Los avances de la genética bovina se muestran en Buenos Aires

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«La Exposición Rural de Palermo solía ser una especie de club social para mostrarse, presentar animales y sacar un premio. Hoy es algo mucho más relacionado con los negocios y con el conocimiento. A través del foro de genética, por ejemplo, se transmiten resultados y desarrollos científicos aplicados a la mejora genética. En las próximas semanas muchos visitantes internacionales llegarán a Palermo en busca de genética«.

Estas son afirmaciones de Mariano Etcheverry, director ejecutivo de la Cámara Argentina de Biotecnología de la Reproducción e Inseminación Artificial (Cabia). A modo de ejemplo, señala: «En 2018 se comercializaron en Argentina 6.274.275 dosis de semen carnicero (3,5 millones) y lechero (2,8 millones).

La genética se puede transmitir a través del semen, los embriones y los reproductores en pie, y en los últimos tiempos el uso de embriones tiene un crecimiento constante, pero por tener mayor costo que el semen está reservado para animales de pedigree de un valor mayor y no tanto para el rodeo comercial. Además, las estadísticas respecto a la transferencia embrionaria no están actualizadas, por lo que el movimiento de dosis de semen es el mejor parámetro para analizar el mercado de genética.

“En el mercado interno, un semen para uso comercial puede rondar los 250 pesos, pero hay un rango grande hacia arriba. El valor es similar en carne y leche, y aumenta en los casos de rodeos de pedigree a los 1.000-1.500 pesos por dosis”.

El mercado local de semen, a pesar de mostrar una tendencia de crecimiento, en 2018 cayó levemente por cuestiones climáticas y económicas. “Si estamos en un proceso de liquidación de animales, va a caer también la venta de genética”, explica Etcheverry.

Mariano Etcheverry, director ejecutivo de CABIA

Por su parte, la exportación de semen creció en forma significativa, de unas 650.000 dosis en 2017 a 980.000 (15,7% del total comercializado) en 2018, y tiene un potencial enorme, aunque por el momento la mayoría de las exportaciones de semen se hacen a los países del Mercosur. Brasil es el principal destino y después vienen Paraguay, Uruguay, Colombia… “Todavía no se han desarrollado muchos mercados». Uno de los puntos importantes en ese sentido es el desarrollo de protocolos sanitarios que permitan exportar el producto.

“Por ejemplo, en Estados Unidos estamos tratando de entrar hace años y no se abre el mercado con excusas sanitarias que son en realidad barreras paraarancelarias. México es otro país en el que tenemos mucho interés. La limitante es que nos piden que sea semen de animales libres de aftosa sin vacunación. Hoy, solo la hacienda de la Patagonia tiene ese estatus, pero Estados Unidos no regionaliza y considera a cualquier carne proveniente de Argentina como libre con vacunación. También hay una puerta abierta para la exportación de embriones a la Unión Europea, pero con la restricción de que sean sobre madres argentinas pero con semen que sea libre de aftosa sin vacunación, entonces hay que usar toros de otro país”, comenta Etcheverry.

Luego agrega a la lista de las plazas cerradas a Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda. “Los países ganaderos importantes, sacando los de Sudamérica, están todos cerrados”.

Las provincias reclaman desde el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología. No hay respuesta

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Mediante una carta, las autoridades científicas de las provincias, a través del COFECyT, pidieron, en mayo, una audiencia con el Ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, para pedir explicaciones, ante el retraso de las partidas presupuestarias para financiar proyectos de innovación productiva ya asumidos.

El pedido corresponde a proyectos ya asignados y el valor asciende a unos 140 millones de pesos. Por tal motivo las provincias denunciaron «parálisis presupuestaria» sumándose al reclamo de organismos científicos e institutos de investigación a nivel nacional por el ahogo de recursos.

En el encuentro también estuvieron presentes Lino Barañao, Secretario de Ciencia y Tecnología, Jorge Aguado, Subsecretario de Planeamiento de la SECyT y Tomás Ameigeiras, Presidente del COFECyT.

Desde el Ministerio de Educación y Ciencia, y ante la atenta mirada del Secretario Lino Barañao y Jorge Aguado, el titular de la cartera, Alejandro Finocchiaro se limitó a encuadrar la restricción presupuestaria en el marco de la restricción de todo el Estado, durante la reunión.

Finocchiaro planteó que la «restricción» que tuvo COFECyT es la misma que está teniendo CONICET y la misma que está teniendo la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT).

En el encuentro estuvieron presentes el ministro de ciencia de Córdoba, Walter Robledo; de Santa Fe, Erica Hynes; de Tierra del Fuego, Daniel Martinioni; de La Rioja en representación del NOA, Javier Tineo; de San Juan, Tulio del Bono; y de Chaco, Rafael Yurkevich, en representación del NEA.

«El reclamo es por la falta de cumplimiento a los compromisos de financiamiento a los proyectos de innovación por parte de Nación, que en algunos casos han sido ya adjudicados en 2016 y 2017» explicó Javier Tineo a los medios de prensa.

Desde el COFECyT, órgano integrado por los representates provinciales que responde a la Secretaría de Ciencia, y que preside Tomás Ameigeiras, tomaron con preocupación la «sensible demora en las transferencias» a los proyectos de innovación regionales con los sectores productivos y sociales.

«La mayor parte de esos proyectos no se han visto ni siquiera adjudicados, a pesar de estar técnicamente aprobados y mucho menos se han hecho las transferencias correspondientes», aseguró el ministro de Ciencia y Tecnología de La Rioja.

«El desfasaje está generando incertidumbre en los beneficiarios que son basicamente universidades, institutos tecnológicos, municipios y organizaciones de productores a tal punto que los actores regionales ven que se han convertido en proyectos inviables», dijo Tineo, tras salir de la reunión.

