COVID-19 ¿Estamos testeando lo suficiente?

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Un texto del blog “Ciencia Nuestra” y varios desatinos de La Nación, Clarín e Infobae nos obligan a opinar sobre si Argentina está o no “haciendo lo que hay que hacer” en materia de testeo de Covid-19. La respuesta preliminar es “No”, y la nota inevitable al pie, es la siguiente: es difícil mejorar lo logrado por el Ministerio de Salud en “achatar la curva”, en evitar el aplastamiento de la precaria salud pública nacional bajo un alud de contagios y de muertes. Pero también se ganó tiempo en desarrollar un arsenal propio de diagnóstico. Sin duda, harán falta más testeos de suficiente calidad. ¿Qué significa “suficiente calidad”? Por supuesto, no nos referimos a los 170.000 kits de detección de anticuerpos regalados por China: tienden a dar falsos negativos durante el período “de ventana inmunológica”, entre 5 y 10 o más días en que el contagiado tiene el virus pero nada o poca respuesta de anticuerpos. Si es para tener un mapa de situación, los tests de anticuerpos dan el panorama de la semana anterior. Dentro de los tests llamados genéricamente «serológicos», hay otros diseñados para funcionar incluso en el período de ventana: lo que detectan es proteínas virales, es decir antígenos, no la respuesta inmune ante ellos, los anticuerpos. Para decirlo en fácil, los tests de antígenos determinan si hay chorros dentro del banco, no si hay patrulleros rodeando la manzana. Pero debido a que la viremia (cantidad de virus circulante en sangre) puede ser real pero cuantitativamente indetectable, su confiabilidad está entre el 34 y el 80%. Eso depende demasiado del momento de la infección en que a unos paramédicos vestidos como el hombre en la Luna nos pinchan el dedo y ven cómo se porta esa gotita de sangre. Los tests serológicos son muy rápidos (de pocos minutos a una hora). Idealmente, resultan baratos y descentralizados. El kit perfecto se parecerá a un Eva-Test: una plaquita de plástico con una reacción química de color que da al toque un positivo o un negativo francos, y permitirá hasta la autodetección. Salvo, por supuesto, dentro del “período de ventana”. En cambio los tests que se vienen haciendo aquí (todavía en cantidad insuficiente, estamos de acuerdo) son el “golden standard” de la disciplina: detectan genoma viral amplificado centenares de veces en cantidad. Es decir, señalan a los chorros con muy poco error, porque antes multiplican “in vitro” su cantidad mediante la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Qué es tecnológicamente la PCR lo explicamos otro día. Fue el acontecimiento más importante de los últimos 50 años de la biología molecular, y en 1993 le valió el premio Nobel a su creador, Kari Mullis. Baste saber que en este caso la PCR incrementa la cantidad de ARN viral. Siguiendo con la metáfora, un caco o dos en el banco quizás no llaman la atención, pero si son decenas de miles es inevitable verlos. Y si los patrulleros tardan en llegar, (ese punto ciego de los kits de anticuerpos), tampoco importa gran cosa. Sabemos que hay chorros o que no los hay, punto. Con 97% de certeza. Esa certeza cuesta lo suyo: entre U$ 30 y 50 cada determinación. Peor aún, es una detección centralizada: nada de hacerla en un kioskito al paso o en casa. Las muestras (hisopados nasales o faríngeos) deben obtenerse con gran pulcritud y llegar desde laboratorios de periferia a otros más complejos y bien equipados de fierros y de personal. Pero estos tests baten sin macanear eso que desvela al bando “¡Queremos más tests ya!”: cuándo y cómo ir saliendo del cepo de la cuarentena. Respecto de esto, cantidad de notas en Infobae, La Nación y Clarín piden una política de testeo “a la chilena”, que cabalga mayormente sobre detectores serológicos de anticuerpos, y últimamente de antígenos. Al pedir eso, adolecen de ese combo insuperable de ignorancia técnica y mala leche que les es propio. Pero como en este país no faltan giles, en lugar de rezongar “Ladran, Sancho”, vamos a ladrarles un poco a ellos. Elogio de la ceguera (y del freno) Parte del Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba, tal vez nuestro salvavidas mientras no llega una vacuna. Los que ladran “Imitemos a Chile” prefieren ignorar que el tiempo ganado aquí con un frenazo a ciegas, como fue nuestra cuarentena, no sólo hoy permite recauchutar de camas y respiradores un sistema de salud público. Imposible omitir que fue destripado (nuevamente) entre 2016 y 2019, y que en 2018 perdió hasta el rango ministerial que tuvo desde su creación, en 1949. Pero no quiero perder el hilo. Esta pausa brutal, la cuarentena, permitió también descentralizar el diagnóstico RT-PCR, que en enero se hacía sólo en el deteriorado ANLIS-Malbrán, respondiendo a eso de que Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires. Eso era un tremendo cuello de botella: éste es el 8vo país del planeta, por superficie. Bajo la frágil tregua que nos dio el virus durante esta cuarentena, se consiguieron cosas. El RT-PCR hoy se efectúa no en uno sino en 34 laboratorios distribuidos por todo el territorio argento. Con esto la determinación dejó de ser una pesadilla logística y en las provincias se bajaron los tiempos de espera de resultados de 4 o 5 días, en febrero, a 1 a fecha de hoy. En suma, que el cuadro de situación será más un croquis que una pintura, pero corresponde cronológicamente con la realidad, en lugar de atrasar casi una semana. No es poco decir, con una virosis que se transmite tan rápido. ¿Y esto cómo se logró? El personal del Malbrán salió a dar capacitaciones con urgencia. Se rescató del olvido la red de laboratorios provinciales de referencia creada para el diagnóstico de enfermedades respiratorias. Se la urdió cuando aquella gripe pandémica tan temida, la porcina H1N1, de 2009, ésa que resultó no ser tan mala. ¿Se acuerda? El resultado: hoy la red para el Covid-19 puede hacer entre 3500 y 4000 determinaciones por día, lo que excede totalmente la demanda actual. Pero esta capacidad va a usarse “a full” cuando empiece a levantarse la cuarentena y el contagio recrudezca. Acordado, el RT-PCR actual es lerdo (toma 6 horas) y caro, pero la cuarentena nos compró un par de meses para tener mejores medios de detección, y además nacionales. No sólo Salud Pública recuperó voz, voto, cintura y chequera de Ministerio en el Gabinete, sino también Ciencia y Tecnología, y el nuevo ministro Roberto Salvarezza fusionó en la Unidad Coronavirus alrededor de 800 proyectos (sí, ochocientos) de investigación y desarrollo antes independientes. El arma nueva del arsenal de la Unidad Coronavirus es bioinformática: un secuenciador de genes instalado en el Malbrán que irá detectando todo cambio en el ARN viral circulante. La información se circula, convenios mediante, con los países de la región para difundir las novedades genéticas  en tiempo real. Esto importa: que el virus mute (y lo hará) no sólo afecta la clínica (puede volverse más benigno o más jodido). Afecta también el diagnóstico: se necesitarán reactivos argentos para señalar