Por qué Gran Bretaña trajo armas nucleares a las Malvinas en 1982 – Conclusión

(La primera parte de esta nota está aquí; la segunda, aquí) 3. Del presidente Carlos Menem como arma antisubmarina En la posguerra, el país líder de la OTAN, EEUU, en plan contrafáctico, quería saber si podríamos haber sido realmente de peligrosos, habida cuenta de las experiencias pasadas y los nuevos activos de la Marina. Invitó a ejercicios combinados con la US Navy en 1993 y 1994 a nuestros únicos dos TR-1700 alemanes, obviamente diésel-eléctricos, entonces recién llegados al país y de capacidades no muy conocidas. Los johnnies estaban preocupados porque Argentina, en su astillero porteño, entonces llamado Domecq García, ya tenía los componentes, las máquinas, los recursos humanos y el know-how para fabricar 4 TR-1700 más, aunque la construcción venía lenta. ¿Cuánto valían en combate? Bueno, hicieron desastres. Oceánicos antes que costeros y sin embargo, pequeños, los TR-1700 fueron una rareza setentosa, con sus 960 baterías de plomo y ácido sulfúrico de media tonelada cada una, el doble de las que lleva un T-209. Sumaban una entonces insólita reserva de potencia para navegación silenciosa sin snórkel. No eran defensivos: podían llevar la guerra a cualquier lado. ¿Pero por qué 480 toneladas de baterías? La contestación es que esas baterías rinden 8614 HP en la hélice, lo que hacen muy veloz a un TR-1700 en inmersión, por ejemplo, en un escape después de atacar. Usando las baterías de modo más conservador, en patrulla a 4 o 5 nudos, las baterías evitan bastante el uso de snórkel y así bajan la llamada “tasa de indiscreción”. Y es que la indiscreción mata. Con los radares aerotransportados actuales  un snórkel en el oleaje destaca tan claro como el Obelisco en la 9 de Julio. Pero sin el snórkel, no hay oxígeno para la tripulación ni para los motores diésel. Como plan B, navegar a batería pura debajo de la profundidad de snórkel y de los remezones del oleaje disminuye no sólo la indiscreción sino también las fracturas de huesos. Hacerlo en plan A a diésel con snórkel y en un mar con olas de 6 a 8 metros, como las habituales en el Mar Argentino cualquier día de “pesto”, es como vivir en la coctelera de un barman gigante. Cuando las válvulas automáticas taponan el snórkel al paso de una ola, la demanda de oxígeno de los motores baja de golpe la presión de aire dentro del sub, y a la gente se le inflan los tímpanos a reventar. Ser submarinista a veces es muy doloroso. Las opciones de no asumir riesgos de ingeniería son peores: en guerra y en superficie, un sub diésel-eléctrico moderno exhibiendo el snórkel dura algunas horas hasta ser detectado y destruido. Y las horas en superficie ya no son plácidas: los cascos con forma de V, muy marineros en la superficie, como el que tenía el viejo S-21 ARA Santa Fe, desaparecieron tras la 2da Guerra. Tenían largas cubiertas caminables, y hasta un cañón de proa. Y es que eran buenos para cruzar rápidamente un océano por superficie hasta el sitio a atacar, y sumergirse antes. Pero en inmersión, por su forma, eran menos hidrodinámicos y por ende más ruidosos. Con submarinos nuevos de cascos externos cilíndricos y lisos, esbeltos y silenciosos, sucede lo contrario: son más rápidos en profundidad, y también menos audibles, al precio de navegar mal en la superficie. Si hay oleaje bravo, la nave rola, guiña y cabecea como una boya. El snórkel, para ir debajo de la superficie pero a diésel, supone otros peligros, además de la detección, pero también -dado que los efectos de un «pesto» llegan a varios metros de profundidad – de las contusiones y fracturas. Si las válvulas automáticas que cierran el snórkel no lo hacen bien o a tiempo, esas tremendas baterías de los TR-1700 pueden ser la muerte instantánea para la gente. Si el tubo ingiere agua de mar por mal cierre de una válvula, y las baterías se mojan, entran en cortocircuito, se incendian e inundan instantáneamente la nave de sulfuro de hidrógeno. Tal parece haber sido el fin del ARA San Juan en 2017, con sus 44 tripulantes, la máxima pérdida naval argentina desde el hundimiento del Belgrano. El riesgo químico implícito en semejantes baterías como llevaban los TR-1700, sin embargo, hubiera sido muy bajo con un mantenimiento decente. Y por diseño, estaba más que compensado por el rendimiento en combate: esto no se puede perder de vista. El TR-1700, un diseño exclusivo de ThyssenKrupp para la Argentina, era el submarino correcto para el país. Sucedió que éste fue el país incorrecto para el submarino. El 17 de Octubre de 1993, durante el ejercicio UNITAS, el gemelo del San Juan, el ARA Santa Cruz confrontó al USN “Pintado”, un submarino nuclear de caza clase Sturgeon, con 4460 toneladas sumergido. Fueron prácticas de búsqueda, detección y destrucción que se prolongaron todo el día. Y con primer y segundo tiempo, como en el fútbol. Gracias a sus baterías XXL, a su tamaño pequeño (2400 toneladas) y formas redondeadas, el fantasmal diésel-eléctrico argento dominó el primer tiempo. El segundo fue más peleado. La nave argentina venía ganando 3 a 2 cuando, a 5 minutos «del silbato del referí», los hidrofonistas de la nave norteamericana escucharon el “gluglú” del Santa Cruz que llenaba sentinas para enderezarse y apuntarle con la proa. El Pintado despachó al Santa Cruz “con un torpedo virtual” cuando estaba a uno o dos segundos de ligarse uno.

El US SSN 672 “Pintado”, un submarino nuclear yanqui de caza que no salió bien parado de su agarrada con el ARA Santa Cruz.

Los autodenominados “americanos” esperaban ganar por goleada, lejos de tener que arañar un empate. El lema del Pintado era esa vieja expresión de alarde en idioma español que los viejos a veces usamos: “El más pintado”. Y le dimos razón. Pintado… en la pared. En octubre del año siguiente, durante el FLEETEX 94, el ARA San Juan participó en un encuentro más complejo. Junto con dos subs nucleares de caza yanquis clase “Los Ángeles”, más modernos que los clase Sturgeon, formaba la parte submarina del “equipo rojo”, que debía impedir un desembarco. Esta vez había que jugar de defensor e incluso de arquero. La Fuerza de Tareas azul venía en patota con 2 portaaviones protegidos por más de 30 naves, incluidos destructores, helicópteros antisubmarinos, y de yapa 3 submarinos de caza, también clase Los Ángeles. En aquella gallera naval, en una zona delimitada frente al cabo Hatteras, con aguas profundas y otras someras, el único diésel-eléctrico era el mínimo San Juan, con sus 2400 pobrecitas toneladas. Daría trabajo incluso zafar sin ser chocados por algunos de los 5 submarinos nucleares yanquis de casi 7000 toneladas. El San Juan, quieto y al acecho en el fondo, escuchó en su sonar pasivo el trueno continuo del avance de la flota azul en su dirección, logró colarse silencioso y diagonal como un alfil a través de la cortina defensiva de destructores, subió a profundidad de periscopio, como en las películas de la 2da Guerra, sin ser oído ni visto, y fotografió (es decir, hundió) el barco de comando y control “Mount Whitney”. Éste era el núcleo de esa fuerza de tareas, su “capital ship”.

El USN Whitney, barco de comando y control de operaciones anfibias que en 1994 tuvo el honor de ser hundido por el ARA San Juan.

Al rato los oponentes, no enterados, «hundieron» un submarino nuclear del equipo rojo y lograron desembarcar 2000 marines: aparente victoria de los azules. Pero cuando el ARA San Juan llegó a puerto y el capitán, Gustavo Trama presentó las fotos ante el jurado, se reveló que si el enfrentamiento hubiera sido real, el Mount Whitney, coordinador de la operación anfibia, en realidad a esa altura de las cosas estaría durmiendo con los peces. Ergo, el desembarco no podría haber sucedido. Triunfo de los rojos. Si fue una idiotez ir a la guerra contra la 3ra potencia naval del mundo y dirigidos por una cáfila de ineptos, casi igual de bobo fue participar en aquellas dos maniobras. Las consecuencias políticas de tanto sopapo dado a la primera potencia de la OTAN por el Santa Cruz y el San Juan fueron rápidas. En 1994 el presidente Carlos Menem ordenó cerrar el astillero Domecq García donde se construían otros dos TR-1700. Eran (son) el S-43 Santa Fe, con un avance del 71% y el S-44 Santiago, con el 30%. Allí también se estoqueaban los componentes para otros 2 TR “nonatos”, los S-45 y S-46, sin nombre. Si se construían 6 TR-1700, mientras duraran en operaciones la Armada Argentina sería la más peligrosa del Hemisferio Sur. Y según la autonomía y velocidad de esta flota, sería peligrosa a medio planeta de distancia.

El presidente Carlos Saúl Menem y «su» Ferrari

A pedido quizás del Gobierno de Su Graciosa, nuestro no menos monárquico presidente Menem clausuró el Domecq García y remató como chatarra todo lo suelto en materia de herramientas y máquinas de precisión en el astillero. Para más inri, vendió los terrenos a sociedades fantasma para construir «in situ» un barro cheto. Pero el personal se negó a desocupar el astillero, y los cascos de acero HY-80 del Santa Fe y el Santiago son infernalmente tenaces. Es difícil trocearlos a soplete, y justamente las máquinas alemanas de corte de Thyssen acababan de ser vendidas…

ARA Santa Cruz encallado en el barro del Plata en la boca del acceso a TANDANOR, en Puerto Nuevo, junio de 2014

