Quiénes están exceptuados de la cuarentena

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El artículo 6° del Decreto de Necesidad y Urgencia 297 «aislamiento social preventivo y obligatorio» del 19 de marzo de 2020 dispone 24 clases de actividades esenciales: Quedan exceptuadas del cumplimiento del “aislamiento social, preventivo y obligatorio” y de la prohibición de circular, las personas afectadas a las actividades y servicios declarados esenciales en la emergencia, según se detalla a continuación, y sus desplazamientos deberán limitarse al estricto cumplimiento de esas actividades y servicios:
  1. Personal de Salud, Fuerzas de seguridad, Fuerzas Armadas, actividad migratoria, servicio meteorológico nacional, bomberos y control de tráfico aéreo.
  2. Autoridades superiores de los gobiernos nacional, provinciales, municipales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Trabajadores y trabajadoras del sector público nacional, provincial, municipal y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, convocados para garantizar actividades esenciales requeridas por las respectivas autoridades.
  3. Personal de los servicios de justicia de turno, conforme establezcan las autoridades competentes.
  4. Personal diplomático y consular extranjero acreditado ante el gobierno argentino, en el marco de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y la Convención de Viena de 1963 sobre Relaciones Consulares y al personal de los organismos internacionales acreditados ante el gobierno argentino, de la Cruz Roja y Cascos Blancos.
  5. Personas que deban asistir a otras con discapacidad; familiares que necesiten asistencia; a personas mayores; a niños, a niñas y a adolescentes.
  6. Personas que deban atender una situación de fuerza mayor.
  7. Personas afectadas a la realización de servicios funerarios, entierros y cremaciones. En tal marco, no se autorizan actividades que signifiquen reunión de personas.
  8. Personas afectadas a la atención de comedores escolares, comunitarios y merenderos.
  9. Personal que se desempeña en los servicios de comunicación audiovisuales, radiales y gráficos.
  10. Personal afectado a obra pública.
  11. Supermercados mayoristas y minoristas y comercios minoristas de proximidad. Farmacias. Ferreterías. Veterinarias. Provisión de garrafas.
  12. Industrias de alimentación, su cadena productiva e insumos; de higiene personal y limpieza; de equipamiento médico, medicamentos, vacunas y otros insumos sanitarios.
  13. Actividades vinculadas con la producción, distribución y comercialización agropecuaria y de pesca.
  14. Actividades de telecomunicaciones, internet fija y móvil y servicios digitales.
  15. Actividades impostergables vinculadas con el comercio exterior.
  16. Recolección, transporte y tratamiento de residuos sólidos urbanos, peligrosos y patogénicos.
  17. Mantenimiento de los servicios básicos (agua, electricidad, gas, comunicaciones, etc.) y atención de emergencias.
  18. Transporte público de pasajeros, transporte de mercaderías, petróleo, combustibles y GLP.
  19. Reparto a domicilio de alimentos, medicamentos, productos de higiene, de limpieza y otros insumos de necesidad.
  20. Servicios de lavandería.
  21. Servicios postales y de distribución de paquetería.
  22. Servicios esenciales de vigilancia, limpieza y guardia.
  23. Guardias mínimas que aseguren la operación y mantenimiento de Yacimientos de Petróleo y Gas, plantas de tratamiento y/o refinación de Petróleo y gas, transporte y distribución de energía eléctrica, combustibles líquidos, petróleo y gas, estaciones expendedoras de combustibles y generadores de energía eléctrica.
  24. Sociedad del Estado Casa de Moneda, servicios de cajeros automáticos, transporte de caudales y todas aquellas actividades que el Banco Central de la República Argentina disponga imprescindibles para garantizar el funcionamiento del sistema de pagos.

