La CNEA vende tecnología nuclear oncólogica a Corea del Sur – II

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Matar células cancerosas sin que se enteren las sanas: noble propósito. Pero a la hora de la clínica, “la rugosa realidad”, como la llamó el poeta Arthur Rimbaud, es más desprolija que las teorías. Eso sucede al punto de que por ahora nadie logra entender por qué la terapia por captura de neutrones en boro, BNCT da algunos resultados tan espectaculares, y otras veces ninguno, y así seguirán las cosas hasta que haya miles de casos tratados. Se necesitan muchos estudios y una fuente de neutrones barata instalada en un hospital especializado en cáncer.

En 2021, uno de los mayores hospitales radiológicos del mundo, el coreano KIRAMS, tendrá un acelerador argentino con el cual empezar experimentos clínicos de fase 1, 2 y quizás 3. Son los pasos previos al licenciamiento y la fabricación masiva, si los números indican ventajas clínicas y económicas respecto de otras terapias radiantes.

Probablemente, cuando el KIRAMS entre a ese ruedo, aquí el Instituto Municipal de Oncología Ángel Roffo y otros, tal vez en un entorno más favorable al desarrollo tecnológico y a la salud pública, quieran y puedan participar de los ensayos con los coreanos. En una fase 3 conviene que sean multicéntricos: muchos hospitales en varios países.

Y no es que el Roffo no haya tratado antes, sólo que se quemó con leche. En 2003, en alianza con la CNEA, ese hospital inició un experimento de fase 1 con una decena de pacientes con melanoma en el reactor RA-6 del Centro Atómico Bariloche. Cuando publiqué el asunto en La Nación, un radiólogo escéptico me dijo: “Arias, el BNCT es la terapia del futuro… y siempre va a serlo”.

Bueno, tuvo razón en ese caso. Aquel fue un experimento demasiado cauteloso y caro en una Argentina cuya economía empezaba a salir del derrumbe en que la habían puesto repetidas recidivas en el Ministerio de Hacienda del intratable doctor Domingo Cavallo.

El melanoma es a su modo el más agresivo y recidivante de los cánceres de piel. Como no era cuestión de inmunosuprimir o matar a los pacientes con una irradiación de cuerpo entero, en el RA-6 sólo se usó el haz de neutrones en las metástasis en las piernas. Suena cruel, pero en un estudio preclínico se mide más la toxicidad del nuevo tratamiento que su eficacia. Si ésta resulta promisoria, es un regalo, los dioses te sonríen y seguís participando. Es un mundo intercomunicado: alguien pondrá la plata para pagar una fase 1 y hasta una 2, ésa quizás con centenares de pacientes.

Para esa fase preclínica criolla hubo que adaptar toda la arquitectura de uno de los haces de salida de neutrones del RA-6, y trasladar los pacientes al lugar. La eficacia fue sorprendente, medida en remisiones totales y parciales, pero el progreso de la enfermedad desde las metástasis no irradiadas del resto del cuerpo de los enfermos siguió su dinámica letal, como era de esperar. Entre 2003 y 2007, por la logística de pesadilla y las limitaciones inherentes al reactor, sólo se pudo tratar a 10 pacientes.

¿Cuáles limitaciones? La lista es larga. En 2007 el RA-6 debió parar un par de años –obligaciones diplomáticas- para reconvertirse de funcionar con uranio militar (enriquecido al 90%) a uranio civil (19,7%). Esta discontinuidad les enfrió los ánimos a los oncólogos involucrados. En 2015, el RA-6 inició nuevos ensayos pre-clínicos con bastantes mejoras en el haz de irradiación. Pero soplaban vientos nuevos.

Aquel año la cantidad de profesionales y técnicos que puso la CNEA bajo dirección del doctor en física Gustavo Santa Cruz en el tema BNCT llegó a 70 personas, como evidencia del interés creciente de la CNEA en la materia a partir de 2008. Simultáneamente, como prueba de un cambio de guardia tecnológico, el doctor en física Andrés Kreiner, experto en aceleradores desde 1974, recibió luz verde de la presidenta de la casa, Norma Boero, para construir el laboratorio y el futuro centro de BNCT en el Centro Atómico Constituyentes.

El laboratorio sigue en veremos, y el aparato es el que puede ver en la foto de apertura de la primera parte de este artículo. Avanzó sin más problema que las perplejidades técnicas del caso entre 2008 y 2015. No fueron pocas. ¿Cómo acelerar protones a muy altas energías para crear neutrones de muy bajas? Es un camino complejo e indirecto, y explicarlo paso a paso requeriría de otro artículo.

La escueta flota mundial de reactores está ocupada en sus misiones de diseño: formar ingenieros y físicos nucleares, desarrollar nuevos materiales electrónicos o de ingeniería, y fundamentalmente, producir radioisótopos médicos. Por ende, es irreal transformarlos en radioquirófanos. Al bajar la producción mundial de radioisótopos médicos, la movida costaría más vidas de las que podrían salvarse. Esto viene frenando a la BNCT como eventual tratamiento estándar desde los ’90.

Pero otros países fueron más audaces que nosotros y lograron otros resultados más sorprendentes con BNCT incluso en reactores: por ejemplo, eliminación de melanomas vulvares y peneales, cuyo abordaje con cirugía o con terapias radiantes fotonicas es mutilante.

La universidad de Pavia, Italia, llegó a extirparle el hígado a dos enfermos con cánceres hepáticos, llevar esos órganos para una “barrida” con neutrones en el reactor académico, y reimplantarlos hora y media después a los pacientes. 100% de remisión sostenida en el tiempo. Increíble, pero 2 casos no son nada. Y no todo paciente resiste ese tiempo en un quirófano sin su hígado, ni todo quirófano tiene un reactor a tiro.

En Japón se hizo un ensayo con pacientes con glioblastoma multiforme, un cáncer cerebral muy intratable por infiltrante y muy radioresistente. Las tasas de sobrevida libre de síntomas de los irradiados excedían lo esperable, pero nuevamente, los casos sumaron algunas decenas y su costo convenció a las obstinadas autoridades médicas japonesas de que llevar un paciente a un reactor era como pretender que la montaña fuera hasta Mahoma.

Japón entonces decidió desarrollar otras fuentes de neutrones, lo que provocó el entusiasmo corporativo de Sumitomo, Mitsubishi e Hitachi por llegar primero y con la mejor. Si el gobierno no se pone al frente, las “zaibatzus” (megacorporaciones familiares, en japonés) se dedican a otros negocios. Se llama capitalismo, guste o no.

Mirando el panorama con ojos muy capitalistas, las terapias radiantes hoy son empleadas como abordaje principal o como refuerzo de algún otro abordaje en el 50% de los casos de cáncer. Incluso una fracción chica de esa fracción gigante es mucho mercado.

Hoy los “abordajes emergentes favoritos” en tumores complicados y diseminados en sitios difíciles son los aceleradores para protonterapia o hadronterapia, máquinas despiadadamente caras. Para la BNCT ahora tiene una oportunidad REAL de hacer estudios masivos con aparatos más baratos, y convencer a los no creyentes o a los simplemente desilusionados de que no han esperado 30 años en vano.

Corea está en mejores condiciones que nosotros para pagar semejante investigación clínica. Si las cosas salen bien, miles de personas hoy sin perspectivas ganarán años de vida y los radiólogos pensarán en la BNCT como un arma opcional para casos difíciles, y luego quizás en un abordaje habitual de primera línea, ya muy lejos de aquel eterno experimento científico. Y en ese caso aquí, como padres intelectuales de la criatura que se ve en la foto, estaremos cobrando unas regalías de órdago.

En suma, que lo que le vendemos a Corea todavía es una solución en busca de problemas, y lo que pagan (U$ 700 mil) es una bicoca. Pero esto nos permite sumarnos a la carrera con 8 países subidos a un potro veloz. Y la propiedad intelectual del acelerador de la CNEA sigue siendo argentina. Esto significa que más que un cliente de única vez, en Corea tenemos un cliente/socio para una relación más larga. Y según vienen las cosas aquí, eso da para celebrar.

Remando en dulce de leche

Esto que narré podría no haber sucedido en absoluto. Desde 2008 a 2015 el progreso fue constante, pero desde 2016 el proyecto siguió vivo sólo por la vocación de remar contra viento y marea del equipo conducido por el físico Andrés Kreiner, quien ha escrito más de una vez en AgendAR.

Kreiner vino peleando cada centavo en una CNEA supeditada desde 2016 a ser una repartición sometida a la Secretaría de Energía, teledirigida a través de una Subsecretaría por indiferentes caciques petroleros, y con un inexplicable sociólogo (sic), el licenciado Julián Gadano, al frente de la mayor masa crítica de doctores y posdoctorados en disciplinas nucleares del Hemisferio Sur.

