La cuarentena estricta del 0,5 %

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Antes de reproducir en el portal un adecuado resumen de las decisiones anunciadas ayer, quiero explicar el sentido de esta nota. Que apunta sobre un problema clave para enfrentar esta pandemia y tomar las medidas de prevención del contagio. Y también sobre una realidad estructural de la República Argentina. El Área Metropolitana de Buenos Aires se puede definir de distintas formas. Pero el territorio máximo que se le puede calcular, la Capital Federal más los 40 municipios bonaerenses cercanos (que incluyen zonas bien rurales), ocupa sólo el 0,5% del territorio continental argentino. Continental, sin incluir las islas del Atlántico Sur y el sector Antártico Argentino. Para enfrentar la acelerada suba de contagios que se registra en esta minúscula parte del territorio del 8° país del mundo en extensión, el presidente de la Nación y los dos mandatarios que manejan las administraciones subnacionlales con más recursos han dedicado la mayor parte de su tiempo y de su caudal político, ayer y desde hace muchos días. Hay una muy buena razón para esto, por supuesto. En el AMBA vive alrededor del 40% de la población argentina. Además de ser la sede de buena parte de su industria manufacturera, y, sobre todo, de los centros de la industria cultural, la que produce información y contenidos para el resto del país. Ezequiel Martínez Estrada fue uno de los, numerosos, intelectuales argentinos que hace unos 80 años recibieron con rechazo y aversión la democracia de masas que comenzaba. Pero, a pesar de esto, podemos reconocer que estaba en lo cierto al percibir algo patológico en la «cabeza de Goliat», una ciudad que ya era, en varios sentidos, demasiado grande para su cuerpo. Por supuesto, más allá de los juicios y lamentaciones, es la realidad a manejar. Las medidas de prevención de contagios que se aplican y aplicarán están determinadas por esta aglomeración urbana. Y puede ser que resten nuestra atención de las que deben pensarse para realidades distintas en las distintas provincias. No es un problema que encuentre en estos días el tiempo ni la disposición para encararlo. Pero es conveniente tenerlo muy en cuenta cuando se habla de los perjuicios y la paralización productiva que ha provocado esta pandemia. En el resto del territorio argentino hay focos de contagio, por cierto, y la posibilidad de rebrotes. Pero, por ahora, no la pandemia no desborda las capacidades de manejo. Y la actividad rural y sus transportes han sido consideradas, con razón, esenciales y no se interrumpieron en ningún momento.

A. B. F.

La nueva etapa de aislamiento estricto que empieza (¿por qué?) desde el 1° hasta el 17 de julio

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La nueva etapa de la cuarentena estricta será acompañada por un refuerzo de los controles de seguridad en los pasos entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires, y por una intensificación del monitoreo de los contactos estrechos de casos confirmados de coronavirus. Quedó establecido que el objetivo principal de las fuerzas de seguridad será montar un cerco que impida cruzar sin autorización de Capital a provincia, y viceversa, como fórmula para reducir el nivel de circulación de personas. La responsabilidad de esa tarea puntual quedará en manos de las fuerzas federales, en tanto que la policía porteña y la bonaerense se ocuparán del control de sus respectivos territorios. Así se acordó hoy en una reunión que encabezó el jefe de gabinete, Santiago Cafiero. «Habrá saturación policial como método disuasivo», dijeron en la Casa Rosada, y anticiparon que la presencia policial en las calles será similar a la que se desplegó durante las primeras semanas de cuarentena, a fines de marzo. También está decidido que se cerrarán pasos interjurisdiccionales, pero resta definir cuáles. Durante reuniones que se extenderán durante todo el fin de semana debe establecerse también el nivel de rigurosidad que se aplicará ante las infracciones. Otro punto clave a definir son los controles en el transporte. El ministerio que encabeza Mario Meoni debe coordinar con la Secretaría de Innovación, de Jefatura de Gabinete, qué permiso será necesario para usar trenes, subtes y colectivos. Las restricciones se aplicarán a partir del miércoles y podrían instrumentarse por medio de la tarjeta SUBE: se analiza que solo queden habilitadas aquellas vinculadas a permisos de trabajadores esenciales. En coordinación con la Casa Rosada , los gobiernos porteño y bonaerense se disponen además ampliar las redes de detección temprana, rastreo de contactos y aislamiento efectivo, una tarea que es señalada como un déficit por investigadores del Conicet con los que los tres gobiernos mantuvieron conversaciones durante las últimas semanas. Los anuncios sobre el fortalecimiento de esas actividades siguen siendo insuficientes, destacó el bioinformático Rodrigo Quiroga, uno de los referentes de ese grupo. En la Ciudad se duplicará el personal destinado al rastreo y seguimiento de contactos estrechos, tanto en el territorio como vía telefónica, anticipó el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. Detalló que la Ciudad tiene 1.000 personas para esa tarea y que pasará a tener 2.000. Los expertos que asesoran a los gobernantes señalan que aún esos incrementos son insuficientes. Pero hay limitaciones en la disponibilidad y el entrenamiento del personal. En realidad, estas dificultades, que se encuentran aún en las fuerzas de seguridad, probablemente son los motivos del hecho que esta etapa comience recién el miércoles.

