ARSAT: «el acceso a internet es un derecho de todos los argentinos»

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Uno de los nuevos directores de ARSAT S.A., Facundo Leal, habló esta semana sobre las intenciones de la conducción que se ha hecho cargo de la empresa de soluciones satelitales del estado argentino.

«Leal dijo que el acceso a los datos es un «derecho» de todos los argentinos. Ese es el principal objetivo de la nueva gestión y que encararan este cometido con la puesta en marcha nuevamente de proyectos que fueron abandonados por la anterior administración.

El funcionario, de origen mendocino, aseguró que en línea con la política del presidente Alberto Fernández, la intención es cerrar la brecha digital y llegar «a cada pueblo, para que el prestador local llegue a cada casa, a cada persona».

Una de las estrategias que analizan es que la conexión, ya sea por fibra óptica o por satélite, llegue a cada punto del país dónde se distribuyan las tarjetas del Consejo contra el Hambre.

Al frente de Arsat, el Gobierno designó al físico PabloTognetti, uno de los ideólogos del plan satelital que puso en órbita los satélites Arsat 1 y Arsat 2. El directorio se completa con Leal, Guillermo Rus (quien también participó de la empresa en gestiones anteriores), y la ingeniera Anabel Cisneros, primera mujer en la conducción de la compañía.

Al igual que en otras empresas estatales, la nueva gestión encaró un relevamiento del personal, dado que en los últimos años la planta pasó de 450 personas a 700, de las cuales sólo 120 ingresaron el año pasado para las áreas comerciales y administrativas.

En cuanto a los resultados del relevamiento, fuentes de la compañía, dijeron que se encontraron con más personal administrativo que ingenieros.

Bajo la competencia de Arsat están la comercialización de los servicios que prestan los dos satélite en órbita, Arsat 1 y 2, la reserva de la posición orbital para un tercer satélite, la infraestructura para la Televisión digital Terrestre, así como la Red Federal de Fibra Óptica y el data center. Todos esos proyectos fueron encarados por Arsat antes del año 2012.»

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En estas declaraciones hay algo que falta -y es seguramente deliberado: No hay ninguna alusión al Arsat 3, el primero de los satélites geoestacionarios que el Congreso nacional aprobó poner en órbita, después de los Arsat -1 y-2.

Es comprensible: el Estado argentino está muy corto de recursos, y es cierto que Arsat emprendió antes de 2012, con la REFEFO, la tarea titánica de dar conexión por fibra óptica a todos los rincones del 8° país en extensión en el mundo. La hemos descripto en el capítulo final de Qué hacer con ARSAT.

Pero el lanzamiento de esos satélites, además de los recursos que pueden proporcionar por sí mismos, además del invalorable desarrollo de capacidades técnicas, hace a un activo intangible pero muy real, la «marca» argentina. El ser uno de los pocos países que pueden construir satélites geoestacionarios.

Brexit. Gran Bretaña se va de la Unión Europea

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Hoy, viernes 31 de enero, a las 23 hs. (en Gran Bretaña; en Argentina, a las 20) entra en vigor el Brexit. ¿Qué cambia? en lo inmediato, nada. Se abre un período de negociación que durará al menos 11 meses. Pero así sucede siempre; los cambios importantes en la Historia no suceden en un momento determinado. Los habitantes de Europa no se fueron a dormir un día bajo la Pax Romana y se levantaron al día siguiente en la Edad Media. Pero eso no hace que esos cambios sean menos reales.

En este caso, el hecho fundamental es que el vigor del proceso de unificación europea — que estimuló otros muy diferentes en otros lugares del mundo también distintos; que armó la zona económica más importante del globo, más que los EE.UU., más que China; que llevó a Gran Bretaña -a la que nunca le entusiasmó la idea; prefería una zona de libre comercio- a sumarse en enero de 1973 — ese vigor decayó. Gran Bretaña se va porque lo decidió una elección hace 3 años y medio, en junio de 2016, en la que el Brexit ganó 51,8% a 48,1%, pero ese resultado mínimo se convirtió en el centro de la política británica y europea. Y llevó a la victoria aplastante de Boris Johnson (un converso tardío al Brexit, dicho sea de paso) y la separación que hoy se formaliza.

Porque la pertenencia a la UE implica para los países miembros aceptar la libre circulación entre ellos de trabajadores, de mercancías, de servicios y de capitales. El principal argumento de la campaña a favor del Brexit fue que los británicos iban a «recuperar el control» sobre sus propios asuntos, en particular un mejor control de la inmigración. Y ese reclamo se escucha cada vez más en más naciones europeas…

En mi falible opinión, sería un error creer que hay una corriente incontenible hacia la desintegración de la UE. Como fue un error pensar que la unidad era un proceso irreversible. Lo definitivo son los hechos -esta separación, por ejemplo, y sus consecuencias.

