Según informó el INDEC esta semana, el saldo de la balanza comercial en 2018 arrojó un déficit de US$ 3.820 millones, menos de la mitad que los US$ 8.309 millones del 2017. Reproducimos el siguiente informe -no firmado- que resume con claridad los datos centrales:
«La balanza comercial mide la diferencia entre las exportaciones e importaciones de un país. A partir del martes pasado contamos con los datos del último mes de 2018 y de todo el año. Algunas claves:
En el mes de diciembre, el intercambio alcanzó un superávit mayor a US$ 1.300 millones, esto es, la economía argentina vendió más al exterior de lo que compró. El saldo positivo fue consecuencia de un aumento de 15,4% en las exportaciones (con un avance de casi 20% en mayores cantidades vendidas), sumado a una contracción de las importaciones de 27,1%. Así, todo el año 2018 cerró con un déficit de US$ 3.800 millones, disminuyendo sensiblemente el rojo de 2017 (US$ 8.300 millones).
Argentina exportó más en 2018. Las ventas al exterior se incrementaron un 5,1% y llegaron a ser US$ 61.621 millones. La mejora fue producto de los precios más altos de los productos que el país vende, básicamente commodities, que de mayores volúmenes exportados. De hecho, si los precios de los commodities hubieran sido los de 2017, el rojo de la balanza habría sido mayor. Sobresale el desempeño de las exportaciones industriales que en 2018 subieron en cantidades 8,5%. Otro dato positivo es el pronóstico para este año. Según distintas estimaciones aumentarían entre 7% y 15%. Entonces Argentina volvería al superávit comercial.
Una mala noticia. Argentina achicó el déficit externo por la recesión que arrastra su economía. Por eso demanda menos importaciones. Un claro ejemplo es la industria. Las compras del exterior cayeron 6,5% en volúmenes, y 11,9% los bienes de capital en todo el año. Pero gran parte de este ajuste sucedió al final de 2018. Las importaciones se desplomaron 25% en el último trimestre, marcando la principal caída trimestral desde 2009.
El Gobierno dice que el superávit de diciembre fue el mayor desde 2014. Ese año la economía también entró en recesión. Cada vez que el PBI de Argentina se contrae, caen las importaciones y se achica el déficit comercial«.
La empresa de origen argentino Satellogic, especializada en la producción y logística de “constelaciones” de microsatélites, acaba de firmar un acuerdo con la empresa China Great Wall Industry Corporation (CGWIC) para lanzar 90 satélites durante este año. Esta corporación está autorizada por el gobierno chino en forma exclusiva para el servicio de lanzamientos comerciales.
Se trata de una flota de sensores remotos pequeños que se pondrán en órbita en hasta seis cohetes Long March. Según informó el CEO de la compañía, el argentino Emiliano Kargieman, los modelos que compondrán la constelación son; esencialmente, ÑuSat-1 or Aleph-1, aunque con leves modificaciones. Los primeros se lanzarán durante septiembre y octubre de este año mientras que se esperan lanzamientos adicionales trimestralmente. «Es un punto de inflexión para la empresa», dijo sobre el contrato de lanzamiento Kargieman. «Vemos esto como un acuerdo importante para nosotros».
Los cohetes Long March son pequeños vehículos de lanzamiento a base de combustible líquido desarrollados por la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China y la Academia de Tecnología de Vuelo Espacial de la ciudad de Shanghai. Pueden colocar un poco más de 1.000 kilogramos en una órbita sincrónica. Kargieman dijo que Satellogic seleccionó a CGWIC en función de su relación previa con el proveedor.
Los microsatélites que se orbitarán son para detección remota. Incluyen una cámara multiespectral capaz de producir imágenes con una resolución de un metro. Una vez que la constelación completa esté en órbita, Kargieman dijo que la compañía podrá proporcionar imágenes de todo el mundo a esa resolución, actualizada semanalmente. «Imágenes de esa calidad y con ese ritmo de actualización no existían hasta el momento», dijo. «Vemos los datos semanales de resolución de un metro realmente como el punto óptimo para permitir un gran número de nuevas aplicaciones».
ntre los mercados que Satellogic está persiguiendo con sus imágenes están el petróleo y el gas, la agricultura, el monitoreo ambiental y la cartografía.
