Mejores escuelas públicas son necesarias. Pero no arreglan la sociedad

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Nick Hanauer es un empresario y capitalista de riesgo estadounidense, que se preocupa y se compromete con los problemas de su país. Publicó esta nota en The Atlantic, que reproducimos aquí, donde escribe sobre los de la educación y de la sociedad norteamericana. Y por todas las diferencias entre las dos sociedades, los problemas y hasta las fechas son muy parecidos!. También, nos gustaría que tuviéramos más empresarios como Hanauer en Argentina.

«Hace tiempo me cautivó una idea seductora y fácil de entender, en la que muchos de mis amigos ricos aún creen: que tanto la pobreza como la creciente desigualdad son en gran parte consecuencias del deficiente sistema educativo de Estados Unidos. Así, pensaba que solucionando eso podríamos curar gran parte de los males que nos aquejan.

Este sistema de creencias, que llamo «educacionismo», se basa en una historia conocida, y en una noción de causa y efecto: Estados Unidos creó un sistema de educación pública que era la envidia del mundo moderno. Ninguna Nación produjo graduados con mayor o mejor educación, y así se construyó la gran clase media estadounidense. Pero alrededor de la década de 1970, Estados Unidos perdió el rumbo. Permitimos que nuestras escuelas se derrumbaran, y nuestros puntajes en los exámenes y tasas de graduación bajaran.

Los sistemas escolares que producían obreros fabriles bien pagos no pudieron seguir el ritmo de las crecientes demandas educativas de la nueva economía del conocimiento. A medida que las escuelas públicas se hundían, también lo hacía el poder adquisitivo de la clase media. Y con la desigualdad, también aumentaba la polarización política, el cinismo y la violencia, que amenazan con socavar la democracia estadounidense.

Por eso tomé la educación como una causa filantrópica y una misión cívica. He dedicado innumerables horas y millones de dólares a la simple idea de que si mejoramos nuestras escuelas, si modernizamos nuestros planes de estudio y nuestros métodos de enseñanza, aumentamos sustancialmente los fondos escolares, eliminamos a los malos maestros y abrimos suficientes escuelas, los niños, especialmente los de las comunidades de bajos ingresos y de la clase trabajadora, comenzarían a aprender nuevamente. Las tasas de graduación y los salarios aumentarían, la pobreza y la desigualdad disminuirían, y se restablecería el compromiso público con la democracia.

Pero después de décadas de organización y entrega, he llegado a la incómoda conclusión que estaba equivocado. Y odio estar equivocado.

Tardé décadas en darme cuenta de que el educacionismo es un error trágico. El problema de los trabajadores es porque están mal pagos, porque 40 años de confiar en el derrame han manipulado la economía en favor de los ricos como yo. Los estadounidenses están más educados que nunca, pero a pesar de eso, y a pesar del desempleo más bajo que nunca, la mayoría de los trabajadores, de todos los niveles educativos, han visto poco o ningún aumento salarial desde el año 2000.

Nuestro sistema educativo no puede compensar las fallas de nuestro sistema económico.

Debemos hacer todo lo posible para mejorar nuestras escuelas públicas. Pero ni el programa de reforma escolar más reflexivo y bien intencionado puede mejorar los resultados educativos si ignora el principal impulsor del logro estudiantil: el ingreso familiar.

A pesar de todas las fallas del sistema educativo todavía tenemos muchos distritos de escuelas públicas de alto rendimiento. Casi todos ellos están sostenidos por una comunidad próspera de familias de clase media económicamente seguras,  con suficiente poder político para exigir grandes escuelas,  tiempo y  recursos para participar en ellas y dinero de los impuestos para financiarlas. En resumen, las grandes escuelas públicas son el producto de una clase media próspera, y no al revés. Páguese lo suficiente a las personas como para costear vidas dignas de clase media, y la consecuencia serán escuelas públicas de alta calidad. Pero permítase que la desigualdad económica crezca, y la desigualdad educativa crecerá inevitablemente con ella.

Al distraernos de estas verdades, el educacionismo es parte del problema.

Cada vez que hablo con mis amigos adinerados sobre los peligros del aumento de la desigualdad económica, aquellos que no se quedan mirando sus zapatos invariablemente responden con algo sobre el lamentable estado de nuestras escuelas públicas. Esta creencia está tan arraigada entre la elite filantrópica que de las 50 fundaciones familiares más grandes (que administran 144.000 millones de dólares en activos exentos de impuestos), 40 declaran que la educación es un tema clave. Solo uno menciona algo sobre la difícil situación de los trabajadores, la desigualdad económica o los salarios. Y debido a que los estadounidenses más ricos son tan poderosos políticamente, las consecuencias de sus creencias van mucho más allá de la filantropía.

Un tema importante en la narrativa educacional es la “brecha de habilidades”, la noción de que décadas de estancamiento salarial son en gran medida consecuencia de que los trabajadores no tengan la educación y las habilidades para ocupar nuevos empleos con salarios altos. Ese razonamiento agrega que si mejoramos nuestras escuelas públicas y aumentamos el porcentaje de estudiantes que alcanzan niveles más altos de educación, particularmente en ciencia, tecnología, ingeniería y matemática (las materias STEM, por sus iniciales en inglés), la brecha de habilidades se reducirá, los salarios aumentarán y la desigualdad de ingresos caerá.

La verdadera historia es más complicada, y más preocupante. Sí, hay un desajuste entre las habilidades del presente y los empleos del futuro. En una economía tecnológicamente avanzada que cambia rápidamente, ¿cómo podría no haberlo? Pero este desajuste no explica la creciente desigualdad de los últimos 40 años.

