El «aguante» a Macri y el plan V (de Vidal)

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Como informamos hace un par de días en AgendAR, en la reunión en el hotel Alvear de los empresarios del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP) –que agrupa a los principales hombres y entidades de negocios del país- era notoria la expectativa con la que se recibió a la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. En algunos, era ansiedad.

Ayer, se vio en varios canales de TV lo que sólo se puede llamar una «precampaña» por su candidatura. De Macri no se hablaba con hostilidad -esos programas habían sido oficialistas hasta hace muy poco- pero sí en pasado. A los aficionados al tango les recordaba aquello de «cuando veas que a tu lado se prueben las pilchas que vas a dejar«.

Corresponde decir que Vidal, antes y después, ha repetido lealmente que Macri es el candidato a presidente y ella a la gobernación. Pero como esa es la postura todo consultor aconsejaría, en cualquier caso, muchos siguen pensando en el asunto.

Nos parece adecuado, entonces, reproducir lo que dice Clarín -que en este tema debe estar bien informado- sobre la reacción en la Casa Rosada. Después de todo, ahí es donde está el presidente actual.

Pero antes queremos adelantar nuestra opinión sobre el tema, que, modestamente, nos parece obvia: Es cierto que la gobernadora Vidal tiene en Buenos Aires (39% del padrón nacional) más intención de voto que Macri. Unos 7 puntos, dan algunas encuestas. Pero… el desgaste del gobierno nacional también la alcanza. Esas mismas encuestas lo confirman.

Entonces, su mejor imagen personal -mejor en relación a Macri- ¿le alcanzaría para ganar en octubre en todo el país (donde es conocida menos que en Buenos Aires)? Es por lo menos dudoso, dado el deterioro de Cambiemos, que aumentaría con el reemplazo del candidato presidencial.

Para que tenga posibilidades, y sentido para sus impulsores, Vidal tendría que ser la cabeza de una coalición renovada y la promesa de una política económica . No parece que haya tiempo para construirla.

Los dejamos con lo que se decía en la Rosada:

«“¿A ver qué cara tienen todos?”. Mauricio Macri se asomó al despacho de Marcos Peña, durante el almuerzo entre los ministros, y así buscó descomprimir la tensión de otra jornada intensa. A esa altura el dólar daba un respiro y el riesgo país cedía luego de haber superado los mil puntos. En esa reunión Nicolás Dujovne mantuvo el argumento que el Presidente ya había sostenido en público: que no hay motivos económicos para un nuevo corcoveo por la inestabilidad cambiaria. La palabra del ministro de Hacienda generaba expectativa, y si la explicación seguía atada a la incertidumbre electoral también había ansiedad por escuchar a Jaime Durán Barba, que trazó un escenario cada vez más polarizadocon Cristina Kirchner. Potenciado el dilema de lo conveniente en términos políticos y a la vez nocivo para la economía, la fecha de cierre de listas quedó como referencia y posible bisagra para el Gobierno. “Hay que aguantar hasta el 22 de junio”, pidió Marcos Peña.

Macri había pasado la mañana “con preocupación” y en contacto con Peña y Dujovne. Decidió postergar una entrevista por radio que concretó entrada a la tarde, después del cierre de los mercados. “Está movido pero estamos resistiendo y vamos a resistir. Hay un círculo vicioso entre lo político y lo económico que se retroalimenta, pero no vamos a dejar que esto nos frene”, dijo a Clarín un integrante del Gabinete al término del almuerzo en la Casa Rosada. Dujovne buscó transmitir calma después de las horas de nervios, y volvió a adjudicar el cimbronazo más que al plano económico -con el argumento de que estarían “garantizados” el financiamiento y el pago de la deuda en 2020- a la disputa electoral.

“No hay un golpe de mercado, en algún momento van a perder”, aseguró el titular de Hacienda, lo que a algunos tranquilizó a medias: “Si es un problema político sabe que puede moverse en un cierto margen”. No hablaron de implementar nuevas medidas y sí de “poner el esfuerzo” en que funcionen los anuncios para contener los precios y empujar el consumo. El dólar cerró a $45,90 luego de haber llegado a $47,30 y retrocedido con una nueva suba de la tasa y la licitación de US$30 millones del Banco Central.

“Preocupa la incertidumbre pero no hay razones económicas. Están fogoneando encuestas cuando faltan casi cuatro meses para las primarias”, se quejó otro ministro al salir de la reunión, con la línea que había trazado Durán Barba. El consultor ecuatoriano expuso relevamientos en los que casi el 40% de los consultados no habría decidido su voto -lo que según su mirada convierte las proyecciones en “poco serias”– y marcó que Macri fue el único que expresó que será candidato, aunque aun así dio casi por descontado que se consolidará la polarización: “Cristina y Mauricio consolidan su voto y el medio tiende cada vez más a desaparecer. La posibilidad de que aparezca otra figura con chances es casi nula”.

La incertidumbre electoral a la que remite el Gobierno no sólo incluye las chances de un regreso de Cristina Kirchner. «Como ya lo dije, voy a ser candidato a presidente«, insistió Macri en la entrevista con Radiofónica de Rosario. La falta de resultados en materia económica reanimó el llamado Plan V, María Eugenia Vidal como postulante a la presidencia.

