De acuerdo a los números del INDEC. en diciembre se acentuó la caídas de las ventas en los supermercados, los autoservicios mayoristas y los centros de compras,
En los supermercados el monto total de ventas cayó un 8,7%% con relación a un año atrás, descontando la inflación del período. En realidad, en 8 de los 12 meses de 2018, el INDEC había registrado caídas interanuales en las ventas, medidas en precios constantes.
En los autoservicios, también a precios constantes, la caída de las ventas fue del 12,4%, por sexto mes consecutivo. Y en los Centros de Compras ( “shoppings”) y también por sexto mes consecutivo, la baja de las ventas en términos reales fue del 13,3%.
Las ventas de todos los rubros perdieron frente a la inflación, pero la caída fue más notoria en los artículos electrónicos y para el hogar, indumentaria, calzado y textiles. En los shoppings, cayeron las ventas de aparatos electrónicos, los gastos en diversión y esparcimiento, en patios de comidas, y en muebles y textiles.
Por regiones, los supermercados más afectados fueron los ubicados en Tucuman, Santiago del Estero, Salta, Chaco, y Corrientes.
Derrumbe del consumo: En diciembre, entre los supermercados, descontando la inflación, las ventas retrocedieron el 8,7%% interanual. Entre los autoservicios, a precios constantes, la caída fue del 12,4%. Y en los Shoppings” la baja en términos reales fue del 13,3%.(INDEC).
El Ministerio de Hacienda colocó ayer lunes letras en pesos – Lecaps y Lecer- por un total de $ 43.959 millones, que se suman a los $ 45.166 millones colocados la semana pasada, también en Lecaps y Lecer, y a 950 millones -de dólares- en Letes.
En la licitación de esta semana Hacienda adjudicó Lecer (instrumentos que ajustan por CER) por la totalidad de las ofertas, que alcanzaron los $ 5.172 millones. La adjudicación de Lecaps en sus distintos plazos (71 días y a 365 días) estuvo por debajo de las ofertas: se colocaron $ 38.787 millones sobre los $ 41.219 que se ofertaron.
Para los que no están familiarizados con el casino financiero: CER es el Coeficiente de Estabilización de Referencia, el indicador diseñado para ajustar el capital de depósitos y créditos celebrados antes de la pesificación compulsiva en enero de 2002. Por alguna razón, el CER se sigue usando.
Aunque para los botánicos sea un fruta, el tomate es la verdura preferida de la mesa de los argentinos. Se lo consume a diario, en ensalada o relleno, redondo o perita, en salsa o como guarnición. Pero aunque las preparaciones sean casi infinitas, la variedad de opciones de tomates disponibles en las verdulerías argentinas es mínima: solo se comercializan frutos redondos, grandes y pálidos, usualmente sosos y de sabor apagado.
Para salir de esa limitación, y también para ampliar el reservorio de semillas disponibles de esta especie, está avanzando un proyecto de investigación llevado adelante por científicos de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) y del Conicet.
Lo que intentan es recuperar el germoplasma de antiguas variedades de esta hortaliza, que se consumían habitualmente en Argentina durante las primeras décadas del siglo XX.
“Ya estamos cosechando los primeros tomates obtenidos a partir de variedades de semillas usadas en las huertas de hace casi cien años. Y dentro de un par de semanas, durante la ‘Feria del Productor al Consumidor’ que organiza Fauba, tendremos el primer panel de degustación, para registrar la valoración de los consumidores actuales de estos nuevos viejos tomates que son como los de los abuelos”, dijo el doctor Fernando Carrari, investigador del Conicet y profesor de Genética en Fauba.
Es usual que las personas mayores refieran que, de chicos, comían tomates mucho más sabrosos que ahora. Pero los productos que hoy se ofrecen en las verdulerías tienen un sabor que fue atenuándose.
¿Porqué pasó esto? Según Carrari, a fines del XIX y principios del XX, las sucesivas oleadas de inmigrantes españoles e italianos trajeron sus formas de producción y variedades de semillas de tomate cuyo germoplasma –los genes que les dan sus principales características– respondían a la demanda de aquella época: consumidores geográficamente cercanos al productor, estacionalidad, rápida comercialización tras la cosecha y un rendimiento limitado.