La Ciudad de Buenos Aires tiene 120.000 pobres más que un año atrás. Y un fuerte deterioro de los sectores medios, según los datos de la Dirección de Estadística y Censos del gobierno de la ciudad para el tercer trimestre de 2018.
En relación al inicio de la serie en 2015, el aumento del número de pobres en 3 años suma 225.000 personas. La estadística oficial de pobreza muestra un fuerte deterioro en 2016, una leve mejora en 2017, y un nuevo salto en el curso de este año.
De acuerdo a esos datos oficiales, 639.000 porteños son pobres. El 20,9% de los 3.064.000 habitantes o sea uno de cada 5 porteños pertenece a una familia que tiene ingresos inferiores al costo de la canasta básica total o viven por debajo de la línea de pobreza. De ese total 198.000 son indigentes, 58.000 más que un año atrás, así definidos porque no lograr cubrir el costo de una canasta básica de alimentos.
A diciembre pasado, el valor de la esa canasta familiar (sin alquiler) de pobreza para un matrimonio con 2 hijos menores era de $24.865,43.
El informe oficial porteño marca que, además, hay otras 312.000 personas (10,2% del total) que son sectores “no pobres vulnerables” y 227.000 (7,4%) que pertenecen a la “clase media frágil”, así definidos porque “ante una eventual disminución del poder adquisitivo de los ingresos familiares, por ejemplo, por la suba de precios por encima de sus ingresos, o ante la pérdida del empleo o de ingreso de alguno de sus miembros, tienen una probabilidad alta de caer en los estratos más bajos”.
En medio de una confusa reorganización por el traspaso de distribuidoras a los gobiernos de Ciudad y provincia de Buenos Aires, el Ente Regulador de la Electricidad (ENRE) está en la mira por una movida inmobiliaria de la empresa Edesur.
El disparador fue la decisión de Edesur de salir a vender en forma simultánea varios instalaciones e inmuebles -traspasados cuando se privatizó SEGBA. Entre ellos sobresale el edificio porteño de casi 100 años de su casa central que tiene un alto valor histórico y arquitectónico.
Es el denominado “Palacio Valsecchi” ubicado en San José y Alsina que fue construido por el arquitecto italiano Mario Palanti, el mismo que levantó el Palacio Barolo, la obra más emblemática de la Avenida de Mayo. Varios organismos de bien público han hecho un pedido de informes al ENRE.
En AgendAR, reconociendo que ese edificio es parte del patrimonio a preservar de Buenos Aires, creemos que el énfasis principal debe estar puestos en el mal servicio y la falta de inversión.
La crisis venezolana se agrava día a día. El deterioro de su economía, grave como es, no es el peor aspecto, tampoco la emigración de una parte considerable de sus ciudadanos: eso corresponde al enfrentamiento feroz entre dos sectores de su sociedad, divididos por el odio o el desprecio mutuo, donde ninguno de los dos reconoce legitimidad al otro.
La imagen de arriba corresponde a una marcha en Caracas, y podría corresponder a los partidarios o a los opositores del gobierno actual. Ambos se han movilizado ayer.
La ocasión fue una decisión política que se desarrolló en los últimos días. El presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento), con mayoría opositora -no reconocida por el oficialismo- Juan Guaidó, denunció como ilegítima la presidencia de Nicolás Maduro y se proclamó «presidente encargado».
Frente al desgaste de la dirigencia opositora anterior, su figura relativamente nueva sirvió para galvanizar a la oposición a Maduro.
En minutos, el gobierno de Donald Trump lo reconoció como «presidente interino». Y eso provocó un efecto cascada en gobiernos ya hostiles a Maduro y ansiosos por buenas relaciones con los EE.UU. Canadá, Argentina, Colombia, Ecuador, Brasil, Perú y Paraguay, entre otros, acompañaron el gesto.
El apoyo explícito a Maduro partió de Bolivia, Cuba y Nicaragua.
México y Uruguay plantearon la necesidad de defender la no intervención en asuntos internos como forma de defender las autonomías nacionales.