Porque quizás Escocia quiera quedarse; hasta es posible que en un futuro no muy cercano, Inglaterra regrese; después de todo, entre los ingleses jóvenes el voto por el Remain fue mayoría (también de paso: ¿notaron que muchos jóvenes argentinos de clase media asumen con tranquilidad la posibilidad de trabajar en el exterior?). No importa. Ni la Unión ni Gran Bretaña serán las mismas después de esto.

Ángela Merkel, frau Europa, se retira; Macron, está siendo cuestionado todos los días en las calles de París; la Iglesia Católica, que dio forma a la cultura europea un milenio atrás, está mirando a otras regiones del globo… Si Europa no encuentra un principio unificador, y liderazgos que lo acompañen, como hicieron hace 70 años Adenauer, De Gaulle y De Gásperi, será una zona de libre comercio cada vez más desintegrada. Ya Toynbee había advertido que en la historia humana, las confederaciones laxas no duran; se integran en uniones más sólidas, o se disuelven.

¿Y Gran Bretaña, Inglaterra? ¿Se convertirá, como algunos sospechan y otros esperan, en una gigantesca Singapur? Un centro financiero y comercial global, que a la vez sea un paraíso fiscal para inversores y especuladores de todo el mundo?

La base para eso ya está en las reformas de Thatcher de los ´70, pero no fueron suficientes para mantenerse fuera de la UE. ¿Por qué alcanzarían ahora? Singapur es parte de la diáspora china y funcional a China. La City de Londres ya lo es, y podría serlo aún más, pero eso fastidiaría a Trump y a sus sucesores.

Sobre todo, veo la dificultad principal en una cuestión de tamaño. Lo que puede ser viable en una ciudad como Singapur no lo sería en un país importante, con alguna pretensión a continuar siendo una de las Grandes Potencias (bien después de las dos Más Grandes y de Rusia). En concreto, los países europeos no le permitirían el acceso a sus mercados si se plantea como lo que eran Hong Kong o Macao antes que China recuperara poder.

Como siempre, hay más preguntas que respuestas. Pero más allá de las especulaciones geopolíticas que como buen argentino me gusta hacer, el trabajo que debemos plantearnos ahora es analizar las consecuencias para nosotros.

En lo inmediato, las posibilidades de colocar nuestras exportaciones tradicionales mejoran. El tratado Mercosur-Unión Europea tiene cláusulas que les permiten a ellos rechazar cualquier embarque nuestro con pretextos «sanitarios» según su criterio, mientras que no existe el equivalente para nuestro lado. Una Inglaterra no atada a la política agrícola de la UE sería un mejor cliente.

Pero ese es el plano comercial. Gran Bretaña se verá forzada a justificar para sí misma su «independencia» de Europa asumiendo su rol global. Cuidemos nuestro Atlántico Sur, donde Argentina y Gran Bretaña tienen, es inevitable y va más allá de las intenciones, una «hipótesis de conflicto». Y, dentro o fuera de la UE, ellos no dejarán de tenerla presente.

A. B. F.

Moratoria para pequeñas empresas y monotributistas, con quitas de 42%. Detalles y plazos

El Gobierno nacional lanzó una moratoria para micro, pequeñas y medianas empresas y monotributistas que incluye una quita promedio del 42% sobre el total de las deudas y plazos de pago de hasta 10 años para la refinanciación.

Los detalles fueron presentados en una conferencia de prensa por el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; y la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont.

Durante la presentación, Del Pont explicó que la moratoria alcanzará a más de un millón de pymes cuya deuda total con la AFIP supera los $ 400.000 millones. Asimismo, anticipó que trabajan en un plan de pagos «similar, pero sin quita» para las grandes. «El modelo económico fue en contra de la producción y el trabajo, y así cayeron todas las empresas grandes y chicas», argumentó.

La moratoria ofrecerá una quita promedio del 42% sobre el total de las deudas de quienes adhieran, y además se les suspenderán los embargos. Alcanzará a pymes, monotributistas y autónomos, así como también a todas las entidades sin fines de lucro (cooperativas, cooperadoras, y clubes de barrio, entre otros). Para que las empresas puedan acceder se deberá contar con el certificado pymes que otorga la secretaría.

Del Pont informó que «habrá una ventana de 6 meses para ingresar». Se inscriben a partir del 17 de febrero y hasta el 30 de abril, y la primer cuota se pagará el 17 de julio. Permitirá refinanciar hasta 120 cuotas o 10 años deuda impositiva, y hasta 5 años o 60 cuotas deuda de seguridad social.

«La magnitud de los beneficios que se otorguen van a estar asociados a que se entre más rápido. El nivel de anticipos va a ser menor a quienes ingresan antes», dijo Del Pont y aclaró que «las microempresas no van a tener que pagar anticipo».

Por su parte, Kulfas dijo que las pymes «tienen dificultades de pagos por la situación económica», y agregó que «no se les puede pedir nada más» y que «es fundamental detener la caída» ya que «no podemos seguir perdiendo 48 pymes por día» como ocurrió durante el macrismo.