Según usos y costumbres, los mandamases petroleros no son gente que vaya a poner un mango en desarrollos tecnológicos y médicos como éste. Si les hablan de energía atómica, ¡cruz diablo!, recuerdan que 1000 megavatios nucleoeléctricos son 1.600 millones de metros cúbicos de gas que no te podrán vender. Y si se agarran un cáncer, se van a hacer tratar en EEUU.

Kreiner y otros 150 expertos en el 18° Congreso Internacional sobre BNCT en Taipei, 2018. Es el de saco gris pero sin corbata, en tercera fila a la izquierda. Pudo asistir pese a la negativa del subsecretario de Energía Nuclear a pagarle el hotel. Taiwán se hizo cargo de todo. La venta de la fuente de neutrones de la CNEA a Corea se “chamuyó” en ese congreso.

Bajo tal dirigencia la CNEA, señoras y señores, perdió el 53% de su presupuesto en 4 años. En 2015, fue de U$ 363 millones, y en 2019, de U$ 170. Se paró casi todo proyecto de investigación, se atrasaron y luego frenaron obras críticas como las del reactor RA-10 de Ezeiza y el CAREM 25 en Lima, éste con 500 suspensiones, se cerró la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) en Neuquén con el raje de más de 350 trabajadores altamente calificados, y la lista sigue. En cuatro años retrocedimos veinte.

En la debacle general, el equipo de Kreiner sobrevivió al “presupuesto cero” que decapitó a muchos otros sólo porque estaba defendido por contratos de construcción y equipamiento firmados antes de 2016. Su caída habría generado juicios contra la CNEA.

Gadano tuvo que sostener este proyecto sólo porque fue defendido por sus subordinados, pero lo hizo como la cuerda al ahorcado. La constructora debió haber terminado en 2017 un búnker donde cupiera una máquina del doble de voltaje que la que se ve en la foto, pero esa firma adoptó la costumbre de detener la obra para renegociar, generalizada hoy entre todos los contratistas de la CNEA, razón por la cual hoy está parado todo: el Programa Nuclear en catatonia.

La fuente de neutrones para BNCT sigue comprimida en un laboratorio minúsculo del Centro Atómico Constituyentes. Con un despeje de al menos 10 metros de altura, podría producir 1,45 MeVs (mega electrón volts), lo que habría permitido al menos iniciar un “trial” de fase 1 en Argentina. En el mundo oncológico, si uno tiene resultados publicados y estos prometen, negocia con poder. Los interesados hacen fila ante tu puerta.

El equipo remanente del proyecto BNCT de la CNEA. Kreiner es el de la izquierda. Cortesía de Pedro Roth, revista TSS.

En esta especie de naufragio del Titanic iniciado en nuestro programa nuclear desde 2016, y mientras Kreiner hablaba con medio mundo (y entre ellos, los coreanos), aquí se le incendiaba el rancho: perdió 3 ingenieros electrónicos y 1 técnico, todos por sueldos bajos y niveles de frustración altísimos. Es una muestra micro de lo que pasó desde 2016 en todo el ámbito nuclear argentino. ¿Quiere una prueba gráfica? Compare el elenco de la foto de apertura con el de la mucho más reciente foto anterior.

Kreiner pudo concurrir al Congreso Mundial de BNCT de Taipei, el año pasado, porque los organizadores, que le vieron quilates a los fierros desarrollados en la CNEA, le pagaron todos los gastos. Los acuerdos entre instituciones científicas se cepillan y emprolijan a posteriori, pero los lineamientos técnicos concretos se han charlado antes en los pasillos de los congresos y conferencias. Si uno tiene algo interesante, sirven para eso.

Gadano es llamado “el turista nuclear” en otros pasillos (los de la CNEA) por viajar, infatigable y a escote del país, a todo tipo de eventos mundiales (y no precisamente en clase turista). Pero ante el congreso de BNCT en Taipei de 2018, Gadano se negó a firmarle la hotelería a Kreiner. Para vergüenza de la Argentina, se tuvo que hacer cargo de todo el estado de Taiwán.

En Taipei los coreanos se convencieron de la sencillez y aplicabilidad clínica de nuestra tecnología. Tras algunos meses de pulseada, esto terminó en el contrato que dio lugar a este artículo. “Para ser justo- confiesa Kreiner- tengo que decir que desde el presidente de la CNEA (Dr. Osvaldo Calzetta Larrieu) para abajo, las autoridades de la casa vieron que esto era importante para el país y pusieron el hombro para que todo saliera en tiempo y forma”. El físico se refiere a profesionales nucleares serios con décadas de trayectoria científica y tecnológica (como él mismo), no a turistas ni a petroleros.

Cuando las pesadillas se terminan, es hora de resucitar algunos sueños.

Daniel E. Arias

II Simposio Latinoamericano de Pequeños Satélites, en el Centro Cultural de la Ciencia

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Durante este simposio que se realiza en el C3 se presentaron avances y desarrollos satelitales para órbita baja, un segmento que crece cada vez más. La baja de costos y la estandarización de la tecnología permite que nuevos países, empresas e instituciones incursionen en el sector espacial.

El “II Simposio Latinoamericano de Pequeños Satélites: Tecnologías avanzadas y sistemas distribuidos”, fue inaugurado en el Centro Cultural de la Ciencia (C3), Godoy Cruz 2270, C.A.B.A., y se extiende hasta hoy, lunes 18. Está organizado por la Academia Internacional de Astronáutica, el Instituto Colomb de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la Universidad Nacional de San Martín, y la empresa rionegrina INVAP.

Ahí se presentaron las tendencias mundiales y los desarrollos tecnológicos asociados con este tipo de artefactos. El objetivo principal del simposio es ofrecer oportunidades para intercambiar información, explorar nuevos conceptos y desarrollar nuevas relaciones de colaboraciones entre estudiantes, investigadores, la industria y la academia.

Hace tiempo que los pequeños satélites que ocupan órbitas de baja altura permitieron democratizar el acceso al espacio para países con menos recursos, sobre todo gracias al abaratamiento de la tecnología y la reducción de los costos de la puesta en órbita. En la órbita LEO (Low Earth Orbit), la más baja en la que se colocan satélites, a unos 400 kilómetros de altura, es posible colocar artefactos con una electrónica similar a la que se usa en la Tierra, lo que permite tener costos muy bajos en comparación con artefactos más complejos como los que ocupan alturas más altas.

Países en vías de desarrollo, empresas privadas e instituciones académicas de diversas partes del mundo están poniendo en órbita satélites de poco más de un kilo y una vida útil de alrededor de dos años por solo unos pocos miles de dólares, algo inimaginable décadas atrás.

“La Argentina está en una etapa incipiente en lo que hace a pequeños satélites, con un proyecto comercial como es el de la empresa Satellogic. Tenemos una posición muy fuerte en satélites grandes, como el SAOCOM, los dos geoestacionarios de ARSAT y la serie SAC de la CONAE, pero en pequeños satélites estamos comenzando. Sin embargo, algunos visitantes que hemos tenido se han sorprendido con el nivel de los trabajos de los estudiantes. Si bien la Argentina es líder a nivel regional, tal vez haya que poner un poco más de énfasis en este sector, como lo está haciendo Brasil”, dijo Livio Gratton, director del Instituto Colomb de la UNSAM.

Durante una de las jornadas que tuvieron lugar en el C3, en el Polo Científico de Palermo, expuso Makoto Kanazawa, director de la empresa japonesa Space BD, que presentó su plataforma de prueba de componentes espaciales y lanzamiento de satélites desde el módulo Kibo de la estación espacial internacional ISS. La misma posee un brazo robótico que tiene la capacidad de lanzar satélites pequeños al espacio así como un sector externo de la ISS en el que se pueden probar componentes en el espacio exterior. Se trata de una iniciativa comercial de acceso al espacio asociada a la Agencia Japonesa de Exploración del Espacio, JAXA, y este año ya se hicieron 16 lanzamientos de satélites desde la ISS.

En el simposio también se presentó el proyecto BIRDS, del también japonés Instituto de tecnología de Kyushu, que consiste en una plataforma de estandarización de satélites tipo cubesat, de 10 centímetros de lado, que permiten la experimentación a muy bajo costo, lo que posibilitó que, por ejemplo, Paraguay pudiera acceder a su primer satélite. Esta plataforma tiene la particularidad de que evita el uso de tornillos (mediante el uso de una estructura de aluminio doblado), que suelen ser un punto de falla durante la vibración que sufren estos artefactos durante el lanzamiento.

