Qué hacemos los argentinos en la Antártida

Como informó ayer AgendAR, este viernes 22 de febrero se cumplieron 115 años de presencia continua argentina en la Antártida. Ese día de 1904 se estableció la Base Orcadas: la primera base antártica argentina, con la presencia humana ininterrumpida más antigua del continente. Nos parece oportuno compartir con nuestros lectores estos párrafos de una nota de Jazmín Bazán (algunas de las fotos son por Eduardo Ruiz Barlett).

«En la base Orcadas se estudia meteorología de superficie y de altura, geología, glaciología, geofísica, magnetismo, atmósfera y biología. Es una de las seis bases permanentes de Argentina, junto a Carlini, Marambio, Esperanza, Belgrano y San Martín.

La base Carlini es la principal usina científica y de donde salen la mitad de los artículos publicados por argentinos en Antártida. Allí se realiza uno de los trabajos más impresionantes y menos conocidos en el país: la bioprospección o búsqueda de organismos vivos que solo habitan en Antártida: algunos tipos de bacterias, hongos, algas, plantas.

Martha Martorell está cumpliendo su quinta campaña de verano en la base. Junto a sus colegas, se enfoca en compuestos con actividad biológica para la fabricación de antibióticos, antivirales y antitumorales. El equipo posee una colección de más de 300 hongos reservados con este objetivo. «Nuestra meta sería encontrarles una aplicación farmacéutica para el tratamiento de infecciones resistentes a antibióticos de uso común».

A través de biotecnología, también se trabaja en la limpieza de suelos dañados por hidrocarburos. «Llegamos a la conclusión que lo mejor es hacer un proceso de bioestimulación. Esto implica agregarle a la zona contaminada los nutrientes necesarios para que los microorganismos que naturalmente habitan ese suelo puedan degradar el combustible y descontaminar el área», explica Martorell.

La doctora en bioquímica cuenta que otras áreas de investigación de sus compañeros incluyen el monitoreo de aves voladoras (petreles, skúas, cormoranes) y pingüinos (desde los nidos hasta la edad adulta); oceanografía y análisis de fauna itícola (peces); y la observación de plantas vasculares, de macroalgas marinas, plancton y sedimento marino, con énfasis en conocer los efectos del cambio climático.

Dolores Deregibus es especialista en macroalgas antárticas. «Cuando se derriten los glaciares, los sedimentos entran al agua de mar, lo cual genera turbidez e impide que penetre la luz necesaria para los organismos que viven en el fondo del mar. Estudiamos cuál es el efecto de esa disminución de luz sobre su fisiología».

La experta indica que en la base hay una caleta que se encuentra rodeada por un glaciar. «Como el glaciar retrocede, debido a las altas temperaturas, ‘nuevas áreas libres de hielo’, que son colonizadas por organismos que viven en el fondo del mar. En lugares donde antes no había algas, ahora sí las hay. Estos organismos son conocidos como ‘productores primarios’, es decir, los primeros de la cadena alimenticia», agrega. Y concluye: «Se generan cambios en una comunidad específica y estos, a la vez, pueden repercutir en toda la cadena alimenticia».

El glaciólogo Alfredo «Alpio» Costa añade datos alarmantes: la Antártida es la región que más se calentó en todo el mundo en las últimas décadas, después del Ártico. Una de las manifestaciones del fenómeno fue el colapso de las barreras de hielo de Larsen desde los noventa.»El calentamiento de la temperatura anual en esta región casi triplica al de la temperatura global. Cada décima de grado que aumenta la temperatura promedio, global o de una región en particular, puede llegar a ser muy relevante».

El Instituto Antártico Argentino (IAA) es el organismo encargado de definir, desarrollar y difundir la actividad científico-tecnológica. En total, cuenta con casi 50 proyectos de investigación. Muchos de ellos toman lugar en Marambio, la principal puerta de entrada de la logística argentina en la zona. Es además el polo científico donde se despliega el mayor número de campamentos durante la campaña de verano. Además de tareas de estratigrafía, sedimentología, glaciología, entre otras, hay un gran desarrollo de arqueología histórica y paleontología, dada la riqueza de restos fósiles en la isla.

Este año, se recolectaron fósiles de vertebrados -sobre todo, peces-, invertebrados y plantas en sedimentos jurásicos de aproximadamente 150 millones de años.

El capitán Maximiliano Mangiaterra es comandante del Rompehielos ARA Irízar. Y la Antártida es para él un lugar especial: «Viajé por primera en el Irízar, cuando me recibí, en 1994. La Península es tan vírgen, que nos impone preservarla y cuidarla. Está hecha para la naturaleza, para la fauna, para la ciencia. Es un lugar abierto a la exploración, que aún mantiene espacios donde nunca pisó el hombre».