La tasa de interés en el primer año será fija del 3%, y en los años siguientes serán variables, con tasa BADLAR de los bancos privados. Se puede incluir deuda vencida hasta el 30 de noviembre de 2019.

La decisión de avanzar con la moratoria se refuerza con los datos de la AFIP que indican que entre 2015 y 2019 cerraron 24.505 empresas.

El sector más afectado a lo largo de ese período fueron las micro, pequeñas y medianas empresas, cuyos empleadores con hasta 10 trabajadores explican el 91% del total de empresas afectadas por la crisis.

Créditos UVA: descongelan la cuota y la suba se repartirá a lo largo del año

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Tal como había anticipado la ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación, María Eugenia Bielsa, su cartera y el Banco Central (BCRA) acordaron una solución para los más de 80.000 tomadores de créditos hipotecarios UVA que tenían congeladas sus cuotas a agosto pasado por la cual se establecerá un mecanismo de convergencia para que no pasen a pagar un 26% más a partir de febrero.

Según informó el Central, se implementará un esquema de bonificación que distribuirá en un lapso de 12 meses el alza que debía imputarse a partir de febrero. Para garantizar este proceso de convergencia y, en consonancia con el criterio del esfuerzo compartido establecido en la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, las entidades financieras aportarán un total de $1411 millones durante el plazo de vigencia del mismo.

La entidad a cargo de Miguel Pesce dijo que, si se considera un crédito con una cuota congelada de $12.000, el incremento previsto implicaría un salto hasta los $15.1000 para febrero de 2020 porque la cotización de la UVA se siguió actualizando (por ejemplo, el 31 de julio de 2019 estaba a $39,20 y ayer a $48,88). En el marco del mecanismo de convergencia, la cuota se incrementará a $12.600 (+ 5%).

En tanto, si se toma en cuenta el crédito máximo al que accedieron los beneficiados por el congelamiento, la cuota debería pasar de los $24.300 en enero a $30.700 en febrero (+ 26%). Con el mecanismo de convergencia, el monto a pagar en febrero será de $25.700 (+6%).

Hacia adelante se presume que las cuotas subirán igual que la UVA y un poco más (aproximadamente un 2% para llegar al 26%) aunque no se informó cómo.

Otro punto que se decidió es que, en caso de que la cuota a pagar supere el 35% de los ingresos familiares acreditados por los deudores, las entidades financieras deberán establecer un esquema que atienda puntualmente esos casos.

De acuerdo con el BCRA el costo del congelamiento -que se financió con fondos del fideicomiso Procrear originalmente diseñado para construir viviendas- ascendió a $690 millones y, en la actualidad, hay un total de 105.000 deudores hipotecarios UVA, de los cuales 95.000 corresponden a préstamos de hasta 120.000 UVAS y para vivienda única.

Esta medida ya fue considerada «desilusionante» por los titulares de estos créditos, y cuestionada por lo que creen que esos deudores se metieron a sabiendas en esa situación, y hay gente mucho más necesitada, por ejemplo, los inquilinos. Son los costos inevitables que debe afrontar todo gobierno.

Argentina hará la oferta para reestructurar su deuda en la 2° semana de marzo

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El gobierno nacional difundió anoche, desde la página del Ministerio de Economía el cronograma de sus pasos para «restaurar la sostenibilidad de la deuda pública externa». La oferta a los acreedores se hará en la 2° semana de marzo.

Después de ese lanzamiento, el ministro Martín Guzmán seguirá una ronda de reuniones informativas, a llevarse a cabo entre esa semana y la siguiente.

Entonces hasta abril, como ya habíamos recomendado en AgendAR, a funcionarios, acreedores y argentinos de a pie en general, les convendrá mantener la cabeza fría.

Para acceder al cronograma completo, desde el 21 de diciembre pasado en adelante, de este «Proceso de Restauración de la Sostenibilidad de la Deuda Pública Externa», cliquear aquí.

Se retoma el avance del CAREM. Pero es necesario un paso más

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En AgendAR reproducimos, con satisfacción, este «hilo» de la Secretaría de Energía: el proyecto argentino del CAREM, el reactor nuclear pequeño, modular, ha recobrado impulso.

Secretaría de Energía@Energia_Ar Cuenta oficial de la Secretaría de Energía de la República Argentina Jan. 28, 2020

??‍ AVANZA EL REACTOR NUCLEAR CAREM ?

Hoy visitamos la Obra en construcción del Proyecto Carem, en Lima, Buenos Aires. La misma se sitúa al lado del complejo nuclear de Atucha l y Atucha ll.

Pero, ¿qué es CAREM? ?
Es la construcción del primer reactor nuclear de potencia diseñado y construido en el país, que posiciona a Argentina como uno de los líderes mundiales en el segmento de reactores modulares de baja y media potencia. ?

Es una alternativa de reactor más evolucionada que los que se encuentran en operación o construcción en todo el mundo, por su riguroso estándar de seguridad, menor costo y bajo riesgo. ?

