40% de las empresas argentinas encaran algún tipo de transformación digital

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Más de dos tercios de las empresas argentinas están activas en alguna etapa de transformación tecnológica y digital. Y casi la mitad, el 40%, tiene proyectos en proceso, según un reportaje de iProfesional a Rubén Belluomo, gerente comercial para el Cono Sur en Infor, uno de los mayores fabricantes globales de software empresarial en la nube, que tiene 17.300 empleados y más de 68.000 clientes en más de 170 países. Belluomo explica en la siguiente entrevista cómo afecta el atraso tecnológico en las empresas argentinas:

¿Cómo se encuentran las empresas argentinas, el Estado en sus diferentes niveles y los profesionales en relación a la adquisición y adopción de hardware, software e infraestructura de redes respecto al resto de América latina?

-Todas las empresas tanto del estado como privadas ya cuentan con software para su gestión, tanto en Argentina como en el resto de América Latina. Lo que vemos en nuestro país es que las empresas tardan más que en el resto de la región en hacer las actualizaciones a las nuevas versiones con nueva tecnología para la transformación digital.

Por otro lado, la transformación digital está actualmente en la agenda de todas las empresas. Es prioridad en los planes estratégicos y foco de todo tipo de empresas. Es algo de tanto impacto que la (consultora) International Data Corporation (IDC) indica que los gastos en tecnología y servicios que permitan la transformación digital en las empresas será de 1,.97 trillones de dólares en 2022 en el mundo.

¿Cuáles son los segmentos (hardware, software y redes) de mayor atraso? ¿Y cuáles son sus causas?

-Desde nuestro lado podemos solo hablar del software, y en ese aspecto el atraso tecnológico no es tan grande, depende de cada empresa. Las causas son en general tanto económicas como culturales y tienen que ver con el miedo al cambio. La mayoría sabe que necesita actualizarse, investiga y averigua la inversión necesaria, pero muchas veces demora en la decisión.

¿Cuáles son los segmentos de mercado (corporaciones, Estado, pymes, profesionales) más afectados por este atraso?

– Calculamos que más de dos tercios de las empresas están activas en alguna etapa de transformación tecnológica y digital. Casi la mitad, el 40%, cuenta con proyectos formales en proceso. No veo que haya un sector que esté más afectado que otros.

¿Cuáles son los impactos de este atraso en las empresas, el Estado y los profesionales?

-Los impactos son enormes. No actualizar su software llevará a las empresas a obtener una menor rentabilidad y productividad, y una menor competitividad interna y de exportación.

Hoy con el uso de la movilidad, la nube, la digitalización, la inteligencia artificial y el internet de las cosas las empresas ven enormes mejoras en la calidad del producto, del trabajo y la rentabilidad.

¿Cómo se puede recuperar este atraso? ¿Qué medidas se deberían adoptar?

-Para no quedar atrasadas las empresas deben invertir en tecnología. La digitalización llegó para quedarse. A medida que las estrategias digitales continúan evolucionando, algunas empresas se demoran más que otras para ingresar en el circuito.

La innovación se multiplica exponencialmente y algunos expertos predicen que cada vez será mayor la diferencia entre los innovadores y las empresas que se resistan a innovar. Aquellos que están indecisos, temerosos del riesgo o restringidos por falta de capital disponible, son los que más rezagados quedarán en este cambio.

Quieren regular en C.A.B.A. los alojamientos temporarios gestionados desde apps

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Hay un boom inmobiliario en la ciudad de Buenos Aires en el rubro de alquileres por plazos cortos gestionados a través de apps: en 2019, con 3 millones de visitantes, generará 3 mil millones de dólares. Buscan regularlo.

Destacando la necesidad de «crear un modelo de gestión para los alojamientos temporarios» en la ciudad de Buenos Aires, el oficialismo presentó un proyecto que apunta a regular esos alquileres turísticos muy frecuentes en la Capital, cobrados habitualmente en dólares.

Los números del alquiler temporario son impactantes: en 2019 habría movido 3 mil millones de dólares, con 3 millones de visitantes. La iniciativa de regulación lleva la firma del diputado Gonzalo Straface (Vamos Juntos), y establece la creación del “Registro de Propiedades de Alquileres Temporarios Turísticos de la Ciudad”, marco en el que deberán inscribirse las unidades de alojamiento que reciban a turistas en la ciudad, con el Ente de Turismo porteño como autoridad de aplicación.

“Se entiende por alquiler temporario turístico al servicio de alojamiento en unidades con destino habitacional, en su totalidad o una parte de éstas, por un período mínimo de una pernoctación y de hasta tres meses”, señala el proyecto de Straface.

«El turismo constituye una de las actividades económicas más importantes a nivel global y crece a un ritmo del doble que la economía mundial, es una actividad es reconocida por las Naciones Unidas como una herramienta estratégica para la generación de empleos, ingresos y el desarrollo sostenible de las ciudades, y como un factor clave para la mejora de la calidad de vida de sus habitantes. Este fenómeno no es ajeno a nuestra Ciudad de Buenos Aires, en donde el turismo internacional viene creciendo en forma ininterrumpida hace 3 años.

El lugar destinado al alquiler tendrá que exhibir en su entrada una copia del certificado de inscripción al Registro y contar con un seguro de responsabilidad civil por daños contra terceros. Entre las obligaciones para los denominados “anfitriones”, puntualiza la iniciativa que estará la obligación de “informar al consorcio de copropietarios” de que la unidad va a ser ocupada por turistas. También, deberán “constatar la identidad y registrar información de cada huésped alojado, así como el período de alojamiento” y notificar “al Ente de Turismo de la Ciudad el cese de su ofrecimiento como propiedad de alquiler temporario”, en el caso que así ocurriera.

La autoridad de aplicación será el Ente de Turismo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, estará prohibido el alquiler a niñas, niños o adolescentes menores de edad que no estén acompañados o autorizados fehacientemente por sus padres, tutores o responsables legales.

Bolivia: dudas sobre los hospitales nucleares que construye INVAP

La empresa de investigación aplicada está ejecutando un contrato para la construcción de tres centros de medicina nuclear y tratamiento de radioterapia. Hay técnicos argentinos en La Paz y especialistas bolivianos que se forman en Bariloche. Temores por la violencia.

Con Evo Morales fuera de la presidencia de Bolivia, el futuro de uno de los tres grandes contratos internacionales en materia nuclear que tiene Invap entró en una etapa de enorme incertidumbre. Es tal la falta de certezas que nadie quiere hablar: ni los directivos de la empresa estatal rionegrina ni los médicos y técnicos bolivianos que desde hace meses se están formando en el Centro de Radioterapia de Bariloche.

En Bariloche hay diez especialistas de las áreas de oncología, radioterapia, física médica y bio-imagenología que se están formando en Intecnus, la fundación que creó la Comisión Nacional de Energía Atómica para operar el Centro de Radioterapia ubicado en Río Negro. Y en Bolivia hay entre 8 y 10 empleados de Invap, entre técnicos, ingenieros y físicos. “Había dos mujeres, pero las hicimos volver por precaución”, dijo un vocero de la empresa.

El centro de radioterapia de La Paz tiene un nivel de avance del 40% y el de Santa Cruz de la Sierra, de un 70%. Los datos aportados desde Bolivia fueron cotejados con una fuente de Invap en Bariloche, que también pidió que su nombre no se publicara.

