Cinco ingenieros egresados de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNR desarrollaron un artefacto basado en tecnología de radiación ultravioleta, al que plantean como capaz de eliminar el 99% de virus de cualquier ambiente.
La radiación elimina todos los virus del ambiente en menos de 25 minutos, afirman. Y lo hace por medio del «Darpas «(dispositivo argentino de remoción de patógenos en áreas de salud). Lo consideran un método más eficaz para la eliminación del virus en zonas de riesgo, como hospitales, colectivos y áreas públicas, porque la radiación ultra violeta desintegra al organismo desde su ADN/ARN. Se trata de un artefacto móvil electrónico que consta de un mástil vertical montado sobre una base con ruedas de gran diámetro. La unidad está preparada para el uso diario y, al mismo tiempo, es fácil de manejar. Uno de los desarrolladores de este dispositivo, el ingeniero industrial egresado de la UNR Maximiliano Uranga, describe las ventajas principales que tiene frente a otros métodos de desinfección: elimina el 99% de virus, bacterias, hongos y esporas del ambiente en menos de 25 minutos; no requiere que una persona se exponga para la desinfección dado que se maneja de forma remota y no utiliza productos químicos, por lo que no genera residuos. “Esto garantiza un ahorro económico y de tiempo”. A diferencia de los métodos químicos de desinfección de áreas y superficies, la radiación UV proporciona una inactivación rápida y eficiente de los microorganismos mediante un proceso físico. Cuando las bacterias, virus, hongos y los protozoos se exponen a las longitudes de onda de la luz UVC, su ADN/ARN se ve dañado y ya no pueden replicarse. El uso de esta radiación no requiere almacenamiento ni manipulación de sustancias químicas tóxicas o corrosivas, lo que representa un beneficio para la seguridad del personal de limpieza de los centros de salud o los operarios de las plantas y la población circundante. Y al tratarse de un proceso físico, los patógenos no son capaces de generar resistencia a la desinfección. Asimismo, la calidad de la aplicación no depende de la buena práctica del personal de limpieza, debido a que la luz UVC hace todo el trabajo y no genera ningún subproducto nocivo, irritante o potencialmente carcinógeno que pueda afectar a la persona o que habite los ambientes donde se aplicó. El proceso no produce ozono ni contaminantes secundarios y las salas donde se lleve a cabo se pueden volver a ocupar inmediatamente después del tratamiento. “Este tipo de desinfección es muy eficaz en la inactivación de una gran diversidad de microorganismos, incluidos patógenos resistentes al cloro como Cryptosporidium”, explica Maximiliano Uranga y agrega: “Prácticamente no quedan espacios sin desinfectar en el área donde se aplica la luz UVC dado a que los rebotes de la misma en las superficies claras permite que esta alcance los rincones más difíciles en una limpieza tradicional” Los profesionales egresados de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNR ya trabajaban con esta tecnología pero para la desinfección de agua para consumo. Cuando comenzó la pandemia la adaptaron, con el aporte de médicos y farmacéuticos de la Universidad, para que pueda utilizarse en diversos ambientes. El objetivo de este proyecto, según afirma Uranga, es realizar un aporte innovador a la sociedad. La idea es proteger en primera instancia a las personas en hospitales, sanatorios y centros de salud porque son los que más expuestos están al riesgo de contagio. “Si el virus sigue estando en el ambiente, se va a seguir propagando. Dado que el coronavirus, según se estima, puede vivir hasta 9 días en metales y plásticos, es fundamental hacer una desinfección del ambiente de forma eficaz para eliminarlo completamente”. El prototipo final ya está disponible en el mercado. Hace tres semanas se lanzó una campaña de financiamiento colectivo a nivel de Latinoamérica para donarlo a hospitales de Rosario. Actualmente el equipo está desarrollando otra innovación llamada Darpaflow que consiste en un extractor que toma el aire del ambiente contaminado, lo pasa por un filtro de luz UVC y lo libera limpio al ambiente. Observaciónes de AgendAR: En nuestra opinión, el desarrollo del Darpas puede ser un sistema inteligente y rápido de bajar la carga viral de un ambiente, pero difícilmente llegue al 99%: el número real depende mucho de la topografía de cada ambiente, o del variable contenido acuoso de las distintas partículas virales. Nuestra explicación: la región C de la luz UV es la de mayor energía. Es sumamente destructiva para el ADN o el ARN viral pero de modo indirecto, por la radiólisis del agua: ésta se disocia en radicales libres que a su vez atacan los genes por reacciones químicas generalmente hiperoxidativas. Un hongo o una bacteria generalmente viene con una carga de agua interna propia, salvo especies que forman esporas casi indestructibles, como el Bacillum anthracis, capaces de desecarse casi totalmente y sobrevivir años temporalmente inactivadas. Pero los virus no son bacterias, sino cosas más simples. Algunos no tienen suficiente agua dentro de sus cápsides como para garantizar una radiólisis a fondo. En parte, esto es lo que le da a los virus de la poliomielitis 1,2 y 3, que son enterales, su enorme resistencia en ambientes abiertos y sometidos al ultravioleta A y B del sol. Nos parece buena la idea de atacar los virus con ultravioleta C, mucho más energético que el A y el B, pero creemos que en el caso del SARS CoV-2 la capacidad del dispositivo Darpas para eliminarlo debería ponerse a prueba como parte de un proceso de certificación por el ANMAT, si este aparato va a ser usado en hospitales, y del INTI si se destina a otros fines (oficinas y ambientes industriales). El otro problema son las distancias y las sombras. El aparato Darpas exhibido en la foto tiene la estructura de un faro: un poste donde su monta una lámpara. La física dice que la intensidad de iluminación disminuye al cuadrado según la distancia entre la lámpara emisora y la superficie iluminada, de modo que la dosis esterilizante no es pareja, y máxime en un ambiente de gran tamaño. El problema de las sombras es más complicado: la luz viaja en línea recta. Si la fuente de UVC no se desplaza en horizontal o vertical, y si es una sola, habrá fatalmente rincones y otras zonas no iluminadas directamente, pero que además no reciban una dosis suficiente de UVC reflejado por superficies planas y claras que hagan de espejo; y los casos frecuentes son: bajo la heladera, bajo el horno, etc. Las superficies oscuras o con demasiado relieve, según la física, absorberán la radiación o la reemitirán como inofensivo infrarrojo. Con una única lámpara emisora fija, el Darpa parece, «prima facie», un buen modo de eliminar rápido y bien los virus depositados en superficies bien a la vista y no muy alejadas. Pero el trabajo de esterilización de detalle (en rincones y bajo muebles), necesitaría de varias lámparas auxiliares desplegables, que habrá que disponer de modo planificado para que no queden lugares sin una dosis de UVC adecuada. Hacemos estas salvedades porque, como industrialistas nacionales, la idea básica nos gusta, y nos gustaría también que este aparato pueda venderse en hospitales argentinos y del exterior. En cuanto al Darpaflow, como sistema de esterilización de aire, nos parece inobjetable «per se», y nos gustaría que tenga una certificación del INTI y/o del ANMAT, según su destino.En la cuarentena: el ranking de los productos más vendidos por Internet
Lideran los productos de salud, limpieza y alimentos. Pero aumenta la demanda de muebles para el hogar y la oficina, juegos de todo tipo y equipamiento para ejercitarse.
El dato es conocido, pero no deja de sorprender. En la era de la cuarentena las ventas online se dispararon y el eCommerce se perfila para brillar en medio de la crisis y la profunda recesión. Algo no tan curioso es que la demanda por Internet de barbijos, que desde el 24 de febrero hasta el 3 de mayo, aumentó 608%, indica un relevamiento de Mercado Libre, la empresa que lidera en el rubro en la Argentina y la región.
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El top ten de los productos más vendidos en forma electrónica lo completan el alcohol en gel, máscaras de seguridad, audífonos, lentes de seguridad, suplementos alimenticios, pañales, cartuchos para impresoras, videojuegos y guantes desechables.
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También creció la venta de muebles, artículos para oficina (teletrabajo), juegos de mesa y mancuernas para ejercitar, todo con el fin de aliviar el período de aislamiento.
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Los datos son reveladores de los cambios de hábitos desde el inicio de la pandemia. La secuencia arrancó el 3 de marzo, cuando se confirmó el primer caso de coronavirus. Continuó el 15, con la suspensión de clases y el cierre de fronteras y finalmente con la cuarentena obligatoria, el 20 de aquel mes. «Ya en el período anterior venía aumentando la demanda de productos para la salud y de limpieza. Posteriormente la gente se volcó al stockeo de alimentos, bebidas, tocador y limpieza y recién después privilegió el equipamiento para trabajar, divertirse y ejercitarse en el hogar», explica Juan Lavista, director de Marketing de Mercado Libre.
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En el ranking de los rubros más demandados lo encabeza la salud y equipamiento médico: los pedidos de alcohol en gel, barbijos, termómetros y antibacteriales se incrementó 300%. Por detrás figura el consumo masivo y alimentos (164% de suba), muebles y productos para mejorar la casa (84%), entretenimiento y fitness (61%) y computación (55%). «La compra de amoblamiento y de elementos para gimnasia -entre ellas consolas de videojuegos, juegos de mesa, juguetes, prendas para yoga y cintas para correr– corresponde a la etapa de permanencia en cuarentena», añadió el ejecutivo.
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Mercado Libre es la principal plataforma de eCommerce de la región. La criatura creada por Marcos Galperin opera en Brasil, México, Chile, Uruguay, Colombia y la Argentina. Y en la era del coronavirus pasó a registrar 1,4 millones de entregas diarias, un récord. En Brasil y México es líder y relega a un segundo plano nada menos que a Amazon.
En la pandemia sumó 5 millones de nuevos compradores, entre ellos 690.000 argentinos (40% de crecimiento) que nunca -o casi nunca- utilizaron la plataforma. Justamente por este motivo, la capitalización bursátil de Mercado Libre marcó ayer un nuevo récord de valor de mercado: casi US$42.000 millones. Se trata de una valuación superior a General Motors o Deutsche Bank y es 23 veces mayor que YPF.
La pandemia aceleró la adopción del comercio electrónico y también de los pagos digitales. La penetración de las ventas online en la Argentina ronda el 7,6%. Para decirlo de otro modo, las ventas en línea representaban menos de $8 por cada 100. Para algunos, la cuarentena aceleró la transición, pero todavía falta.
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El top ten de productos más consultados está integrado por notebook, autos, lámparas LED, PC gamer, barbijos, Smart TV, celulares, consolas de videojuegos, auriculares y zapatillas para hombre. Las listas difieren y una razón posible son los faltantes y la escasez que sufren muchas categorías.
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Por último, la alta demanda colapsó los sistemas de envío. El informe de Mercado Libre revela que apenas el 55% de los envíos se concretaron antes de las 48 horas. La mayoría de los reclamos y quejas apuntan en ese sentido. Desde la compañía explican que en este período se incorporaron 11.000 vendedores nuevos (empresas y comercios pyme) con un promedio de más de 5 publicaciones activas simultáneas. En paralelo, también creció la modalidad de pagos digitales. Las tres versiones de Mercado Pago incrementaron operaciones: pagos de servicios (61%), transferencias (66%) y recarga de celulares (21%).
