domingo, 19 abril, 2026 - 8:21 am

Raquel Chan: la mujer que desarrolló hace 10 años el trigo «anti sequía»

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En abril de 2018, a 20 días de entrar online, AgendAR publicamos una nota que comenzaba así «En un escenario donde se producen pérdida de toneladas de alimentos por las sequías… Y continuaba: «En 2012 el equipo dirigido por Raquel Chan logró repercusión internacional al desarrollar la primera tecnología transgénica desarrollada íntegramente en Argentina».

Ayer se supo que sólo en este segundo año de sequía el Estado argentino ya lleva perdidos U$ 1.400 millones en recaudación… y puede perder más, porque la futura cosecha gruesa se está plantando ahora en condiciones de riesgo altísimas. ¿Quiénes fueron los responsables, por inercia burocrática, por prejuicios «ambientalistas» o por los intereses de algunas semilleras internacionales que el trigo HB4 fuera ilegal durante una década en el país que lo inventó? ¿Cuánta plata le hicieron perder a los productores y al estado?

Reproducimos esta completa y accesible entrevista de Lucila Pinto a la Dra. Chan, y en otro lugar de esta edición, un artículo de Nicolás Deza que también publicamos hace 7 meses y que trata sobre este tema.

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«Quién es y cómo piensa la mujer que busca alimentar al mundo y se merece un Premio Nobel

Afuera, a metros del río Paraná, en Rosario, el sol pega sobre unas plantas alargadas, con tallos gruesos y flores en sus extremos. Son plantas ornamentales, que resisten el sol de los mediodías de calor como este y que no necesitan que alguien las riegue. “Lo que buscábamos con mi equipo era entender cómo algunas plantas, como las que ves ahí, se la bancan un montón de tiempo sin agua, sin morirse, y otras no”, dice Raquel Chan mientras las señala a través de una puerta de vidrio. A finales de la década del 90, un grupo de investigación del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral liderado por Chan, bioquímica, investigadora del Conicet y profesora de la Universidad Nacional del Litoral, descubrió que un gen que está en el girasol, el HaHB-4, activa un mecanismo de respuesta de las plantas al estrés por la falta de agua, y que podía ser trasladado a otras plantas, como el trigo y la soja, para que activen ese mismo mecanismo y aumentar su tolerancia a la sequía. A este descubrimiento le siguieron años de estudio, pruebas en laboratorio y a campo y procesos regulatorios para que, algún día, las semillas y sus productos puedan comercializarse. A partir de la instancia de las pruebas a campo, todo ese proceso sucedió a través de un convenio entre la empresa de biotecnología Bioceres, la Universidad Nacional del Litoral y Conicet. El 2021 fue un año importante para HB4, como se llamó a los transgénicos modificados con ese gen del girasol. Por un lado, se dieron a conocer resultados positivos de las pruebas a campo: las hectáreas sembradas en esas pruebas con HB4 efectivamente rinden mejor en condiciones de sequía. En el caso del trigo, esa mejora del rendimiento puede ser de hasta un 42 por ciento. Además, en abril Bioceres Crop Solutions empezó a cotizar en Nasdaq y en noviembre el gobierno de Brasil, el principal importador de trigo argentino, aprobó la harina hecha con trigo HB4 para su venta y consumo. Esa legitimación se sumó a la aprobación que ya había hecho Argentina en 2020 –condicional a que Brasil lo aprobara–. La soja HB4 está recorriendo un camino similar. Ya está aprobada en Estados Unidos, Brasil, Argentina, Paraguay y Canadá. Esto representa el 85% del territorio sojero del mundo. Este año podría también obtener la aprobación en China. El visto bueno en Brasil volvió a generar interés en la figura de Raquel Chan. Los días que siguieron su teléfono no paró de sonar; no le alcanzaba el tiempo para las entrevistas que le pedían, e incluso algunos usuarios en redes sociales expresaron su deseo de que algún día gane el Nobel. Pero la atención que obtuvo la tecnología HB4 durante 2021 también la puso en el foco de algunos conflictos. En junio, Bioceres y Havanna anunciaron “una alianza estratégica para la producción de alimentos sustentables”, que planteaba el uso futuro de trigo HB4 en los alfajores. La noticia fue muy mal recibida por algunos grupos antitransgénicos, y finalmente el acuerdo no se concretó. Aunque las semillas y las plantas HB4 todavía no se comercializan, su potencial para aumentar la productividad por hectárea podría convertirlo en un hito para la ciencia y la agricultura. Es el primer transgénico con posibilidad concreta de salir al mercado que agrega una herramienta para la mitigación de los efectos del cambio climático, como las sequías. Detrás de la pregunta inicial que dirigió la investigación de Chan y el desarrollo del HB4 estaba el problema del clima y su efecto sobre la producción de alimentos y el desarrollo –en Argentina, por ejemplo, se calcula que la sequía de 2018 le costó al país unos seis mil millones de dólares de ese año– pero también estaba la dificultad para alimentar a una población cada vez más numerosa. “Gracias a la medicina, a la ciencia y la esperanza de vida, la población humana está creciendo de forma sostenida. Ni la pandemia puede cambiar eso, solo algo muy extremo como una guerra mundial, que esperemos que no pase. A pesar de la tecnología, la producción de alimentos viene creciendo con una pendiente muy inferior. Hoy en día los alimentos son suficientes y el problema es la distribución. Se desperdicia mucha comida. En los países ricos y dentro de un mismo país, como el nuestro. Pero en veinte años el problema no va a pasar solo por la distribución sino por la producción. Es un problema que hay que atacar”, dice Chan en el hotel donde sucede esta charla. La noche anterior, en un evento por el aniversario de veinte años de Bioceres, Federico Trucco, el CEO de la empresa, anunció frente a los invitados que le darían una participación accionaria importante. Chan subió al escenario, tomó el micrófono y, después de agradecer, dijo que los fondos iban a ir a “la ciencia argentina”. Ahora, a la mañana siguiente, explica esa decisión: “A pesar de que estoy muy agradecida, no quiero recibir eso de forma personal. Este desarrollo fue hecho en un marco institucional. Yo no podría haber hecho nada sin los becarios del Conicet, la estructura edilicia, los insumos. Aprecio muchísimo el regalo, pero yo prefiero mantener mi independencia científica, que me permite decir, por ejemplo, que HB4 es una técnica maravillosa, porque yo no cobro de Bioceres. Y si tuviera que decir lo contrario, podría decirlo”. En 1975, se hizo pública una amenaza de la Triple A a estudiantes de la escuela Carlos Pellegrini. Uno de esos nombres en la lista era el de Raquel. Participaba de un centro de estudiantes, con demandas como que las mujeres pudieran usar el pelo suelto o la pollera por encima de las rodillas. En 1976, empezaron a desaparecer estudiantes de esa lista. “Yo era muy chica como para decidir algo o entender el peligro de lo que venía. Tenía 16 años. Digamos que mis padres me sacaron”, dice ahora Chan. Su primer destino fue Uruguay, porque podía pasar sin pasaporte y porque tenía algunos familiares. “En ese momento nadie imaginaba lo que iba a pasar –sigue Raquel–. Decían ‘esto se arregla en dos semanas, se arregla en tres semanas’. No se arregló. Pasados unos cuantos meses, tenía que ir a algún lugar, y en Israel tenía parientes también”. Chan hizo toda la carrera de grado en ese país, al que llegó sola y sin saber el idioma. Sus padres la visitaron dos veces, y no volvió a Argentina hasta la democracia. Cuando llegó, empezó un doctorado en fotosíntesis en Rosario, en el Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos. Mientras tanto, un avance empezaba a cambiar la ciencia –y el mundo. Los científicos aprendieron a leer el orden exacto de los genes, y con eso desataron una revolución cuyo alcance todavía no terminamos de entender, y que motivó a Chan a hacer un posdoctorado en el Instituto Universitario Louis Pasteur, en Estrasburgo, en el norte de Francia. “Yo había hecho la tesis con todos mis colegas en ese momento sobre los métodos bioquímicos. La genética molecular abrió un montón de puertas más para entender la vida. Fui a aprender, y me fue bien. Después quería volver al país, y empecé a trabajar la respuesta de las plantas al medio ambiente a partir de eso que había aprendido”, dice. -¿Cuándo sentiste que podías dedicarte a la ciencia? No hay un momento en el cual vos digas “me voy a dedicar a la ciencia”. Cuando tuve que elegir carrera universitaria me gustaban muchas: literatura, filosofía… Me siguen gustando. Y elegí bioquímica porque tenía una idea muy fantasiosa de que podía explicarlo todo, de que la química explicaba hasta la psicología. Creía que los alcances eran mucho más amplios de lo que son. No todo está en la química. Hay cuestiones sociales y ambientales. Quizás algún día lo pueda explicar todo, ojalá. -Terminaste el posdoctorado y volviste a Argentina. ¿Cómo llegaste hasta el momento del descubrimiento del HB4? -Tampoco hay un momento en el que puedas decir “encontré el HB4″. No existe el momento eureka, esa fantasía que se cayó la manzana y Newton dijo “esta es la ley de la gravedad”. El conocimiento se va construyendo sobre otro conocimiento continuamente. Es decir, hubo un montón de conocimiento previo que te permite avanzar un pasito más. Lo que buscábamos con mi equipo era entender cómo algunas plantas se la bancan un montón de tiempo sin agua, sin morirse, y otras en dos días se morían. Obviamente tienen mecanismos de respuesta distintos, entonces había que estudiar cómo son, qué genes tienen y por qué aguantan más que otras. -Después de esa pregunta inicial, ¿cómo siguió el proceso? -En ese momento no se sabía nada de muchas plantas, pero el girasol estaba más estudiado agronómicamente, y era una planta más adaptada al medio ambiente que, por ejemplo, el trigo y la soja. Sobre todo a la falta de agua. Empezamos a estudiar los mecanismos moleculares. Eso se hace a través de aislar un gen, con técnicas muy complejas, y ponerlo en una planta que no lo tiene y ver si se comporta diferente. Esa planta se estudia con y sin ese gen. Hicimos montones de genes, muchísimos. Lleva mucho tiempo esto: transformar las plantas, generar plantas que tengan las dos copias del gen, ponerlas a crecer, estudiar la parte bioquímica del gen, cómo es la proteína, qué es lo que hace. -¿Qué pasó con HB4 cuando siguieron todo ese proceso? -Lo que cambió es que al ponerlo en otras plantas vimos que las que lo recibían tenían tolerancia aumentada a la sequía. Y ahí seguimos estudiando ese gen, porque le vimos una utilidad biotecnológica. Esto generó el convenio con Bioceres y eso implicó que el desarrollo fuera mucho más intensivo, con muchas más personas trabajando: todo el equipo de Bioceres, que hizo los ensayos a campo, y el nuestro, que terminó siendo multidisciplinario. -Entonces no podemos llamarlo eureka, ¿pero cómo fue el momento en el que se dieron cuenta de que las plantas modificadas por ese gen efectivamente empiezan a responder distinto? -Lo que pasa es que no es lo mismo que una planta de laboratorio te responda distinto a que lo haga un cultivo en el campo, hay un abismo. En el laboratorio tenés condiciones controladas. Cuando ponés una planta en el campo aparte de la sequía tenés los vientos, la inundación, los bichos, las bacterias, los virus. Una combinación de efectos que pueden hacer que lo que mediste en el laboratorio no pase en el campo. Nos dimos cuenta recién en 2010 o 2011 que en el campo funcionaba. -¿Y los otros genes que estudiaron también tienen potencial? -Sí, por ejemplo ahora estamos con otro, bastante avanzado, que le puede dar al maíz tolerancia a las inundaciones y a los vientos que producen pérdida de hojas. -¿Por qué lo multidisciplinario fue tan importante en el proceso? -Porque genera un proceso cooperativo. Los biotecnólogos vemos la molécula, la proteína, la plantita en el laboratorio, y estamos divorciados de los agrónomos, que son los que realmente saben cómo hacer un ensayo a campo. O de los sociólogos, que ven la percepción pública de esto. También hay equipos viendo la distinción de unas plantas con otras a través de imágenes espectrales con drones, y haciendo big data y machine learning. Hay muchas disciplinas distintas, y cuando cada una avanza de forma aislada no se llega a lo mismo que si todos nos juntamos. -¿Y es necesario el sector privado en esto? -Absolutamente. Podría no serlo. En otros países hay empresas públicas que hacen esto. En Argentina no tenemos. Lo que hizo el sector privado no lo hubiésemos podido hacer nunca. -¿Hay una configuración institucional para que esa colaboración público-privada pueda suceder? -Está declarado como política de Estado, pero falta mucho. Hacer un convenio lleva mucho tiempo, establecer las pautas, que las reglas no cambien. No está en pañales, pero es muy optimizable. El Estado tiene un rol fundamental en el desarrollo de la ciencia. La investigación implica mucho riesgo. Hay mucha ciencia que no termina, o al menos no rápidamente, en un desarrollo. Pero todos los desarrollos salen de ciencia de buen nivel. No es inmediato, y ese riesgo no lo puede asumir el privado. Lo tiene que asumir el Estado de alguna forma. -¿En qué estado está hoy la ciencia argentina? -Tiene gente de muy buen nivel, en mi campo y en otros. No tantos en masa, como puede haber en Estados Unidos o en algún país de Europa. Y hay instrumentos de financiación, pero están lejos de lo que pueden ser en otros países. Es muy caro hacer ciencia acá. Acceder a determinados reactivos, por ejemplo, es muy caro. Y creo que tiene que mejorar mucho el sistema burocrático. Es como si uno tuviera que demostrar continuamente que no va a robar. Para comprar un equipo yo tengo que hacer una licitación, elegir el más barato aunque no sea el mejor, y eso es algo que el privado no tiene que hacer y complica mucho. Actualmente, en el equipo de Chan en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral trabajan unos siete científicos. Siguen estudiando la respuesta de las plantas al medio ambiente. También están desarrollando algunos proyectos con foco en el impacto social, como una escuela de biofábricas que forme a capacitadores en técnicas de micropropagación de plantas con valor comercial y multiplique esas capacidades. “Otro proyecto está basado en una investigación científica en la que vimos que con la aplicación mecánica de peso algunas plantas engrosan su tallo, soportan mejor los vientos y producen mucho más al final del ciclo”, dice Chan. Es decir que algo tan simple como colocar un broche de madera sobre un tallo que recién empieza a crecer puede hacer que esas plantas produzcan más. “Lo más avanzado en este momento es el tomate, pero también funciona muy bien en forestales y quinoa. Es una técnica no transgénica de aumento de la producción de alimentos para agricultura familiar”, sigue. Mientras explica el alcance de estos proyectos, un hombre que cruza el lobby del hotel, y que también estuvo en el evento de Bioceres de la noche anterior, se detiene a saludar a Chan, que todavía está afónica por todas las conversaciones que mantuvo entre la música y las voces de la fiesta. La exposición pública, dice, no es en absoluto la parte que más le gusta de su trabajo: “Yo entiendo que hay que informar lo que uno hace. Me tocó esto, y lo asumo y lo acepto. Pero prefiero estar en el laboratorio”. Hasta ahora, los transgénicos que se comercializan son los que se conocen como “de primera generación”: son aquellos que buscan mejorar la tolerancia de las plantas a malezas y plagas, a través de aumentar su resistencia a herbicidas como el glifosato. El HB4 es considerado un transgénico de segunda generación: está pensado para la resistencia a factores de origen no biológico –es decir, que no provienen de organismos vivos, como los insectos y las bacterias– como la salinidad, el clima y el agua. Y aunque hay muchos en desarrollo en esta segunda línea, todavía no llegaron al mercado. Aunque el trigo y la soja HB4 ya hayan obtenido aprobaciones en muchos países relevantes por el volumen de sus importaciones, todavía no se comercializa porque la contaminación cruzada podría poner en riesgo que otros países –que todavía no los aprobaron– compraran trigo y soja todavía no modificados con la tecnología HB4. “Los únicos dos transgénicos que han sido aprobados mundialmente antes de esto han sido la resistencia al glifosato y la resistencia Bt, que es una toxina del maíz que es resistente al ataque de insectos –y esto ha bajado muchísimo el uso de venenos–”, explica Chan.
La Dra. Raquel Chan, del CONICET, y parte de su equipo de ingenieros genéticos
-HB4 podría ser el tercer hito a nivel mundial en este sentido. ¿Cuál es su potencial para aumentar la productividad? -Mucho. Muchísimo. No es que se va poder sembrar trigo en el desierto, pero sí mejora muchísimo el rendimiento en los mismos lugares donde ya se siembra, con menos agua. El agua es el recurso más caro y más limitante. Esto puede mejorar la productividad y ayudar a la curva de producción de alimentos. -¿La resistencia a los transgénicos limita su desarrollo? -Absolutamente. Esto podría haber estado hace diez años en el mercado. -¿Qué explicación encontrás para esa resistencia? No hay una respuesta única. Hay problemas de comunicación, problemas sociológicos, falta de interés. Ese discurso de “transgénico es malo” no tiene un sustento científico fuerte. Una parte de la culpa es nuestra, por ser malos comunicadores y no explicarle a todo el mundo. El golden rice es un caso paradigmático. Es un arroz que tiene un gen que genera una proteína que es capaz de producir vitamina A y evitar la ceguera en un montón de niños con deficiencia de esa vitamina. ¿Cuál es la explicación? Que es transgénico, que lo modificó el hombre. Pero el hombre ha modificado los cultivos desde que hace agricultura, a través de la cruza y otras técnicas. Esa idea de “yo quiero comer comida natural” es una fantasía absoluta. -¿Qué sería la comida natural? No existe. Existe la comida orgánica. Es decir, el crecimiento de ciertas hortalizas, verduras y cultivos sin ningún químico, con una producción muy baja. Pero natural no existe nada, porque lo que comemos hoy no estaba en la naturaleza. No existía el maíz como lo conocemos, no existían ni el brócoli ni el coliflor. Son todos productos del mejoramiento, la mutación, la selección cruzada y otras técnicas. Sí existe lo orgánico, o lo que llaman orgánico, que es sin químicos, pero se producen en una escala muy pequeña. No se pueden producir en grandes superficies, y se los llevan los bichos y las malezas. -¿Cómo podemos saber que los transgénicos no son malos para la salud? Está demostrado por nuestras instituciones. En Argentina están la Conabia (Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria) y Senasa, que demostró después de un montón de estudios que son inocuos. Por ejemplo, el trigo HB4 es tan inocuo como el trigo sin ese gen. El trigo sin ese gen es igual. Y si no creemos en nuestras instituciones, no nos podemos vacunar, no podemos comprar nada en el súper. Cualquier producto que llega a una góndola pasó por la inspección de Senasa. Una de las críticas que se le hace a HB4 es que cuando se aplica esa técnica también se modifica las plantas para que sean resistentes al glufosinato de amonio, un agroquímico que se usa para controlar malezas, ¿por qué se agrega también ese gen? Cuando se introduce un nuevo gen en una planta –como lo que hace HB4 con el de girasol– se pone lo que se conoce como “marcador de selección”, porque es muy difícil identificar después las plantas que fueron transformadas. El marcador que se puso en este caso es un gen de resistencia al glufosinato. Sirve para distinguir qué planta se transformó. Eso no llega a la comida que eventualmente deriva de esas plantas. Hace falta para su transformación, pero a los fines de HB4 da lo mismo si después se aplica o no glufosinato a las plantas. Es un pedazo de gen, no hace nada que esté ahí, como todos los otros genes. Si mañana por alguna razón se prohibe el glufosinato, el trigo HB4 sigue siendo igual de bueno. Lo necesitamos como marcador por una cuestión técnica. -¿Los transgénicos que tenemos hoy contribuyen a mejorar la curva de producción de alimentos? -El crecimiento de esa pendiente estaría aún más lejos de la del crecimiento de la población sin transgénicos, pero no es suficiente. -¿Y de qué manera pueden acercarse esas dos curvas, y que la comida alcance para alimentar a la población en el futuro? -Hay que atacar el problema de la distribución, pero también el de la producción. Y para eso hay que hacer más ciencia. Necesitamos producir mucho más en los mismos lugares, y eso requiere mucha investigación. No es mágico, pero hay que hacerlo.»