28 años más tarde, el astillero, reabierto en 2004, sigue trabajando de modo militarmente casi inocuo, pero económicamente rentable en reparaciones de naves civiles. Su trabajo militar de mayor fuste fue la reparación y modernización del rompehielos ARA Irízar, devastado por un incendio en 2007. En 2011 se lo empezó a reparar en TANDANOR, a contramano de opiniones irritadas que decían que un barco tan exquisitamente especializado que sólo podía diseñarse y construirse en los talleres Wärtsyllä, de Finlandia, no podía arreglarse aquí. Requirió de mucho taller, y como siempre, la plata era poca. Pero volvió a navegar en 2017, repotenciado de máquinas y generadores, con un radar de INVAP, un aumento de 245 a 313 plazas y una ampliación del área de laboratorios de 74 a 415 m2. Desde entonces viene probando que sigue siendo el más poderoso rompehielos del Hemisferio Sur: logra cortar hielo viejo (el más duro) de hasta 6 metros de grosor. Los rompehielos árticos rusos, los de mayor potencia motriz del mundo por su propulsión nuclear, cortan hielo de 3 metros, nomás. El hielo antártico es otra cosa. El 11 de marzo de 2018, el Irízar rescató a cinco científicos estadounidenses desplegados al Norte de la Península Antártica: no podían volver desde la isla Joinville al continente por las condiciones del hielo marino, y el rompehielos  estadounidense Laurence M. Gould, 21 años más nuevo que el Irízar y sin historial de incendios, con el frío agravándose día a día, no se animaba a entrarle a la banquisa por temor de quedar atrapado. Para el Irízar, pan comido. Operación exitosa. Ahora por fin TANDANOR vuelve a hacer remolcadores para la Armada, que no serán barcos de la Flota pero ya no tiene ninguno, y vive alquilando. Inútil buscar en los inmensos talleres a «los submarinos nonatos»: fueron canibalizados como repuestos del Santa Cruz y el San Juan hace décadas. Los dos TR-1700 incompletos siguen ahí, esperando que se los termine, en un astillero diseñado ad-hoc para construir esa marca y ese modelo… pero nadie en la Armada quiere asumir el riesgo técnico. Máxime tras la trágica pérdida del ARA San Juan. Lógico, no faltaron idiotas (del mismo palo que quienes se oponían a una reconstrucción local del Irízar) que intentaron cargarle las tintas al astillero, donde el submarino se venía salteando mantenimientos. Como si uno pudiera culpar al mecánico de su auto de un accidente generado justamente por NO llevarlo al taller. Y del riesgo geopolítico, ni te cuento: la jugada de resucitar la construcción del S-42 Santa Fe y del S-42 Santiago caería mal en Whitehall y un par de cancillerías más. Tampoco nadie en Argentina quiere arriesgarse a terminar la reparación de 2/3 de vida del S-40, Santa Cruz, aquel que fue capaz de hundir “Al más pintado”. Ahora en la Marina hay quienes quieren comprarle a Brasil un clase Tupí (adaptación local del Type 209 de Howaldswerke Deutche Werft), del cual los brasucas se están desprendiendo para renovar su flota con Francia. Y empiezan por revolear el más viejo (justamente el S-30 Tupí), muy caminado y casi sin vida útil remanente. El Tupi es como el viejo San Luis: igual fabricante, más toneladas, mejores sensores y armamentos… desgraciadamente en buena parte de BAE, es decir británicos. Algo me dice que no conseguiremos repuestos ni partes para ellos. El Tupí era una nave excelente en 1989, cuando se lo comisionó, y hoy es exactamente lo que NO hay que comprar, si nuestro destino es ir de la nada hacia la chatarra. Otra gente del ámbito sueña con un submarino diésel-eléctrico francés tipo Scorpene nuevo. El problema es que no se regalan. Y además, un único sub resuelve el problema de formación de submarinistas, que por ahora se hace con ayuda de marinas amigas (Perú). Pero no cambia el desequilibrio naval básico del Cono Sur: con Brasil, todo bien. Pero Chile tiene 4 Scorpene, y para mantenerlos, o construir más, un astillero muy especializado como el que supimos tener hasta 1993. ASMAR, se llama, por Astilleros y Maestranzas de la Armada, haciendo gala de castellano viejo e ideas nuevas. Chile no viene siendo históricamente un país industrial. Miralos ahora. Con Gabriel Boric en La Moneda, habrá tranquilidad con los citados primos durante 4 años. Pero el 44% del electorado chileno votó a José Kast, quien está bastante ganoso de una guerra de límites con Argentina, y lo dijo en campaña. Guerra que de suceder hoy, Chile ganaría caminando. Incluso sin apoyo inglés (aunque lo tendría). El problema de fondo con nuestros activos navales es que el negocio, para los Almirantes, ha sido siempre comprarlos, no mantenerlos. Y los submarinos son barcos muy complejos, más aún que las aeronaves, y  exigen cantidades infernales de reparaciones y actualizaciones. Y sobre todo, piden recursos humanos expertos que tardan una década en foguearse, pero se pierden en meses. Por eso, un astillero que sabe reparar bien es el que sabe construir bien. Razón por la cual en AgendAR no queremos ninguna compra que no repotencie o refunde el astillero TANDANOR como sitio de excelencia en ingeniería naval compleja. Hubo algún cabeceo alemán para ello, pero “niente piú”. Y es que a la Armada hay que cambiarle algunos chips: una revisión somera del excelente catálogo Histarmar de buques de la Armada entre 1900 y 2013 arroja un total acumulado de 318 naves de todo tipo. De estas 318, sólo 56 fueron construidas en la Argentina. Si dejamos fuera las ensambladas aquí bajo licencia extranjera, quedan 47 naves realmente Nac & Pop, y entre ellas hay sólo 12 de combate. Pero si estrechamos la búsqueda a barcos exclusivamente de guerra de diseño y construcción local, la lista se abrevia a 10. Y son muy chicos: 8 rastreadores y 2 patrulleros. 10 barcos sobre 318.  Sí, el 3,78% del catálogo. Como dijimos en los anteriores capítulos de esta nota, si en 1980 Maggie Thatcher quería vendernos las Malvinas porque, en su visión, le costaban plata al Exchequer británico, el único modo en que dejarán de ser inglesas es haciendo que le cuesten mucho al tesoro inglés. Eso es imposible si no desarrollamos al máximo nuestra industria argentina de pesca, si no reconstruimos la flota mercante argentina, cuya ausencia nos salía U$ 5000 millones/año en 2014, si no desarticulamos los mil recovecos legales e ilegales que transformaron al Mar Argentino en una metrópolis de la pesca pirata, con pérdidas de entre U$ 3000 y U$ 14.000 millones/año, según quien calcule y cómo. Jamás tendremos las islas, y mucho peor, tampoco los 1,7 millones de km2 de Zona Económica Exclusiva que perdimos con ellas. No sucederá si no reconstruimos nuestra industria de armamento, en general. Y si no volvemos a reparar, repotenciar y construir naves de guerra, y entre ellas, submarinos. Hablo de ocupar nuestro mar. Nada de esto es una receta para ganar guerras. Es como alimentarse bien, correr, hacer fierros en el gimnasio y practicar box para echar lomo y cambiar de actitud. Con la idea de no dejarse patotear y desvalijar más por el runfla del barrio, ése que se vino a reocupar las islas con 31 armas antisubmarinas nucleares. Lo mejor es que no te vuelvas a agarrar con el tipo. Pero más allá de que suceda o no, todo ese ejercicio industrial te hace bien. Construye país.

Daniel E. Arias

«La bajante del Paraná continúa. El río está muy por debajo del nivel de aguas bajas

Juan Borús, Subgerente de Sistemas de Información y Alerta Hidrológico del Instituo Nqacional del Agua, informa sobre la situación:

La fuerte variabilidad climática regional, presente en la cuenca del Plata en los últimos quince años, se manifestó desde la segunda mitad del año 2019, comenzando por la cuenca del río Paraguay. Desde entonces prevalecieron las tendencias descendentes en todos los grandes ríos de la cuenca, con una sensible disminución de los aportes de los afluentes menores. Esta disminución del caudal tiene un impacto directo en el abastecimiento de agua para consumo humano, la generación de energía y la navegación, entre otros. Manteniéndose el período de sequía se dificulta la reproducción y alimentación de la fauna y se condiciona fuertemente toda la logística relacionada con el mantenimiento de la vía fluvial y la logística de la navegación, además de los procesos de potabilización del agua urbana.

Llevamos 296 días con niveles inferiores al límite de aguas bajas

En todos los meses transcurridos desde entonces se observó con frecuencia que una sequía predominaba en casi toda la cuenca del Plata. Como resultado, el déficit hídrico se fue agudizando, reduciendo la disponibilidad del recurso en todos los países de la región. A la sensible disminución en el aporte a los numerosos cursos fluviales de la alta cuenca se sumó una disminución gradual de las reservas en los embalses emplazados en la mitad norte de la alta cuenca del río Paraná en Brasil, situación que no  ha mejorado durante este mes de diciembre, en plena temporada de lluvias estacionales. Los caudales entrantes al tramo compartido del río Paraná con Paraguay sufrieron una fuerte reducción al comienzo del mes de marzo de 2020, motivando al sistema de alerta del Instituto Nacional del Agua (INA) a realizar un seguimiento especial ante un escenario muy poco frecuente que pronto se constituyó en extraordinario. A partir de ese momento se distinguen los siguientes hitos:
  • Comienzo de las reuniones bilaterales con Brasil y con Paraguay para hacer frente a la problemática común y acordar acciones para su mitigación.
  • Por parte de Argentina se definió que el descenso de niveles fluviales frente a las tomas de agua urbanas sería el impacto principal a ser considerado en la atención de la bajante, así como las oscilaciones de nivele en aguas extremadamente bajas.
Desde mayo de 2020, el INA, avanzó en la modelación para pronóstico de tales niveles, al tiempo que se ajustó la modelación hidrodinámica en los cursos del Delta del Paraná para atender los requerimientos de corto y mediano plazo. Este avance apuntó en especial a las tomas de agua para refrigeración de procesos industriales, en especial los de generación eléctrica. Para atender los requerimientos de información de las actividades que demandan una antelación importante, superando el horizonte confiable de pronóstico, se trazaron “escenarios alternativos” de la evolución fluvial a partir del mes de fines de julio del presente año. Se trata de trazas posibles de evolución fluvial en los sitios de interés desde la sección Corrientes – Barranqueras y hasta el Paraná de las Palmas. Esta modalidad se mantiene, considerando que el escenario de sequía y su bajante asociada no tienen visos de terminar en los próximos meses.

La provincia de Río Negro apuesta al proyecto del hidrógeno verde

El Gobierno de Río Negro y el Consejo Federal de Inversiones (CFI) acordaron mejorar las condiciones territoriales y de infraestructura necesarias para el desarrollo del proyecto de Hidrógeno Verde en esta provincia patagónica.

Por un lado, el gobierno provincial realizará aportes de acuerdo con los recursos humanos y materiales que disponga, mientras que el CFI aportará recursos técnicos y financieros hasta un total de $ 25.000.000. La gobernadora Arabela Carreras rubricó  este jueves el convenio para el desarrollo de la infraestructura junto con el secretario general del CFI, Ignacio Lamothe.
El acuerdo se enmarca en las polticas pblicas implementadas por la provincia para promover el desarrollo de energas verdes como forma de mitigacin de los efectos del cambio climticoFoto Marcelo Ochoa
En esta foto, el ministro Matías Kulfas, la gobernadora Arabela Carreras y la CEO de Fortescue Future Industries, la empresa que planteó el proyecto, Julie Shuttleworth
El acuerdo establece el avance de «un plan base para el desarrollo urbano y territorial del área de Punta Colorada, y un proyecto de análisis y diseño de una red de conectividad en telecomunicaciones para la zona Sur y Este de la provincia». «Es por ello que estamos contratando a 18 urbanistas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la provincia de Río Negro para planificar la intervención e inversión del hidrógeno verde en la provincia; sabemos que estas grandes inversiones afectan a las localidades y queremos que esto sea virtuoso», apuntó Lamothe. El acuerdo se enmarca en las políticas públicas implementadas por la provincia para promover el desarrollo de energías verdes como forma de mitigación de los efectos del cambio climático, especialmente en lo referido a la producción de hidrógeno verde.
la gobernadora Arabela Carreras rubric hoy el convenio para el desarrollo de la infraestructura junto con el secretario general del CFI Ignacio Lamothe Foto Marcelo Ochoa
Esta acción estimulará la creación de entornos innovadores para potenciar el futuro desarrollo de la provincia, proyectándola hacia el exterior de la mano de la generación energética alternativa y sustentable. Al mismo tiempo que se irá motorizando la actividad productiva, turística y empresaria local, lo que redundará en generación de empleo y mejora de la calidad de vida de todos los habitantes.

Ola de calor extremo: el anuncio del Servicio Meteorológico Nacional

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La semana que viene la región central de la Argentina estará envuelta en una ola de calor extremo, según las previsiones del SMN. El aumento de temperaturas sería generalizado y abarcaría desde el norte del país hasta Viedma. En algunas regiones, especialmente en Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y la Provincia de Buenos Aires, la temperatura podría rebasar los 40°C.

Según esas previsiones, los lugares del país más afectados podrían convertirse por unos días en las zonas más cálidas del planeta, especialmente durante el pico térmico del martes 11. Pero la ola de calor no finalizaría ahí, sino que se extendería por lo menos hasta el jueves.

El Servicio Meteorológico Nacional brinda estos pronósticos para las diferentes ciudades afectadas por el fenómeno:

  • En la ciudad santafesina de Rosario, el organismo estatal prevé máximas de 38°C y 39°C para el martes 11 y los miércoles 12 y jueves 13, respectivamente. Números similares pasaría la capital provincial, Santa Fe.
  • La provincia de Córdoba también será afectada y su capital sufrirá temperaturas máximas de 39°C que comenzarán el martes y seguirían hasta el jueves.
  • La temperatura en Paraná, capital de Entre Ríos, se estabilizará en 39°C de máxima desde el martes hasta el jueves
  • La capital de La Pampa, Santa Rosa, tendrá máximas de 38°C desde este domingo hasta el jueves, cuando habría tormenta. La única excepción sería el miércoles, cuando la temperatura vespertina rondará los 36°C.
  • En la Provincia de Buenos Aires, la ciudad de Pergamino, por ejemplo, se mantendrá por encima de los 39°C desde el martes hasta el jueves.
  • La temperatura en Capital Federal oscilará entre los 36 y los 39 grados centígrados y durará por lo menos hasta el viernes, con el ingreso de un frente frío.

Características de la ola de calor y recomendaciones

Según publicó el SMN en su cuenta oficial de Twitter, “hacia comienzos de la próxima semana, las altas temperaturas irán extendiéndose hacia el este, a las provincias de Bs As, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Chaco, Corrientes y Misiones. Además, habrá pocas lluvias, lo que intensificará las condiciones de sequía”.

“Los valores de temperatura desde el norte de Patagonia hasta el norte argentino se mantendrán entre los 35 y 40°C, pero es posible que se superen los 40°C en zonas en las que no es muy frecuente que eso ocurra, como por ejemplo la provincia de Buenos Aires”, agregó el organismo.

“En general predominarán altas presiones en el país, que favorecerán el ingreso de aire muy caluroso y seco, con días soleados y de poca nubosidad. Pero es posible que algunos frentes fríos traigan alivios temporales, especialmente en zonas cercanas a la costa atlántica”, concluyó sobre las razones que alimentan el fenómeno.

En este contexto, el SMN sugirió seguir las recomendaciones brindadas por el Ministerio de Salud para estos casos, que incluyen: aumentar el consumo de agua, no exponerse al sol, evitar las bebidas con cafeína, alcohol o azúcares, y usar ropa ligera.

