo cual nunca fue diseñada.
Se volverá una sonda zombie.
Si es así, habremos perdido uno de los robots más sorprendentes, aguantadores, revolucionarios y queridos de la historia. Al menos, para quienes seguimos sus hazañas desde… ¿1977? Joder, cómo se va la vida.
Una guía hecha por investigadores de la salud establece puntos clave para mantener la ventilación de forma continua, no sólo entre clases.
Ventilación permanente, cruzada y distribuida, lo más abierto posible todo y ayudarse con ventiladores son sólo algunos de los consejos que figuran en la «Guía práctica para ventilar manualmente la escuela» elaborada por la Red de Investigadoras e Investigadores de la Salud (RAIIS) de cara al inicio de clases en el contexto de la pandemia por coronavirus.
«El objetivo de esta guía es que se comprenda la importancia de la ventilación y cómo debería ser en un contexto de referencia», afirma una de las redactoras, la doctora Natalia Rubinstein, docente en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA e investigadora del Conicet.
La Guía (que puede bajarse de las redes sociales de RAIIS @RAIIS_ARG) establece seis puntos clave: «mantener la ventilación de forma continua y no sólo entre clases»; «si hay que interrumpir la ventilación hacerlo por pocos minutos», y «siempre es conveniente abrir lo máximo posible, sobre todo los días con poco viento», son algunos de los consejos.
Además, se recomienda una «ventilación cruzada, distribuida y constante», esto es por ejemplo, «abrir ventanas y puertas de paredes opuestas (en caso de que existieran) y, en lugar de abrir mucho una ventana, repartir la misma abertura entre el mayor número de puntos posible (por ejemplo, es mucho mejor abrir 10 cm en 8 ventanas que 80 cm en una sola).
El quinto consejo es verificar que los pasillos también estén bien ventilados, «porque esto puede influir mucho en la ventilación de las aulas».
También se menciona que «se puede reforzar la ventilación usando ventiladores de techo o de pared en dirección hacia la ventana (que ayuden a mover el aire hacia afuera)».
«Sabemos que no todas las aulas tienen ventanas y puertas en paredes opuestas, incluso hay aulas con pocas ventanas o ninguna. Aún en estos contextos, cada apertura de puerta y ventana contribuye a ventilar«, señaló Rubinstein.
Y añadió: «La guía sirve para comprender la relevancia de la acción de renovar el aire en términos de la disminución del riesgo de contagio, de usar espacios ventilados, cómo ventilarlos y por que en base a evidencia científica».
En este contexto, la RAIIS publicará en breve una historieta con la información adaptada directamente a las y los estudiantes: «La idea es que la ventilación del aula sea una tarea colectiva y que además la información sea llevada a casa para llegar a más lugares con las recomendaciones», indicó Rubinstein.
Una ventilación correcta es clave en la prevención del contagio de Covid-19 por acumulación de aerosoles, esas neblinas invisibles de fluido respiratorio que emitimos al respirar, hablar, gritar, cantar.
«En caso de que una persona esté contagiada, estas gotitas pueden contener el virus e infectar a los que comparten el mismo aire. Al ser tan pequeñas pueden permanecer flotando en el ambiente incluso durante horas, comportándose como el humo de cigarrillo que podemos oler aun cuando no vemos a la persona que está fumando (o incluso esa persona ya abandonó la habitación)», explica la guía.
Un buen indicador para determinar que un espacio está bien ventilado es la medición del dióxido de carbono: «Al respirar, junto con los aerosoles, las personas exhalamos dióxido de carbono (CO2), por lo que la acumulación de este gas es un muy buen indicador de la acumulación de aerosoles (que pueden ser infectivos si hay alguien en periodo de contagio en el aula)», describe el documento.
Aquí AgendAR recuerda a la comunidad educativa que, como publicamos el 5 de este mes, la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR) acaba de desarrollar medidores de C02 capaces de dar alarmas de acumulación de este gas en las aulas.
La guía añade que «al aire libre se observan 400 ppm (partes por millón) de CO2 En un espacio cerrado o mal ventilado el CO2 se acumula dependiendo del número de personas, la actividad que están realizando y el tamaño del espacio».
Expertos en aerosoles y ventilación recomiendan que la concentración de CO2 debería mantenerse por debajo de las 800 ppm
«Idealmente se recomienda monitoreo de CO2 continuo (…). En caso de no poder acceder a un sensor de CO2 de manera permanente, se recomienda hacer la medición regularmente (por ejemplo, cada 3 días) o cuando cambia el número de alumnos en el aula o el tipo de actividad», se especifica.
Un punto importante es que la ventilación no reemplaza otras medidas de cuidado como uso de barbijo y distancia, sino que se suma.
Finalmente, el documento recomienda que «Si la ventilación lograda abriendo puertas y ventanas, prendiendo ventiladores que ayuden a mover el aire, no es suficiente, se debe suspender la actividad en el aula. Como alternativa, si bien es costosa, se pueden utilizar filtros HEPA, pero las especificaciones requieren de asesoramiento técnico especializado».
Participaron de la elaboración de este manual los investigadores de Conicet Jorge Aliaga (secretario de Planeamiento y Evaluación de la Universidad Nacional de Hurlingham); Sandra Cordo (del laboratorio de Virología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA) y Rodrigo Castro (del Instituto de Ciencias de la Computación (ICC), director del Laboratorio de Simulación de Eventos Discretos de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA).
De la RAIIS también forman parte la infectóloga Florencia Cahn (de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología), María Eugenia Utgés (del Centro Nacional de Diagnóstico e Investigación de Endemo-epidemias del ANLIS-Malbrán) y Mariano Pérez Filgueira (del INTA-CONICET).