La Administración Federal de Ingresos Públicos informó que los monotributistas ya no serán dados de baja de oficio del régimen por falta de pago de sus obligaciones durante agosto, para amortiguar los efectos del aislamiento social preventivo y obligatorio.
Esta decisión se tomó a través de la Resolución General N° 4799/2020, que extiende a agosto los beneficios que estaban vigentes desde marzo. Hasta este momento se establecía la baja del régimen cuando no se abonaban diez cuotas consecutivas. Agosto entonces no será computado a los efectos de contabilizar el período necesario para la aplicación de las bajas automáticas.
Existen otras situaciones previstas en la ley que generan la baja del régimen. La más común es cuando la suma de los ingresos del contribuyente excede el máximo establecido por la categoría más alta. La AFIP definió también que esos cruces sistémicos no serán utilizados en agosto para proceder con exclusiones de oficio.
(La primera parte de este artículo está aquí; la 2°, aquí)3. UN MODELO AGROPECUARIO SIN LANGOSTAS NI PLAGUICIDAS
Hablando de acridios perdidos, es inevitable mencionar una finca de 1200 hectáreas llamada “La Celia” en Huanguelén, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires. En ese pueblo rural, allá por 1917, el joven médico Baldomero Fernández Moreno escribió poemas tan leídos que lo volvieron escritor profesional y recordado. Y en ese campo, La Celia, la profesión de tucura, redituable desde siempre, desde 2019 se ha vuelto peligrosa debido al Ekobondi.
El Ekobondi, hogar ambulante de unas 500 gallinas ponedoras, es puro ingenio criollo añadido al PRV, o Pastoreo Racional Voisin (PRV). Este fue un método de cría del agrónomo francés André Voisin, modificado luego en África por el edafólogo, guardaparque y capitán del equipo de rastreadores antiguerrilleros del ejército rodesiano Allan Savory. En sus tres sucesivas profesiones, Savory debió ser un agudo observador del suelo, y gracias a eso pudo adaptar el manejo Voisin a las sabanas con lluvias monzónicas –muy distintas de las francesas- de su país. En 1979, dado que ganó la guerrilla, éste cambió de nombre: hoy es Zimbabwe.
Peleado profundamente con el gobierno racista y colonial de Ian Smith, Savory de todos modos se había ido con un tremendo portazo de prensa del ejército, del parlamento y del país, y con el cerebro en ebullición: no sólo cuestionaba su pasado como militar, sino como guardafauna. Todavía hoy no se perdona haber sacrificado a más de 40.000 elefantes por haberle creído al manual agronómico y pensar que eran una sobrecarga para la fotosíntesis en las reservas faunísticas a su cargo, en el Norte de Rodesia. Hoy sabe que aquellos paquidermos eran exactamente lo contrario: la fuerza viviente que mantenía saludables esas sabanas. Es contraintuitivo, pero es cierto.
El capitán rastreador antiguerrillero Allan Savory, cuando Zimbabwe se llamaba Rhodesia
Hoy el PRV está “argentinizándose” con nuevas adaptaciones al ecosistema pampeano de frontera, delimitado por la isohieta de 500 mm. anuales de precipitación. Esta línea móvil se ha ido corriendo hacia el Oeste desde los ’70, y divide muy a su modo la Pampa Húmeda de la Pampa Seca. En La Celia, donde las lluvias son de una irregularidad casi perfecta, el PRV permite criar un rodeo vacuno considerable (casi 1100 Aberdeen Angus coloradas) de modo simultáneamente extensivo e intensivo.
Si eso no lo desconcertó, veamos lo que sigue: esa cría y engorde ocurren en una explotación mixta. Donde siempre se dedicaron centenares de hectáreas a cultivos industriales, hoy básicamente trigo y maíz: la soja aquí se viene abandonando, ya se verá por qué.
Subrayo: éste es el Ecotono Pampeano, no la Zona Núcleo. Aquí llueve… a veces. Y de modo impredecible. Y en patrones “overos”, como dicen los paisanos: pueden caer 50 mm. de sopetón en los campos del vecino, y cero en el propio. O viceversa. Es raro hasta de ver, pero frecuente.
La Pampa Seca y el Ecotono están muy sobrepastoreados y en proceso de desertización, dicen los manuales, no muy distintos en espíritu de los que Allan Savory no se perdona haber obedecido. Y si con esos pocos datos Ud. piensa que en La Celia deben estar sobrecargando muy poco suelo con demasiados animales, tiene razón. No se imagina hasta qué punto.
Es que ésa y exactamente ésa es la idea-base del PRV. Lo que descubrieron sucesivamente y por cuenta separada Voisin y Savory es que los pastizales y sabanas silvestres funcionan así: grandes rumiantes en sobrecarga… pero amuchados y de paso, siempre de paso; porque alrededor y detrás vienen los predadores. En un ecosistema de cría, los elefantes, los búfalos del Cabo, las cebras, los ñúes y los avestruces son sustituibles por vacunos, ovinos y aves de cría, y los predadores son remplazables por pastores. Lo que no es remplazable es el movimiento, el eterno movimiento.
Es debido a esos pulsos de sobrecarga transitoria que los pastizales silvestres son ecosistemas muy productivos y fundamentalmente estables. A diferencia de los pastizales de ganadería, de agricultura o de rotación convencionales, en casi unánime degradación mundial, los poquísimos que hoy siguen silvestres han conservado sus suelos intactos durante miles de años gracias a una sobrecarga que en realidad no es tal. Esto hay que explicarlo. Lo hacen los administradores actuales de La Celia en estos 2 videos.
Pero para no derivar del tema acridios, el Ekobondi llega a un lote tras su sobrecarga brutal, fugaz y deliberada con “las coloradas”, como se llaman aquí las Aberdeen Angus de raza muy pura: efectivamente, son casi de color zanahoria, y la carga del terreno nunca llega a la densidad maloliente de un “feedlot”: los grandes rumiantes en PRV siempre tienen suficiente pasto limpio de sus propias deyecciones para comer, y lugar para tenderse a descansar. A su vez, los lotes ya comidos por las coloradas y/o sus novillos o terneros/as tienen todavía restos vegetales importantes. Es lo que queda de pastura consociadas de alfalfa y gramíneas: matas del alto de un puño (el suelo en el PRV no debe quedar desnudo). Las plantas quedan cortadas a unos 8 cm. de la base, por la conformación de la boca de los bovinos.
Cuando se van los vacunos se han comido cualitativamente todo lo que les permitió su dentición, incluso pasto ovillo, festucas y agropiros. A esas especies más duras y amargas les hacían asquitos hasta 2015, cuando todavía La Celia estaba bajo manejo extensivo de la Dra. Mercedes García Zubillaga, la generación familiar anterior.
Esta empresa es familiar, técnicamente avanzada desde hace al menos 4 generaciones y respetuosa de lo que en el campo se llama “bienestar animal”. Eso explica su buena salud económica y agronómica lograda sobre sólo 2 propiedades: La Celia, de 1200 ha. y La Susana, de 600 ha., con el incordio de que distan más de 100 km. uno de otro. Los dueños, una sucesión de agrónomos, médicos y veterinarios, siempre cuidaron el suelo: no tienen tanto ni es tan bueno (demasiado arcilloso en La Celia, demasiado arenoso en La Susana, y de las lluvias ya se habló).
La posta la tuvo primero Pedro Zubillaga, ingeniero agrónomo. Lo siguieron el neumonólogo Willis García y la geógrafa Susana Zubillaga, que primerearon en la zona con la entonces novedad de la siembra directa. A recordar: todavía en los ’70 algunos agrónomos ortodoxos, esos de mirar mucho los libros y poco el suelo, todavía ordenaban romperlo con la rastra de discos pesados hasta dejarlo molido como azúcar.
Esa receta endiablada, sumada a la quema de los rastrojos de la cosecha “para fertilizar”, le rebajó medio metro y más a los profundos suelos oscuros de la Pampa Húmeda, librados por pura estupidez académica a la erosión pluvial y eólica operando sobre tierra desnuda. Aquí eso se terminó no bien llegó la tecnología necesaria para sustituirla: la máquina de siembra directa, que cava un pocito vertical e introduce y cubre la semilla, sin romper la estructura del suelo. La Susana y La Celia están bajo siembra directa desde los ’70, y la familia tiene su propia y vieja máquina.
La generación interina (la médica Mercedes García Zubillaga, que tomó la posta con el cambio de siglo) agarró ambos campos en plena furia del cambio climático, con la actual montaña rusa de años extremos de seca o de inundación y la casi desaparición de “la vieja normalidad”, avara pero más predecible. Y es que los extremos hídricos de la Pampa Húmeda se agudizan en esta frontera ecotonal con la Pampa Seca.
Desde 1994, con la la llegada de la soja resistente a glifosato, su monocultivo maníaco y el corrimiento de la isohieta de 500 mm. hacia el Oeste desplazaron masivamente a la ganadería en favor de la agricultura en esta ecorregión. Y la tentación de más de U$ 500 por tonelada de soja en 2012 y 2013 aquí hizo estragos y barrió con las rotaciones con otros cultivos.
Mucho más conservadora (en realidad, más avanzada), la doctora García Zubillaga prefirió mantener a rajatabla todas las rotaciones, las de leguminosas con gramíneas, y las de cultivos con pastoreo. Con eso mantuvo la salud del suelo, pese a su emperramiento en no liquidar el margen de ganancia de la empresa, crecientemente precario, en nitratos y fosfatos petroquímicos. Los usaba, claro que sí, pero muy por debajo de las recomendaciones. “Trabajo para la familia, no para las petroleras”, se peleaba a veces con colegas, agrónomos y contratistas.
Cuando en el pueblo le preguntaban cuándo iba a hacer “feedlot”, en lugar de desperdiciar así tanta hectárea cultivable, la doctora respondía que en esos chiqueros de vacas los animales comen basura industrial (cara) y viven estresadas por el hacinamiento y la mugre. Por ende, se enferman, y eso también es caro.