Se le preguntó a Gratton si la falta de avances en el lanzador Tronador II que se produjo en estos últimos cuatro años podía generar problemas en el desarrollo de satélites pequeños, a lo que respondió: “Los proyectos que van apareciendo pueden acomodarse con otros lanzamientos o incluso subirse a lanzamientos de misiones argentinas como el SAOCOM o SABIAMAR para lanzarlos con esa misión. No hay misiones para lanzar, no están listas, entonces el problema de no tener el Tronador II no está generando todavía una dificultad para lanzar nuestros satélites”.

Clive Oates, de Tecnología Satelital Surrey, presentó las pruebas iniciales de su futura constelación de 117 satélites en órbita Leo con antenas 5G, que permitirán conexión a celulares prácticamente en todo el mundo con alta velocidad. Esta tecnología podría ser muy útil en lugares sin cobertura de antenas terrenas o para trabajar como respaldo ante fallas en tierra. La misma empresa presentó su sistema de satélites de limpieza de órbita que son capaces de empujar a tierra satélites pequeños en desuso, tanto mediante el uso de redes como de arpones. La iniciativa podría ser útil en virtud de la gran cantidad de satélites que se lanzarán en diversas órbitas durante las próximas décadas. ( – Agencia TSS).

El «cepo hard» está conteniendo el precio del dólar. Consecuencias

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A pesar de las compras oficiales diarias, el dólar minorista completó el viernes tres semanas con bajas, tras registrar en las últimas cinco jornadas una merma de 12 centavos. Todo parece indicar que es el resultado del control de cambios implementado por el Banco Central a principios de septiembre, y potenciado a fines de octubre tras las elecciones presidenciales.

En la primera semana después del 27-O, el precio del dólar en entidades financieras y casas de cambio cayó $ 1,65, mientras que en los siguientes cinco días hábiles (primera semana de noviembre), anotó un retroceso de 30 centavos.

En rigor, desde la puesta en vigencia del cepo hard (se permiten solo compras de hasta u$s 200 por mes y por persona) hasta este viernes, el dólar minorista acumuló una baja de $ 3,18, o 2,1%, desde los $ 65 alcanzados previo a los comicios presidenciales. En tanto, la divisa mayorista registró desde el 28 de octubre pasado una caída mucho menor, de solo 33 centavos o 0,5%.

El retroceso en el tipo de cambio minorista fue mayor en estas semanas, debido a que los ahorristas se sobrecompraron antes de las elecciones, llevando el precio a valores récord, en momentos en que el BCRA contenía con fuertes ventas la cotización en el segmento mayorista. Con la calma cambiaria post 27-0, los minoristas comenzaron a desarmar sus tenencias para afrontar gastos corrientes en pesos, presionando a la baja al precio del dólar que se consigue en bancos y casas de cambio.

El BCRA, ante la ausencia de una demanda importante de dólares, aprovecha para realizar compras diarias de divisas, recuperando así parte de los recursos que utilizó para controlar la suba del dólar, antes del 27-O.

Desde la aplastante derrota del oficialismo en las PASO, el BCRA perdió unos u$s22.000 millones durante 11 semanas, pero con la vigencia del cepo hard la autoridad monetaria logró frenar la sangría, a partir de la compra de más de u$s 1.500 millones en el mercado mayorista (a través de bancos públicos), de acuerdo a datos oficiales y de operadores del mercado, aprovechando la fuerte restricción en la demanda.

Al mismo tiempo, los exportadores vienen acelerando lentamente las liquidaciones de divisas, ante la expectativa de la implementación de retenciones más altas, a partir del 10 diciembre con la asunción del nuevo gobierno peronista.

La quietud del precio del dólar hace a una transición más tranquila de lo temido. Los funcionarios que se van, y ciertamente los que llegan, se sienten más tranquilos. Pero la inflación -es decir, la desvalorización del peso- continúa. El aumento en los combustibles representa otro escalón. Se está alimentando un desequilibrio -todavía menor- pero que crece semana a semana. Los argentinos tenemos muchas experiencias que nos permiten anticipar como termina esta historia.

Paraguay es el 4° país en aprobar la soja HB4, tolerante a sequía

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Paraguay aprobó la comercialización de la variedad de soja resistente a la sequía y a herbicidas HB4, desarrollada por la empresa de biotecnología argentina Bioceres. Es otro paso para la biotecnología argentina.

Porque Paraguay es el cuarto país en aprobar esta tecnología, después de la Argentina, Estados Unidos y Brasil, los principales productores y exportadores del mundo.

La empresa Verdeca, un joint venture entre Bioceres y la estadounidense Arcadia, anunció “que se ha completado con éxito el proceso de revisión regulatoria” por parte del gobierno paraguayo y recibió la aprobación de su variedad tolerante a la sequía y herbicidas HB4 soja.

El gerente general de Verdeca, Martín Mariani indicó que “la aprobación de esta tecnología en Paraguay es otro paso significativo para la comercialización exitosa de la tecnología HB4 en el mercado sudamericano de soja”.

Remarcó que ahora la tecnología HB4 tiene aprobación regulatoria en más del 80 por ciento del mercado mundial de soja. Aún se espera la aprobación de China.

La CNEA vende tecnología nuclear oncólogica a Corea del Sur – I

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En AgendAR estamos satisfechos de publicar esta nota. Además, tienen motivo para estarlo los técnicos e ingenieros nucleares, los oncólogos y sus pacientes. Y el orgullo argentino.

Los manuales de periodismo dicen que hay artículo cuando algo en el mundo funciona al revés de lo habitual. En este caso hay dos, porque:

  •  la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) acaba de venderle tecnología nuclear médica a una potencia mundial en el asunto, el Korean Institute for Radiological and Medical Sciences (KIRAMS),
  • y cuando pase de prototipo a aparato clínico, el “fierro” de marras podría eliminar algunos tumores hasta hoy intratables por su estructura y localización: el glioblastoma multiforme (de cerebro), melanomas en sitios complicados (metástasis en cerebro, pene, vulva) y otros cánceres de abordaje difícil o imposible en cabeza y cuello.

Como con toda herramienta nueva, nadie sabe bien los límites de este desarrollo de la CNEA: la imponente máquina de la foto es un prototipo cuya construcción empezó en 2015. Podría funcionar a potencia clínica sólo en un edificio más alto que debió terminarse en 2017, pero la constructora paraliza la obra a cada rato por el contexto hiperinflacionario, y porque desde 2016 la CNEA perdió el 53% de su presupuesto. De otro modo, ya estaría usándose en pacientes aquí, en uno o varios experimentos de fase 1.

Comprensiblemente, los coreanos “se tiraron de palomita” para comprar este desarrollo. Por su diseño compacto, su bajo costo, su relativa sencillez y su mayor compatibilidad con la arquitectura y las regulaciones radiológicas de los hospitales, lo prefirieron contra otros emergentes japoneses y estadounidenses. En 2021 lo estarán empleando.

Esta inquietante e indescifrable máquina promete dar vuelta el panorama en un abordaje que, pese a su eficacia inusual, vegeta desde los ’90 en un subdesarrollo casi académico. Y esa frustración sucede en EEUU, Japón, Rusia, Italia, Israel, China, Taiwán, Corea y la Argentina. Es la llamada BNCT (Boron Neutron Capture Therapy), o terapia por captura de neutrones en boro.

Son treinta años en que un tratamiento conceptualmente revolucionario no pudo llegar a los hospitales y clínicas de radioterapia por falta de una fuente de neutrones barata y eficaz como ésta. Lectores: están viendo un desarrollo argentino quizás destinado a volverse “de primera línea” en el mundo durante este siglo.

La idea de toda radioterapia, desde las más antiguas (que usan fotones X o gamma), a las más modernas (que emplean partículas subatómicas), es suministrar cantidades drásticas de radiación ionizante a las células tumorales, pero disminuir todo lo posible el daño células y tejidos sanos colindantes.

Las terapias con fotones se valen de cabezales rotativos, que ejecutan una suerte de “ballet” pre-planificado y dirigido por computadora para ”iluminar” desde distintos ángulos de entrada el o los tumores. Los complicados de tratar tienen formas bastante irregulares. Los fotones X y gamma traspasan el cuerpo casi como la luz un vidrio turbio, de modo que el propósito es, en sucesivas sesiones, ir acumulando dosis ionizantes de iluminación en estas masas invasivas, pero disminuirla en tejidos y órganos sanos tanto en la vía de entrada de los rayos como en la de salida.

Las terapias más modernas, con partículas eléctricamente cargadas (protones y núcleos atómicos con carga positiva) tienen la ventaja de una penetración más selectiva. De acuerdo a la potencia suministrada, estas partículas subatómicas impactan el tumor sin traspasarlo, lo que minimiza el daño detrás del mismo. Pero de todos modos requieren de cabezales rotativos, porque sí causan daño en la vía de entrada, de modo que se requieren muchas. Otras máquinas disparan electrones, de carga negativa y muy baja penetración, y son eficaces en tumores superficiales.