El contrato de los centros de medicina nuclear en Bolivia es por 150 millones de dólares. El flujo de pagos fue hasta ahora constante y nadie en Invap se anima a arriesgar cómo continuará la ejecución del pacto comercial.

  • US$ 150.000.000 es el monto del contrato que une a la Agencia Boliviana de Energía Nuclear con Invap para la construcción de centros de radioterapia.
  • $ 7.500.000.000 facturó Invap en su último ejercicio, iniciado en julio de 2018 y finalizado en junio de 2019, según el balance aprobado hace un mes.

Para la empresa el ingreso de dólares es vital para sostener la estructura de 1.400 empleados, la mayoría de los cuales trabaja en Bariloche. Aunque deben liquidar esas divisas y transformarlas en un término perentorio en pesos, los contratos en dólares fueron un plus para la empresa en estos años. Además de Bolivia, la empresa tiene contratos con Brasil y con Holanda.

En primer plano Vicente Campenni, CEO de Invap. Detrás, el entonces presidente Evo Morales.

Las obras en territorio boliviano avanzaron hasta ahora a buen ritmo. El contrato con Invap es por la provisión “llave en mano” de los centros de medicina nuclear. El diseño y la dirección están a cargo de la empresa con sede en Bariloche, pero la construcción es con empresas locales.

Para el gobierno de Evo Morales, se trataba de obras prioritarias. Por eso –explicaron en Invap– nunca hubo interrupciones en el flujo de los fondos. “Las empresas que contratamos en Bolivia son dos y ambas trabajan muy bien, cumplen con los plazos, son serios y tienen alta calidad”, dijo el portavoz de Invap.

Argentina en el mar (y en la Antártida – Pampa Azul 2.0) – VI

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Esta serie de notas se planteó con una idea muy básica: recordarnos que Argentina es un país oceánico. Lo es desde antes que la ONU reconociese nuestra soberanía sobre territorios bajo el mar iguales al 35% de toda nuestra superficie continental. Lo es desde que la geografía y la historia nos ubicaron en el sur de la masa continental – Sudamérica – situada en un hemisferio en el que la mayor parte es océano. Nuestro comercio se hace en una inmensa proporción por vía marina.

A pesar de eso -o como síntoma de nuestros problemas- hubo muy pocos intentos de asumir ese desafío. Civiles, recuerdo dos: la Flota Mercante del Estado, el proyecto Pampa Azul… Por supuesto, están nuestros astilleros, asfixiados en los ’90 y ahora también. Pensamos que, para retomar los viejos esfuerzos, es necesario plantear también nuevos desafíos. Aquí lo estamos haciendo.

El cauto silencio de los lectores en relación a mis propuestas de construir barcos nucleares indican que una parte de ellos se pregunta qué me fumé. Hoy el asunto les parece “Fantasy & Science Fiction”.  Están con el peso moral de una gestión de gobierno que comenzó con ajuste en ciencia y tecnología más endeudamiento y culminó con ajuste en todo, y de yapa un endeudamiento sin final, y una devastación del tejido social argentino como no la veíamos desde 2001. Comparto algo del escepticismo con que muchos leerán esta nota.

En tiempos de perder libertades, derechos e industrias, los argentinos nos ovillamos como perros apaleados. Perdemos esa capacidad de “¿Y por qué no?” que algunas veces nos hizo renacer de las cenizas. Pero uno, amig@s, es lo que uno hace con lo que hicieron de uno, y lo mismo vale para los países. De los laberintos se sale por arriba.

Veo su sonrisa escéptica. Yo hablo de ponerle átomos a un programa del gobierno de CFK (Pampa Azul) que todavía existe, bajo la precaria protección de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, que se fue degradando en medios y autoridad al nivel de una Secretaría. Aprovecho para agradecer al presidente del CONICET, el tecnólogo en química Miguel Laborde, su esfuerzo callado por mantener vivo este proyecto bien nacido. Y bien pensado, porque pone parte del futuro del país en el conocimiento, el dominio y la explotación racional del Mar Argentino.

Entre tanto, el gobierno le prendió fuego, incansable, a todas esas ramas del árbol industrial argentino “que nos separan del mundo” con su terquedad en existir, algunas tan diferentes entre sí como la del calzado, la metalmecánica, la láctea, la textil, la ferroviaria y la electrónica. Pero la preferencia del macrismo por exterminar rápido y bien los brotes nucleares, espaciales, radarísticos, biotecnológicos, de armamento y aeronáuticos resurgidos como de un derrumbe a partir desde 2004 es clarísima. Son gravosos para ciertas embajadas. Y son proyectos que se mueren fácil, como toda incursión en alta tecnología de cualquier de mediano desarrollo, cuando no tienen demanda, sostén o licenciamiento estatal.

Entre tanto, la rampa de deuda externa que garantiza que no la vuelvan a tener ya la pagan chicos sin escuela, adultos sin empleo, discapacitados sin pensiones y jubilados sin medicamentos. Lo de hoy hará sangrar a millones de argentinos que aún no nacieron, y a sus hijos. Pero nacerán y algo habremos de dejarles, además de deudas y dudas.

Yo elijo dejar un programa de largo alcance. Formular un plan y atenerse a él es resueltamente ajeno al pensamiento y la práctica del político argentino promedio. Se entiende: no se forman buenos coreógrafos en un teatro en llamas.

Este programa en particular, el de construir un barco polar y también un rompehielos, ambos con propulsión nuclear, puede ser parte de cualquier plan mayor de reindustrialización y complejización (perdón por la palabreja) de la economía, y de reconstrucción del estado. Son asuntos inseparables, pero eso lo dejo a otros que entiendan más. Me atengo a la parte que más me interesa: rehabilitación naval y nuclear, haciendo sinergia.

¿Es un aporte mío? No mucho. Logro imaginarlo –perdón por robarle la frase, don Newton- porque pude pararme, aunque tambaleando, sobre los hombros de algunos gigantes. Hablo del almirante Segundo Storni y su olvidada lucha por una industria naval propia, del entrañable Jorjón Sabato, que nos explicó el orgullo de tener un programa nuclear independiente para alimentar de ideas a otras de nuestras industrias, de los hermanos Carlos y Oscar Varsavsky, que en los ’70 le dieron alas a nuestra fulgurante y breve despegue en electrónica y computación, del contralmirante Carlos Castro Madero y sus obras nucleares, de Franco Varotto, que inventó INVAP y después también la CONAE, de quienes me volvieron el periodista nuclear que soy hoy: Mario Mariscotti, Becho Murmis, Renato Radicella, Roberto Cirimello, Cacho Otheguy, Carlos Aráoz y sigue la lista. ¿Es viable el plan? No sin intentarlo. ¿Nos dejarán? No, pero ¿volveremos a dejar que no nos dejen? Amig@s, en la cancha, como siempre, se verán los pingos.

De modo que aclaro nuevamente:

Estoy planificando para la reconstrucción, con otro gobierno. Ni El Proceso, el menemismo, el delarruismo y el macrismo lograron matar a la Argentina, ni ésta morirá con nosotros.

