Economia prepara un bono dolar-linked para que petroleras financien importaciones de combustibles

El gobierno le solicitó el miércoles a las petroleras YPF, Raízen (Shell), Axion Energy y Trafigura (Puma) que financien sus compras al exterior durante los próximos 90 días. Para cumplir con el pedido, las refinadoras deberán conseguir créditos por unos US$ 800 millones. A cambio, las empresas reclamaron que en junio los precios de los combustibles se incrementen al menos un 6 o 7 por ciento. La medida del gobierno busca descomprimir la presión sobre las reservas mientras el Ministerio de Economía gestiona un desembolso del FMI que traiga alivio antes de las elecciones. Según explicaron fuentes oficiales y representantes privados, la Secretaría de Comercio publicará en los próximos días una resolución que habilita a las petroleras a recibir una letra del Banco Central (BCRA) ajustable a dólar linked para viabilizar que las empresas consigan créditos de bancos locales para pagar las importaciones de naftas y gasoil durante el próximo trimestre. ¿Cómo funcionará el esquema? La mecánica que estará plasmada en la normativa que se publicará en los próximos días es similar a la que ya se utiliza para que los productores agropecuarios pre-financien exportaciones de granos. Una vez que las petroleras consigan los dólares para comprar los combustibles, los cambiarán por pesos en el mercado oficial que controla el BCRA. En esa instancia, la entidad que preside Miguel Pesce otorgará una letra a las petroleras que será remunerada en dólares (dólar linked) para que los privados no deban cargar con el costo de la depreciación del tipo de cambio.

Costo extra

«El esquema ya incluye un extra-costo que es el interés que tendrán que pagar los privados por el financiamiento. Se estima que la tasa anual rondará un 13%, por lo que el interés en dólares por trimestre estará cerca del 3%. Si a ese número, hay que sumar un segundo extra-costo representado por la pérdida de valor en pesos producto de la devaluación, la operatoria sería inviable», explicó una de las fuentes consultadas. El encargado de transmitir el planteo del gobierno a las petroleras fue Matías Tombolini, titular de Comercio, que estuvo acompañado por el presidente de BCRA, Miguel Angel Pesce, y la secretaria de Energía, Flavia Royón. En los hechos, el pedido está dirigido tres de las cuatro refinadoras, YPF, Raízen y, en menor medida, a Trafigura, ya que Axion Energy (PAE) prácticamente no importa combustibles. La Argentina importa por mes entre 5 y 6 cargamentos de naftas y gasoil, que a los precios actuales tienen un costo estimado cercano a los 270 millones de dólares. De ahí la cuenta que trazan en Economía: la importación en los próximos 90 días costará unos US$ 800 millones. El mecanismo cambiario que el gobierno puso sobre la mesa de las petroleras fue conversado no solo con la industria petrolera sino también con automotrices y empresas de consumo masivo y que busca generar, según fuentes oficiales, un ahorro en conjunto de unos US$ 3000 millones para las arcas del Central.
El pedido se suma a otra medida que había tomado la entidad monetaria a fines de abril cuando postergó pagos por importación de servicios profesionales y de fletes entre empresas vinculadas por hasta US$2000 millones hasta fin de año. Además, agregó que las empresas deberán pedir autorización previa para poder honrar el pago de intereses generados por deuda tomada intraempresas. “En el caso de que el acreedor sea una contraparte vinculada al deudor, se requerirá hasta fin de año la autorización previa para acceder al mercado de cambios para pagar servicios de intereses de deudas comerciales por importaciones de bienes y servicios y/o de préstamos financieros con el exterior”, detalló la entidad en un comunicado.

La agencia I+D+i lanza el primer censo de empresas de Bio y Nanotecnología

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La Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), del Ministerio de Ciencia, en conjunto con la cartera científica, la Fundación Argentina de Nanotecnología, la Cámara Argentina de Biotecnología que agrupa a los privados del sector, el Consejo Federal de Inversiones y el Centro de Investigaciones para la Transformación de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), llevarán a cabo un censo a nivel nacional para determinar el número total de empresas de biotecnología y nanotecnología existentes en el territorio argentino. El objetivo es determinar las capacidades existentes en el sector privado del país en ambos campos, así como su aporte en Investigación y Desarrollo, y sus áreas de aplicación.

Empadronamiento

En primera instancia, las instituciones organizadoras del censo convocan a las empresas de ambos sectores a empadronarse para recibir el formulario que luego deberán completar para participar de esta iniciativa. En caso de ser una empresa que investigue, desarrolle y/o comercialice productos y/o procesos biotecnológicos o nanotecnológicos, deberán registrarse para luego recibir el formulario correspondiente. El empadronamiento está abierto desde el 15 de mayo y cierra el 15 de junio 2023. Link para registrarse: docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSf6E4RHoIC5gFVfi_AUBXcFOETyxJiG3nQdtD-JqYqQBQUSxw/viewform

Objetivo

El censo tendrá como objetivo consultar sobre los aspectos básicos de dichas empresas, como por ejemplo el tipo de tecnología que emplean para el desarrollo de sus productos y/o procesos productivos, las áreas de aplicación dentro del campo de la biotecnología y/o nanotecnología, cuestiones relacionadas con los recursos humanos que las conforman y aspectos vinculados con la innovación dentro de la empresa. La iniciativa dará inicio a mediados de junio con un evento de lanzamiento en la ciudad de Buenos Aires, al que asistirán autoridades nacionales y representantes de empresas de ambos sectores. En dicho evento, se brindarán detalles de la implementación del censo y habrá un espacio para el intercambio de ideas y networking.

