Resultado del plebiscito en Chile: más del 78% aprobó reformar la constitución de Pinochet

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El plebiscito chileno por una nueva Constitución se convirtió en el proceso electoral con mayor cantidad de votantes desde el retorno a la democracia en 1990.

Mesas escrutadas, por la reforma de la Constitución: 99,02% Apruebo: 78,27% Rechazo: 21,73%.

Mesas escrutadas por tipo de órgano para redactar la nueva constitución: 97,94% Convención Constitucional: 79,04% Convención Mixta: 20,96%

La convención constitucional (también conocida como convención constituyente) estará integrada por 155 miembros, los cuales serán 100% electos por la ciudadanía el 11 de abril de 2021, la misma fecha contemplada para la elección de alcaldes, concejales, y gobernadores regionales. En cambio, la convención mixta iba a estar integrada en un 50% por parlamentarios y un 50% por ciudadanos electos a través de votación popular.

El “multi-bilateralismo” chino

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En un momento en que los argentinos estamos inmersos en nuestros propios problemas -con buenos motivos- nos parece útil reproducir esta reflexión de Juan Gabriel Tokatlian, sobre uno de los desarrollos importantes que están forjando el sistema global en que vamos a vivir ahora y en las siguientes décadas: «Una característica que distingue a las grandes potencias de los países pequeños y de los poderes regionales es que pueden recurrir, indistinta y complementariamente, al unilateralismo, al bilateralismo y al multilateralismo. Pueden así imponer a otras naciones sus intereses y valores, privilegiar relaciones y negociaciones directas con una determinada contra-parte y pueden desarrollar actividades y compromisos con varios países en torno a temas específicos en organizaciones de distinto tipo. Dos hechos de diferentes momentos históricos pueden ser examinados para analizar lo anterior. Por un lado, la crisis del multilateralismo, en particular de los foros e instituciones impulsadas por Occidente como Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea, la Organización Mundial de Comercio, el G-7 y el G-20, entre otros. Por otro lado, la evidente agresividad del bilateralismo exhibido por la administración del presidente Donald Trump. Su estilo arrogante y pendenciero se impuso disimulando el gradual declive estadounidense. La creciente propensión al unilateralismo coercitivo se manifestó además en las sanciones aplicadas a distintos países (Ucrania, Venezuela, Siria, Cuba, Irán, Somalia, Corea del Norte) y a personas (por ejemplo, las vinculadas a la Corte Penal Internacional). También se hizo evidente en el abandono de tratados (por ejemplo, el de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio y el Acuerdo de Paris en materia ambiental), en el retiro de organismos (por ejemplo, del Consejo de Derechos Humanos de la ONU) y en los reiterados ataques a los órganos de Naciones Unidas. El espectáculo que ofrece China, por el contrario, es del todo diferente. De manera paulatina y a la vez firme, Beijing ha venido propiciando y consolidado una combinación de multilateralismo alternativo y bilateralismo activo en lo que podríamos llamar el “Multi-bilateralismo” chino. Como toda potencia en ascenso, China aspira a moldear un ambiente propicio para su auge, reducir las posibilidades de enfrentar coaliciones que la debiliten y mejorar su posición relativa a nivel internacional. Este esquema mixto ha atravesado distintas etapas. A principios de los noventa, el involucramiento chino se concentró en las estructuras multilaterales existentes en su vecindad y se llevó a cabo con cierta suspicacia y de modo defensivo para apaciguar los temores de los cercanos. Por ejemplo, en 1991 Beijing se sumó al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico creado en 1989. A partir de 1994 participó en el Foro Regional de la Asociación de Naciones del Sudeste de Asia (ASEAN en su sigla en inglés) compuesta por 27 miembros. Y en 1997 se estableció el proceso de cooperación conocido como ASEAN + 3 (China, Japón y Corea del Sur). El comienzo de siglo XXI mostró una China que con cautela, pero de forma incremental y con vasto alcance geográfico, emprendió una diplomacia multilateral propositiva. A iniciativa de Beijing, en noviembre de 2000 se firmó en 2002 el Acuerdo de Libre Comercio ASEAN-China. También en 2000 se estableció el Foro de Cooperación China-África. En materia de seguridad, la principal propuesta de Beijing fue la Organización de Cooperación de Shanghái (conformada por ocho naciones) en 2001. En ese año, China impulsó la Iniciativa de Chiang Mai (compuesta por ASEAN + 3) con el propósito de crear un esquema multilateral de swap de monedas que se concretó en 2010 con un fondo equivalente a US$ 120 mil millones de dólares. En 2004 se lanzó el Foro de Cooperación China-Estados Árabes. En 2012 el mecanismo de cooperación entre China y 17 países de Europa Central y Oriental y en 2014 se creó el Foro China-CELAC. En 2009 se efectuó la primera cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y en 2015 este grupo estableció el Nuevo Banco de Desarrollo con sede en Shanghái y un capital de US$ 50 mil millones de dólares. Además, China promovió el establecimiento del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura en 2016, cuya sede es Beijing, con 45 miembros de Asia y 37 miembros extra-regionales (por Latinoamérica están Ecuador y Uruguay) y un capital de US$ 100 mil millones de dólares. Finalmente, después de negociaciones entre China, los países de ASEAN y Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelandia, en noviembre de 2020 se sellará en Vietnam la Asociación Económica Integral Regional (RCEP por su sigla en inglés); el bloque económico más grande del mundo. China ha sabido combinar el multilateralismo con el bilateralismo. Su principal herramienta en esa dirección es la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI por su sigla en inglés) anunciada en 2013. Esta suerte de megaproyecto comercial y de infraestructura ya cuenta con la firma de memorandos de entendimiento con más de 100 países (más de una docena de la Unión Europea) y Beijing. 17 países de América Latina y el Caribe han ratificado compromisos similares. Esta iniciativa multibillonaria ha sido tan atractiva que, en mayo de 2017, el entonces presidente del BID, Luis Alberto Moreno, anunció la disposición del banco de sumarse con “cofinanciamientos” al BRI. Es de esperar que el nuevo presidente del BID, el estadounidense Mauricio Claver-Carone, interrumpa esa promesa. El multi-bilateralismo chino refleja el proyecto de expansión de una gran potencia. Al momento Beijing ha prescindido del unilateralismo ostentoso y los beneficios para las contra-partes parecen superiores a los costos. Sin embargo, el dilema, en especial para las naciones de Latinoamérica es evitar y reducir la dependencia que se vislumbra. Sabemos que las superpotencias tienden a procurar súbditos más que semejantes. O al menos eso es lo que ha mostrado la experiencia occidental