En 1970, cuando la edad de oro de la clase media estadounidense estaba llegando a su punto máximo y la desigualdad al mínimo, solo la mitad de los estadounidenses mayores de 25 años tenían un diploma de escuela secundaria o su equivalente. Hoy, el 90% lo tiene. La proporción de estadounidenses que obtuvieron un título universitario se ha más que triplicado desde 1970. El pueblo nunca ha estado mejor educado, pero solo los más ricos han tenido grandes aumentos en los salarios reales. De 1979 a 2017, el ingreso promedio anual real del 1% de los estadounidenses aumentó 156% (y el ingreso del 0,01% superior aumentó en un impresionante 343%), pero el poder adquisitivo promedio de los estadounidenses no aumentó.

Algunos educadores podrían argumentar que los recientes avances educativos no han sido suficientes para mantenerse al día en una economía cambiante, pero aquí, una vez más, la verdad parece más complicada. Mientras que el 34% de los estadounidenses mayores de 25 años tienen una licenciatura o más, solo el 26% de los trabajos lo requieren. Además, las categorías de empleos que crecen más rápido, por lo general, no requieren un diploma universitario, y mucho menos un título STEM. Según las estimaciones oficiales, cuatro de las cinco categorías ocupacionales proyectadas para agregar la mayor cantidad de empleos a la economía en los próximos cinco años se encuentran entre los empleos con los salarios más bajos: «preparación y servicio de alimentos» (19.130 dólares promedio anuales), «cuidado personal y servicio» ( 21.260), «ventas y afines» (25.360) y «asistencia paramédica» (26.440 dólares al año).

En octubre de 2018 hubo un millón de vacantes laborales más que solicitantes de empleo. Incluso si todos estos empleos no ocupados fueran en profesiones STEM en la parte superior de la escala salarial, serían de poca ayuda para la mayoría de los 141 millones de trabajadores estadounidenses en nueve deciles inferiores de ingresos.

Es cierto que los trabajadores con un título universitario disfrutan de una diferencia salarial significativa sobre los que no lo tienen (un promedio de 53.882 dólares en 2017, en comparación con 32.320 para quienes solo tienen educación secundaria). Pero incluso con esa ventaja, el salario promedio por hora para los graduados universitarios apenas se ha movido desde el 2000, mientras que el 60% de los graduados universitarios gana menos que en el año 2000. Un diploma universitario ya no es un pasaporte seguro a la clase media.

Casi todas las ventajas del crecimiento económico han sido captadas por las grandes empresas y sus accionistas. Las ganancias corporativas después de impuestos se han duplicado, de alrededor del 5% del PIB en 1970 a alrededor del 10%, incluso cuando los salarios como porcentaje del PIB han caído en aproximadamente el 8%. Y la participación del 1% más rico en los ingresos antes de impuestos se ha más que duplicado, desde el 9% en 1973 hasta el 21% en la actualidad. En conjunto, estas dos tendencias representan una transferencia de más de 2 billones de dólares al año, de la clase media a las corporaciones y los super ricos.

El estado del mercado laboral proporciona evidencia adicional de que la disminución de la fortuna de los trabajadores con salarios bajos no se explica por la oferta y la demanda. Con la tasa de desempleo cerca del mínimo en 50 años, las industrias de bajos salarios, como alojamiento, servicio de alimentos y comercio minorista, están luchando para hacer frente a la escasez de solicitantes de empleo, lo que lleva a The Wall Street Journal a lamentar que «los empleos de baja cualificación son cada vez más difíciles de cubrir para los empleadores”.

Si los salarios se establecieran de la manera que sugerían nuestros libros de texto, los trabajadores se beneficiarían de esta dinámica. Sin embargo, fuera de las ciudades y los estados que recientemente han impuesto un salario mínimo local sustancialmente más alto, los trabajadores de bajos salarios han visto que sus ingresos reales apenas se mueven.

Todo lo cual sugiere que la desigualdad en los ingresos no se ha disparado debido a las fallas educativas de nuestro país, sino a pesar de su progreso educativo. Por justificable que sea mejorar los planes de estudio y la innovación y la reforma institucional, las personas que ven la educación como una solución para todo han ignorado la mejor medición predictiva del éxito educativo de un niño: el ingreso familiar.

La literatura científica sobre este tema es robusta, y el consenso es abrumador. Cuanto más bajos sean los ingresos de sus padres, más bajo será su nivel probable de logros educativos. Punto. Pero en lugar de centrarse en formas de aumentar los ingresos familiares, los educadores de ambos partidos políticos hablan de ampliar las oportunidades a los niños pobres, más recientemente en forma de escuelas charter o autónomas. Sin embargo, para muchos niños, especialmente aquellos criados en la pobreza racialmente endémica de gran parte de los Estados Unidos, la oportunidad de asistir a una buena escuela pública no es suficiente para superar los efectos de los ingresos familiares limitados.

Como señala el economista liberal Lawrence Mishel,  la pobreza crea obstáculos que podrían hacer tropezar incluso a los estudiantes más dotados. Señala la difícil situación de «los niños que cambian de escuela con frecuencia debido a una vivienda deficiente; poca ayuda con la tarea; pocos modelos de éxito a seguir; más exposición al plomo y al amianto; problemas de visión, oído, dentales u otros problemas de salud no tratados; … y vivir en un entorno caótico y frecuentemente inseguro».

Varios estudios han encontrado que solo alrededor del 20% de los resultados de los estudiantes pueden atribuirse a la escolarización, mientras que alrededor del 60 % se explica por las circunstancias familiares, y en especial, los ingresos. Algo más de la mitad de los estudiantes de escuelas públicas de hoy llenan los requisitos para recibir almuerzos escolares gratuitos o de precio reducido, 38% más que en 2000. Si los estudiantes se están rezagando en la alfabetización, el cálculo numérico y las habilidades de resolución de problemas que demanda la economía moderna, la mayor parte de la culpa no la tienen los docentes o sus sindicatos, sino los bajos ingresos familiares.