“Nuestra hipótesis sobre porqué fueron perdiendo su sabor de antaño es que, a partir de la década del 70, hubo un cambio profundo en los modos de producción”, contó Carrari.
La tecnificación y el uso intensivo de invernaderos, junto a la creciente demanda por consumirlos todo el año, acentuó fuertemente la elección de semillas que dieran tomates con alto contenido de agua (para que pesen más) y cuya forma y tamaño sean los adecuados para facilitar la recolección mecánica y eficaz de la cosecha.
Ante las nuevas demandas los productores optaron por “paquetes tecnológicos” con variedades de tomate cuya genética optimiza el rendimiento en condiciones de cultivo controladas. “Es posible que esas variedades fueran seleccionadas en detrimento de las propiedades organolépticas que percibe el consumidor. O sea, son tomates con una menor calidad en el gusto, aroma, textura y apariencia”, sostuvo Carrari.
Dr Fernando Carrari, investigador del Conicet y profesor de Genética en Fauba.
Producción. La relación entre los argentinos y los tomates es de larga data: “Hoy consumimos entre 35 y 40 kilos de tomates por habitante por año. Es una cifra alta respecto a otros países de la región”, dijo el ingeniero agrónomo Cosme Argerich, experto del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en esta temática.
“Los tomates de buen sabor suelen ser frutos menos ‘firmes’. Y como la producción en escala requiere tiempos extendidos de vida útil, suelen elegirse variedades que no están asociadas a sabores intensos, pero que aguantan más tiempo. Es un problema global: las variedades que más rinden al productor y a la cadena de comercialización, suelen ser las menos sabrosas.
Además, falta educación al consumidor para que demande más opciones. En productos de horticultura todavía no hay mucho conocimiento sobre varietales”, agregó.
El grupo de Carrari viene trabajando, desde 2005, en proyectos internacionales de mapas genéticos y en la secuenciación completa del genoma del Solanum lycopersicum (nombre en botánica del tomate) y de otras variedades silvestres. “Durante esas investigaciones surgió la necesidad de contar con germoplasma local, conservado en condiciones viables como parte del acervo genético de las especies económicamente importantes”, explicó Carrari.
Algo que no encontraron localmente, pero tenían esas semillas en bancos de germoplasma de la ex Alemania Oriental y de EE.UU. Hicieron el pedido y recibieron muestras de 120 variedades.
“Las sembramos y ahora ya estamos con la primera cosecha. Luego de completar las pruebas y degustaciones, nuestro proyecto es armar, en la Fauba, un banco de germoplasma de especies de interés (como por ejemplo: tomate, quinoa y maíz).
Y, en un futuro cercano, poder ofrecer estas semillas ‘antiguas’, pero muy sabrosas, a los productores locales que quieran cultivar y vender estas variedades”, concluyó.
Con más vitaminas Los indicios y pruebas informales hechas por los investigadores marcan que el sabor de las viejas variedades –que ya maduran en el campo experimental de Fauba– es mucho más acentuado. Pero ésa no es la única ventaja que ofrecen los tomates “del abuelo”. “También hemos encontrado que las especies antiguas tienen una mayor concentración de vitamina E y de provitamina A, que son dos características nutricionales importantes”, cuenta el ingeniero Gustavo Schrauf, titular de la cátedra de Genética en la Facultad de Agronomía.
Televisores
enrollables, robots para misiones lunares, pantallas modulares,
minidrones para sacar selfies a distintas alturas, celulares
plegables: en el último Consumer Electronics Show (CES) de Las
Vegas, la convención de tecnología más importante del mundo y que
se realizó en enero pasado, estos productos dominaron la agenda
mediática y la atención del público masivo.
Pero ninguno de estos avances tiene, sobre la matriz económica argentina, un potencial de impacto mayor al de otra presentación realizada en el mismo congreso, en este caso por la empresa Impossible Foods: la versión 2.0 de su producto estrella, la «hamburguesa imposible», hecha en un 100% a base de vegetales que imitan el sabor y la textura de la carne de vaca.
«La nueva receta es mejor en todo sentido: sabor, nutrición y versatilidad«, dice Julia Sanguinetti, una argentina que desde hace cuatro años investiga en el área de química de materiales de la empresa radicada en la costa oeste de los Estados Unidos.