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Desde AgendAR aplaudimos esta decisión. ¿Cómo no hacerlo? Basta colocar «Carem» en el buscador -la pequeña lupa arriba a la derecha- para darse cuenta cuántas veces abogamos por este proyecto.

Pero nos sentimos obligados a señalar que, si no se acelera la construcción del prototipo -un elemento imprescindible, en un negocio tan consciente de la seguridad como el nuclear- y más importante aún, se encara ya el financiamiento y comercialización del CAREM, el proyecto estadounidense NuScale -que está sumando inversores y se lanza en 2026- y el de Rolls Royce -que ya tiene 15 pedidos en el Reino Unido- nos pasarán por encima, empresariamente hablando.

Debe sumarse al talento ingenieril de INVAP y los antecedentes científicos de la CNEA, un gerenciamiento empresario. Una unión transitoria con CONUAR, con participación de la CNEA y Techint, IMPSA (en poder de los bancos, pero con un know how importante) , u otras firmas con antecedentes en el área.

Quien suscribe esta nota hace mucho que sostiene que la Argentina necesita sus equivalentes de los zaibatsu japoneses o los chaebols coreanos. La conjunción de empresas privadas y un Estado que no debe ser bobo. Pero en este caso no se trata de un concepto general. Es una necesidad práctica, para conseguir financiamiento genuino.

El CAREM es el fruto más prometedor de los últimos 20 años del Proyecto Nuclear Argentino, y un nicho importante para las exportaciones tecnológicas argentinas. No debemos perder esta oportunidad.

A. B. F.

China: la Franja, la Ruta y las Pymes

La embajada de la República Popular China en nuestro país ha auspiciado un centro de servicio, fuera del ámbito diplomático, el Centro Cooperativo «La Franja y la Ruta» de Argentina (CCFRA). Se constituyó el 18/12/19, y su objetivo es promover los vínculos comerciales y culturales entre empresas chinas y argentinas y hacer conocer entre nosotros las oportunidades de negocios que surgen del intercambio entre ambos países.

Y ya comenzaron a trabajar en forma muy práctica. Anteayer, martes 28, se reunieron en la sede de la Confederación General Empresaria de la República Argentina (CGERA) -Bolívar 448, C.A.B.A.- con su presidente, Marcelo Fernández, y su secretario general, Guillermo Siro -que también preside la Confederación Económica de la Prov. de Buenos Aires (CEPBA) y representantes de una docena de cámaras, para describir las oportunidades de exportar a China. Y ofrecer su colaboración.

Esto tiene su origen, por supuesto, en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, propuesta por China en 2013, que se ha convertido en la plataforma principal del gigante asiático para la cooperación internacional.

Para nuestro país, el disparador fue, evidentemente, la intención que manifestó la Cancillería del nuevo gobierno de Alberto Fernández -recogida por medios locales y chinos y nunca desmentida- al enviado de Xi Jinping a la asunción presidencial, de sumarse a la Iniciativa.

Por lo que se dijo en la reunión, las oportunidades de exportar a China son ilimitadas -más allá del problema sanitario que hoy les preocupa. Y la CCFRA está para ayudar. Ahora, como ya señaló un anterior embajador chino hace más de 6 años, mucho depende de la iniciativa y el empuje de los empresarios argentinos.

Gran Bretaña estatiza una red ferroviaria «por mal servicio»

La problemática compañía ferroviaria Northern Rail, que sirve el norte de Inglaterra, será puesta bajo control gubernamental, anunció el secretario de Transporte británico, en vísperas del Brexit.

La decisión, que despojará de la franquicia de la empresa al operador Arriva Rail North desde el 1 de marzo, se tomó después de años de interrupciones en el servicio.

El secretario de transporte Grant Shapps dijo que los pasajeros habían «perdido la confianza en la red ferroviaria del norte». Arriva Rail afirmó que «entendió la decisión del gobierno», pero que los problemas se debieron principalmente a «factores externos» como la infraestructura ferroviaria.

La compañía se ha enfrentado a una serie de problemas en los últimos años, incluidas cancelaciones y demoras generalizadas, y los pasajeros se quejan del caos ferroviario desde que se introdujeron nuevos horarios en mayo de 2018, y los problemas de puntualidad y confiabilidad han seguido afectando a la red.

Northern Rail también enfrentó desafíos debido a proyectos de infraestructura, huelgas y una flota de trenes envejecida. Su bajo rendimiento continuo le valió el apodo de ‘Northern Fail’ de los pasajeros frustrados.

Ante esta noticia, en AgendAR sólo podemos decir que si las concesionarias de servicios públicos en nuestro país fueran estatizadas por mal servicio, quedarían pocas en manos privadas.