Repetimos: «El trigo transgénico es el enemigo equivocado para una agenda verde»

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Esta nota de Nicolás Deza la publicamos en AgendAR el 13 de junio pasado, con el mismo comentario nuestro con que la acompañamos ahora (más una imagen reciente, al final). El incidente que la provocó ya se perdió de vista. Pero los prejuicios, alimentados por medias verdades y puras mentiras que distribuyen los quienes consiguen que se les tome en cuenta fomentando miedos, siguen vigentes.

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«Una llamativa consigna reavivó en las últimas semanas la polémica por la utilización de semillas transgénicas en los suelos argentinos. A través del hashtag #ChauHavanna se convocó a realizar un boicot en contra de la famosa marca de alfajores. ¿El motivo? El anuncio de un acuerdo de complementariedad entre Havanna y Bioceres para el desarrollo de alimentos a partir del trigo HB4 , un “trigo transgénico”.

El trigo HB4 es trigo modificado genéticamente mediante la tecnología HB4. La historia de esta tecnología se remonta al 2004, cuando un equipo de investigadores del Conicet, liderado por la bioquímica Raquel Chan, y la Universidad Nacional del Litoral concretaron una alianza público-privada con la firma de biotecnología Bioceres, para un proyecto basado en transformar especies de interés agronómico con el gen Hahb-4 de girasol y ensayar su tolerancia a la sequía y el estrés hídrico. Tras un largo camino de investigación y desarrollo, la tecnología HB4 aplicada al trigo obtuvo la aprobación regulatoria del Ministerio de Agricultura en octubre de 2020, transformando a la Argentina en el primer país del mundo en aprobar un trigo transgénico. El trigo y la soja HB4 son ahora parte de una corta lista de tres eventos transgénicos de desarrollo ciento por ciento nacional, sobre un total de 61 eventos aprobados para su utilización en el país. La aprobación de este trigo marca un hito en la historia de la biotecnología nacional. “Estamos hablando de una tecnología desarrollada en un instituto del Estado en asociación con una empresa formada por productores agropecuarios argentinos, que llegó (llegamos) a tener el mismo nivel que las multinacionales que cuentan con fondos millonarios que yo nunca tuve ni vi. Esto demuestra que el sistema científico argentino es capaz de responder a estos desafíos”, afirmó Raquel Chan en la newsletter de Elisabeth Mohle para Cenital. No obstante, la campaña de boicot a la elaboración de productos Havanna con trigo transgénico y la efectiva instalación del tema en la agenda pública dan cuenta de lo difícil que sigue siendo hablar sobre semillas transgénicas. La polémica tomó la forma de un juego de rechazos y de respaldos a la utilización de organismos genéticamente modificados, cuando la discusión de fondo es por el modelo agropecuario argentino.
Julián Monkes es licenciado en Ciencias Ambientales y maestrando en Desarrollo Rural. Y Monkes inserta la discusión por el trigo transgénico dentro de un debate más estructural. “Falta planificación estatal que determine qué hacemos y cómo lo hacemos. Dentro de eso entra la discusión de los transgénicos. Si no hay planificación estatal, cualquier aparición técnico o tecnológica lo que terminará haciendo es favorecer un modelo del cual se benefician unos pocos”. El desarrollo de un trigo que se adapta mejor a las situaciones de estrés hídrico es a priori una buena noticia para Monkes. “A veces no dimensionamos que vivimos en un país semi desértico, que tiene un clima seco. El 65% del país es de área semi o desértica. El cambio climático lo que va a hacer es profundizar los regímenes de sequía. Entonces pensar la producción para todo lo que es el Chaco seco pero también para la Patagonia es importante”, dice el científico ambiental. Un elemento central en la polémica del trigo es el uso de glufosinato de amonio, un herbicida de amplio espectro como el glifosato, pero más potente. El entrevistado advierte “Es más grave para la salud que el glifosato. El problema con el glifosato es que se tira en enormes cantidades y de forma poco controlada. El glifosato en sí, aislado, no es tan contaminante o no es tan dañino para la salud. El tema es cómo se usa y los otros agentes químicos con los cuales se mezcla. Dentro de eso, el glufosinato vendría a ser un herbicida peor, que impacta más en el ecosistema y en nuestra salud”.
Monkes señala que el uso de los herbicidas viene siendo cuestionado por los propios productores rurales.
La aparición de malezas resistentes al glifosato está poniendo en jaque al modelo de la siembra directa. Se están buscando alternativas para proteger sus suelos de la aparición de malezas en los períodos entre cosecha y nueva siembra.
Una alternativa que viene ganando terreno es el uso de cultivos de servicios. AAPRESID, una de las asociaciones promotoras del cultivo de soja por siembra directa, viene empujando su uso. “El cultivo de servicio consiste en tener un cultivo de invierno que no es para cosechar, sino para mantener el suelo cubierto y que no salgan las malezas. Antes de sembrar la soja en la temporada siguiente, lo que se hace es introducir ese cultivo de servicio”, explica el docente de FAUBA. El cultivo de servicio reemplaza la práctica del barbecho químico, que consiste en rociar de glifosato el suelo para mantenerlo libre de malezas y otras plantas, sin el cual no es posible realizar la siembra directa. “Lo que está pasando con los cultivos de servicio es que están apareciendo como una necesidad para evitar estas malezas que no están pudiendo controlar químicamente. Es un cambio que va a necesitar cierto tiempo para que se implemente. El 10% de los productores que trabajan con AAPRESID ya están implementando cultivos de servicio”, dice el ambientólogo. De todas formas, Monkes advierte que el principal desafío es la planificación de los usos de los suelos. “Con un Estado fuerte, con un modelo agropecuario planificado, este trigo transgénico resistente a la sequía sería una gran noticia. Podríamos plantar trigo en zonas de secano, donde hoy no se planta nada, se deja el suelo desnudo y se pierde un montón de carbono, aparecen malezas resistentes y demás. Sería una gran noticia, pero no, es una mala noticia entre comillas porque no sabemos qué van a hacer los productores con eso, si van a aplicar glufosinato o no”, indica. La principal deriva de esa falta de planificación y regulación es la expansión indiscriminada de la frontera agrícola, sobre todo en la región del NEA. Millones de hectáreas de bosques se han perdido en las últimas décadas a manos de emprendimientos principalmente agrícolas. Pese al aumento de la producción de granos, Monkes advierte que “no paramos de perder producción agropecuaria que se dedica a la producción de alimentos, no de mercancía. La soja o maíz son mercancías que se venden en el mercado internacional. No paran de desaparecer explotaciones agropecuarias productoras de alimentos que van a la boca de los y las argentinos”. Julián Monkes concluye: «Un modelo agropecuario planificado, con un ordenamiento territorial que señale qué hacer, podría ser la llave para insertar innovaciones como el trigo transgénico en una trama de desarrollo nacional. “El cambio a un modelo que impacte menos, con menos agroquímicos sí o sí va a suceder. El tema es si ese campo futuro va a ser con los productores y campesinos adentro o va a ser un campo ultratecnificado donde no haya nadie. Esa es la discusión de fondo”. Comentario de AgendAR: Las observaciones del entrevistado son inteligentes e informadas, pero encontramos en ellas un sesgo similar al que aparece también en muchos planteos de la «agenda verde»: la idea que la planificación es algo que se hace desde el Estado, diseñada por expertos que tienen claro los objetivos a alcanzar. No funciona así. Lo hemos visto en nuestro país, en experiencias muy recientes. En Francia, un país con una gran tradición de un Estado fuerte y centralizado, se desarrolló en los tiempos de De Gaulle el concepto de «planificación indicativa»: los organismos estatales dialogan con los sectores sociales y diseñan incentivos para que se sigan las políticas adecuadas. Tengamos también presente que la «revolución de la siembra directa», que ha contribuido mucho a la preservación de los suelos, se llevó adelante sin que los niveles de conducción del Estado tuvieran mucha conciencia de ella. Tampoco ese resulta el camino ideal. Es preferible la comunicación abierta de funcionarios, productores, gremios y la población en general. Un «feedback» positivo entre el Estado y los ciudadanos. Vencer el prejuicio contra cualquier cosa que sea «transgénica», muy arraigado inclusive entre quienes no son militantes ecologistas, va a requerir educación, paciencia y prudencia por parte de los organismos estatales. Y de asociaciones con una trayectoria valiosa como AAPRESID Agregar esta imagen, muy distribuida en las redes sociales, que toca un tema distinto pero también empañado por prejuicios seudo ambientalistas, no lo hacemos con la intención de atacar a la artista y conductora de TV. La señora Viale no tiene obligación de saber de exploraciones submarinas, ni tampoco que el 17% del gas en su casa viene de fondos marinos de Santa Cruz y Tierra del Fuego. La crítica es a una sociedad que encuentra natural que se puede pontificar sobre cualquier tema sin haber hecho estudios serios, con nada más que haber visto un video en Youtube.