Hasta ahora, la versión original de la hamburguesa imposible se podía conseguir en unos 500 restaurantes de la mayor economía del mundo. La novedad para 2019 es que el producto 2.0, que tiene cero gluten y nada de colesterol y que, según algunos estudios, hasta «llena más» que su par de carne, se lanzará para el público masivo en supermercados.
Sanguinetti, cuyo
trabajo es analizar y evaluar materiales provenientes de las plantas
para diseñar nuevos productos que tengan consistencia y textura
similares a los que vienen del reino animal, cuenta que aún no se
pudieron replicar churrascos y cortes de asado sobre la base de
plantas, «pero crear este tipo de bienes es parte de nuestras
metas».
Para la científica argentina, el lanzamiento de la hamburguesa imposible 2.0 en supermercados permitirá que muchas personas reduzcan su «huella ecológica», al comer menos carne animal.
La preocupación por
el cambio climático está en el centro de la misión que promueve el
químico Patrick Brown, que fundó en 2011 la empresa en la que
trabaja Sanguinetti. Aunque hay una decena de startups dedicadas al
reemplazo de carne de vaca, cerdo, pollo, peces y otros animales en
forma sintética, Impossible foods es pionera y es la más conocida.
Brown sostiene que la huella de carbono (contaminación) de la cría de animales para alimentación está a la par de la de todos los transportes del mundo sumados. Y que cambiar la dieta global hacia más vegetales es más eficiente, rápido y factible para lograr que no suba tanto la temperatura promedio, que mudar todo el transporte a energías alternativas y, desde ya, que explorar Marte para instalar colonias allí cuando el
planeta se vuelva invivible.
«Todos los edificios, caminos y lugares pavimentados ocupan menos de 1% de la superficie terrestre, mientras que la dedicada a la cría de animales o al cultivo de granos para alimentarlos llega a 45%», dice Brown.
¿Cuál podría ser
el impacto de una masificación de la producción de carne en
laboratorios para la Argentina? Iván Ordóñez, economista
especializado en agronegocios y consultor, describe el contexto con
algunos números: el sector, a nivel local, genera el 60% de las
exportaciones y de la soja para alimentar cerdos, peces y pollos en
China, y sus derivados para producir leche y carne en los Estados
Unidos representan uno de cada tres dólares exportados por el país.
Los agronegocios como sistema emplean al 20% de la población activa y el PBI del agro ronda el 15% del total. El país es el sexto productor mundial de carne de vaca, detrás de los Estados Unidos, Brasil, la Unión
Europea, China y la India.
«Esto no es un chiste, hay que seguirlo de cerca muy seriamente -dice Ordóñez-, tanto una disrupción en el segmento de la producción de carne en laboratorios como en el área de energías alternativas -que reduciría la demanda de granos para el bioetanol significaría una corrección a la baja masiva en los precios internacionales de granos. No hablamos de un 15% como en un ciclo bajista, sino de escenarios mucho más dramáticos».
En el campo de la innovación y de los emprendedores suele repetirse el siguiente dicho: «Estados Unidos lo inventa, China lo copia y Europa lo regula». Sin embargo, en lo que respecta a imitar platos de carne de cualquier tipo a través de vegetales, China es pionera y tiene una tradición milenaria. Durante la dinastía Tang (entre el 618 y el 907 después de Cristo) se servían banquetes donde se replicaba al cerdo con plantas. Y hay una fuerte tradición budista hacia la comida vegetariana, que hace que el país más poblado del mundo sea visto como un mercado de reconversión relativamente fácil hacia la carne de
origen vegetal.
En la Argentina, dice Sanguinetti, «si bien a priori parecería una locura traer productos alternativos para reemplazar la carne, dado que es un país con una tradición ganadera tan fuerte y es difícil cambiar hábitos muy arraigados en la sociedad, por otro lado vemos un aumento en la demanda de productos hechos con plantas y una suba de la conciencia por el cuidado del medio ambiente y de la salud», argumenta.
«No solo los
animales no son la única vía para producir la comida favorita de
los habitantes del planeta, sino que tampoco son la mejor. Hasta el
día de hoy, la única tecnología que conocíamos para trasformar
plantas en carne eran los animales. Pero esta tecnología es
terriblemente ineficiente, porque las vacas, los cerdos, los pollos y
los peces no evolucionaron para ser comidos», sostiene Brown.