Si realmente queremos dar a cada niño una oportunidad pareja de tener éxito, debemos hacer mucho más que ofrecerles una escalera de oportunidades, también debemos reducir la distancia entre los peldaños de la escalera. Debemos invertir no solo en nuestros hijos, sino también en sus familias y sus comunidades. Debemos proporcionar educación pública de alta calidad, seguro, pero también viviendas de alta calidad, atención médica, atención infantil y todos los otros requisitos previos para una vida segura de clase media. Y lo más importante, si queremos construir el tipo de comunidades prósperas de clase media en las que las grandes escuelas públicas siempre han prosperado, debemos pagar a todos nuestros trabajadores, no solo a los ingenieros de software y financieros, un salario digno de clase media.

Hoy en día, después de que las élites adineradas engullen nuestra gran proporción de ingresos nacionales, la familia estadounidense media recibe 76.000 dólares al año. Si la remuneración por hora hubiera crecido con la productividad desde 1973, como lo hizo durante el cuarto de siglo anterior, según el Instituto de Política Económica, esa familia ahora ganaría más de 105.000 dólares al año. Imagínese, dejando de lado las reformas educativas, cuánto más grande, más fuerte y mejor educada sería nuestra clase media si la familia estadounidense promedio disfrutara de un aumento de 29.000 dólares por año.

De hecho, la forma más directa de abordar la creciente desigualdad económica es simplemente pagar más a los trabajadores, aumentando el salario mínimo; mediante el fortalecimiento del poder de negociación del trabajo; y cobrando impuestos más altos, mucho más altos, sobre personas ricas como yo y nuestros bienes.

El educacionismo atrae a los ricos y poderosos porque nos dice lo que queremos escuchar: que podemos ayudar a restaurar la prosperidad compartida sin compartir nuestra riqueza o poder. Como lo explica Anand Giridharadas en su libro Winners Take All: The Elite Charade of Changing the World, narraciones como esta permiten que los ricos nos sintamos bien con nosotros mismos. Al distraerse de las verdaderas causas de la desigualdad económica, también defienden el status quo extremadamente desigual de Estados Unidos.

Hemos confundido un síntoma, la desigualdad educativa, con la enfermedad subyacente: la desigualdad económica. La escolarización puede aumentar las perspectivas de los trabajadores individuales, pero no cambia el problema central, que es que el 90 % inferior está participando de una parte cada vez menor de la riqueza nacional. Arreglar ese problema requerirá que las personas ricas no solo den más, sino que tomen menos.»

El país sin luz. Lo que se sabe y lo que se supone

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Ayer domingo 16 de junio -«Día del Padre»- un gigantesco apagón dejó sin energía eléctrica a toda la Argentina y parte de los países vecinos durante toda la mañana. Unos 50 millones de personas se quedaron sin luz. El sistema se fue recuperando paulatinamente, y los medios hoy describen en detalle los problemas originados. Pero la misma magnitud de la falla hace que, hasta por una cuestión de seguridad nacional, las preguntas importantes sean: ¿Cómo pudo suceder? y ¿Cómo puede evitarse que ocurra en el futuro?

Lo que ya se sabe con certeza es que hubo un colapso total del Sistema Argentino de Interconexión (SADI). Se trata de un sistema de red interconectado, de 500 kw, que atraviesa el país desde las provincias del norte hasta Santa Cruz (la única provincia que no está unida a ese sistema es Tierra del Fuego). Y está conectado a las redes de países vecinos.

Así, el corte afectó a casi la totalidad de Argentina, parte de Uruguay, Chile, Brasil y brevemente a una línea de 220kV del Paraguay. Estos datos fueron proporcionados por la Entidad Nacional Yaciretá, que fue el primer ente en deslindar responsabilidades, y afirmar que no hubo ningún problema en la generación de energía.

La red SADI se nutre de energía gracias a generadores como Yacyretá, el Chocon, y otras centrales, algunas de ellas de energías renovables. El sistema tiene subestaciones, que reducen la tensión, de 500kw, a 320 kw, o 132kw. En torno a cada subestación se conforman las regiones que abastecen la demanda.

El sistema es administrado por la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA), cuyos accionistas son los generadores, los transportistas, los distribuidores, los grandes usuarios, y el Estado Nacional. Cada sector tiene el 20% de participación y forma parte del directorio.

La red es operada por transportistas y luego distribuida por compañías públicas (provinciales) o privadas. En el caso de la ciudad de Buenos Aires, lo hacen Edenor y Edesur. En el caso de la provincia de Buenos Aires, lo hacen EDEA y EDES.

Las causas:

Hasta ahora el presidente Macri y sus funcionarios han sido muy cautelosos. Sólo han dicho que es un «caso inédito», «un hecho muy grave», y que «será investigado a fondo». En Cammesa se informó: «A las 07:06 del día domingo 16 de junio se produjo un cortocircuito en la línea de 500 kV Colonia Elía – Belgrano», paralela a línea Colonia Elía -Nueva Campana, que está fuera de servicio por reubicación.

«Simultáneamente, y por causas que están investigando, se desenganchó la línea de 500 kV Mercedes-Colonia Elía. Si bien el sistema está preparado para soportar el desenganche de otra línea de 500 kV, en este caso se desengancharon dos líneas simultáneamente, ya que una estaba indisponible. Este debilitamiento anormal de la red de transmisión posiblemente desestabilizó las centrales de Yacyretá y Salto Grande y se perdieron sus aportes (alrededor de 3700 MW)».

La sobrecarga que se generó, sin embargo, debería haber afectado solamente esa zona, que son 3000 MW de demanda. Pero algo ocurrió, que hizo disparar todas las protecciones del sistema y para protegerlo se apagó la totalidad de la generación«.