Los recursos que reclama el COFECyT para continuar con las iniciativas de innovación social y productiva regional con los actores de cada provincia corresponden a 2016 y 2017.

«El ministro Finocchiaro se ha comprometido a darle lugar prioritario a estos desembolsos pero sin ningún tipo de certezas sobre fechas ni de proyectos puntuales a priorizar», reveló el titular de la cartera científica riojana.

«Hemos pedido que se le de mayor prioridad a los proyectos que tienen mayor sensibilidad en el territorio, es decir aquellos que mayor impacto están generando en diferentes organizaciones científicas y de pequeños productores que están esperando desarrollar las innovaciones que han sido proyectadas en su momento», contó Tineo.

«Simplemente hubo compromiso de completar los pagos de los proyectos ya adjudicados en 2016 y 2017», aseguró Tineo, quien concluyó que «nos vamos con un sabor amargo porque esperábamos mayores certezas de lo que eran las futuras transferencias de acá a los próximos meses».

Bioceres, la firma de biotecnología rosarina, crece 25% en la Bolsa de Nueva York

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En los últimos 30 días, las acciones de la rosarina Bioceres, líder en soluciones agro-biotecnológicas de segunda generación, fueron las que más subieron entre las cotizantes argentinas en la Bolsa de Nueva York, con un alza de 25%.

AgendAR ha puesto atención desde el mismo momento en que entró «online» en esta firma por un dato clave: es propietaria de las semillas de soja y trigo HB4, resistentes a la sequía y a la salinidad. Creemos que son las dos patentes de tecnología argentina potencialmente más valiosas de la historia argentina. en especial por las condiciones que crea el cambio climático. Aparentemente, en Wall Street piensan lo mismo.

Bioceres nace y crece como un conjunto de empresas y startups vinculadas al agro y a la innovación biotecnológica. En la etapa actual, cuenta además con dos inversores principales: Jorge Frávega, cabeza de BAF Capital, un fondo de inversión concentrado en activos de Latinoamérica con oficinas en Buenos Aires, Holanda, Suiza, Brasil y Uruguay. Y Hugo Sigman, del grupo Insud. Además, el gigantesco Grupo Bayer adquirió hace algo más de un año el 5% de las acciones de la rosarina Bioceres, al capitalizar un préstamo por u$s 8,1 millones. En la actualidad Bioceres mueve globalmente US$ 20.000 millones al año en regalías, de los cuales el 99% es por la venta de tecnologías de protección de cultivos.

Su CEO, Federico Trucco, de 42 años, dijo hace poco «El modelo actual del agro se terminó». Trucco introdujo el concepto de semilla “personalizada” de acuerdo a cada contexto productivo, y plantea: “Parte de la rentabilidad del agro no tiene que ver con producir cada vez más, sino con hacer más cosas con lo que ya producimos. Estamos viendo cómo transformar las materias primas en biomateriales. En vez de sacar asfalto derivado de procesos de la industria de hidrocarburos, tener un asfalto que venga de la chala del maíz o de la paja del trigo. En la industrialización del segmento de los biomateriales está la mayor oportunidad”.

Avanzan las «fintech». UALÁ anuncia que emitió 1 millón de tarjetas de crédito en menos de dos años

Ualá, la fintech argentina fundada por Pierpaolo Barbieri, anunció que ya alcanzó la marca de 1.000.000 de tarjetas emitidas. La empresa, que opera desde octubre de 2017, reveló además ya tiene presencia en todas las provincias del país.

De acuerdo a datos divulgados por el Banco Mundial, apenas el 41% de los argentinos posee una tarjeta de débito, mientras que número de usuarios de tarjetas de créditos es todavía más bajo, apenas el 24%. Ualá ofrece una tarjeta prepaga internacional Mastercard gratuita utilizable en cualquier sitio web o comercio del mundo. En rigor, cualquier persona mayor de 13 años con DNI argentino puede solicitarla a través de su app.

«Creamos Ualá para que todos puedan acceder al sistema financiero y manejar su plata mucho más fácil. Nunca creímos que íbamos a alcanzar un millón de tarjetas emitidas en menos de dos años. Nos enorgullece la confianza que los usuarios nos dieron y es un fuerte impulso a seguir rompiendo paradigmas», aseguró Barbieri, CEO de la startup.

Según indicó la compañía, el 7% de las tarjetas emitidas corresponde a usuarios menores de 18 años. Otro dato para subrayar es que el 68% de estos plásticos fue emitido fuera de CABA o el Gran Buenos Aires.

En lo que va de 2019, la fintech ha sumado la posibilidad de pagar facturas en más de 4.000 comercios y cargar la SUBE directamente desde su app. Además, desde hace unas semanas, usuarios seleccionados ya pueden solicitar microcréditos de hasta 100 mil pesos.

Mauricio Macri, Alberto Fernández y Mike Pompeo, según el Financial Times

En AgendAR nos esforzamos en reunir y sintetizar -en el océano digital en que estamos inmersos- las noticias de interés para la producción y el futuro argentino. Cuando damos opiniones, aclaramos que son las nuestras.

Pero en algunos casos, como éste, el interés de la noticia está, principalmente, en quien la emite. Este es un artículo de ayer del Financial Times, la publicación más influyente en el mundo de las finanzas internacionales. Como están viendo ellos la situación en Argentina, es interesante en sí mismo, más allá de si están equivocados, o no.

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«El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, elogió el viernes a Argentina por designar a Hizbollah como organización terrorista, ya que visitó Buenos Aires en un momento crucial para el presidente del país, Mauricio Macri. «Apreciamos el liderazgo argentino. . . Esperamos que otros sigan el ejemplo y la guía de Argentina», dijo.