Macri se aferra al intento de reelección -cualquier señal en otro sentido lo debilitaría, “se caería todo como un dominó”, en palabras de un ministro- y en ese punto el 22 de junio aparece como fecha clave para terminar con la presión sobre la candidatura. En el almuerzo en la Casa Rosada previeron “dos meses complicados” hasta el cierre de listas. En La Plata compartieron la necesidad de “aguantar”, aunque advirtieron sobre la necesidad de frenar el dólar: “Es importante contenerlo lo máximo posible, lo único que nos queda para reelegir es que baje la inflación”.


Una polémica, parcial, sobre la central nuclear que nos venden

Gabriel Barceló, un histórico de la Comisión Nacional de Energía Atómica y ex Gerente de Relaciones Institucionales de la entidad, miembro del Instituto de Energía Scalabrini Ortiz, de quien ya publicamos El enriquecimiento de uranio y la Argentina, tiene que algunas observaciones que hacer sobre una nota publicada en nuestro portal. Las publicamos y agrego una respuesta, también parcial y además «de afuera».

«LO QUE FALTA DECIR SOBRE LA CENTRAL NUCLEAR QUE ESTÁ COMPRANDO MACRI

En su edición del 20/4 pasado, AgendAr publicó una nota del inefable Daniel Arias donde ejerce una crítica difícilmente mejorable al negocio pampa que nos está por endilgar al pueblo argentino el gobierno de Cambiemos.

Sin embargo, creo que a esa nota habría que agregarle un par de argumentos, a mi juicio lapidarios, para mostrar lo extraordinariamente dañina que resulta para el futuro independiente del desarrollo argentino, la compra de esta copia de la Hwalong china.

Disiento con Daniel en un par de cosas: Para empezar no creo en absoluto que no nos interese el combustible que usará la central china. Nos interesa, y mucho, porque no lo podemos fabricar completamente. Podemos, en efecto, fabricar las partes metálicas e incluso las pastillas cerámicas que constituyen el material propiamente “combustible”, pero lo que no podemos hacer es enriquecer el uranio incluido en ese material, no a nivel industrial e incluso, posiblemente, tampoco hoy en día ni siquiera en la pequeña cantidad que se podría obtener de la planta piloto de Pilcaniyeu, que está parada desde 2016.

Sin capacidad de enriquecer uranio estaremos obligados a proveernos del uranio enriquecido, o del servicio de enriquecimiento, comprándoselo a alguno de los proveedores de ese servicio que son, no casualmente, los 6 o 7 países del mundo que cortan el bacalao económico y político del planeta. Y estos ponen condiciones no solo económicas para vender esas cosas.

Este es uno de los motivos principales por los cuales la Argentina eligió la línea de uranio natural. Y el abandono de esa línea nos condena a depender de los países centrales para obtener el combustible para hacer funcionar a las nuevas centrales (la cuarta y las que vendrán después).  Salvo, claro está, que tengamos una planta de enriquecimiento de escala industrial con tecnología propia que cubra una porción, al menos mínima, del consumo nacional y que pueda “escalearse” en caso de hacerse necesario. Cosa que de ninguna manera parece tener que ver con la realidad que estamos viviendo.

Y así llegamos al segundo punto en que disiento con Daniel: El rol de la Embajada. Personalmente no noté ninguna crítica ni oposición de la Sede Diplomática contra el proyecto. Si bien es cierto, claro, que yo estoy menos informado que Daniel. Pero el gobierno de Cambiemos, ha puesto a un sociólogo como Subsecretario de Energía Nuclear, y como Director Nacional de Evaluación y Supervisión de Proyectos Nucleares (dependiente de esa Subsecretaría) a un abogado egresado de Yale y de la Universidad de la Florida, y miembro de los colegios de abogados de Nueva York y Miami. Creo que debiera sorprendernos que un gobierno que hace esto tome decisiones, justamente en el campo nuclear, que generen descontento en La Embajada.

Es razonable pensar que a La Embajada le molesta menos que le compremos una central nuclear a China que vernos consolidar una independencia nacional en el rubro. Y como ellos, de todos modos, no tienen mucha presencia en ese mercado, es muy probable que miren el negocio con no poca simpatía».

Gabriel Barceló

Vacilo antes de opinar en este asunto, donde se explayan dos conocedores de los temas nucleares como Daniel y Barceló. Mis conocimientos sobre esa materia son muy inferiores a los de ellos.

Pero… el último punto toca a la política internacional, y ahí me animo. A pesar de las responsabilidades en el área que ha cumplido Barceló.

No. No creo que sea «razonable pensar que a La Embajada le molesta menos que le compremos una central nuclear a China que vernos consolidar una independencia nacional en el rubro». Comparto, y aliento en lo posible, la autoestima argentina, hoy tan sacudida. Pero me parece imposible que al embajador, y a sus superiores en Washington, les preocupe más nuestra autonomía en el área nuclear que la presencia en esa misma área, en una función clave y prolongada, de la República Popular China en la América del Sur. A.B.F.

A pesar de todo, el SAOCOM 1B avanza

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Debemos admirar la persistencia de los científicos y técnicos en la CONAE. A pesar de recortes y postergaciones, no se dejan ganar por el desaliento.

Los satélites de la serie SAOCOM van al espacio para observar mejor la Tierra. El 1A, del que informamos aquí y cuya imagen elegimos para encabezar la nota, está midiendo la humedad de los suelos, un dato clave para la actividad rural.