Por lo demás, como médica, está y sigue estando en contra de que las farmacológicas le vendan el 70% de su producción de antibióticos a los criadores intensivos de animales. El día en que sus pacientes requieren antibióticos betalactámicos o macrólidos para una infección pulmonar, la flora patógena generada en los criaderos de vacas, cerdos y pollos le traspasó sus genes de resistencia a las bacterias que infectan a los humanos, y las enfermedades se vuelven intratables.
Justamente, por eso del “bienestar animal”, desde tiempos del abuelo Pedro Zubillaga tanto en La Celia como en La Susana no se han talado jamás las isletas de monte nativo que interrumpen los campos: es sombra para los animales en verano. “Crecen mejor y gasto menos en veterinaria”, dice todavía la doctora. También es cierto que en los remates zonales los animales de La Celia se venden primero y generalmente a mejor precio, por su peso y su buena pinta.
No hace falta mucha agronomía para ver la conservación de suelos en La Celia, comparando la altura de ese campo con la de los caminos vecinales que lo limitan: las calzadas de tierra enripiada están tan roídas por la erosión pluvial y eólica que forman un cañadón de 2 metros de hondo. En épocas de Pedro Zubillaga, confirman las fotos familiares en blanco y negro, los campos y caminos estaban todos a nivel.
Bajo la administración de la doctora, ortodoxa pero extensiva, los animales eran sólo vacunos, y muy “fifís” para la comida: únicamente le entraban a la alfalfa y la cebadilla de las pasturas trabajosa y costosamente sembradas. Pero a la hora de los números, eso es como limpiarse a dedo la crema y el dulce de leche de la torta y no tocar el bizcochuelo.
Hoy se comen todo lo que sale 8 cm. por encima del suelo, y la cobertura vegetal remanente está llena de animales y semillas útiles, pero hay que saber mirar. Ésa justamente es una especialidad de las gallinas.
Anticipando su desembarco, los potreros comidos por vacunos se encierran con redes de plástico para tener afuera a los zorros, comadrejas y el eventual hurón, que los hay. Vivir desplegando y sacando límites móviles, como red de plástico o alambrado eléctrico es un trabajo inacabable, de romperse el lomo. Es inherente al PRV y no resuelve todos los problemas. Los zorros aprenden cómo burlar las barreras físicas: son zorros.
Cercado el lote, rueda hasta allí el Ekobondi y vacía su cloqueante cargamento de 500 ponedoras. Éstas escarban y escarban (son gallinas), se revuelcan en el terreno para darse baños desparasitantes de polvo, y durante 2 o 3 días, su vista agudísima no perdona bicho ni huevo, larva o ninfa: la hacienda invisible del suelo.
Generalmente hay muchas tucuras: duran lo que caramelos tirados en la puerta de un jardín de infantes. Si hay ootecas, se vuelven alimento balanceado. Las gallinas desinsectan el potrero como no lo podrían hacer muchas pasadas de avión o de camión mosquito, pero no dejan traza alguna de insecticidas. Son insecticidas, pero biológicos.
Lo notable es que también se comen bastantes semillas de las malezas espontáneas del lugar y las propias malezas, ya que están. Las Rhode Island son interesantes herbicidas si hay que resembrar la pastura, o prepararla para maíz o trigo. Y como lo que entra por proa sale por popa, estas aves le dan al terreno una segunda pasada de fertilización.
La primera fue la carga de nitrógeno, fósforo y celulosa salidos de la orina, el bosteo y el pisoteo de las vacas; que son el tractor biológico de esta simbiosis forzada. Luego pasa el Ekobondi, y sobre llovido, mojado.
Vaya anotando cuánta plata se sustituyó, a esta altura, en aplicaciones de urea y de fosfato diamónico, así como de defoliantes. Vaya sumando ahorros, incluidas las muchas contrataciones de laboreos. Y eso en un país que gasta U$ 2800 millones/año en agroquímicos, de los cuales U$ 2440 son importados. No hace falta ser contador para entender que el modelo agronómico actual va acelerando como un Fórmula Uno hacia una pared.
Cuando las Rhode Island se ponen viejas, se faenan. Pero desde la semana 23 de su vida, en adultez, transforman todo lo que crece o se menea en el suelo en carne y huevos, casi uno por día por gallina en su cumbre productiva. Lo hacen sin haber conocido el alimento balanceado industrial… y ahí va otro ahorro. Sólo se les suministra conchilla molida, para un extra de calcio que añada resistencia mecánica a la cáscara de los huevos.
Y estos son marcadamente distintos de los de los criaderos intensivos. Las tucuras, eterna plaga de la zona, y las vaquitas de San Antonio, predadoras inofensivas de otros insectos, le confieren a la yema un color más rojo. La exposición del ave al solazo local –aquí hay más heliofanía- le da al huevo un mayor contenido de vitaminas A y E. Y viene 100% libre de hormonas de crecimiento y de antibióticos, porque la sanidad y el desarrollo muscular de las Rhode aquí se logra con una vida activa y libre.
¿Agua? El Ekobondi está acondicionado con un tanque propio del que sale un caño con varios niples, de donde las gallinas beben exactamente lo que les pide el cuerpo, sin que se desperdicie una gota. ¿Vacunas? Sí, claro, el negocio lo dirigen dos veterinarios, todas las exigibles. ¿Antibióticos? Nones.
¿Antiparasitarios? Olvídate, cariño. Los coccidios, parásitos intestinales que son la perdición de los gallineros estáticos, tienen ciclo de 7 días, pero a los 2 o 3 días de “engallinado” un cuadro, el Ekobondi se muda al siguiente. Y al coccidio se le dice lo mismo que a los vendedores locales de agroquímicos: “Seguí participando”.
Como éste era un artículo sobre langostas (que se fue temáticamente al carajo), estoy hablando demasiado de gallinas. Pero el “core business” de La Celia es la venta de hoy 250 novillos anuales, que en 2015 eran sólo 150, logrados sobre igual superficie.
Desde que en 2015 los Raia-Manrique (y viceversa, es un matrimonio igualitario) fueron desplegando el PRV sobre la parte pecuaria del establecimiento, la producción de carne vacuna fue subiendo 20 toneladas cada año, es decir que cierran 2020 con 100 novillos más que en 2015, pese a que 2016 fue el único año “normalito” en lluvias desde que ambos veterinarios tomaron la posta. Los demás, fueron de encharcamiento o sequía severa, pero en La Celia el impacto fue menor porque el suelo, que nunca estuvo mal, ahora está mejor. Eso se aclara después.
Lo interesante es que un establecimiento que producía básicamente soja, maíz, trigo y carne ahora se volvió una “granja polifacética”. Así la llaman, aunque La Celia es demasiado grande como pasar por granja o chacra. Pero que es polifacética, y cada vez más, póngale la firma. Ponedoras, parripollos y ovejas dan fe.
Como en pueblo chico todos saben todo de todos, desde 2019 los vecinos de Huanguelén se apuran a llegar a las carnicerías, supermercaditos y verdulerías cuando llegan los maples de huevos de La Celia, por libres de antibióticos, antiparasitantes y otras sevicias químicas de criadero. No es que los huanguelenses sean ecologistas: el consumo de agroquímicos en los campos de la zona confirma lo contrario. Pero no son idiotas con su propia dieta.
Con los parripollos de La Celia quizás suceda lo mismo, porque los huevos “generaron marca” en la ciudad, que no llega a 6000 habitantes pero tiene buen nivel adquisitivo. Sin embargo, los parripollos son de una raza (Cobb, los típicos “doble pechuga”) cuya conducta fue modificada por demasiadas décadas de cría intensiva. A diferencia de las gallinas Rhode Island, carecen de hábitos exploratorios. No salen a ganarse la vida: no escarban ni se revuelcan en el polvo para desparasitarse. Se quedan como bobos junto al comedero, de modo que su dieta es más artificial y no rinden demasiados servicios de desinsectación, desmalezamiento y fertilización del terreno.
Se supone que en algún momento la fama local de comida sana que generan los huevos se contagiará a los 400 ovinos que llegaron al establecimiento, el cual venderá –cuando los haya- corderos pesados. Hace tiempo que no se veía ganado lanar en esta zona de la provincia y todavía no es fácil integrarlo al PRV incipiente de La Celia. En el orden previsto, el ovino se intercalaría entre el vacuno y las aves: las ovejas y corderos comen mucho más al ras que los bovinos, y sus deyecciones añaden más fósforo que nitrógeno al terreno. Lo complicado es que al ser la lana un aislante, el alambrado eléctrico de un único cable que contiene, disciplinados, a los vacunos en su lote, con los ovinos hay que ponerlo triple, más abajo y de mayor voltaje. Eso es tiempo, trabajo y plata.
Lo dicho, el PRV no es para dueños ausentes: hay que poner el lomo, aunque el menos en La Celia el trabajo no es rutinario porque todo es un experimento en curso, aunque va saliendo bien. “La Susana”, el otro campo a cargo de los Manrique-Raia (o viceversa) está alquilado porque queda lejos y los distraía de su obsesión, y todo lo que se hace allí es más convencional. Ya volverán a él, como dijo MacArthur cuando se fue de las Filipinas.
¿Qué es lo que les está saliendo mejor a los “y viceversa” en La Susana? Básicamente, el manejo de suelo. El pasto rebrota en la mitad de tiempo que hace 5 años, incluso en invierno. Y como dice con no poca genialidad Héctor Huergo, poeta máximo de la ortodoxia intensiva actual en las llanuras pampeana y chaqueña, el pasto es el principal cultivo de la Argentina. La gran divergencia del PRV es llevar esa verdad hasta sus últimas consecuencias. Ahora en La Celia hay pasto a año completo, porque la respuesta del suelo al tratamiento de recomposición orgánica es visible.