Solo el 22% de las grandes empresas en el mundo están comprometidas con la reducción de emisiones de CO2

Los CEOs de las grandes empresas -al menos, las que se tienen en cuenta en Davos- no parecen haber tomado nota de la crisis climática.

Sólo un 22% de los consultados por PwC (Price Waterhouse Coopers) señala que su compañía está comprometida con el objetivo de reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2). Los resultados se desprenden de la última edición de una encuesta que alcanza a 4.500 ejecutivos de 89 países y que se presenta anualmente en el encuentro del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, evento que este año fue postergado por el rebrote del Covid-19. De acuerdo con el informe “se necesita hacer un mayor progreso para lograr los objetivos climáticos globales, ya que menos de un tercio de los encuestados dijeron que sus empresas se han obligado a reducir las emisiones”. Por fuera del 22% que ya se ha trazado la estrategia de avanzar hacia las “emisiones netas cero”, el 29% manifestó que este compromiso está «en progreso» y el 44%, que no tiene ninguna política al respecto. Sin embargo sí admiten que garantizar un mayor compromiso sobre este punto a más largo plazo será fundamental dentro de las estrategias de la empresa, dado que se tornará esencial no solo para mitigar los riesgos del cambio climático, sino también para cumplir con las expectativas de los clientes, inversores, empleados y la sociedad en general. Entre los CEOs cuyas empresas han hecho compromisos netos cero, el sector de energía y servicios públicos es el principal sector, con un 40%, unos 15 puntos más que los sectores de telecomunicaciones, banca y mercados de capitales (ambos 24%). Alrededor de dos tercios (65%) de los CEOs cuyas empresas tienen ingresos de US$25.000 millones o más, se han comprometido a objetivos de emisión cero, en comparación con el 10% de las empresas con ingresos inferiores a US$100 millones.
El 29% de las empresas manifestó que este compromiso está en progreso y el 44%, que no tiene ninguna política al respecto

En Argentina

En el caso particular de la Argentina se observa un nivel de conciencia entre “medio y alto” de los CEOs respecto de los desafíos ambientales. “El nivel de avance en términos de compromisos de reducción de emisiones es similar al del resto del mundo y está por encima de otros países de la región. Los CEOs son cada vez más conscientes de que deben actuar con urgencia, redefiniendo la estrategia para la transformación del negocio con foco en metas apropiadas para la descarbonización de sus operaciones”, destacó Santiago Mignone, socio a cargo de PwC Argentina.

Consultados por la marcha de la economía para 2022, la encuesta –que fue realizada entre octubre y noviembre de 2021– arroja los resultados más optimistas de la última década. Más del 77% de los encuestados predice que la economía global mejorará, mientras que solo el 15% espera un deterioro de las condiciones. Este optimismo es un punto más alto que el 76% de hace un año y 54 puntos más que el de 2020, cuando el 53% predijo una economía en declive.

Si se toma en cuenta solo la respuesta de los CEOs argentinos, 8 de cada 10 esperan un crecimiento de la economía global en 2022, consolidando de esta manera la percepción que surgió en la edición anterior de la encuesta, cuando las respuestas más positivas alcanzaban el 74% y superaban en 60 puntos los resultados del 2020. La tendencia local sintoniza con lo expresado por los encuestados a nivel global, incluidos los de Latinoamérica, entre quienes se destaca el optimismo de los empresarios de Uruguay (95%). La visión argentina, en tanto, refleja mayor cautela en cuanto al crecimiento de la economía del país: si bien los más optimistas siguen siendo mayoría (46%), dicha proporción está por debajo de la media regional (56%) y global (75%).

Emigración en América del Sur: Argentina está entre los países con menor porcentaje población afuera

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A(Agradecemos este gráfico, del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, a Julián Corvaglia @JulianCorvaglia)
. El país de la América del Sur que tiene el porcentaje más alto de su población emigrada (sin tomar en cuenta los casos especiales de Surinam y Guyana) es Uruguay, con el 18,3 %. Le sigue Venezuela con el 16,7%. Bolivia 7,6; Chile 3,4; Colombia 5,7 y Argentina 2,3 %. Y, como indica el gráfico, los únicos dos países en el subcontinente que tienen una diferencia significativa, a su favor, en los porcentajes de inmigración e emigración, son Argentina y Chile.

El Gobierno lanzó el Clúster Renovable Nacional con 6 provincias

El Gobierno Nacional, junto a seis provincias, lanza el Clúster Renovable Nacional para desarrollar energías a partir de fuentes  sustentables. El presidente Alberto Fernández, junto a los ministros Kulfas y Guzmán, hará el anuncio hoy martes 18 en la provincia de San Juan.

«San Juan.- El Presidente de la Nación, Alberto Fernández, junto a los ministros de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y de Economía, Martín Guzmán, acompañados por el gobernador de San Juan, Sergio Uñac, anunciarán el lanzamiento del Clúster Renovable Nacional. Este es un organismo público privado, que tendrá representación pública de seis provincias productoras de bienes, tecnologías y servicios asociados a la generación eléctrica de fuentes  renovables. El lanzamiento se hará desde la sede de Energía Provincial Sociedad del Estado (EPSE), ubicada en la ciudad de San Juan, y participarán los gobernadores de La Rioja, Ricardo Quintela; de Neuquén, Omar Gutiérrez; de Catamarca, Raúl Jalil; de Río Negro, Arabela Carreras; y el vicegobernador de Mendoza, Mario Abed. También estarán presentes el secretario de Industria, Ariel Schale y el secretario de Energía, Darío Martínez. El Cluster estará conformado inicialmente por las provincias de San Juan, La Rioja, Neuquén, Mendoza, Catamarca y Río Negro; y las empresas que participarán son, entre otras, el Parque Eólico Arauco SAPEM (La Rioja); Energía Provincial S.E. (EPSE) por San Juan; Empresa Mendocina de Energía Sociedad Anónima (EMESA) e IMPSA por Mendoza; Energía Catamarca SAPEM; Agencia de Inversiones Neuquén (ADI) de Neuquén; y Eólica Rionegrina Sociedad Anónima (ERSA). A través de esta iniciativa se promoverá el desarrollo, la construcción y la puesta en marcha de Parques de Generación Renovable, claves para el cuidado del ambiente y la ampliación de la oferta eléctrica. Los recursos eólico y solar en Argentina se encuentran entre los mejores a nivel mundial, por lo cual este clúster apunta a aprovechar ese potencial con trabajo nacional. Integrado 100% por empresas argentinas que van a contratar mano de obra local y a producir ingeniería, equipos y conocimiento para dotar de tecnología a los proyectos de cada provincia. Desde 2018 no se han integrado nuevos parques de generación renovable para poder cumplir con los objetivos de la Ley 27191 (año 2015) de cobertura de un 20% de la matriz eléctrica de fuentes renovables al año 2025. La creación del clúster se realiza teniendo en cuenta el concepto de triple sustentabilidad:
  • Macroeconómica, enfocada en el ahorro de divisas, la sustitución de equipamiento y tecnología importada y futuras exportaciones;
  • Ambiental, conjugando la generación de energías verdes con cuidado ambiental;
  • Y social, para garantizar el trabajo argentino y el bienestar de las comunidades.
Se conformará el Comité Ejecutivo del Clúster Renovable Nacional, con participación del Ministerio de Desarrollo Productivo, del Ministerio de Economía y de las provincias participantes. Como primer hito en el desarrollo del Clúster, se firmará un Acuerdo Marco entre las empresas mendocina IMPSA y la sanjuanina EPSE, mediante el cual se inicia un proceso de articulación entre ambas empresas. El convenio incluye la gestión administrativa y comercial de la operación de la Fábrica Integrada de Paneles Solares Fotovoltaicos de EPSE, con una capacidad de producción de 70 MWp por año, el armado y estructuración de una Fábrica de Inversores de potencia CC/CA por parte de IMPSA, y la construcción y operación de futuros parques solares fotovoltaicos que EPSE planea desplegaren las provincias del Clúster.»

«La minería puede sumar US$ 10 mil millones de exportaciones adicionales en el mediano plazo»

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El lic. Nadav Rajzman, Director Nacional de Promoción Minera, y el lic. Jorge Matías González, Director de Economía Minera, son los autores de esta columna de opinión: «Argentina atraviesa un momento delicado en lo que respecta a sus finanzas externas. Requiere dólares y divisas extranjeras para el pago de sus abultados compromisos de deuda, lo cual compite directamente con la imperiosa necesidad de financiar las importaciones, que le permitan retomar una senda de crecimiento sostenido. Esto último sigue una lógica básica y es que el común de productos que consumimos y máquinas que utilizamos para producir, tienen una cantidad de componentes elaborados en el exterior. Si cada punto de crecimiento del país tiene su correlato en un incremento de compras al exterior, entonces las exportaciones deben acompañar al crecimiento económico como condición necesaria. A la hora de analizar los sectores con mayor potencial, existen pocos como el de la minería, con la capacidad de darle al país un salto exportador cualitativo en el mediano plazo. Esto no debe sorprendernos. Existen ejemplos cercanos en Chile y Perú, que permiten sustentar esta afirmación. En el primero, las exportaciones mineras crecieron desde US$ 8,7 mil millones en 2003 hasta los US$ 58,7 mil millones en 2021 y, en Perú, lo hicieron desde US$ 3 mil millones en 2000 a US$ 32 mil millones, únicamente en los primeros diez meses de 2021. En ambos países el crecimiento económico –derivado en parte del auge minero– fue acompañado de una baja, tanto en la pobreza como en la desigualdad. Ahora bien, a pesar de compartir la Cordillera de los Andes y disponer de un potencial geológico similar, nuestro país exportó el último año US$ 2,76 mil millones en productos mineros, varias veces menos que nuestros vecinos. Estos montos exportados se alcanzaron por la producción de 17 proyectos de minería metalífera y de litio en operación y una gran variedad de empresas de minerales industriales y rocas de aplicación. Sin embargo, según el análisis de la cartera de proyectos mineros que se encuentran en etapas avanzadas, es realista pensar que ese número podría superar los US$ 13 mil millones en solo diez años. ¿Cómo se explicaría este salto exportador? En los próximos años, el mundo asistirá a un dramático crecimiento en la demanda de minerales necesarios para mitigar el cambio climático. La adopción de vehículos eléctricos, baterías de nueva generación y sistemas de almacenamiento, entre otros, harán que los requerimientos de litio a nivel mundial se multipliquen al menos cinco veces. A su vez, la creciente electrificación hará crecer la demanda de cobre y otros minerales, siendo que los motores de los vehículos eléctricos requieren cinco veces más cables y uniones que los automóviles tradicionales. Las energías renovables también demandan más minerales: una central eléctrica convencional requiere alrededor de una tonelada de cobre para producir un MW, mientras que parques eólicos y solares necesitan entre tres y cinco toneladas por MW. Para hacer frente a la creciente demanda mundial, el país dispone de una amplia cartera de 64 proyectos en estadios que van desde exploración avanzada a construcción, lo cual nos permite estimar las capacidades de exportación del sector, teniendo en cuenta supuestos probables. Para la minería de cobre existen diez proyectos avanzados, donde cabe destacar la magnitud de los mismos. Si consideramos únicamente los cuatro más avanzados (Josemaría, Pachón, Mara y Taca Taca ya presentaron su factibilidad económica y técnica), las exportaciones se podrían ampliar en más de US$ 6 mil millones anuales. El grupo canadiense Lundin Mining ya anunció la puesta en marcha de su proyecto Josemaría, mediante una inversión de US$ 4.200 millones. Los restantes tres proyectos ya factibilizados implicarían inversiones adicionales por otros US$ 11 mil millones, lo cual señala, además del potencial exportador, los cuantiosos desembolsos para construcción e infraestructura (rutas, tendidos eléctricos, etc.) y puestos de trabajo (se estiman más de 5.200 para la operación y más de 12.500 para construcción) en regiones alejadas de los principales centros urbanos. El litio podría aportar anualmente entre US$ 3.500 y US$ 4.500 millones adicionales de exportaciones, que provendrían de la ampliación de los dos proyectos de litio ya en curso (Olaroz y Mina Fénix), un tercero cuya constru-cción está avanzada (Caucharí-Olaroz) y otros ocho que se pueden poner en marcha. De estos últimos, la mitad anunció en 2021 que comenzará con la construcción, con inversiones equivalentes a US$ 1.960 millones. El resto de las exportaciones provendrá del sostenimiento de la actividad de los diez proyectos de oro y cuatro de plata como productos principales y de sumar nuevos, siendo altamente probable que se incorporen al menos tres de oro y plata, cada uno, antes de 2035. Tomando la proyección de precios de los minerales del Banco Mundial (conservadores), la estimación de las exportaciones futuras de la minería en Argentina son más que alentadoras. Contar con mayor cantidad de divisas nos permitiría impulsar mayores tasas de crecimiento durante más tiempo, una urgencia en un país que cuenta con 42% de pobres. Pero también, y de manera igual de importante, nos permitiría generar empleo de calidad y bien pago en regiones del país que no son beneficiadas por las actividades predominantes actualmente. Cabe recordar que la minería registró el mayor salario promedio de Argentina durante 2021. La meseta de Chubut, las zonas áridas del NOA y otras regiones alejadas del Atlántico se verían altamente beneficiadas por el desarrollo de la minería metalífera y del litio. En resumen, la minería no solo puede aportar dólares que el país necesita para retornar a una senda de crecimiento sostenido –siendo una proyección realista sumar 144,9 mil millones en 14 años–, sino que también generará empleo y oportunidades para proveedores. Sin ir más lejos, en el transcurso del 2021 se anunciaron US$ 9.314 millones en inversiones productivas, que generarán 12 mil puestos de trabajos directos e indirectos asociados a etapas de construcción y operación.»

