Como había anunciado el 13 de mayo, China aumentó desde ayer, 1° de junio. la tasa de aranceles adicionales impuesta a algunos productos estadounidenses importados.
China había impuesto previamente aranceles adicionales a importaciones estadounidenses valoradas en 60.000 millones de dólares, y ahora las tasas de los aranceles adicionales a algunos de los productos fueron aumentadas a 25, 20 y 10%, de acuerdo con lo anticipado por la Comisión de Aranceles Aduaneros del Consejo de Estado.
La decisión se tomó después de la acción estadounidense de incrementar de 10 a 25% los aranceles a productos chinos por un valor de 200.000 millones de dólares a partir del 10 de mayo.
Según afirma la agencia estatal Xinhua, «la medida tomada por Estados Unidos escaló las fricciones comerciales y violó los consensos alcanzados por ambas partes para abordar las controversias comerciales a través de consultas. La acción estadounidense dañó los intereses de ambas partes y no cumplió la expectativa universal de la comunidad internacional».
«China espera que Estados Unidos vuelva a la vía correcta de consultas económicas y comerciales bilaterales, haga esfuerzos conjuntos con China para actuar en la misma dirección con China y se esfuerce por alcanzar un acuerdo de beneficio mutuo y ganar-ganar sobre la base del respeto mutuo».
En opinión de AgendAR, este renacimiento abierto del proteccionismo -en forma más discreta nunca dejó de practicarse- no es un problema tan grave. Resulta evidente que, tarde o temprano, el proceso de desindustrialización de los EE.UU. provocaría tensiones que harían imperiosa la aplicación de medidas similares. Si publicamos hoy la introducción al libro de Ha Joon Chang, queda claro que no creemos en los beneficios automáticos e indiscutibles del «libre comercio».
Pero no cabe duda que es un paso en la escalada del conflicto entre los EE.UU. y China, como cuando el país asiático considera prohibir la exportación de «rare earths» («tierras raras»), minerales estratégicos que pueden ser obtenidos por los estadounidenses de otras fuentes… a mayor costo.
Tal vez, el paso que puede ser irreversible, si se concreta finalmente, es la prohibición del gobierno de Trump de que Google proporcione determinadas actualizaciones de Android a Huawei. En el corto plazo, esto significa que un celular Huawei sólo sea útil en China. La consecuencia a largo plazo es que China desarrolle y consolide su «Internet propia» -con sus buscadores y redes sociales, como ya utiliza- para sí misma y su esfera de influencia. Una «Cortina de Bytes» en el mundo digital.
Con el desarrollo de este producto innovador con identidad regional, especialistas del INTA en Balcarce y Jujuy le agregaron valor a este cultivo ancestral (que tiene unos 10 mil años de historia) mediante la industrialización en forma de chips de papas andinas provenientes del noroeste argentino. Un producto que se destaca por su alto valor nutricional.
«Ya se realizó la primera tirada experimental de papas andinas nativas en una planta industrial donde se logró llegar al envasado para consumo y degustación del producto con reconocidos chefs argentinos”, explicó Sergio Feingold, miembro del INTA Balcarce, Buenos Aires.
En esta investigación “se seleccionaron cinco genotipos de calidad nutricional e industrial superior para producir una cantidad suficiente de ‘papa semilla’ para su cultivo”, destacó el investigador. De ahora en más, los investigadores y técnicos del INTA buscarán capacitar a productores locales introduciendo mejoras en riego, fertilización y otras prácticas de manejo del cultivo para incrementar su producción y sostenibilidad.
Según Feingold, este logro pudo realizarse después de 8 años de investigación. Y podría llegar al mercado el próximo año.
(Hace unos 600 años, en las terrazas de Moray, a unos 38 km al noroeste del Cuzco, un centro de investigación agrícola incaico, se llevaron a cabo experimentos de cultivos a diferentes alturas. La disposición de sus andenes produce un gradiente de microclimas teniendo el centro de los andenes circulares concéntricos una temperatura más alta y reduciéndose gradualmente hacia el exterior a temperaturas más bajas, pudiendo de esta forma simular hasta 20 diferentes tipos de microclimas. Allí probablemente se desarrollaron algunos centenares de las 3 mil variedades de papa que existen.
El INTA descansa en una importante tradición regional).
La cadena de zapaterías Grimoldi solicitó la apertura del Procedimiento Preventivo de Crisis en el Ministerio de Producción y Trabajo y lo comunicó formalmente con una nota a la Bolsa de Comercio.