La pantalla que vemos arriba, y que se desplegará en el espacio, representa una hazaña técnica que pocos países han logrado.

«Dólar futuro»: a 3 meses $ 51,76 en Wall Street

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Los futuros de dólar contra peso que se negocian en Wall Street terminaron ayer con subas de hasta el 4% Se negocian a $ 74,60 por dólar para dentro de un año, aunque no sea un plazo que concentre mucho volumen. Los contratos más operados se pactan a $ 47 para dentro de un mes, $ 49,50 dentro de dos meses, $ 51,75 dentro de tres meses, es decir, ya por encima del tope de la zona de no intervención fijada por el Banco Central en $ 50,45.

Son valores mucho más altos que los del mercado local, ya que en Rofex se pactan a $ 49,75 para dentro de tres meses, a $ 52,35 a cuatro meses, a $ 54,50 a cinco meses, a $ 56,30 a seis meses y a $ 61,22 para dentro de nueve meses. «Muchos fondos del exterior que invierten en países emergente tenían exposiciones de hasta el 9% en bonos argentinos, y ahora están reduciendo.

Para las empresas que se lo pueden permitir, es el equivalente de un seguro de cambio. Es decir, que podrán hacer efectiva la compra a ese precio, en el plazo estipulado.

Para hablar en «cordobés». Rescatando identidades regionales

«Más agachada que tero de quinta», “tomar mate con cuero”, “picar llanta” y “tomar hasta el agua de los poios”. Las frases forman parte del acervo autóctono que investigadores de la Facultad de Lenguas de la UNC relevaron con el propósito de capturar las variantes que adquiere el habla en seis localidades del interior provincial.

Una “ñoña”, un “nativo”, un “mezclado”, un “sodeao”, un “tetra”, un “totín”, un “toro”, una “cajita”, o un “tintillo”. En Córdoba, el repertorio de vocablos disponibles para referirse al vino tinto parece inconmensurable. Tanto como la variedad de refranes, dichos y tonadas que resumen la idiosincrasia local y los modismos que adopta el uso del lenguaje en el interior provincial.

Para trazar una radiografía de la heterogeneidad de las hablas en la geografía mediterránea, su interacción, y las relaciones de dominio y poder que llevan implícitas, más de 80 investigadores de la Facultad de Lenguas realizaron un estudio lingüístico cuali-cuantitativo en seis localidades: Villa de Tulumba, Marcos Juárez, Villa Cura Brochero, Villa del Rosario, Huinca Renancó y la ciudad de Córdoba. El proyecto se llama “Las hablas de Córdoba. Registro, conflictos y proyecciones”, y cuenta con financiamiento del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Córdoba

En ese marco, entrevistaron en profundidad a 96 cordobeses: 12 por cada localidad y 36 por la capital provincial. Se trata de un trabajo de campo que se extendió varios meses, ya que las personas fueron indagadas en sus lugares de origen. En cada encuentro -que fue registrado en video y formará parte de un corpus digital para estudios posteriores-, los especialistas recolectaron los dichos y refranes, el vocabulario, las formas verbales y las variables fonéticas autóctonas.

De allí surgió, por ejemplo, la frase “tomar mate con cuero”, una dicho con matiz humorístico propio de Cura Brochero, que alude a la costumbre de tomar mate en compañía de otras personas mientras se critica a un tercero ausente. En realidad, se trata de una reelaboración de “sacar el cuero” (hablar mal de alguien), muy extendido en Córdoba capital.

En Marcos Juárez, una de las frases más populares es “más perdido que Chechi en la soja”. En rigor, Chechi fue un personaje real de la zona que se extravió en un campo de soja y cuyo cuerpo fue encontrado sin vida durante la cosecha.

También estudiaron las peculiaridades en el uso de formas verbales para expresar el futuro y el pasado, así como las terminaciones de diminutivo o aumentativo.

Sobre este último punto, rescataron que en Villa del Rosario se verifica una particularidad distintiva: la mayoría de los entrevistados usa diminutivos que indican “reducción del tamaño” o “acentuación de esa disminución”. Por ejemplo, “una pequeña siestita”, “una localidad chiquita, chiquita; un pueblito acá cerquita de la zona”. En Córdoba, en cambio, prevalecen los aumentativos: “el asado salió ricazo”, “hace un friazononón”.

Tonadas con legado histórico

Una de las líneas de análisis del proyecto se enfocó en la fonética. En este campo, el trabajo concluye que en la provincia de Córdoba convergen distintas tonadas gestadas en tiempo de la conquista, colonización y aluviones migratorios. De todos modos, el “cantito” tan típico y singular por el que se reconoce a los cordobeses es el que se deja oír en la capital de la provincia y sus alrededores.

Esta entonación se caracteriza por el alargamiento de la vocal de la sílaba pretónica (la anterior a la tónica) y de las vocales de la sílaba tónica en palabras esdrújulas de tres sílabas. Un ejemplo: “En realidad, somos un familión (famiiilión), porque mi marido tiene varios hermanos, y nosotros somos diez hermanos, así que, que cuando nos juntamos somos un montón (mooontón)…”

Se sabe que la tonada capitalina es de acción de sustrato indoamericano y resulta del contacto del español que trajeron los conquistadores con las etnias de los alrededores. Pero hasta el momento no se ha logrado dilucidar si tiene influencia del sustrato de los indios sanavirones o de los comechingones (grupo kâmiâre).