En cuanto a los actores externos al hemisferio, sus tomas de posición fueron discretas. La Federación Rusa y Turquía dejaron saber que seguían reconociendo a Maduro como el presidente de Venezuela. Y la Unión Europea, muy crítica de Maduro, no reconoció a Guaidó.
China se limitó a informar objetivamente de los acontecimientos en sus agencias oficiales. Hasta ahora, no opinó del tema.
También hasta ahora, todas estas reacciones externas no han modificado en absoluto el balance de poder en Venezuela misma. Debilitado, el gobierno chavista se sostiene en tanto se mantiene la lealtad de las fuerzas armadas.
Maduro rompió ayer relaciones diplomáticas con EE.UU. -que ya eran muy hostiles- y advirtió sobre una amenaza militar. Pero esto parece bastante improbable.
Si bien EE.UU. ya no es el principal cliente del petróleo venezolano -hoy China e India compran el 60% del total- todavía un 20% se vende a los EE. UU., y un 20% al resto del mundo. (Los envíos a China son mayormente para devolver los créditos de Beijing).
Salvo un quiebre en las Fuerzas Armadas venezolanas, la situación parece reflejar la ruptura con Cuba en los ´60. EE.UU. y los países más influidos por él aislan a Venezuela. Otros, la considerarán un símbolo de dignidad y resistencia, o una oportunidad para marcar diferencias con el «satelismo» hacia la potencia hegemónica en este hemisferio.
La diferencia es que Venezuela no forma parte de un sistema de poder global. Pero para su pueblo, y para los intereses nacionales en nuestros países, el perjuicio es similar.
El presidente del Banco Central de la República Argentina, Guido Sandleris, anunció en Davos que se está estudiando ampliar los rangos de intervención cambiaria. Y ayer en la City y algunos medios especializados, se anticipó que “el Gobierno ya estaba negociando con el Fondo flexibilizar y ampliar los límites de las ventas de divisas del Tesoro”.
Hay que recordar que el BCRA tiene la restricción de poder intervenir hasta un monto de u$s 150 millones diarios. (En la actualidad el ente monetario se autofijó como límite u$s50 millones diarios). Es esta restricción la que ahora se quiere revisar.
El Fondo no quiere que se usen las divisas de su préstamo para intervenir. Tiene la amarga experiencia de lo que pasó con el primer tramo de su préstamo, cuando Caputo estaba al frente del Central. Esos fondos se evaporaron, sin lograr contener el precio del dólar. Quiere que las divisas que presta a la Argentina se usen para pagar a los acreedores.
Pero tanto el Gobierno como los especuladores saben que en un año electoral clave, el clima cambiario puede enrarecerse entre junio y julio, previo a las PASO del 11 agosto.
Además de la rica historia argentina en este aspecto, y más viniendo de un caótico 2018, se descuenta que se vivirán situaciones de estrés cambiario. Sobre todo cuando arrecien las encuestas presidenciales.
Para evitar nuevas situaciones de crisis y corridas cambiarias, como las vividas el año pasado, el Gobierno quiere asegurarse que tendrá disponible bastante poder de fuego para intervenir. El Tesoro debe vender los dólares del FMI para hacerse de pesos mediante subastas. Pero gran parte del déficit a cubrir se da precisamente a fin de año (unos $300.000 millones). Por eso buscan el beneplácito del FMI para poder anticipar la venta de divisas con fines de intervención. Eso es lo que se negocia. Porque la “estabilidad” depende en gran medida de un “dólar” estable. Y en épocas elecciones las expectativas de los tenedores de pesos se exacerban.
Las reservas, prestadas, han crecido. Y hasta ahora se presuponía que el Tesoro “dejaría algo” (de divisas) para el 2020. Hasta el propio ministro de Hacienda dijo que había un excedente de u$s 8.000 millones del 2018 ¿Pero de que sirve tener reservas si no se pueden usar?
Estas especulaciones son inevitables -como se señala arriba- en un año electoral. Lo que nos preocupa especialmente en AgendAR es que el gobierno vuelva a caer en la tentación -ya lo ha hecho, y también el anterior- de tratar de usar el precio del dólar como «ancla contra la inflación». Los resultados, invariablemente, son desastrosos, y sólo aumentan el porcentaje de la devaluación posterior.