En la nota a la Bolsa la empresa afirma «Este procedimiento preventivo le permitirá a la Sociedad tomar una serie de medidas para adecuar las estructuras de los recursos humanos en algunos sectores de la Sociedad, de manera ordenada» (léase: reducir personal). La carta está firmada por el apoderado Alberto Grimoldi.
La empresa Grimoldi comenzó su actividad en 1895 como una fábrica de calzado y creció hasta transformarse en una de las empresas de fabricación y venta de calzado más importantes de Sud América. Pero hace décadas que la industria del calzado argentina está en problemas. La década de los ´90 ya la golpeó muy duro con la importación. Ahora, se suma la caída del consumo.
Alfredo Moreno, Computador Científico, profesor TIC (Tecnologías de Informática y Comunicación) en la Universidad Nacional de Moreno, Proyectos TIC en ARSAT, ha escrito una dura denuncia contra el promocionado «Distrito Tecnológico» del gobierno de la Ciudad Autónoma, con muchos datos sobre la actividad informática. Lo sintetizamos aquí:
ooooo
El gobierno de la Ciudad invirtió fuerte para poner en valor el llamado Distrito Tecnológico del Sur de la ciudad, en Parque Patricios. En sus estimaciones de 2009, los beneficios para las empresas sumaban ya US$ 200 millones. El número ha ido cambiando cada año y ya no se difunde. Tampoco se tienen datos sobre la creación de nuevos puestos de trabajo calificado, el objetivo de mayor peso en el marketing político de esta idea. En Parque Patricios no se ven tantos productos informáticos terminados como la venta de horas/persona en escritura de “líneas de código”, la materia prima de los programas que la jerga informática porteña llama ácidamente “sojware”. En contraste, se volvió común la expulsión de vecinos históricos que ya no pueden pagar ABL (Alumbrado, Barrido y Limpieza), impuesto –entre varios otros- del que las empresas están exentas, pero que para el ciudadano de a pie se disparó con el cambio de perfil del barrio.
A más de 10 años del distrito tecnológico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el clúster de empresas de Tecnologías de Informática y Comunicación (TIC) que prometía trabajo de fuerte valor agregado logró más bien ventajas impositivas para crear el equivalente informático de materia prima, líneas de código.
Es un “bulk commodity” virtual exportable que el corrosivo humor de los programadores argentinos llama sojware, el equivalente informático de nuestra soja, un forraje destinado a engordar animales en otros países. A eso añádanse los “call centers” de servicios de posventa y se tiene la imagen del negocio de las corporaciones que han montado sus operaciones regionales en Parque Patricios. Esto no es el Silicon Valley.
La sede del gobierno porteño de Parque Patricios, con su mezcla de hormigón armado y frente vidriado, acaso sea el símbolo por excelencia del Distrito Tecnológico: un área que durante décadas fue obrera y logística, hoy con aires “tecno” pero bastante alejada del desarrollo de talentos para la producción de servicios y productos finales “made in Argentina”. En términos informáticos, Parque Patricios añade eslabones a cadenas internacionales de valor cuyo cerebro –y cuya caja- está en otros paises. No difiere conceptualmente de lo que sucedió con nuestras automotrices, que en los años ’80 producían el 98% de un Ford o un Renault con autopartes argentinas, y hoy a lo sumo aportan un 30%: el negocio es de la marca, y la marca está afuera y cobra afuera.
Parque Patricios es a lo sumo un proyecto de periferia dentro de una redefinición parecida del mundo digital, y en lo material y concreto, un filón para quienes hace una década compraron metros cuadrados baratos de a miles. Y entre tanto, el barrio se volvió insostenible para el vecino común.
Hoy, el distrito cuenta con más 300 empresas que se instalaron en alguna de sus 200 hectáreas por las desgravaciones fiscales previstas en la ley porteña. La exención o diferimiento del pago de los Ingresos Brutos (del 5 al 7% de la facturación, según el tamaño de la empresa) y el impuesto a los sellos. También se salvan del cada vez más corrosivo ABL, que se disparó en rampa desde 2009 y en vertical desde 2016. También de otras gabelas, como derechos de delineación y construcciones.
Empresas como Despegar, Lagash, Tata, Atos, Exo y Deloitte, ocupan parte de las 15 manzanas donde ya instalaron sus operaciones regionales, sin que se vean demasiados puestos de trabajo en productos y servicios terminados, pero sí la emergencia de una especie de “subproletariado nerd” monotributista. IPlan, empresa de telecomunicaciones local, llegó a fines de 2012 para inaugurar Ringo, el Data Center para socios corporativos. “Los factores principales a la hora de decidir la radicación fueron el beneficio económico de las exenciones impositivas y la posibilidad de acceder a un precio accesible al terreno de gran tamaño que necesitábamos” afirma su presidente Pablo Saubidet.