El prototipo argentino de neutronterapia BNCT exportado a Corea, una revolución en tratamiento de tumores muy complejos, y el equipo de la CNEA que lo desarrolló. En la foto falta su jefe Andrés Kreiner. Para un modelo clínico, se necesita un edificio más alto (otra obra detenida)

Pero de todas estos proyectiles, el matador más efectivo de masas tumorales profundas es el neutrón, que no tiene carga eléctrica alguna, pero a condición de que éste ionice únicamente las células tumorales. Y eso se logra “dopándolas” selectivamente con boro.

A diferencia de las células sanas de los tejidos, las tumorales están dividiéndose y por ello viven hambrientas de precursores de proteínas como ese aminoácido llamado fenilalanina. Sólo que la BPA es una fenilalanina “marcada” con boro, un caballo de Troya lleno de soldados griegos a la espera la señal para salir a arrasar. Cuando el boro es impactado con neutrones de baja energía, hace una minúscula explosión nuclear intracelular (sic).

Sus productos de fisión, el Litio 7 y las partículas alfa, son esquirlas nucleares de masa y energía muy altas, pero por su carga eléctrica se van frenando con sucesivos y violentos impactos, como camiones descontrolados que se llevan todo por delante en una playa de estacionamiento, ionizando y rompiendo toda molécula con que chocan a su paso. Esto las confina a destruir el ADN de la célula atacada, pero sin salir de la misma, ya que sólo logran recorrer entre 5 y 9 milésimas de milímetro. La célula sana contigua prácticamente no se entera. Puede haber absorbido también algo de BPA, pero en promedio, 3,5 veces menos que la cancerosa.

Fisiones nucleares intracelulares y ultraselectivas… parece de ciencia-ficción, pero funciona. Es más, suele alcanzar con una sola irradiación (no siempre), y además unidireccional, sin camillas con cabezales robóticos rotativos, ni sesiones múltiples o largas. Y esto abarata bastantes cosas. El equipo de protonterapia que debería estar instalándose en el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo, entre el acelerador de partículas y sus “búnkeres” de irradiación, podría estar en U$ 80 millones. El prototipo neutronterapia BNCT, de la CNEA, sin los búnkeres, se vendió en sólo U$ 700.000.

Búnker radioblindado con cabezal rotativo de un aparato de protonterapia como el que se destina al Instituto Roffo, foto cortesía @ibatoday.

Pero la protonterapia tiene un “as de espadas” estadístico sobre el BNCT: desde que existe, se ha probado en unos 20.000 casos, lo que explica que ya haya unos 75 aparatos funcionando en el mundo. La pata renga del BNCT es una insuficiencia casuística que lo vuelve “la eterna promesa”. Si deja de serlo (y no es improbable que eso suceda en el KIRAMS de Corea gracias a la tecnología argentina), las ventajas del BNCT podrían ser todas estas: menos complejidad tecnológica, menos costos de fabricación e instalación, más especificidad y efectividad. El BNCT hasta podría masificarse, porque da pie para tratar muchos más pacientes por día, hacerlo una sola vez o a lo sumo dos, y disminuir así los traslados, y las agotadoras peleas por autorizar un tratamiento, y luego las largas listas de espera.

El problema con el BNCT ha sido irreductible hasta hace poco. ¿Cómo dispararle neutrones, estas balas subatómicas sin carga, a un tumor? Los reactores nucleares producen tremendos chorros de neutrones de alta energía. Si a éstos se les baja la velocidad al rango llamado “epitérmico”, serían ideales para BNCT.

Pero por el resto de sus características, no lo son en absoluto. Puede ver el RA-6 argentino, en Bariloche, en este video sobrio y poco chivero:

El búnker blindado a radiaciones que se le construyó al reactor barilochense en 2003 y nuevamente en 2015 para dos “trials” preclínicos al reactor es un radioquirófano improvisado.  Como ve, el RA-6, pese a ser un reactor chico, resulta enorme, carísimo e incompatible con toda unidad hospitalaria oncológica, tanto por arquitectura como por regulaciones nucleares.

Aunque la Argentina tiene a INVAP, la Sociedad del Estado rionegrino como mejor proveedor de reactores nucleares del mundo, sería difícil construir uno que cueste menos que U$ 80 millones, y la Autoridad Regulatoria Nuclear y el ANMAT no autorizarían su funcionamiento adentro de un hospital. En sus vecindades, tal vez. Urgente conseguir una fuente barata de neutrones que sea “hospital friendly”. La novedad es que parece que en Argentina la tenemos.

Ojo, en esto de sustituir a los reactores en BNCT hay otros en carrera: en Japón están utilizando ciclotrones preexistentes de Sumitomo Heavy Industries, pero estas máquinas son de muy alta energía y producen demasiada radioactividad. De todos modos, si quiere medir la confianza que le tiene al BNCT -y que Sumitomo se tiene a sí misma- son explícitas en este video un tanto triunfalista:

Mitsubishi en conjunto con otras instituciones japonesas está desarrollando aceleradores de radiofrecuencia, muy complejos y costosos.

También hay una firma estadounidense, Neutron Therapeutics, desarrollando máquinas electrostáticas pero diferentes a las de CNEA y bastante más caras. Una de ellas ya está instalándose en Finlandia.

El aparato de la CNEA también es electrostático pero más sencillo, barato, y creemos que más efectivo. Eso creen también los coreanos… y no son los únicos. Pero a diferencia de nosotros, los coreanos tienen chequera para tratar de demostrarlo con casuística. Y también dirigentes especializados, comprometidos, patriotas y nada zonzos para comprar tecnología.

¿Cómo funciona y por qué no es masiva la BNCT?

El KIRAMS, imponente hospital radiológico de Seúl donde en 2021 empezará a funcionar en pruebas preclínicas y clínicas la fuente de neutrones argentina para terapia BNCT.

A la fecha de hoy, hay dos moléculas orgánicas capaces de “contrabandear” boro dentro de una célula tumoral. La ya mencionada, la BPA o borofenilalanina, es un precursor proteico que las células tumorales devoran con entusiasmo de físicoculturistas: lo captan alrededor de 3,5 veces más en proporción que las células sanas. La otra molécula, el borocaptato de sodio, ha resultado menos selectivo.

Podría haber otros “carriers” más eficaces que la BPA, pero si no se encontraron es porque la investigación clínica en BNCT está empantanada desde hace tres décadas por falta de buenas fuentes de neutrones compatibles con los hospitales. Durante casi todo ese tiempo, la terapia BNCT se practicó en búnkeres improvisados en reactores nucleares, plantas que fueron diseñadas para fines muy distintos. Y hay apenas 250 aparatos de estos en todo el mundo, muchos de ellos ya viejos y listos para decomisión. Y eso en un planeta en el cual la incidencia de cáncer llegará a 27,5 millones de casos/año en 2040.

Las promesas incumplidas de la BNCT, en suma, son económicas, logísticas y regulatorias, y las más severas son las últimas.  Eso explica que haya tantas potencias y subpotencias médicas y tecnológicas (EEUU, Finlandia, Japón, Rusia, Italia, Israel, China, Taiwán, Argentina) que hicieron y hacen experimentos con BNCT. Pero también que sumando todo tipo de cánceres, en un cuarto de siglo esos países no hayan podido tratar más de aproximadamente 500 pacientes a fecha de hoy. No es nada.

Estos números a los oncólogos y radioterapeutas no les mueven el amperímetro. Lo que cuenta para ellos son las estadísticas grandes: presentales tasas de remisión parcial y total, menores efectos colaterales y alargamientos significativos de sobrevida en algunos miles de casos, y tal vez entonces te tomen en serio. Cuando lo hagan, empezarán a pelear con sus autoridades médicas para adquirir una fuente de neutrones. Que bien podría ser la de la CNEA, en versión completa. Y podemos fabricarla aquí: el prototipo está hecho con componentes mayormente nacionales y horas/hombre de ingeniería argentina, y mantenemos la propiedad intelectual del aparato.

¿Qué tiene el BNCT que lo sigue haciendo una especie de Santo Grial para tantos investigadores clínicos en tantos países, pese a casi 3 décadas con pocos avances? La promesa de una especificidad, puntería, afectación máxima del tumor y mínima del tejido adyacente como es difícil que pueda darlos ningún otro abordaje. Matar células tumorales sin que se enteren las sanas que la rodean: el sueño de todo radiólogo desde la posguerra. Estamos en eso.

