Vacunas anti COVID en Argentina. Un escenario complicado – Conclusión

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(La primera parte de este artículo está aquí) Por qué y cómo los médicos rusos son médicos rusos Rusia abarca 11 zonas horarias: incluso tras la secesión de 14 estados, sigue siendo el país más extenso de la Tierra, aunque sólo tiene 147 millones de habitantes. La Unión Soviética, hasta su implosión en 1989, tuvo un sistema social de salud teóricamente universal según la ley de 1921: cobertura completa de sus ciudadanos desde el nacimiento hasta la muerte. En la práctica, con hospitales mal mantenidos, mal abastecidos y equipados, la medicina de “las masas grises” era inferior a la de las jerarquías dirigentes civiles y militares: realmente había dos sistemas de salud bien separados, asunto del que no era conveniente hablar ni siquiera a favor. Al ser del estado ambos sistemas, no había necesidad de vendérselos a nadie de fronteras para adentro. O de reconocer que eran dos. En su conjunto, el aparato de salud soviético siempre fue rico en recursos humanos y pobre en dinero, incluso dentro del sistema de excelencia de los mandones. La fuerza motriz de esta gigantesca obra social nunca fue el patentamiento farmacológico, como sucede en Occidente, sino la innovación y la escala. El estado dejaba que los médicos y académicos ensayaran enfoques nuevos y adoptaba lo que mostrara ser suficientemente bueno, pero además barato y desplegable a escala masiva. Las Fuerzas Armadas soviéticas fueron cuna de algunos de estos desarrollos científicos, tecnológicos y terapéuticos, y a veces también sus principales usuarias. Y aunque al menos dos son excelentes y conocidos, Occidente en general los ha ignorado. Cámara hiperbárica con pacientes de ACVs y otros eventos circulatorios en recuperación. La medicina hiperbárica no es un invento soviético, pero ningún país lo desarrolló tanto como la URSS. En los ’70 en la URSS se masificó el uso de cámaras hiperbáricas postquirúrgicas. Eran recintos a veces gigantes construidos de acero en astilleros, con decenas de camas y esclusas estancas para que entrara y saliera personal o pacientes sin alterar la presión interna. Estas terapias intensivas “de fierro” estaban presurizadas generalmente a 2 atmósferas, y dentro de ellas los convalecientes respiraban con mascarillas y durante algunas horas diarias oxígeno puro también a 2 atmósferas. La reperfusión de oxígeno en ciertos tejidos nobles, como el cerebro, aumenta hasta 6 veces con este método. Que hay que usar con precauciones de manual y caso por caso, porque el oxígeno tiene también su toxicidad. Aunque la construcción y operación de estos sistemas masivos eran caros, el tiempo de cicatrización de heridas, quemaduras y accidentes circulatorios disminuía a la mitad, y la tasa de complicaciones infecciosas también, tomando como referencia los números promedio en buenos hospitales del Oeste europeo. La URSS con esto economizaba en antibióticos avanzados, que en general casi no fabricaba y debía importar pagando en dólares. Otro enfoque que se perdió con la caída de la URSS fue el uso terapéutico de la forma de vida más abundante en la Tierra: los virus bacteriófagos, que se alimentan exclusivamente de la segunda forma de vida más abundante: las bacterias. El aislamiento selectivo y uso de bacteriófagos en infecciones enterales y heridas sucias nació de la medicina colonial inglesa en la India y pasó a Francia, pero gracias al viaje de un descendiente de la nobleza francesa catedrático en Yale, EEUU, Félix d’Herelle, llegó a la URSS en plena guerra civil en 1923, donde fue adoptado como terapia principal del instituto dirigido por el microbiólogo Georgi Eliava, en Tbilisi, Georgia. En 1933 los bacteriófagos cultivados y envasados por este instituto sustituyeron a las sulfamidas, la penicilina y luego a casi todos los antibióticos posteriores a 1945 en todo este país, que, devastado por calamidades económicas y sucesivas guerras, raramente tenía fondos para desarrollar una industria farmacológica de síntesis química. Como premio por las vidas de centenares de miles de soldados y civiles soviéticos salvados de heridas sucias de guerra, quemaduras y disenterías bacterianas, Georgi Eliava fue fusilado. Por motivos desconocidos, le caía antipático a Laurenti Beria, jefe de la organización llamada posteriormente llamada KGB. Felix d’Herelle se volvió rápido a su cátedra en Yale, pero el instituto de Tbilisi siguió -y sigue- funcionando. Los bacteriófagos se pueden suministrar en gotas, como parches, como pastillas, incluso como biofilms o aerosoles, y tienen una ventaja sobre los fármacos: son biológicos, sistemas casi vivientes, como cualquier virus. Cuando una bacteria X evoluciona y se vuelve resistente a un bacteriófago, éste evoluciona y su descendencia logra identificar y parasitar su bacteria, de la que es sumamente específico: no hay escape. Cuando un bacteriófago estrella dejaba de servir, en el Eliava buscaban cepas mutantes espontáneas capaces de vencer la nueva resistencia bacteriana, las aislaban y luego los cultivaban masivamente. A comparar con el desarrollo hasta el licenciamiento de un antibiótico nuevo B cuando las bacterias se han hecho inmunes al A: normalmente, de U$ 1000 a 4000 millones de costo, en parte porque más del 90% de las propuestas iniciales fracasan antes o durante los estudios clínicos de fase. ¿Qué es más rápido y más barato? Microscopia electrónica 3D de un bacteriógago T4, con su estructura de jeringa, aterrizado sobre una célula bacteriana para inyectarle su genoma. En la guerra armamentista evolutiva de las bacterias patógenas contra la farmacología hoy vienen ganando por goleada las bacterias: hace 3500 millones de años que desarrollan su experticia en recombinar sus genes, cosa que nosotros aprendimos recién a fines de los años ‘70. Pero los bacteriófagos no pierden la carrera armamentista: viven empatándola y ganándola a cada rato. En realidad, viven para y por ello. De nuevo: son virus, la forma de vida probablemente más antigua y abundante de la Tierra, una fuerza planetaria más simple aún que las bacterias. ¿Por qué no reclutarla a nuestro favor? Uno podría preguntarse por qué Occidente se priva de estos abordajes absolutamente probados. Una causa es evidente: el oxígeno, incluso presurizado, no es patentable, no paga congresos internacionales con todos los gastos cubiertos, ni financia carreras. Por lo tanto, casi no se enseña en las Facultades de Medicina. En el caso de los bacteriófagos, la explicación de su empleo casi marginal son las agencias regulatorias occidentales: les encanta licenciar sustancias químicas inertes, pero… ¿formas de vida capaces de evolucionar? ¿Y si un bacteriófago terapéutico, en su incesante recombinación genética, ya que es un virus vivo, se vuelve patógeno y letal? ¿A quién le caen entonces los juicios? Esa forma de vida llamada burocracia es experta en cuidar su trabajo. Living la vida heroica La doctora Lutskova y la paramédica escolar Kolesnikova distribuyen la vacuna Sabin formulada en pastillas en Moscú, 1960. El heroísmo paga en Rusia. El modo de imponer una novedad en la medicina rusa siempre ha sido tomar riesgos a lo grande. A sus 50 años, la zarina Catalina II obligó a sus cortesanos a “escarificarse” contra la viruela con el líquido de las pústulas de enfermos. El procedimiento tenía una mortalidad del 2%, pero una viruela contraída involuntariamente por las vías de contagio comunes llegaba al 40%. Con la escarificación, un inóculo deliberadamente pequeño, el riesgo de muerte bajaba 20 veces. Catalina, cuyo esposo Pedro III estuvo a punto de morir y quedó casi ciego y desfigurado por la viruela, hizo traer de Escocia a un experto en escarificación, el Dr. Thomas Dinsdale, se escarificó. Luego se ocultó, enferma, una semana en su palacio de vacaciones Tsarkoye Bielo… y se curó. Esto reforzó la precaria autoridad política de la zarina, odiada por extranjera, y la escarificación se volvió moda en toda la nobleza rusa. Obligada, casi. En 1800, según censo, 2 millones de súbditos rusos estaban inoculados contra la viruela. En 1956, con la vacuna de Jonas Salk a virus inactivado, EEUU por fin le estaba dando la paliza a la poliomielitis, que sólo en 1955 había dejado paralizados a 65.000 chicos. Pero la Salk requería inyección y dosis de refuerzo. El hijo de rusos Albert Sabin, un microbiólogo competidor de Salk, tenía una vacuna de absorción oral-intestinal, tres cepas del virus de la polio vivo aunque atenuado. Era más efectiva que la Salk y de despliegue más simple (un terrón de azúcar embebido en líquido, y efecto vitalicio). Pero Sabin, aunque su vacuna estaba siendo testeada con éxito por la OMS en el Congo Belga, no lograba que la FDA licenciara su formula. ¿Para qué iba a tomar semejante riesgo, esa agencia, teniendo ya licenciada una vacuna mucho más segura, como la Salk, y que desde 1955 le venía ganando prestigio mundial y gratitud eterna a los EEUU? Los congresos internacionales y el correo con estampilla por vía aérea eran la Internet científica de entonces. Gracias a ella, en 1959 Sabin rezongó por la situación a su colega soviético Mikhail Chumakov y su esposa Marina Voroshilova. Con Nikita Khrushov como nuevo Primer Ministro, al menos en Moscú se respiraban ciertos aires de libertad… y de pronto se presentaba esta oportunidad de ganarle a los EEUU en su propio juego… El matrimonio soviético entendió perfectamente qué hacer. Para dar ejemplo, como en su momento Catalina II, Chumakov y Voroshilova ingirieron la vacuna, se la dieron también a sus 3 hijos, todos ellos virólogos, y además a sus nueras, y probó ser segura: nadie se agarró la parálisis fláccida (aunque era una posibilidad). Por la presencia del virus atenuado en la materia fecal de toda la familia, era evidente que esta vacuna -a diferencia de una Salk, a virus muerto- había infectado a todos de forma benigna. Chumakov y Voroshilova decidieron escalar su apuesta a 100.000 dosis. Como ningún burócrata se animó a gestionar el permiso de fabricación o suministro, Chumakov –hasta aquel momento, no demasiado conocido- se coló en el Kremlin, descolgó un teléfono descuidado, pidió a la operadora por Anastás Mikoyan, el Ministro de Salud, le contó su historia y le pidió el permiso para vacunar a 100.000 ciudadanos. El relato que sigue es de Pedro, uno de los hijos de Chumakov.             Mikoyan: ¿Mikhail, esta vacuna es buena?             Chumakov: Sí, camarada ministro.             Larga pausa. Carraspeo. Chumakov preocupado.             Mikoyan: Hacelo. Chumakov hizo llegar no 100.000 sino 300,000 dosis de la vacuna a los estados bálticos: Estonia, Lituana, Letonia, donde una metida de pata podía pasar sin ser tapa en Pravda, mientras Mikoyan fingía estar distraído en otras cosas. En un año y medio, la epidemia de polio en la URSS desapareció. En 1960, 77,5 millones de ciudadanos soviéticos estaban vacunados. Voroshilnova, Chumakov y Mikoyan eran estrellas de rock, y el virus estaba muerto en la URSS, oficial y también (casi) biológicamente. La fórmula Sabin era tanto más efectiva y barata que la todavía novedosa Salk que el resto del mundo no tardó en adoptarla. La FDA se tuvo que tragar la humillación y licenciarla. Desde entonces, la Salk sirve para terminar de barrer al virus. Increíblemente, ni Salk ni Sabin recibieron el premio Nobel. Si existe la vida después de la muerte y el cielo es la recompensa, los van a encontrar a ambos paisanos discutiendo agriamente, como en vida, cuál vacuna es la mejor. Respuesta: ambas. La Sabin puede barrer de brotes epidémicos un continente entero, pero el poliovirus atenuado sobrevive en las heces intestinales de los vacunados, tiene una resistencia fenomenal a la intemperie, y de tanto en tanto hace mutaciones que lo vuelven de nuevo paralizante e incluso letal. Lo dicho: está vivo, no mucho, pero vivo. Para las operaciones de limpieza, la eliminación final de los últimos casos, es necesaria la Salk. Finalizada esta digresión: ¿se entiende por qué Vladimir Putin le impuso la Sputnik V anti-Covid a todo su país tras un estudio observacional de 100 casos, un “trial” que en Occidente habría dado a lo sumo para una fase I? Dato importante: Putin le suministró la Sputnik a una de sus dos hijas, o al menos eso dijo. En Rusia, ese es un gesto con ecos históricos muy potentes. Sin embargo, el modo de imponer una novedad experimental en la URSS no es tan distinto del de Occidente: convencer a los jefes, un tenaz trabajo de pasillo, y luego de un “trial” sobre voluntarios, la publicación en revistas académicas. Lo que es distinto es el tamaño del “trial” y el apuro por hacer un gol en los 10 primeros minutos del primer tiempo. En la URSS la experimentación de fase fue siempre muy abreviada: poca experimentación preclínica, y licenciamiento por el estado tras estudios que en Occidente serían de fase I o a lo sumo II. La luz verde para una fase III masiva, ya más despliegue que experimento y sin doble ciego, en el caso de Chumakov, se limitó a una conversación por teléfono con Mikoyan. Y en este caso de la Sputnik V, la Federación Rusa procedió a la inversa: licenciar el despliegue por ukase