Ubicado sobre la calle Los Patos, a cuatro cuadras del Centro Cívico porteño y a menos de 200 metros de la plaza de Parque Patricios, el Data Center es uno de los orgullos de IPlan, que tiene entre sus principales socios a Cisco, Microsoft y Google. “Lo cierto es que no nos hubiésemos mudado de no haber estado convencidos de que en el largo plazo se lograrían los objetivos buscados por el Gobierno de la Ciudad para la zona”, dice el presidente de IPlan.
La empresa CTL, referente en el área de soporte técnico y outsourcing de IT (léase Sojware), se mudó a Parque Patricios en febrero de 2016. Su presidente, Juan Guido Camaño sostiene “El desafío, consiste en precisar la propuesta del distrito y competir por una mayor participación en el mercado global”.
En mayo de 2017, Accenture se convirtió en una de las últimas grandes empresas en radicarse. La compañía de origen irlandés, dedicada a prestar servicios de consultoría, tecnología y contratación de personal, se mudará a un edificio de 17.000 m2. Se trata de una inversión de US$ 70 millones para sostener la operatoria mundial y beneficiarse del modelo Sojware. “El ecosistema de talento que genera el distrito es muy promisorio para los próximos años. Será una verdadera usina”, asegura el presidente de la empresa en la Argentina, Sergio Kaufman “.
El proyecto de Huawei en el Distrito, por ahora, es más modesto: se limita a 1.000 m2 en el Edificio Tesla II, ubicado en Caseros al 3000. En principio trabajarán allí unas 50 personas. En esta propiedad se ubicarán, también, las nuevas oficinas de Mercado Libre.
Para los vecinos no hay “derrame”. Las empresas de logística, los transportistas con flotas de camiones que llegan a todo el país, los mecánicos y los autopartistas (el motor histórico del barrio) ahora pagan ABL dignos de Puerto Madero, y los jubilados se endeudan silenciosamente hasta tener que vender sus casas. No sacan beneficio alguno de los frecuentes eventos de márketing, de las charlas sobre el Bitcoin o Blockchain, Internet de las Cosas o ciberseguridad, la nueva cultura de este Silicon Docks de cabotaje.
Se vinieron a Parque Patricios varias universidades privadas como ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aireas) o CAECE (Centro de Altos Estudios en Ciencias Exactas), carentes de raíz en el desarrollo de las extintas empresas de electrónica e informática argentinas, como Holimar, Audinac o la mítica FATE-Electrónica y sus máquinas CIFRA. Pero aportan “glamour” académico y abren oportunidades a restaurantes y cafés inaccesibles para los “nacidos y criados”.
Los beneficios prometidos por Juan Seco, director de distritos económicos del gobierno del PRO-Cambiemos, no llegaron. Para Seco, sin embargo, “los planes del gobierno porteño son más ambiciosos. La etapa de llenar el distrito de gente ya habrá terminado en 2018. El próximo paso es que las empresas vean el atractivo del distrito por su capacidad para la polinización cruzada de negocios y talento”.
No todo es verso. Hay varias empresas orientadas no
hacia el sojware sino a la venta local y exportación de productos informáticos
terminados. Fueron beneficiadas inicialmente por la Ley de Promoción de la Industria
del Software sancionada de 2004. En 2018 tuvieron que empezar a tributar un 10%
de retenciones, lo que desató no poco escándalo. A pedido de las cámaras del
sector, hoy volvieron a quedar amparadas. La ley de 2004 sigue vigente.
SOJWARE ¿Valor agregado o “bulk commodity” virtual?
El modelo
“sojware” consiste en vender horas de programación a bajo costo. Es el lado
tayloriano de una industria que dice carecer de él. Estas horas son la materia de
cadenas de valor que salen afuera de Parque Patricios y del país. El costo mundial
está entre U$ 18 y U$ 33. Si se trata de redondear las sub-rutinas de un desarrollo
más elaborado para sectores como el bancario, telecomunicaciones, agro,
comercio electrónico y entretenimiento, el valor hora sube a U$ 60.
La cotización en
permanente alza del dólar fogoneó las ganancias de industrias que exportan en
divisas y pagan el “sojware” en pesos. Son unas 5.000 empresas, en su mayoría
(el 73%) con menos de 10 trabajadores y altamente globalizadas. Apenas el 2%
son consideradas “grandes”, con más de 200 empleados, y entre ellas sobresalen
IBM, Accenture, Globant, Grupo Assa, Baufest y Neoris, globales y de capital
extranjero. En el año 2017, el sector exportó US$1.700 millones y en 2018
superó ampliamente los US$2.100 millones, un récord.