Secretaría de Energía: el gabinete de Darío Martínez

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l secretario de Energía, Darío Martínez, fue nombrado formalmente en su cargo el 25 de septiembre y el 15 de octubre se oficializó la nueva estructura del área con cuatro subsecretarías. Sin embargo, aún resta anunciar a los funcionarios que ocuparán esos cargos. La publicación especializada EconoJournal informa que Federico Basualdo asumirá en Energía Eléctrica, Maggie Videla Oporto en Hidrocarburos, Javier Papa en Planeamiento Estratégico y Santiago Yanotti en Coordinación Institucional. Subsecretaría de Energía Eléctrica. El cargo está ocupado actualmente por el misionero Osvaldo Arrúa, quien nunca terminó de afianzarse en su puesto: pasó la cuarentena en Posadas y se prevé su alejamiento desde que Sergio Lanziani dejó la secretaría de Energía. Se dice que Martínez pensó inicialmente en reemplazarlo con Santiago Yanotti, un abogado cercano al gobernador tucumano Juan Manzur. Sin embargo, el kirchnerismo dejó en claro puertas adentro hace ya varias semanas que esa silla será para ellos y desde ese momento se dio por hecho que asumiría Federico Basualdo, hombre de confianza de Máximo Kirchner y actual interventor del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE). Basualdo no ha mantenido una posición confrontativa con las empresas y su ascenso como nuevo responsable del área de energía eléctrica causó una reacción inicial positiva entre las generadoras y distribuidoras eléctricas Subsecretaría de Hidrocarburos. Apenas desembarcó, Martínez le pidió a Nilda Minutti, ex gerente de Comercialización de Hidrocarburos de Enarsa, que se interiorizara sobre la situación de la subsecretaría, pero desde el vamos se dejó en claro que no asumiría ningún cargo. Al comienzo, Juan José Carbajales estaba con un pie afuera, pero las semanas fueron pasando sin que emergiera un candidato claro para reemplazarlo y pareció que finalmente iba a continuar. Sin embargo, en las últimas horas fuentes oficiales aseguraron «off the record» que el cargo será ocupado por Maggie Videla Oporto, una ingeniera química egresada de la Universidad de San Juan, ex  gerente de Gasoductos, Oleoductos y Poliductos de Enarsa. Para las empresas petroleras -dice otra publicación digital, Letra P- asegura continuidad, ya que tuvo destacada participación en el nuevo plan de incentivo gasífero. Subsecretaría de Planeamiento Energético. Lanziani puso allí al ex INVAP, Juan Pablo Ordoñez, quien pasó la cuarentena en Bariloche, y en los hechos está fuera del cargo desde que el misionero fue desplazado. Quien asumirá en ese puesto es Javier Papa, un economista especializado en desarrollo industrial, pero sin experiencia puntual en el sector energético, que responde al ministro de Economía, Martín Guzmán, de quien depende la secretaría de Energía desde que salió del ámbito de Desarrollo Productivo. Subsecretaría de Coordinación Institucional. Luego que el kirchnerismo dejó en claro que nombrará al subsecretario de Energía Eléctrica, Martínez decidió que Santiago Yanotti asuma esta subsecretaria, que articulará con la subsecretaría de Energía Eléctrica. Tiene una relación cercana con Darío Martínez, y cuenta con el apoyo de los gobernadores del PJ. De hecho, Yanotti ya trabaja en un plan para segmentar tarifas a partir del año próximo, tarea en la que ha venido intercambiando alternativas con la Anses.

Los aportes y los proyectos de la Unidad «Covid-19» del Ministerio de Ciencia

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Entrevista al Dr Pablo Nuñez, del Conicet. Este biólogo es el coordinador de la Unidad «Covid-19» del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Y fue el encargado de sacar adelante proyectos como los kits de diagnóstico y los barbijos antivirales, entre otros desarrollos.

Esta semana el Ministerio de Ciencia lanzó una convocatoria para otorgar subsidios de investigación para desarrollar algunas de las mejores ideas de investigadores argentinos que ayuden a pelear uno de los índices más terribles que la pandemia genera en Argentina: el hambre y la desnutrición.

Con financiación aportada por el Banco de Desarrollo de América Latina (antes la Corporación Andina de Fomento) desde el ministerio esperan ayudar a poner a punto productos alimenticios para disminuir la malnutrición infantil. Esta iniciativa se suma a otras similares que viene llevando a cabo desde marzo de este año el Conicet y otras organizaciones científicas, como la «Unidad Covid 19». Este grupo viene coordinando estudios y facilitando el lanzamiento de productos y herramientas contra la pandemia. 

Entrevistamos al Subsecretario de Coordinación Institucional, Pablo Nuñez, el responsable de llevar adelante el trabajo del día a día de estas unidades. Su especialidad es la ciencia de datos, el modelado y la bioestadística aplicada a la salud y la nutrición infantil.

– ¿Qué es la unidad Covid-19 del Conicet?

– Es la forma que encontramos, allá por marzo de este año, de poder sumar recursos humanos, infraestructura, equipamiento que nos sirvieran para diagnóstico e investigación sobre coronavirus. Y para eso coordinamos las posibilidades y los fondos del Ministerio, el Conicet y la Agencia de Investigación para tener una estrategia focalizada y poder desarrollar rápidamente proyectos tecnológicos que sirvieran para hacerle frente al Covid-19. Hay que pensar que históricamente nuestro sistema científico siempre estuvo muy fragmentado y esta unidad ayudó a mejorar y acelerar la coordinación de los pasos de los avances.

– ¿Cuántos recursos le dedicaron al tema?

– En principio, y sumando las diversas partidas y los refuerzos, calculo que llevamos invertido en estos temas unos 500 millones de pesos. Entre las dos convocatorias se presentaron más de 1.400 ideas que fueron evaluadas por un grupo de 60 especialistas y elegimos financiar 200 proyectos. Medido en cantidad de científicos involucrados, hasta ahora, la participación fue de más de 3.000 científicos argentinos entre investigadores del Conicet, del INTA, el INTI, profesores de universidades y personal de otras instituciones de la ciencia local que se fueron sumando.

– En el mundo de la ciencia obtener resultados y productos suele llevar años. Y en Argentina todavía más.

– Si, es cierto. Por eso desde la Unidad Covid-19 tratamos de darle a los proyectos que abordamos o que priorizamos una impronta diferente, para poder obtener resultados concretos en meses. De hecho, varios de los proyectos -como los kits de diagnóstico o los barbijos- ya están siendo utilizados en forma intensa. Incluso se están empezando a exportar. De todos modos, algunos de los desarrollos que elegimos estaban ya avanzados. Por ejemplo, había kits de diagnóstico innovadores para detectar el dengue casi listos, pero todavía pasando por las etapas burocráticas de aprobación y comercialización. Mientras los responsables los re-diseñaban para que detectaran SARS-CoV-2 nosotros aceleramos lo necesario para poder salir con el producto y hoy tenemos tres kits diferentes disponibles: el NEO-kit, el Covid-AR y el ELA-CHEMSTRIP.

¿Qué otros productos tecnológicos salieron en este tiempo?

– El barbijo de telas con capacidades antivirales gracias a sus nanomateriales, que salió al mercado en apenas cuatro meses y tiene impacto. Nació como una idea de una PyME dedicada a la industria textil. Además, dan origen a otros desarrollos: están pensando en algo similar, pero desarrollando telas capaces de proteger contra los mosquitos que transmiten el dengue.

-¿Y en otros rubros?

– Me parece importante el desarrollo de la app CuidAR, que hoy se usa en todo el país. También funciona muy bien el consorcio de genómica y que se encarga de secuenciar el genoma de cepas de coronavirus aisladas en diferentes provincias del país y que luego se envían a una base de global. Hoy hay más de 400 cepas analizadas y vamos a llegar a 1000. Y trabajamos en avances con respiradores. Finalmente, estamos muy contentos con los estudios sobre posibilidades de tratamientos: desde el uso de plasma de convalescientes, el suero «equino», ensayos de ivermectina y lo que puede venir, en el mediano plazo, con el aislamiento de nanoanticuerpos monoclonales de llama, un avance que se presentó hace pocos días.