Trump dará dinero a los ciudadanos. El plan de un trillón de dólares

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(Siempre se dijo que el peligro de muerte convierte a los ateos en creyentes. Hoy transformaría a los neoliberales en keynesianos. No podemos asegurarlo, pero aclaramos que en en título de esta nota no hay error. En Washington hablan de un Trillion, un millón de millones de dólares. En nuestra notación, sería un billón. Pero así es más claro). La Casa Blanca negocia con el Congreso de los Estados Unidos un macroprograma de ayudas para luchar contra el virus que incluirá la entrega directa de efectivo a los ciudadanos para sostener la economía. Es año electoral y el mejor aliado del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está prácticamente amortizado. La pandemia del coronavirus ha frenado en seco el crecimiento económico, chocando de lleno con sus planes de campaña y debilitando sus chances de ser reelegido para un segundo mandato. Pero el Donald no está dispuesto a ceder ante una crisis de emergencia sanitaria de consecuencias devastadoras en todo el mundo. La Casa Blanca ha comenzado a discutir públicamente con el Congreso un plan de choque que incluye la entrega de dinero en efectivo a los ciudadanos para sostener el consumo y evitar el colapso total de la economía. El gasto privado supone dos terceras partes de la riqueza de un país que, con toda probabilidad, entrará en recesión técnica en el segundo trimestre del ejercicio. El plan podría situarse entre 1 y 1,2 billones (trillions) de dólares, adelantó Bloomberg. Steven Mnuchin, secretario del Tesoro dijo que el objetivo es «estar seguros de que los americanos reciben dinero en sus bolsillos rápidamente y los negocios tienen acceso a créditos». El programa incluye un paquete de 50.000 millones de dólares para hacer frente al debilitado sector aéreo, que ha visto cortada prácticamente toda su actividad ante el cierre de fronteras de decenas de países. «Estamos estudiando enviar cheques a los estadounidenses de manera inmediata. Los estadounidenses necesitan efectivo ahora», ha dicho Mnuchin. El plan podría implicar el desvío de efectivo por 250.000 millones de dólares en abril y otros 250.000 millones en mayo si la crisis continúa. Además, el Tesoro ha retrasado durante noventa días el pago de impuestos de particulares, cuya fecha límite era el 15 de abril. Por su parte, «las empresas pueden aplazar el pago de hasta 10 millones de dólares», siempre según Mnuchin. Hasta ahora, el Congreso ha dado ya luz verde a un presupuesto de 8.300 millones de dólares destinado al desarrollo de la vacuna y a poner en marcha planes de prevención. Además, ha aprobado un plan para extender la baja por enfermedad a los trabajadores, de manera que los afectados por el coronavirus que se vean obligados a quedarse en casa puedan seguir cobrando. Los demócratas han presentado su propio paquete de medidas por valor de 750.000 millones, en el que abogan por mayor coberturas sociales y de protección para los trabajadores y por moratorias en expropiaciones y ejecuciones hipotecarias. Por otra parte, la declaración del estado de emergencia el pasado viernes permite a Trump el acceso a fondos por valor de 50.000 millones de dólares para luchar contra la epidemia. La situación es tan crítica que el propio presidente, defensor hasta hace pocos días de que la economía no debería pararse y que comparaba el coronavirus con la gripe común, ha admitido la posibilidad de que Estados Unidos entre en recesión. Además, ha asegurado que la crisis podría estar bajo control sólo en julio o agosto, un plazo más largo de lo que esperaba el mercado. El PBI de Estados Unidos lleva creciendo de manera ininterrumpida desde junio de 2009, el periodo más largo de la historia. Los años de bonanza, sin embargo, han llegado a su fin. Desde la Casa Blanca, se intenta frenar el colapso económico, pero el coronavirus continúa su avance de manera imparable. En Estados Unidos ya hay más de 11.000 afectados (algunas fuentes dan más de 13.000), especialmente concentrados en Washington, California y Nueva York, tres de las zonas más ricas del país y que se han visto obligadas a tomar drásticas medidas de emergencia. Nueva York, por ejemplo, restringirá las salidas de los ciudadanos. En todos los estados, excepto West Virginia, ya hay contagiados. Trump y Mnuchin: «Estamos evaluando enviar un cheque a cada estadouidense»:

Colas de turistas para entrar en Pinamar y Villa Gesell. Reacción de los vecinos

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Pese a la campaña de los propios intendentes de los distritos de la costa atlántica -informada aquí en AgendAR- para que los turistas no vayan a Pinamar o Villa Gesell, cientos hicieron caso omiso a las recomendaciones y viajaron igual. Este lunes ya se habían denunciado -hasta por el mismo presidente Fernández- las acciones de miles de turistas que viajaron a Monte Hermoso. La postal de largas filas de autos en la ruta se repitió este miércoles en los ingresos a Pinamar y Villa Gesell. Las imágenes se viralizaron en las redes sociales y los intendentes de ambas localidades balnearias reaccionaron.
Este desafío a las reglas y la inconsciencia con la que se pone en riesgo a la salud propia y la de otros eran previsibles. No es una mayoría lo que hace esto, pero son bastantes. Y no alcanza denunciar, como se hace siempre, con monotonía, la «cultura del desprecio a la ley». Es cierto que existe y está muy arraigada. Pero no es un característica genética. Surge de décadas en las que el Estado no se ha esforzado en hacer cumplir las leyes. Es posible que esta cuarentena obligatoria que se dispuso ayer sea un paso en el camino que debemos recorrer.

La Sastrería Militar comenzó a fabricar barbijos e insumos para el personal médico

Por una decisión del ministro de Defensa, Agustín Rossi, y del Estado Mayor del Ejército, se ordenó que desde las facilidades con que cuentan las Fuerzas Armadas se colabore en la lucha contra la pandemia del coronavirus. Así, la Sastrería Militar del Ejército Argentino está elaborando barbijos tipo I y II, sábanas para centros quirúrgicos y camisolines descartables para personal médico, en el marco de las medidas para enfrentar la pandemia de coronavirus, según difundió el Ministerio de Defensa a través de videos publicados en redes sociales. Ante la emergencia, el Ministerio de Defensa ya había anunciado en los últimos días la producción de alcohol en gel en dependencias del Laboratorio Conjunto de las Fuerzas Armadas.

Coronavirus en Argentina: Alberto Fernández evalúa una cuarentena total

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El presidente de la Nación tiene previsto reunirse hoy jueves a las 17 hs. con los veinticuatro gobernadores. Ahí se discutirá sobre la necesidad de decretar una cuarentena total en todo el país, que podría incluir este fin de semana largo, y abarque hasta Semana Santa, fechas en las que habitualmente se produce un gigantesco desplazamiento de personas hacia los lugares turísticos. Entre los aspectos que deben tomarse en cuenta para esta decisión, están las reglas para la circulación de camiones con mercadería en las rutas, la coordinación de las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales, el control de las fronteras internas y el pedido de recursos e insumos hospitalarios por parte de las provincias. Una medida como la que se contempla implica el cierre total de las fronteras nacionales, un patrullaje de las rutas para evitar los desplazamientos no autorizados y un control férreo de las ciudades para garantizar el cumplimiento de la cuarentena. Los pasos que se analizan en el gobierno son: .El bloqueo masivo de ciudades con casos confirmados y evidencia de transmisión local. .Distanciamiento social masivo en todo el país por dos semanas, inicialmente. .Prohibición de actividades comerciales con excepción de las esenciales, como medicina y alimentación. .Renovación de las medidas con períodos de 15 días hasta la reducción a cero de la tasa de crecimiento de casos. .A partir de los 14 días desde la no aparición de casos se comienzan a permitir gradualmente algunas actividades. Lo que era una opción «de última» -por el costo altísimo que esto tendrá para la producción, el bienestar de los argentinos, y los problemas que va a acarrear- está siendo considerada cada vez con más atención. Ayer se confirmaron 18 nuevos casos del COVID-19, y se supo de una tercera muerte debida al virus. Aún estamos muy lejos de los 475 fallecimientos que se produjeron en Italia en un sólo día. Pero no es posible garantizar que no se llegue a una situación parecida si no se toman medidas extremas.

