Los frigoríficos en el mundo son «zona roja» de contagios del COVID-19 – Segunda parte

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(Para acceder a la primera parte de esta nota, cliquear aquí) La autoridad que brilla por su ausencia en el desastre cárnico gringo es la del NIH o National Institute of Health. Vendría a ser el equivalente de un Ministerio de Salud Pública en un país que no cree en ella, e hizo un primer y último y desmañado intento de tener un sistema de salud universal como el National Health británico allá por los tiempos de John Kennedy y de Lyndon Baines Johnson, a principios de los ’60, pero ahí quedó la pelota. El NIH es científicamente un “dream team”, quién lo duda. Pero en términos de fileteo, no corta el bacalao a la hora de tomar decisiones políticas. Mientras el NIH sea un convidado de piedra, los trabajadores de los frigoríficos serán carne, pero de cañón. ¿Pero no lo viene siendo todo ese país? El presidente Trump recomienda, impune y por TV, que para combatir “el corona” la población se inyecte lavandina o que se ilumine por dentro con luz ultravioleta. En un país de 328,2 millones de habitantes y muy poca educación pública de calidad (EEUU tampoco cree en eso), no faltan quienes se inyectan lavandina y se mueren por hacerle caso al presidente. Y eso porque es más fácil y barato que iluminarse por dentro con luz ultravioleta. El único funcionario lo suficientemente invulnerable para enfrentarse en público con Trump ha sido el Dr. Tony Fauci. Como jefe eterno e indispensable del NIAID, el Instituto Nacional para la Alergia y las Enfermedades Infecciosas, Fauci ha visto pasar 6 presidentes sucesivos, aunque ninguno tan brillantemente imbécil como el actual. Pero no se le pueden pedir peras al olmo, y el propio Fauci ya tuvo que avalar que EEUU salga a la buena de Dios de la desigual y caótica cuarentena de sus 52 estados (incluyendo el Distrito Federal y Puerto Rico), sin antivirales ni vacunas, con insuficiente infraestructura de terapias intensivas y sin siquiera una provisión local de kits de diagnóstico. Y eso ya está en marcha mientras la curva de infección en al menos 8 estados sigue logarítmica, es decir disparada hacia arriba. Los EEUU (y serán rápidamente imitados por nuestro vecino de mapa transandino) están dispuestos a que un test de anticuerpos sirva de “pasaporte sanitario” para que los que den positivo y parezcan saludables puedan volver al trabajo. Asunto que, como observa ácidamente el biólogo molecular Gabriel Rabinovich, profesor de la UBA, investigador superior del CONICET y miembro de la National Science Academy de los EEUU, eso se implementará sin la más pálida idea de si los anticuerpos IgG del Covid-19 son efectivos o de si son duraderos, como sí lo son los de otros virus. Por ejemplo, los del sarampión, un paramixovirus muy diferente del SARS CoV-2, resultan eficaces y vitalicios. Por eso la vacuna, que existe desde 1963, bajó un 99% la incidencia mundial de la enfermedad y ya lleva salvadas unas 22 millones de vidas: el pinchazo te preserva sin fecha de vencimiento. Aunque aquí el sarampión volvió con 61 casos en 2019, y eso porque no se importaron vacunas, y también por exceso de madres New Age algo autistas y que creen que las vacunas causan autismo. Pero volviendo al tema, Agendar ve bien que con casi 100 laboratorios y universidades en competencia por una vacuna contra el SARS CoV-2, aquí el MinCyT prefiera concentrar sus escuetos mangos en desarrollar diagnósticos. Aún si las sombras insignes de Houssay, Leloir y Milstein, nuestros premios Nobel en fisiología y medicina, animaran a nuestros biólogos, nos sería difícil ganarle a tanta gente. Pero más difícil aún, ganarle a este maldito virus. Sucede que los anticuerpos creados por el sistema inmune humano contra otros virus corona, como los 4 del resfrío común, desaparecen en 2 o 3 meses. Pero algo parecido sucede con los de otras 2 zoonosis también a coronavirus muy letales, como el SARS CoV-1 y el MERS. Contra estas enfermedades novísimas (2002 y 2012), que matan respectivamente al 12 y al 35% de los infectados, todavía no se logró ninguna vacuna. Los anticuerpos de los que se curan duran a lo sumo 15 años en el SARS, y en general menos en el MERS. La eficacia y la duración de la respuesta de anticuerpos parece más el producto de la inmunocompetencia de cada individuo que resultados tabulables para uno y otro virus. El SARS CoV-1 parece haber desaparecido, pero Medio Oriente sigue teniendo MERS como endemia de baja incidencia. Por suerte para nuestra especie, tanto el SARS como el MERS son mucho menos contagiosos que el Covid-19. De modo que, previendo que los humanos tendremos que convivir un tiempo imposible de determinar sin vacunas, y con un único antiviral discretamente efectivo hasta ahora (el remdesivir), el desvirtuar nuestros nuevos tests criollos de anticuerpos como “pasaporte laboral” será la tentación de más de un jefe de personal, de más de un cacique político y de más de un negrero industrial, de esos que prefieren que la economía viva aunque los ciudadanos mueran, disparate infalible para hundir la economía. Bueno, no la de todos Lo cual nos lleva a la Gran Pregunta del Coronavirus: ¿por qué es más infectivo y más letal en algunos países que en otros? ¿Y por qué ese ha enseñoreado de una rama particular de la industria mundial, como la frigorífica, sin que casi importe de qué país se trate? Si hablamos de países y no de industrias, el Covid-19 en Irán ha dejado un tendal, pero en Iraq, país vecino y en guerra civil cuya estructura sanitaria desapareció por completo, la mortalidad por millón de habitantes es misteriosamente menor. Que Chile tenga el doble de muertos por millón de habitantes que la Argentina no supone enigma alguno: aquí se hizo cuarentena rabiosa de movida, que es cuando sirve. Pero al Oeste de la cordillera la cuarentena fue tarde, poca y a la retranca. El letal caos brasileño se explica por su presidente. Ese país vivirá reinfectándonos, incluso cuando tenga otro menos peligroso. La cuarentena a rajatabla explica el éxito anti Covid-19 de Nueva Zelanda y Australia, con sus curvas de contagio tan a la baja que están reabriendo sus economías. Pero los ayudó no poco la geografía: son islas de baja densidad poblacional y sus fronteras (es decir puertos y aeropuertos) siguen cerrados a cal y canto al ingreso de extranjeros. ¿Pero cómo lograron salir de la crisis Singapur, Hong Kong y Corea sin cuarentena? Han vivido en semicuarentena lo que va de este siglo. Tienen el entrenamiento colectivo de haber bancado el SARS en 2002, la gripe aviar H5N1 en 2003, la porcina H1N1 en 2009, y hasta un toque de MERS