Por empezar, ya no se encharca, pese a la arcilla y a la total falta de pendiente. Es el mal combo de esta zona, donde los arroyos son poquísimos, endorreicos, casi siempre carentes de agua y con invariable terminación en algún peladal blanquecino. Cuando en 2010, año muy lluvioso, conocí La Celia, la enorme propiedad era un damero de charcos a espera de evaporarse o de infiltración: aquel año, con la anoxia radicular, los rindes de la soja y el maíz –normalmente mediocres- fueron una lágrima. Huanguelén no es Pergamino ni Rojas, lectores.
El agua aquí se acumula en superficie sin infiltrarse mucho, hasta que se evapora, y al año siguiente falta. Por eso, con la ruleta rusa que aquí impuso el cambio climático, no pasa año sin que se funda alguna familia otrora rumbosa, con un siglo entero en la zona. Hay que tener muchas hectáreas y espaldas para aguantar el combo de diluvios y secas, de semilla transgénica y agroquímicos dolarizados, y la torta tóxica de impuestos nacionales y provinciales.
Aquel 2010 conocí también “La Susana”: 450 de sus 600 hectáreas eran una laguna llena de garzas y gallaretas. La habría podido recorrer mejor en kayak que en la prepotente Hilux con neumáticos como de tractor en que la atravesamos. A un metro y medio de profundidad se veían, prolijas, las hileras de plantas de soja, ahogadas. Cada una con una inversión de la gran siete en royalties para Monsanto, glifosato, urea perlada, fosfato diamónico y laboreos.
Dicho por segunda vez: en esta horizontalidad de billar del Sudoeste bonaerense, el agua aquí no se va fácil porque se infiltra poco. El PRV cambia este límite porque ahora los terrones –al menos en La Celia- tienen estructura, gracias a su contenido de ácido hialurónico.
Como enseñaba allá por los ’70 en su cátedra de Agricultura General de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UBA el agrónomo Jorge Molina Buck, este gel pegajoso se genera por la descomposición fúngica de la celulosa incorporada al suelo. De que haya celulosa aquí se encargan las vacas, al pisotear su bosta. Si quiere ver su estructura química base, es ésta:
El ácido hialurónico es una macromolécula constituída por cadenas de carbohidratos complejos, unos 50.000 disacáridos de N-acetilglucosamina y ácido glucourónico cada una. Estas cadenas forman espirales con un peso molecular de 2 a 4 millones de Dalton (es mucho). Y estas espirales retienen moléculas de agua a lo pavote por su gran cantidad de cargas eléctricas superficiales de grupos hidroxilo.
No se duerma, que ahora viene lo increíble. Como descubrió en su laboratorio Molina Buck, un terrón sin hialurónico se derrumba con 50 gotas de agua de medio centímetro de diámetro caídas desde un metro de altura. En cambio con hialurónico, ese terrón sólo se licúa con 1800 gotas, es decir resulta 36 veces más resistente a la lluvia. ¿Qué tal?
Este suelo obtenido a PRV no “se plancha” fácil. Si lo mira con lupa, no forma esa capita de 1 milímetro de espesor provocada por el impacto pluvial. Esa lámina nadie la ve pero –como decía Molina Buck- es impermeable como la fórmica, y constituye, mucho más que la lluvia en sí, la causa física de casi toda inundación de campos, y también de la seca ulterior, porque impide la infiltración, y ni le cuento si hay mucha arcilla.
Fundador de los Grupos CREA y de sus típicas reuniones de productores “de tranqueras abiertas”, Molina Buck, tan lleno de premios internacionales por su entendimiento global de la microbiología del suelo y de los ciclos del agua, aquí fue olvidado al toque de morirse (en 1998).
Molina Buck es nuestro Allan Savory criollo, aunque sin el FAL y sin elefantes muertos en el debe. Su pensamiento científico no podía durar, en medio de la emergente cultura asociada a la agronomía corporativa y petroquímica. Los resultados están a la vista.
El suelo actual de La Celia es poroso, aireado, y almacena bien las erráticas, lunáticas lluvias de este ecotono, que en años secos vuelve a su aridez histórica tan rápido como un ex fumador al cigarrillo. En años terribles, como 2017/8, o como este 2020 en curso, las leguminosas permanentes de raíz larga, como la alfalfa, llegan con lo justo al borde superior de la napa freática, que ahora está a unos 2 metros. Y sobreviven.
Los Manrique-Raia y viceversa (el orden no altera el producto, dicen) todavía no están haciendo rotaciones de pastoreo con cultivo. Con buen criterio histórico y geográfico, subordinan la agricultura a la ganadería.
Lo de ellos no es una vuelta al pasado sino un salto muy meditado hacia el futuro. El negocio núcleo de esta zona durante casi un siglo fue más la producción de proteína roja que de proteína verde. Y ahora vuelve a ello, pero no traccionada por la demanda de la bolsa de commodities de Shangai y a caballo de la cría intensiva, sino por cierta lógica de cercanía.
Un asadito en La Celia convence a cualquiera de la diferencia entre carne criada a pasto y la de novillo de “feedlot”, grasienta y chiclosa. ¿Los chinos entienden esa diferencia? ¿Están dispuestos a pagarla? No, coinciden los Raia-Manrique, ni ahí. Por ahora los chinos con plata están extasiados con poder comer vaca vieja, que era lo que les estaba vendiendo la Argentina hasta que el Covid-19 canceló los embarques.
Pero el mercado interno argentino sí diferencia esa calidad.
El día que China vuelva a comprar carne argenta, tal vez La Celia logre acceder a una certificación de carne orgánica y venderle únicamente a los jerarcas y millonarios asiáticos, cobrándoles un ojo y un riñón. Pero eso va a ser difícil mientras en los alrededores se sigan usando alegremente defoliantes como el 2,4 D y el glifosato.
Por ahora, las cuentas cierran bien porque este año ya son 100 novillos más que en 2015. ¿Qué techo tendrá esta rampa? Lo ignoran. Son gente de índole científica, hablan sobre hechos y evidencias: venden carne, no humo.
¿Va a volver alguna vez la soja a La Celia? Difícil, se encoge de hombros el matrimonio. Te obliga al Roundup, te obliga a los nitrogenados y fosfatados, que es como enterrar dólares, y aún así te empobrece el suelo y te lo plancha por falta de celulosa. El trigo o el maíz en cambio te mejoran la estructura del suelo, y si el maíz rindió mal o bajó su precio, lo usás para la “terminación” (el engorde final) de los vacunos.
¿Piensan en alguna leguminosa sustitutiva de la soja? Sí, la arveja, dicen sin dudar. Te nitrifica el suelo y se exporta bien, pero también se vende sin problemas en el mercado interno, todavía está libre de las interpolaciones genéticas y las exacciones económicas de los abogados de las semilleras, y de yapa, en un apuro, también te sirve para terminar el ganado.
Pero sólo tiene un 23% de proteína, objeta AgendAR (estuvimos leyendo un poco, jovencitos imberbes, trato de hacer notar). Es todo lo que necesitan las vacas, contestan ambos imberbes. El 35% de proteína extra de la soja no les sirve de nada al ganado, porque esa semilla se defiende de los mamíferos con “antitripsinas”, antígenos que bloquean las enzimas digestivas. Ups, los imberbes también leyeron. Además, es lógico que Paz sea imberbe. Máxime con ese embarazo de ¿seis meses?
Las antitripsinas hay que inactivarlas con tratamientos térmicos, siguen. No por nada los chanchos y pollos comen balanceado, Arias, no soja cruda. Y los pueblos del sudeste asiático hierven la soja largamente y la comen como subproducto culinario, tofu, sopa miso, etc.
Si exportás porotos de soja, no estás vendiendo alimentos y ni siquiera estás vendiendo forrajes. Estás vendiendo materia prima para hacer forrajes, capisce? Mucho más abajo no podés caer en las cadenas de valor del “agribusiness” mundial, dice Raia, decidido a destruir mi autoestima nacional.
¿Y cómo les rinde la agricultura comparada con la de sus vecinos?, los provoco, qué se creen. Cuando a los vecinos les va bien, como en 2016, cuando llovió lo justo, confiesan, ellos sacan 4 toneladas de trigo por hectárea, y la Celia a lo sumo produce 3. En maíz, los vecinos aquel mismo año sacaron de 6 a 8 toneladas por hectárea, y la Celia apenas 5.
¿Pero no se funden con esos rindes tan berretas? No, Arias, se asombran/exasperan/extrañan. ¿No entendiste nada? ¿Cómo nos vamos a fundir, si en comparación no gastamos casi nada en genética, fertilizantes, pesticidas y laboreos? ¿Nada de laboreos?, hago un último intento.
Se encogen de hombros: tenemos la vieja máquina de siembra directa que compró Willis, el abuelo de Paz. Y a veces pasamos una vieja rastra “de diente”, de acción muy superficial, con nuestro propio tractor (que tiene como 20 años). Y eso es todo. Tampoco gastamos tanto gasoil.
¿Y no los vienen a ver otros productores? Sí, claro, sobre todo algunos de nuestra generación: están podridos de vivir endeudados como sus padres. Y es que hacemos mucho despelote para difundir el PRV en las redes sociales. ¿Y cómo les va con eso? Más o menos, dicen. Los treintañeros son un público más atento a las redes que a los medios grandes. Y ahora están parando la oreja.
Justo el día anterior a la prohibición estricta de reuniones sociales, La Celia hizo su primera “Jornada de Tranqueras Abiertas”, como aquellas de Molina Buck que allá por los ’70 divulgaron la siembra directa. Huanguelén se daba esos lujos: permitirse reuniones porque no hay casos locales de Covid-19, me explican. Vinieron unos 20 productores, algunos desde otros partidos. ¿Y les gustó lo que vieron? Sí, les gustó. Sobre todo cuando miraron el suelo, dice Alejandro. Sobre todo cuando miraron los números, deja caer Paz.
¿Y qué piensan de las afirmaciones de Allan Savory, de que el PRV termina fijando carbono, en lugar de emitiendo? Qué sé yo… dudan. Si El Viejo tiene razón, va a salvar a la ganadería cuando empiecen a aplicarse impuestos a la emisión de carbono. Eso es algo que va a pasar sí o sí, aunque no sabemos cuándo ni cómo. Si está equivocado, vamos a ser la última generación en comerse un asado.