Las fuentes que consultó el periodista Martín Bidegaray, de Clarín, son más incisivas: «Hacia adentro se admite que hubo errores en los circuitos que van desde las líneas de transmisión hacia las generadoras. En el sector eléctrico, nadie entiende cómo los operadores del sistema no lograron aislar la falla del Litoral -como sucedió varias veces en ocasiones anteriores-, para que el corte quedara restringido a esa zona, y no se extendiera por todo el país».

Los especialistas sostienen que la responsabilidad es de Transener, la empresa que controla la transmisión eléctrica, y Cammesa, la mayorista del sistema eléctrico que está bajo control estatal. Durante el gobierno anterior, del que el sector se quejaba del retraso tarifario, nunca llegó a concretarse un corte de esa magnitud. Transener y Cammesa debían manejarse en un diálogo permanente. Pero algo falló en esa comunicación.

«Problemas en las líneas de transmisión son habituales. Lo poco habitual es que este problema (sin crisis, sin alta demanda, en un día tranquilo) se haya convertido en tremendo apagón», detalla un especialista que pidió no ser identificado. «Si en la Secretaría de Energía no supieron minuto a minuto lo que estaba pasando, puede que alguien de Transener y/o Cammesa no les haya avisado o les ocultó información», puntualiza alguien que ya estuvo en esa relación y enfrentó otros sofocones con cortes.

Cuando salta o se interrumpe una línea de transmisión eléctrica por algún desperfecto, el procedimiento para detener los riesgos es automático. Pero hay alguien, un operador, que está al tanto de ese desajuste. Esa persona está en Transener. Esa firma es controlada por Citelec, una sociedad cuyos accionistas son Pampa Energía (de Marcelo Mindlin) e Ieasa (la ex Enarsa), en partes iguales.

El rol que debió jugar Transener es avisarle a su contraparte de Cammesa, la mayorista del sistema eléctrica. Entre ambos, deben decidir el curso que le darán a la generación para que el suministro no se interrumpa, según entienden los especialistas.

«El proceso es sencillo. Cuando una línea se desliga (cae del sistema), se busca una alternativa y se mantiene el funcionamiento por ese lado. En general, hay dos líneas alternativas por cada una que se cae, ya que se está preparado para esa eventualidad», grafican un gran cliente de Cammesa.

La experiencia internacional muestra que estos eventos se originan en errores operativos y/o de coordinación entre el operador y la transportista. La investigación debe ser expeditiva y explicar que ha ocurrido”, dice Gerardo Rabinovich, vicepresidente del Instituto Argentino de la Energía «General Mosconi» y ex director de Control de Gestión del ministerio de Energía (entre agosto de 2016 y octubre de 2017).

Al momento del corte, Cammesa estaba despachando más electricidad desde el Litoral, tratando de aprovechar el caudal de agua por lluvias, ya que la generación hidroeléctrica es más económica. Sin embargo, ese ahorro de costos pudo haber complicado la capacidad de reacción operativa, según especulaban este domingo técnicos que dialogan con la Secretaría de Energía.

Servicios tech: con 3 mil colmenas polinizan arándanos desde Buenos Aires a Tucumán

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Productores de la provincia de Buenos Aires de los municipios de Carlos Casares, Alberdi, Trenque Lauquen y General Pueyrredón brindan un servicio de polinización “a domicilio”. En esta oportunidad, trasladándose con unas 3.000 colmenas hasta la ciudad de Famaillá, en Tucumán, para polinizar sus campos.

La falta de polinización ha aumentado la sensibilización acerca del valor de este servicio y de los requerimientos de su ordenación. Es por eso y con el objeto de mejorar la rentabilidad del sector que los apicultores bonaerenses viajan al norte de país. Las colmenas de nuestra región, por las características agroecológicas de la provincia de Buenos Aires, en este período del año están invernando, por eso es una muy buena opción el traslado y la valoración para el desarrollo de los cultivos como el de la producción apícola.

Omar Quintana, productor de Moctezuma en el partido de Carlos Casares, sostuvo que “la oportunidad surgió por el contacto que se produjo mediante un ingeniero de la ciudad de Tucumán, que produce en forma orgánica arándanos y citrus (limón, naranjas, mandarinas y quinotos) para la venta en gran escala. Creo que es algo novedoso y que puede ayudar a muchos apicultores de nuestra provincia, ahora tenemos que trabajar en una buena genética polinizadora porque parece que el vínculo viene por largo tiempo, por suerte”.

Las relaciones entre los insectos y las plantas que polinizan han alcanzado, en ciertos casos, un alto grado de especialización que a la vez implica una dependencia extrema: Si desaparece el insecto, la planta no es polinizada, no produce semillas y también desaparece. Que el polen de una flor de una planta polinice la flor de otra planta de la misma especie pero genética diferente aumenta la diversidad de la especie y es vital para su supervivencia; la polinización cruzada produce semillas más vigorosas y frutos de mejor calidad.

“Es importante la diversificación de diferentes productos de la apicultura, además de la miel, para mejorar la rentabilidad del sector y de los productores apícolas buscando nuevas alternativas como en este caso la polinización. Creo que ahí radica la importancia de esta iniciativa”, aseguraron desde la Unidad de Coordinación Apícola bonaerense.

La provincia de Buenos Aires representa el 53% de la producción total de miel del país y la Argentina se ubica como el tercer productor y exportador del mundo y el primero en Latinoamérica. En el territorio bonaerense hay casi un millón de colmenas y 5 mil productores, que generan 18 mil puestos de trabajo en toda la cadena productiva.

En 4 provincias el PJ y el Frente de Todos obtienen la victoria

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Santa Fe, la provincia con más población y la economía más grande de las cuatro que ayer eligieron gobernador, fue una de las dos que rompió la «norma» que se usaba para explicar los resultados electorales de este año: que los oficialismos provinciales eran reelegidos.