del Presidente y se prosigue con la vacunación de decenas de miles de voluntarios “ma non troppo”, como los soldados. Luego se pueden distribuir suficientes placebos como para armar formalmente un doble ciego, poder considerar todo como una fase III ante el mundo y sacarle una sonrisa de aprobación a los malditos occidentales. Sobre todo, si no están para elegir y al decir uruguayo, «vienen pidiendo agua por señas». Lo dicho: los médicos rusos arriesgan todo, ya lo hacían antes de la Revolución de Octubre. Si pierden les puede ir mal. Al doctor Tom Dinsdale, el médico escocés que escarificó a Catalina II, la zarina le había garantizado caballos, una galera y guardaespaldas cosacos con sables y trabucos para que se pudiera fugar y evitar su linchamiento, en el caso de que su experimento personal terminara como viruela mortal. Y obviamente, está el problema de la publicación. Una práctica exitosa, como la de los macrófagos, raramente aparece en las revistas importantes de Occidente como Science, Nature, Plos, Proceedings, JAMA o The Lancet; salvo como curiosidad, y a veces como deseo reprimido, traducible como: “Ojalá pudiéramos desarrollar esto a fondo, pero nuestras agencias de regulación están llenas de burócratas horribles”. Para ello, ver Science, 25 de Octubre de 2002, vol. 298, artículo de Richard Stone sobre bacteriófagos. Conmovedor e ilusionado, el buen Dr. Stone termina ese artículo diciendo que los bacteriófagos, debido a la creciente resistencia de los patógenos ante los antibióticos, finalmente están a punto de encontrar su nicho en la medicina occidental. Lo contrario sería volver a las cifras de mortalidad por complicaciones bacterianas de la preguerra. Pero pasaron 18 años, los hospitales -incluso buenos- se han vuelto peligrosos por la flora bacteriana multirresistente, y los burócratas siguen ganando. El sistema de publicación soviético implicaba, si el asunto era de ruido, traducción a las varias lenguas del bloque de aliados de la URSS: el polaco, el estonio, el magyar, etc. Pero en la posguerra la gran publicación médica internacional estaba dominada ya por el idioma inglés, con el francés y el alemán en 2do y 3er puesto lejanísimos; asunto que a los rusos les caía (y cae) fatal. Por su parte, los soviéticos campeaban sobre una fracción tan grande de planeta y de humanidad que la mayor o menor atención de Occidente les importaba un rábano. Tenían público y pacientes cautivos de sobra. Agravaba el asunto la índole desconfiada y xenófoba de las agencias soviéticas de seguridad: salir en Nature sin una venia de la cúpula del estado era buscarse problemas. Tampoco sobraba vocación por generar productos o procedimientos apropiables y vendibles, lo que muestra una bruta bobera de cúpulas en Moscú, patología que, por cierto, La Habana no tiene, que para avivar el seso bien sirve la pobreza. Con la medicina hiperbárica, los bacteriófagos y un poco de márketing, la URSS podría haberse transformado en un destino de turismo médico chic, como hoy lo es Cuba en oftalmología o en enfermedades metabólicas, y ganado divisas a costa de la burguesía explotadora. Un desarrollo soviético del que Occidente se apropió gratis fue la medicina refractiva. Son las incisiones planificadas de la córnea ocular para darle una forma que permita disminuir las dioptrías en caso de miopías severas o complicadas con astigmatismo, e incluso prescindir totalmente de los anteojos. En la URSS, donde del experimento inicial al despliegue masivo se llegaba de un salto, en los ’70 ya había grandes hospitales en los que los pacientes pasaban en cinta transportadora de estación en estación, y en cada una de ellas un cirujano, con una punta de diamante, efectuaba algunos de los cortes planificados, y la cinta se llevaba al paciente hacia la estación siguiente. Este organización fordista permitía miles de tratamientos ambulatorios diarios, sin que se pueda afirmar con cifras que el margen de mala praxis superara el que hoy admiten los oftalmólogos occidentales, aunque la soviética era una sociedad con poco derecho a pataleo. Los occidentales transformaron el procedimiento de masivo a individual, desarrollaron software experto para planificar los cortes, sustituyeron la punta de diamante por láser tipo excimer, y añadieron la facturación, ese significativo detalle. Por último, el desprecio de los médicos rusos actuales por la publicación en Occidente es una herencia que no se sacuden. Como uno de los pueblos con mejor educación pública, los rusos son relativamente políglotas, pero soportan mejor el alemán que el inglés. Y esto no sólo porque les es más tolerable el idioma del enemigo que sí pudieron vencer, sino porque el inglés es un idioma sintácticamente proposicional, mientras que el ruso y el alemán tienen un armazón declinativo, como el latín o el griego. Son modos estructuralmente distintos de armar oraciones. En 35 años de periodismo científico no he conocido un solo investigador occidental que lea revistas médicas rusas, salvo emigrados recientes, aunque sí me crucé al menos con dos que se atrevían con publicaciones polacas. Aunque el polaco es declinativo, tiene la virtud de usar la grafía románica y no de la cirílica, herencia de aquellos sacerdotes ortodoxos griegos mandados a cristianizar las estepas rusas por los emperadores bizantinos. Eso sí, quizás para espantar por igual a occidentales y orientales, las revistas médicas polacas suelen tener títulos en latín. Finalmente, está la cuestión del prestigio: a la URSS se la juzga por el estado de sus hospitales en los ’80, cuando el estado soviético ya se caía a pedazos, obligado a patinarse en una carrera suicida de armas nucleares los pocos dólares que ganaba exportando. Y no tecnología fina (que la tenía), sino petróleo crudo. Enormes hospitales que en los ’50 habían sido modélicos, tapa de Pravda, en los ‘80 estaban desfinanciados, desmantelados, invadidos de ratas y gatos, y un jefe de neurología en ellos quizás ganaba 150 rublos y debía ganarse la vida en otras cosas. El 57% de los hospitales carecía de agua caliente. Cuando se derrumbó por fin el estado soviético, la pérdida de esperanza de vida fue drástica: en los hombres, pasó de 71 a 50 años. Los padres de familia perdieron simultáneamente el trabajo, la salud pública y de paso, a sus esposas. En este nuevo marco, la centenaria adicción nacional al alcohol se incendió y se hizo letal. Si en tiempos de la URSS no era lo mismo ser un langa de Moscú que un pajuerano de alguna de las 15 nacionalidades periféricas, todavía hoy en las regiones rurales de Karakalpakia, Sakha, Chechenia, Kalmykia e Ingushetia la mortalidad infantil anda en 100 de cada 1000 nacimientos. Son cifras semejantes a las de Angola, Chad y Bangladesh. Los grandes asesinos de pibes en la Rusia de hoy son la gripe y la tuberculosis, mientras que a los jóvenes los mata el escorbuto por falta de vitamina D, enfermedad metabólica casi desaparecida en el planeta. Casi el 70% del territorio ruso remanente es polar, se vive mucho bajo techo y la falta de sol no ayuda. A 31 años de desaparecida la URSS, los hombres rusos han recuperado algunos años de expectativa de vida: hoy se mueren, en promedio, a los 58 años y 11 meses. Las mujeres llegan a los 72. El país estaba seriamente a espera de nuevos héroes. La vacuna Sputnik Dr. Alexandr Ginzburg, jefe del Instituto Gamaleya, autor de la Sputnik V En abril de este año, con la pandemia haciendo estragos en Rusia, el profesor Alexander Ginzburg, de 68 años, y 100 de sus colegas del Instituto Gamaleya se inyectaron con una vacuna que les parecía promisoria, probada únicamente en monos. La vacuna habría sido muy “high tech” hace una década. Hoy es otra plataforma experimental de tantas basada en adenovirus del resfrío modificados genéticamente para que las células humanas expresen un antígeno clave del virus SARS CoV2: la proteína Spike, que tapiza su cápsula de estructuras como clavos. Ginzburg, a diferencia de otros fabricantes de vacunas conceptualmente parecidas (AstraZeneca o Janssen, y siguen las firmas) usó dos adenovirus, por si el sistema inmune del inyectado bloquea a uno de ellos. Hasta ahí, varias ideas muy rusas: arriesgar el propio cuerpo, y pegar con dos armas, por si una no alcanza. Algún genio de la publicidad llamó Sputnik 5 a esta fórmula, cosa de recordarle al mundo que el primer satélite artificial de la Tierra, en 1957, fue soviético y no estadounidense. Vladimir Putin, viendo que ningún profesional del Gamaleya se había muerto o enfermado de Covid, sino que además esos científicos parecían rebosar de anticuerpos contra el antígeno Spike, decidió que la vacuna era suficientemente buena y barata como para sus médicos, sus fuerzas armadas y de seguridad, y el cuerpo docente. Y para ello, la hizo licenciar por la agencia regulatoria nacional de medicamentos, sabiendo -como viejo jefe de la KGB- que no sería desobedecido. Y además, claro, hizo vacunar a una de sus hijas. O, como ya se dijo, eso dijo. ¿Y esto adónde nos deja a los argentinos? La vacuna Sputnik V viene de un país que, pese a que no es socialista desde 1989, carece de práctica de armar protocolos de fase I, II y III. Y la desarrolló un instituto académico sin experiencia de fabricación masiva de fármacos. Como tampoco la tiene el país en general: no hay fármacos rusos famosos. En 31 años, un país con recursos y logros científicos formidables y un estado que suele apoyarlos, no logró generar ninguna marca. De modo que, aunque conseguir pruebas de que la Sputnik es segura y eficaz es un desafío, el de fabricar miles de millones de dosis es aún mayor. Y esta tarea Rusia la delegará mayormente en laboratorios de genéricos de la India y Corea del Sur; porque los rusos siempre fabricaron para un mercado interno hoy de 147 millones. No tienen instalaciones ni recursos humanos como para un «scale up» de producción farmacológica en territorio propio. Y por más que estos laboratorios, las de India y Corea, sean empresas regidas por buenas prácticas, por mucho que se trate de proveedoras habituales (y secretas) de genéricos para grandes marcas occidentales, al ANMAT, nuestra agencia, no le sobran recursos humanos como para poner inspectores en cada una de tales fábricas. Sin embargo, es su deber ante la ley argentina, escrita cuando esta situación solamente existía en las malas películas de ciencia-ficción. También es evidente que el gobierno descuenta que el ANMAT acatará órdenes de aprobar la documentación de fase III proveniente de Rusia sin enredarse en detalles. Por una vez, me declaro partidario del verticalismo. En todo sentido, la Sputnik V será un acto de fe. Y habida cuenta del supercontagio que se viene en las ciudades turísticas argentinas este verano, y del relajo comprensible pero estúpido de una población harta de barbijos, distanciamiento y precauciones, si uno está sobrepasando los 60 paga más darse la Sputnik rápido que sentarse a esperar que pinte otra vacuna con mejores pergaminos. 1,25 millones de afortunados tal vez consigan alguna de las 2,5 millones de dosis de la de Pfizer, que también llegará rápido y cuya logística será endiablada por su temperatura de estoqueo y distribución (80 C bajo cero), salvo que venga acompañada de una considerable donación de ultra-freezers para estoquear y supertermos para milla final. Los mejores números con la peor logística. Vacuna para ricos, si la hay. Aunque es de base tecnológica parecida a la rusa (ambas son de adenovirus del resfrío atenuados que expresan genes del antígeno virual Spike), la de AstraZeneca no necesita de 20 grados Celsius bajo cero, 2 menos que el freezer de una heladera común. La de AstraZeneca no sólo nos cuesta entre 6 y 7 veces menos por dosis, sino que resiste una distribución a entre 2 y 8 grados sobre cero. En suma, es probable que la vacuna a la que aspiraba la Argentina, y cuantimás de producción local  para asegurarle al país el primer lugar en la fila de distribución, la Oxford, aquí termine llegando cuando el supercontagio vacacional se haya producido y esté empezando el contagio de la reactivación con frío invernal. Lo cual es un contrasentido, una buena apuesta que la semana pasada se jodió por una pésima decisión de AstraZeneca sobre el diseño de su fase III, asunto que hoy se interpreta como «cherry picking», que es descartar pacientes viejos para mejorar las cifras de eficacia de un estudio. Es lo que se hizo con aquel grupo que recibió -por error, aduce la empresa- una dosis y media, en lugar de dos, cohorte de sólo 3000 voluntarios y en la que significativamente, no había mayores de 55 años. De esto, sucedido en Inglaterra y más bien a escondidas del mundo, difícilmente pueda culparse a ningún argentino. AstraZeneca tenía una imagen impecable, precios imbatibles y una fórmula cuya logística era de las más simples. Nos asociamos mal. Dicho por uno que votó a este gobierno. Aunque todavía alguien deba explicar por qué el Ministerio de Salud, a diferencia del Ministerio de Ciencia y Técnica, no le puso un mango a las dos vacunas aparentemente sencillas y sin complicaciones que desarrollaron las universidades Nacional del Litoral, y Nacional de San Martín. Ambas tienen buenos estudios preclínicos.