su presencia o ausencia. Además de que estos costarán pesos, y no dólares (algo decisivo en tiempos de inflación), la velocidad de cambio de los virus a ARN pide a gritos que la Argentina y la región sean autosuficientes en materia de diagnóstico rápido. Por ello Jorge Geffner, uno de los líderes de la Unidad Coronavirus, apunta a una PCR “Nac & Pop” que dé resultados en una hora, no en 5 o 6. Y ya casi está a la mano, pero debe validar su calidad el organismo de licenciamiento nacional, el ANMAT. Otra novedad más para los que piden grandes testeos, como los tienen Italia, España, el Reino Unido, EEUU y Chile. Son excelentes, aunque les resulten un tanto decorativos, porque -por su rechazo a la cuarentena- hoy sus sistemas de salud ya están desbordados. Sin embargo, es incontestable que necesitamos un test de anticuerpos nacional, aunque tenga el vicio inherente de detectar patrulleros en lugar de ladrones. ¿Para qué servirá, entonces? Porque el plasma sanguíneo de pacientes recuperados aquí será usado como sucedáneo de una vacuna con pacientes graves que no responden a nada. Esa línea de combate se abrió bajo dirección de la bioquímica argentina Laura Bover desde Estados Unidos y entre sus más de 60 profesionales milita nuestro célebre Gabriel Rabinovich, del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME). La idea, ya plasmada en un decreto del lunes 20 de abril, es utilizar la capacidad de fabricación y la robusta logística del Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba, que data de 1964. La historia de este emprendimiento público del presidente Arturo Illia, que hoy atiende a más de 2 millones de pacientes en la región, domina el 50% del mercado de hemoderivados y evita U$ 60 millones/año de importaciones. Eso merece conocerse, y está aquí. Lo cierto es que con este potente recurso cordobés, el plasma anti-Covid podrá llegar hasta las aproximadamente 2800 terapias intensivas del país donde hay y habrá enfermos graves luchando por sus vidas. Hoy son menos de 150 pacientes, gracias a la criticada cuarentena a ciegas. Pero esperemos a ver los números cuando ésta se vaya levantando. Ese tipo de tratamiento con plasma extraído de humanos es el que usó Julio Maiztegui, del Malbrán, para atacar la fiebre hemorrágica argentina hace medio siglo. La causó otra zoonosis viral novedosa: el virus Junín, y sembró terror continental hasta que se vio que no sería una pandemia, sino un fenómeno circunscripto geográficamente a la Pampa Maicera, parte de la llamada “zona núcleo” de la Pampa Húmeda. Aunque los virus causantes son taxonómicamente muy distintos, morirse por virus Junín es tan horrible como hacerlo de Ébola: hemorragias difusas y masivas. No hay agujero humano que no sangre, incluídos nariz y ojos. El vector del virus Junín es –afortunadamente- la orina seca de un ratón local, la laucha maicera (Calmys musculinus), no la respiración o el contacto de la gente. Maiztegui tuvo resultados espectaculares: a partir de 1958 bajó la mortalidad inicial del Junín del 30% al 1%. Hasta 1991, cuando se tuvo la vacuna CANDID-1, el recurso de los sueros de convalecientes salvó centenares de vidas por año durante 33 años en la zona núcleo de la agricultura de la Pampa Húmeda. Luego la vacunación con CANDID-1, que logró acorralar el virus en menos de 10.000 km2, fue suspendida por el gobierno de Mauricio Macri. (¿Qué le hace otra mancha al tigre?). La terapia con sueros –similar a la antiofídica, en un punto- podrá parecer brutal, inespecífica y atrasada, pero mientras no tengamos buenos antivirales y/o una vacuna, estas gammablobulinas son lo que hay. Y para el caso, Argentina es LA referencia regional en la materia. Si funcionan, podemos salvar incluso a algunos vecinos. Este proyecto, en marcha desde hace pocos días, es lo que más puede darle sentido a un test serológico de anticuerpos, pese a su inutilidad durante el “período de ventana”. Quien se haya curado de una infección leve o severa de Covid-19, e incluso quien haya cursado un contagio subclínico, sin siquiera enterarse, tendrá anticuerpos sí o sí. Una detección barata y rápida puede “achicar el pánico” de centenares de miles de argentinos, pero además hacer de algunos de ellos dadores voluntarios de sangre para fabricar sueros anti Covid-19 en la Universidad de Córdoba. Eso –si funciona, el éxito de Maiztegui puede repetirse, o no- podría sacar del brete a más de uno en las terapias intensivas. Razón por lo cual necesitaremos un test de anticuerpos Nac & Pop: no se puede vivir de la caridad china. La caridad siempre es cara, a la larga. Pero además es posible que si el «corona» circulante en la región muta, dentro de un tiempo los kits chinos se vuelvan bioquímicamente inútiles. En esto del kit detector de anticuerpos argentino están trabajando a destajo Andrea Gamarnik, jefa del Laboratorio de Virología Molecular de la Fundación Instituto Leloir (FIL), dos laboratorios más de la FIL dirigidos por Julio Caramelo y Marcelo Yanovsky, y el grupo de Diego Álvarez de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Financian y coordinan el MINCyT, el CONICET y la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación. Hay equipo. Lucha real o masturbación académica La viróloga Andrea Gamarnik y el biólogo molecular Gabriel Rabinovich, parte del arsenal humano argentino contra el Covid.19. Pueden ser más efectivos que la policía. Una opinión a tener en cuenta al respecto es la de el CDC (Center for Disease Control) de la Unión Europea, una comunidad cuyos estados –con excepciones como Alemania y la República Checa- han hecho casi todo mal respecto de esta pandemia, y vienen sufriendo las consecuencias. Sin embargo, lo que dice el CDC de la UE respecto del testeo es inobjetable: “Ningún país sabe realmente el total de personas infectadas con Covid-19. Todo lo que sabemos es el estado infectológico de aquellos que han sido testeados. Todos los que tengan una infección confirmada por laboratorio se cuentan como casos confirmados.             “Esto significa que las estadísticas de casos confirmados dependen de cuánto testee cada país. Sin testeo no hay datos válidos.             “El testeo es nuestra ventana hacia la pandemia y nos muestra cómo se propaga. Sin datos sobre quién está infectado con el virus no tenemos modo de entender la pandemia. Sin tales datos no podemos saber qué países están actuando bien y cuáles sencillamente está sub-reportando tanto casos como muertes».             “Para interpretar cualquier dato sobre casos confirmados necesitamos saber cuánto testeo de Covid-19 lleva a cabo el país en cuestión”. Bueno, sí y no, según un “número mágico”, uno que no miente. Es la cifra de número de muertos de Covid-19 por millón de habitantes. Y define bastante la cuestión de si Argentina está haciendo las cosas bien o mal. No es una cifra tallada en inmutable granito: resulta fácil (si no te descubren) truchar la realidad atribuyendo muertes por Covid-19 a otras causas respiratorias, circulatorias, nefrológicas,  infectológicas, oncológicas o inmunológicas. Como dice Jorge Luis Borges:

“Manuel Flores va a morir, eso es moneda corriente; morir es una costumbre que sabe tener la gente”.

Y morir por morir la gente, cuando no lo hace por accidentes sino en una cama, sea propia o la de un hospital, suele hacerlo por una o varias de las 7 causas mencionadas. Pero aquí es difícil barrer muertos de Covid-19 bajo una gruesa alfombra de  estadísticas. Entre otras cosas, porque el actual gobierno no ganó por goleada electoral sino por sólo 8 puntos, y está más bien huérfano de blindaje mediático o judicial, y esgrime más frágiles razones razonables que razones de estado. Alberto Fernández, no importa si a su pesar o no, no es el tío Xi Jingping. Por ello y porque en sus hechos económicos van a contramano del gobierno anterior y de la ortodoxia imperante en la región, el presidente Alberto Fernández y su ministro de Salud, Ginés González García, tienen demasiados enemigos como para andar truchando causas de muerte. Por eso, para tranquilidad de ortodoxos, estas cifras a fecha del 23-04, desplegadas en un sistema de información geográfica del sitio «ourworldindata.org«, las santifican los epidemiólogos de la UE, si llegan a merecer más confianza que los propios. Se pueden consultar aquí. Y las cifras no nos muestran tan feos. A fecha de hoy Argentina tiene 3,52 muertos de Covid-19 por millón de habitantes. No son cifras sobresalientes respecto de algunos vecinos inmediatos (Uruguay tiene 3,45 muertos por millón, Bolivia 3, 43, Paraguay apenas 1,26), pero nos diferencian de un Brasil que parece estar pagando tan caro como los EEUU el tener un presidente negacionista. Jair Bolsonaro llamó “una gripecita” al Covid-19, y hoy su país tiene 13,67 muertos por millón. EEUU, que parece fatalmente encaminado a terminar esta pandemia con no menos de 200.000 muertos, ya raya 141,34 (sic), y sumando. La Gran Democracia del Norte entró a la cuarentena desordenadamente, ya incendiada de casos, cada estado por la suya, muchos a contramano de la voluntad del presidente Donald Trump y así también se preparan para salir de la misma, en caótico malón. Lo cual no promete nada bueno a futuro. Canadá, tan cercano y tan lejano, capea muy mal la tormenta con 52,3. Siempre es bueno compararse con los canadienses, esos defensores de la salud pública, al menos hoy, compatriotas, cuando parecemos mejores. Mañana, no sabemos. Los suecos creyeron poder navegar la ola con distanciamiento social pero sin parar la economía, y hoy hacen agua: 191,8 muertos por millón. Cifra feísima que indica capacidades hospitalarias desbordadas, y eso en un estado que dentro de Europa es como Canadá en las Américas: de los últimos catalogables como “de bienestar”, con buena inversión en salud pública. Señoras, señores, los argentinos estamos 17,27 veces menos mal que uno de los mejores países de Europa para sobrevivir en estos tiempos: Alemania, que casi triplica nuestras capacidades en camas de terapia intensiva. Alemania hoy cuenta 60,8 muertes por millón. Pero por dar un ejemplo futbolero, poniendo 33 jugadores en la cancha. Probablemente (eso cree Abel Fernández, dueño de este portal) hay «un factor X» oculto que explica tantas disparidades, y que no es ni el equipamiento ni la política sanitaria. Una posible «X» es geográfica: estar fuera del atestado Hemisferio Norte ayuda, y que la Argentina quede en un extremo de esa remota península, tan austral, que es el Cono Sur, ayuda más aún. Pero si tuvimos un mérito fue haber visto a tiempo el incendio sanitario de dos países europeos que nos resultan fundantes, España (hoy con 466,49 muertos por millón de habitantes) e Italia (418,89), y haber frenado a fondo sin perder tiempo. Estamos también en la mitad que el Chile actual, esa distopia de Milton Friedman donde no sólo se testea a lo grande sino donde cada ciudadano debe pagar por ello. Los vecinos andan en 8,37 muertos por millón, pero la prioridad del presidente Sebastián Piñera es ver cómo levanta la cuarentena (¿cuál cuarentena?). Toda cifra puede dibujarse, por supuesto. La propia UE admite no tener números de la Guayana Francesa, un subestado colonial de Francia donde sería rarísimo que los indicadores sean bonitos, cuando los de la metrópoli (326,93 muertes) resultan impresentables. Un sólido artículo de Nora Bär muestra la evolución del R0 (una medición instantánea del contagio) del Covid-19 en Argentina. Antes de la cuarentena en Argentina estaba en 3,5 (cada portador del virus contagiaba a 3,5 personas) y ahora, con la economía en coma inducido y la circulación de personas un 56% abajo, está en 1,3. Es una falsa tregua, 1,3: el contagio sigue avanzando, pero por ahora con curvas achatadas como las de China (3,22 muertos por millón) o Corea (4,86), los países que dicen haber pasado sus picos máximos de infección. Lo que AgendAR prefiere subrayar es que achatar la curva de contagios sin cuarentena general aquí fue una opción perfectamente binaria, a todo o nada. No somos un país culturalmente confucianista, donde el estado tiene razón siempre y los mandarines, presidentes o primeros ministros, poderes casi divinos. China, confucianista, asiático y gigante, evitó el colapso de su salud pública con la cuarentena regional de la ciudad de Wuhan, y luego de toda la provincia de Hubei. Pero de “micro” esa cuarentena no tuvo nada. Afectó a unos 40 millones de personas y fue de una crudeza como sólo la tiene un fortísimo estado burocrático-autoritario. Tampoco Corea llegó a su status actual testeando a toda su población: lo hizo con apenas 500.000 habitantes, y tiene 55 millones. No tiene sentido estadístico o económico alguno testear a más personas, y máxime ante una emergencia de duración impredecible, y en medio de un recesión interna y mundial. Hay que administrar la plata. Lo que sí hizo Corea –usando toda la fuerza de un estado monolítico- es poner en cuarentena a todo caso positivo, y luego también a quienes hubieran tenido contacto de cercanía, pesquisa retrospectiva de la que se encargaban las autoridades. Te enterabas del resultado de tu RT-PCR y de que que ibas a estar encerrado 14 días en tu casa cuando te tocaba el timbre la policía, y entraban señores trajeados de hombre en la Luna y te ponían una tobillera electrónica. Si más tarde te faltaba efectivo, o una pizza, o trabajar, o tomar un poco de sol y te atrevías a sacar la nariz de tu casa, ibas preso. Corrijo: vas preso. Tolerancia cero con los posibles supercontagiadores avisados. Misma cosa para Hong Kong, misma cosa para Singapur, esos modelos que dice imitar más de un vecino. Si hay una política sanitaria a evitar es justamente la de Felipe Piñera: mucho test, pero libre desplazamiento, «laissez faire» total para los chetos de Las Condes que importaron el virus al volver de vacaciones en el Hemisferio Norte, y que después lo contagiaron libremente a los barrios pobres por vía de su personal doméstico obligado a trabajar, y que después se fueron a sembrarlo en Valparaíso, donde tienen sus casas de fin de semana. No confundamos el énfasis en el testeo del ingeniero, empresario y presidente Piñera con una masturbación académica. El tipo sabe de estadísticas, y tener una cantidad de positivos no sintomáticos diluye convenientemente la cifra de muertos y afirma la idea de que no hacía falta parar la economía. “Quod erat demonstrandum”, como se decía tras demostrar la hipótesis de un teorema en tiempos de mi abuela. Pero Chile tiene algo más del doble de muertos por millón que nosotros.

Daniel E. Arias

(Our world in data) El gráfico indica el número de muertes registradas por COVID-19 al 23/4, ajustadas por población del país. Los que están en blanco no tienen estadísticas regulares