La corrida cambiaria local posiciona al sector software como el cuarto rubro exportador del país, detrás del complejo agropecuario, el sector automotor y la minería.
La mano de obra está virtualmente
globalizada; de Tandil, Córdoba, Mendoza o Rosario a California, Londres, París
o Berlín, todos estamos trabajando en Internet. En este contexto el desarrollo
de producto solo necesita conectividad y profesionales que plasmen en líneas de
código (es decir, en los diversos lenguajes de programación) las aplicaciones
(APPs) que integran los algoritmos de un producto final complejo. La
integración y el dinero real están en el final de esa cadena, y en el
Hemisferio Norte.
La empresa
alemana SAP centraliza en el país el 30% de la facturación global. Leandro
Estanga, su director de Operaciones, dice: “SAP reforzó su plan de inversiones
y ya reclutamos este 2018 100 personas, destinadas principalmente a ofrecer
servicios al exterior. Una devaluación deja ganadores y perdedores. Y es
posible que pueda generarse un recalentamiento de la demanda de talento”. SAP
hace consultoría y es la mayor desarrolladora de software de Europa.
El software es un
intangible valioso que se exporta por dos vías. Por un lado, están los
productos y servicios asociados que se ofrecen como cualquier mercadería. Pero
también se considera —y se cuentan como exportaciones— los llamados Centros de
Servicios Compartidos de las multinacionales, el caso de Accenture. La compañía
tiene 411.000 empleados distribuidos en 120 países. Pero toda la gestión de recursos
humanos se maneja desde la Argentina.
La exportación de líneas de código y el outsourcing son el trabajo básico de esta industria en muchos países de Europa del Este, Vietnam y sobre todo la India, donde abunda personal técnico que trabaja sin límites horarios y con salarios en general muy bajos.
Si el siglo XX perteneció a la metalmecánica y a la electrónica, el XXI es el de la informática, la industria transversal a todo lo demás. El modo en que encaja nuestro país dentro del esquema mundial debería ser una decisión de estado, no de mercado.
Por decisión de la Secretaría de Energía, Cammesa, la compañía semi estatal que administra el Mercado Eléctrico Mayorista (ventas, precios y subsidios), contratará a una consultora internacional que deberá elaborar una propuesta regulatoria para recontractualizar el mercado eléctrico. El trabajo deberá estar listo el 1º de noviembre. (?!)
Desde la salida de la Convertibilidad a inicios de 2002, hace más de 17 años, el negocio de generación estuvo intervenido por decenas de resoluciones y actos administrativos del Estado que, con el paso del tiempo, edificaron un andamiaje normativo ad hoc, una jungla para los abogados administrativistas.
La intención del secretario Lopetegui es recontractualizar el mercado eléctrico. ¿Qué significa eso? Que las empresas generadoras —Pampa Energía, Central Puerto, AES y Enel, entre otras— puedan firmar contratos de venta de energía con distribuidoras eléctricas de todo el país, así como también con grandes usuarios industriales. Pero el perfil comercial, financiero y hasta accionario de las distribuidoras varía de forma significativa.
Existen empresas provinciales, cooperativas y otras privadas con conductas diferentes. Y hay grandes distribuidoras provinciales que no pagan en tiempo y forma la energía que toman del mercado mayorista.
Además, por la devaluación que empezó en abril del año pasado, las tarifas que pagan -y que son como resulta evidente demasiado altas para los usuarios residenciales y las industrias- aún no cubren los costos que declaran las empresas de producción de energía.
Como si los problemas fueran pocos, la naturaleza agrega uno más: la falta de oferta de gas para el segmento de generación durante los meses de invierno encarece la operación del parque termoeléctrico en ese período. Como el gas producido localmente no alcanza, es necesario importar LNG o combustibles líquidos para cubrir esa faltante. Habrá que ver si es factible crear un fondo de estabilización. Si la economía argentina sigue con altos niveles de inflación y fluctuaciones del tipo de cambio, esa opción parece imposible.
Nuestra opinión en AgendAR: dogmas ideológicos, y algunos intereses empresarios, han hecho imposible que este gobierno acepte que aquí debe manejarse con un concepto muy antiguo de la teoría económica: los «monopolios naturales». Los precios de algunos servicios básicos no pueden ser fijados por el «mercado», por la simple razón que el usuario no puede cambiar de proveedor. La red eléctrica instalada determina cuál será. Por supuesto, también limita la competencia el nivel de inversión necesaria para producir electricidad.