Las etapas de la producción de la vacuna Sputnik V en la Argentina

Laboratorios Richmond es la empresa encargada del filtrado y el envasado de la vacuna rusa; actualmente el stock local del fármaco se usa para dosis de refuerzo.

La aplicación de las terceras dosis o dosis de refuerzo contra el Covid-19 en la Argentina ya alcanzó al 20,8% de la población. Las vacunas que se están usando con ese propósito, tal como informó el Ministerio de Salud de la Nación, son las de AstraZeneca, Cansino, Pfizer, Moderna y la Sputnik V. La marca varía según la disponibilidad. Sobre la vacuna rusa, buena parte de las que aplican en el país son filtradas y envasadas en la planta de Laboratorios Richmond, ubicada en Pilar, cuya participación en el proceso de producción se enfocó sobre todo en el componente dos, que fue uno de los grandes faltantes del plan de vacunación nacional. Y ahora, ambos se usan para reforzar los esquemas.

Hasta el momento, desde la primera entrega que fue el 12 de agosto pasado hasta ahora, Richmond entregó 6.500.000 dosis del componente uno y dos, de las cuales el 70% corresponden al segundo.

La Sputnik V fue la primera vacuna desarrollada para combatir al Covid-19 en el mundo y la Argentina desde entonces fue uno de los principales consumidores. De hecho, en nuestro país ya se aplicaron 18.618.805 dosis.

En un principio, la vacuna creada por el Instituto Gamaleya fue criticada por la falta de publicaciones que respaldaran su seguridad y eficacia. Sin embargo, en diciembre de 2020 el Ministerio de Salud de la Nación autorizó su uso de emergencia y ese fue el primer fármaco contra el Covid que se aplicó en la Argentina. No obstante, aún no fue avalada por la Organización Mundial (OMS) de la Salud, lo que genera grandes inconvenientes para las personas que desean viajar al exterior. En septiembre del año pasado, la entidad suspendió la aprobación de la vacuna por detectar irregularidades en una de las plantas de producción, que está ubicada en la ciudad de Ufa.

En un primer momento, Laboratorios Richmond tenía como objetivo construir una planta que permitiera la producción integral de la vacuna rusa, pero dada la falta del fármaco en la Argentina decidieron comenzar por el filtrado y envasado para poder nutrir al mercado local
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En cuanto a la producción local de la Sputnik V, según informaron desde Laboratorios Richmond, todo comienza con la materia prima elaborada en una planta ubicada en las afueras de Moscú. Luego el antígeno llega a la Argentina donde se realiza un proceso complejo de filtrado y envasado y, por último, se envían algunas muestras a la Administración Nacional de Medicamentos Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) para su respectivo control, además del chequeo que realiza la empresa.

Desde Richmond describen que en un primer momento el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) realizó un acuerdo con Hetero, una compañía farmacéutica de la India que adquirió la posibilidad de realizar la transferencia tecnológica de la vacuna para producirla en ese país. Luego esa compañía india puso a Richmond en contacto con el RDIF para comenzar un proceso similar. Inicialmente, el objetivo, indican, era construir una planta que permitiera la producción integral de la vacuna, pero, dada la escasez de vacunas en la Argentina, empezaron la transferencia de tecnología por etapas y eso le permitió a Richmond acelerar la posibilidad de nutrir el mercado local a partir de la materia prima producida en Rusia. Mientras tanto, comenzaron la construcción de la planta en la Argentina.

Desde Caleta Olivia, Santa Cruz, desarrollan un equipo desalinizador de agua de bajo impacto ambiental

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Motivados por la problemática de escasez de agua potable en Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz, un equipo de investigación bajo el liderazgo de Adrian Brunini, científico del CONICET en la Unidad Académica Caleta Olivia (UACO, Universidad Nacional de la Patagonia Austral), logró desarrollar un calentador de agua de mar para la obtención de agua potable. El equipo, que no genera consecuencias ambientales nocivas, podría funcionar, además, con hidrógeno «verde». “Tratamos de buscar una solución, algo que tuviese impacto en la comunidad”, explica Brunini sobre las motivaciones del desarrollo. Y continúa: “Comenzamos a trabajar en una tecnología que reproduce el ciclo del agua. Es una energía térmica, eficiente y que no requiere grandes avances tecnológicos para funcionar en una planta desalinizadora”. El equipo de investigación construyó una planta piloto desalinizadora que funciona con la quema de hidrógeno, por lo tanto no afecta al medioambiente: “El hidrogeno sólo produce vapor de agua y eso es importante porque no genera ningún gas de efecto invernadero”, argumenta el investigador. La tecnología imita el ciclo natural del agua. “Se calienta el agua de mar y se la pone en contacto con aire seco, al hacer eso inmediatamente el aire seco se humedece”, explica Brunini. El aire absorbe la humedad del agua, “la cuestión es que sólo absorbe el agua, no la sal”, agrega. El siguiente paso será condesar la humedad del aire para recuperar el recurso que se encontraba, hasta ese momento, en forma de vapor. El investigador advierte que el equipo tiene un diseño termodinámico especial que permite recuperar la mayor parte de energía utilizada. Además, para Brunini, si a este proceso se le sumara la producción de hidrógeno por medio de energías limpias, como paneles solares o molinos eólicos, sería posible hablar de un circuito doblemente noble. Hacia el futuro, la intención es continuar mejorando el rendimiento en aspectos como la presión y la incorporación de nuevos prototipos que puedan contribuir a la mejora de la tecnología. Para Brunini, el desarrollo tecnológico es indispensable para afianzar la soberanía como país: “Tenemos que desarrollar la tecnología necesaria no solo para producir el hidrógeno, sino también para utilizarlo”.

Austria impondrá la vacunación obligatoria el 1 de febrero: multas de hasta 3.600 euros

El Gobierno austríaco ha anunciado que a partir del 1 de febrero se aplicará la vacuna obligatoria contra el coronavirus a todos los residentes mayores de 18 años de edad, es decir, para unos 7,4 de los 8,9 millones de habitantes del país centroeuropeo. Una medida que ha generado fuerte controversia y protestas en el país.

Tras una fase inicial de transición e información, la policía austríaca empezará el 16 de marzo a realizar controles aleatorios sobre el estatus de vacunación de las personas. A partir de ese momento, los residentes en Austria no vacunados podrán ser multados con 600 euros (685 dólares), hasta cuatro veces por año. Las autoridades enviarán además una carta recordatoria a todas las personas no vacunadas, precisa ley acordada por los gobernantes partidos conservador y ecologista en negociación con dos partidos opositores (socialdemócratas y liberales). Si no se alcanza un nivel satisfactorio de vacunación, se aplicará una tercera fase de la ley, con una cita obligatoria para vacunarse y en caso de ignorar a las autoridades se aplicará de forma automática una multa, dos veces por año, con un monto máximo de 3.600 euros (4.100 dólares) por año. En estos momentos, un 74% de la población austríaca se ha vacunado con la pauta completa (dos o tres dosis) contra el coronavirus, que desde el estallido de la pandemia ha causado casi 14.000 muertos en el país.
menores de 18 años, mujeres embarazadas y personas con ciertas patologías estarán exentas de la vacuna obligatoria.
«Cada uno es responsable de su salud y toma sus decisiones. Pero nosotros somos una comunidad y cuando se trata de la seguridad de la comunidad, entonces todos tenemos responsabilidad», explicó el canciller federal, el democristiano Karl Nehammer, ante la prensa al presentar la ley. Controversia y manifestaciones Pese al amplio respaldo en el Parlamento, con cuatro de los cinco partidos a favor, la vacuna obligatoria ha causado controversia en Austria. El partido opositor ultranacionalista FPÖ, y su polémico líder, Herbert Kickl, rechaza la ley con vehemencia y apoya desde hace meses en Viena y otras ciudades manifestaciones contra la gestión de la pandemia y contra la vacunación obligatoria.

Erupción volcánica submarina y tsunami en Tonga, Pacífico Sur, vista desde el espacio – Video

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El 15 de enero, un volcán submarino llamado Hunga Tonga-Hunga Ha’apai entró en erupción en Tonga -un pequeño país isleño ubicado en la Polinesia- y envió ondas de choque atmosféricas que viajaron varios miles de kilómetros y fueron visibles desde el espacio. Los geólogos de Tonga capturaron imágenes de una espectacular columna de ceniza que se elevaba desde el océano. “Es el sueño de un geólogo ver eventos geológicos reales en proceso”, dijo Taaniela Kula, quien dirigió el equipo de Servicios Geológicos de Tonga. No se han confirmado oficialmente muertes, pero la familia de una mujer británica que vive en Tonga informa que murió a causa del tsunami causado por la erupción. La erupción fue un evento de uno en mil años, dice el vulcanólogo Shane Croninc, pero los estudios de depósitos geológicos de erupciones anteriores de esta escala sugieren que aún podrían ocurrir más explosiones.

La ministra de Salud Carla Vizzotti hace un cuadro de situación

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En medio de la tercera ola de coronavirus, la ministra hizo un balance de lo logrado desde la cartera y planteo los desafíos actuales del sistema de salud.

La transición de la pandemia por coronavirus a una endemia, es decir a una enfermedad que afecte a regiones con estacionalidad, es un proceso, y las modificaciones de la gestión de los casos y los aislamientos -que se están dando en Argentina y en el mundo- son pequeños pasos en ese sentido», aseguró la ministra de Salud. . ¿Cuál es el balance que hacen de la gestión sanitaria de la pandemia?