La presencia del señor Pompeo en Argentina es una muestra de apoyo al señor Macri, que lucha por su supervivencia política en las elecciones de octubre. Las elecciones han adquirido una dimensión internacional dada la confianza de Argentina en un rescate récord de 56.000 millones de dólares del FMI después de que estalló una crisis monetaria el año pasado.

«Argentina depende profundamente del apoyo de Estados Unidos en el FMI y [por lo tanto] está ansiosa por coordinar la política exterior con la Casa Blanca», dijo Benjamin Gedan, ex director de América del Sur del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

Al alinearse con EE. UU. contra Hezbolá, Argentina se convirtió esta semana en el primer país en desarrollo fuera de Medio Oriente y África del Norte que declaró al movimiento chiíta libanés una organización terrorista.

El gobierno de Macri anunció la decisión sobre el 25° aniversario del atentado terrorista más letal de la historia de Argentina, un atentado que mató a 85 personas en un centro comunitario judío en Buenos Aires. Los fiscales locales han acusado a Hezbolá de llevar a cabo el atentado.

El apoyo de los EE. UU. en el FMI es fundamental para mantener la confianza en Argentina entre los inversionistas, que a su vez es decisivo para evitar la volatilidad en el valor del peso que podría impulsar la inflación y erosionar los salarios reales, socavando las posibilidades de reelección del Sr. Macri.

«La visita de Pompeo entrega un mensaje tranquilizador para los mercados. El hecho de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump continúe apoyando a Macri, tiene consecuencias tranquilizantes a nivel nacional», dice Julio Burdman, politólogo de la Universidad de Buenos Aires.

Macri se ha convertido en un aliado clave para Estados Unidos en su firme oposición al régimen socialista en Venezuela, quizás la principal prioridad de Estados Unidos en la región. El Sr. Gedan dijo que el Sr. Macri había sido «milagrosamente exitoso en permanecer cerca de un presidente imprevisible y a menudo vengativo de los Estados Unidos. . . ha navegado sin problemas por la Casa Blanca de Trump, conservando su apoyo en el FMI y manteniendo políticas fundamentales como la relación de Argentina con China, incluso cuando están en conflicto con los intereses de los Estados Unidos, o las posiciones actuales de los Estados Unidos».

El Sr. Macri también está tratando de enfatizar la idea de que la oposición peronista de Argentina podría desencadenar otra devaluación e incluso un default y empujar al país hacia el caos económico de Venezuela, como lo hizo en su campaña anterior en 2015.

«La idea de que si ganamos el peronismo somos Venezuela está regresando, recargada, debido a la cuestión clave de estabilidad de la moneda, y también porque Venezuela está aún peor ahora», dijo Burdman. “El mensaje subyacente es que Macri con su apoyo internacional evitará que eso suceda».

«Es como si Macri garantizara la estabilidad gracias a su política exterior», agrega, señalando un reciente acuerdo comercial con la UE como otro éxito de política exterior que está siendo proclamado por Macri.

Mientras que Macri está haciendo de la política exterior un elemento central de su campaña, el principal rival del presidente, Alberto Fernández, quien representa al partido peronista, está tratando de concentrarse en la desastrosa situación económica en el país.

«Alberto Fernández no quiere hacer olas en la escena internacional», dijo Diana Tussie, especialista en relaciones internacionales del Instituto Latinoamericano de Ciencias Sociales, Flacso. “Argentina es un país con un sentimiento antinorteamericano muy arraigado. Sería muy fácil hacer campaña contra los EE. UU. Pero Alberto Fernández no lo hará, porque está tratando de demostrar que hay ciertas cosas que no cambiarán».

El Sr. Fernández también se ha esforzado por ganarse a los inversionistas internacionales, muy consciente de que si triunfa en las elecciones, dependerá de ellos y del FMI para garantizar la estabilidad económica».

Hacia el sueño de la Agencia Espacial Regional

Cuando el Dr. Conrado Varotto, que fue director ejecutivo y técnico de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) de 1994 a 2018, anunció en mayo de ese año que se jubilaba, en AgendAR le rendimos un homenaje. Y dijimos que no le creíamos. Teníamos razón, el Petiso Varotto es un patrimonio argentino. Y ese cargo no tiene retiro.

Lo demuestra con el proyecto que aquí plantea. Es un gran proyecto unificador, de esfuerzos argentinos y también de otros países vecinos. Debemos reconocer que nosotros no creemos que sea posible, en estas condiciones y con este gobierno, ni tampoco con algunos de los otros de la región. Pero no importa: los países no tienen fecha de vencimiento. Ni los sueños.

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«Poner un hombre en la Luna fue una clara demostración de lo que se podría denominar un “gran proyecto unificador”. Proyectos que, si bien requieren de grandes inversiones, movilizan el corazón y la mente de sociedades en su conjunto, acarreando simultáneamente beneficios socio-económicos de gran magnitud. Y eso ocurrió particularmente con la sociedad norteamericana, en aquella época muy dividida en otras cuestiones.

Nuestra agencia espacial, la CONAE, desarrolla el Programa 2Mp (el Programa 2Mp se creó en el marco del Plan Espacial Nacional 2004-2015, con el objetivo de alcanzar a dos millones de pibes y pibas, de allí la sigla 2Mp) destinado a educar en temas espaciales a chicos y jóvenes entre los 8 y 16 años. Siempre los más inquietos resultan los pequeños, son los que ante eventos como las misiones a los planetas preguntan: “¿Y nosotros?”. La respuesta fácil sería que esos proyectos son de mucha envergadura, para países con grandes recursos, o parecida.