Los Raia-Manrique confiesan que no saben cuánto carbono absorbe la tierra con PRV, ni tienen modos objetivos y científicos de medirlo, aunque existen. Lo que les resulta evidente es que el suelo está fijando más carbono que hace 5 años. Eso se ve en la cantidad y calidad de pasto, cada vez más tierno, “cercano al punto de descanso de la tierra”, dicen un tanto enigmáticamente, y en los rindes crecientes en toneladas de carne. La Celia fotosintetiza más.
No estamos salvando al mundo de la catástrofe térmica, aseguran ambos veterinarios. No somos hippies ni misioneros. Pero queremos dejarles un buen negocio a nuestros cuatro pibes, cuando tomen la posta. “Preferimos un modelo menos espectacular pero más resiliente y más nacional”, sintetiza Paz. “Y no cultivamos nada a lo que no podamos ponerle valor agregado” redondea Alejandro.
Personalmente, les querría decir, me gustaría que ellos y otra gente como ellos evitaran que otros productores argentinos medianitos terminen en la lona, y malvendiéndole la tierra a una corporación gringa o china. Dos cosas hicieron de la Argentina lo que fue en tiempos mejores e intenta seguir siendo. Fueron la educación pública y la propiedad mayormente nacional de su negocio agropecuario, del cual ya no controla la genética, los agroquímicos, el transporte fluvial y marítimo, y empieza a perder también la tierra. Perdé eso último y te volvés una republiqueta bananera, pero sin bananas.
¿Y qué piensan de la langosta?, les pregunto. Me miran, se miran y veo que “les está carburando el mate”. Claro, vos viniste por eso. Como contestación, me llevan hasta el Ekobondi. Es una caminata larga. La Celia es enorme. Van pintando algunas estrellas. Las luces de los vecinos empiezan a prenderse: uno a 5 km, otro a 8.
Aquí en Huanguelén, hace 103 años, el joven médico Baldomero Fernández Moreno escribió este “haiku” criollo y minimalista que todavía lo recuerda, y que sigue siendo cierto:
Ocre y abierto en huellas, el camino Separa opacamente los sembrados… Lejos, la margarita de un molino.
“La tarde se inclina/sollozando al Occidente”, como dijo Obligado, y las gallinas se están subiendo solas al Ekobondi, como se ve en el video. Lo hacen espontánea y colectivamente, son gallinas. Ud. lo puede constatar con cierta incredulidad en este otro video.
En toda la caminata, aunque voy interrogando el suelo con los lentes multifocales, no logro ver ni una triste tucura.
Las características demográficas de la Argentina hacen que el pico del coronavirus en el país será el pico de la provincia de Buenos Aires, donde reside el 36 por ciento de la población nacional. Más precisamente, del conurbano, donde viven las tres cuartas partes de los bonaerenses.
Mientras las cifras porteñas parecen indicar que el pico local va quedando atrás, del otro lado de la General Paz la curva de casos sigue su proceso de maduración. Cuando los “planetas del AMBA” se alineen alguien podrá anunciar que el pico nacional se ha superado.
La pregunta, obvio, es cuándo sucederá. Según un modelo matemático creado por tres investigadores de la Universidad de Tres de Febrero, ese momento está pronto a suceder. Néstor Barraza, profesor asociado de Probabilidad y Estadística, el ingeniero Gabriel Pena y la doctora en matemática Verónica Moreno aseguran que el pico de contagios en determinados países que ya lo superaron se dio cuando la cantidad de casos registrados por minuto estaba en el umbral en el que hoy se encuentra la Argentina.
Durante la última semana, el promedio de casos fue de 6.658 cada 24 horas. Esto es 277 por hora y 4,62 por minuto, lo que da un contagio cada 13 segundos. Si el mismo cálculo se hace sobre el récord de casos del último jueves (8.225), la cuenta daría un caso cada 10,50 segundos.
Pero las cosas no son tan sencillas como una simple división, sino que el algoritmo creado por los expertos, denominado MTBI (Mean Time Between Infections), pone en juego toda la curva desde el primer caso de coronavirus que hubo en el país. Se introducen las variables y el artefacto arroja un resultado. Según el último registro, en Argentina hay actualmente un contagio cada 9,48 segundos. Es el valor real del intervalo, considerando los registros desde el 3 de marzo hasta el presente. Eso da 6,32 casos por minuto.
¿Qué significa? Según los investigadores, quiere decir que nuestro país efectivamente está en ese umbral del pico. Es decir, hay un umbral. Según la experiencia de otros países que ya superaron el pico y tuvieron políticas sanitarias similares a la Argentina, esa instancia ocurrió al tener un contagio cada 6 segundos (10 por minuto), como máximo, y uno cada 12 segundos (5 por minuto), como mínimo. Siempre se habla de contagios registrados, que como se sabe son menos que los reales.
Según los expertos, el tiempo entre un contagio y otro vino bajando en Argentina durante agosto a un promedio de 1,5% por día. El 1° de agosto se registraba un contagio cada 14,5 segundos y ahora ocurre uno cada 9,48.
Algunos ejemplos de cuánto fue el tiempo mínimo entre un contagio y otro en los países que los expertos midieron con el mismo criterio matemático para tomar como referencia: China, 11,78 segundos; Perú, 11,63; Francia, 11,27; Reino Unido, 10,29; Italia, 8,98; Alemania, 8,60; Chile, 8,43; España, 6,17. Luego de esos registros, en cada país el MTBI empezó el camino inverso, para ser cada vez más amplio.
Por la modalidad que tuvo y sigue teniendo la cuarentena en Argentina, el pico también tendrá una característica especial: así como nunca hubo un incremento de casos abrupto, tampoco el descenso será precipitado. Es decir, se espera que en las próximas semanas comience una lenta baja de los registros en el total país, cifra en la que la Ciudad tendrá cada vez menos incidencia, mientras crecerá la preponderancia de algunas provincias. Mendoza, Córdoba, Santa Fe y Jujuy están teniendo hoy, cada una, hasta la cuarta parte de los contagios porteños, un panorama que hasta hace poco era insospechado.
La cantidad de casos diarios sigue alta en el país y ese ritmo sostenido de acumulación ha hecho que el último viernes Argentina haya superado también a Gran Bretaña en el total de contagios registrados. Unos días antes ya habían quedado atrás Alemania, Italia y Francia. Nuestro país ya ocupa el puesto 12° del mundo en el total de casos y va camino al top 10.
Vecinos de paseo en Caballito, este fin de semana. Es uno de los barrios porteños con el R0 más alto. Foto: Marcelo Carroll
El hecho que el el índice de contagiosidad porteño (R0) lleve más de diez días por debajo de 1 -como se informó el viernes- es indicio de que el pico porteño sería cosa del pasado. Con un valor de 0,95, significa que 10 personas ahora contagian a 9,5. Esto, de sostenerse en el tiempo con un descenso paulatino del R0, hace que los casos empiecen a bajar. El otro indicio que alimenta la misma sospecha es que la tasa de positividad en los testeos de PCR viene en descenso en la mayoría de los barrios.
El grado de aceleración de los contagios en la provincia de Buenos Aires (el doble de velocidad que la Ciudad en el último mes) implica que todavía el tiempo que transcurre entre un contagio y otro en el promedio nacional se siga acortando. Hasta ahora ese intervalo nunca dejó de achicarse y es lo que indica que el pico nacional aún no se ha superado. Cuando eso suceda los investigadores de la Universidad de Tres de Febrero estarán en condiciones de registrar cuál fue el índice MTBI mínimo de Argentina y agregarlo a la lista internacional.
El matemático argentino Daniel Gervini, profesor en la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, hace un seguimiento celoso de las curvas y no tiene dudas: “El pico de contagios en la Ciudad ocurrió el 12 de agosto, mientras que para llegar al pico en la provincia de Buenos Aires faltan entre dos y tres semanas”.
Según Gervini, el pico porteño se alcanzó ese día con 112.718 casos confirmados. Mientras que el bonaerense llegaría cuando allí sumen 430 mil casos. Casi el cuádruple, lo que coincide con la cantidad de habitantes de uno y otro distrito.
Esa meta inminente no quita que luego no siga habiendo brotes en diferentes partes del país, como viene ocurriendo en las últimas semanas en naciones que ya han superado el pico. Sin embargo, la primera -y más peligrosa- ola de coronavirus en la Argentina será parte del pasado.
(En AgendAR publicamos una nota sobre este modelo matemático en julio. En ese momento, predecía el «pico» para mediados de agosto, pero el modelo se fue refinando a partir de la información que aportaban el Ministerio de Salud y las provincias. Pero ya entonces agregamos una advertencia: «El modelo matemático es preciso, pero -advierten infectólogos y sanitaristas- es imposible tener la certeza que toma en cuenta todas las variables. Hay demasiadas cosas que todavía se desconocen sobre este virus»).
Las ocho provincias argentinas que integran la Liga Bioenergética (Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, Salta, Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán) quieren aumentar el porcentaje de biocombustibles en la nafta y el diesel que se venden en la Argentina. El objetivo es incrementar el corte con etanol y biodiesel de producción local, para impulsar las economías de esas provincias.
Las terminales automotrices se oponen: aseguran que esto obligaría a recalibrar los motores de todos los vehículos del parque automotor argentino -nuevos y viejos, casi 14 millones de unidades- para adaptarlos a estos cambios. La puja entre las dos partes llegó hasta el Gobierno nacional, que deberá tomar la decisión final. El plazo vence en mayo de 2021.
Quizás la carta no haya llegado con el timing más oportuno. Aterrizó en el Ministerio de Desarrollo Productivo sólo 48 horas antes que se conociera la salida del Secretario de Energía, Sergio Lanziani. Pero la nota, firmada por el presidente y el secretario de ADEFA (la cámara que agrupa a las automotrices) Sergio López de Ford Argentina y Daniel Herrero, CEO de Toyota, apuntó más arriba -al ministro Matías Kulfas- y alerta sobre un conflicto que va tomando forma entre el campo, las automotrices y las petroleras.
