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En el artículo recientemente publicado por este medio “El CAREM y el RA-10 tienen fecha de terminación. Pero China nos gana de mano”, y bajo el subtítulo “El RA-10, o cómo irse en anuncios”; contiene una serie de apreciaciones que resulta necesario aclarar. En el mismo se afirma: “Propuesto en 2010, el RA-10, de 30 MW térmicos, podría haber estado operativo en 2018 si se copiaba a ojos cerrados la ingeniería del OPAL de 20 MW, vendido por Argentina a Australia en 2000, activo desde 2006. A fecha de hoy, sin discusión, el OPAL es el mejor reactor de radioisótopos e investigación del mundo, y la causa por la que INVAP pudo vender dos reactores más: el de Arabia Saudita y el de Holanda. “Al no copiar el OPAL, la CNEA quiso innovar en tecnología y diseño (y es legítimo). Pero la obra estuvo siempre bajo dirección de la CNEA, cuyo personal cobra la misma miseria tanto si la obra se termina como si se atrasa.” Hoy, los reactores no se copian En materia de reactores experimentales es muy difícil encontrar, hoy en día, modelos “copiados”. Quizás sí sucedía en el pasado. Hoy, dada la versatilidad en lo que hace a sus aplicaciones (uno de los aspectos en los cuales se diferencian de los reactores de potencia) cada país decide cuáles son aquellas que quiere desarrollar, en función de los proyectos nacionales y del contexto mundial. Esto determina los objetivos de diseño y de allí resultan los modelos que se construyen. Así resulta, entonces, que los reactores experimentales que hoy se encuentran en construcción, en el mundo: Jules Horowicz (Francia), Kijang (Corea), MBIR (Rusia) y RA-10 (Argentina) tienen características muy diferentes. Y éste es el proceso que siguió la CNEA para establecer los objetivos de diseño de RA-10. Nuestro reactor incluirá, por ejemplo, a diferencia del OPAL, dispositivos para la calificación de combustibles. Eso lo hicimos porque nuestro país produce y exporta combustible nuclear. Estas instalaciones tendrán mucha demanda de proyectos como el CAREM y/o las nuevas centrales nucleares. También de la experiencia constructiva y operativa del OPAL surgen oportunidades de mejoras que se traducen en cambios en el diseño para el RA-10. El PALLAS, cuando Holanda defina y contrate su construcción, tampoco será una réplica del OPAL…quizás se parezca más al RA-10. Por otra parte, para el RA-10 la CNEA decidió utilizar tecnologías probadas. Aplicadas sí, en nuevas funciones y en el marco de un diseño diferente. Pero no se trata, estrictamente hablando, de “innovación tecnológica”. El atraso y su impacto Así que no viene por allí la cuestión de las demoras en la ejecución del proyecto. Ciertamente, nos impactan. Sobre todo, porque, gracias a la decisión de la CNEA (avalada por el Estado Nacional) de iniciar el proyecto en el año 2010, hoy tenemos la oportunidad histórica de jugar otro rol, mucho más relevante, en la oferta mundial del molibdeno. Ésta es una de las decisiones que impulsaron el RA-10. De una u otra manera lo mismo ocurre en todos los proyectos de nuevos reactores que hoy se encuentran en construcción. Proyectos de envergadura, todos ellos complejos y con atrasos de terminación. Y por múltiples causales, como siempre. Entre ellas, el contexto de cada país y el contexto mundial. La cuestión del presupuesto…y otras tantas En el año 2016; y con un plazo de 4 años, comienzan a ejecutarse los contratos para la construcción del reactor. Durante estos años, el presupuesto fue exactamente la mitad de lo que demandaba la curva de inversión. La inflación sostenida impactó en permanentes readecuaciones contractuales que limitaban el dinero disponible para avanzar en las obras. Para los contratistas se volvía muy difícil gestionar los suministros, especialmente los importados. En algún momento la falta de pagos llevó a paralizar la obra. Y los plazos debieron extenderse, lo que incrementó los costos fijos del proyecto. El ámbito de la administración pública nacional, regido por normativas y procedimientos siempre restrictivos, impactaron ciertamente en las instancias de realizar las contrataciones necesarias. Y ni hablar de la gente que formamos y perdimos… Y de los muchos contratistas poco acostumbrados a cumplir plazos… Y el Covid… Pero todo esto ya se sabe, cualquiera lo imagina, resulta obvio; y aburre. Lo que sorprende… Lo que motiva este escrito es la frase “la obra estuvo siempre bajo dirección de la CNEA, cuyo personal cobra la misma miseria tanto si la obra se termina como si se atrasa”. Sugiere que a un sueldo miserable y sin incentivos, se responde con un trabajo miserable, pobre y mediocre. Sorprende lo reduccionista de esta lógica. Y duele en la piel de tantos que ejercen su trabajo con compromiso, dedicación y eficiencia, cobrando sueldos empobrecidos, en tantas