Pablo Nuñez, Subsecretaria de Coordinación Institucional

Para combatir el hambre

Con la misma idea de agilizar avances que se logró contra la pandemia de coronavirus, el ministerio presentó una iniciativa similar para mejorar las herramientas contra el hambre y la desnutrición. La convocatoria es amplia e incluye desarrollar tecnologías para fabricar y lograr alimentos nuevos, con mejores propiedades nutritivas o preventivas.

Ya hay antecedentes científicos que se ensayaron como una super-sopa, pero también barritas con componente especiales. O probar nuevos ingredientes como la quinoa o el maní, sumar elementos pre y probióticos y con otros nutrientes agregados. De hecho ya tenemos cerca de 40 alimentos prometedores identificados. También queremos poner a punto sistemas de fabricación, conservación y envasado que permitan completar producciones de alimento en pequeñas cantidades, para distribuciones regionales -por ejemplo-, pero que garantizan la seguridad alimentaria y a costos competitivos. También vamos a financiar ideas y avances para mejorar el acceso a agua potable.

Enrique Garabetyan

El Aeroparque de Buenos Aires reabrirá recién en febrero

El 1° de agosto pasado el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires cerró sus operaciones aéreas para la realización de una serie de obras en la pista y para preparar la terminal para el regreso de los vuelos internacionales regionales. Originalmente se había anunciado que el aeropuerto reabriría en diciembre dado que el tiempo de obra previsto era de cuatro meses. Si bien desde entonces se estuvieron llevando a cabo tareas previas, la pandemia demoró el inicio. Fuentes cercanas afirman que las operaciones regulares recién volverían al Aeroparque los primeros días de febrero. La pista será ampliada hasta 2.715 metros de largo, sumando así 615 metros más que el tamaño actual. También se la ensanchará a 45 metros, se reconstruirán las calles de rodaje y se construirán calles de salida de alta velocidad, plataformas de viraje, además de instalar un sistema de balizamiento CAT III, entre otras obras complementarias. El sector internacional de la terminal será ampliado en 800 metros cuadrados. En total se invertirán más de ARS 5.500 millones. Cuando los vuelos regulares se reinicien, está previsto que las operaciones se trasladen al Aeropuerto Internacional de Ezeiza (como sucede con los escasos vuelos especiales). La aerolínea brasileña Gol -«low cost»- ya se anotó para estar entre las primeras que quiere aterrizar en la aeroestación porteña. En cambio, la «low cost» local, Flybondi, no expresó interés, y también rechazó operar desde Ezeiza. Con un comunicado titulado «Palomar o nada», la empresa se manifestó contra la resolución del ORSNA, que, entiende, provocará el cierre de el aeropuerto de El Palomar.

El manejo de la pandemia en Argentina: qué se hizo bien; qué se hizo mal. Qué se propone