en 2012: la población de esos sitios acepta el barbijo con tanta naturalidad como los zapatos, le pone voluntariamente el dedo a la jeringa para testear sus anticuerpos en kioskitos sanitarios en la calle, y acepta sin chistar que al que sale positivo confirmado por RT-PCR (97% de fiabilidad) “le den la cana domiciliaria” hasta 28 días, así como a su familia. Además, el ciudadano promedio de esos enclaves le concede al estado la capacidad de armar su rastreo de contactos recientes, y testear compulsivamente a todos, así como encerrar en su domicilio a los que salgan positivos. Andá a hacer eso en un país europeo occidental o en EEUU… Aún así, ¿cómo se explica el incendio de casos en la cosmopolita Nueva York, tan vinculada por flujos de personas a China como si estuviera por error en la costa atlántica en lugar de la del Pacífico? Es increíblemente mayor que la incidencia de Covid-19 en Dallas, mediterránea pero con un aeropuerto axial conectado al resto del planeta, y donde nadie controlaba a los estadounidenses que aterrizaban, aún si venían desde países infectológicamente en llamas. ¿Cómo se explica el comportamiento tan distinto en tan distintas circunstancias de un virus tan simple, que sólo tiene 24 genes, aunque algunos todavía afirman que son 15? Hay 195 estados reconocidos como autónomos por las Naciones Unidas, y son fácilmente agrupables por su respuesta sanitaria frente al SARS CoV-2, pero la conducta del virus en ellos evade estas clasificaciones. Gabriel Rabinovich, muy opuesto a que los tests de anticuerpos funjan de pasaporte sanitario Con su política negacionista y aparentemente estúpida, Trump, el modelo que inspira a nuestro vecino Jair Bolsonaro, ya se puede anotar 78.529 muertes a fecha del 8 de mayo (20.000 más de lo que acumularon Kennedy, Johnson y Nixon en 10 años de guerra en Vietnam), y sigue cosechando. Pero Trump no está solo en EEUU, ni en su aparente locura deja de haber un método, y ese método tampoco es exclusivo del Partido Republicano. El alcalde de New York, Bill de Blasio es un demócrata, y en el arranque de la crisis, que es el único momento en que una cuarentena hace realmente diferencia, se negó a aplicarla “para no generar desocupación”. Como resultado, hace apenas un mes en la Big Apple, la Gran Manzana, se moría de Covid-19 un neoyorquino cada 3 segundos (sic). Esto generó un “spin off” insospechado en la industria frigorífica: la municipalidad neoyorquina salió a alquilar camiones refrigerados para almacenar cadáveres, porque las morgues estaban desbordadas. Las empresas de pompas fúnebres y los cementerios también, por lo que de Blasio empezó a enterrar pobres en fosas colectivas. La filosofía subyacente a todo esto aquí la conocemos bien: “Lo importante es la plata: la salud va y viene”. Tuvo plena vigencia hasta hace poco. Para volver al tema, la contribución de Trump a la crisis de salud de Covid-19 en la industria cárnica es doble: con la definición de “rama productiva estratégica en tiempos de guerra”, no sólo le quitó herramientas legales a los gremios para defender a sus afiliados. Mucho más al hueso, por decirlo en la jerga del rubro, llegó su política de perseguir de mil modos a la inmigración mexicana y centroamericana. Que no es una idea muy original porque también la aplicó el progresista Barack Obama, su predecesor demócrata en la Casa Blanca. Los frigoríficos estadounidenses están llenos de inmigrantes ilegales con jornada interminable. Ya estaban acostumbrados a no reclamar por asuntos sanitarios, pero al que chilla ahora no sólo lo despiden sino que también lo deportan. Esto es práctica común en toda la industria de la alimentación de los EEUU, pero en la carne es todo peor por asuntos estrictamente físicos, biológicos y logísticos. Para entenderse: un cosechador de naranjas en California suele llegar a la finca donde tiene su changa temporaria en su propia y destartalada camioneta, trabaja al aire libre y aunque vuelva molido, su casa no suele estar demasiado lejos. Pero los frigoríficos de todo el país se han construido deliberadamente en medio de la nada, donde no hay vecinos que protesten por efluentes nauseabundos gaseosos, líquidos o sólidos de la cría intensiva y del matadero. Son lugares donde el costo de oportunidad de la tierra, además, es muy bajo. Llegar ahí en combi ya implica hacinamiento. Y en el trabajo en sí, aún más que el hacinamiento, el factor definitivamente “pro-viral” parece ser el frío. Los equipos de refrigeración son el comienzo de una cadena que trata de alargar la vida de anaquel de las carnes contra la descomposición bacteriana, lo cual salva millones de vidas de consumidores. Pero la exposición prolongada a frío ya es un factor inmunodepresor para el organismo humano, lo cual traza una línea de conflicto entre laburantes y compradores. De todos modos, el efecto más notable del frío probablemente se da sobre los aerosoles invisibles que expelemos los humanos simplemente con respirar. Una gotícula de saliva de entre 1 y 5 micrones tiene una velocidad de caída por gravedad inferior a los 10 cm. por hora, y eso en aire perfectamente quieto. Con los equipos de refrigeración “al mango”, el aire dentro de un frigorífico está en cierto movimiento, generalmente caótico, de modo que la vida media aerotransportada de esa gotícula se mide en horas, y su resistencia a la evaporación mientras baila erráticamente por los aires es enorme, debido a la temperatura. Si la gotícula proviene del tracto respiratorio de un portador asintomático a punto de enfermarse, desde ya tiene un carga viral importante. Una gotita visible de saliva, producto de un estornudo, es milimétrica, no traspasa una mascarilla N95, cae rápido al piso y su alcance horizontal rara vez excede los 1,80 mts. de separación entre trabajadores exigidos por OSHA. Pero en la circulación de aire frío de un frigorífico la vía de contagio no es la gotita milimétrica, sino la inhalación de aerosol micrométrico, y el alcance de ésta nube invisible emanada de centenares de gargantas y narices es prácticamente ilimitado. No hay rincón de la planta adonde no llegue. Cuando finalmente esa gotícula se deposita sobre una superficie lisa, mismo problema: con el frío, tarda días enteros en evaporarse, cosa que juega a favor de este virus, particularmente intolerante a la desecación. Sin un mínimo de agua alrededor y adentro de su minúscula cápside de grasas, el SARS CoV-19 se desintegra estructuralmente. Pero a una temperatura de 20º C y sobre plástico liso o acero inoxidable, blindado en su película de saliva, puede seguir viable 2 o 3 días. Y con las temperaturas de 4 o 5º C de un frigorífico, el virus resiste 5 días y más.