Una investigadora sostuvo que los argentinos ejercen soberanía a través de la ciencia. El microbiólogo Lucas Ruberto estaría de acuerdo. Él se siente heredero de los primeros exploradores que pisaron en el continente a principios del siglo XX: «Para mí, ejercer acá es como jugar en la Selección, un privilegio y una responsabilidad. Pasar navidad y cumpleaños lejos de los hijos y la familia es triste. Solo la pasión te permite sobrellevarlo».

«Vivir en Antártida es como estar en una comunidad. Es vivir y trabajar al mismo tiempo, a veces 16 horas, desde el desayuno hasta la cena. Es algo que nos marca a todos los que estamos ahí y nos une de por vida«, resume Martorell, desde su cuarto en la base».

Yaciretá: 5 consorcios seleccionados para la ampliación

La Entidad Binacional Yacyretá preseleccionó a cinco consorcios de empresas internacionales para hacer obras en la multimillonaria ampliación prevista en el brazo Aña Cuá, según confirmó el director ejecutivo por Argentina, Martín Goerling.

En la hidroeléctrica detallaron las alianzas (clasificadas en forma algo arbitraria por países) de las corporaciones preseleccionadas, que fueron:

* Italia, Argentina y Paraguay: Salini Impregilo SpA, José J. Chediack S.A.I.C.A., e Itasal.

* Paraguay: Techint Compañía Técnica Internacional, Benito Roggio e Hijos, Panedile Argentina, y Benito Roggio e Hijos.

* Argentina, Brasil y Paraguay: José Cartellone Construcciones Civiles, J. Malucelli Constructora de Obras, y Talavera Ortellado.

* Argentina, China y Paraguay: SACDE (Sociedad Argentina de Construcción y Desarrollo Estratégico), Power China Limited, y CDD Construcciones.

* Italia, Argentina y Paraguay: Aña Cuá ART, integrada por Astaldi-Rovela-Tecnoedil.

El 16 de abril, ocho consorcios habían presentado sus propuestas en la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), que fueron analizadas en el plazo previsto en la Licitación Internacional N° 670 por representantes de Argentina y Paraguay.

Con este proyecto, la EBY incorporará tres turbinas tipo Kaplan en el brazo Aña Cuá (en el río Paraná, a la altura de la localidad correntina de Ituzaingó) con una potencia instalada de 276 MWun 9% más que la que actualmente tiene la represa.

En AgendAR nos sentimos obligados a aclarar que esta es la información que proporciona la Entidad Binacional sobre sus decisiones. Pero hay polémica, reclamos y acusaciones mutuas de dos pretendientes, IMPSA y Voith Hydro Brasil. También se cuestiona la descalificación de una empresa china. Todo esto ha llevado a un medio paraguayo a preguntarse si la licitación terminará definiéndose en los medios. Ampliaremos.

Rusia hará una prueba de desconexión total de Internet

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«Proyecto Runet»: Rusia cortará todas las comunicaciones de Internet de manera temporal en el próximo mes de abril. Ninguno de sus 150 millones de habitantes podrá acceder a los sitios que se encuentren fuera del espacio de navegación ruso (Runet) durante el tiempo que dure una prueba decidida por el gobierno. Será la prueba más completa de este tipo hasta ahora.

Según informa la agencia rusa Ros Biznes Konsalting, la desconexión total de la Red tiene como finalidad poner a prueba lo expuesto en un proyecto legislativo por el cual los proveedores de internet deberán ser capaces de proporcionar una conexión segura en todo el país en caso de un ataque externo que amenace con cortar las comunicaciones de Rusia. Una suerte de «blindaje» que permitiría operar de manera autónoma al país en caso de necesidad.

EE.UU. y la OTAN han acusado a Moscú de instigar regularmente ataques cibernéticos y otras interferencias, por lo que han amenazado a Rusia con sanciones que podrían limitar el acceso ruso a la Red.

La agencia de comunicaciones rusa, el Roskomnazor, será el encargado de supervisar que todo el tráfico generado en el país sea dirigido a puntos seguros aprobados de manera previa, tratando que la mayor parte del mismo nunca sobrepase las fronteras estatales. Con ello se pretende conseguir que los datos de navegación no se vean expuestos en ningún momento ante un tercero con intenciones hostiles.

Este proyecto ha sido respaldado personalmente por el presidente Vladimir Putin y apoyado por la mayor parte de organizaciones de seguridad del país, así como por compañías de Internet como Yandex, dueña de uno de los buscadores más utilizados del país. Las firmas de telecomunicaciones, no obstante, han expresado sus reservas hacia las imposiciones técnicas requeridas, dado que podrían desmejorar la calidad de navegación ofrecida a sus clientes.

A pesar de ello, el temor a los ciberataques y al aislamiento por parte de Rusia llevarán al país a probar esta desconexión de la red de redes. Aún no se ha especificado una fecha concreta, pero todo apunta a que se realizará antes que termine abril.