Un 2001 en cámara lenta. Pero la salida no tiene porqué ser tan dolorosa

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El de ayer, miércoles 24 de abril, fue uno de esos días que desde hace un año sacuden los nervios de los argentinos. De todos. De los que están pendiente de la plaza financiera y también de los que les preocupa llegar a fin de mes, pero saben que estas cosas siempre terminan en aumentos de precios. El dólar pegó otro salto, el riesgo país marcó otro record -una noticia monótona-, los títulos y acciones argentinas cayeron, en la bolsa local y en la de Nueva York, la tasa que fija el Banco Central sigue haciendo imposible financiarse, porque es más alta que el beneficio de cualquier actividad legal…

Ahora, desde hace casi tres años economistas serios -distintos de los consultores que pronostican lo que creen que sus clientes quieren escuchar- advertían que un esquema de déficits gemelos -fiscal y de cuenta corriente-, endeudamiento y apertura financiera era insostenible en el largo plazo. Pero… «en el largo plazo todos estaremos muertos», decía otro economista famoso, y los argentinos están (mal) acostumbrados a una economía inestable. Además la tendencia natural de los ciudadanos -salvo de los que están «metidos en la política»- es asumir que el gobierno sabe lo que hace. Por el mismo motivo que los pasajeros de un barco necesitan, para dormir tranquilos, confiar en el capitán. Hasta que el agua empieza a entrar en la bodega…

Finalmente, como había sido previsto, el esquema se derrumbó. Hace un año, en abril de 2018. El gobierno tuvo que recurrir al Fondo Monetario Internacional, que aplicó racionalidad… en sus términos. Su receta y sus consecuencias, fueron absolutamente previsibles, porque es lo que sucedió en todos los países que las aplicaron.

La reducción del gasto público -para disminuir el déficit «primario» (por supuesto, el déficit que provocan los intereses de la deuda es intocable)- causa una baja en todas las actividades que dependen del consumo interno o de las inversiones del Estado. Lo que a su vez disminuye la recaudación, lo que obliga a bajar el gasto otra vez, para que no aumente ese déficit «primario». Este círculo descendente sigue -mientras lo sociedad lo aguante- por largos años, hasta que el país y sus habitantes logren algún tipo de equilibrio, en un nivel de bienestar y consumo inferior, por lejos, al que tenían. Lo hemos visto recientemente en el Sur de Europa.

En el caso argentino, hubo una circunstancia especial. Ya sea por simpatías en el Hemisferio Norte hacia la supervivencia de la gestión Macri ante un desafío electoral, para rescatar algunos inversores específicos, o por ambas cosas, la conducción del FMI autorizó algunas desviaciones, menores, del esquema ortodoxo.

El remedio fue peor que la enfermedad. Porque los gerentes de los fondos de inversión y de riesgo -los profesionales que manejan algo más del 90% de los capitales que circulan en el planeta- no tienen tiempo ni motivación para enterarse del detalle de la economía y la política de cada país pequeño o mediano. Los números de las finanzas argentinas daban muy mal -véase arriba-, y ahora su gobierno recurre a medidas que son no-no en su catecismo: precios fijos, créditos subsidiados… El hecho que el control de los precios fuera de pobre a inexistente, que los créditos, con subsidio y todo, fueran impagables a la larga, no mejoraba el cuadro. Al contrario: alimentaba la certidumbre que este esquema también era insostenible.

Entonces, según las circunstancias del mercado global, una agencia de calificación avisa de sus dudas sobre el pago de los bonos argentinos, un fondo decide venderlos e irse al dólar… Y tenemos uno de esos días negros que menciono al comienzo.

Nada nuevo en esto que estoy diciendo, hasta ahora. El único factor que se hace necesario tomar en cuenta es político e interno: la acumulación de estos días negros han hecho que los pasajeros hayan perdido la confianza y la tripulación empieza a murmurar sino sería mejor echar al capitán por la borda.

En estos meses que Argentina decide su destino y los liderazgos que compiten, vale la pena reexaminar la situación. Lo único bueno es que los diagnósticos que se publican hoy son más realistas.

Quiero acercarles uno muy duro, con el que estoy de acuerdo en líneas generales. Pero, como digo en el título, no creo que esta vez el costo que todavía tendremos que pagar los argentinos sea necesariamente tan alto como luego de la Crisis del 2001, y doy mis razones.

Julián Zícari, economista y doctor en Ciencias Sociales firma ayer un artículo en Ámbito donde analiza donde estamos y cómo llegamos. De esto último, pienso que es la mirada de un (buen) teórico, pero no contempla las realidades de gobierno. De su diagnóstico, tengo que decir que, apoyado en lo que pasó hace 19 años, describe lo que puede pasar. Lo copio:

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«La salida de la convertibilidad en 2001 fue tan terrible porque frente a cada problema que aparecía en el horizonte con el “uno a uno” se fueron subiendo los costos de salida del sistema para demostrar compromiso y jurar que nunca se saldría de ella. Por ello su explosión fue tan fulminante entonces.

