El camino de INVAP – III

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La 1° parte de esta nota está aquí, y la 2° aquí. En esta 3°, se cuenta como INVAP y la misma Comisión Nacional de Energía Atómica se envolvieron en una región muy mentada, el Medio Oriente, como se ganó la ojeriza de una poderosa Cancillería… Pero los que más hicieron para cancelar nuestro desarrollo independiente… habían nacido acá. No es sorpresa.

, Pilcaniyeu, aquel pecado original

En 1983 el gobierno de Raúl Alfonsín, y desde 1989 los dos de Carlos Menem literalmente destruyeron a la CNEA, comprador fundacional de tecnología de INVAP. Así, dejaron sin ingresos a esta Sociedad del Estado rionegrina, que sólo vive de su facturación. Peor aún, Menem pulverizó minuciosamente el prestigio que ganado por INVAP como proveedor nuclear en Medio Oriente y el Magreb, algo que Alfonsín había respetado. Menem no.

A pedido de EEUU, Menem en 1990 detuvo en el puerto de Escobar un embarque de tuberías, compresores, filtros y sistemas. Eran componentes de una planta química para transformar mineral uranífero molido en “yellow cake”, polvo amarillo de dióxido de uranio. En un segundo embarque, también parado, estaban los componentes para fabricar una planta piloto de manufactura de combustibles para un reactor de investigación. Factura total: U$ 25 millones de 1990, equivalentes a 49,81 millones de hoy.

No se hacen armas nucleares con “yellow cake” ni los combustibles de reactores definen una pelea, salvo usados como garrotes. Ambas operaciones eran lícitas, ambas instalaciones serían civiles y todo debía construirse bajo salvaguardias, vigilancia y garantías del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Pero el cliente era el nuevo Irán integrista, que ya no era tan nuevo.

Aquel país cambiante supo ser ocasional vedette del comercio exterior argentino. Por ejemplo, ya en tiempos del Ayatollah Khomeini, Irán fue el mayor comprador de trigo de aquella Argentina poco sojera del gobierno de Raúl Alfonsín, es decir desde que la URSS ya no pudo pagarnos más y dejó de comer pan, y se desintegró.

Pero no sólo de pan vive el persa. La infraestructura nuclear académica iraní para formación de recursos humanos, especialmente el pequeño reactor TRR de la universidad de Teherán, o TRR, fueron construcción supervisada de Humberto Ciancaglini, de la CNEA, y su equipo de argentinos. Eso fue en épocas del presidente Arturo Illia, arrancando en 1966.

El TRR, Reactor de Investigación de Teherán, que la Argentina construyó en 1966 y rediseñó y reconstruyó a nuevo en 1987 a pedido del OIEA y bajo su supervisión.

En 1973 el contraalmirante Oscar Quihillalt, presidente saliente de la CNEA, reemplazó a Ciancaglini, sin despeinar a nadie en Teherán. La Iran Atomic Energy Organization (IAEO) y su director, el físico Akhbar Etemahd, le tenían tanta confianza a la CNEA como constructor y asesor que hasta nos pidieron ayuda a nosotros, argentos sólo duchos en uranio natural, para negociar en Europa la compra de centrales nucleoeléctricas de uranio enriquecido y agua liviana. Y eran grandes en serio: las 2 de Bushehr se firmaron con KWU-Siemens, y 2 más en Ahvaz a Framatome, de Francia, sumaban más de 4000 MW. El Shah de Persia, Rehza Palevi, era un monarca ilegítimo y brutal puesto por un golpe de la CIA y que gobernaba con la Shavak, la Policía Secreta. Pero tenía chequera.

La insurrección popular que en febrero de 1979 derribó al Shah degeneró, meses después en la construcción de otro estado ni un pelo menos policial: la República Islámica. Pero cuando ocurrió aquella revuelta, Quihillalt y los suyos habían regresado a sus pagos criollos por otras causas. Y es que en forma previa a ser tumbado de su trono, Rehza Palevi había echado de su cargo a Etemahd, impuesto un cambio de rumbo antieuropeo en la IAEO y firmado la compra de 8 centrales estadounidenses.

Tras derribarlo, medio asombrados aún por su emergente poder, los mullahs del Ayatollah Khomeini descubrieron que eran tan expertos en generar neutrones como la CNEA en interpretar el Corán. ¿Con quién hablar? Lejos de quedarse a completar Bushehr, la germánica muchachada de KWU-Siemens se había fugado en automóvil hacia Siria con la Guardia Islámica persiguiéndolos a través del desierto, al parecer por algunas cuentas que no cuadraban en la obra de Bushehr (o eso dijeron en la IAEO). Las 2 unidades de aquella megacentral tenían, promedio, un 80% de avance de obra.

Los devotos del Ayatollah Khomeini se tomaron una década en tratar de rescatar la relación con Argentina. De movida, no hubo tiempo: al toque de asumir ellos el poder, la OTAN les armó una guerra con Irak, que tardó 8 años y 2 millones de muertos en apagarse, en 1988, sin ganadores. Cuando volvió a reinar cierta paz de cementerios en la zona, a los mullahs les resultó una locura dejar 2000 MW casi terminados sin inaugurar. Además, debían hacerse reparaciones: Bushehr había recibido todo tipo de atenciones por parte de la artillería y la aviación irakíes. Si hay que juzgar la ingeniería nuclear alemana por su fortaleza, tanta bomba y misilazo no habían logrado daños irreparables en Bushehr, y no por no tratar.

Para no tener que negociar con “aquellos tramposos”, y para que los alemanes (que todavía se llamaban “Occidentales”) no tuvieran que mostrarse ante las cámaras con “aquellos barbudos medioevales”, ambas partes se valieron de la CNEA como intermediario. En Teherán los argentinos habían dejado buena obra y buena imagen, y por otra parte la CNEA de los ’80 estaba asociada a Siemens en ENACE, aquella empresa mixta que diseñó y estaba construyendo Atucha II, o más bien tratando.

Para no irritar a EEUU y comprometer un poco al resto de la UE en la movida, Siemens (que sin su Cancillería sería un quiosco) se reservó la parte del león, subcontrató a ENACE e INVAP y sumó a otra asociada española, Endesa. Esa firma había suministrado parte de los componentes de la central nuclear de Trillo, una típica PWR de Siemens.

Una de las 2 unidades de la central nucleoeléctrica Siemens de Bushehr, en Irán, terminada con décadas de atraso por la rusa Rosatom.

En 1985, aún antes de terminar su guerra con Irak, la nueva jefatura nuclear de Irán se bajó hasta estas pampas a ir emparchando relaciones con la CNEA y obtener de ENACE una evaluación de daños en Bushehr. En 1988, ya en paz, el nuevo e islámico director del IAEO, Dr. Rehza Amrollahi, volvió a Buenos Aires y se quedó paralizado cuando la Dra. Emma Pérez Ferreira, a la sazón recién puesta al frente de la casa le tendió la mano para saludarlo. Ups. ¡Una mujer! ¿Cómo tocarla, si no usaba velo y ni siquiera era su hija, su madre o estaba casada con él? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Momento difícil para navegar sin champagne, además, a puro canapé, café, té, y firmando papelitos con sonrisas pétreas.

Lo que se firmó eran dos cosas, una que convenía a EEUU y otra que no. Se hizo la primera.

La que no convenía a EEUU era la terminación de Bushehr, porque a contramano de la física, para el State Department una central núcleoeléctrica “es proliferante”, es decir serviría para fabricar armas nucleares cuando el vendedor es independiente (como nosotros), el comprador, antipático (como Irán) y de yapa, el producto es ajeno (como una máquina Siemens).

Las centrales nucleares no sirven para fabricar plutonio 239 “grado bomba” porque lo sobreirradian. Cuando en 1974 el New York Times, repitiendo paparruchadas de un “think tank” estadounidense, aseveró que Atucha I nos abría la puerta para “la bomba”, el reactorista argentino Jorge Cosentino retrucó que sí, efectivamente, la centralita fabricaba 100 kg. diarios de plutonio. Pero, añadió, lo “quemaba” casi todo en tiempo real, y además era del tipo equivocado de plutonio (con abundancia de los isótopos 240, 241 y 242, inútiles por hiperfísiles). Para obtener plutonio 239 de pureza militar, se tendría que extraer del núcleo de la central no un único elemento combustible, el más gastado, por día, sino uno “casi crudo” y cada hora.

¿Por qué con tanto petróleo como tienen los iraníes querían terminar Bushehr? Para exportar más crudo y así reconstruir un poco su descuadernado país. ¿Y por qué queríamos terminarla nosotros? Porque la mejor salsa es el hambre. En su nuevo integrismo religioso, Irán ya no era un país en el cual la vida cotidiana fuera grata para el ingeniero nuclear argentino tipo. Pero con Atucha II atrancada en un interminable “stop and go” porque Economía no soltaba un austral, con tal de facturar horas/hombre de ingeniería en dólares, ENACE e INVAP habrían agarrado trabajo adonde pintara. Estaban perdiendo recursos humanos día a día.

Sin embargo, cuando ya se estaban anotando los viajeros, un oportuno llamado de Cierta Embajada detuvo a cierto canciller llamado Dante, de cuyo apellido no quiero acordarme (pero terminaba en Caputo). Por eso Bushehr la terminaron los rusos. A eso en EEUU y aquí lo pagan como diplomacia.

“Otro pisotón más en las manos e INVAP se cae, por fin”, habrán dicho en el edificio Harry Truman de C Street, Washington DF. Allí trabajan unos 8000 tipos sumamente profesionales, cultos, memoriosos y expertos en llamar por teléfono o escribir “white papers” sin membrete ni firma, pero con instrucciones clarísimas y corteses. Meet the State Department crowd, dear reader!

El edificio Harry Truman del State Department, la cancillería de los EEUU.

Sólo se logró salvar la parte de lo firmado que esos buenos muchachos llaman “antiproliferante”. De modo que en 1987 INVAP rediseñó y reconstruyó a pleno el TRR, el reactor de Teherán, aquel TRIGA estadounidense de 5 MW construido entre 1966 y 1967 por Ciancaglini.

Originalmente, como todo reactor anterior a los años ’80, había funcionado con uranio enriquecido al 90%, grado militar, pero desde su puesta en marcha Irán no había comprado más combustible estadounidense. Ahora había que adaptarlo a uranio civil enriquecido al 19,7%, “grado reactor”, militarmente inútil. Eso implicaba un núcleo sustantivamente más voluminoso, hecho de 80 barras, y grandes cambios en los sistemas de refrigeración, en las celdas de irradiación y en las barras de enclavamiento.

Obviamente la muchachada del Truman no levantó siquiera el teléfono: esa política de reconversión de reactores en el Tercer Mundo, pagada en casi U$ 6 millones por el OIEA, había nacido en… sí, el mismísimo edificio Truman. Donde no querían uranio militar en el Tercer Mundo, y menos que menos en aquel nuevo Irán.

Y aunque estábamos trabajando realmente para Washington, la gente del Truman logró que nos fuera muy difícil conseguir 116 kg. de uranio enriquecido grado reactor: no estábamos ni estamos en condiciones de producir esa partida en nuestra pequeña planta de Pilcaniyeu. Lo proporcionó de nuevo la URSS, todavía emperrada en existir.

Finalizando los ’90 INVAP estaba demolida por la pérdida de todos sus mercados. La CNEA no encargaba ninguna obra de ingeniería desde 1983. Pero en Medio Oriente no lograba afirmarse, y máxime tras el traspie iraní. Esta historia la cuenta mucho mejor aquí el Dr. Diego Hurtado de Mendoza, Secretario de Políticas y Planeamiento del MinCyt.

Entre 1988 y 1993 el embajador Adolfo “Chinchín” Saracho, radical de los de antes (patriota), había logrado entusiasmar a Turquía con la central nuclear compacta CAREM. Era una máquina de potencia demasiado baja para la rampante demanda eléctrica industrial turca. Pero si había casorio de la tecnología de INVAP con la red turca de comercio exterior en Medio y Lejano Oriente, así como en África del Norte, esas centralitas se venderían como pan caliente.

En 1988 eso me dijeron, entusiasmados, los 4 partidos políticos turcos con representación parlamentaria, incluido “El del Justo Sendero”, la entonces pequeña fracción integrista de un tal Recep Tayyip Erdohan. Me lo decía también el presidente socialdemócrata de la TAEK (Autoridad Turca de Energía Nuclear), me lo decían las temibles FFAA locales, me lo aseguraban los dueños de los multimedia y también los servicios de espionaje, unos tipos con demasiada pinta de ser del oficio.

A Saracho, en la minúscula embajada argentina en Ánkara (doy fe, viví allí un tiempo) lo espiaban la CIA, el SIS inglés, el BND alemán, la DGSE francesa, nuestra SIDE, la consabida KGB, sus propios colegas y obviamente los turcos. Pero estos también lo mimaban como a una gallinita que ha prometido poner huevos de oro.

¿Cómo siguió la historia? No siguió. Se explica con una palabra capicúa: Menem. “E´ Nesario” incumplió la propuesta base del parlamento turco: dado que el CAREM tenía una ingeniería bastante audaz para los ‘80, tanto Turquía como Argentina debían clonar un prototipo en sus respectivos territorios. Onda: “Si no funciona bien de movida, que no seamos los únicos en quedar como unos bobos”.

El Parlamento turco votó apartar una suma de U$ 180 millones para ello (hoy serían U$ 400 millones), pero el nuestro jamás discutió siquiera el asunto. Aquí, sospechosamente, del CAREM no hablaba nadie. Sus correligionarios y nuestros medios estaban acuchillando silenciosamente a mi amigo Saracho por la espalda. Pero lo peor vino después, con El Capicúa.

Apartando enteramente de la negociación a INVAP, el presidente Carlos Menem puso al frente de la CNEA al Dr. Manuel Mondino. Éste tomó las riendas del negocio y estuvo 3 años bardeando a los turcos con demoras inexplicables y pedidos desmesurados, incluso en ese país donde hace 10.000 años y con otras fronteras, banderas e idiomas, fueron inventadas simultáneamente la escritura, el comercio entre estados y la coima. En 1993 los turcos se fueron de la Argentina con un portazo final. Hoy ellos también compran centrales nucleares rusas. En el edificio Harry Truman se habrán escuchado las carcajadas: “¡Con Menem somos ‘innesarios’!”.