– Carla Vizzotti: Lo primero que hay que entender es que todavía no es lunes para la pandemia. Cuando tengamos un tiempo de endemia vamos a tener una perspectiva más clara de lo que vivimos en el mundo y en Argentina en estos dos años. La aparición de este virus requirió que cambiáramos todo lo que veníamos haciendo en el mundo, en Latinoamérica -donde tuvo un impacto mucho más alto por las particularidades y las desigualdades que hay-, y en nuestro país donde había una situación económica y sanitaria muy compleja. . Argentina es un país federal, con un sistema de salud muy fragmentado y la pandemia hizo que nos uniéramos como nunca lo hubiéramos hecho si no habría sucedido: el sector público, las obras sociales, el sector privado, las universidades, las obras sociales provincias, las 24 jurisdicciones del país con la nación, todas las instituciones del Estado trabajamos juntos. Se ha priorizado la salud, con limitaciones, pero con esa mirada de tratar de que el impacto económico sea el menor posible cuidando la salud. Las medidas que se tomaron al comienzo de aislamiento social, preventivo y obligatorios para fortalecer el sistema de salud fueron fundamentales, sino no hubiéramos podido dar respuesta en la primera ola pero sobre todo en la segunda.
La ministra calificó la campaña de vacunación como «la fortaleza más grande» de la gestión sanitaria de la pandemia, y recordó que Argentina ya cuenta con el 85% de la población vacunada al menos con una dosis y el 74% con dos dosis. «Tenemos 102 millones de dosis, las provincias tienen stock y también hay stock a nivel central, y faltan recibir 37 millones de dosis todavía», describió e informó que en «las últimas ocho semanas 820 mil personas mayores de 18 años iniciaron sus esquemas». Respecto de la reciente aprobación de los autotests por parte de ANMAT, Vizzotti indicó que «hay que cambiar la mirada respecto de las olas anteriores». «El año pasado con el consenso de ministras y ministros, con nuestra mirada en relación a la importancia de poder controlar y gestionar cada caso y los contactos estrechos para que hagan el aislamiento se decidió no avanzar con la autorización en farmacias». Y continuó: «En este momento de la pandemia en Argentina, con esta dinámica, así como estamos reevaluando constantemente el aislamiento de los vacunados, la transmisibilidad, el número de asintomáticos, los casos leves, estamos repensando todo el tiempo las recomendaciones y desde ese punto de vista aumentar la oferta de las posibilidades de testeo era importante». . La funcionaria indicó que los tests aprobados, «no sólo sirven para una persona que decida ir a comprar a la farmacia -en cuyo caso también está garantizada la trazabilidad a partir del reporte que el usuario realice a la farmacia del resultado-, sino que también es útil para el sector privado, por ejemplo para que las industrias lo puedan hacer periódicamente como una forma de prevención, en la provincias para gestionar los casos o incluso en los efectores de salud para minimizar los riesgos». «Son roles complementarios al testeo en una situación completamente diferente a las olas anteriores y con un número de casos que llega a los 130 mil por día lo que hace que la trazabilidad ya esté impactada, no sólo en Argentina sino en el mundo», concluyó. También hubo algunas medidas de restricciones en la segunda ola… -Sí, en la segunda ola las medidas que se tomaron fueron mucho más específicas y breves, en medio de una tensión en el sistema sanitario que fue sostenida por mucho tiempo en el que también hubo riesgo de no poder dar respuesta. Con las medidas los casos fueron bajando.
La fortaleza más grande es la extraordinaria campaña de vacunación en lo que significó el acceso a las vacunas -con la dificultad mundial que ha habido para esto-, la articulación con las provincias, el enorme esfuerzo que se hizo en cada área con la llegada de las dosis, la logística, el trabajo con Aerolíneas, aduana, AFIP, operadores logísticos, y después el mismo proceso en cada provincia hasta que llega al vacunatorio. Por supuesto que hemos tenido limitaciones en el recurso humano, en poder asegurar el aislamiento porque las necesidades económicas hicieron que muchas personas tuvieran que salir a trabajar sin poder aislarse.
El impacto de la pandemia, y las medidas que tuvieron que tomarse por ella, ha sido muy grande en lo social, económico, emocional y sanitario.
-¿Cuáles son los desafíos en términos de sanitarios? -Los dividiría en dos: los primeros son los que causó la pandemia hacia adelante. Aquí lo que tenemos es que, por un sistema sistema de salud que tuvo que responder frente a una situación extraordinaria y por la población que por temor decidió no acercarse a los centros de salud, se han postergado consultas en relación a varias patologías; esto es lo que estamos denominando ‘patologías retenidas’ y lo estamos tratando de recuperar ahora con una situación epidemiológica más favorable. Se están tratando de retomar las cirugías programadas, los controles de enfermedades crónicas, etc. Para darse una idea los «screenings» (estudios para la detección) de cáncer de cuello de útero y de mamá bajaron un 60%; los de colon descendieron un 50%; pero también la vacunación en niñas, niños y adolescentes, incluso en adultos, bajó entre 5 y 10 puntos. También el abordaje del tema de salud mental, que teníamos ya como desafío antes de la pandemia, poder implementar la Ley, ir hacia un paradigma más comunitario con una mirada más empática y despatologizadora, menos centrada en las instituciones; todo ese objetivo se vio interrumpido con la pandemia. Pero además de lo pendiente, está el impacto en la salud mental que generó la pandemia, que no es solo lo individual como el miedo personal o la angustia por la enfermedad, por la pérdida de un ser querido, sino que a nivel de la sociedad, como generaciones que atravesamos la pandemia, hay un impacto que habrá que trabajar.
La ministra informó, además, que «dentro del área de medicamentos hay una línea de cannabis medicinal con fortalecimiento de la investigación, el rol de ANMAT, y de las Universidades en el control de calidad». Respecto de los últimos avances en cuanto al cannabis medicinal, Vizzotti recordó que «lo que se hizo fue volver a reglamentar la ley (27.350) para dar apoyo a los productores porque el Estado en lugar de apoyar los perseguía, este un compromiso que asumimos con las familias y los investigadores». «Tenemos herramientas desde hace 20 años como la Ley de Prescripción por Genérico que estamos trabajando para reimpulsarla en una mesa que comenzó en diciembre de 2019 con la industria farmacéutica y con el sector privado y los subsectores», señaló Vizzotti. E indicó que «la pandemia no interrumpió esa mesa, y de hecho esto permitió que Argentina no tenga dificultades en el acceso a medicación la pandemia».
-Y ¿cuáles eran los desafíos que había antes de la pandemia? -Más allá de los desafíos provocados por la pandemia están los objetivos que nos habíamos fijado en diciembre de 2019, que era trabajar en ejes fundamentales y para eso habíamos creado tres secretarias: Calidad, Equidad y Acceso. Es bueno ver el organigrama (porque ahí están esos ejes) que tiene por primera vez una Dirección de Enfermería, una de Género, una subsecretaría de Articulación Federal y otra subsecretaría de Articulación de Sistemas de Salud y Atención Primaria, cuyo objetivo es integrar realmente el sistema de salud en Argentina y poder transformar el primer nivel de atención. También es muy importante la Subsecretaría de Medicamentos e Información Estratégica que apuntan a tener una fuerte política de medicamentos y un área de información que articule con otras áreas de Gobierno lo cual es fundamental para tomar decisiones basadas en la evidencia. Así que con la sanción de la Ley de los 1.000 días y las Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), de Etiquetado Frontal, la regulación de la Ley de Cannabis Medicinal, tenemos desafíos muy grandes de políticas sanitarias y a pesar de la pandemia se pudo avanzar fuertemente. Se incorporó la vacuna de la polio inactivada en el Calendario, la segunda dosis de la varicela a la edad de ingreso escolar; es decir, el Ministerio no se ha detenido, pero hay que retomar y profundizar todos esos ejes.
– ¿Cuándo se pasará de la pandemia a la endemia? – Una enfermedad es pandémica cuando emerge un virus nuevo que tiene la capacidad de infectar al ser humano, que se transmite de persona a persona y al cual el 100 por ciento de la población es susceptible. Aunque el virus no sea tan letal, si se enferma toda la población al mismo tiempo lo que sucede es un desborde del sistema de salud -que es lo que pasó en muchas ciudades del mundo- donde no sólo hubo muertos por Covid-19 sino que no se pueden atender otras patologías y se llega hasta triplicar la mortalidad. A medida que pasa el tiempo, cuanto menos personas son susceptibles, cuanto menos grave es la enfermedad que se genera, hay una tendencia a la endemia que implica que el virus no desaparece sino que se queda entre nosotros como un virus estacional que va a generar menos complicaciones a la salud, como generan otros virus, en función de las posibilidades que tengamos como sistema de salud de prevenirlo, tratarlo o gestionarlo. Estamos en un momento en el que la hipótesis más fuerte es que podría suceder con esta variante por la cantidad de personas que desarrollan inmunidad por el virus, reinfecciones más la vacunación; la duda es que pueda emerger una nueva variante que nos complique. En Argentina con Delta veníamos de una manera muy exitosa, retrasando su ingreso y completando esquemas de vacunación, con una movilidad de casi 100%, con Delta predominante y sin aumento significativo de casos y emerge esta variante y nos complica, en el país y en el mundo. – Y por qué esto no se puede decir que sucede aún? – Por varias razones; hasta que emergió Ómicron había muchos países que con Delta, y no teniendo tasas altas de vacunación, tenían tensión en el sistema de salud y una situación de mucha preocupación; hay lugares donde no llegó la vacuna en forma equitativa y eso lo que hace es generar escenarios propicios para que emerjan nuevas variantes, que es lo que sucedió. No es que un día nos vamos a levantar y decir es una endemia, sino que es un proceso; no es un día para el otro. Medidas como las que se están tomando en España, en Uruguay; de ir modificando la gestión de los casos y los aislamientos son pasitos que van yendo hacia ahí; si no sucede otra novedad podemos ir avanzando.

Telechea analiza la polémica por la exploración offshore en Mar del Plata

Juan Manuel Telechea, uno de nuestros economistas favoritos, preparó este artículo para Cenital, y no queremos dejar de compartirlo con ustedes. Aunque estemos convencidos que el vigor de la oposición que se manifiesta tiene mucho más que ver con un clima en la sociedad y la psicología de masas que con ingeniería o biodiversidad. Y por lo tanto debe ser respondida desde la política. Pero esta nota es para los que se interesan en los hechos.

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«Todo comenzó cuando en las vísperas de año nuevo el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, a cargo de Juan Cabandié, autorizó a la empresa Equinor a realizar estudios de exploración sísmica en las afueras de las costas de Mar del Plata. A partir de ese estudio, lo que busca la empresa (asociada con YPF y Shell en este proyecto) es precisar la existencia de hidrocarburos, para luego llevar a cabo su extracción. Esto hizo que estallaran críticas de todo tipo e incluso a que se organizaran manifestaciones en varios puntos del país. Frente a eso, el intendente de la ciudad, Guillermo Montenegro, sostuvo que irá a la Justicia para tratar de frenar el proyecto (algo llamativo, dado que fue su partido, Cambiemos, el que lo inició). Ahora bien, el gran problema de la mayoría de estas críticas, impulsadas por Greenpeace y luego replicada por varios activistas y medios, es que al analizarlas detenidamente vemos que son debatibles. Como pueden ver acá, la crítica principal de Greenpeace se centró en afirmar que esta actividad se va a realizar “frente a la costa bonaerense” y que tiene “un 100% de probabilidades de que ocurran derrames de petróleo”. Eso fue acompañado con varias fotos de jóvenes en las playas cubiertos de petróleo. La primera objeción es la cercanía con la costa de Mar del Plata. Como muestra el economista Francisco Barberis Bosch acá, las áreas en cuestión están a más de 300 kilómetros de la ciudad. Con lo cual, evidentemente, no están frente a la costa. Esto significa que, llegado el caso, la plataforma petrolera no se vería desde la ciudad (con lo cual no habría contaminación visual), sino que, por cómo se orientan las corrientes oceánicas, sería muy difícil que, de haber un derrame, llegara a la costa marplatense. Esto nos lleva a la segunda, y mucho más importante, objeción: la probabilidad de que haya derrames de petróleo que contaminen el mar y la fauna. Greenpeace se basa en este trabajo para afirmar que la probabilidad sería del 100%. Básicamente, lo que hacen ahí es estimar la probabilidad de ocurrencia de un derrame para diferentes niveles de producción. Ahora bien, primero que nada, el documento en cuestión (por lo menos la versión citada), no fue publicado en una revista académica, con el proceso de revisión de pares que esto implica. En segundo lugar, al analizar la metodología, se observan varios aspectos cuestionables, como por ejemplo el hecho de que se utilice como parámetro el promedio histórico entre 1964 y 2015 de la tasa de derrames, ya que como veremos a continuación, la misma muestra una tendencia declinante. Esto lleva a la sobrestimación de la probabilidad de ocurrencia. La otra cuestión es que la probabilidad del 100% se da sólo en casos de derrames pequeños, mientras que tiende a cero para los eventos de derrames de mayor envergadura (salvo para niveles muy elevados de producción, alejados de los actuales). Esto está asociado con el hecho que mencionamos antes, de que los derrames se han reducido sostenidamente en el tiempo –incluso a pesar de que la producción aumentó– lo que refleja avances en materia de seguridad y de mejoras tecnológicas. Cantidad de derrames por buques de carga
Fuente: Our World in Data Asimismo, como muestra el investigador Federico Merke acá, la mayoría de los derrames son provocados por los buques de carga y no por las plataformas offshore (representan solo el 3%). De todos modos, la tendencia es similar. Como referencia, en Estados Unidos hubo 17 grandes derrames entre 1964 y 2015 en plataformas offshore con una producción al alza. Al margen de lo anterior, es importante resaltar que la exploración sísmica se utiliza hace muchísimos años en Argentina, sin que haya habido accidentes. Cantidad de derrames y nivel de producción (en barriles de petróleo)
Fuente: F. Merke Como se puede ver, la estrategia de Greenpeace parece ser la de utilizar argumentos extremistas que apelan al miedo, relegando la evidencia empírica. Algo similar se observó cuando cuestionó la decisión del Gobierno de avanzar en los acuerdos necesarios para la construcción de una cuarta central nuclear, al afirmar que “es la fuente de energía más costosa y peligrosa que existe”. Como se puede ver en el gráfico a continuación, la energía nuclear es de las más seguras y limpias que hay. A la izquierda tienen la tasa de muertes por accidentes y polución, a la derecha la cantidad de gases de efecto invernadero que emite cada una.
Fuente: Our World in Data ¿Esto significa que la exploración y explotación de hidrocarburos no acarrea impactos ambientales? Desde ya que no. En primer lugar, los fuertes ruidos que provoca la exploración sísmica pueden provocar daños en la fauna marina, algo que el propio estudio de impacto ambiental realizado por la empresa reconoce. Pero lo más importante, y que es la cuestión de fondo que mueve a los activistas ambientales, es el hecho innegable de que los hidrocarburos son uno de los principales causantes del calentamiento global (ver gráfico anterior) y por ende la matriz productiva debería apuntar a reducirlos, no a incrementarlos. Este planteo, sumamente válido, es el que más cuesta compatibilizar con una economía que no tiene los recursos necesarios para afrontar las inversiones que requiere, ni tampoco puede darse el lujo de frenar actividades productivas que generan divisas y fuentes de trabajo.«

Las olas de calor serán más frecuentes y afectarán nuestro estilo de vida

Frente a la ola de calor histórica que afectó a casi todo el país, especialistas en meteorología aseguran que fenómenos como este serán cada vez más frecuentes e intensos, y advierten sobre la necesidad de cambiar hábitos de vida y adaptar los servicios para mitigar el impacto.