Una reparación muy argentina de la central nuclear Atucha II

La central nuclear Atucha II sigue fuera de servicio desde Enero de 2022, pero ya se definió cómo se va a reparar, y las herramientas para ello fueron diseñadas, construidas y se ponen a prueba en un enorme simulador físico por la constructora y operadora estatal NA-SA (Nucleoeléctrica Argentina SA). La tarea real tendrá lugar en junio, durará menos de un día y cerrará cuentas en U$ 20 millones. El diseñador de la máquina, la multinacional SIEMENS, pedía U$ 400 millones y de 2 a 4 años por la tarea. Esta máquina produce el 3% de la electricidad del Sistema Argentino de Interconexión por U$ 787.000 diarios. Y vuelve al ruedo entre Julio y Agosto. Lo que hay que arreglar es un desperfecto simple en un sitio complejo: el “plenum”, que alimenta de refrigerante el núcleo de la central. Está en la parte más profunda de un recipiente de presión de 670 toneladas, de acero al cromo-níquel-molibdeno forjado, con paredes de 28 cm. de grosor. Hasta 2007 el recipiente de Atucha II fue el mayor del mundo. Se lo diseñó para no ser abierto jamás durante 30 años operativos continuos, o sólo cuando la central tuviera que ir a decomisión. Si hubiera un campeonato mundial de sitios inaccesibles por lo recónditos y radioactivos, el plenum de Atucha II probablemente sacaría algún premio.  
El “plenum” de refrigerante del recipiente de presión es la cavidad amarilla bajo el tanque del moderador, en rojo, el sitio donde hay que cortar en tres partes y retirar un componente roto. Refrigerante y moderador son la misma cosa, agua pesada, pero a temperaturas y presiones muy distintas, y en circuitos totalmente discriminados.
Como ya sucedió en 1988 ante un desperfecto de internos en la primera Atucha, se consultó ante todo con el fabricante, SIEMENS. Su respuesta casi automática, en el caso actual fue de este tipo y tenor: Unsere Lieben Argentos: Primero destapamos el recipiente de presión y desmontamos los centenares de componentes del interior (muy radioactivos), pieza a pieza. Ahí van U$ 400 millones, para empezar. Gastos adicionales emergentes de gestión, radioprotección y obviamente la fabricación de nuevos componentes, se facturan aparte, porque fija que al sacar tantas cosas y tan apretadas, algunas se rompen, Verwünschung! Esto tomaría dos años, aunque… (aquí, largo suspiro nibelungo) ¿Cómo saber que nos vamos a encontrar cuando destapemos el recipiente de presión, hein? Y Uds pagan el lucro cesante, Das ist klar? Como aquí nadie se creyó que desarmar semejante Tetris de metales activados tomara sólo dos años, y cada mes de operaciones de Atucha II reemplaza la importación de un barco metanero grande, de esos con 56 millones de m3 de gas natural licuado, y como desde que hubo que parar la central ya vamos por el quinto barco y contando, la respuesta de NA-SA fue un cortés “No, gracias”. No hubo otras comunicaciones notables con la multinacional. Tras dejarnos en la estacada con la rotura de Atucha I en medio de los apagones de 1988, y además interferir su reparación por su entonces propietaria y operadora, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), SIEMENS perdió todo su prestigio y poder sobre el Programa Nuclear Argentino. Que eran enormes. Perdió más cosas. Tras 24 años de desnuclearización de toda la República Federal Alemana, en Argentina sabemos más que ellos de fierros atómicos, incluso de los que nos vendieron: se han ido quedando sin recursos humanos en ingeniería nuclear. Marketineros todavía tienen, se ve. Como dijo otro alemán, Karl Marx: “La Historia ocurre dos veces: la primera como una tragedia, y la segunda como una farsa”. La reparación “fatta in casa” hecha por NA-SA costará al 20 veces menos y durará un día. Desde que se tuvo el diagnóstico de qué había pasado en los internos de la central, NA-SA podría haber dejado la central lista para puesta en marcha en un par de semanas, pero hubo y hay que licenciar el diagnóstico, y cada procedimiento y herramienta «curativas» ante la ARN (Autoridad Regulatoria Nuclear), antes de meterle mano. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en 1988 era dueña y operadora de Atucha I. Cuando aquel año se rompieron algunos internos del reactor de esa centralita bonaerense, la CNEA rechazó con mucho más conflictos de pasillo otra propuesta de reparación de SIEMENS, también a recipiente de presión abierto. Se tardó meses en acordar -con bastante asombro- que el abordaje de la SIEMENS no era sólo absurdamente complicado, sino también un robo. Y se tardó 2 años en entender que en realidad SIEMENS quería irse de la sociedad con CNEA en particular, y del negocio nuclear en general, y además en todo el mundo, incluida la República Federal Alemana. Pero de aquí quería irse con plata. En remplazo de la propuesta germana, la CNEA tuvo que inventar una cirugía a recipiente cerrado y con herramientas a telecomando, diseñadas ex-profeso para aquella tarea. Resulta algo parecido a lo que se va a hacer hoy en Atucha II, pero el problema de internos hoy es distinto y más simple, y el de 1988 fue mucho más extenso y complejo. Lo cierto es que aquel año jamás se había intentado siquiera nada por el estilo en ninguna central nuclear del mundo. Hubo que hacer magia, sacar conejos de la galera. Aquella propuesta de SIEMENS de 1988 fue de U$ 200 millones y suponía parar la central al menos 2 años, que podía fácilmente volverse el doble o el triple, por el tamaño, la complejidad y novedad de la tarea. La reparación “a la criolla” costó U$ 17 millones y se hizo en 9 lentos meses, con el país sumido en apagones. Los 9 anteriores se habían malgastado en intentos de una propuesta más amigable y/o razonable con la firma alemana, a la sazón socia principal y estratégica del Programa Nuclear Argentino.  
Presentación recientísima: el libro donde Jorge Sidelnik, Roberto Perazzo y Juan C. Almagro, 2 de los protagonistas principales de l»a reparación imposible» de Atucha I, entre 1988 y 1990, cuentan la historia.
Con aquella reparación que SIEMENS llamó “imposible”, adjetivo repetido una y otra vez por nuestros insobornables multimedios, el país ahorró U$ 183 millones de entonces. A valor actualizado de hoy serían U$ 480 millones. Eso, sin contar los apagones. Frente a la inesperada reacción independientista de la CNEA y no sin ayuda de otra multinacional, Greenpeace, SIEMENS prendió el ventilador: lanzó una campaña mediática de terror advirtiendo a toda cadena, pasquín, provincia, municipio o político al uso sobre un posible Chernobyl bonaerense, y se fue de la CNEA con ese portazo. Haben Sie eine gute Reise! Chernobyl, tu abuela. Una vez vuelta al ruedo, en 2000, Atucha I no sólo no volvió a dar problemas: más bien fue mejorando en todo. Pasó de unas 20 salidas no programadas de servicio por año a casi ninguna. La disponibilidad subió del 71% al actual 89%, la potencia pasó de 320 a 357 MWe, y el nuevo combustible “Pilcaniyeu”, ligerísimamente enriquecido, dura un 80% más que el original. También perdimos un mal socio. Eso no tiene precio. ¿Qué se rompió ahora, y por qué y cómo?
Personal practicando la inmovilización y corte de la pieza desprendida en el simulador físico armado “ad hoc” dentro de la sala de turbinas de Atucha II. El simulador es un tanque de agua de unos 17 metros de profundidad, y copia las condiciones de presión y estrechez del “plenum” del recipiente de presión de la central.
La pieza que se rompió en la segunda y mayor Atucha es un separador, uno de cuatro idénticos, ubicados todo en el fondo más profundo del recipiente de presión, el “plenum”. Éste “plenum” es un tanque de refrigerante: tiene como fondo un piso de bloques de acero de varias toneladas encastrados entre sí con precisión milimétrica y un techo muy bajo, el fondo del tanque del moderador. Pese a su tamaño avaro, por el plenum circula, rugiente, un caudal de refrigerante de 10,3 toneladas por segundo. El moderador y el refrigerante son lo mismo, agua pesada o D20, formada por un átomo de oxígeno y dos no de hidrógeno sino de deuterio. Pero en una u otra función, el agua pesada debe estar a presiones y temperaturas distintas y circular por circuitos distintos. Y estos deben estar incomunicados entre sí. Los separadores tienen forma de disco, son de acero inoxidable, pesan unos 15 kilos y en realidad no separan nada de nada. Deberían hacerlo en caso de derrumbarse el tanque del moderador, para evitar que éste quede apoyado en el piso del recipiente de presión. Si lo hiciera, anularía el plenum como cavidad de circulación. Nadie quiere que eso suceda: desde el plenum asciende el refrigerante por 451 canales, brutamente impelido por dos bombas de tan bárbara potencia que gastan casi 10 megavatios eléctricos. Esta catarata inversa, ascendente y entubada enfría las 85 toneladas de combustibles, arrastrando 2160 megavatios de potencia térmica lejos, hacia los generadores de vapor. Sin esta refrigeración forzada, en la cual el agua pesada sale entra al núcleo desde abajo a 280º C y sale por arriba a 320º C, las barras de zircaloy y pastillas de cerámica de uranio acumularían calor hasta el “meltdown”, se derretirían, y la anónima Atucha II estaría saliendo en este mismo medio y en todo el mundo, pero por las causas equivocadas. Me adelanto a la pregunta: el D20, que es química y físicamente muy parecido al agua, en su rol de refrigerante no hierve. Nadie quiere burbujas en el circuito de refrigeración: no enfrían. Y el refrigerante no hierve porque está sometido a una presión muy bestia, de 115 atmósferas: es 50 veces la del aire en el neumático de un Volkwagen Vento, por dar un ejemplo banal pero de lo más teutón. Ahora Ud. acaba de entender por qué nuestras centrales clasifican como PHWR, Pressured Heavy Water Reactors, que forman más o menos el 11% del parque nuclear mundial. Las de uranio enriquecido, que usan agua natural, son muchas más y no llevan H: se las llama PWR, Pressured Water Reactors. Me adelanto a otra pregunta: el enfriamiento del núcleo nunca estuvo en peligro: el separador llegó a obturar un 80% del canal refrigerante AD13, pero hay 450 canales