Omar Perotti, con el apoyo de todos los sectores del peronismo, obtuvo el 40,52% de los votos y recuperó la provincia para su partido después de 12 años. El actual gobernador, el socialista Antonio Bonfatti, recibió el 36,34% de los votos y reconoció rápidamente la victoria de Perotti. El candidato de Cambiemos, José Manuel Corral logró un 18,96%, quedando así en el 3° lugar, como ya es rutina este año para la coalición que apoya al gobierno nacional.

El socialismo retuvo la intendencia de Rosario y, según las cifras provisorias, desalojó a la UCR de la intendencia de Santa Fe. El radicalismo habría perdido así el gobierno de otra ciudad importante, además de Córdoba.

San Luis, definió con sus votos una disputa familiar. El actual gobernador, Alberto Rodríguez Saá fue reelecto con el 42,18%. Su opositor Claudio Poggi, apoyado por el gobierno nacional, consiguió un 34,64%. Y Adolfo Rodríguez Saá, hermano del actual gobernador, ex gobernador y ex presidente, 22,09%.

Formosa: para sorpresa de nadie, el presidente del Congreso del PJ nacional, Gildo Insfrán, fue reelecto por 7° vez con el 70,64% de los votos. Adrián Bogado, hijo de un ex gobernador y apoyado por Cambiemos, sumó 28,91%.

Tierra del Fuego: la otra excepción al triunfo de los oficialismos. Rosana Bertone, la actual gobernadora y también cercana al Frente de Todos, logró el 38% de los votos y reconoció la victoria del kirchnerista Gustavo Melella, que alcanzaba con el 50,8% de los votos lo que la constitución provincial exige para ganar en 1° vuelta.

Big Data. Para qué sirve. Para qué no

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«Big data» es un concepto que se ha puesto de moda, especialmente entre periodistas, comunicadores y opinadores varios. Como sucede en estos casos, se ven dos tenencias: los que creen que es una herramienta superpoderosa, que explica todos los resultados comerciales o electorales que nos sorprenden, y los que piensan que es sólo la última moda.

Ambas están equivocadas. La definición más simple y breve de Big data es que se trata de «datos masivos provocados por la interacción de dispositivos interconectados». Así, esos dispositivos que usamos en la vida cotidiana, computadoras, telefónos celulares, cajeros automáticos, produjeron en los dos últimos años -se afirma- más datos almacenados que en toda la historia de la humanidad.

La tecnología que permite reunirlos también ayuda a organizarlos y extraer más información. Y esa información ayuda a sumar ventas, o poder. Pero no es ni fácil ni automático.

El economista Walter Sosa Escudero, investigador del Conicet y director del departamento de Economía de la Universidad de San Andrés es el autor de “Big data” (Siglo XXI editores). Ahí analiza la sobreabundancia de información y la “invasión” de algoritmos que permiten identificar patrones de consumo, inclinaciones y prejuicios de los individuos. Como corresponde, se le han hecho reportajes sobre el tema en los medios masivos. Elegimos éste de La Capital, de Mar del Plata, que nos parece el más claro, sin simplificar demasiado.

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Las sociedades acostumbradas a lidiar con recursos escasos se confrontan por primera vez frente al big data, un fenómeno marcado por la sobreabundancia ¿A qué clase de reto nos confronta el exceso de información?

– Hace 40 o 50 años el dato era un recurso súper escaso. El nacimiento de las estadísticas oficiales y de las encuestas fue una reacción natural frente a esa escasez. Si bien es cierto que big data nos confronta hoy a un exceso de datos y de información, eso no se da en todas las direcciones: hay ciertos datos que siguen siendo elusivos. Tenemos sobreabundancia en algunos campos pero a la vez hay escasez en lugares donde ya había escasez. Por ejemplo, no tenemos más información que antes para saber cómo era la distribución del ingreso cuando Argentina era “el granero del mundo”. En segundo lugar, cuando empieza a darse una abundancia aparece también una limitación. Las limitaciones relacionadas en este caso se dan en primer término respecto a la capacidad de procesamiento, ya que en muchos casos los datos van adelante y los algoritmos atrás. El otro gran escollo a superar tiene que ver con las ideas, porque los datos no hacen preguntas por sí mismos. Una mayor disponibilidad de datos es buena noticia para la ciencia, que ya lleva siglos haciéndose preguntas y ahora tiene la posibilidad de empezar a responderlas con esta mayor disponibilidad de información.

El sistema de algoritmos construye patrones de afinidad que son utilizados por los buscadores y las redes sociales para ofrecer a cada usuario información compatible con sus intereses. ¿Cuál es el riesgo de generar comunidades homogéneas que no reproducen la logica heterogénea de las sociedades?

– El fenómeno de agrupamiento por similitud es viejo como las sociedades. Los mecanismos segregatorios existían antes que los algoritmos y los datos. La pregunta es si con la manipulación que pueden ejercer los algoritmos ese fenómeno se exacerbó o quedó como estaba. Los resultados todavía no son muy conclusivos, aunque hay un estudio polémico realizado por Facebook según el cual la gente se crea una burbuja de afinidad mucho antes que la acción de los algoritmos. Puede darse por ejemplo el caso de alguien que tiene ideas afines a la izquierda y se encuentra en Facebook con un compañero del secundario que es de derecha, al que termina bloqueando apenas pone tres mensajes expresando su posición. Estamos hablando de una acción voluntaria de segregar que no está disparada por ningún algoritmo. La pregunta es, ¿nos aislamos nosotros, nos aísla el algoritmo o entre todos hemos armado esta especie de diario de Yrigoyen que nos vincula solo con lo que nos gusta?