La sala de control del reactor ETRR-2 de Egipto, entregado por INVAP en 1998, en la última visita del recientemente fallecido director del OIEA, Yukiya Amano.

Tras perder a la CNEA, a Turquía y a Irán en sucesión, INVAP tuvo que optar por la mutilación o el cierre. De 1300 personas que INVAP tenía en 1989 (todos expertos nucleares y tecnológicos, con apenas 50 administrativos), echó a 1000. Se quedó con 300 espartanos, a las que les pagaba cuando se podía, en general con bonos propios sin valor de compra ni en los supermercados de Bariloche.

En 1994 la llegada del exfundador de INVAP, Franco “El Petiso” Varotto a la dirección de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE, no confundir con CNEA), salvó a INVAP de quebrar aquel año. Lo hizo dándole la obra de un primer satélite de observación terrestre, el SAC-B, que representó una inyección de U$ 15 millones. INVAP de satélites no sabía nada, pero aprendió rápido. Luego seguirían otros 2 satélites, SAC, el A y el C, pero INVAP sólo lograba respirar en serio cuando ganaba alguna licitación nuclear, como la del reactor ETRR-2 en Inshas, Cairo, Egipto.

En 1998 ese reactor ya estaba funcionando, los egipcios, razonablemente contentos e INVAP de nuevo sin un mango y viviendo a salto de mata, entre satélites y contratitos petroleros e informáticos aquí y allá. Los 300 invapios espartanos cobraban poco pero salteado, trabajaban “por la camiseta”, y devorados por aquella empresa sin horarios o fines de semana, se divorciaban como estrellas de rock, pero con menos plata y menos prensa.

El gobierno de la Alianza fue mucho peor. El Parlamento, ablandado por el lobby del extinto presidente de la CNEA, Dan Beninson, y luego por Aldo Ferrer, el 27 de Septiembre de 1999 votó por ley 25.160 la alocación del equivalente en pesos de U$ 163 millones para la construcción del CAREM. Pero luego de Ferrer el director de la CNEA fue el exsecretario de Energía de Alfonsín, Dr. Jorge Lapeña (sí, el de los apagones de 1988). Lapeña decidió no gastar aquella partida hasta no recibir “un estudio imparcial” de factibilidad comercial. ¿Lapeña podía incumplir así una ley nacional? Al parecer, sí: lo hizo.

Como el estudio le salió mal (auguraba buenas ventas del CAREM) Lapeña mandó a hacer un segundo estudio: mismo resultado. Entonces mandó a hacer un tercero, que también le resultó contrario, es decir a favor del reactor. Pero a esa altura, el valor de la partida en dólares ya se había evaporado, el peso nacional y el presupuesto también.

Y la Alianza se iba de la Casa Rosada en helicóptero, dejando debajo un país en llamas.

(Concluirá mañana)

Daniel E. Arias

EE.UU. mata al general iraní Qassem Soleimani. Las posibles consecuencias

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La noticia está, naturalmente, en todos los medios, con detalles, imágenes … y operaciones de propaganda. En AgendAR nos limitamos a repasar brevemente los hechos, y aventurar las que pueden ser, en nuestra opinión, las consecuencias en el futuro cercano.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó matar al general iraní Qasem Soleimani, quien murió en un ataque en Bagdad, según informó el Departamento de Defensa de los EE.UU. el mismo jueves del hecho a la noche.

Por orden del presidente, el ejército estadounidense ha tomado medidas defensivas decisivas para proteger al personal estadounidense en el extranjero al matar a Qasem Soleimani, anunció en un comunicado. Minutos antes, Trump había tuiteado una bandera estadounidense.

Entre las víctimas del ataque está, según los medios europeos, además del general Soleimani, el líder del Hezbolá libanés, Muhammad al-Kawtharani y responsable de las relaciones públicas de las fuerzas pro-Irán, uno de los más altos rangos en la organización. También cayeron cuatro iraquíes y tres libaneses.

En las últimas horas hubo un nuevo ataque aéreo de EEUU al norte de Bagdad. Los blancos habrían sido un líder religioso chíita y un comandante de las Fuerzas de Movilización Popular, un célula paramilitar pro iraní.

El New York Times sugiere que el general Soleimani era visto por algunos como un potencial futuro líder de Irán. Lo que es cierto es que era un líder militar admirado en su nación. Y sus máximas autoridades han prometido vengarlo.

Ahora, la República Islámica de Irán es una potencia regional, con potencialidades, y debilidades, distintas aunque comparables a las de las otras tres: Turquía, Israel y Arabia Saudita. Pero no está en condiciones, ni remotamente, de infligir un golpe militar considerable a los Estados Unidos.

La otra Gran Potencia involucrada en la región, Rusia, no ha dado señales de estar dispuesta a interponer sus fuerzas militares en la defensa de objetivos iraníes. Si lo hiciera, esto modificaría la situación militar de como aparece a primera vista. EE.UU. también se ha cuidado de tener choques directos con los rusos. Pero hasta ahora, salvo declaraciones de preocupación y un diálogo con Macron, Putin no ha dado otras señales.

China se nos ocurre que es un espectador interesado pero lejano. Esto quedará confirmado si se mantiene la fecha del 15 de este mes para la «fase uno» del arreglo comercial que firmará con los EE.UU. En todo caso, poco puede resultar más conveniente a China que su gran rival se comprometa más en el pantano del Medio Oriente.

Por esos motivos, es que el peligro de una guerra generalizada nos parece poco más que un fantasma mediático. El asesinato de Soleimani no tendría consecuencias más graves que la invasión de Irak en el 2003. Que provocó, directa o indirectamente, catástrofes humanitarias sin precedentes en Irak y Siria, pero no modificó en forma apreciable el balance de poder mundial.

Atención: nos referimos hasta aquí al peligro de una guerra convencional, que no se extendería, a nuestro entender, fuera de la región. Pero Irán es una nación orgullosa, con más de 82 millones de habitantes, con una fuerte identidad cultural y nacional. Es muy probable que use las armas de la «guerra asimétrica», del terrorismo, como también usan sus enemigos. Todos los países del mundo deben estar preparados para un escenario así. Como el que hemos vivido ya por décadas, pero más.

En cuanto a las consecuencias económicas de esta escalada del conflicto entre EE.UU. e Irán, el aumento del precio del petróleo, y del oro, han sido automáticos y muy previsibles. Pero el primero no será lo bastante alto para afectar la economía global (más de lo que ya está). Salvo que se interrumpa el suministro del petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz, y aún así no representará una catástrofe económica. El siguiente cuadro refleja con claridad la situación de los principales proveedores.

A. B. F.

Un equipo argentino desarrolló un reemplazo biológico de agroquímicos

Con el avance de la tecnología el agro fue incorporando cada vez más herramientas que benefician y agilizan los procesos del sector. En ese sentido, la implementación de productos biológicos en contraposición a los químicos es una novedad que ya pisa fuerte en varios países del mundo.

Una de las revelaciones de este año en el mercado local es Howler, un producto biológico creado por un equipo argentino cuyas muestras comenzarán a distribuirse por el mundo. El equipo estuvo liderado por un grupo de científicos del Conicet, en conjunto con la Estación experimental Obispo Colombres de Tucumán y la Universidad de Tucumán; luego, Summit Agro Argentina -una subsidiaria de la japonesa Sumitomo Corporation Group- se encargó de realizar el desarrollo global.

«Adoptar esos productos eco-friendly toma tiempo, pero la tendencia llegará [a la Argentina]», señaló el gerente general del Departamento de AgriScience de Sumitomo Corporation Group, Kazuma Suzuki, en su visita al país. Suzuki se refirió a la creación de Howler, un producto para vacunar cultivos y activar el sistema de defensa de las plantas, y contó cuáles son los planes de la empresa en el mercado agropecuario.

-Llegaron al país en un momento difícil.

Sí, Summit Agro Argentina se instaló acá en octubre de 2001, un momento muy difícil para el país en lo económico. Pero, gracias al gran esfuerzo del equipo, la compañía siguió creciendo año a año. Nuestro crecimiento aquí es más grande que el del mercado. La agricultura es el corazón de la economía y de la industria argentina. Así que tanto Summit Agro Argentina como la casa central de Sumitomo Corporation Group tiene un gran compromiso con vuestra economía.

-¿Cómo describiría el negocio de Sumitomo Corporation Group?

Históricamente, Sumitomo Corporation era una empresa de trading que cubría un enorme rango de industrias: metales, infraestructura, recursos naturales, medios, químicos, alimentos. Pero ahora nos gusta tener un rol de creadores. Generamos valor y prosperidad en diferentes industrias mediante muchas inversiones globales. Ya no solo se trata de comercio, sino también de manufactura, marketing, etcétera.

-¿Qué importancia tiene el negocio del agro dentro de Sumitomo?

Tenemos una larga historia en el negocio del agro. Empezamos en 1960 exportando productos japoneses a todo el mundo. Y hoy, debido al crecimiento de la población y a la importancia de la seguridad alimentaria, la agricultura es una de las industrias claves en las cuales nos estamos enfocando.

-¿Cómo ven a la región desde el Departamento de AgriScience?

Hoy, la facturación de nuestra unidad de negocio del agro tiene un valor de 2,4 billones de dólares norteamericanos. De ese total, podría decir que el 30% viene de nuestro negocio en América Latina, así que es realmente muy importante y nos gustaría poder seguir haciendo crecer nuestras ventas en el futuro.

-¿Llegan desarrollos tecnológicos exclusivos para la Argentina?

Nosotros somos una empresa que desarrolla tecnología a través de inversiones o convenios con empresas de R&D, principalmente de origen japonés, pero además, a través de nuestra presencia global, estamos en la búsqueda de nuevas tecnologías como fue el caso de Howler.

Enfocamos nuestro desarrollo en productos de protección de cultivo ambientalmente amigables, ya sean de origen químico o biológico y también cada vez más hacia la digitalización de servicios, por eso esperamos seguir aportando valor y soluciones concretas a los productores argentinos como lo hemos venido haciendo desde que se creó la empresa en Argentina.

-¿Cuáles son los problemas que deben enfrentar los productores argentinos?

Hay problemas como el tipo de cambio o la reciente inestabilidad. Lo observamos muy atentamente desde Japón. Pero creo que siempre tenemos que mirar hacia el futuro y no solo a corto plazo. Argentina siempre ha logrado superar las dificultades. Por eso, aunque en este momento sin duda hay dificultades, yo no me preocupo demasiado a largo plazo. Argentina es uno de los mercados prioritarios para el negocio del agro.

-¿Qué está ocurriendo con el negocio de los productos biológicos?

Aunque ahora vivo en Tokio, durante los últimos seis años estuve en Europa liderando nuestro equipo de Sumitomo Agro Europa. Y allí la dirección hacia las soluciones biológicas es muy clara, especialmente en Francia, España e Italia. Y acá en América también, en países como Chile, México o Estados Unidos. Muchas empresas ya están, gradualmente, apropiando soluciones biológicas de control. Utilizan soluciones químicas tradicionales y soluciones biológicas. Hoy, nuestra facturación en la actividad global de soluciones biológicas es de 35 millones de dólares. Nuestra idea es llegar a 100 o 120 millones, lo cual sería un 5% del total de nuestras ventas.

-¿Y en la Argentina somos más «conservadores» con este tipo de soluciones?

Depende un poco de nuestros colegas el iniciar o promover nuevas soluciones. Pero sí. Adoptar esos productos eco-friendly toma tiempo, pero la tendencia llegará. Esto no significa que ignoramos a los químicos, de ninguna manera, utilizamos químicos pero, gradualmente, tenemos que migrar hacia las soluciones biológicas

-¿Hay aportes tecnológicos argentinos?

Sí, claro. Se firmó un acuerdo global para desarrollar una tecnología creada por el Conicet, la Universidad de Tucumán y la estación experimental Obispo Colombres de Tucumán. Es un tecnología biológica, un producto de vacunación [llamado Howler] que se lanzó este año en Argentina para cereales de invierno y el cultivo de soja. Y el año que viene se van a estar distribuyendo muestras alrededor del mundo para iniciar el desarrollo en una gran diversidad de cultivos.

-Para concluir, ¿qué planes tienen para los próximos cinco años?

En primer lugar, tenemos una estrategia para priorizar ocho países: Argentina, Brasil, Rusia, Ucrania, México, Estados Unidos, Turquía e India. Vamos a concentrar recursos e inversiones en ellos. Luego, en lo que respecta a nuestro negocio agro, el «bio cambio» va a ser muy importante en muchos países, incluyendo la Argentina. Así que nuestro objetivo es tener el mejor servicio y cuantas soluciones sean posibles, no solo en agroquímicos sino también en productos como semillas, fertilizantes o incluso servicios tecnológicos. Esa es nuestra dirección.

Logran liberar vacunas varadas durante meses en la aduana argentina

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El ministro de Salud de la Nación participó del inicio del operativo que permitirá la distribución de 12.400.000 dosis de vacunas a las 24 jurisdicciones del país. La ley de Emergencia Sanitaria permitió que se las eximiera del pago de US$ 11 millones de impuestos.

Las vacunas pertenecen al Calendario Nacional de Inmunizaciones. pero las unidades permanecían embargadas en la Aduana del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. La Ley de Emergencia Sanitaria permitió que se las eximiera del pago de 11.000.000 de dólares por impuestos a la importación.

“Hoy liberamos para uso de los argentinos un 10 % de las vacunas que estaban vergonzosamente retenidas desde hace meses. Solo un Estado indiferente puede que haber permitido que esto suceda. Además causaron más daño porque hay que abonar el costo de intereses retrasados dentro de los 30 días”, indicó el funcionario durante el operativo en que fueron liberados 4 de los 49 embarques.

“Estamos retirando el primer envío de 12.400.000 dosis de distintas vacunas que habían llegado desde junio hasta ahora y que no se habían retirado. Eso se solucionó con nuestra voluntad política y además con la inclusión en la emergencia social, económica y sanitaria de manera tal de no pagar los aranceles y las tasas en la Aduana”, explicó el ministro.