«En nuestro país, esta ola de calor ha sido la más extrema en cuanto a intensidad», indicó Matilde Rusticucci, doctora en Ciencias de la Atmósfera, investigadora principal del Conicet y profesora de la Universidad de Buenos Aires. Sobre las causas de las temperaturas extremadamente elevadas que la semana pasada afectaron desde el norte de la Patagonia hasta Jujuy, con marcas térmicas que superaron los 40 grados en diez provincias, la investigadora afirmó que se debe a una conjunción de elementos: el cambio climático ocasionado por actividades humanas y el fenómeno natural de la Niña, que en los últimos dos años generó en el país precipitaciones por debajo de lo normal. «La Niña altera toda la circulación del hemisferio y hace que se pueda asentar la masa de aire cálida más tiempo, produciendo estas olas de calor tan intensas», detalló Rusticucci, quien trabajó en el Cuarto y Quinto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas. Esta semana más de 50 ciudades de Argentina superaron los 40 grados y se batieron múltiples récords de temperaturas máximas que, junto a las mínimas elevadas y la cantidad de días consecutivos con calor, tuvieron a casi todo el país bajo alertas rojas y naranjas. El viernes la Ciudad de Buenos Aires marcó a las 15.45 horas la temperatura más alta de los últimos 64 años, tras alcanzar los 41,5 grados. Y Mar del Plata experimentó el día más caluroso de su historia con 41,9 grados y en la localidad bonaerense de Punta Indio (43,1) se rompió un nuevo récord. En tanto, el jueves, la localidad rionegrina de Río Colorado alcanzó una temperatura máxima histórica de 43,4 grados y el martes en Córdoba se registró el récord de 42,5. Para Carolina Vera, doctora en Ciencias de la Atmósfera, investigadora principal del Conicet y jefa de Gabinete del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, las olas de calor extremas como la que estamos experimentando «ya son más frecuentes» porque «el calentamiento global es de 1,1 grados por encima de los valores normales que se establecen al inicio de la era industrial, a fines del siglo XIX». Vera aseguró que «las olas de calor son cinco veces más frecuentes ahora que hace 50 años» y que si el calentamiento global continúa, «en un mundo con un aumento de un grado y medio van a ser ocho veces más frecuentes«. «De ahí es la urgencia de encarar acciones para mitigar el cambio climático, pero a la vez nos tenemos que adaptar a que este tipo de olas de calor son más frecuentes y ponen en riesgo la salud y también nuestros sistemas de servicios, como el energético o la disponibilidad de agua», alertó la investigadora, quien participó del último informe del IPCC y en 2019 recibió el premio Cleveland Abbe que entrega la Asociación Meteorológica de Estados Unidos. Las investigadoras coincidieron en que ante olas de calor más frecuentes y extremas hay que empezar a cambiar hábitos de vida. «Sobre todo porque hay regiones de nuestro país donde la población no está acostumbrada a estas altas temperaturas», indicó Vera y agregó: «Cualquier persona que viva en el norte sabe cómo comportarse pero en el centro del país hay que tomar precauciones con la salud». Leandro Díaz, climatólogo en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (Cima) del Conicet y la UBA, dijo, por su parte, que estos eventos extremos son «muy nocivos para los sectores más vulnerables de la sociedad» y remarcó la necesidad de «empezar a adaptarse». «Prevemos que estas cosas cada vez van a ser peores«, apuntó el científico y destacó que mover los horarios, cancelar actividades, y tener «más espacios verdes» en las ciudades, lo que ayudaría a moderar el impacto. «Eventos como olas de calor están incrementándose en Argentina y en casi todo el mundo; no es un fenómeno especial de nuestro país».

Sudamérica, un horno

La ola de calor de esta semana impactó a toda la región central de Sudamérica, principalmente a la Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil, donde también se registraron récords de temperatura. . Para Díaz es una incógnita qué tanto puede agravarse la situación a futuro y aseguró que dependerá «de qué acciones se tomen o no al respecto». . Algo similar planteó Rusticucci, para quien «cuanto más se demoren en tomar las medidas contra el cambio climático, los impactos van a ser cada vez más extremos». . «Estamos a tiempo de empezar a revertirlo, de dejar de emitir los gases del efecto invernadero y retrasar los cambios», aseguró la especialista y advirtió que «las soluciones y la tecnología están, esto es cuestión de tomar decisiones políticas y no es algo nuestro solo, la responsabilidad es de todo el planeta». . «Pero cada uno tiene su responsabilidad, todos podemos cuidar del agua, la electricidad, el consumo de combustible y poner nuestro granito de arena»

Los preparativos del viaje de Alberto Fernández a Rusia y China. Y un comentario de AgendAR

El presidente Alberto Fernández mantendrá una reunión con su par de Rusia, Vladimir Putin; y otra con el mandatario chino, Xi Jinping, en el marco de una visita que hará el 3 y el 4 de febrero próximos a esas naciones.

De acuerdo a lo informado por Presidencia, el encuentro con Putin se producirá durante una escala de 48 horas en Rusia, previa al viaje que Fernández realizará a China para asistir a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en ese país. El Presidente se reunirá el próximo 3 de febrero en Moscú con Vladimir Putin y al día siguiente ya estará en China, afirmó la portavoz presidencial, donde se encontrará con Xi Jinping, cerca de cumplirse los 50 años de relaciones diplomáticas entre ambos países, iniciadas el 19 de febrero de 1972.

En Rusia

En Moscú se hará la reunión bilateral que había quedado pendiente entre Fernández y Putin, en la que ambos jefes de Estado «hablarán acerca de la colaboración en el tema de vacunas, inversiones, ciencia y en otros temas de interés común», detalló Cerruti. Esta será la primera reunión presencial entre Fernández y Putin, luego que ambos mantuvieran una conversación telefónica en noviembre pasado, en la que manifestaron su predisposición a encontrarse personalmente apenas la situación epidemiológica lo permitiera. Los mandatarios se comunicaron telefónicamente el 7 de noviembre último, por espacio de 30 minutos, para repasar la relación bilateral entre ambos países, y en ese diálogo Fernández valoró «la cooperación entre ambas naciones a la hora de enfrentar el desafío» al que sometió la pandemia al mundo, se consignó en aquella oportunidad. Aquella conversación sirvió también para reafirmar la «disposición mutua» en fortalecer «la asociación estratégica ruso-argentina y la cooperación práctica en varios campos», según un comunicado de prensa del Kremlin. El 7 de diciembre pasado, en un almuerzo de trabajo en la Casa Rosada, Fernández se reunió con autoridades del Fondo Ruso de Inversión Directa (el propietario de la vacuna Sputik V) y ejecutivos de empresas y representantes de bancos rusos para avanzar en asociaciones en diversos sectores estratégicos y potenciar el intercambio.

En China

En la gira europea que el Presidente realizó entre el 30 de octubre y 2 de noviembre pasado, en la que participó también de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP) 26 en Glasgow, se acordó el viaje del mandatario a China «para acentuar el comercio», según había adelantado el canciller Santiago Cafiero a los periodistas argentinos que la cubrieron. «Tenemos una comisión de tratamiento binacional respecto a temas comerciales y uno de los puntos fue que vuelva a trabajar rápidamente», había señalado el ministro de Relaciones Exteriores. Cafiero explicó entonces que la idea es avanzar en temas como la economía del conocimiento, en términos comerciales, y en robustecer la presencia de la Argentina en China. En esa gira el canciller se reunió con su par chino Wang Yi para analizar la necesidad de potenciar dispositivos de comercio con comisiones mixtas, de exportaciones e importaciones y la ampliación de la balanza comercial. Además, el 4 de noviembre último Fernández participó, mediante un mensaje grabado desde Casa Rosada, de la inauguración de la cuarta edición de la China International Import Expo (CIIE), junto a Xi Jinping. Allí el Presidente resaltó «la creciente recuperación del comercio internacional» y abogó por realizar «mayores esfuerzos para lograr un comercio más abierto, justo y equilibrado» para acercarse «a un mundo en el que nadie quede atrás». Indicó en ese sentido que, «para ello, será imprescindible abordar el comercio internacional desde una perspectiva «ganar-ganar» como puede corroborarse en el fuerte crecimiento registrado en el comercio bilateral».

Comentario de AgendAR:

A pesar de la aparente concentración del gobierno -y de la oposición y los medios- en la larguísima negociación con el FMI, la política exterior argentina da señales clara de «no alineamiento automático» con las potencias que manejan una larga mayoría de los votos en su Directorio. En particular, con Estados Unidos. En realidad, se puede decir que mantiene su posición tradicional. Los gobiernos conservadores siempre prefirieron apoyarse en Gran Bretaña, antes que en los EE.UU. El radicalismo tradicional, y el peronismo tradicional, se mantuvieron distantes por la mayor parte de sus gestiones. La dictadura de 1976/83 se embanderó con entusiasmo en la Guerra Fría, y envió militares a asesorar en la represión en Centroamérica, pero cuando EE.UU. decidió el bloqueo a la URSS en 1980, la junta militar lo rompió vendiéndole trigo. (Recordemos que esa dictadura terminó bombardeando barcos del principal aliado de EE.UU.). Sólo durante el gobierno de Carlos Menem se plantearon «relaciones carnales». Y no terminaron bien: en la crisis del final de la Convertibilidad, la potencia norteamericana prefirió privilegiar los intereses de sus plomeros -en las palabras de un Secretario del Tesoro- que acudir en auxilio del pobre De la Rúa. Nuevamente en el gobierno de Mauricio Macri se fantaseó con un romance. Primero con la candidata Demócrata, Hillary Clinton, y luego con el presidente Republicano, Donald Trump. También hubo gestos simbólicos. Pero nada que impidiera la fuga de los fondos de inversión y de riesgo a partir de 2018. Es que hay un dato geopolítico insoslayable desde hace más de 150 años: Estados Unidos no es un cliente nuestro. Al contrario, es un importante competidor en la exportación de alimentos. No sabemos si los plomeros, pero los estados agrícolas del Medio Oeste norteamericano son un factor decisivo en la política de esa gran potencia. En cambio China es, desde principios de este siglo, un cliente clave para nuestras exportaciones, y las de la mayoría de la América del Sur. En especial, es por lejos el principal cliente de Brasil, que a su vez es nuestro principal cliente (salvo en los años en que lo supera China). En el caso de Bolsonaro, nadie puede sospechar afinidad ideológica -no con Xi y menos con Fernández- pero las realidades de las economías nacionales son las que son. Entonces, nuestro Presidente se reunirá en las próximas semanas con el líder del principal rival de EE.UU. en el mundo, para la inauguración de unos Juegos Olímpicos de Invierno a la que Biden no fue invitado -y que boicotea- y con el de la potencia con la que tiene un claro y candente enfrentamiento sobre la situación en Ucrania. Pero creemos que la decisión es mucho menos dramática que como la pinta algún periodismo. Más allá de declaraciones, la dirigencia de EE.UU. tiene una fuerte dosis del realismo «anglo» y sabe que Argentina, y el resto de la América del Sur seguirán siendo proveedores de China. Salvo que estuvieran dispuestos a abrir su propio mercado, que no lo consideran ni en sueños. La verdadera disputa no es por un alineamiento en la política global -en esa cancha nosotros no jugamos- sino por la participación de sus empresas y las de sus rivales en nuestra economía. Esa pulseada ya se libra, y se seguirá dando después de la visita de Fernández a Beijing y a Moscú. Deberemos manejarnos con firmeza y prudencia. Y, sobre todo, recordar que la construcción de una base industrial moderna y competitiva no la harán por nosotros ni China ni Rusia ni EE.UU. Es una tarea nuestra.

Argentina superó los 5100 MW de energía renovable

A pesar de todos los contratiempos que sufrieron los proyectos renovables en marcha, desde los descalabros macroeconómicos que comenzaron en 2018 hasta los últimos dos años de pandemia, Argentina superó los 5.100 MW de capacidad instalada. Con los desarrollos eólicos como principal tecnología, el sector de energía limpia logró posicionarse en un contexto adverso.

Solo en 2021 se sumaron casi unos 1.000 MW de potencia instalada y de los 4.100 MW con los que comenzó el año, hoy los registros oficiales muestran unos 5.121 MW en proyectos renovables. Los datos se desprenden de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) procesados por el equipo de Energía On. En detalle, el año pasado se sumaron unos 670 MW de energía eólica, otros 300 MW de energía solar y unos 30 MW en proyectos de bioenergías y de pequeños aprovechamientos hídricos. Se trata de nueva potencia que se repartió entre la mayoría de las regiones. De los 5121 MW de potencia total que hay en el país, el 64,28% es de proyectos eólicos, es decir que hay unos 3292 MW en parques que generan energía renovable a través de la fuerza de los vientos. En segundo lugar se ubican los parques solares con una potencia total instalada de 1.061 MW, lo que equivale al casi 21% del total a nivel país. Entre las dos principales tecnologías del país representan el 85% de la potencia instalada. El 15% restante de la capacidad instalada a nivel país se lo reparten los pequeños desarrollos hídricos con unos 502 MW de potencia y los de bioenergías con los restantes 266 MW. Las recientes resoluciones que oficializó el gobierno nacional para darle cierre a los proyectos que quedaron truncos buscan liberar unos 1.200 MW en las redes de transporte. Esto permitirá ampliar aún más la capacidad instalada a nivel nacional durante el 2022 sin necesidad de realizar nuevas licitaciones. Aunque, como señalamos habitualmente en AgendAR, la capacidad de producción teórica y la disponibilidad de la energía en la red son cosas muy distintas, éstas son novedades auspiciosas. En tanto siga aumentando la incorporación del trabajo argentino a la producción de las energía renovables.

Entregan el premio “Investigador de la Nación Argentina 2021” al físico Daniel Bes. Premios Houssay, Houssay Trayectoria, y Jorge Sabato

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El Presidente entregó la Distinción Investigador/a de la Nación Argentina 2021 al científico Daniel Raúl Bes por su extensa carrera en física nuclear. También fueron entregados los Premios Houssay, Houssay Trayectoria, y Jorge Sabato.