Jugando a tres bandas: el FMI, los bonistas privados y los precios del dólar

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Ayer hubo noticias en los tres frentes donde se juega el destino inmediato de la deuda argentina: como resultado de las conversaciones con el ministro Martín Guzmán el FMI anunció que en febrero enviará una misión; los fondos de inversión titulares de la mayor parte de los bonos emitidos por Macri -tras hacer correr versiones que hablan de su descontento con lo (poco) que les dijo Guzmán- eligieron a Gerardo Rodríguez Regordosa, jefe de mercados emergentes de Black Rock para encabezar su negociación; y el dólar oficial -con el que se importa y exporta- llegó a $ 63, el «solidario» rozó los $ 82, el MEP se acercó a $ 83, y el CCL superó los $ 84.

Hemos publicado relativamente pocas notas en AgendAR sobre el tema financiero -piensen que hay todos los días, en todos los medios masivos- porque tenemos claro que son, en el fondo, incidentes en una puja en curso, de la que todavía falta para el resultado.

El ministro Guzmán, por encima de él el presidente Fernández, pretenden renegociar la deuda en los términos más favorables, es decir, con la mayor quita de capital e intereses y, sobre todo, espaciar los vencimientos. Por razones obvias, y también porque un compromiso demasiado exigente terminaría exigiendo otra renegociación, ante la primera tormenta en los mercados financieros. Desde un lugar distinto, pero cercano en la estrategia, Kicillof -sobre lo suyo informamos aquí– hace un gesto de dureza y no paga u$s 27 millones en intereses mientras no acepten la postergación de sus bonos.

Por los otros dos lados, el FMI le otorgó a la Argentina el mayor «rescate» en su historia reciente, que compromete una buena parte de su capital prestable, los fondos de inversión… bueno, recordemos que Black Rock, junto con Franklin Templeton, están según Bloomberg entre los más afectados por la crisis argentina que se desató en 2018, con Macri y Caputo.

Ningún jugador importante está buscando el default (los precios de los bonos argentinos, aunque hayan bajado, están todavía demasiado altos para el negocio de los fondos buitres). Pero nadie cederá fácilmente, lo que significa que el riesgo está latente.

El alza de los distintos precios del dólar es el telón de fondo contra el que se libra la puja. El «veranito» de tranquilidad de las primeras semanas, cuando se vio que el gobierno estaba dispuesto a cobrar impuestos y limitar gastos ha concluido. Y la inflación, aunque menor que en noviembre, continúa alta.

La «fuga» de capitales es el resultado que nadie ahorra en pesos, a pesar del superávit comercial, que resulta de la caída de las importaciones. Y no habrá inversiones importantes hasta que la negociación de la deuda externa haya llegado a su fin.

Gobernar la Argentina nunca ha sido una tarea para nervios débiles. Tampoco vivir en ella.

Diego Hurtado: “En la Argentina la ciencia es potente pero la tecnología es débil”

El secretario de Planeamiento y Políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación del MINCYT habla sobre cómo buscarán revertir el desmantelamiento en el sector científico-tecnológico y de qué manera atenderán la vinculación con el sector productivo, la articulación con otros ministerios y el extractivismo:

«Diego Hurtado suele deambular con un libro en la mano, una colita en el pelo y mil ideas en la cabeza. Aunque camina apurado, su andar suele ser interrumpido por estudiantes, profesores e investigadores que lo saludan en el campus de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y le sacan charla. Así fue, sobre todo, en los últimos años, en los que asistía a cada mesa de debate sobre el futuro de la ciencia y la tecnología en la Argentina y a cada marcha convocada en rechazo a las medidas de ajuste, mientras delineaba políticas de reconstrucción del sector junto con el entonces diputado y actual ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza.

Hurtado es doctor en física, docente en la UNSAM y experto en una problemática que lo desvela: el desarrollo tecnológico en países semiperiféricos. También fue presidente de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) y miembro del directorio de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. Hoy es la mano derecha de Salvarezza bajo el cargo de secretario de Planeamiento y Políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación. En esta entrevista con TSS, agencia de noticias que creó y dirigió, se refirió a cómo la nueva gestión del área científico-tecnológica enfrentará las deudas que dejó la gestión anterior, reconstruirá un sistema desmantelado y enfrentará diversas problemáticas como la vinculación con el sector productivo, el extractivismo, la articulación con otros ministerios y la necesidad de profundizar la federalización de la ciencia en la Argentina.

¿Cuál va a ser el rol del MINCYT en el nuevo Gobierno?

Las primeras iniciativas muestran un giro de 180 grados respecto de las políticas de desindustrialización, financierización, extranjerización y endeudamiento del macrismo. En este proceso de recuperación de un sendero de desarrollo, el nuevo MINCYT debe responder a esta reorientación con todas sus capacidades. Por eso, vamos a trabajar en agendas de investigación y desarrollo alineadas con las políticas de áreas como desarrollo social, salud, energía, industria, ambiente, agro y defensa. Lograr reorientar las agendas del sector de ciencia y tecnología en la dirección de un proyecto de democracia con industria, generación de empleo y ampliación de derechos es un problema político que debe ser atendido, con una política científica que acompañe el fortalecimiento de nuestras pymes y garantice un desarrollo con sustentabilidad ambiental.