más. Se bajó la potencia de la central al 60% mientras se hacía un diagnóstico, y se aprovechó una parada total obligatoria no planificada (la turbina estaba vibrando) para terminar de entender el problema y encarar. Esto es industria nuclear. No se opera con fierros sueltos en el núcleo del reactor, punto. Sin embargo, volviendo a nuestro plenum, los cuatro separadores podrían eliminarse sin dramas. En condiciones normales no están hombreando ninguna carga. Son esas redundancias de redundancias en la que abunda la seguridad nuclear, y máxime si es alemana. Los separadores Atucha II los heredó pasivamente del diseño de Atucha I, donde tampoco sirven para un comino, pero como jamás causaron problema alguno, quedaron. Era más vueltero y caro licenciar la modificación en planos antes las autoridades regulatorias que dejarlos como estaban. Y es que para un regulador obsesivo (y su trabajo es serlo), lo redundante en seguridad es inherentemente BUENO. Si las defensas ante accidentes se escalonan en profundidad, cuánto más escalones, mejor. Si sugerís eliminar un escalón para simplificar la ingeniería y el regulador te mira muy fijo, es porque lo que se va a complicar es tu vida. Para dar una idea: Atucha I tenía 3 grupos generadores diésel de “back-up” para garantizar que las bombas de refrigeración funcionaran aún en caso de apagón de la red, el entonces llamado Sistema Nacional Interconectado. El primer diésel entra en acción si se cae la red. El segundo, suple la red y el primer diésel. El tercero, la red y los diésel número 1 y 2. Pese a que la probabilidad de que se caigan simultáneamente la red y además tres bombas de back-up es estadísticamente despreciable, la filosofía regulatoria es que a más escalones en una línea de defensa, mejor. Por eso Atucha II nació no con 3 sino con 4 generadores diésel. Y ojo, esto se determinó en 1980, 6 años antes del accidente de Chernobyl, 21 antes del de Fukushima, y porque a los germanos les gusta que sobre y no que falte. El OIEA terminó recomendando esto de cuatro generadores de back-up escalonados en profundidad recién en 2012. El mundo regulatorio nuclear adora la redundancia. La CNEA tenía incluso 2 oficinas regulatorias internas redundantes, el Comité de Licenciamiento, o CALIN y la Gerencia de Radioprotección, que controlaban ambas a la CNEA y cada una a la otra. ¿Por qué los separadores no llevan carga alguna, y no la llevarán jamás? Para caerse y obturar el plenum, el tanque del moderador debería soltarse de unas estructuras superiores que lo mantienen levantado, a la altura de los caños que salen desde el recipiente de presión hacia los generadores de vapor. Son estructuras enormes. No es imposible que se rompan o desprendan, pero antes probablemente se congele el infierno. «No hay terremoto que pueda romper esos soportes”, dice el Dr. Jorge Sidelnik, vicepresidente de NA-SA. En realidad, tampoco alcanzó con misiles antibuque. Me refiero a los Exocet AM39 que en Malvinas hundieron el destructor británico HMS Sheffield y la conteinera STUFT Atlantic Conveyor, y de despedida sacaron de servicio al portaaviones HMS Invincible hasta el fin de la guerra.
Reunión en el OIEA de Viena sobre seguridad nuclear. A izquierda, Rafael Grossi, director del organismo. A derecha, Abel González, el experto de referencia de Naciones Unidas en radioprotección. Ambos, argentinos. Un «dream team».
El Ing. Abel González en los ’80 fue codiseñador y constructor inicial de Atucha II, y hoy es uno de los dos mayores expertos en radioprotección del mundo, como testifica su premio Sievert (el equivalente al Nobel en su disciplina). BTW, tenemos 3 Sieverts, 1 más que EEUU y 2 más que cualquier otro país nuclear, la radioprotección y los centrodelanteros son la verdadera salsa criolla. González me recordó por teléfono, desde Viena, que las cúpulas de los edificios de contención de SIEMENS, como el de Atucha II, bajo su cascarón de hormigón ultradenso tienen un “liner” esférico interno de acero Aldur de 3,5 cm. “Todas esas corazas sobre corazas se bancaron no sólo un misil transónico con 160 kg. de carga explosiva, Arias. Se bancaron dos, y sin siquiera dejarlos penetrar”, me dijo. Efectivamente, el 17 de Noviembre de 1987 durante la guerra entre Irak e Irán, la aviación iraquí misileó dos veces la central nuclear iraní de Bushehr, entonces en obra. Saddam Hussein, a la sazón con apoyo unánime de la OTAN, se permitía esas cabronadas sin rechiflas de prensa desde Occidente. Bushehr tiene aún esa misma cúpula semiesférica, tan identificatoria de nuestras dos centrales sobre el Paraná de las Palmas. Atacar Bushehr a don Saddam le sirvió tanto como tirarle huevos a un acorazado: el diseño alemán es wagneriano. Sus centrales son superproducciones caras, pero en materia de seguridad, dormís sin frazada. Las Atuchas SON bichos raros en otros sentidos, máquinas únicas en el mundo, pero cada una tan a su modo que la primera, hoy de 357 MWe, no puede considerarse prototipo de la segunda, de 745 MWe. Atucha II se parecerá lo que quieras a Atucha I pero no es «un Atuchón», una copia grandota de su predecesora. Si faltaba explicarlo, en este brete de Atucha II se operará con herramientas telecomandadas. Son, enumerando, una sopapa inmovilizadora para capturar el separador, un especie de «cama quirúrgica» retráctil, una pinza, luces fortísimas, cámaras de video, una soldadora, una aspiradora y una máquina de corte, pero todo a través de tubos de 10,5 cm. de ancho, en la oscuridad, en un espacio minúsculo y radioactivo, y desde 16 metros de profundidad. El separador suelto se extraerá por un tubo refrigerante cortado en tres pedazos, y los otros tres recibirán cuatro puntos de soldadura cada uno, como para soportar décadas de violentísima corriente de refrigerante sin vibrar ni desprenderse. Sumando, esto es como operar un aneurisma cerebral a cráneo cerrado… pero por un caño minúsculo, mediante video, con el paciente bajo agua, y desde un sexto piso. Y sin embargo, en comparación con las reparaciones mucho más extensas y complejas que mereció Atucha I entre 1988 -y quedó joya-, esto es coser y cantar. Que ambas Atuchas sean más raras que dos perros verdes y de yapa, cada una un prototipo único, tiene causas históricas muy ajenas a la ingeniería y a la voluntad argentina. Son las mismas que nos volvieron el país pionero y probablemente más experto del mundo en remediar rupturas en sitios inaccesibles de recipientes de presión nucleares. No por ganas, sino porque, como dicen en Mondoñedo: «Por fuerza, ahorcan». Y aunque eso se aparte un poco del periodismo y entre en la historia geopolítica del siglo XX, no hay otro modo de entender semejante suma de rarezas como las nuestras. Los linajes que no fueron  
Central nuclear de Embalse, en Córdoba, por ahora la mejor de las tres que tenemos.
Ninguna de las dos Atuchas logró ser una FOAK, una «First of a Kind», la iniciadora de un linaje de clones o casi clones. Sin embargo, ésa había sido la intención de la CNEA al evaluar los diseños, su construcción “en flota” y además su exportación. Ganas de fundar linaje, la hubo siempre. Por caso, el ARGOS, una versión optimizada y potenciada de Atucha I, se estaba mostrando en planos en 1987 en los países del África Mediterránea, y también los del África Oriental. Abel González, que pasa más su vida en aviones que un tenista del Grand Slam, aquel 1987 se bajó en Ezeiza restregándose las manos de contento. El Argos había levantado varios pedidos de cotización: el año anterior, con el desastre de Chernobyl, el mundo se había enterado, entre otras cosas, de que los edificios de contención son indispensables. Eso, porque las centrales RBMK soviéticas, como Chernobyl 4 jamás tuvieron ninguno. Pero aquel mismo año ’87, como se dijo, Saddam había estado misileando Bushehr, con idéntica contención que Atucha I, y al cuete. Entre los soviéticos y los iraquíes, mejor propaganda a favor del ARGOS no podíamos haber tenido. El oferente fue ENACE, Empresa Nuclear de Centrales Eléctricas, una “joint venture” de la CNEA donde SIEMENS tenía el 25% de las acciones. El gerente general era el mentado González, ya entonces un peso pesado mundial en radioprotección, y dueño de una porra engominada, famosa y renegrida. Lo que hacía doblemente tentador al ARGOS en los países árabes sin petróleo era quemar uranio natural moderado con agua pesada. Este combo te habilita a corte de manga estilo fantasía, dedicado al club de los países que enriquecen uranio a grado central y a gran escala, y que vienen a ser… caramba, los del G7. Lo cierto es que todavía hoy esos buenos muchachos te pueden armar un boicot de uranio enriquecido si no les firmás tal o cual declaración o no les concesionás este yacimiento o aquellas minas. El uranio natural te exime así de aprietes que, si sos dueño de muchos megavatios nucleares que consuman uranio enriquecido a entre el 3 y el 5% y te negás a firmar, pueden dejarte a millones de tus compatriotas en apagón. Hay giles que todavía sostienen que el uranio enriquecido es un commodity de libre venta, incluso en esta Argentina que en 1981 se ligó un boicot de enriquecido por parte de EEUU, y que salió carísimo. Por algo aquí, tras una discusión bastante picante que duró años en la CNEA y se saldó en 1967 pero dejó heridos, las centrales nucleares argentina en línea queman uranio natural. Decisión desconfiada, ortiva y fundacional. Gracias, Jorge Sabato, allí adonde estés. Como argumento de ventas, la prosapia del ARGOS en 1987 era Atucha I, con 13 años de operaciones, excelente por foja de seguridad y buena disponibilidad. Pero ENACE enfrentaba la terrible competencia mundial de las centrales CANDU canadienses, también de uranio natural y agua pesada, comparables por lo seguras y robustas, pero un 50% más baratas por más sencillas. Las CANDU no tienen recipiente de presión, esa temible cacerola de aleaciones forjadas que puede representar hasta el 30 o 40% del costo de la máquina. Lo sustituyen por centenares de caños de presión, algo al alcance de la industria metalúrgica de casi todo país de mediano desarrollo. Por haber empezado antes y