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Las muertes dudosas en India, Pakistán, EE.UU., Brasil…
COVID-19: LA INDIA, PAKISTÁN Y OTROS PAÍSES ESCONDEN MUERTES
Sumando las poblaciones de la India y Pakistán, uno de cada cinco seres humanos hoy vive en esos dos países enfrentados. En ambos la infraestructura médica y sanitaria es tan mínima que hablar de su colapso no significa nada, incluso fuera de pandemia. En ambos las megalópolis como Rawalpindi, Karachi, Kolkata y Delhi, con su aire ennegrecido de productos de combustión, son focos de distintas patologías cardíacas y respiratorias crónicas, también fuera de pandemia. ¿Cómo puede ser que hoy en plena pandemia de Covid tengan estadísticas de mortalidad tan bajas?
Porque las truchan, responde “The Telegraph”. Se trata de un diario conservador pero bien escrito, a la derecha del viejo y sobrio “Times”. Al igual que éste, el Telegraph tiene ese conocimiento de la India y de Pakistán propio de los viejos amos imperiales, mucho interés en la zona y corresponsales desplegados en ambas vertientes de los Himalayas.
Son dos mundos diferentes. Esas altas cumbres dividen desde 1948 una provincia en disputa interminable entre la India y Pakistán, el Kashmir. Bill Clinton llamó a esa demarcación “la frontera más peligrosa del planeta”, dado que separa dos países con armas nucleares que para más inri desde 1948 ya estuvieron 4 veces en guerra, y queman recursos ingentes –que no destinan a salud pública– preparándose para una posible quinta y definitiva.
El Telegraph subraya que las estadísticas locales de muertes por millón de habitantes, aunque en ascenso, van muy por debajo de lo esperable del hacinamiento y las “comorbobilidades” respiratorias de megalópolis tan contaminadas. La mortalidad regional del Covid es insólitamente menor que la de EEUU, el Reino Unido y Brasil. Añado, como argentino escéptico: “¡Y que la nuestra!”.
Estos 2 países tal vez estén en otro planeta, pero no son los únicos. Aquí, en la Tierra, el aire viciado por hollines de grano ultrafino, los famosos PM 2,5, mata rutinariamente unos 9 millones de humanos por año (detalles, aquí y aquí). Lo hace por hipertensión arterial crónica, enfermedad coronaria, accidentes cerebrovasculares y EPOC, o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Y eso, subrayo, fuera de pandemia.
El problema es que cualquiera de estas patologías por separado agrava el desenlace de una infección del virus SARS CoV-2. No obstante, a fecha del 22 de mayo, cuando el Telegraph empezó a hurgar en el asunto, la India admitía 3435 muertes por Covid-19 y Pakistán, 1017. Aquel día EEUU, con una población mucho menor y mejor calidad de aire en todas sus ciudades, ya contaba oficialmente 95.000 muertes.
Y a creerles: los números de EEUU, como dice aquí la Dra. Elizabeth Rosenthal en el New York Times del 25/05, están deliberadamente desinflados, algunos estados menos y otros más. La eliminación de casos permite torcer para abajo las curvas de contagio, cosa de acelerar las salidas de cuarentena y llegar a una situación BAU (Business as Usual), con ninguna restricción a la economía. Rosenthal da pruebas, pero su as de espadas es el caso de su madre, fallecida «naturalmente» en un geriátrico y con Covid. Pero el certificado de defunción habla de «paro cardiorrespiratorio» y no hubo modo de cambiarlo.
La pandemia de este siglo no es el Covid, pese a ser tan letal: es la contaminación aérea, es decir el escenario BAU. Las partículas PM 2,5 (menores de 2,5 micrómetros) penetran muy profundamente en los alvéolos pulmonares, allí traspasan sus inventarios moleculares de hidrocarburos mal oxidados y compuestos cíclicos y policlíclicos a la sangre, estas moléculas inflaman crónicamente los epitelios arteriales y van desatando lentos desastres en la circulación.
Su efecto acumulado hace que todos los porteños viejos estemos relativamente más fregados que los jóvenes, en caso de ligarnos un Covid: demasiadas décadas respirando basura en aerosol.
El umbral a partir del cual la OMS (Organización Mundial de la Salud) considera peligroso y tóxico el aire urbano es cuando llega a 10 µg/m3 de PM 2,5. En criollo, eso significa 10 microgramos de particulados finos por metro cúbico. Pero ups, en la mancha urbana metropolitana argenta estamos un 40% arriba, en 14 µg/m3, y eso nos está costando, “grosso modo”, más de 5.000 muertes/año. Si sumamos las otras megalópolis patrias, 10.000 más. ¿Se puede estar peor?
Claro que sí, y ahí volvemos a la India y Pakistán. San Pablo, Brasil, anda con 19 µg/m3 de partículas PM2,5 (un 90% arriba del estandar tolerado por la OMS). Beijing con 85 µg/m3 está un 850% arriba y Nueva Delhi, campeona mundial en contaminación aérea, ostenta 122 µg/m3, 1220% por encima del techo fijado por la OMS. Nuevamente, ups y re-ups. Rawalpindi e Islamabad, sin cifras. ¿Y hay que creer que en la India y Pakistán se la están llevando tan de arriba, esta pandemia?
Para ver las cosas en contexto, van los datos oficiales de muertes por millón de habitantes que la OMS toma por buenos. Son los que dan los gobiernos nacionales y estas cifras son del 25/05.
Bélgica se lleva el premio mundial, con 812,46 muertos por millón. El Reino Unido está en tercer lugar, con 553,37. EEEUU llega al 9no puesto, con 298,26. Brasil está en el puesto nro 14, con 108,21. Nosotros, Argentina, hoy llegamos a los 10,16 y somos el nro. 70 en el ránking fúnebre.
La India, único país capaz de ganarle a China en contaminación aérea y hacinamiento, admite angelicalmente tener 2,97 muertos por millón, lo cual la colocaría en el puesto 101. Pakistán no está siquiera enlistado: el portal Statista, que tomar información de la OMS en este caso, tiene 144 estados-nación registrados sobre 195 existentes.
Ante esta pandemia, además de países gigantes que mienten a lo pavote sobre su número de difuntos (Donald Trump, are you there?), hay otros 55 de categoría “No sabe/No contesta”, otra sorpresa.
Y siguen las sorpresas: un muestreo con tests de anticuerpos sobre 25.025 personas en 133 municipios brasileños, presentado el 26/05 por la Universidad Federal de Pelotas (UFPel), muestra que el país tiene 7 veces más infectados que los que declaran las autoridades sanitarias. En 90 ciudades donde según cifras oficiales hay 104.792 casos, el estudio de la UFPel estima al menos 760.000. La mencionada es una de las tres universidades más prestigiosas del país, junto a la de Sao Paulo y a la de Rio de Janeiro.
En todo Brasil, el Ministerio de Salud dice que hay 374.898 infectados, pero según el estudio de la UFPel sólo en la ciudad de Sao Paulo hay al menos 380.000. El epidemiólogo que dirigió esta investigación gigantesca, Pedro Hallal, la resume así: «Podemos decir con la mayor tranquilidad con base en nuestra pesquisa que el conteo de casos en Brasil ya no debe ser hecho en millares, debe ser hecho en millones«.
En suma, que no tenemos la más pálida idea del impacto real del Covid en el mundo. No estamos simplemente flojos de vacunas o antivirales, sino de números.
India bajo lupa ajena
Un elefante con barbijo ¿hará que los ciudadanos indios que lo miran lo imiten? No parece.
Hace un par de meses, en tiempos más ingenuos, los “pundits” (sabios, en hindi) atribuyeron inicialmente las rarezas de la India a que el virus SARS CoV-2 estuviera mostrando diferentes virulencias regionales. En la India pobres sobran pero raramente llegan a muy viejos, de modo que la población es más juvenil. ¡Genial, ésa debía ser la causa! O el virus quizás sobreviva menos en el calor, vaya a saber. O es la espiritualidad, tal vez.
Pero según los corresponsales de The Telegraph (Joe Wallen en Delhi, Ben Farmer en Islamabad, Ashfaq Yusufzai y Vivashwan Singh en Peshawar), los médicos en las dos vertientes del Himalaya tienen órdenes de atribuir a otras causas las muertes por Covid-19. Ambos países, aunque no por exactamente iguales causas, están escamoteando difuntos.
Ante una pandemia, las instrucciones que reciben los médicos en general bajan desde la cúpula del estado. En la India, no necesariamente del Primer Ministro (en este caso, Narendra Modi, del BJP, Bharatiya Janata Party o Partido Popular Indio, nacionalista muy de derecha). La organización del estado indio es fundacionalmente federativa, casi autonomista, a diferencia del de Pakistán, que fue buena parte de su historia un país monolíticamente dirigido por su ejército.
En el Hospital de la Facultad de Medicina de Murshidabad, del estado indio de Bengala Occidental, entre la lista de turnos de guardia, se instruye a los médicos sobre qué hacer cuando un paciente se muere de Covid-19 en estos términos: “En caso de positivo a Covid, ninguna mención de Covid en el certificado de defunción”.
Los médicos que le filtraron copias de esto al Telegraph prefieren no dar sus nombres. Y es que el informe final sobre quién murió de qué en Bengala Occidental la cocina un comité “opaco”, o secreto “ma non troppo”, formado por médicos del gobierno estadual con quienes no hay que pelearse.
En Bengala gobierna Mamata “Didi” (literalmente “Hermanita Mayor”) Banerjee del AIT-CP, All India Trinamool, una fracción del viejo Congress Party, aquel partido de las dinastías Nehru y Gandhi que literalmente inventó la India en 1948. Aunque el AIT y el BJP se detestan, hay acuerdos de los gobernadores estaduales con el “Prime Minister” en macanear sobre el impacto del Covid. Hay que justificar la resistencia a entrar en cuarentena hasta casi pasado marzo, y hoy el apuro por salir de ella como sea y llegar al laborioso Nirvana del Business as Usual.
Más detalles. En Bengala hay instrucciones adicionales de no emplear tests, sean de anticuerpos o genéticos (PCR) aunque los haya (no sobran) y los pacientes tengan clara sintomatología de Covid. Las historias clínicas tienen que estar lo más libres que se pueda de esta palabra. Se usan subterfugios similares en otros estados de la India, porque ningún gobernador estadual quiere perder puntos ante la oposición local por haberse dejado llenar la canasta de muertos durante la pandemia.
Es curioso (si Ud. leyó el artículo del New York Times de ayer), que se esté haciendo lo propio en EEUU, aunque con diferencias de escala, pero por lo mismo. Curioso, pero no tanto: después de todo, la India es verdaderamente una democracia representativa, aunque en la calle eso no se note, y los soplones con guardapolvo pero sin banca política deban ocultar su identidad para preservar sus trabajos y dentaduras.