áreas del estado nacional y del sector privado. Afortunadamente no precisamos argumentar para rebatirla. Basta mirar los testimonios que en la pandemia hemos recibido de trabajadores de la salud con sueldos miserables que han dado literalmente la vida; sin cobrar nunca un incentivo según la cantidad de pacientes que se curaban o morían. Sueldos empobrecidos; pero un trabajo que nos enaltece En particular el artículo de Daniel Arias resulta sumamente ofensivo para las personas que integran el equipo de trabajo que con compromiso y profesionalismo lleva adelante las tareas de integración, coordinación, control y soporte para la ejecución del proyecto. Es un grupo de guerreros que, siempre con espíritu de superación y a través del esfuerzo colectivo y articulado, lucha diariamente en todos los frentes necesarios para sostener e impulsar el avance del proyecto, transpirando cada hito que se alcanza. Una palabra especial para el grupo de técnicos y profesionales capacitados con las más altas exigencias, que ya cuentan con la licencia de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN); y continúan desarrollando las competencias necesarias para hacerse cargo de operar la instalación. Y todo esto, efectivamente, con sueldos empobrecidos – como en toda la Institución-; y con gente que formamos y perdemos. Pero es nuestro trabajo. Y el esfuerzo, la entrega diaria y la excelencia, se sostienen desde la pasión por lo que hacemos, el orgullo que sentimos por hacer las cosas bien y el compromiso con la CNEA y el país en esta oportunidad histórica. Esto es lo propio de este equipo; lo que nos dignifica y enaltece. Para que quede bien claro; no se trata aquí de minimizar la cuestión salarial sino poner en valor que, a pesar de eso, la responsabilidad y seriedad con que la CNEA encara la tarea, sigue inalterable, honrando y honrados por el legado de quienes nos precedieron en el desarrollo de la ciencia y tecnología nuclear argentina.Ing. Herman Blaumann, Gerente del Proyecto RA-10
Respuesta de Daniel Arias: Soy Daniel E. Arias, autor del artículo al que se refiere el Dr. Herman Blaumann, a cargo de la construcción del RA-10. Me hago cargo de tres errores importantes de apreciación:- No se puede comparar el caso del RA-10, proyecto de 2010 y hoy con 4 o 5 años de atraso en su construcción, con el de la central nuclear CAREM, proyecto de 1984, que suma tres décadas de retrasos, y contando.
- En mi artículo, responsabilicé a la CNEA del atraso del RA-10. Creo que ha sido un error. Ni el más decidido constructor nuclear del mundo podría haber cumplido el cronograma de avance. Al 3er año de iniciado el RA-10, el gobierno le cortó el presupuesto a la mitad, lo dejó clavado en pesos, y al año siguiente ese mismo gobierno dispara un proceso de hiperinflación por endeudamiento externo.
- A todo esto, el gobierno de Macri promovió deliberadamente la dispersión de los recursos humanos de la CNEA, a fuerza de salarios de miseria y frustración de otros proyectos. La casa perdió 600 personas sobre un plantel de 3.600.
Daniel E. Arias




El mapa muestra si China o EEUU, cuál de los dos, es más importante como socio comercial. Si -como ocurre en Francia, Italia y Gran Bretaña- Alemania es el primer socio comercial, EEUU el 2° y China el 3°, el mapa muestra la relevancia relativa de EEUU/China.



Y continúa Bolcich explicándolo de modo que podamos entenderlo. “Con la electricidad pasa lo mismo. Por eso los autos eléctricos enchufables no son el futuro, sino los eléctricos a través del hidrógeno. Podrán ser de pila de hidrógeno o de hidrógeno por inyección directa, pero no serán todos eléctricos. Lo que hay que hacer es usar esos recursos naturales infinitos pero variables, de manera inteligente. Porque el sol de noche no está, el viento no siempre sopla y los ríos no siempre tienen caudal. Y además, la demanda también es variable y estacional. Si la demanda es directa y la energía eléctrica que se genera, así como nace se consume, habrá momentos en los que no alcance y momentos en los que habrá exceso de producción”.
“Lo que hay que hacer es un colchón. Transformar esa energía de los recursos naturales en hidrógeno a través de electrólisis y almacenarlo para poder transformarlo en energía eléctrica nuevamente al momento que sean necesaria. Por esa razón los autos eléctricos no reemplazarán completamente a los autos a combustión, porque las autopistas por las que viaja la electricidad no darán suficiente respuesta. Esos motores podrán ser eléctricos a través de pila de combustible de hidrógeno, pero ahí habrá un desecho que es la batería. En cambio, el hidrógeno a inyección directa, permitirá mantener los motores a explosión, solo que el gas que combustione será hidrógeno y lo que saldrá por el caño de escape, será vapor de agua y no gases de efecto invernadero.”