su trato directo y libre de complicaciones, en el llamado Tercer Mundo los canucks jugaban de locales y tenían los números y la tribuna a su favor. Las CANDU las vendía una firma estatal, la AECL, o Atomic Energy Commission of Canada, Ltd. Y los problemas no los dio la tecnología, en absoluto, ni siquiera la firma en sí, sino -rompiendo sus tradiciones- el estado canadiense, que hasta entonces mantenía cierta distancia diplomática respecto de su gigantesco vecino al Sur del paralelo 49 Norte. Desde el 21 de mayo de 1974, cuando la India detonó sorpresivamente su primera bomba atómica, la política externa canadiense empezó a ser teledirigida por el State Department de los EEUU. El canciller Henry Kissinger le echó la culpa del bombazo indio a Canadá y se decidió a destruir el floreciente negocio de exportación de centrales de su vecino. Era un verso justificatorio: Canadá no sólo le estaba robando exportaciones a lo grande, sino desordenándole el gallinero diplomático mundial. No es por darle razón a ese centenario sátrapa de Kissinger, pero las centrales a uranio natural y agua pesada podrían servir (teóricamente) como “production facilities”, es decir para irradiar uranio 238 y transformarlo en plutonio 239. Ése es el material físil más lógico, barato y eficiente para hacer bombas atómicas implosivas, tipo “Fat Man” (la de Nagasaki). Pero los reactores plutonígenos tipo sólo fabrican plutonio, no electricidad, son baratos, berretas y tan destripados de seguridad que (dicho por González en 1987) “el personal se irradia hasta las pelotas”. Las CANDU, sus muchas imitaciones indias y las dos Atuchas, las únicas centrales de uranio natural y agua pesada del mundo, son imprácticas para cocinar plutonio, tanto como puede serlo una locomotora para hacer compras de supermercado. Pero más inútiles son por los papeles acompañantes: sólo se venden bajo salvaguardias del OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica de las Naciones Unidas). Con la máquina, te compras decenas de controles anuales sorpresa, hechos por una fuerza internacional de expertos que tocan timbre sin avisar y no dejan puerta sin abrir. Inspeccionan no sólo de tu central sino también de todo material que entra y sale de la misma. Además, ésta ya arrancó monitoreada por cámaras y sensores de todo tipo intocables, controlado todo en tiempo real desde la sede del OIEA en Viena. Todas las exportaciones nucleares internacionales, incluidas las de combustible, están sujetas a similares salvaguardias. Lo único no inspeccionable según la ley fundamental del OIEA, que es el Tratado de No Proliferación o TNP, son las instalaciones nucleares desarrolladas por cada país con componentes 100% nacionales. Alcanza con un tornillo importado añadido zainamente a la lista de “artículos proliferantes” para que una central entera, con millones de otros componentes, quede bajo salvaguardias. Son las llamadas “salvaguardias pegajosas”. El otro “sancta sanctorum” libre de inspector y salvaguardias son las instalaciones, sean civiles o militares de los países garantes del Tratado. Que vienen a ser… caramba, EEUU, el Reino Unido, China y Rusia. Los mismos que redactan la pegajosa lista de artículos proliferantes. Y también los mismos propietarios de casi todo el parque de armamento nuclear, alrededor de 12.500 cabezas explosivas, y contando. Algo no estaría funcionando en el TNP, al parecer. En lo que se refiere a nosotros, no importa cuán santas e inobjetables sean las centrales de uranio natural y agua pesada que te hayas comprado, las sacudís y caen inspectores del OIEA. Esos vienen «de fábrica», como los fantasmas en los castillos escoceses. Nunca te van a servir para hacer plutonio militar. Pero porque su combustible está hecho de pastillas cerámicas de uranio natural, con la misma composición isotópica con que éste salió de la mina, al menos te ponen a salvo del “dame tu petróleo, tu cobalto, tus fosfatos o tu litio o no te entrego más enriquecido y te dejo a 7 millones de ñatos en apagón”. De esos aprietes bajo la mesa nadie se entera por lo mismo que rara vez se reportan las violaciones sexuales: el sistema está hecho para que la víctima se avergüence. De moda que ante la carrera armamentista que desató la India con Pakistán, en 1974, Kissinger aprovechó para empezar el estrangulamiento de la AECL como firma rival de las yanquis Westinghouse, GE y Babcock & Wilcox. AECL no las dejaba exportar sus centrales, ya que en la oferta estadounidense las hay demasiado complicadas, las hay demasiado grandes, las hay demasiado malas, las hay demasiado caras, y las hay “demasiado todo junto”. Caso de tapa de libro, las 4 GE MK1 que se accidentaron en Fukushima. Peor aún, AECL estorbaba las ventas de uranio enriquecido, que políticamente es como vender crack: genera dependencia energética y aprietes que, generalmente por victoriosos, nunca salen en los medios. Zbigniew Brzezinsky, cuya influencia sobre la política externa estadounidense fue mucho más brutal y duradera que la de Kissinger, perpetuó esta doctrina. Y continúa. Entre 1974 y 2011, EEUU logró espantar con extorsiones a puerta cerrada a casi toda la clientela de la AECL, incluida la canadiense, y en 2011 logró hacer quebrar la firma. El canadiense de a pie no dio bola ni se enteró de que le acababan de robar su mayor y más exitosa firma tecnológica, pero en el edificio Harry Truman, del State Department, deben haber descorchado champagne. Discretamente. ¿Qué tipo de problemas nos dio AECL cuando cayó en posesión satánica del State Department? Al principio daba gusto trabajar con los canucks. Con el contrato recién firmado, la obra junto al embalse cordobés de Río Tercero en cimientos y primeros hormigonados, avanzaba a trancos. Pero promediando el ’74, los hasta entonces cordiales y colaborativos canadienses empezaron, al principio muy incómodos, a gruñir: “Firmá el TNP (Tratado de No Proliferación) o no te termino la central”. Se tardó años en entender que no estaban jodiendo y no hubo exorcista que nos valiera: los canucks se habían vuelto irreconocibles y se fueron poniendo muy pesados: documentación técnica ya pagada y que, por contrato, debía facilitarse, no se entregaba; componentes que se atrasaban y la obra se paraba, etc.
Embalse en construcción, a mediados de los ’70. La cantidad de varillas de hierro que refuerzan los distintos tipos de hormigón nuclear denso todavía sorprenden. Por algo estas máquinas pueden durar más de un siglo.
Entre los canucks tropezando con sus nuevos grilletes y la hiperinflación argentina subsecuente al Rodrigazo, que en 1976 dejó a la CNEA sin plata, la obra avanzó a tumbos hasta 1978, cuando literalmente AECL desapareció de Córdoba. La CNEA tuvo que terminar Embalse sola con su alma, cosa que logró recién en 1984, con 4 años de atraso. Y pese a todo, por su historial de seguridad y su disponibilidad del 91%, hoy Embalse es nuestra mejor central. Y eso se debe a que cuando se compró ya había muchas CANDU similares o idénticas en línea en varios países, y se les conocían las mañas a todas. Los canadienses le habían ido sacando defectos. Embalse nunca fue un prototipo. En 1979, cuando se licitó Atucha II, AECL hizo el chiste de volver a presentarse, pero la CNEA obviamente le bajó el pulgar y compró la nueva Atucha a SIEMENS. Sin embargo, más de uno en la Dirección de Centrales Nucleares (DCN) de la CNEA propuso lo único obvio, lógico y audaz: construir una CANDU sin canadienses. La única restricción contractual de la CNEA era que no podía exportar CANDUS, pero legalmente, podía alfombrar la Argentina con ellas, si quería, y, con o sin colaboración de AECL, se había agenciado de toda la documentación técnica para hacerlo. Sin embargo, a esa altura de los ’70 ya había un considerable bando pro-alemán en la CNEA y el contralmirante Carlos Castro Madero, su presidente, prefirió ir a lo seguro: la SIEMENS había terminado Atucha I con un atraso mínimo por rediseño de combustibles. Pero la República Federal Alemana era un proveedor que se negaba a actuar como ventrílocuo de Kissinger o de Brzezinsky. Ergo, no te corría con el TNP. Con el diario del lunes, fue un error. Técnicamente, sólo en 1983, cuando la central se puso en marcha, se terminó por demostrar que la CNEA estaba en condiciones de hacer una CANDU sin ayuda, algo por lo que en 1979 no se aceptaban apuestas. Pero tanto los «canduceros» como los «atucheros» de la CNEA no querían otra central nuclear: querían muchas, y nacionales, es decir querían otro país más industrial e independiente. Pese a que todas las compras se habían hecho bajo la modalidad “llave en mano”, la CNEA siempre pulseó tras bambalinas con los proveedores y logró que el 31% en valor de Atucha I viniera de industria nacional, y el 50% de Embalse. Y no hablamos poner obra civil local, es decir hormigón y ladrillos, hablamos de fierros complejos. Lo que quiso siempre la CNEA fue construir una enorme y refinada red de proveedores locales metalúrgicos, metalmecánicos, electromecánicos, electrónicos e informáticos con calidad nuclear, y exportar centrales y componentes para centrales. El verdadero negocio nuclear no es de electricidad: es de tecnología. Salvo que uno sea un perfecto idiota capaz de adquirir una central atómica como quien compra un auto, (y el TNP genera ese tipo de comprador-operador), la industria nuclear es industrializante. Jorge Sabato no quería simplemente electricidad nuclear: quería un país más culto, industrial, soberano y mejor. ENACE fue un plan B que tampoco prosperó, pero no porque fuera imposible vender el ARGOS en nuestro mercado interno. En realidad y sin saberlo, ya tenemos uno. Y es que a fuerza de repotenciaciones, cambios de combustibles y otras mejoras, la pequeña Atucha I se transformó en un ARGOS: dejó de ser un prototipo. Por eso ya no da problemas. Hoy es una máquina mucho mejor que la que compramos en 1968. Lo que pasó con ENACE es que la abandonó SIEMENS cuando se plegó a la onda antinuclear alemana, y como tiro de gracia la cerró el presidente Carlos Menem, quien de paso y cañazo le puso la firma al TNP. Fue el mayor intento diplomático de ponerle una lápida al Programa Nuclear. No lo lograron enterrar, pero hasta 2006 fue un zombi.  