El potencial de Google Earth Engine para el agro

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Ya es un lugar común decir que estamos frente a la Cuarta Revolución Industrial. Los expertos menciona una creciente digitalización en todas las actividades, con herramientas como la inteligencia artificial, el «Big Data». Que también, no iba a ser menos en un campo tan tecnificado como el argentino, se usan para tomar decisiones estratégicas en el agro.

No es tan conocido el potencial de Google Earth Engine (GEE), una plataforma online para la visualización y procesamiento de imágenes satelitales y otro tipo de datos a gran escala. Para conocer más en detalle de que se trata y su aporte al campo argentino, recogemos la opinión de Eduardo Rollero, especialista en teledetección y estimaciones agrícolas de la Secretaría de Gobierno de Agroindustria.

“GEE reúne las imágenes satelitales y las pone a disposición en línea con herramientas para que científicos, investigadores independientes y usuarios puedan explotar este «almacén» de datos y subir su propia información para detectar cambios, mapear tendencias y cuantificar las diferencias en la superficie de la Tierra”.

La plataforma permite una amplia gama de aplicaciones: detectar la deforestación, clasificar la cobertura del suelo, estimar la biomasa forestal y el carbono, entre muchos otros. Para Rollero, la ventaja de la plataforma radica en su notable velocidad de cálculo que no depende de la capacidad de procesamiento de la computadora ya que el mismo se realiza en los servidores de Google, y el requisito es tener acceso a Internet y registrarse en el servicio.

Otro de los beneficios, es que la plataforma proporciona una gran variedad de conjuntos de datos que se actualizan constantemente, por lo que no se requiere la descarga de imágenes en bruto.

Por su parte, Camilo Bagnato, becario doctoral del CONICET en el laboratorio de análisis regional y teledetección de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), al referirse a GEE, añadió: “Es una plataforma para hacer análisis geoespaciales a escala planetaria que desarrolló Google y que tiene la particularidad de que concentra el archivo de imágenes satelitales de todo lo que ponen a disposición las distintas agencias espaciales como la NASA o la Agencia Europea”,

¿Qué le aporta GEE específicamente al agro? En este sentido, Rollero señaló: “Se pueden obtener capas de índices de vegetación (NDVI, por sus siglas en inglés) u otros similares, ambientación de lotesen base a imágenes satelitales y scripts desarrollados por alguna empresa o institución de investigación”.

Para Bagnato, se puede “hacer de todo”, y detalló: “Todo el desarrollo que hay de teledetección asociado a la producción agropecuaria es posible realizarlo con GGE y de una manera más rápida y sencilla”. Según ejemplificó el experto, se puede estimar la productividad forrajera a nivel de lote con sensores remotos, lo cual involucra un montón de trabajo previo y sistematización de información que con GEE es más sencillo, porque es una plataforma abierta para investigación y desarrollo.

Además de estimar la productividad forrajera, la evapotranspiración de los cultivos, también se puede mapear la agricultura, los cuerpos de agua en inundaciones, el uso del suelo, los cultivos que se sembraron en las diferentes campañas, es decir, que ofrece miles de aplicaciones. “Todo lo que se puede realizar con sensores remotos o prácticamente todo, se puede hacer de manera más sencilla y más rápida en GEE”, destacó Bagnato.

En cuanto a la utilización de la plataforma en Argentina, desde el sector privado no se puede usar de la misma manera y tan abierta como si, se puede usar desde el área de investigación. En este sentido, el becario del CONICET opinó: “Me atrevería a decir que en Argentina el agro todavía no utiliza la teledetección o la información satelital en su máxima expresión”, y argumentó: “Existen varios desarrollos que se hacen con sensores remotos, muchas empresas o varias que se dedican a vender productos para ambientes o estimaciones de rendimientos, pero en general no lo hacen con GEE”.

El agro todavía no está haciendo uso de GEE porque es una plataforma que para el sector privado no se ha desarrollado tanto, se usa sobre todo en cuestiones experimentales, en investigación y en proyectos grandes. Al respecto, Bagnato expresó: “Cobra relevancia cuando se quiere analizar que ocurre a nivel continental, que le pasa a los ecosistemas en Latinoamérica, en cambio, si uno quiere ver qué pasa en un campo particular de 1.000 hectáreas, lo puede hacer con los métodos tradicionales de teledetección que existen, y no es necesario usar esta herramienta que es super potente”. (Eliana Esnaola/Agrofy).

El CAREM: un reactor en alta tensión

A fines de enero pasado, autoridades de la empresa Techint comunicaron de manera informal a los trabajadores del proyecto CAREM que abandonaría la obra de la ingeniería civil del reactor experimental que se construye en el Complejo Nuclear Atucha. La razón esgrimida fue que estaba trabajando a pérdida por la negativa del Gobierno a actualizar los montos de la obra, disparados tras la devaluación de la moneda, y en la que se desempeñan alrededor de 350 trabajadores.