Daniel E. Arias

ARAMCO, la petrolera de Arabia Saudita, anunció que considera emitir bonos en yuanes

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DUBAI – ARAMCO, la compañía petrolera saudita controlada por el estado, ha planteado la posibilidad de emitir bonos denominados en yuanes, una medida que marcaría un cambio significativo en una industria tradicionalmente dominada por el dólar.

Un prospecto emitido este mes por la compañía petrolera más grande del mundo declaró que los pagarés en renminbi «podrían emitirse» en virtud de su programa de bonos, aunque Aramco no proporcionó detalles sobre el momento o la escala de dicha oferta. El documento establece los riesgos involucrados en la flotación de bonos en yuanes, incluidas la posible menor liquidez y la disponibilidad limitada de la moneda fuera de China. La disposición subraya la creciente importancia de Asia para Aramco desde una perspectiva comercial, como un mercado de alta demanda, y también la profundización de las relaciones financieras de los países productores de petróleo con Beijing. Debido a que las transacciones petroleras generalmente se liquidan en dólares, muchas naciones productoras de petróleo han vinculado sus propias monedas al dólar. China, que busca promover el uso internacional del yuan, ha hecho del cultivo del «petroyuan» una parte central de su estrategia monetaria, estableciendo un mercado para futuros de petróleo crudo denominados en yuanes en Shanghai. Una emisión de bonos en yuanes por parte de Aramco daría un impulso sustancial a la internacionalización de la moneda china, además de diversificar las fuentes de financiación para Aramco y para el gobierno saudí, que posee la gran mayoría de las acciones de la empresa. Aramco recaudó el martes pasado 8.000 millones de dólares en su primera emisión de bonos en moneda extranjera desde 2019, aparentemente denominados enteramente en dólares.

Etiquetado de alimentos: el derecho a saber

El proyecto de ley sobre etiquetado de alimentos ya tuvo media sanción en el Senado y ahora se discute en comisiones de la Cámara de Diputados. En qué consiste la iniciativa, y la experiencia de otros países.

En la Argentina, siete de cada diez personas adultas y cuatro de cada diez niños, niñas y adolescentes tiene exceso de peso. De ese grupo, alrededor de la mitad tiene obesidad y la otra mitad sobrepeso.
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Los datos son de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y se trata de una de las cifras más altas de la región que, además, viene aumentando en los últimos años. Esta tendencia preocupa porque la obesidad y el sobrepeso son factores de riesgo para enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
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Una de las principales recomendaciones de política pública basada en evidencia que impulsan desde hace años entidades como la Organización Mundial de la Salud (OMS) es implementar un sistema de etiquetado frontal en alimentos envasados y bebidas sin alcohol donde se consigne información nutricional de forma simple y visible. Esta discusión llegó finalmente al Congreso Nacional y el 29 de octubre el proyecto de Ley sobre Etiquetado de Alimentos obtuvo media sanción en el Senado por amplia mayoría (64 votos a favor y 3 en contra). Ahora, se está discutiendo en cuatro comisiones de la Cámara de Diputados (Legislación General, Salud, Industria y Defensa del Consumidor) pero todavía no hay fecha estipulada para su tratamiento en el recinto.
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“Hoy en día los envases de alimentos presentan información confusa y engañosa. La regulación actual del rotulado de alimentos, que es el Código Alimentario Argentino, no tiene un enfoque de prevención de las enfermedades crónicas no transmisibles y se producen vacíos legales. Por ejemplo, las empresas no están obligadas a declarar el contenido de azúcares que presentan los productos. Es por eso que se necesita contar con una ley de etiquetado que funcione como puerta de entrada para un paquete de políticas que en conjunto permitirán mejorar los entornos alimentarios y prevenir esas enfermedades”, afirma la nutricionista Leila Guarnieri, investigadora del equipo de alimentación saludable de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) Argentina.
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La iniciativa que se discute en el Congreso busca garantizar el derecho a la salud y a la información, y es el resultado de varios proyectos de ley presentados por legisladores de distintos partidos.
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El objetivo es implementar sellos negros octogonales con letras blancas mayúsculas que adviertan si el alimento contiene exceso de sodio, azúcares, grasas y/o calorías. Según el proyecto, el tamaño de cada sello no puede ser inferior al 5% de la superficie de la cara principal del envase. Además, si el producto contiene edulcorantes o cafeína, el envase debe exhibir también una leyenda que advierta que no es recomendable en niños.
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En el caso de Chile, donde la norma se implementa desde 2016, según los estudios realizados, la población redujo la compra de alimentos y bebidas con nutrientes críticos en exceso.
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La FIC Argentina y la Coalición Nacional para Prevenir la Obesidad en Niños, Niñas y Adolescentes, una red que nuclea a más de 50 organizaciones de la sociedad civil de todo el país y cuenta con el apoyo de UNICEF, son dos entidades que vienen impulsando el proyecto de ley de etiquetado y aportando evidencia científica para respaldar el reclamo. En octubre, publicaron un informe sobre “Mitos y realidades del etiquetado frontal de advertencia”, en el que explican las razones por las que la Argentina debería implementar un etiquetado de octógonos negros basado en el Modelo de Nutrientes de la OPS y tratan de desmitificar los argumentos que esgrimen ciertos sectores de la industria para oponerse a esta política de salud.
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“Uno de los mitos más escuchados a lo largo de la discusión es que existen trabas legales para avanzar con un sistema de etiquetado frontal de advertencia y que la Argentina debe promover un sistema que se encuentre armonizado con el Mercosur. Sin embargo, los países son soberanos para poder avanzar en aquellas medidas que brinden protección a la salud de su población y que garanticen la seguridad alimentaria. De todas maneras, es importante destacar que los argumentos que suelen manifestar los representantes de la industria para oponerse al avance de esta política ya han sido refutados con evidencia científica en distintas publicaciones que venimos realizado”, explicó Guarnieri.
Argentina viene rezagada en la implementación de una política de etiquetado de alimentos
Según lo que pudo verse durante el tratamiento del proyecto de ley, tanto en el Senado como ahora en la Cámara de Diputados, algunas entidades que manifestaron su oposición –en general o en particular– fueron la Coordinadora de Empresas Alimenticias (COPAL), el Centro Azucarero Argentino (CAA), la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas Sin Alcohol (CADIBSA) y el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación, (CEPEA).

La situación regional

A nivel regional, la Argentina viene rezagada en la implementación de una política de etiquetado de alimentos, a diferencia de países como Chile, México, Perú, Ecuador y Uruguay, que ya tienen legislación al respecto. A partir de la evidencia generada en estos años y de la experiencia de esos países, la OPS presentó esta semana el informe “El etiquetado frontal como instrumento de política para prevenir enfermedades no transmisibles en la Región de las Américas”, en el que compilan los resultados obtenidos con los sistemas de etiquetado implementados y exponen diversas consideraciones legales y económicas relacionadas con la medida.
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Según la OPS, el uso del sistema de semáforo que utiliza la combinación de colores y palabras (rojo para alto, amarillo para medio y verde para bajo) “ha resultado menos eficaz para informar a los consumidores cuándo los productos contienen cantidades excesivas de azúcares, grasas o sodio, en comparación con el sistema de advertencias nutricionales adoptado en Chile, México, Perú y Uruguay”, que es el de los octógonos negros. Además, el sistema de colores demostró ser menos eficaz para influir en la intención y decisión de compra de los consumidores porque genera confusión y demanda más tiempo para determinar si el producto tiene exceso o no de determinado nutriente.
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Según Guarnieri, “las evaluaciones de países que ya han utilizan un sistema de etiquetado indican que la política permite disminuir el consumo de productos con exceso de nutrientes críticos, dando cuenta de la efectividad de esta política como herramienta de salud pública”.
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La investigadora ejemplifica con el caso de Chile, donde la norma se implementa desde 2016. Según los estudios realizados, la población redujo la compra de alimentos y bebidas con nutrientes críticos en exceso, tales como bebidas azucaradas (las compras se redujeron en un 25%), cereales azucarados (en un 14%) y postres envasados (en un 17%). Adicionalmente, la experiencia chilena indica que el 68% de las personas modificaron sus hábitos alimentarios a partir de la implementación de la ley.
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Pese a que la evidencia sobre los beneficios del etiquetado es contundente, la presión ejercida por el lobby industrial es un obstáculo importante para que la Argentina también pueda tener su ley. Por eso, en un principio el proyecto fue girado a seis comisiones, con la intención de demorar su salida. El reclamo de las organizaciones logró que se redujeran a cuatro y actualmente se están realizando reuniones informativas, pero no se sabe si llegará a tratarse en el recinto antes de que finalicen las sesiones ordinarias. “Esperamos que las y los diputados, al igual que las y los senadores, no cedan a la presión de la industria y prioricen el derecho a la salud por sobre cualquier tipo de interés privado”, finalizó Guarnieri.