En 2018, por el aumento de los precios de los alimentos y de los servicios básicos, la «canasta básica» que el INDEC calcula para los sectores indigentes aumentó el 53,5% y la de los pobres el 52,9%. Nuevamente la inflación golpeó más a los sectores de menores recursos que al resto de la población, que sufrió una inflación promedio del 47,6%.
Según esos datos del INDEC, una familia tipo (matrimonio y dos hijos) necesitó en diciembre $ 10.197,53 para no ser indigente. En diciembre de 2017, se necesitaban $ 6.644,40 para superar la línea de indigencia. Son $ 3.553,13 más.
Para no ser pobre, en diciembre pasado esa misma familia tipo necesitaba $ 25.493,80, frente a los $ 16.677,44 de un año atrás. Son $ 8.816,36.
En algunas provincias, tanto la canasta de indigencia como la de pobreza aumentaron mucho más. Por ejemplo, en Mendoza la canasta de indigencia aumentó el 54,4% y la de pobreza el 56,7%.
La inflación anual de los indigentes pasó del 21,7% en 2017 al 53,5% en 2018, golpeando más fuerte a los sectores de pobreza extrema. Y la de los pobres subió del 26,8% al 52,9%. La canasta de indigencia sólo toma en cuenta los alimentos básicos.
Sucede que los precios de los alimentos aumentaron más que el promedio. El mayor impacto fue por el aumento del precio de la harina, que se reflejó en todos sus derivados.
Siempre según el INDEC, en Capital y Gran Buenos Aires, el precio de la harina subió de $11,03 a $ 30,32, es decir un 174,9%. Incidió en el precio de los fideos secos que aumentó un 101% y en el precio del pan francés que subió un 81,2%.
Por su parte, la yerba aumentó el 71,2% y la manteca el 51,6%.
A su vez, los gastos básicos de transporte y vivienda aumentaron por encima de la inflación promedio, incluso entre quienes abonan la tarifa social. También los precios de los medicamentos se incrementaron más que la inflación promedio, afectando más a los jubilados, que son sus mayores consumidores.
En base a estos números se estima un mayor aumento del número de pobres y de indigentes. Esto se debe a que tanto los salarios como las jubilaciones aumentaron por debajo de la inflación y muchos empleados y trabajadores, incluso que se desempeñan «en blanco», pasaron a tener ingresos inferiores al valor de la canasta de pobreza. En consecuencia, se produjo un incremento del número de pobres entre los trabajadores que tienen trabajo formal o registrado.
En tanto, los que se desempeñan en la informalidad o «en negro» enfrentan una situación más difícil porque recibieron aumentos más bajos y para la mayoría sus ingresos bordean o están por debajo de la línea de indigencia.
Como pueden ver en la invitación, hoy, jueves 24 de enero a las 18 hs. (de Nueva York), la señora Ludovica Squirru dará una charla sobre el horóscopo chino para 2019 en nuestro consulado general en esa importante ciudad.
Nos parece útil acercarles también esta nota que un científico argentino dirigió a ese consulado:
«Sr. Cónsul Argentino en Nueva York,
Soy Investigador principal del CONICET y profesor en el Instituto Balseiro, he dedicado 30 años de profesión a la investigación científica, a formar nuevos doctores y alumnos de grado en ciencia.
Por favor, quisiera que le pregunte a la Sra Ludovica Squirru para este 2019, “año del chancho de tierra”:
1) si recibiremos los fondos de CONICET para hacer las reuniones científicas que periódicamente hacemos para intercambiar opiniones o generar colaboraciones, ya que lamentablemente los fondos para estas han sido suprimidos en el presupuesto 2019.
2) si recibiremos finalmente el dinero de los subsidios de investigación que hemos concursado y ganado en la AGENCIA NACIONAL DE PROMOCIÓN CIENTÍFICA. Con mi grupo de investigación ganamos uno en 2017 y aun hoy no hemos recibido el dinero, aunque con la devaluación que sufrió el dólar, difícilmente podamos adquirir lo que propusimos en el mismo.
3) si el Ministerio de Economía enviará las partidas a nuestra institución de Ciencia y Tecnología, porque a pesa de que se nos dio un magro presupuesto, este tampoco es remitido y tenemos expedientes desde hace 3 años que no podemos ejecutar.