Por qué Gran Bretaña trajo armas nucleares a las Malvinas en 1982 – 2° parte

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(La primera parte de esta nota está aquí) 2. Lo que no sabían los Admirals sobre nuestros almirantes Los subs nucleares tienen esa capacidad superlativa de estar en cualquier lado del planeta sin que te enteres, porque son muy veloces y no necesitan salir a la superficie salvo para repostar comida. Pero en proximidad no son silenciosos, debido al murmullo de las bombas que refrigeran los núcleos de sus reactores. En cambio algunos diésel-eléctricos, sí lo son. Y si son suecos o alemanes, ni te cuento. En 1982, la inteligencia naval británica leía a sus anchas las comunicaciones navales cifradas argentinas. Por eso, la alegre muchachada de la Task Force tenía una idea aproximada del paradero del S-32 ARA San Luis. Además, como el archipiélago forma parte de la Plataforma Continental Argentina, las profundidades en torno a las islas son modestas: raramente hay más de 120 metros. Así las cosas, los Brits creyeron ver al San Luis en sus sonares en varias ocasiones. Y en sucesivos lances durante semanas, le surtieron más de 200 cargas de profundidad y 50 torpedos MK 46 autoguiados por sonar, de un total de 200 que les suministró, magnánima, la US Navy para aquella emergencia sudaca que fuimos durante 10 largas semanas. Los súbditos de su Gloriosa protagonizaron un total de 2253 despegues de helicópteros antisubmarinos en misión de búsqueda y destrucción del “bloody old San Luis”. Es más, perdieron 2 helicópteros pesados Sea King en el mar por desperfectos de motores en tales misiones, y jamás encontraron el “fucking Argie sub”, aunque a veces lo tuvieron a no más de 150 metros verticales bajo la nariz, iluminándolo con sonoboyas.

La imponente proa del S-32 AEA San Luis, con sus 8 tubos lanzatorpedos, en medio de una reparación que se interrumpió definitivamente en 1997.

Debajo de ellos, el capitán interino Fernando Azcueta practicaba el viejo truco de los submarinistas alemanes en el Mediterráneo o donde hubiera poca profundidad: pegate al fondo, apagá todo salvo el suministro de aire, quien no esté de guardia se va a la cama para no hacer ruido. Y confiá en disimularte bajo la termoclina donde el mar se pone a 3 grados de temperatura. Esa interfase del mar refleja parcialmente el sonar, y debajo de ese espejo sónico y apoyado en el fondo, a lo sumo te traslucís, con suerte, como otra rugosidad de un lecho geológicamente rugoso. Trompicado, además, por los muchos pecios de barcos balleneros y loberos hundidos. Y tan hábil fue Azcueta en esto de parecerse al fondo marino que los británicos no lo encontraron nunca. El pequeño San Luis sí los encontró a ellos. Este Tipo 209 costero, mal mantenido, con capitán y tripulación sustitutos y apenas 1200 toneladas de porte, todavía se dio el lujo de intentar dos ataques, el 1ro de Mayo y el 10 de Mayo. Los 3 torpedos empleados, los Telefunken SS4 alemanes, fallaron, quizás de 2 modos distintos. Y es que el San Luis entró en guerra por falta de otra cosa. En total la Armada tenía 3 submarinos activos, pero eran 2 los que no servían: uno era el viejo S-21 Santa Fe, un clase Guppy construido en 1945, comprado de 2da mano a EEUU y que ya no podía siquiera sumergirse. El Santa Fe fue cruelmente sacrificado como transporte y soporte logístico de la pequeña fuerza de comandos mandada a las Georgias. En ese rol imposible, fue detectado, misileado y ametrallado sin escape por helicópteros Lynx y Wessex de las fragatas Brilliant, Plymouth y el crucero Antrim en Caleta Vago, un amarradero en la isla de San Pedro, la mayor del archipiélago. El capitán Horacio Bicaín tuvo pésimas cartas en la jugada. La precaria defensa antiaérea se hizo con una ametralladora y armas portátiles desde la vela, donde cabían apenas 4 personas sin tropezar. Un misil AS-12 perforó la torreta de lado a lado sin explotar, pero se llevó la pierna de un suboficial que, subido a la escalerilla, reabastecía de munición a los tiradores. Ya inutilizado, sostenido por el fondo, arrumbado contra el muelle y evacuado, al Santa Fe lo capturaron los marines británicos sin más resistencia. Al día siguiente, decidieron liberar el muelle remolcando al submarino mar adentro, y en la maniobra, los Brits mataron a otro suboficial argentino porque creyeron que intentaba inundar la nave. El otro submarino argento inservible tampoco debió estar como estaba. Me refiero al Tipo 209 S-31 Salta, mellizo del San Luis, ambos comprados de primera mano a Howaldswerke Deutsche Werft. Para la época, eran dos joyas, barcos de apenas 1200 toneladas de desplazamiento y 51 escasos metros de eslora, pero que sin embargo daban una autonomía de 20.000 km. a 10 nudos, y podían hacer misiones de hasta 50 días de duración, cargando 22 torpedos. Aquí, una pequeña defensa del torpedo, tan aparentemente superado por el misil antibuque. Lector, lectora, es simple física: un torpedo moderno en general explota no en el casco, sino debajo. El agua es 833 veces más densa que el aire, y no es elástica: pega como un ariete. La onda de choque levanta al barco por el medio y la quilla generalmente se parte en dos. A diferencia de un misil antibuque, que discapacita o incendia pero raramente hunde, un torpedo bien puesto manda al fondo a barcos bastante grandes. Los torpedos de los Type 209 argentinos eran los STT-4 filoguiados (es decir, teledirigidos desde la nave). Eran armas 55,3 cm. de diámetro (bastante pesadas) tenían un alcance máximo de casi 60 km. y portaban 220 kg. de explosivos. El mejor torpedo del mundo, según Telefunken, el fabricante alemán. La Armada Argentina le cree mucho a Telefunken, porque nomás llegar sus obras maestras al país, se hicieron 19 lanzamientos de prueba (15 desde subs, 4 desde lanchas) y sólo funcionaron 8, un 42%. En ningún caso se usó cabeza de combate. El dictamen: arma homologada. En cristiano común, dada por buena y aceptada. Nada de reclamos a Telefunken. Si uno aprecia su carrera naval, da menos problemas creerle al inteligente proveedor externo que a la estúpida evidencia interna. Entre diciembre de 1975 y mayo de 1980, no hubo lanzamientos, salvo tres de prueba en 1977 y a muy corta distancia. Ignoro cómo salieron. Desde 1975, el Comando de la Fuerza de Submarinos le pedía a la DIAN (Dirección de Armas Navales) que se hiciera un ensayo de tiro de combate, pedido reiterado en 1977, denegado en ambas ocasiones. En la DIAN, de pelearse con el almirante Emilio Massera, cero ganas. Ignoro si fue por eso que Massera pasó a la historia como “El Comandante Cero”. Tuvo otros nombres menos publicables.

Carga de torpedos STT4 Telefunken en un submarino Type 209 argentino

Entre mayo de 1980 y marzo de 1982 se realizaron 8 lanzamientos de SST-4, y funcionó uno solo: 12,5% de eficacia. Un torpedo se perdió y en otras 6 instancias, el SST-4 cortó cable y dejó de obedecer. La DIAN no dijo “esta boca es mía”. En suma, James Bond no lo sabía y tal vez el Almirante Armando Lambruschini, su sucesor, tampoco, y el siguiente a Lambruschini, Jorge Anaya tampoco, pero fuimos a la guerra sin torpedos. O con, pero no andaban, da lo mismo. Lo que sedujo a decenas de clientes del Tipo 209 en todo el mundo era que se llevaban a casa un submarino costero, es decir defensivo, pero con las prestaciones de un oceánico, capaz de atacar al enemigo en sus propias costas, o al menos en sus líneas logísticas. Con torpedos decentes, al menos, o en estado decente. Los tipo 209 son capaces de disparar en ráfagas, para lo cual tienen 8 tubos en una proa insólitamente alta y cuadradota. Los SST-4 no se disparan con aire comprimido, por no delatar el ataque ni la posición del submarino. Se inundan los tubos, los motores arrancan y los torpedos salen navegando casi silenciosamente, en «swim off». La puntería está atendida por un combo de sonar pasivo y computadora de tiro que los guía por cable hasta 3 blancos diferentes en forma simultánea. Se entiende que Su Graciosa Majestad, aunque dueña entonces de la 3ra flota de guerra del mundo, estuviera preocupada por estas 2 naves argentinas. “44 torpedos casi inaudibles en naves muy silenciosas y chicas, y un índice de aciertos bajito, digamos del 20%, da 9 barcos de los nuestros que no vuelven”, pensaron acaso los Admirals. Ignoraban que si un 58% de torpedos nuevos habían fallado en 1975, en 1982 el 87,5% estaba knock-out: se los había conservado en ambientes de temperatura y humedad no controlados, y no se había hecho prácticamente ninguna de las recorridas, mantenimientos y reemplazos indicados por el proveedor. Nuestros almirantes en aquella época estaban demasiado absortos en sus funciones naturales de dirigir el país y matar civiles en desacuerdo. Los Admirals gringos no sabían que tenían semejantes aliados, y como saben su física, le temían más a estos dos Type 209 que a la Fuerza Aérea Argentina. De su temor por nuestras naves de superficie nunca sabremos: los Brits no manifestaron ninguno: “We’ll blow their tin-pot Navy out of the water”, trompeteó el Almirante Sandy Woodward, jefe de la Task Force y ex submarinista, antes de embarcar para las islas. “Volaremos del agua su Armada de latitas”, para los no shakeaspeareanos. Fue difícil probarles lo equivocados que estaban, porque la Flota de Mar se refugió en Puerto Belgrano al toque de que el HMS Conqueror hundiera al crucero ARA Belgrano. Que se había vuelto una nave lenta: de su velocidad inicial de 32,5 nudos ya no daba ni la mitad, por el estado de sus máquinas. ¿Suena familiar? En cuanto al S-31 ARA Salta, no pudo siquiera entrar al ruedo: tenía un chirrido de eje que lo volvía totalmente detectable para naves y helicópteros antisubmarinos. Se quedó testeando los horribles STT-4 en inmediaciones de Puerto Belgrano y estuvo a punto de ser volada por dos de tales torpedos, trancados inexplicablemenhte en sus tubos pero con el motor funcionando, es decir activados y con las baterías recalentándose al rojo. Minga de «swim off». La situación se subsanó por la sangre fría del capitán Roberto Salinas, pero su nave jamás pudo combatir. En cuanto al único submarino argentino que servía para algo, el S-32 ARA San Luis, nave nuevecita y asignada en 1974, su estado técnico habla pestes del mantenimiento de la Flota de Mar durante el Proceso, cuando el Almirantazgo literalmente cagaba dólares. Fuimos a la guerra contra la 3ra potencia naval mundial con 5 de 8 aviones de ataque A4 Skyhawk embarcados con fisuras en la raíz alar, con el único portaaviones, el 25 de Mayo, fundido de máquinas, con el único crucero en estado de motorización similar, con sólo 5 misiles AM39 Exocet entregados del total de 15 que venían en camino y sobre todo, antes de haber recibido un par de revolucionarios submarinos oceánicos alemanes TR-1700. Y habría 4 más, porque ya teníamos casi equipado al astillero Domecq García para construir los TR-1700 “en casa”. Nada de todo esto habla maravillas del Almirante Anaya, la fuerza motriz que empujó la Junta del general Leopoldo Galtieri a la Guerra de Malvinas. Al San Luis, antes de mandarlo a guerra en solitaria representación del resto de la Flota de Mar, ausente sin aviso, hubo que rasquetearlo una semana entera de moluscos adheridos al casco y a la hélice. Estas incrustaciones lo hacían no sólo lento sino más ruidoso que una murga acuática. Estaba, como casi todo en aquella Armada, hecho percha por falta de mantenimiento, esa palabra mágica. El snórkel tenía fugas, las bombas de sentina no funcionaban, y uno de los cuatro motores diésel estaba kaput. Y obviamente los torpedos SST-4 alemanes que disparó el San Luis no explotaron y además cortaron cable… salvo uno. Sobre ése, más datos a continuación. Cuando por fin el San Luis volvió a puerto en Marpla, 40 días más tarde, lo hizo sin un arañazo. Señoras y señores, me saco el sombrero ante el capitán Azcueta: un submarino al que le habían tirado con 200 cargas convencionales, mayormente de morteros de tipo “Hedgehog”, amén de medio centenar de torpedos antisubmarinos lanzados desde helicópteros. Eso sí, con tanto sonarista inglés buscando grandes bultos bajo el agua, mal año fue, aquel 1982, para ser ballena. No es imposible que el propio Azcueta, harto de ser bombardeado, torpedeado y no devolver atenciones, se haya cargado un cetáceo, el 2 de mayo, al confundirlo con un submarino nuclear inglés. Como sea, ése fue el torpedo que sí estalló. Ley de Murphy, la más vigente de las leyes de guerra. Había al menos 4 subs nucleares de Su Graciosa Majestad, el Conqueror, el Spartan, el Splendid y el Valiant, todos en buen estado, tratando de encontrar al San Luis. A la cacería se añadió también el Ónix, un diésel-eléctrico. Esto, para mostrar hasta qué punto Su Graciosa estaba preocupada por el solitario y disfuncional pero emperrado San Luis. Con los torpedos STT-4 bien cableados y mantenidos, otra habría sido la historia de esta nave, así como de las fragatas antisubmarinas HMS Brilliant, Yarmouth, Arrow y Alacrity: el San Luis les tiró a todas ellas, y lo único que oyeron los hidrofonistas británicos fue el suave susurro de hélices de los 3 torpedos. Al submarino en sí no lo detectaron. Su Graciosa sea mi testigo: ese enano, el San Luis, ERA silencioso. Por algo hay todavía hay 58 submarinos Type 209 como el San Luis operativos en Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Grecia, India, Indonesia, Perú, Sudáfrica, Corea, Turquía y Venezuela, todos en armadas que le dan más bola al mantenimiento. El único Tipo 209 en el mundo que entró en guerra es nuestro San Luis. Dicho esto, la seguimos mañana. Si mientras tanto quiere una historia con más detalles, está aquí.