Pymes temen que el «pico» de la crisis económica llegue a mediados de mayo

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La cuarentena ya generó numerosos despidos, suspensiones y bajas de salarios, pero el pico de la crisis se espera para mediados de mayo: desde el sector pyme advierten que el 15% de las pequeñas y medianas industrias, que no lograrán acceder al salario complementario por no cumplir los requisitos, no podrán pagar los sueldos de la primera quincena. Así lo advierte una presentación de IPA, Industriales Pymes Argentinos. En IPA destacan que los requisitos para acceder al salario complementario dejaron afuera a una buena cantidad de empresas. El salario complementario tiene como requisito que las empresas no hayan facturado entre el 12 de marzo y el 12 de abril más que la recaudación nominal del mismo período del 2019. La norma tiene dos inconvenientes: la inflación en torno del 50% que transcurrió entre un año y otro y el hecho que las empresas trabajaron hasta el 20 de marzo, lo que implicó que algunas facturaciones se cerraran entre 15 y 20 días después. El presidente de IPA, Daniel Rosato, presentó por video conferencia el segundo informe de su observatorio económico. Luego explicó: «Hay un 50% delas pymes que no va a cobrar el subsidio salarial por sus requisitos. Hoy las pymes están cerradas, no pueden facturar. Si se tomara el período de abril a mayo sería distinto». A ello se le suma la, por ahora, escasa llegada de la liquidez bancaria al canal del crédito. Agregó: «Hay 80.000 empresas industriales en Argentina. De ellas, unas 75.000 son pymes. El 15% está en una situación ya más que crítica y puede cerrar cuando tenga que pagarlos salarios de la primera quincena de sus operarios. Otro 20% más está compuesto por empresas que ya van a entrar en crisis también en ese entonces. Hasta acá se sostuvieron con recursos propios, pagaron los sueldos entre 100% y 75%, o en algunos casos con arreglos internos a cuenta, ya que los empleados ven que no hay actividad. Ahí van a empezar los problemas, al cierre de quincena. Estamos hablando de que si cierran las pymes va a haber un incremento de la pobreza y una caída en la miseria». Las quejas de los empresarios pymes son una tradición entre nosotros, pero es cierto que nunca en más de un siglo han atravesado una situación de estas características. El aspecto más grave: un informe del CEPA -Centro de Economía Política Argentina– publicado este jueves señala que, en lo que va de la cuarentena, 309.672 trabajadores fueron alcanzados por las suspensiones, las rebajas o retrasos salariales temporales y los despidos.

La brecha entre el dólar «blue» y el legal se acerca al 70%. Preocupación y medidas

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Después de otra jornada más de vorágine cambiaria en la Bolsa y en el mercado paralelo, donde el dólar blue llegó a $ 120, la Comisión Nacional de Valores decidió establecer límites a la tenencia de depósitos en moneda extranjera que están en cartera de los Fondos Comunes de Inversión (FCI), tratando de frenar la demanda del billete verde. Una medida para tratar de evitar las maniobras -bautizadas como «contado con liqui», CCL, y MEP- para hacerse de dólares, al precio que sea, y llevarlos al exterior (o a cajas de seguridad). La CNV, como ente regulador, emitió ayer la Resolución General N°835/20, fijando un límite del 25% a la tenencia de divisas en los fondos en pesos y también los nominados en dólares pero que emitieron cuota partes en moneda local, de acuerdo con los términos de l emitida este jueves. Para evitar perjuicios a los inversores, dispuso un cronograma escalonado de adecuación de las carteras (liquidación de la tenencia por encima del tope fijado), mientras que suspendió la suscripción de cuota partes en una moneda distinta a la moneda del Fondo. Al mismo tiempo, aclaró que habrá una excepción para los fondos bajo el Régimen de Repatriación de Activos. Además de estas regulaciones de la CNV que buscan aplacar la fuerte suba de CCL y MEP, el Banco Central dispuso ayer una suba de la tasa de pases de 11,4% a 15,2%, y decidió que los fondos T+0 no tengan la obligación de contar con encajes, lo que permitirá una mayor remuneración de esos depósitos y, por ende, un menor atractivo a la participación en cauciones para obtener dólares La semana pasada la autoridad monetaria ya había prohibido a los bancos operar con cauciones en la bolsa, y había definido una tasa mínima para los plazos fijos a 30 días (70% de la tasa de referencia, hoy en 38%), con el objetivo de quitarle presión a los dólares bursátiles. Sin embargo, la tensión se incrementó esta semana en los dólares libres, en medio de la renegociación de la deuda soberana. El dólar blue alcanzó ayer un nivel histórico de $ 120 en el circuito financiero informal, mientras el contado con liquidación avanzó por encima de los $ 114, aunque luego se desinfló, y la brecha con el mayorista llegó a superar el 72%. El Gobierno señala que detrás de las recientes subas existen maniobras especulativas, tal como afirmó la semana pasada el presidente del Banco Central, Miguel Pesce. Por eso, la Unidad de Información Financiera salió ayer a recordarles a las entidades financieras su obligación de informar las operaciones de gran volumen, las que impliquen transferencias al exterior y de todas las cuentas comitentes, para identificar a quienes están operando con Contado con Liquidación y Dólar MEP. En un documento titulado «Comunicado a Sujetos Obligados sobre Operaciones CCL y Dolar MEP», la UIF exhorta a las entidades a «cumplir responsablemente con sus obligaciones» y les pidió que «extremen sus recaudos tendientes a valorar adecuadamente los factores de riesgo de Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo de esas operaciones». Según manifestó la UIF, el organismo «observa activamente el aumento de las magnitudes en las operatorias de Contado con Liquidación y Dólar MEP generado durante las últimas semanas». En ese sentido, señaló que «la necesidad de que los Sujetos Obligados efectúen, en tiempo y forma, los reportes sistemáticos previstos en el artículo 42 incisos a) y b) de la Resolución UIF N° 30/2017 y en el artículo 38 inciso a) de la Resolución UIF N° 21/2018». Estos artículos establecen la obligación de reportar sistemáticamente el Reporte de Transacciones en Efectivo de Alto Monto (RTE), que incluye a las transacciones realizadas en moneda local o extranjera que involucren movimientos superiores a $ 280.000. También abarca el Reporte de Transferencias Internacionales (RTI) para todas las transacciones que involucren transferencias de fondos entre cuentas radicadas en el país y cuentas radicadas en el exterior. Por último, las entidades deberán informar el listado de cuentas comitentes y las transferencias internacionales de valores negociables. En la falible opinión de AgendAR, el factor central de esta «tormenta cambiaria» -más allá de las previsibles operaciones- es la huida del peso; la decisión de los que tienen fondos, grandes o pequeños, de cambiarlos por dólares, hasta arriesgando sanciones legales. Aunque, ya lo dijimos hace poco, no es un buen momento para la divisa norteamericana. No se trata entonces -estimamos- de «presiones inflacionarias causadas por la emisión». No hay ninguna presión del consumo sobre los precios, salvo en pequeños sectores de insumos médicos y artículos de limpieza. Pero si las autoridades económicas no consiguen que los poseedores de pesos no corran a cambiarlos por dólares, habrá dos consecuencias negativas e inevitables: los exportadores no querrán vender al cambio oficial, y esta devaluación desordenada se trasladará, más temprano que tarde, a los precios.

La propuesta de la provincia de Buenos Aires para la renegociación de su deuda en moneda extranjera

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La provincia de Buenos Aires anunció la propuesta de canje para los tenedores de bonos externos en moneda extranjera por nuevos bonos que van a ser emitidos por la Provincia. Estos nuevos títulos tendrán 3 años de gracia total (2020, 2021 y 2022), y comenzarán a pagar un cupón de interés promedio inicial en 2023 de 1,97%, que se incrementará en forma escalonada en el tiempo hasta un cupón máximo de 5,375% a partir de 2026, para las opciones en dólares, y 3,875% para las nominadas en euros. El cupón promedio, una vez alcanzados los niveles máximos, quedaría en 4,56% / 2,94% para dólares y euros, respectivamente, contra niveles actuales en 8,21% y 4,59%, respectivamente. La operación propone lograr una extensión de la vida promedio de los bonos desde 4 años actuales a 13 años, y, como se había anticipado, un ahorro de intereses durante el período 2020-2027 de 55% comparado con el monto actual a pagar. La Provincia señala que éste es un paso más para restablecer la sostenibilidad de la deuda pública, recuperar la economía y la capacidad de pago. La propuesta culmina el camino iniciado en diciembre, con la convocatoria a los acreedores a consultas para asegurar la sostenibilidad de la deuda pública provincial, y luego ratificado en febrero con el inicio del proceso de reestructuración de la deuda en moneda extranjera anunciado por el gobernador Kicillof. Como no podía ser de otra forma, esta oferta acompaña los lineamientos de la oferta hecha en el plano nacional por el presidente Fernández y el ministro Martín Guzmán.