4) si para el microscopio electrónico que tenemos parado hace dos años, porque no podemos comprar el repuesto, tendremos fondos este año.
5) si nuestros salarios, aunque más no sea, acompañarán la inflación, porque hace más de tres años que estamos por debajo.
6) y más personal, yo soy Tigre, y como comprenderá siento que estos 30 años estuve perdiendo el tiempo entre cálculos, experimentos y escribiendo artículos científicos, si conviene que cambie de profesión. Ya que tengo experiencia en dar charlas, escribir (inclusive en inglés) si no conviene que me dedique explotar esa faceta.
Estuve pensando en abrir una línea nueva sobre el “Horóscopo Cuántico” y los signos serían : electrón, protón, fotón, muón, neutrino, porque en definitiva todos somos ondas y energía.
Es una noticia repetida, que sólo tiene interés porque las cifras del INDEC abarcan un universo más amplio y dan más detalles que las que informan las cámaras empresarias: La venta por cantidades en los supermercados cayó un 12,5%, y en los shoppings un 16,3% interanuales, según los datos a noviembre. Se cumplen 5 meses seguidos de retroceso del consumo en esos centros comerciales.
En noviembre, la facturación en los centros de compras llego a 5.902,1 millones de pesos, con un alza del 20,6%, y en los supermercados a 44.841,9 millones, con una suba del 33,3%. En ambos casos por debajo de la inflación.
En los autoservicios mayoristas también cayó en noviembre, en la comparación interanual, la venta por cantidades en un 14,7%.
Las ventas en noviembre realizadas en efectivo ascendieron a 15.406,6 millones de pesos, con una participación del 34,4% en el total de las ventas.
Las compras efectuadas con tarjetas de débito sumaron una participación en el total del 24,8% y un aumento.
Las que se realizaron con tarjetas de crédito sumaron un 37,4% del total.
La venta por el canal online representó en noviembre en los supermercados un 1,7% de participación en el total.
Los rubros que lideraron las ventas en los centros de compras durante noviembre fueron: «Indumentaria, calzado y marroquinería», el 47,3% del total, seguido por las ventas de «Patio de comidas, alimentos y kioscos», con un 14,6%, y el rubro «Electrónicos, electrodomésticos y computación», que representó un 9,6% del total.
Con ese punto de partida, Daniel Arias ha desarrollado el tema. Siguen apareciendo casos, se extiende el miedo en ciudades y pueblos, pero sigue sin tomarse en serio esta amenaza.
LUCHA CONTRA EL HANTAVIRUS: A COORDINAR CON CHILE
Chile viene demostrando un manejo público mejor que el nuestro frente al problema del hantavirus andinopatagónico, la cepa Andes Sur. Por su exclusiva capacidad de contagio interhumano, esta cepa será una bomba epidemiológica de tiempo haciendo tic-tac. Eso, mientras no se la desarme desde ambas vertientes de la cordillera a la vez, en campaña coordinada.
En casi todo el mundo los hantavirus nos enferman a pasto y nos matan como a moscas, pero están divididos en demasiadas especies y cepas como para atacarlos con un arsenal poco diversificado, y sólo existen dos continentes libres de hanta: Australia y la Antártida.
Pero en ocasión del brote argentino de 2018/9, con 28 compatriotas infectados y ya 10 de ellos muertos, la Universidad de Concepción, nacional y de la región del Bío-Bío (UNC), cursó una propuesta a la Secretaría (ex ministerio) de Salud Argentino. La UNC quiere coordinar los desarrollos de fase I, II y III de una vacuna que en Chile se mostró efectiva en animales de laboratorio. La iniciativa supone gastar plata, y sigue sin respuesta.
La entusiasta prensa chilena llamó a esta vacuna “la primera contra un hantavirus”. No es así: no está probada en humanos. Y además existe desde hace años la Hantavax contra la variedad asiática más frecuente, la del virus Seúl. ¿Vale la pena dársela, si uno vive en suelo coreano o japonés? Sin duda. ¿Y si es suelo finlandés, francés o húngaro? Europa Occidental y Central tienen otras especies hanta (Puumala y Dobrava-Belgrado), y no consta que la Hantavax les haga mella. Pero causan 200.000 casos/año, con una mortalidad –según especie y cepa viral- de entre el 1 y 12%, lo que es muchísimo.