El filósofo francés Eric Sadin sostiene que con el advenimiento de la inteligencia artificial y el big data se produjo un retroceso en la capacidad del juicio ¿Los algoritmos debilitan nuestra capacidad de decisión?

– No creo que seamos tan tontos. Big data te baja la guardia en tonteras pero los problemas atávicos se nos siguen riendo en la cara y nos mantienen alertas. Los algoritmos resuelven ciertas cosas, es cierto: entro a Netflix y acepto sus recomendaciones, o voy a la página de Amazon para comprar una taza y me sugiere a la vez una cucharita que tal vez me puede venir bien, pero en todo caso son decisiones simples o irrelevantes respecto de los grandes problemas que nos plantea la existencia.

No me parece que el espíritu crítico esté bajo acecho. Big data nos deja muy en ascuas en muchas cuestiones importantes, la posibilidad predictiva de encontrar patrones todavía se aplica a cosas poco elementales.

¿Por qué los algoritmos resultan tan certeros para trazar nuestro perfil de gustos y consumos?

– El algoritmo actúa sobre la lógica de equivocarse y aprender. Y creo que eso es completamente innovador porque en general estamos educados para tratar de hallar la solución del problema en un solo paso. El algoritmo, por el contrario, intenta equivocarse, fabricar errores para tener feedback rápido. Todavía estamos lentos como sociedad en abrazar a los errores: creemos que cometer un error es equivocarse y en definitiva es hacer que la máquina ande. En casa, por ejemplo, no tenemos un solo usuario de Netflix. Estamos mi esposa y yo que tenemos gustos similares y por otro lado mi hijo que tiene gustos radicalmente diferentes. Al principio el algoritmo de la plataforma se volvía loco y pretendía sacar promedio. Yo tengo 53 y mi hijo 15, entonces se enfocaba en alguien de 35 y ahí le erraba ridículamente: proponía cosas que no me gustaban a mí ni a mi hijo. En los últimos meses aprendió y se dio cuenta que hay más de un perfil. Ahora recomienda simultáneamente para un perfil de adulto y para otro de adolescente.

¿Lo novedoso del big data no es tanto la oferta pantagruélica de información como el sistema de cálculos y algoritmos que permite clasificarla y predecir comportamientos o tendencias?

– En Big Data estamos ahora en la etapa de encontrar patrones, predecir, clasificar, persuadir, etc… pero explicar sigue siendo una instancia difícil. Hoy se puede utilizar un mecanismo de imágenes satelitales para predecir lluvia… ahora, hacer llover es una cosa completamente distinta.

Y respecto a la fase predictiva, todavía no se ha logrado hacerlo con cuestiones decisivas: nadie predijo, por ejemplo, qué iba a surgir la fórmula Alberto Fernández- Cristina Fernández, así como fue difícil predecir el Brexit, la elección de Trump como presidente… De hecho, el último Mundial de Fútbol fue el de los algoritmos por excelencia y nadie pudo anticipar al ganador.

En el ensayo citás el caso de Alice Wu, una joven investigadora que desarrolló un algoritmo para medir la desigualdad de género ¿El ejemplo sirve para ilustrar que los cambios tecnocientíficos van a una velocidad mayor que los cambios sociales?

– Claro, la tecnología y el conocimiento avanzan más rápido que las transformaciones sociales. Los datos también pueden echar luz acerca de la velocidad a la que se mueven las cosas. La discusión no es si hay brecha de género sino si la velocidad a la que esa brecha se cierra es baja. Está documentado que la reducción de la brecha se ha estancado en términos de participación y de salario, algo incomprensible después de tantos procesos sociales y cognitivos por los que ha atravesado América Latina. Todos esperábamos que se cierre mucho más rápido. Me parece que esta cuestión de los datos puede hacer mucho en términos de las brechas discriminatorias porque pueden focalizar correctamente el problema y sus alcances. Lo que hace Alice Wu es poner una medida cuantificable de cuánto se discrimina y eso se puede replicar en todos los ámbitos y en todos los períodos. Su contribución no es decir que a las mujeres las discriminan sino haber encontrado una forma sistemática, reproducible y clara de monitorear el tema. Lo que antes era una opinión ahora es un número. Estaría bueno hacer el ejercicio de Alice Wu todos los años para ver si esta brecha continúa cerrándose.

Se extiende la «guerra comercial». India impone aranceles a productos de EE.UU.

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NUEVA DELHI.- India se sumó a la guerra comercial contra Estados Unidos y decidió subir los aranceles a 28 productos norteamericanos, incluidas almendras, manzanas y nueces, luego de que Washington excluyó a Nueva Delhi de un importante programa de privilegios comerciales.

Esta es la más reciente disputa comercial desde que el presidente Trump asumió en 2017 con la promesa de actuar contra países con los que Washington tiene un gran déficit comercial.

Desde el 5 de junio, Trump eliminó los privilegios del Sistema Generalizado de Preferencias (GSP, por su sigla en inglés) para India, el mayor beneficiario de un programa que le permitía exportar hasta 5.600 millones de dólares a Estados Unidos libres de impuestos. India dijo que la decisión era «desafortunada» y prometió defender sus intereses nacionales.

India se estaba preparando para aplicar mayores gravámenes antes de la primera reunión del primer ministro Narendra Modi con Trump en el marco de la cumbre del G20 en Japón el 28 y 29 de junio. El gobierno de India emitió inicialmente una orden en junio del año pasado para subir los impuestos a las importaciones de una serie de artículos de Estados Unidos en hasta un 120%, irritado por la negativa de Washington de eximir al país de los mayores aranceles al acero y el aluminio. Pero Nueva Delhi retrasó el alza de los gravámenes debido a que los dos países iniciaron negociaciones comerciales. El intercambio entre ambos alcanzó unos 142.100 millones de dólares en 2018.