(Continuará)

Daniel E. Arias

Corrigiendo a Infobae. Argentina NO debe abandonar la tecnología CANDU

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Infobae informó/tituló ayer (artículo de Martín Dinatale) “Alberto Fernández adelantó que acordará con China la construcción de una central nuclear en Argentina”. Hasta ahí, chocolate por la noticia: la decisión de compra con ese proveedor viene desde 2012. De haber alguna novedad, estaría en el párrafo 12: “Esta iniciativa dejará afuera a la tecnología canadiense CANDU que históricamente utilizó la Argentina para sus centrales nucleares”.

No, Dinatale, lo que se dejaría afuera es una decisión sobre el combustible tomada en 1967, y sobre la cual se construyó TODA la industria argentina nuclear. La Argentina se decantó entonces a favor del uranio natural, y descartó el uranio enriquecido, para no depender de importaciones críticas. Este es un mundo malvado: llegás a tener un desacuerdo diplomático importante con “la maffia del enriquecimiento” (EEUU, la UE, Rusia, China) y te dejan en apagón.

Como decisión con más de medio siglo, la experiencia industrial lograda en combustibles y componentes hoy nos permitiría hacer las centrales CANDU que se nos dé la gana, si tuviéramos la plata. No haríamos Atuchas. ¿Para qué? Son más caras, más complejas, y decir menos probadas es quedarse corto, porque sólo existen 2 en el mundo, las nuestras.

Son fortachonas, pero no tienen ni de lejos la cantidad de años en línea acumulados por las CANDU en 7 países y por más de 50 años. Por eso es improbable que logren las tasas espectaculares de “uptime” de las CANDU, cuyo factor de disponibilidad anda en el 93%. Antes de ser retubada, nuestra única CANDU, Embalse, tuvo un 89% de disponibilidad anual, y todo indica que con las muchas modernizaciones adquiridas va a llegar a 334 días por año de funcionamiento al 100% de su potencia instalada, que subió de 600 a 636 MW.

Lo que probablemente quiere señalar Dinatale es que vamos a comprarle una central Hwalong-1 de uranio enriquecido, una máquina que la CNNC (Chinese National Nuclear Corporation) le quiere vender a medio mundo, porque la considera “de bandera”. Hwalong significa “Dragón Chino”, como para una idea del carácter emblemático y del orgullo tecnológico nacional que suscita esta máquina en Beijing.

Y dándole el gustazo a China, pondríamos muy furiosos a los expertos en combustibles de la CNEA, que desarrollaron combustibles CANDU, de los que nos autoabastecemos gracias a la sociedad mixta CONUAR desde 1984. También estaremos afrentando a muchas otras empresas privadas asociadas a nuestro Plan Nuclear.

Para AgendAR, si esta decisión de Alberto Fernández es real y no otra operación de Infobae, tiene dos inconvenientes: probablemente “por genética”, ya que es una copia mejorada del reactor francés APR de 900 MW, la Hwalong-1 que nos ofrece insistentemente China desde 2012 es muy buena. Pero no está probada.

El otro inconveniente es que una compra llave en mano deja a miles de argentinos capacitados fuera de juego.

El que se quemó con leche…

Complejo de las centrales Atucha 1 y 2 en Lima, provincia de Buenos Aires

Nuestra experiencia comprando prototipos (como las Atuchas) es que te pueden dar sorpresas. No de seguridad, porque no compramos basura. Aún en épocas en que las autoridades regulatorias eran parte del organigrama de la CNEA, el proceso argentino de licenciamiento era severísimo. No da para felicitarnos porque nunca hayamos comprado la RBMK soviética que se accidentó en Chernobyl (habría sido políticamente imposible). Pero cuando todavía no habíamos tomado la decisión sabatiana del uranio natural y nos llegaron a poner bajo la nariz 21 ofertas de enriquecido, nos negamos firmemente a las GE MK1 estadounidenses, como las que se hicieron polvo en Fukushima. Y eran re-baratas.

Las centrales bien hechas y licenciables pero con poco kilometraje te pueden dar, en cambio, sorpresas de disponibilidad. A KWU-SIEMENS le compramos dos centrales por 2 motivos distintos: Atucha 1, porque literalmente nos la regalaron para que no compráramos una CANDU, que era lo que quería la mayor parte de los reactoristas y “combustibleros” de la CNEA. Atucha 2 se compró porque Canadá, extorsionado por EEUU, se negaba a vendernos 4 centrales como Embalse, salvo que firmáramos el Tratado de No Proliferación. El State Department sabía que no estábamos tras un arma nuclear ni mucho menos: la zancadilla era más bien contra los canadienses, cuyas máquinas CANDU les estaban mordiendo mercado mundial a las estadounidenses con toda facilidad. En esa segunda ocasión, los alemanes para nosotros fueron un plan B.

En 1988, un prototipo de la KWU-SIEMENS en Lima, provincia de Buenos Aires, llamado Atucha I sufrió la rotura de un canal refrigerante y hubo que parar la central casi 2 años hasta que la logramos arreglar por U$ 17 millones, tras descartar una “amable” oferta de SIEMENS por U$ 200 millones. Oferta que vino con todo tipo de aprietes de los medios y del propio gobierno de Raúl Alfonsín. Eso pasó, además, en medio de la peor epidemia nacional de apagones eléctricos de nuestra historia. ¿Cómo olvidarlo? El que va por prototipos se expone a esas cosas.

En AgendAR raramente compramos las afirmaciones a valor nominal. El colega Dinatale dice que “históricamente” hemos sido un país CANDU. Ojalá…

La Argentina utilizó sólo una vez la tecnología CANDU, con la central de Embalse. Le fue bárbaro. Utilizó más históricamente (si dos veces justifica ese adverbio) la de KWU-SIEMENS, con las que se hicieron las Atuchas I y II. Y es que en el mundo de los ’60 había sólo dos oferentes de máquinas de uranio natural: los canadienses y los alemanes. Y estos últimos, cultores del uranio enriquecido, improvisaron una máquina de uranio natural sólo para tener baza en nuestro mercado nuclear. Así de importantes éramos.

Lo que nos cuesta creer es que Alberto Fernández vaya a comprar sin más una central Hwalong-1 de 1180 MW de potencia. Es una máquina nada probada. Pero a diferencia de la muy experimentada CANDU que nos ofrecía financiar la CNNC (China National Nuclear Corporation), máquina que aclara el Ing. José Luis Antúnez sería íntegramente argentina salvo por el turbogrupo, la “isla nuclear” de la Hwalong-1, el corazón de la planta, no tiene ningún componente fabricable aquí por nuestra industria.

La objeción de Antúnez al texto anterior de esta nota da origen a esta corrección, que nos llegó 12 horas después de publicada, a las 18:27: «Nunca se habló de una CANDÚ china, ya que ese reactor no existe. China compró las CANDÚ a los canadienses llave en mano y no hizo traspaso de la tecnología como sí hicimos nosotros (al comprar Embalse). Lo que estaba en nuestro proyecto 2014 era un desarrollo nacional en base a nuestra tecnología y financiado parcialmente por China, junto con la provisión de los componentes que no se pueden comprar en Argentina, como el turbogrupo».

Preferí dejar mi error y la posterior corrección de Antúnez porque tanto mi equivocación como quien la corrigió son importantes. Mi equivocación fue nada menos que no darme cuenta de que Atucha III CANDÚ, según el plan de 2014, iba a ser nada más y nada menos que una central de marca nacional, en términos comerciales. La primera de nuestra historia. No sería una central china sino argentina financiada por China, lo que ilustra hasta qué punto dominamos la tecnología CANDU, casi la única más que la principal, en centrales de uranio natural y agua pesada. Estábamos por iniciar una marca.

Y prefiero incluir el nombre de Antúnez como quien señala mi error, porque es nada menos que el hombre que, como presidente de NA-SA en tiempos de CFK, se cargó a hombros la terminación de Atucha II, aquella llamada «Misión Imposible» ante la cual la misma SIEMENS, proveedora original, reculó. Y Antúnez triunfó. Y al hacerlo mostró por segunda vez que de esta rareza técnica que son las Atuchas hace rato que ya entendemos más que los alemanes. Desde que arreglamos Atucha I sin ellos, allá por 1989.

¿Se dan cuenta, lectores, que a esta altura de la historia somos -junto con Canadá y la India- el país que más y mejor conoce de centrales de uranio natural? ¿Y ahora resulta que tenemos que hacernos una lobotomía y olvidarnos de eso «para aprender de enriquecido, que es lo que hacen ‘los países adelantados'»? ¿Porque las centrales de enriquecido son mejores? ¿Son mejores? ¿Lo dice quién?

Y es que el negocio nuclear es de tecnología, no de potencia. Una CANDU la podemos hacer 100% argentina. Por ese espíritu sabatiano de la CNEA, la industria argentina viene abasteciendo nuestras plantas nucleoeléctricas desde el comienzo y en forma creciente. Empezando por los combustibles, materia en la cual somos autosuficientes desde 1984.