La vacuna china contra el coronavirus, y 35 otras

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(La primera parte de este artículo, que describe el proyecto de los EE.UU. para desarrollar una vacuna contra el COVID-19, está aquí) 35 VACUNAS EN CARRERA Ayer informamos de lunavacuna anti-COVID 19 que empezó su estudio de fase 1, apalancado por el Instituto Nacional de la Alergia y las Enfermedades Infecciosas (NIAID) de los EEUU y la firma biotecnológica Moderna. Pero con un mercado tan grande como el número de humanos de la Tierra, hay 35 otras vacunas en la misma carrera por el licenciamiento. Y una que puede avanzar muchos casilleros de a saltos es la china. Sobre ella escribió ayer en Perfil nuestro jefe de redacción, Enrique Garabetyán. “El Ministerio de Defensa chino informó que una vacuna de subunidades contra el coronavirus recibió la aprobación para comenzar a ser probada en estudios clínicos”, dice la bajada de su artículo, cuya fuente es la web oficial de esa institución militar. A diferencia de la propuesta de Moderna, hecha con la secuencia de ARN que codifica el principal antígeno vira encapsulada en una nanopartícula oleosa, la vacuna militar china es más simple: consta de una única proteína extraida de la cáscara, o cápside, del virus. Una proteína puede fungir funciones estructurales o actuar como una enzima, hacer cosas. Lo que no logra es transmitir información. En cambio un virus es información casi pura, codificada en ADN o ARN, con apenas algo de soporte estructural y maquinaria enzimática como para capturar una célula, invadirla, secuestrar su aparato de fabricación de proteínas y ponerla a producir “autopartes” virales, que se ensamblan solas. Así la célula se vuelve una usina que se va llenando de miles de copias del virus invasor, hasta que estalla y desencadena la invasión de otras células. Eso hace tremendamente efectivas pero ligeramente peligrosas las vacunas a virus enteros atenuados, como la Sabin contra la poliomielitis. Sus genomas están bloqueados parcialmente, pero vivos. Estadísticamente, es imposible que entre millones de dosis no se cuele alguna con virus que se reactivaron, y que desencadenan la enfermedad completa. En contraparte, la ventaja de la Sabin es que causa una inmunidad profunda y vitalicia a bajo precio, sin refuerzo. La vacuna que empezó el lunes pasado su fase 1 en Seattle no es a virus vivo sino a fracción viral. Pero es una fracción «con contenido informático»: el segmento de ARN no codifica el virus COVID-19 entero, pero sí esas proteínas que rodean su cápside como arpones. Son de identificación y amarre: le permiten reconocer su blanco (las células de los epitelios respiratorios) y tomarlo por abordaje. El sistema inmune humano no reconoce esta proteína extraña, o antígeno, porque es virgen e inexperto respecto de este virus, que hasta 2019 era exclusivo de murciélagos y no de humanos. La vacuna de Moderna promoverá la fabricación por parte del huésped de gran cantidad de estos antígenos, en un intento de entrenarlo. El sistema inmune reacciona en forma militar cuando «esa cara nueva en el barrio» es millones de caras nuevas idénticas: se trata de una invasión. Y se moviliza. La vacuna china en cambio es una fracción de la cápside. Es inactiva, no codifica nada y por lo tanto no fabrica nada. La idea es que sea muy irritativa «per se» y desencadene una reacción con anticuerpos que se peguen todo virus vivo que la contenga, que lo discapaciten funcionalmente y atraigan hacia el mismo la atención de los “fagos”, las células de limpieza del sistema inmune. Que, de hacer bien su trabajo, lo ingerirán y disolverán. El enfoque chino es potencialmente menos problemático que el de Moderna. Se suministra una partícula irritativa, libre de información acerca de cómo fabricar otros componentes virales, y en la cantidad suficiente como para alarmar al sistema inmune. El resultado probablemente tiene ventajas logísticas a la hora de distribuir toneladas de vacuna: una proteína soporta el traslado dentro de un rango bastante amplio de temperaturas. No así el delicado material genómico llamado ARN. Aunque se trate apenas de una fracción del ARN viral, exige cadena de frío. El lado potencialmente flojo de la vacuna china es que podría causar una reacción inmune muy leve, o incluso ninguna. O, si la dosis inicial es alta, una réplica lo suficientemente fuerte, pero poco duradera, en cuyo caso habría que revacunar con dosis de refuerzo, ya que el Covid-19 parece destinado a quedarse un tiempo en el planeta. En cambio la vacuna ensayada en 45 voluntarios de Seattle podría tener un efecto más perdurable. Pero eso es especulativo. Como dicen en el campo, «en la cancha se ven los pingos». Y en la llegada a la cancha es donde se ve que la estrategia institucional china también es muy distinta de la yanqui. La fabricación de fármacos en EEUU depende de una burocracia de licenciamiento muy profesional, numerosa y exigente: la FDA, o Food and Drug Administration. El protocolo para licenciar una novedad en los EEUU de hoy pasa por presentar años de resultados positivos en modelos animales, y recién entonces obtener la autorización para una fase 1, donde no se mide efectividad sino más bien toxicidad. Cruzar indemne una fase 2 luego completar la fase 3 y llegar al licenciamiento de producción y distribución puede tomar 10 años y fácilmente 5 mil millones de dólares. Pero pocos países en el mundo son tan vulnerables al Covid-19 como los EEUU. Tienen poco más de 100 camas de terapia intensiva cada 100.000 habitantes, un tercio de las que tenían hasta enero los italianos (y resultaron ser muy insuficientes). De modo que el jefe del NIAID, Anthony Fauci, apostó sus décadas de bien ganado prestigio a un licenciamiento “fast track”: olvidate de los ratones y hagamos una fase 1 cortita y numerosa, con 45 voluntarios sanos, en las que además de toxicidad ya vayamos buscando cuál es la dosis efectiva. Pero no alcanzan la vía rápida ni Fauci para llegar cruzar con éxito una fase 3 en menos de un año. Mientras tanto, los EEUU pagarán un precio terrible por su negativa a construir un sistema decente y nacional de salud pública, idea que les parece de lo más comunista. Los chinos, aunque hace décadas que no lo son, no tienen miedo de ser llamados comunistas. Liderados en este caso por la generala de división Chen Wei, resultan menos melindrosos: tanto la jefa del proyecto Covid-19 como sus subordinados se inyectaron la vacuna a sí mismos y no han reportado reacciones adversas. Tampoco dijeron nada de su rendimiento en anticuerpos. Como se ve, no han reportado nada de