(Concluirá mañana)

Daniel E. Arias

Informe del consorcio científico PAIS: en Argentina circulan todas las variantes; ómicrón aún no se impuso

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El equipo de científicos argentinos nucleados en el grupo PAIS(PROYECTO ARGENTINO INTERINSTITUCIONAL DE GENÓMICA DE SARS-COV-2), dedicado a la vigilancia genética del coronavirus, acaba de publicar su último informe: «REPORTE N°29: Vigilancia activa de variantes de SARS-CoV-2 en la CABA, provincias de Buenos Aires, Chaco, Neuquén, Santa Fe y Tierra del Fuego.

El resumen ejecutivo explica lo siguiente: Primer análisis evolutivo de la variante Omicron de Argentina (en conjunto con el Laboratorio Nacional de Referencia de Enfermedades Respiratorias Virales y el Centro Nacional de Genómica del ANLIS Malbrán). Con el objetivo de estudiar las variantes circulantes del virus SARS-CoV-2 en el período comprendido entre el 01/10/21 y el 31/12/21, se analizaron un total de 1534 muestras, de las cuales 1082 fueron seleccionadas al azar y corresponden a individuos sin antecedente de viaje al exterior o contacto estrecho con viajeros: 431 correspondieron a casos de la CABA, Gran Buenos Aires y alrededores y Gran La Plata, 123 a la provincia de Buenos Aires (no AMBA), 41 a la provincia de Chaco, 92 a la provincia de Tierra del Fuego, 127 a la provincia de Neuquén y 268 a la provincia de Santa Fe. Las 452 muestras restantes correspondieron a casos especiales (nexo con  viajero y confirmación de casos detectados por la técnica de RT-qPCR específica para variantes o estudios especiales). En 745 casos se realizó la secuenciación completa del genoma del SARS-CoV-2. En total, se identificó la variante Alpha en 17 casos, Gamma en 64 casos, Lambda en 107 casos y Delta en 1140 casos. Por último, la variante Omicron se detectó en 203 casos, la mayoría de estos corresponden a infecciones adquiridas en la comunidad. A la fecha, sobre un total de 6790 muestras analizadas a través de la vigilancia activa por secuenciación de Spike o de genoma completo, las variantes más frecuentemente detectadas en nuestro país fueron: Gamma en 2379 casos, seguida de Delta en 1392 casos, Lambda en 1200 casos, Alpha en 344 casos, Mu en nueve casos y Omicron en 203 casos. En este reporte, se detectó la variante Omicron en casos de infecciones adquiridas en la comunidad y seleccionadas al azar en la SE 50 en la CABA (7,7%) y en la provincia de Santa Fe (12,1%), alcanzando el 50% de los casos secuenciados en la SE 51 en ambas jurisdicciones. En la provincia de Tierra del Fuego en la SE51 se detectó en el 61,9%, alcanzando el 87,3% en la última SE del 2021. Asimismo, en el periodo analizado en este reporte, la variante Delta ha sido la única variante detectada en circulación comunitaria en la región GBA (hasta las SE 49-50) y en las provincias de Neuquén (hasta las SE 47 48) y Chaco (hasta la SE 51). En estas últimas jurisdicciones hasta las SE analizadas, la variante Omicron fue detectada en casos esporádicos, muchos de los cuales tienen antecedente de viaje al exterior o a alguna provincia argentina con circulación comunitaria de esta variante. El análisis evolutivo de la variante Omicron mostró que todas las secuencias de Argentina correspondieron al linaje derivado BA.1, que es el más extendido a nivel mundial. A su vez, se observaron múltiples introducciones al país, aunque aún con limitados eventos de diversificación. El análisis evolutivo de la variante Delta mostró que los linajes derivados AY.20, AY.25, AY.75, AY.100 y AY.103 constituyeron el 85% de los linajes detectados en nuestro país en el periodo desde el 4 de julio a 8 de noviembre del 2021. Estos linajes derivados se encuentran asociados principalmente con muestras de los Estados Unidos, México, Brasil y Perú, entre otros. Los resultados aquí presentados están en consonancia con la situación epidemiológica observada en varios países del mundo, caracterizada hasta el momento por un incremento abrupto de la frecuencia de detección de la variante Omicron, en simultáneo con el reporte de un número muy elevado de casos de detección de SARS-CoV-2 asociados a nuevas olas de infecciones a nivel mundial.

(Para descargar el Reporte 29 completo, cliquear aquí)

«Finanzas sustentables»: Uruguay lanza un bono con interés ajustable según el nivel de emisiones de carbono

Uruguay será el primer país de de la región y el segundo del mundo en endeudarse con una una tasa de interés mayor o menor de acuerdo al cumplimiento de sus compromisos de emisiones de gases de efecto invernadero. Informamos también de otros proyectos financieros «verdes» impulsados en otros países de América del Sur.

En el caso uruguayo se trata de uno de los nuevos instrumentos que impulsan expertos en finanzas sustentables y, entre otros beneficios, apunta a impactar positivamente en las inversiones privadas para los sectores verdes. Los países «en vías de desarrollo» son especialmente vulnerables a la crisis climática y de biodiversidad, y necesitan de apoyo financiero para cumplir con sus compromisos ambientales o climáticos. Es allí donde aparecen las finanzas sostenibles como un instrumento para apoyar la transición de sus economías Los fondos de inversión «sustentables» se expanden en el mundo y en América Latina, aprovechando el creciente interés de los inversores en estos instrumentos para obtener beneficios y a la vez mejorar su imagen pública protegiendo la biodiversidad y respondiendo a la crisis climática. En 2020 se emitieron más de 16.000 millones de dólares de bonos verdes, sociales y sustentables en la región. Estos bonos comparten las mismas características: una empresa o gobierno se endeuda y los fondos deben ser destinados exclusivamente para cumplir con una determinada meta ambiental o social, como desarrollar infraestructura de transporte limpio, expandir las energías renovables o cumplir con Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Y ahora han surgido nuevos tipos de instrumentos de deuda todavía más innovadores, tal como el ahora propuesto por Uruguay. El Gobierno de Luis Lacalle Pou está trabajando en un bono cuyos fondos no tendrán un destino específico -como los que emitió Chile- pero que pagará una tasa de interés variable. La tasa dependerá de si Uruguay cumple con un objetivo ambiental previamente establecido, como su contribución climática (conocida como NDC en inglés). Es decir, si el país reduce sus emisiones tal como se comprometió tendrá un premio con una tasa más baja. Y si no cumple tendrá una penalización con una tasa más alta. Hasta ahora, el único país en haber desarrollado un instrumento de este tipo ha sido Luxemburgo, emitiendo deuda por 1.500 millones de dólares en 2020. En el caso de Uruguay, el bono sería por un monto entre 800 y 1.000 millones de dólares, todavía sin fecha exacta para la emisión, sostuvo el ministro de Ambiente de Uruguay Adrián Peña.

«Finanzas sustentables» en América Latina

Argentina y Colombia han pedido recientemente una expansión de los canjes de deuda por naturaleza, una herramienta ya utilizada que les permitiría reducir sus deudas y también cumplir con metas ambientales. En cambio, expertos en finanzas han impulsado la creación de nuevos instrumentos, como el ahora propuesto por Uruguay. “Los canjes de deuda fueron muy populares hace décadas. Pero ahora el panorama ha cambiado mucho. Es más complicado en términos de quién tiene la deuda y cómo se negocia”, dijo Jochen Krimphoff, líder del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) sobre bonos soberanos verdes. «A largo plazo, cuanto más sostenible sea la gestión de tus recursos naturales como gobierno, más podrá prosperar tu economía de forma sostenible”. Un bono soberano verde indica el compromiso del país con sus estrategias de crecimiento sostenible y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, lo que tendrá un impacto positivo en las inversiones del sector privado para los sectores verdes. Además, permitirá una colaboración entre diferentes áreas del gobierno, tal como señaló Peña. “Nos parecía que teníamos mucho conocimiento que aportar al ministerio de Economía, que no sabía tanto de nuestros temas. A partir de ahí surge la idea del bono”, sostuvo Peña. “Es una deuda común pero la tasa está atada al cumplimiento de un objetivo ambiental. Exploramos varias opciones y seguramente sea la NDC”. Chile ha sido el primer y único país en América Latina en emitir un bono verde en 2019 y hasta ahora ha obtenido 7.440 millones de dólares luego de sucesivas emisiones. El país también ha emitido bonos sociales y sostenibles, al igual que lo han hecho Ecuador, México, Guatemala, de acuerdo a la organización Climate Bonds Initiative. Los sectores de energía y transporte han sido los más beneficiados del financiamiento, al igual que el sector del uso del suelo. En el caso de Chile, los fondos de su bono verde fueron destinados a impulsar el transporte limpio, como los buses eléctricos de Santiago y la construcción de nuevas líneas del subterráneo. “Hay muchos inversores que quieren invertir en estos instrumentos”, destaca Pablo Cortinez, consultor en finanzas sostenibles. “El deber fiduciario y perfil de los inversores está cambiando y cada vez más se autodenominan verdes. Las economías más grandes de la región como Brasil y Argentina deberían apostar a bonos soberanos verdes”. Para que el bono sea exitoso, los gobiernos deberán poder justificar ante sus inversores la elección de la meta específica por sobre otras posibilidades, la NDC en el caso de Uruguay. Además, la meta debe ser alcanzable durante la vida del bono y se deberá definir una tercera persona a cargo de monitorear el real cumplimento de la misma. “Con el bono que estamos diseñando, Uruguay tendrá un mandato fiduciario de cuidar el ambiente y reducir las emisiones de dióxido de carbono,” sostuvo la ministra de Economía de Uruguay Azucena Arbeleche en una entrevista. “Los incentivos del inversor y emisor estarán alineados para el cumplimiento de un determinado indicador”. Es probable que se confirmen más detalles sobre el bono verde soberano de Uruguay, incluida una fecha para la primera emisión, a principios de 2022. Si tiene éxito, puede ser un catalizador para su crecimiento y aceptación en América Latina, y proporcionar un impulso a las transiciones sostenibles en toda la región.

Inversores, y especuladores, no parecen asustados por el triunfo electoral de Gabriel Boric en Chile

Este gráfico corresponde a un índice de base amplia compuesto por valores de renta variable de Chile (Chile’s index tracking ETF (ECH), desde el 20 de diciembre hasta ayer. El balotaje, en el que Boric obtuvo un claro triunfo, fue el domingo 19.

(agradecemos el gráfico a IKN News)

En opinión de AgendAR, esto no se debe a las «señales» del presidente electo (hasta ahora ha dado pocas. Ha sido prudente y discreto. Lo que en sí es una buena señal, cierto). Creemos que se debe a los «fundamentals» de Chile: una gran riqueza minera, y técnicos y trabajadores con experiencia. Los «fundamentals» de Argentina también son muy buenos, quizás aún mejores. Pero por algún motivo no se reflejan en los mercados financieros.

Argentina donará un millón de vacunas AstraZeneca a Egipto

El Gobierno nacional oficializó la donación de un millón de dosis de vacunas contra el coronavirus producidas por la firma Astrazeneca a la República Árabe de Egipto, a través del Decreto 1/2022 publicado en el Boletín Oficial.