Y-TEC: «Buscamos empezar a producir aquí celdas y baterías de litio»

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El presidente de Y-TEC, la empresa de base tecnológica perteneciente a YPF y al CONICET, Eduardo Dvorkin, habló del proyecto de la compañía para crear una planta de escalado real de baterías y celdas de litio, en la que avanza en articulación con la Universidad Nacional de La Plata.

Eduardo Dvorkin es uno de los tecnólogos actuales con mayor prestigio de la Argentina y con alto reconocimiento a nivel internacional, y entre sus últimas producciones está el desarrollo de un grupo de investigación y desarrollo PyME que trabajó junto a INVAP en sus proyectos satelitales. De base, su formación es ingeniero electromecánico por la Universidad de Buenos Aires, pero luego se doctoró como PhD in Mechanical Engineering, en el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT). Además fue miembro de la Scientific Committee de la European Scientific Association for Material Forming (ESAFORM), en el año 2007. El presidente de Y-TEC, se refirió, además, al aumento de participación del Estado en empresas de base tecnológicas, fijado por decreto por el Poder Ejecutivo que autoriza mayor injerencia del CONICET en las futuras EBTs. «Esto le va a permitir al Estado a ir más decididamente a la formación de empresas de base tecnológica lo que es muy bueno, porque son necesarias para aumentar el valor de la producción argentina, y porque el Estado es el gran impulsor posible en todo el mundo y en nuestro país que es de capitalismo tardío», consideró Dvorkin. Dvorkin citó a la estatal rionegrina de alta tecnología, INVAP, como modelo de desarrollo: «INVAP es un ejemplo muy alto. A futuro no se si serán diez o dos empresas de base tecnológicas, pero es absolutamente necesario que tengamos más empresas como esa». «Las Empresas de Base Tecnológicas existentes tuvieron un gran impacto, por ejemplo en la industria satelital, que no es pensable sin INVAP», dijo Dvorkin, y destacó que «lo interesante es que INVAP actuó como un articulador de una importantísima red de PyMEs y de laboratorios de investigación«. «INVAP tiene una enorme función al movilizar una amplia red de recursos tecnológicos», consideró Dvorkin. Dvorkin también valoró el rol de Y-TEC por su peso en el tema de las energías, como petróleo y gas, en el rol de desarrolladora de tecnologías para aumentar la participación argentina en la producción de gas, y en particular en el no convencional en Vaca Muerta. Además, destacó que la empresa trabaja en la tecnología de nuevos tipos de energías como con el desarrollo de las baterías de litio, hidrógeno, y también desarrollando productos para la producción agraria como inoculadores para que las plantas absorban mas nitrógeno. «Y-TEC tuvo un rol importante apoyando, no desarrollando, con ingeniería industrial el desarrollo del NEOKIT«, explicó Dvorkin, y aseguró que «nuestro propósito es establecer una planta de escalado real de baterías y celdas de litio que sirva para electrificar una decena de colectivos anualmente», y en este sentido, dijo que «estamos tratando de demostrar que el camino de la tecnología de avanzada es posible y lo vamos a hacer».
Eduardo Dvorkin, presidente de Y-TEC

El INDEC arranca con el Censo Económico

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Este lunes 30/11 el Indec da comienzo a un censo económico, el primero en 15 años. Los censos en la Argentina son obligatorios, y  éste será digital. Por lo tanto las empresas tendrán que ir a la página web del organismo para inscribirse. Pero tendrán que hacerlo en distintas etapas, según su naturaleza.

El censo irá abarcando a las personas jurídicas y luego a aquellos que trabajen en forma autónoma o monotributista. De ese modo el organismo busca relevar todas las unidades empresarias de la economía sean personas físicas o jurídicas (grandes empresas, fundaciones u ONG). La primera etapa, hasta marzo, será obligatoria para las personas jurídicas. Después vendrán los autónomos y finalmente los monotributistas. Estos finalizarán en junio. Será un censo corto con una lista de entre 14 y 17 preguntas a responder. “Un censo económico no sólo es de utilidad para el sector público sino también es clave para el sector privado porque permite saber cuáles son los sectores más dinámicos y las regiones donde tal vez estén sus proveedores para hacer inversiones”, explica Marco Lavagna, jefe del Indec. “Permite además planificar cuáles son los sectores que más crecen, los que menos, quienes demandan más empleo y qué tipo de empleo. Es información estratégica que una empresa puede aprovecharla bien”. La última vez que en Argentina se hizo un censo económico fue en 2004. “Demoró cinco años en procesarse y se necesitaron 15.000 personas en la calle”, recordó Lavagna. El censo actual tendrá dos pasos. El empadronamiento, donde una persona que desarrolla una actividad se anotará. Luego deberá contestar entre 14 y 17 preguntas básicas donde el objetivo es caracterizar la unidad económica en la que se desempeña. Todo será digital y es la primera gran diferencia respecto de 2005. La segunda diferencia con el ejercicio de 2005 es que en este caso el Indec no relevará sólo negocios o empresas en particular. “Acá estamos yendo también a autónomos o monotributistas con lo cual el universo es más grande”. Se calcula que el Indec relevará unos 6,5 millones de CUIT para empadronar. “Esto nos permite velocidad, procesar más rápido y reducción de costos”. El censo es obligatorio. Las empresas o personas que no lo hagan no podrán completar trámites claves hacia adelante. ”Se enviarán 300.000 mails por semana invitando que respondan el censo”, explica Lavagna. “No queremos que se llegue al punto de que se les diga a las empresas de que porque no hicieron el censo no podrán completar tal o cual trámite. Queremos concientizar la utilidad de hacer un buen censo no sólo para el servicio del sector público sino también porque es clave para el sector privado saber los sectores más dinámicos y las regiones donde están sus proveedores para hacer inversiones”.