Concluye mañana

Daniel E. Arias

«Lo que no puedo recuperar es una vida». La nota completa de The Guardian

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«Argentina cerró rápidamente, mientras que Brasil restó importancia a la crisis. La diferencia se refleja en sus cifras de pandemia»

(El diario The Guardian es, desde 1821, el vocero de la burguesía «no conformista», los austeros empresarios industriales de Manchester y el norte de Inglaterra. Esta nota ha sido reproducida en partes por los diarios argentinos, pero nos parece interesante publicarla completa. Abarca más que las distintas políticas frente a la pandemia de Fernández y de Bolsonaro). «Cuando Alberto Fernández asumió el cargo de presidente de Argentina en diciembre, su toma de posesión fue boicoteada por el líder de extrema derecha de Brasil, que definió a Fernández y su vicepresidenta, la dos veces ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, como «bandidos de izquierda». Para Jair Bolsonaro, el nuevo gobierno peronista de Argentina representó un retroceso a la «ola rosa» de los líderes latinoamericanos que coincidió con el tiempo de Fernández de Kirchner en el cargo de 2007 a 2015. «Argentina está comenzando a dirigirse hacia Venezuela», predijo Bolsonaro. . Cinco meses después, es Brasil el que se dirige hacia una emergencia humanitaria, en medio de un devastador brote de coronavirus impulsado por la actitud despectiva de Bolsonaro hacia la pandemia. El presidente brasileño ha minimizado la crisis como «histeria» de los medios y rechazó reiteradamente las recomendaciones de distanciamiento social de su propio gobierno, incluso cuando la cifra de muertos se ha disparado. «Podemos recuperarnos de una caída en el PIB”, dijo Fernández sobre su decisión de implementar un cierre anticipado. «Pero no podés recuperarte de la muerte». Con solo 5,611 casos y 293 muertes hasta el momento, contra los casi 136,000 casos de Brasil y más de 9,100 muertes, incluso los partidarios acérrimos de Bolsonaro ahora están mirando a su vecino del sur con una mirada envidiosa. El alcalde de la ciudad brasileña de Manaus, afectada por la crisis, Arthur Virgílio, observó con horror cómo Fernández y su vice llegaron al poder en diciembre. «[Representan] todo lo que lamentamos tanto en el mundo de hoy», dijo a The Guardian el derechista de 74 años. Ahora, Virgílio mira con admiración a Argentina. «Los resultados son resultados», dijo el alcalde, elogiando a Fernández por tomar «la única opción sabia que cualquier país puede tomar … que es el aislamiento social determinado». Cincuenta días después de su estricto cierre, Argentina se siente lo suficientemente segura como para comenzar a relajar las reglas de distanciamiento social. «Hemos reducido el período de duplicación de casos a 25 días», dijo el jefe del gabinete presidencial, Santiago Cafiero, a The Guardian. «Hemos logrado aplanar la curva, a diferencia de otros países que no se bloquearon a tiempo». El viernes, Fernández anunció la relajación de las medidas de cierre en la mayor parte de Argentina, excepto en el área metropolitana densamente poblada de Buenos Aires, donde se concentra el 86% de los casos. En el resto del país, se reabrirán una serie de actividades industriales y comerciales, pero el transporte público solo estará disponible para los trabajadores esenciales y las empresas tendrán que proporcionar transporte privado para sus propios empleados. «El período de duplicación es mucho más rápido en la ciudad de Buenos Aires: solo 18.8 días», admitió Cafiero, en comparación con un promedio de 25.1 días en el resto del país. La tasa de propagación es aún mayor en las grandes «villas» o barrios marginales de la ciudad, donde se estima que viven más de 250,000 personas. La más afectada es la Villa 31, donde unas 45,000 personas habitan hogares improvisados con servicios de agua deficientes. Los casos pasaron de solo un puñado a 219 cuando la «villa» quedó sin agua durante unos 10 días por una falla en la planta potabilizadora, que sólo se resolvió en los últimos días. «Lo que está sucediendo en Villa 31 es una tragedia», dijo Ofelia Fernández, (sin relación con el presidente), la legisladora más joven de la ciudad con 20 años. “Cuando una familia entera está abarrotada en una habitación individual, ninguna cantidad de lavado de manos disminuirá la propagación. No hay forma de prever un final feliz para Villa 31″. Toda actividad comercial, con la excepción de supermercados, farmacias y supermercados, se ha congelado desde el 20 de marzo, pero la ciudad podría ver una relajación gradual del cierre a partir del lunes, cuando Argentina entrará en una nueva fase. Se espera que Fernández anuncie la reanudación de actividades para algunas industrias como las fábricas de automóviles y ropa a partir del lunes. Pero los bares y restaurantes permanecerán cerrados, a excepción de las entregas y comidas para llevar, al igual que las escuelas, universidades y lugares de entretenimiento. La estrecha coordinación entre el gobierno central, los gobernadores y los alcaldes en Argentina sobre las medidas de bloqueo contrasta fuertemente con las batallas y enfrentamientos en Brasil, donde Bolsonaro despidió a su ministro de salud y se enfrentó con los gobernadores regionales. Pero las diferencias entre las experiencias de la pandemia en los dos países no se deben solo a las personalidades contrastantes de sus presidentes, dijo el académico argentino Andrés Malamud, investigador principal de la Universidad de Lisboa. Bolsonaro se separó del partido que lo llevó al poder, mientras que Fernández es producto de uno de los movimientos nacionales más duraderos y poderosos de América Latina. “Fernández puede confiar en el disciplinado partido Peronista de Argentina, que históricamente ha estado del lado de los más marginados, por lo que los trabajadores informales, que constituyen el 49% de la fuerza laboral, confían en Fernández para proporcionar soluciones. Bolsonaro, en cambio, es un independiente sin partido al que recurrir. Los gobernadores de Argentina también dependen de la generosidad fiscal del gobierno federal, por lo que se alinearon rápidamente con el bloqueo nacional «, dijo Malamud. Argentina aún enfrenta muchos desafíos, principalmente económicos: la inflación todavía ronda el 50% anual y la renegociación de la considerable deuda externa del país es una carrera contra reloj, con la posibilidad de un incumplimiento técnico pronto si una ronda actual de negociaciones no tiene éxito . Con las finanzas del país obviamente en mente, Fernández tuiteó el jueves una foto de sí mismo confirmando por teleconferencia un préstamo de 1.800 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo. Al menos por ahora, el presidente ha dicho que planea seguir priorizando salvar vidas en lugar de revivir la economía. «Preferiría que una fábrica estuviera vacía porque sus trabajadores están en cuarentena y no porque estén enfermos o muertos», dijo Fernández.»