Se trata del fármaco ChAdOx1 nCov-19, también designado como AZD 1222 que serán entregadas a Egipto mediante un contrato de donación que tendrá al Ministerio de Salud que encabeza Carla Vizzotti como organismo ejecutor, según se consignó en los fundamentos de la norma. Además, se especifica que la donación se efectúa «en virtud de que «el 81,9 % de la población (argentina) cuenta con al menos una dosis de la vacuna contra la Covid-19 y el 67,9 % con el esquema completo de vacunación». Además recuerda que «la pandemia constituye un desafío global que exige una estrategia de solidaridad orientada al acceso equitativo de las vacunas destinadas a generar inmunidad contra la Covid-19″. En los considerados se remarca también que de acuerdo a lo informado por la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles, «el Ministerio de Salud cuenta con stock suficiente para efectuar la donación de un millón de dosis sin afectar los objetivos delineados en el «Plan Estratégico para la Vacunación». Asimismo se encomienda a la Cancillería «la ejecución de todas las acciones conducentes a la donación» y se exime «al Ministerio de Salud del pago de los derechos de exportación que gravan la exportación para consumo de la mercadería».

Por qué Gran Bretaña trajo armas nucleares a las Malvinas en 1982 – 1° parte

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Chocolate por la noticia: se destapó por enésima vez que el Reino Unido mandó a la Task Force a la Guerra de Malvinas con bombas nucleares. Se sabe desde 1983, y desde entonces que los ministros de Su Graciosa Majestad explican al mundo –con toda intención de no ser creídos- que fue demasiado el apuro en juntar la flota en Ascensión y zarpar hacia las islas. No hubo tiempo de sacar esas molestas bombas de los fragatas antisubmarinas. Pero no pensaban usarlas, qué va. Sólo atinaron a mudarlas de las fragatas antisubmarinas a los dos portaaviones. Como núcleo de flota, las tendrían mejor defendidas contra los ataques de la aviación argentina. Era preferible a dejarlas en los más sacrificables barcos de escolta. No querían que una bomba expusiera al aire, dentro de un barco incendiado, su “primer” o espoleta de fisión de plutonio 239, o que algunas de estas armas quedaran regadas en el fondo del Atlántico Sur. Re-ecologistas, los Brits. Las bombas del caso eran termonucleares antisubmarinas tipo WE-177A, bastante viejas pero temibles. Con 272 kg, eran demasiado aparatosas como para volar bajo el ala de un caza liviano de ataque Harrier, pero se adaptaban joya para lanzarse con paracaídas desde los helicópteros navales Westland Wasp, Lynx y Wessex. La utilidad principal o secundaria, según el caso, de tales helicópteros era cazar submarinos. Como cazadores, tales helicópteros en realidad operan mejor en la cubierta amplia y relativamente estable de portaaviones de entre 18.000 y 20.000 toneladas, como los HMS Invincible y Hermes. Si hay que despegar de apuro para un ataque nuclear antisubmarino, mejor hacerlo desde el Invincible que desde la ínfima plataforma de popa de una fragata Type 21 de 3600 toneladas, cuantimás sacudida por los oleajes y ventoleras despiadadas de nuestro Atlántico Sur. Los Brits no estaban cuidando el ecosistema marino. Más bien, cuidaban sus portaaviones. Y se cuidaban de nuestros submarinos. La WE-177A era una bomba “sesentosa”, algo anticuada en 1982 por grandota. Tenía un punto a favor: la potencia se podía regular antes del lanzamiento, entre un mínimo de 0,5 kilotones y un máximo de 10 kilotones. Como referencia, la bomba de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, rindió 16 o 17 kilotones. En una explosión submarina, y máxime con poco fondo, los efectos mecánicos son enormes: la onda de choque la transmite el agua, que es 830 veces más densa que el aire, y además es inelástica o “incompresible”: un ariete. Incluso a potencia mínima, una vieja WE-177A aplasta instantáneamente cualquier estructura hueca de acero –como un sub- a centenares de metros del centro de la explosión.  

Una WE177A antisubmarina, modelo que muestra pedagógicamente sus interioridades en el Museo de Aviación de Boscombe Down.

La pregunta es qué tenía en la cabeza a Maggie Thatcher cuando se trajo esas armas hacia aquí. En sus planillas, las Malvinas eran improductivas, un gasto inútil: le interesaban menos aún que las unidades de superficie de la Royal Navy. Tan improductivas, en la visión de Thatcher, que según el historiador Federico Lorenz, dos años antes de la guerra, en 1980, había ofrecido secretamente el archipiélago entero con sus más de 200 islas, islotes y rocas al dictador argentino de turno, general Roberto Viola, con una fórmula de retrocesión medio rara: “Mire, quedan argentinas a sola firma, don Bob… pero (ejem) Ud. adquiere la soberanía plena tras garpar 99 años. Joya nunca taxi”. Viola no contestó. Doña Maggie sabía que con lo de las WE-177A estaba violando frontalmente un tratado redactado entre EEUU, Gran Bretaña, Francia y China con algo de ayuda soviética –probablemente en la traducción al castellano- para uso de aborígenes sud y centroamericanos, el de Tlatelolco, de 1967. Este declaraba nuestras tierras como libres de armas nucleares. Incluidas las de ellos, je. Como todo violador, Maggie tenía una excusa: los argentinos habíamos firmado Tlatelololco (puteando), pero sin ratificarlo. Si Lady Britannia, la que reina sobre los mares, nos tenía que soltar un cuetazo nuclear, lo teníamos bien merecido. Maggie se cuido de aclarar que le había insistido a sus almirantes de no entrar con esas armas a menos de 3 millas de las costas “de las Falklands”. Debían de abstenerse de llevarlas a aguas territoriales para ella inglesas, pero geográficamente sudamericanas (todavía no tenían vigencia las 200 millas). Y eso los Admirals lo hicieron de mil amores. Odiaban ponerse a tiro de las islas. Sólo una vez –el 25 de Mayo- arriesgaron los portaaviones muy dentro del radio de acción nuestros aviones, y les salió mal. El Hermes casi se come un par de misiles Exocet aquella tarde. Tras gran gasto de chaff y otras contramedidas, los misiles franceses reengancharon un blanco secundario y terminaron impactando en el igualmente grande pero más inofensivo STUFT Atlantic Conveyor. Era una pacífica conteinera, pero llena de carpas, equipos de purificación de agua, munición de todo tipo, combustible ídem y muchos helicópteros pesados. Se encendió como un fósforo. Esa hoguera naval, y la consiguiente la falta de helicópteros pesados, atrasaron entre 2 y 3 semanas el triunfo de la infantería británica. No todas las 31 bombas antisubmarinas que admite la “desclasificación” del Ministry of Defence (MoD) estaban en los portaaviones. 21 días antes del incendio del Atlantic Conveyor, otros 2 Exocet habían sido lanzados contra el destructor clase 42 HMS Sheffield, uno de los cuales pegó y lo incendió sin recuperación posible.

4 de mayo de 1982, evacuación del HMS Sheffield, que se fue al fondo 5 días más tarde y probablemente con armás nucleares a bordo

Es raro que el Sheffield siguiera a flote, 5 días después, cuando se hundió de pronto. Pero más raro aún es que los ingleses lo estuvieran arrastrando todo ese tiempo a la sirga. ¿Para llevarlo adónde y hacerle qué? Estaba irreversiblemente rostizado. Algo debía tener a bordo que no convenía dejar “in situ” en el fondo. Me resultaron cómicas las declaraciones del exvicecanciller británico, Sir Antony Acland, cuando se entera con alivio, ufff, de que en el Sheffield no había siquiera un simulador de una WE-177A. No fuera que lo usáramos para hacer bombas en serio por ingeniería inversa. Pero las bombas nucleares son artículos que nosotros, los argentinos atrasados, teníamos y tenemos la física y el know-how para haberlos desarrollado a principios de los ’60, de haber querido. Nos detuvo la decisión de evitarnos una carrera armamentista con Brasil, no el temor a Su Graciosa Majestad, Sir Tony. Iba a añadir: «Duerma sin frazada», pero viendo que Ud. se murió en 2021, mi jefe, Abel Fernández, prefirió un sobrio «Descanse en paz». Parte de aquella guerra se explica por la genial obstinación de Maggie Thatcher en no caerse de la palmera: no estaba en mínimos históricos de aprobación. Más bien en máximos de desaprobación: Liverpool y Londres se habían llenado de cosas tan poco británicas como piquetes y barricadas de nuevos desocupados pidiendo su cabeza. Y hablando de cabezas, los “Bobbies” se dedicaban a reventar a palos todas las que pudieran, de un modo absolutamente poco elegante. La Dama de Hierro no podía perder aquella guerra sin destruir no sólo su carrera, sino la primera chance seria del Partido Conservador, en la posguerra, de transformar a Inglaterra, antes país industrial en problemas, en lo que es hoy, un paraíso fiscal con vista a los pozos de gas del Mar del Norte. La Royal Navy tenía a la dama ferruginosa atravesada en el garguero, porque ésta, con sus cuentas de almacenero, quería vender las unidades de superficie y reducir la fuerza a sus submarinos de ataque y misilísticos. A esta chica la tendríamos que haber contratado nosotros. Pero los del Admiralty no son de arrearlos con la vaina: si hubieran objetado lo de las armas nucleares, habrían filtrado la cosa a los medios y se publicaba seguro. Si se callaron no fue sólo por patriotismo: suponían que tras triunfar en esta guerra la Royal Navy quedaría fuera de todo ajuste y sería reconstruida a estándares casi imperiales. Y en eso acertaron bastante. Pero temían a los submarinos argentinos. Sabían que teníamos sólo 3, ninguno nuclear, y que al menos uno no servía para nada de puro viejo. Los otros dos eran dos joyitas infernales alemanas y nuevas, y los Admirals a estas máquinas type 209 les tenían un razonable julepe. Sobre todo, por lo silenciosas y por su capacidad de disparar salvas de hasta 8 torpedos filoguiados, es decir teledirigidos, contra 3 blancos a la vez. El suficiente miedo como para que la Royal Navy se bancara el odio eterno de casi toda América Latina contra Inglaterra, y Whitehall, la cancillería, una crisis en su relación con los EEUU. Y EEUU se habría tenido que bancar la denuncia del Pacto de Tlatelolco de muchos de sus firmantes. Todo eso era casi seguro si la Task Force se veía obligada a eliminar sí o sí estos 3 submarinos usando alguna de sus bombas WE-177A. Los Admirals no contaban con el Almirantazgo argentino. Que los eliminó con una eficacia mucho mayor. Vamos a eso.

(Continuará mañana)

Daniel E. Arias

«La energía nuclear emite menos durante todo su ciclo de vida que cualquier tecnología renovable»

La producción automotriz creció un 69% en 2021; las exportaciones, un 88%

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La fabricación nacional de vehículos alcanzó el año pasado las 434.753 unidades, un 69 por ciento más que en 2020, mientras que en el mismo período las exportaciones crecieron un 88 por ciento interanual, según informó la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA).

“Son números auspiciosos, las automotrices son la nave insignia de la industria argentina”, aseguró el presidente Alberto Fernández, cuando ayer recibió en la Casa Rosada al presidente de Adefa, Martín Galdeano, a los titulares de las terminales automotrices que operan en el país y al secretario general de SMATA, Ricardo Pignanelli. Producción Con 18 días hábiles de actividad, las terminales produjeron un total de 39.849 unidades en diciembre, un volumen 14,3% menor al que se registró en noviembre y 32,1% superior a las 30.172 unidades de diciembre del año pasado. El desglose muestra que el mes pasado se produjeron 19.901 automóviles, lo que significó una caída de 5,1% contra noviembre, pero una suba interanual de 98,8%. Por el lado de los utilitarios la producción fue de 19.948, un 21,1% menos que en noviembre y un 1,1% menos que en el mismo mes de 2020. En el acumulado del año, el sector contabilizó 434.753 unidades producidas, lo que marcó el crecimiento de 69% en comparación con las 257.187 unidades de 2020. En el caso de los automóviles la producción escaló hasta las 184.106 unidades, con una mejora interanual de 98%, pero el crecimiento promedio del conjunto de las unidades terminó siendo menor porque los utilitarios treparon solo 52,7% interanual al alcanzar la cifra de 250.647 unidades producidas. Exportaciones El volumen de vehículos exportados en diciembre fue de 19.615 unidades, lo que mostró una caída de 39,7% en su comparación con noviembre, aunque al comparar el resultado con el mismo mes del 2020, el sector registró una mejora en los envíos de 14%. En el acumulado 2021, el sector exportó 259.287 vehículos de pasajeros y utilitarios, con lo que registró un crecimiento de 88% en comparación con el año anterior cuando se enviaron 137.891 unidades a diversos mercados. El desglose por tipo de vehículo muestra que se exportaron 91.965 automóviles, un 154,2% más que en 2020, y 167.322 utilitarios, un 64,5% más que un año atrás. Adefa destacó que el crecimiento sostenido de las exportaciones permitió que la industria automotriz cierre el año representando el 34,3% del total de las exportaciones de Manufactura de Origen Industrial (MOI) y el 71,7% del total MOI a Brasil. Al analizar el destino se las exportaciones, los envíos a Brasil lideran cómodamente con un 66,3% y muy por detrás se ubica Chile con un 6,6%, Perú con 5,4, Colombia con 5,1, México con un 2, Uruguay 1,3, Paraguay 1,3, Ecuador 0,9 y Venezuela 0,2%. Ventas a concesionarios Sobre ventas mayoristas, el informe de Adefa arrojó que en diciembre el sector automotor en su conjunto comercializó a la red de concesionarios 32.723 unidades, un 17,7% más respecto de las entregas de noviembre y 16,1% por debajo del volumen del mismo mes del año pasado. De esta forma, el acumulado del año arrojó que la venta mayorista (a la red comercial) fue de 334.389 unidades, es decir, un 6,9% más respecto del mismo período de 2020 en el que se comercializaron 312.789 vehículos. A lo largo de todo el año se vendieron 224.678 automóviles a las concesionarias, apenas un 0,6% más que en 2020, mientras que se colocaron 109.711 utilitarios, lo que representó una suba interanual de 22,8%. “A pesar del difícil contexto tanto global como regional, el sector logró liderar el crecimiento industrial en 2021 y también mejoró su comportamiento al comparar la actividad con los niveles pre-pandemia”, destaca Adefa en su informe mensual.