En la UTN de La Plata desarrollaron un producto para rociar sobre objetos y evitar que el virus se adhiera

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Científicas bonaerenses desarrollaron un producto químico que se puede rociar en distintos objetos que se tocan a cada rato y que impide que el coronavirus se adhiera a las superficies, informó el Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica bonaerense. Se trata de investigadoras de la Universidad Tecnológica de La Plata, quienes retomaron un estudio que la misma casa de estudios había realizado tiempo atrás, adaptándolo y dándole un propósito de cuidado sanitario mediante un producto que permite aislar del coronavirus a distintas superficies y objetos que suelen ser de uso diario en centros de salud. El proyecto, financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación en el marco de la pandemia, se denomina «Recubrimiento biocida para elementos de protección para personal sanitario», e intenta trasladar lo que se hizo en maderas (para evitar su deterioro biológico) a todos los objetos utilizados, fundamentalmente telas y otros elementos de uso cotidiano durante la atención de pacientes. El decano de la institución, Carlos Fantini, explicó que «las doctoras Guadalupe Canosa y Paula Alfieri, junto a un gran equipo perteneciente al Centro de Investigación y Desarrollo en Ciencia y Tecnología de Materiales de la UTN, fueron las encargadas de tamaño descubrimiento que, sin dudas, brindará un avance significativo en evitar la propagación de los contagios por coronavirus». Por su parte, una de las responsables del hallazgo, la ingeniera química y doctora en ingeniería Guadalupe Canosa, señaló que «esto interpondrá una barrera de protección física entre el virus y el personal sanitario que se expone cotidianamente. Es una fórmula química que desactiva la partícula viral que genera la covid-19″.

Rusia construirá cuatro nuevas centrales nucleares

«Moscú – Rusia comenzó con los trabajos preparatorios para la construcción de las nuevas unidades de potencia en las regiones de Leningradsky y Smolensky. La decisión correspondiente fue firmada por el Director General de la Corporación Estatal de Energía Atómica de Rosatom, Alexey Likhachev. Likhachev señaló que el sector nuclear de Rusia llegó a esta etapa con los más recientes desarrollos en el diseño de las plantas nucleares que son VVER-1200 y VVER-TOI. “Estos modelos ponen en marcha los logros y desarrollos más avanzados de la industria nuclear que cumplen con todos los requisitos de seguridad internacional reciente y que se están implementando con éxito no solo en Rusia sino también en otros países del mundo”. Para las nuevas unidades de la central nuclear Leningradskaya fue elegido el proyecto VVER-1200, similar a la primera fase de la construcción de la central Leningradskaya-2. Para Smolenskaya se tomó como referencia el proyecto VVER-TOI, similar al que se está construyendo en la central Kurskaya-2. Andrey Petrov, el director general de la corporación Rosenergoatom señaló que las nuevas unidades de potencia reemplazarán las unidades existentes con los reactores del tipo RBMK-1000, cuya vida útil finaliza la próxima década. “Según nuestras estimaciones, la construcción de las dos obras a la vez creará hasta 15 mil nuevos puestos de trabajo en las regiones y proporcionará ingresos tributarios regulares a los presupuestos locales». Estos proyectos fueron incluidos al esquema integral de la distribución e instalación de obras de generación de energía eléctrica hasta el 2035, aprobado por el gobierno de la Federación de Rusia.» Quienes conocen del tema en AgendAR nos dicen que las centrales VVER son adecuadas y seguras. Rosatom ha superado muchos problemas desde que abandonó la tecnología RBMK. Pero no los ven como proveedores para Argentina por su modo de venta BOO (Build, Own, Operate): ellos construyen la central, la operan y son sus propietarios. Es casi extraterritorial, como si fuera una embajada.

Veterinarios de Buenos Aires buscarán coronavirus en perros y gatos de la ciudad

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Médicos veterinarios de la Facultad de Ciencias Veterinaria de la UBA estudiarán la presencia del SARS-CoV-2 en mascotas.