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De Daniel Feierstein publicamos hace dos meses un diagnóstico duro de la situación y hace una semana 22 consejos breves que aportó para manejarla. Ahora, cuándo todos estamos preguntándonos qué pasó y cómo sigue, nos parece oportuno este reportaje que le hace NexCiencia. Para que no nos acusen de favoritismo, al final agregamos un cuestionamiento de Daniel Arias a algunas de sus conclusiones.
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Daniel Feierstein cobró notoriedad en los últimos meses por analizar desde una perspectiva sociológica los problemas que enfrenta la estrategia oficial para frenar, de manera efectiva, los contagios de COVID-19.
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“Si uno se pregunta: ¿qué se hizo mal desde el punto de vista médico? La respuesta es que no se hizo nada mal. Los tratamientos avanzan, se pertrechó a los sistemas de salud, se agregaron camas, se compraron respiradores, se invirtió en equipamiento, en edificios. La clave para entender cómo, luego de haber empezado tan bien, estamos terminando tan mal, es de carácter eminentemente sociológico”, afirma con vehemencia Daniel Feierstein, doctor en Ciencias Sociales, investigador del CONICET y director del Centro de Estudios sobre Genocidio de la UNTREF.
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Desde los inicios de la pandemia, Feierstein viene alertando sobre la necesitad de incorporar una mirada desde las ciencias sociales a la hora de diseñar e implementar las estrategias oficiales para enfrentar al coronavirus. En las últimas semanas, algunos de sus hilos en Twitter en los cuales se preguntaba “¿por qué fracasan todas las estrategias para frenar los contagios?”, se hicieron virales y superaron los 10 mil retuits.
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El sociólogo fue marcando algunos errores cometidos por el gobierno y también diferentes características de nuestra sociedad que le imponen obstáculos y límites a las políticas oficiales. Algunas de ellas se encuentran en plena disputa. “Un problema importante es que no estamos aceptando como sociedad ninguna posibilidad, aunque sea ínfima, de redistribución de la riqueza para enfrentar la pandemia y sin ninguna forma de redistribución de la riqueza cualquier medida sanitaria es imposible”, sostiene. Y avanza: “No se le puede pedir al sector gastronómico o a los gimnasios que se fundan, también es necesario acompañar a los sectores más vulnerable que reciben el IFE. Para poder hacerlo, el Estado tiene que tocar ciertos intereses y establecer contribuciones extraordinarias sobre los sectores más ricos o los exportadores que pudieron seguir trabajando normalmente en medio de la crisis”.
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Como especialista que se dedica desde hace 30 años al estudio de los genocidios y otras violencias estatales masivas, Feierstein trató de llamar la atención sobre un mecanismo que puede guiar la acción de las personas y que resulta muy habitual en las situaciones de catástrofe: la negación.
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– ¿En qué consiste el concepto de negación y cómo opera en este marco de pandemia?
– Dentro de un universo amplio de los comportamientos sociales y su vinculación con una situación de crisis, como implica una pandemia, traté de iluminar uno que me parecía muy importante para entender la situación actual, que era entender el peso que pueden tener los procesos de negación, su estructuración en representaciones negacionistas y cómo eso podía ser consolidado, por alguna de las acciones planteadas. El proceso de negación no es una disfunción, es una estructura protectiva de nuestro aparato psíquico que lo que hace es evitar que tengamos acceso al registro de circunstancias que pueden poner en riesgo nuestra subjetividad. En algunos casos puede funcionar bien. Ahora, en circunstancias de crisis, cuando estamos confrontados con el riesgo de nuestra propia muerte, la de seres queridos y, sobre todo, la ruptura radical de nuestra vida cotidiana, esos mecanismos de negación se pueden volver particularmente dañinos porque nos impiden observar una realidad y, por lo tanto, nos impiden actuar para enfrentar esa situación y nos ponen en peligro. Y eso se estructura con la racionalización de esa forma de negación, que da lugar a un fenómeno de negacionismo, que es cuando tratamos de construir sentidos que ratifiquen esa negación. Entonces, surgen las teorías conspirativas, «la pandemia no existe», «los muertos no son tantos», «la letalidad no es tan alta como dicen», «a mí no me va a tocar», «esto afecta a la gente mayor», distintos mecanismos que aparecen para darle una racionalización a ese proceso de negación.
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– ¿Cuáles creés que fueron las acciones del gobierno, durante la gestión de la pandemia, que reforzaron este proceso de negación?
– Yo suelo decir que se sobreestimó el pánico y se subestimó la negación. El pánico puede ser una conducta problemática, puede provocar acciones desesperadas y libres de toda normatividad. Uno lo podría haber pensado para las primeras 48 horas después de decretado el aislamiento, el temor a que la gente se arrojara a los supermercados a pertrecharse de comida y provocar desabastecimiento, por ejemplo. Pero después era obvio que el mayor problema no iba a ser ese. Mas bien hemos visto lo contrario, no aparece el miedo que debería aparecer, el miedo saludable ante semejante nivel de muertes y de contagios y, por el contrario, el sentimiento dominante ha sido la negación muy alimentada por el discurso tranquilizador. Porque si yo estoy en un estado de negación y tengo una autoridad que me dice que está todo controlado, este tipo de lenguaje que tiende a alejar el pánico y a recomponer tranquilidad ratifica la negación. Otro elemento que sirvió para ratificar la negación es que faltó un acompañamiento simbólico del discurso, que es lo que en comunicación se llama transmisión no verbal, que suele ser mucho más potente que la transmisión verbal. Yo te puedo pedir que te cuides pero, si te lo estoy diciendo mientras hablo con un periodista en un estudio cerrado, los dos sin barbijo y sin distancia, te estoy dando un doble mensaje que también sirve como ratificador de la negación. Esto es, me están diciendo algo pero ni ellos lo creen, porque ni ellos lo actúan. Ahí hay un componente muy importante para entender por qué cobra tanta fuerza la negación. Y, por último, te señalaría la falta de planificación estratégica, lo que podríamos plantear como un cierto incumplimiento de la palabra pública. Si yo te digo que vamos a aislarnos por X cantidad de días pero después te extiendo los días, y después lo extiendo de nuevo y de nuevo, entonces, en esa extensión, pierde credibilidad esa palabra porque ya sabemos que esos días no son tales, porque no sabemos dónde está el final y entonces se va generando una situación de agobio, de cansancio, de hartazgo que tuvo que ver con esta falta de explicitación de un plan estratégico. Que además, cuando se estructuró, tuvo diversos problemas.
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– Resulta paradójico que mientras el gobierno brindaba un mensaje tranquilizador -como vos lo caracterizás-, había periodistas y políticos que consideraban, por el contrario, que se desplegaba un mensaje del terror y que era un herramienta para manejar a la sociedad con fines oscuros.
– Eso es muy interesante. Efectivamente, aparecen determinados sectores políticos y determinados medios de comunicación planteando un negacionismo ideológico articulado, ya no es un proceso de negación psíquico sino de otro tipo. Yo recuerdo una frase de Jorge Asís que me impactó mucho, muy reiterada durante todo un mes, que hablaba de “muertos imaginarios”. E incluso decía que no iba a haber más de 500 muertos en 2020 por la pandemia. Me llama la atención la impunidad porque debería haber, aunque sea, un reconocimiento público de su falta de respeto a las familias de los fallecidos, para las cuales los muertos no son imaginarios. Pero, al mismo tiempo, apareció desde algunos especialistas también, un discurso “terrorista” en un sentido contrario que hablaba de bombas virales. Y esas bombas virales no ocurrieron nunca y eso también fortaleció el negacionismo. Me acuerdo del día en que se abrieron los bancos y salió todo el mundo a la calle y se hicieron largas colas. Eso era una bomba viral y Buenos Aires iba a entrar en una situación como la de Brasil. Pasaron quince días y eso no ocurrió. Cuando se autorizan a los runners o las salidas de los niños también aparece el mismo discurso y no pasó nada tampoco. Entonces, esas catástrofes nunca efectivizadas fueron muy fuertes para ratificar el negacionismo. Se generó una situación de “Pedro y el lobo” por la cual cuando el escenario se empieza a complicar y se requiere implementar restricciones en al AMBA, en la primera quincena de julio, había un nivel de destrucción de la confianza pública que impidió que esa medida pudiera ser cumplida cabalmente.