Comentario de AgendAR:

La industria automotriz argentina está aún lejos de las cifras alcanzadas en sus mejores años. ES que desde 2011, y en especial desde 2018, la economía argentina no atraviesa buenos años, por cierto. Por otro lado, la industria automotriz muestra que comparte la recuperación económica que empieza a verse, luego de la pandemia. Y sigue incorporando tecnología a sus productos. La inevitable transición energética es un desafío, y también un estímulo.

Una señal para el agro: un técnico de la Mesa de Enlace será el nuevo Secretario de Agricultura

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Una nueva jugada en medio de la larga partida de ajedrez que viene disputando el Gobierno y los  productores rurales. Horas después de que la Mesa de Enlace confirmó que este sábado participará de la protesta del sector rural, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, nombró a un técnico de la Mesa de Enlace como secretario de Agricultura en reemplazo de Jorge Solmi.

Ayer se anunció que Matías Lestani, economista y director del Departamento Económico de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), asumirá hoy jueves como nuevo secretario de Agricultura de la Nación. Es la principal autoridad en el sector de agricultura, donde en este momento se están desarrollando las principales discusiones como la creación de un fideicomiso para reducir el precio del trigo y el maíz. Lo sorpresivo, es que CRA históricamente fue una de las más opositoras a muchas de las medidas del Ministerio de Agricultura, que según ha reiterado la entidad perjudican al campo. Lestani es ingeniero Agrónomo, con un Máster en Administración de Negocios. Formado previamente en la escuela secundaria agrotécnica de Alternancia CFR «El Tejado», productor agropecuario y actual Presidente de la Asociación Internacional de Movimientos Familiares Agropecuarios (AIMFR) una entidad internacional que vela por la educación agropecuaria y el desarrollo territorial en más de 40 países. Desde CRA remarcaron hace dos días que el sector necesita clarificar y dar previsibilidad en el futuro: «Es responsabilidad del Gobierno, lo que no nos puede pasar es volver a tener un año como el 2021, no sabíamos qué iba a pasar, no puede volver a suceder».

Aunque la industria automotriz se recupera, en 2021 por 1° vez se vendieron más motos que autos en Argentina

La División Motovehículos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara) informó que en 2021 se patentaron 383.683 unidades, cifra que no solo representa un crecimiento del 44,6% respecto de 2020 (265.355 unidades), sino que supera al total de autos vendidos en Argentina, que cerró el año con un total de 381.777 unidades patentadas, entre las distintas categorías. Las razones para esto son múltiples y están relacionadas con cambios en los hábitos de consumo, disponibilidad (o falta de ella) de unidades y la crisis económica. Otro de los factores más destacados es la presencia de planes de financiación de hasta 30 meses. Hasta septiembre de 2021 el mercado de autos era mayor al de motos, inclusive este año se esperaba cerrar en torno de 450.000 unidades de cuatro ruedas, pero debido a distintos factores, como problemas de importación y de producción, por falta de divisas y autopartes respectivamente, la pulseada se inclinó hacia el otro lado de la tabla. Si bien la demanda de autos se ve favorecida por la brecha cambiaria, otro factor determinante tiene que ver con la suba de precios y de mantenimiento de los 0km, además de las demoras en entregas y sobrepecios. Finalmente, muchos usuarios urbanos estarían volcándose por las dos ruedas para facilitar el desplazamiento en las ciudades cuyo tránsito volvió a cargarse. En 2019, último año que califica como “normal” el número fue de 461.853 contra 327.414 para autos y motovehículos, respectivamente, con una brecha que solía ser del 30% entre ambos. El presidente de Acara, Ricardo Salomé comentó: “el sector de los motovehículos cierra un buen año de crecimiento en el que ha sido clave que hayamos logrado impulsar, desde Acara junto al Gobierno, el programa de financiación del Banco Nación, Mi Moto, que sigue funcionando muy bien, y nos hace creer que tampoco se detendrá en los próximos meses. La venta de motos se ha ido afianzando, producto de la necesidad de utilización de la moto como medio de transporte en cada vez más provincias y ciudades, en el caso de las unidades más chicas, pero también en las del segmento medio, porque la moto también se está usando para viajes y traslados de muchos kilómetros”. Top 5 Marcas Motos 2021 Honda Motomel Corven Gilera Zanella

«Explosión» de contagios. En Argentina, en EE.UU., en Europa. Primeras reflexiones

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El ministerio de Salud de la Nación informó ayer martes 4 que en las últimas 24 horas se reportaron 81.210 contagios, el número más alto en toda la pandemia. La cifra de decesos se mantiene baja, muy baja en relación al número de contagios: en todo el país registraron 49 fallecidos por covid. Pero el dato más preocupante es que la positividad de los testeos llegó a 52%. Es decir, que en más de la mitad de las personas testeadas se registró la presencia del virus.

Este aumento «casi vertical» de los contagios detectados se registra también en Estados Unidos y en varios países europeos. Allí, se tiende a atribuir a la variante ómicrom, mucho más contagiosa. Sin duda, esa variante ya está presente entre nosotros… Una reflexión inquietante ha sido hecha en las redes sociales por la periodista Nora Bär: «Si se tiene en cuenta el subregistro por asintomáticos y los que no consultan ni se hacen el test, más de 80.000 casos notificados pueden significar entre 400.000 y 800.000 contagios reales en un día». Por nuestra parte, creemos que puede haber un sesgo «pro positividad»: tiende a testearse el que está preocupado por algún síntoma… Además, detectado en un día NO significa que se haya contagiado en estos días. Pero todo junto nos parece indicar que el virus está muy extendido en la población, con una gran mayoría entre los contagiados de asintomáticos. Si es así, puede atribuirse a la eficacia de las vacunas, y que el covid esta dejando de ser una pandemia para convertirse en otra enfermedad respiratoria endémica. Pero todavía es demasiado pronto para asegurarlo.

A. B. F.

El coronavirus, la ciencia y la información. Cómo distinguir verdades de mentiras

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«¿A quién podemos considerar un experto creíble y a quién no? ¿Por qué los científicos cambian de opinión? En otras palabras, ¿cómo funciona en realidad la investigación científica? En esta nota de la agencia alemana Deustche Welle se explora el tema.

«La ciencia es un proceso en el que ella misma se cuestiona repetidamente y eso la lleva a corregirse una y otra vez», dice Ulrich Dirnagl, investigador del ictus (la interrupción súbita del flujo sanguíneo a una parte del cerebro) en la Charité de Berlín. También dirige el Centro QUEST en el Instituto de Salud de Berlín (BIH). Dirnagl y sus colegas son responsables de gestión de la calidad de la investigación biomédica en el BIH. Es decir investigan sobre investigación. Pero incluso si la labor investigativa solo es un proceso aproximado, esto no significa que todas las hipótesis u opiniones tengan el mismo peso. Por ejemplo: hace poco, alguien contó que «una amiga partera ha visto muchos abortos espontáneos después de la vacunación contra el coronavirus». Anécdotas de este tipo pueden causar en un primer momento estupefacción. ¡La mujer es partera, ella tiene que saberlo! Partera o no, una anécdota u observación de ese tipo puede ser, a lo sumo, el punto de partida para llevar a cabo una investigación más profunda. «Definitivamente se puede generar una hipótesis a partir de una anécdota», dice Dirnagl. «Sin embargo, esto debe verificarse en estudios controlados para poder establecer una conexión causal», añade. Por cierto, no se ha podido corroborar que exista una relación entre vacunación y el índice de abortos espontáneos, a pesar de las más de 8.700 millones de dosis de vacuna inoculadas en todo el mundo.
Durante la pandemia de coronvavirus se han evaluado y retirado muchos estudios con resultados falsos.

Durante la pandemia de coronvavirus se han evaluado y retirado muchos estudios con resultados falsos.

Escepticismo organizado y autocrítica

Por lo tanto, es muy posible que la observación de la partera haya sido fruto de un mecanismo humano, conocido como sesgo de confirmación. Este error de confirmación nos lleva a creer la información que confirma lo que ya estábamos asumiendo. Nadie es inmune a dicho proceso: «Lo único que ayuda contra esto es ser el propio abogado del diablo», dice el psicólogo social Roland Imhoff, quien investiga la mentalidad conspirativa en la Universidad de Maguncia. Se trata de adoptar conscientemente una posición que se oponga a la propia opinión. Dado que la ciencia es mucho más consciente de la posibilidad de que esté equivocada que la mayoría de los negacionistas, es muy probable que continúe investigando el tema de los abortos espontáneos. «El escepticismo organizado es una norma en la ciencia», explica Ulrich Dirnagl y añade que «sabiendo que podemos estar equivocados en nuestros resultados y conclusiones, los científicos somos fundamentalmente escépticos. También hacia nosotros mismos». Por esta razón, toda publicación científica debe enfrentarse a las críticas del sector especializado. La comunidad científica evalúa los resultados de la investigación con acritud. «El escepticismo organizado también implica que al final de los buenos estudios se muestren sus limitaciones «, dice Dirnagl, por ejemplo, mencionando que no se han podido tener en cuenta ciertos aspectos.

La ciencia tiene sus límites

La ciencia no trata de demostrar que algo es cierto. Suena extraño, pero es muy simple. «Es mucho más fácil tachar una hipótesis de falsa», dice Dirnagl. «La suposición de que los cisnes son blancos es válida hasta que se avistan los primeros cisnes negros», explica. Si el objetivo de la ciencia fuera verificar una hipótesis, es decir, probar que la suposición es cierta, entonces se tendría que mirar a todos los cisnes del mundo. Nunca se puede descartar la posibilidad de que al investigador se le haya escapado un cisne.
El virólogo alemán Christian Drosten

El virólogo Christian Drosten tiene buena fama en Alemania. Investiga desde hace mucho tiempo los coronavirus.

No todos los expertos son iguales

Nuestras posibilidades de imitar los experimentos y cálculos realizados en un estudio son limitadas. Al final, se trata de que haya confianza. Roland Imhoff probó esta confianza en expertos, junto con sus colegas Pia Lamberty y Olivier Klein, en un estudio: las personas que apenas se sentían atraídas por historias conspirativas confiaban en una hipótesis, sobre todo, si estaba respaldada por un científico. El contenido de la hipótesis era secundario. En Alemania, por ejemplo, hay mucha confianza en el virólogo Christian Drosten, porque estuvo involucrado en el descubrimiento del SARS-CoV-1 en 2003 y ha estado investigando los coronavirus desde entonces. También ha publicado mucho sobre el SARS-2. Las publicaciones de Christian Drosten también deben pasar por el escrutinio crítico de sus colegas. Solo entonces se le puede considerar un experto, precisamente porque sus hipótesis y publicaciones «resisten” a la evaluación de los expertos. Ulrich Dirnagl afirma que «alguien que proclama la verdad al cien por ciento no actúa científicamente en serio».

Margaret Thatcher envió 31 armas nucleares a las islas durante la Guerra de Malvinas

El gobierno de Gran Bretaña envió docenas de bombas de profundidad nucleares en los buques que desplegó durante la Guerra de Malvinas, en 1982, y “causó pánico entre los funcionarios en Londres”, según documentos desclasificados ayer en los Archivos Nacionales británicos.