El 14 de mayo pasado, la revista Nature publicó un estudio que determinó que dos perros fueron contagiados con el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) por sus dueños en Hong Kong. Algunos científicos plantean la posibilidad de que las mascotas puedan transmitir el virus entre sí y a las personas, pero es algo de lo que no se sabe mucho. “Es importante investigar la interacción de los humanos con sus mascotas en relación con el nuevo coronavirus para que la información obtenida sirva para manejar apropiadamente brotes futuros”, afirmó a la Agencia CyTA-Leloir Ana Bratanich, investigadora de la Cátedra de Virología de la Facultad de Ciencias Veterinarias (FVet) de la UBA. Bratanich y un equipo de colegas se proponen estudiar la dinámica de la transmisión del nuevo coronavirus en la ciudad de Buenos Aires entre humanos y mascotas: perros, gatos y también hurones. Con muestras extraídas de mascotas en el Hospital Escuela de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA y en veterinarias privadas y el uso de técnicas de biología molecular e inmunológicas tratarán de evaluar la presencia del virus o de anticuerpos como prueba de infecciones pasadas. También extraerán muestras de animales de compañía de pacientes humanos con Covid-19 atendidos en hospitales universitarios de la UBA. “Hasta el momento no hay evidencias de que perros, gatos y hurones hayan sido vectores del virus SARS-CoV-2 a humanos y se asume que es un evento poco probable. Cuando tengamos los resultados, estarán a disposición de la ciencia y de la comunidad en general”, afirmó Bratanich.

También en animales silvestres

Otra rama del estudio se enfoca a animales silvestres. En Jujuy, Bratanich y colegas estudiarán qué tipos de coronavirus están circulando en camélidos (llamas, alpacas, vicuñas y guanacos) en estrecho contacto con dos especies de animales conocidos como reservorios de estos virus: los murciélagos y roedores. “Estudiando la secuencia de esos coronavirus podemos tener una idea del grado de intercambio viral que ha habido entre ellos, parecido a lo que ocurre con SARS-CoV-2 que tiene orígenes en el murciélago y quizás en el pangolín”, afirmó la científica. De acuerdo con Bratanich, el estudio de las secuencias genéticas de los coronavirus ayudaría a identificar las regiones que pueden darle la habilidad de infectar nuevas especies y qué cambios van apareciendo que puedan presagiar saltos al humano. “Todos los conocimientos generados durante este proyecto son imprescindibles para el diseño de estrategias de control, entendidas como las mejores acciones de prevención en las especies silvestres y domésticas que intenten evitar la dispersión y el salto del virus entre especies”, concluyó. También participan de estos proyectos Silvia Mundo, profesora titular de Inmunología,Marcelo Miragaya, profesor titular de Teriogenología,Alejandro Ferrante y Adriana Duchene, todos de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA; Gabriel Capitelli,profesor titular de Biología de la Facultad de Medicina y del CBC de la UBA; y Sergio Bracamonte, del Ministerio de Ambiente de la provincia de Jujuy. Estas líneas de trabajo cuentan con un subsidio de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

Hoy se anuncia una nueva fase de cuarentena estricta, del 1° al 17 de julio

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El presidente Alberto Fernández, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, después de conversaciones que se prolongaron durante varios días y en el marco del aumento de casos positivos de COVID-19 que se registran, anunciarán este mediodía el regreso a una cuarentena estricta en el Área Metropolitana, principal foco de los contagios de coronavirus. Según se adelantó, la nueva etapa comenzará el 1° de julio y terminará el 17. En total, son 10 días hábiles, ya que hay dos fines de semana y dos días feriados. Se pretende una vuelta en Capital y Gran Buenos Aires a los primeros días de la cuarentena, la «fase 1», con algunas variantes: se mantienen la apertura de bancos y las salidas recreativas para los niños. Solo abrirán los comercios esenciales y no habrá salidas deportivas. Las industrias ubicadas en el conurbano también quedarían exceptuadas, ya que cumplen protocolos sanitarios y de transporte específicos (su personal es trasladado en vehículos proporcionados por las empresas) El objetivo central de la decisión es bajar la circulación de personas, esencial para intentar disminuir el nivel de contagio. La clave, según coincidieron en el encuentro que duró casi tres horas, será el férreo control sobre el transporte público, aunque no adelantaron cómo y quiénes estará autorizados a utilizar trenes, colectivos y subterráneos. Los tres mandatarios hoy harán el anuncio -en principio, al mediodía. Fue definido en una reunión en la quinta presidencial de que también participaron el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; el vicejefe de gobierno porteño, Diego Santilli; los ministros de Salud Ginés González García, Fernán Quirós y Daniel Gollán; y la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzoti. Se afirma que el mensaje que dará el Presidente, junto a Kicillof y Rodríguez Larreta, estará centrado en convencer a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires, donde se concentra el 90% de los casos de coronavirus, de que es el «último esfuerzo» para aplanar la curva de contagios.