Su firma recaudó dinero de inversores de alto perfil como Bill Gates, UBS o Google Ventures. Al tratarse de algunos productos completamente nuevos, la FDA y sus pares regulatorios de otros países vienen poniendo reservas ante la posibilidad de que algunos de sus componentes puedan producir alergias.
El debate es amplio.
Después de todo, los avances en tecnología alimentaria son los que
nos definieron como los seres humanos que somos en la actualidad,
sostiene el antropólogo inglés Richard Wrangham en su libro La
captura del fuego: cómo cocinar nos hizo humanos.
Dos millones de años
atrás, el dominio del fuego hizo que las comidas cocinadas
aumentaran la cantidad de energía que se obtenía de los alimentos,
lo que en el camino evolutivo redundó en cerebros más grandes y
sofisticados. Las implicancias de una «lluvia de hamburguesas»
(de origen vegetal) van mucho más allá de lo económico.
Roberto Darío Pons, lic. en Economía Política, profesor honorario en la Universidad de Buenos Aires -a quien ya publicamos en AgendAR- decidió hacer algo infrecuente en su profesión: hablar en lenguaje simple. Se asumió como empresario, no como técnico, y propone las medidas que un gobierno interesado en detener ya el proceso en curso de destrucción del empleo y las empresas, debería tomar como medidas de aplicación inmediata. Como dice Roberto, un shock de cortísimo plazo.
Francamente, creemos que este es el tema principal a discutir ahora.
«El único diagnóstico que haré, es que estamos mal y que los trabajadores y los empresarios están desesperanzados. Tampoco entraré en la inútil discusión de la herencia recibida, las tormentas y cosas que pasaron o la deliberada intención gubernamental de dejarnos sin industria. Hay un rumbo elegido por el Gobierno que no da la suficiente confianza que se modifique lo que está pasando.
Si bien escribiré como economista, que soy, lo haré pensando en términos de sostener una empresa en marcha, experiencia que he tenido entre el Plan Austral y la crisis de 1989.
Grandes males
¿Qué podría haber preocupado a una empresa hace un año atrás? La caída de la demanda interna y la mayor competencia / invasión de productos importados. ¿Qué preocupa ahora? La pérdida de capital de trabajo que deviene en iliquidez, endeudamiento a corto plazo a tasas siderales y caída de ingresos genuinos para sostener la empresa produciendo. ¿Qué comienza a preocupar hacia el futuro? Que el Patrimonio Neto pierda valor, que la relación de pasivos sobre activos se transforme en un problema de solvencia, o incluso podría llegarse a un valor negativo del Patrimonio Neto
La sumatoria de la pérdida del capital de trabajo y de patrimonio neto en un contexto regresivo de la economía es la “tormenta perfecta” para poner en riesgo la empresa en marcha. O cerrarla.
¿Cómo
se resuelve desde la empresa esta situación? Existen tres maneras alternativas
o combinadas. Se amplía el aporte de capital de los socios, se buscan socios
estratégicos o se toman créditos de largo plazo para una reestructuración de la
empresa.
¿Esto es aplicable en la situación actual de la macroeconomía argentina? Difícil, por no decir imposible. Especialmente porque con las altas tasas de interés es inviable la tercera solución de endeudarse. Utópico buscar la segunda solución de un socio estratégico, porque la crisis actual es sistémica y salvo poquísimas excepciones, abarca a todos los sectores productivos. Y es suicida aportar capital a una empresa que no tiene capacidad de mantenerse en marcha.
Hay otros caminos
El que ignora es ignorante, pero puede aprender. El que ignora y no quiere aprender es necio. Solo los necios insisten en el camino equivocado. La economía la hacemos todos, comprando, vendiendo, ahorrando, invirtiendo, trabajando y arriesgando. No lo hacen los economistas, por lo tanto, la teoría económica es un mero método para interpretar la realidad, no para formatearla a su imagen y semejanza. Marcelo Diamand decía que cuando una política falla porque está mal encarada y se le imputa a que la realidad es la que falla, estamos ante el caso de la necedad. El síndrome de la realidad patológica.
Si la realidad no responde, hay que modificar el rumbo.