El CAREM es un reactor modular de energía nuclear de diseño argentino al que se lo considera con un gran potencial de exportación. Tras la suspensión de los contratos con China para la construcción de la cuarta y quinta central nuclear, el CAREM quedó como el proyecto más grande de la Argentina en este sector. El proyecto consiste en la construcción de un prototipo de 25 megawatts (MW) para probar la tecnología, pero el modelo es escalable hasta los 400 MW de generación eléctrica. Cuenta con sistemas de seguridad pasivos, algo que suma seguridad y es muy buscado en todo el mundo, especialmente después del desastre de Fukushima. Este tipo de centrales es ideal para llevar energía a lugares aislados y es un nicho de mercado en el que las grandes potencias nucleares todavía no han incursionado de manera sostenida, por lo que se considera relevante que no haya retrasos en la obra para poder mantener una posición competitiva.

La obra civil del CAREM comenzó en el año 2014 y desde su origen estuvo a cargo de la estatal Nucloeléctrica Argentina S.A. (NA-SA), hasta que, a mediados de 2017, el Gobierno decidió que esa obra pasara a la empresa Techint por 1148 millones de pesos, mediante la licitación 06/2016, en la que resultó ganadora. En los términos del contrato, de tipo llave en mano, se especifica que la constructora debe absorber los riesgos económicos de la obra para un reactor que debería estar operativo en el año 2022. “NA-SA no tiene por qué hacer obras de infraestructura”, habían dicho por entonces desde el Ministerio de Energía que comandaba Juan José Aranguren.

El anuncio del abandono de la obra forzó la reacción de la UOCRA y el gremio de la construcción presionó al Gobierno para que se abriera una instancia de renegociación. Julio González, de la UOCRA Seccional Zárate, dijo: “Pudimos frenar la decisión de la empresa y darle visibilidad a esta situación. Tuvimos una reunión con Julián Gadano –subsecretario de Energía Nuclear– y Rubén Semmoloni –presidente de NA-SA–, en la que nos pidieron paciencia porque se iban a reunir con Techint para llegar a un punto de acuerdo que no generara ninguna baja en los trabajadores”.

De la obra también forman parte empresas como INVAP –diseño del reactor–, IMPSA –a cargo de la vasija y el generador de vapor–, TECNA –planta del reactor–, la alemana Siemens –provisión de la turbina generadora– y CONUAR, una sociedad entre la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el grupo Pérez Companc –provisión del corset de acero que contiene al reactor–.

Mientras tanto, las obras siguen durante la negociación. “Gadano nos manifestó que la negociación está en marcha y que Techint va a continuar la obra”, afirmó González.

En este caso, Techint se comportó de forma diametralmente opuesta a como lo hizo en sus contratos de explotación en el yacimiento de Vaca Muerta, en los que el Gobierno intentó modificar las condiciones de la concesión debido a la crisis económica y la empresa presentó una solicitud de impugnación por “la afectación de los derechos adquiridos”. Fuente: Agencia TSS-Matías Alonso.

Argentina, India y los átomos: 2da. parte

La 1° parte de este artículo puede leerse aquí.

No es del todo injustificada la paranoia nuclear que desarrolló EE.UU. a partir del 21 de mayo de 1974, cuando la India ensayó en forma subterránea su primera bomba nuclear, pero es insufrible. Impactó inmediatamente sobre el programa nuclear argentino. Y la presión no cesa.

Los países con armas atómicas (EEUU, Rusia, China, el Reino Unido, Francia, la India, Pakistán, Israel y Corea del Norte) «cocinan» 239 Pu (plutonio 239) en «production facilities», reactores nucleares bastante primitivos que garantizan un quemado a bajo grado. Son enteramente distintos de los reactores de investigación o de las centrales de potencia, pero si un país tiene suficiente ingeniería como para reactores y centrales, las «production facilities» le resultan fáciles de diseñar y construir. No así de ocultar.

Por eso, probablemente la mejor «política de Estado» que Argentina adoptó y mantuvo ya 68 años fue la de no producir armas atómicas.

Dado que la India tiene un programa nuclear militar que fue secreto hasta 1974, es obvio que entiende lo suyo de “hot cells”, los pequeños laboratorios radiológicamente blindados en los que se purifican y procesan materiales irradiados. Pero la Argentina nunca puso un centavo en bombas atómicas, no corre en ninguna carrera armamentista nuclear y además es un referente mundial en radioquímica orientada hacia la medicina y la industria desde 1953. Hechas las sumas y restas, no es imposible que hayamos podido adelantarlos un poco a los indios en diseño de manipuladores, “cajas de guantes” con blindaje de tungsteno, y en la formulación de radiofármacos bajo estándares GMP (Good Manufacturing Practices).