Coronavirus en Argentina. Totales hasta hoy, 23/4: 3.288 casos. 159 muertes, 872 altas

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El Ministerio de Salud de la Nación informó que ayer se reportaron 144 nuevos casos de COVID-19. Con estos registros, suman 3.288 positivos en el país. De ese total de casos, 870 (26,5%) son importados, 1.408 (42,8%) son contactos estrechos de casos confirmados, 669 (20,3%) son casos de circulación comunitaria y el resto se encuentra en investigación epidemiológica. Del total de casos, el 49,4% son mujeres y el 50,6% son hombres. A la fecha, el total de pacientes dados de alta es de 872 personas. El 21 de abril fueron realizadas 2.617 nuevas muestras. Desde el inicio del brote hasta esa fecha se realizaron 39.228 pruebas diagnósticas para esta enfermedad, lo que equivale a 864,5 muestras por millón de habitantes. El número de casos descartados hasta ayer es de 30.362 (por laboratorio y por criterio clínico/ epidemiológico). Las principales franjas etarias afectadas de los casos registrados corresponden a personas de entre 20 y 59 años, siendo la edad promedio de 44 años. Se registraron 7 nuevas muertes. Son 4 mujeres, dos de 88 y 85 años, residentes en la provincia de Buenos Aires, otra de 57 años, residente en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) y otra de 84 años, residente en la provincia de Córdoba. Además tres hombres, de 55, 60 y 57 años, todos residentes en la provincia de Buenos Aires. Al momento la cantidad de personas fallecidas es 159. Este gráfico ha sido actualizado al 22 de abril por Juan Andrés Fraire @TotinFraire. Se ve claramente un «aplanamiento» de la curva de contagios, en relación a la que se observa en otros países. De todos modos, el Ministerio de Salud y los expertos consideran que el «pico» de contagios aún no ha llegado. Todos los esfuerzos, la cuarentena misma, han estado y están dirigidos a demorarlo. Las autoridades continúan con las medidas intensivas para reducir la circulaciòn del virus en el país y disminuir su transmisión. En este sentido es clave la estrategia de mitigación de la mortalidad destinada a personas mayores de 60 años y personas que integren los grupos de riesgo. Detalle por provincia (Nº de confirmados | Nº de acumulados)*: – Buenos Aires 61 | 1036 – Ciudad de Buenos Aires 39 | 800 – Catamarca 0 | 0 – Chaco 7 | 270 – Chubut 0 | 2 – Córdoba 4 | 264 – Corrientes 0 | 34 – Entre Ríos 0 | 22 – Formosa 0 | 0 – Jujuy 0 | 5 – La Pampa 0 | 5 – La Rioja 5 | 45 – Mendoza 1 | 74 – Misiones 0 | 5 – Neuquén 1 | 103 – Río Negro 17 | 165 – Salta 0 | 3 – San Juan 0 | 2 – San Luis 0 | 11 – Santa Cruz 0 | 41 – Santa Fe 5 | 230 – Santiago del Estero 0 | 12 – Tierra del Fuego 0 | 124** – Tucumán 4 | 35 *Aquellos casos confirmados que no están notificados por residencia, fueron contabilizados por provincia de carga. **Se incluyen 12 casos existentes en las Islas Malvinas según información de prensa (debido a la ocupación ilegal del Reino Unido, Gran Bretaña e Irlanda del Norte no es posible contar con información propia sobre el impacto del COVID -19 en esa parte del territorio argentino). Rectificación: en el día de ayer se informaron 112 casos nuevos sin contabilizar el caso sumado a las Islas Malvinas. El número debió ser 113. En el total de casos, sí estaba sumado. Para más información visitar el sitio del Ministerio de Salud de la Nación Para más información sobre la situación mundial de COVID-19 ingresar al sitio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (en inglés).

Un modelo matemático muestra que puede no haber «pico», sino una sucesión de pequeñas elevaciones