Tenemos 1,87 millones de km2 de territorios nuevos –casi todos abisales- de los cuales sólo gozaremos de soberanía indisputada en 370.000 km2. El resto, a discutir, y la pulseada principal será con el Reino Unido.

Por un efecto paradójico del calentamiento global, la banquisa antártica está en expansión, al contrario de lo que sucede con los hielos árticos, cada vez menos extensos. El el violento Océano Antártico, las tormentas se han vuelto más frecuentes y peores, y la navegación local cada vez más peligrosa. Más tarde abundaré en dudas sobre este desconcierto.

Es indudable que en esta crisis hay una oportunidad: podemos ser el primer país del mundo en construir dos barcos diseñados específicamente para bancarse a año completo ese escenario antártico empeorado. Podemos vender sus servicios oceanográficos, pero también los de asistencia y rescate a terceros países. Con los “fierros” adecuados, en ese infierno ululante hay plata a hacer y soberanía a ganar.

Tengamos presente algo: la presencia argentina en la Antártida tiene uno de sus comienzos en 1903, cuando los integrantes de la primera expedición sueca a ese continente quedaron divididos en tres grupos sin comunicaciones, con muy escasas herramientas y limitadísimas provisiones.

El 8 de noviembre de ese 1903, la tripulación de la corbeta Uruguay, al mando del Teniente de Navío Julián Irízar, venciendo peligrosas dificultades, se puso en contacto con miembros de la Expedición Nordenskjöld al sur de la isla Seymour (actualmente isla Vicecomodoro Marambio), en la pingüinera que se encuentra a ocho kilómetros de donde está ahora la Base Marambio, rescatando en una hazaña sin precedentes a todos los expedicionarios. No es mal antecedente.

Hablo de soberanía práctica. Las cosas que averigüemos sobre nuestros fondos serán los anchos de espadas, de bastos, y los sietes de oros y espadas en una mesa de truco peligrosa pero inevitable. Sin una idea científica detallada de qué hay ahí en las llanuras abisales y un rearme de la Armada con naves propias, no con chatarra descartada por otros, no podemos ni sentarnos a negociar titularidades, sea con Su Graciosa Majestad o con Magoya. Sin ese valor agregado de la investigación y de la ocupación permanente del Mar Argentino y sus nuevos anexos abisales, nuestra autoridad ahí es puro verso. Eso lo dijo Vicente Palermo, periodista del Club Político, al toque de que CONVEMAR nos diera esos papeles. Pero creo que Palermo habla de su país y subestima el mío.

Sí, claro, me dice Ud. Venirle con fierros propios a la Armada. Para ridiculizarme, me tira una cita de un tal Arias, autor que me suena familiar:

Una revisión somera del catálogo Histarmar de buques de la Armada entre 1900 y 2013 arroja un total acumulado de 318 naves de todo tipo, de las cuales 56 fueron construidas en la Argentina. Si dejamos fuera las ensambladas aquí bajo licencia extranjera, quedan 47 naves realmente Nac & Pop, con apenas 12 de combate. Pero si estrechamos la búsqueda a barcos exclusivamente de guerra de diseño y construcción local, la lista se abrevia a 10, y chicos: 8 rastreadores y 2 patrulleros, muchos impuestos por un tal presidente Perón. 10 barcos sobre 318.  Sí, el 3,78% del catálogo”.

En suma, Ud. me echa en cara que mi plan no sólo contraría la cultura política e industrial, sino incluso la naval que padecemos. Y añade, en plan de guapo, que es más fácil encontrar ratas en una caja fuerte que keynesianos en los partidos, en la UIA o en la Armada.

¿Está seguro de eso? ¿Iraolagoitía, Quihillalt y Castro Madero no eran altos oficiales navales, o sólo me parecieron? ¿Y acaso leyó “Nuestros intereses marítimos”, del Alte. Segundo Storni? Buena mía, no lo leyó.

Ud. me contesta, tajante, que la Armada a Storni tampoco lo leyó. Se limitó a hacerle grandes homenajes fúnebres para enterrar mejor sus ideas, de las que se olvidó hace mucho. Y luego me acorrala otra vez con mis propias palabras: los almirantes que en 1988 impidieron darle nueva motorización diésel-eléctrica y 30 años más de vida útil al portaaviones ARA 25 de Mayo, según la propuesta del Ing. Ernesto Marta, de Astilleros Río Santiago, también eran navales.

Y luego de pensar un segundo, añade con maldad que esos tipos lograron mucho más que el desguace posterior de nuestro portaaviones. Lograron el desguace de los Astilleros Río Santiago (ARS) y de TANDANOR, de paso y cañazo. Su Graciosa habrá aplaudido… ése era el blanco principal. Los astilleros, más que el portaviones.

Para mayor claridad, ARS llegó a construir las 4 mayores naves sudamericanas: los petroleros Ingeniero Huergo, Ingeniero Silveyra, José Fuchs y Presidente Illia, de doble casco y 60.000 toneladas, entre 1979 y 1983, pedidos por YPF. Desmontar los ARS y TANDANOR, la Fábrica Militar de Aviones (hoy FAdeA), y la CNEA e INVAP deben haber sido artículos principales en algún Tratado de Versailles secreto que la Argentina habrá firmado, supongo, entre 1982 y 1983, acaso para poder rendirse en Malvinas sin bancarse horas después una guerra mucho peor con Chile. Acuerdos cuya expresión de superficie fueron los Tratados de Madrid, propiciados por el entonces canciller y luego ministro de economía, Domingo Cavallo, y que equivalen -todavía hoy- a la cesión unilateral de 1.639.000 km2 de Mar Argentino ante una potencia «con la que no tenemos hipótesis alguna de conflicto».

Qué chanchadas impublicables, qué pactos secretos de autumutilación de nuestra industria naval, aeronáutica, nuclear, espacial y de defensa acompañaron esas firmas, el que viva lo sabrá, si queda algún papel escrito de todo ello. Pero es evidente que la Argentina sigue cumpliendo y sobrecumpliendo. El macrismo abortó la fabricación nacional de drones del Programa SARA (Sistema Robótico Aéreo Argentino), transformó la Fábrica Argentina de Aviones en un taller de chapa y pintura para competidoras de Aerolíneas (entre ellas la «low cost presidencial», Flybondi), y en su empeño de borrar todo trazo residual del gigante fabril que fue Fabricaciones Militares, cerró hasta FANAZUL, la proveedora local de explosivos de toda la industria minera. Lo que yo quiero es romper ese tratado, pero sin alharaca.

ARS nunca recuperó su salud pre-menemista, en parte por cambios de la tecnología de construcción naval, en parte porque el eje geográfico de la misma se desplazó al Lejano Oriente, y fundamentalmente por la desaparición del concepto de que el estado puede y debe comprarle al estado.

En los ’60 y ’70, traccionados por los pedidos de ELMA (Empresa Líneas Marítimas Argentinas), YPF, la CNEA y Ferrocarriles Argentinos, más algunos de la siempre renuente Marina, estos enormes talleres daban trabajo directo a 8000 personas, ranqueaban como los mayores del subcontinente, hacían graneleros, “bulk carriers”, containeras e incluso tanqueros de doble casco de 60.000 toneladas, y ganando plata. Había que ver a los ARS en sus épocas de gloria. ¿Entiende por qué en 1988 el portaaviones 25 de Mayo fue un blanco de oportunidad? Lo importante no era tanto destruir la nave, sino la capacidad argentina de rehacerla a nuevo en casa. No fuera que luego algún presidente/a Nac & Pop se tentara con empezar a construir también una flota de superficie propia.