Eso es unir los isótopos a “carriers” como la deoxiglucosa, moléculas que los llevan por la sangre con selectividad o incluso total precisión hasta el tejido que debe ser analizado o destruido, según el caso. Y como proveedores del Cono Sur, sabemos lo nuestro de “packaging” y logística de radiofármacos, cómo blindarlos y distribuirlos sin afectar al personal de planta, a los transportistas, a los médicos o a los pacientes. No es “rocket science”, como dicen los gringos, pero desde 1967, cuando la CNEA construyó el RA-3 somos los primeros en haberse dedicado a esto en todo el subcontinente suramericano, y casi los únicos. 

Como se ve en la foto que encabeza la 1° parte de este artículo, el Bhabha Atomic Research Centre (BARC) de Delhi tiene una planta de radioisótopos para proveer a la medicina nuclear local, pero… son 1300 millones de habitantes, y el acceso de las mayorías a esta especialidad es ínfima. Una ampliación de capacidad instalada por parte de un proveedor confiable como INVAP ayuda algo, y probablemente la compra sea también un sombrerazo al embajador Rafael Grossi por tratar de darle a la India acceso al NSG (Nuclear Suppliers Group, un club muy cerrado de 20 países proveedores nucleares legales).

Ignoramos si hubo “efecto Grossi” en la decisión de la India de comprarle a CONUAR los tubos en “U” que forman la parte inferior de los generadores de vapor de una vieja central “CANDU-like” de la flota local. La India tiene suficiente ciencia de materiales para fabricar por su cuenta casi todos los tubos de una CANDU, que es ni más ni menos que una central hecha de todo tipo de caños de distintas “superaleaciones” de propiedades físicas extraordinarias, desde aceros extraños a otras de base de circonio, como el circaloy, o de níquel como el incoloy.

Pero los tubos en “U” de los generadores de vapor son de inconel 690, y hace un par de años la India compró una primera partida. El inconel 690 es una superaleación de cromo-níquel y algo de hierro, con dosis mínimas de carbono, silicio, manganeso, cobre y titanio. Es casi intratable. Su fabricación, maquinado y endurecimiento bajo normas y certificaciones internacionales es una pesadilla de pequeños detalles que nadie te enseña, y que el Centro Atómico Ezeiza de la CNEA fue descubriendo por prueba y error. En la fabricación, no hay ningún margen de error.

Esos flacos cañitos de los generadores de vapor deben soportar durante 30 años y sin corroerse o pincharse un flujo continuo de agua pesada a 130 atmósferas de presión interna, con un salto térmico de 330 a 270º C, más la agresión constante de las vibraciones y la radiación. FAE, sociedad mixta entre el grupo Pérez Companc y la CNEA (que ahora se unifica con CONUAR probablemente para reducir su plantel), tiene un horno especial al alto vacío y de más de 30 metros de largo para el endurecimiento de estas piezas. Increíblemente, los tubos -que no tienen costura- se formaron antes por extrusión, empujando un «tocho» (bloque sólido) del material a través de un molde. FAE parece ser el único proveedor probado y certificado en el Hemisferio Sur.

Los tubos en “U” de inconel 690 que llenan la carcaza de un generador de vapor, en la planta de IMPSA.

Por eso resulta llamativo que Macri no haya salido de Delhi con un pedido fuerte de caños de inconel 690. En realidad, las ventas suceden en discretos viajes de ejecutivos: no se generan en los «shows» diplomáticos como el que acaba de suceder. Pero no hay presidente de partido alguno que resista la tentación de dar la noticia, como si la hubiera generado él. Lo que hay que entender es que la India y Argentina, más allá de quién sea Primer Ministro o Presidente en uno y otro país, hace tiempo que se tienen en cuenta y lo raro es que durante medio siglo hayan interactuado tan poco.

La India tiene 2 viejas CANDU y 20 “CANDU-like” (copias locales de módulo chico, sin licencia canadiense), y piensa dotarse de 12 más (pero grandes, de 740 MW), de las cuales 6 ya están en obra. Nucleoeléctrica Argentina SA (NA-SA) acaba de completar exitosamente el “retubado” de la CANDU cordobesa de Embalse, lo que la puso en capacidad de asesorar sobre la reconstrucción total de este tipo de plantas.

Pero en particular con esta aleación, el inconel 690, Argentina está también en capacidad de sustituir los generadores de vapor de la flota mundial de PWRs las centrales de uranio enriquecido y agua liviana que forman el grueso de la capacidad nucleoeléctrica mundial. Sumadas las PWRs y la BWRS (con «B» de Boiling), sobrepasan a las CANDU (que son PHWR, con «HW» por «Heavy Water») en proporción de 10 a 1.

En las PWR el generador de vapor es una de las piezas de más rápido envejecimiento en cualquier central nucleoeléctrica presurizada. Y “no se entera mucho” de si el núcleo tiene uranio enriquecido o natural. Tremendo mercado potencial, si hubiera voluntad exportadora…

Alrededor de 100 firmas argentinas organizadas por NA-SA participaron del retubado de Embalse y se equiparon con “fierros” y personal con capacitación nuclear para repetir la patriada con la construcción de Atucha III CANDU. Las mayores fueron CONUAR, FAE e IMPSA. Las dos primeras, echando gente, la última, en concurso de acreedores…

La devastadora sonrisa de Buda


Indira Ghandi y comitiva recorren el “pozo de subsidencia” del terreno de la base de Pokhran, bajo la cual explotó la primera bomba atómica de la India. Con ese artefacto de ellos, a nosotros también se nos hundió el piso.