Es inevitable entonces que el Estado intervenga en alguna etapa de la fijación de precios. Que estarán influidos por las prioridades que se fije ese gobierno. Llamar a una consultora a 3 años y medio de una gestión, para que informe de sus conclusiones el 1° de noviembre, 4 días después de las elecciones, muestra demasiada demora y exceso de voluntarismo.
Reproducimos el tweet que nos alertó sobre esta insólita decisión:
El gobierno no se priva de nada. Tres años después hacen lo que había que hacer al inicio, y hoy resulta fuera de lugar: Contratan a una consultora internacional para re-regular el mercado eléctrico – RunRún energético t.co/21vYIdwq9B
En el mes que empieza hoy, los argentinos tenemos elecciones en doce provincias!
Mañana, domingo 2, hay elecciones para gobernador y cargos provinciales en San Juan, Misiones y Corrientes.
El 9, elecciones para gobernador y cargos provinciales en Chubut, Entre Ríos, Tucumán y Jujuy, y las PASO en Mendoza.
Y el 16, elecciones para gobernador y cargos provinciales en San Luis, Santa Fe, Tierra del Fuego y Formosa.
El 22 de junio vence el plazo para la inscripción en las PASO nacionales de todos los candidatos a cargos también nacionales: diputados, senadores, y Presidente y Vice. Resulta difícil creer que los resultados de estas doce elecciones previas no influyan en esas listas de candidatos.
Esta deliciosa anécdota que cuenta Nora Bär nos parece que muestra muy bien la tenacidad y la paciencia para soportar frustraciones que exige la investigación científica. Y la continuidad de algunos problemas argentinos:
«Esta semana se cumplieron 100 años del eclipse más famoso que se recuerde: el del 29 de mayo de 1919, que permitió verificar que la gravedad de un cuerpo masivo deforma el espacio (y, por lo tanto, la trayectoria de la luz que nos llega desde una estrella distante), algo que Einstein había planteado unos años antes en su teoría de la relatividad y que lo convirtió en ídolo de multitudes.
La historia de la empresa científica que logró probarlo, sazonada por desafíos tecnológicos y dificultades logísticas, forma parte de las alternativas cinematográficas que rodean la vida y la obra del físico alemán. Pero a propósito de esto, Beatriz García, astrónoma del Conicet, me reveló una trama mucho menos conocida e igualmente fascinante: varios años antes de que lo lograra Arthur Eddington, la Argentina intentó probar las ideas de Einstein, aunque con menos suerte.
Los historiadores Edgardo Minniti y Santiago Paolantonio lo cuentan en detalle en Córdoba estelar (editado por la Universidad de Córdoba en 2013 con motivo de su cuarto centenario): Para probar esa teoría de Einstein, desde Argentina se organizaron tres expediciones. La primera fue al poblado de Cristina, en el estado de Minas Gerais, unos 200 km al noreste de San Pablo. Allí viajaron Charles Perrine, entonces director del Observatorio Nacional Argentino, de Córdoba; el astrónomo Enrique Chaudet; el mecánico James Oliver Mulvey, y el fotógrafo Robert Winter. Llevaron numerosos instrumentos para captar el eclipse del jueves 10 de octubre de 1912. Iban a emplear un telescopio de 12 metros de distancia focal para tomar imágenes de la corona solar, pero el clima les jugó en contra. Durante los días previos y el previsto para el fenómeno celeste, estuvo nublado y lluvioso.
Minniti y Paolantonio cuentan que Perrine no se desalentó y en 1914 organizó una costosa expedición a Teodesia, en la península de Crimea, a orillas del Mar Negro. Hacia allá se trasladó con Mulvey decidido a capturar el eclipse del viernes 21 de agosto. Pero con la Primera Guerra Mundial ya desatada, resulta que el 28 de julio el imperio austrohúngaro invade Serbia, detienen a los integrantes de una expedición alemana que viajaba con el mismo fin y obligan a los ingleses y franceses a volver a sus países para incorporarse al ejército. Solo siete de las 27 expediciones planeadas pudieron realizar observaciones. La Argentina fue la única del hemisferio sur, pero no pudo obtener imágenes útiles porque en el momento crucial el cielo se nubló.