La sociedad argentina y el campo. Conclusión

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Este artículo en 3 partes de Roy Hora fue reproducido en AgendAR en momentos de tensión de los productores agrarios con el gobierno anterior. Creemos que tiene vigencia en momentos de otras, distintas, tensiones. 3ª La primera parte de este artículo está aquí, y la segunda, aquí. En ellas Roy Hora, doctor en Historia Moderna por la Universidad de Oxford, profesor en la Universidad de San Andrés y en la Universidad Nacional de Quilmes, e investigador principal del CONICET, contó cómo llegamos al presente. En ésta, hace su propuesta. Para el debate. «Este nuevo mundo agrícola comenzó a hacerse visible en la primera década del siglo XXI. La ocasión para ello fue la veloz recuperación económica que tuvo tras la crisis de 1998-2002. Junto con la construcción, el agro fue el sector que más contribuyó a impulsar el crecimiento tras el derrumbe de la convertibilidad impulsada por el gobierno de Carlos Menem en los primeros años 90 y, sobre todo, el que más beneficios simbólicos cosechó gracias a ese auge productivo. Fueron tiempos de intensificación de la ganadería y de expansión de la frontera agrícola, de difusión de la siembra directa, de incremento del volumen cosechado y, por supuesto, de precios excepcionales para la soja. Pero fueron también los años en que, en la visión de sus agentes, «el campo se puso el país al hombro» para liderar la recuperación económica que coincidió con la presidencia de Néstor Kirchner. Allí nació ese «nuevo campo» que, además de obtener altas ganancias, podía volver a proclamar con orgullo no solo su modernidad productiva sino también su papel de locomotora económica del país. El nuevo agro terminó de imponerse en la consideración pública durante el «conflicto del campo» de 2008. La renuencia del Estado a reprimir los piquetes surgidos en toda la geografía de la soja en rechazo al alza de los impuestos a las exportaciones –una inesperada imitación de los repertorios de movilización de pobres y desocupados de la década de 1990 por los activistas del campo– fue decisiva para arraigar la protesta en las rutas y concitar la atención ciudadana sobre la demanda agraria. Pero el vuelco de amplios sectores de las clases medias urbanas en favor de la movilización agraria que se extendió a lo largo del otoño de 2008 no puede entenderse sin tomar en cuenta el cambio en la valoración del campo. Ese apoyo ciudadano habría sido inimaginable en tiempos de Perón o de Alfonsín. Y es que, amén de la hostilidad hacia el gobierno de Cristina Fernández, para 2008 se volvió creíble la idea de que la dinámica agricultura que «se había puesto el país al hombro» había dejado de integrar el catálogo de los problemas argentinos para convertirse en parte de su solución. Al igual que en 1912, sin embargo, ello no fue suficiente para que el ruralismo lograra pararse políticamente sobre sus propios pies. Las elecciones de 2009 y 2011 dejaron en claro que ese proyecto no era más que una quimera, y ese veredicto no ha perdido valor hoy en día. Un país que cuenta con fuerzas partidarias bien implantadas en todo el territorio nacional y que gozan de vastos apoyos ciudadanos, y que posee una tasa de urbanización cercana a 95%, no ofrece condiciones favorables ni para la emergencia de un partido agrarista ni para dar a los voceros de la nueva agricultura mayor influjo sobre las organizaciones partidarias. Mucho menos en una cultura política que siempre se mostró hostil a los partidos single-issue. El campo cuenta con mayor visibilidad e incluso legitimidad. Pero si algo no tiene es futuro político. ¿Un modelo sostenible? Tres tipos de objeciones se han elevado contra el capitalismo agrario de nuestros días. Algunos lo descalifican poniendo el acento en el efecto socialmente destructivo de la agricultura en gran escala sobre las pequeñas comunidades rurales locales. Otros, en cambio, plantean interrogantes respecto a su sustentabilidad ambiental. Finalmente, una tercera línea impugna su contribución, vía la «sojización», a una supuesta reprimarización de la estructura productiva. Todas estas críticas deben ser analizadas con atención, ya que refieren a cuestiones relevantes y sensibles. Sería extraño que un proceso de expansión productiva no tuviera aristas negativas. Para acercarse a su verdadera significación, empero, es preciso colocarlas en una perspectiva más amplia, no siempre presente en los estudios sobre el tema. Así, por ejemplo, quienes enfatizan los efectos negativos del auge agrícola en el nivel local rara vez tienen en cuenta que, lejos de constituir un fenómeno inédito, estamos en todo caso ante una nueva etapa del secular proceso de urbanización, motorizado por la migración hacia la ciudad, que desde muy temprano signó a la región. En nuestro país, la utopía comunitaria rural (con frecuencia de inspiración reaccionaria) resultó siempre más seductora para las elites intelectuales que para los sujetos a los que supuestamente debía beneficiar. Por otra parte, dictaminar sobre las virtudes y los defectos económicos de un determinado orden productivo obliga, ante todo, a considerar su impacto a escala regional o nacional. Sin desconocer todo lo dañino que puede resultar el «progreso» para una pequeña comunidad local, el punto más relevante es si, al margen de procesos de relocalización productiva que se revelan dramáticos para los sujetos