Vacunas anti COVID en Argentina. Un escenario complicado – 1° parte

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Se complica el escenario de la vacunación en Argentina contra el Covid-19. Hasta ahora, se comprarían 25 millones de dosis (suficiente para 12,5 millones de inoculaciones) de la vacuna rusa Sputnik V. Servirían como comienzo de la anunciada campaña vacunatoria de 13,2 millones de habitantes (sumando personal de salud, FFAA y de Seguridad y población mayor de 60). En esa primera volea, habrá no muchas vacunas de Pfizer. A diferencia de la rusa, que más que floja de papeles carece lisa y llanamente de ellos, la fórmula Pfizer-Biontech viene antecedida por un estudio impecable de fase III. Pero trae, como pecado de origen, una distribución endiablada: debe permanecer a – 80º C (ochenta grados Celsius bajo cero) hasta el momento de la inyección, lo que la vuelve una fórmula para ricos, si la hay. De ésta se compran 3 millones de dosis, lo que a doble vacunación da para 1,5 millones de argentinos favorecidos por una estadística de efectividad del 90%, por ahora creíble. Y lo que viene fallando es la apuesta local: es imposible saber cuándo podría licenciarse en Argentina la vacuna de AstraZeneca, “la Oxford”, o la ChAdOx, como se la llama también. Aquí la está fabricando mAbxcience, una biotecnológica del grupo Elea, en su planta de Garín, provincia de Buenos Aires, para toda la región, y a su riesgo. Muy a su riesgo. De la Oxford ya hay un stock importante a granel, lo que no facilita la distribución en Argentina: se envasaría en México, a preguntarle a AstraZeneca el por qué: las multinacionales aman las cadenas de valor, odian las fronteras y jamás hacen todo en un mismo país. Se esperaba que la Oxford pudiera repartirse en el nuestro a fines de febrero o en marzo, pero no parece que la Food and Drug Administration (FDA), autoridad regulatoria yanqui, le vaya a dar una luz verde rápida: la fase III que presentó la empresa ha incurrido en raras desprolijidades. Y eso puede bloquear su inscripción por la ANMAT, la agencia regulatoria argentina. ¿Qué desprolijidades? En Gran Bretaña, 3000 voluntarios recibieron por error de formulación un primer pinchazo que tenía aproximadamente la mitad de la dosis correcta del principio activo. Un mes más tarde, cuando todavía esto de la mala dosificación se ignoraba, esos 3000 voluntarios recibieron la 2da dosis de refuerzo, ésta vez completa. Esta cohorte intempestiva que totalizó una dosis y media tuvo, sorprendentemente, el mejor desempeño: eficacia del 90% en prevenir la infección. En la práctica, esto significa que cuando se rompió –en forma preliminar- el anonimato del doble ciego de los infectados luego de la vacunación en Gran Bretaña, y “Goodness Gracious!”: el 90% de ellos estaban en la rama placebo del experimento, la cohorte de los voluntarios que recibieron sólo agua salada. Pero 9000 voluntarios británicos más recibieron ambas dosis completas de la Oxford, a reglamento estricto del diseño del experimento, y en ellos la eficacia resultó inferior: el 62%. WTF! Esto dejó a los analistas rascándose la cabeza, y continúan. AstraZeneca, obligada a dar resultados preliminares porque ya lo habían hecho sus rivales para ganar plata en la timba bursátil, arregló este furcio atribuyéndole a su vacuna una eficacia promedio del 70%. Aún dando el método de llegada al número por bueno (y no lo es), éste en sí resulta notablemente inferior a la manifestada por los informes (también preliminares) de Moderna (95%) y de Pfizer-Biontech (90%). Estas no son cifras definitivas, sino el equivalente de resultados “en boca de urna” cuando hay elecciones: marcan tendencias que en el caso de Moderna y Pfizer probablemente se mantengan firmes sin grandes cambios hasta que los comités de ética de ambos experimentos de fase III los den por terminados. Cuando eso suceda, los experimentos se publicarán en revistas científicas con comité de referato, es decir tras ser aprobadas por expertos internacionales independientes, obligados a mirar todo con mala leche, porque con la firma se juegan el prestigio. Recién entonces se tendrá números más duros, que probablemente luego resistirán mejor los embates de «la rugosa realidad», como la llamó Rimbaud, en la fase IV siguiente. Esta es la del licenciamiento por agencias nacionales o regionales como la FDA de EEUU o la EMEA de la Unión Europea, y luego el despliegue a escala mundial bajo “fármacovigilancia”. Aquí se espera que las cifras altas de eficacia y seguridad decaigan, por todo lo que esta etapa conlleva de errores de procedimiento en la fabricación a gran escala, o por la inactivación de miles de dosis por inevitables quiebres logísticos en las cadenas de frío. Pero en esta fase IV también se descuenta la aparición de efectos tóxicos que permanecen ocultos en un doble ciego de 30 o 40.000 casos, y que sólo se revelan cuando los vacunados son millones. La fase IV es la de las sorpresas, para mal o para bien (aunque lo último es raro). Como dijo el general prusiano Helmuth von Moltke, allá por 1882 y tras haberle dado una insólita y rápida paliza al hasta entonces más temido ejército del mundo, el francés: “La primera víctima de la batalla es el plan”. Eso mismo lo puede decir la “Big Pharma” francesa Sanofi, cuya vacuna contra el dengue, al desplegarse en 2017 en Filipinas a escala de las escuelas, mató a 600 chicos de fiebre hemorrágica, idéntica a la causada por la reinfección cruzada con distintas cepas del virus salvaje del dengue. Eso era justamente lo que la vacuna pretendía evitar, y nada parecido se había insinuado en la fase III. Ese incidente terrible sigue en debate, porque la Dengvaxia, nombre comercial de la fórmula, fue licenciada por la FDA y le EMEA. Cuando el fin de una fase III revela quién recibió qué cosa, los participantes de la rama placebo son inyectados sin costos con una doble dosis de vacuna “en serio”, si ésta probó ser suficientemente eficaz y segura. Es uno de los beneficios de ser voluntario. El problema de AstraZeneca, entonces, es triple: las sorpresas e incongruencias en fase III son raras, en primer lugar, y la eficacia promedio del 70% de la Oxford no es sólo muy inferior a la que se atribuyen provisoriamente Moderna y Pfizer, sino un total invento. Eso en segundo y tercer lugar. Ninguna autoridad regulatoria acepta que se promedien peras y manzanas, como hizo AstraZeneca, y la reacción de la prensa científica fue feroz: se acusó a la firma de “cocinar” sus estadísticas, probablemente borrando resultados desfavorables, práctica que en el gremio se llama «cherry picking» (elegir una a una las cerezas). A esto ayudó que en aquella cohorte de 3000 voluntarios, «la de la dosis y media empezando por la media», no hubiera siquiera un único mayor de 55 años. En verdad, no se puede demostrar dolo, pero la mujer del César no sólo debe ser honrada sino parecerlo, como dicen que decía Julio César (no es así). Algún CEO de AstraZeneca que autorizó esto debe estar haciendo «sepukku» corporativo, probablemente con ayuda. Esto probablemente paralizará de terror un tiempo a las dos mayores agencias occidentales de licenciamiento, las mentadas FDA y EMEA, obligadas al menos a parecer la mujer del César. Y para los argentinos, es una macana, porque las reguladoras de los países intermedios y/o pobres a estas dos les imitan hasta el modo de escupir, dicho a lo Jorge Luis Borges. El mercado bursátil ya descuenta esto, y se ve en que las acciones de AstraZeneca se plancharon, la semana pasada, mientras que las de Moderna y Biontech (socio alemán de Pfizer en la vacuna antiCovid) se dispararon un 30%. En realidad, este episodio bien se podría mirar a la inversa. Por un error afortunado, quizás, poniéndole onda y con mirada benigna, AstraZeneca haya descubierto que su vacuna funciona mejor con una dosis y media, empezando por la media, que con una doble completa. Y esto debería ser una noticia excelente en un país que, como la Argentina, es fabricante autorizado para toda la región, y que debido a ese privilegio estará pagando entre U$ 3 y U$ 4 la dosis (Moderna, arriba de U$ 40 la dosis, Pfizer arriba de U$ 20, y la Sputnik V, U$ 19,90).
La planta en Garín donde se fabricará la vacuna de Oxford
En Argentina se fabrican 150 millones de dosis de la vacuna Oxford de AstraZeneca en la planta de mAbxcience, del grupo Elea, en la ciudad bonaerense de Garín, para distribuir en toda la región. Es más: dado que la Oxford es una de las muchas decenas de vacunas hechas con adenovirus de resfrío “recombinados” para hacer de carrier del antígeno viral, no es imposible que este dato de “primero media dosis, y al mes, dosis entera” sirva para mejorar los números de empresas rivales en fase III o cuando entren a ella. Y eso, por puro empirismo científico, porque hay más de una hipótesis pero nadie tiene la menor certeza acerca de las causas del fenómeno. Por ahora, dato curioso, la única vacuna con este tipo de plataforma adenoviral y en fase III que parece funcionar bien con dosis única parece ser la de Janssen, firma comprada por Johnson y Johnson. Aquí, bajo dirección de la Fundación Stamboulián, están haciendo un «trial» de 10.000 voluntarios, como parte de uno mundial de 60.000, el mayor que conoce hasta ahora quien firma. No es imposible que esta vacuna nos llegue, con algunas otras primeras finalistas, dentro del paquete que arma para los países pobres el consorcio mundial Covax. Pero volviendo a AstraZeneca, el profesor David Salisbury, vacunólogo experto del “think tank” británico Chatham House, le marcó con fría imparcialidad a la compañía: “Uds. tomaron dos estudios hechos con diferentes dosis y armaron una mezcla que no representa a ninguna de ambas. Creo que eso va a generarle problemas a mucha gente”. Y entre esa gente va a estar la de nuestro ANMAT, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, la reguladora criolla. Todavía es posible que la vacuna Oxford sea excelente, y que su eficacia –cuando se la pueda medir bien- supere el 70%. Es una vacuna a la que Argentina apostó con alma y vida: como fabricantes bajo licencia no sólo nos saldrá barata, sino que –gran diferencia con otras fórmulas a adenovirus recombinados- ésta se puede distribuir a temperaturas de entre 2 y 8º Celsius SOBRE cero. La logística –una heladerita de telgopor y hielo, no necesariamente seco- podría resultar tan sencilla como la de un delivery de heladería. Perder semejante apuesta o cobrarla tarde, para nuestro país, sería -o más bien, será- un tremendo clavo. Y es que, como observa el investigador principal del Conicet Roberto Rovasio, biólogo molecular, la clase media argentina, harta ya de distanciamiento, tiró la chancleta el 20 de Junio, el Día del Amigo. Que habría que rebautizar como el Día del Cabeza de Termo. Desde entonces sobrevino un incendio de casos que nos llevó de ser parte de las cuatro joyas epidemiológicas regionales, junto con Uruguay, Paraguay y Cuba, a tener más muertos por millón de habitantes que México (814,20) y Brasil (812,21), cifras del Johns Hopkins Hospital del 24 de noviembre. Lo de Brasil probablemente es un invento del gobierno federal, y en realidad nuestro vecino tiene al menos 7 veces más casos que los que admite. Eso lo denunció desde mayo la Universidad Nacional de Pelotas: soberbio nombre, la de esa casa de estudios, para refutar a un presidente, y máxime a Jair Bolsonaro. Pero hablando en serio, ésa es la 3ra unidad académica del país en tamaño y prestigio. Lo que dice, se pega. Más allá de tener los argentos peores números que los oficiales de Brasil, el 24 de noviembre estábamos al nivel de Gran Bretaña, que puede argumentar en su defensa que el menos está en el Hemisferio Norte, en latitudes frías y altas y cursando su segunda ola, la reinfección en invierno. En el pre-verano austral Perú todavía nos supera largamente, con sus 1114,20 muertos por millón de habitantes, pero ése –como Chile- no es un país que haya desmontado su sistema de salud público, como hizo la Argentina en los ’90, porque ni en tiempos de Haya de la Torre, el Perón peruano, intentó construir uno. Peruanos, agárrense: allá vamos. Ante estas cifras y con el supercontagio que cualquiera descuenta se desatará por la inconducta de millones de compatriotas sin barbijo ni metro y medio de distancia en las inminentes vacaciones veraniegas, el futuro inmediato aquí pinta sombrío. Si se suma el re-contagio que sobrevendrá promediando otoño, con el regreso del frío, del transporte público y el encierro en lugares de trabajo y estudio invernales, compatriotas, díganme qué vacuna ofrece un razonable 50% de eficacia y me tiro de palomita sobre ella. Pero el asunto es que mientras AstraZeneca no presente una fase III como la gente, la FDA probablemente no le acepte ni siquiera un 62% de eficacia y le eche flit hasta que ordene sus papeles y sus cifras. Y esto es pésimo para la Argentina, porque la ANMAT la creó el presidente Carlos Menem para evitarse escándalos y caerle bien a la Big Pharma de EEUU: licencia automáticamente por ley fundacional lo que apruebe la FDA, y se atrasa –también casi automáticamente- en aprobar lo que carezca de esa venia. Todo esto explica que el Ministerio de Salud ahora se haya agarrado de la Sputnik como de un clavo al rojo. Es la vacuna que primero recibirán los médicos, los uniformados y los jubilados (ahí entro en la foto). No se la puede llamar floja de papeles porque todavía no tiene, situación rara en aquellas que ya están en distribución masiva. No hay modo de echar agua bendita sobre la fase III internacional, con 40.000 voluntarios y 10.000 trabajadores de la salud que la Rusia encaró para hacer de la Sputnik un producto exportable. Las autoridades rusas la iniciaron hace demasiado poco, cuando ya estaban suministrándola a su propio personal médico, paramédico, militar, policial y a su cuerpo docente. El licenciamiento de esta vacuna en origen fue una decisión totalmente política, es decir extra-médica, de Vladimir Putin. Tal vez sea la mejor fórmula del mundo y lo deseo de corazón, porque es la que parece nos espera. Pero tarde se aboca a demostrarlo el país que la desarrolló: no está en sus tradiciones demostrar. La pregunta inevitable en este otro rincón del mundo es cómo Putin decide vacunar a 147 millones de sus paisanos tras un testeo de la Sputnik sobre sólo 101 voluntarios y sin doble ciego, y se sale con la suya. La otra gran pregunta es cómo y por qué el Instituto Gamaleya pretende credibilidad universal cuando le atribuye a su vacuna un 92% de eficacia tras “destapar” casos de infección con Covid en plena fase III, y comprobar con satisfacción que están mayormente en la rama que recibió placebos. ¡Pero esto lo hizo con apenas 20 infectados, en la misma semana en que Moderna y Pfizer dieron resultados anticipados con más de 94! ¿Entonces 18,4 infectados del estudio de Sputnik recibieron agua salada? Bienvenidos a la era del voluntario decimal. Para entender la naturalidad de semejante bolazo, hay que repasar un poco la cultura médica rusa durante siglos, es decir incluso la pre-imperial y pre-soviética.

(Concluirá mañana)

Daniel E. Arias

(La 2° y última parte de este artículo está aquí)

Municipios contra feedlots. Alberti los prohibe a menos de 5 kilómetros de la ciudad

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Ayer el suplemento «Campo» del diario La Nación publicó esta nota donde refleja -como era previsible- la indignación de los propietarios rurales contra las reglamentaciones que impiden determinadas actividades en la cercanía de sitios poblados o de cursos de agua. En AgendAR entendemos la lógica del actual modelo de producción agropecuaria. Pero les tenemos una mala noticia: la tendencia en la sociedad moderna a la protección ambiental, a una alimentación «más natural» y al cuidado de la salud humana es cada vez más fuerte. No sólo en el ámbito local, o deberíamos decir, no tanto en el ámbito local. En todos los países desarrollados se cuestiona, cada vez con más fuerza, la agricultura que depende del uso intensivo de agroquímicos y el engorde forzoso de animales. Los productores argentinos, tanto como los brasileños, deben prestar atención a la reacción de los gobiernos y también de los mercados.