A Bolsonaro le pegan de todos lados. Pero hay quiénes lo defienden

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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se ha convertido para la mayoría de la opinión pública mundial, y una buena porción de la de su propio país, en el símbolo de todo lo que está mal en el manejo de esta pandemia. Y motivos hay. Hoy publicamos algo de The Guardian donde de lo califica, y aquí reproducimos esta nota reciente de La Nación -un medio al que ni siquiera su canciller podría acusar de «marxista cultural»- y agregamos alguna información al final.

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«RÍO DE JANEIRO.- Epicentro del brote en América Latina, Brasil superó las 10.000 muertes por coronavirus , tras haber sumado 730 en 24 horas, y los casos se siguieron multiplicando en todo el país hasta alcanzar los 155.959. En tanto, el Congreso declaró tres días de duelo por los fallecidos por el Covid-19. El decreto legislativo que prevé el duelo se publicó en una edición extraordinaria de la Gaceta Oficial del Congreso Nacional, donde los presidentes de Diputados y del Senado pidieron mantener las recomendaciones de las autoridades de la Salud, a contramano del negacionismo del presidente Jair Bolsonaro . «Es una tragedia que nos devasta más cada día. Este Parlamento, que representa al pueblo y al equilibrio federativo de esta nación, no es indiferente a este momento de pérdida, tristeza y dolor. La situación que estamos viviendo es lamentablemente única «, dice el texto. Frente a esta situación crítica, el papa Francisco llamó por teléfono al cardenal Odilo Pedro Scherer, arzobispo de San Pablo, el estado más afectado por la pandemia, a quien le expresó su preocupación por el número de pacientes y la pérdida de vidas humanas. «Expresó su cercanía y solidaridad con toda la población de San Pablo y dijo que rezaba por nosotros. Finalmente, pidió transmitir su bendición apostólica a todos y también se recomendó a nuestras oraciones por él», dijo Scherer.»

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Las cifras de la nota de arriba, lamentablemente, han quedado desactualizadas. A la fecha, los casos de contagio registrados alcanzan a 162.699, y las muertes a 11.123. Pero un sector de sus partidarios resuena con la arrogancia de Bolsonaro, como se puede ver en ese video tomado con un celular «O medo mata + que o virus«. Si no fuese por la tragedia de las muertes de inocentes, tal vez podría decirse que en Brasil se está llevando adelante un experimento epidemiológico. Pero sería también un error. En Perú y en Ecuador el nuevo coronavirus avanza desatado. Lo que sucede con los partidarios de Bolsonaro, sí se puede considerar un experimento sociológico. Veremos cómo termina.

Rige la línea de crédito al 24% para pymes. 200 mil empresas estarían en condiciones de acceder

Las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) que actualmente no tienen créditos vigentes podrán acceder a partir de hoy lunes 11 de mayo a un préstamo con la tasa subsidiada de 24%, según lo establecido por el Banco Central de la República Argentina. A través de la Comunicación A7006, el BCRA indicó que se estima que más de 200 mil empresas están en condiciones de solicitar estos créditos de la línea PyME Plus, con mínimos requisitos. El crédito tiene una tasa fija del 24 por ciento por un año con un período de gracia de tres meses. Como requisito, las empresas deberán contar con el certificado MiPyME, cuyo trámite se inicia en la web de AFIP y es otorgado por el Ministerio de Desarrollo Productivo. En el caso de presentar la garantía del Fondo de Garantías Argentino (FoGAr), los bancos estarán obligados a otorgar estas financiaciones. El BCRA habilitó esta línea que tendrá disponibles alrededor de 22.000 millones de pesos y cuyo fondeo estará compuesto por una reducción en el stock de Leliq y la liberación de encajes bancarios. La línea se suma a la vigente para MiPyMEs a 24%, que lleva aprobado y en proceso créditos por 199.674,2 millones de pesos, de los cuales se desembolsaron 156.811,6 millones, entre un total de 100.332 empresas. Las entidades que no presten los montos estipulados por esta nueva línea serán penalizados con una reducción en su posición de Leliq de hasta 3 puntos, señala la Comunicación. Las empresas que accedan a los créditos a tasa subsidiada a través de las líneas MiPyME o la nueva PyME Plus deberán pedir la conformidad del BCRA para la adquisición de divisas al tipo de cambio oficial.