Citado por el Telegraph, un médico (anónimo) de hospital público del distrito de Cooch Behar, en el Norte de Bengala Occidental, admite que el “comité opaco” impide usar la palabra “coronavirus” salvo en casos expresamente autorizados. “Esto viola las directivas de la OMS (Organización Mundial de la Salud)– dice la misma fuente reservada- Nuestra primera ministra (“Didi” Banerjee) está tratando esta pandemia como una gastroenteritis o un dolor de cabeza que se cura solo. Se olvida de que cuanto más escondamos los números, más estaremos arriesgando las vidas de una parte cada vez mayor de nuestra sociedad”.
Mohammed Salim, del Partido Comunista y ex gobernador de ese mismo estado, fundamentó la acusación de los médicos contra Banerjee, y añadió que esa política agrava el peligro en que vive el personal de salud, por estar en primera línea frente al SARS CoV-2. Interrogada por el Telegraph, Banerjee optó por no responder. Tampoco lo hizo, para el caso, el Hospital de Musrhidabad.
Otro doctor bengalí, esta vez del sur de ese estado, dice que los colegios médicos y hospitales tienen instrucciones oficiosas de limitar el testeo para reducir las cifras oficiales de Covid-19, y que quien viole la consigna o se queje pierde su puesto.
Pero la historia del crematorio Rashmoni Ghat de Barrackpour es más elocuente. Es una ciudad 45 kilómetros al Norte de Kolkata (en otros tiempos, Calcuta). Los vecinos tienen esa instalación bajo vigilancia 24×7 desde que empezaron a llegar personas con traje hazmat (de protección completa) en horas de la madrugada para quemar difuntos por causas presuntamente ajenas a la pandemia.
Cremaciones a deshoras, apresuradas y clandestinas
“Dijeron que la persona se había muerto de diabetes pero no pudieron contestar por qué usaban trajes hazmat para incinerar a un diabético”, dijo un vecino.
Al parecer hay una rampa de casos de cremación. Un empleado de otro crematorio de Kolkata dijo: “Cada cadáver tarda unas 3 horas en arder completamente y teníamos una rutina de entre 15 y 20 cuerpos por semana antes de la llegada del Covid. Pero ahora eso es lo que nos llega por día. Si la situación persiste, las hornallas se van a rajar por uso excesivo”.
Como además el cremado insume combustible a lo grande, Kolkata está empezando a usar fosas colectivas. De modo que hace lo mismo que la ciudad de New York en EEUU: allá siguen enterrando cuerpos en la isla Hart, un lugar administrativamente inaccesible pero bien a la vista de la ciudad, frente al Bronx y en medio del gran estuario del Hudson. Desde 1868, los muertos diarios que nadie reclama, amén de sucesivas y hoy ya olvidadas epidemias, fueron acumulando alrededor de un millón de cuerpos en esta isla.
Comenzando 2020, el promedio de entierros en Hart Island era de 17/día, cuando en febrero desembarcó el Covid, el alcalde Bill de Blasio (demócrata) se opuso a la cuarentena y se le murieron casi al toque unos 17.000 neoyorkinos. No colapsaron únicamente las terapias intensivas: colapsaron las funerarias. El trabajo se volvió entonces brutal para los presos del complejo penal de la isla vecina de Rykers Island, a quienes la ciudad les paga 17 centavos de dólar por cada cajón que gestionan en la de Hart. Se los apila verticalmente de a 3 en largas y hondas fosas colectivas, y se los sepulta sin señalización (historia aquí).
Por propia iniciativa (es decir gratis), los presos hicieron una cruz de rocas blancas en una loma cercana, acaso buscándole algún sentido humano a su trabajo. Los registros de adónde está enterrado quién se pierden rutinariamente para evitar el engorro de que la municipalidad deba responder a averiguaciones o gestionar visitas de familiares. Los pedidos de éstos se rebotan o no se contestan jamás, hasta que desisten. Si los muertos no pagan, al menos que no cuesten. Bienvenidos a New York.
Detalles de cuan berreta, cuan obviable se vuelve la muerte en pandemia, en ésta, en las anteriores, en las próximas: los números se hacen atónitos, lo individual se borra en el anonimato, la vida humana pierde valor a un grado rutinario en el atestado Sudeste Asiático, ¿pero aquí, en esta capital global de la arquitectura, el arte y la ciencia?
Y con poca base para que eso suceda. Los “slums” neoyorkinos habrán brillado siglos por su hacinamiento, miseria y suciedad pero –el frío invernal manda- la Gran Manzana jamás se permitió tener verdaderas villamiserias de chapa y cartón, como las nuestras. Aquí en New York existen hospitales públicos (pocos, colapsados, pero hay) y la calidad de aire viene mejorando de forma continua desde los ’60.
¿Cómo será comparativamente el Covid en Delhi, donde hay oficialmente 200.000 “homeless” y el aire está un 1220% más contaminado que el máximo fijado por la OMS? Delhi no te lo dice. Y tal vez no lo sepa.
Pakistán bajo otra lupa
Comprobación rápida de fiebre en las calles de Islamabad
Estas cuchipandas se repiten en Pakistán, pero por causas más culturales: los médicos tienen instrucciones de “no estigmatizar” al que se muere de Covid-19. Es que para los familiares de ese muerto hay restricciones fúnebres estrictas: por motivos de contagio, el gobierno no quiere grandes reuniones a la hora de velarlo o a enterrarlo.
Pero para el pakistaní medio es importante juntar una buena muchedumbre a pie de tumba, y para lograr eso prefiere morir en su casa y por causas inventadas antes que hacerlo en un hospital, donde es más probable que la historia clínica lo delate. Por otro lado, incluso si ese hospital garantizara una terapia intensiva pero no suficientes respiradores, ¿mejoraría tanto sus posibilidades de salir vivo? Enfermos, pero no tontos.
Hay órdenes de borrar “Covid” de las historias clínicas, y eso lo admiten los internistas del hospital de Khyber Pakhtunkhwa, y dio la cara por ellos el Dr. Suhail Ahmed, de la Asociación Médica de esa provincia, la de peores números pandémicos del país. Otro que se arriesgó a hablar del asunto fue el Dr. Muhammad Akram, del hospital de Mardan: los familiares del que se muere hacen lo posible por garantizar funerales multitudinarios, razón por la cual el 50% de los decesos por Covid-19 son domésticos.
Lo confirma también el Dr. Fazal Maula, de la provincia de Malakand: las familias de los difuntos que mueren en hospitales tratan incluso de sobornar a las autoridades sanitarias, y han llegado a atacar a los médicos o empleados que se niegan a darles el cadáver. No es imposible que situaciones parecidas se terminen viendo en la Argentina, cuando las cosas se pongan verdaderamente feas.
Obviamente, la cultura fúnebre pakistaní conspira contra todo control de la enfermedad por rastreo de casos y “micro-cuarentena” de los que testean positivos. Fue el método selectivo que usaron con razonable éxito China, Corea, Singapur y Hong Kong para contener el primer brote, y deberá ser durante largo tiempo el de la India y Pakistán ahora que ambos países empiezan a salir desorganizadamente de la cuarentena nacional, que sus gobiernos nacionales hicieron todo lo posible por impedir.
Las renuencias son lógicas. Nadie quiere frenar en seco un país, aún si es el mínimo Liechtenstein, con apenas 38.557 habitantes. Pero parar de golpe las economías de 1353 millones de habitantes (la India) y de 215 millones (Pakistán) es como clavar los frenos de 2 trenes enormes y mal mantenidos: los apilamientos y descarrilamientos de vagones son inevitables.
Ahora que la India y Pakistán emergen de sus cuarentenas, se impone el rastreo de casos: dada la contagiosidad de este virus, no es improbable que los familiares y allegados a una víctima del SARS CoV-2 sean portadores sanos (al menos un tiempo), y por ende, contagiadores. Si testean positivo, habrá que aislarlos. Pero ambos países, cada cual por sus razones, prefieren ignorar quién se murió de qué. Esto matará más gente.
En suma, The Telegraph aporta algunas claves sobre un misterio epidemiológico: a 5 meses de empezada la pandemia, esa zona del planeta, la más hacinada y de peor calidad de aire, sigue estadísticamente libre de la mortalidad espantosa de países como España, Italia o el Reino Unido, cuyas poblaciones podrán ser más viejas pero tienen “fundamentals” muy superiores en urbanismo, regulaciones ambientales y salud pública.
En suma, es altamente probable que la India y Pakistán tengan mortalidades muy superiores a las que dicen tener.
Por una OMS 2.0 y repotenciada
El simpático doctor Anders Tegnell, que para lograr “inmunidad de manada” en Suecia lleva muertos más de 4000 ancianos.
Lo que queda en claro con todo esto son las limitaciones legales de la OMS para conseguir buena información por parte de sus estados integrantes, y no sólo en la India y Pakistán, sino en EEUU y Brasil, y de Rusia ni hablar. Por razones mucho más diversas de las que se enumeraron en este artículo, hay demasiados países barriendo sus muertos bajo la alfombra. No es verdad que a fecha del 26/05 haya 325.000 en todo el mundo: probablemente son más.
De creerle la citada Dra. Elizabeth Rosenthal, y al New York Times que decidió publicar su historia, tampoco es verdad que el 1 de junio EEUU haya alcanzado ayer las 100.000 muertes. Eso sucedió tiempo antes, pero se están maquillando historias clínicas y certificados de defunción: en lugar de Covid, paro cardiorrespiratorio. Que es como decir que el finado se murió de muerte, nomás, pero suena más técnico. Dado que hasta 1/3 de las muertes por Covid ocurre en geriátricos, estos tratan de escaparle al estigma de cargar con cifras abultadas: «bad for business».
En New York, si la historia clínica menciona Covid como preexistencia, basta que el acta de defunción acompañe ese sustantivo del adjetivo «posible» para que ese deceso se archive fuera de las estadísticas de muerte por el virus SARS CoV-2, así de simple. Un adjetivo. «Easy does it», como dicen los neoyorkinos. Los hospitales privados y/o universitarios recurren a la misma manganeta, y los alcaldes y gobernadores prefieren mejorar la imagen de su administración de los hospitales de sus condados o de sus estados. Florida, dice Rosenthal, echó de su cargo al informático que había diseñado el sistema estatal de manejo de datos del Covid: lo hizo demasiado transparente.
Ocultar las muertes disimula la prevalencia del Covid e impide el rastreo de contactos. Por ende, mientras no haya vacunas eficaces para ponerle cerco a la enfermedad, pondrá en riesgo de contagio y re-contagio a los países vecinos del infectado, y también a sus socios comerciales. Eso es un problema para cada país, y a veces para cada región si todos sus países integrantes asumen la misma política sanitaria.
Pero eso no es muy común, y la Unión Europea o Norteamérica parecen más contraejemplos que ejemplos a seguir. Entre los países escandinavos, Suecia decidió no hacer cuarentena, y hoy tiene 395,65 muertos por millón de habitantes. Sus espantados vecinos que SÍ hicieron cuarentena tienen 97,11 (Dinamarca), 55,82 (Finlandia) y 44,22 (Noruega). Y como el 88% de los muertos en Suecia son mayores de 65 años, Dinamarca, Finlandia y Noruega cerraron sus fronteras con Suecia.