India ordenó «implementar la imposición de aranceles en represalia a 28 bienes específicos originados o exportados desde Estados Unidos» a la vez que preservó la tasa existente para los mismos bienes de otros países.

Se estima que los mayores gravámenes de India a los bienes de Estados Unidos podrían tensar los crecientes lazos políticos y de seguridad entre ambos países.

El discurso del «libre comercio» nunca fue tomado muy en serio por los decisores, sólo por economistas teóricos, y funcionarios y opinadores cuyos honorarios dependen de ello (ver el artículo de Ha Joon Chang en AgendAR). Pero el gigantesco mercado estadounidense ha sido el objetivo al que aspiraban las economías en crecimiento. Japón, China, Corea del Sur,… y también la India. Ahora Trump procura defender el trabajo en su país, abandonando ese instrumento de «poder blando».

El INTA diseñó un dispositivo de cosecha de uvas para pequeños productores

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El instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria presenta un nuevo dispositivo que facilita la recolección de las uvas comunes, reduce el esfuerzo físico del trabajador y no requiere tractores para su funcionamiento.

Este desarrollo permite reemplazar el tradicional banco de cosecha (escalera que usan los cosecheros para subir con los canastos llenos de uva hasta la altura del camión y descargar la fruta adentro) y reduce aproximadamente un 10% los tiempos de acarreo.

Según el especialista del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (IPAF), Emiliano Dibella. el prototipo presentado «es una tecnología que puede utilizarse en el sistema de espalderas, una técnica para conducción de las plantas que no está difundida entre los pequeños productores de la región».

Ya existen artefactos desarrollados y difundidos para la cosecha asistida, pero su implementación masiva requiere la disponibilidad de tractores e implica cambios a nivel de organización del proceso de trabajo, en la ejecución de las tareas y en las formas de pago, que dificultan la adopción por parte de los pequeños productores.

El banco mecánico diseñado permite subir de manera vertical la fruta hasta tres metros de altura y luego volcarla mediante un contenedor de carga de acero revestido de lona, con una capacidad de 250 a 350 kilogramos.

Integrado por un chasis de acero estructural y construido con perfiles normalizados, está montado sobre un eje con ruedas y posee un sistema de suspensión que permite el traslado. Sobre el chasis se montan las columnas de elevación, articuladas para facilitar el traslado.

El contenedor es levantado por las columnas de elevación mediante un sistema de poleas y cables de acero con un carretel tipo malacate, que obtiene su fuerza motriz de un motor a explosión de 6,5 hp (caballos de fuerza).

Galperín, de Mercado Libre: «En Argentina 5 empleos nuevos son 5 problemas nuevos»

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En el diario de negocios El Cronista, como en otros medios y en las redes sociales, se publicó un audio de Marcos Galperín donde lanza polémicos comentarios sobre el empleo en la Argentina. Fue durante una presentación, al día siguiente de la apertura del flamante Centro de Desarrollo ubicado en Polo Dot.

Según informó el programa periodístico Pasaron Cosas de Radio Con Vos, 89.9, el CEO de Mercado Libre inauguró las oficinas de una empresa de ciberseguridad donde Galperín tiene inversiones y allí se filtró el audio de una presentación que, dicen, es para muy pocas personas, en el cual Galperín se refiere en duros términos a las condiciones locales del empleo.

«La democracia capitalista está muy cuestionada, no anda muy bien. En Estados Unidos anda muy bien pero se ha puesto muy autoritaria y eso puede ser necesario. Yo creo que el mundo del consenso no funciona cuando sos una democracia y tenes que rendir examen y negociar contra un sistema autoritario que no tiene que rendir exámenes», expresó Galperín.

Luego, en otro fragmento de su presentación, el fundador de Mercado Libre habló sobre el tema regulatorio respecto a los empleados. «Acá en Argentina generar empleo es muy difícil por el marco laboral». Y agregó, durísimo, «cinco empleos son cinco problemas y 100 empleos son 100 problemas».

Fuentes cercanas a la empresa confirmaron la veracidad del audio y el contexto en el que se emitieron estas declaraciones: un evento corporativo de una startup de seguridad.

No es la primera vez que Marcos Galperin hace fuertes declaraciones sobre el mercado laboral argentino. En su momento, se filtró un video de un Q&A privado de la compañía. En el mismo, se ve a Galperín expresar que «si realmente su prioridad es el sueldo, y les molesta que el aumento haya sido del 5% en vez del 6% u 8%… entonces MercadoLibre no es el lugar para ustedes».

El elemento irónico es que en Estados Unidos, el mismo presidente Trump defiende en público a los trabajadores (ver su cuenta de Twitter), y un empresario al que se le filtrasen estos comentarios en un rapto de sinceridad se convertiría en un paria social. Pero eso es difícil que suceda en Argentina.

Falleció Aldo Pignanelli

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El contador y economista Aldo Pignanelli falleció a la edad de de 69 años en la madrugada de ayer, víctima de un cáncer de próstata que le había sido diagnosticado tiempo atrás.

Pignanelli piloteó el Banco Central durante la salida de la crisis del 2001, y antes y después participó desde distintas funciones y en el debate público en la definición de las políticas económicas de nuestro país. Siempre su compromiso fue en defensa del desarrollo y del trabajo argentino.

Ya muy enfermo, aceptó presidir y colaborar en la campaña de la lista Bordó-Naranja, en las elecciones que este miércoles 19 se celebran en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas.

Su figura -más allá del acuerdo o no con sus propuestas- debe servir de ejemplo en el compromiso para nuestros profesionales de la Economía.

Reflexiones para AgendAR: «Una década de disminución constante y continua de satisfacción con la democracia»

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Hace una semana, Eduardo Fidanza, alguien que reflexiona en profundidad sobre la realidad argentina y global, publicó esta nota. Sin compartir todas sus conclusiones y algunos de sus supuestos -al pie se agregan unas breves observaciones- creemos que es un aporte valioso para aquellos de nuestros visitantes que aún no la han leído.