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Reproducimos una importante nota de Nora Bär: «Hace semanas, ante una posible saturación por de las capacidades de su hospital, El Cruce, en Florencio Varela, la neurocientífica e investigadora del Conicet Silvia Kochen se comunicó con investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA para pedirles que desarrollaran un sistema que permitiera optimizar el uso de los recursos sanitarios. Diez días más tarde, ya estaba listo y en este momento se utiliza para administrar eficientemente los recursos de El Cruce y otros nueve hospitales de la zona. Este desarrollo, de Inés Caridi y Leonardo Boechi, del Instituto de Cálculo, es solo uno de los ejemplos de numerosos modelos, simulaciones y prototipos que, con distinto grado de avance, está preparando un grupo de más de 50 matemáticos, estadísticos y científicos de datos de la UBA con colaboradores de la Universidad Nacional de San Martín, de Quilmes y de General Sarmiento, entre otras. Uno de los resultados interesantes que surge de las simulaciones es que, si la situación no varía sustancialmente y si se implementan ciertas estrategias, no se produciría el famoso «pico» con miles de casos, sino una sucesión de pequeñas elevaciones «administradas» producto de intervenciones , pero de órdenes de magnitud muy inferiores a lo que se imagina como el pico natural de la epidemia. «Armamos varios grupos pensando en las capacidades que tenemos para aportar al trabajo en la pandemia -cuenta Diego Garbervetsky, subdirector del Instituto de Ciencias de la Computación y coordinador del grupo (junto con Willy Durán, director del Instituto de Cálculo). Algunos son muy fuertes en temas de probabilidades, como el que dirigen Victor Yohai (premio Bunge y Born), Ana Bianco y Graciela Boente, que sigue temas de estadística aplicada. Otros investigan en modelado numérico, simulaciones a escala nacional, otros que trabajan más en teoría de grafos y redes para hacer estos modelos en el nivel ‘micro’; es decir, que pueden ser aplicados en barrios, localidades, asentamientos. Son herramientas muy potentes para asistir en la toma de decisiones«. Los estadísticos aplican diferentes métodos para hacer lo que se llama «clustering», que permite analizar, por ejemplo, a qué país de los que ya pasaron por distintas etapas se parece más la Argentina y así entender hacia dónde puede ir la curva. Otros se ocupan de calcular, para las simulaciones, lo que se llama «intervalos de confianza» para lograr mayor robustez estadística. También trabajan en «machine learning», que puede ayudar con el triage (o cribado, que es la clasificación rápida de urgencias). «Ahora no, porque la situación está controlada, pero si tuviéramos 10.000 ingresos por día se necesitaría asistencia computacional -dice Garbervetsky. Otro prototipo muy importante es el que analiza las comorbilidades y da un estimador, con cierto margen de error que se va mejorando con el tiempo, de cuál es la chance de que esa persona necesite un respirador o internación en terapia intensiva. Todo esto puede ayudar a predecir qué necesidades habrá por zonas o a hacer un diagnóstico asistido. Siempre pensando en lo peor, aunque por supuesto uno desea que no pase nada». La idea de los científicos es tener todos estos instrumentos listos para el momento en que podría ser necesarios. «En un par de semanas o menos de un mes podemos estar en condiciones de dar respuestas relevantes y útiles -afirma Rodrigo Castro, director del Laboratorio de Simulación-. Hay preguntas que podemos responder muy rápido». Escenarios En particular, el grupo de Castro desarrolló varios miles de escenarios hipotéticos con aislamiento intermitente o alternado de distinta cantidad de días de acuerdo con el índice de reproducción (el famoso número R0, que indica a cuántas personas un portador puede transmitirle el virus). «Uno le pide al modelo que los analice y nos diga cuál es compatible con el requisito de que no se sature el sistema de salud -explica el investigador-. En este caso, el objetivo no es erradicar la epidemia, sino mantenerse por debajo de la capacidad del sistema sanitario». Para encarar estas preguntas en forma interdisciplinaria, el Laboratorio de Simulación del ICC colabora con investigadores en epidemiología clínica y salud pública del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS). Una simulación es un modelo simplificado de un cierto fenómeno que nos permite analizar distintos comportamientos para tomar decisiones informadas. En el caso de la propagación de la pandemia de Covid-19 en la Argentina, el hecho de que en otros países el brote se había iniciado antes permitió ir teniendo estimaciones valiosas del comportamiento del patógeno en otras sociedades, otros climas, y otros estilos de manejo político de la situación. «En nuestro grupo, decidimos adecuar una variedad de modelos con los que investigamos usualmente para dar respuesta a un conjunto de preguntas relevantes -destaca Castro-. Una de las primeras fue si era posible mantener la epidemia bajo control sin saturar el sistema de salud aplicando una única intervención de aislamiento de duración muy larga. Y si la respuesta fuera negativa, ¿cuál sería una alternativa viable?». Esto depende fuertemente de la cantidad de infectados diarios (el R, o número de reproducción). Si el R es mayor (>) que 1 la cantidad de infectados crece más rápido que la de recuperados. Este escenario es conocido como «mitigación», y es lo que podemos asociar con la idea de «aplanar la curva», y para distintos valores de R0 corresponderán distintas fechas para los picos de esta curva. En cualquier caso de R>1 el crecimiento sigue siendo exponencial, solo que se suaviza tanto la velocidad del crecimiento que en una ventana de tiempo de pocos días puede parecer como un crecimiento suave. Si es R=1 la cantidad de nuevos infectados diariamente se equipara con la de personas que dejan de estarlo, lo que equivale a decir que el «stock» de infectados activos se mantiene constante. En este escenario, la curva de infectados activos queda (idealmente) plana. Esto elimina la noción de pico, porque la curva de infectados activos no crece. Si es R es menor (<) que 1 la curva decrece y estamos en un escenario de «supresión». Idealmente esta situación haría tender la cantidad de infectados a cero, pero no hay que confundirlo con haber eliminado la epidemia, ya que al no haber conseguido inmunidad de grupo ni contar al momento con una vacuna, ni bien se libere la medida de supresión el proceso comenzaría nuevamente con su carácter exponencial. «Diversos escenarios que consideran a R en un rango cercano a 1 (por ejemplo entre 0,85 y 1.15) -detalla Castro-, muestran que, de liberarse abruptamente el distanciamiento social hacia fines de abril y si se regresara a valores de R en torno de 3.5, como los previos al aislamiento, la dinámica retomaría una velocidad de crecimiento que haría saturar el sistema sanitario. Con una capacidad efectiva de camas de terapia intensiva para pacientes Covid-19 de aproximadamente 5000, se superaría la capacidad de las unidades de terapia intensiva a mediados de mayo. Varios otros escenarios con valores de R poscuarentena que consideren un comportamiento de distanciamiento social administrado (por ejemplo mitigaciones administradas con flexibilizaciones que representen un R equivalente de 1,5) dan como resultado que la demanda se superaría hacia mediados de junio. Si se ampliase la capacidad (de camas de intensiva) en un 50%, estas fechas se moverían solo una o dos semanas hacia el futuro. Es decir, nuestra conclusión parcial es que la estrategia de mitigación actual, exitosa hasta el momento, no es compatible en lo sanitario con un relajamiento en el corto plazo«. Al mismo tiempo, un aislamiento indefinido es poco realista desde el punto de vista social y económico. ¿Cuál sería una alternativa viable? «Analizamos los aislamientos administrados e intermitentes, una idea ya sugerida por investigadores del Imperial College de Londres a mediados de marzo -continúa el científico-. Se trata de administrar ventanas de tiempo intermitentes de mitigación y de supresión. Por ejemplo, entre dos y tres semanas de un tipo, seguidas por dos o tres de otro tipo. Las duraciones no tienen porqué ser iguales, e incluso podrían ir adaptándose a lo largo del el tiempo. Con este enfoque se podría hacer descender la curva lo suficiente como para aliviar la demanda del sistema sanitario e implementar reactivaciones moderadas y administradas de la actividad socioeconómica. Estos análisis tendrían que ser complementados con estrategias de selectividad geográfica. Es decir, diferentes localidades con distintas necesidades y estructuras socioeconómicas pueden ser administradas de manera tal que las ventanas de tiempo se adapten de manera razonable a esas poblaciones, manteniendo un control importante sobre las vías de comunicación entre ciudades«. Los equipos de investigadores y muchos de los becarios dejaron de lado sus papers y están ciento por ciento dedicados a esto. Y lo más importante, ponen sus habilidades a disposición de quienes las necesiten. «Estos modelos y herramientas de simulación están a disposición de todas las administraciones, desde las municipales hasta la nacional, para complementar la batería de recursos disponibles para asesorar la toma de decisiones y la definición de políticas públicas. Nuestro objetivo es ayudar», resume Garbervetsky.»

El Malbrán obtuvo la primera imagen de la cepa del coronavirus que circula en la Argentina

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El ministro de salud de Argentina, Gines Gonzalez García, reveló ayer en Twitter una foto impactante: la primera imagen por microscopía electrónica que se obtuvo de la cepa circulante en Argentina del virus SARS-CoV-2 , responsable del COVID-19.

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«Fueron profesionales del instituto Anlis Malbran, de la UBA y del CONICET quienes lograron estas imágenes microscópicas inéditas», dijo el ministro. «Es un aporte que se suma al de la secuenciación del genoma del virus que circula en nuestro país y constituye un aporte relevante para el diagnóstico y para el potencial desarrollo de estrategias terapéuticas.
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«Es un orgullo y un honor contar con profesionales e instituciones nacionales que son reconocidas a nivel mundial», continuó. «Estamos siendo parte del avance para poder diagnosticar el coronavirus. Nuestros científicos están siendo parte de la historia.
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Hace pocas semanas esos mismos científicos terminaron de secuenciar el genoma completo de las cepas SARS COV-2 que circulan en Argentina, datos que servirán, según el Ministerio de Salud, para “asegurar la calidad del diagnóstico, complementar la vigilancia epidemiológica y contribuir al desarrollo de una vacuna representativa”.
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Ante la caída del precio del petróleo, las expectativas de Argentina de obtener las divisas necesarias se afirman en la cosecha gruesa