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– ¿Cuál es el papel que jugaron la mayoría de los medios de comunicación en esa disputa por el sentido a partir de su sistemático ataque a las medidas de aislamiento?
– Yo creo que el rol fue muy malo pero no necesariamente de un modo tan lineal. Me parece que fue más complejo y más transversal. Más transversal en el sentido de que vos tenías en los medios hegemónicos, quizás, una mayoría de periodistas que empezaron a jugar en esta estrategia de corroer cualquier medida de cuidado pero también había otros periodistas con un discurso mucho más responsable. Y, por otro lado, también tenés periodistas que sí habían jugado una actitud de mayor corrosión, como el caso de Eduardo Feinmann, y que cambiaron su discurso cuando los atraviesa el virus. Me parece que el problema fue más bien otro y fue que muchos periodistas no tuvieron registro de lo que esta crisis producía en ellos mismos a nivel psíquico y, entonces, hubo una transferencia a la audiencia de las propias angustias, hartazgos, temores y negaciones. Es un proceso menos ideológico pero más profundo y que caló muy hondo. Y ahí me parece que el caso más sintomático es Luis Novaresio que ha atravesado momentos distintos en relación con la pandemia desde su terror en el primer mes, hasta su hartazgo a partir de mayo y su enojo a partir de agosto, y en todos los casos transfería a la audiencia lo que le estaba ocurriendo a él y con un nivel de ansiedad que era tremendamente nocivo. Lo que hacía era irradiar ansiedad, angustia, terror. Esto pudo conectar con cierto clima negacionista y me parece que es la tónica más interesante para pensar el rol de los medios.
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– Una situación sorprendente ocurre en algunas provincias donde aumentan mucho los contagios pero hay una fuerte resistencia al cierre de actividades porque dicen que la cuarentena ha sido muy larga y no se aguanta más, cuando en esos lugares, el cierre fue muy breve. ¿Por qué ocurre algo así?
– Ese es un gran problema de la sociología: las representaciones que construimos, a veces, pueden tener grandes distancias con los elementos objetivos de la realidad. Y creo que lo que jugó aquí fue el carácter centralista argentino, donde los medios de comunicación irradian hacia todo el país la situación de Buenos Aires. La mesa política de los tres (Fernández, Kicillof y Larreta), elegida por el gobierno nacional, también reflejaba la situación de Buenos Aires. Ahora bien, el AMBA fue lidiando a lo largo de seis meses con la curva de contagios, tuvo una situación muy mala pero que permitió que el sistema de salud resistiera porque, en ese tiempo, se lo pudo recomponer y reforzar.
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En el interior del país la situación fue muy distinta. Como se logró suprimir el virus por varios meses, los contagios empiezan a acelerarse en el mes de agosto, con lo cual, el crecimiento es infinitamente más acelerado porque ocurre en un momento de apertura. Y, cuando se requiere un nuevo cierre, pequeño, de 14 días para poder volver a suprimir el virus, el clima político atravesado por la grieta, por el negacionismo, por la irradiación centralista porteña, genera una percepción de la situación que lo impide. Y esa es la disyuntiva en que se encuentran los gobiernos provinciales, sean del signo político que fueren. En muchos casos tienen la voluntad de llevar a cabo estos cierres, que hemos denominado cierres selectivos, planificados, intermitentes y, sin embargo, no tienen las condiciones sociopolíticas para poder hacerlo. Esto es producto de una representación de la situación totalmente errada pero absolutamente consolidada de “no vamos a tolerar un día más de restricción”. Y esto está generando una situación catastrófica porque en muchas ciudades del país el sistema de salud puede colapsar. Entonces, Argentina se está acercando a tasas increíbles de muertos, de contagios, de letalidad y poniendo en peligro el sistema de salud, situaciones todas que no esperábamos y que no parecían ser el destino de ese primer abordaje tan interesante del primer mes.
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– Hoy da la sensación de que revertir este clima social es algo muy difícil. Incluso, se percibe al gobierno nacional y a los gobiernos provinciales como resignados ante esta situación. Pero todavía quedan muchos meses por delante hasta que se aplique una vacuna. ¿Qué acciones pensás que se pueden llevar a cabo?
– Yo planteo dos cuestiones que me parecen centrales. Primero, una estrategia de reducción de daños. Creo que se puede lanzar una campaña ya. Y puede conectar con las personas porque el mayor enojo es con la restricción, no con el cuidado. Por eso, implementar cuidados que no impliquen restricción es algo viable. Lo segundo es revertir ese clima construido de degradación de la palabra pública, de negacionismo, de desconfianza con las medidas de restricción. Creo que, en ese sentido, una propuesta de aislamientos selectivos, planificados e intermitentes puede ser un paso superador de lo que hemos vivido, si se presenta bien. Requiere, en un primer momento, trabajar en modos minimalistas, esto es, con cierres de 5 ó 7 días, en lugar de 14 ó 21, que sería lo ideal. Y para que se recomponga la palabra pública se tiene que cumplir con el cierre y, sobre todo, con la apertura. Esto es que un gobierno provincial o municipal, según las necesidades, decida cierres muy cortos donde se vea el efecto positivo del cierre y el cumplimiento de la apertura, que puede ir acompañada de una estrategia de reducción de daños. Porque lo que ratificó el negacionismo y este clima social es observar reiteradamente que los pronósticos no se cumplían. Desde las bombas virales que no explotaban hasta los picos que no llegaban, pasando por las aperturas que no se producían. Y se fue entrando en una lógica donde parecía que la única forma de revertir la restricción era la protesta, era enfrentarse al Estado. Y esto puso a la sociedad en pie de guerra con el Estado que apareció en soledad disponiendo medidas de cuidado que aparecían como excesivas y, sobre todo, que incumplía sus propias promesas. Me parece que eso es lo que tenemos que revertir.
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Un cuestionamiento para la polémica
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El enfoque de Feierstein abre ángulos nuevos de visión y acción. Pero su propuesta de minicuarentenas muy locales y de sólo 7 días podría tener algún sustento político solamente allí donde hay intendentes suficientemente fuertes y distantes de otras ciudades como para cerrar sus partidos a cal y canto. Y eso sólo a condición de que a estos intendentes no se le rebelen la ciudadanía y la policía locales, y que no choquen de frente con sus propios gobernadores.
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Como se darán cuenta, estas 3 cláusulas de exclusión dejan poquísimas municipalidades en el país en condiciones de hacer estas piruetas de frenado y arranque súbito con éxito. Huanguelén, una minúscula ciudad agropecuaria en el Suroeste de la provincia de Buenos Aires ha sido una. Habrá que estudiar si Coronel Suárez, cabecera de partido, 14 veces más numerosa en habitantes y con mucha mayor conectividad comercial, logra hacer lo mismo.
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El punto clave, a mi entender, es que propuesta de Feierstein aplica categorías que describen bien el funcionamiento del aparato psíquico de las personas, pero no tienen sustento geográfico, logístico ni biológico. La pandemia en sus dos primeros meses se manejó muy bien, lo cual nos permitió cruzar el invierno con casi 1/3 de los muertos por millón que tenían vecinos como Chile o Bolivia. Ya despuntando la primavera, estábamos alcanzándolos, con 2/3 de sus números. Probablemente a fines de año los hayamos alcanzado.