“Es una inversión de 83 millones de dólares que el Estado había pagado, pero faltaban pagar los impuestos y tasas para retirar las vacunas”, agregó González García. Se trata de 49 embarques con unidades pertenecientes al Calendario Nacional de Vacunación que serán distribuidas en los próximos 15 días para cubrir el stock del primer trimestre.

Consultado por el brote de sarampión que afecta a la Argentina, el ministro dijo que “hoy estamos trabajando intensamente, no sólo con la vacuna contra el sarampión que estamos sacando ahora de Aduana y que son alrededor de dos millones de dosis, sino que ya hemos solicitado la compra de 7 millones más para generar las acciones necesarias a fin de controlar el brote”.

El funcionario estuvo acompañado por el jefe de Gabinete del Ministerio de Salud de la Nación, Lisandro Bonelli, la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti y el subsecretario de Estrategias Sanitarias, Alejandro Costa. También participaron la directora General de Aduana, Silvia Traverso, y el Gerente General de TCA, Alexander Boot.

El camino de INVAP – II

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La primera parte de esta nota está aquí. En ella Daniel Arias describe como y porqué INVAP ganó la licitación australiana. En ésta se describe como se usó un falso «ambientalismo» contra el país. Pues la anterior concluye «Tampoco esperaba lo que sucedió a continuación en Argentina y Australia: Greenpeace y sus imitadores menores salieron con los tapones de punta a difamar la operación.»

«Argentina, dijeron, había ganado ofreciéndose a enterrar (¡¡en Ezeiza!!) la “basura nuclear” que generaría el reactor australiano. Hubo movilizaciones en ambas capitales, firmas de petitorios, juicios que aquí terminaron en la Corte Suprema.

En Australia, Greenpeace organizó no sólo la toma de Lucas Heights, sino un concurso nacional para darle un nombre apestoso al nuevo reactor argentino. Ganó “Chernobyl Heights” por aclamación. Aquí el ecologista Juan Schroeder pulseó un amparo contra INVAP a través de sucesivas instancias judiciales hasta el fallo de la Corte Suprema en 2010, donde perdió. A Schroeder le resultó imposible demostrar que, en violación abierta de la ley 25.018 de residuos radioactivos de 1988, INVAP quisiera transformar a su propio país “en un basurero nuclear”.

El contrato no decía nada de eso. Sólo especificaba que ANSTO podía exigirle a INVAP que gestionara el procesamiento y vitrificación de los combustibles gastados. Pero, reconoció la Corte Suprema, según otra ley, la 25.279 de residuos nucleares, estos no son basura sino más bien sustancias en tránsito rumbo a procesos que las volverán insumos útiles o desechos a espera de reposición geológica final.

La distinción es clave: los elementos gastados están llenos de elementos físiles quemables, desde el uranio 235 sin quemar hasta los actínidos artificiales, muy físiles. Pueden ser reciclados químicamente para hacer nuevos combustibles de óxidos mixtos. Eso lo hacen algunos países en general con poco uranio y gran capacidad nucleoeléctrica instalada, como China o Francia. Con sucesivos reprocesamientos y quemados, la economía nucleoeléctrica se circulariza y se logra un ahorro de un 25% en nueva minería de uranio, o en importaciones de ese metal.

Pero aún si no se quiere o puede reprocesar uranio y actínidos, de todos modos hay que disolverlos en vidrio, junto con los productos de fisión inevitables en los combustibles gastados. Son radioactivos, de largas vidas medias y (por ahora) enteramente inútiles.

Lo vitrificado sí es basura para reposición geológica, y según usos, costumbres y legislación mundial suele volver al sitio donde se originó, en este caso, Australia. El contrato con el ANSTO no dice en ningún lado que INVAP tenga que hacer el tratamiento químico o de vitrificación en territorio argentino, con entrada, residencia en tránsito y fecha de salida. Menos que menos dice que deba quedarse con el producto.

Ojo: hacer eso no era imposible. Pero habría sido una estupidez comercial y política: las instalaciones de Ezeiza no dan para ese propósito y tampoco el ánimo nacional. La opción lógica para INVAP, cuando los primeros combustibles gastados por el reactor australiano se hubieran enfriado térmica y radiológicamente, allá por 2040, sería contratar a los franceses. Son especialistas mundiales y ofrecen ese servicio a decenas de países con reactores y centrales. Inglaterra y Rusia también operan en ese rubro.

Pero no hizo falta. EEUU aceptó quedarse con los combustibles gastados del primer reactor inglés en Lucas Heights, el HIFAR, y de paso también con los que produjera el OPAL.

Parte de las instalaciones de reprocesamiento, operada por Areva Orano en La Hague, Francia. La luz azul (inofensiva) emitida por los combustibles gastados sumergidos es la famosa radiación de Cerenkov.

En 2001 Greenpeace organizó incluso manifestaciones contra “la basura nuclear australiana” en La Hague, sobre la costa normanda. Allí Francia reprocesa y vitrifica los combustibles gastados de más de dos centenares de grandes centrales núcleoeléctricas de entre 900 y 1200 megavatios cada una, de las cuales 59 son propias y producen el 75% de la electricidad francesa. Obvio, también atienden a clientes extranjeros.

La empresa Orano, propietaria de La Hague, ya lleva reprocesadas 34.000 toneladas de combustible gastado desde 1966, una torta inmensamente mayor que las aproximadamente 40 toneladas que habrá generado el pequeño reactor argento-australiano en 2056, cuando pida reemplazo. Y además, Francia no se queda con nada. Lo que entra, sale reprocesado como nuevo combustible o vitrificado con múltiple protección radiológica y marbete de residuo a gestionar en origen, y plink, caja, Madame La République cobra. Igual servicio dan los ingleses, los rusos y próximamente los chinos, aunque por ahora no tienen instalaciones comparables.

Hablando de lo cual, la multinacional de la ecología cobra aportes de sus creyentes en proporción directa al ruido mediático que genera mientras está salvando el planeta. Pero aquella campaña en tres países debe haber salido carísima a quienes la hayan pagado. Y no les sirvió propiamente para nada.

Desde 2006, el OPAL (la piedra semipreciosa típica de Australia, nombre “Nac & Pop” que le dio ANSTO a “Chernobyl Heights”) suministra radiofármacos a unos 80 hospitales australianos, pero además los saldos de exportación ya dominan el 40% del mercado mundial de isótopos médicos, incluido el de EEUU. Es una ironía de cajón, porque el tiempo pasa, y aquellos entusiastas que se movilizaron a principios de siglo y en 3 países contra el OPAL envejecieron, y miles habrán sido diagnosticados de alguna patología circulatoria u oncológica gracias al molibdeno 99m australiano. En un número menor, otros han sido tratados con otros radiofármacos originados en ese reactor que trataron de parar.

Eso nunca sucedió aquí. En Argentina, el viejo RA-3 (sí, de Ezeiza) nos hizo autosuficientes en radiofarmacia desde 1967. En 2022, cuando lo reemplacemos por el RA-10 de 30 MW, Australia tendrá un rival muy duro, dotado del único reactor mejor que el de ellos en todo el planeta. En 2016 el mercado mundial sumaba U$ 16.761 millones, y para 2024 se espera que llegue a los 27.248 millones. ¿A un deudor en problemas como Argentina le podrá servir de algo un 30% de esa torta? Serían U$ 8174 millones/año. Es un poco más que la suma de lo que exportamos este año de maíz (U$ 4874 millones) y de trigo (U$ 3200 millones).

El Dr. Juan Pablo Ordóñez, gerente del proyecto Australia, recuerda el tiempo y energía que gastó INVAP en convencer a su propio país de que no es una empresa criminal. Lo hace en términos más bien diplomáticos en este video:

A mí, menos diplomático, todavía me asusta la cantidad de altos dirigentes de partidos grandes que hasta entrado 2003 seguían firmando gansadas tituladas “Chernobyl en Ezeiza”, o similares sandeces. Entiendo las ganas de esos tipos de aparecer como defensores de la patria en sus épocas de mayor desprestigio político, cuando aún sonaba el irreal “que se vayan todos”. Pero 20 años después, me sigue asombrando la vertiginosa ignorancia tecnológica y legal de esa dirigencia, su desprecio por los científicos y tecnólogos argentinos, extensivo a la capacidad de formarlos que tuvo nuestra educación pública y gratuita. Oportunismo aparte, hay líderes que creyeron en serio que habíamos ganado en Australia por “prostitución radiológica”: tomá mi reactor y dame tu basura, papito.

La escasa educación científica de nuestra dirigencia es un desastre crónico para el desarrollo del país, y recrudece en toda ocasión en que un bruto grave agarra la manija. El bruto puede tener pergaminos, pero lo que lo define como tal es creer que la Argentina tiene futuro exportando naturaleza cruda: soja, carne, petróleo, gas, oro, litio.

Apalancada en su sistema educativo, Finlandia, pese a su desarrollo forestal-papelero y sus astilleros, figura en el mapa tecnológico mundial gracias a Nokia y la microelectrónica. Cosa rara, hasta hoy ningún gobierno argentino –salvo en un punto el de Cristina Fernández de Kirchner- quiso hacer de INVAP, que ya cumple 44 años, algo parecido a Nokia: una empresa argentina “de bandera”. Y hay con qué.

Aceptado, vivir vendiendo reactores nucleares diseñados a medida del cliente no se parece nada a fabricar telefonitos celulares. Es más como vender mitras papales: cada ítem es muy caro, pero el mercado es chico y la reposición, infrecuente. Sin embargo desde el Renacimiento existe el respaldo soberano a las empresas “de bandera”, porque, sean privadas o públicas, representan al propio estado ante otros, y eso beneficia recíprocamente a la firma y al país. INVAP tiene casi todo para ser “de bandera”… salvo el estado.

En 1631, Luis XIII y el cardenal Richelieu apoyaron a los astilleros de Toulon para rivalizar en los mares con Gran Bretaña, y la empresa formada entonces, la vieja DNCS, hoy sigue viva y vende submarinos y naves de guerra con el nombre de Naval Group. Emplea a 13.000 personas en 18 países.

Suecia, país rural y atrasado a principios del siglo XX, hizo lo propio con la aeronáutica Saab desde 1937. En 2009 vendió su división automotriz a GM (que la quebró en 2011). Pero SAAB Dynamics sigue viva, diversificada en todo el arco de Defensa: aviones caza Gripen, aviones AWACS de control aéreo, misiles aeronáuticos, navales y terrestres de todo tipo, radares, equipos de inteligencia, submarinos silenciosos, etc. Saab genera 15.900 empleos directos bien pagos. Es una especie de INVAP nórdica, pero con casi un siglo del estado firmemente detrás.

Y eso hace diferencia. Con mucho menos apoyo, INVAP debería haber vendido ya no 10 ocasionales reactores a 8 países sino 30 o 40 centrales nucleares compactas CAREM a medio mundo. Debería ser un ícono argentino. Esa marca de calidad hoy traccionaría las exportaciones de otras empresas argentinas intensivas en tecnología, desde las de biociencias a las de maquinaria industrial, desde los astilleros hasta las de software.

Sin ese back-up, INVAP se diversificó con razonable éxito técnico en la industria satelital de observación y de telecomunicaciones, la petrolera, la informática, la de turbinas eólicas industriales, en tecnología médica, en radares aeronáuticos, meteorológicos, espaciales y otros sistemas de control de grandes espacios, así como en drones. Un estado menos idiota la habría vuelto un emblema, exactamente como lo fue Embraer para Brasil entre 1969 y 2019, tercer fabricante aeronáutico mundial cuando el presidente Jair Bolsonaro vendió el 80% de sus acciones a la Boeing, ups. Corren tiempos canallas: no todas las tecnológicas “de bandera” de los estados de mediano desarrollo sobreviven. A veces las carnean porque triunfan.

Huérfana crónica de un estado del que, paradójicamente, es la parte más presentable, en sus 44 años INVAP vivió más tiempo al borde de la bancarrota que amparada por alguna seguridad. Eso sí, en los momentos peores, a meses del cierre, siempre la salvó el estado: el estado argelino, el egipcio, el australiano, el holandés, el saudí.

¿No es hora de hacerse algunas preguntas, compatriotas?

(Continuará mañana)

Daniel E. Arias

«Prioridad: desarrollar la industria para la defensa»

El 23 de noviembre AgendAR publicó «Diputados aprueba el «Fondo Nacional de la Defensa», con apoyo de oficialismo y oposición«. Se trató de un proyecto presentado por el entonces presidente del bloque del peronismo, Agustín Rossi.

Ahora, como ministro de Defensa del gobierno de Alberto Fernández, hizo estas declaraciones al periodista Emiliano Guido. Las reproducimos:

«-(Ud. como diputado) impulsó un Fondo Nacional para la Defensa ¿Qué objetivos busca plasmar?

-El Fondef está diseñado para reequipar y desarrollar nuestra industria de la defensa, y para reequipar a nuestras Fuerzas Armadas. Para eso se fija una alícuota, no del PBI, si no de los ingresos corrientes de la administración nacional, que en principio es del 0.35%, pero luego va ir aumentando de forma gradual hasta el año 2023. ¿Cuál es la idea? La idea es contar con un horizonte de inversiones en el tiempo. Yo suelo decir que el Fondef está más pensado para los subtenientes que para los generales.

-¿Por qué?

-Porque el Fondef demostrará a los egresados del colegio militar que el Estado va a generar el equipamiento que necesitan nuestras Fuerzas Armadas. ¿Qué significa desarrollar las capacidades de cada fuerza? En lenguaje militar lo explicaría así: si nosotros tenemos aviones súper sónicos tenemos la capacidad para volar aviones súper sónicos, en caso de no contar con dichos aviones esa capacidad se pierde. El poder de las Armadas del mundo se mide, por ejemplo, con una hoja donde se asienta su patrimonio, ya sean instrumentos como rompehielos, portaaviones, submarinos. Ahora si tu Armada no cuenta con rompehielos no va a poder formar a sus uniformados en el uso de esa nave, es decir no va a poder desarrollar sus capacidades.