Hasta 1974, la India y la Argentina tenían los programas atómicos más independientes y dinámicos del entonces llamado Tercer Mundo. Eso, pese a la distancia geográfica, comercial y cultural, los hizo interactuar de modos impensables. La decisión de Indira Ghandi de construir un arsenal nuclear fue terrible para la Argentina: era claro que pagarían justos por pecadores.

Como es de práctica en estos casos, en 1974 la India explicó angelicalmente que la explosión subterránea de “Smiling Buddha”, el Buda Sonriente, tenía fines pacíficos. Los pakistaníes y los EEUU entraron respectivamente en pánico y furia, y viceversa.

Desde entonces, de la noche a la mañana EEUU barrió con su política fundacional llamada “Átomos para la Paz”. Esta idea del presidente Dwight Eisenhower y su Secretario de Estado, John Foster Dulles, se podía traducir así: “No los vamos a jorobar salvo que sea evidente que están tras ‘la bomba’. Y menos aún si, como prueba de inocencia, nos compran tecnología a nosotros”.

En cambio, ante el inesperado giro armamentista de la India, Richard Nixon (con enorme ayuda soviética), empezó a acorralar a los países con desarrollos pacíficos incipientes e independientes. Y lo normal es que un país con voluntad de ir llegando a construir sus propias centrales de potencia use como primer combustible el uranio natural. Las primeras centrales francesas e inglesas eran de uranio natural, dado que todavía no tenían instalaciones de enriquecimiento, y ésas nadie te las vende. Los canadienses, dueños entonces de los más ricos yacimientos de uranio del mundo, y país históricamente minero, inventaron la central CANDU, el mejor diseño de la historia con uranio natural, para poder exportar sus existencias uraníferas. Ya con el primer prototipo entendieron que podían vender algo mucho mejor que naturaleza cruda: tecnología. Y empezaron a recibir pedidos de decenas de países deseosos de comprarle el «know-how» a un proveedor que no los obligara a depender de combustibles importados… ¿Cuántos quedan hoy de esos? Mirando en torno hoy, 45 años después de «Smiling Buddha», se puede decir que entre los EEUU y la hoy llamada Rusia casi no dejaron títere con cabeza… Cayeron hasta la mismos canadienses.

En el viejo marco legal creado por Eisenhower, la India y la Argentina éramos tolerados como “los orejanos” más inquebrantables entre muchos países chúcaros, decididos al uranio natural para no depender de enriquecido de los países del Atlántico Norte, de China o de la URSS. Depender de combustible importado es prestarse a sufrir aprietes diplomáticos.

Éramos los “outsiders” que no firmaban el TNP (Tratado de No Proliferación) y que le compraban centrales CANDU a AECL de Canadá, y en nuestro caso y como plan B, a KWU de Alemania Occidental, país que hizo malabares para tratar de entrar en el mercado nuclear argentino. Ninguna de ambas firmas (ninguno de ambos países) ponía el TNP como condición de venta. Se conformaban con hacerle aceptar al cliente el régimen de inspecciones y monitoreo habituales por parte de OIEA hasta 1974, que comprendía estrictamente lo comprado, o los sistemas que incluyeran algún componente o sumo salvaguardado, pero excluía de la vigilancia los «desarrollos nativos». Suena lógico porque es lógico. Por supuesto, sólo dentro de un mundo donde los estados-nación y las soberanías nacionales importan, y los países de desarrollo mediano tratan de industrializarse y desarrollar economías de la complejidad.

Evidentemente los indios lograron burlar ese esquema de salvaguardias. Para peor, sacaron subrepticiamente su plutonio 239 del reactor CIRUS, provisto por Canadá y EEUU. Cuando hicieron explotar “su Smiling Buddha”, el secreto era extremo: el total de ciudadanos de la India al tanto del asunto no pasaba de 60 personas. Los ministros del gabinete de Indira Ghandi (salvo el de Defensa), se enteraron de la explosión por los diarios. También el presidente Richard Nixon y su secretario de Estado Henry Kissinger. En la CIA habrán rodado cabezas…

EEUU declaró a los indios parias comerciales y diplomáticos, y obligó a Canadá a romper todos sus compromisos de venta en el Tercer Mundo, salvo que los clientes firmaran el TNP. Eso a la larga liquidó comercialmente a la AECL, un beneficio secundario: la firma le estaba robando mercado en las narices a los autodenominados “americanos” en el mundo poco industrializado, e incluso un cliente (Rumania) a la URSS.  