Es que Dinamarca, Finlandia y Noruega no tienen especiales ganas de permitir una eutanasia de viejos para alegrar a la manada de economistas liberales que aplauden el libre contagio de hasta el 70% de la población. Y lo hacen (dicen los economistas) para dar lugar… (aquí, PRRRRRR, redoble de tambor)… ¡A la inmunidad de manada! ¡Fuerte ese aplauso!
Genial, pero estudien un poco de biología, animalitos de Dios: Darwin no muerde. Los virus mutan espontáneamente, y los respiratorios con genes a ARN ni te cuento. De modo que el SARS CoV-2 modelo 2022 o 2023 podría llegar con nueva genética para infectar a los que se salvaron en la volteada de 2020. Así las cosas, no es imposible que este año Suecia haya inmolado aproximadamente 4000 ancianos al cuete, a cuenta de cero inmunidad futura. Si te toca ser Ministro de Salud, como al torvo doctor Anders Tegnell, no confíes a una enfermedad letal las tareas propias de una vacuna. La gripe, que muta año a año y requiere de nuevas vacunas año a año, te muestra que eso no sirve.
Norteamérica hoy es un moridero: EEUU admite 299,79 muertos por millón (¿les creemos?), Canadá 179,58 y México 60,49. Son vecinos de continente, pero es difícil que estos 3 países puedan expandir el virus hacia el Sur. Y además, no es necesario: aquí está Brasil, que tiene frontera con diez estados, amén de la mitad de la superficie subcontinental y la mitad de la población, y que con 112,06 muertos por millón de habitantes, perdió toda pretensión ya no de controlar sino de medir la pandemia, máxime a la luz del lapidario muestreo hecho por la UFPel. ¿Durante cuántos años y con cuántos cadáveres pagará la región la política del presidente Jair Bolsonaro de tratar esta pandemia como “una gripecinha”?
Pero ojo, compatriotas, con tirar demasiadas piedras al techo brasuca. El de villano regional es un lugar donde ya estuvimos: en 1957 Paraguay, Chile y Uruguay amenazaron cerrarnos las fronteras porque teníamos casi 700 casos admitidos de poliomielitis y no estábamos comprando la vacuna Salk (muy cara, otras prioridades). Pero ellos, con menos plata, menos industria, menos tecnología y menos educación y salud pública, sí la compraban. Y estaban vacunando. Vergüenza eterna.
El mundo es un consorcio epidemiológico desde hace rato. Cada estupidez que nos mandemos puede y suele ser funesta para otros. China, que logró aplacar su curva inicial de casos en la provincia de Hubei con cuarentenas heroicas, se acaba de reinfectar en la zona del Dongbei, en su extremo Noreste, con Covid proveniente de Rusia, país que reconoce sólo 25,15 muertes por millón, pero bueno, andá a creerles. En conclusión, 108 millones de chinos en las provincias de Jilin y Heilongyang acaban de entrar en cuarentena rabiosa. Y la ciudad más afectada parece ser Shulan.
El SARS CoV-2 oriundo de Rusia parece una enfermedad de avance general más lento, y por ende con más días de portación asintomática (y de contagio). No es imposible que el virus haya mutado un poco para superar lo único con lo que hasta ahora tenemos para combatirlo: las cuarentenas.
En este consorcio epidemiológico que se ha vuelto el mundo, necesitamos una OMS con poderes. Si el OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) tuviera la misma impotencia y pasividad de la OMS para auditar la trastienda nuclear de sus países integrantes, tendríamos decenas de países con bombas atómicas y termonucleares, en lugar de una sola decena, los disparatados gastos militares nos harían a todos mucho más pobres (caso de la India y Pakistán) y viviríamos conteniendo el aliento. O no. No viviríamos.
Se necesita una OMS 2.0 repotenciada. Hay que cambiar las reglas.
Un elefante con barbijo ¿hará que los ciudadanos indios que lo miran lo imiten? No parece.
Hace un par de meses, en tiempos más ingenuos, los “pundits” (sabios, en hindi) atribuyeron inicialmente las rarezas de la India a que el virus SARS CoV-2 estuviera mostrando diferentes virulencias regionales. En la India pobres sobran pero raramente llegan a muy viejos, de modo que la población es más juvenil. ¡Genial, ésa debía ser la causa! O el virus quizás sobreviva menos en el calor, vaya a saber. O es la espiritualidad, tal vez.
Pero según los corresponsales de The Telegraph (Joe Wallen en Delhi, Ben Farmer en Islamabad, Ashfaq Yusufzai y Vivashwan Singh en Peshawar), los médicos en las dos vertientes del Himalaya tienen órdenes de atribuir a otras causas las muertes por Covid-19. Ambos países, aunque no por exactamente iguales causas, están escamoteando difuntos.
Ante una pandemia, las instrucciones que reciben los médicos en general bajan desde la cúpula del estado. En la India, no necesariamente del Primer Ministro (en este caso, Narendra Modi, del BJP, Bharatiya Janata Party o Partido Popular Indio, nacionalista muy de derecha). La organización del estado indio es fundacionalmente federativa, casi autonomista, a diferencia del de Pakistán, que fue buena parte de su historia un país monolíticamente dirigido por su ejército.
En el Hospital de la Facultad de Medicina de Murshidabad, del estado indio de Bengala Occidental, entre la lista de turnos de guardia, se instruye a los médicos sobre qué hacer cuando un paciente se muere de Covid-19 en estos términos: “En caso de positivo a Covid, ninguna mención de Covid en el certificado de defunción”.
Los médicos que le filtraron copias de esto al Telegraph prefieren no dar sus nombres. Y es que el informe final sobre quién murió de qué en Bengala Occidental la cocina un comité “opaco”, o secreto “ma non troppo”, formado por médicos del gobierno estadual con quienes no hay que pelearse.
En Bengala gobierna Mamata “Didi” (literalmente “Hermanita Mayor”) Banerjee del AIT-CP, All India Trinamool, una fracción del viejo Congress Party, aquel partido de las dinastías Nehru y Gandhi que literalmente inventó la India en 1948. Aunque el AIT y el BJP se detestan, hay acuerdos de los gobernadores estaduales con el “Prime Minister” en macanear sobre el impacto del Covid. Hay que justificar la resistencia a entrar en cuarentena hasta casi pasado marzo, y hoy el apuro por salir de ella como sea y llegar al laborioso Nirvana del Business as Usual.
Más detalles. En Bengala hay instrucciones adicionales de no emplear tests, sean de anticuerpos o genéticos (PCR) aunque los haya (no sobran) y los pacientes tengan clara sintomatología de Covid. Las historias clínicas tienen que estar lo más libres que se pueda de esta palabra. Se usan subterfugios similares en otros estados de la India, porque ningún gobernador estadual quiere perder puntos ante la oposición local por haberse dejado llenar la canasta de muertos durante la pandemia.
Es curioso (si Ud. leyó el artículo del New York Times de ayer), que se esté haciendo lo propio en EEUU, aunque con diferencias de escala, pero por lo mismo. Curioso, pero no tanto: después de todo, la India es verdaderamente una democracia representativa, aunque en la calle eso no se note, y los soplones con guardapolvo pero sin banca política deban ocultar su identidad para preservar sus trabajos y dentaduras.
Citado por el Telegraph, un médico (anónimo) de hospital público del distrito de Cooch Behar, en el Norte de Bengala Occidental, admite que el “comité opaco” impide usar la palabra “coronavirus” salvo en casos expresamente autorizados. “Esto viola las directivas de la OMS (Organización Mundial de la Salud)– dice la misma fuente reservada- Nuestra primera ministra (“Didi” Banerjee) está tratando esta pandemia como una gastroenteritis o un dolor de cabeza que se cura solo. Se olvida de que cuanto más escondamos los números, más estaremos arriesgando las vidas de una parte cada vez mayor de nuestra sociedad”.
Mohammed Salim, del Partido Comunista y ex gobernador de ese mismo estado, fundamentó la acusación de los médicos contra Banerjee, y añadió que esa política agrava el peligro en que vive el personal de salud, por estar en primera línea frente al SARS CoV-2. Interrogada por el Telegraph, Banerjee optó por no responder. Tampoco lo hizo, para el caso, el Hospital de Musrhidabad.
Otro doctor bengalí, esta vez del sur de ese estado, dice que los colegios médicos y hospitales tienen instrucciones oficiosas de limitar el testeo para reducir las cifras oficiales de Covid-19, y que quien viole la consigna o se queje pierde su puesto.
Pero la historia del crematorio Rashmoni Ghat de Barrackpour es más elocuente. Es una ciudad 45 kilómetros al Norte de Kolkata (en otros tiempos, Calcuta). Los vecinos tienen esa instalación bajo vigilancia 24×7 desde que empezaron a llegar personas con traje hazmat (de protección completa) en horas de la madrugada para quemar difuntos por causas presuntamente ajenas a la pandemia.
Cremaciones a deshoras, apresuradas y clandestinas
“Dijeron que la persona se había muerto de diabetes pero no pudieron contestar por qué usaban trajes hazmat para incinerar a un diabético”, dijo un vecino.
Al parecer hay una rampa de casos de cremación. Un empleado de otro crematorio de Kolkata dijo: “Cada cadáver tarda unas 3 horas en arder completamente y teníamos una rutina de entre 15 y 20 cuerpos por semana antes de la llegada del Covid. Pero ahora eso es lo que nos llega por día. Si la situación persiste, las hornallas se van a rajar por uso excesivo”.
Como además el cremado insume combustible a lo grande, Kolkata está empezando a usar fosas colectivas. De modo que hace lo mismo que la ciudad de New York en EEUU: allá siguen enterrando cuerpos en la isla Hart, un lugar administrativamente inaccesible pero bien a la vista de la ciudad, frente al Bronx y en medio del gran estuario del Hudson. Desde 1868, los muertos diarios que nadie reclama, amén de sucesivas y hoy ya olvidadas epidemias, fueron acumulando alrededor de un millón de cuerpos en esta isla.
Comenzando 2020, el promedio de entierros en Hart Island era de 17/día, cuando en febrero desembarcó el Covid, el alcalde Bill de Blasio (demócrata) se opuso a la cuarentena y se le murieron casi al toque unos 17.000 neoyorkinos. No colapsaron únicamente las terapias intensivas: colapsaron las funerarias. El trabajo se volvió entonces brutal para los presos del complejo penal de la isla vecina de Rykers Island, a quienes la ciudad les paga 17 centavos de dólar por cada cajón que gestionan en la de Hart. Se los apila verticalmente de a 3 en largas y hondas fosas colectivas, y se los sepulta sin señalización (historia aquí).
Por propia iniciativa (es decir gratis), los presos hicieron una cruz de rocas blancas en una loma cercana, acaso buscándole algún sentido humano a su trabajo. Los registros de adónde está enterrado quién se pierden rutinariamente para evitar el engorro de que la municipalidad deba responder a averiguaciones o gestionar visitas de familiares. Los pedidos de éstos se rebotan o no se contestan jamás, hasta que desisten. Si los muertos no pagan, al menos que no cuesten. Bienvenidos a New York.