Aunque en su resucitamiento kirchnerista ARS llegó a fabricar 4 graneleros de 27.000 toneladas para Wilhelm Finance Inc., de Alemania, su mayor comprador (Venezuela) empezó a fundirse cuando ya se le había entregado el “Juana Azurduy” y se daban los toques finales al “Eva Perón”. Éste quedó sin entregar.

El «Eva Perón» era el segundo de una orden de 4 petroleros de 47.000 toneladas para PDVSA, pero Chávez se estaba fundiendo, o lo estaban fundiendo, o ambas cosas. Son situaciones que vaya a saber por qué jamás le pasan a los emires y jeques petroleros que se llevan bien con los EEUU. Pero en esta segunda vuelta, y en esta ocasión sólo como blanco de oportunidad, a ARS lo jodieron de nuevo. Su Graciosa y mucha otra gente tienen un interés bastante obvio en que no volvamos a tener una industria naval, pero no son el problema. El problema son sus mandaderos locales.

En este segundo y más modesto pico de ocupación, ARS llegó a tener 2700 ingenieros, técnicos y operarios muy especializados.

Había 23 barcos más pedidos por contrato que aseguraban teóricamente 12 años de trabajo continuos, pero la deuda venezolana dejó a ARS sin nafta y a muchos kilómetros de la siguiente estación de servicio. Al rescate pero sin mayor resto financiero en el mundo posterior a la crisis de 2008, CFK ordenó construir en ARS 5 patrulleras oceánicas multipropósito para la Armada, de las cuales una llego a ponerse en quilla. Los planes navales de CFK –completar 2 submarinos Thyssen TR-1700, modernizar los 2 destructores y las 3 fragatas Meko- siempre avanzaron muy despacio, salvo el de la reconstrucción del rompehielos Irízar en TANDANOR. Pero luego llegó El Que Te Dije y se acabó todo.

Mi plan es juntar lo nuclear con la construcción naval. A no olvidar que ya hubo dos intentos de trabajo conjunto. Es debido a Castro Madero que hoy tenemos en construcción en Lima, provincia de Buenos Aires, el prototipo de una central nuclear argenta para vender al mundo, el CAREM, ahora de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Es un proyecto tan tecnológicamente sensato, tan testeado y vuelto a testear en modelos físicos, y con un potencial de mercado tan disruptivo que ni siquiera el Mejor Ministro de Energía de la Shell lo quiso parar. Le dejó el privilegio al Secretario de Energía, Gustavo Lopetegui. La obra -que debió terminarse en 2017- está detenida (nuevamente) desde la semana pasada. En el presupuesto nacional de 2019 figura con el siguiente monto atribuido: cero. Hay 500 suspendidos. Han venido gentes de muchos colores y países a ver esa centralita, porque es el único SMR (Small Nuclear Reactor) de diseño compacto en construcción en un mundo donde los SMR son el futuro, y hay 50 proyectos diferentes. Alguien está haciendo lo imposible porque el nuestro no se construya, no se muestre, no se venda.

CAREM

Avance de obra civil del CAREM en 2014, sin todavía ningún componente nuclear instalado. En aquel año debería haber estado en retoques finales antes de irlo poniendo crítico. 

Pero no puede haber una vidriera más impactante para esa planta terrestre que la naval: ponerla en un par de barcos que dejen al mundo con la boca abierta. Probablemente eso implique retrotraer el CAREM de su ingeniería actual, de central absolutamente terrestre, a la del reactor naval alemán Otto Hahn, del cual ha sido una laboriosa evolución. Probablemente la refrigeración puramente convectiva no sea posible en una central marina. Pero es un paso atrevido, sensato, y a considerar. Al proyecto llámenlo Pampa Azul 2.0, si quieren.

Daniel E. Arias

Eduardo Dvorkin: En defensa de la sustitución de importaciones

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Nos parece útil reproducir esta reflexión de Eduardo Dvorkin, Ingeniero Electromecánico de la UBA y Ph.D. en Mechanical Engineering del MIT. Porque la sustitución de importaciones, que era un objetivo «natural» para muchas naciones varias décadas atrás, a partir de los 1970 ha sido demonizada con un rigor que David Ricardo habría considerado excesivo.

Dvorkin aporta una nueva mirada al asunto.

¿Qué es la innovación productiva?
En ciencia el concepto de innovación es absoluto: es hacer lo que nadie hizo antes superando lo hecho anteriormente, eso y sólo eso es innovación, hacer algo diferente y superador. Si un científico intentase publicar en un journal científico de prestigio algo que alguien ya hizo antes, va a recibir un rechazo de parte de los editores. Hay tecnologías que tienen el mismo criterio sobre la innovación que la ciencia, son las que llamamos “tecnologías de punta”.

En la época en la que los EE.UU. y la U.R.S.S. volcaron sus esfuerzos nacionales en la competencia por poner el primer hombre en la Luna, ambos países intentaban hacer algo que el otro no hubiese hecho antes. Cada paso adelante en esa competencia constituía una innovación en sentido absoluto, en el sentido de la innovación científica. La industria armamentista durante la Guerra Fría fue un ejemplo similar y hoy en día las empresas líderes de producción de computadoras, teléfonos celulares y productos bio-tecnológicos compiten entre sí lanzando al mercado productos que constituyen innovaciones absolutas.

En las tecnologías de evolución más pausada (menos “nerviosas”) (ej. siderurgia, maquinarias de construcción, gas y petróleo, etc.) el concepto de innovación es distinto. Existe un proceso de innovación local, mediante el cual una empresa que no fabricaba un determinado producto o no prestaba un determinado servicio empieza a hacerlo; lo que constituye una innovación en el medio productivo de referencia independientemente de que en el mundo o en el mismo país hubiese otras empresas que ya produjesen el producto o prestasen el servicio en cuestión. Branscomb [1] define: “Innovación es el proceso que lleva a la creación e introducción en el mercado de un producto nuevo o de un servicio nuevo para la empresa”. En [2] hemos discutido procesos de innovación local en la siderurgia argentina.

El Estado y la innovación productiva
El neoliberalismo periférico [3] se ha adueñado de la palabra innovación precisamente para bloquear en nuestro país los procesos de innovación productiva autónomos. Han asociado la palabra innovación a los famosos emprendedores de garaje que, supuestamente aislados del Estado, introducen en el mercado un novísimo producto o proceso que rápidamente los convierte en ricos y famosos. Este es un relato falaz, fabricado para ocultar que el Estado es el gran emprendedor en cualquier sociedad, ya sea en una sociedad de alta industrialización (EE.UU., Alemania, Corea, China, Israel, Japón) o en una sociedad subdesarrollada industrialmente como la nuestra.

Con referencia al rol innovador del Estado en los países de alta industrialización no volveremos a comentar acá todos los ejemplos ya discutidos en artículos previos [3] [4] pero citaremos, para el lector interesado, algunas referencias de consulta: [5] [6] [7] [8] [9].