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«Antes contra los agricultores, ahora el atropello es para con los ganaderos». Los productores del partido bonaerense de Alberti dicen que no pueden salir de su asombro. El martes pasado, el Consejo Deliberante de esa ciudad modificó una ordenanza municipal en donde se prohíbe la crianza intensiva de animales dentro de los 1500 metros de los cursos de agua, escuelas o viviendas rurales del partido, y de 5000 metros de los centros urbanos. La medida afecta a más de 100 productores y 30.000 hectáreas. El municipio, ante la reacción de los productores habla de una mala interpretación de la norma. Asegura que en una reglamentación se referirá a los feedlots, establecimientos de engorde a corral. En respuesta a la ordenanza, mañana lunes 30 por la mañana los productores de Alberti se movilizarán hacia la Municipalidad y pedirán una audiencia al intendente Germán Lago. Asimismo presentarán recursos de amparo. En tanto, entidades rurales del norte bonaerense expresaron su apoyo a los productores y señalaron que marcharán hasta el lugar en respaldo «ante otro avance demencial de los municipios, en este caso de Alberti, sobre los derechos civiles consagrados en nuestra Constitución donde no ya solo el gobierno nacional agravia al campo sino también las administraciones municipales». Juan Manuel Zunino, ex presidente de la Sociedad Rural local y actual secretario de la entidad, explicó que el partido tiene 110.000 hectáreas y es cortado de manera transversal por el rio Salado y, que además, está el rio Saladillo y una gran cantidad de cañadas. «El curso del rio Salado es de 75 kilómetros en el partido y el Saladillo tiene unos 25 kilómetros, cuando se suman las cañadas son otros 25 kilómetros. Por esta medida, quedan afectadas unas 30.000 hectáreas y más de 100 productores». Según contó el productor, la modificación enviada por el intendente Germán Lago aduce razones de salud pública y protección del medio ambiente, donde ya «la anterior legislación describía a la cría intensiva a más de un bovino por hectárea, más de cinco ovejas/cabras por hectárea». «Lo que más preocupa a los productores que antes hacían agricultura y se volcaron a la ganadería por el tema de las restricciones a la aplicación de fitosanitarios es que quedan totalmente improductivos. Ahora los corren para no poder tener hacienda tampoco», señaló. La concejal y presidente de bloque de Juntos por el Cambio, Sivina Vacarezza, contó que todo su espacio votó en contra de la normativa pero que no alcanzó. «Esa modificación de pasar 300 a 5000 metros la distancia de los centros poblados para la cría intensiva y 300 a 1500 metros para los cursos de agua es inaplicable y arbitrario». «Nosotros pedimos que se llame y se consulte a gente especializada y los productores involucrados porque esto implica achicar la producción», indicó y agregó: «Esto es un atropello al productor que trabaja. Estoy a favor de cuidar el medio ambiente, pero existen un montón de medidas mejores para aplicar como trabajar en las Buenas Prácticas Agropecuarias». Asimismo, la concejal relató que otro de los contratiempos que trae la nueva norma es que existe en el partido una escuela agrotécnica que tiene un tambo en el lugar y está ubicada a 4700 metros del egido urbano y que, por lo tanto, deberán dejar de producir. En este sentido, Daniel Palazzo, secretario legal del municipio, dijo que existe una interpretación errónea del espíritu de la ordenanza. «Lo que se busca es enmarcar a la producción de los feedlots o sea el engorde a corral. Eso es lo que va a surgir de la reglamentación en la que ya se está trabajando». La ordenanza nueva no menciona a los feedlots como tal, sino «cría intensiva de ganado», algo que los productores pueden hacer no necesariamente con ese esquema de engorde a corral. Por último, Zunino contó que ya se empezó a intimar a pequeños productores de la zona de quintas en donde le informaban que le daban un plazo de seis meses para sacar sus animales. «Hoy en el partido hay 44.000 cabezas. Van a quedar muchos campos improductivos. Es un ataque sistemático con la producción agropecuaria. Siempre es mas fácil prohibir que ponerse a estudiar».

Preguntas de hoy: ¿A quiénes se vacuna primero? ¿Qué pasa si nos vamos de vacaciones?

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“¿O sea que vamos a tener que volver desde la Costa para darnos la vacuna?” La inquietud vino de un hombre de 75 años, casado hace 50, hipertenso y que está entre los que planean salir de vacaciones por más de una semana.
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El Ministerio de Salud había anticipado que el esquema de vacunación contra el coronavirus sería “parecido al electoral”, es decir, a cada individuo, una sede de vacunación según su domicilio. Pero la respuesta -de una alta fuente nacional- sorprendió: “No, no debería haber problema. Se está evaluando, porque es lo lógico: que te puedas vacunar donde pasás las vacaciones, siempre y cuando te quedes lo suficiente como para recibir las dos dosis en el mismo lugar”.
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Si el “permiso” para vacunarse “donde sea” en el país se confirma, las provincias deberán, ante todo, poner buena onda, es decir, dejar de lado cualquier celo pueril y aceptar que su infraestructura e insumos estarán al servicio, también, de algunos no residentes “de riesgo”.
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En particular, aquellas provincias que condensan los principales destinos turísticos del país. En cifras, el Ministerio de Turismo y Deportes estima que el verano será tranquilo, con entre 9 y 10 millones de turistas yendo y viniendo por el territorio nacional (60% o 65% de lo normal).
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Por otro lado, no debería ser un operativo de vacunación inabordable, al menos en una primera instancia. Nadie espera para enero y febrero una estrategia que abarque las 12 millones de personas consideradas “de riesgo”, sino que se hará una vacunación escalonada, por subgrupos.
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«Si bien todo esto se está definiendo, lo que es seguro es que si la persona se quiere vacunar en otra jurisdicción donde está de vacaciones, se va a tener que quedar las semanas que hagan falta (21 o 28 días, según el fármaco) hasta darse la segunda dosis. Se le va a dar un carnet (probablemente digital) que va a acreditar dónde recibió la primera inyección, para que también se aplique, ahí, la segunda”.
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Al cierre de esta nota, los ministerios de Salud de la Ciudad y de la Provincia de Buenos Aires no estaban al tanto de que se barajara una modalidad con tal grado de «plasticidad».
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De todos modos, hay que insistir en que las personas de riesgo, en lo posible, no se movilicen
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“Por sentido común, si alguien de riesgo se quiere ir de vacaciones, el Estado no le puede prohibir hacerlo. De todos modos, hay que insistir en que las personas de riesgo, en lo posible, no se movilicen. Y que si se movilizan, se queden para hacer la vacunación completa”, subrayó la fuente, tal vez pensando en la casi visible segunda ola de contagios.
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Modelo a la vasca
Rafael Bengoa, médico español, de Bilbao (País Vasco), ex asesor de la OMS, días hizo declaraciones después de una reunión que había mantenido con el ministro de Salud Ginés González García. Y no llama la atención que se esté mirando el modelo de ocho subgrupos en los que el País Vasco segmentó a su población, de cara a la estrategia de vacunación contra el Covid-19.
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“Es un tema que nos urge definir porque son 12 millones de personas con prioridad, pero, ¿a quiénes se va a vacunar primero si llega una primera tanda de, por ejemplo, un millón de dosis?”, expresó con preocupación.
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Por lo pronto, los «escalones» (de mayor a menor riesgo) que definieron las autoridades de Salud vascas, y que ahora mira la Argentina, son estos:
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1. Personal sanitario en contacto con pacientes, incluidos los que trabajan en hogares de ancianos y personal de primeros auxilios.
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2. Personas de 80 años o más, y ancianos en instituciones geriátricas.
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3. Personas adultas de 65 a 79 años.
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4. Personas con comorbilidades: diabetes tipo 2, cardiopatías coronarias, EPOC, enfermedad renal crónica, obesidad y personas con cáncer (que reciben quimioterapia) u otros pacientes inmunosuprimidos.
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5. Personas institucionalizadas y en riesgo de exclusión social.
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6. Personal esencial de las áreas Transporte, Educación y Alimentación.
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7. Mayores de 55 años.
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8. Resto de la población.
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Declaración de las Pymes de la provincia de Buenos Aires

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«La pandemia redujo a una mínima expresión las actividades productivas. Basta con recorrer las últimas estadísticas o ver las desgarradoras postales de establecimientos con carteles para alquilar o vender, cuya cantidad se triplicó en los últimos meses. Y muchos de esos locales no volvieron a abrir. Ante este crudo panorama, los empresarios pymes no nos resignamos y hacemos los deberes para cuando el sol vuelva a asomar con fuerza. Como decía el poeta Almafuerte: “si te caes diez veces, te levantas, otras diez, otras cien, otras quinientas, no han de ser tus caídas tan violentas, ni tampoco por ley han de ser tantas”. Acostumbrados a enfrentar decenas de obstáculos en la batalla cotidiana, tomamos a este proceso de recuperación como una suerte de posgrado en resiliencia, que la psicología explica como la capacidad para adaptarse con resultados positivos frente a situaciones adversas. Por eso, en este bendito país que ha sorteado hiperinflaciones, devaluaciones y recesiones, renace la apuesta a un futuro de crecimiento sostenido, de abundancia y de riqueza. Para eso se necesitan decisiones acertadas y coraje para ejecutarlas. Y para transitar este camino, desde la Confederación Económica de la Provincia (CEPBA), junto a otras entidades colegas como UIPBA, FEBA y ADIBA, generamos una agenda de propuestas de reformas impositivas, de apoyo financiero y crediticio, además del combate a la informalidad y la competencia desleal. Estas son cuestiones sobre las cuales deben abundar más los ejemplos que las simples declaraciones. En este boleto de ida hacia un aparato productivo aceitado y sustentable, redoblaremos nuestro optimismo y esfuerzo, dos bienes intangibles que cotizan siempre en alza. Destacando hasta el momento la buena predisposición del Gobierno Nacional y Provincial que siempre nos ha escuchado, y demostraron su filosofía de apoyo a la producción y a las pymes. No obstante, en esta coyuntura hay problemas que no podemos tapar. Uno de ellos tiene que ver con el acceso a la materia prima para producir. El tema es que se está retaceando la entrega, por una estrategia especulativa de las cabezas de cadena de valor, y por otra la escasez de divisas que fueron utilizadas por los bancos para supuestamente anticipar pagos de créditos que habían tomado. A esto se suma el aumento del precio de los insumos y los costos fijos, dado que los impuestos son iguales, los alquileres son iguales, las cargas sociales son iguales, todo es igual, pero con menos facturación. También hay que trabajar sobre el equilibrio de costos, sobre todo para rubros de actividades que deberán adecuar su capacidad instalada con menos operarios o menor cantidad de clientes. Por eso propondremos nuevos modelos de negocios o actividades complementarias. Cuando una Pyme cierra, no solamente hay trabajadores que se quedan sin trabajo, sino que su familia también se queda sin proyecto y sin sus sueños. Los empresarios Pymes creamos trabajo, no somos titulares de acciones, ni ponemos un CEO para que administre nuestra empresa. El cartel o leyenda de “atendido por sus dueños” es más que acertado en este caso. No sólo seremos un eslabón importante en esta cadena. Queremos ser los protagonistas de un momento histórico, y los principales partícipes de aportes más que esenciales para dar vuelta a la página de un presente que hay que archivar para futuros libros de historia

Guillermo Siro

Presidente de la Confederación Económica de la provincia de Buenos Aires (CEPBA)

El homenaje de los All Blacks a Maradona

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Diego Armando Maradona era fan de los Pumas, de la Selección Argentina de Rugby. Aquí los alentaba en su vestuario, en 2015, antes de su partido con Tsonga

Gambito de ajedrez: desde hace 7 años un joven noruego es campeón mundial

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(El lunes pasado publicamos una nota sobre Claudia Amura, Gran Maestra del ajedrez argentino. Y tuvo muchas visitas. Queremos saber si fue por Claudia, por el ajedrez o por ambos) El 22 de noviembre de 2013 -este mes se cumplieron siete años- un joven noruego llamado Sven Magnus Øen Carlsen, de apenas 22 años, 11 meses y 13 días (esta precisión no es ociosa, ya verán porqué) se coronó como campeón mundial de ajedrez al vencer al anterior titular, el indio Viswanathan Anand por 6 ½ puntos a 3 ½ en un match disputado en Chennal, India, durante el cual obtuviera tres victoria resultando tablas las otras siete partidas. Desde entonces defendió en tres oportunidades la corona. La primera de ellas ante el propio Anand, imponiéndose en 2014 por 6 ½ a 4 ½ (tres ganadas, siete tablas y una perdida); en 2016 ante el ruso Serguéi Kariakin, donde debió jugar un desempate rápido por haber igualado el match inicial 6 a 6 para ganar luego 3 a 1; y en 2018 frente al italiano Fabiano Caruana, oportunidad en la que también tuvo que ir a un desempate ya que originalmente el match había terminado 6 a 6, con 12 tablas, para luego imponerse en el juego rápido por 3 a 0.