«No es exagerado afirmar que la elección de autoridades mediante el voto constituye el momento estelar de la democracia. Este hecho legitima a la vez que compromete al poder político, cuyos poseedores deben rendir cuenta de su actuación.

En cierta forma, una elección democrática invierte el orden de prioridades del sistema, colocando en primer lugar las demandas sociales y no el interés de los grupos dominantes. Mediante los comicios, la decisión del pueblo determina la suerte de los proyectos de las elites políticas y económicas. Aunque el sufragio esté condicionado por distorsiones cognitivas, manipulaciones u otras asimetrías, el dictamen que arroje definirá la conformación del gobierno y la oposición. El elector no tiene demasiado control sobre lo que harán los elegidos, pero es decisivo para determinar quiénes serán y cuánto durará su mandato.

Sin embargo, como afirma Pierre Rosanvallon, elegir por métodos democráticos no garantiza ser gobernados democráticamente y esa es la base del desencanto contemporáneo. La democracia argentina no escapa a esta erosión. Un sondeo de Poliarquía arrojó el año pasado que el 56% de la población está insatisfecho con el funcionamiento de la democracia, resultado acorde con la tendencia detectada por el Latinobarómetro, que caracteriza al lapso transcurrido entre 2008 y 2018 como «una década de disminución constante y continua de satisfacción con la democracia».

Este dato debe ser cotejado con los probables motivos del desencanto: por un lado, la insatisfacción con la economía y la distribución de la riqueza, cuya evolución es similar a la que registra la valoración de la democracia; y, por el otro, el descrédito de las instituciones y los poderes del Estado. Los entrevistados expresan la desilusión en términos muy claros: «Alfonsín decía: ‘Con la democracia se come, se cura, se educa’ y en un país que produce tantos alimentos tenemos niños que pasan hambre«. «Nuestro problema es el Poder Judicial, que está politizado y no es independiente«.

Las demandas insatisfechas de justicia distributiva y transparencia obligan a ampliar el análisis al capitalismo, para plantear cómo su lógica puede favorecer o frustrar la legitimidad del sistema político. En un estudio sobre la desigualdad mundial, el economista Branko Milanovic se pregunta, ante la regresión en la distribución del ingreso y las oportunidades, si en esas condiciones es sostenible el capitalismo democrático. Argumenta que las democracias se están convirtiendo en plutocracias en las que los ricos imponen la agenda, en detrimento de las clases medias y los pobres. Sobre su duro diagnóstico resuena la contradicción del capitalismo expuesta por Max Weber: la racionalidad económica está estructuralmente desacoplada de las demandas de bienestar y justicia.

En términos más sencillos y próximos: una macroeconomía sana puede ser una condición necesaria, pero no garantiza el reparto democrático de los bienes materiales y simbólicos. Los niños no se alimentarán mejor ni los jueces se volverán imparciales e independientes si se alcanzara el equilibrio fiscal.

La cuestión es mucho más compleja y los votantes lo intuyen. Cabe aquí una hipótesis paradójica: tal vez por su desbarajuste macroeconómico combinado con una elevada conciencia e institucionalización de los derechos sociales y civiles, la Argentina ejemplifica paradigmáticamente los dilemas del capitalismo democrático. Mientras que su anomia macro es inviable en una fase de globalización que exige a los países dependientes rígidos estándares para participar en los mercados, sus clases medias y bajas se niegan a resignar aspiraciones y derechos, y son severas con los dirigentes que los vulneran.

Eso les otorga un sesgo progresista a los programas de los partidos, aun a los del oficialismo, que no comparte esa orientación. Desde afuera se juzga esta conducta como una patológica inclinación al populismo. Un riesgo para el capital, al que no le faltan razones para sospechar: aunque espoleadas por la angustia electoral, las últimas medidas del Gobierno (acuerdo de precios, congelamiento de tarifas, créditos subsidiados para el consumo) van en esa dirección. Busca que los estratos medios no lo abandonen porque perdería las elecciones. Y esa amenaza seguirá vigente después de las urnas.

En estas condiciones, antes que inviable, la Argentina parece una nación difícil de encasillar. No será Venezuela ni lo puede ser. Pero tampoco Brasil o México, a los que no se asimilará mientras su amplia clase media se mantenga en pie. Este país posee además otra singularidad perturbadora: el Papa es argentino y prefiere a los pobres. Con estos antecedentes, es probable que al FMI no le quede otra posibilidad que renegociar en 2020 con esta cultura singular y desconcertante, más allá de quién gane la presidencia. Acaso esta transacción ayude a la síntesis entre racionalidad económica y justicia social que el capitalismo global le debe a la democracia».

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Esta nota me parece que refleja con mucha lucidez el malestar que se percibe en la vida política argentina, y en la de la mayoría de las democracias modernas. Y de paso, el desafío para el gobierno que asumirá el 10 de diciembre, sea cual sea. Pero me inclino a pensar que Fidanza espera demasiado de la democracia como sistema político si le exige que resuelva ese problema. Freud, que lo analizó en «El malestar en la cultura» hará ya 90 años, no estaría de acuerdo.

Schumpeter, economista y estudioso de las sociedades, definía a la democracia como el método moderno para elegir y legitimar liderazgos. Churchill, patriota británico y político práctico, decía que era el peor sistema, exceptuando a todos los demás. Pero es una ingenuidad creer que por sí mismo trae la felicidad, o resuelve la anomia social.

La democracia es necesaria. Y también lo es el sentido de comunidad. Cómo se logra, es un desafío de los argentinos. También de otras naciones, por cierto.

A. B. F.