Las poderosas empresas innovadoras de Silicon Valley y los imponentes edificios que alojan las empresas bio-innovadoras en los alrededores del MIT (Cambridge, MA); emblemáticas del capitalismo más desarrollado, mal que le pese a nuestros neoliberales-periféricos, son más exponentes de la tracción estatal sobre el desarrollo tecnológico que del emprendedorismo privado.

Hay una paradoja interesante: en los casos de Estados Unidos y Alemania, es bastante evidente que el fuerte rol del Estado sobre el desarrollo tecnológico se basa en argumentos pragmáticos más que en argumentos ideológicos; lograr el liderazgo mundial en tecnología es parte de los objetivos nacionales de esos países, incluso al precio de contradecir flagrantemente la ideología neoliberal hegemónica [9].

En nuestro país hoy los procesos de innovación local, que resulta urgente retomar, son los procesos de sustitución de importaciones, que permitirán localizar en el país cadenas productivas creando miles de empleos y, en tiempos acotados, tornar positivo el balance comercial sin que una crisis de subconsumo sea la causa.

La eficiencia estatal
Para cumplir su rol central el Estado necesita tener incorporadas la aptitud y la actitud necesarias. Cuando nos referimos a la aptitud estamos requiriendo un Estado con los conocimientos necesarios y la capacidad científico-tecnológica necesaria para asegurar el cumplimiento de su rol. Un Estado con científicos y tecnólogos de alto nivel que sea un punto de atracción para los nuevos profesionales que, año a año, se gradúan en nuestras universidades nacionales.

En cuanto a la actitud requerimos un Estado fuertemente ejecutivo, cuyos organismos ante un problema lo estudien, planteen soluciones adecuadas y las ejecuten en tiempos compatibles con las necesidades sociales y productivas.

Es decir que, en síntesis, estamos requiriendo un Estado eficiente.

La supuestamente inevitable ineficiencia estatal es un tema que recibe los mayores ataques de los sectores defensores del proyecto neoliberal periférico, empeñados en apartar al Estado del ámbito productivo en todo lo que no sea realizar inversiones para aumentar la renta de los sectores más privilegiados, o sea, el uso de fondos públicos para garantizar ganancias privadas. Este es el único rol que estos sectores le exigen cumplir al Estado en el proceso de desarrollo productivo. ¿Qué es más conveniente para los sectores neoliberales que convencer a la sociedad de que el Estado es necesariamente ineficiente y que por lo tanto las empresas multinacionales deberían ser las encargadas de motorizar el desarrollo argentino?

Por otro lado, cuando se plantea la necesidad de volver más eficiente el desempeño del Estado, en los medios progresistas surge siempre una incomodidad. Por mucho tiempo nuestra sociedad fue acostumbrada a que el concepto de eficiencia fuera el impuesto por la lógica del mercado. Esto no es necesariamente así. Por ejemplo, en los ferrocarriles argentinos la lógica de la eficiencia según el mercado debiera pasar por asegurar las utilidades de las empresas ferroviarias en períodos de tiempo acotados, compatibles con las urgencias de los accionistas. La eficiencia desde el punto de vista de una empresa estatal debe pasar por desarrollar un servicio que cubra las necesidades de desarrollo local de las diversas regiones del país y que evolucione hasta formar un cluster de empresas del estado, pymes e instituciones del sistema nacional de ciencia y tecnología, para convertir dicho cluster en proveedor calificado de material ferroviario y de su mantenimiento.

En el desarrollo de productos de alta tecnología (radares, satélites y generadores eólicos) la eficiencia según la lógica del mercado debiera pasar por la comparación de precios y tiempos optando por la solución de menor costo y de más rápida disponibilidad: normalmente la solución importada. La eficiencia según la lógica del interés nacional debe pasar, en cambio por una solución que garantice el uso de conocimientos del sistema nacional de ciencia y tecnología, el desarrollo de cadenas productivas de pymes, la posibilidad de exportar, el menor impacto posible en la balanza de pagos, entre otros objetivos.

Normalmente las grandes corporaciones económicas tratan primero de desacreditar para después poder fácilmente desbaratar los desarrollos tecnológicos nacionales, sobre todo cuando los conduce el Estado. Para desacreditar utilizan supuestas mediciones de “eficiencia” basadas en métricas no pertinentes: por ejemplo, afirman que los satélites nacionales no son de última generación o son más caros que sus equivalentes importados, ocultando el hecho de que, precisamente, los países que hoy producen los satélites más avanzados han protegido por años su industria satelital. Es el eterno retorno a la política de exportar lana e importar casimires.

Pero, no se trata solamente de ejemplificar la necesaria y posible eficiencia de las empresas productivas estatales con ejemplos paradigmáticos como el de INVAP. Para modificar la estructura productiva del país generando nuevos puestos de trabajo, incluyendo y distribuyendo la riqueza generada, el Estado en su conjunto debe aumentar su eficacia y su eficiencia. Esta es la gran tarea que deberá acometerse durante el próximo gobierno nacional y popular y es una tarea que nos incluye a todes: trabajadores, gobiernos nacionales, provinciales y municipales, gremios estatales, las universidades nacionales, y al sistema nacional de ciencia y tecnología.

Así como no es aplicable la lógica de las empresas privadas para evaluar la eficiencia de las empresas públicas, tampoco son aceptables proyectos u obras que se extiendan por tiempos ilimitados gastando recursos incontrolables sin dar satisfacción a los requerimientos sociales que originaron esos proyectos u obras.

[1]L. M. Branscomb, Empowering echnology – Implementing a U.S. Strategy, Cambridge, MA: The MIT Press, 1993.
[2]E. Dvorkin, «C&T para construir una nación,» 29 Julio 2018. [En línea]. www.elcohetealaluna.com/ciencia-tecnica-para-construir-una-nacion/.
[3]E. Dvorkin, ¿Qué Ciencia Quiere el País? Los estilos tecnológicos y los proyectos nacionales, Buenos Aires: Colihue, 2017.
[4]E. Dvorkin, «Dar impulso a una relación virtuosa,» La Nación, 10 septiembre 2019.
[5]M. Mazzucato, The entepreneurial state, Demos (www.demos.co.uk), 2011.
[6]M. Mazzucato y G. Semieniuk, «Public financing of innovation: new questions,» Oxford Review of Economic Policy, vol. 33, nº 1, 2017.
[7]The Break Through Institute, «Where good technologies come from: case studies in American innovation,» 10 December 2010. [En línea]. thebreakthrough.org/archive/american_innovation.
[8]German Federal Ministry of Economic Affairs and Energy, «National Industrial Strategy 2030 – Strategic guidelines for a German and European Industrial policy,» Berlin, 2019.
[9]R. Wade, «The paradox of US industrial policy: the developmental state in disguise,» de Transforming Economies. Making industrial policy work for growth, jobs and development, Geneva, International Labour Office, 2014, pp. 379-400.

Volvieron a reunirse los BRICS ¿Qué hay de nuevo?

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Este año la reunión fue en Brasilia. Participaron los presidentes de China, Xi Jinping; Rusia, Vladímir Putin; Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, India, Narendra Modi; y, claro, Brasil, Jair Bolsonaro, el anfitrión.

Se llegó a un documento final que, naturalmente, gira sobre la puja fundamental de este fin de década: el conflicto entre China y EE.UU. en torno al proteccionismo. En el texto se plantea la defensa de las instancias multilaterales de negociación.