La noticia real, de ser cierto lo publicado por Infobae, sería la suspensión definitiva de Atucha III CANDU. Esta central venía del mismo proveedor, pero es totalmente diferente de la Hwalong-1. La CANDU que nos iba a financiar la CNNC es una copia “polenteada” y mejorada de nuestra propia CANDU 6 de Embalse, pero básicamente son la misma cosa. Nada de recipiente de presión sino tubos de presión, uranio natural y agua pesada, en lugar de uranio enriquecido y agua pesada, punto. Todo sencillo.

Y en la oferta pactada en 2014 con China, esa CANDU Nac & Pop que ofrecía financiarnos la CNNC venía con un 70% de participación de la industria argentina. SI eso se perdió, estimados, para nosotros es una necrológica.

Compre lo más nacional posible

Retubado de Embalse, operación finalizada en 2018.

En 1971, el Ministro de Economía Aldo Ferrer sacó la ley de “Compre Nacional” para forzar, entre otras cosas, que la primer central nuclear comprada por Argentina, Atucha I, tuviera un 35% de componentes nacionales incluso en instrumentación y electromecánica. Los alemanes de la KWU (luego SIEMENS), la firma proveedora, estaban indignados pero se tuvieron que fumar eso, y que el combustible se hiciera en Argentina. Éramos el único país sudamericano con un programa nuclear autónomo, compradores meticulosos y horribles, si los había. De esos de discutirlo todo y poner condiciones.

Embalse, una CANDU canadiense instalada en Córdoba, llegó a un 60% en valor de componentes y servicios locales, para poca alegría de los canadienses. Con Atucha II, se llegó al 71% de participación nacional. De modo que con la Hwalong-1 no se puede decir que volveríamos al casillero 1. Inauguraríamos el 0, total novedad en nuestra historia.

La ley de “Compre Nacional” está más muerta que el lamentado Ferrer, pero desde 2016 estamos haciendo extravagancias que hoy harían resucitar a don Aldo, y no precisamente para bendecirnos. Para componer los trenes metropolitanos y luego la línea Belgrano Cargas, Macri aceptó que China pusiera las locomotoras (nada de fabricar aquí), también los vagones, y ya que estaba, incluso los rieles y los durmientes.

Eso mientras en Córdoba, en otros actos de macrismo explícito, se cerraron las fábricas de locomotoras de Materfer y luego la de vagones graneleros (FM), así como también en Rosario capotó Rioro, de reparación de vagones. En el sistema actual de compras de bienes de capital del macrismo hay una modesta contribución criolla a alejar el fantasma de una recesión… en China.

¿Alberto Fernández va a hacer lo mismo? Perdón, Infobae, no te creemos. Se lo votó para crear trabajo. Y una CANDU en Lima (Dinatale se obstina repetidamente en ponerla en Campana, se equivoca hasta de lugar) generaría 7000 puestos de trabajo directos durante el pico de construcción. De indirectos, la cuenta es mucho mayor. ¿Y Una Hwalong? Ni ahí.

En una síntesis apretada, la Hwalong I -según Dinatale- se compra “llave en mano”, lo que deja afuera a las 129 empresas argentinas de distintas ingenierías que, contra todo pronóstico, terminaron Atucha II en 2011, y que la pusieron en marcha en 2014. Entre ellas están las 100 que luego retubaron (es decir reconstruyeron a cero) nuestra solitaria CANDU cordobesa, llamada Embalse. Fue un trabajo efectuado en tiempo y forma en 2018, con un 97% de participación nacional, y que le dio a esa máquina 30 años más de vida operativa.

De modo que todo el mundo industrial argentino, desde que Fernández ganó las elecciones, estaba esperando una CANDU, porque conocemos tan bien ese tipo de central que podríamos hacerla sin siquiera un tornillo importado, y de asesorías extranjeras ni hablar. Sólo que como China nos quería vender su Hwalong-1 como fuera, en 2014 le tuvo que añadir una CANDU argentina financiada por el mismo proveedor, la CNNC, como parte inicial de una oferta paquete, para tentarnos.

¿Y por qué es importante tentarnos? Porque aunque no nos parezca posible, somos -y seguimos siendo- el país con el programa nuclear más exitoso y prestigioso de Sudamérica. Hay dos reactores nucleares argentinos en Perú, uno vendido a Brasil y tres hospitales nucleares construyéndose en Bolivia para probarlo. Poner un fierro chino aquí es hacer pie en toda la región. Los chinos lo saben. Los argentinos, no.

Y el problema es cuál fierro. Con la Hwalong-1, que viene desde China como empaquetada en celofán, aquí no trabaja nadie. Hay firmas privadas gigantescas, como DYCASA, TECHINT, IMPSA, PÉREZ COMPANC, hay estatales como NA-SA, INVAP, CONUAR, DIOXITEK, hay 121 privadas medianas como CRUMA (estructuras metálicas, puentes, pasarelas) o TERMIPOL (esclusas, cerramientos especiales, anti-explosión e incluso anti-misil) que con la Hwalong-1 y nada más, se quedan mirando pasar el tren, como las vacas.

Todas ellas tuvieron fortísimos lucros cesantes desde que en mayo de 2018 el mejor ministro de Energía de la Shell, el Ing. Juan J. Aranguren, comunicó que se suspendía Atucha III “para no endeudar más al país”. Aranguren no debía estar al tanto de que era SU gobierno el que estaba generando esa deuda.

Hay 400 ingenieros en todas estas empresas que “sacaron chapa de nucleares” en obra, tanto en la compleción de Atucha II como en el retubamiento de Embalse. Hay 5000 técnicos y operarios que subieron su nivel de calificación con el aprendizaje de técnicas avanzadas de inspección de integridad de componentes, de soldadura de aleaciones raras, de transporte y montaje de precisión de componentes descomunales, como el recipiente de presión de Atucha II (975 toneladas) o los 4 enormes pero delicados generadores de vapor de Embalse, de 130 toneladas cada uno. Hay obreros calificados que se hicieron técnicos, técnicos que se hicieron casi ingenieros. Hubo una cascada de generación de recursos humanos.

¿Y ahora se le dice a esa gente? ¿Que se siente a mirar por la televisión cómo los chinos nos traen una Hwalong-1 “llave en mano”? En la “oferta paquete” por dos centrales que se cerró con China en 2014, en lo que se refiere a Atucha III CANDU, la CNNC ponía el 30% de componentes y servicios, y del resto nos ocupábamos nosotros. ¿Financiación? China cubría el 75% del costo, que a fines de U$ 2015 se estimaba en U$ 7000 millones.

Y la CNNC daba 8 años de gracia desde la entrada en línea para empezar los pagos, es decir que las dos centrales se pagaban solas con la venta de electricidad. ¿Era lo que queríamos? No, la verdad es que habríamos preferido que nos financiaran dos CANDU y se guardaran la Hwalong-1. ¿Era lo posible, dentro de lo negociable en 2014? Sí, al menos con aquella financiación de lujo por el «package deal», la CANDU y la Hwalong. No era ni es cierto que sea imprescindible iniciarnos en las artes de las centrales de uranio enriquecido. ¿Para qué estamos construyendo el CAREM? Es de uranio enriquecido, PERO EL DISEÑO ES 100% NUESTRO.

Si los U$ 150 mil millones de deuda externa nueva tomados por este gobierno estuvieran en inversiones de este tipo, hoy estaríamos al límite de nuestros recursos humanos para construir tanta infraestructura. Tendríamos que estar abriendo dos o tres carreras de ingeniería, química y física nuclear.

Que Macri descartara la CANDU en 2018 no despeinó a los chinos. Que luego exasperara a la CNNC con “bueno, te compro la Hwalong”, “no, no te la compro nada”, “sí te la compro”, “no te la compro” es coherente con el resto de su balbuceante desgobierno, pero no con el gobierno que viene. Fuera de una oferta paquete, ¿necesitamos una central de uranio enriquecido en la que no tendremos arte ni parte, salvo quizás la “obra civil” (hormigón armado)? Habiendo mantenido como línea la decisión del uranio natural tomada en 1967, toda nuestra industria nuclear estatal y privada está formateada para ese tipo de combustible.

Descartar la CANDU es abrazar una tecnología disruptiva para toda nuestra historia nuclear anterior. Tan disruptiva que deja al borde del cierre la PIAP, o Planta Industrial de Agua Pesada contigua a la central hidroeléctrica de Arroyito, Neuquén. Una lástima: es la mayor fábrica del mundo de este insumo usado por 49 centrales CANDU en 7 países del mundo, y cuyo precio está entre los U$ 700 mil y U$ 800 mil la tonelada. 1000 trabajos a perderse, ahí en la PIAP. Y una instalación que a fecha de hoy costaría U$ 1300 millones, por lo bajo.