Es
posible, y necesario, un nuevo rumbo económico que simultáneamente ataque el
corto plazo, la contingencia, y el mediano plazo, un modelo productivo de
desarrollo y distribución de la riqueza económica consensuado por los actores
políticos, económicos y sociales.
Este programa debe ser integral: que abarque simultáneamente la solución de todas las restricciones que tiene históricamente la economía argentina: la externa para financiar el desarrollo, la interna para promover la inversión, la sectorial para resolver el crecimiento de los más dinámicos y la institucional para remover las trabas a la transformación productiva y social del país.
No me extenderé al respecto. Como muestra basta un botón, aconsejo ver los siguientes links:
Sin
plan de contingencia asociado a un modelo de país, no se sale de la crisis.
Pero, visto desde la perspectiva cotidiana de una empresa que corre peligro hoy
de cerrar, se requiere un shock de cortísimo plazo para permitir aprovechar
cualquier mejora de las condiciones macroeconómicas. A saber:
Restañar inmediatamente la sangría y destrucción del capital de trabajo, aunque esto implique una moratoria en el pago de deudas comerciales, bancarias e impositivas, contraídas con anterioridad, por 180 días y una línea de préstamos por tres nóminas salariales, incluyendo cargas sociales, a un año con un plazo de gracia de 90 días a tasas de interés nominal bonificadas.
Aminorar inmediatamente algunos costos, básicamente des-dolarizando y retrotrayendo las tarifas energéticas a un valor justo y razonable relacionadas con sus costos y la capacidad de pago de los sectores económicos. Rebaja por un monto no inferior al 50% hasta que las renegociaciones contractuales establezcan el valor homologado de los servicios públicos.
Suspender durante 180 días las medidas de embargo de cuentas bancarias que aplica la AFIP y flexibilizar, por un período de un año, las obligaciones de cumplimiento formal impuestas a las PYMES para acceder a planes de promoción.
Proteger rápidamente la recuperación del mercado interno, suspendiendo las importaciones de bienes de consumo final que tienen producción en el país en virtud de aplicación ad-hoc de medidas de salvaguarda por problemas de balance de pagos.
El otorgamiento de un bono de recuperación de los ingresos de los asalariados, que también formará parte del financiamiento especial del punto 1).
Estos
títulos tendrán que profundizarse en sus alcances, fuentes de financiación,
extensión, requisitos y obligaciones de producir y mantener empleo que estarán
en las normativas de creación y reglamentación.
Creo,
que estas “heterodoxas” medidas complementarias del plan de contingencia, son
necesarias para frenar e incluso recuperar, donde sea posible, la base material
de la economía argentina, para aplicar las soluciones de corto y largo plazo
que se corresponden con la búsqueda de un nuevo equilibrio macroeconómico para
un desarrollo justo y sostenible.
No habrá plan exitoso, donde no existan empresas».
El viento sopla fuerte desde Asia: en este 2019, Indonesia está compitiendo con Brasil por el mayor comprador del trigo argentino. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, a Indonesia se están enviando 1,6 millones de toneladas del cereal argentino, prácticamente el mismo volumen que a Brasil.
A esta altura de 2018, para el país asiático estaban destinados buques por 620 mil toneladas: un aumento de casi el 160% en un año.
El trigo argentino ganó lugar en los mercados asiáticos por la baja de las ventas de Australia, el proveedor tradicional, cuya producción cayó por la sequía.
«Esto abre una ventana de oportunidad al trigo argentino hasta que comiencen las cosechas en el Hemisferio Norte, entre fines de junio y principios de julio», precisó la Bolsa rosarina.
Indonesia representa ahora un 25,6% del total de los envíos del cereal, contra el 10% del año anterior. Este país es el segundo importador de trigo del mundo.
Pese al avance de Indonesia, Brasil sigue siendo por poco el principal comprador en lo que va del año con casi 1,7 millones de toneladas. Son 177 mil toneladas más que en el ciclo previo.
De acuerdo a un relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en base a información publicada en el Boletín Oficial de la Ciudad Autónoma y de la Provincia de Buenos Aires, las quiebras solicitadas llegaron a 666 en 2016, 716 en 2017 y 795 en 2018.
En cuanto a los concursos, el alza es significativamente mayor: en 2016 fueron 210, en 2017 llegaron a 227 y en 2018 saltaron a 368, un 75% más en tres años.