Las dos FOAK que son las Atuchas nunca pudieron generar prosapia. Las presiones de la OTAN para que Atucha II, empezada en 1981, quedara sin terminar, la atrasaron 27 años, sin que importara que, con la firma del TNP, hubiéramos pasado al bando de «los buenos chicos obedientes». Nadie en la OTAN quiere que la Argentina mantenga su viejo Programa Nuclear independiente. Desde 1982 y vía endeudamiento, lograron prácticamente destruir la fabricación nacional de aviones, y ni hablar de la de armamento. Les molesta sobremanera que tengamos una industria de radares y satélites propios, y bastante vivaz. No somos confiables. Se acuerdan bien de los 6 barcos, o 7 según quién cuente la historia, que les hundimos en 1982. Y en lo nuclear comercial, hacemos goles en tiempo de descuento. Perú, Argelia, Egipto, Australia, Brasil, Holanda y Arabia Saudita ya nos compraron reactores de INVAP, y habrá más clientes. Desde la derrota de Malvinas, el átomo le viene quedando grande a nuestra clase política. No entienden su potencial de transformación industrial y social, aunque Argentina se haya vuelto el principal vendedor de reactores multipropósito del mundo. No valoran tampoco que Argentina sea el único país de la región con un desarrollo decente y federal de la medicina nuclear. Es un problema haber tenido tantos gobiernos tan antinucleares, y en general al hilo: el de Raúl Alfonsín, ni hablar de los dos de Carlos Menem, ni el de Fernando De la Rúa, ni el de Mauricio Macri. Fueron expresiones de lo que el biólogo Marcelino Cereijido llamaba “una burguesía pretecnológica”, y que el ideólogo del Programa Nuclear, Jorge Sabato, llamó más escuetamente “una burguesía chanta”, dirigentes que no diferencian un tornillo de una tuerca y que en el átomo argentino sólo vieron y ven motivos de conflicto con la diplomacia de los EEUU. No se salva nadie, o casi nadie. Sin los tremendos apagones que empezaron en 2003, no bien el PBI argentino volvió a crecer en un país donde Repsol había literalmente vaciado Loma de la Lata, Néstor Kirchner probablemente no habría dado la orden de terminar Atucha II. Lo hizo recién en 2006 y los insobornables multimedios la llamaron una obra faraónica, innecesaria y fundamentalmente imposible. Fácil no fue, pero Kirchner la sostuvo. Atucha II está en línea desde 2014, y todavía le estamos sacando las mañas. ¿Por qué? Porque es un prototipo. Como demuestra esta rotura banal -pero cara- de Atucha II, no es bueno tener 2 prototipos sobre 3 centrales. Pero peor aún es tener sólo 3 centrales tras 73 años de energía nuclear, y que además sean todas distintas. Es en la construcción serial o «en flota» cuando un diseño muestra todas sus fortalezas y debilidades. La fabricación en serie sirve no sólo para bajar costos por escala, sino para ir podando y simplificando la ingeniería. Los componentes más peliagudos de fabricar una CANDU Nac & Pop país habrían sido las bombas del circuito primario, la turbina de vapor y el generador eléctrico. Pero componentes CANDU aún más difíciles, al menos desde el punto de vista de ciencia de materiales, como los generadores de vapor, se resolvieron en 2015, cuando se “retubó” Embalse para darle 30 años más de extensión de vida. Los nuevos generadores de vapor los hizo Pescarmona, a la que se olvidaron de avisarle que eso era imposible. Atucha I se compró en 1968 a KWU-SIEMENS a último momento, cuando estaba ya por adjudicarse a AECL. El canciller alemán llamó inesperadamente al contralmirante Oscar Quihillalt, entonces presidente de la CNEA, y la ofreció a U$ 101 millones, casi la mitad de la oferta canadiense. Y estaban tan desesperados los alemanes por subirse al Programa Nuclear Argentino, entonces el más dinámico del Tercer Mundo, que don Oscar se cebó con ellos y les pidió “la cajita feliz”. Así las cosas, junto a Atucha I y por la misma plata, los alemanes nos regalaron -chirriando- un reactor académico, el RA-4 todavía en uso en la Universidad Nacional del Litoral. Los alemanes nunca fueron el plan A, e hicieron mal en olvidarse de ello, pero ya se deben haber olvidado de que se olvidaron. El propio Castro Madero, reactorista si los hubo, había llegado a pensar un plan para que a 1990 la Argentina llegara con 6 centrales CANDU, 5 de ellas clonadas de Embalse. Cuando Castro Madero optó por ENACE, y prácticamente en términos de casorio con SIEMENS, la DCN (Dirección de Centrales Nucleares) de la CNEA no dejó nunca de gruñir su oposición, y no exactamente a puertas cerradas. El bando “canducero” en la CNEA era y sigue siendo considerable, y en NA-SA, ni te cuento.  
El Ing. José Luis Antúnez, el hombre que asumió la tarea “imposible” de terminar Atucha II, obra abandonada desde 1983 a 2006 e inaugurada en 2014. Antúnez es el principal defensor de que NA-SA construya una flota de centrales totalmente argentinas, con uranio natural, agua pesada y tubos de presión, parecidas a Embalse.
Esto explica por qué construimos nuestro Programa Nuclear con máquinas con recipiente de presión que, para la Argentina, eran de plan B. Eso explica también lo especialistas que nos hemos vuelto en reparaciones creativas, más endoluminales que laparoscópicas, cuando algo se rompe dentro de uno de esos inmensos tachos acorazados. Si a eso sumás la prohibición no declarada de la OTAN de que Argentina tuviera una industria nuclear independiente, y el modo en que esa prohibición se ejerció con presupuestos congelados, obras paradas y destrucción de los recursos humanos del Programa Nuclear a lo largo de 25 años que atravesaron 6 gobiernos elegidos por urnas, se entiende por qué el parque nucleoeléctrico argentino quedó congelado en 3 máquinas, como en 1980, y por qué son distintas entre sí al punto de usar cada una su propio tipo de elementos combustibles. Lo raro es que no hayamos tirado la toalla, que nos hayamos vuelto exportadores nucleares dominantes, aunque en un nicho de mercado. Con menos palos en la rueda desde la Secretaría de Energía, ese club petrolero, y de un par de embajadas, nuestro país debería tener al menos un 30% de electricidad nuclear, no el actual 7%. Paradójicamente, estaría exportando más gas, porque 1000 MWe nucleares evitan la quema de 1600 millones de m3 de gas natural por año. Pero además, una Argentina con bastante electricidad nuclear tendría una cadena industrial proveedora metalúrgica, metalmecánica, electromecánica, electrónica e informática, pero de una calificación como sólo la tiene la aeroespacial. Tendría también decenas de miles de puestos de trabajo registrados y bien pagos en todas esas firmas proveedoras, y a las mejores Universidades Nacionales y el CONICET vinculadas con la CNEA, NA-SA e INVAP a través de proyectos de distintos desarrollos. Con un 30% de electricidad nuclear salida de fierros propios, viviríamos en un ecosistema industrial y educativo de mucha vivacidad y prestigio. Esto, en los ’80, parecía un camino inevitable. Volver a ese camino sería más que una reparación, sería una reconstrucción histórica. Y no del Programa Nuclear. Del país. La supervivencia del Programa Nuclear fue desapareja y muy cuesta arriba. INVAP estuvo varias veces al borde de la quiebra, ignorada por el estado argentino y rescatada a último momento por una venta internacional. Pero las centrales nucleoeléctricas constituyen un mercado incomparablemente mayor que los reactores, en general de producción de radioisótopos. Uno requiere de radiofármacos unas pocas veces en la vida, pero prende la luz todos los días, y varias veces por día. Más allá de si tendremos o no una central china Hualong-1 como cuarta central nuclear, la posición de AgendAR es que la única máquina de uranio enriquecido que nos interesa es la central compacta CAREM, hoy en construcción en fase prototipo de 32 MWe en vecindad de las Atuchas. Puede funcionar en sitios remotos y fuera de red, y probablemente tiene bastante futuro en ubicaciones costeras, desalinizando agua de mar. Pero su virtud principal es ser argentina, ergo exportable. Dólares que entran, no dólares que se van. No nos morimos de ganas de que el Programa Nuclear pase a depender masivamente del uranio enriquecido. Salvo que volvamos a enriquecer uranio en una planta mucho mayor y más moderna que la de Pilcaniyeu, Río Negro, que pese a lo testimonial de su producción, 6 presidentes sumamente obedientes prefirieron mantener cerrada. No parece que vaya a ser fácil. Y si logramos tener una planta de enriquecimiento de porte industrial, más vale que se use para garantizar exportaciones de los reactores de INVAP, o de las centralitas CAREM, sin que nos caigan con embargos de combustible a nosotros o a nuestros clientes. Esa película ya la vimos. El presidente Jimmy Carter hacía el rol protagónico. La Argentina tendría que retomar el camino industrialista que se interrumpió en 1983: el de las centrales de uranio natural y tubos de presión, una CANDU pero sin canadienses, la máquina que el presidente de NA-SA, el Ing. Luis Antúnez, el hombre que se atrevió a terminar el perplejo meccano desarmado que era Atucha II en 2006, llama “Proyecto Nacional”. La India tiene su propio modelo de «CANDU» trucho, con 22 construidos, uno recién inaugurado, 6 en construcción y 10 más pedidos y con presupuesto aprobado. Se llaman IPHWR, por Indian Pressured Heavy Water Reactor, y los modelos recientes andan por los 700 MWe. Andan joya. China y la India vienen «retubando» sus respectivamente 2 y sus 4 CANDU, porque las reservan para quemar en ellas el combustible ya quemado por centrales de uranio natural. Las CANDU queman de todo. Incluso torio, 4 veces más abundante que el uranio en la corteza terrestre. Es una tecnología tan sensata que ha sobrevivido a la empresa que la desarrolló y goza de cierta salud. Aquí sólo tendría que sobrevivir a los que la llaman «vía muerta». Un CAREM y una CANDU Nac & Pop son nuestras próximas FOAK, una reparación más histórica que técnica. ¿Imposible? La palabra ya la escuchamos otras veces. En una película que ya vimos. Demasiadas veces.  