Nuestra prioridad es desarrollar la industria para la defensa, que en Argentina tiene cuatro pilares: Fabricaciones Militares, los astilleros con cabeza en Tandanor, FADEA (Fábrica Argentina de Aviones), y el INVAP. La industria para la defensa genera empleo y valor agregado a nuestra economía, sustituye importaciones, además de poder generar exportaciones, todo eso está en línea con el modelo de país industrial que impulsa el gobierno nacional. Las Fuerzas Armadas siempre han ocupado un rol importante en el desarrollo industrial de los países, los principales tecnológicos que usa la ciudadanía a diario, como las computadoras e internet, han sido impulsados en su momento por las Fuerzas Armadas.

-Uno de los objetivos del Fondef pasa por construir un buque polar.

-Sí, porque se necesita para completar toda la dotación de aviones y naves que tenemos para funcionar en la campaña antártica. El buque polar tiene una enorme capacidad de almacenamiento, entonces lo necesitamos por ejemplo para llevar víveres. Creo que estamos en condiciones  de construirlo en nuestros astilleros con una inversión aproximada de 200 millones de dólares.

-¿Se puede articular con el Brasil de Jair Bolsonaro políticas de cooperación en el capítulo de la industria para la defensa?

-Hay una relación de nuestras Fuerzas Armadas con sus pares de Brasil que tiene muchísima intensidad. De hecho hay una alianza de trabajo entre FADEA y EMBRAER (Empresa brasileña de aviones). Independientemente de las miradas ideológicas de cada gobierno tenemos diálogo con toda la región: por ejemplo la semana pasada hable en buenos términos con el ministro de Defensa chileno.

-Antes ese diálogo y cooperación referidos se daba en el Consejo de Defensa Sudamericano. Hoy la región carece de un canal multilateral integracionista en materia de defensa. ¿Cómo articular una posición del sur, autónoma, en dicha coyuntura?

– Sí, esa mesa era parte de uno de los diez Consejos que constituían la Unasur, y la verdad que era una Consejo que funcionaba muy bien, y cobijaba a todos: desde el ministro de Defensa de (Juan Manuel) Santos hasta su par venezolano. Ese Consejo impulsó experiencias interesantes como la Escuela Sudamericana de Defensa que buscaba generar pautas comunes de doctrina. Ese espacio ya no está, entonces hay que intensificar las relaciones bilaterales más allá del signo político de nuestro interlocutor zonal. Me puse a disposición del ministro de Defensa brasileño cuando desapareció su Hércules C 130, y la misma actitud colaborativa tendré con mis otros pares del Mercosur.

-¿Qué acciones llevará a cabo tu gestión para reparar la tragedia del ARA San Juan?

-Primero me parece significativo resaltar el trabajo de investigación hecho por la comisión bicameral del Congreso, su documento me parece ser considerado. Para la instancia judicial hable con la doctora (Marta) Yañez y me puse a disposición. Luego hay una instrucción sumaria que se está haciendo en el ámbito del Estado Mayor Conjunto para determinar responsabilidades, y por supuesto estamos a disposición de todos los familiares directos que fueron víctima del hundimiento.

-Los militares cumplen un rol destacado cuando acontece un desastre de origen natural. Esa misión suele ser aprovechada por los EEUU para hacer injerencia en la región, el caso más emblemático se dio durante el terremoto de Haití en el 2010. 

-El gobierno de Cristina Fernández creó una Secretaría de Coordinación Militar de Asistencia en Emergencias, pero durante los cuatro años de gestión de Macri desapareció dicha Secretaría, es decir desjerarquizó esa agenda de trabajo. Nosotros hicimos lo contrario, volvimos a otorgarle status en el organigrama del ministerio. De hecho a mediados de diciembre tuvimos una presencia durante las inundaciones que se dieron en la ciudad de Santa Fe. Debemos recrear las UNREM, las unidades militares para las respuestas en emergencias, que tienen el equipamiento necesario para dar una ayuda a la población civil en situaciones excepcionales. Es cierto que EEUU busca poner su mirada en el capítulo de las emergencias, entonces me parece necesario que construyamos nuestra propia agenda de trabajo, teniendo en cuenta que ese accionar no hace a la misión principal de las Fuerzas Armadas si no que son parte de una misión subsidiaria, pero que nosotros alentamos porque hace a la interacción entre las Fuerzas Armadas y la sociedad civil.

-¿Por qué Argentina es un caso excepcional en la región en cuanto al no empoderamiento político de las Fuerzas Armadas?

-Hace bastante que vienen siendo una excepción. Cuando me senté en este despacho por primera vez lo que sucedía en la región era que todas las Fuerzas Armadas estaban involucradas en tareas antinarcóticas o de seguridad interior. En algunos lados esa intervención era de forma más deliberada, caso Colombia, y en otros países ese rol se daba de forma más localizada, como sucedía en Perú. Pero eso no sucede en Argentina gracias a nuestra Ley de Defensa y a nuestra Ley de Seguridad Interior, esas normativas delimitan muy bien el campo de acción de nuestras Fuerzas Armadas. Nuestras Fuerzas Armadas adhieren a una construcción civil de la defensa, donde el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas es el Presidente de la Nación, por mi conocimiento e información las Fuerzas Armadas están cómodas con esa concepción.

-Últimos temas, ¿Cómo está Argentina en el capítulo de la radarización?

-El marco de nuestra radarización está estipulada en los presupuestos del SINVICA (Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial), por eso tenemos por ejemplo cubierta toda la frontera norte con radares en Tartagal, Las Lomitas, Ingeniero Juárez, Resistencia, Posadas, y El Dorado entre otras localidades. Toda la información capturada por esos radares se monitorea en una estación localizada en Merlo.

-¿La tarea de las Fuerzas Armadas en el capítulo anti narcóticos es de asistencia logística?

-Este ministerio no está involucrado en tareas de seguridad interior. Cada vez que las Fuerzas Armadas se han involucrado en dicha tarea ha derivado en un fracaso rotundo. En todo el mundo esa participación ha incrementado los grados de violencia, un aumento de las víctimas inocentes y un aumento de los niveles de corrupción al interior de las Fuerzas Armadas.

-¿Cuál es su mirada sobre la Ley de derribo impulsada por el anterior gobierno?

-La Ley de derribo es pena de muerte sin juicio previo. Esa normativa ni siquiera se podía resolver con un decreto presidencial porque va en contra de las garantías de nuestro Código Penal.

«No sólo de soja vive China»

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El apetito de la otra Gran Potencia por nuestras exportaciones no se limita a granos y carne, por cierto. La madera de pino apunta como un nuevo rubro.

El 11 de abril del año pasado publicamos China: ¿nuestra nueva Inglaterra?, una nota bastante reproducida. Pero no debe ser mal interpretada: no refleja viejos resquemores y viejas luchas del siglo pasado. Apunta a que China, con 1.400 millones de habitantes y un crecimiento económico sostenido, es un mercado fundamental para nosotros, como lo fue Inglaterra en otro tiempo. Depende de nosotros decidir qué le queremos vender, y comprar.

Dos científicos argentinos hicieron un importante aporte en la búsqueda de vida extraterrestre

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El interés por conocer el universo y la determinación de no ponerle límites a la ambición llevaron a los mendocinos Lucas Paganini y Gerónimo Villanueva a realizar investigaciones en la NASA y a confirmar y medir la cantidad de vapor de agua en una de las 79 lunas de Júpiter: Europa. El trabajo fue publicado en la revista Nature Astronomy y lo presentaron en la conferencia de la American Geophysical Union, una de las más importantes en la materia.

La primera medición directa de las moléculas de agua en la mencionada luna se realizó a través de la técnica de infrarrojo con uno de los telescopios más grandes del mundo, ubicado en la cima del volcán Mauna Kea, en Hawai.

“En la última década se ha encontrado agua en muchos lugares del Sistema Solar pero en estado sólido. Si bien nosotros no hemos encontrado agua líquida, detectamos vapor de agua, que interpretamos podría generarse de agua líquida bajo la superficie”, aclara desde Estados Unidos Lucas Paganini, a cargo del equipo internacional de la investigación dirigida por el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. “El conjunto de observaciones desde los años 60 y las misiones posteriores dan a entender que hay un océano líquido bajo la superficie. Es por eso que nos resulta tan interesante”.

Su coterráneo y compañero en la agencia espacial estadounidense, Gerónimo Villanueva, agrega que el hallazgo “es muy importante porque la luna Europa es uno de los destinos más importantes para la NASA y otras agencias para la búsqueda de vida fuera de la Tierra. El hecho de encontrar agua abre la posibilidad de que existan condiciones de habitabilidad allí”. El ingeniero y doctor en Astrofísica trabajó con Paganini en el procesamiento de los datos y en las observaciones para extraer la máxima información y entender su validez estadística.

“La luna Europa tiene todos los componentes básicos para la vida”, asegura Paganini, como fuentes de energía, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, potasio y sulfuro. “Pero esto no significa que la haya. Pueden estar todos los componentes pero tal vez falte tiempo, o uno de los elementos o una mayoría de alguno de estos elementos pero es lo más cercano que tenemos a las posibilidades de que exista. Falta ir más cerca y ver si realmente la hay”, aclara el investigador, que estudió Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones en Mendoza y luego obtuvo una beca en Alemania para hacer un doctorado en Física y Astronomía.

Para lograr esta medición, de las 20 que obtuvieron en el telescopio entre 2016 y 2017, los investigadores debieron aprovechar las 17 noches con buenas condiciones meteorológicas. “En una hubo una señal que daba la idea de que era una detección de vapor”, recuerda el argentino que dirigió la investigación. Luego, para confirmar la detección, hicieron estudios estadísticos. “Lo ideal –explica Paganini– hubiera sido detectarlo más veces y con mayor señal pero estamos a una distancia muy lejana. Además, nuestros instrumentos tienen una sensibilidad limitada y funcionan como el oído, podés escuchar hasta cierta distancia pero hay un momento en el que el oído llega a un límite y eso no significa que no haya alguien o algo emitiendo sonido”.

Esta confirmación apoya la hipótesis de que existe un océano debajo de la capa de hielo de Europa y que el agua puede irrumpir cada tanto en grandes géiseres. “Podemos imaginar una actividad tectónica fuerte que produce quiebres en la superficie y genera emisiones esporádicas”, describe Paganini. Otra opción es que haya napas o acueductos cerca de la superficie y que los cambios internos de presión originen estos géiseres.

Otra idea es que la fuerza del campo de radiación de Júpiter despoje partículas de agua en estado sólido de la superficie de Europa aunque esta detección desestimaría un poco esta hipótesis. “Júpiter –afirma Paganini– tiene siempre el mismo campo electromagnético, por lo que debería generar una cantidad constante de partículas de agua. Si fuera así, deberíamos haber detectado agua en más de una ocasión, y no fue el caso”.

Ambos investigadores estudiaron en el país, luego en Alemania, y terminaron en la NASA. “No soy ningún genio, es complicado pero con preparación, determinación y ganas se puede avanzar”, concluye Paganini.

Misiones planificadas para antes de 2030
La agencia espacial estadounidense está desarrollando una misión, denominada Europa Clipper, que se espera se lance en el año 2025 con el objetivo de estudiar si la luna Europa de Júpiter cuenta con las condiciones necesarias para el desarrollo de la vida. La nave espacial orbitará alrededor de Júpiter y hará alrededor de 45 vuelos cercanos para poder escanear la mayor parte de la luna. “Cuando estás más cerca ya podés medir en detalle otros tipos de niveles de agua. Para que nosotros hayamos logrado esa detección de vapor de agua, se tuvo que dar un proceso bastante fuerte de actividad, algo que es esporádico, lo que no significa que haya otros de menor intensidad”, explicó el argentino Lucas Paganini, director del equipo de la NASA que logró la primera medición directa de vapor de agua en Europa.

Por su parte, La Agencia Espacial Europea (ESA) también planifica una misión de investigación a ese mismo objeto del sistema solar: la misión Juice (Jupiter Icy moons Explorer). La nave estará alrededor de tres años observando Júpiter y tres de sus lunas más grandes: Ganímedes, Calisto y Europa. El lanzamiento está previsto para 2022 para llegar al planeta en 2029.

Topper: la tradicional marca argentina comprada por un multimillonario brasileño

Una historia de 139 años con impronta argentina llegará pronto a su punto final. Alpargatas S.A.I.C., la sociedad que manejó la marca homónima desde 1880 en el país, pronto pasará a pertenecer en su totalidad al multimillonario brasileño Carlos Roberto Wizard Martins, quien ejerció la opción de comprar el interés de capital restante luego de haber adquirido el 21,8% en 2018. De ese modo, el empresario se quedará con la marca Topper en la Argentina y en Brasil.

En un comunicado enviado a la Bolsa de San Pablo, la compañía Alpargatas SA (la sociedad en Brasil) informa que Wizard Martins decidió ejercer de antemano «y de común acuerdo con Alpargatas» la opción de comprar el interés de capital restante de Alpargatas S.A.I.C. (la sociedad en la Argentina), que comprende la unidad de negocios relacionada con la marca Topper «en todo el mundo».

El texto aclara que la transferencia de acciones está sujeta «al cumplimiento de condiciones precedentes habituales para este tipo de operación». El precio de compra para el resto de las acciones de Alpargatas S.A.I.C. es de $260 millones de reales (US$64,7 millones). Se pagarán en tres cuotas anuales.

Más de 100 años de historia
En septiembre de 2018, Alpargatas vendió una parte de sus acciones a Wizard Martins, que pagó US$24 millones por quedarse con la marca deportiva Topper en Brasil. La compañía se dividió en dos sociedades: por un lado, una compañía de indumentaria deportiva, y por el otro, el resto del negocio textil y la marca Havaianas, de la cual es dueña.

Una semana después, la compañía anunció el cierre de dos plantas fabriles y el despido de 453 empleados, producto de la «difícil situación coyuntural del país, que implica una fuerte caída en el consumo». En julio de este año, la firma se deshizo de las últimas fábricas textiles que mantenía en la Argentina y, de ese modo, dio por concluida esta unidad de negocios en el país.

Alpargatas es una compañía de 139 años de historia. Comenzó sus actividades en 1880, cuando se asociaron un fabricante de calzados, Juan Etchegaray, y un miembro de una familia de industriales escoceses, Robert Fraser.

En 1907 la firma se expandió a Brasil y fundó São Paulo Alpargatas, compañía que un siglo después se convertiría en su propia controlante. Actualmente, algunas de las marcas que maneja la compañía brasileña incluyen Havaianas y Rueda.