Carlsen en 2009

Carlsen, consagrado como gran maestro internacional cuando sólo contaba con trece años, fue el segundo campeón más joven de la historia de este deporte solo superado por el entonces soviético Garry Kaspárov quién se coronó a los 22 años, 6 meses y 27 días, es decir cuando tenía algo menos de seis meses que el actual campeón nórdico. Desde el inicio del Campeonato Mundial se han sucedido como campeones el francés André Philidor; el francés Alexandre Deschapelles; el francés Louis de Labourdonnais; el británico Howard Staunton; el alemán Adolf Anderssen; el estadounidense Paul Morphy; el austro-húngaro estadounidense Wilhelm Steinitz; el alemán Emanuel Lasker; el cubano José Raúl Capablanca; el ruso-francés Alexandre Alekhine; el neerlandés Max Euwe; otra vez Alekhine; el ruso-soviético Mikhail Botvinnik; el ruso-soviético Vasili Smyslov; otra vez Botvinnik; el letón-soviético Mikhail Tahl; otra vez Botvinnik; el armenio-soviético Tigram Petrosián; el ruso-soviético francés Borislav Spasski; el estadounidense Robert “Bobby” Fischer; el ruso-soviético Anatoli Karpov; el referido ruso-soviético Kaspárov; el ruso-soviético Vladimir Krámnik; el indio Anand; y Carlsen. Como la lista oficial de la Federación Internacional de la FIDE se cuenta a partir de Steinitz, Carlsen es oficialmente el decimosexto bajo el control de ese organismo. Magnus Carlsen nació en Tonsberg, Noruega, el 30 de noviembre de 1990. En 2010 alcanzó el primer lugar en la clasificación de la FIDE. Es el más joven en haber superado los 2800 puntos Elo (el ranking de los ajedrecistas), y en 2014 alcanzó los 2882, la cifra más alta de todos los tiempos al superar los 2851 que había logrado Kaspárov en 1999. En la actualidad su Elo es de 2862 puntos. A los ocho años disputó por primera vez un torneo bajo la dirección del gran maestro noruego Simen Agdestein. En 2012 fue subcampeón mundial en la categoría de los menores de 12 años. A lo largo esa etapa juvenil alcanzó importantes victorias ante notables figuras mundiales como la obtenida ante el hoy ex campeón mundial Kárpov y tablas con Kaspárov. También fue entrenado por el gran maestro danés Peter Heine Nielsen y contó con respaldo económico del mundo de las empresas informáticas como Microsoft y la noruega Artic Securities. Fue en Varsovia, en enero de 2004, cuando por primera vez alcanzó algún grado de conocimiento internacional en como consecuencia de haberse impuesto en el Grupo C del Torneo Corus tras lograr 10,5 puntos sobre 13 posibles.
Ese año también participó en las eliminatorias de las que surgiera el desafiante del campeón mundial; fue el más joven entre 128 contendientes y fue eliminado en la primera ronda. En el Campeonato de Noruega de 2006 compartió el primer lugar con Simen Agdestein, el mismo que fuese su mentor. En 2009 y 2010 se estuvo entrenando con Kaspárov.
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De niño y adolescente desarrolló un juego de ataque con continuos sacrificios y más tarde sus planteos lo llevaron a concentrarse en el medio juego. Según Kaspárov con el tiempo desarrolló un estilo posicional que resulta similar al de grandes campeones del pasado como Capablanca, Kárpov y Smyslov, pero en los últimos años retomó una forma más ofensiva cuando a partir de 2018 centrara sus estudios en el sistema AlphaZero de inteligencia artificial.
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Fernando Del Corro
 

Los anuncios del Presidente: fin de la «cuarentena», y plan de vacunación. No será obligatoria

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El presidente Alberto Fernández dio ayer en un mensaje en vivo los que son probablemente los anuncios más importantes que pudiera hacer entre aquel momento en marzo que dispuso la primer cuarentena, y el día, todavía en el futuro, que los organismos científicos correspondientes, entre ellos nuestra ANMAT, certifiquen la eficacia y seguridad de una o varias vacunas. Pero la muerte de Maradona y su velorio han conseguido opacarlos en los medios. Resumimos: El dato clave en el que Fernández basó las decisiones anunciadas es la situación sanitaria actual de la Argentina. Afirmó: «En las últimas dos semanas la cantidad de contagios han caído sensiblemente, aproximadamente 30%. Eso nos da muchas expectativas de que si seguimos cuidándonos y priorizando el distanciamiento social y los cuidados podremos, más rápido que tarde, ir terminando esta etapa de la pandemia». A pesar de ello, señaló que «el trabajo no ha concluido» y que «la pandemia esta lejos de haber sido erradicada». A partir de esto, anunció que en esta nueva etapa -que durará al menos hasta el 20 de diciembre, solo dos ciudades -Bariloche y Puerto Deseado- se mantendrán con aislamiento sanitario, las medidas que se conocieron como «cuarentena». El resto del país, incluso el Área Metropolitana Buenos Aires- estará en distanciamiento, DISPO. (Desde AgendAR debemos decir que, en la formalidad legal, ya con el decreto 875, del 6 de noviembre, se dio la condición de Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio para quienes viven en el AMBA. Y en la realidad, la cuarentena ya había pasado a ser para la mayoría de las personas. una decisión personal de cuidarse. Pero tal vez esta decisión, si es acompañada por una campaña adecuada de comunicación, pueda promover esas medidas de precaución que son la esencia del DISPO). Luego, Fernández dio detalles sobre la campaña de vacunación, comenzando con una precisión: «La vacuna será gratuita, pero no obligatoria, cada uno decide tomarla o no». Señaló que la segunda ola de la pandemia que se registra en estos días en el hemisferio norte, indica que «es muy posible que América Latina y la Argentina deban enfrentar una segunda ola cuando el otoño se inicie». Por eso, «el total de personas que deberíamos vacunar entre enero y marzo es de 13 millones. Eso significa alrededor del 25% de los habitantes de la Argentina». «Si logramos ese objetivo podremos afrontar esa segunda ola, de tal modo de que los que tienen factores de riesgo o corren el riesgo de contagiarse por la actividad que realizan estén inmunizados al momento de llegar el otoño«. «Ese es el propósito del Comando Estratégico de Vacunación -creado en articulación con el Pami, varios ministerios y los gobernadores. En todos los casos lo que estamos viendo es cómo construir junto a los gobernadores la infraestructura necesaria para pensar en vacunar a todas las personas en riesgo, entre enero y febrero». El primer mandatario indicó que se necesitarán «alrededor de 20.000 voluntarios para llevar adelante el plan de vacunación» de la manera en que lo idearon y que «la Argentina, con mucho esfuerzo, puede calcular vacunar por mes entre 4,5 y 5 millones de argentinos».

Las vacunas que se usarán:

El Presidente también detalló el número de dosis que el gobierno nacional acordó con los distintos proveedores. «Con Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través del programa Covax, serán más de 30 millones de dólares para prepagar las vacunas. Calculamos que las de Covax estarán en marzo, seguramente serán las vacunas de Oxford y AstraZeneca, de Pfizer y otras que Covax pueda comprar». «A su vez, estamos en negociaciones con Pfizer, AstraZeneca y Oxford. Estas vacunas estarían disponibles en la Argentina en marzo. Y estamos trabajando a todo vapor con la Federación Rusa, tratando de contar con la vacuna Sputnik para que entre enero y febrero podamos vacunar a alrededor de 10 millones de argentinos». «Las vacunas que estamos recibiendo requieren una temperatura de 18 grados bajo cero y eso solo lo podemos garantizar con freezers adecuados que puedan llegar a todos los rincones del país. Hay que cuidar que en el traslado no se pierda la cadena de frío».

La población a inmunizar

«La prioridad estará en el personal sanitario, el personal de Seguridad y de las Fuerzas Armadas, el personal docente, los mayores de 60 años y las personas que, teniendo menos de 60 años, tengan alguna enfermedad prevalente, o sus condiciones físicas los pongan en riesgo frente al contagio». «Quisiera que al culminar febrero tengamos 10 millones de argentinos ya vacunados. A partir de allí vamos a poder pensar en cómo se retoman las clases, aunque esto es materia de cada jurisdicción, pero si les damos certeza a los docentes al ser inmunizados, todo va a ser más fácil». «Les pido a todos que colaboren, lo que estamos buscando es salir del riesgo que la pandemia nos provoca lo más rápido posible, inmunizar a la mayor cantidad de argentinos. Les pido la colaboración de todos, el esfuerzo mancomunado de todos«.

Una reunión previa con los gobernadores

Durante la tarde, Fernández mantuvo una videoconferencia con los gobernadores para evaluar las nuevas habilitaciones o la necesidad de restricciones, en los distintos territorios. Se comunicó desde la Casa Rosada, acompañado por el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; el ministro de Salud, Ginés González García; el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, y la directora ejecutiva de PAMI, Luana Volnovich.

El precio de la soja en la política argentina. Y una «yuanización» en el horizonte

Una de las novedades de los últimos dos meses fue el aumento del precio de la soja. Un dato clave de la historia argentina contemporánea.