Detalles de cuan berreta, cuan obviable se vuelve la muerte en pandemia, en ésta, en las anteriores, en las próximas: los números se hacen atónitos, lo individual se borra en el anonimato, la vida humana pierde valor a un grado rutinario en el atestado Sudeste Asiático, ¿pero aquí, en esta capital global de la arquitectura, el arte y la ciencia?
Y con poca base para que eso suceda. Los “slums” neoyorkinos habrán brillado siglos por su hacinamiento, miseria y suciedad pero –el frío invernal manda- la Gran Manzana jamás se permitió tener verdaderas villamiserias de chapa y cartón, como las nuestras. Aquí en New York existen hospitales públicos (pocos, colapsados, pero hay) y la calidad de aire viene mejorando de forma continua desde los ’60.
¿Cómo será comparativamente el Covid en Delhi, donde hay oficialmente 200.000 “homeless” y el aire está un 1220% más contaminado que el máximo fijado por la OMS? Delhi no te lo dice. Y tal vez no lo sepa.
Pakistán bajo otra lupa
Comprobación rápida de fiebre en las calles de Islamabad
Estas cuchipandas se repiten en Pakistán, pero por causas más culturales: los médicos tienen instrucciones de “no estigmatizar” al que se muere de Covid-19. Es que para los familiares de ese muerto hay restricciones fúnebres estrictas: por motivos de contagio, el gobierno no quiere grandes reuniones a la hora de velarlo o a enterrarlo.
Pero para el pakistaní medio es importante juntar una buena muchedumbre a pie de tumba, y para lograr eso prefiere morir en su casa y por causas inventadas antes que hacerlo en un hospital, donde es más probable que la historia clínica lo delate. Por otro lado, incluso si ese hospital garantizara una terapia intensiva pero no suficientes respiradores, ¿mejoraría tanto sus posibilidades de salir vivo? Enfermos, pero no tontos.
Hay órdenes de borrar “Covid” de las historias clínicas, y eso lo admiten los internistas del hospital de Khyber Pakhtunkhwa, y dio la cara por ellos el Dr. Suhail Ahmed, de la Asociación Médica de esa provincia, la de peores números pandémicos del país. Otro que se arriesgó a hablar del asunto fue el Dr. Muhammad Akram, del hospital de Mardan: los familiares del que se muere hacen lo posible por garantizar funerales multitudinarios, razón por la cual el 50% de los decesos por Covid-19 son domésticos.
Lo confirma también el Dr. Fazal Maula, de la provincia de Malakand: las familias de los difuntos que mueren en hospitales tratan incluso de sobornar a las autoridades sanitarias, y han llegado a atacar a los médicos o empleados que se niegan a darles el cadáver. No es imposible que situaciones parecidas se terminen viendo en la Argentina, cuando las cosas se pongan verdaderamente feas.
Obviamente, la cultura fúnebre pakistaní conspira contra todo control de la enfermedad por rastreo de casos y “micro-cuarentena” de los que testean positivos. Fue el método selectivo que usaron con razonable éxito China, Corea, Singapur y Hong Kong para contener el primer brote, y deberá ser durante largo tiempo el de la India y Pakistán ahora que ambos países empiezan a salir desorganizadamente de la cuarentena nacional, que sus gobiernos nacionales hicieron todo lo posible por impedir.
Las renuencias son lógicas. Nadie quiere frenar en seco un país, aún si es el mínimo Liechtenstein, con apenas 38.557 habitantes. Pero parar de golpe las economías de 1353 millones de habitantes (la India) y de 215 millones (Pakistán) es como clavar los frenos de 2 trenes enormes y mal mantenidos: los apilamientos y descarrilamientos de vagones son inevitables.
Ahora que la India y Pakistán emergen de sus cuarentenas, se impone el rastreo de casos: dada la contagiosidad de este virus, no es improbable que los familiares y allegados a una víctima del SARS CoV-2 sean portadores sanos (al menos un tiempo), y por ende, contagiadores. Si testean positivo, habrá que aislarlos. Pero ambos países, cada cual por sus razones, prefieren ignorar quién se murió de qué. Esto matará más gente.
En suma, The Telegraph aporta algunas claves sobre un misterio epidemiológico: a 5 meses de empezada la pandemia, esa zona del planeta, la más hacinada y de peor calidad de aire, sigue estadísticamente libre de la mortalidad espantosa de países como España, Italia o el Reino Unido, cuyas poblaciones podrán ser más viejas pero tienen “fundamentals” muy superiores en urbanismo, regulaciones ambientales y salud pública.
En suma, es altamente probable que la India y Pakistán tengan mortalidades muy superiores a las que dicen tener.
Por una OMS 2.0 y repotenciada
El simpático doctor Anders Tegnell, que para lograr “inmunidad de manada” en Suecia lleva muertos más de 4000 ancianos.
Lo que queda en claro con todo esto son las limitaciones legales de la OMS para conseguir buena información por parte de sus estados integrantes, y no sólo en la India y Pakistán, sino en EEUU y Brasil, y de Rusia ni hablar. Por razones mucho más diversas de las que se enumeraron en este artículo, hay demasiados países barriendo sus muertos bajo la alfombra. No es verdad que a fecha del 26/05 haya 325.000 en todo el mundo: probablemente son más.
De creerle la citada Dra. Elizabeth Rosenthal, y al New York Times que decidió publicar su historia, tampoco es verdad que el 1 de junio EEUU haya alcanzado ayer las 100.000 muertes. Eso sucedió tiempo antes, pero se están maquillando historias clínicas y certificados de defunción: en lugar de Covid, paro cardiorrespiratorio. Que es como decir que el finado se murió de muerte, nomás, pero suena más técnico. Dado que hasta 1/3 de las muertes por Covid ocurre en geriátricos, estos tratan de escaparle al estigma de cargar con cifras abultadas: «bad for business».
En New York, si la historia clínica menciona Covid como preexistencia, basta que el acta de defunción acompañe ese sustantivo del adjetivo «posible» para que ese deceso se archive fuera de las estadísticas de muerte por el virus SARS CoV-2, así de simple. Un adjetivo. «Easy does it», como dicen los neoyorkinos. Los hospitales privados y/o universitarios recurren a la misma manganeta, y los alcaldes y gobernadores prefieren mejorar la imagen de su administración de los hospitales de sus condados o de sus estados. Florida, dice Rosenthal, echó de su cargo al informático que había diseñado el sistema estatal de manejo de datos del Covid: lo hizo demasiado transparente.
Ocultar las muertes disimula la prevalencia del Covid e impide el rastreo de contactos. Por ende, mientras no haya vacunas eficaces para ponerle cerco a la enfermedad, pondrá en riesgo de contagio y re-contagio a los países vecinos del infectado, y también a sus socios comerciales. Eso es un problema para cada país, y a veces para cada región si todos sus países integrantes asumen la misma política sanitaria.
Pero eso no es muy común, y la Unión Europea o Norteamérica parecen más contraejemplos que ejemplos a seguir. Entre los países escandinavos, Suecia decidió no hacer cuarentena, y hoy tiene 395,65 muertos por millón de habitantes. Sus espantados vecinos que SÍ hicieron cuarentena tienen 97,11 (Dinamarca), 55,82 (Finlandia) y 44,22 (Noruega). Y como el 88% de los muertos en Suecia son mayores de 65 años, Dinamarca, Finlandia y Noruega cerraron sus fronteras con Suecia.
Es que Dinamarca, Finlandia y Noruega no tienen especiales ganas de permitir una eutanasia de viejos para alegrar a la manada de economistas liberales que aplauden el libre contagio de hasta el 70% de la población. Y lo hacen (dicen los economistas) para dar lugar… (aquí, PRRRRRR, redoble de tambor)… ¡A la inmunidad de manada! ¡Fuerte ese aplauso!
Genial, pero estudien un poco de biología, animalitos de Dios: Darwin no muerde. Los virus mutan espontáneamente, y los respiratorios con genes a ARN ni te cuento. De modo que el SARS CoV-2 modelo 2022 o 2023 podría llegar con nueva genética para infectar a los que se salvaron en la volteada de 2020. Así las cosas, no es imposible que este año Suecia haya inmolado aproximadamente 4000 ancianos al cuete, a cuenta de cero inmunidad futura. Si te toca ser Ministro de Salud, como al torvo doctor Anders Tegnell, no confíes a una enfermedad letal las tareas propias de una vacuna. La gripe, que muta año a año y requiere de nuevas vacunas año a año, te muestra que eso no sirve.
Norteamérica hoy es un moridero: EEUU admite 299,79 muertos por millón (¿les creemos?), Canadá 179,58 y México 60,49. Son vecinos de continente, pero es difícil que estos 3 países puedan expandir el virus hacia el Sur. Y además, no es necesario: aquí está Brasil, que tiene frontera con diez estados, amén de la mitad de la superficie subcontinental y la mitad de la población, y que con 112,06 muertos por millón de habitantes, perdió toda pretensión ya no de controlar sino de medir la pandemia, máxime a la luz del lapidario muestreo hecho por la UFPel. ¿Durante cuántos años y con cuántos cadáveres pagará la región la política del presidente Jair Bolsonaro de tratar esta pandemia como “una gripecinha”?
Pero ojo, compatriotas, con tirar demasiadas piedras al techo brasuca. El de villano regional es un lugar donde ya estuvimos: en 1957 Paraguay, Chile y Uruguay amenazaron cerrarnos las fronteras porque teníamos casi 700 casos admitidos de poliomielitis y no estábamos comprando la vacuna Salk (muy cara, otras prioridades). Pero ellos, con menos plata, menos industria, menos tecnología y menos educación y salud pública, sí la compraban. Y estaban vacunando. Vergüenza eterna.
El mundo es un consorcio epidemiológico desde hace rato. Cada estupidez que nos mandemos puede y suele ser funesta para otros. China, que logró aplacar su curva inicial de casos en la provincia de Hubei con cuarentenas heroicas, se acaba de reinfectar en la zona del Dongbei, en su extremo Noreste, con Covid proveniente de Rusia, país que reconoce sólo 25,15 muertes por millón, pero bueno, andá a creerles. En conclusión, 108 millones de chinos en las provincias de Jilin y Heilongyang acaban de entrar en cuarentena rabiosa. Y la ciudad más afectada parece ser Shulan.
El SARS CoV-2 oriundo de Rusia parece una enfermedad de avance general más lento, y por ende con más días de portación asintomática (y de contagio). No es imposible que el virus haya mutado un poco para superar lo único con lo que hasta ahora tenemos para combatirlo: las cuarentenas.
En este consorcio epidemiológico que se ha vuelto el mundo, necesitamos una OMS con poderes. Si el OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) tuviera la misma impotencia y pasividad de la OMS para auditar la trastienda nuclear de sus países integrantes, tendríamos decenas de países con bombas atómicas y termonucleares, en lugar de una sola decena, los disparatados gastos militares nos harían a todos mucho más pobres (caso de la India y Pakistán) y viviríamos conteniendo el aliento. O no. No viviríamos.
Se necesita una OMS 2.0 repotenciada. Hay que cambiar las reglas.