El camino de INVAP – I

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Hace pocos días publicamos una nota de Mario Mariscotti sobre lo que representó para la firma rionegrina de Investigaciones Aplicadas INVAP -y para el reconocimiento de las capacidades tecnológicas argentinas- haber triunfado en la licitación australiana de 1998 para construir un nuevo reactor de investigación y producción de radioisótopos (recomendamos que la lean, si no lo han hecho ya).

Ese artículo hizo recordar a nuestro Daniel Arias anécdotas personales de ese momento… Lo que concluyó en esta crónica sobre logros argentinos… y también sobre las dificultades específicas que tenemos que enfrentar. Nos parece adecuado empezar a publicarla con el nuevo año. Porque una de las mejores consignas que hemos escuchado para estos años 20 es «Dos, tres, muchos INVAPs…». A ver si nuestras provincias, nuestros funcionarios y nuestros técnicos, la recogen.

«Un cafecito con Claudia Schiffer«

Un artículo de Mario Mariscotti, ex gerente de Investigación y Desarrollo de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), me recordó aquel 22 de diciembre de 1999, cuando Héctor “Cacho” Otheguy, gerente de INVAP, me llamó para regalarme el mejor título de mi carrera.

  • Daniel: sentate. ¿Ya te sentaste? Acabamos de precalificar en Australia.
  • ¿Eso es noticia, Cacho?
  • Va en serio. Ya sabés, la licitación por un reactor multipropósito.
  • Sí, OK. ¿Qué pasó?
  • Que el 2 de este mes fuimos en delegación a Sydney e hicimos una presentación que fue un show. Y llamaron hace unas horas. Acabamos de dejar afuera a las dos empresas yankis…
  • ¿General Atomics? ¿Y la otra, aquella…?
  • Sí, y también a Hitachi y a Skoda.
  • ¿También Skoda? No sabía que estaban.
  • Sí. Chau, checos.
  • ¿Entonces quedamos en pie…?
  • Nosotros. Contra los canadienses , los franceses y los alemanes. ¿Qué tal?

Es decir, la mínima INVAP quedaba en pie … contra AECL, Technicatome y Siemens, multinacionales poderosas y con gran respaldo diplomático y financiero de sus estados. Me quedé callado unos segundos. Odio dar malas noticias.

  • Cacho, te quiero un montón… pero no tenemos un título. Sin título no hay artículo.

El tipo se quedó tratando de entender aquello con el celular en la mano: químico nuclear y gerente de INVAP desde la partida del fundador, Franco Varotto, Otheguy tiene habilidades múltiples pero, para su fortuna, no es periodista. ¿Cómo explicarle que la precalificación (que no es la victoria) de una firma poco conocida en su propio país (INVAP entonces lo era) en una licitación aún más desconocida (la de Australia también lo era) por la venta de un pendorcho indescifrable para el argento promedio (toma diez minutos explicarle un reactor multipropósito a doña Rosa); todo eso no constituye noticia, y “por cuádruple no”? Traté de ayudarlo.

  • Cacho, aquí la gente no tiene cabeza más que para la crisis. Con Australia sólo tendríamos un título si finalmente les ganáramos a los canucks, a los franceses y a los alemanes, aunque más no fuera jugando al truco. Por orgullo nacional. Pero un triunfo-triunfo. Eso siempre funciona.

El tipo devolvió de sobrepique:

  • ¿Querés un título? ¿Qué tal: “Un cafecito con Claudia Schiffer”?

“Touché”. Sé rendirme cuando me derrotan.

Para los desmemoriados por vejez o ignorantes por juventud, aquella modelo alemana, Claudia Schiffer fue la única refutación viviente del axioma de que las bellezas que importan son todas morochas. En los ’90 eso lo entendía cualquier compatriota de cualquier género. Lo del cafecito también.

Así las cosas, el artículo salió con ese título de Cacho Otheguy en un semanario de fugaz éxito en esos años, antes del 2001.

Claudia Schiffer como metáfora de la precalificación de INVAP en Australia recae en Héctor “Cacho” Otheguy, entonces gerente de la firma. Descarté fotos mejores. Somos un portal serio.

Lo que yo no me imaginaba era que en Australia, por cuyo reactor INVAP estaba dando la pelea de su vida y por su vida, las cosas irían mucho más lejos que un cafecito. Ganar allí era impensable. Pero sucedió. Y le cambió la vida a Australia (un poco), le devolvió la vida a INVAP (un tiempo), y ante alguna gente poderosa del Hemisferio Norte, le dio otro “look” de comercio exterior a nuestro país (no mucho, pero en la dirección correcta).

Nada de esto resulta fácil de probar, pero es verdad. Siguen los detalles.

2. Lo intimidante de Australia Schiffer

Mapa del ex Ministerio de Energía de Aranguren mostrando los reactores en los que estuvo INVAP. Típico, faltan 3 reactores en Argentina, y el operativo desde 2019 en Arabia Saudita: casi la mitad.

Desde 1983 INVAP sigue viva -contra todo pronóstico- porque gana licitaciones afuera cuando está a punto de cerrar, y está a cada rato a al borde de hacerlo debido a la mucha gente que cree que ya no debería existir, algunos afuera, la mayoría aquí. Vamos por partes.

Aquel 22 diciembre de 1999 INVAP precalificó en Australia para la venta de un reactor nuclear que, inesperadamente para los compradores, terminó siendo el mejor del mundo, incluso al día de hoy. Sólo lo superará el RA-10 hoy en construcción en Ezeiza, a inaugurarse en 2022.

En aquella licitación australiana no asustaban Siemens, Techinicatome ni AECL “per se”: ya INVAP las había derrotado en otras confrontaciones. Sin ir más lejos, en 1992 en la licitación del reactor ETRR-2 de Egipto, aparato para el caso algo más potente en megavatios térmicos, pero menos complejo que el propuesto luego a los australianos. El de Sydney es 4 reactores en uno: uno de formación de personal, un segundo de producción de radioisótopos, un tercero de investigación en ciencia de materiales y un cuarto de fabricación de silicio dopado para la industria microelectrónica.

Más aún: antes de arriesgarse en Egipto, la firma nuclear barilochense le había dado la paliza a los franceses en Argelia, en 1985. No era poco decir. En los ’80 Madame la République se había vuelto la mayor y más exitosa constructora nuclear del mundo. Pero sumando humillación al daño, INVAP la tuvo que derrotar en su mejor momento y en su mayor ex colonia.

Sacar del ring a los EEUU, el país que inventó la industria nuclear, en Bariloche ya no era noticia: toda vez que aparecía INVAP en una licitación, las ofertas yanquis se caían solas por tecnología vieja “y de anaquel”, en lugar de laboriosamente diseñada a medida del cliente. Con eso y transferencias de tecnología muy abiertas, los barríamos rutinariamente, salvo que hubieran comprado al comprador, como acababa de suceder en Tailandia, en 1997. Sí, veníamos sumando adversarios fuertes.

Lo que intimidaba de Australia era el tamaño del enfrentamiento, desmesurado para el perfil de país y el monto de la posible venta. INVAP nunca ganó por precio, aunque en arenas periféricas como Perú, Argelia y Egipto el hacer valer la transferencia de tecnología dentro del precio final ganaba votos. El cliente aprendía a ingeniería nuclear práctica, a hacer reactores, casi a no necesitarnos. Pero Australia era Primer Mundo y compraba “llave en mano” porque –de puro ecologista- a aquel estado-continente no le interesaba aprender de ingeniería nuclear, salvo como usuario y operador. Había que ganar por calidad y/o precio y/o financiación.

El antinuclearismo de la población australiana entonces era enorme. Parte de los habitantes de Sydney habrían preferido importar radioisótopos medicinales a seguir manteniendo un reactor operativo en las frondosas colinas de Lucas Heights, que es a esa ciudad lo que los bosques de Palermo son para Buenos Aires. Puede resultar extraño tanto ecologismo antiatómico cuando Australia es el segundo emisor mundial de dióxido de carbono por cabeza de habitante: con 16,2 toneladas/año/persona sólo les gana Arabia Saudita, con 16,3. Pero bueno, tienen carbón a patadas y lo queman y exportan a lo pavote. Fuera de lo cual, sin duda, son grandes ecologistas.

Así las cosas, en ocasión de sustituir el viejo reactor nuclear inglés HIFAR de Lucas Heights, la Australian Nuclear Science and Technology Organization (ANSTO) tuvo que sudar la camiseta para que el Parlamento y la prensa les dieran luz verde con la sustitución. Y luego, para cubrirse de críticas ulteriores, ANSTO diseñó el mecanismo de adjudicación más transparente de la historia nuclear mundial hasta aquel momento.

De no ser por eso, no ganábamos.

El reactor OPAL a fecha de inauguración, en 2006. La extraña jaula que recubre el techo del edificio principal es un blindaje contra el impacto de aeronaves. En 1998, 3 años antes del atentado contra las Torres Gemelas, INVAP ya tomaba ese tipo de precauciones de diseño.

El original sistema de puntaje de ANSTO consistió en formar subcomités de expertos que puntuaban por separado únicamente un subsistema de cada oferta en lugar de su totalidad. Sin comunicarse horizontalmente entre ellos, los subcomités elevaban cada “score” a la jefatura. Así, había un comité únicamente para sistemas de control de los 7 reactores ofrecidos, otro exclusivo para los de seguridad, otro para la termohidráulica y refrigeración del núcleo de cada oferta, otro para capacidad de producción de radioisótopos, otro para aplicaciones científicas e industriales de los haces de neutrones, etc.

La jefatura de ANSTO y el gobierno australiano empezaron a inquietarse cuando la oferta de INVAP iba sacando el puntaje tope en cada subcomité. Entiéndase bien: los tipos se habían hecho esclavos de ese método. Entiéndase bien: si bochaban la oferta de mejor calidad, tendrían que dar la cara por defender la segunda opción. Entiéndase bien: no querían en absoluto un triunfo argentino. Suponía un tremendo despelote político, y ya venían teniendo de sobra en casa.

Al reactor HIFAR los australianos se lo habían bancado desde 1958 porque daba plata, pero sobre todo, por inglés, ergo bueno. Sería terriblemente difícil explicarle a Mrs. Rose (la doña Rosa de Sydney) que la máquina nuclear de reemplazo del HIFAR y con el doble de potencia (20 MW térmicos) era un diseño de un país sólo conocido por exportar naturaleza cruda, futbolistas notables y recurrentes titulares de calamidades económicas, políticas y sociales.

Explíquele a un cheto de La Horqueta de San Isidro que va a ser vecino de una petroquímica diseñada y construida por una empresa de la República del Congo, aunque muy meritoria. Es más o menos lo que sucedió. No por nada, para precalificar, Cacho Otheguy y comitiva habían tenido que ir a Sydney para responder 1200 preguntas y objeciones. Nos querían barrer de entrada.

El 4 de junio de 2000 ganó la oferta argentina. El 17 de diciembre de 2001 Greenpeace con miles de manifestantes le pasó por encima a la seguridad y copó el predio de Lucas Heights, donde todavía no empezaba la obra, para mostrar justamente lo insegura que era la instalación ante un ataque terrorista. En 2002, con el estado argentino al borde de la implosión e INVAP sin pagar los sueldos, Australia invitó discretamente a la firma argenta a desistir de la obra. Todo muy bien con Uds., chicos, pero no con su país.

INVAP, aún más discretamente, les dijo que de irse, “ni ahí”. El resultado está a la vista en Sydney desde 2006. En 2009, nuestros rivales canadienses de AECL querían desesperadamente una máquina similar a la argentina, con 300 días/año de “uptime” y una producción inexplicable para su baja potencia, porque estaban por perder –de puro viejo- el reactor de Chalk River, que alguna vez les dio el control del 60% del mercado mundial de radioisótopos. En 2016 con aquel reactorcito argentino que costó U$ 180 millones, Australia estaba atendiendo a 470.000 compatriotas suyos, y con los radiosótopos excedentes copó un tercio del mercado mundial, que aquel año anduvo en casi U$ 17.000 millones. Y podian ir por más y atrapar la mitad.

Pero todo eso en 1999 no lo sabía nadie. Aquel año, ganar en Australia por financiación habría sido imposible. El Banco Nación no arriesgaba un centavo en exportaciones incomprensibles, como las de INVAP. El de Río Negro –patria chica de INVAP- no daba garantías creíbles afuera. No con Argentina fundiéndose (de nuevo) al compás de un combo fatal de recesión y endeudamiento.

Y el ruedo australiano estaba complicado para ganar por precio. La mishiadura de las todavía poderosas empresas nucleares occidentales, impedidas de vender nuevas centrales de potencia desde el accidente de Chernobyl, había transformado aquella licitación por un reactor chico en Sydney en un “todos contra todos” en el Coliseo de Roma. A buen hambre, no hay pan duro: los desesperados gigantes nucleares norteamericanos, europeos y asiáticos bajaban a la remota capital australiana para jugarse el cuero, y por chirolas. De modo que por “dumping”, a la Siemens, AECL o a Technicatome no le ganábamos ni disfrazados de gaucho.

El único enano en aquel combate (y el único desamparado por su propio estado) era INVAP. Y su única opción era ganar por calidad de oferta.

Es lo que sucedió el 4 junio de 2000: Claudia Schiffer, siguiendo la metáfora de Otheguy, dio el “sí”. En realidad, lo hizo Ross Miller, gerente de tecnología de ANSTO, que levantó de la cama al jefe del Proyecto Australia, Juan Pablo (a) “La Parca” Ordóñez.

No sé su caso o el de Cacho: confieso que yo no lo esperaba. Tampoco esperaba lo que sucedió a continuación en Argentina y Australia: Greenpeace y sus imitadores menores salieron con los tapones de punta a difamar la operación.

(Continuará mañana)

Daniel E. Arias

Aumentos en los alimentos, al finalizar la exención del IVA

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A horas del final, del 2019 y de la exención impositiva para productos de la canasta básica, el Gobierno, las empresas proveedoras y los supermercadistas (los más grandes) llegaron a un acuerdo. Del 21% del IVA, supermercadistas y proveedores acordaron absorber un 14% promedio. Los alimentos que luego de las PASO no tributaban ese impuesto subirán, también en promedio, un 7%.