Los hanta, recién identificados en 1953, tienen algunas especies y cepas que nos enferman a pasto y nos matan como a moscas, pese a que ninguno -salvo el Andes Sur argentino y chileno- se transmite entre personas, cosa que por ahora limita su potencial epidémico a brotes recurrentes y muy letales, pero autolimitados: como vino, se va, sin explicación, y sólo se sabe que volverá. Pero aquí y en todo el mundo, el abordaje clínico ante los casos agudos es realmente primitivo e inespecífico, lo que explica la mortalidad espantosa de los brotes (en Chile ha llegado al 69% antes de 2000). Si seguimos sin una vacuna dedicada al hanta Andes Sur, terminaremos inaugurando una epidemia regional o incluso mundial.
¿Qué nos proponen los primos?
La vacuna chilena es una investigación que empezó en 2014 en la mejor universidad chilena en ciencia por cantidad y calidad de publicaciones, la de Concepción, pública. Aparentemente esta vacuna tiene una respuesta antigénica impresionante, del 95% o más… pero eso en ratones y hamsters.
No somos ni una ni otra cosa, biológicamente hablando: falta estudiar su respuesta en humanos, y ahí puede haber sorpresas, buenas y/o malas.
Si unimos fuerzas con la UNC –nos han invitado privada y públicamente- conviene repasar previamente nuestras peores costumbres científicas. Pasar “al tiro” las 3 fases de uso en humanos de una vacuna y llegar a un licenciamiento por parte del ANMAT supone varios años de trabajo intenso multicéntrico (varios hospitales a la vez). Todas las fases se deben cursar “a doble ciego”, comparando resultados entre grupos efectivamente vacunados y otros sin vacunar.
Por último, todo este camino debe estar despejado, es decir presupuestariamente vacunado contra ajustadores como la actual dirigencia sanitaria federal. No es fácil explicarle a un banquero del Hemisferio Norte que estamos creando una vacuna contra una oscura endemia patagónica antes de que se transforme en una pandemia aparentemente «salida de la nada», como la gripe H1N1 de 1918, que lo mate a él y a sus hijos. Pero la línea argumental es ésa.
Además debe garantizarse una predisposición del organismo regulatorio argentino a no rechazar un desarrollo local. Nada de esto es fácil. El funcionario tipo del ANMAT entra en “parálisis tónica” ante cualquier desarrollo farmacológico local, que por definición viene sin el paraguas de una aprobación previa de la FDA, la poderosa Food and Drug Administration de los EEUU.
Seguramente con toda esta información “in mente”, el Dr. Oliberto Sánchez Ramos, virólogo de la UNC y desarrollador de la vacuna antihanta Andes Sur, propuso a nuestra Secretaría de Salud también un plan “B”: gestionar la crisis como aquí se hizo con la fiebre Junín, o “mal de los rastrojos”. Si hubo respuesta, no se difundió.
¿Por qué el virus Junín nos hizo importantes? Es hemorrágico y se transmite -como los casos primarios del hanta Andes Sur- por inhalación de deyecciones secas y aerosolizadas de ratones, en este caso los «maiceros» (Calomys musculinus). El primer brote identificado sembró el terror en la zona núcleo de la Pampa Ondulada argentina, municipios de Chacabuco y Junín, en 1958, tiempos del presidente Arturo Frondizi. Por suerte, aquel año la ciencia argentina estaba en un momento de relativa gloria. No tardó en perderlo.
Ante la parálisis de la cosecha gruesa, aquel verano del ’58 el Instituto Malbrán, hoy ANLIS, creó un laboratorio satélite de respuesta rápida en la zona de epidemia, cuyo crecimiento posterior en competencias y capacidades creó el actual Instituto Maiztegui.