La carta adelanta un debate: el de la matriz energética que elegirá el Gobierno. Y, más puntualmente, señala los costos de la renovación de los motores, algún efecto contaminante, el golpe a la billetera de los consumidores y el impacto sobre el actual parque automotor que puede tener el proyecto presentado por las provincias de la Liga Bioenergética, que pretende reemplazar la ley de biocombustibles sancionada en 2006 y cuya fecha de vencimiento es en mayo de 2021.
La norma, que se creó para desarrollar pymes productoras en el interior y que Mauricio Macri prometió extender sin cambios, obliga actualmente a mezclar un 12% el etanol en las naftas y en un 10% el biodiésel en el gasoil. El proyecto de la Liga pretende llevar el primero a un 15% sin un marco temporal establecido y el segundo, al 15% en forma inmediata; al 16%, en 18 meses, y al 17,5% a más tardar el 31 de diciembre de 2027.
Los petroleros, en alianza con las automotrices, afirman que un proyecto así no sólo implicaría una suba de precios en los surtidores a los consumidores, sino que provocará una baja en la recaudación del Estado por una caída retenciones, ya que derivaría producción del campo a la industria energética.
A contramano, los productores de biocombustibles sentencian que es tiempo de una nueva ley. Dicen que lo que fabrican es mejor para el ambiente que los combustibles fósiles y aseguran que esta idea permitirá reducir las importaciones, o sea, gastar menos dólares. No es una promesa menor en tiempos de escasez de divisas y cepo cambiario.
Ante esta situación, la nota de las automotrices sentencia que considera “imprescindible” el llamado a una mesa de trabajo con todos los actores del sector involucrados en el tema, “con el objetivo de analizar y discutir en conjunto todos los aspectos que hacer al acrecentamiento del corte de etanol y de biodiésel, a fin de poder consensuar los métodos y procedimientos para poder llevar a cabo tales efectos”.
En las terminales automotrices consideran que el proyecto es “inviable”. Afirman que no hay antecedentes mundiales de países que subsidien la producción y venta de esos productos, de un corte de etanol y biodíesel que suba progresivamente, y que los pocos países que adoptaron reglas similares tienen escala, como Brasil o algunas ciudades de Estados Unidos, lo que les deja margen para calibrar los motores de los autos que producen y no terminar contaminando más el ambiente.
También remarcaron que es un problema que las provincias van eligiendo diferentes diferentes porcentajes de corte. “Vas a Santa Fe cargás un diésel, y pasás a Córdoba, y cargás otro”, dicen.
“No vemos problemas en que haya un aumento del corte. Pero va a llevar tiempo (dos años) y a requerir inversiones y calibrar los motores. Alertamos que no tenemos la escala, porque el mercado argentino no da y que no se puede hacer progresivamente. Además, tenés que ver qué hacés con el parque actual. El otro problema es a qué precio vendés ese corte mayor”.
Más precisamente, ADEFA advierte en su carta -sobre el etanol- que los cambios requieren homogeneidad (que el nuevo combustible se halle en todo el país), tener combustible de resguardo (que el corte actual exista para el parque automotor de hoy), asegurar la calidad, e informar al consumidor sobre los costos (según ADEFA, el consumidor gastará más combustible “debido al menor poder calórico del alcohol versus las naftas”).
“Si bien el uso de mayores porcentajes de alcohol en el blending de naftas produce una menor huella de carbono también hay que considerar que el alcohol genera en la combustión residuos de aldehídos y cetonas que aumentan con el aumento del corte”, continúan. Además aseguran que varias pruebas mostraron problemas de desempeño en los motores de los autos.
Sobre el biodiésel, las terminales cuestionaron que en vehículos livianos el corte no puede superar el 7%, ya que algunos vehículos (common rail) “no soportan más de ese porcentaje sin sufrir fallas significativas”. Recomiendan seguir la norma Euro 5, incluso en transportes pesados, que sí podrían soportar un corte mayor (aunque no cumpliendo el Euro 5). Si se aceptan cambios recomiendan que sean sobre flotas cautivas y contando con el acuerdo de los fabricantes del motor. Advirtieron sobre pérdida de potencia y aumento del consumo.
Las petroleras afirman que un proyecto como el de la Liga “genera una oferta cartelizada, con un mercado cautivo y precio garantizado”. Además advierten que “el precio al consumidor termina siendo mayor, ya que el costo en puerta de refinería del combustible fósil es menor al del biocombustible”. Pero ponen luego entre sus fundamentos un anzuelo para el Gobierno: “El Estado no percibe divisas por exportaciones de maíz, soja y sus derivados, que se podrían exportar, y deja de recaudar los impuestos no cobrados a la venta del combustible”.
En cambio, Luis Zubizarreta, presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles, dice: “Es el momento de pensar en una nueva ley de biocombustibles superadora de la actual que vence el año próximo y que amplíe el corte en el tiempo y genere mayor competencia entre los productores para lograr mejores precios para los consumidores y mejor calidad que la actual”.
“Está probado que los biocombustibles tienen un enorme impacto benéfico en el ambiente, con ahorro de gases de efecto invernadero respecto al uso de combustibles fósiles por encima del 70%, además de un enorme apalancamiento en nuestra cadena agroindustrial potenciando uno de los sectores más dinámicos y con mayores posibilidades de generar desarrollo y empleo a nuestro país”, agregó el directivo de la CAB.
“Además, se lograría eliminar el déficit comercial de las importaciones. Lógicamente hay sectores que tienen intereses contrarios y piensan que la salida es seguir importando naftas y gasoil de otros orígenes; generando allí el trabajo, pero debemos ver el modelo de Estados Unidos, Europa y Brasil, que han definido diversificar sus matrices energéticas apuntando a un planeta sustentable y un desarrollo mayor de los biocombustible, una matriz energética más diversificada y limpia”.
Zubizarreta cerró: “La Argentina tiene una enorme capacidad instalada sin usar con alta tecnología por lo que automáticamente se podría abastecer cortes más altos. Hay que remarcar que hay países como Indonesia, con un corte del 30% o Brasil, apuntando al 15% en 2023 con parques automotores similares al nuestro”.
as tres cámaras que nuclean a ese sector de la tecnología, las de Industrias Electrónicas (Cadieel), de Multimedia (Camoca) y de Distribuidores Mayoristas de Informática (Cadmi), comenzaron a trabajar en forma conjunta con el Gobierno en planes de acceso a computadoras para docentes y alumnos.
Así, la industria tecnológica estima que de acá a fin de año se pondrá en marcha la mayoría de las empresas del sector, e incluso habrá una decena que inicien operaciones por primera vez, y se crearán unos 2.000 empleos como consecuencia de la reactivación de los planes de netbooks educativas por parte del Gobierno.
El puntapié inicial fueron los créditos del Banco Nación a docentes de primaria y secundaria para la compra de computadoras, a una tasa de interés del 12% anual y en 36 cuotas, con precios promedio de $ 70.000 y máximo de $ 100.000, entre 5% y 10% por debajo de los valores del mercado.
Para ello, las tres cámaras pusieron en funcionamiento una plataforma de comercio electrónico en forma conjunta, donde canalizan los pedidos y ponen marcha el proceso de entrega.
«Esto se inició con 25.000 equipos ofrecidos que se otorgaron en tres horas», destacó Guillermo Freund, de Cadieel, quien indicó que «todo esto pasó ante una necesidad urgente y el sector dijo acá estamos. Si el Estado tiene una política activa que permite pensar en una continuidad, desarrollemos planes de producción».
Remarcó que «de acá a fin de año las siete empresas de Cadieel que producen computadoras crearán 500 empleos», y subrayó que «hay dos empresas de distribución comercial que van a comenzar a fabricar».
«De acá a octubre estarán todas las fábricas abiertas, y ya están en proceso de contratación de gente. Se perdieron 4.000 puestos con la destrucción que hizo el gobierno anterior. Destruirlo es rápido y construirlo lleva tiempo, pero ya comenzó», sostuvo Freund.
Puntualizó que «esto es una oportunidad para reactivar una industria, no para liquidar un stock», y afirmó que «el sector se está preparando para abastecer todo lo que haga falta».
«Hay una demanda insatisfecha enorme en tecnología. Hay que achicar la brecha y tenemos propuestas para eso», reafirmó el dirigente de Cadieel.
Puntualizó que la industria «se está rearmando con mucha ayuda del Ministerio de Producción y también de Educación», y «volver con las notebooks escolares es algo que el sector lo valora y una enorme oportunidad».
«Al final de 2021, con estos programas educativos más algunos más y el empuje del mercado interno, las empresas recompondrán 4.000 puestos de trabajo».
Por su parte, el gerente de Camoca, Carlos Scimone, destacó que «después de cuatro años muy difíciles, aparece una oportunidad para reactivar el sector».
«El Gobierno empezó a ver cómo reactivar en medio de la pandemia a todo un sector que estaba relativamente abandonado», señaló Scimone, y remarcó que «es una situación muy complicada la actual, porque por un tema presupuestario el Estado no está en las mejores condiciones de invertir en esto, pero la decisión está tomada».
Indicó que «primero se lanzó la iniciativa para los docentes que consideramos que iba a ser de un volumen inferior», y anticipó que «luego vendrá una segunda etapa que contempla a los alumnos».
Aclaró que «no es una situación fácil», porque señaló que «es preciso primero que vuelvan a poner los aranceles a las importaciones que eliminó el gobierno anterior».
«A partir de ahí podemos estar ensamblando a los 60 días, y el año que viene empezando a fabricar partes y piezas e integrando una industria más completa a partir de marzo».
«El objetivo es volver al 2013 cuando las fábricas estaban produciendo todo tipo de modelo», y estimó que «eso será a partir de segundo semestre del 2021».
Camoca cuenta «con 13 fábricas de computadoras, de las cuales hay cuatro que están abriendo nuevas», y añadió que «de las nueve restantes, hay cuatro que no están operando todavía».