En total, entonces, hubo 2.982 casos de empresas que acudieron a la justicia en la Capital y en Buenos Aires para solicitar la quiebra o para iniciar una convocatoria de acreedores. Cabe señalar que las dos jurisdicciones concentran el 52% de las compañías registradas en el país.
También se observó un avance sostenido de los procedimientos preventivos de crisis que otorga el Ministerio de Trabajo y habilitan, por ejemplo, una reducción en las indemnizaciones. A lo largo del último año incluso fue solicitado por grandes empresas como Carrefour o el reciente caso de Femsa, la embotelladora de Coca Cola, a la que al final no se lo otorgaron tras llegar a un acuerdo con el sindicato.
Desde el CEPA advierten que los PPC funcionan como una suerte de flexibilización «de hecho» de las relaciones laborales y de ahí el impulso que tuvieron desde 2016, cuando llegaron a 55, para luego escalar a 83 en 2017 y 108 en 2018.
Al mismo tiempo, el Gobierno desarticuló el programa de Recuperación Productiva (REPRO), que financiaba parte de los salarios por un monto equivalente al mínimo vital y móvil, por un plazo de hasta 12 meses: el número de beneficiarios cayó un 20%, así como el monto destinado en términos reales, y disminuyeron los plazos aprobados.
La Liga Bioenergética, formada por las provincias de Santa Fe, Tucumán, Salta y Córdoba, como informó en agosto AgendAR, para articular una defensa estratégica de la producción de biodiesel y bioetanol, está redactando un anteproyecto de Ley para la continuidad y profundización de las políticas de biocombustibles enmarcadas en la Ley 26.093, que caduca el 12 de mayo de 2021.
Sancionada el 19 de abril de 2006, la Ley 26.093 (y su normativa complementaria) estableció las mezclas mínimas obligatorias de biodiesel y bioetanol en el gasoil y las naftas respectivamente que se comercializan dentro del territorio nacional. Inicialmente, la mezcla se fijó en el 5% para todos los biocombustibles a partir del primero de enero de 2010.
Luego esos porcentajes fueron incrementándose hasta llegar a los valores de hoy: 10% para biodiesel y 12% para bioetanol. En este último caso, se reparte en partes iguales entre el derivado de cereal y el de caña de azúcar.
Para avanzar con el referido anteproyecto de Ley, la Liga Bioenergética designó una comisión redactora integrada por cinco miembros. Veronica Geese, la Secretaria de Estado de Energía de Santa Fe, que coordinala agenda de esa organización, manifestó que “se está buscando que este anteproyecto tenga un gran consenso entre todos los actores”. Destacó que “se intentará afinar aspectos técnicos, cuestiones operativas e incorporar el biogás dentro del régimen.”
La política de biocombustibles ha resultado estratégica para el país. Desde su implementación, ha permitido sustituir la importación de 9 mil millones de litros de gasoil y 5 millones de litros de nafta, lo que derivó en un ahorro de divisas por un valor superior a los U$S 6 mil millones. En este lapso, las exportaciones de biodiesel treparon a 15 millones de toneladas, registrando ingresos superiores a los U$S 13 mil millones.
La producción de biodiesel es un importante sostén para los precios de la soja y su harina -el principal producto de exportación argentino. Permite absorber el 30% de la producción de aceite y evitar que se destine a un mercado prácticamente saturado. Argentina es el principal exportador mundial de aceite de soja, siendo responsable del 50% del comercio mundial, donde la mitad de sus exportaciones tienen como destino a un único país, la India.
En el NOA, el bioetanol de caña se ha convertido en un importante sustento para su principal sector, minimizando la necesidad de exportar los excedentes de azúcar a precios por debajo de los costos de producción. Similar es el caso de las zonas donde se han instalado las refinerías de maíz.
Con la idea de avanzar en materia de reglamentación, representantes de La Liga Bioenergética estarán participando en marzo de una misión institucional a Brasil donde buscarán conocer en detalle la implementación del programa RenovaBio (ver una política de estado en favor de los biocombustibles en Brasil).
Brasil es líder en el uso de biocombustibles en transporte, con una participación por encima del 45% de etanol en el mercado de la gasolina y del 10 % de biodiesel en el de gasoil. Habiendo introducido este biocombustible varios años más tarde que Argentina, hoy cuenta con un corte del 10%, que llegará al 15% en 2023.