Por supuesto, tienen esas características. Pero qué pasaría si lográramos concretar la Agencia Espacial Regional, un símil de la Agencia Espacial Europea, que uniera a los países de nuestra región en un proyecto espacial de gran magnitud. Un proyecto cuyos requerimientos científico tecnológicos fueran desafiantes, en el límite del conocimiento. China, en ingreso per cápita, está en el valor promedio de los países de nuestra región, e India bastante por debajo y, sin embargo,encaran este tipo de proyectos.

¿Por qué lo hacen? Por la simple razón de que son conscientes de que, como decía Bernardo Houssay: “Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científicotecnológico. Y los países pobres lo siguen siendo si no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”.

La Agencia Espacial Regional, al aunar esfuerzos entre países, permitiría disponer de esos recursos y afrontar proyectos que nos parecen inafrontables. Hoy, el recurso más necesario para este tipo de proyectos son las mentes formadas, de las que todos los países disponen. Argentina, desde hace años, está promoviendo la formación de la Agencia Espacial Regional. Ya hay acuerdos que implican seis países. Ojalá podamos en un plazo razonable acordar un proyecto conjunto que permita formalizarla. Soy un convencido de que los restantes países poco a poco irán adhiriendo.

Así nuestros pequeños del 2Mp verán que tenemos proyectos de largo plazo, pensados para que ellos los continúen».

Dr. Conrado Varotto

Actualmente, asesor ad honórem de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales

Homenaje oficial al gran impulsor de la industria satelital argentina: Conrado Varotto.

La 1° fábrica argentina de autos, que competían en Europa. En 1911

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Fernando Del Corro, periodista y profesor de Historia, rescata la epopeya de un pionero de nuestra industria.

«Corría el mes de julio de 1911, 108 años atrás, cuando la primera fábrica de automóviles que funcionó en el país lanzó sus productos al mercado, los cuales, al breve tiempo de su fabricación, se exportaron a Europa donde triunfaron en importantes competencias internacionales al igual que en la propia Argentina y la región, llegaron a ser utilizados por grandes personajes y hasta facilitaron el desarrollo de la primera flota nacional de taxímetros.

En enero de 1912, seis meses más tarde, desde el puerto de la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires se embarcaron hacia Francia los tres primeros automóviles exportados desde este país, y casi de inmediato, para publicitar el producto en el Viejo Mundo, se remitieron algunos más destinados a participar en competencias deportivas.

Así, uno de ellos, piloteado por el dueño de la empresa fabricante y diseñador, el ingeniero Horacio Anasagasti, se impuso en ese mismo año a lo largo de 1.515 kilómetros en la carrera entre París y Madrid, y poco después otro de esos vehículos, tripulado por el ingeniero Brown, ocupó uno de los primeros lugares, luego de 1.332 kilómetros, en la prueba entre Boulogne Sur Mer y San Sebastián, en el País Vasco, del cual era oriunda la familia Anasagasti.

El 26 de setiembre de 1912, Anasagasti resultó cuarto en su categoría y decimoséptimo en la general sobre 106 participantes, y el 6 de octubre siguiente se impuso en el kilómetro lanzado en la Course de Cóte de Gaillón, a un promedio de 97,3 kilómetros por hora, para despedirse de las competencias, tiempo después, del otro lado del Río de la Plata, en la Montevideo-Salto-Montevideo.

Horacio Anasagasti fue el más importante de los pioneros de la industrialización argentina. Abandonado a su suerte en aquellos tiempos, durante el predominio de los últimos gobiernos conservadores y el primero de los radicales ligados al modelo agroexportador, hoy apenas es recordado con una calle que lleva su nombre en el barrio porteño de Palermo y una avenida en San Carlos de Bariloche, en su condición de cofundador del Parque Nacional de Nahuel Huapi.

Incluso tuvo menos suerte que ese gran innovador de la industria automovilística estadounidense, Preston Tucker -víctima de las maniobras de Ford, General Motors y Chrysler, en combinación con el presidente Harry Trumann y reivindicado por el cineasta Francis Ford Coppola en “El hombre y sus sueños”-, ya que ambos llegaron a producir 50 vehículos; pero mientras los socios del “Tucker’s Club” recuperaron 46, de Anasagasti se sabe sólo la supervivencia de 2.

Uno de los dos autos de Anasagasti que aún permanecen visibles se encuentra en el museo que la Fuerza Aérea tiene en Morón, Provincia de Buenos Aires, y había sido utilizado para traccionar aviones, ya que Anasagasti fue un gran impulsor de la aeronavegación argentina, al punto que colaboró con la entonces recién creada Dirección Nacional de Aviación del Ejército Argentino, años más tarde liderada por el general ingeniero Enrique Mosconi, convertida décadas después en Fuerza Aérea.

El otro auto se encuentra en el Club de Automóviles Clásicos de San Isidro, también en la Provincia de Buenos Aires. Tal vez algún coleccionista guarde alguno en Europa, como que uno de ellos fue propiedad del rey español Alfonso XIII, u otro esté perdido en un gallinero del interior del país, como se detectó con otros vehículos históricos.

La mayor parte de esos 50 coches fabricados fue a manos de los taximetreros porteños, que los utilizaron hasta avanzada la década del ’20.

Anasagasti fue el segundo en fabricar autos en el país (el primero había sido Manuel Iglesias, que en 1907 construyó un prototipo en la ciudad bonaerense de Zárate). Nació el 18 de setiembre de 1879, en el seno de una familia de “acaudalados vascos”, según recuerda Christian Berschi en su biografía.