La exención del IVA a varios alimentos de la canasta básica finalizaba el 31. Por eso las negociaciones se extendieron durante el último día del año. Estos aumentos comenzarán a regir desde hoy jueves 2 de enero.

Según el acuerdo, el traslado de IVA a precios es el siguiente:

-Leche fluida 0%
-Pan artesanal de panadería «flauta» 5%
-Yogurt firme y sachet, entero y descremado 7%
-Arroz largo fino, parboil, cuatro ceros y cinco ceros 7%
-Azúcar 7%
-Pan lactal blanco en todas sus presentaciones 7%
-Polenta 7%
-Conservas de vegetales incluidos tomates en todas sus presentaciones 7%
-Harinas triple cero, cuatro cero y leudante 7%
-Yerba con palo y sin palo 7%
-Mate cocido y té sin ensobrado 7%
-Huevos 7%
-Aceites mezcla y girasol 9% Pan rallado y rebozadores 10,5%

La reducción temporaria del IVA hasta el 31 de diciembre a un grupo de productos de la canasta básica fue implementada por el gobierno de Macri para intentar contener (sin éxito) el impacto de la devaluación. La medida fue cuestionada ante la Justicia por la mayoría de los gobernadores provinciales que vieron recortados sus fondos (el IVA es uno de los impuestos que se coparticipa).

Sin embargo, se informó que en los próximos días la reducción del IVA estará disponible para los beneficiarios de la tarjeta Alimentar, la AUH y los jubilados que perciban el haber mínimo.

Como señalamos anteayer en AgendAR, el gobierno hace equilibrios entre objetivos -aumentar la recaudación fiscal y reactivar el consumo- con acuerdos de detalle, que lo obligan a advertir que controlará los precios y considerar la aplicación de la Ley de Góndolas. Una «sintonía fina» de emergencia.

Las calificadoras de riesgo suben la nota de Argentina. Sale de «default selectivo»

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Standard & Poor’s elevó la calificación crediticia de la Argentina desde «Default Selectivo» a «CC», revirtiendo el recorte que había hecho a principios de este mes provocado por la decisión del nuevo gobierno de retrasar los pagos de US$ 9.100 millones en Letras del Tesoro de marzo a agosto.

«Como los nuevos términos entraron en vigencia de inmediato, el incumplimiento de estos instrumentos a corto plazo se ha subsanado efectivamente», dice S&P, que también citó la exitosa venta del Gobierno de deuda denominada en pesos. Sin embargo, su perspectiva sigue siendo negativa, reflejando «prominentes riesgos a la baja para el pago oportuno y completo de la deuda», afirma en un comunicado.

Esta actualización de S&P, como la decisión de Fitch Ratings de elevar la calificación de Argentina hace una semana retrotraen la situación a agosto, cuando Fitch y S&P Global rebajaron la calificación de Argentina a incumplimiento selectivo después de que el ex presidente Mauricio Macri reperfiló los pagos de US$ 7.000 millones en bonos del Tesoro, antes de levantar la calificación unos días después.

Por una minería sustentable. La propuesta de Enrique Martínez

El ingeniero Enrique Martínez, que fue titular del INTI hasta 2011, no es conocido por su estilo diplomático. Pero no se puede cuestionar su conocimiento de las actividades productivas y su patriotismo. En este reportaje de la agencia Paco Urondo, plantea alternativas que proponen salir de las posiciones binarias: la megaminería como la única actividad económicamente racional, y un ambientalismo que no se preocupa si la extracción de minerales es necesaria o no; su única consigna válida es «No en mi localidad».

«La discusión sobre la mega minería en Mendoza, que replica los conflictos en otras provincias argentinas, invita a la reflexión conceptual profunda. El tema es muy importante y además es necesario salir de los planteos binarios, que juegan a blanco o negro y terminan siendo cruces de caminos muchas veces falsos o mal definidos.

Empecemos por alguna punta. 

La minería es una actividad económica antiquísima, que extrae elementos que se han incorporado a la vida cotidiana de los pueblos desde hace milenios.

A medida que se fue conociendo mejor los procesos de separación y de purificación se fueron acotando los daños ambientales, que formaron parte de la historia de la humanidad, que no evaluó como debía estas facetas hasta hace algo menos de un siglo. La minería del plomo en Jujuy, con efectos que se extienden hasta los suburbios más pobres del conurbano, que recuperan plomo de baterías, es tal vez el caso más dramático en nuestra historia. Por supuesto, a escala mundial se pueden escribir enciclopedias completas, con casos vinculados al petróleo o a minerales sólidos; a emprendimientos grandes o muy pequeños. 

Hoy, como en casi todo otro plano, hegemoniza el escenario el gran capital. Ellos plantean proyectos para la periferia que agotan las minas en 25/30 años máximo y que exportan material sin purificar, trasladando el agregado de valor importante a sus casas matrices. Es sabido que exportamos concentrado de cobre e importamos casi todo producto hecho con cobre refinado. Lo mismo pasa con buena parte del aluminio; con todas las tierras raras; con el litio.

Nos dicen que las plantas pequeñas no son económicamente viables. Es falso de toda falsedad. Investigadores de la Universidad de Chile han mostrado que se puede preparar proyectos rentables de oro, cobre y plata con inversiones desde un millón de dólares y que se puede integrar hacia adelante para producir desde 100 toneladas, de cobre fino por año, con inversiones alrededor de 100.000 dólares.

Nos dicen que es inexorable generar algún efecto ambiental a tolerar. También es falso de toda falsedad. La pequeña minería de oro, con toda la avaricia simbólica asociada, ha sido ejemplo límite de los riesgos que los humildes están dispuestos a correr, ya que muchos años se usó mercurio para hacer una amalgama con oro que lo extrae del resto de los minerales, pero con un efecto contaminante aterrador sobre las personas y el medio.

Hay un documento de Naciones Unidas para el desarrollo, de 1997, que analiza este caso límite y recomienda seguir el ejemplo de Venezuela de aquellos años, que compraba a los mineros el concentrado primario y utilizaba luego mercurio en un Centro de Procesamiento con todas protecciones ambientales necesarias, sin contaminar personas ni el medio. Naciones Unidas es enfática señalando que ese es el camino.

El gran capital resolvió la cuestión. Admitió que se prohibiera el uso de mercurio y se lo reemplazó por un proceso con cianuro y ácido sulfúrico que en principio solo es accesible a las grandes explotaciones. Como en otros casos, se puso al chico adelante, para llevarse todo el pastel.

Hoy, sin embargo, ya hay procesos de uso de bacterias que evitan totalmente el uso de cianuro y reducen el uso de sulfúrico a cantidades enteramente controlables. La gran industria no se da por enterada, en parte por costos y en parte porque eso rehabilitaría la entrada de capitales modestos.

Se dice que la minería usa el agua que se necesita para otros destinos. Eso es solo parcialmente cierto.

Es correcto decir que una mina grande usa agua equivalente solo al riego de unas 100 ha. y además éste último puede mejorar mucho su eficiencia eliminando el riego por manto y yendo hacia el riego por goteo, que es infinitamente más sensato.

Ahora bien, en las cantidades el reclamo puede ser alarmista. Pero está claro que si el agua que fluye fuera de la mina tiene ácidos o compuestos dañinos para cultivos o personas, no importa el volumen, se contamina todo. De modo que el reclamo de evitar la contaminación es absolutamente pertinente.

¿Existe la forma? Si, rotundamente. ¿Se puede controlar que no se violen los procedimientos? Por supuesto, debe participar la comunidad en cada paso necesario.

Un comentario final. ¿Y si la minería fuera la forma de sacarnos de encima buena parte de la deuda externa, no deberíamos apelar a las empresas más grandes y resolver el problema, aunque queden algunos daños detrás? Es otro razonamiento falso. Si dimensionamos las explotaciones a escala mediana no contaminante; se plantea la integración hacia adelante, con producción de bienes finales; se hace la cuenta del efecto sobre la balanza de pagos, probablemente allí descubriremos que el valor de las exportaciones de concentrado no es mayor que el valor de los bienes finales que dejamos de importar. Con el agregado que el nivel de ocupación podría multiplicarse hasta por 10; los saberes regionales se incrementarían enormemente; podríamos pensar en exportar bienes finales cuya materia prima tenemos en el país; la dependencia del capital extranjero se reduciría.

En fin, seríamos un país independiente, próspero y vivible.»

No todo lo que hace Donald está mal: dispondría el libre acceso a la ciencia que financia el Estado

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La administración Trump está considerando emitir una orden ejecutiva que facilitaría el acceso gratuito a la investigación financiada con fondos públicos.

Según E&E News, la Casa Blanca está considerando disponer, a través de una orden ejecutiva, que toda investigación financiada por el gobierno federal esté inmediatamente disponible para el público una vez publicada. Actualmente, gran parte de la investigación financiada con fondos federales se publica solamente en forma comercial durante un año antes de que se haga pública. Según los informes, la orden ejecutiva exigiría eliminar ese período de pago.

No está claro qué motiva a la administración a emitir este mandato, y el texto de la posible orden ejecutiva aún no se ha publicado. En este punto, es difícil evaluar completamente sus méritos.

Pero si lo que se informa es cierto, esto podría ser una gran victoria para un movimiento conocido como Open Science (Ciencia Abierta), que se ha quejado de que durante demasiado tiempo, la investigación financiada por los impuestos se ha bloqueado detrás de costosos muros de pago, manteniéndolo fuera del alcance de los contribuyentes.

Cuando se trata de ciencia, la administración Trump es mejor conocida por refutar el claro consenso científico sobre el cambio climático y por rechazar las protecciones ambientales. Pero eliminar el período de pago en realidad sería bastante positivo para la difusión del conocimiento científico.

Los editores, sin embargo, no están contentos. El miércoles, más de 125 editores científicos de revistas científicas (incluido el gigante Elsevier, así como Wiley) y grandes organizaciones científicas (como la Asociación para la Ciencia Psicológica y la Unión Geofísica Americana, que también publican revistas) firmaron conjuntamente una carta de condena a la potencial orden ejecutiva. Otros signatarios notables incluyen la American Heart Association y el editor del New England Journal of Medicine.

En la carta, escriben que la orden ejecutiva «pondría en peligro la propiedad intelectual de las organizaciones estadounidenses dedicadas a la creación de revistas revisadas por pares de alta calidad» y que la medida «nacionalizaría efectivamente la valiosa propiedad intelectual estadounidense que producimos y obligarnos a regalarlo al resto del mundo de forma gratuita «.

Los editores temen que los cambios puedan dañar sus negocios. Tienen motivo: tendrían que comenzar a regalar algo que normalmente cobrarían gratis. Pero hay un caso sólido a favor de que el modelo de negocios debería cambiar. Y los editores ya se enfrentan a una creciente ola de financiadores de la ciencia que exigen que la investigación desarrollada a partir de su subvención se publique libremente para que el público la lea.

El estado, el capitalismo y la innovación. El pensamiento de Mariana Mazzucato

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Mariana Mazzucato es una economista nacida en Roma que​ es profesora de Economía de Innovación y Valor Público y directora del Instituto para Innovación y Propósito Público en University College London y el RM Phillips Chair en Economía de Innovación en la Universidad de Sussex. Es decir, tiene todas las credenciales académicas que otorgan respetabilidad.

A pesar de eso, sostiene teorías chocantes al pensamiento económico «correcto». Dice que el Estado es un actor necesario en la innovación capitalista. Y que el papel de los bancos en la creación de valor está sobreestimado. Esta crítica de uno de sus libros, publicada este mes, permite una visión de su pensamiento menos superficial que las habituales notas periodísticas. Recomendamos leerla con tiempo, no para aceptar sus ideas a libro cerrado. Para debatirlas.

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«Hay un tipo de trabajo que aumenta el valor del objeto al que se incorpora, y hay otro tipo que no tiene este efecto. En tanto produce valor, el primero puede ser llamado trabajo productivo: y el segundo, trabajo improductivo» (Adam Smith, La riqueza de las naciones, 1776)

«Los bárbaros barones del oro; ellos no encontraron el oro, no extrajeron el oro, no molieron el oro, sino que por medios de alguna rara alquimia todo el oro les pertenecía» (Bill Haywood, fundador del primer sindicato industrial de Estados Unidos, 1929)

«Entre 1975 y 2017 el producto interno bruto (PIB) real de Estados Unidos se triplicó: pasó de 5,49 a 17,29 billones de dólares. Durante ese periodo la productividad creció alrededor del 60%; sin embargo, desde 1979 los sueldos por hora reales de la gran mayoría de los trabajadores estadounidenses se han estancado o reducido. En otras palabras, durante cerca de cuatro décadas una pequeña élite se ha apoderado de casi todas las ganancias de una economía en expansión». ¿Es porque son miembros de la sociedad particularmente productivos?»

Así arranca Mariana Mazzucato, catedrática de Economía de la Innovación y Valor Público en el University College de Londres (UCL), el prefacio de su última obra: El valor de las cosas.

Autora de un sugerente y esclarecedor libro sobre el papel del Estado y las instituciones públicas en la creación de valor y el desarrollo económico en las economías occidentales, El Estado emprendedor, Mazzucato pone su atención, en su nuevo trabajo, en la distorsión que ha supuesto la imposición de una narrativa acerca de la creación de valor, así como en los criterios seguidos para su cuantificación e inclusión en las cuentas nacionales como parámetros representativos de los niveles de renta y bienestar de nuestras sociedades.

Mazzucato considera que se necesita una narrativa alternativa acerca de quién creó la riqueza, en primer lugar, y quién la extrajo, generalmente en su beneficio, posteriormente, Un proceso: la captura o extracción de rentas que bien podría describirse así: los tomadores se imponen a los hacedores y el capitalismo «depredador» al capitalismo «productivo», gracias a lo cual el 1% ha accedido al poder por encima del 99% restante.