No se maneja nacionalmente una pandemia con un puñado de intendentes separatistas, como se pueden ver ahora, aplicando cuarentenas o toques de queda (caso del Partido de la Costa en la provincia de Buenos Aires) a su arbitrio, o por el contrario, declarando abiertas sus ciudades. Algunas de estas medidas anárquicas pueden ser transitoriamente eficaces (ciertamente, no la apertura total), pero distan mucho de un manejo organizado a nivel de regiones o de país. Que, es obvio, debería hacer uso de esa herramienta que liga el «big data» con la cartografía, los Sistemas de Información Geográfica.
Es una de las tecnologías a las que apostaría para recuperar algún control nacional y racional de la crisis. Pero si las directivas emergentes de todos modos fueran desacatadas, por esa erosión de la autoridad al que se refiere Feierstein, ¿qué se debe hacer, entonces?
Lo primero sería no buscar culpables al cuete, aunque sea políticamente redituable. Admitir que a esta altura de los números tal vez esta crisis ya no se la maneja es exponerse a que a uno le peguen, pero se parece bastante a lo que pasa hoy. Es probablemente más honesto confesar que casi todos ignoramos cómo se la podría manejar.
Yo apuesto mi escasa fe a las novedades que puedan aportar la farmacología y las mejoras de la clínica: el muy caro remdesivir no parece haber servido de mucho, en cambio la vieja y barata dexametasona fue un «game changer». Y así, a fuerza de prueba, error y «trials» de doble ciego, la letalidad en el mundo ha ido bajando, pese a la expansión de la casuística. Es un modo de ir tirando hasta tanto pinten algunas primeras vacunas, si son eficaces y de fácil distribución.
Creo que no es la negación lo que fogonea el espectacular incendio virológico del interior. Éste se desparramó desde nuestras grandes megalópolis. Y lo hizo cuando en una de ellas, el AMBA, paradójicamente, la velocidad de contagio venía bajando desde hacía semanas.
Es la logística que hemos ido construyendo durante décadas lo que desparrama Covid-19 por nuestros casi 2,8 millones de km2. Hoy el SARS CoV2 llega a cualquier caserío rural que el INDEC no califica como ciudad con los camiones que trasladan alimentos y combustibles. Hoy son estos vehículos la vía más capilar e incontrolable de contagio a distancia de los pocos municipios que quedan virológicamente prístinos.
A un automovilista lo atajan seguro, pero ¿quién va a parar a hisopar a un chofer que trae comida, o repuestos a una zona sin casos o con muy pocos desde alguna lejana (e infectada) capital? Y si en la ciudad de llegada los bares y restaurantes están abiertos, nadie usa tapabocas y la vida social continúa como si tal cosa porque no hay casos, ¿quién va a impedirle al transportista mezclarse con la gente? Resultado: primeros casos. Luego, incendio.
Éste es un país demasiado grande (el 9no de la Tierra) para la logística residual que heredó de los ’90. Neuquén es un ejemplo de libro: tuvo por décadas uno de los mejores aparatos de salud pública del país, pero hoy las terapias intensivas neuquinas están colapsadas y Neuquén deriva casos graves a Río Negro, que jamás tuvo un desarrollo sanitario comparable.
¿Cómo se pudo haber infectado de modo tan explosivo una provincia de tan alto PBI, pero cuya densidad poblacional promedio es tan baja? Todo en Neuquén se mueve en camión, y lo hace desde y/o hacia unos pocos enclaves de hacinamiento donde el SARS CoV-2 tiene circulación comunitaria, modo elegante de decir que allí te lo puede pegar cualquiera.
A Neuquén, los alimentos llegan desde la Argentina fértil, al Norte. En el Alto Valle, el petróleo y el boom inmobiliario que trajo van desalojando las viejas chacras frutihortícolas. Y los combustibles que salen de las urbes petroleras (Cutralcó, Centenario, Plottier, Zapala), viajan a las refinerías de la Pampa Húmeda como crudo (está la de Plaza Huincul, pero es chica), y vuelven como nafta y gasoil.
¿Qué ciudad chica del país y dependiente en alimentos, medicamentos, combustibles refinados o repuestos mecánicos obliga al camionero a detenerse en un retén para un hisopado, y si sale positivo lo obliga a hacer cuarentena mientras otro colega toma su lugar? Ninguna. Es económicamente imposible: las empresas deberían tener choferes de relevo en casi todos sus puntos de destino. Los números no cerrarían.
Entonces, incluso durante el primer mes y medio de aplicación, cuando la cuarentena nacional se acató casi con entusiasmo y la pandemia pareció que podría acorralarse y reprimirse en unas pocas grandes ciudades, ¿no estaban tendidas, y a la espera, las vías de contagio del interior?
Quien las transitó o vivió en ellas sabe que las ciudades petroleras o mineras son campamentos de trabajo, «boomtowns» grises, precarios y con mucha población de paso, donde la comida es cara y no se cultiva nada ni en invernáculos. Todo viene y va en camión. Ciudades turísticas de fama nacional recostadas hacia el Oeste cordillerano, como Caviahue o Villa Pehuenia, tienen combustible «cuando llegue el camión, vuelva pasadomañana». Debe haber pocos países en el mundo que gastan tanto combustible líquido para mover combustible líquido como el nuestro.
Lo que no resultó esperable era que este derroche logístico, que nadie quiso remediar renacionalizando y reconstruyendo los trenes, fuera a tener consecuencias sanitarias. Faltaba un virus zoonótico respiratorio como éste, de contagio relampagueante, pero con muchos portadores asintomáticos que no se enferman pero sí desparraman, o que empiezan con los síntomas casi una semana después del contagio. Bienvenidos al siglo XXI, lectores.
El transporte de mercancías por riel, allí donde existía, permitía el movimiento de muchas más toneladas con mucho menos personal. Las grandes líneas argentinas, con la Belgrano Norte a la cabeza, abundaban en ramales secundarios y terciarios que aseguraban una logística muy capilar a centenares de ciudades, aldeas y parajes. Los pueblos que pudieron resistir el cierre de la estación pasaron a depender del camión para poder mover sus productos agropecuarios. Hay casi dos generaciones de argentinos que nunca vieron aquellos enormes trenes cargueros que parecían no terminar de pasar nunca.
Y la nueva y mala correlación resultante entre toneladas movidas y personas a cargo de moverlas importa, porque el SARS CoV-2 viaja y se desparrama en los pulmones de los portadores asintomáticos, mucho más que en los «fomites» u objetos contaminados, como se temía en marzo o abril. Hoy se sabe que es la gente la que contagia a la gente, y respirando nomás. Cuanto más gente para mover menos mercancías, más vulnerables nos fuimos haciendo como país.
En tiempos de Perón se nacionalizaron los ferrocarriles ingleses y franceses: el inventario arrojó 48.000 km. de vías férreas en distintos estados técnicos de mantenimiento, pero casi todas en uso, y un parque de locomotoras y vagones de carga medio envejecido, todavía funcional. Fue en los ’60, ’70, ’80 pero especialmente en los ’90, cuando terminamos de reventar un país logísticamente ferroviario para reemplazarlo por uno dependiente del camión, con no más de 9000 km. de riel en uso.
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Vuelvo a la propuesta de Feierstein: cuarentenas intensas pero acotadas en el espacio de algunas municipalidades y el tiempo de una semana. Suena atractivo. Pero fuera de la dificultad política para imponer o dejar suceder algo tan poco federal e inorgánico, sucede que un contagio en el día 1 seguido por un pródromo lento -y eso pasa con frecuencia- permitiría que el portador sano vuelva a circular por el país, y haga los primeros síntomas recién en su nuevo punto de destino. A esa altura dejó un tendal.
Las cuarentenas de 15 días, cuando todavía eran acatadas, no salían de la observación de la psiquis humana sino de la dinámica de la infección. A un virus que, en casos agudos, se toma promedio 20 días desde el pródromo al desenlace, bueno o malo, y que incluye casi siempre una semana de portación asintomática y posible hipercontagio, no se lo ataja encerrando a nadie con una cuarentenita abreviada. Sí, lectores, las pandemias y la libertad se llevan pésimo.
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Vivimos todos a espera del licenciamiento de dos o tres vacunas, en lo posible de distinta base tecnológica, que le compliquen por fin la vida al SARS CoV2. En el interín, la gimnasia cívica que propone Feierstein puede ser un pasatiempo interesante, sobre todo ejecutado con energía. No difiere tanto de ese nuevo culto urbano llamado «la danza y el martillo» muy recomendado a nosotros desde España. Parecen respuestas muy dinámicas. Pero en este país enorme tienen poca demografía detrás, menos logística aún, y con este virus en particular, cero biología.
Daniel E. Arias