afectados, las actividades en cuestión compensan esa pérdida generando más empleo, estimulando la creación de nuevas firmas y aumentando el producto. En un país tan urbanizado como Argentina, ello invita a evaluar con especial atención los efectos del desarrollo agrario sobre la estructura productiva y el mercado de trabajo en las aglomeraciones urbanas. Lo pequeño puede ser hermoso, pero no siempre es lo más relevante. El avance de la nueva agricultura ha sido acompañado por fenómenos de deforestación, reducción de la diversidad biológica, contracción de pastizales y humedales, pérdida de nutrientes del suelo y ascenso de las napas freáticas. La expansión de la frontera agrícola empujada por la agricultura de la siembra directa tiene costos medioambientales, aun cuando es claro que muchos de ellos anteceden a este periodo. Con todo, hay que recordar que, de acuerdo con la evidencia científica disponible, esta tecnología preserva mejor el suelo que los métodos tradicionales de cultivo. Empero, un tema particularmente urticante es el empleo de fitosanitarios, en particular herbicidas, que la siembra directa utiliza de manera mucho más intensiva que las formas tradicionales de cultivo, y que con frecuencia se consideran dañinos para la salud humana. Sobre esta cuestión aún no se ha dicho la última palabra. Es importante reparar en que los herbicidas de amplio espectro (en primer lugar, el glifosato) que están en el centro de la polémica son de uso corriente en países donde la agenda verde es muy relevante y que además cuentan con instituciones de regulación muy poderosas y eficientes, como los de la Unión Europea3. En cualquier caso, estas cuestiones deben ser objeto de investigación cuidadosa y regulaciones más estrictas, diseñadas e implementadas con la colaboración de una burocracia más competente y más autónoma de los intereses creados que la hoy existente. Argentina tiene por delante la difícil tarea de adoptar políticas que refuercen la armonía entre sociedad y medio ambiente pero que, al mismo tiempo, reconozcan la importancia de expandir la producción del sector rural. Una política insensible al problema del crecimiento es un lujo que no puede darse. Este punto nos lleva a la tercera objeción, la que concibe el crecimiento agrícola como contradictorio con el desarrollo de procesos de diversificación de la economía. Quienes adoptan este punto de vista suelen concebir la estructura económica argentina como un juego de suma cero, en el que la ganancia de un sector supone pérdida para otros. Esta visión no permite enfocar la atención en los problemas de fondo que enfrenta un país con una estructura productiva y fiscal tan endeble como la argentina, que una agricultura exportadora pujante puede contribuir a aliviar. Para empezar, no incorpora a su horizonte analítico el hecho de que, en muchas ramas de actividad, el agro y la industria están integrados en cadenas de valor (insumos, actividad primaria e industrialización más servicios) que generan uno de cada seis puestos de trabajo del sector privado. Tal vez más importante es recordar que, al margen de la agricultura exportadora, Argentina no cuenta con otras actividades productivas que le permitan generar un superávit comercial suficiente como para a) obtener las divisas que demandan sus compromisos financieros y b) satisfacer la creciente necesidad de divisas que acompaña todo proceso de expansión del consumo privado y de las actividades volcadas sobre el mercado interno (estas últimas, sabemos, fundamentales para expandir el empleo). En particular, el sector manufacturero solo puede expandirse y generar más empleo si cuenta con una oferta de divisas que las fábricas argentinas no están en condiciones de generar por sí mismas y que, inevitablemente, en su mayor parte deben venir del campo. Lo mismo vale para el sector de servicios, mucho más relevante que la industria manufacturera en términos de generación de empleo. Este tipo de dinámica positiva se observó, a grandes rasgos, en el quinquenio de recuperación que siguió a la crisis de 1998-2002. La relación virtuosa entre expansión exportadora y diversificación de la estructura productiva (industria y servicios) se fue opacando hacia el fin de la década de 2000, cuando la caída de los términos de intercambio y la atonía de las exportaciones terminaron creando dificultades en muchos otros sectores, sobre todo por la vía de la falta de dólares. En 2011, la economía ya no podía funcionar sin control de cambios. La consecuencia fue una larga recesión, con fuerte impacto sobre la industria y los servicios, el empleo y el bienestar, a la que desde 2018 se sumó una crisis de deuda. Las ventajas de un agro pujante no se limitan al campo. Sin los dólares que genera el sector, no habrá expansión económica sustentable ni alivio duradero en las cuentas públicas. ¿Otra vez la locomotora? El panorama que hoy tenemos ante nosotros es el producto de esta historia. Para terminar de perfilar sus rasgos actuales, tres factores deben agregarse al cuadro trazado en los párrafos precedentes. Por una parte, el contexto excepcionalmente favorable que el boom de los precios de las materias primas le ofreció a la agricultura argentina de la primera década del siglo XXI ya no está vigente. En nuestros días, además, las necesidades fiscales del sector público son mucho más apremiantes que en 2008 o 2015. Argentina no solo enfrenta una economía mundial más hostil sino