La información que estuvo oculta durante casi 40 años fue revelada por el sitio Declassified UK, en un artículo escrito por el periodista de Seguridad y Defensa, Richard Norton Taylor. Traducimos su nota:

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«La revelación está contenida en un nuevo archivo publicado en los Archivos Nacionales. Marcado como “Atómico, alto secreto”, muestra que la presencia de las armas nucleares causó pánico entre los funcionarios en Londres cuando se dieron cuenta de los daños, tanto físicos como políticos, que podrían haber causado. El régimen militar en Argentina reclamó las islas Malvinas e invadió el 2 de abril de 1982. El gobierno del Reino Unido bajo Margaret Thatcher envió una fuerza de tareas naval al Atlántico Sur para retomar las islas. Un acta del Ministerio de Defensa, de fecha 6 de abril de 1982, se refirió a la «gran preocupación» de que algunas de las «bombas nucleares de profundidad» pudieran «perderse o dañarse y el hecho se hiciera público». El acta agregó: “Las repercusiones internacionales de tal incidente podrían ser muy dañinas”. «Las repercusiones internacionales de un incidente de este tipo podrían ser muy dañinas» Las bombas de profundidad nucleares se despliegan en barcos escolta de la Armada para atacar submarinos sumergidos. El funcionario no identificado que escribió el acta continuó: “El secretario de Estado [John Nott] deseará continuar con la práctica establecida desde hace mucho tiempo de negarse a comentar sobre la presencia o ausencia de armas nucleares del Reino Unido en un lugar determinado y en un momento determinado”. La existencia de las armas provocó una acalorada disputa entre el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Relaciones Exteriores. Este último pidió al Ministerio de Defensa que «desactivara» las armas. La Marina se negó a hacerlo. El Ministerio de Defensa tomó nota de los principales argumentos a favor de mantener las armas a bordo. Declaró: «En caso de tensión u hostilidades entre nosotros y la Unión Soviética en forma simultánea con la Operación Corporate [el nombre en clave dado a la recuperación de las Malvinas], la capacidad militar de nuestros buques de guerra se reduciría drásticamente«. Un documento en el archivo dice que no hubo riesgo de una «explosión de tipo bomba atómica». Pero existía la amenaza de la «pérdida de material fisionable» si alguna de las armas resultaba dañada, lo que a bordo de las naves que llevaban estas bombas podría haber provocado hasta 50 «muertes adicionales» por cáncer. Incluso si no hubiera contaminación en caso de un arma nuclear dañada o hundida, los argentinos podrían hacerse con tecnología nuclear y “podríamos haber tenido que enfrentar una gran vergüenza en el campo de la no proliferación”, registró un funcionario del Ministerio de Defensa. Manteniendo el secreto La Marina rechazó un plan para descargar las armas que venían a bordo en la base británica en la isla Ascensión en el Océano Atlántico Sur. Dijo que esto retrasaría el paso del grupo de tareas a las Malvinas y que la operación perdería su secreto. En cambio, las armas fueron transferidas desde las fragatas y destructores a los portaaviones HMS Hermes y HMS Invincible, donde podrían estar mejor protegidas. El príncipe Andrew se desempeñó como piloto de helicóptero en el Invincible durante la guerra. A mediados de mayo de 1982, el Hermes tenía 18 armas nucleares a bordo y el Invencible 12, mientras que el buque auxiliar de la Royal Navy, el Regent, tenía una, según el archivo. Los barcos estaban dentro de la «zona de exclusión total» impuesta por Gran Bretaña alrededor de las Islas Malvinas, dicen los documentos. El archivo no dice si alguno de estos fueron bombas de control «inertes» (es decir libres de las esferas de plutonio 239 potenciada con tritio, un isótopo muy pesado del hidrógeno, los materiales que entra en fisión el primero y fusión el segundo al sufrir una compresión explosiva). Las bombas de control suelen ser utilizadas para monitorear el «deterioro de las armas (a lo largo del tiempo)», como lo expresó el académico Lawrence Freedman en su Historia Oficial de la Campaña de las Malvinas, publicada en 2005. (Normalmente, el deterioro se produce por la lenta depleción del stock de tritio, y se traduce como una pérdida progresiva de potencia termomecánica en el momento del estallido. El deterioro de los explosivos químicos usados para comprimir la esfera de plutonio raramente es significativo, pero sí lo es el de la electrónica usada para lograr una implosión coordinada a la millonésima de segundo que genere una onda de compresión perfectamente simétrica. Sin esa coordinación, una bomba de fisión potenciada, como las WE-177A que se trajo la Task Force a nuestras aguas, puede disipar su potencia en un «fizzle» termomecánicamente inofensivo, un episodio de fisión menor y de baja potencia, e incapaz de generar un segundo episodio secundario e inmediato de fusión termonuclear. Nota de AgendAR). Se utilizaron armas falsas de vigilancia y entrenamiento para testear las cargas de profundidad y ver cómo funcionarían. Eran idénticas a las armas activas, excepto que el material fisionable fue reemplazado por uranio empobrecido y sustancias inertes. Pero incluso la presencia de bombas inertes causó alarma en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Su principal funcionario, Sir Antony Ackland, escribió a Sir Frank Cooper, su par en el Ministerio de Defensa: “Me alegré mucho de tener su confirmación de que el HMS Sheffield no llevaba una munición inerte cuando fue alcanzado”. El destructor se hundió el 10 de mayo de 1982 tras ser atacado por un misil argentino Exocet seis días antes. Zona libre de armas nucleares La Cancillería británica también se mostró preocupada por la presencia de armas nucleares por el Tratado de Tlatelolco de 1967. Esto estableció una zona libre de armas nucleares en América Latina y las aguas circundantes, incluidas las Malvinas. Aunque Gran Bretaña ha firmado y ratificado los protocolos del tratado, otros países, incluida la Argentina, no lo han hecho. Según Freedman, Margaret Thatcher insistió en que ningún barco con armas nucleares entraría en las aguas territoriales de tres millas alrededor de las Malvinas (según la legislación todavía vigente en 1982, el límite de las aguas territoriales), lo que habría constituido una «posible violación» del tratado de Tlatelolco. El Ministerio de Defensa admitió en 2003 que los barcos británicos de la fuerza de tareas llevaban armas nucleares y que un contenedor de las mismas había sido dañado. La cantidad de armas no se había revelado antes de que este documento fuera transferido a los Archivos Nacionales en Kew, al suroeste de Londres. Pero el Ministerio de Defensa o la Oficina del Gabinete han eliminado varios documentos del archivo. Incluyen una nota intrigante, fechada el 11 de abril de 1982, que comienza con «Los Jefes de Estado Mayor creen …» Lo que creían los jefes militares en ese momento no se nos permite saber.»

Comentario de AgendAR:

Más allá de los datos interesantes que presenta esta nota de Richard Norton Taylor, en AgendAR tendíamos a opinar que estas repetidas «revelaciones» sobre la existencia de armas nucleares en las naves británicas durante la Guerra de Malvinas cumplen con un objetivo tradicional de la guerra psicológica: convencer al adversario que uno está dispuesto a emplear en un futuro enfrentamiento todos los recursos disponibles. Que la Task Force se vino con bombas termonucleares se sabe y se discute públicamente desde 1983. Ahora, en un largo artículo que publicaremos mañana, Daniel Arias sostiene que los militares británicos pensaban que podían llegar a necesitar bombas nucleares de profundidad ante la amenaza de los submarinos argentinos. Nuestra fuerza submarina estaba en condiciones mucho peores de mantenimiento y homologación de armas que lo que suponían los británicos. Aún así, las posibilidades de infligir daño al enemigo del único submarino argentino que logró entrar en combate, el S-32 ARA San Luis, fueron reales. En cualquier caso, con el Atlántico Sur vuelto un paraíso de pesca ilegal, los submarinos son una herramienta de soberanía que debemos recuperar. No porque sirvan para controlar pesqueros piratas, para lo cual son tan útiles como un bate de baseball para la neurocirugía, y por lo mismo. Pero sí sirven para ir disminuyendo el sentido de perfecta impunidad militar y diplomática con que Londres permite que Port Stanley emita centenares de licencias pesqueras sobre aguas en disputa, y así pagar los gastos militares de «Falklands Fortress». A los pesqueros piratas se los controla con mejores y más naves de superficie en la Prefectura y la Armada, y a los jueces federales que habilitan el caos actual con su desidia, sustituyéndolos. Esos son asuntos internos nuestros. Otra cosa sucede con el Reino Unido (RU), que desde 1986 habilitó el actual descalabro pesquero. Por ahora, en una Argentina finalmente privada de su último submarino operativo, el ARA San Juan, el RU percibe una indefensión naval y geopolítica perfecta. Por eso decide lo que quiere, adónde quiere y cómo quiere, unilateralmente y sin negociar.

Para IATA, la cabina de los aviones son lugares de «muy bajo riesgo» de contagio de Covid

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En relación a recientes comentarios relativos a los riesgos de Covid-19 durante los viajes en avión, la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA, en siglas en inglés) aclaró que aunque el Ómicron parece ser más transmisible que otras variantes en todos los entornos, la cabina del avión sigue siendo un entorno de muy bajo riesgo para la transmisión de Covid-19. Según el Dr. David Powell, asesor médico de IATA, los factores que contribuyen a mantener los riesgos de contagio muy bajos dentro de la cabina de un avión tienen relación con las características del diseño de la aeronave (dirección del flujo de aire, sistema de filtración del aire a través de filtros HEPA y renovación del aire cada pocos minutos), la orientación hacia adelante de los pasajeros mientras están sentados, uso adecuado de mascarillas y medidas sanitarias reforzadas. Además, la naturaleza controlada de la cabina de la aeronave en comparación con otros entornos cerrados agrega una medida adicional de protección. Las autoridades de salud pública no han sugerido nuevas medidas para los ambientes interiores como resultado de Ómicron; y las recomendaciones de IATA para los viajeros, incluido el uso correcto de mascarillas, no han cambiado y son aún más importantes.

Argentina se asocia con empresas de Japón y China para vender imágenes satelitales al mercado asiático

La empresa estatal argentina VENG ha firmado acuerdos con las empresas Restec de Japón y BSED de China para comercializar las imágenes generadas por la constelación satelital SAOCOM en el continente asiático. La iniciativa se suma a otros acuerdos entre VENG y otros proveedores de observación satelital de la Tierra, y está logrando que las imágenes de los satélites SAOCOM de la CONAE se vendan en todo el mundo.