Ahora el Gobierno está cometiendo exactamente el mismo error: para simular que todo está tranquilo anuncia que el dólar, precios y tarifas quedarán congelados y muy atrasados. Pero que todo se moverá inevitablemente y a la vez a fin de año.

Mientras todos los atajos elegidos están incubando explosiones por doquier que, cuando ocurra la primera o alguna de ellas, hará que las otras también estallen. Generando un efecto dominó o reacción en cadena difícil de salir y ya prácticamente imposible de evitar.

El 2019 ya está perdido en materia inflacionaria, salarial, nivel de actividad y fiscal. El Gobierno, según todas las encuestas, pierde en todos los escenarios, y la situación sigue empeorando.

Si además sumamos que el mercado sabe que todo está atrasado y que se viene un cambio de Gobierno y una fuerte e inevitable actualización de las variables centrales de la economía, buscará entonces adelantarse a las explosiones que ello generará, haciendo que todo resulte más trágico todavía. Como dijimos, las tragedias a esta altura ya resultan inevitables. En todo caso, solo nos resta protegernos de sus terribles efectos.»

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Es cierto que la crisis actual comparte muchos aspectos con la que estalló a fines de 2001 (más otros que se asemejan al derrumbe de la economía en los dos últimos años del gobierno de Alfonsín). Pero hay una diferencia fundamental: no existe un punto en el tiempo como el que implicaba la ruptura de la Convertibilidad.

No es un detalle menor: hasta un día determinado, el peso argentino valía un dólar, y el gobierno llegó al «corralito», a impedir el retiro de efectivo de los bancos, porque ya no tenía como respaldar esos pesos. A partir de ese día, comenzó una desvalorización vertiginosa del peso, que incluyó un «overshooting»: el dólar llegó a valer $ 4, hasta que se estabilizó, por un tiempo largo, en $ 3.

La diferencia está clara: esta crisis es en cámara lenta. La devaluación ya empezó hace un año. Una parte de lo que Remes Lenicov afrontó en los meses iniciales de 2002 ha sucedido durante la administración Macri. También estamos sufriendo, en una versión más moderada, la aceleración de la inflación que marcó la última parte del gobierno de Alfonsín.

Queda pendiente otro paso, que como Zícari creo inevitable: la reestructuración de la deuda. Macri, mientras sea presidente, se resistirá a tomarlo, por supuesto. Pero también se resistía a los «precios esenciales», a detener la escalada de aumento de tarifas, a negociar con los radicales…

En realidad, no importa demasiado. Los mercados financieros, aún los medios especializados, Financial Times, Forbes, Bloomberg, que hasta hace no mucho aplaudían las «reformas» macristas, hoy asumen, como Zícari y, salvando las distancias, como yo, que cualquier gobierno tendrá que sentarse a negociar una extensión de los plazos. Porque ya es evidente que los vencimientos del 2020, será imposible pagarlos. Ese es el significado de la caída del valor de los títulos argentinos, que hoy sólo interesan, se dice en los círculos financieros, a los «fondos buitres». Los que tienen espaldas para esperar un largo tiempo para cobrar.

Como ven, mi visión no es optimista. Si creo que lo tenemos por delante no será tan grave, es porque ya estamos pagando el costo en cuotas. Lo pagan, especialmente, los que se han quedado sin empleo, y los empresarios que se funden y no han acumulado un patrimonio fuera de su negocio.

Todo lo que puede decirse es que, con una política económica inteligente y prudente -si los argentinos logramos consensuarla- el recupero de la economía argentina puede ser cuestión de meses. No es un gran consuelo, pero es el que puede darse.

A. B. F.

Las elecciones en un tiempo conectado

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Por primera vez, las elecciones serán en un año en que la conectividad móvil supera el 50% de los argentinos y este dato, junto con la transformación estructural del sistema de comunicaciones, le imprime a la campaña electoral de 2019 un sello distintivo.

Compartimos este artículo del especialista Martín Becerra, profesor e investigador de la UBA, UNQ y Conicet:

Las elecciones presidenciales de este año en la Argentina son una bisagra entre el pasado y el futuro en relación a los soportes de comunicación, propaganda y difusión de la imagen y el discurso de los candidatos. Por primera vez, la mayoría de los argentinos accede a tecnologías móviles de conexión a redes y medios y, en consecuencia, la mudanza desde las campañas electorales televisivas hacia las plataformas de redes digitales encuentra un público masivo –principalmente urbano- como destinatario.

La anterior elección presidencial fue contemporánea a la expansión, tan tardía como veloz, de las redes de telefonía móvil 4G (cuarta generación), fruto de la licitación que había realizado el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en 2014. Por lo tanto, el año siguiente las operadoras beneficiadas se hallaban en pleno proceso de tendido de redes. Cuatro años después, más de la mitad de los ciudadanos acceden a ellas.

Aunque el número real de penetración del 4G en el país es muy poco fiable, dado que el presidente Mauricio Macri al abrir las sesiones ordinarias del Congreso, el pasado 1 de marzo, habló de un 70 por ciento y el ente gubernamental ENaCom creado por el propio Macri indica un más modesto 53 por ciento, lo cierto es que la cobertura y el acceso a los datos móviles experimentaron desde 2014 un crecimiento considerable que altera las coordenadas estructurales de las comunicaciones en la Argentina.