“Es esencial que todos los miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) eviten medidas unilaterales y proteccionistas», afirma esa declaración final del bloque. «Las tensiones comerciales y la incertidumbre política afectaron la confianza, el comercio, las inversiones y el crecimiento. En este contexto, recordamos la importancia de los mercados abiertos, de un ambiente de negocios y comercio justo, imparcial y no discriminatorio«.

Es interesante, por lo menos. como Jair Bolsonaro, que aspira a ser el mejor alumno de Donald Trump, firma un documento que cuestiona el mensaje fundamental de su ídolo. Es un documento más, por supuesto, pero ayuda a ver la ingenuidad de los que creen que los intereses comerciales y las pujas de poder tienen que ver con las ideologías.

Y la de aquellos que, desde un enfoque distinto, imaginan un enfrentamiento fundamental entre «globalizadores» y «nacionalistas». Lamentablemente, los intereses de las distintas naciones no son los mismos en todos los casos.

Ayer el embajador Jorge Argüello comentó en Twitter sobre la reunión. Nos parece oportuno reproducir sus conceptos:

CUMBRE BRICS
Brasilia, escenario de la XI Cumbre de Líderes del BRICS, el conjunto de economías emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que cumple así más de una década de reuniones intergubernamentales formales.

¿Cómo llega el grupo a Brasilia 2019? Más de una década después de su creación, la algarabía que despertó el BRICS en sus momentos iniciales se ha moderado considerablemente. Desempleo, desigualdad, guerra comercial, cambio climático y terrorismo son preocupaciones comunes.

En un mundo de grises, no está claro ni que los centros económicos del Atlántico Norte estén en declive total, ni que los mercados emergentes tengan un destino inexorablemente glorioso.

En Brasilia el grupo deberá demostrar su capacidad de coordinación para enfrentar los grandes problemas compartidos y consensuar acciones que beneficien a todos sus miembros. El lema de la reunión de este año es “crecimiento económico para un futuro innovador”.

Como el país anfitrión, este año Brasil propuso como ejes la cooperación en ciencia, tecnología e innovación; la economía digital; la lucha contra el crimen transnacional organizado; y la interacción entre el Nuevo Banco de Desarrollo y el Consejo Empresario del BRICS.

Naftas: anuncian nuevos aumentos en diciembre

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Desde el 1° de diciembre regirá un nuevo aumento en los tributos que pagan los combustibles, lo que se reflejará en el precio de los mismos, que escalarán, al menos, otro 5% por ciento.

El incremento será del 21% en el impuesto de transferencia a los combustibles y el impuesto al Carbono, que se actualizan en forma trimestral.

El tributo se actualiza por inflación pasada. El Poder Ejecutivo lo vino ajustando por debajo de la inflación entre mayo y octubre, para no generar aumento en el costo de vida. Pero en noviembre lo actualizó y dejó establecida las escalas futuras.

Según la resolución oficial, en diciembre escalarán los tributos. Por cada litro de nafta, las refinadoras deberán pagar $ 12 de impuestos. Y por cada litro de gasoil, serán $ 7,60.

En las compañías consideran que no tienen margen para hacerse cargo de ese aumento de combustibles, que impacta en más de 4% en los precios. Como el cambio se aplicará desde el 1° de diciembre, desde esa fecha las compañías estiman que harán una remarcación, como sucedió hoy.

En las empresas consideran que el litro de nafta debe valer cerca de US$ 1, por lo que creen que $ 63 sería un importe que guarda relación con el mercado. Para llegar a ese precio, creen que deberían recomponer un 10% más de acá a fin de año.

Las petroleras empezaron a aplicar este jueves un incremento cercano al 5 % en el precio de las naftas. El aumento rige desde la medianoche y fue aplicado por las tres mayores empresas del mercado: YPF, Axion y Raizen, que comercializa la marca Shell.

Con la suba, la nafta súper pasó la barrera de los $ 50 el litro en la Ciudad de Buenos Aires, que es donde se encuentran los precios más baratos. En los surtidores de YPF, se vende a $ 50,19, mientras que la premium subió a 57,94. Por su parte, el gasoil ahora vale $ 46,99, mientras que el diesel premium cuesta $ 54,99. En el interior, en tanto, la súper ya está $ 55 o $ 56.

Por su parte, ​la nafta súper de Axion pasó a valer $ 50,29 y la premium $ 58,34. El diesel común se despacha a $ 48,28 y el premium a $ 55,85.

Shell aumentó la súper a $ 50,64, la premium, a $ 58,56; el gasoil, a $ 49,34 y el diesel premium, a $ 55,98.

En general, los precios de Buenos Aires son los más baratos del país, con la excepción de la Patagonia. Por marcas, YPF suele ser la más económica, mientras que Axion se ubica bastante cerca. Shell, que comercializa Raizen, suele estar un peldaño más arriba.

Las compañías vienen diciendo que tienen un retraso en torno al 20% con respecto a los «precios de mercado». Ese importe se determina en relación a la «paridad de exportación», es decir el importe que reciben las petroleras si exportan el barril de crudo, menos las retenciones, que está en torno a los US$ 52.

Como el combustible es un insumo fundamental del transporte, que a su vez forma parte de los costos de todos los productos, el pase a precios es inevitable. Otro salto para la inflación.

La nueva, gigantesca «fintech»: Google

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Los gigantes tecnológicos van por todo. El último gran anuncio que salió de la meca tecnológica de Silicon Valley es que Google ofrecerá la posibilidad de tener una cuenta corriente con la compañía. De ese modo, se acercará más a la actividad de los bancos.

Según el Wall Street Journal, Google presentará esta posibilidad para sus usuarios desde 2020. Será una alianza con Citigroup y una cooperativa de ahorro de la Universidad de Stanford. El proyecto financiero se llamará Cache.

En un artículo titulado El siguiente paso de Google para dominar al consumidor: la banca, el diario estadounidense explica que, si bien las cuentas corrientes son un commodity y un producto que es difícil de cambiar, contienen «un tesoro de información» que incluye cuánto gana una persona, dónde compra y cuáles son sus gastos.

Caesar Sengupta, gerente general de Pagos de Google, dijo en diálogo con el Wall Street Journal que la empresa buscará alianzas profundas con los bancos y el sistema financiero para lograr un camino sostenible en su inmersión en las finanzas. Además, señaló que la firma podría incluir programas de lealtad (como el canje de puntos), pero que no venderá la información financiera privada de los usuarios.

«Las empresas de este tipo ven a los servicios financieros como una manera de acercarse a los usuarios y capturar datos valiosos», dice el artículo.

Google no es el único gigante tecnológico que se mete en las finanzas. Apple lanzó su tarjeta de crédito y Facebook, su propia criptomoneda (Libra). Amazon también está en conversaciones para habilitar cuentas corrientes. En la Argentina, Mercado Libre ofrece herramientas financieras a través de Mercado Pago.

«Las ambiciones de estas empresas podrían poner en jaque a las firmas financieras tradicionales, que temen perder su primacía y sus clientes. Además, estas empresas podrían reaccionar en Washington, donde los reguladores están investigando si las tecnológicas tienen demasiada influencia», se lee en el texto.

Google ya tiene una billetera digital llamada Google Pay, que tendrá 100 millones de usuarios globalmente en 2020. Samsung, Apple y Facebook también tienen sus opciones.