En su tentativa de encontrar las bases en las que sustentar una teoría del «valor» que desvele correctamente los mecanismos de su creación y los agentes económicos, sociales e institucionales implicados, así como sus beneficiarios últimos, realiza una incursión histórica, desde los economistas preclásicos hasta la denominada revolución marginalista de la segunda mitad del siglo XIX. Una visión panorámica en la que sintetiza las aportaciones más relevantes a la teoría del valor que ocupa cerca de la mitad del libro, sin novedades interpretativas relevantes, que encuentra su justificación en la necesidad de establecer un anclaje en la teoría del valor-trabajo formulada por los principales economistas del clasicismo económico (Smith, Ricardo y Marx), prevalente hasta la revolución marginalista (Walras, Jevons y Menger) y la sistematización posterior de Pareto y Marshall, que contribuyeron a imponer en el pensamiento económico triunfante una teoría expresiva del valor de carácter subjetivo y desvinculado del coste del factor trabajo, por la que la utilidad marginal y la escasez determinan los precios y el tamaño del mercado. El precio sería, en última instancia, la medida del valor.

Así, lo que el modelo ganaba en versatilidad lo perdía en la falta de capacidad para medir lo que Smith llamaba «la riqueza de las naciones»: la producción total de una economía en términos de valor.

Mazzucato se ve en la necesidad de explicitar qué entiende por los conceptos de creación y extracción de valor. Por «creación de valor» se refiere al modo en el que las diferentes clases de recursos (humanos, físicos e intangibles) interactúan con el fin de producir nuevos bienes y servicios. Por el contrario, «extracción de valor» supondría que las actividades se centrarían únicamente en mover recursos y productos ya existentes y en ganar de manera desproporcionada con su comercio posterior.

Su objetivo de crear una economía más justa en la que la prosperidad se comparta de una manera más amplia y que, por lo tanto, sea más sostenible lo vincula no solamente a una política progresista de gravar la riqueza, sino a lograr una nueva narrativa, una nueva interpretación y un amplio debate acerca de la creación de riqueza. Y, para ello, echa mano del pensamiento clásico, que partía de una distinción clara entre el «trabajo productivo» y el «improductivo» y una visión ricardiana de la teoría del valor-trabajo que rescata, al tiempo que la reinterpreta con Marx y que considera más adecuada que la teoría neoclásica o marginalista para profundizar en la cuestión del «valor» en la economía globalizada actual.

La innovación en el sector financiero y la industria farmacéutica

Para Mazzucato, el extraordinario crecimiento del sector financiero, con ser preocupante, no lo es tanto como el intenso proceso de financiarización del conjunto de la economía.

El término «banca en la sombra» acuñado en 2007, describe un conjunto de instituciones bancarias o parabancarias que realizan actividades similares a las de la banca y que generan una amplísima red de diferentes intermediarios financieros, no sometidos a una regulación tan estricta como los bancos y que, surgidos de la nada, se expanden allí donde los bancos han sido condenados a contraerse. Como se caracterizan, en general, por ser «finanzas impacientes» que buscan retornos elevados a corto plazo, su comportamiento puede afectar a la capacidad productiva de la economía y a su potencial para la innovación.

Un fenómeno de nuestro tiempo, pero no inusual. Ya Winston Churchill, en 1925, siendo ministro de Hacienda y al observar la manera en que estaban cambiando las finanzas, afirmó que «prefería ver las finanzas menos orgullosas y a la industria más satisfecha».

«La intermediación financiera -el coste de los servicios financieros- constituye una forma de extracción de valor cuya escala reside en la relación entre lo que cobran las finanzas y el riesgo que realmente asumen» (pág. 215).

Así, la denominada gestión de cobros se ha convertido en una de las carácterísticas que definen el capitalismo moderno, y su reforma, no imposible, a través del establecimiento de una tasa a las transacciones financieras -aún no implantado- podría facilitar la reasignación hacia las inversiones a largo plazo en vez de los sustanciosos, aunque no creadores de valor, intercambios rápidos de un milisegundo.

El concepto de innovación es central en el análisis de Mazzucato.

Existe un acuerdo general sobre el papel de los cambios tecnológicos y organizativos como fuente principal de crecimiento y de creación de riqueza a largo plazo. Pero, para la autora, la innovación exige para su proceso de creación la presencia de tres carácterísticas: su carácter acumulativo, la incertidumbre que la preside y su carácter colectivo.

Es acumulativa, y en muchos casos el resultado de una inversión preexistente y en gran medida, fruto de inversiones a largo plazo que se realizaron a través de los años.

Es incierta. Con un alto grado de fracaso, y en general puede requerir mucho tiempo desde la concepción de la idea hasta su realización y comercialización. Con frecuencia pueden pasar décadas,

Y es colectiva. Como la autora desarrolló en su aclamado El Estado emprendedor, las ayudas públicas de Estados Unidos se encuentran detrás de innovaciones como el i-Phone, Siri, el GPS o la pantalla táctil, y supusieron ingentes cantidades de dinero gastado por el Departamento de Defensa de EE. UU., su armada, la CIA o la DARPA (Agencia de Proyectos de Inversión Avanzada de Defensa).

En el sector farmaceútico, la investigación muestra que el origen en los avances de dos terceras partes de los medicamentos más innovadores (nuevas identidades moleculares con calificación prioritaria) se remonta a la financiación de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU.

Una de las formas de extraer valor o «extracción de valor patentada» se realiza a través de la instrumentalización de patentes, herramientas asociadas como los copyrights y las marcas registradas, que han pasado de ser mecanismos para estimular la innovación a medios utilizados para su bloqueo. Lo exponía así The Economist (08-10-2015): «Se supone que las patentes propagan el conocimiento al obligar a sus propietarios a exponer su innovación para que todo el mundo la vea (?). En lugar de eso, el sistema ha creado una ecología parasitaria de trols y detentadores de patentes defensivas que bloquean la innovación, o la entorpecen a menos que puedan hacerse con una parte del botín».

Un fenómeno de extracción de valor que es posible que no encuentre un ámbito más representativo que en el del precio de los medicamentos.

Un caso reciente ilustra cómo las patentes conducen al monopolio.

En 2014 el gigante farmaceútico GILEAD sacó al mercado un nuevo tratamiento para el virus de la hepatitis C llamado Sovaldi, que supuso un avance notable respecto a las terapias existentes contra esta enfermedad que afecta a 3 millones de personas en EE. UU. y a 15 millones en Europa. En el mismo año, GILEAD lanzó una versión mejorada de Sovaldi conocida como Harvoni. Un tratamiento de 3 meses cuesta 84.000 dólares (mil dólares por pastilla) en el caso de Sovaldi y 94.000 dólares en el de Harvoni.

¿Cómo justifica la industria el cobro de estos precios que son centenares de veces más altos que los costes de producción?

Una línea de defensa tradicional de la industria consistió en justificar los precios por el enorme gasto en la investigación previa hasta la comercialización del producto, pero la realidad es muy distinta: los gastos en investigación básica en la industria farmaceútica son, en general, muy bajos en comparación con los beneficios que genera. También es muy bajo el gasto en marketing, y con frecuencia menos de lo que dedican a subir a corto plazo el precio de las acciones, las opciones sobre acciones y el pago a los ejecutivos.

Además, la financiación que da paso a la innovación farmaceútica definida en términos generales como nuevas entidades moleculares procede, fundamentalmente, de laboratorios financiados con dinero público.

La industria farmaceútica concentra cada vez más el gasto en I+D en la fase de desarrollo menos arriesgada y en los «medicamentos equiparables» que solo presentan ligeras variaciones de los productos existentes.

En el caso de Sovaldi y Harvoni se calcula que los inversores privados no gastaron más (y quizás menos) de 300 millones de dólares en I+D durante una década. En los primeros seis meses de 2015 los dos medicamentos generaron alrededor de 9.400 millones de dólares en ventas (y 45.000 millones de dólares en los tres primeros años desde su lanzamiento entre 2014 y 2016).

Una realidad incontestable que obligó a modificar la línea de defensa de la industria y a utilizar un argumento alternativo: los precios son proporcionales al «valor intrínseco de los medicamentos». El «valor» se sitúa como el referente fundamental del precio.

John LaMattina, antiguo vicepresidente de Pffeizer fue más explícito que nadie. En 2014, en un artículo publicado en la revista Forbes con el titular «Los políticos no deberían cuestionar el coste de los medicamentos, sino su valor», mantuvo que el precio debería vincularse con el valor que el medicamento aporta en términos de salvar vidas, mitigar el dolor y reducir los costes sanitarios generales, y, al hablar del medicamento Soliris, de la farmaceútica Alexion, utilizado para tratar una forma poco común de anemia y trastornos renales, con un precio de 440.000 dólares/año por paciente, argumentó que el precio no tenía ninguna relación con los costes de I+D necesarios para sacar el medicamento al mercado.

Un análisis básico y ortodoxo de la elasticidad de demanda ( es decir, la sensibilidad de los consumidores a los cambios de precios, dependiendo de la carácterística de los bienes), en el caso de algo que se necesita para sobrevivir, combinado con una situación de monopolio de los productores protegidos por patentes, es decir, una combinación de demanda rígida y monopolio da como resultado unos precios exorbitantes en los medicamentos especializados.

El capitalismo de plataforma

Se suele describir con este nombre la nueva forma en la que se producen, comparten y se entregan bienes y servicios; una forma más horizontal en la que los consumidores interactúan entre sí sin o con una mínima intervención de las instituciones tradicionales.

En este marco funciona la denominada economía colaborativa, reduciendo las fricciones entre los dos lados del mercado, conectando eficientemente a compradores y vendedores y a clientes potenciales con anunciantes.

La búsqueda de economías de escala (basadas en el tamaño de la red) y de economías de alcance (basadas en el abanico de servicios distintos) propicia que «el tamaño y crecimiento de las empresas más representativas no parece tener límite. Los efectos de red que se extienden por los mercados online añaden una carácterística importante: cuando una empresa establece su liderazgo en un mercado, su dominio aumenta y se perpetua automáticamente»( pág. 300).

Seis empresas (Facebook, Google, AOL, Yahoo, Twitter y Amazon) constituyen alrededor de un 53% del mercado publicitario digital (solo Google y Facebook representan el 39%).

Esta posición dominante implica que los gigantes digitales pueden imponer sus condiciones a los usuarios y a las empresas que son sus clientes, que no tienen opciones de cambio si no se sienten satisfechos, pues como dice Evgeny Morozov » no hay una segunda Amazon al que puedan irse».

Un problema a futuro, porque el auge de la «economía colaborativa» probablemente extenderá el intercambio de mercado a nuevas áreas, en las que las dinámicas de dominación mercantil parecen preparadas para perpetuarse a si mismas.

De una mirada ingenua sobre Google se podría inferir que proporciona servicios gratuitos a sus usuarios. La realidad es que son los usuarios quienes aportan a Google los inputs necesarios para su proceso de producción: nuestros datos personales son la materia prima con la que se configura el big data.

Google obtiene el grueso de sus beneficios de la venta a otras empresas de sus espacios publicitarios y de los datos de los usuarios: «Si algo es gratis online, tú no eres el consumidor, eres el producto».

Los modelos de negocio de Facebook y de Google se basan en la mercantilización de los datos personales, transformando por medio de la alquimia de un mercado bilateral, nuestras amistades, intereses, creencias y preferencias en propuestas vendibles. La llamada economía colaborativa se basa en la misma idea.

Parece comprensible, como sostiene Morozov, entonces, que, «en lugar de pagar nosotros a Amazon una tarifa por utilizar sus capacidades en inteligencia artificial -construida con nuestros datos-, debería exigírsele a Amazon que nos pague a nosotros».

Mazzucato ha descrito en su último libro un mundo inquietante, en el que el relato en torno a la creación de valor pertenece a las grandes y poderosas empresas , auténticos monopolios sin regulación en el mundo digital que a través del dominio ideológico establecen que el precio determina el valor y que los mercados representan el único mecanismo para estipular el precio.

La expresividad y contundencia de los ejemplos que representan esta denuncia deberían, sin embargo, completarse en dos direcciones: una, a través de un análisis empírico de un mayor número de empresas y sectores, y otra tratando de extender lo que fundamentalmente constituye un análisis del Estado y del sector público en EE. UU., con agencias e instituciones con un reconocido planteamiento estratégico, a otros territorios y ámbitos geográficos con un menor nivel de desarrollo y prácticas consuetudinarias muy diferentes respecto a la acción pública, sin olvidar la presencia perniciosa de la incompetencia o la corrupción que con excesiva frecuencia les acompaña.

Mazzucato ha realizado un trabajo sugerente que nos obliga a revisar en profundidad el análisis y nuestra propia consideración, a veces errónea por simplista, del papel de los gigantes digitales y del uso del big data en la configuración de nuestra sociedad y que nos desvela la importancia y la necesidad -en línea con Piketty- de contribuir al debate ideológico en busca de una sociedad más justa e igualitaria.

Tratando de estimular el consumo y bajar la inflación. Una misión difícil

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Con el correr de los días, se empieza a percibir el esquema general del manejo de la economía por parte del gobierno de Alberto Fernández. En un marco de políticas generales moderadas -que han sido bien recibidas por los acreedores externos y los «mercados», aunque no por gran parte de los sectores de ingresos altos y medio altos-, toma medidas que se plantean objetivos difíciles de armonizar: acercarse al equilibrio fiscal, disminuir la indexación de la economía, ayudar a los sectores de menores ingresos y a los excluidos. Así, recurre a medidas puntuales, de congelamiento de precios, y de aumentos de sumas fijas en sueldos y jubilaciones.

Es una especie de «sintonía fina» de emergencia. Sin duda, el gobierno se da cuenta que son medidas de muy corto plazo. Pero el futuro llega de una semana a la vez. Las medidas del «minipaquete» de ayer son para mantener algunas ayudas al consumo que vencían hoy.

«Con el objetivo de devolverle algo de vuelo al consumo masivo y tras varias negociaciones con distintos sectores, el Gobierno anunció que extenderá por un mes el congelamiento de la cuota para los deudores hipotecarios UVA y que las condiciones del Programa Ahora 12 regirán hasta el 31 de marzo.

Créditos hipotecarios UVA
A 24 horas que termine el beneficio, el gobierno decidió extender por 30 días más el congelamiento de la cuota para los deudores hipotecarios UVA. De esa manera, quienes tomaron un préstamo de este tipo mantendrán la cuota al valor de agosto de 2019 hasta fines de enero.

Desde agosto pasado, 82.000 familias que tomaron un crédito UVA tienen su cuota congelada, como lo dispuso ese mes el gobierno de Mauricio Macri. El fin del beneficio, con vencimiento a fines de diciembre, hubiese implicado un salto del 20%, calculó el economista Federico González Rouco, ex asesor de Jefatura de Gabinete.