¿Cómo se pueden lograr estos objetivos en un marco de pobreza en aumento y emergencia alimentaria?

Si nos comparamos con las economías denominadas centrales, la primera diferencia crucial que encontramos en las actividades de ciencia y tecnología, a lo largo de su historia, es su desconexión con la realidad socioeconómica. Para ser más preciso, hoy podemos decir “desconexión parcial”, porque podemos mostrar muchos ejemplos, aunque no los suficientes, de desarrollos científicos y tecnológicos con distintos grados de impacto, que son justamente las experiencias que nuestro país debe ser capaz de comprender y multiplicar. Acá hago un paréntesis necesario para evitar malentendidos: la historia enseña que esto que llamo “desconexión” no se explica por un pecado original de la ciencia argentina, sino por la condición de país semiperiférico con una economía extranjerizada. Es un problema político vinculado a una historia de inestabilidad institucional, de gobiernos de facto y neoliberales que han logrado obstruir los procesos de aprendizaje, acumulación de capacidades y enraizamiento de las actividades de I+D, y que las desconectaron de la realidad socioeconómica. Hoy, en lo que hace a la emergencia alimentaria, es importante lograr una mayor vinculación entre el conocimiento científico y sectores como la agricultura familiar, los pequeños productores y las pymes, y esto supone empezar a resignificar qué ciencia y qué tecnología necesitamos. Un ejemplo bien concreto es que el MINCYT se sumó rápidamente al “Plan Argentina contra el hambre” y estamos evaluando más de 100 proyectos para seleccionar entre los que puedan dar una respuesta rápida al hambre y la malnutrición. Hoy contamos con información georreferenciada de peso y talla de población infantil para seguir en tiempo real la situación nutricional. Es muy alentador tener como aliados a Ginés González García y Daniel Gollán en los ministerios de Salud nacional y bonaerense, a Daniel Arroyo y Victoria Tolosa Paz en el área social, a Luis Basterra en Agricultura, y a referentes de la producción popular como Enrique Martínez, todas y todos trabajando en la misma dirección. La unidad política ayuda a potenciar todo lo que nos proponemos desde el MINCYT.

¿Qué situación encontraron en la Secretaría de Ciencia que dejó Lino Barañao?

La gestión de Macri dejó un área de Ciencia devastada y sin rumbo. Tenemos deudas por millones de euros en cooperación científica con la Unión Europea (UE), por ejemplo. Al mismo tiempo, nos dejó para pagar 400.000 euros por un trabajo de consultoría de la UE que consiste en entrevistar a actores locales para que les digan a la UE qué nos tiene que recomendar. Es surrealista. Si le pedimos a la UE que nos diga qué hacer, la UE nos va a decir que hagamos aquello que necesitan las pymes europeas. Hace mal a la salud ir descubriendo la herencia de Barañao cuando había becas por debajo de la línea de pobreza y subsidios paralizados. Es decir, no arrancamos de cero, arrancamos de menos diez. Sin embargo, la ciencia argentina es relativamente potente y logra sobrevivir en contextos de enorme adversidad. Ya estamos trabajando en la reconstrucción de las agendas de investigación y desarrollo con absoluta percepción de la realidad nacional. Ahora bien, en la Argentina la ciencia es potente pero la tecnología es débil. Necesitamos, de manera urgente, respuestas tecnológicas que ayuden a escalar capacidades en nuestras economías regionales y en los sectores industriales con potencial exportador. Hay que poner un mayor esfuerzo en estos eslabones. No estoy diciendo que nos sobre la ciencia básica, más bien nos falta, pero el problema que arrastramos como un rasgo de subdesarrollo es la debilidad de los eslabones relacionados con la gestión del cambio tecnológico.

¿Por qué la tecnología argentina es débil?

Porque son los procesos de cambio tecnológico los que padecen las mayores obstrucciones en un país en desarrollo. El lugar asignado a la Argentina en el capitalismo global es el de país comprador de tecnología, de valor agregado y de conocimiento. Las capacidades tecnológicas son el blanco de las políticas de desindustrialización y extranjerización de los gobiernos neoliberales. Es la tecnología la que no logra sobrevivir con estas políticas. Macri llegó para clausurar el Arsat 3 o dárselo a la empresa norteamericana Hughes. También para desmantelar las capacidades nacionales en aerogeneradores, la producción local de medicamentos, la agricultura familiar, los desarrollos de vagones de ferrocarril y la producción en Astilleros Río Santiago, para desguazar el INTI y paralizar el plan nuclear con permanentes mentiras. El alineamiento incondicional como política exterior de gestiones como las de Menem y Macri presuponen la venta de materias primas con escaso valor agregado y el achicamiento de las actividades de ciencia y tecnología, que pasan a ser ornamentales. Por eso es imprescindible una política exterior que defienda los objetivos tecnológicos argentinos que propone el gobierno de Alberto Fernández, que van a contracorriente del ideal de América Latina como patio trasero. Para eso necesitamos producir y exportar satélites, medicamentos, radares, reactores nucleares, energías renovables, software y biotecnología.