La transformación tecnológica del sector (más profunda en las cifras divulgadas por Macri, más reducida en las de sus colaboradores del ENaCom) condiciona la planificación de la comunicación masiva, sea o no política y tenga o no que ver con lo electoral. Pero, por supuesto, la campaña electoral no es ajena a la migración de las audiencias y a los nuevos hábitos más personalizados de información y entretenimiento, muchos de los cuales circulan socialmente a través de plataformas de redes sociales digitales (lo cual produce el malestar de los empresarios de medios tradicionales, como se manifiesta en parte de su cobertura sobre los gigantes globales de Internet).

Un error común de los análisis sobre la mutación del ecosistema de comunicaciones es interpretar los cambios presentes según el modelo de reemplazo de lo viejo por lo nuevo. Por el contrario, las plataformas digitales (con accesos fijos y móviles) se superponen con los medios tradicionales y los temas de conversación de los social media muchas veces giran en torno del menú producido por la prensa, la radio y la TV. El último informe de GlobalWebIndex revela que en promedio los argentinos emplean algo más de ocho horas diarias conectados a Internet (en dispositivos fijos y móviles, donde utilizan las redes sociales unas tres horas) y un promedio de tres horas diarias a la TV (en vivo y por streaming). Una planificación eficaz de la comunicación política no debería perder de vista las tendencias sintetizadas en esos promedios.

Mientras cambia la estructura de las comunicaciones y se modifican los patrones de uso social, asignándole creciente importancia a los flujos desprogramados, móviles y ubicuos de contenidos informativos y políticos, la institucionalidad estatal va reaccionando con cierta demora, sea reconociendo la necesidad de revisar la ley de datos personales o sea intentando limitar las campañas de desinformación y fake news a través de redes sociales digitales. Por ahora esas reacciones son actos reflejos a problemáticas que sacuden el espacio público y están lejos de constituir medidas concretas frente a un fenómeno que, si bien no es nuevo, tiene como cualidad distintiva la viralización que puede alterar la dinámica propia de la competencia electoral.

En mayo llega Amazon, y busca personal

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El gigante del e-commerce mundial está cada vez más cerca de la Argentina. La división de sistemas que se encuentra detrás de la experiencia de los usuarios de Amazon (Amazon Selection & Catalogs Systems, ASCS) anunció que hará un evento en la Ciudad de Buenos Aires en mayo, para acercarse al talento local.

La compañía está primordialmente enfocada, en lo que respecta a nuestro país, en el negocio de AWS, la división de storage y computación en la nube. Es por eso que sus búsquedas se enfocan en su mayoría en la búsqueda de talento IT (tecnologías de la información), aunque también hay espacio para otras especialidades.

Hay dos grandes focos de búsquedas de trabajo en Amazon, su perfil de LinkedIn y su micrositio Amazon Jobs. Un vistazo por LinkedIn muestra que los puestos más buscados son los de Arquitectura de Software (especialmente SAP y cloud) y Arquitectura de Seguridad. Por detrás aparecen los perfiles de Big Data y escalafones senior para Arquitectura de Software.

Ahora, desde su portal oficial, confirmó que llegará al país en busca de programadores. El evento será el próximo 20 de mayo. Los requisitos para postularse a estas vacantes son título en Ciencias de la Computación o similar, tres años o más de desarrollo de software, conocimientos en Java, C, C++, Java, Python o Ruby. El trabajo demanda relocalización, ya que la base operativa está en Londres, Inglaterra.

Respecto a los sueldos, si bien el dato no está disponible en su totalidad, el sitio LoveMondays.com.ar brinda algunos datos. En el caso de un cargo de nivel gerencial se está hablando de $ 100.000. Si se trata de un desarrollador Senior, el sueldo se estima en $ 73.000, según los datos recogidos por Sysarmy en su encuesta anual de sueldos IT.

Fuera de la cuestión técnica, también hay puestos orientados al negocio. Tal es el caso del partener para desarrollo del sector público, que sería el encargado de buscar alienzas estrategicas entre el gobierno y AWS. El mismo puesto también esta disponible desde el foco de las ventas.

Un año de fuga de capitales: la traición del JP Morgan

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Antes de entrar a la interesante crónica de Carlos Burgueño, donde cuenta la «traición» de una gran entidad financiera global al gobierno de Mauricio Macri, corresponde aclarar algo: la fuga de capitales, o como la llaman con discreción en los registros del Banco Central, la «formación de activos externos del sector privado no financiero» ha sido una constante en la economía argentina desde hace muchas décadas.

Es el resultado, lamentable, de dos factores: la desvalorización de la moneda argentina y la ausencia de inversiones razonablemente seguras. Los que tienen patrimonios, grandes o pequeños, los miden en dólares. Y quieren conservarlos en dólares. Que los lleven al exterior o los guarden en cajas de seguridad, ya no hace diferencia. Están afuera del circuito productivo.

Pero esto, como dijimos, es parte del «paisaje» de la economía argentina. Lo que empezó hace un año, tiene las características de una avalancha. Que debilitó a este gobierno y se lo puede llevar puesto, junto con Cambiemos.