En la sociedad se ha instalado la falsa percepción que los #Biocombustibles atentan contra la producción de #Alimentos
Millones? se invierten en encontrar fuentes económicas de biomasa para utilizarse como materias primas, como el Proyecto Pennyfuel ⏬t.co/wzlcK7GskA
Es un conflicto en Pilar, un municipio con zonas prósperas en el Gran Buenos Aires. Y eso asegura la repercusión de la protesta de los vecinos. Pero sirve como un antecedente para mostrar la necesidad cada vez mayor de tomar en cuenta a la reacción de las comunidades en cualquier emprendimiento.
En un capítulo más de la pelea que vecinos de la localidad de Pilar están llevando contra la instalación de dos centrales termoeléctricas en zona residencial, por el daño ambiental y sonoro que provocan, el miércoles pasado fracasó el intento de medición de decibeles por parte del funcionarios de ese municipio bonaerense y del Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible (OPDS).
Esto se debió a que las dos empresas involucradas (Araucaria Energy y APR) no dispusieron el encendido de la totalidad de las turbinas, según aseguraron los vecinos, lo que no permitió evaluarel impacto real de la contaminación sonora.
De todas maneras, este estudió buscaba confirmar lo ya constatado por OPDS que motivó que este organismo dispusiera, a partir de enero, la clausura preventiva total de las dos centrales. En esa disposición, se consideró pertinente la adopción de la medida debido a que las mediciones efectuadas fueron tipificadas como “ruidos molestos por exceder los parámetros establecidos en la norma”.
APR ya había acatado la decisión de OPDS. Sin embargo, pese a lo dispuesto por el organismo provincial y la municipalidad, los vecinos denunciaron que la central continuó operando desde esa misma noche, lo que motivó que se presentara una delegación policial en la planta pero que no logró ingresar por la negativa del personal de seguridad de la empresa.
Desde entonces, los vecinos vienen denunciando que esta central sigue funcionando todos los días, desde la mañana hasta pasada la medianoche, causando serios problemas para quienes viven en los alrededores. Este incumplimiento por parte de Araucaria se debería -según trascendidos- a una decisión de la secretaría de Energía, que comanda Gustavo Lopetegui. El propósito sería contar con toda la capacidad de generación eléctrica, en esta época de altas temperaturas, sin tener en cuenta que hay una clausura vigente lo que atenta contra la seguridad jurídica de la población del lugar.
Productos Roche S.A.Q.e I. es la filial en Argentina de F. Hoffmann-La Roche Ltd., la firma con sede en Suiza, que con el nombre de Roche, a secas, ha llegado a ser el mayor productor de medicamentos del mundo. Y hace algunos años presentó una demanda contra la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (A.N.M.A.T.), la repartición del Estado argentino que tiene, entre otras, la misión de autorizar los medicamentos que se venden en nuestro país.
El asunto nos llamó la atención, y una conversación con amigos en el mundo de los laboratorios argentinos nos hizo saber que era sólo un incidente en una guerra mucho mayor. El mejor resumen del tema lo encontramos en una nota reciente de Jairo Straccia, de la que extraemos estos datos:
Está llegando a su fin una de las peleas de negocios más grandes de los últimos años en la Argentina. El laboratorio multinacional, Roche, y uno de los más grandes de nuestro país, Elea, disputan por una parte del mercado de medicamentos contra el cáncer. El drama incluye investigaciones de vanguardia, denuncias por posición dominante, acusaciones de prácticas predatorias, demandas contra ejecutivos y hasta la muerte de una paciente.
La puja de fondo es por dominar un negocio que mueve solo en la Argentina US$ 50 millones al año, con efecto cascada en la industria farmacéutica mundial, en montos que dejan muy chico ese número. Se trata además de la punta del iceberg de un debate global sobre cómo se financia la investigación médica, cuál es el costo de acceder a los tratamientos complejos y que riesgos tiene abaratarlos.
El dolor del diagnóstico de un cáncer, la templanza de los que luchan para superarlo hacen muy difícil pensar en los negocios que están detrás de los avances de la ciencia, las peleas por porciones de mercado, la fijación de precios y las estrategias para evitar o demorar la competencia.