que debe hacerlo con un Estado sin reservas y sin acceso a financiamiento, sometido a fuertes pujas distributivas y forzado a atender un sinnúmero de demandas urgentes. Por último, la pandemia de covid-19, cuya duración y consecuencias a esta altura son impredecibles, agrava este cuadro. Al cabo de un decenio sin crecimiento ni logros económicos perdurables, no son muchos los sectores sobre los que el fisco puede volverse en busca de recursos. Cuando el futuro de la explotación petrolera no convencional –sobre el que tantas expectativas se habían depositado desde el descubrimiento del yacimiento de Vaca Muerta en 2011– se revela incierto, el más importante de todos esos recursos es, nuevamente, el agroexportador. En las presentes circunstancias, su contribución fiscal es irreemplazable. Esto es tan cierto como que, en el mediano plazo, no habrá posibilidades de crecimiento sustentable para el conjunto de la economía sin el empuje de la agricultura, cuyo potencial productivo debe estimularse. Las ventajas comparativas que posee el suelo pampeano, que se traducen en costos de producción más bajos que los que predominan en otras regiones agrícolas del mundo, justifican que el campo tribute en mayor proporción que otros sectores sin que sus empresas vean afectada su viabilidad. El nivel de impuestos «razonable» es materia de un debate que debe tramitarse no en las rutas sino en las instituciones de la república democrática. En todo caso, después de largos años de parálisis en la discusión sobre impuestos, es tiempo de que estas instituciones empujen ese debate más allá de la cuestión de la magnitud relativa del tributo, para comprender también su forma y objetivos. Es preciso alzar la vista por sobre las urgencias del momento para diseñar y acordar qué tipos de impuestos sirven mejor el triple propósito de contribuir a sostener el Estado, estimular la actividad productiva y promover una mayor equidad (y de hacerlo, además, cuidando la salud de la población y preservando el medio ambiente). Es bien sabido que las retenciones, desde hace mucho tiempo la clave de bóveda de los tributos sobre la producción exportable, son un instrumento muy imperfecto para ello. Son infrecuentes en otros países exportadores de alimentos y sus deficiencias son conocidas en cualquiera de los tres planos recién mencionados. Por una parte, benefician a los consumidores de bienes agroexportables en su conjunto, independientemente de su capacidad adquisitiva (es decir, están sesgados a favor de los más ricos). Además, castigan proporcionalmente más a los agricultores y ganaderos más eficientes, así como a los que producen en tierras más alejadas o menos fértiles. Finalmente, no sirven para estimular el aumento de la producción4. Quizás aceptables hace tres o cuatro décadas, cuando todavía resultaba imposible discriminar fiscalmente entre consumidores de distinto nivel de ingreso, y cuando la política pública partía de la premisa de que la producción agroganadera era poco sensible a los estímulos de precios y descreía del potencial de crecimiento de la agricultura exportable, las retenciones hoy resultan anacrónicas. La idea de proteger la mesa de todos los argentinos tiene que ser reemplazada por la exigencia, perentoria, de proteger la de los ciudadanos de menores ingresos; para ello, nada mejor que incrementar y concentrar los subsidios a la compra de alimentos de manera exclusiva en esos segmentos de la población (afortunadamente, el actual gobierno ha dado algunos pasos, todavía tímidos, en esta dirección). Y objetivos como promover la inversión y la mejora de la productividad y premiar a los agricultores más dinámicos se alcanzan mejor con impuestos sobre el valor venal del suelo que con impuestos sobre las ventas externas. Este es, quizás, el punto crucial. Los impuestos sobre el valor de mercado de la tierra son sinónimo de tributación progresista. Aun cuando es sabido que no hay impuestos perfectos, este tipo de contribuciones tienen la ventaja de que pesan más sobre el patrimonio y la renta que sobre los frutos del esfuerzo productivo. Pesan sobre los contribuyentes en relación directa con la magnitud de su patrimonio inmobiliario. Por este motivo, los impuestos progresivos sobre el suelo sirven para contrarrestar el influjo de ese gran productor de desigualdad que es la propiedad de la tierra, muchas veces expresión del privilegio heredado, muy ligeramente gravado en Argentina. Una política dirigida a disminuir gradualmente las retenciones, reemplazándolas por contribuciones sobre el suelo con un sesgo más progresivo que el vigente, constituye la mejor alternativa para compatibilizar los distintos objetivos que reclama el momento actual. Ayudará a liberar las energías productivas del nuevo agro y, a la vez, servirá para colocar la tributación rural en consonancia con los valores de una sociedad más amiga de la innovación, más solidaria y más democrática. Este camino no puede recorrerse de la noche a la mañana. Requiere, entre otras cosas, forjar acuerdos entre actores del mundo productivo y entre distintos niveles de gobierno. Pero la dirección en que debe moverse la fiscalidad agraria no admite dudas. Menos retenciones y más impuestos progresivos sobre la tierra son esenciales para dejar atrás el espectro del año 2008 y terminar de reconciliar al nuevo campo con una Argentina que necesita reafirmar su compromiso tanto con el crecimiento como con la equidad.»