Coronavirus en la Casa Blanca: el Dr. Anthony Fauci, director del NIH y otros funcionarios claves, en cuarentena

Ni siquiera la Casa Blanca, uno de los edificios más seguros del mundo, está a salvo de lo que Donald Trump suele llamar “el enemigo invisible”. Tres miembros del equipo de trabajo para el coronavirus del Ejecutivo, incluido el epidemiólogo Anthony Fauci, la cara visible de la divulgación científica sobre el virus para los estadounidenses, a quien mencionan como «el científico más preocupado del mundo», y el único que se anima a desmentir a Trump, han decidido ponerse en cuarentena, después de haber tenido contacto con al menos una persona que dio positivo en una prueba de la covid-19, la enfermedad provocada por el patógeno. Además de Fauci, de 79 años, que define su contacto como de “bajo riesgo”, se pondrán en cuarentena los doctores Robert Redfield, director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), y Stephen Hahn, comisionado de la Administración de Alimentos y Medicinas (FDA). A los tres, como a parte del personal de la Casa Blanca, se les realizan pruebas de diagnóstico del coronavirus con regularidad, la última el viernes pasado, y siempre han dado negativo. Pero, como medida de precaución, teletrabajarán desde casa durante las próximas dos semanas. La cuarentena de los tres doctores se produce después de que dos trabajadores del entorno del presidente Donald Trump y el vicepresidente Mike Pence, coordinador de la emergencia del coronavirus, dieran positivo esta semana en pruebas diagnósticas de covid-19. Se trata de la portavoz de Pence, Katie Miller, y un asistente militar del presidente no identificado. La respuesta ante los dos positivos ha vuelto a arrojar dudas sobre la eficacia con la que la Casa Blanca actúa para mantener un entorno de trabajo seguro para el presidente. Por otro lado, se desmintió que el vicepresidente, Mike Pence, entrará en aislamiento después que su vocera dió positivo. Se anunció que «se tomarán precauciones» en sus contactos con el personal de la Casa Blanca. El presidente Trump, por su parte, insiste en no utilizar mascarilla protectora, como su propia Administración recomienda a los ciudadanos. No la llevó el sábado en una reunión con altos mandos militares, al menos durante el tiempo en que lo pudieron ver los periodistas. Incluso se dejó ver a cara descubierta, el pasado martes, durante una visita en Arizona precisamente a una fábrica de mascarillas. Hace ya un mes, el pasado 3 de abril, cuando él mismo anunció las directrices de los CDC, que recomendaban utilizar mascarillas para evitar la propagación del virus, señaló que él mismo no las respetaría. “Lo pueden hacer. No lo tienen que hacer. Yo elijo no hacerlo”, dijo Trump. Las últimas cifras registradas de la pandemia en EE.UU. son de 1.367.638 casos y 80.787 muertes.
Katie Miller, secretaria de prensa del vicepresidente, contagiada

Historias innecesarias: El primer hacker argentino

La generación más joven de AgendAR nos hizo conocer a Damián Kuc, un youtuber exitoso entre los millennials, y sus historias innecesarias. Aquí nos cuenta sobre Yuyo Barragan, quien sería el 1° hacker argentino (y no, no es Santiago López). Y. B. durante años viajó gratis por todo el mundo. Un mal ejemplo, pero la pandemia asegura que nadie tratará de imitarlo ahora.

Los frigoríficos en el mundo son «zona roja» de contagios del COVID-19. Qué pasa en Argentina