Como tal, ya a los ocho años, en 1887, había conocido a los primeros automóviles llegados al país, como un De Dion Boutton, un Daimler, un Holsman y hasta un Locomóvil, lo que lo entusiasmó con la mecánica y así, a los 23, en 1902, se recibió de ingeniero, discípulo ya del gran Otto Krausse.

En 1907, cinco años más tarde, ganó una beca, y tras visitar los Estados Unidos de América, viajó para trabajar en Milán en la fábrica Isotta-Fraschini, de donde volvió con uno de sus autos, una bacquet de dos plazas, con la que participó en varias competencias. Poco después, en 1908, con Ricardo Tráver y José Gálvez abrió una concesionaria en la actual avenida Alvear 1616 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para representar en la Argentina a la misma Isotta-Fraschini.

Anasagasti también se dedicó a escribir sobre cuestiones técnicas en la revista “La Argentina Automóvil”, como también recuerda Berschi, sobre “Fórmulas empíricas que dan rápidamente el poder máximo efectivo en caballos vapor de los motores de explosión” y sobre “Aceros especiales usados en la construcción de automóviles”.

Pero no pasó mucho tiempo que esa sociedad se disolvió y creó otra nueva, en la que aportó el 99% del capital, denominada “Anasagasti y Compañía”, que fue presentada el 30 de diciembre de 1909. En el interín, entre 1909 y 1910, ocupó la vicepresidencia primera de la Sociedad Científica Argentina, fundada en 1892.

Inicialmente, el nuevo taller, donde tenía como socio ultraminoritario a Luis Valdrei, y del que más tarde surgieron los automóviles, fue promocionado como proveedor de “motores para autos, aeroplanos y vehículos agrícolas”.

Fue durante la Exposición Internacional de Ferrocarriles y Transportes Terrestres realizada en Buenos Aires en 1910, cuando Anasagasti obtuvo su primer reconocimiento técnico, al lograr el Gran Premio por la presentación de una caja de velocidad de cuatro marchas hacia adelante (en ese entonces sólo se conocían las de tres) y retroceso, en su primer gran aporte a la industria automotriz mundial.

Ese mismo año, viajó a Francia donde se conectó con la firma Ballot y Compañía, de los hermanos Ernst y Edouard Ballot, los que entusiasmados con Anasagasti le proveyeron varios motores y los moldes de madera para la fundición de piezas, según señala Berschi.

Fue sobre la base de esos motores que diseñó el sistema de lubricación forzada, la que hoy utiliza el ciento por ciento de los automotores en el mundo y comenzó a producir blocks, cárteres, cigüeñales, cajas de velocidad, diferenciales, suspensiones y carrocerías y, ya en 1911, bielas, puntas de eje, cardanes, elásticos, palieres, mecanismos de dirección y otras partes.

En julio de 1911, presentó su auto terminado, con el motor Ballot modificado por él (algunos autos se hicieron con impulsores Janvier), y lo estrenó en carreras el 17 de setiembre, ganando, bajo su pilotaje, con el seudónimo “Samurai” en la carrera Rosario-Córdoba-Rosario, tras lo cual viajó a Europa con los resultados ya adelantados.

En 1912, fue cofundador del Touring Club Argentino (TCA), como escisión del Automóvil Club Argentino (ACA), entidad cuyo primer presidente fue el entonces director del diario La Prensa, Exequiel Paz.

Su ausencia para competir en Europa, donde llegó a presentar en competición un Fórmula Uno de aquellos tiempos, hizo que las finanzas de la empresa tuvieran dificultades, sobre todo por los atrasos en los pagos que debían efectuar sus adquirentes taxistas, a lo que se sumó el cierre de las exportaciones a Europa por la Primera Guerra Mundial y, por este mismo motivo, las dificultades para obtener las partes importadas. Ese fue el fin de esta empresa pionera y de esta historia sobre ruedas.

El ingeniero Horacio Anasagasti, que tuvo su fábrica en la intersección de las actuales Arenales y Cerrito, en el barrio de Retiro, en la Ciudad de Buenos Aires, fue además un innovador tecnológico y un anticipador de la legislación social de décadas más tarde. Fue así a tal punto que sus operarios trabajaban sólo ocho horas, percibían los salarios más elevados de la época y hasta se les entregaba un ventilador para soportar mejor la temperatura y una jarra con jugos de fruta.

Tanto fue el sueño despertado por Anasagasti entre su gente -muchos inmigrantes que habían llegado con un alto grado de especialización técnica-, que cuando la crisis hizo que hubiera que cerrar la fábrica en 1915, aquéllos le presentaron una propuesta de trabajar sin salario, que no fue aceptada. Así, con grandes esfuerzos, se bajó la persiana definitivamente en 1920, durante la gestión de Hipólito Yrigoyen y con Domingo Salaberry como ministro de Economía».

César Pelli, un argentino universal. Un vistazo breve a sus obras

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Afamado, querido , talentoso y muy tucumano, como ya lo describió alguien, César Pelli murió este viernes 19 de julio a los 92 años.

Fue un arquitecto que nació y se formó aquí -Universidad Nacional de Tucumán, 1948- y dejó su huella en todo el mundo. Un exponente temprano de la «diáspora argentina», los compatriotas con condiciones, formados en nuestro sistema educativo, que encuentran cauce para su talento en el exterior.

No sólo construyó torres, pero son lo más distintivo de su obra. Asaltan el cielo en Kuala Lumpur, Abu Dhabi, Manhattan, Milán, Bilbao, Santiago de Chile, aquí en Buenos Aires. Este video da un vistazo breve a 20 de sus obras.