nada, fieles a cierta tradición nacional de impasibilidad impenetrable. Pero por lo dicho y no dicho, lo que se ve es que en realidad están iniciando más bien una fase 2, que la fase 1 se testeó en el equipo de biotecnólogos bajo orden ejecutiva, y que su fase 2 no tendrán ningún problema en hacerla lo suficientemente numerosa y multicéntrica como para que equivalga, en información obtenida, a una fase 3 estadounidense. Si Chen Wei eligió el antígeno y la dosis correctos, su vacuna podría llegar a las masas bastante antes que la del Dr. Anthony Fauci. Y con tantos habitantes en China (y ya tantos muertos por el Covid-19), ¿a quién le importa allí la licencia de la FDA? Y no sólo allí. Si la vacuna china es efectiva y razonablemente poco tóxica, en Extremo y Medio Oriente, además de parte de Europa, la comprarán con desesperación. Y China se habrá vuelto una potencia biotecnológica, algo que todavía no es. Esto remite a tiempos viejos de posguerra en EEUU, cuando licenciar medicamentos era menos complicado. La burocracia de la FDA ya era efectiva protegiendo al público de “remedios peores que la enfermedad”. Eso lo probó en 1961 al prohibir la venta de talidomida como ansiolítico libre de receta. La movida salvó a las embarazadas estadounidenses de los aproximadamente 10.000 casos de malformaciones fatales o discapacitantes de sus bebés que se vieron en Alemania. Pero dentro de su papel regulatorio, la FDA entonces no frenaba el progreso científico. Hoy, en cambio, con sus terribles costos de licenciamiento, la FDA es una causa de que el país con mejores biotecnólogos del planeta no haya podido o querido producir un antibiótico conceptualmente nuevo en los últimos 30 años. Las firmas de biociencias no van a gastar U$ 5000 millones a cambio de una patente que no les dará protección, porque una molécula relativamente pequeña y no muy compleja como un antibiótico es fácil de copiar en India, China, Argentina o cualquier otro país poco dispuesto a importar fármacos a precio dólar. Lo interesante es cómo se acelera y abarata la FDA ante desafíos virales que amenazan profundamente a los EEUU, que lo pueden poner económicamente de rodillas, y que los pueden mostrar al resto del planeta, por su incapacidad sanitaria, como un país del Tercer Mundo disimulado dentro de la mayor potencia militar y financiera del planeta. Es lo que hoy pasa con el Covid-19. Sin embargo, la velocidad de respuesta científica ante los desafíos virales no depende sólo de las agencias reguladoras, de las firmas de biociencias o incluso de los gobiernos. La biología tiene la mala costumbre de tener la última palabra. Contra el virus HIV-1 del SIDA, otra zoonosis proveniente de los monos mangabey, las empresas farmacológicas de decenas de países vienen peleándola desde 1985, y sigue sin haber vacuna. Es muy difícil entrenar al sistema inmune contra un virus tan altamente mutable y cuyo blanco son, justamente, las células T que dirigen el sistema inmune. Contra los virus gripales, que solemos compartir con aves de corral y cerdos, hay vacunas, y aunque no son perfectas para impedir el contagio, resultan muy efectivas para frenar el empeoramiento. Dada que el hacinamiento humano en las ciudades de Extremo Oriente colinda con un amontonamiento de animales en los establecimientos de cría, cada vez que un virus gripal en esa parte del mundo salta de especie hace varias mutaciones genéticas y da origen a una pandemia nueva. Es por eso que con las gripes se necesita una nueva vacuna cada año, porque el virus gripal es muy mutante y el Sudeste Asiático funciona, muy contra su voluntad, como un laboratorio espontáneo de ensayo de mutaciones. Las gripes estacionales mayormente vienen de allí (la porcina de 2009 fue una excepción mexicana), son por lo general de baja letalidad (un 0,1%) pero inevitablemente pandémicas. Y dejan cada año entre 203.000 y 640.000 muertos. Contra la bobera de quienes banalizan el Covid-19 y citan otras patologías infecciosas “requiem” con más muertos, este resfrío de murciélago por ahora es 7 veces más letal que los de la gripe, y su tasa de contagiosidad está en el doble o el triple. Mal combo, si no se tienen suficientes camas de intensiva y respiradores. Contra el Ébola, aquella fiebre hemorrágica intratable que viene cosechando muertes en la población rural de la costa occidental y del centro de África, la vacuna se aprobó en diciembre de 2019. Sin embargo, la infección se conoce desde 1976. Resulta evidente que el Ébola es otra zoonosis, pero a 44 años de detectada no se sabe siquiera cuál o cuáles son las especies animales salvajes que actúan como reservorio viral. Hasta hace 3 años esta era otra enfermedad olvidada: con su mortalidad de entre el 50 y el 90% a lo largo de su historia oficial, al matar a sus portadores sanos sin darles casi tiempo a que esparcieran el virus, éste se autoconfinaba geográficamente en pequeñas aldeas del interior de países que hoy se llaman República Democrática del Congo y Sudán del Sur. Pero la apertura de caminos facilitó su llegada a los estados atlánticos y las grandes ciudades-puerto de África Occidental. Lo que disparó las alarmas, acicateó a la Organización Mundial de la Salud, aceleró la investigación, reunió capitales y habilitó a la FDA para ensayar la vacuna de Merck sobre 15.000 humanos “como uso compasivo” fue el brote de Ébola de 2016 a 2019, agravado por la guerra civil del Congo. La guerra y sus millones de refugiados desparramaron el Ébola como un incendio por casi un tercio de continente.  Hubo focos que inexplicablemente distaban hasta 2000 km. unos de otros. Sólo entonces a los países del 8 G les cayó la ficha: señores, siguen Uds. Una vacunación masiva en el África subsahariana es lo único que hoy puede evitar que el Ébola salga de ese continente y se vuelva pandémico. Como dice el Martín Fierro: «No hay cosa como el peligro/ pa’ refrescar a un mamao». Los de mi generación tenemos recuerdos infantiles del 12 de abril de 1955, cuando se anunció que la vacuna Salk contra la parálisis infantil, es decir la poliomielitis aguda. Ésta en realidad afecta también a adultos, y de forma más grave que a los chicos. La novedad de 1955 fue que esta fórmula funcionaba bien entre un 70% y un 94%, según cuál se considerara de los tres subtipos virales considerados. Tras una historia de fracasos científicos que se remontaba a 1936, aquella fue una noticia sensacional. El difunto doctor Jonas Salk tiene algo en común con la generala Chen Wei: sin decirle nada a nadie, Salk probó la vacuna en sí mismo. Y luego, visto el incendio de poliomielitis que se disparaba en EEUU, lo hizo