Si antes de 1974 te comprabas una CANDU era para tres cosas:

  • Ahorrarte una pieza carísima, el recipiente de presión, que requiere de una industria siderúrgica como no la tiene ni Canadá,
  • Fabricar tus propios combustibles sin tener que mendigar uranio enriquecido a los dueños de la pelota,
  • Poder cocinar desarrollos tecnológicos comerciales potencialmente competitivos, sin el timbrazo constante de espías de la CIA yanqui, el SIS británico, la DGSE francesa, la KGB soviética, del MSS chino y el Mossad israelí, que entran sin orden de allanamiento a los sitios bajo salvaguardia, bajo capote de inspectores del OIEA, y se llevan fotos, planos y especificaciones de todo lo que les parezca interesante.

El resto de la historia es conocido: en medio de la obra de Embalse, empezada en 1974, AECL fue obligada por EEUU a romper el contrato, ya que no pensábamos firmar el TNP. Para decir toda la verdad, AECL estaba también harta de cobrar mal y tarde: la CNEA posterior al “Rodrigazo” no tenía un cobre. Cuando se fueron los canadienses, la entonces llamada DCN (Dirección de Centrales Nucleares) de la CNEA tuvo que terminar Embalse por su cuenta, lo que retrasó 4 años la entrada en servicio. Como no hay mal que por bien no venga, desde 1984 estamos tan capacitados para construir una CANDU-6 como Canadá. Y es que comparada con la tecnología PWR, la CANDU es bastante más sencilla.

E impresionantamente segura. 47 centrales CANDU en Canadá, Argentina, la India, Pakistán, Corea, Rumania y China y 20 imitaciones indias sin licencia, en general operando desde los ’60, suman un historial de disponibilidad y seguridad considerable. Nunca un accidente mayor que una pérdida de refrigerante. Jamás un irradiado o un muerto por radiación.

Si el lector quiere una medición objetiva de la presión externa sobre nuestro desarrollo nuclear, desde 1987 la Argentina se volvió –contra viento y marea- el exportador más respetado de reactores de investigación. Lo que fabrican estas plantas es bastante sencillo: radioisótopos y cerebros. Están los que abastecen la medicina nuclear de todo un país o varios, como nuestro RA-3 en Ezeiza, y los que se usan para capacitar ingenieros, físicos, químicos y especialistas en materiales nucleares. Pero son un mercado chico.

Aún así, con todos los recursos humanos e industriales necesarios a mano desde 1984, ¡la Agentina jamás se atrevió a clonar Embalse y tener una flota de 4 o 5 unidades CANDU de 600 MW cada una! Las presiones siguen: en 2018, el entonces Ministro de Energía, Ing. Juan C. Aranguren, explicó que renunciábamos a una CANDU china de 740 MW «porque el país estaba demasiado endeudado». En realidad, la central se pagaba sola: financiacion del 75%, 20 años para pagarla al 4% anual de interés, con 8 años de gracia a partir de la entrada en operaciones…

En diciembre de 2018 Cancillería anunció que también renunciábamos a una PWR de uranio enriquecido, la Hwalong-1 de 1140 MW, ofrecida esta vez con una financiación del 100%. E hicimos esto no porque nos sobrara el gas o nos faltaran los apagones…

En fin, ése es el marco en que sucedió este viaje del presidente Macri a la India. No sorprende que en el casi único terreno en que podemos vender algo más “high tech” que soja y limones, la visita haya sido tan protocolar.

Daniel E. Arias

Los empresarios bonaerenses reclaman medidas concretas al Gobierno

La CEPBA (Confederación Económina de la Pcia. de Buenos Aires) nos ha hecho llegar el siguiente comunicado:

«Solicitamos al Gobierno Nacional el desarrollo de medidas que promuevan el mercado interno a través del incremento del ingreso de los trabajadores, ya que las pymes que se dedican al mercado nacional, industriales, comerciales y de servicios están atravesando momentos muy difíciles y que la simple baja de impuestos, que sobre ingresos que no genera y que no puede pagar, no es suficiente como medida de reactivación de la actividad economica y freno a la caída del consumo y de la actividad industrial, que estamos viviendo tanto en Provincia como en Nación.

Es por lo antes mencionado, que exigimos que se ejecuten medidas que incrementen la capacidad de compra de la población en su conjunto, trabajadores, pymes, profesionales y todos aquellos que conformamos el mercado nacional.

Es importante que volvamos a contar con herramientas de compra de productos de origen nacional, como el Ahora 12, o cualquier instrumento similar que nos permita potenciar la actividad de aquellas pymes que generan más del 70 % del empleo en las economias regionales y que hoy se ven castigadas por una retracción del mercado y una caida del consumo, debido a que las tarifas públicas absorben la mayor parte de los ingresos de los trabajadores en el mercado nacional.