China se afirma como el principal destino de las exportaciones argentinas

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AgendAR ya había informado que China desplazó a Brasil como principal socio comercial de la Argentina durante abril. Ahora, en mayo, en el marco de la pandemia, con las exportaciones en alza y las importaciones en baja, Argentina consiguió un saldo favorable de US$ 307 millones con el principal exportador de manufacturas del mundo, según las cifras del INDEC. En conjunto, la balanza comercial argentina dejó en mayo un superávit de US$ 1.893 millones, superior a los US$ 1.399 millones registrado en igual mes del año pasado. Pero este saldo favorable, aunque alivia el problema financiero de nuestro país, no es una noticia sin elementos negativos: surge de la caída de las importaciones. En mayo las exportaciones sumaron ingresos por US$ 5.061 millones, con una caída del 16% interanual; mientras que las importaciones retrocedieron 31%, con un monto de US$ 3.168 millones. Es cierto que en mayo, si hubiesen prevalecido los precios del mismo mes del 2019, el saldo comercial habría arrojado un superávit sensiblemente mayor, de US$ 2.097 millones, debido a que los valores de los productos exportados mostraron una caída de 8,6% internacional, mientras que los precios de las importaciones retrocedieron 7,8%. Así, el superávit comercial se verificó en un contexto de retracción de los valores y de las cantidades intercambiadas a lo largo de los cinco meses del corriente año. La pandemia empeora la recesión local y la global. Nuevamente recomendamos leer esta nota que publicamos hace un poco más de dos años:China ¿nuestra nueva Inglaterra? Y aprender chino.

Pymes industriales reclaman por las tarifas eléctricas: «Cobran aún cuando no hay consumo»

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«Siguen cobrando lo que quieren, no respetan resoluciones del ENRE con excusas, y asfixian al sector productivo» acusó, furioso, el presidente de la Confederación Económica bonaerense (CEPBA), Guillermo Siro. Desde la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la Argentina (ADIMRA) dijeron: «Nos preocupa que este problema aún no esté resuelto, cuando existe una decisión de (la distribuidora general de energía) Cammesa que pide que se cobre lo consumido realmente». En la entidad metalúrgica se refieren a facturas actuales que oscilan entre los 100 a 200 mil pesos, durante períodos donde las fábricas estuvieron directamente cerradas o incluso ahora, con baja actividad. En el mismo sentido, Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), afirmó: «No se puede aceptar el costo fijo de la energía si no hay consumo, ya que sin producir o en situaciones como la actual, representa un costo tremendo. Pretendemos que se elimine el cargo fijo; sería una medida muy importante porque no es justo afrontar facturas por consumos no realizados». Precisamente, para IPA, este es uno de los cuatro principales problemas de las pequeñas y medianas empresas. «Las distribuidoras y generadoras deben cobrar por el consumo, y no está claro el parámetro. Esto genera grandes perjuicios sobre las pymes». La directiva de CAMIMA (Cámara de la Pequeña y Mediana Industria Metalúrgica Argentina), Rita Cosentino, sostuvo que » Edenor y Edesur realizan estimaciones de consumos por bimestres anteriores, distorsionando casos. Seguimos con la tarifa de energía por potencia contratada, y hay empresas que pagan y aún no están habilitadas». Norberto Fermani (titular de la cámara de ópticos) dijo que «las distribuidoras cobran energÍa como en un mundo ideal; las facturas llegan con montos tremendos por contratos prepandema, y no por lo consumido». En AgendAR señalamos que las empresas eléctricas siguen amortizando sus inversiones a través de las tarifas, se use la energía o no. Para ellas la pandemia no existe en sus cálculos. Y si el Ente Regulador no se impone, lo seguirán haciendo, también en los consumos domiciliarios.