En promedio, proyectó el economista, si el beneficio se terminaba mañana cada familia hubiese tenido que pagar $ 2846 más de cuota de lo que pagó en diciembre.

A menos de un día de que finalice el congelamiento, el Banco Central y el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación decidieron extender durante el próximo mes los beneficios. «Esta medida había sido dispuesta en el marco de la crisis económica que atraviesa la Argentina», dice el comunicado del BCRA.

Ahora 12
«Se van a mantener l as mismas condiciones del programa, pero se va a hacer hincapié en que el beneficio alcance a los productos de origen nacional«, indicaron desde el Ministerio de Desarrollo Productivo a LA NACION. Las tasas del programa que caía hoy eran del 20%.

Cerca del ministro Matías Kulfas indicaron que en 90 días se va a hacer una revisión en lo que se espera sea un contexto de mejora de la macroeconomía.

En el Gobierno, precisaron además que se mantienen todos los subprogramas, lo que significa que habrá 3, 6, 12 y 18 cuotas para los diferentes productos incluidos.

Los comercio adheridos son 262.803, según cifras oficiales. El gobierno de Mauricio Macri había logrado una baja de tasas de 45% a 20% tras un acuerdo con los bancos. Esto había permitido a grandes comercios absorber ese costo y ofrecer cuotas sin interés.

Dentro del programa oficial Ahora 12 y 18 hay televisores, línea blanca (aires acondicionados, lavavajillas, lavarropas y secarropas; cocinas, hornos y anafes; calefactores y estufas; termotanques y calcafoles; heladeras, congeladores y freezers); teléfonos celulares; computadoras, notebooks, y tabletas; material para la construcción; turismo nacional; librería; anteojos; instrumentos musicales; neumáticos, accesorios y repuestos de autos; colchones; motos y bicicletas. Y, tanto en los primeros como a los Ahora 3 y Ahora 6, se suman además indumentaria, calzado y marroquinería; muebles; libros; juguetes; y artefactos de iluminación.»

Cosas buenas en salud y ciencia del 2019

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(¿Y quién mejor para contarlas que Nora Bär?)

Se puso de moda atribuirles a las redes sociales todo tipo de propiedades deleznables. Las concebimos como un sumidero de fallas morales, una suerte de caleidoscopio virtual que combina falsedades, lacras, vicios e indecencias varias para denigrar al otro. Pero también están los «profetas del progreso», empecinados en hacer relucir lo bueno que está ocurriendo, aunque muchas veces sea difícil advertirlo.

Uno de ellos es el economista de Oxford Max Roser (@MaxRoser), cuyos mapas intentan documentar los avances que se realizan globalmente en la reducción del hambre, la mortalidad infantil o la pobreza. Otro es el mediático Steven Pinker, neurocientífico de Harvard y autor de quince libros, cuyo (para algunos) «insufrible optimismo» despierta desde simpatía hasta descreimiento.

Y ¿qué dejó este año en el ámbito de la salud y la ciencia? En 2019 nuestro país fue certificado por la OMS como libre de malaria. Fue el segundo de la región después de Paraguay, que lo había logrado el año anterior.

El International Journal of Cancer dio a conocer que en la Argentina la mortalidad por esta patología descendió un 18% entre 1990 y 2019.

En lo que se considera el avance más importante en décadas, la Food and Drug Administration (FDA) aprobó una droga para tratar la fibrosis quística, una grave enfermedad hereditaria que provoca infecciones pulmonares repetidas.

En África, Malawi eliminó el tracoma, una infección ocular que si no se trata conduce a la ceguera. También se aprobó una vacuna contra el Ébola con reducciones de la mortalidad de hasta el 70%.

En un anuncio histórico, una comisión de expertos de la OMS concluyó que el poliovirus salvaje tipo 3 se erradicó en todo el mundo. Solo queda el tipo 1, en Paquistán y Afganistán. Y el 29 de mayo último, la entidad eliminó «el desorden de identidad de género» de su manual de enfermedades mentales.

Este también fue un año en que tuvimos una transición civilizada de un equipo de gobierno a otro. Y en el que muchas argentinas accedieron a bancas en el Congreso y fueron premiadas internacionalmente.

En el ámbito científico, la ecóloga Sandra Díaz, que codirigió el Informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos de las Naciones Unidas, fue considerada una de las figuras científicas del año por la revista Nature.

Otras dos destacadas investigadoras, la especialista en ciencias de la atmósfera Carolina Vera, que venía desempeñándose como vicepresidenta del Grupo I del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, y la química Ana Franchi, directora del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos, jugarán un rol importante en los destinos de la investigación local como jefa de gabinete del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, y presidenta del Conicet, respectivamente.

Lamentablemente, a aquellos que no tuvieron la suerte de resultar beneficiados por la rueda de la fortuna y les tocó jugarla de perdedores, las contrariedades les teñirán el balance de fin de año como una gota de tinta que cae en un vaso de agua. Pero cuando todo es decepción, recordemos que estamos vivos y al menos tenemos el consuelo de que se abre frente a nosotros un nuevo calendario.»

3 años de cárcel para el científico que «editó» bebés humanos

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El científico chino He Jiankui, creador de los primeros bebés modificados genéticamente, ha sido sentenciado a 3 años de cárcel y a pagar una multa de 3 millones de yuanes (380.000 euros). En un juicio celebrado por sorpresa y a puerta cerrada, un tribunal de Shenzhen le declaró culpable de “llevar a cabo, de manera ilegal, la edición genética de varios embriones humanos con fines reproductivos”; según la agencia de noticias oficial, Xinhua. He, además, estará vetado de por vida para el desempeño profesional de cualquier actividad relacionada con el mundo sanitario.

El 26 de noviembre de 2018, He Jiankui sorprendió al mundo al anunciar que había manipulado dos embriones humanos por medio de una técnica de edición genética conocida como CRISPR, con el propósito de lograr que fueran inmunes al virus del sida. El científico, conocido a raíz del suceso como “el Frankenstein chino”, hizo público su logro por medio de un vídeo colgado en YouTube (ver abajo) en el que narra cómo un par de bebés, dos gemelas que recibieron los nombres de Lulu y Nana, habían nacido “semanas atrás” y se encontraban “en perfecto estado de salud”.

El tribunal de Shenzhen ha sentenciado que He, movido por su ansia de “fama y fortuna” se saltó “las regulaciones nacionales sobre investigación científica y gestión médica de manera deliberada”. El fallo establece que He falsificó documentos y proporcionó información falsa sobre sus estudios, “rebasando toda línea ética”, para reclutar hasta siete parejas en las que el hombre estuviera infectado con el VIH y la mujer no. La pretensión del equipo liderado por He era, tras la fecundación, intervenir el embrión para desactivar el gen CCR5, empleado por el virus del sida para acceder al sistema inmunológico humano.

Durante su participación en una cumbre científica en Hong Kong dos días más tarde, el genetista confesaba la existencia de una segunda fecundación, “un embarazo potencial”. La sentencia de hoy confirma que ese embarazo llegó a buen término, por lo que se eleva a tres el total de niños nacidos a consecuencia del experimento.

El anuncio de He Jiankui levantó una enorme polémica y recibió fuertes críticas por parte de sus colegas, los cuales lamentaron su falta de ética a la hora de llevar a cabo un procedimiento ilegal en la mayoría de los países del mundo. A las voces de desaprobación se sumó el Nobel de Medicina David Baltimore, quien calificó su proceder de “irresponsable”.

En su país, 122 científicos publicaron una declaración conjunta en la que afirmaban que “cualquier intento” de hacer cambios en embriones humanos mediante modificaciones genéticas es “una locura” y que el nacimiento de estos bebés representaba “un alto riesgo”. Incluso Huang Wei, viceministro de Ciencia y Tecnología, se manifestó al respecto, asegurando que las actividades científicas de He –en paradero desconocido desde entonces– serían suspendidas de inmediato y calificando su conducta de “estremecedora e inaceptable”.

El Estado chino ha producido una sentencia que servirá como una advertencia a las tendencias «fáusticas» en la investigación científica. Pero… una vez que un desarrollo técnico es posible, es muy difícil asegurar que alguien, en algún momento, no lo replique.

El aumento de los combustibles que no fue, y la inversión en Vaca Muerta

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Ayer circuló una noticia, y su desmentida, con gran impacto en la ecuación económica en Argentina. Y en la política también. Reproducimos lo que aparece en los medios -prácticamente, la misma versión. Y agregamos algunos datos, y un comentario de uno de nuestros editores:

El presidente Alberto Fernández le pidió este domingo 29 de diciembre al titular de  YPF, Guillermo Nielsen, dejar sin efecto un aumento del 5% previsto en los precios de los combustibles, con el objetivo de evitar que se recaliente la inflación.

Esta medida, que habría sido comunicada a las principales estaciones de servicio de la red y regiría desde hoy lunes, iba a tener un efecto cascada sobre toda la cadena de abastecimiento, ya que  YPF controla casi el 60% del mercado.

Fernández le trasmitió al titular de  YPF la «inconveniencia» de avanzar con ese ajuste, en un momento en que el Gobierno está tratando de desacelerar el ritmo de la inflación.

Fuentes de la petrolera Axion aclararon que si  YPF no remarca, ellos tampoco lo harán, y el mismo camino seguirá Shell.

El de los combustibles es uno de los sectores con impacto más directo en la inflación porque los aumentos derraman sobre los fletes y la producción y eso se contagia a los precios. Ya a lo largo de 2019, la nafta aumentó en nueve ocasiones por un total de 41%. La programada para la medianoche de ayer domingo hubiese sido la décima y llevado a 46% la suba global.

Voceros informales del gobierno afirman que la suba estaba prevista desde antes de que Fernández asumiera y el presidente de YPF, Guillermo Nielsen, pensaba hacerla cumplir. «Estaba decidido para esta época por el directorio anterior de la empresa, pero Alberto pidió que se detenga. Él toma la decisión por el impacto que puede tener el aumento. Nielsen es presidente de YPF, pero es una persona de nuestro espacio político».

El 2 de este mes decía en su blog nuestro editor Fernández (no relación): «(Se trata de) dejar instalado en la opinión pública que. para que resulten rentables las gigantes inversiones, en extracción y en infraestructura, que requerirá Vaca Muerta, es imprescindible que los precios de los combustibles en Argentina sean “realistas”. Es decir, internacionales. Es decir, altos. Esto es falso, más allá que no se han publicado análisis de costos serios de la producción de energía, ni en Vaca Muerta ni en centrales eólicas».

La confusión -inconsciente o deliberada- es entre los precios internacionales del petróleo y los precios locales de los combustibles. Donde hay un % de impuestos considerable, dicho sea de paso.

Pero el elemento central es que el beneficio para la Argentina -y para las empresas petroleras- debe ser el que resulte del petróleo exportado y el costo de la explotación. Si el precio interno del combustible debe ser el mismo que el internacional para que esa explotación sea rentable ¿dónde está el beneficio para nuestro país de las gigantescas inversiones que hay que hacer en Vaca Muerta? Le daría el mismo resultado extraer el petróleo que importarlo!

Google recolectó sin permiso los datos médicos de millones estadounidenses

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Google ha recibido sin permiso datos personales sobre la salud de decenas millones de estadounidenses provenientes de Ascension, una de las principales compañías sanitarias sin ánimo de lucro del país, según una noticia publicada por el diario The Wall Street Journal. El rotativo neoyorquino cita documentos internos y diversas fuentes cercanas a esta operación.

Esta recolección de datos forma parte de una iniciativa de Google bautizada como Project Nightingale. Este proyecto permite a Google acceder a la información de pacientes de la compañía médica Ascension, con sede en San Luis (Misuri). El acuerdo fue suscrito en secreto el año pasado, aunque el intercambio de datos entre Google y Ascension se aceleró este verano, de acuerdo a documentos internos a los que ha accedido The Wall Street Jornal. Mediante ese pacto, Google supuestamente tiene acceso a los datos personales de decenas de millones de estadounidenses que residen en 21 de los 50 estados de EE.UU.

En un comunicado, Google defendió que su proyecto cumple con las leyes federales sobre protección de datos médicos. El objetivo de la compañía es «en última instancia, mejorar los resultados, reducir los costos y salvar vidas», señaló el presidente de Google Cloud, Tariq Shaukat, en la citada nota de prensa. «Para ser claros: con este acuerdo, los datos de Ascension no pueden ser usados para otro fin que no sea el de proporcionar los servicios que se recogen en nuestra colaboración, y los datos de los pacientes no pueden ser combinados con ningún otro dato de consumo de Google», asegura la compañía en esta nota.

Fuentes de Google aseguraron ayer al diario Wall Street Journal, que, a pesar de la sorpresa que ha supuesto esta noticia, constituye una práctica estándar de la industria que un proveedor de atención médica comparta registros de salud altamente sensibles con empresas tecnológicas bajo un acuerdo como suscrito, para que así Google pueda crear herramientas específicas.

Entre los datos recolectados por Google, figuran diagnósticos médicos, resultados de pruebas en laboratorios y registros de hospitalización, entre otros informes, lo que equivale a un historial médico completo, en el que se incluyen los nombres de los pacientes y las fechas de nacimiento, detalló el periódico neoyorquino.

Uno de los puntos más importantes del escándalo es que ni los pacientes ni los médicos fueron notificados del intercambio de datos entre Google y Ascension, según asegura The Wall Street Journal. El diario explica que al menos 150 empleados de la compañía tecnológica ya han tenido acceso a los datos de cientos de millones de pacientes.

De acuerdo al diario, el contrato entre Google y Ascension se enmarca en el creciente apetito de Silicon Valley por el análisis de datos en la industria médica, una vía de negocio que también están explorando Amazon y Microsoft, aunque esas compañías todavía no han conseguido un acuerdo del alcance del de Google.

Multa millonaria
En agosto pasado se supo que YouTube , la plataforma de videos online de Google, ha acordado pagar una multa de 170 millones de dólares y realizar cambios en su política de privacidad de los datos de usuarios menores de edad, para resolver las demandas que acusaban a la web de vídeos de recoger información personal de los niños con fines publicitarios sin el consentimiento de los padres.