La Hwalong-1, de generación III, está llena de sistemas de seguridad pasiva y es probablemente una muy buena máquina. Teniendo en cuenta su linaje (las excelentes APR francesas de generación II), sólo se le pueden suponer virtudes, porque no se le conocen defectos.

Pero el problema es por qué no se le conocen defectos: no hay máquina que no tenga alguno. No se le conocen porque a fecha de hoy hay una sola Hwalong-1 entrando en línea en el mundo. Está en Fuquing, provincia costera de Fujiang. La CNNC y el gobierno chino han decidido hacer de esa central su “caballito de batalla” en infraestructura propia y en exportación. Tienen hay 4 más en obra: 2 en Fangjiashan y 2 en Fangchenggang.

¿Y afuera cómo les va, de ventas? Bárbaro. Pakistán pidió 5 Hwalong-1, aunque el Reino Unido estudia, cauteloso y desde hace años, la adquisición de 8. Pero hablar de cautela británica es un “understatement”. El ONR (Office for Nuclear Regulation) se tomará hasta 2021 para estudiar la ingeniería. Y sólo dada su aprobación, transcurrirán algunos años de discusión para que otros organismos del gobierno negocien con CNNC la participación de la industria nuclear inglesa.

Mientras tanto, los 600 expertos de la ONR estudiarán las distintas Hualong I que irán entrando en servicio y podrán juzgar su desempeño ya no sobre documentación sino sobre bases experimentales, muchas gracias, pakistaníes. Y de paso y cañazo estudiarán la seguridad del EPR francés de ARÉVA, el CANDU ACR 1000 y el GE-Hitachi. Aprobaron el AP-1000 de Westinghouse, el “Cadillac” de las centrales nucleoeléctricas, justo el día en que Westinghouse quebró. Pero no derramaron ni una lágrima. Si algo sobra en Occidente hoy es capacidad instalada ociosa en la industria nuclear y ofertones. En China no hay capacidad ociosa, pero sí buena financiación. El que quiere seguridad, disponibilidad, historial bien documentado y precio, los consigue. Y nosotros otra vez comprando un prototipo…

Por último, en Argentina sobra territorio, pero no sitios autorizados para poner centrales. Atucha III debe ser una CANDU, como se pactó en 2014. La Hwalong-1, ya veremos en dónde ponerla. Con el desastre político que armó Macri cuando en 2017 avisó desde China que iría a Río Negro, donde literalmente provocó una pueblada, no será una negociación fácil con la provincia receptora. No veo ninguna que se tire “de palomita” para atajarla.

Daniel E. Arias

Una de cada cuatro especies de mamíferos de Argentina está amenazada

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El 24 % del total de las especies de mamíferos de Argentina están amenazadas, según la Categorización 2019 del Estado de Conservación de los Mamíferos de la Argentina (conocida como Lista Roja) que presentó la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM).

En comparación con la primera lista roja de mamíferos, realizada en 2012, el nivel de amenaza aumentó un 4 %.

El estudio, que demandó más de dos años de trabajo, ofrece información detallada y actualizada sobre rasgos eto-ecológicos, taxonomía, distribución y amenazas de las 395 especies de presencia confirmada en Argentina. “Participaron cerca de 400 investigadores y referentes de distintas partes del país en la confección y el análisis de este listado. Sobre las casi 400 especies que hay en el país, un 24% están amenazadas: vulnerable, en peligro o en peligro crítico”, dijo Diego Moreno, secretario de Política Ambiental en Recursos Naturales de la Secretaria quien presentó el listado junto a Javier Pereira, presidente de SAREM, en el marco de las XXXII Jornadas Argentinas de Mastozoología, en Puerto Madryn.

El proceso de categorización arroja que de las especies de mamíferos tres están extintas, dos extintas a nivel regional, 98 están amenazadas y 40 están cercanas a la amenaza. Las especies extintas consideradas en este proceso son el zorro-lobo de Malvinas, el zorro-lobo continental y la rata acuática grande Por su parte, las consideradas regionalmente extintas son el lobo gargantilla y el colicorto de una raya.

En peligro critico se encuentran siete especies: el yaguareté, el mono rojo aullador, la rata vizcacha de Los Chalchaleros, la rata vizcacha dorada, el tuco-tuco de Roig, el tuco-tuco de d’Orbigny y la Rata nutria del Atuel. Y hay otras 26 en peligro de extinción. Entre ellas, el venado de las pampas, el huemul, la ballena azul, el pecarí, el murciélago común de orejas largas y el tatú carreta.

La pérdida y degradación del hábitat es considerada la amenaza más frecuente y señalada para más del 75 % de las especies de mamíferos nativos, en tanto que otras situaciones también suponen un riesgo según el grupo de especies. La caza ilegal es una amenaza relevante para la totalidad de los primates, el 93 % de los ungulados, el 87 % de los xenartros y el 80 % de los carnívoros terrestres.

Los atropellamientos en rutas es un riesgo para el 89 % de los carnívoros terrestres, el 67 % de los ungulados, el 60 % de los primates y el 25 % de los marsupiales. “Hay otro causa importante que ha surgido con consenso del sector científico y es el tema del efecto de la depredación por perros asilvestrados. Un problema que estamos viendo en forma bastante recurrente, no sólo para el tema de conservación de especies sino productivo (afectación al ganado), señaló Moreno.

Las principales amenazas indicadas para los cetáceos fueron contaminación (afecta al 86 % de las especies), la captura (65 %) y la reducción de presas (51 %). Las enfermedades fueron identificadas como amenazas importantes para ungulados, primates y carnívoros terrestres. Finalmente, la presencia de especies exóticas invasoras resulta de importancia principalmente para los ungulados, y en menor medida para los carnívoros terrestres.

Argentina, pionera en un proyecto que busca conservar animales en peligro de extinción
“Desde la Secretaría de Ambiente nacional estamos llevando adelante el Plan de Acción Extinción Cero, cuyo objetivo es fortalecer las acciones y políticas para la conservación de especies autóctonas en estado crítico. Lanzamos el Plan de conservación del yaguareté donde interviene también parques nacionales y las distintas provincias donde todavía se distribuye la especie. Se han implementado trabajos muy importantes y en algunas zonas como Misiones se ha comenzado a ver la recuperación de la población de los yaguaretés”, destacó Moreno.

Creció un 30% la cantidad de locales vacíos en la Ciudad de Buenos Aires

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Según un informe de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), la cantidad de locales sin actividad —en venta, alquiler, clausurados o simplemente cerrados— creció un 30% en septiembre y octubre, en comparación con el mismo período del año pasado.

Durante esos meses se detectaron 296 locales sin actividad comercial en las zonas relevadas, que incluyen las principales arterias comerciales de la ciudad (avenidas Córdoba, Cabildo, Santa Fe, Rivadavia, Avellaneda y Corrientes) y la calle Florida. Respecto a la medición anterior, correspondiente al período julio y agosto de 2019, el aumento fue del 50%.

Los locales inactivos en el período anterior eran 197, según detalla el informe. En tanto, en la comparación interanual —respecto al período septiembre y octubre de 2018— se registró un alza de 30%. En el quinto bimestre del año pasado los locales sin actividad eran 228. Las avenidas que más sufrieron el fenómeno, según destaca el análisis de la CAC fueron Avellaneda y Corrientes.

Solo en la avenida Pueyrredón no hubo un aumento de los locales vacíos y, a diferencia del resto, los negocios cerrados en 2019 resultaron menos que en el mismo bimestre del año anterior “En septiembre y octubre notamos un fuerte repunte en la cantidad de locales vacíos, lo que suele ser un indicador de las expectativas de mediano plazo. Cuando alguien planea la apertura de un local lo hace apostando a sostenerse más de un año”, explicó Ana Laura Jaruf, economista de la CAC.

Argentina en el mar (Átomos, naves y submarinos) – VII

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Aquí suspendemos -por ahora- la serie de notas con las que nos propusimos recordar a los argentinos su destino océanico. Antes que repasar recursos, esbozamos nuevos proyectos. Que son posibles si bastantes argentinos, dentro y fuera de las instituciones armadas, los asumen.

No seríamos el primer país en subir un reactor convectivo, o de circulación natural, a una embarcación. Lo hizo primero la entonces llamada República Federal Alemana (la RFA) con el transporte de minerales Otto Hahn, botado en 1964 y retirado de servicio en 1979. En esos 30 años navegó 1,2 millones de km. gastando unos 60 kg. de uranio levemente enriquecido; lo que le ganó el calificativo de “un éxito irrelevante” por parte de GCaptain, un newsletter de la industria naval que ama las externalidades.