en sus propios hijos. Le tenía una muy razonable confianza a su fórmula con virus entero pero muerto, y no quería un hijo muerto o paralizado por los remilgos de algún burócrata en Washington. Las epidemias anuales de poliomielitis se habían vuelto cada vez más aterradoras en Occidente. En EEUU la de 1952 fue la peor de la historia: casi 58.000 casos, con 3.145 muertos y 21.296 afectados, mayormente niños. El propio presidente Franklin D. Roosevelt, fallecido en 1945, había sido víctima adulta de este virus. Se lo pegó a los 39 años, tras haber sido un deportista consumado en toda su vida previa. El licenciamiento de la vacuna desarrollada por Jonas Salk, muy apoyado por el presidente Dwight Eisenhower, fue el programa de salud pública más masivo de la historia yanqui: colaboraron 20.000 mil médicos y agentes sanitarios, 64.000 académicos y 20.000 voluntarios. La vacuna se había testeado en 1,8 millones de chicos en edad escolar. Sí, los EEUU entonces hicieron las cosas a lo chino. En aquella ocasión, el mundo esperaba los resultados conteniendo la respiración. Sin embargo, con la vacuna ya en fabricación masiva en EEUU y exportándose masivamente, nuestro país sufrió una segunda epidemia a fines de 1955 y a lo largo de 1956. En 1944 había tenido una anterior, menos masiva. Pero la del 56 terminó discapacitando a 6387 pibes, de los cuales 650 murieron rápidamente por parálisis de los músculos respiratorios. Personalmente, recuerdo haber recibido el primer pinchazo de la vacuna Salk en la primaria: tardó 3 años en bajar hasta aquí, porque el gobierno argento en 1956 tenía “otras prioridades”. Tanto así que “la Salk” pasó primero por Chile y Uruguay, países que ante la magnitud del brote argentino estuvieron a punto de cerrar sus fronteras con nuestro país. El cual, paradójicamente, entonces era el más rico y científicamente adelantado del Cono Sur. En 1964 el pinchazo anual de la Salk fue sustituido por un terrón de azúcar embebido en un líquido algo amargo: la vacuna Sabin, a virus completo atenuado, de acción enteral y efectos mucho más prolongados que la Salk: duran toda la vida. Pero en 2017 esta vacuna a virus vivo dada en miles de millones de dosis disparó 17 casos de enfermedad «full», contra 6 de virus salvaje, es decir ambiental. Por eso en los países ya libres de polio ambiental, se vuelve a la Salk. Ninguna es perfecta. Cuando la TV estadounidense entrevistó a Jonas Salk, un señor flaco y anteojudo nacido y criado dentro del sistema educativo público neoyorquino, le preguntó con naturalidad si había patentado su vacuna. Salk contestó asombrado, pero también con naturalidad: “¿Acaso se puede patentar el sol?”. Ni Salk ni su colega y rival Albert Sabin recibieron jamás el premio Nobel. Ni el oro ni el moro. La combinación de ambas vacunas permitió erradicar la poliomielitis en todo el planeta, salvo en Afghanistán, el Norte de Nigeria y Pakistán, donde sigue siendo imposible inmunizar totalmente a la población: los talibanes y Boko Haram están convencidos de que la Salk y la Sabin son inventos tóxicos de Occidente destinados a volver infértiles a los hombres musulmanes. Hay ejecuciones rutinarias de los vacunadores, aún si van con escolta armada. Comprensiblemente, no sobran los voluntarios. Que además, suelen ser mujeres. Cuando en 1955 se anunció oficialmente por Radio Nacional la efectividad de la vacuna Salk las campanas de las iglesias se pusieron a repicar, las sirenas de las fábricas a sonar, y no entendí bien por qué mi vieja y mi tía se abrazaban, así como también lo hacían en la calle los vecinos. Y eso sucedía por un comunicado emitido a 8925 kilómetros de distancia, desde Ann Arbor, Michigan, EEUU, por una fórmula que tardaría 3 años más en tener algún impacto práctico en Argentina porque el gobierno estaba en otra. Las vacunas contra las patologías horrorosas tienen eso: borran pesadillas, y a veces lo hacen de modo tan drástico que los héroes detrás de la historia, se trate de individuos o de grandes instituciones, quedan olvidados.  También se olvidan los que frenaron la vacunación masiva en nombre de otros asuntos sin duda más urgentes, o porque son inventos del diablo, o porque leyeron ya no recuerdan en qué pasquín New Age que las vacunas causan autismo. La imbecilidad puede adoptar muchas máscaras. Entre 1966 y 1980 la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas, remándola como jamás antes (y como nunca después, lamentablemente), logró oficialmente la extinción oficial del virus de la viruela en el planeta. Chau, te fuiste. El virus Variola, en sus serotipos major y minor, había sido la primera causa infecciosa de muerte de la especie humana a lo largo de milenios, y eso desde la prehistoria, según el registro fósil. El último caso probado es de Somalia, 1977. En la Argentina, la vacunación masiva, parte de la furiosa campaña mundial de la OMS, había terminado con la viruela en 1970: 24 casos aquel año, y al año siguiente y desde entonces, ya ninguno.  Fue por eso que en 1980, tras 3 años sin nuevos enfermos, la OMS declaró oficialmente extinto el virus salvaje. Sólo durante el curso del siglo XX llevaba una cuenta de 300 millones de muertos, sin contar discapacitados y ciegos, cifras que triplican las de ambas guerras mundiales sumadas. Los medios argentinos llevaron el asunto un par de días con desgano, y luego siguieron con sus temas habituales. Yo, futuro periodista científico, me enteré tarde, y sólo por mi manía de juntar unos mangos de mi salario de profesor para comprarme Scientific American en los kioskos de la calle Florida. Cuando leí la noticia sentí ese mismo orgullo de ser humano que tuve en 1969 cuando Armstrong pisó la Luna, pero también la vergüenza de que mis futuros colegas estuvieran tan en otra onda. Obviamente, decidí que nunca sería periodista. En franco incumplimento de promesa, aviso la noticia: no es imposible que dentro de un año o año y medio, con un “fast track” sostenido y un esfuerzo de vacunación equiparable al de la campaña antivariólica, tengamos causas para empezar a olvidarnos también de la existencia del Covid-19. O antes, si los chinos le ganan de mano al Dr. Anthony Fauci. O a los israelíes, o los alemanes, o los japoneses. Están todos detrás de lo mismo: 35 vacunas experimentales. Al Covid-19 lo trataremos como al Variola major y a su hermanito minor: «Tomátelas de mi planeta». Resultados: no sabemos si o cuándo los habrá. Informaremos. Con la Humanidad entera como mercado y la posibilidad de millones de muertos si no se logra una vacuna efectiva, se acaba de desatar el equivalente sanitario de la carrera espacial.