Argentina en el mar (y en la Antártida) – V

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Daniel Arias, frecuente e imprescindible columnista de AgendAR, también ha volcado su pasión argentina en otros lugaresEntre ellos, mi blog personal. Allí escribió, a lo largo de muchos meses, una historia del Programa Nuclear Argentino, que alguna vez tomará forma de libro. Pero en el medio, se metió con otros temas insoslayables. Uno era, a fines de 2017, el de los nuevos territorios submarinos que nuestro país había ganado.

(Una tosecita modesta: La pelea por estos territorios la sigo desde mayo 2009, cuando publiqué en un portal anterior, la presentación argentina ante las Naciones Unidas. Pero fui demasiado modesto en cuanto a lo que podríamos conseguir. Y conseguimos).

Este tema lo tratamos en AgendAR, claro, en mayo del año pasado. Pero en estos siete capítulos que publicaremos a partir de hoy, Daniel nos cuenta la historia en un tono más informal y agrega detalles políticamente incorrectos. Y, lo más importante: en la tradición de este portal, propone proyectos para un destino argentino en el mar.

Se publican en este portal del domingo 10 al sábado 16 de noviembre de 2019.

En este capítulo y en el anterior, Daniel desarrolla los argumentos para plantearnos un desafío para ingenieros navales argentinos: el diseño y construcción de un rompehielos con propulsión nuclear.

El sentido de un barco oceanográfico nuclear

Para rotar a la gente y alimentarla estarán los helicópteros del barco polar que planteo, también los del Irízar, que más de una vez tendrá que sacarlo de apuros, y eventualmente, los 4 grandes y viejos remolcadores para hielo delgado Neftegaz comprados en 2015 a Rusia, como soporte logístico de Pampa Azul. Costaron menos de U$ 10 millones los cuatro y fueron construidos a fines de los ’80, de modo que no pongo las manos en la parrilla por su estado técnico.

Bautizados con nombres malvineros (ARA San Carlos, Puerto Argentino, Bahía Agradable e Islas Malvinas), estas unidades sustituyen en una emergencia a los 3 moribundos avisos yanquis de la Armada, sobrevivientes de la 2da Guerra. Los Neftegaz son remolcadores (“avisos”, en jerga naval criolla). Como cualquier remolcador, con timonera alta y casco redondo, el Neftegaz baila como una boya en mares violentos, pero estos tienen 40 años menos que los yanquis y motores de 7200 HP (al menos, nominales). Sirvieron con soviética disciplina para remolcar o cargar descomunales equipos petroleros, y hoy al menos una Marina (la acerí), usa sus grandes cubiertas de popa como helipuertos de ocasión. No tendrán hangares, pero para apontar un “helo” son mejores que el mar.

¿Por qué tanta logística? ¿Por qué habría que hacer oceanografía al menos 320 días por año y con más de 80 científicos a bordo? Para atacar el único lado flaco del Attenbourough: este logra cortar sólo 1 metro de hielo, y sus campañas de temporada fría estarán limitadas a 60 días. Pese a su gran autonomía de diseño (22.000 km. en aguas abiertas), andando por banquisa antártica esta nave gastará sus existencias de gasoil marino a lo pavote. El otro límite es el agua potable, como en casi cualquier barco de propulsión térmica.

La propulsión atómica la necesitamos por varios motivos: muchos más HP en hélices para cargar con un casco de estructura más fuerte, que pueda cortar hasta 2 metros de hielo navegando en travesía continua a 3 o 4 nudos, sin tener que ejecutar el “ramming” (embestida) y el embicaje (treparse al hielo) típicos del rengo, discontinuo avance de un rompehielos. Ahora Ud. finalmente entendió ese casco con absurda forma de cuchara de los rompehielos: sirve para montarse a puro motor sobre el hielo, tobogán resbaladizo si los hay, y luego aplastarlo.

Esa sádica cresta que corre por la panza del barco sirve para concentrar el considerable peso del alto, casi absurdo castillo de proa sobre una superficie ínfima, de modo que la presión se dispare y en combo con la gravedad, hagan el trabajo sucio, crrack. Si un barco polar corta hielo en horizontal, como un cuchillo, el Irízar y toda su laya lo hacen en vertical, como una prensa hidráulica.

No se vaya a pensar que un barco polar se desliza como un cisne. Su proa, sus amuras y todo el cinturón de chapas que rodea su línea de flotación están muy reforzados, y el entramado de costillas y largueros que lo soportan es muy cerrado. Pero incluso con un casco doble, las vibraciones y el estrépito continuo causado por la fricción de bloques de hielo roto del tamaño de camioncitos puede ser insoportable. En algunos sectores del barco, es como estar en un galpón sobre el que se rascan dinosaurios del tipo espinoso.

Hay pegadas de diseño del Attenbourough que vienen de los barcos de exploración petrolera y deberemos copiar: la “moon-pool”, un túnel de una sección circular de unos 7 metros que atraviesa en vertical todas las cubiertas del barco y da acceso directo al mar, coincidiendo con el centro de masa de la nave en rolido, cabeceo y alabeo. El moon-pool podrá ser un escándalo de ingeniería y de hidrodinámica. De yapa, limita los espacios para otros fines, como si a bordo sobrara.

Pero si hay que subir y bajar cargas pesadas hasta y desde fondos profundos (y los “drones”, los ROVs y los equipos de perforación de fondo son objetos masivos), la maniobra hecha desde el moon-pool no desequilibra el barco. Sí lo hacen las habituales grúas que tienen que manejar tales objetos sobresaliendo en extraplomo por sobre los laterales del buque. Con la mar exasperada por una galerna de 70 nudos, un “moon-pool” hace la diferencia entre trabajar y no hacerlo.

grúa

Otro detalle de ingeniería a imitar del RRS David Attenborough: la grúa de popa en carrusel.

En un barco polar la timonera no debe ser una Trump Tower: estaría de más el calado aéreo descomunal del Irízar, que lo hace intencionalmente tan pesado de proa. Por el contrario, puede adoptarse un castillo más petiso, oblicuo y aerodinámico, como el del Attenbourough. Y todo el mundo a bordo más feliz y productivo. Y es que el viento antártico no se lleva bien con los barcos altos, ni éstos con la ciencia: los oceanógrafos, como cualquier humano, como incluso los marinos más curtidos de estómago, dejan de funcionar y caen en un sopor inerme cuando pierden demasiado sodio y potasio debido a esas vomitaderas persistentes, que te queman el esófago de jugo gástrico –lo único que queda en el estómago- y se ríen de la dramamina. Varios días en ese estado son una agonía difícil de entender para quien no los pasó.

Y hablando de deshidratación, la propulsión nuclear permite capear otro límite: el del agua potable a bordo. Hay tanta potencia eléctrica disponible que puede energizar una pequeña unidad desalinizadora a bordo, una plantita de ósmosis inversa como las de los submarinos nucleares.

Tanta electricidad permite vencer otros límites. Un barco oceanográfico moderno tiene varios tipos de sonares y de dispositivos acústicos “de diagnóstico por imagen”. Los que Ud. ya conoce son las ecosondas multihaz, que permiten “iluminar” grandes superficies de fondo a miles de metros de profundidad, y mapear no sólo su relieve sino la densidad de sus materiales. En síntesis, hacen lo mismo que las ecografías médicas o los sistemas de ecolocalización de delfines, orcas y cachalotes.