Pero cuando a alguien le diagnostican, por ejemplo, alguna variante del linfoma no Hodgkin, un cáncer que comienza en los glóbulos blancos, debe aplicarse un tratamiento que incluye rituximab, un tipo de proteína, que forma parte de los medicamentos biológicos: moléculas que pueden “infiltrarse” en el sistema inmunológico y ayudarlo a detectar y combatir células cancerosas.
Desarrollar y poner en el mercado una molécula como el rituximab puede llevarles a laboratorios como Roche años de investigación y miles de millones de dólares de inversión. El premio es el monopolio de ese producto mientras dure la patente que reconoce el hallazgo y la posibilidad de fijar el precio que le cierre la ecuación por más caro que sea.
Así, desde que en 1997 Roche patentó esa proteína rituximab, fue su único proveedor en la Argentina y en la región, donde reinó con su producto de nombre comercial Mabthera, que cuesta unos US$ 4 mil la dosis de 500 miligramos y que compraban el Estado o la Superintendencia de Salud a través de licitaciones en las no tenía ningún competidor. Al menos así fue hasta que en 2013 venció la patente. Y como puede ocurrir en cualquier parte y ya había ocurrido en Europa, otro laboratorio, en este caso el argentino Elea, de las familias Sigman y Sielecki, desarrolló en su planta de Vicente López una molécula similar. Lo que sería “una copia” si fuera una sustancia química «de síntesis», tratándose de un medicamento biológico molecularmente idéntico es un biosimilar.
Tras conseguir la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos (Anmat) en 2014, finalmente salió al mercado con el producto Novex, a un precio más bajo. Y empezó a ganar mercado, además de sentar el precedente que se pueden hacer biosimilares en la Argentina y abaratar el costo de los tratamientos complejos. Era el comienzo de una pelea que dura hasta hoy». La Argentina viene produciendo biosimilares desde fines de los ’80, con Biosidus (entonces parte de la farmacológica local Sidus). No sin resistencias: las multinacionales con algún gran éxito de mercado tienden a creer en la inmortalidad de sus patentes. Países como Argentina o la India, que no bien vence alguna patente ya han desarrollado alguna vía tecnológica propia para obtener esa misma molécula bioactiva de otro modo, las sacan de quicio. No por nada el 60% del mercado farmacológico argentino está en manos de firmas locales, muchas de las cuales además exportan.
En esa pelea, que Straccia relata en detalle, ambas partes han planteado todo tipo de argumentos, legales y médicos. Para eso se pagan honorarios a los abogados y a los «expertos». El punto que nos parece importante rescatar es que ni Roche ni, por supuesto, Elea, cuestionan el concepto de biosimilaridad, una molécula indistinguible de la original; que tenga la misma seguridad y eficacia. La disputa pasa por determinar si el producto cumple con los requisitos necesarios. Los biosimilares son el equivalente de los genéricos. Aunque, en general, más caros.
De ahí, el papel clave de la ANMAT. Y la necesidad que el Estado argentino defienda a los laboratorios nacionales y, sobre todo, a sus ciudadanos, para que tengan las mejores y más confiables medicinas, a precios accesibles. Tarea que hoy no está cumpliendo con los jubilados, pero ese es otro tema.
Otro aspecto de esta historia que nos parece importante que los argentinos tengamos presente, es que las proteínas como el rituximab, las que pueden identificar y neutralizar células cancerosas en el organismo, se conocen como anticuerpos monoclonales (el medicamento de Roche lleva las letras “mab” en su nombre por “monoclonal antibodies”, en inglés).
Los «mabs» son enormemente selectivos, se parecen un poco a aquel ideal de «la bala de plata». En el caso del rituximab, ataca únicamente a la población de linfocitos que se está reproduciendo descontroladamente.
Tal vez la expresión «anticuerpo monoclonal» les suene familiar: fueron desarrollados como tecnología celular por un premio Nobel de Medicina 1984 llamado César Milstein, argentino, educado en nuestra universidad pública y luego emigrado a Inglaterra. En 1984, el mercado mundial potencial de los «mabs» de Milstein había sido valuado en U$ 500 millones… para empezar. Pero don César, defensor de la medicina pública, eligió no patentar su descubrimiento.