Daniel E. Arias

El regreso de los manteros en Buenos Aires

La presencia de los «manteros», de los que venden productos en la calle por fuera de regulaciones y controles, en la ciudad más rica del país, es un problema y un índice. Varios problemas, en realidad. Uno, por ejemplo, para una posible cuarentena: ¿qué puede hacerse con quienes no tienen otro medio de vida?. Y un índice que muestra el porcentaje de la economía «en negro» en nuestro país. Este mes de febrero la venta ilegal​ en la Ciudad de Buenos Aires bajó un 4,5% con respecto a enero, un mes en que generalmente hay menos manteros en la calle por las vacaciones. Ese es el vaso medio lleno. Pero la mitad medio vacía alarma a los comerciantes: indica que la cantidad de puestos irregulares aumentó un 54,7% en comparación a febrero del año pasado. El dato surge del último informe de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), cuyo Observatorio releva todos los meses diez calles, avenidas y peatonales y siete estaciones y parques porteños. En total, se encontraron 870 puestos ilegales repartidos en 39 calles, avenidas y peatonales de la Ciudad. Se suman otros 289 ubicados en las principales estaciones, en el Parque Rivadavia y en Plaza de Mayo. La arteria más invadida por puestos y mantas de vendedores informales es la avenida Avellaneda, donde contaron 430 stands. Sola, concentra casi la mitad (49,4%) del total de puestos detectados en avenidas y calles. En esa avenida están las dos cuadras con más stands ilegales: al 2900 contabilizaron 238 y al 3000, otros 102. También está la cuarta cuadra más complicada, al 3100, con 71 puestos. La mayoría de los puestos ofrecen indumentaria y calzado, generalmente de marcas falsificadas. La segunda avenida con más puestos ilegales es Pueyrredón, con 171, que representan el 19,6%. No es casual que se allí donde está la tercera cuadra más afectada, al 200, con 73 stands. Más lejos están las avenidas Rivadavia, con 71 puestos, y Corrientes, con 70. Aunque si se recorren las transversales a la altura de Once, hay 69 puestos más. Aunque tienen menos puestos estáticos, volvieron las denuncias por manteros en Once En la Cámara explican que las diez cuadras más afectadas por la venta ilegal concentran al 78% de los puestos ubicados en calles avenidas y peatonales. Y que a su vez representan el 25,6% de las cuadras afectadas. Estos porcentajes, subrayan en la CAC, demuestran que «controlando una pequeña porción de territorio se lograría una reducción significativa de esta actividad ilegal». De hecho, entre 2015 y 2016, hubo varios operativos de desalojo en la avenida Avellaneda. También hubo allanamientos en depósitos y decomisos de mercadería. Por un tiempo, los manteros desaparecieron. Pero cuando se fue la vigilancia policial, regresaron. La quinta cuadra con más manteros es en la calle Perú, entre Rivadavia e Hipólito Yrigoyen, con 44. Aunque en este caso hubo una disputa que ya fue resuelta por la Justicia. En esa ubicación funciona una feria de artesanos desde 2002. Y en 2012, tras algunos intentos de desalojo, los puesteros se presentaron a la Justicia reclamando por su derecho al trabajo. Además, todos acreditaron ser artesanos y manualistas, es decir que hacen artesanalmente los objetos que venden. En estos días, la Sala I de la Cámara en lo Contencioso Administrativo avaló su continuidad. Así que, técnicamente, ya no se trata de puestos ilegales. ¿Qué es lo que más se oferta en los puestos ilegales? Por lejos, artículos de indumentaria y calzado. El 52,6% de los manteros los ofrecen. En segundo lugar está la venta de alimentos y bebidas, con el 23,2% del total. Estos rubros están especialmente presentes en la estación Constitución y sus alrededores y en la avenida Avellaneda. El informe de la CAC también advierte que la cantidad de casos de piratería aumentó un 73,6% respecto a febrero de 2019. Se detectaron 335 casos, la mayoría en la avenida Avellaneda. Las marcas más falsificadas dentro de la categoría de indumentaria y calzado son Nike y Adidas.