En el Salón Blanco de Casa Rosada, el Presidente Alberto Fernández entregó la Distinción Investigador/a de la Nación Argentina 2021 al doctor en Física, Daniel Raúl Bes, por su destacada contribución en el campo de la física nuclear a lo largo de su carrera científica. Estuvo presente en la ceremonia el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus, quien galardonó además a los Premio Houssay, Houssay Trayectoria, y Jorge Sabato. Cabe destacar que el máximo galardón -salido de los Premio Houssay Trayectoria- se destina a aquella persona sobresaliente del sistema científico nacional por la producción de nuevos conocimientos, la formación de recursos humanos, el desarrollo de innovaciones de impacto social y productivo, y la transferencia de conocimiento. El presidente Alberto Fernández dijo que “para que seamos una sociedad que avanza necesitamos promover la educación, el conocimiento, el desarrollo científico y tecnológico”, y enfatizó “quiero que la Argentina ponga en valor a sus investigadores y a sus científicos”. El mandatario, quien estuvo acompañado también por la presidenta del CONICET, Ana Franchi, explicó que “el desarrollo de la ciencia y la tecnología es central” y que eso “no se puede hacer con un Estado ausente, el Estado debe estar presente promoviéndolo”. Por su parte, Filmus expresó: “Agradecemos a los y las científicas porque han desarrollado a lo largo de los años un esfuerzo especial por permanecer y ser científicos/as en Argentina. Nuestros científicos son del mejor nivel, pero han tenido que atravesar políticas pendulares donde no ha permitido estabilizar políticas de estado a mediano y largo plazo, donde la ciencia no fuera importante, donde se señalara que es un país pobre para dedicarse y tener soberanía en esta área. Venimos a premiarlos y reconocerlos”, y destacó que “la política central de nuestro gobierno está dirigida a generar políticas de estado. Reivindicar la ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y la ley de Economía del Conocimiento es pensar en políticas de estado que no cambien con calendarios electorales. Todo exige medianos y largos plazos. Tenemos que cambiar a una mirada de estado. La ciencia permite un mundo más justo, donde todos puedan desarrollarse, y los y las premiados tienen que ver con esto. Nuestro compromiso es seguir apoyando a la ciencia y la tecnología”. Además, durante la ceremonia, se reconoció al biólogo molecular Alberto Kornblihtt por ser nuevo integrante de la Academia de Ciencias de Francia como miembro extranjero en la sección de Biología Molecular y Celular Genómica. Estuvieron presentes en el acto por el MINCyT el secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación, Diego Hurtado; el secretario de Articulación Científico Tecnológica, Juan Pablo Paz, y el ministro de Cultura, Tristán Bauer, entre otras autoridades. Quién es el galardonado Daniel Raúl Bes Tiene 90 años. Graduado doctor en Física por la UBA (1960), fue investigador y profesor en centros de investigación y universidades de Argentina (Universidad de Buenos Aires, Universidad Tecnológica Nacional, Universidad Favaloro, CONICET, CNEA), Dinamarca (Niels Bohr Institute), Estados Unidos (Carnegie Mellon University, University of Minnesota, Oak Ridge National Laboratory, Los Álamos National Laboratory), e Italia (International Centre for Theoretical Physics); miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Academia de Ciencias de América Latina y de la 3rd. World Academy of Science; cuenta con más de 140 trabajos publicados en revistas internacionales y dos libros, Quantum Mechanics, con traducción al japonés, y The Treatment of Collective Coordinates in Many-Body Systems, en coautoría con J. Kurchan; colaboró como becario con los nobeles de Física (1975) Aage Niels Bohr y Ben Roy Mottelson; fue cofundador y codirector de la revista Ciencia Hoy; recibió los Premios Konex de Platino (1983), y Bunge y Born en Física (1996), entre otros logros alcanzados. En palabras de Bes: “La física nuclear estudia la ‘sociología’ de neutrones y protones dentro del núcleo atómico. Durante los años treinta, el principal centro teórico estuvo en el Niels Bohr Institute (NBI), Copenhague. Después de la guerra, los principales referentes, Aage Niels Bohr y Ben Roy Mottelson, recibieron el premio Nobel en 1975 por el modelo nuclear unificado. Tuve la suerte de colaborar con ellos como becario en el NBI (1956-1959) y continuar haciéndolo tras mi regreso a la Argentina. En 1962, me incorporé al Departamento de Física de la UBA, dirigido por Juan José Giambiagi. A mediados de 1964, volví a Copenhague para reemplazar a Bohr y a Mottelson en la guía de jóvenes físicos escandinavos. En julio de 1966, tuvo lugar “la noche de los bastones largos”, por lo cual emigré a Estados Unidos. Fue muy difícil tomar la decisión de regresar a la Argentina, pero en 1971 me incorporé a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), donde se habían reagrupado excolaboradores. Mi investigación fue incentivada por frecuentes visitas a instituciones de Europa, EE.UU., Brasil y Japón. En mi currículum figuran 143 trabajos publicados en revistas internacionales, dos libros y 13 tesistas. A partir de 1987 estudié problemas vinculados al desarme nuclear. Fui cofundador y codirector de la revista Ciencia Hoy (1988-1991). Siendo presidente de la Asociación Física Argentina, entre 1994-1998, atendí problemas relacionados con nuestro sistema científico-tecnológico. A partir de 1998, en mi rol como fundador y primer decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Favaloro, me propuse mejorar la articulación entre la ciencia, la tecnología y la enseñanza de las mismas”. Premios Houssay, Houssay Trayectoria, y Jorge Sabato Ciencias Sociales (Psicología, Economía, Cs. de la Educación, Sociología, Derecho, Demografía, Geografía, Cs. Políticas): Premio Houssay Trayectoria: Dora Estela Celton Premio Houssay: Valeria Luciana Arza Física, Matemática, Ciencias de la Computación y Astronomía: Premio Houssay Trayectoria: Daniel Raúl Bes Premio Houssay: Yanina Fasano Premio Jorge Sabato: Silvia Nair Goyanes Química no biológica, Ciencias de la Tierra (paleontología y geología), del Agua y de la Atmósfera: Premio Houssay Trayectoria: Alejandro César Olivieri Premio Houssay: Ariel Marcelo Sarotti Ciencias Biológicas (molecular, organismos y sistemas) y Bioquímica: Premio Houssay Trayectoria: María Isabel Colombo Premio Houssay: Natalia Wilke Cabe destacar que los Premio Houssay está destinado a investigadores que no hayan cumplido los 45 años de edad al 1 de enero de 2021 y a investigadoras que no hayan cumplido los 48 años de edad antes de la misma fecha, está orientado hacia quienes hayan desarrollado la mayor parte de su actividad científica en el país. Se designará una persona ganadora por cada área de conocimiento que recibirá una medalla, un diploma y $300.000 pesos. Los Premio Houssay Trayectoria está destinado a investigadores que cuenten con al menos 45 años al 1 de enero de 2021 y a investigadoras que cuenten con al menos 48 años de edad al 1 de enero de 2021, se designará una persona ganadora por cada área de conocimiento que recibirá una medalla, un diploma y $500.000 pesos. El Premio Jorge Sabato está destinado a investigadores e investigadoras, sin distinción de edad, que cuenten con un historial sobresaliente en transferencias y desarrollos tecnológicos con impacto económico-productivo en sectores críticos para el desarrollo económico y social del país, la persona ganadora recibirá una medalla, un diploma y $500.000 pesos. Por su parte, el Investigador/a de la Nación Argentina recibirá una medalla de oro y $ 2.500.000 pesos.

Las ventas de maquinaria agrícola crecieron un 37,8 % en 2021

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La División de Maquinaria Agrícola la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA) informa que en el año que recién concluyé se registraron 7.494 maquinarias agrícolas patentadas. Esto representa un crecimiento interanual del 37,8% ya que en todo el 2020 se habían registrados 5.438 unidades.

El último bimestre: Los patentamientos de cosechadoras, tractores y pulverizadores de diciembre de 2021 que alcanzaron las 729 unidades, una suba del 39,7% interanual ya que en diciembre de 2020 se habían registrado 522. Si la comparación es con su antecesor mes de noviembre se observa una baja del 13%, ya que en ese mes se habían patentado 838 unidades. Para analizar en detalle cada segmento del sector conviene observar el comportamiento de lo que fue el registro de cosechadoras, tractores y pulverizadores. Cosechadoras De esta forma, los datos muestran que en diciembre se patentaron 64 cosechadoras, una baja del 16,9% comparado contra las 77 unidades de noviembre, pero una suba del 14,3% si la comparación es interanual, ya que en diciembre de 2020 se habían registrado 56 unidades. Tractores En cuanto a tractores, en diciembre se patentaron 580 unidades, una baja del 14,3% comparado contra las 677 unidades de noviembre, pero una suba del 46,1% si la comparación es interanual, ya que en diciembre de 2020 se habían registrado 397 unidades. Pulverizadoras En cuanto a pulverizadores, en diciembre se patentaron 85 unidades, una suba del 1,2% comparado contra las 84 unidades de noviembre, y también del 23,2% si la comparación es interanual, ya que en diciembre de 2020 se habían registrado 69 unidades.

En la provincia de Buenos Aires anuncian financiamiento para Pymes de turismo y de actividades culturales

El Gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires anunciaron en forma conjunta la apertura de programas de financiamiento a tasa subsidiada para MiPyMEs del área de turismo y culturales.

Las líneas de créditos Provincia Cultura y Provincia Turismo del Banco de la Provincia de Buenos Aires otorgarán financiamiento para MiPyMEs bonaerenses de actividades culturales con topes de hasta $ 7 millones, y del sector turístico con topes de hasta $ 10 millones. El secretario de la Pequeña y Mediana Empresa y Emprendedores, Guillermo Merediz, junto al ministro de Producción de la provincia de Buenos Aires, Augusto Costa, y al presidente del BaPro, Juan Cuattromo, anunciaron la puesta en marcha de distintas líneas de financiamiento destinado a micro, pequeñas y medianas empresas bonaerenses de sectores culturales y turísticos.

Sol rojo en los cielos de Buenos Aires

Esta foto fue tomada al atardecer del viernes, a 70 kilómetros de la Capital Federal. El humo crea un efecto que a muchos les parecerá hermoso, pero a nadie le hace bien a los pulmones.

En la Ciudad de Buenos Aires se vivió un extraño atardecer «anaranjado». La causa fue que el humo proveniente de la quema de pastizales en el delta del Paraná y en otra zonas del litoral, en medio de la ola de calor, tiñó al cielo de ese color. Ante la ola de calor que supera los 40 grados y la sequía que se está registrando, las lluvias que empezaron a caer a partir de la noche de ayer darán un respiro con los incendios que se vienen produciendo en distintos puntos de la zona central del país. Como anticipamos ayer, las lluvias llegaron. Pero no alcanzarán a apagar los incendios, si no lo decidimos en serio.

Otra vez la ivermectina

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En estos días circuló en las redes sociales un artículo publicado en el sitio ZeroHedge junto al siguiente texto: “Pfizer LANZA IVERMECTINA”. Y la publicación, además, agrega: “A partir del lanzamiento de este clon patentado de Ivermectina el tratamiento temprano de covid-19 cambiará Milagrosamente” (sic, con esas mayúsculas y todo). Esto motivó que la página especializada Chequeado publicase una nota indicando que era un información falsa. Pero ayer Clarín publicó una columna, firmada por el director de Clarín Rural, el ing. Héctor Huergo, en la que da como bueno ese anuncio y reivindica su propia insistencia, que ya dura más de dos años, en que la ivermectina sea reconocida por la comunidad científica como una posible respuesta a la pandemia. Esa nota de opinión en un medio poderoso hizo que el tema estallara de nuevo en Argentina. Durante horas «ivermectina» fue tendencia en Twitter, y los antivacunas proclamaron que se había demostrado (de nuevo) que estaban en lo cierto, que había un remedio simple y barato para el covid. Y añadieron (también de nuevo) que otra vez quedaba claro que las vacunas solamente un complot maligno de Big Pharma, nombre genérico popular de todas las grandes empresas farmacéuticas. No pensamos que haya sido la intención de Huergo, pero ha sido uno de los resultados. Por eso queremos contribuir a divulgar la nota de Chequeado, y añadimos e intercalamos algunas observaciones de AgendAR.

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«El nuevo antiviral oral de Pfizer -que está en la última fase del ensayo clínico para determinar si puede prevenir infecciones del coronavirus- no es ivermectina. La desinformación circuló en Facebook y tuvo más de 17 mil interacciones. Estos datos surgen de la herramienta Crowdtangle, utilizada para medir el impacto de lo que circula en la red social. Además, fue enviada en reiteradas oportunidades al número de WhatsApp de Chequeado (+54 9 11 3679-0690) para ser verificada.

Qué es la ivermectina

La ivermectina es una droga antiparasitaria de amplio uso en medicina humana y veterinaria. Se utiliza en el mercado legal hace más de 40 años, su blanco típico son las infestaciones a piojos o a ácaros de la piel, como lo son respectivamente la pediculosis y la sarna, o a gusanos endoparasitarios tropicales como el de la oncocercasis (llamada «ceguera de los ríos») o la filariasis (o elefantiasis). También es de primera elección en parásitos intestinales muy comunes en Argentina, como los oxiuros o los helmintos. Como todas estas parasitosis van desde muy molestas a social o físicamene discapacitantes, y afectan a miles de millones de personas, al hacer la suma, la ivermectina es parte del botiquín básico no de la familia, pero sí de la medicina social. Mejor aún, en 4 décadas de uso intenso no ha generado resistencia en ninguno de los parásitos que mata. Por ello, su descubrimiento en bacterias del suelo y su posterior desarrollo químico como droga (sucedido en 1975) le ganó 40 años después un tardío premio Nóbel a la Medicina a William Campbell y Satoshi Omura. Como medicamento viejo y probado, tiene dosis definidas para casi todo uso, y todavía de tanto en tanto le aparece alguno nuevo. Desgraciadamente, que nos sacara al SARS-CoV2 del cuerpo era pedirle demasiado. Inevitablemente, se intentó hacer un «repourpousing» (usarla para fines distintos de los muchos que ya tiene): es barata y abundante. La cosa empezó con la publicación de estudios in vitro (en el laboratorio) que indicaron que la ivermectina era un potencial inhibidor de la replicación viral del SARS-CoV-2, el virus que produce la COVID-19. Como dice el virólogo argentino Fernando Polack, durante la pandemia se empezó a publicar material científico de la peor calidad por falta de «peer review», revisión crítica de pares científicos ajenos a los firmantes. Pero además, cualquier estudio in vitro es algo sumamente preliminar, está lejísimos de poder llegar a ser alguna vez un estudio clínico autorizado, incluso del estudio clínico más simple y observacional, pero con pacientes humanos. Sin embargo, en la desesperación que causó el retraso y la distribución (todavía mala) de las vacunas, se llenó el mundo de periodistas, blogueros e «influencers» sin kilometraje científico o médico, y para quienes lo que sucede en un platito de Petri y en un organismo complejo es la misma cosa. También les da igual un virus, algo tan simple como un virus (apenas más una colección de macromoléculas) que un organismo viviente, sea artrópodo o gusano, animales sencillos y parásitos de otros animales mayores, sin duda. Pero en su simplicidad, esos gusanos y artrópodos son dueños de al menos redes y nodos de neuronas atacables con la ivermectina. Medicamento que se puede definir como un buen fulminante de neuronas: las hiperactiva hasta reventarlas. Si los humanos e incluso nuestro ganado y nuestras mascotas podemos tomar ivermictina sin freirnos el cerebro, es porque la molécula no logra atravesar la barrera hemato-encefálica. Sin embargo, aunque con el furor de la ivermectina se han venido realizando ensayos clínicos en el país y en otras partes del mundo, hasta el momento no hay ningúno concluyente que demuestre su eficacia clínica en la clínica del Covid-19, o en impedir el contagio con el virus.