Argentina y Japón son los únicos países, por ahora, con satélites-radar en banda L. A diferencia de los satélites ópticos, no necesitan de iluminación solar o de luz generada por objetos para obtener imágenes. Como todo satélite-radar. operan sin importar si abajo es de día o noche, y si brilla el sol o hay nubes de tormenta, o volcánicas, o humo de incendios. En el caso de los SAOCOM 1 y 2, estos iluminan la escena con microondas desde su altura orbital de 620 km. y recogen los rebotes en sus antenas. Esto lo hacen todos los satélites radar. Pero lo particular de los SAOCOM son las microondas en banda L: tienen una frecuencia de 1275 GHz, atraviesan cualquier obstáculo óptico en la atmósfera y penetran a través de la vegetación superficial y el suelo hasta encontrar agua. Su uso fundamental al principio fue agrícola: permiten determinar el contenido momentáneo de agua de las napas y calcular riesgos de encharcamiento, inundación o sequía, y hacer pronósticos sobre rendimiento de cosechas. Pero las imágenes de radar espacial en banda L encontraron inmediatamente otras aplicaciones ambientales. Como detectores de la presencia o ausencia de agua en el terreno, han servido para dar alertas de derrumbe o deslave de laderas, medir riesgo de incendios forestales y, al servir de altímetro y detectar variaciones ínfimas de altura en cerros, pronosticar erupciones volcánicas. Como altímetros de precisión, los radares L espaciales siguen sumando más aplicaciones: pueden detectar manchas de petróleo en el mar o los ríos, o las estelas de buques, e incluso en modo de alta resolución, los propios buques. Hoy un SAOCOM es una solución en busca de problemas. Y la Argentina tiene dos. El valor comercial e incluso geopolítico y estratégico del producto de los 3 satélites-radar en banda L que vuelan a fecha de hoy es enorme. Y sobre todo, por lo escaso. Inevitablemente, estp genera la pregunta de por qué hasta hoy estas naves sólo las tienen Argentina, con sus dos SAOCOM, y Japón, con su solitario Alos 2; países con flotas satelitales relativamente menores. La respuesta: requieren antenas y potencias eléctricas gigantes, y su construcción no sólo es muy compleja sino también muy cara. En criollo: ellos no la vieron, nosotros sí. La CONAE desgraciadamente hoy no tiene otros satélites en vuelo, salvo los SAOCOM 1A y 1B. La nomenclatura de los mismos muestra que hubo planes de tener una flota SAOCOM mayor, pero con presupuestos siempre acotados y frecuentemente recortados desde la fundación misma de la agencia, en 1990, ambos SAOCOM tuvieron tiempos de construcción larguísimos. ¿Cuánto de larguísimos? Alrededor de 20 años desde inicio de integración en las salas limpias de INVAP, Bariloche, a su puesta en plataforma de lanzamiento en EEUU. Con la plata necesaria, un desarrollo de este tipo habría salido adelante entre 5 y 10 años. Rápido no hubiera sido nunca: la ingeniería incluía el desafío de subir a órbita de 620 km. unas antenas de radar gigantescas, como jamás se habían construido otras. La imagen es elocuente. Pero en 20 años de puro apriete presupuestario, las baterías de níquel-cadmio en las que los SAOCOM acumulan potencia para generar imágenes pasaron de ser el último avance en almacenamiento de electricidad a tecnología obsoleta. Alrededor de 2010 las baterías de iones de litio ya eran «la posta», el nuevo paradigma no sólo en las aplicaciones espaciales o militares sino en la calle. En todo sentido: con estas baterías, Tesla ya iba camino de volverse la marca de autos eléctricos más valiosa de la historia. Las pesadas y poco eficientes baterías de níquel-cadmio con que vuela cada SAOCOM le permiten obtener unas 120 imágenes/día. Parece poco, salvo que se entienda que estos satélites se toman el trabajo de iluminar activamente el terreno con microondas, en lugar de recibir pasivamente luz solar reflejada. Gastan electricidad a espuertas, y la reponen con una placa fotovoltaica que, vista con ojos de hoy, es chica para satisfacer semejante demanda. Pero rediseñar ambas plataformas para mejores baterías, cuando aparecieron a fines de los ’90, habría implicado rehacer toda la arquitectura eléctrica de ambas naves y atrasado aún más su construcción.c El Alos 2 de la JAXA, la Agencia Espacial Japonesa, tiene baterías de litio y placas fotovoltaicas muy grandes, para manejar este cuello de botella que es la carga eléctrica disponible para la misión. También las tuvo el viejo Alos 1, lanzado en 2006, que sirvió para establecer, al menos en Japón, que el radar espacial en banda L era un asunto de necesidad y urgencia. Concretamente, el Alos 1 predijo un deslave en la montañosa isla de Honshu días antes de que sucediera, y con ello salvó la vida de los habitantes de una ciudad que quedó sepultada por el barro. Sin embargo, no fue todo coser y cantar con este aparato: en 2008, JAXA admitió que de 4300 imágenes obtenidas por el ALOS 1, sólo 52 tenían suficiente definición como para ser de utilidad cartográfica. Luego, la agencia resolvió el problema «por software»… hasta 2011, en que algún probable fragmento de basura espacial discapacitó al satélite. El cual no tardó en ser repuesto por su sucesor, visto que daba servicios insustituibles. Aquí las cosas fueron más lentas. Uno se pregunta cuántos ministros y/o secretarios de agricultura, ganadería y medio ambiente se enteraron de que los SAOCOM podían ser herramientas valiosas. Uno se pregunta si trataron de hablar con sus ministros de hacienda, jefes de gabinete o presidentes/as para acelerar este desarrollo. Son políticos y/o gente del agronegocio que supuestamente saben que en sus mercados la información sobre rendimientos de cosecha, sean propios o ajenos, es poder, y la que dan los SAOCOM es mucho más predictiva que los «índices verdes» generados por los centenares de cámaras ópticas en órbita. Las imágenes en banda L toman en cuenta el agua bajo las raíces de las plantas o su ausencia, dato que decenas de otros satélites ópticos ignoran. Tal vez algún ministro o secretario trató de dar una mano. Si lo hizo, no se notó. Tenemos una cantidad de políticos con título de abogado, otra menor con título de médico, y una mayoría importante cuya carrera se hizo con una mezcla de rosca partidaria y de negocios. Así las cosas, la escasa cultura científica y técnica de nuestra dirigencia le sale cara al país. Para hablar de plata, ese idioma que entiende cualquiera, los acuerdos de venta de la CONAE de este tipo de imágenes van generándole un mercado de nicho, y seguramente en unos años más, competencia. Es difícil que las potencias espaciales grandes (EEUU, Rusia, China, la India) permitan que Argentina y Japón tengan un momento monopólico muy largo de la banda L espacial. La buena noticia es que mientras dura, se le empieza a sacar partido. La empresa nacional VENG, cuyo accionista mayoritario es la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales), firmó un acuerdo el pasado 11 de noviembre con Restec (Remote Sensing Technology Center of Japan), una empresa con base en Tokyo especializada hace 45 años en soluciones basadas en datos satelitales. De esta manera, Restec podrá ofrecer a sus clientes, tanto en Japón como del resto del mundo, las escenas provistas por los satélites argentinos SAOCOM 1A y 1B. Además de a Japón, los productos SAOCOM llegaron al mercado chino. A principios de septiembre de este año VENG firmó un acuerdo con BSED (Beijing Smart Earth Digital), una empresa establecida en 2012 con base en Beijing, para que pueda comercializar escenas SAOCOM en China. Estos acuerdos se suman a otros existentes con los que cuenta VENG y a otros nuevos que está actualmente negociando. De este modo, en un mundo donde las imágenes ópticas desde órbita baja ya son un lugar común, la CONAE va construyendo su marca con productos especiales que no tiene prácticamente nadie. Los satélites SAOCOM 1A y 1B, cuyas siglas significan “Satélites Argentinos de Observación con Microondas” de la CONAE, fueron lanzados al espacio desde Estados Unidos en los años 2018 y 2020, respectivamente. Viajaron a bordo de dos cohetes Falcon 9 de la empresa Space X que los inyectaron en órbita baja. Y ambos satélites poseen colosales antenas SAR (Radar de Apertura Sintética por sus siglas en inglés) que emiten y reciben haces de microondas en banda L. VENG es la empresa designada por la CONAE que, desde el 2020, comercializa los productos basados en información satelital generados por la constelación SAOCOM. Actualmente, Argentina es el único país de América que comercializa escenas satelitales en Banda L a través de un satélite propio.
Preparando para ser lanzado el SAOCOM 1-b
“Tanto los satélites argentinos SAOCOM 1A y 1B como el ALOS 2 de Japón, son los únicos tres actualmente operativos en el mundo que poseen, como instrumento científico, un radar de apertura sintética en Banda L. A pesar de que Japón contaba con esta tecnología, es una muy buena noticia que Restec haya decidido hacer esta alianza para ofrecer escenas SAOCOM en su país y en el mundo. Sin dudas, es un acuerdo que nos potencia a ambos como jugadores del mercado global de escenas satelitales”, explicó Adrián Unger, subgerente de Información Satelital de VENG. Respecto a la utilidad de las escenas que genera la constelación SAOCOM, Unger aclaró: “Gran parte de nuestras escenas son utilizadas para generar «stacks interferométricos». Son grupos de escenas tomadas a través del tiempo que, mediante una preselección hecha por VENG, sirven como materia prima para estudios interferométricos». Estos permiten detectar cambios en el terreno e infraestructura de pocos centímetros, útiles para medir deforestación, daños en infraestructura, dar alertas tempranas de aludes y deslaves, suministrar datos para la explotación minera y petrolera, y la lista sigue. Lo dicho, la banda L es una solución en busca de problemas.

Acuerdos previos

VENG firmó en diciembre de 2020 un acuerdo con la empresa italiana e-GEOS, propiedad de la Agencia Espacial Italiana (20%) y la empresa Telespazio (80%). A partir de ese acuerdo, E-GEOS potenció su oferta de productos satelitales en todo el mundo, dado que previamente ya comercializaba los productos generados por los cuatro satélites italianos Cosmo-SkyMed cuya tecnología radar es en Banda X. Así, desde la firma de ese acuerdo, puede combinar ambas tecnologías para responder a las necesidades de sus clientes. Estos cuatro satélites junto a los dos satélites SAOCOM conforman el Sistema Ítalo-Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (SIASGE), creado por la CONAE y la Agencia Espacial Italiana (ASI). El acuerdo es bastante beneficioso para la ASI: construir radares espaciales en una banda de alta frecuencia, como la X, no requiere de las proezas de generación, manejo y uso de la electricidad a bordo que la banda L, ni de antenas del tamaño de una cancha de squash.

¿Qué es VENG?

VENG es una empresa de servicios y desarrollos tecnológicos de alto valor agregado, con especialidad en la actividad espacial. Con más de 14 años de experiencia, y una nómina actual de 450 colaboradores, VENG participa en proyectos estratégicos del Plan Espacial Nacional Argentino, como el desarrollo de prototipos de vehículos lanzadores para el acceso al espacio y la integración y ensayos de componentes satelitales. Cuando VENG llegue, a través de algunos prototipos, a un lanzador definitivo, el Tronador II, la CONAE dejará de «hacer dedo» o de pagar a terceros por puesta en órbita. Tendrá su propia escalera al cielo, y podrá alquilarla a otros. Este lanzador no aspira a grandes cargas ni grandes alturas: hasta 200 kg. y 1000 km. de altura. Pero tener esta capacidad en el país no será un hecho banal en lo tecnológico, comercial o estratégico. Por otra parte, VENG se dedica a la operación de dos estaciones terrenas en el país, en las provincias de Córdoba y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, y sus respectivos centros de control de misiones satelitales. VENG tiene la representación mundial exclusiva de los productos de la misión SAOCOM, y está constituida como sociedad anónima con participación estatal mayoritaria a través de la CONAE.

Daniel E. Arias

Imagen SAOCOM LID de la ciudad de Tokio

La Cámara de la Industria Argentina del Software anuncia 400.000 nuevos empleos antes del 2030

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La industria del software y de servicios informáticos proyecta crear 400.000 nuevos empleos en los próximos ocho años y sumar US$10.000 millones a las exportaciones que el sector realiza en la actualidad, con el sostenimiento del marco regulatorio que generó la Ley de Economía del Conocimiento.

En la última reunión del año de esta industria, las autoridades de CESSI Argentina presentaron el proyecto «Software as a Future 2030 (SaaF2030)«, que comprende a todos los actores de la comunidad relacionados con la formación y el empleo en la industria IT. De esta forma, el plan incluye tanto a las empresas de esta industria como a compañías de otras actividades que requieren de soluciones informáticas, instituciones educativas y al Estado en sus tres niveles; Nación, provincias y municipios. «Los diversos modelos de negocio de la industria se encuentran en constante crecimiento y presentan una activa demanda de perfiles profesionales acordes» explicó el titular de la Cámara de la Industria Argentina del Software de Argentina (Cessi), Sergio Candelo. Agregó que «las restricciones de crecimiento pasan casi exclusivamente por la capacidad de recursos humanos» y por eso se hace necesario «postular un desarrollo de formación para la empleabilidad en la industria del software, que es casi el equivalente a desarrollar un programa de crecimiento del sector». Entre los principales objetivos del proyecto está la generación de más de 400.000 nuevos empleos a nivel país, por encima de 122.000 puestos existentes a fines de 2021, con un promedio de remuneración que hoy duplica la media del empleo registrado privado en Argentina, indicaron desde la cámara. Precisaron que sobre 6 millones de personas empleadas en el sector privado, la meta de 400.000 para 2030 «representaría un 15% de incremento de puestos de trabajo de todo el empleo privado». Si se cumple esta proyección la «industria del software se convertiría en el segundo sector con más empleo del país«, dijo Candelo. A su vez la previsión es generar «más de US$ 20.000 millones de producción bruta anual al año 2031, por sobre el PBI actual de la industria en Argentina, medido en U$ 5.000 millones en el 2021». «La industria se convertirá así en la segunda industria más importante del país, en generación de riqueza», subrayaron desde la Cessi. También proyectan generar exportaciones por más de U$ 10.000 millones anuales incrementales en ese período, que se sumarían a los US$6.000 millones existentes en la actualidad, lo que elevaría al sector del actual cuarto puesto al segundo lugar en el ranking de generadores de divisas. El proyecto tiene como bases sólidas la Ley de Economía del Conocimiento, que otorga beneficios impositivos al sector, y los resultados de los planes de capacitación en programación que se articularon entre el Gobierno nacional, a través del Ministerio de Desarrollo Productivo, y la Cessi. Entre ellos se encuentran el plan Argentina Programa, en el que se inscribieron 700.000 personas, un plan de especialización que incluye cursos de programación de siete meses de duración y una última etapa de monitoreo con empresas del sector. «La industria IT venció el primer gran desafío que es el de generar interés e incentivos para que jóvenes y adultos deseen trabajar en ella, y se desarrolló a partir de que todo un ecosistema se sienta protagonista de este cambio», sostuvo el vicepresidente de Cessi a cargo del SaaF, Blas Briceño. También destacó que al cierre de 2021, de las empresas que solicitaron la inscripción en el régimen de promoción de la Economía del Conocimiento, «más de 2.000 iniciaron el tramite y 310 ya tienen los beneficios». También subrayó la creación de 64 nodos productivos de esta nueva industria instalados en las 23 provincias argentinas y que «no solo se verificó un crecimiento sostenido del empleo, sino que creció más por fuera del eje tradicional de Buenos Aires-Córdoba- Rosario» La economía del conocimiento y «en especial el vertical de tecnología» es uno de los sectores que se espera tenga una demanda activa de trabajadores en 2022, «producto de la aceleración de los procesos de transformación digital que gran parte de las compañías», según los resultados del último reporte de la consultora Randstad.