Coronavirus en Argentina al 19 de marzo – 97 casos confirmados

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El Ministerio de Salud de la Nación informó que ayer fueron confirmados 19 nuevos casos de COVID-19: 10 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1 en Chaco, 6 en Provincia de Buenos Aires, 1 en Córdoba, 1 en Entre Ríos. De los 19 casos, 13 corresponden a personas con antecedente de viaje a zona de riesgo, mientras que los otros 5 se trata de contactos estrechos de casos confirmados, y 1 está en investigación para determinar antecedente epidemiológico. El total de casos confirmados en Argentina es de 97 de los cuales 3 fallecieron. Todos pacientes se encuentran cumpliendo el aislamiento establecido. La lista oficial de zonas de transmisión del nuevo coronavirus incluye a China, Corea del Sur, Japón, Irán, Europa, Estados Unidos, Chile y Brasil Nadie procedente estos lugares puede ingresar al territorio nacional sin una cuarentena de al menos 15 días. Para más información sobre recomendaciones para la población y protocolos visitar el sitio del Ministerio de Salud de la Nación: www.argentina.gob.ar/salud/coronavirus-COVID-19 Para más información sobre la situación mundial de COVID-19 ingresar al sitio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (en inglés): www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/situation-reports/

Precauciones: cómo limpiar y desinfectar la PC o portátil a fondo

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Ante la expansión del virus COVID-19, una compañía fabricante de computadoras portátiles, Acer, publicó una serie de consejos para mantener los equipos limpios y relucientes. Son útiles también cuando termine esta pandemia, eh. Un paño seco de microfibra, alcohol isopropílico, aire comprimido e hisopos pueden ser tus instrumentos de trabajo ideales. Eso sí, antes de limpiar la notebook, debemos lavarnos las manos con agua y jabón. Luego, si deseas usar alcohol en gel… ¡¡perfecto!!! Manos a la acción Dedícale el tiempo necesario para limpiar tu equipo y comencemos de adentro para afuera, de lo contrario, al final deberás volver a limpiar la parte externa. Hay dos tipos de usuarios, los que cuidan su equipo, lo limpian con regularidad y lo suelen mantener a salvo de los peligros más extremos, y los que tienen mascotas, no suelen limpiarlo y van con su equipo de un lado a otro sin notar el polvo que se acumula en él. Para todos ellos, aquí unas recomendaciones. Con la notebook cerrada, pueden comenzar con bombardeos breves de aire comprimido en todas las grietas y hendiduras, incluyendo teclado, ventilación y puertos USB. Luego, es hora de pasar al exterior. Aquí lo recomendable es tener paciencia. La primera regla: nunca pases un producto de limpieza directo sobre el equipo, sino a través de la microfibra. Con el paño de microfibra e hisopos con poco alcohol isopropílico (esta solución se puede conseguir en locales de venta de insumos tecnológicos) podrás recorrer los espacios que hay entre las teclas, las propias teclas y remover toda la suciedad. Para la pantalla, reserva un paño seco de microfibra y evita cualquier producto. ¡Que no se te ocurra usar una toalla o un pañuelo de papel! Presionando suavemente la pantalla, limpia siempre en una dirección. En situaciones más difíciles, como marcas de dedo que no se quitan, entonces apaga la pantalla e inténtalo humedeciendo el paño de microfibra con agua filtrada o destilada. El proceso es sencillo: apaga tu laptop, retírala de la corriente, toma tu paño humedecido y limpia suavemente la zona afectada de la pantalla.