El nuevo antiviral oral de Pfizer NO ES ivermectina

El 27 de septiembre, Pfizer anunció la puesta en marcha de la última fase de un ensayo clínico para evaluar si su antiviral oral, un «combo» con otro medicamento ajeno, puede prevenir infecciones del coronavirus. Denominado PF-07321332, el medicamento experimental califica como un inhibidor de la proteasa: bloquea esta enzima clave que el virus SARS-CoV-2 necesita para replicarse. Según el artículo publicado en ZeroHedge y que circula en redes sociales, “el nuevo antiviral oral de Pfizer es un inhibidor de la proteasa igual que la ivermectina”. Quien haya escrito eso no tiene la menor idea de lo que hace la ivermectina (destruye neuronas), pero tampoco maldita la noción de lo que hace una proteasa (une aminoácidos para construir proteínas). Esta nota, además, usa alegremente el término “Pfizermectina”. Sin embargo, esto es falso hasta en la química. La ivermectina en un policíclico orgánico  hecho de anillos hexagonales parecidos al benceno. Está hecha sólo de átomos de carbono, hidrógeno y oxígeno. Pero los inhibidores enzimáticos, como los del fármaco de Pfizer, son moléculas biológicas mucho mayores y complejas, y además contienen cloro, nitrógeno y azufre. Si dijéramos que la ivermectina es una sencilla pero potente bala para cazar elefantes y los inhibidores de la proteasa son trampas sofisticadas para ratones, estaríamos faltando a la verdad. Los elefantes y los ratones se parecen mucho más unos a otros que los parásitos y los virus. Usar muchas balas contra los ratones probablemente le hará más daño a su casa que a los ratones. La Organización Mundial de la Salud y agencias regulatorias como la EMA (de la Unión Europea) o infectológicas como el CDC (de los EEUU) han insistido en que la ivermectina no da beneficio alguno en la clínica del Covid-19, y que tampoco previene el contagio del virus SARS-CoV2. También levanta la mano en adhesión nuestro ANMAT, la agencia regulatoria argentina. Además, la propia Pfizer también niega que haya alguna conexión. “El inhibidor de proteasa de Pfizer no es similar al de un medicamento animal y no opera con el mismo mecanismo”, dijo un portavoz de la compañía al medio FactCheck. Además, señaló que existen distintos inhibidores de distintas proteasas para una variedad de virus diferentes, incluidos el VIH y el virus de la hepatitis C. Añadimos que no ha sido fácil desarrollar bloquenantes de proteasas por asuntos de toxicidad cruzada. Los humanos tenemos nuestras propias proteasas y las necesitamos para construir nuestras propias proteínas estructurales y funcionales. Se ha tratado de que estos nuevos fármacos, que nacieron en las primeras luchas contra el SIDA, a fines de los ’80, no inhiban las proteasas humanas. En un comunicado, Pfizer sostiene que su medicamento es el “primer inhibidor de la proteasa administrado por vía oral, investigado específicamente para el coronavirus, que será evaluado en estudios clínicos”. Además, señala que fue creado en paralelo con otro inhibidor de la proteasa del COVID-19, también experimental y de la empresa, de suministro no oral sino intravenoso. Por último, el medio de fact-checking AP consultó a 2 especialistas sobre el tema. William A Petri, profesor de enfermedades infecciosas en la Universidad de Virginia, explicó a AP que no existe ninguna relación entre los 2 medicamentos. “La única forma en que se parecen es que ambas son píldoras”, dijo Petri. Por su parte, Kevin J. Downes, profesor asistente de pediatría en la Escuela de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania, señaló: “Son moléculas dramáticamente diferentes. Los fármacos son diferentes en su estructura y tamaño molecular”.»

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Observaciones de AgendAR:

El Director del Departamento de Ciencias de la Vida del Instituto Tecnológico de Buenos Aires, Fabricio Ballarini, fue todavía más preciso que Petri y Downes: «El antiviral de Pfizer contra el COVID-19, Paxlovid, está basado en dos antivirales: uno nuevo el nirmatrelvir, y otro conocido, utilizado en otras infecciones virales, el ritonavir. ¿Tienen algo con ver con la Ivermectina? No, nada de nada.» Podemos agregar que el CONICET hizo en 2020 un «trial» de ivermectina de «doble ciego», tratando de contrarrestar el entusiasmo poco científico de muchos médicos y aún algunos ministros de salud de distintas provincias que ya la habían adoptado en base a estudios observacionales y publicaciones típicas de esta pandemia, en la que circularon (y siguen haciéndolo) materiales sin evaluación de pares. Como ya el público sabe de sobra a esta altura de la pandemia, un estudio observacional puede tener muchos casos y sin embargo poco valor clínico: lo que define si un medicamento sirve o no en tal enfermedad es un estudio aleatorizado de doble ciego, o de fase 3. Un estudio de fase 3, a condición de ser lo suficientemente grande y prolijo (muchos centenares de pacientes), es bastante inapelable. Se divide a pacientes de Covid-19 que sean comparables por edad y estado clínico en dos grupos. El primero se trata con la mejor parafernalia de medicamentos y procedimientos pero sin (en este caso), ivermectina. En lugar de ivermectina se suministra un placebo, una sustancia inocua que el paciente pueda creer que es ivermectina (si está consciente y dio su consentimiento, o lo dio su familia). Éste es el llamado «grupo control». El segundo grupo se trata con la misma parafernalia y ADEMÁS ivermectina «en serio». Detalle importante: la pertenencia a uno u otro grupo no la saben los pacientes ni los médicos. Se decide al azar por computadora a pares e impares, como revoleando monedas a cara y ceca. Y sólo uno o dos directores del estudio tienen las listas de quiénes fueron a dar a cuál grupo. Éstas identidades sólo se revelan al final. Este sucede cuando se comparan los «outcomes»: si la base han sido pacientes graves, y hay cantidades de empeoramiento casi iguales en ambos grupos, y cantidades casi iguales de muertos en ambos, entonces la ivermectina no tiene acción terapéutica contra el Covid-19. Si el estudio ha sido suficientemente grande, y mejor aún, policéntrico (que haya involucrado a varios hospitales), y la atribución de los pacientes verdaderamente aleatoria (la gente fina dice «randomizada»), fin de la historia. Sólo que en periodismo si una historia se acabó o no lo determina el mercado de noticias. Y en mal periodismo, si no existe la noticia pero el mercado la pide, «se la arma». En la provincia de La Pampa se empezó a usar ivermectina como medicación habitual contra el Covid-19 hace en año, como informamos aquí). La base racional de esta política era insustancial: esa tanda de estudios «in vitro» que sugerían que podía haber alguna acción clínica. Sería útil rastrear los resultados, un año después, para responder a los que de buena fe piden que los científicos examinen el tema sin prejuicios. Lo que pasa es que al no poder encontrar un «doble ciego» como la gente, no hay cómo comparar los resultados. Un imenso estudio observacional, no comparativo, no dice nada. Un mediano estudio a doble ciego y bien  randomizado, sí. Hay otros métodos científicos «de bajas calorías», que al menos sirven para armar hipótesis legítimas de investigación ulterior. Uno es el meta-análisis. Aquí se abusó de él en al menos 5 provincias. La idea base ha sido el análisis matemático de los resultados de muchos estudios observacionales (y algunos de doble ciego). En algunos se compararon los resultados clínicos en Covid grave, o de muerte por Covid, en zonas muy distintas del planeta, por ejemplo países ricos y otros pobres. En África y el Sudeste Asiático, donde debido a las diversas parasitosis se usa la ivermectina a pasto, la gente que se agarra un Covid-19 intenso tiende a salir mejor parada de una internación hospitalaria, o de una estadía en terapia intensiva. ¿Será entonces la ivermectina la diferencia? En los países pobres la población es más juvenil que en los ricos sencillamente porque la gente pobre y con malos sistemas de salud, o sin ellos, se muere antes. Y como se sabe, el mayor grupo de riesgo en materia de discapacidad o muerte por Covid-19 es ser mayor de 65 años. Con esta lógica puramente metaanalítica, larga de matemáticas pero corta en demografía y biología, se podría llegar a decir gansadas como que la falta de ivermectina es un factor de riesgo ante el Covid-19. Nada de eso, chamigo: el riesgo es ser viejo. Ése es un ejemplo de un viejo principio científico aplicado sin anestesia, el de parsimonia, llamado también «la navaja de Ockham»: entre dos explicaciones igualmente satisfactorias de un mismo hecho, la que se debe tomar por verdadera es la más sencilla. Nuevamente, si alguien quiere probar que en África Subsahariana la gente resiste mejor el Covid-19 DEBIDO a la ivermectina, y por ende que hay que repartirla aquí en los hospitales de Argentina como si fuera pan, todo lo que tiene que hacer es un buen estudio de doble ciego con al menos 600 casos, como para tener una base estadística que no sea fácil de criticar. Pero además, convendrá obtener resultados clínicos muy a favor del grupo que sí tomo el antiparasitaro, y muy en contra del que no. Y entonces, recién entonces, publicar y triunfar. Ojo, los grandes estudios de doble ciego son carísimos, y si son multicéntricos es un engorro enorme organizarlos. ¿Seguramente los fabricantes de ivermectina pondrían unos pesos para que se hagan? La admisión de partes interesadas le quitaría credibilidad al estudio, pero en realidad, no las hay. La ivermectina es una droga ya sin dueños, libre de patentamientos. Por eso casi toda la que circula es genérica, y mientras aquí en Argentina haya ácaros de la piel u  oxiuros o helmintiasis intestinales, se vende sola. Si pese a no tener «sponsors» el estudio está MUY bien hecho, las revistas científicas se lo disputarán, porque ellas también viven de hacer ruido y generar polémica. Sin embargo, gran diferencia con los medios masivos, la polémica hay que armarla y sostenerla dentro de una comunidad rabiosa y profesionalmente escéptica, en la que quien voltea cabezas gana puntos. Las revistas serias que publiquen un estudio así saben que volarán los misiles, de modo que serán bastante reticentes a ir contra la corriente mayoritaria… salvo que vean CANTIDAD (de pacientes) y CALIDAD (metodológica). Si pintan ambas cosas, se tiran de palomita, porque con ruido se gana plata, y si las cosas salen bien, se solidifica la buena fama que da a veces ser disrruptivo pero inatacable. ¿Alguien que pueda presentar un estudio así y con esas conclusiones en Argentina? Hace meses que en AgendAR lo preguntamos. Y lo hacemos sin preconceptos y de buena fe. Aunque no somos una publicación científica nos gusta hablar de ciencia. Pero bien. Nos responde un silencio bastante estrepitoso. Se han tomado decisiones como la de estas 5 provincias a lo largo de toda la pandemia y con otras sustancias probadamente ineficaces e incluso muy tóxicas, como el hipoclorito de sodio (lavandina, en mi barrio). Quienes tomaron esas decisiones fueron en general médicos bienintencionados pero hartos de que desde fines de 2020 y hasta invierno de 2021 no les llegaran las vacunas prometidas. Con el paso de 2021 y el fabuloso cambio de perspectivas clínicas de los infectados pero vacunados, han ido reculando en chancletas y tratando de no llamar la atención. ¿Lavandina, nosotros? No señor, sólo para lavar los pasillos del hospital. No señalamos a nadie con el dedo. Entendemos bien qué les pasó. Pero nos adelantamos a afirmar que todo esta nueva alharaca no tendrá ningún efecto sobre los «antivacunas» convencidos. Afortunadamente en Argentina son una minoría pequeña (aunque ruidosa). Y tanto aquí como en otros países, no creen en los resultados de ensayos aleatorizados, es decir de «doble ciego». En realidad, no creen en ninguna evidencia que no confirme sus prejuicios. No creen en la ciencia, punto. Como el método científico, a diferencia de la sarasa, tiene SIEMPRE un margen de incertidumbre y no da seguridades eternas, lo toleran mal. ¿Por qué es así? Porque en clínica, y máxime en medio de una pandemia, un nuevo y mejor doble ciego puede voltear las cautelosas certezas que se acaban de publicar. Eso ha pasado y seguirá pasando mientras la ciencia sea contestataria pero sólida a la vez, y goce por ello de buena salud. En esa cautela, los que detestan la indeterminación siempre encontrarán no sólo la excusa sino la necesidad personal de repudiar el método científico. Hay que mejorar la educación científica de la sociedad, pero Alemania la tiene de sobra, y a juzgar por la cantidad de antivacunas, no parece estar dando resultados. También hay que mejorar mucho la responsabilidad social de los comunicadores, especialmente los de mucha llegada. Pero… ¿quién le pone el cascabel al gato?