Daniel E. Arias

Fabricaciones Militares producira explosivos para la minería en FanAzul

Fabricaciones Militares reactivó la producción de explosivos para la minería en su fábrica de Azul en la provincia de Buenos Aires. La reactivación tiene como respaldo un contrato para exportar explosivos. La compañía estatal reactivó en la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos Azul (FANAZUL) la producción de nitroglicerina, el insumo base que sirve para la producción de Mastermix, un explosivo para la industria minera. FANAZUL había sido desactivada por completo a fines de 2017, concentrando Fabricaciones la producción de explosivos para la minería en su fábrica de Villa María, Córdoba. La reactivación de la producción de Mastemix demandó una inversión de cinco millones de dólares y permitió la reincorporación de 100 trabajadores.

Contrato de exportación

El Ministerio de Defensa tomó la decisión en 2020 de recuperar algunas de las distintas líneas productivas que existían en FANAZUL. Como parte de ese proceso, Fabricaciones Militares firmó en 2021 un contrato con la firma peruana EXSA, del grupo australiano Órica, para proveer explosivos Mastermix. El contrato es por cinco años y con la posibilidad de extenderlo por tres más. Fabricaciones está dedicando la totalidad de la producción de explosivos para la minería en Villa María al cumplimiento del contrato. Asimismo, el contrato otorga un derecho de preferencia a favor de EXSA sobre la futura producción de estos elementos en la fábrica de Azul. Fabricaciones estima que por el contrato de exportación recuperará la inversión realizada en FANAZUL en menos de tres años y operando a un 75% de la capacidad total, de unas 78 toneladas de Mastermix por mes.

Reapertura de la planta

La reapertura de la fábrica militar de Azul respondió a una decisión política, aunque el objetivo comercial fue el que permitió la reactivación de la línea de explosivos. “Todo lo que se produzca ahora de dinamita va hacia la exportación. Se reactivó lo que está atado a una demanda”, señaló Claudio Scaletta, economista y miembro del directorio en Fabricaciones, ante una consulta de este medio. “La decisión inicial fue política, de recuperar las capacidades perdidas. Pero no se pueden recuperar todas. Por ejemplo, en 2017 perdimos la capacidad de producir TNT. Reactivar esa línea de producción cuesta entre 50 y 60 millones de dólares”, explicó. “La inversión que hicimos ya sabemos que la recuperamos con el contrato que ya está comprometido”, concluyó.

El Comando Conjunto de Ciberdefensa incorporó un sistema de servidores de cómputo

De acuerdo con lo informado por el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas a través de sus redes sociales, el Comando Conjunto de Ciberdefensa incorporó un sistema de servidores de cómputos modulares de diversas bahías y de alta capacidad con gran escalabilidad, materializando una mejora en la capacidad actual que permitirá optimizar los procedimientos de monitoreo y vigilancia del ciberespacio.

El material incorporado cuenta con herramientas integradas de forensia digital, simulación de sistemas para análisis de vulnerabilidades, gestión de incidentes de ciberdefensa e instrucción del personal de ciberdefensa. El EMCOFAA también mencionó que “...Estos equipos se complementa con un nuevo Sistema de Backup dual compuesto por un backup en cinta y otro magnético, amplificando la capacidad de gestionar incidentes de ciberdefensa, e incrementando la velocidad de respuesta ante eventos de cifrado externo de datos (ransomware)…”.

A su vez, el nuevo material dispone de un sistema de ruteo de alta disponibilidad administrable que permitirá que los operadores tengan una mayor accesibilidad a los sistemas de defensa, vigilancia y monitoreo bajo todo tipo de condiciones.

Desde su creación en 2014, el Comando Conjunto de Ciberdefensa ha estado en constante evolución, procurando mejorar e incorporar nuevas capacidades. Esto último se da en un ámbito en constante desarrollo, por lo que resulta más que necesario mantener todos los aspectos involucrados al día, pensando también en mejoras futuras para adelantarse a los desafíos y amenazas.

En relación a las nuevas adquisiciones, las mismas han permitido el incremento de “…la capacidad de memoria del grupo de servidores actuales con módulos de expansión de memoria RAM, que dinamizan la virtualización de sistemas para materializar el traslado del Sistema de Gestión de la Información y Eventos de Seguridad Q-radar. Los mismos serán potenciados con un sistema de protección cibernético integral y un datacenter de contingencia que se encuentran en proceso de contratación, elevando así las capacidades operativas a los mas altos estándares de seguridad…”.

Las Proyecciones a futuro del Comando Conjunto de Ciberdefensa apuntan a consolidar un proyecto para obtener la capacidad de ciberdefensa desplegable, de manera táctica, para poder desplegar las capacidades de vigilancia, control y monitoreo a los despliegues que hagan las fuerzas armadas. También se apunta en desarrollar la capacidad de ciberdefensa para asistir infraestructuras críticas de la información que estén bajo amenaza o nos sean asignadas cómo tarea.

En la fecha patria, invitamos a revisitar los Especiales de AgendAR

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Desde hace 5 años, siempre han estado en la página de inicio de este portal. Y por eso mismo, se invisibilizan. Hoy, 25 de mayo, los colocamos bien visibles. Están lejos de ser un resumen de nuestra prédica, pero son una muestra.

Especiales de AgendAR

IMPSA construye un reactor de hidrodesulfuración

La empresa de infraestructura tecnológica mendocina, IMPSA, pone a punto un enorme reactor de hidrodesulfuración que por estos días ocupa varias de las naves de la empresa. El desarrollo será clave para la producción y exportación de combustible que YPF pretende hacer el próximo año. Es que esa enorme máquina, en la que trabajan más de 40 empleados forjando tambores -que cuando se ensamblen terminarán pesando unas 415 toneladas-, le permitirá a la empresa sacar el azufre del petróleo que extrae en la destilería de Luján. Así, podrá cumplir con los requisitos de combustible amigable con el medio ambiente que ya exige el mercado europeo y eso le abriría varias puertas para poder exportar.

Adecuar el combustible

Hace poco más de un año, el ex director de YPF -hoy senador provincial- Martín Kerchner, contaba que la firma de bandera nacional había previsto una inversión de 585 millones en 4 años (de los cuales 219 millones se invertirían en este 2023) con el claro objetivo de adecuar el combustible que se produce en la destilería de Luján a las normas mundiales de reducción de azufre. De esa manera podrá producir combustible “Euro 5”. “En el 2030 no habrá mercados para quien no produzca ese combustible bajo en azufre. No hacerlo significaría que Argentina se quedase fuera de esos mercados y pese a tener petróleo, debería importar combustible por no cumplir con las exigencias mundiales”, advertía el ex integrante mendocino del directorio de YPF.
Justamente para cumplir esa meta, la firma contrató a IMPSA la construcción de 2 hornos de proceso que antes se compraban a Corea, la remodelación de otro horno que ya había hecho esa empresa metalmecánica con antelación y la construcción del enorme reactor que sirva para extraer el azufre. Esa maquinaria es hasta ahora la más grande que ha fabricado IMPSA en su largo historial en la metalmecánica. En este último reactor trabajan desde febrero pasado, y presumiblemente durante un año, unos 40 empleados de IMPSA entre soldadores, estructuralistas, inspectores de calidad: “Se requiere de soldadores de muchísima experiencia en soldaduras de temperatura, porque se suelda a casi 300 grados de temperatura”, apuntan desde la empresa. Ese proyecto que se denomina YPF Next, supone que ese combustible tenga la condición denominada 10ppm, lo que se traduce en que tenga menos de 10 partes de azufre por millón.

7 a 8 meses

Para poder construir el enorme reactor, que podrá estar finalizado en unos 7 y 8 meses, IMPSA debió importar material forjado en 10 piezas que compró a una empresa de Italia, ya que en el país no se produce ese material de calidad nuclear. “Este reactor de hidrodesulfuración supone un año de trabajo en la manufactura. Tiene todo el material envolvente de acero al carbono y por dentro lleva inoxidable para evitar la corrosión. Terminado tendrá unos 33 metros de largo, unos 3 metros y medio de diámetro y terminará en 415 toneladas de peso. Es el más grande que hemos fabricado en IMPSA”, apuntan desde la metalmecánica de Godoy Cruz.
Ese reactor supone el ensamble de 10 virolas -abrazaderas de metal- en 5 tramos, más un cabezal que completa la enorme pieza. Pero no es el único proyecto que tiene la empresa para la provincia. También se estudian dos proyectos más de producción de energía, que están en estudios de prefactibilidad. Cabe recordar que Mendoza, al tener el 21,2% de las acciones tras haber capitalizado con fondos locales el salvataje de Pescarmona, pone a uno solo de los representantes en esa mesa directiva de la compañía. Desde fines de abril, ese integrante es el joven ingeniero Mario Croce (36), que llegó para reemplazar a Pablo Magistochi, el titular de la empresa EMESA.

China: ¿nuestra nueva Inglaterra?

Este texto fue publicado por primera vez en un blog personal de este editor en julio de 2014, en ocasión de la visita de Estado a nuestro país del presidente Xi Jinping y la firma de una Asociación Estratégica Integral entre Argentina y China. Desde entonces ha aparecido en distintas formas, incluso -en un resumen muy breve- en AgendAR, en abril de 2018, cuando nos visitó Jin Liqun, el Presidente del Asian Infrastructure Investment Bank. Ahora reproducimos aquí el texto original -sólo recortando algo de palabrerío- de hace casi 9 años atrás. No encontramos necesario cambiarlo. ooooo El título de este artículo, que puede parecer sorprendente, se refiere sólo a un aspecto de la realidad. Uno muy importante: las relaciones comerciales emtre nuestro país y la República Popular China. Ellas han sido muy convenientes para nuestro país, y también para China, naturalmente; su profundización, que está en marcha, es probable que nos beneficie aún más: un mercado gigantesco, en previsible crecimiento, para nuestras exportaciones agropecuarias y mineras -que son las que nos dan recursos para políticas sociales y educativas; y también una fuente de financiación, y de inversiones. Esto último en especial en transportes, una infraestructura vital para un país moderno, que Argentina necesita mejorar. Por supuesto, el futuro siempre es incierto, pero no existe fuera del continente suramericano otro vínculo estratégico que reúna ventajas actuales y potenciales como éste. Nuestro gobierno, y los empresarios –que hoy están de acuerdo en pocas otras cosas– coinciden en verlo así. Para la otra parte, para China, también hay una conveniencia estratégica: podemos ser – ya somos – un proveedor confiable de alimentos, sólo comparable a Brasil. Los países africanos son inestables, sus técnicas agrarias y extractivas todavía son rudimentarias, y sujetas a turbulencias políticas; y  el otro gran productor de alimentos, EE.UU., … bueno, es concebible que en un futuro se presenten dificultades diplomáticas que pongan en riesgo el abastecimiento. El punto es que estas mismas cosas podría haberse dicho, con mínimas variaciones, sobre nuestras relaciones comerciales con Inglaterra hace 150 años. Y las halagüeñas promesas que se hicieron los gobernantes en ese tiempo resultaron reales. Los resultados del comercio con el Reino Unido, además de beneficiar a los terranientes de la Pampa Húmeda, permitieron financiar un Estado moderno, un ejército profesional, una escolarización primaria (la ley 1420) y una salud pública del Primer Mundo… de esa época. Al mismo tiempo, esas relaciones comerciales con la Gran Bretaña crearon una red de intereses y una actitud …facilista, de dependencia en una coyunturaque se creía eterna, en nuestras clases dirigentes y en buena parte de quienes debían haber sido los empresarios dinámicos que necesita un país para desarrollarse. Cuando el mundo cambió –y siempre cambia– nuestro país encontró muy difícil elaborar un nuevo camino de desarrollo y, sobre todo, encontrar la cohesión nacional necesaria para consolidarlo.