Si la Argentina no pudo superar estos obstáculos en los últimos 60 años, ¿por qué podría superarlos ahora?

Yo creo que es posible por la experiencia y los aprendizajes que tuvimos en el período que se transitó de 2003 a 2015. La primera lección que nos dejó ese período es que, cuando un gobierno tiene la decisión de impulsar la ciencia y la tecnología, el sector responde y se aceleran los procesos. Durante ese período hubo éxitos y fracasos pero sobre todo hubo enormes aprendizajes en la gestión. Si bien el macrismo clausuró este proceso, los aprendizajes pueden ser recuperados y mejorados. La segunda gran lección de ese período es que, a pesar de Barañao, las ciencias sociales fueron ganando un lugar crucial. Yo creo que este es el principal signo de que es posible comenzar a construir un Estado para un proceso de desarrollo sostenible y, en el largo plazo, de cambio estructural. Basta con darle una mirada al Estado argentino hoy: Sabina Frederic y su equipo en Seguridad, Axel Kicillof en la Provincia de Buenos Aires, Matías Kulfas en Desarrollo Productivo, Roberto Salvarezza en Ciencia, Agustín Rossi en Defensa, Nicolás Trotta en Educación, todos con equipos que incluyen a cientistas sociales de primera. El Estado se llenó de ciencias sociales para la gestión y el desarrollo. Sumo a Tristán Bauer y a Claudio Martínez en sectores como Cultura y Medios, que me generan enormes esperanzas para dar la batalla cultural por una ciencia y tecnología propias, necesarias para escalar el Aconcagua del desarrollo. Hay que superar la pesadilla del péndulo industrialización-desindustrialización, sostenido por una derecha anacrónica que no quiere que nos desarrollemos porque solo sabe extraer rentas extraordinarias de los negocios financieros, que se sostiene sobreexplotando el trabajo argentino y apropiándose de los recursos naturales.

El problema del extractivismo es una deuda pendiente de los gobiernos desarrollistas latinoamericanos y los pueblos demandan cada vez más ir hacia nuevos modelos de producción. ¿Cómo piensan atender este reclamo?

Hay una izquierda académica, rigurosa, un poco idealista, y está bien que lo sea, que nos llama neodesarrollistas, una izquierda que, a pesar de la necedad de tender a igualarnos al macrismo, yo creo que es necesaria para obligarnos al debate y al pensamiento crítico, que tiene el mérito de habernos empujado a enfrentar algunas de nuestras debilidades con relación al problema de la sustentabilidad del desarrollo y la justicia ambiental. Ahora bien, escribir libros sobre los desastres socioambientales del capitalismo es imprescindible, pero cuando te toca gobernar en un país en desarrollo los libros no alcanzan. Hay puntos ciegos, por ejemplo, en las relaciones de poder en juego, que se expresan de forma incompleta en la investigación académica. El problema que enfrenta un gobierno progresista en la Argentina es, simplificando, la temporalidad del desarrollo con un punto de partida donde la correlación de fuerzas es muy negativa. Como en diciembre de 1983, o en enero de 2002, o en diciembre de 2019, la derecha deja los restos de una orgía obscena. Perdón por la imagen, pero el macrismo fue una orgía de mentiras y negocios que dejó un 40% de pobreza y una deuda impagable. Neutralizar esta correlación de fuerzas supone un proceso de construcción de legitimidad y poder político. La sustentabilidad ambiental es el punto de llegada de un proceso. El punto de partida es una economía extranjerizada y un gobierno con el 30% del poder político. En paralelo, hay que avanzar en la generación de un contexto democrático para trabajar la cuestión de la licencia social o los consensos sobre los proyectos provinciales de desarrollo, como audiencias públicas y consultas libres e informadas a las comunidades. No se trata de sí o no a la minería, a la energía nuclear, al fracking o a los transgénicos. Una cosa es Monsanto y otra bien diferente son las semillas desarrolladas con conocimiento argentino. Una cosa es la minería de oro, que nos deja poco o nada a cambio de lo mucho que se llevan corporaciones extranjeras, y otra cosa es la minería de uranio cuando existe la cadena de valor del combustible nuclear, que es un producto de altísimo valor agregado. Es obvio que estoy simplificando mucho sobre un problema complejo, pero tenemos que animarnos a hablar con claridad de estas cuestiones. Son temas muy sensibles que funcionan como atractores de oportunismo e intereses difíciles de desenredar, porque somos un país con un Estado débil y con capacidades regulatorias deficientes. El sector de ciencia y tecnología tiene un papel enorme que cumplir en esta agenda y creemos que es fundamental el respeto de las comunidades y de la licencia social. En ese sentido, una novedad positiva es que tenemos un ministro de Desarrollo Productivo que tomó la iniciativa de comenzar a trabajar con sus pares de Ambiente y de Ciencia y Tecnología para atender este tipo de problemáticas.