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«El miércoles 25 de abril de 2018 amaneció soleado en Buenos Aires. Sin mayores conflictos económicos o políticos en carpeta (el Gobierno aún se movía bajo el impulso de la victoria electoral de octubre 2017), la agenda periodística se concentraba en noticias algo banales. Competían por las primeras planas el nacimiento del tercer hijo del príncipe Guillermo y su esposa Kate Middleton; la polémica apertura de la 44ª Feria del Libro de Buenos Aires y el nuevo sistema electrónico para agilizar los trámites de migraciones. El Gobierno se concentraba en la posibilidad de lanzar una nueva reforma impositiva que incluyera una reducción del impuesto al cheque y comenzaba ya a murmurarse la posibilidad de acelerar el lanzamiento de la candidatura de Mauricio Macri para la reelección. La economía había crecido en el primer trimestre y como principal problema a resolver estaba la contabilidad de las pérdidas por la sequía que afectaba, fundamentalmente, a la zona sojera. En el terreno financiero, el dólar comenzaba a cerrar su tradicional siesta cambiaria de fines del primer trimestre, pero el Banco Central de Federico Sturzenegger no tenía problemas en controlar las operaciones colocando unos u$s 214 millones de las reservas para sostener la oferta de divisas.

En síntesis, todo era viento a favor para el Gobierno en general y Mauricio Macri en particular. Nada hacía prever que en horas todo cambiaría, y que “pasarían cosas” que modificarían radicalmente la suerte de Cambiemos en el poder.

A las 11:15, la mesa de dinero del Banco Central se conmovió. Había llegado una doble operación, de salida de las Lebac e inmediata compra de dólares, por un monto muy poco común. Casi escandaloso. Eran más de u$s 800 millones que pedían retirarse de la operación estrella del mercado financiero, con el objetivo de vender posiciones en pesos y salir del sistema financiero local. La sorpresa fue aún mayor cuando la conducción de la entidad supo quién era el interesado en abandonar el mercado de capitales argentino. La orden de venta de Lebac e inmediata compra de dólares era del JP Morgan, el banco de capitales internacional más cercano al Gobierno de Macri.

Si había una casa financiera mundial de primer nivel que se mostraba cercana y amistosa con el Gobierno, esa era el JP Morgan. La entidad norteamericana había sido lugar de trabajo de varios de los funcionarios más importantes del macrismo. Entre otros, habían pasado por sus oficinas Alfonso Prat Gay, Luis “Toto” Caputo y Vladimir Werning; todos hombres de responsabilidad máxima en diferentes etapas de los primeros tres años de gobierno de Mauricio Macri, quienes además mantuvieron relaciones de gestión con el banco durante su tarea en la función pública.

Había sido también un aliado estratégico fundamental en los primeros dos años de gestión de Cambiemos. Había abierto a mediados de 2015 una oficina en la Argentina, e intervenido en la operación más importante del Gobierno de Mauricio Macri: la colocación de los Bonos de la República Argentina al comienzo de la gestión Cambiemos para pagarles a los holdouts. En total, el JP Morgan había intervenido en colocaciones de deuda voluntaria por unos u$s 2.300 millones en el primer año de Macri en el poder, superando a otras casas como el Citigroup, Santander, BBVA y el Deustche Bank y el HSBC, todas entidades que, con mayor o menor presencia, siempre habían operado en el país y nunca habían abandonado la plaza local, aún en los tiempos de default y del kirchnerismo.

La buena relación se prolongó (e intensificó) durante todo 2017 y hasta marzo de 2018 el JP Morgan recomendaba a sus clientes en sus informes apostar a la Argentina. Incluso, en un trabajo entregado a las gerencias del banco en el mundo en la primera semana de abril de 2018 (ya con la novedad del alza de las tasas de interés de la Fed consolidada), recomendaba las posiciones en pesos a largo plazo emitidas por el Gobierno argentino y el Banco Central. Incluyendo las Lebac.

Ese 25 de abril el romance terminó. Y el sistema financiero tomó nota. Comenzaron a llegar órdenes masivas de venta de posiciones en Lebac de parte de “manos grandes” -como se denomina en las mesas de dinero criollas a los fondos de inversión extranjeros que mueven millones de dólares diarios.

El rumor que circuló en los bancos internacionales que más operaban Lebac era que los vendedores eran pocos. No más de tres. Y que la intención era desprenderse de toda la tenencia en ese título del Banco Central y comprar dólares rápidamente, cerrando el circuito del “carry trade”. El precio ofrecido a comienzos del día era de $ 20,50; casi un peso más arriba que la cotización de sólo un día antes, con lo que la convicción de las órdenes creaba aún más zozobra en los operadores argentinos. Mayor fue la sorpresa cuando se conoció, casi por un descuido de uno de los vendedores de los bonos ante una de las autoridades del Banco Central, que en el centro de las ventas estaba el banco norteamericano JP Morgan. Ese día comenzaba a desprenderse del títulos más simbólico del macrismo: las Lebac del BCRA, el instrumento por el cual, además, se sostenía la estabilidad cambiaria de la Argentina.

La crónica financiera del 25 de abril describía una “tormenta perfecta”. Coincidieron en una sola jornada todos los fantasmas adormecidos en algún costado de las pantallas de los principales operadores del país y el mundo: la suba de tasas de marzo en los Estados Unidos, el comienzo de la crisis comercial con China, el fantasma local de la indomable inflación y su batalla contra las tasas de interés en pesos, los pagos de fin de mes a importadores, el retraso de la liquidación sojera, el comienzo de la aplicación del impuesto a la renta financiera y su influencia en la ganancias de las Lebac, el debate eterno dentro del macrismo por la suba de las tarifas, la amenaza de nuevas alzas en los combustibles y la eventual falta de dólares por la sequía.