Todavía hoy, la nostalgia de esa «Arabia Saudita de las vacas y el trigo» que fue la Argentina de 1910 –que nadie vivo hoy conoció– perdura en la imaginación de muchos argentinos y les impide apreciar con realismo las probabilidades y los riesgos del presente.

No debemos creer que la visita de estos días del Presidente Xi Jinping y los acuerdos firmados en esta oportunidad,  la Asociación Estratégica Integral, representan en alguna forma un punto de inflexión. Son un hito en un proceso que con altísima probabilidad se extendrá por décadas. Y que requerirá prudencia diplomática y capacidad de planificación por nuestra parte. China ya las tiene.

Abel B. Fernández

Gobernadores de Jujuy, Salta y Catamarca rechazan la OPEP del litio

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Los gobernadores de Jujuy, Gerardo Morales; Salta, Gustavo Sáenz; y de Catamarca, Raúl Jalil, rechazaron la creación de una OPEP del litio y aseguraron que para aprovechar todo el potencial que posee la Argentina en materia de recursos  será necesario tener reglas de juego claras y seguridad jurídica. Además, destacaron que será fundamental resolver los problemas que existen en cuanto a los bienes de importación. En el encuentro de CEO´s organizado por IDEA y la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM) que se desarrolló este lunes en la exposición Arminera, Jalil aseguró que «estamos en contra de lo que significa la OPEP. Hoy tenemos litio, también cobre. Si trabajamos de forma responsable vamos a aportar mucho para bajar la inflación y dar trabajo”. La mención fue en referencia a los rumores sobre la intención del gobierno argentino de avanzar en una negociación con Chile y Bolivia para crear una Organización de Países Exportadores del Litio (OPEL) que emule a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC). «Lo del triángulo del litio y que hagamos lo mismo que Bolivia y Chile no lo comparto«, aseguró Morales. El mandatario de Jujuy agregó que “Chile está retrocediendo y en buena hora así vienen más inversiones a la Argentina. Los bolivianos también. Al tener litio y una industria automotriz, Argentina podría quedarse con la mitad de ese negocio que serían US$ 35.000 millones al año”. A su vez, exhibió que “muchas empresas son automotrices y son fabricantes de baterías de litio y no tienen problemas en fabricar acá. Esto es algo sobre lo que estamos trabajando en la Mesa”. “La minería ha sido una política de Estado para nuestro gobierno. Vamos a acrecentar y acompañar la actividad como lo venimos haciendo desde el principio”, remarcó el gobernador de Salta. “Con diálogo y compromiso se pueden unir sectores antagónicos cuando hay que defender lo nuestro, los recursos naturales. El mundo demanda el litio y el cobre, por eso tomamos la decisión de trabajar de manera conjunta con los gobernadores”, sostuvo Sáenz. Asimismo, advirtió que “la demanda es grande y la infraestructura en nuestras provincias ha sido olvidada. Al establecerse empresas tan importantes se necesita que nuestros gobiernos le den seguridad jurídica”. “La minería es una actividad a largo plazo, lleva mucha inversión y los resultados no siempre son buenos por eso tenemos que asegurar reglas de juego claras, previsibilidad”, planteó.
Morales coincidió con su par salteño y afirmó que “el que invierte dólares tiene que poder sacarlos. Hay que liberar las importaciones, hay demoras por las SIRA y esto complica al que produce”.  Tras ser consultado sobre su visión en cuanto a la gestión y a políticas que contribuyan al desarrollo, aseguró: “Yo de secretario de Minera pondría a un gestor de negocios, más que a un ingeniero». En esa misma línea, el mandatario de Jujuy aseveró que “hay que ordenar la macroeconomía, porque si no es complicado. Hay un cambio de reglas permanente en este gobierno”. “Hay candidatos que dicen que el primer día van a levantar el cepo y eso es imposible. Hay que tener disciplina fiscal, esto puede llevar un año. Podemos llegar a tener un solo tipo de cambio, apuntar a un modelo exportador con el campo, sectores de la economía del conocimiento, y una minería que recién está arrancando”, precisó.

Las potencialidades de las provincias

El gobernador de Catamarca afirmó que “la minería junto al petróleo y al gas le puede dar a la Argentina las divisas que se necesitan para estabilizar la macroeconomía. Formamos una región y tenemos mucho para dar”. A su vez, adelantó: “Le dimos un área a YPF. Además, están incursionando muchos proyectos de capitales argentinos. Todo se ve en los resultados, la cantidad de empleo que se ha generado en las tres provincias”. Al mismo tiempo el mandatario sostuvo que “hay que garantizar la seguridad jurídica, reglas claras y la previsibilidad”. También dio a conocer que “gracias a la actividad minera en Antofagasta de la Sierra no hay desempleo”. “Las personas están regresando porque mejoró su calidad de vida. Hemos logrado que la gente tenga caminos, gasoductos, energía. Creamos un fideicomiso con regalías mineras que permitió desarrollar un plan de obras de infraestructura”, remarcó.

Proyectos a futuro y el papel del sector privado

En cuanto a la agenda de la Mesa del Litio, Morales exhibió que la idea es “incorporar al sector privado. Estamos dialogando con las compañías. Hay una coincidencia en que el país debería tener una legislación de movilidad eléctrica”. No obstante, el gobernador advirtió que “hay que definir un marco, generar incentivos para que un porcentaje del carbonato de litio pueda quedar en Argentina. Estamos tratando de unificar las reglas en cuanto al tema del trabajo”. “Tenemos gran potencial y mucho para hacer. Necesitamos un gobierno nacional que articule con las provincias para estar mejor en los próximos años”.
Sáenz subrayó que “independientemente de quien gobierne el país y las provincias, estos proyectos deben continuar. En la Mesa deben estar la Nación, las provincias, y los empresarios. De Jujuy, Salta y Catamarca saldrán las baterías que necesita el mundo para la transición energética”. Por último, aseveró que “necesitamos que nuestros pueblos crezcan, como hacen las empresas. Las provincias del norte le dieron al país gas y petróleo. Hoy en día ya no tienen mucho, pero si uno analiza lo que las provincias dieron, vemos que hay pueblos sin luz, sin gas, sin hospitales, y todo tiene que ir creciendo de manera equitativa”. “Una Argentina en donde todos seamos iguales, que no esté llena de subsidios, no que haya argentinos de primera y de segunda, eso es un desafío para el gobierno nacional y para los gobiernos provinciales”, concluyó. Comentario de AgendAR: El equipo del portal entiende que hay mas factores para considerar que los expuestos en esta nota. Entre ellos la menor capacidad de negociacion de las provincias comparado con el Estado Nacional frente a las empresas mineras. Por lo tanto, entendemos que este tema debe serdiscutido por la sociedad argentina en su conjunto. Reproducimos un informe sobre la situacion legal actualmente vigente. «Junto con el auge de la producción y la exportación del litio surgieron también proyectos de ley que buscan modificar las regulaciones que rigen actualmente la actividad. Estas iniciativas buscan incrementar el rol del Estado nacional y actualizar la estructura fiscal (es decir, de impuestos) vigente. En esta nota -que forma parte de la serie “Todo lo que necesitas saber sobre el litio en la Argentina” de Chequeado– te contamos cuál es el marco legal de la actividad del litio en el país, qué rol tienen las provincias y la Nación en materia fiscal, de regulación y control, y cómo actúan Chile y Bolivia, los países que junto a la Argentina conforman el denominado “triángulo del litio”.  

¿Quién administra los recursos de litio?