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Una realidad económica compleja -más el derrumbe del precio del petróleo que aleja las ilusiones de inversiones en Vaca Muerta- y una pandemia que añade graves problemas sanitarios, cuarentena e incertidumbres hacen de esta una situación atípica y preocupante.
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Hoy, ante la urgencia por obtener divisas, la Argentina centra sus expectativas en la cosecha gruesa, un término que agrupa a soja, maiz, sorgo y girasol como principales cultivos referentes.
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Por suerte, la cosecha, con distintos matices según la región sigue adelante a paso firme. ¿Cómo son las proyecciones de rendimientos para la soja y e,l maíz, dos granos fundamentales? ¿Cuánto influirá en esta campaña la crisis generada por el COVID-19? Gustavo Maddonni y Magalí Nico, de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), responden, entre otros, estos interrogantes.
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Maíz, dos realidades
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“Conviene analizar por separado al maíz temprano del tardío”, dice Gustavo Maddonni, docente de la cátedra de Cerealicultura de la FAUBA e investigador del Conicet. “Respecto al temprano, el informe de Estado y Condición de Cultivos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires informa que al 16 de abril ya se había cosechado el 52,7% del área total sembrada con ese cereal, casi un 10% más que la campaña pasada para esta misma fecha. En cuanto al maíz tardío, apenas el 26,3% del área sembrada en el país con ese cultivo está entrando en madurez fisiológica, por lo que todavía falta para empezar a cosechar”.
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En base al Panorama Agrícola Semanal publicado por la misma organización, Maddonni se refirió al desempeño del maíz en distintas regiones. “Hacia el centro-este de Entre Ríos, el rinde medio fue 69,8 quintales por hectárea (qq/ha). En Córdoba se dan buenos rendimientos. En el NEA se esperan rindes menores a las medias zonales. En el NOA, la recolección comenzará en mayo. En el oeste-centro de Buenos Aires y norte de La Pampa, las labores están tomando impulso en los lotes más altos, y hacia el sur, el maíz tardío y el de segunda están en madurez fisiológica”. El docente añadió que para esta campaña se estima una producción de 50 millones de toneladas, un 1,2% menos que el ciclo previo.
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La soja, despareja
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“La campaña de soja 2019/20 fue bastante heterogénea, lo cual no es llamativo considerando la gran extensión del área de producción de soja de nuestro país. Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, se espera que la producción nacional alcance 49,5 millones de toneladas, con un promedio de 29,5 qq/ha. Al 16 de abril, la cosecha a nivel nacional alcanzaba casi 40% de la superficie sembrada con soja, un porcentaje superior a las últimas 5 campañas para esta misma fecha”, sostuvo Magalí Nico, docente de la cátedra de Cultivos Industriales de la FAUBA.
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Para explicar la evolución heterogénea de la soja en distintas zonas del país, Magalí resaltó que al faltar agua en la primavera se retrasó la siembra, el crecimiento vegetativo del cultivo y la efectividad de algunos herbicidas. Luego, durante la segunda quincena de diciembre y enero, cuando el cultivo suele atravesar etapas críticas en las que se determina el número de granos, llovió en casi toda la región sojera, los cultivos se recuperaron y, en muchos casos, se borró el efecto de la falta de agua en primavera.
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“Sin embargo —prosiguió Nico—, en febrero volvió a faltar agua, con más de 3 semanas consecutivas sin lluvias en algunas zonas. En esas fechas, gran parte de los cultivos de soja está en pleno llenado de grano y cuajando las últimas vainas. Por lo tanto, es esperable que en muchos lotes no se alcance el peso potencial. Esta sequía de febrero probablemente haya afectado más a los cultivos de segunda, la mayoría de los cuales aún no se cosechó”.
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Excepciones y problemas
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La actividad agropecuaria es una de las exceptuadas de las medidas de aislamiento social preventivo establecidas por el Gobierno. Al respecto, Magalí Nico aclaró que si bien se registraron retrasos en la cosecha y en la entrega de grano en las terminales portuarias, se normalizaron después de tramitar los permisos necesarios y adecuar las tareas para cuidar la salud de las personas involucradas en la cadena.
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Por su parte, Maddonni —apoyándose en información que le brindaron los consultores Agustín Giorno (Grupo GEASO), Gustavo Duarte (El Ganado) y Pedro Minaur (Grupo Bermejo)— explicó que “el ritmo de la cosecha de maíz es normal, pero con ciertas dificultades por la situación general. En el SO de Buenos Aires, por ejemplo, la logística se complica por los distintos estándares sanitarios de las empresas transportistas. Al NO de esa provincia hay problemas con el transporte por el funcionamiento limitado de los puertos, y en otras provincias es difícil conseguir repuestos y combustible para maquinarias y vehículos. Asimismo, una limitante generalizada es la falta de mantenimiento de las redes viales”.
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“Ciertamente, existen demoras en la circulación por caminos y rutas, muchas veces debidas a los controles locales. Al respecto, ACSOJA, la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina, junto con otras asociaciones de cadenas agroindustriales escribieron una carta abierta a todos los gobernadores buscando una solución que garantice la producción y comercialización de granos”, destacó Nico.
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La docente agregó que otro problema importante es la gran bajante del Río Paraná —la peor desde 1971— que está generando complicaciones para el ingreso de barcos y el embarque de granos en el puerto de Rosario. “Los gobiernos de la Argentina y de Brasil ya abrieron el diálogo para lograr la apertura de las compuertas en las represas río arriba para aumentar el caudal del Paraná”.
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Consecuencias de la pandemia y recomendaciones
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En cuanto a los posibles impactos de la cuarentena sobre la actividad, Gustavo Maddonni, tomando en cuenta los comentarios de los asesores antes mencionados, afirmó que es posible que tenga lugar un aumento considerable del almacenamiento ‘a campo’, principalmente en silo bolsa, siempre y cuando no se modifiquen las restricciones actuales, que son muy bajas o nulas para la cadena de agroalimentos.
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Y añadió: “Por otra parte, si el nivel de contagio con coronavirus se dispara exponencialmente e impacta sobre los que están operando las maquinarias, los perjuicios serían de consideración. Por suerte, la ventaja de este sector es que tiene un mejor aislamiento general, un aislamiento natural, aun cuando se esté en pleno trabajo. De todas maneras, los establecimientos ya consolidaron protocolos sanitarios en este sentido”.
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Magalí Nico consideró que si se mantiene el escenario actual, que permite las tareas de cosecha y comercialización de soja con los permisos y recaudos necesarios, la cuarentena no debería afectar la cosecha de la soja. Sin embargo, alertó que las demoras que se produzcan en esta etapa pueden provocar la apertura de las vainas, causando desde pérdidas de rendimiento hasta el avance de algunos microorganismos patógenos de las semillas.
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“En el escenario actual —puntualizó Maddonni—, lo más importante será tener articulada al detalle la logística y la capacidad de almacenamiento. Con la incertidumbre que se maneja, los productores deberán estar muy preparados para despachar y almacenar la producción, de manera que la cosecha no se interrumpa por restricciones al transporte. “A nadie le sirve un lote de maíz en pie cuando el cultivo está seco, ya sea por los costos financieros, las necesidades de acondicionamiento o la proliferación de patógenos en espiga”.
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“Para los productores va a ser imprescindible colocar el maíz a buen precio para poder sostener los faltantes de caja y las pérdidas naturales a las que se expone el cultivo en condiciones de ser cosechado. También deberán tener previsiones para el almacenaje —o sea, bolsas— por si la logística se ve restringida. Y, por último, dos puntos clave: estar preparados para cosechar con más humedad en la medida que haya plantas receptoras, y contratar más ‘poder de fuego’ a la hora de cosechar, si es que hay maquinaria disponible”, finalizó el investigador.
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¿Vuelve la naturaleza? A veces, invade: la ardilla de vientre rojo se instaló en la C.A.B.A. y el Gran Buenos Aires