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CARNE, PERO NO DE CAÑÓN No hay que ser Héctor Huergo ni Alberto Samid para saber que el precio de las carnes va a subir como un cohete, muy por encima de la inflación. Basta ver los brotes de Covid-19 entre los obreros de los frigoríficos de los grandes productores mundiales para entender que se vienen cierres sanitarios, y que los que acepten reconvertir sus instalaciones para no enfermar a los laburantes perderán eficiencia. Y eso a su vez podría provocar una crisis de superproducción “aguas arriba” de la industria, es decir en el campo. Y cuanto más intensiva la producción pecuaria allí, más frágil. “Cold, Crowded, Deadly Virus Stalks Workers at US Meat Plants”. En cristiano: “Frías y hacinadas: un virus letal acecha a las trabajadoras de las plantas frigoríficas de EEUU”. Esto no está en el diario del Polo Obrero sino en Bloomberg, agencia de noticias insospechablemente conservadora. Con este virus los trabajadores de la carne son carne. Carne de cañón. Ante todo, los hechos.  En marzo las autoridades sanitarias de Texas abrieron una investigación sobre el agrupamiento emergente de casos de Covid-19 ligados a una enorme planta frigorífica de 1000 empleados, propiedad de la firma JBS de San Pablo, Brasil, en el condado texano de Moore. Ésa viene a quedar en el rincón más polvoriento y vacío de la llanura noroeste del estado de la estrella solitaria, con apenas 20.000 habitantes. No es un lugar por el que pinten turistas, sino un “backwaters” total. ¿Cómo es que en tamaña soledad hay 380 enfermos? Es 10 veces la cifra por cada mil habitantes de las ciudades texanas de más estrépito: Dallas, la capital cultural e informática, Houston, la petrolera y económica, y San Antonio, la política. El condado de Moore no es un cisne negro sino parte de un “cluster” epidemiológico emergente no en Texas o en los EEUU, sino en el mundo. JBS, el mayor procesador de carnes del “ut supra” citado mundo, enfrenta el mismo problema en otras de sus muchas plantas. Y le pasa lo mismo a otros frigoríficos vacunos, porcinos y avícolas de distintos capitales en Canadá, España, Irlanda, Australia y Brasil. (Obvio, inevitablemente Brasil: tiene el mayor rodeo vacuno del planeta, además de un cierto problema presidencial). El virus SARS CoV-2 campea en esas instalaciones. Y sería raro que no estuviéramos también en esa foto, aunque haciéndonos los giles. Estén adonde estén, los frigoríficos ya son zona roja de la peor pandemia respiratoria desde la llamada “gripe española” de 1917-1920, esa que no era española en absoluto. Sólo que “respiratoria” en el caso de la catástrofe actual es un decir, porque a lo sumo describe el modo favorito de transmisión de este SARS CoV-2: por inhalación de aerosoles exhalados por infectados todavía sanos, entre los días 0 y 5 del contagio, en promedio, antes de que aparezcan los primeros síntomas. Fuera de ello, este virus sorprendente ataca con entusiasmo también el corazón, los riñones, los intestinos e incluso el cerebro, de modo que es respiratorio e “anche piú”, y no tenemos la lista completa de qué otros órganos y sistemas afecta. Al SARS CoV-2 lo estamos descubriendo en la misma medida en que éste, hasta hace poco sólo cliente habitual de murciélagos cavernarios del género Rhinolophus de la provincia china de Hubei, nos va descubriendo a nosotros, su nueva dieta. Huésped anterior del SARS CoV-2 antes de pegar el salto y devenir en patógeno humano El Centro para la Prevención y Control de Enfermedades de los EEUU, o CDC, organismo federal y la mayor agencia epidemiológica del mundo, tenía detectados 5000 casos de Covid-19 con testeo positivo en 19 estados a fecha del 27 de abril, lo que supone al menos el 3% de los trabajadores de la carne. Pero el CDC corre jadeando tras la pelota por falta de kits de diagnóstico. Sin embargo, los pocos que hay y malos como son (tienden a dar falso negativo) alcanzaron para certificar que en estados ganaderos como Iowa y Dakota del Sur, una quinta parte del personal de los frigoríficos grandes ya tiene o tuvo el virus. ¿Estamos ante una conspiración vegana? No, sólo asuntos de medio ambiente fabril
In this April 2020, photo provided by Tyson Foods, workers wear protective masks and stand between plastic dividers at the company’s Camilla, Georgia poultry processing plant. Tyson has added the plastic dividers to create separation between workers because of the coronavirus outbreak. (Tyson Foods via AP)
¿Estas operarias eminentemente negras y mexicanas están separadas 1,80 metros unas de otras? Se requiere de investigación fina y meticulosa, pero las generales de la ley en la industria muestran por qué se volvió zona roja del SARS CoV-2 con tanta facilidad. Lo normal en los frigoríficos es la proximidad casi hombro con hombro de los trabajadores en la que se podría llamar “línea de desmontaje”, una cinta donde la carcasa de un animal recién sacrificado desfila a gran velocidad mientras los operarios le van cavando y asestando cortes, cada cual el suyo, según una rutina preasignada. Lo habitual es que cada operación dure uno o dos segundos, entre la llegada de la pieza a destazar y su partida hacia el puesto de trabajo siguiente. Es un trabajo frenético y de alta demanda no sólo de concentración y destreza (es fácil rebanarse dedos), sino de fuerza física. El desgaste energético es alto (especialmente cuando hay que cuartear vacunos), y obviamente el ritmo cardíaco y respiratorio suben un poco. Si el barbijo se le corre al empleado no tiene mucho tiempo de reacomodárselo, porque eso demoraría toda la cadena productiva. Ésta es una industria tayloriana como pocas. Como cantaban Pedro y Pablo: “… la prisa del diario trajín/ parece un film de Carlitos Chaplín/pero sin comicidad”. El CDC recomendó a las patronales estadounidenses que las cintas transportadoras fueran más despacio, y que los trabajadores estuvieran más separados entre sí: al menos 1,80 metros de distancia promedio (¿vio la foto?). Asimismo, les dijo que debían redistribuir los turnos de trabajo para que el número de ocupantes de las instalaciones fuera más bajo. Pero al mismo tiempo que esa burocracia sanitaria profesional del estado federal trataba de salvaguardar a los trabajadores, el presidente Donald Trump se aseguró de que los patrones tuvieran el máximo de protección legal posible contra acciones gremiales: en la crisis, la industria cárnica ahora es estratégica. Incitá a la huelga y vas a conocer al sheriff. El portavoz de JBS USA, un tal Nikki Richardson, explicó a la revista de tecnología “Wired” que en los frigoríficos estadounidenses de esa firma brasuca se aplicó fielmente la doctrina CDC de separación de los trabajadores tanto en espacio como en tiempo. Sí, nuevamente, las fotos, las fotos… El problema, si las fotos macanean y Richardson dice la justa, es que entonces las cosas son peores de lo esperable. Porque desde que los estados y distintas agencias federales tomaron cartas en esta crisis industrial-sanitaria, la rampa de contagio de los obreros no dio muestras de aplanarse ni un poco. Según el mentado Richardson, al trabajador se le da una mascarilla de calidad quirúrgica, equivalente a nuestra N95, con capacidad de filtrar hasta el 95% de las partículas de hasta 5 micrones (milésimas de milímetro) que flotan en el ambiente como aerosoles. Las plantas estadounidenses de JBS además tienen cámaras de infrarrojo que miden la temperatura de cada empleado antes de habilitarlo a ocupar su puesto, y de yapa se contrató a una cantidad de nuevo personal abocado únicamente a mantener impecables (y en tiempo real) las instalaciones según los estándares de limpieza reforzados últimamente por el CDC, pero también por OSHA, la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional del NIH, el Instituto Nacional de la Salud. Siempre según Wired, el North American Meat Institute, lobby oficial de los matarifes estadounidenses, dice que todos los miembros de esa cámara adoptaron las nuevas guías de trabajo “dentro de lo posible”, como explica a la revista en un e-mail. “Lo posible” parece poco: una planta de procesamiento porcino de Missouri, ese verde y boscoso estado del Midwest, pidió al departamento de salud local que viniera a testear a su plantel laboral, y saltaron 370 positivos, todos ellos asintomáticos… todavía. Al 27 de Abril, la industria cárnica estadounidense ya tenía 20 trabajadores muertos, y contando. En EEUU cuando se habla de testeos se habla de kits de detección de anticuerpos en general importados de China o del Sudeste Asiático, que de suyo, malos o buenos, dan falsos negativos porque en la primera semana de infección (el llamado «período ventana») la gente no suele desarrollar anticuerpos en cantidades fácilmente detectables. Nuevamente, aquí, donde empezamos a fabricar nuestros propios equipos de anticuerpos, más sensibles y bien testeados, podemos escandalizarnos un poco con el atraso de los yanquis, ¿quién lo iba a decir? Un país con 113 premios Nóbel de medicina y fisiología… El test “COVIDAR IgG”, cuyo desarrollo fue liderado por científicos del CONICET, del Instituto Leloir y de la Universidad Nacional de San Martín, fue validado por el ANMAT con 5000 análisis en distintos centros de salud con una fiabilidad sobresaliente, se fabrican 10.000 por semana y la producción se va a escalar a medio millón por mes. La soberanía tecnológica en testeo no es un asunto de sustitución de importaciones (aunque no viene mal), sino una necesidad biológica: los virus a ARN como el SARS CoV-2 mutan rapido, se fragmentan en cepas regionales, y no es imposible que dentro de un tiempo los kits asiáticos, europeos o norteamericanos aquí empiecen a fallar más.  En ese caso, más que sustituir importaciones sustituiremos exportaciones.