El marco normativo argentino deja en manos de las provincias la administración de los recursos mineros, como el litio, pero el Gobierno nacional tiene injerencia en la resolución de las políticas macro, como la definición del régimen de inversiones, el control del comercio exterior y las políticas ambientales. “El régimen se configura como un sistema multinivel. Ciertas competencias son potestad exclusiva de las provincias en virtud del dominio que tienen sobre los recursos naturales. Sin embargo, esto no significa que las provincias cuenten con absoluta autonomía para administrar los recursos. Su normativa y las decisiones también dependen de definiciones del Gobierno nacional que condicionan aquello que las provincias pueden hacer”, indica en este documento la organización Fundar, que preside el matemático Sebastián Ceria. El artículo 124 de la Constitución nacional establece que las provincias poseen “el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio”. Complementariamente, el Código Minero les asigna la competencia para concesionar la explotación de esos recursos. Es decir que sólo las administraciones provinciales pueden dictar las normas que regulen la actividad extractiva y otorgar los permisos de explotación de los salares de litio que se encuentren en su territorio. Bajo este marco normativo, las provincias litíferas (Jujuy y Catamarca, que cuentan con proyectos activos) adoptaron diferentes estrategias. El caso de Jujuy se destaca porque es la única jurisdicción en donde se articuló un sistema público-privado.  En 2011, la Provincia jujeña creó la sociedad Jujuy Energía y Minería Sociedad del Estado (JEMSE), a quien facultó para desarrollar por sí misma o asociada con terceros la actividad minera en general. En el caso del litio, JEMSE negoció una participación accionaria del 8,5% en las 2 empresas que ya operan los salares (Sales de Jujuy y Minera Exar). Además, en el primer caso, la empresa tiene prioridad de venta sobre el 5% de la producción. Por otro lado, constituyó una alianza con un grupo italiano para promover la industrialización del mineral. Por su parte, el gobierno federal tiene potestades en la definición de las políticas litíferas. Victor Delbuono, investigador del Área de Recursos Naturales de la organización Fundar, dijo a Chequeado que la Nación “tiene instrumentos, como el régimen de inversiones, el acceso al mercado de cambios, buena parte de la recaudación y organismos de control, como la Aduana”. Esto le otorga al Gobierno nacional mayores potestades en la definición del régimen impositivo federal (como la aplicación de retenciones a las exportaciones) y la creación de programas de promoción de inversiones y desarrollo productivo.

¿Quién cobra las regalías e impuestos por el litio?

En términos tributarios, la principal fuente de ingresos fiscales para las provincias son las regalías, y en menor medida el impuesto a los Ingresos Brutos. La Ley de Inversiones Mineras le pone a las regalías un tope máximo del 3% del “Valor boca de mina” (el costo del mineral extraído previo a cualquier proceso de transformación, luego de restarle los costos de producción). En Catamarca, a través de acuerdos con las empresas mineras (ver acá y acá), la provincia percibe un 3,5% de regalías sobre el valor de facturación total. Ese porcentaje incluye las regalías propiamente dichas y otros cargos, como el canon y las tasas provinciales. En tanto, en Jujuy las regalías son del 3%, pero las empresas pueden recibir beneficios fiscales por impulsar la industrialización local, que bajan el canon al 2%. Pese a tener el control de los recursos naturales, las provincias reciben sólo el 15% de lo recaudado en materia impositiva, mientras que el 85% restante queda en manos del Gobierno nacional, de acuerdo con este trabajo de Fundar. La Nación percibe ingresos de la actividad a través del Impuesto a las Ganancias y del Impuesto al Valor Agregado (IVA), que son coparticipados con todas las provincias, y las retenciones a las exportaciones (actualmente fijadas en el 4,5%). En el plano impositivo, la Ley de Inversiones Mineras dispone que las explotaciones tendrán una estabilidad fiscal de 30 años a partir de la presentación del estudio de factibilidad de un proyecto minero. Es decir, que los gobiernos nacional y provincial no podrán aumentar ni crear nuevos tributos durante ese período. Además, la ley prevé la deducción del Impuesto a las Ganancias de los montos invertidos en la prospección (análisis geológicos), exploración y estudios de factibilidad; dispone la devolución del IVA en la compra local de bienes asociados a la infraestructura; y elimina la tasa de importación para bienes de capital necesarios para la actividad. Hasta principios de 2023, las mineras también gozaban de la devolución de parte de las retenciones a la exportación de litio. Pero el Gobierno nacional anuló ese beneficio (que regía desde 1993, presidencia de Carlos Menem -Partido Justicialista-) argumentando que “en la actualidad ese sector de la economía registra un crecimiento exponencial cuya demanda global ha llevado a un incremento significativo en los precios internacionales de los recursos relativos al litio, con la consecuente mejora en materia de competitividad”.

¿Cómo se administra el litio en otros países, como Chile y Bolivia?

Al analizar las normativas de los países que integran el “triángulo del litio” (Argentina, Chile y Bolivia), Martín Obaya, economista y director del Centro de Investigaciones para la Transformación de la Escuela de Economía y Negocios de la Universidad de San Martín (UNSAM), aseguró a este medio que “la diferencia más significativa es que en Bolivia y Chile el litio cuenta con un marco legal propio, no como en la Argentina donde se encuentra sujeto al marco normativo general”. El especialista indicó, además, que “en Chile y Bolivia el litio no se puede concesionar a privados (con algunas excepciones). En ambos países, el marco normativo terminó dando mayor control al Estado nacional sobre el recurso”. En tanto, un estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) destaca que, a diferencia de la Argentina, Chile y Bolivia tienen una gestión unitaria del litio: es el Estado nacional (y no las provincias) quien tiene el dominio originario del recurso. Para Obaya, estas características diferenciales, y “una fuerte decisión política”, hicieron que ambos países “lograran delinear una estrategia integral en torno al litio”, algo que no ocurre en la Argentina debido a que cada provincia puede definir su propia política minera. “La gobernanza del litio en nuestro país podría caracterizarse como un sistema liberal y federal. Ambos atributos se delinearon en la década del ‘90. En aquel entonces, en el marco de las reformas estructurales que estaba implementando la Argentina, se montó un marco normativo abierto al capital extranjero que, además, otorgaba beneficios (fundamentalmente impositivos) con el objetivo de atraer inversiones que vinieran a desarrollar la industria minera en el país”, recordó el especialista. En el caso chileno, la CEPAL destaca que el litio fue declarado “recurso estratégico” durante la dictadura de Augusto Pinochet, dado su potencial uso en armamentos nucleares. En las últimas décadas, sin embargo, “el Estado fue asumiendo un nuevo papel orientado al desarrollo de una industria basada en el agregado de valor del litio y en las actividades de investigación y desarrollo asociadas”, señala el organismo. Bajo este sistema, Chile adoptó una política de regalías móviles, que aumentan en función del precio internacional del litio y que va del 6,8% al 40%, según los distintos compuestos del mineral. Recientemente, el Gobierno chileno anunció la Estrategia Nacional del Litio, un programa mediante el cual creó una empresa pública dedicada a la actividad, prometió avanzar en cambios normativos y promover la “colaboración público-privada”. Según se informó, el Estado tendrá a su cargo “la visión estratégica de todo el ciclo productivo”, mientras que las empresas privadas “aportarán capital, innovación tecnológica y redes en el mercado”. En Bolivia, en tanto, “el marco normativo establece un control estatal absoluto sobre la propiedad, el acceso a la explotación y los procesos de extracción y producción de carbonato de litio”según la CEPAL. En este contexto, “las inversiones  privadas están autorizadas para un número limitado de actividades concentradas en la industrialización del recurso”. En estos casos, las regalías se establecieron en un 3%.

Los cambios que se discuten en la Argentina

Con el auge del litio en los últimos años, surgieron en nuestro país algunos proyectos de ley que impulsan cambios en el actual ordenamiento legal de la minería de litio.  Dos proyectos de ley impulsados por diputados nacionales del Frente de Todos (ver acá y acá) proponen declarar al litio como un “recurso natural estratégico” y de “interés público nacional”. Las iniciativas le dan al Estado argentino la preferencia en la compra de todo el mineral extraído en el país. Es decir que las empresas no podrían exportar el material por su propia cuenta, a menos que así lo decida el Gobierno. Por su parte, la Legislatura de La Rioja aprobó una ley que declara al litio como un recurso natural estratégico y suspende los permisos vigentes para las empresas. Respecto de estas iniciativas, Delbuono señaló: “La declaración del litio como recurso estratégico necesita ser luego dotada de contenido y no en todos los casos ha perseguido el mismo espíritu. En la legislación jujeña, que se aprobó en 2011, se buscó una asociación de la empresa provincial junto a la inversión privada y las inversiones se han desarrollado motorizando la actividad”. En relación a un eventual control de los recursos por parte del Gobierno nacional, el especialista indicó que “las propias características del régimen federal, que otorga a las provincias capacidad de veto sobre cualquier modificación constitucional que afecte sus intereses, hace improbable una revisión de este estado de cosas”. Obaya, por su parte, sostuvo que un cambio en el sistema de administración del litio “requeriría un acuerdo entre la Nación y las provincias para avanzar en una reforma constitucional”. No obstante, los principales actores del sector sí están evaluando modificaciones al régimen actual. Se trata de los gobernadores de Salta, Gustavo Sáenz (Partido Justicialista); de Jujuy, Gerardo Morales (Unión Cívica Radical); y de Catamarca, Raúl Jalil (Partido Justicialista), quienes integran junto a organismos nacionales la Mesa del Litio. En este órgano de discusión se analiza el fomento a un proceso de industrialización local del litio, a partir de reservar una cuota de la producción para tal fin. Además, se evalúa la posibilidad de mejorar las regalías que reciben las provincias, a través de un acuerdo con las empresas o de la fijación de un esquema de retenciones móviles. Hernán Letcher, vicepresidente de YPF Litio -empresa estatal que participa de la Mesa del Litio-, dijo a Chequeado que “lo que han tributado las empresas, tanto a nivel provincial como a nivel nacional, ha sido claramente insuficiente y hay que adecuarlo, indefectiblemente, a la realidad actual”. “Se ha avanzado en un proyecto de ley de cuota de industrialización del carbonato de litio a material activo, es decir, al primer proceso propiamente industrial de la cadena”, completó. Al cierre de esta nota, el proyecto de ley del Poder Ejecutivo Nacional no había sido presentado en el Congreso.»