El tercer intento se organizó para el 3 de febrero de 1916, fecha prevista para un eclipse que cruzaría el norte de Sudamérica. Enrique Chaudet partió hacia Venezuela el 2 de diciembre de 1915, se instaló en el pueblo costero de Tucacas, montó el equipo con la ayuda de pobladores de la zona y aguardó la fecha indicada. En esa oportunidad, pocos observatorios habían enviado delegaciones a cubrir el fenómeno. Después de una lluvia copiosa durante la mañana, el eclipse se presentó con una tenue cubierta nubosa y pudieron tomar 28 imágenes de la corona solar. Sin embargo, ninguna sirvió para verificar la teoría.
Solo cabía esperar hasta que la Luna volviera a interponerse entre el astro y la Tierra, precisamente el 29 de mayo de 1919. El evento podría observarse con claridad desde Brasil, de modo que Perrine le escribió a un astrónomo de ese país para que le sugiriera el mejor lugar: Sobral. Pero (y aquí viene la parte increíble de la aventura), a pesar de tener los equipos ya preparados para trasladarse hasta allí, los gastos originados por los tres intentos previos hicieron imposible la presencia del Observatorio Nacional Argentino en la expedición que, junto con la de Eddington (en la Isla Príncipe), finalmente tuvo éxito.
«No pudieron ir por falta de presupuesto. ¡Es la historia argentina!», exclamaba García días pasados. Parece que, como Sísifo, ascendemos y caemos una y otra vez por la misma colina.»
Reproducimos este desolador informe de la BBC, que, curiosamente, no es crítico de las políticas económicas del actual presidente brasileño:
«El 1 de enero, cuando el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, asumió el cargo, a muchos les preocupaba que no pudiera unir al país. Pero un sector fue casi unánime en elogiar el ascenso al poder de Bolsonaro: los empresarios.
El presidente de Brasil se jactó durante la elección de que no entendía nada sobre economía. Y una vez en el cargo, delegó todas las decisiones en esta área al empresario Paulo Guedes, quien se convirtió en un «superministro» a cargo de las finanzas del país.
La tarea de rescatar al país de otra recesión era urgente. Sin embargo, la economía sigue al mismo nivel que en 2014.
Los mercados estaban entusiasmados con las perspectivas de las reformas liberales que estaban por venir, pero las expectativas pronto comenzaron a desmoronarse.
Una serie de errores del gobierno, disputas internas dentro del poder ejecutivo, un torpe intento de intervención estatal en el sector de los combustibles y la falta de liderazgo en el Congreso, dificultaron las expectativas de crecimiento.
La mayoría de los analistas han reducido a la mitad sus previsiones para Brasil y ahora creen que una expansión económica significativa no comenzará hasta 2020.
A continuación se presentan algunas de las cifras clave que muestran que la economía de Brasil no está avanzando.
No hay recuperación económica a la vista
En la década anterior, Brasil fue alabado (junto a Rusia, India, China y Sudáfrica) como uno de los poderosos países que pertenecían al grupo de los Brics: países emergentes con tasas de crecimiento económico muy rápidas que superarían a las economías desarrolladas en 2050. El desempeño económico en esta década, sin embargo, sugiere que Brasil no pertenece a esa liga.
Una paralizante recesión de dos años en 2015 y 2016 hizo que la economía del país se contrajera casi un 7%. Posteriormente, la recuperación económica ha sido lenta. En 2017 y 2018, la economía creció a un ritmo escaso de 1,1% al año.
Y aún hay más malas noticias: desde el comienzo de este año, los economistas han reducido en más de la mitad sus expectativas de crecimiento económico para 2019, a una tasa no muy diferente a la observada en los últimos dos años.
El problema del desempleo no ha sido resuelto
Los trabajadores brasileños son los que están pagando el precio. El número de desempleados aumentó de 7,6 millones en 2012 a 13,4 millones este año.
Bolsonaro piensa que estos números en realidad, subestiman la imagen real. Él cree que la situación es peor. La encuesta oficial de desempleo muestra que 28,3 millones de personas están laboralmente subutilizadas, lo que significa que no trabajan, o que trabajan menos de lo que podrían.
Hay menos personas con empleos formales, mientras que los salarios apenas están al día con la inflación, que ha sido brutal. Desde el inicio de la recesión hace cuatro años, los precios en Brasil han subido un 25%.
La moneda local y la bolsa han desbaratado las esperanzas posteriores a las elecciones
Durante la campaña electoral, la moneda de Brasil, el real, se recuperó con fuerza a medida que quedaba en claro que Bolsonaro ganaría los comicios. Fue un claro signo de confianza de los inversores en el exterior. «Bolsonaro está convirtiendo a Brasil en la apuesta del futuro».
Una encuesta realizada por Bloomberg a fines del año pasado entre los principales estrategas internacionales, mostró que Brasil encabezaba la lista de las mejores apuestas en tres categorías: divisas, bonos y acciones.