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La ardilla de vientre rojo (Callosciurus erythraeus) es un roedor originario de Asia que llegó a la Argentina en la década del setenta a la localidad bonaerense de Jáuregui. Desde allí se difundió hacia áreas rurales y urbanas, donde afecta negativamente aspectos ecológicos, de salud pública y de infraestructura. Al ser una especie carismática, las personas la capturan, transportan y liberan en diversos lugares. Ya se la detectó en Córdoba, Mendoza y Santa Fe. Un estudio conjunto entre la Universidad Nacional de Luján (UNLu) y la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) confirmó su presencia en cuatro sitios nuevos de CABA y resaltó la necesidad de dar a conocer y detener esta invasión biológica. “Hace más de 40 años, un empresario belga trajo a la ardilla de vientre rojo con motivos ornamentales. Se cree que no más de cinco individuos originaron la población que se estableció, creció y se expandió por todo el partido de Luján y por otros partidos vecinos. La ardilla no solo se transporta sola. Además, muchas personas, al percibirla atractiva, la capturan y la llevan de un lugar a otro”, contó Mariela Borgnia docente e investigadora de la UNLu. En este sentido, agregó que para evitar el traslado de este roedor es importante que la gente conozca los impactos negativos que puede causar. “Daña a los árboles, ya sea comiendo sus frutos, sus semillas o sus cortezas, y reduce la cantidad y calidad de los productos forestales. En ecosistemas nativos representa un riesgo potencial para árboles y mamíferos autóctonos. En paisajes urbanos, roen cables, mangueras y caños, y provocan cortes de luz y de agua”. Borgnia también se refirió a los riesgos que puede significar el roedor silvestre para la salud de la población humana. La investigadora hizo mucho hincapié en que es portador de la bacteria que transmite la leptospirosis. “Por eso, es muy importante que las personas no toquen a las ardillas, y que eviten el contacto con sus heces y orina. Hay que tomar las mismas precauciones que con una rata”. Ya se detectaron poblaciones de Callosciurus en Mendoza, en dos localidades de Santa Fe, en el pueblo cordobés de la Cumbrecita y en diversas zonas de Buenos Aires. “Hace algunos años, escuchamos que la ardilla se encontraba en CABA, pero se trataban de individuos aislados. Ahora confirmamos con relevamientos y encuestas que existen al menos siete lugares en donde se liberaron ardillas, que podrían dar lugar a poblaciones estables en el futuro. El predio de la ex-ESMA, el jardín botánico de Palermo y el parque de la Facultad de Agronomía son algunos de los sitios afectados”, destacó Borgnia a partir del estudio que publicó en la revista científica Agronomía & Ambiente, junto con Silvia de Bargas y Alejandra Valverde, docentes de la cátedra de Producciones Animales Alternativas de la FAUBA. “Hay que prevenir que la población de ardillas crezca y comience a ser un problema en CABA. Por eso, le pedimos a la gente que cuando vea a este roedor, avise a las autoridades. Generalmente, en los primeros 5 años, la población de ardillas crece sin causar grandes daños y por eso no se realizan denuncias. Cuando son pocas, no se ven tan fácilmente, pero están viviendo y colonizando el lugar. Una vez que los perjuicios son visibles, es más complejo manejar la población porque ya se encuentra en mayor número”. Las ardillas requieren ambientes arbolados para desarrollarse y se acostumbran muy bien a la vida urbana. Se mueven de árbol en árbol por cables, alambrados y techos de casas. La investigadora profundizó en los posibles impactos negativos que este roedor puede provocar en estos ambientes. “En Luján ya sucedió que la especie invasora dañó cables y provocó que gran parte de la población se quede sin luz”. Borgnia explicó que esta invasión biológica se combate con un manejo a dos puntas. Una, es la prevención para evitar que aparezcan focos nuevos. Esto implica difundir folletería, divulgar la problemática específica de la ardilla y señalar los peligros de transportar especies silvestres en general. La otra, es el control. “Esta cuestión es más compleja ya que interviene la opinión pública y es una especie que cae simpática”. De todas formas, agregó que desde la UNLu están elaborando un protocolo de manejo para que adopten los municipios o los productores perjudicados. “Es importante asesorarse. Ya hay sitios en los que no se podrá erradicar la ardilla, pero sí se podría reducir la población a un nivel menos perjudicial”, afirmó Borgnia, integrante del grupo de Ecología de Mamíferos Introducidos de la UNLu, que pertenece al Instituto de Ecología y Desarrollo Sustentable (UNLu-Conicet). Para concluir, la docente indicó: “Antes no se consideraba a las invasiones biológicas como un problema ambiental. Ahora sí. En nuestro país hay muchas especies invasoras, tanto animales como vegetales u otros organismos. Desde el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable se está elaborando una estrategia a nivel nacional para abordar la problemática y actuar en diferentes escalas. Para cada caso, se están evaluando las mejores estrategias de manejo”.

Paro de repartidores. Los trabajadores de apps reclaman por ingresos y mejores condiciones de trabajo

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Los repartidores reclaman mejoras en sus ingresos y que las empresas les entreguen elementos de higiene y seguridad para trabajar en el marco de la pandemia; la convocatoria incluyó a Rappi, Glovo, Uber, Eats y PedidosYa.

La adhesión al paro no fue completa, por lejos. Eso era previsible, por ser la primera acción masiva de estas características y por las mismas características de la actividad. Pero es una señal de los reclamos que se van a sentir cada vez con más fuerza. La convocatoria se amplificó a través de las redes sociales. Los repartidores de las apps de delivery anunciaron para ayer, 22 de abril, un cese de actividades en la Argentina y otros países de América latina, para reclamar por mejores ingresos y la entrega por parte de las empresas de elementos de higiene y seguridad para trabajar en el marco de la pandemia por el coronavirus . La medida de fuerza, que fue viralizada en redes sociales a través de hashtags como #YoNoReparto #22ANoReparto, comprende a los repartidores de Rappi, Glovo, PedidosYa y Uber Eats. En el país, fue convocada por el grupo Glovers Unidos Argentinos y por la Agrupación de Trabajadores de Reparto. También hay otras organizaciones similares en España, Guatemala, Perú y Costa Rica. Reclaman que se duplique el ingreso que reciben por cada pedido entregado, además de que las empresas les den elementos de seguridad e higiene «que sean de calidad y cantidad acorde a las jornadas laborales y la crisis sanitaria en curso». «Los repartidores en esta pandemia nos encontramos en una difícil situación, donde nuestro trabajo es considerado esencial. En plena expansión de la crisis sanitaria, muchos nos hemos visto obligados a trabajar más horas, aumentando el nivel de precarización laboral», dicen en el comunicado difundido. «Una precarización que sufrimos los trabajadores en general, ya que mucha gente ha ingresado a trabajar en negro, como otros que han sufrido reducciones salariales. Reclamamos también por materiales de higiene en calidad y en cantidad, alcohol en gel, barbijos y guantes y denunciamos que las empresas nos los dan sólo en cuentagotas». En la Asociación de Personal de Plataformas (APP), la organización que nació en la Argentina con el objetivo de agrupar a todos los trabajadores del rubro y busca su formalización, se declararon en «estado de alerta», sin una mención directa al paro de hoy. En un comunicado, dicen que apoyan «toda manifestación de repartidores que se haya realizado y se vaya a realizar durante la cuarentena, por más aislada que sea». «En todos los países que declararon la cuarentena como medida sanitaria para prevenir el Covid-19 nuestra actividad está exceptuada. Miles de trabajadores y trabajadoras se conectan a las aplicaciones, salen a repartir todos los días aún sabiendo el riesgo que corren». La actividad del rubro fue una de las que quedaron exceptuadas de la cuarentena que dispuso el Gobierno nacional a partir del 20 de marzo. En ese decreto, se permitió continuar trabajando al «reparto a domicilio de alimentos, medicamentos, productos de higiene, de limpieza y otros insumos de necesidad». Desde entonces, los repartidores de las apps que operan en la Argentina continúan circulando por las calles, aunque las condiciones no son óptimas. En su mayoría, se trata de trabajadores bajo el régimen del monotributo, que no están comprendidos bajo los derechos del empleo formal registrado o no están cubiertos ante accidentes durante su actividad. Más de un año antes de esta emergencia sanitaria, AgendAR analizó la llamada «economía de plataformas». Nuestras conclusiones fueron que esta forma de trabajo, irregular, informal, tiene y tendrá cada vez más espacio en la economía moderna. Y que el Estado debe regularla -como ya estaba sucediendo en Europa- para que no sea una forma de explotación autodestructiva.