Pero a bordo de un oceanográfico “comme il faut” hay sonares menos potentes y de mayor frecuencia, algo parecidos a los que usa la ecocardiografía Doppler: detectan cambios de velocidad, densidad o salinidad de líquidos. Cuando hay varios sistemas de corrientes submarinas montados verticalmente como tuberías independientes dentro de la columna de agua, estos sensores indican sus profundidades, direcciones, velocidades y caudales. Hay otros sonares especializados en localizar plancton, y otros para cardúmenes de peces, y discriminan tan bien  la biomasa que el ojo experto del biólogo marino hasta se puede colegir la especie.

Y por último, con un gasto colosal de potencia, están los equipos “de sísmica”, que generan unos pulsos de frecuencia muy baja pero enorme intensidad. Estas penetran kilómetros enteros dentro de los sedimentos de fondo y revelan si tienen las estructuras típicas de las formaciones generadoras o acumuladoras de hidrocarburos.

sonar

Las rarezas de la transmisión y refracción de sonido en el mar: el “canal SOFAR”, bajo el cual salvó su vida la tripulación del submarino ARA San Luis cuando la de Malvinas.

Y me anticipo a su duda de curtido sonarista: sí, tiene razón, algunos de estos sistemas de ecosonda, ya sea por frecuencia o intensidad, logran “ver” debajo del “canal SOFAR”. Para los ajenos al gremio de Popeye, este “canal” es una zona relativamente superficial del mar, que en los trópicos está a 1200 metros de profundidad, en las latitudes medias a unos 600 y en las muy polares, casi en la superficie.

En cualquier latitud, el límite inferior del canal SOFAR es una zona de transición térmica rápida, donde el agua está entre 3º y 2º C de temperatura, y así sigue sin variaciones hasta el fondo. Esa termoclina, o límite térmico, actúa como un espejo sónico. El “canal” se llama así porque logra que un pulso de sonido generado cerca de la superficie rebote contra el mismo, vuelva a la superficie, vuelva a rebotar allí como en un segundo espejo, hacia abajo, y se aleje horizontalmente en sucesivos rebotes oblicuos, casi sin pérdida de energía, y a distancias sorprendentes. Gracias al canal SOFAR, el rugido subsónico de una ballena azul puede ser oído por otro cetáceo de su especie de una punta a la otra del Oceáno Pacífico.

Sí, exactamente como lo está pensando, algunas ballenas tienen su propia internet. Será porque viven absortas y chateando que las hemos podido cazarlas casi hasta la extinción, y esa extinción ya era patente en el caso de los cachalotes con las tecnologías precarias del capitán Achab y sus colegas del puerto de Nantuckett.

Pero esto del canal SOFAR le complicó la vida a los sonaristas ingleses durante el pifostio de Malvinas: buscando el submarino ARA San Luis, que les había soltado tres torpedazos sin efecto alguno, no lograron detectarlo jamás, acurrucado como estaba contra los fondos bastante bajos que rodean las islas demasiado famosas. En las latitudes malvineras, el espejo sónico de la SOFAR está apenas unas decenas de metros más arriba. En consecuencia, los destructores, fragatas y helicópteros de Su Graciosa reventaron a bombazos el Atlántico Sur cada vez que creían detectar el eco de algo grande, y al cuete.

Ahí Ud. entiende por qué, por si las moscas, los Brits se vinieron a la guerra con los barcos llenos de cargas de profundidad nucleares “polenteadas” con hidrógeno (“boosted charges”), las famosas WE.177 de 277 kg, de 0,5 kilotones. El Ministry of Defence (MoD) todavía dice que se las trajeron en el apuro, sin intención de usarlas, porque no hubo tiempo para bajarlas a tierra. En realidad no las tuvieron que usar porque los malditos torpedos filoguiados Telefunken del San Luis alemanes fallaron todos (todo fallaba en el San Luis, computadoras de tiro, motores, todo, todo salvo los cojones del capitán Fernando Azcueta y su tripulación). Mal momento para ser ballena en las islas demasiado famosas, aquel invierno de 1982. La que no quedó sorda, se volvió paté de cetáceo.

Y ahora Ud. empieza a entender por qué me interesa tanto tener al menos un rompehielos y un barco oceanográfico nucleares. Con la parafernalia acústica que se traen, amén de los ROVs, estas naves pueden pispear perfectamente bajo el canal SOFAR. Y si perciben algo fuera de lugar, pueden determinar su densidad, ubicación y velocidad, y si estos sugieren más submarino hostil que cetáceo neutral, ambas naves polares, pese a ser un tanto lerdas, tienen veloces helicópteros para anillarlo de cargas de profundidad comunes. No señor, Torpex o cualquier alto explosivo con una velocidad de expansión de gases de 8000 metros/segundo. Nada nuclear, no somos tan malos, y a diferencia de los Brits, que se vinieron a reconquistar las Malvinas con armas nucleares de apurados nomás, estamos cumpliendo a rajatablas con ese par de tratados que nos encajó el Calos E’Nesario Menem, el de Tlatelolco y el de No Proliferación. Somos buenos chicos, lo que no significa que debamos asumirnos como enteramente pelotudos.

Por supuesto, los barcos polares son mucho más seguros que esos frágiles cruceros llenos de turistas que uno ve hoy en la Antártida. Nunca tales naves merecieron tanto sus nombres: uno los ve y se hace cruces. Pero además de llevar oceanógrafos “nerds” y turistas “cool”, cobrándoles un ojo de la cara a los segundos, un barco polar puede llevar y traer gentes de otras profesiones. Peludos infantes de marina, por ejemplo. Porque a veces no sólo alcanza con saber un punto más que el diablo.

Y ahora dígame que la ciencia y el mar no son fascinantes.

Daniel E. Arias

Hoy: Salón del Emprendedor de la provincia de Buenos Aires

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Para hoy la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires (CEPBA) organiza el Salón del Emprendedor, el evento más importante en su tipo en la provincia de Buenos Aires.

Su objetivo central es que emprendedores y microempresarios encuentren en un solo lugar diferentes herramientas que le permitan fortalecer sus emprendimientos.

CEPBA es una organización gremial de empresas que nuclea las Cámaras de Comercio e Industria del Sector PyME de la Provincia de Buenos Aires. Agrupa 264 Cámaras de Comercio e Industria bonaerenses, representando así, en forma directa o indirecta unas 70.000 empresas pequeñas y medianas, más emprendimientos familiares, de toda la provincia.

Su presidente, el Dr. Guillermo Siro, explica que CEPBA tiene entre sus planteos fundacionales, promover el desarrollo de nuevas empresas que sean el motor productivo de una región y sobre todo del País. Para ello diseña, desarrolla y ejecuta programas de fomento al emprendedorismo y apoyo a la creación de micro empresas.

Guillermo Siro, Presidente de CEPBA

El Salón del Emprendedor se realizará este jueves 14 de noviembre a partir de las 9 horas, en la sede de la Facultad Regional La Plata de la Universidad Tecnológica Nacional (Av. 60 esq. 124), y se transmitirá en vivo por streaming desde las 8:45.