Continúa mañana.

Daniel E. Arias

Andrea Gamarnik, robada a los EEUU por el Instituto Leloir y nacida en Lanús, hace goles. Es hincha de El Taladro, juega bien al fútbol y desarrolló un test de anticuerpos para el Covid-19.

«Barril criollo» y energía cara. El gobierno fija un precio mínimo de 45 dólares para el barril de crudo

El Gobierno anunció el jueves que el precio para el llamado “barril criollo” será de 45 dólares. Es un subsidio del Estado nacional para que las empresas petroleras sigan operando y no lleven adelante más despidos y suspensiones entre su personal. Reproducimos la nota que escribió Andrés Repar, del Instituto de la Energía Scalabrini Ortiz (IESO), rica en datos precisos. Y también damos a continuación la opinión de AgendAR.

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«El costo de producción del petróleo crudo puede verse en el informe de YPF (con valores de 2019 entre 15 y 20 dólares por barril) y en particular en el informe del primer trimestre del 2020 de Vista SA (la sociedad que encabeza Miguel Galluccio) con el 100% de shale oil donde el “lifting cost” lo declara en 9,99 u$s por barril. Los pozos horizontales actuales (de 2500 a 3000 metros) desarrollan un área de fracking que prevé extraer unos 660.000 bbl/pozo. El costo operativo unitario del pozo medio (mix de productivos y no productivos) se halla en 15,15 dólares por barril, similar a la media declarada por YPF en 2019. Con los costos indirectos (servicios financieros e impositivos) y beneficios del orden del 20% (5 u$s por barril) se llega a un precio base de venta, con un buen margen, del orden de los 26 dólares. Este precio de venta es casi el 50% del de “emergencia” que requieren las empresas petroleras (45 u$s por barril). La situación mundial en este tema no es sencilla y están todos los almacenajes y buques completos. Colocar el crudo a 45 dólares sin demanda y eventuales ventas a mitad de precio es un oneroso error para el país. A nivel del mercado interno, el Estado Nacional puede asistir en compras de crudo a futuro o mejor sostener parte del salario de los trabajadores de las empresas con problemas. Para nada darles un valor sostén del crudo a empresas que con maniobras de pagos de servicios pueden manipular márgenes de fugas o envíos de fondos al exterior. No nos olvidemos que en esta emergencia “deberíamos impedir el movimiento de dineros especulativos hacia el exterior”, como lo expresa el artículo de Cesar Crocitta y Bruno Capra del 30 de abril. Sostener los 45 dólares hasta el 31 de diciembre próximo es un despropósito por las vicisitudes de los precios. Son ocho meses, cuando no sabemos qué va a pasar la semana próxima. Al traducir los números dados en dólares a pesos, podemos observar que una retribución al crudo de 26 dólares por barril, puede equivaler a unos 9 pesos por litro, un 15% del valor de la nafta al público, que es una cuota parte razonable. El precio de 45 u$s por barril implica un costo del crudo a las refinerías del orden de 19$/litro, es decir cerca del 30% del valor final de las naftas y del gas oil. Algo que más tarde o más temprano va a determinar un valor de la energía impagable por el sistema productivo actual. Este sistema requiere energía sustentable y competitiva para un retorno y una evolución productiva fundamental en los primeros meses post-corona (suponemos agosto 2020 en adelante). La larga agonía de las pymes industriales y de los usuarios de servicios requieren de este esfuerzo compartido de la Nación y de las empresas. Si no es así, el Estado ante la emergencia no tendría otro camino, frente al cierre de pozos o su abandono, absorber las estructuras productivas y traspasarlas a YPF o IEASA (Ex Enarsa) y así sostener el imprescindible desarrollo productivo nacional. El sector empresario extractivo de petróleo ha tratado sistemáticamente de desplazar al Estado de toda función efectiva y trascendente en el sector, buscando ser proveedor de la cuota parte mayoritaria de la energía para la Nación. Hoy el sector expone su fracaso en ello, pero trata de conservar las posiciones adquiridas recurriendo al Estado para mantenerlas y si es posible, incrementarlas.»

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El último párrafo, que encabezaba la nota de Repar en Página 12, expresa una crítica muy tradicional al «lobby» de las petroleras. Pero en AgendAR señalamos que la presión política por un «barril criollo» alto no viene sólo de las empresas, sino también de las provincias petroleras (sus gobiernos tal vez no podrían pagar los sueldos sin esas regalías) y de los sindicatos del rubro. El gobierno no puede, ni debe, condenar a las provincias petroleras a enfrentas conflictos sociales, en estas circunstancias. Pero los datos que presenta Repar indican que con este precio todos los argentinos estamos subsidiando a la actividad petrolera, y -más grave- estamos condenando a la acosada industria nacional a pagar la energía muy cara. Y también al agro. Porque en la pampa húmeda ya no existe la agricultura poco mecanizada y la ganadería extensiva de casi un siglo atrás. Son explotaciones capitalistas de tecnología avanzada, que consumen petróleo como combustible y como materia prima de fertilizantes. Un «barril criollo» de 45 dólares hace mucho menos competitiva a la economía argentina. Es necesario encontrar otras soluciones para las provincias y los trabajadores, que no hagan necesario este «precio mínimo», que no despierta tantas críticas como los precios máximos, pero es aún más distorsivo.