Después de casi cinco meses, las perspectivas son ahora sombrías. Tanto la bolsa de valores como la moneda -que generalmente anticipan el ritmo de la economía real- están cerca del mismo nivel que tenían a principios de este año.
La bolsa alcanzó un máximo histórico en marzo , pero ha devuelto la mayoría de sus ganancias tras los decepcionantes resultados corporativos.
Todavía sumido en deuda
¿Por qué Brasil está en este lío? El principal consenso entre analistas de mercado -y también gente en el gobierno de Bolsonaro- es que el país comenzó a gastar demasiado dinero alrededor de 2013, durante el gobierno de izquierda de Dilma Rousseff.
Desde entonces, uno de los principales termómetros de la economía de Brasil ha sido el déficit fiscal, la cantidad de dinero que se gasta más allá de los ingresos. Rousseff fue acusada de haber enmascarado el déficit fiscal de Brasil, para ocultar el gasto excesivo de su gobierno. Desde su caída, todos los esfuerzos del gobierno se han dirigido a reducir este déficit fiscal.
Algunos economistas dicen que el principal culpable es el sistema de pensiones, con los brasileños jubilándose demasiado pronto (algunos con poco más de 50 años) y con demasiados beneficios (especialmente entre los funcionarios públicos). Bolsonaro está proponiendo recortes de pensiones y una edad mínima de jubilación de 65 años para los hombres y 62 para las mujeres.
El dato clave es que durante los años de auge, Brasil tenía una deuda que era del 51% del tamaño de su economía. El creciente déficit fiscal elevó el nivel de deuda al 77,1%.
El gobierno dice que si no se hace nada, la deuda del país será del tamaño de toda su economía en 2023.
Fernando Stefani es investigador principal del Conicet y profesor de Física Experimental en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Buenos Aires. Es un ingeniero en materiales, experto en nanotecnología y su trabajo se centra en la manipulación en la nanoescala de luz, calor y materia. Se doctoró en el Max-Planck-Institute en Alemania, país donde trabajó e hizo aportes. Ha vuelto a Argentina y quiere hacerlos aquí.
En AgendAR habitualmente resumimos y editamos las notas que subimos al portal, para economizar el tiempo de nuestros visitantes. En este caso la copiamos íntegra, y afirmamos nuestro acuerdo con sus conceptos:
«Un sueño compartido por la mayoría de los argentinos es ver a nuestro país en un sendero de desarrollo. ¿Hace cuánto tiempo nos dicen «país en desarrollo»? Mucho tiempo. ¿Nos desarrollamos? No. ¿Es una cuestión de tiempo? No, no somos un país en desarrollo. Somos un país subdesarrollado y estancado. Y lo seguiremos siendo mientras siga fuera de escena el debate sobre cómo generar más riqueza.
¿De qué va a vivir la Argentina en 20 o 30 años? Se sigue escuchando que la Argentina supo ser potencia mundial y no logró desarrollarse por malas políticas económicas. Pero la razón principal de nuestro subdesarrollo se encuentra en las malas políticas científico-tecnológicas (CyT). El denominador común del desarrollo de los países es la vinculación entre el conocimiento científico y tecnológico y la producción. Todos los países que alcanzaron condiciones de crecimiento económico sustentable lo han hecho de esta manera. Todos, sin excepción, con las más diversas culturas, historias, ubicaciones geográficas, situaciones geopolíticas y disponibilidad de recursos naturales, como los Estados Unidos, China, Noruega, Finlandia o Corea del Sur, entre otros.
A fines del siglo XIX y principios del XX, Argentina tuvo uno de los PBI per cápita más altos del mundo, exportando granos y carne congelada. Los países que nos compraban esas mercancías desarrollaban las telecomunicaciones, los motores de combustión interna, la mecánica cuántica y los semiconductores, entre otras cosas. Han pasado 100 años, y hoy compramos infinidad de productos y servicios desarrollados sobre la base de esos avances. ¿Seguiremos vendiendo granos, servicios y manufacturas de bajo valor relativo? En ese caso, no podemos esperar ninguna mejora sustentable en nuestro bienestar. Ese no es el camino del desarrollo.
Si queremos encarar un sendero de desarrollo, debemos comprender en su real magnitud el retraso en CyT que hemos acumulado, para comenzar a revertirlo a la velocidad necesaria. Hemos perdido conocimientos sobre tecnologías del siglo XX que supimos conseguir, como las de automotores, ferrocarriles y aviones jet. Pero, además, nuestro estancamiento nos ha hecho perder el tren de muchas otras revoluciones tecnológicas: computación, telecomunicaciones inalámbricas, medicina moderna y automatización industrial.