La acción coordinada del Malbrán en primera línea de fuego y el Maiztegui desde retaguardia logró ir bajando la mortalidad del Junín de un aterrador 90% inicial a un 20% y luego a un 1%. Esto se logró transfundiendo a los nuevos casos agudos el plasma sanguíneo de los escasos sobrevivientes iniciales. Es realmente dar palos de ciego, tirar un “escopetazo” de millones de anticuerpos distintos desconocidos contra millones de antígenos también desconocidos, como se hizo durante un siglo con los sueros antiofídicos. Y esto funciona bastante en infecciones recientes, cuando todavía no se ha llegado al fallo de órganos y sistemas. El éxito del binomio Malbrán-Maiztegui no vino rápido ni fácil: el primer caso claramente salvado de la tumba con plasma ocurrió en Pergamino y data de 1965, a 7 años de la emergencia.
En 1966 el Dr. Armando Parodi, del Malbrán, estaba a punto de testear una primera vacuna argentina, pero tras el golpe militar del general Juan C. Onganía, “La Noche de los Bastones Largos” (la violenta interrupción de la autonomía universitaria) determinó su renuncia. Misteriosamente, luego se destruyeron o perdieron las muestras y documentación de la misma. Fueron años en que parecía que medio mundo se fugaba del Malbrán, a veces al extranjero, debido a la persecución ideológica y/o racial de una nueva jefatura ignorante y autoritaria, o por todo ello y simple “mishiadura”. Entre los centenares de renunciantes y emigrados estuvo el posterior premio Nobel de 1984, César Milstein, cuyo desarrollo (los anticuerpos monoclonales) hoy tiene un mercado farmacológico de billones de dólares.
En 1988, con la alternancia de cultivos soja-maíz, la pampa maicera argentina proveía con éxito creciente de hábitat al Calomys musculinus (los rastrojos poscosecha gruesa) y también de comida (el maíz tirado). También se lo beneficiaba con plaguicidas que eliminaban casi selectivamente a sus predadores (aves rapaces, gatos ferales, lagartos overos y ofidios). Si además de maíz hubiéramos podido exportar ratones, qué bonanza.
La zona núcleo de la agricultura argentina seguía produciendo centenares de casos anuales de FHA (Fiebre Hemorrágica Argentina), generalmente entre hombre de 15 y 60 años, mayormente peones rurales, y casi todos eran curables cuando se les daba plasma a tiempo, en fase de “pródromo”, enfermedad en incubación sin todavía síntomas serios. Entre peones, no es frecuente ver médicos. Y menos, con pródromos. Si sos peón, llegás al médico si te llevan cargándote a hombros, y cuando ya estás de últimas.
Habida cuenta de la letalidad del virus Junín, que en los ’90 llegaba al 30% pese a todo lo hecho por el Malbrán y el Maiztegui, la rama de guerra biológica del Ejército de los EEUU (USAMRIID) se antojó de tener una vacuna específica. En parte, por miedo a que este virus formidable fuera “weaponized”, es decir desarrollado como arma por los ya muchos enemigos nacionales y subnacionales de los EEUU, y en parte (suponemos los malpensados) para tener ese arma. También porque si algún día los soldados autodenominados americanos se instalan aquí de a miles “en visita de buena voluntad”… you never know. Es mejor prevenir que curar. Además, una vacuna contra el Junín podía funcionar bien, quizás, contra un pariente hemorrágico boliviano, el Machupo.
En 1993, el raro binomio de plata militar yanqui e investigación de campo argentina sacó la trifecta: una vacuna 95,5% efectiva contra el Junín, de paso también contra el Machupo, y que no necesita refuerzos. Se produjeron inicialmente 20.000 dosis en los EEUU. ¿Pero y aquí?
Recién en 2006, a casi 60 años del terror inicial y a 13 de anunciada la vacuna militar yanqui, el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas (INEVH) Julio Maiztegui logró el licenciamiento para producir localmente su versión. Tiene hasta nombre estadounidense (Candid # 1). En 2006 surgió el primer plan de inoculación local a U$ 2,60 la dosis, con capacidad de expandirse a 5 millones de dosis y un precio concomitantemente menor.
Funcionó. Un modo de medir la efectividad de la vacuna es que el área del virus Junín se reparte sobre 150.000 km2 de maizales “Fórmula Uno” (los de máxima producción) de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa. Y sin embargo, de una población en riesgo mayor de 5 millones de argentinos, con apenas 250.000 vacunados en zona sólo se enferman menos de un centenar/año.