Scimone destacó que «ya se está tomando gente», y precisó que «se emplearon 350 personas en estos meses y para fin de año ese número puede ser de 1.200».
En tanto, el presidente de Cadmi, Federico Freitag, remarcó que «es muy bueno el trabajo conjunto con la Secretaría de Comercio, el Banco Nación y el Ministerio de Educación», y sostuvo que «es un buen plan para llegar a miles y miles de docentes en un primer momento, y a alumnos después».
Subrayó que «se agotaron las 24.000 notebooks iniciales», pero adelantó que «se repetirá esta iniciativa a razón de 30.000 máquinas por mes desde setiembre en adelante».
Además, destacó que «se está pensando este mismo proyecto llevarlo a profesores universitarios», y puso de relieve que «la plataforma de comercio electrónico creada en conjunto por las cámaras es un trabajo mancomunado por un objetivo común que es llegar a miles de maestros todos los meses con los mejores precios y financiación».
«Ya se está hablando también del nuevo Conectar Igualdad para los alumnos», afirmó Freitag, quien señaló: «ya somos varios los que hasta ahora solamente importábamos y distribuíamos, pero rearmamos las fábricas y a partir del último bimestre vamos a estar fabricando las notebooks en la Argentina».
Destacó que «habrá seis fábricas nuevas», y precisó que «se incrementará en un 20% la plantilla de personal de las empresas, es decir, unos 200 empleados en una primera etapa.»
Estas imágenes fueron recibidas en el centro espacial de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales en Córdoba, tomadas por los satélites Sentinel 2A y Sentinel 2B de la agencia espacial europea ESA (composición color RGB=[12,8A,4], bandas 14, 8A y 4, sensor MSI).
La CONAE pone a disposición estos datos a los organismos responsables de mitigar la emergencia: el Sistema Federal de Manejo del Fuego (SFMF), Defensa Civil, el Ministerio de Seguridad y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
Incendios en las sierras cordobesas, en imágenes satelitales elaboradas por la Unidad de Emergencias y Alertas Tempranas. La animación muestra la evolución de los incendios desde el día 17/5 al 17/8 de 2020, en el área protegida Reserva La Calera, cercana a Ciudad de Córdoba. ? pic.twitter.com/yfARPkLr2q
Estos de Córdoba son sólo una parte de lo que está sucediendo en nuestro país. A los registrados en el Delta del Paraná, que hace pocos días informaba AgendAR, se suman los casi 2.500 focos que han aparecido en el Chaco.
Y los incendios forestales que están ocurriendo ahora en California son el segundo y tercero más grandes en la historia de ese estado. Miles de personas han sido evacuadas de sus casas. Hace pocos meses, un fenómeno similar, aún más masivo, se producía en Australia.
Nuevamente se extienden los incendios en la Amazonia brasileña y en la boliviana. Más allá de las culpas de la irresponsabilidad y la codicia humanas, será necesario enfocar esto como un problema global, cuando amaine la urgencia de la pandemia.
Se trata de una aeronave de entrenamiento militar y uso civil primario. Se invertirán u$s 2.500.000 en el primer proyecto de producción en serie de un avión en FAdeA luego del IA-63 Pampa II.
El ministro de Defensa, Agustín Rossi, anunció ayer lunes que la Fábrica Argentina de Aviones SA (FAdeA) llevará adelante el desarrollo del avión IA-100 «Malvina», con financiamiento del Instituto de Ayuda Financiera para Pago de Retiros y Pensiones Militares (IAF).
«Es una iniciativa innovadora que constituye un punto de inicio para que después se puedan financiar otras inversiones productivas», expresó Rossi en una reunión virtual del Ministerio de Defensa.
Sobre la participación del IAF, el funcionario señaló que se trata de «una inversión segura porque está dentro del marco de la jurisdicción de Defensa».
«Lanzamos esta iniciativa en un momento en donde la industria aeronáutica está en profunda crisis en todo el mundo, pero en Argentina decidimos apostar fuertemente, porque es de las más importantes dentro de la industria para la Defensa», afirmó Rossi y celebró que «el nombre para el nuevo avión sea el de ‘Malvina’, nombre de mujer y en homenaje a nuestras Islas».
Según informó el Ministerio de Defensa, para diseñar este avión de entrenamiento para pilotos de la Fuerza Aérea Argentina se retomó el Programa IA-100, que en 2015 había desarrollado exitosamente un demostrador tecnológico, un prototipo de avión en el que se probaron materiales y capacidades.
Del encuentro participaron también la secretaria de Ciencia, Tecnología e Industria para la Defensa, Daniela Castro; el titular del IAF, Guillermo Carmona; la presidenta de la Fábrica Argentina de aviones, Mirta Iriondo; y el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Xavier Isaac, entre otras autoridades.
Desde AgendAR señalamos que este es otro paso, un poco mayor, pero en la misma dirección que el que se anunció el jueves pasado: el Astillero Río Santiago finalizará la construcción de dos lanchas LICA que se utilizarán en la instrucción y adiestramiento de los cadetes de la Armada Argentina.
Las industrias de la Defensa van retomando, aún en medio de la pandemia y la crisis financiera, el papel que cumplen en todos los países serios: el estímulo a la industria nacional y a la incorporación de tecnología.
Confiamos en que estas decisiones sirvan para nuestras Fuerzas Armadas dejen de ser equipadas con material de rezago de otros países. Que después no se puede mantener porque no nos autorizan los repuestos.
El ministro de Defensa, Agustín Rossi, anuncia la fabricación del «Malvina»
(La primera parte de este artículo está aquí; la 3° y última estará online este miércoles 26)2. Langostas, tucuras, fábricas, chinos, feromonas, drones y satélites La infografía que repetimos arriba da para el engaño. La langosta que menos asusta, la del tamaño de un delicado dedo índice de dama, a la izquierda, es nuestra famosa Schistocerca cancellata, que por ser una voladora olímpica es la que hace los peores desmanes. En contraste (y del tamaño de una mano de hombre), la tucura quebrachera de la derecha (Tropidacris collaris) come como una motosierra, pero gasta menos energía porque no es tan voladora. Por ende, constituye un problema de resolución más local. En el resto del planeta y con nombres mucho menos criollos existen aproximadamente 12.000 especies de tucuras, y aunque generan unos enjambres de terror no vuelan gran cosa. Las langostas verdaderas, las voladoras maratónicas como la langosta africana del desierto (Schistocerca gregaria) o su prima cercana, nuestra “cancellata” sudaca, suman apenas 25 especies en el mundo. Pero esas 25 comparten una capacidad inverosímil de transformación somática para evitar la competencia intraespecífica, es decir contra su propia especie. Si las ninfas nacen a baja densidad, todo bien: los adultos serán voraces pero no muy distintos de las tucuras: vuelo corto y vida hambrienta pero casi sedentaria, aunque nunca aburrida. Es que cuando barren con toda la vegetación de una zona, como les cuesta salir de ella, las tucuras no le hacen ascos al canibalismo. Para una tucura, como dijo alguno, lo mejor es otra tucura. En cambio si las saltonas nacen muy amuchadas, el adulto encara lo que el acridiólogo soviético Boris Petrovich Uvarov llamó una transformación “de fase”, y que supone cambios estructurales y metabólicos propios del Increíble Hulk enojado. Apretujadas a alta densidad, las adultas intercambian feromonas –mensajes químicos- que disparan reingeniería: aumentan su tamaño, potencian su musculatura, refuerzan sus alas, agravan su hambre, cambian su coloración y enloquecen su conducta. La fase “on steroids” de una especie parece directamente de otra especie. Enjambra de a millones y puede volar a una máxima de 4 km/hora, pero desplazándose distancias interprovinciales o internacionales si el viento ayuda. En la llanura chacopampeana se han visto “supermangas” de 100 kilómetros de longitud y 10 de frente que tardan horas en pasar. Parecen humaredas desfilando, lerdas, de horizonte a horizonte. Pero más que humaredas, son un incendio. En un km2 de langostas aterrizadas “para la cena” caben 80 millones de individuos, y comen tanta vegetación como 2000 vacas, sólo que absueltas de ese límite vertical que le impide a las vacas subirse a los árboles. En una noche, liquidan el equivalente calórico de la comida de 35.000 personas. Lo del equivalente calórico es determinante: las langostas son peligrosas directamente cuando se comen tu comida (normalmente, las cosechas) pero también cuando se comen la comida de tu comida (los forrajes). No es un bicho compatible con una economía agropecuaria con una deriva hacia lo primario, que en medio de la furia sojera llegó a dedicar casi 18 millones de hectáreas a este particular poroto forrajero.avionetas Ranquel La Argentina que en los ’50 y ’60 derrotó por fin a la langosta era un país exportador de alimentos para personas, básicamente trigo y carne vacuna. Era distinto del actual también en otros sentidos. Con tanta industrialización sustitutiva, tuvimos la originalidad regional de poder atacar a la Schistocerca hasta con avionetas propias. Me refieron a la de usos generales IA 46 Ranquel, diseñada y construida por el Instituto Aerotécnico de Córdoba entre 1958 y 1968. No eran aviones especializados pero tenían una calidad equivalente a los Piper y Cessna multitareas yanquis, aunque eran un punto más potentes (venían con un Lycoming de 150 HP), y se pagaban en pesos. Todavía hay algunos volando desde aquellos tiempos. No salen baratos: cuando tienen una “recorrida” reciente de motor e incluyen equipo de aeroaplicación, se venden hasta por U$ 35.000. Hasta la química teníamos aquí para este combate: el principal productor de DDT en aquellos años era Atanor, todavía entonces una firma de capitales argentinos. La batalla no se jugaba sólo en el espacio sino en el tiempo. A partir de 1954 empezaron a rociarse a motomochila las zonas de puestas masivas para ralear la población de ninfas desde la misma eclosión, e impedir así el enjambramiento. Con la victoria a la vista, la lucha se volvió masiva: cuando podían y si el terreno era practicable, algunos dueños de campos pasaban la vieja y pesada rastra de discos por la tierra cribada