Hay revoluciones tecnológicas en curso, como la industria 4.0, los vehículos eléctricos y autocomandados, las redes 5G, o la inteligencia artificial, y se están gestando las revoluciones tecnológicas del futuro cercano, como las telecomunicaciones 6G, la medicina personalizada o la computación cuántica. La Argentina no participa activamente en ninguna de ellas.
Desde 2015, la Argentina viene reduciendo su inversión en CyT (pública y privada). Esto va en contra del progreso global y reduce nuestra competitividad a futuro. Entre 2003 y 2015 se aumentó la inversión en CyT pero a un ritmo menor que el del avance global. Pasó del 0,4 al 0,6% del PBI; un ritmo promedio de 0,016% del PBI por año. El mundo desarrollado avanza al doble de velocidad: 0,03% PBI/año. Los países que verdaderamente están en desarrollo avanzan su CyT a ritmos mayores que el mundo desarrollado. China, por ejemplo, lo hace a 0,08% PBI/año desde hace por lo menos 25 años. Los resultados: desde 1980 China multiplicó su PBI per cápita por 45 mientras que en la Argentina solo se multiplicó por cinco. Corea del Sur desde 1970 multiplicó su PBI per cápita por 100.
En los próximos 10 años, las políticas de CyT deberían mantener investigación de excelencia y enfocarse en la producción, y sin dejarnos engañar por el progreso global. Hoy vivimos mejor que hace 100 años. Tenemos mejor salud, alimentos, transportes, vestimenta, educación; mejor calidad de vida en general. Pero nuestro nivel de vida relativo en el mundo viene decreciendo de manera sistemática. Por ejemplo, a diferencia de décadas atrás, hoy exportamos software y servicios. Si bien esto representa un claro avance, no salimos de nuestro esquema de subdesarrollo. Mientras el software y los servicios que exportamos sean incorporados en productos extranjeros más sofisticados, abarcativos y de mayor valor que terminamos comprando, la situación es análoga a exportar lana e importar textiles. Un subdesarrollo actualizado.
En ausencia de un desarrollo propio en CyT, la Argentina pierde competitividad día a día y termina subordinada a intereses ajenos, ocupando en el mundo un rol que no nos conviene. Debemos diseñar y encarar nuestro proyecto de desarrollo que convoque a todos los actores del país, cada uno con su aporte fundamental para construir un futuro mejor. Es posible».
Con herramientas de la biotecnología, un equipo de científicos liderados por la doctora Raquel Chan del Conicet y la Universidad Nacional del Litoral, que ya desarrolló soja y trigo tolerante a sequía, se propone obtener arroz y alfalfa que enfrenten condiciones de salinidad y escasez de agua. AgendAR informó de numerosas oportunidades de estos avances; la ocasión más reciente está aquí.
Ese impulso científico se está llevando adelante por una alianza entre la UNL, el Conicet y el gobierno de Santa Fe, que anunció una inversión de 12 millones de pesos para el proyecto.
Tanto el arroz como la alfalfa son de interés productivo para Santa Fe, especialmente para la región norte donde las condiciones climáticas, con sequías e inundaciones, son más duras que en el centro y en el sur del territorio provincial. La ministra provincial de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Erica Hynes, explicó: «Decidimos pasar del subsidio a la inversión pública, contamos con una ley de ciencia y tecnología que nos permite ser parte de estos proyectos con una visión estratégica». Según informó, la inversión anual de la provincia en ciencia alcanza los $ 244 millones (bastante modesta, nos vemos obligados a decir).
La Dra. Chan explicó que para el desarrollo de las variedades de arroz y alfalfa aplicarán dos estrategias en paralelo. «Por un lado sobreexpresar genes que confieren tolerancia a factores ambientales adversos, en particular la salinidad de los suelos» para lograr mayor producción de estos cultivos. Por el otro, intentarán editar los genomas de las plantas con el mismo objetivo.
La edición génica, una herramienta de la biotecnología que está teniendo una gran expansión en el desarrollo de plantas y animales, tiene un costo menor que el desarrollo de los transgénicos porque su regulación es más simple que los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Además, Chan informó que también proyectan investigar maíz tolerante a salinidad y a sequía.
Por su parte, la ministra Hynes adelantó que la provincia trabajará con otros institutos de investigación de Santa Fe como el Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos (Cefobi) y el Instituto de Biología molecular y celular de Rosario (IBR) para el desarrollo de nuevas variedades vegetales.