Proyectos empresarios y fantasías detrás de la nueva «Space Race»

Hace 50 años, en 1969, Estados Unidos consiguió ser la primer nación en poner un hombre en la Luna. Fue uno de los momentos cumbres de la «Space Race», la carrera espacial, que había comenzado en 1957, cuando Rusia fue el primer país en lanzar un satélite artificial al espacio. Todo parte de la Guerra Fría; es que la Historia muestra que muchos grandes avances tecnológicos se hicieron en el marco de las rivalidades de los Estados.

¿Estamos al comienzo de una nueva carrera? Sí. La última vez que un hombre pisó la Luna fue en 1972, pero este año China fue el primer país en «alunizar» un artefacto en su lado «oscuro» (el que no vemos desde la Tierra). En realidad, hace unos años que las Potencias aceleraron sus planes para que sus vehículos y hombres regresen a la Luna. En 2017 Trump firmó una orden presidencial para que la NASA envíe de nuevo astronautas norteamericanos al satélite en 2024; Rusia hará lo mismo en 2025 y China, en 2030.

Detrás de esos proyectos está la rivalidad -sobre todo entre Washington y Beijing- por alimentar y afianzar su poder geopolítico y militar. Pero hay señales de un creciente interés económico que moviliza no sólo a esas potencias sino también a la India, Japón, Francia, y hasta Israel, que no se quieren quedar fuera de lo que los más imaginativos anticipan como una «fiebre del oro lunar». La periodista de La Nación, Inés Capdevila, menciona algunas aventuras privadas.

¿La energía del futuro?

Lo que aparece en estas especulaciones como el objetivo primordial de la «explotación» de la Luna es el helio-3, un isotopo que es un potencial combustible para (especulativas) plantas de fusión nuclear y que está regado por todo el regolito lunar. Nuestra Luna, según algunos cálculos, contaría con un millón de toneladas de helio-3.

Algunos científicos afirman que el helio-3 es el combustible del futuro y que una cuarta parte de lo que se encuentra en la Luna serviría para abastecer al mundo entero de energía durante siglos.

La logística de la Luna

En 2021, la empresa norteamericana Astrobotic planea ser la primer firma privada que alunice una nave para transportar carga científica destinada a levantar bases de investigación. Esto no es sólo un proyecto. En mayo de este año ganó un contrato de la NASA de U$S 79,5 millones para transportar 14 cargas distintas. La creación de líneas de suministro hacia la Luna es ya un negocio en marcha.

Fantasías, por ahora

Proyectos más especulativos, de hipermillonarios con recursos e imaginación, son, por ejemplo, la compañía Blue Origin, de Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo: está fabricando una nave para aterrizar en el polo sur de la Luna (donde se encontró agua). Planetary Resources, una empresa que contó con inversiones de Larry Page, fundador de Google, apunta a dedicarse a la minería de los asteroides.

Y Elon Musk sigue adelante con sus planes de comenzar con la colonización de Marte a principios de la próxima década. Ha dicho hace poco en Australia «El futuro será mejor si somos una especie multiplanetaria que si no«.

En AgendAR creemos que Musk está en lo cierto en eso… pero en un plazo largo. Con la tecnología que contamos, y la que previsiblemente podrá desarrollarse en las próximas décadas, enviar seres humanos a Marte y traerlos de vuelta tendrá un costo tan gigantesco que se encarará, si se hace, en la misma forma que el programa Apolo: algo que sólo puede permitirse una Gran Potencia, por razones de prestigio, y que no tendrá continuidad.

(Estamos obligados, por honestidad intelectual, a agregar a esta afirmación una nota de cautela: El físico alemán Hermann Oberth, considerado, junto con el ruso Konstantin Tsiolkovsky y el estadounidense Robert Goddard, uno de los tres padres de la astronáutica, publicó en 1922 su tesis doctoral, en la que planteaba la posibilidad del lanzamiento de un cohete a la Luna y el vuelo interplanetario. Años después, la ya entonces muy prestigiosa revista científica Nature, publicaba una crítica bastante benévola. Decía «En estos tiempos de avances sorprendentes, no podemos decir que la ambiciosa idea de Oberth no se realice antes que la raza humana esté extinta«.

Se hizo realidad antes que el Profesor Oberth, que falleció en 1989, estuviera extinto).

A. B. F.

Un robot soviético da testimonio: los estadounidenses fueron a la Luna

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El autor de esta fascinante nota, Alejandro Ciro Álvarez, profesor de Historia Económica (UBA y UNlaM), ex asesor de la Secretaría de Ciencia y Tecnología, ya es conocido por los lectores de AgendAR. Aquí destruye una de las teorías conspirativas conocidas, y de paso reconstruye la atmósfera de la vieja carrera espacial en los tiempos de la Guerra Fría.

«Los Estados Unidos emergieron de la Segunda Guerra Mundial como la potencia indiscutida. Militar, económica y científicamente se sentían muy superiores, especialmente frente a su nuevo contendiente por la supremacía política del mundo, la Unión Soviética. Tenían razones de sobra para sentir un orgullo nacional sin límite: habían contribuido de manera decisiva a la derrota del nazismo y casi en soledad derrotaron a Japón en el teatro de operaciones del Pacífico; allí demostraron al mundo su superioridad tecnológica al lograr hacerse con el control del poder del átomo y lo probaron lanzando la primera y la segunda (y únicas hasta ahora) bombas atómicas utilizadas contra población enemiga en una guerra.

Inmediatamente después de la rendición de la Alemania nazi, y pasados los primeros momentos de aparente concordia, los dos gigantes de la posguerra comenzaron con recelos, desacuerdos y enfrentamientos más o menos solapados. Los soviéticos cerraron completamente su zona de ocupación en Europa -la famosa «cortina de hierro»- y el presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, anunció el 12 de marzo de 1947 la que se conoció como «Doctrina Truman» para contener y combatir la expansión de la influencia soviética en todo el mundo. Se popularizó a partir de entonces el uso del término «Guerra Fría» entre los columnistas de la época para describir esta disputa por la supremacía mundial sin llegar al enfrentamiento directo.