En la Universidad de Tres de Febrero crearon una «cabina segura» para testear y detectar Covid-19

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Un médico y docente de la UNTREF creó una cabina construida con un material que evita la proliferación de gérmenes y permite la atención con una reducción de riesgos para el personal sanitario.

Según los últimos reportes del Ministerio de Salud de la Nación, alrededor del 9% de los casos confirmados de coronavirus en la Argentina corresponde a trabajadores de la salud: casi una de cada diez personas contagiadas. ¿Cómo cuidar a los que nos cuidan? Motivado por esa pregunta, Santos Tieso, médico otorrinolaringólogo y profesor de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), diseñó una cabina para testear casos sospechosos de COVID-19 de forma segura. Una de ellas ya está en funcionamiento en el Centro de Salud N° 10 del municipio bonaerense de Tres de Febrero. “La idea surgió cuando mi primo, José Briguori, presidente de la pyme Tecnoamérica, me dijo que quería aportar algo para la situación sanitaria que estamos atravesando. Entonces pensé que, como médico, lo que necesitaba es algo que me permitiera estar cerca del paciente pero lejos del virus”, dijo Tieso. Así, decidieron construir una cabina que está dividida a la mitad por una placa de policarbonato: de un lado, ingresa el personal médico y, del otro, el paciente. Para que el primero pueda revisarlo, hicieron dos orificios a la altura de las manos y colocaron dos guantes de látex. De esa manera, el médico puede realizar su trabajo sin exponerse al virus. Pero la ciencia no está hecha solo de desarrollos exitosos, sino que avanza a partir de ensayo y error. Antes de diseñar la cabina, Tieso, que es profesor de Biofísica en la carrera de Ingeniería de Sonido, quiso aprovechar sus conocimientos en ondas electromagnéticas para desarrollar un método para sanitizar elementos muy utilizados por la gente, como el dinero y las tarjetas de crédito. Sin embargo, sus cálculos no llegaron a buen puerto y abandonó la idea. Una semana después, recuperó el entusiasmo con la fabricación de la cabina, que está hecha de corián, un material sintético que suele utilizarse en la construcción de quirófanos por sus propiedades bacteriostáticas, que impiden la propagación de gérmenes sobre la superficie. “Con la cabina se abarata enormemente la consulta del paciente febril. Se lo puede hisopar, sacar sangre y auscultar sin riesgos, y permite ahorrar una gran cantidad de equipos de protección individual (EPI) que deben utilizar los médicos para revisar a cada paciente, que son insumos caros y escasos. Además, si un médico revisa a 20 pacientes en un día, tiene que cambiarse 20 veces y con un cuidadoso protocolo. Esto lo termina enloqueciendo, además de exponerlo al riesgo de contagiarse al tener que vestirse y desvestirse tantas veces en medio de las urgencias”, explicó el médico. Una vez construida la cabina, faltaba resolver un problema: cómo esterilizar el área del paciente para que no haya riesgos de contagio entre quienes ingresen allí para ser revisados. Para este aspecto, Tieso trabajó con el ingeniero Remo Marcovecchio, con quien vienen estudiando desde hace tiempo la sanitización del agua a partir de la luz ultravioleta C. A partir de esta idea crearon un sistema sencillo de luces UV-C que se encienden entre paciente y paciente para esterilizar el lugar. “La cabina, que fue donada al Centro de Salud N° 10, se está utilizando con mucho éxito. Los médicos nos cuentan que trabajan más tranquilos, más enfocados en el paciente en vez de estar pensando si se llevan el virus a la casa”, afirmó Tieso. Además, la cabina también es útil para el rastreo de contactos estrechos de casos confirmados. En este caso, el centro de salud posee una unidad móvil que se encarga de ir a buscar y testear contactos estrechos, tarea para la cual también se utiliza la cabina. Actualmente, están construyendo una segunda cabina y la idea es seguir fabricando más según la demanda que tengan. Con respecto al costo, Tieso estimó que con la atención de 25 pacientes (y el ahorro en insumos médicos) ya se amortiza. También están atentos a la devolución que les hacen los médicos que la están utilizando, para poder perfeccionar el desarrollo. “Los otorrinolaringólogos estamos entre los que más sufrimos la epidemia porque trabajamos directamente sobre nariz y boca del paciente. La carga viral que se recibe es muy grande si no se toman precauciones. Eso es lo que me mueve a seguir trabajando en esto. Además, mi hija tiene la misma profesión: lo último que quisiera es que se contagie”.