Presidente CEPBA
 Guillermo Siro»

En AgendAR entendemos, vemos, que los pequeños y medianos empresarios -y una parte no menor de los grandes- están atrapados en la lógica de la supervivencia: «bicicletear» pagos, descuento de cheques, que no les permite hacer otra cosa que ocuparse de la coyuntura.

Pero es necesario señalar que exigirle al gobierno actual estas medidas es pedirle «peras al olmo». No comparte la centralidad del mercado interno, ni tiene margen para desviarse del ajuste. Es necesario pensar en las medidas a aplicar cuando este conjunto de políticas en curso tenga que ser abandonado. Y que -es inevitable- no deberán ser solamente de estímulo al consumo sino también de recuperación del capital de trabajo destruido.

22 de febrero: 115 años de presencia argentina en la Antártida

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A partir del 22 de febrero del año 1904, flamea la bandera argentina en la isla Laurie del grupo de Islas Orcadas, al ser inaugurada la actual Base Orcadas. Y durante las primeras cuatro décadas, sólo la República Argentina entre todos los países mantuvo una presencia permanente.

También este año es el cincuentenario de la Base Antártica Marambio, establecida en 1969, que se mantiene en actividad durante todo el año con población permanente.

En esto hay algo entonces de lo que los argentinos podemos sentirnos orgullosos: que nuestro país, al que algún periodismo gusta llamar «adolescente» ha logrado mantener, a través de todos nuestros conflictos internos, una voluntad y un esfuerzo sostenido.

Esta es la página de la Dirección Nacional del Antártico.

Esta, la de la Fundación Marambio.

Los productores rurales retendrán granos para financiar la próxima campaña

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Con tasas que superan el 50%, un dólar inestable y la inflación que no cede, el periodista de BAE Merino Soto adelanta que los productores rurales retendrán granos para financiar la próxima campaña 2019/2020.

«Lejos estarán de comprar alguna pick up, y ni pensar en adquirir maquinaria agrícola para el trabajo diario».

Esta visión pesimista está confirmada por los números de comercialización de soja que publica la Secretaria de Agroindustria semanalmente. Hasta el 13 de febrero, las ventas del poroto ascendían a 5,7 millones de toneladas, un 33,7% por debajo de los 8,6 millones de hace un año.

«Sobre una cosecha de 52 millones de toneladas de soja, hoy el productor solo tiene vendido un 10%, de los cuales un 3% se hizo bajo la modalidad a fijar precio», señaló desde la consultora PBY Agro, Gustavo Picolla.

Es entendible. El precio de la soja a mayo próximo, mes en que el campo debe entregar parte de su mercadería, cotiza a u$s 239 la tonelada. Hace un año se pagaba a 318 dólares. La baja es del 25,5%.

«No hay duda de que en el actual clima financiero crediticio, el productor va a guardar su mercadería porque se va a tener que autofinanciar para la próxima campaña empezando por el trigo», dijo el consejero de Coninagro, Marco Giraudo, quien agregó: «Esto significa vender a medida que va viviendo, es decir que si hay un buen precio en algún fertilizante, compra, lo mismo en semillas, combustible, es una cuestión de oportunidades».

Giraudo reconoció que «todas las ventas y compras de insumos no se hacen de una sola vez en mayo sino que se extenderá hasta diciembre en la medida de lo que se va necesitando».

En la misma línea el presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), Matías de Velazco advirtió que «las ventas que se vieron últimamente de vientres de hacienda es porque no hay plata, con lo cual se debe echar mano a lo que sea».

El panorama es complicado. Si hay una buena cosecha de soja, falta todavía un mes y medio, igual el productor quedará con poco capital de trabajo puesto que viene con una deuda atrasada del año pasado. Si bien la campaña de trigo fue buena y la oleaginosa viene en óptimas condiciones hay zonas como Buenos Aires y Córdoba donde persiste la sequía.

En definitiva no se ve a los productores invirtiendo. Hoy ya hay una recesión en las localidades del interior del país producto de una industria que está frenada. Pese a los 19 millones de toneladas de trigo, los pueblos están parados.

En este sector, en AgendAR nos vemos forzados a repetir lo que estamos diciendo desde hace un año de la economía en general: las altas tasas de interés tal vez acabarán con la inflación -como plantea la teoría económica a la que se aferra el gobierno. Pero antes acabarán con todas las actividades productivas.

La línea de pobreza para una familia tipo: $ 26.442 al mes

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Según informó ayer el INDEC, la línea de pobreza se incrementó en el último año un 55,8%, seis puntos más que la inflación. Por lo tanto, una «familia tipo» -matrimonio y dos hijos- necesitó un ingreso mensual de $26.442 para no ser considerados «podres» por las estadísticas oficiales.

La Canasta Básica Total, que incluye alimentos y otros insumos como educación, vestimenta o transporte, se incrementó en los últimos doce meses un 55,8%. En ese mismo lapso la inflación ha sido de 49,3%. Como puede apreciarse, serían los precios de los consumos más imprescindibles los que aumentan más.