Pero la seguridad y el orgullo norteamericanos quedaron por el piso cuando el poder y la tecnología soviética les aplicaron un golpe terrible. El 4 de octubre de 1957 la URSS logró colocar en órbita el primer satélite artificial de la historia. La paranoia y la desesperación se apoderaron del público, los medios y los políticos estadounidenses. El cine, la televisión, los periódicos y la gente en general no hablaban de otra cosa. Todas las noches miraban al cielo buscando al Sputnik –literalmente, «compañero de viaje»– que se atrevía a sobrevolar, solitario y triunfante, el sagrado territorio de los Estados Unidos. Con su aspecto futurista, una esfera plateada con antenas, y su característica señal de radio que emitía sistemáticamente y podía ser captada por cualquier radioaficionado, el ánimo estadounidense estaba por el piso.

Un mes más tarde, sin tiempo para recuperarse del primer golpe, llegó el segundo. La URSS anunció el lanzamiento exitoso del Sputnik 2, con un agregado: llevaba a la perra Laika a bordo, el primer ser vivo terrestre en orbitar la Tierra. Recién tres meses más tarde fue puesto en órbita el satélite de prueba Vanguard por los estadounidenses. Jrushchov, premier de la URSS, lo ridiculizó comparándolo con un «pomelo». La carrera espacial ya formaba parte fundamental de la política, el prestigio y la estrategia de la Guerra Fría.

Estados Unidos reaccionó inyectando los fondos necesarios para alcanzar y superar a los soviéticos. En 1958, el presidente Dwight Eisenhower fundó la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio -NASA por sus siglas en inglés-, que comenzó a funcionar el 1 de octubre de ese año.

El honor y el prestigio estadounidenses no pudieron ser restaurados por un retraso de apenas 23 días. Ese tiempo les faltó para ganar la carrera por poner el primer hombre en órbita. En consecuencia, el 12 de abril de 1961, a bordo de la nave Vostok 1, el astronauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en viajar al espacio. Recién el 5 de mayo de 1961, Estados Unidos envió a Alan Shepard en un vuelo suborbital a bordo de la cápsula Mercury Redstone 3, y Jrushchov volvió a reír calificándolo de mero «salto de pulga». La nave de Shepard alcanzó una altitud de 187 km, en un vuelo que duró 15 minutos, frente a los 357 km de altura máxima y la hora y 48 minutos de Gagarin.

Claramente, el marcador era muy malo para Estados Unidos. Estaban perdiendo. Pero quedaba el premio mayor, una última carta para restaurar el honor: ser los primeros en pisar la Luna. La carrera se volvió frenética: prácticamente todos los meses se conocía un nuevo logro soviético y casi al mismo tiempo un avance norteamericano. Los medios y la población del mundo seguían el tema con un interés, diríamos nosotros, «futbolístico». Los columnistas especulaban, los militares se alarmaban, y los niños –incluso los estadounidenses- soñaban con ser Gagarin.

Recién cuatro meses después del lanzamiento del Sputnik 1, Estados Unidos consiguió poner en órbita su primer satélite, el Explorer 1. Durante ese tiempo se habían producido varios lanzamientos fallidos, cuyos fracasos fueron ampliamente difundidos, de los cohetes Vanguard desde Cabo Cañaveral. Mientras en la carrera a la Luna ya la URSS llevaba una clara ventaja tras el éxito soviético de colocar el primer satélite en órbita, los estadounidenses centraron sus esfuerzos en enviar una sonda a la Luna. El programa «Pioneer» fue el primer intento.

A su vez, el programa soviético «Luna» empezó a funcionar con el lanzamiento de la «Luna 1» el 4 de enero de 1959, convirtiéndose en la primera sonda en llegar a la Luna. Además del programa «Pioneer», los estadounidenses, tenían el «Ranger», el «Lunar Orbiter» y el robótico «Surveyor», con el objetivo de buscar lugares de alunizaje para el Programa «Apolo», que apuntaba al mayor logro de la carrera espacial, el de más alto costo y mayor riesgo, con el cohete más grande y pesado jamás construido: llevar a una tripulación humana hasta la Luna.

El nuevo presidente, John Kennedy, y su vice Lyndon Johnson, buscaron un proyecto espacial que capturara la imaginación de la gente. El nuevo Programa «Apolo» reunía los requisitos y prometía vencer tanto las resistencias de quienes defendían gastar ese presupuesto en programas sociales como de aquellos que exigían orientarlo a un proyecto más claramente militar. Kennedy y Johnson consiguieron cambiar la opinión pública: hacia 1965, el 58 por ciento de los estadounidenses apoyaban el proyecto «Apolo», en contraste con el 33 por ciento de 1963.

Después de que Johnson se convirtiera en presidente, en 1963, el apoyo al programa no sólo continuó sino que se incrementó al ritmo de la información que indicaba que la URSS estaba también tras el premio mayor. Sin embargo, los soviéticos, a pesar de haber ya construido un módulo de alunizaje y seleccionado los cosmonautas para la misión a la superficie lunar, diversificaron su programa espacial que comenzó a tener un carácter cada vez más militar. Debido a esto, y a los sucesivos fracasos de lanzamiento del cohete N1 soviético en 1969, los planes para el alunizaje tripulado sufrieron primero varios retrasos y más tarde una postergación indefinida.