Daniel E. Arias
Fernández y Kicillof hacia la «nueva normalidad»: se reactiva la planta de Toyota
El presidente de la Nación, Alberto Fernández, y el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, recorrieron la planta de Toyota en Zárate, que retomó su producción el 18 de mayo pasado con una dotación del 40% de sus 5800 operarios, en turnos reducidos y con el transporte a cargo de la compañía.
Junto a los ministros de producción de la Nación y la Provincia, Matías Kulfas y Augusto Costa; la secretaria de Comercio Interior nacional, Paula Español, y el intendente Osvaldo Cáffaro, Fernández y Kicillof visitaron la fábrica y conversaron con los operarios. “Es muy significativo ver cómo la empresa tuvo capacidad de adaptación a la pandemia para cuidar la salud de los trabajadores”, remarcó Kicillof al tiempo que agregó “en esta planta se producen 300 camionetas por día, se exporta el 80%, el 40% de las piezas están hechas en Argentina y el 70% del valor agregado de cada camioneta es valor argentino”. Kicillof recordó que el desarrollo de Toyota en el partido de Zárate es “el resultado de una inversión privada internacional, en coordinación con el gobierno nacional, en 2014”. A través del programa de crédito Fondear, la empresa realizó “una inversión de 900 millones de dólares que permitió duplicar la capacidad de la planta en términos de trabajo y darle un perfil nacional y exportador”. Además, el Gobernador agradeció a la empresa la donación de seis ambulancias para enfrentar la pandemia.
El presidente de Toyota Argentina, Daniel Herrero, subrayó “vamos a seguir apostando a la articulación pública y privada, para generar los consensos y proyectos a futuro que generen inversión y desarrollo”. Por su parte, el intendente Cáffaro destacó también la disposición de la empresa para colaborar con las necesidades de su distrito desde el primer día.
El Presidente concluyó diciendo que “cada empresa que se reabre en la Argentina es un acto de celebración después de tanto dolor y sufrimiento que la pandemia nos ha impuesto. El daño que hizo la pandemia ha paralizado la economía del mundo. No es la cuarentena, es la pandemia la que ha complicado la economía del mundo. La cuarentena sirve para que nos cuidemos».
La industria láctea, en tiempos de pandemia
Es un lugar común, pero no deja de ser cierto, la difícil situación en que ha puesto esta pandemia, y las concurrentes medidas de aislamiento social, a la mayoría de las actividades productivas. Y, sobre todo, a los que trabajan en ellas.
Pero creemos que es válido hacer notar que, en muchos casos, el coronavirus aceleró procesos que ya estaban en marcha. En muchos casos, procesos de deterioro. En algunos, de adaptación exitosa. No estamos diciendo nada original que las que se caen son en su gran mayoría pymes. Entre las grandes empresas -no todas, por cierto- es más fácil encontrar casos de crecimiento.
Este informe de Silvia Naishtat sobre la industria láctea es un buen ejemplo. Lamentablemente, también da una indicación negativa sobre que está pasando con el consumo de una parte básica de la alimentación de nuestros niños y jóvenes.
«Pocos sectores de la economía tienen un comportamiento tan disímil en esta cuarentena como el lácteo. Algunos están con el acelerador a fondo, produciendo como pocas veces. Es el caso de La Serenísima, con alta demanda de la leche fluída en sachet. Otros apagaron los motores como aquellas fábricas que abastecían de muzzarella a pizzerías y restaurantes. O los del dulce de leche industrial y heladero que están vendiendo el 10%. Hay unas 30 pymes que bajaron la persiana. Por cierto, el campo de acción de la lechería es muy amplio. Están los que se dedican a postres y yogures apenados por bolsillos más flacos, mientras las primeras marcas no saben cómo capturar la atención de ese consumidor que cambió de hábitos.
Según Alejandro Maurino, CEO de edairynews, la cuarentena aumentó el consumo de leche fluida, quesos frescos y dulce de leche. Y las empresas proveedoras del Estado lograron colocar importantes volúmenes para los planes sociales. Maurino afirma que, sin embargo, hubo aumento en los costos que no se pudieron trasladar a precios finales.
Pero antes del arranque de 2020, Danone informó que su casa central le había debido aportar 110.000.000 de euros a la filial local. Es que en 2019 se resintieron sus despachos un 30%. En las oficinas centrales de Paris, en el elegantísimo Boulveard Haussmann, no estarían mirando a la Argentina con cariño como cuando Antoine Riboud y Daniel Carassò vinieron a asociarse con La Serenísima.
En el comienzo de la gestión de Mauricio Macri el presidente de Nestlé, Peter Brabeck, prometió invertir. Y lo hizo. Así surgieron las líneas de leches infantiles en Villa Nueva y de leche condensada en Firmat. Los resultados no vinieron. A su vez, Milkaut, BonGrain, Savencia experimentó, con la llegada de su nuevo CEO Juan Carlos Dalto, un giro a productos de alta gama y rentabilidad. A ese negocio se lo comió el coronavirus.
Saputo, la canadiense encabezada por Lino Saputo, desembarcó con la compra a Pérez-Companc de Molfino y La Paulina. Hoy está en la cima en recibo de leche junto a La Serenísima, ambas seguidas por la ascendente Adecoagro. La novedad es que a Saputo y por primera vez le soltaron la mano desde Canadá. En cuanto al matrimonio Arcor-Mastellone es notable el avance de la familia Pagani que se acerca al 50%. Eso sí, la última compra de acciones por parte de Arcor dejó a miembros de Mastellone con sabor amargo y ganas de recurrir a la justicia. Y habría más amargura en un mundo en el que ya sobran stocks por la caída de la demanda . Esos volúmenes se están almacenando en forma de leche en polvo. Hay quienes aseguran que habrá que prepararse para una fuerte caída de precios que esta vez va en serio. EE.UU. llegó a tirar 25 millones de litros por día por los cierres de las cadenas de comida. La cotización internacional era de US$ 3.500 la tonelada de leche en polvo en marzo: cayó a los US$ 2.700.
A Federico Boglione lo obsesiona lo que es ya casi un debate existencial entre empresarios. Y gira alrededor de si las ayudas oficiales deberían discriminar por tamaño de compañía. Para el dueño de La Sibila, debería separarse en función de si son firmas de capital nacional o extranjero. “Los de afuera pueden venir, cerrar una empresa e irse. Nosotros estamos comprometidos con la gente y seguimos en el país”, remató.
¿Y el tambero? Cobra $ 18 por litro . Del lado de los industriales dicen es un precio excesivo. Pero Guillermo Draletti, su histórico dirigente, señala: “Continuamos trabajando en una lechería estancada desde 2008 en una producción de 10.300 millones de litros por año siendo superados por los vecinos y hasta por Colombia».
Por su parte, los tamberos santafesinos advierten que el sector va camino a una grave crisis. La Mesa de Productores Lecheros de Santa Fe (Meprolsafe) señala que las cotizaciones se derrumbaron a nivel mundial por la pandemia y que se proyecta una sobreoferta de leche para los próximos meses.
Otro dato, el consumo por habitante es de 200 litros por año. En el dramático 2002 llegaba a 230.»
La primera piloto de caza de la Argentina hizo su vuelo de bautismo
La teniente Sofía Vier realizó su bautismo, «Vuelo Solo» en un avión caza, junto al resto de los egresados que hicieron su «Vuelo Sólo» en aviones IA-63; Pampa II; y helicópteros SA315B Lama, en una ceremonia que se realizó en la IV Brigada Aérea de Mendoza. Estuvieron presentes el ministro de Defensa, Agustín Rossi, y el gobernador Rodolfo Suárez.
La teniente Vier es la primera mujer que llega a ser piloto de caza de nuestro país. La Fuerza Aérea Argentina a lo largo de su historia ha formado aviadoras militares mujeres, pero dentro de la especialidad de helicópteros o aviación de transporte.
Esta noticia puede leerse como un paso más en la ruptura de «techos de cristal» que limitaban las posibilidades de las mujeres. Un tema muy presente hoy en notas periodísticas y declaraciones oficiales. Pero detrás hay algo más: cómo se preparan nuestros aviadores, mujeres y hombres. Para eso servirá este breve CV de Sofía Vier:
Nació en Córdoba el 1º de diciembre de 1993. Su abuelo fue uno de los precursores de la Fuerza aérea Argentina, piloto de prueba e ingeniero. Su padre y su tío son oficiales de la FAA retirados, ambos pilotos. Su madre es arquitecta, y tiene una hermana ingeniera y un hermano abogado. Ingresa a la Escuela de Aviación Militar en el año 2013 y egresa en el 2016 con el primer promedio en la licenciatura y en volovelismo. Fue la primera mujer escolta de bandera de la EAM.
En el año 2017 comienza el CBCAM y la seleccionan para realizar el curso de aviador militar en Estados Unidos, por antigüedad, nivel de inglés y vuelo. Primero rindió exámenes de inglés aeronáutico operacional en Lackland AFB, Texas.
Después realizó el IFT, que es un entrenamiento inicial de vuelo, en aviones DA20, en el estado de Colorado (40 hrs).El curso de aviador continuó en Columbus AFB, Mississippi, en donde realizó un entrenamiento de fisiología de vuelo, simuladores y voló aviones Texan 6 (180 hs). Egresa entre los primeros 5 mejores promedios de su clase, y recibe un reconocimiento del embajador de Estados Unidos en Argentina. Luego de 1 año y 8 meses regresa a Argentina y vuela habilitaciones en T6 C y luego la destinan a Mendoza para realizar el CEPAC en aviones IA-63 Pampa II.
Nació en Córdoba el 1º de diciembre de 1993. Su abuelo fue uno de los precursores de la Fuerza aérea Argentina, piloto de prueba e ingeniero. Su padre y su tío son oficiales de la FAA retirados, ambos pilotos. Su madre es arquitecta, y tiene una hermana ingeniera y un hermano abogado. Ingresa a la Escuela de Aviación Militar en el año 2013 y egresa en el 2016 con el primer promedio en la licenciatura y en volovelismo. Fue la primera mujer escolta de bandera de la EAM.
En el año 2017 comienza el CBCAM y la seleccionan para realizar el curso de aviador militar en Estados Unidos, por antigüedad, nivel de inglés y vuelo. Primero rindió exámenes de inglés aeronáutico operacional en Lackland AFB, Texas.
Después realizó el IFT, que es un entrenamiento inicial de vuelo, en aviones DA20, en el estado de Colorado (40 hrs).El curso de aviador continuó en Columbus AFB, Mississippi, en donde realizó un entrenamiento de fisiología de vuelo, simuladores y voló aviones Texan 6 (180 hs). Egresa entre los primeros 5 mejores promedios de su clase, y recibe un reconocimiento del embajador de Estados Unidos en Argentina. Luego de 1 año y 8 meses regresa a Argentina y vuela habilitaciones en T6 C y luego la destinan a Mendoza para realizar el CEPAC en aviones IA-63 Pampa II.
#Pionera | Hoy la Teniente Sofía María Vier se convirtió en la primera mujer en realizar un Vuelo Sola en el avión Pampa II al haber culminado junto a sus tres compañeros la primera etapa del curso de piloto de caza.