Australia cancela la venta del buque rompehielos Aurora Australis a la Argentina

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Sorpresivamente, la empresa australiana P&O Maritime Logistics, propietaria del rompehielos Aurora Australis cambió de opinión, después de muchos meses de tratativas, y le comunicó oficialmente al Ministerio de Defensa de la Argentina que no se lo venderá. El buque estaba previsto que llegara a nuestro país en los primeros días de noviembre. La Armada Argentina tenía previsto incorporarlo como buque adicional para auxiliar al ARA Almirante Irizar durante las próximas campañas antárticas. A principios de este mes el ministro de Defensa, Agustín Rossi, había dicho públicamente que estaban esperando la respuesta de los australianos ya que “sería una gran alegría incorporarlo a la Armada Argentina”. El pasado viernes 16, la firma extranjera hizo llegar su respuesta negativa, que tomó por total sorpresa a las autoridades del Gobierno nacional. La nota que P&O, firmada por su Director de Desarrollo, envió al Ministerio de Defensa, dice que “hemos tomado la decisión de no proceder con la venta de la nave. En cambio, el RSV Aurora Australis permanecerá en servicio. Se preservará un buque icónico y que es una parte importante del legado de P&O, lo que garantiza que continúe su vida como un barco de trabajo. Esta decisión se tomó como resultado de una extensa deliberación que ha llevado algún tiempo. El nivel de interés exhibido por Argentina ha sido muy apreciado y le agradecemos”. El rompehielos Aurora Australis es un buque de 30 años de antigüedad que fue diseñado por la División Antártica Australiana, a fines de la década de 1980, y construido en Carrington Slipways, hoy Forgacs Shipyard, en Nueva Gales del Sur. Mide 94,91 m de eslora, 20,3 m de manga y 8.158 toneladas de desplazamiento, y hasta hace poco se encontraba al servicio del Programa Antártico Australiano. Ha sufrido ya dos incendios. Es propulsado por dos motores diésel marca Wärtsilä, puede lograr una velocidad máxima de 16,8 nudos y romper hielo de hasta un grosor de 1,23 metros a 2,5 nudos. Su tripulación se compone de 24 personas y puede llevar hasta 116 pasajeros, tres helicópteros y 29 contenedores. A bordo posee laboratorios para investigación biológica, meteorológica y oceonográfica, y con un plataforma de arrastre para el desarrollo y la recuperación de instrumentos de investigación mientras navega. En privado, y en las redes sociales, personas vinculadas a la actividad naval han mencionado la hipótesis de que la caída de la venta se debe a una presión de Gran Bretaña. Pero no hay datos concretos sobre el asunto. Corresponde que digamos que en AgendAR no nos entristeció demasiado la noticia. Hace tres meses publicamos un documento de cámaras de empresarios y gremios de trabajadores vinculados a la industria naval: «La industria naval construye uno de los bienes de capital más complejos, junto con los satélites, que puede realizar un país. La diversidad de construcciones y la cantidad de sistemas con los que cuentan los distintos tipos de buques, la constituye en una industria de concurrencia, en una verdadera “madre” de Industrias. … El único bien de capital que se deja ingresar usado al país son los buques … Todos los medios de transporte, sean de pasajeros o de carga, tienen un tiempo de caducidad. Las dos características anteriores en el peor de los casos deberían ser la excepción, sobre todo en un país que cuenta con un sistema fluvio-marítimo que atraviesa verticalmente toda la extensión de su territorio. Sin embargo desde los años 90 la excepción se convirtió en la regla y así nos hemos convertido en el chatarrerío naval del mundo. En la industria naval el Estado está ubicado en los tres vértices de un triángulo: por un lado es armador, es decir que tiene buques en distintos organismos; al mismo tiempo es quien regula la actividad pormedio de leyes y decretos, y por último tiene Astilleros propios. Pero desde los años 90 a la fecha, el Estado fue perdiendo capacidad de navegar. Primero se liquidó la empresa mercante (ELMA) y a la vez los  organismos que tienen buques vieron envejecer y reducir sus flotas. Al mismo tiempo, tanto Prefectura y la Armada, como el INIDEP o CONICET, han comprado buques nuevos y usados al exterior. En pocas palabras el Estado es el primero en convertir la excepción en la regla. En el año 2018, después de largos años de debate, el Congreso de la Nación sancionó por unanimidad en ambas Cámaras una Ley de Industria Naval. El primer traspié vino con la reglamentación y el veto presidencial a los artículos que permitían financiar la actividad (FODINN). El segundo, y lo que motiva el presente texto, es la adquisición por parte del Estado de un Buque Polar de 31 años de antigüedad, que tuvo dos siniestros y que fue descartado por Australia. Esto se resuelve pese a que el artículo 15 de la Ley de Industria Naval sostiene que los organismos del Estado que requieran buques deben construirlos en Astilleros Nacionales. … En los últimos años el Estado compró en el exterior 4 patrulleras a Francia por un total de 317 millones de Euros, a Israel 4 lanchas shaldags por un total de 48 millones de dólares, a España dos buques oceanográficos por 33 millones de dólares. Así, se perdieron más de 10 mil pu estos de trabajo en nuestra industria nacional. A la vez se trajeron remolcadores usados de Rusia y un buque también usado para el CONICET (en la actualidad fuera de servicio). Cabe destacar que todos los buques se podrían haber construido en Astilleros Nacionales. En definitiva queremos llamar a la reflexión al Ministro de Defensa y a la revisión de la decisión de incorporar el buque Aurora Australis. Su decisión podría ser el inicio de una “nueva normalidad” para la industria naval: construir en Astilleros nacionales los buques que el país necesita.» Para acceder al texto completo del documento y a las entidades firmantes, cliquear aquí.) En este portal hemos planteado muchas veces que Argentina, por la geografía y también por su comercio exterior, es un país marítimo. Que no tenga una industria naval importante, es un absurdo. En el plano técnico, agregamos que este barco tuvo demasiados problemas y años, y es de poca masa y poca potencia para romper hielo antártico (1,2 metros contra los 5 que logra partir el Irízar). En febrero de 2016 quedó encallado en la Antártida. Dijimos en julio, y reiteramos, que hoy es factible construir aquí un barco científico polar, quizás con la misma capacidad de romper hielo delgado, pero de producción nacional y de mayor tonelaje. Y tenemos entendido que la Armada Argentina tiene un proyecto para la construcción en el país de un buque de transporte polar para acompañar al ARA Almirante Irizar en la logística de la campaña antártica. La idea es poder desarrollarlo y construirlo en un lapso no menor a 5 años. Por último, cabe destacar que también está en carpeta un diseño de un buque logístico antártico a gas natural licuado para campañas antárticas desarrollado por estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), que fue premiado en la Dr. James A. Lisnyk Ship Design Competition 2019.