Las teorías conspirativas

Para unos cuantos autores y para mucha gente por todo el mundo, el alunizaje norteamericano, que tuvo lugar el 20 de julio de 1969 y que la televisión transmitió en vivo, fue un montaje cinematográfico. Numerosos especialistas y científicos reconocidos han gastado horas y horas explicando con argumentos y datos muy variados la veracidad del viaje a la Luna. Una gran cantidad de gente sigue dudando.

El argumento, al estilo de la serie «Expedientes X», que un todopoderoso gobierno de EEUU, amparado en las sombras y el secreto, conspira para fabricar u ocultar hechos, prevalece. La cultura popular, el cine, los videos de internet y hasta canales especializados en documentales reproducen esta visión conspirativa.

Pero cuando parecía ya una causa perdida convencerlos, la vieja URSS aparece demostrando la veracidad de la versión «yanqui». Los escépticos que la URSS desapareció. Pero hay un testigo «vivo», privilegiado, que desde la mismísima Luna nos confirma la realidad de los hechos.

El 10 de noviembre de 1970 la misión «Luna 17» de la URSS se puso en marcha y llevo al robot Lunojod 1 a la Luna. Fue el primer aparato automático que se controló a distancia fuera de la tierra, hecho que lo convierte en un logro histórico. El robot recorrió más de 10 km entre el 17 de   noviembre de 1970 y el 14 de septiembre de 1971, permaneciendo operativo durante más de 300 días, transmitiendo a la Tierra más de 20.000 imágenes televisivas y 200 vistas panorámicas de una zona de más de 80.000 metros cuadrados. Finalmente, en octubre de 1971, el robot dejó de funcionar, debido al agotamiento de la pila isotópica de la calefacción del equipo de instrumentos, con el consiguiente congelamiento del mismo. Fue olvidado, y su ubicación, tras el caos administrativo al desaparecer la Unión Soviética, es desconocida. Una chatarra soviética más en el áspero suelo lunar.

Pero en 2010 el Lunojod 1 fue localizado por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter, que orbitaba la Luna mapeando su superficie. Esta información llego a oídos de Tom Murphy, profesor asociado de física de la Universidad de California en San Diego, y el 22 de abril él y su equipo, enviaron pulsos de luz láser desde el telescopio de 3.5 metros en el Observatorio de Apache Point en Nuevo México hacia la posición del recién encontrado robot soviético.

Según consta en el informe de la NASA, el doctor Tom Murphy señaló: «Rápidamente verificamos que la señal era real y descubrimos que era sorprendentemente brillante, al menos cinco veces más brillante que el otro reflector soviético, el del Lunokhod 2, al que habitualmente enviamos pulsos de láser. La mejor señal que hemos visto de Lunokhod 2 en varios años de esfuerzo es de 750 fotones de retorno, pero obtuvimos unos 2.000 fotones de Lunokhod 1 en nuestro primer intento. Tiene mucho que decir después de casi 40 años de silencio». En consecuencia, tenemos allí un robot soviético que responde a las comunicaciones, independientemente de quien la emita. Ya que, pobre, aun no sabe que sus creadores ya no existen, que la URSS ya no enviará más a nadie. Ningún aficionado a las conspiraciones puede decir que no existe o que está controlado por EEUU.

Pues bien, resulta que nuestro amigo en la Luna transmitió, entre sus muchas fotografías y videos, pruebas de la presencia norteamericana, lo cual fue recientemente confirmado por uno de los técnicos y operadores soviéticos -aún quedan cuatro con vida- del robot desde la tierra, Viacheslav Dovgán, que vio, desde su puesto de operador de Lunojod 1, las huellas de la presencia de astronautas estadounidenses en la Luna, donde aterrizaron, hace 50 años, el 20 de julio de 1969 en el marco de la misión Apolo 11.

Al panel del operador ruso llegaba un enorme flujo de información y de imágenes desde el Lunokhod 1. «¿Quién dijo que no estuvieron los estadounidenses en la Luna? […] Nosotros lo vimos todo. El país no lo vio, pero somos seis personas, cuatro de ellas están vivas, y nosotros lo vimos«, afirmó Dovgán a los medios rusos en noviembre de 2015. Paradójicamente, la extinta Unión Soviética es, 50 años más tarde, la fuente irrefutable de la llegada de los norteamericanos de la misión Apolo 11 a la Luna.

 (Pequeña digresión: dos décadas después de la puesta en órbita de Lunojod, su diseñador, Alexander Zemurdzhian, colocó un robot para la limpieza de la azotea de Chernobyl, como se puede ver en la miniserie. Los altos niveles de radiación limitaron la efectividad del robot, mientras que Zemurdzhian sufrió quemaduras por radiación).

A 50 años de la misión Apolo 11, que llevó al primer hombre a la Luna, estamos viviendo un renacimiento del interés por el espacio y un renovado gasto de las grandes potencias en la carrera espacial. Parece que el amor por el espacio decae o crece al ritmo de las tensiones internacionales. Hoy vivimos un renovado clima de guerra fría, con más o menos los mismos actores y los mismos conflictos. Todo vuelve, y ahora Washington, a raíz del aniversario de la misión Apolo 11, promete enviar a una mujer a la Luna en 2024: la misión Artemisa, hermana gemela de Apolo. Mientras Israel intentó aterrizar en la Luna en abril pasado, pero la sonda Beresheet no lo logró, China se anotó un éxito muy especial al llevar su sonda robótica Chang’e-4 al lado oscuro de la Luna en enero pasado. A este selecto club pretende ingresar la India, que postergó hace pocos días el lanzamiento de su sonda lunar Chandrayaan-2, debido a un «problema técnico», su segunda misión a la Luna, con la que pretendía explorar el polo sur del satélite. El problema se detectó 56 minutos antes del lanzamiento. Evidentemente la Luna está de moda».