— Ministerio Defensa (@MindefArg) May 27, 2020
¡Felicitaciones, pilotos!#UnamosNuestrasFuerzas pic.twitter.com/wLfs7s4LVM
Apicultores impulsan una acción internacional para salvar a las abejas
Las abejas están desapareciendo. Por eso, el pasado 20 de Mayo, en el Día Mundial de las Abejas, la Sociedad Argentina de Apicultores junto a más de 200 organizaciones, colectivos y asambleas de América Latina y el Caribe en red, impulsa medidas a nivel internacional, “en defensa de las Abejas, de la Biodiversidad y de la Naturaleza”.
Los firmantes solicitaron esas medidas urgentes a la Relatoría Especial de los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (REDESCA) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA.
En sus fundamentos, los apicultores señalan que las abejas “son esenciales. Se encuentran entre los más importantes polinizadores responsables de asegurar la disponibilidad de alimentos en el mundo y garantizar la diversidad biológica permitiendo el equilibrio ambiental”.
Sostienen que “la desaparición de las poblaciones de abejas implica un impacto letal en el resto de las especies del planeta y de la vida misma tal como la conocemos. De allí la necesidad de solicitar una recomendación para los países que integran la Organización de Estados Americanos (OEA) para que analicen acciones orientadas a protegerlas”.
En el documento presentado solicitan recomendaciones tendientes a: declarar a las abejas Patrimonio Natural por constituir la “polinización” una actividad esencial para garantizar la Preservación de la Diversidad Biológica, y en consecuencia, el Derecho Humano a una Alimentación Adecuada; prohibir la liberación al ambiente de agrotóxicos que causan la muerte de las colmenas, como los insecticidas neonicotinoides y fipronil, así como los herbicidas como el glifosato, entre otros; declarar a las abejas “Especie en peligro de extinción”, promover acciones concretas para promover la biodiversidad y proteger hábitats favorables para las abejas y demás polinizadores; incorporar los derechos de la Madretierra, de la Pachamama, de la Naturaleza; y recomendar incluir en el Estudio de Impacto Ambiental / Informe de Impacto Ambiental (EIA/RIMA) o normas legales equivalentes, los inventarios y el rescate de invertebrados (por ejemplo, abejas) en grandes obras como centrales hidroeléctricas, carreteras, entre otros.
En la región, el número y la diversidad de las abejas ha ido disminuyendo constantemente año tras año debido a la hegemonía de un modelo de desarrollo basado en el uso ilimitado de los recursos naturales y de un modelo agroindustrial que privilegia el monocultivo transgénico que determina la pérdida de la biodiversidad y el hábitat de las abejas y el uso intensivo de agrotóxicos, entre los que se destacan los herbicidas e insecticidas neonicotinoides y fiproniles, que reducen su alimento, deterioran su capacidad de orientación y comunicación y finalmente las mata. Así, mueren aisladas, sin alimento, ni conexión con su colonia.
Sin polinización, faltarán alimentos
El 75% de los alimentos depende de la polinización de las abejas. Por eso, si las abejas desaparecieran, gran cantidad de productos esenciales para la vida desaparecerían con ellas. Frutas, verduras, forraje para los animales, hierbas medicinales y cultivos para usos industriales, como el algodón. Sin la polinización realizada por la abeja y otros insectos polinizadores, acabaría la biodiversidad del planeta. Es gracias a la biodiversidad que hay tantos productos agrícolas diferentes, cada uno con su sabor, color y valores nutricionales valiosos para nuestro bienestar y el de todos los seres vivos.
Piratas modernos roban US$ 1000 millones por año en el mar argentino. El video del «Don Pedro»
Son casi US$ 3 millones por día, una cifra que va más allá de la pérdida económica: la pesca ilegal no conoce reglas, ni nada que se parezca a la protección de las especies. Hace años que barcos de otros países ingresan a la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA), delimitada por la milla 200, pero en las últimas semanas circularon videos que muestran a más de un centenar de naves flotando sobre territorio nacional. El tema escaló, hasta alcanzar la intervención de las fuerzas de seguridad que lograron capturar dos buques.
El aislamiento por el Covid-19 redujo notablemente la navegación de barcos de bandera local, lo que generó que embarcaciones que merodean el área se instalen en el mar argentino.
Durante la temporada de pesca de calamar, en los cuatro primeros meses del año, la pesca ilegal capturó, aproximadamente, 480.000 toneladas de esta especie en el Mar Argentino. Nuestros pescadores, según la Subsecretaría de Pesca de la Nación, en todo 2019 pescaron 96.000 toneladas por un valor de US$ 250 millones. Diversos organismos, entre ellos, la Organización para la Protección de los Recursos del Atlántico Sudoccidental (OPRAS) calculan que por campaña la Argentina pierde US$ 1.000 millones . «El calamar representa el 60% de la pesca no reglamentada en volumen, y cerca del 50% en valor frente a las otras especies que se capturan: merluza, merluza negra y abadejo», dice Ricardo Pucci, Director Ejecutivo de Opras.
«El patrullaje puede disuadir la pesca ilegal en la zona argentina pero, hasta que no se ordene la milla 201, en concordancia con el derecho internacional, y la presencia de flotas asiáticas principalmente, es una continuidad que progresivamente lleva a la depredación de los recursos «, agrega Pucci.
De acuerdo a la capacidad de las embarcaciones que invaden el caladero argentino – entre 40 y 50 toneladas-, se calcula que se captura alrededor de 4.000 toneladas diarias de calamar, especificaron desde la Cámara de Armadores Poteros de la Argentina (CAPA).
Las imágenes que registró el capitán del barco San Pedro, Alberto Mendoza el 23 de abril, cuando se disponían a capturar calamar sobre el paralelo 42º sur y el meridiano 58º oeste en el límite interno de la ZEEA, abarcaron un área de más de 40 kilómetros de largo y 11 de ancho, entre las ciudades de Viedma y Puerto Madryn.
Los pesqueros piratas, además de apagar el Sistema de Localización Automática, se mueven sin luces de navegación, tapan los nombres y la señal distintiva con lonas o pintura. «Los que más se arriesgan son los que pescan con poteras porque es más fácil darse a la fuga si viene el guardacostas: en 15 minutos levantan el ancla de capa y pueden salir navegando a toda máquina, los de pesca de arrastre necesitan 30 minutos como mínimo», precisa Mendoza.
El autor del video viral tiene 65 años y navega desde 1977. «Soy capitán desde 1985, pero en 2004 comencé a trabajar en barcos congeladores, factorías, y me acerqué a las 200 millas».
Aunque reconoce que la actividad ilegal es normal, destaca que «no era habitual ver tanta cantidad. Contamos más de 95, y tampoco la distancia; nunca habíamos visto ingresar a 10 kilómetros de nuestro mar», dice sorprendido y asegura que cuando realizó la filmación «parecía una zona liberada».
En alerta, los empresarios reunidos en la Intercámaras de la Industria Pesquera Argentina enviaron una nota al presidente Alberto Fernández denunciando la presencia de flotas extranjeras «principalmente asiáticas, fundamentalmente chinas» en las aguas aledañas a la ZEEA «ejecutando una real rapiña contraria a la soberanía nacional y también contraria a las normas del derecho internacional».
«Se trata de unidades que trabajan al margen de cualquier regulación», denunció la entidad que nuclea a 9 cámaras de la industria de la pesca. «No sólo generan una competencia desleal, sino que regularmente atentan contra nuestra soberanía al capturar una diversidad de especies transzonales, como calamar illex y abadejo, entre otros recursos preciados del Mar Argentino», agregan.
Luego de corroborar la infracción por parte de un buque extranjero se abren dos caminos: la nave colabora o intenta escapar y se activa la «persecución en caliente», prevista en la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Mar. En todos los casos participa un juez federal en tierra.
«El procedimiento se realiza en forma ininterrumpida y con acciones disuasorias hacia el infractor hasta que deponga su actitud», explica el capitán de navío, Rodrigo Martín Arriegues, director de Intereses Marítimos de la Armada Argentina.
El pesquero portugués «Calvao» y el chino «Hong Pu 16» fueron escoltados hasta el puerto de Bahía Blanca, mientras que Lu Rong Yuan Yi 668, que permanecía prófugo desde el 28 de abril, se entregó a la Prefectura Argentina y fue vigilado hasta su fondeo en Puerto Madryn la semana pasada. Todos están a disposición de la justicia que actúa de acuerdo a la violación al Régimen Federal de Pesca Argentino (ley 24.922).
Julio González Insfrán, secretario general del Centro de Patrones y Oficiales Fluviales, de Pesca y Cabotaje Marítimo, comenta: «Matt Woodruff, presidente de la American Maritime Partnership, destaca que, para los Estados Unidos, la industria marítima ha ocupado un papel fundamental para el mantenimiento de su seguridad nacional y económica. Si la Argentina no desarrolla una política de Estado respecto a sus recursos, las vías fluviales y marítimas, esto no se resuelve«.
«Desde los años 90 hasta ahora, empresas españolas se fueron quedando con el negocio de la pesca: flota de altura, plantas de fileteo en tierra. A raíz de la sobrepesca y la pesca incidental, en 2006 el caladero argentino estaba prácticamente vacío, extinguiendo la especie de merluza hubbsi y 30.000 trabajadores perdieron su empleo. Luego del cierre del caladero por dos años, el recurso se fue recuperando», cuenta Walter Castro, titular del Sindicato de la Actividad Naval Mar del Plata (Sanam).
«Hace años que el mar está invadido -agrega-, y lamentablemente el tema trasciende los colores políticos; las consecuencias las vemos en el cierre de las pequeñas pesqueras que no pueden competir con holdings internacionales».
En el área de las Relaciones Exteriores:
Adherir al «Acuerdo sobre medidas del Estado rector del puerto», de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el primer tratado internacional de carácter vinculante centrado específicamente en la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada y avanzar con protocolos internacionales permitiría generar herramientas para combatir la pesca ilegal, denunciar la actividad y prohibir el ingreso de las naves a otros puertos.
Desde la cartera de Felipe Solá reconocen que las multas de entre 5 y 10 mil millones de pesos, -35 toneladas de calamar-, están desactualizadas y afirmaron que trabajan junto a la Subsecretaría de Pesca en un proyecto que será enviado al Congreso Nacional, para actualizar y endurecer el sistema de sanciones de la Ley Federal de Pesca, otorgando herramientas reguladoras más dinámicas.
Por otro lado, señalan que «el Reino Unido sigue adoptando medidas unilaterales en relación con las licencias de pesca»; por eso analizan la conveniencia de continuar con el intercambio de información en las reuniones del Subcomité Científico de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur.
En el área de las Relaciones Exteriores:
Adherir al «Acuerdo sobre medidas del Estado rector del puerto», de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el primer tratado internacional de carácter vinculante centrado específicamente en la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada y avanzar con protocolos internacionales permitiría generar herramientas para combatir la pesca ilegal, denunciar la actividad y prohibir el ingreso de las naves a otros puertos.