Los analistas ya cuestionaban públicamente los efectos de aquella fallida conferencia de prensa del 28-D (2017) en la que Marcos Peña en vivo y en directo le quitaba al BCRA a la vista de todo el país la responsabilidad de controlar la base monetaria y de fijar las metas para enfrentar el más importante problema de la economía argentina: la inflación. Desde aquella jornada poselectoral, Peña tomaba el control personal del manejo oficial de la economía argentina; una decisión que aún no había sido digerida por los mercados, y que generaba dudas sobre la verdadera convicción oficial de colocar el combate contra la inflación en el ranking máximo de prioridades oficiales.

Todo esto además de la pregunta que el Gobierno no contestaba: cómo conseguiría los más de u$s x15.000 millones que aún faltaban para garantizar el pago de la deuda durante el resto de 2018. Desde el Banco Central de Federico Sturzenegger y el entonces Ministerio de Finanzas de Luis “Toto” Caputo se sabía que habría en cualquier momento coletazos por la interacción de estos factores combinados. Y, en secreto, se sabía que había que estar preparado para eventuales alzas en la oferta de dólares. Había puentes sólidos con el sistema financiero, y cualquier operación extraña y que pudiera alterar la estabilidad cambiaria sería alertada a tiempo.

Inmediatamente después de avalada la venta de dólares al JP Morgan, hubo otras dos grandes operaciones que completaron la necesidad de ventas de divisas salidas de las reservas del BCRA por u$s 1.472 millones. Un número récord, que con las semanas sería superado.

Unas semanas después de aquel 25 de abril, el propio JP Morgan distribuía un lapidario informe a sus clientes vip. En él consideraba que la herramienta del BCRA para enfrentar la corrida (la suba de la tasa de interés) podría ser insuficiente antídoto ante la evidente fuga de capitales que se había iniciado; y revisaba para peor todos sus pronósticos para la economía argentina de 2018: 2,4% de crecimiento y 22% de inflación. Además adelantaba un dólar a 24 pesos a diciembre.

Visto lo sucedido al final del año los anticipos fueron hasta infantiles. Sin embargo, a comienzos de mayo (cuando se conoció el paper del banco) que haya sido el propio JP Morgan el que comenzaba a bajarle el pulgar al mercado de capitales argentino fue visto como una actitud desertora.

Lo cierto que ese día comenzaba el calvario cambiario y financiero que modificaría, para siempre, la suerte de Maurcio Macri en el poder».

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Esta historia que nos cuenta Burgueño es aleccionadora, si se entiende bien. El problema no es la decisión del JP Morgan, sino el endeudamiento, la irresponsable emisión de papelitos que deja al país vulnerable ante la decisión de los inversores financieros que en cualquier momento pueden cambiar de idea, por motivos que, en muchos casos, no tienen que ver con lo que puede estar pasando en el país.

Y la fuga de capitales, la «formación de activos externos…», continúa. En marzo se fueron u$s 1.771 millones. Menos que en marzo del año pasado -uno imagina al JP Morgan pensando en ese momento: si los locales se van ¿me voy a quedar yo?-, pero un 80% mayor a la de marzo 2017 y un 78% a la de marzo 2016.

Vidal descartó candidatura presidencial en reunión de empresarios

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Los empresarios del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP) – que agrupa a los principales hombres y entidades de negocios del país – iniciaron su tradicional ciclo de almuerzos en 2019 con la invitación a María Eugenia Vidal, gobernadora de la Provincia de Buenos Aires.

En un discurso extenso (cerca de una hora), Vidal se refirió a los resultados de su gestión, presentación que fue aplaudida en cinco oportunidades por los más de 350 directivos reunidos en el hotel Alvear.

Ahora, después de la disertación, dedicada a los problemas bonaerenses, todas las preguntas de los empresarios se resumieron en una única cuestión: si sería o no candidata a presidente.

Mariú, como la conocen sus amigos, fue terminante: “Yo me siento parte de un equipo que tiene un enorme compromiso con la Provincia. Somos el único espacio con candidato definido, que es Mauricio Macri, y una candidata a gobernadora en la provincia de Buenos Aires. Nos concentramos en lo que la gente más espera de nosotros, en gobernar. Voy a volver a ser (gobernadora) si me vuelven a elegir los próximos cuatro años».

En nuestra falible opinión, no era un proyecto razonable. El reemplazo de un presidente como candidato, cuando la reelección es posible legalmente, es una clara admisión de derrota. Y Macri no ha mostrado inclinación por aceptar derrotas. La situación económica y electoral tendría que deteriorarse mucho más de lo que ya está, antes que se mostrara dispuesto a abandonar.

Y en ese caso, sería demasiado optimista pensar que la gobernadora de Buenos Aires quedaría al margen del deterioro, como para ser competitiva en una elección nacional.

Pero la señal más importante, de la que debe tomar nota el oficialismo y la oposición es la ansiedad con la que quienes representan al poder económico local, y unos cuantos al exterior, se preguntan por alternativas a Mauricio Macri.