En este escenario, ¿qué relación hay entre ciencia y democracia?

Lo que va a garantizar que la Argentina pueda convertirse en un modelo de democracia latinoamericana es la apuesta a producir conocimiento, ciencia y tecnología en estrecha relación con sus políticas públicas. En esta dirección, otra lección que aprendimos es que es imprescindible pensar las políticas de ciencia y tecnología con las categorías correctas, para generar acciones y procesos compatibles con la realidad social y productiva del país. Si me hablan de industria 4.0 y de frontera tecnológica sin entender qué tecnología es capaz de asimilar nuestra matriz productiva me están vendiendo humo y así se termina comprando conocimiento llave en mano. La venta discursiva de frontera tecnológica en abstracto le hizo perder mucho tiempo a nuestro país y a la región. Los países en desarrollo, como la Argentina, tienen que aprender a generar procesos de acumulación de capacidades y de coordinación con el sector productivo para crear pymes tecnológicas. Un ejemplo claro es Arsat. Con los Arsat 1 y 2 el Estado recauda alrededor de 50 millones de dólares por año, lo que posibilita financiar el Arsat 3 para recaudar un poco más y permitirles a empresas nacionales de telecomunicaciones hacer negocios con la banda ancha. Pero la magia comienza cuando podamos exportar un Arsat mientras generamos una plataforma de desarrollo satelital para que las empresas nacionales hagan negocios tecnológicos. Además, si fabricamos y exportamos satélites, recaudamos divisas. El conjunto queda capturado en los conceptos de soberanía tecnológica e independencia económica. Este ejemplo podría replicarse en biotecnología, aeronáutica, informática. Lo importante es visualizar el sendero y sostenerlo con políticas públicas y estabilidad institucional.

Un aspecto que ha sido deficiente en la búsqueda de una vinculación exitosa entre el sector científico-tecnológico y el productivo es la articulación interministerial. ¿Qué harán al respecto?

Por un lado, está la construcción política de esta articulación. Desde el día uno de la nueva gestión, el ministro Salvarezza empezó a reunirse con sus pares para definir agendas y armar grupos de trabajo bilaterales o multilaterales. Una orientación exactamente opuesta a la de Barañao, que tendió a encapsular a su ministerio, luego degradado en secretaría. Hoy, avanzamos en la definición de agendas perentorias y de mediano plazo. El siguiente paso será activar el Gabinete Científico-Tecnológico (GACTEC), que es el recurso institucional formal donde los y las ministras acuerdan metas concretas, plazos, compromisos y formas de coordinación con el MINCYT. En lo personal, creo que la iniciativa política de poner en la primera línea del MINCYT la demanda de los otros sectores del Estado supone una transformación histórica que abre una nueva etapa superadora de la ciencia y la tecnología en la Argentina, que va a producir impactos muy positivos en el mediano plazo.

Otro aspecto sobre el que suele llamar la atención la comunidad científica es la necesidad de una mayor federalización de la ciencia y la tecnología. ¿Qué harán para avanzar en este sentido?

El desequilibrio geográfico del sector de ciencia y tecnología es apabullante. Tiene su problema espejo en el desequilibrio de los diferentes dinamismos y capacidades de incorporación de conocimiento de las economías regionales. Enfrentar el problema es complejo y requiere de la decisión política, por un lado, del Gobierno nacional y, por otro lado, de las administraciones provinciales y municipales. Alguien que dirige un instituto importante en la región metropolitana me decía: “Hay más investigadores en este laboratorio que en todo el noreste argentino”. El nuevo MINCYT va a enfrentar esta debilidad con todos sus recursos. El COFECYT es el recurso formal que nos va a ayudar a impulsar una política coordinada de federalización. Sin embargo, al COFECYT lo vamos a potenciar con un trabajo de diagnóstico y de impulso de municipios que funcionen como casos testigo, que nos ayuden a mostrar resultados que pueden ser multiplicados en otros lugares.

¿Cómo lo ve a Salvarezza como ministro?

Salvarezza es un ministro que surgió como producto de un proceso de construcción política. Como presidente del CONICET, impulsó novedades como la empresa Y-TEC y, como diputado nacional, defendió al sector de las anti-políticas del macrismo. Así, se posicionó, casi naturalmente, como la figura de la convergencia y, me animo a decir, del consenso de buena parte del sector. Se trata de un hecho político inédito y que el ministro de Ciencia y Tecnología sea un emergente del sector es para ilusionarse porque supone la articulación de un liderazgo. Eso significa compromiso y protagonismo de la ciencia y la tecnología en la primera línea de las políticas públicas. En el corto plazo, protagonismo para la salida de la crisis. En el mediano plazo, protagonismo para el despegue económico.»

Nadia Luna, de la Agencia TSS