de agujeritos de ovoposición, para exponer las ootecas al aire, a la desecación y a los predadores. Y así se llegó a 1964, cuando los argentinos pudimos ver por primera vez a los Beatles en la tele y ninguna manga de langostas oscureciendo los cielos. No fue un mal año.El helidrón RUAS-160 de INVAP, Cicaré y Marinelli en Expoagro 2019 Pero ahora hay opciones más baratas y precisas para la aeroaplicación. El RUAS-160 de INVAP es un helidrón (fusión de «helicóptero» y «dron») argentino multipropósito de tamaño importante (160 kg. con combustible y carga útil). Por ahora hay uno solo, el MET o Modelo de Evaluación Tecnológica. Tal vez dentro de un par de años sean centenares. O miles, si se lo exporta. ¿Es exportable? INVAP es el equivalente argentino en tecnología nuclear y aeroespacial de Rolls Royce o General Electric. La respuesta: sí. El RUAS-160 creó interés inmediato en el campo: los productores y contratistas lo ven como un sistema económico y preciso de aeroaplicación, superior al avión tripulado en superficies chicas o difíciles por relieve, árboles o viento turbulento. Y pagable en pesos, y con service local. Con 80 kg. de carga útil límite, con su despegue y aterrizaje plenamente robóticos, con tres planes de vuelo distintos (automático, sin piloto, o semipilotado, con piloto haciendo correcciones de trayectoria, o plenamente manual), el RUAS-160 tiene entre 1,5 y 6 horas de autonomía de vuelo según cuánto cargue. Permite aplicar plaguicidas en dosis muy ahorrativas (3 kg/ha). Esto lo hace casi sin problemas de deriva por viento, ya que logra operar a una altura muy baja y en vuelo estático, cosas imposibles para un pesado avión fumigador. Augusto “Pirincho” Cicaré, el genio helicopterista de Saladillo, provincia de Buenos Aires (ya tiene 83 años), fue su diseñador original y lo hizo sumamente reconfigurable. Nicolás Marinelli, piloto y contratista, forma parte de esa asociación tecnológica entre una empresa nuclear y aeroespacial y otra de helicópteros. Es literalmente “la pata rural” de dos tecnológicas fierreras para aterrizar en el campo argentino. Y tanta polvareda levantó el RUAS-160 en Expoagro 2019, que el presentador oficial del helidrón fue Héctor Huergo, de Clarín Rural, el vate del modelo agropecuario actual argentino. Ahora que en Argentina resucito el Ministerio de la Ciencia, el CONICET y el INTA podrían quizás forjar herramientas nuevas de control biológico: hay hongos del suelo, como los microsporidios. Atacan naturalmente las puestas de huevos. ¿Son cultivables? ¿Sirve rociarlos? ¿De cuáles maneras, y con qué “efectos colaterales” sobre los agrosistemas y la gente? Hay otros hongos del suelo, como el Metarhizium nosema, que podrían colonizar y comerse vivas a las ninfas o a las saltonas, para ralearlas al punto de que no lleguen a esa transformación de fase que las hace enjambrar. ¿Se puede sacar esta idea del limbo académico y volverla tecnología real, y de paso, patentable en favor de la Argentina? ¿Y qué hay de hackear los sistemas de comunicación de las langostas? New Scientist del 12 de agosto informa que un tal Le Kang, perteneciente al Instituto de Zoología de Beijing, acaba de irrumpir en la internet química de la langosta más común del planeta: la Locusta migratoria, pesadilla no sólo de África sino de casi toda Eurasia. Entre 35 sustancias volátiles que emiten estos bichos, hay 6 que sólo aparecen cuando enjambran. Entre esas 6 moléculas, hay una llamada 4-vinilanisol. En experimentos de laboratorio, resulta infalible para hacer amuchar a las langostas en fase solitaria. Pero funciona también al revés: cuando se amontonan por fuerza muchas langostas en poco espacio, todas se ponen a exudar 4-vinilanisol. “¡Eureka!”, habrá exclamado Le Kang, aunque en mandarín. “¡La feromona del enjambramiento!”Langosta hackeada: una Locusta migratoria, con el color gris que toma cuando enjambra Usando trampas de 4-vinilanisol, Le Kang logró hacer aterrizar mangas salvajes sobre trampas pegajosas, parecidas al viejo papel matamoscas. Nada impide atraerlas a superficies elegidas “ad hoc” donde se las mate con piretroides, con poca contaminación del suelo, del agua, de los pájaros, de otros insectos útiles, y también de peces y anfibios. Y si se las matara con métodos físicos, las propias langostas serían un eficaz balanceado: descartada la quitina del exoesqueleto, proteína no les falta. Las langostas fritas (chapulines) constituyen una comida popular en México desde tiempos precolombinos: comerse a la comida de la comida de tu comida es pura justicia poética azteca. Le Kang sugiere diseñar sustancias químicas que bloqueen los receptores del 4-vinilanisol en las antenas de las langostas. Esto podría impediría su enjambramiento y transformación de fase para volar grandes distancias, lo que las libraría a la competencia intraespecífica (y eventualmente, al canibalismo), destino más propio de vulgares tucuras. Todo este conocimiento merece programas horizontales que unan las reparticiones científicas del estado entre sí, y a todas con la industria privada, los productores agropecuarios y las firmas argentinas de biociencias. Como me dijo en 2018 el veterinario Carlos van Gelderen, de la Sociedad Rural Argentina, representante entonces de esa entidad ante el directorio del CONICET: “Esta institución es una caja de herramientas donde hay de todo y para casi todo”. Pero ahora, haber por haber, habemus Ministerium. “En plan habemus”, habemus hasta satélites: está en vuelo el SAOCOM 1A. El 1B, su clon, está, paciente, en plataforma de lanzamiento en Cabo Cañaveral, demorado por la pandemia, a punto de ser disparado desde hace más de un mes y medio por la empresa Space X de Elon Musk. El radar en banda L de estos aparatos “lee” el agua hasta 2 metros bajo la tierra desde su órbita de 600 km. de altura. Puede discernir ese cambios críticos de humedad del suelo que crean “zona liberada” para la fructificación de huevos de acridio, sean de tucura o de langosta. Cada género y cada especie tienen requisitos de agua bastante exclusivos. Esta información sobre el agua subsuperficial cruzada con los índices verdes de vegetación obtenidos por sensores ópticos o de radar en banda X permitiría generar mapas de riesgo en el Instituto Mario Gulich, de Falda del Carmen, Córdoba. Podrían usarse para atacar las ootecas, disminuir las aeroaplicaciones y matar “en el huevo” sus costos económicos y ambientales.Construir esa antena inmensa (la del SAOCOM 1A) ya fue una hazaña de 20 años. Pero ya está en el espacio, y se viene otra. La especialidad de los SAOCOM, aparatos de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) es justamente la prevención, control y monitoreo de desastres, desde deslaves hasta erupciones, pasando por derrames de petróleo. Los radares espaciales en banda L son aparatos tan infernalmente complejos y caros que únicamente Japón tiene un fierro similar, el Alos Daichii 2, y es un único satélite, aunque más moderno y potente que nuestros SAOCOM. Como sea, tenemos 2 de estos, y si a la CONAE el estado le hubiera dado fondos adecuados en lo que va de este siglo, podrían ser 4 y estar ya en vuelo. ¿Ve esa antena del tamaño de un frontón de squash? Pesa 1,5 toneladas, la mitad del satélite. Y no quiera ver lo que costó poner eso en órbita. O revisar su consumo eléctrico. La banda L no es para cualquiera. Lo esencial de esa antena es invisible a los ojos. Como a todo satélite-radar, a los SAOCOM les da igual que en tierra sea de día, de noche, que llueva, truene o brille el sol: iluminan el terreno activamente con microondas, y eso genera imágenes. En el Instituto Gulich, la CONAE las puede combinar con las de otros 4 satélites italianos en banda X, los Cosmo-Skymed, y el resultado es una visión del ciclo del agua como no la tiene ningún país. Se puede detectar una inundación cubierta por un bosque: la banda X “lee” el techo de hojas, la L mide el nivel de agua debajo. Hay un convenio –viejo pero vigente- entre las agencias espaciales de ambos países para compartir la información espacial que generarán los 6 satélites volando “en constelación”. Ésta tiene nombre, Sistema Ítalo Argentino de Satélites de Gestión de Emergencias, o SIASGE. La capacidad de observación predictiva de los ecosistemas agropecuarios que cobró el SIASGE con esta “constelación XL” es un poco inexplicable, porque es la primera de la historia. Y es que la banda L es tan nueva en el espacio que constituye una solución en busca de problemas. Incluso de aquellos que no queremos ver.La tucura sapo, o Bufonaris claraziana, carente totalmente de alas, muy dañina en la Patagonia Y problemas nunca faltan. Curiosamente, la humedad que a fines de 2019 permitió nacimientos multitudinarios de saltonas en el desierto arábigo, en nuestra Patagonia funciona al revés: es cuando la tierra se seca demasiado que hay peligro de enjambre de la tucura sapo, o Bufonaris claraziana. Y es que la desecación mata los hongos y bacterias que normalmente infectan las ootecas de este gran villano regional, bicho voraz y temido. Los satélites de la constelación XL, diseñados inicialmente para prevenir inundaciones y sequías, e incluso también predecir cosechas o momentos de siembra, según la cantidad y ubicación del agua subterránea, nos darían alertas tempranas de posible nacimiento de acridios. A nosotros y al mundo, en realidad. Y eso se cobra, aunque no siempre. A 24 millones de campesinos africanos del Este y de Medio Oriente los cultivos y cosechas de 2020 les han desaparecido. Acaba de suceder, durante la última y peor infestación de Schistocerca gregaria en 23 países (Etiopía, Somalía, Kenia, Pakistán, Tanzanía y sigue la lista). Jamás seríamos tan cretinos como para cobrarles. Ni tan estúpidos, máxime con la cantidad de alimentos que este año empezó a comprarnos un poderoso vecino de esa lenta catástrofe, Egipto. El prestigio regional paga de otros modos, pero paga siempre.Todo esto me obliga a hablar de guerrilleros y edafólogos, de elefantes africanos, de vacas Aberdeen Angus coloradas, de gallinas Rhode Island de similar tonalidad e, inevitablemente, del gran poeta argentino Baldomero Fernández Moreno. Pero eso mañana, cuando esta historia de langostas se termine (de modos raros e inesperados).