Política Turística: Construir en la incertidumbre

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Osvaldo Lombardi, ex Director Nacional de Modernización y Competitividad de la ex SECTUR (actual Ministerio de Turismo y Deportes), ex Director General de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires, escribió esta reflexiva, y crítica, columna sobre la situación y las promesas de la industria turística: «Hay coyunturas como esta en donde nos toca vivir, donde tratar de comunicar certezas puede ser un verdadero desatino. El camino quizás sea otro donde las verdaderas certezas se construyen paso a paso, tomando las realidades y necesidades de la gente y las limitaciones del campo desde donde intentamos sentar las bases para esa reconstrucción. Estuve leyendo unas notas en una prestigiosa revista especializada en turismo y las declaraciones y propuestas comerciales de una serie de operadores conocidos, muchos por haber trabajado intensamente en el turismo emisivo, otros tradicionales agentes del turismo nacional y unos pocos receptivos de destinos específicos como Iguazú o el Noroeste Argentino. Mi sorpresa fue creciendo cuando descubrí que el relato, en general muy parecido de todos ellos, trataba de eludir la complejidad de actual situación sanitaria, con un mensaje marketinero induciendo a comprar sus productos. Un detalle: todos ofrecían seguro covid 19, flexibilidad en las fechas de viajes, usaban seguido la palabra protocolo y describían el plan pre viaje que lanzo el gobierno como una especie de panacea. La oferta que incluía la flexibilidad en las fechas de viajes es la lógica consecuencia del hecho que nadie sabe cuando se va a poder viajar en serio. La primera incertidumbre es esta. Otras ¿se mantendrán los precios de estas ofertas? Surgen las dudas por la inestabilidad económica que estamos viviendo. Si se compra hoy ¿se mantendrá la calidad de lo pactado? Si bien estamos en una inflación amenguada por la cuarentena extendida, miremos con un ojo la presión de la suba del dólar sobre los precios y con el otro a ver si viene alguien a desactivar esta bomba de tiempo. El crédito obtenido por la compra de un paquete o servicio turístico a través del plan pre viaje ¿tendrá el mismo valor a la hora de poder utilizarlo? Los destinos turísticos liberados ¿qué nivel de contagios y muertes tendrán en el momento de nuestro viaje? ¿Tendremos la frontera cerrada y nos tendremos que volver a casa? ¿Qué fortaleza tiene la infraestructura sanitaria de cada uno de los destinos que se promocionan para la temporada? Hoy por hoy la apertura de la temporada de verano de la costa bonaerense tiene como una de sus debilidades este punto. ¿Se harán los testeos correspondientes cuando surjan casos derivados del natural movimiento turístico? Es lógico que se permita viajar en base a una declaración jurada y cumpliendo las normas de la aplicación Cuidar, pero la seguridad sanitaria significa articular cada destino turístico con centros de derivación rápida ante la detección de un caso, aislamiento y testeos al entorno una vez detectado. También debe acompañar a toda esta apertura una campaña de cuidados personales y de nuevas conductas sociales. Como se descubre rápidamente, la complejidad de las incertidumbres requiere de este primer paso de certeza. Pero la apertura requiere de otras premisas previas. Ya lo decíamos a medidos de abril, se debía trabajar para hacer atractivo el destino generando confianza al potencial visitante en base a tener un sistema sanitario adecuado a las circunstancias, tener una conectividad segura y eficiente, tener en cuenta el mercado de excursiones y cercanías, cambios de conductas en el personal de servicios y en los turistas y, como siempre, calidad en los productos turísticos acompañado de un precio justo. Todo esto requiere más que de la voluntad de las partes involucradas, una alianza publico privada de magnitud respaldada por una política del gobierno coherente que facilite ese objetivo. Si cada paso del sector turístico en ese sentido se ve luego afectado por una endeble política macro, vanos son los esfuerzos. Muchas cosas más hay para agregar y reflexionar, pero ya está claro que se necesita repensar el sistema turístico argentino como tal, además de ser fundamental la necesidad de tener una apertura gradual pero simultánea de todos los factores que lo conforman. También, está claro, la necesidad de tener políticas macro que resguarden ese camino que llevara un tiempo, hoy indescifrable. Comunicar certezas, a veces tiene el sabor amargo de las falsas promesas y para aquel que viaja con las expectativas de tener una experiencia novedosa y nutritiva no hay nada peor que las promesas incumplidas.»

Otro desarrollo de la UNLP: un kit de diagnóstico que emplea nanopartículas magnéticas

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Se trata de una innovación que permite extraer el componente genético y brindar resultados más rápidos y económicos.

Los ministerios bonaerenses de Salud; y de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica, junto a la Universidad Nacional de La Plata y al Conicet firmaron un convenio para desarrollar un kit de extracción rápida de Ácido RiboNucléico (ARN) para el diagnóstico de COVID-19 mediante nanopartículas magnéticas.

El nuevo sistema fue desarrollado por científicos bonaerenses de la Universidad Nacional de La Plata y del Conicet. Es más rápido y económico porque no necesita gran equipamiento de laboratorio, y al producirse en el país, reemplazaría los productos importados. Abastecerá, en principio, a la red pública de laboratorios de la provincia de Buenos Aires.

Su función, explicaron las y los especialistas, es atraer el componente genético del virus mediante pequeñas partículas, como si se tratase de un imán, y de esta manera permitir su identificación.

Lo novedoso del kit es que no requiere el uso de centrífugas, un equipo costoso que no está disponible en todos los laboratorios. Eso significaba, hasta ahora, una limitación y un menor procesamiento de muestras.

Claudia Rodríguez Torres, investigadora del CONICET, explicó que gracias a esto, el equipo laboratorio para hacer el diagnóstico puede ser muy sencillo. Además, señaló que “lleva menos tiempo en el proceso de extracción de ARN y reemplazaría los productos importados por productos que podemos fabricar de industria nacional”.

El desarrollo de esa nueva técnica surge cuando desde el ministerio de Salud, y desde el equipo de diagnóstico advertimos que el paso limitante es la extracción del ARN. Ahí articulamos con el ministerio de Producción, Ciencia e Innovación para ver cuál era la manera de encontrar una solución a esta problemática”, señaló Marina Pifano, asesora del ministerio de Salud.

En efecto, el kit acorta el primer paso del diagnóstico, requiriendo solo 20 minutos, es mas económico porque requiere menos insumos y permitirá duplicar la cantidad de resultados diarios al permitir procesar más muestras.

De esta innovación participan también el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular (IBBM), del Centro Regional de Estudios Genómicos (CREG), del Instituto de Investigaciones Fisioquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA) y del Instituto de Física de la Plata (IFLP). El proyecto es el resultado de dos convocatorias que realizó el MINCyT de la Nación.

La brecha entre dólar oficial y «blue» es insoportable. Pero una devaluación lo sería más

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Sobre este tema nos hemos pronunciado muchas veces en AgendAR. Pero ahora nos parece oportuno recoger esta opinión de un hombre de la «city», Ricardo Delgado, economista y director de la consultora Analytica:

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Historia conocida. A medida que la distancia entre el dólar oficial y los financieros o el blue crece más y más, las decisiones cotidianas se desvirtúan. Los que importan insumos para producir aceleran compras y adelantan pagos, ante el miedo a una devaluación inminente. Los ahorristas y las empresas con deudas en dólares intentan sacarle la mayor cantidad posible de divisas al Banco Central, a la vez que aumentan las presiones sobre los activos financieros y bienes durables, como automóviles, que permiten huir del peso. Cuando todos buscan salir, nadie quiere entrar. Los que “producen” dólares venden cada día menos, anticipando la devaluación. Los exportadores demoran sus liquidaciones en el Banco Central, los sojeros no entregan sus granos a las fábricas y son completamente indiferentes a la baja (exigua) de retenciones y a los mejores precios internacionales. Los ahorros en dólares salen de los bancos y escapan del sistema. Este círculo vicioso, que se acelera a una velocidad inusitada en las últimas semanas, nos coloca ante una dinámica perversa. Ante la lógica cobertura frente a costos futuros inciertos, las empresas incrementan precios y/o venden menos, por la mayor incertidumbre en la provisión de insumos. Más inflación y la posibilidad cierta de desabastecimiento en el horizonte. Estas son las razones por las que una brecha persistente superior al 100% es insoportable para que la economía funcione con normalidad. El Gobierno dejó pasar una oportunidad única para bajar la brecha a fines de agosto, cuando cerró el exitoso canje de deuda. Desde entonces, la política económica perdió el encuadre, actuó siempre tarde, decidió mal, con aspirinas para un paciente en estado crítico. Evitar la devaluación desordenada, decidida en los mercados financieros, debe ser la prioridad uno. Porque los equilibrios sociales están demasiado frágiles. Aunque tarde y con poca potencia, hay que poner sobre la mesa todo el arsenal disponible: suba de tasas, intervenciones en el mercado de bonos, corrección fiscal. Asumiendo que puede haber algo más de recesión, pero huyendo del inmenso desorden que provocaría un nuevo golpe al peso en el bolsillo de los argentinos.