¿Cuáles externalidades? Sigue siendo mejor operar una flota comercial térmica movida a “bunker oil”, el residuo último y más berreta del proceso de “cracking” del petróleo. Es casi carbón líquido (bueno, bastante líquido). Scientific American, la OMS (Organización Mundial de la Salud) y hasta la OMI (Organización Marítima Internacional) coinciden en que el bunker genera humo con hollines tan llenos de HAPS (hidrocaburos aromáticos persistentes), y además tantos óxidos de azufre y de nitrógeno, que está matando prematuramente de tumores respiratorios y EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) a 90.000 personas/año en puertos y “choke points” (cuellos de botella de la navegación marítima).

Los 15 mayores barcos  del año 2009, en general containeras con motores de 109.000 HP promedio, generaban tantos HAPS como la flota mundial automovilística, aquel año integrada por 790 millones de autos. Los 90.000 mercantes enlistados aquel año por Lloyds produjeron el 30% de los óxidos de nitrógeno y el 9% de los de azufre que contaminan la atmósfera por acción humana. Otro modo de ver el asunto es que cada nave mercante aquel año mató a su ñato. Me limito a medir el impacto del bunker-oil sobre la salud humana, y dejo de lado su impacto climático por contribución al calentamiento global. Evitar 90.000 muertes prematuras/año, entonces, retomando la opinión tan naviera de GCaptain, debería considerarse un éxito comercial relevante.

Hago estas aclaraciones porque si algún día la Argentina va al frente con planes de navegación nuclear, Greenpace y similares nos acusarán de tramar Chernobyles flotantes, mientras la diplomacia de los poderosos y preocupados emite anónimos y consternados “white papers” para conmover a nuestros diplomáticos, políticos, jueces y periodistas “al uso”. No descarto intervenciones más brutales, como la que se vio en Brasil en 2015. Ya llegaré a eso.

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El reactor PWR “no compacto” que movía al Savannah, nave con líneas más cerca de transatlántico de 32 nudos que de carguero patachón de 12 nudos. Las cuentas no cerraban ni a palos.

El Otto Hahn compitió unos pocos años con el US Savannah, botado en 1959 y movido por un PWR convencional, con los circuitos primario y secundario separados. Veloz, esbelto y aerodinámico como un transatlántico (rara tipología para un carguero), el Savannah salió de servicio en 1965 por sus altos costos de mantenimiento. Hoy funge de museo flotante en Baltimore. Como experimento, dejó en claro que para transportar cargas de bulto y poco valor por tonelada, es más barato un mionca que una Ferrari.

El barco oceanográfico japonés Mutsu no logró sus objetivos científicos porque debido a fisuras en su contención, su reactor “fugaba” neutrones a lo pavote: perdía su potencia irradiando a la tripulación. Hubo quejas y cajoneo. Hoy el Sevmorput ruso es el único carguero nuclear del planeta, pero por buenas razones: como conteinera mercante polar, gasta mucha potencia en romper hielo. Sólo en los mares polares este tipo de propulsión logra cerrar las cuentas.

Cuando tuvo su bautismo de mar, sólo 2 años tras la catástrofe de Chernobyl, lo que le cerraban al Sevmorpout eran los puertos, incluso los soviéticos, porque hasta los camaradas estibadores temían que su reactor NKL-40 tuviera algún parecido técnico con el RBMK que se acababa de hacer puré radioactivo en Ucrania. Para felicidad de Atomflot, el dueño actual, de la nave, la planta es un PWR de lo más convencional, con bastante “back-up” en sistemas de seguridad.

El extraño nombre de esa nave es un apócope de  Северный Морской Путь. Significa “la ruta del Norte” en buen cirílico, como Ud. habrá deducido. No es que haya muchas otras para navegar en la Santa Madrecita Rusia, país continental como pocos…

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Las rutas del Sevmorput en 2016: 9 meses por año de hielo y más hielo, incluso en verano.

Con su proa acucharada de rompehielos y sus casi 40.000 HP (muchos burros para un mercante no tanto mayor que un Panamax), el Sevmorput logra avanzar a 2 nudos por hielo de 1 metro de grosor: caminando a la par sobre hielo liso, Ud. lo sobrepasaría apurando el paso: el hielo no es para impacientes. Y hablamos de la endeble banquisa Ártica, un chiste al lado de su cada vez más robusta contraparte Antártica.

¿A qué va tanta introducción? A que hoy decir “naval y nuclear” es cosa no de marineros sino de submarinistas. La US Navy se enamoró de la simplicidad y buen desempeño del reactor alemán del Otto Hahn, porque era de circulación natural, integrado (con los generadores de vapor encapsulados en el recipiente de presión) y muy silencioso. Lo tomó como base del S5G, cuyo modelo de ensayo se construyó y testeó en los Idaho National Labs. Entre 1969 y 1999, una copia plenamente navalizada de esa planta fungió de unidad motriz del submarino SSN Narwhal, una bestia considerable de 5300 toneladas de desplazamiento, demasiado grande para una nave “de caza” (es decir, un submarino “killer-hunter”, o cazasubmarinos). El Narwhal era un experimento.

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La centralita nuclear integrada del Otto Hahn, tan compacta que podía viajar armada en un camión, y silenciosa por su circulación convectiva. La marina yanqui la copió al hartazgo.

Su andar, más furtivo que el del resto de las naves de ese oficio sigiloso, le permitía hacer cosas raras: fue tal vez el primer submarino hacker de la historia. Pinchaba cables  intercontinentales de telecomunicaciones mediante el uso de robots teleguiados (ROVs), para pispear sin deschavarse las charlitas de enemigos y aliados. También escrutaba las fuentes marinas de sonido a grandes distancias, arrastrando un largo tren de sonares pasivos detrás de sí. Eso le daba a la US Navy un primer mapa de amenazas soviéticas marinas a escala de todo un océano en tiempo casi real.

Además de eso, el Narwhal brillaba en su métier más aburrido, “caminarle la nuca” a submarinos soviéticos y rusos sin que estos se avivaran, tratando en lo posible de no chocarlos (ha ocurrido). Su historial de servicio es una suma de vaguedades, ergo: sigue secreto. Su motor nuclear S5G tenía una potencia térmica de 90 MW que movían una turbina acoplada directamente al árbol de la hélice, sin engranajes reductores ruidosos. Así, podía pasar sumergido bajo la Flota Soviética del Báltico sin que a ningún almirante se le derramara siquiera el vodka, y a 22 nudos, que no es chiste para un sub: nuestros TR-1700, realmente rápidos para su propulsión diésel-eléctrica, dan sólo 25. Pero para un escape o un flanqueo, el Narwhal se cree que tiraba 40 nudos o por ahí (la US Navy lo niega, pero sin énfasis). Para ello, el reactor debía pasar a refrigeración mixta, asistida por bombas, y entonces no mezquinar potencia ni ruido aunque el enemigo “le largara los perros”: las bombas son la principal fuente sónica de cualquier submarino nuclear.

Aunque el Narwhal fue un prototipo que no se repitió, su éxito se mide por el hecho de que el reactor S8G, planta motriz de los 18 enormes submarinos misilísticos yanquis clase Ohio es, se dice, un S5G “on steroids”: tira 220 MW térmicos, y sólo en raras ocasiones tiene que hacer uso de refrigeración asistida por bombeo.

Daniel E. Arias

La próxima SUV de Volkswagen tendrá el 60% de piezas locales

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La empresa Volkswagen confirmó que a fines de 2020 se comenzará a fabricar el llamado Proyecto Tarek, una inversión de 650 millones de dólares para producir una SUV del Segmento C (compacto) en su planta de Pacheco en Argentina.

El anuncio fue realizado por Thomas Owsianski, CEO de VW Group Argentina, quien comentó que el nombre comercial del nuevo modelo aún no fue definido (en China ya se vende como Tharu, ver fotos). Sin embargo, confirmó que será un producto con alto contenido de piezas locales. Arrancará con un 40% de integración en 2020 y el objetivo es llegar al 60% en 2023.

En caso de alcanzar ese objetivo, igualará a la Toyota Hilux, el único vehículo nacional con 60% de piezas localizadas. Esto demandará un esfuerzo de VW en el desarrollo de productores de autopartes en la región.

El Proyecto Tarek es una SUV que llevará el conocido motor 1.4 TSi (turbonaftero de 150 cv y 250 Nm) y se combinará con caja automática Tiptronic. En una primera etapa, sólo habrá versiones con tracción delantera.

La radicación de esta plataforma en Pacheco permitirá que se pueda producir otro modelo en el futuro, sobre la misma base. Uno de los proyectos favoritos del presidente de VW Latinoamérica, el argentino Pablo Di Si, es la pick-up Tarok, un utilitario liviano y con carrocería autoportante, para competir en el mismo segmento de la Fiat Toro.