Este fin de semana el diario Clarín publicó una nota con un contenido informativo correcto pero con un título «Más cercanía a China: El Gobierno activa la adhesión al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura» que sugiere una posible alarma sinófoba más habitual en, por ejemplo, el portal Infobae.
El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (Asian Infrastructure Investment Bank o AIIB) es una institución financiera internacional propuesta por el gobierno de China. En medios internacionales puede leerse que es la respuesta china al Banco Mundial, manejado por los EE.UU., pero el gobierno de Beijing prefiere mantener un perfil más discreto.
En realidad, fue el gobierno de Mauricio Macri el que anunció el 23/6/17 en su página web oficial que «el Directorio del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) aprobó el ingreso de la Argentina, lo que permitiría multiplicar las fuentes de financiamiento destinado a energía, transporte y telecomunicaciones para el desarrollo del país».
De paso, podemos agregar que el 28 de este año, nuestro vecino Uruguay, se unió, junto a Costa de Marfil, Guinea y Túnez, al BAII como nuevos miembros. También ya habían adherido Bolivia, Chile, Ecuador y Venezuela.
Y según informa la agencia Xinhua, el Senado brasileño aprobó este 5 de agosto el acuerdo que convierte a Brasil en miembro fundador del BAII. El hecho es que otros 56 países han firmardo el tratado que los convertirá en miembros fundadores del Banco, una vez ratificado por sus respectivos poderes legislativos y aportado su parte del capital.
En nuestro caso, lo que ha sucedido es que la comisión de Relaciones Exteriores del Senado aprobó por unanimidad el dictamen de adhesión. Ahora irá a Diputados, donde no se esperan problemas. A partir de ahí, Argentina tendrá que hacer un primer aporte de 5 millones de dólares.
En fuentes del Gobierno se habla de obtener un financiamiento inicial de 300 millones, pero todavía no hay precisiones.
Se puede decir que con esta ratificación, el gobierno de Alberto Fernández dará un nuevo paso en la Relación Estratégica Integral con el país asiático. Pero, a nuestro entender, es más importante que China en los últimos tres meses pasó a ser el primer socio comercial argentino. Y le acaba de renovar a nuestro país los swap de monedas con el Banco Central por casi US$ 20.000 millones, lo que es crucial para las críticas reservas en moneda extranjera a nivel local.
En un plano por ahora más simbólico, se menciona la adhesión argentina a la iniciativa Una Franja Una Ruta (One Belt One Road) por la que China financia proyectos de infraestructura y transporte. Y se especula que el presidente Fernández viaje a China en noviembre para estar presente en la apertura de la Expo Shanghai.
El embajador en Beijing, Luis María Kreckler, y el representante comercial argentino en China, Sabino Vaca Narvaja, estuvieron esta semana en Shanghai. A la Argentina los chinos le concedieron un pabellón de honor para la feria de noviembre. Pero China no confirmó aún si la inauguración de la Expo Shanghai va a ser presencial o virtual, y si tendrá visitas internacionales o no. La pandemia es todavía un factor a considerar…
En el plano inmediato y práctico, China está interesada en la reactivación de las obras para las represas hidroeléctricas de Santa Cruz y en la construcción de la cuarta central nuclear en el país, su central insignia la Hualong-1. Un tema objeto de intensos debates entre nosotros, como saben los lectores de AgendAR.
La periodista Natasha Niebieskikwiat agrega las observaciones de Patricio Giusto, director ejecutivo del Observatorio Sino-Argentino. Señala que el Banco ya tiene financiamiento aprobado por unos US$ 20.000 millones en 24 países, básicamente en Asia. Y que hay 44 proyectos en preparación. «Latinoamérica podría recibir unos US$ 2.000 millones , en una primera etapa, mientras Argentina recibiría US$ 300 millones. En nuestro caso, esos fondos irían a pequeñas obras de generación de energía y puertos».
En Presidencia se oyó a Gustavo Béliz, secretario de Asuntos Estratégicos, decir que ese monto -bastante bajo por cierto- iría a obras de infraestructura en el interior del país.
El BAI funciona de manera similar a otros bancos multilaterales. dijo Giusto. Les otorga financiamiento con o sin respaldo soberano, con inversiones directas de capital a empresas del sector público o privado. «En eso el BAII ofrece mucha flexibilidad, depende del país de destino establecer la cartera de proyectos de interés a financiar y la modalidad. Para Argentina es un paso muy importante su ingreso pleno al banco, en una coyuntura donde será muy difícil conseguir financiamiento internacional desde otras fuentes.»
Se comprobó en experimentos de laboratorio que algunos de estos suplementos nutricionales poseen efectos antivirales y antiinflamatorios. Ahora lo están probando en 140 pacientes.
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Un grupo de profesionales del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Airess está avanzando en una investigación para determinar si es posible contener, o moderar, el progreso del Covid-19 en pacientes internados, sumando una alternativa complementaria al tratamiento. Médicos y nutricionistas les están suministrando a un grupo de contagiados un suplemento dietario que ayuda a regular su flora intestinal. La idea que los orienta es intentar mejorar la capacidad del sistema inmunológico de las personas para que le haga frente al coronavirus con mayor efectividad. El estudio ya está avanzado y esperan obtener los primeros datos concretos sobre su efectividad a fines de septiembre.
“Desde hace varios años estamos estudiando cómo la regulación de la microbiota intestinal –por medio de diversas moléculas– es una opción posible para ayudar en el tratamiento de síndromes como el del intestino irritable”, explicó la doctora María Piskorz, experta en neurogastroenterología y miembro del staff de profesionales del Hospital de Clínicas de la UBA. Y agregó: “Nuestro equipo venía ensayando modular la biota recurriendo a antibióticos, probióticos y prebióticos y entre estas últimas moléculas –justamente– estábamos utilizando un grupo de compuestos denominados taninos”.
El equipo que lleva adelante la investigación en el Hospital de Clínicas. Lo lideran María Marta Piskorz y Andrea Pisarevsky.
Cuando el Hospital de Clínicas comenzó a internar pacientes Covid-19, los gastroenterólogos buscaron bibliografía médica específica y “encontramos algunos trabajos hechos por médicos chinos, en los primeros momentos de la pandemia, que reportaron un dato significativo: ciertas composiciones particulares de la microbiota y las diferentes concentraciones de bacterias en el intestino de ciertos pacientes parecían predisponerlos a manifestar una sintomatología más severa”.
Y esos mismos estudios insinuaban la posibilidad de elaborar alguna dieta capaz de ayudar a regular la flora intestinal, para contribuir a que el metabolismo afrontara mejor la enfermedad y permitirles a los médicos sumar una herramienta extra para que los pacientes Covid cursen su enfermedad con una sintomatología más suave. Inclusive podría lograrse que a muchos se les diera el alta en menos días de internación.
LA MICROBIOTA INTESTINAL TAMBIÉN REGULA EL SISTEMA INMUNITARIO
La explicación de esta relación entre intestino e inmunidad es algo reciente: “En los últimos años se fue comprobando que la microbiota intestinal no solo se ‘ocupa’ de la digestión sino que también participa o influye en muchas otras ‘funciones’ del metabolismo, entre ellas en el funcionamiento del sistema inmunológico”, explicó Piskorz. Otro elemento que animó a los expertos del Clínicas a probar esta idea se basa en un dato intestinal que se conoce hace ya tiempo. “Muchas personas con sobrepeso, hipertensión, diabetes y otras comorbilidades –situaciones hoy asociadas a un mayor riesgo de vida ante una infección por coronavirus– poseen una flora intestinal menos rica y muestran menores concentraciones de algunas bacterias consideradas “saludables”, como las bifidobacterias y los lactobacilos”, recordó la experta. Por eso consideraron que, si lograban equilibrar la flora, tal vez el sistema inmune de estas personas esté en mejores condiciones ante la infección.
Ensayo
Para seguir esta pista armaron un protocolo de investigación y un ensayo esponsoreado por la firma italiana Silvateam, relacionada con la producción industrial de estas moléculas. El estudio, que aprobaron las autoridades del hospital, incluye suministrar a 140 pacientes con diagnóstico de Covid “leve” o “moderado” dos cápsulas diarias de un suplemento dietario elaborado en base a extractos de taninos de quebracho y castaño, mezclados con vitamina B12, durante 14 días. Como el estudio es del tipo doble ciego, la mitad de los internados recibe el suplemento y la otra mitad un placebo, en forma aleatoria. En no más de cuatro semanas, el equipo del Clínicas espera tener finalizado el análisis “y ya podremos saber si esta intervención resulta eficaz y si tenemos una herramienta nueva para sumar en el tratamiento del Covid-19.”
Taninos: en defensa de las plantas
Los taninos son metabolitos producidos por diversas plantas como defensa contra sus propios patógenos. Son compuestos que están en la raíz, el tallo, la hoja, el fruto y las semillas. Y en experimentos de laboratorio se comprobó que tienen efectos antioxidantes, antiinflamatorios y propiedades antivirales. Se conoce su efectividad contra los enterovirus, rotavirus, influenza A, herpes y adenovirus, entre otros.
Por sus efectos antiinflamatorios los expertos también se esperanzan con que su acción podría ayudar a moderar las “tormentas de citoquinas” que agravan la evolución de algunos enfermos de Covid-19. Y estas no son su única ventaja: como las autoridades regulatorias los clasifican como “suplemento nutricional”, su uso en dosis adecuadas prácticamente no tiene efectos colaterales significativos reportados. Estos compuestos se emplean intensivamente en la industria vitivinícola y también en veterinaria, para disminuir el uso de antibióticos en los criaderos de pollos.