Desde la cartera de Felipe Solá reconocen que las multas de entre 5 y 10 mil millones de pesos, -35 toneladas de calamar-, están desactualizadas y afirmaron que trabajan junto a la Subsecretaría de Pesca en un proyecto que será enviado al Congreso Nacional, para actualizar y endurecer el sistema de sanciones de la Ley Federal de Pesca, otorgando herramientas reguladoras más dinámicas.
Por otro lado, señalan que «el Reino Unido sigue adoptando medidas unilaterales en relación con las licencias de pesca»; por eso analizan la conveniencia de continuar con el intercambio de información en las reuniones del Subcomité Científico de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur. El Presidente y Kicillof anunciaron un plan de obra pública para el Gran Buenos Aires
Alberto Fernández anunció en La Plata junto al gobernador de la provincia, Axel Kicillof, y el Ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, el plan “Argentina Hace”. Se trata de un fondo de obra pública de $ 19.557 millones, destinado a los municipios del conurbano bonaerense.
Creará 8.700 puestos de trabajo, y está destinado a reforzar la infraestructura de la provincia de Buenos Aires en los distritos donde más afecta la pandemia del coronavirus.
El Presidente y el Ministro de Obras Públicas encabezaron, además del Plan Argentina Hace, la presentación del Fondo de Infraestructura Municipal, FIM 2020, del gobierno provincial. Estuvieron también los intendentes peronistas y los de Cambiemos encabezados por Jorge Macri (Vicente López).
Con el Plan Argentina Hace, el Ministerio de Obras Públicas pondrá en marcha obras en 40 municipios de la provincia de Buenos Aires a través de 224 proyectos para la reactivación y ejecución de obras que beneficiarán a más de 13 millones de personas. En esta etapa, el Plan Argentina Hace otorga financiamiento para proyectos en grandes aglomerados urbanos. Los trabajos se realizan con mano de obra local, en barrios de mayor vulnerabilidad social y con cuadrillas integradas por pocas personas, sin requerir el traslado interurbano de trabajadores.
Las obras se ejecutarán en ciudades del Conurbano y alrededores: Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Berisso, Brandsen, Campana, Cañuelas, Ensenada, Escobar, Esteban Echeverría, Exaltación de la Cruz, Ezeiza, Florencio Varela, General Las Heras, General Rodríguez, General San Martín, Hurlingham, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, La Plata, Lanús, Lomas de Zamora, Luján, Marcos Paz, Malvinas Argentinas, Merlo, Moreno, Morón, Pilar, Presidente Perón, Quilmes, San Fernando, San Isidro, San Miguel, San Vicente, Tigre, Tres de Febrero, Vicente López y Zárate.
La noche anterior, los intendentes de la 3ra. sección electoral mantuvieron una videollamada con Kicillof en medio de la ola de contagios que afecta a Villa Azul, en el límite entre Quilmes y Avellaneda. Fue el primer brote masivo en el conurbano luego del espiral de contagios que hubo en los barrios de emergencia de la Ciudad de Buenos Aires con epicentro en las villas 31 de Retiro y la 1-11-14 del Bajo Flores.
Tipo de proyectos a financiar:
Consolidación barrial: fortalecer el espacio público comunitario, garantizando el acceso a los servicios básicos y la conectividad. Ej: obras de agua y saneamiento, desagües pluviales, accesibilidad, conectividad urbana, pavimentación, iluminación.
Construcción de equipamiento social: fortalecimiento de las redes comunitarias y del tejido social. Ej: construcción y remodelación de jardines, clubes barriales; centros Integrales de atención a la mujer, de apoyo adultos mayores y de Atención Primaria de Salud.
Infraestructura para la recuperación de la matriz productiva: recuperación de la producción, impulso de las economías locales y regionales desde la infraestructura de soporte. Ej: rutas, vías de acceso, señalización, semaforización.
Jerarquización de las centralidades urbanas: puesta en valor de los centros históricos de cada localidad y del paisaje urbano. Ej: iluminación, colocación de mobiliario urbano, construcción de veredas, obras en centros comerciales a cielo abierto.
Todos los proyectos financiados por el Ministerio de Obras Públicas y sus organismos y empresas deberán aplicar las medidas de protección y de prevención para los trabajadores y las trabajadoras de la obra pública.
El teletrabajo y los cambios que vienen. Las «oficinas opcionales», por ejemplo
(Habíamos empezado a explorar el teletrabajo, tímidamente, aquí. Ahora reproducimos una especulación un poco más audaz):
Hubo que ajustar algunas cosas: mandar la torta cuando alguien cumple años o las cervezas para un after office por delivery, pero por fuera de eso la adaptación de Digodat, una empresa argentina de analítica y ciencia de datos, para operar 100% con teletrabajo fluyó sin sobresaltos.
«Somos 50 y la oficina que teníamos nos quedaba chica, faltaban salas de reunión y videollamadas y el comedor estaba explotado -cuenta Alan Daitch, cofundador de la firma-; antes de la pandemia teníamos decidido agregar una segunda sede, con lo cual duplicábamos costos y problemas administrativos. Siempre tuvimos el trabajo remoto optativo pero no hubo problemas en pasarlo a forzoso; la gente trabaja más cómoda y no pierde tiempo en viaje. El diseño posCovid es tener un espacio físico sin puestos fijos, para reuniones de equipo una o dos veces por semana. Ahorramos mucho en costo, tiempo y foco».
Casos como el de Daitch y Digodat se multiplicaron en las últimas semanas. Empresarios que devuelven muebles, o directamente oficinas enteras, o que cancelan arreglos en lugares físicos comprometidos antes del Covid-19. «El día de marzo que me llevé las cosas a mi casa para trabajar «por dos semanas» pensé: «Si esto más o menos funciona no volvemos a la oficina nunca más», comenta una tuitera en el vendaval de notas y análisis que aparecieron este mes vaticinando el fin de la expendedora de agua fresca, de las charlas frente a la máquina de café, o de las credenciales electrónicas para pasar la seguridad de la entrada.
En otras palabras, del fin de la vida corporativa y su catedral icónica: el edificio de oficinas, una institución que ya tiene 200 años y cuyos vericuetos fueron inmortalizados en productos pop como las series Mad Men o The Office, o las tiras cómicas Dilbert o Teodoro y Cía .
Pasaron apenas siete años del escándalo provocado por la entonces CEO de Yahoo, Marissa Mayer, cuando se filtró el mail en donde les prohibía a sus 11.500 empleados trabajar desde sus casas. En contraste, días atrás el CEO de Twitter, Jack Dorsey, tomó la delantera y comunicó a los trabajadores de la red social que, los que quisieran, podrían seguir con la modalidad de tareas virtuales aun después de que ceda la pandemia. Trabajo remoto por siempre jamás.
A la sentencia de muerte le siguió el «no tan rápido»: el caso de Digodat pertenece a una porción del 27%-29% (según un análisis de economistas de Cippec) de los trabajadores argentinos cuyas tareas pueden migrar sin mayores problemas a la modalidad remota. Cuando este porcentaje se corrige por la disponibilidad de buena tecnología y de buena conexión en los hogares, la proporción es menor al 20%. Y aun en esta porción hay opiniones divididas: quienes no tienen hijos en edad escolar son más entusiastas con el acta de defunción de la vida corporativa prepandemia.
«Toda la familia en call o clases online a la misma hora… Se necesita un ambiente y un dispositivo por persona para que eso pueda realizarse con un nivel de razonabilidad. Hay que pensar en la sostenibilidad de este modelo», expresó días atrás Martín Hazan, experto en comunicación digital. Mientras tanto, se multiplican en los buscadores las consultas por la «fatiga de Zoom» (por distintos motivos de exigencia de atención, estas reuniones cansan mucho más que las presenciales), además de un naufragio del equilibrio vida-trabajo.
Puede que sea exagerado entonces hablar de «la muerte de», pero sí hay cambios drásticos en el horizonte. «El promedio de estimaciones de las consultoras marca que un 30% de las personas que trabajaban en oficinas no volverá a sus puestos físicos», dice ahora Andrés Hatum. Este número o incluso uno menor implica una reducción empinada de los valores de venta y alquiler de los activos vinculados. «Los precios de las oficinas fueron los que más sufrieron con la crisis de 2001-2002, y ahora pasará lo mismo», sostienen en Reporte Inmobiliario.
Así como hace diez años se puso de moda, entre los estudios de arquitectura, especializarse en proyectos sustentables, ahora muchos se están reconvirtiendo al nicho de refacciones antipandemia. Accenture Argentina recibió la semana pasada instrucciones de su casa matriz que estipulan un ancho mínimo de las escaleras de todos sus edificios, para evitar contagios cuando se reabran. «Creo que hay una buena oportunidad ahí para los espacios de coworking adaptados -dice Hatum- y también estamos viendo un mayor protagonismo de las áreas de recursos humanos, que están liderando este puente entre lo físico y lo virtual en las empresas».
El especialista en trabajo remoto Chris Herd publicó una serie de especulaciones con efectos de «segundo, tercer y cuarto orden», que vendrán si la de 2020 se consolida como «la década del trabajo remoto». Entre ellas, una mayor eficiencia y generación de riqueza por la multiplicación de modalidades «asincrónicas» de trabajo: hasta ahora todo lo que se decide en una empresa está acotado al tercio del día que sus integrantes coinciden en ella. Esta sincronía, sostiene, vuelve más farragoso «que se hagan las cosas» (» get stuff done «).
Ya hablando de otras carambolas a infinitas bandas, Herd prevé un renacimiento de los hobbies y la vida comunitaria y barrial, «lo que puede llevar a relaciones más profundas y a combatir la soledad y el aislamiento social». El emprendedor Carlos Miceli coincide en que se viene una ola de start ups que promuevan la interacción local, en contraposición con la tradición de ambiciones globales de este sector.
Herd y otros entendidos ya hablan de un nuevo urbanismo o de ciudades que competirán por atraer a la «aristocracia de la economía del conocimiento», que buscará una mejor calidad de vida y un menor valor del metro cuadrado que el que exigen hoy los grandes centros urbanos. Las claves de esta seducción: buena conexión, buenos colegios y buen entorno natural.
Para Herd, ahora que quedó en evidencia el enorme costo que representan las oficinas, en las fusiones y compras que se vienen por la crisis económica lo primero que se hará es «remotizar» al máximo todo lo que se pueda (ya hay un efecto demostración que indica que se puede mucho más de lo que se pensaba antes).
Si es cierto que «las crisis aceleran la historia», esto es algo que sin duda se está viendo hoy en esta avenida temática. El físico ruso Andrei Vazhnov, ahora CTO de una empresa europea grande y con residencia en París, contaba hace tres lunes en una charla en el Instituto Baikal que antes de la pandemia el 5% del talento top global en tecnología ni leía ofertas de trabajo que comprometieran la presencia física en una oficina. «PosCovid, este porcentaje está creciendo al 20% o al 30%«, describe Vazhnov.
Si aunque sea una parte de todas estas predicciones se cumplen es probable que en un futuro cercano, cuando veamos The Office o Mad Men , o leamos las tiras de Dilbert o Teodoro , lo hagamos con una mirada parecida a la que tenemos hoy cuando vemos una película de la época victoriana, con sus tradiciones, folclore y coreografías de un pasado remoto.