La polémica en el sector nuclear. Una voz desde la Planta Industrial de Agua Pesada

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El lic. Pablo Sosa, Secretario adjunto de la Junta Interna ATE-PIAP, solicitó derecho a réplica a notas publicadas este martes en AgendAR. Por supuesto, se lo reconocimos. Lo reproducimos como imagen porque así fue remitida, y sugerimos que la envíe en Word o pdf, para publicarlo en forma más fácil de leer. Ayer lo recibimos, y aquí lo volcamos en este formato. Y nos pareció apropiado publicarlo al lado del que nos envió otro gremialista, Cristián Salas, con un enfoque aparentemente opuesto en cuanto a las candidaturas a Presidente de la CNEA. AgendAR cree que esta misma discusión se está dando en el seno de toda la comunidad nuclear argentina. Sucede que el gremialismo nuestro tiene una tradición de discutir en voz alta.

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Desde la Junta Interna ATE-PIAP, repudiamos la actitud de APCNEAN de usarnos como argumento para posicionar sus integrantes en cargos que anhelan desesperadamente. Llegamos hasta acá un centenar de trabajadoras y trabajadores no por falta de presupuesto para echarnos sino por el espíritu de lucha de todos nosotros, incluyendo a los compañeros que por una u otra razón se vieron obligados a optar por el retiro de mutuo acuerdo. En estos 4 años de lucha incesante y que aún llevamos adelante porque del futuro de la Planta Industrial de Agua Pesada no hay nada dicho; hemos cortado la ruta Nacional 22 en varias oportunidades, participamos de reuniones en las comisiones de energía de la cámara de diputados y senadores de la Nación en compañía de los representantes de nuestra provincia, organizamos audiencias públicas con acompañamiento de diputados provinciales, logramos que la Planta industrial de Agua Pesada fuera declarada de interés Provincial por la Legislatura, participamos de reuniones multisectoriales y de la pueblada en la localidad de Zárate junto a compañeras y compañeros de distintas organizaciones sociales y partidos políticos, acampamos frente al Congreso de la Nación junto a los mineros de Río Turbio y en otra oportunidad en el acampe organizado por la CTA Autónoma, siempre en compañía de compañeras y compañeros de ATE de las demás empresas que conforman el Sector Nuclear. Ahora, a quienes no vimos jamás en ninguna de estas actividades es a quienes hoy, con un mensaje meramente discursivo se dicen «defensores» de la PIAP, nunca estuvieron presentes, nunca estuvieron en la calle o sobre la ruta con nosotros, nunca pusieron el cuerpo. Más allá de quien sea el presidente de la CNEA o de ENSI, nosotros sabemos lo que la PIAP necesita y contamos con la convicción y la fuerza de las compañeras y compañeros para seguir luchando. Solo los mediocres necesitan montarse en luchas ajenas para lograr objetivos propios.

LA PIAP NO AFLOJA!!

JUNTA INTERNA ATE-PIAP.

La polémica en el sector nuclear. Otra voz desde la Planta Industrial de Agua Pesada

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Cristián Salas, delegado de Producción ATE-PIAP, nos hizo llegar este comunicado. Y nos pareció apropiado publicarlo al lado del que, en otro formato, nos envió otro gremialista, Pablo Sosa, con un enfoque aparentemente  opuesto en cuanto a las candidaturas a Presidente de la CNEA. AgendAR cree que esta misma discusión se está dando en el seno de toda la comunidad nuclear argentina. Sucede que el gremialismo nuestro tiene una tradición de discutir en voz alta.

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INDUSTRICIDIO NUCLEAR, NUNCA MÁS

Durante el gobierno de Mauricio Macri la PIAP sufrió la situación más angustiante que recuerden los trabajadores de nuestra planta. El subsecretario de asuntos nucleares Julián Gadano y el directorio de ENSI S.E. (empresa operadora) anunciaron 20 años de producción continua, pero nos encontramos con un 2018 donde a partir de marzo empezamos a cobrar los sueldos en forma diferida con atrasos de hasta 25 días la primer cuota. Nos vimos obligados a defender nuestros salarios arriba de la ruta 22, frente al ingreso a planta. Y empezamos una gran lucha pidiendo que se concrete la cuarta central nuclear, para producir el agua pesada de la misma. Pero la decisión de Macri fue que no se produciría D2O, por lo que el Directorio y el subsecretario Gadano empezaron una campaña de desprestigio y difamación. Quisieron instalar que se podía comprar agua pesada fuera del país, y a un valor 40% menor que el nuestro; y que la tecnología de tipo CANDU era obsoleta, que se compraría un reactor nuclear a los chinos, con uranio enriquecido y solo con el 20% de participación de parte de Argentina. El directorio de ENSI llevo adelante la política macrista de destrucción del sector nuclear dentro de la planta. Y a los pagos tardíos y diferidos en 2018, le sumó el despido de todos los compañeros del comedor en julio, reducción de transporte a planta y un plan de reducción del personal a través de retiros voluntarios. Esto llevo a que la PIAP redujera el personal de 450 a 87 trabajadores. Fueron 2 años enteros de incertidumbre, sin saber si cerraría la planta, si cobraríamos todo el sueldo, si nos echarían, si encontraríamos compañeros la próxima vez que entrásemos al lugar de trabajo. Con el cambio de gobierno se abrió una nueva esperanza. Porque queremos una argentina cada vez más libre, más tecnológica e independiente, capaz de desarrollar el futuro de la mano de los trabajadores, con obreros y profesionales comprometidos con el pueblo. Por nuestra experiencia, sufrimiento y lucha repudiamos la posibilidad de que los mismos funcionarios que llevaron adelante la política de desguace, vaciamiento y destrucción en el sector nuclear durante el gobierno de Macri sean quienes ahora dirijan la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Cristian Salas, delegado de Producción ATE-PIAP

Arroyito, Neuquén 8 de Mayo de 2020