Inician las pruebas de la vacuna contra el coronavirus

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EL NIAID, National Institute of Allergy and Infectous Diseases (Instituto Nacional para las Alergias y Enfermedades Infecciosas de los EEUU) en colaboración con la biotecnológica Moderna Sciences de Cambridge, Massachussets, acaban de empezar la fase 1 del primer intento de una vacuna contra el coronavirus pandémico Covid-19. Se está inyectando la fórmula a 45 adultos voluntarios sanos de entre 18 y 55 años. Las cosas se hacen bajo el sistema “fast track” (vía rápida) de la agencia federal de licenciamiento farmacológico, la FDA (Food and Drug Administration). En este caso, se obvian las pruebas en ratones u otros modelos animales y se empieza un estudio de toxicidad con humanos llamativamente grande (suelen ser entre 10 y 20). Por supuesto que se empezará a medir eficacia a en respuesta de anticuerpos ante tres dosis distintas de vacunamiento, pero el objetivo central de una fase 1 es más modesto: mostrar que la vacuna no es tóxica. ¿De qué modo podría serlo? Contiene ARN mensajero del Covid-19, justamente la secuencia que codifica los antígenos que lo recubren, moléculas de forma muy compleja que el virus emplea para anclarse, con un encaje perfecto, tipo llave con cerradura, en las proteínas que tapizan las células de los epitelios respiratorios. Fue el Dr. Anthony Fauci, jefe del NIAID, quien autorizó a Moderna a proceder con humanos porque la empresa tuvo éxito con una vacuna contra el MERS (Middle East Respiratory Syndrome) o Síndrome Respiratorio de Medio Oriente. Fauci está blindado a toda presión o serruchada de piso por décadas de prestigio como funcionario científico intachable. Es un Elliot Ness de la virología, un intocable capaz de desmentir tranquilamente al presidente Trump en la cara cuando éste, en conferencia de prensa, dice tener dominado al Covid-19 y promete una vacuna en meses. Ninguno de los superiores de Fauci en el tótem del NIH (National Institute of Health) podría jugarse una carta tan brava: ensayar en voluntarios sanos una vacuna con apenas 66 días de desarrollo de laboratorio. El MERS es otra zoonosis reciente. Lo causa otra especie de coronavirus de los camellos, bastante parecida al Covid-19 por su secuencia genética, y comparado con el Covid-19 es mucho más mortal aunque también más lento para el contagio entre personas. La baquía de Moderna con el MERS le permitió una velocidad impresionante en el diseño y formulación de esta vacuna, esencialmente un trozo de ARN del Covid-19  encapsulado en una vaina de lipoproteínas. Lo que se busca es que el sistema inmune de cada inyectado sano reaccione contra este antígeno desconocido por los humanos, dado que el Covid-19 también es una zoonosis, causada en este caso por un virus de murciélago que pasó a nuestra especie a fines de 2019. El sistema inmune humano es muy entrenable: la idea es que ahora identifique un nuevo blanco. El peligro de una sobredosis de vacuna puede ser una reacción inmunológica masiva, lo que se llama una “tormenta de citoquinas”. Es algo que ha sucedido en la fase terminal de algunos de los infectados que murieron: sus células inmunes atacaron el escaso parénquima pulmonar sano que les dejó la sobreinfección con bacterias neumocóccicas, lo que agravó en forma letal su insuficiencia respiratoria, ya aguda. Si dentro de 3 meses la este prototipo de vacuna no mostró mayor toxicidad pero sí una respuesta interesante de anticuerpos, la FDA (Food and Drug Administration) autorizará a medir la eficacia clínica en otro grupo mucho mayor. Ésta segunda vez el estudio se hará “a doble ciego”, comparando el rendimiento de una rama de receptores inyectados con un “placebo”, o sustancia inocua, y una segunda rama tratada con la vacuna. Ahí estaremos hablando de centenares de pacientes en cada rama. La expresión “doble ciego” surge de la necesidad de filtrar todo efecto psicológico. La confianza en el medicamento puede aumentar hasta un 20% su eficacia clínica, y falsear su performance bioquímica. Los pacientes no sabrán en qué rama cayeron, y los que dirigen el experimento tampoco hasta promediando el testeo, cuando aparezcan los resultados. Si en esa fase 2 la fórmula mostrara no sólo distinta respuesta entre ramas medible en producción de anticuerpos, sino fundamentalmente en diferente protección contra el contagio, la FDA, como agente de licenciamiento de fármacos del gobierno de los EEUU, abrirá una fase 3. Ésta seguramente será multicéntrica, tomará lugar en varios hospitales a la vez, y se hará siempre a doble ciego, con miles de pacientes en cada rama. Si efectivamente la vacuna sirve en forma estadísticamente medible y tiene bajos efectos colaterales, es autorización segura. Pero puede haber intercurrencias, malas y buenas. Las malas: reacciones inmunológicas descontroladas contra la vacuna. Pueden impedir el progreso a fase 2, o desde ésta a fase 3. Lo mismo puede suceder debido a la poca eficacia. Intercurrencias buenas: que en medio de la fase 3, los resultados preliminares sean tan favorables en la rama de los vacunados que el Comité de Bioética decida acortar camino. En ese caso mandará a vacunar en serio a todos voluntarios los que recibieron placebo, y la FDA ejecutivamente autorizará a Moderna para la producción, venta y distribución masiva. Normalmente cruzar las tres fases de la FDA con una novedad total toma entre 5 y 10 años, pero la expansión pandémica del Covid-19 ha sido tan explosiva que rige la legislación “fast track”. Como sea, es casi imposible que la vacuna esté lista antes de un año. Y bien puede suceder que termine siendo aprobada antes otra fórmula de alguna firma distinta. Pero el índice NASDAQ apuesta a que no: el lunes 16 las acciones de Moderna subieron un 25% en medio de un derrumbe bursátil como no se lo ve desde 2008.

(Continuará mañana)

Daniel E. Arias