En los años ´90 el precio de la tonelada de soja estuvo por debajo de los 300 dólares. Y a finales de esa misma década y principios de siglo, coincidiendo con nuestra depresión y posterior colapso económico, cayó por debajo de los 200. Los años de Menem y De la Rúa fueron malos para el campo argentino. Pero luego, como sabemos, el precio del «yuyito» pegó un giro ascendente de magnitud a mediados de los 2000, hasta superar los 600 dólares en 2008. Eso último se transformó en una puja distributiva fiscal, protagonizada por el gobierno cristinista y las organizaciones de productores, que recordamos por la resolución 125 y la posterior «crisis del campo». Que fue una de las madres de la grieta contemporánea. Tras ese pico la soja cayó bastante en los años 2009 y 2010, y no casualmente el kirchnerismo parecía derrotado a los ojos de enemigos y analistas varios, unos cuantos peronistas le daban la espalda y el denarvaísmo se postulaba para la sucesión. Hasta que el yuyito vuelve a subir entre los años 2011 y 2013, acompañando favorablemente la cómoda reelección de CFK con el 54% de los votos. Desde entonces la soja se estabilizó en precios bastante más bajos que los del lustro dorado, sin el cual es difícil imaginar la trayectoria del kirchnerismo. En estos últimos seis años de estancamiento económico la tonelada osciló en una franja por debajo de los 400 dólares, en especial en los últimos dos, que estuvo en una media cercana a los 350. Con el agravante de que nuestro sector público creció y necesita más ingresos. Hoy, mientras redactamos esta nota, la soja cerró a 430, el precio más alto en seis años. Convergentemente, también subió el precio del cobre, que llegó a su mejor nivel en tres años y es seguido muy de cerca en Chile. Alberto Fernández y Sebastián Piñera deben estar contentos. Con entusiasmo moderado, claro, porque el panorama financiero y sanitario no es nada bueno y tal vez un aumento de 10% no cambie demasiado las cosas. Pero no dejan de ser cotizaciones que deciden destinos sociales y políticos, sobre todo si el alza es sostenida. Sabemos que Piñera hizo varias consultas con especialistas en futuros de minería para estimar qué iba a suceder con el precio del metal antes de confirmar su candidatura presidencial. Y parece que terminó haciéndolo con incomodidad, porque todo lo que le dijeron era incierto. En Argentina sucedió algo parecido, porque las élites dirigentes se convencieron de que esos superprecios kirchneristas nunca volverían. Así de influyentes son los precios de la soja y el cobre en el cono sur. El vacío de ideas y propuestas de la dubitante Argentina contemporánea se lo podríamos adjudicar a la falta de horizontes en materia de ingreso de dólares vía exportaciones. No sabemos aún si estas subas son tendencia, o si solo forman parte de un subibaja de corto plazo. Pero hay razones para creer algo de lo primero. Un poco, al menos. La pandemia y el parate global consecuente derivaron en caídas de producción de agroalimentos y minerales en diferentes lugares de Asia, y desde hace varios meses se preveía que el fin de la coronacrisis venía con recuperación de precios y cantidades demandas. Aunque nadie sueña con la tonelada a 600 dólares -ahí sí se confirmaría la hipótesis del Dios argentino y peronista-, la franja por encima de los 400 tiene verosimilitud. Animémonos a imaginar un valor intermedio entre los precios de la recesión y los de la euforia por un buen rato. ¿Sería una vuelta atrás a los años de la “década ganada”, repitiendo un modelo de devaluación competitiva y superávit comercial? No es tan sencillo. Entre aquella realidad y la actual pasaron varias cosas. Destacamos dos. En primer lugar, que los productores rurales ganaron poder e influencia política en todos los países. En los tres grandes sojeros, que son Brasil, Argentina y Paraguay, los ruralistas ingresaron a la política. En Paraguay, fortalecieron su presencia en el Partido Colorado y el presidente Mario Abdo los considera un aliado estratégico. En Brasil aumentaron su bancada legislativa y son un núcleo duro de la diversa y heterogénea coalición bolsonarista. Y en Argentina son un grupo activo de Juntos por el Cambio, frente electoral al aportaron una importante dotación de dirigentes y votos. Pese a que muchos productores esperaban más del gobierno de Macri. El otro cambio proviene del gran comprador, que es China. El gigante sale fortalecido de la pandemia, disparando por ello un sinfín de teorías conspirativas. Es el país que se recupera más rápido y mejor, y por esa razón empieza la tercera década del siglo representando una porción cada vez más grande de la torta del PBI mundial. Y a los países que exportamos los recursos naturales nos promete más volumen a mejores precios. Con otras condiciones, naturalmente. La China de 2020, a diferencia de la de 2005, está interesada en globalizar su moneda, el yuan. Razón por la cual nos ofrecerá, en algún momento, comprarnos soja en yuanes. Yuanes que podremos luego utilizar para comprar cosas de China, o pagarle deudas denominadas en dólares. Un cambio enorme en los términos de nuestra economía. Hoy, las posibles consecuencias de una yuanización argentina son intelectualmente inasimilables para nuestros economistas, acostumbrados por generaciones a pensar en verde. Es una idea que hay que masticar de a poco, y dosificarla. Ambos fenómenos tienen algo en común: los protagonistas de la política del “yuyito”, los que producen y los que consumen, aprendieron a hacer pesar mejor sus intereses a lo largo de estos años. Y tienen herramientas para jugar. Al gobierno argentino le costará un poco más “regular” una posible primavera verde. Así y todo, sería una gran oportunidad.

Julio Burdman

El CAREM -el proyecto nuclear «de bandera» de Argentina- se ha vuelto a poner en marcha

Este martes 24 de noviembre se realizó el montaje del módulo 10 del liner de la contención, la pieza de acero que complementa la estructura de hormigón armado y garantiza la estanqueidad de todo el recinto donde se ubica el reactor y los principales equipos de seguridad. Esta pieza es el último módulo de gran porte de los componentes que forman este liner. Abarca desde el nivel +8,80 metros hasta el nivel +14,00 metros del recinto que albergará al reactor (nivel en el que se ubicará la tapa metálica superior). La construcción y el montaje estuvo a cargo de la empresa CONUAR. El CAREM es el primer reactor nuclear de potencia íntegramente diseñado y construido en la Argentina. Con este desarrollo nuestro país se perfila como uno de los líderes mundiales en el segmento de reactores modulares de baja y media potencia (SMR, por sus siglas en inglés). Esta clase de reactores tienen una gran proyección para el abastecimiento eléctrico de zonas alejadas de los grandes centros urbanos o de polos fabriles e industriales con alto consumo de energía. Su prototipo está siendo construido en Lima, provincia de Buenos Aires.   La estructura que se montó consta del propio módulo 10 más la estructura de rigidización interna, necesaria para garantizar la geometría durante la operación de montaje. La misma pesa aproximadamente 145 toneladas y tiene una altura de 5,5 metros y un diámetro de 19 metros, por lo que para su traslado se utilizó una grúa con una capacidad de 750 toneladas que se ubicó a 54 metros de distancia del centro de la contención. Dado el peso de la estructura, la grúa y la proximidad al talud de la excavación para la construcción del edificio, se utilizó una fundación especialmente diseñada para soportar este tipo de grúa, lo que permitió realizar la maniobra garantizando la seguridad tanto del personal involucrado como de las instalaciones aledañas. Sobre el liner La instalación de cada módulo del liner es realizada en forma previa al hormigonado, por lo que adquiere la característica de ‘encofrado perdido’: se monta el módulo correspondiente, se realiza la conexión con el módulo anterior mediante un preciso y delicado proceso de soldadura (estrictamente controlado para garantizar una perfecta unión de las partes) y luego se realiza la siguiente etapa de hormigonado, con lo que el liner queda embebido en las paredes de 1,20 metros de espesor de la contención. El objetivo de esta integración es que la capa de acero complemente la función de soporte estructural que cumple el hormigón reforzado, garantizando que además de la integridad requerida, la contención quede totalmente hermética, minimizando cualquier posible filtración. En lo referido al diseño del liner, se sigue una secuencia constructiva establecida en las siguientes etapas:
  • M1: Estructura inferior de piso de -12,10m.
  • M2: Estructura inferior de piso de -10,10m y liner de TCI.
  • M3: Liner de contención entre -12,10 y +0,20m y recubrimiento de PS.
  • M4: Liner de piso de -12,10m (se instala en una etapa posterior, no correlativa).
  • M6: Liner de piso de -10,10m (ídem anterior).
  • M8: Liner de contención entre +0,20 y +8,80m.
  • M10: Liner, entre +8,80m y +14,00m. Finaliza en la tapa metálica de la contención.
  • M12: Estructura inferior de piso de +10,00m.
  • M16: Liner de piso de +10,00m.
Próximos pasos La CNEA firmó un pre-contrato con la Unidad de Gestión de Proyectos Nucleares (UGPN) de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NA-SA), a partir del cual -bajo la dirección de la CNEA- se trazaron los pasos a seguir para preparar lo que será la nueva etapa en la construcción del edificio CAREM, cuya ejecución estará bajo la responsabilidad de esa empresa. Además de las tareas de apoyo a los equipos de trabajo a cargo del montaje del liner, el personal de la Gerencia Dirección de Obras CAREM coordina en la actualidad una serie de tareas de puesta a punto, reparación y mantenimiento de los equipos e instalaciones de la obra. Por su parte, el grupo de trabajo dispuesto por la UGPN está abocado al estudio de toda la documentación de ingeniería entregada por la CNEA y a definir los proveedores y contratistas que desarrollarán efectivamente la tarea de completar el edificio del primer reactor argentino de potencia. Se estima que a principios de 2021 se estará firmando el nuevo contrato con NA-SA, y que en febrero comenzaría la gestión de las obras a cargo de la UGPN.

Covid-19: ¿cuándo termina la pandemia? Las perspectivas globales para el 2021

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Expertos mundiales en vacunología y epidemiología analizan el escenario que viene con las vacunas.

En unas semanas, cuando se anuncien los resultados de la fase 3 de varias vacunas que en tiempo récord ya están en el tramo final de su desarrollo, la ciencia le dará a la humanidad una herramienta valiosa para combatir al nuevo coronavirus. ¿Será suficiente para terminar con la pandemia?
Desde que se notificó el primer brote, el 31 de diciembre pasado en Wuhan, China, 214 laboratorios de distintos países comenzaron a trabajar en vacunas y 500 hospitales, a ensayar posibles terapias.
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Algunos retomaron investigaciones que tenían sobre los coronavirus SARS-CoV y MERS-CoV, que –al igual que el SARS-CoV-2, el coronavirus nuevo, responsable de esta pandemia– provocan síndromes respiratorios agudos. Por eso pudieron avanzar rápido, en menos tiempo del que demandaría usualmente un desarrollo común, que podría demorar hasta 10 años. Otros experimentaron con nuevas tecnologías que demandan menos tiempo de elaboración.
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“Los tiempos se acortaron de un modo excepcional porque la situación de pandemia es única, por presión de la población y también de los gobiernos, pero ninguna vacuna se aplicará si antes no cumplió con la fase 3 y fue aprobada”, explica Emilio Malchiodi, director del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (UBA-Conicet​).
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Hoy existen 45 vacunas, basadas en distintas plataformas (es decir, el modo en que están hechas), que se encuentran en etapas clínicas, de ensayos en humanos; 11 están en fase 3 (la última antes de solicitar una aprobación); y 6 de ellas: la de Oxford/AstraZeneca, la rusa Sputnik V, las chinas Sinopharm y CanSino Biologics, la de la empresa estadounidense Pfizer asociada con la alemana BioNtech y la china Fosum Pharma, y la de Moderna, de los Estados Unidos, son candidatas para completar su última fase hacia fin de año o en principio de 2021.
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“No vamos a tener vacunas suficientes para todos en 2021, ni siquiera para todos los individuos de alto riesgo.”
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“Están avanzadas, y tres de ellas –la rusa Sputnik V, la de Pfizer/BioNtech/Fosum Pharma y la de Moderna– dieron hace unos días resultados preliminares alentadores, de entre 90 y 95 por ciento de eficacia, pero no van a estar listas para aplicarse enseguida. Si sus resultados finales son buenos, iniciarán otro paso: pedir las aprobaciones a organismos de regulación internacionales y locales. En nuestro país, la Administración Nacional de Medicamentos , Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Eso es parte de un protocolo ineludible”, dice Malchiodi.
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Después vienen otras etapas complejas: fabricación (la mayoría propone dos dosis), distribución y aplicación. Un operativo que, por el volumen de personas a vacunar, miles de millones, nunca se hizo en la historia.
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“No vamos a tener vacunas suficientes para todos en 2021, ni siquiera para todas las personas con alto riesgo de formas graves de Covid-19 o riesgo ocupacional. Por eso, grupos de expertos en vacunas, salud pública y ética están elaborando recomendaciones para que los gobiernos maximicen los beneficios de la vacunación y la contención de la pandemia. En 2021, y hasta que se logre una inmunidad razonable, debemos mantener las medidas de protección”, comenta Carlos Alberto Guzmán, un referente global en vacunología, jefe de Investigación en Vacunas del Centro de Estudios de Enfermedades Infecciosas Helmholz, en Alemania.
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“Las vacunas, aún con el nivel de eficacia esperado, no pondrán fin a la pandemia”, asegura Gregory Poland, director de Investigación de Vacunas de Mayo Clinic, en los Estados Unidos.
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Y plantea dos escenarios: “Si nos sorprenden gratamente y resultan ser muy efectivas y logran proteger a un porcentaje muy alto de la población, podremos empezar a manejar esto. Pero si eso no sucede, continuaremos con tapabocas y tendremos que esperar a la segunda generación de vacunas”, advierte.
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¿Rápidas y seguras?
La seguridad, las procedencias, la rapidez de su fabricación. Varios elementos crean dudas sobre las primeras vacunas que saldrán a enfrentar al coronavirus. A eso, además, hay que pasarle el tamiz de las comunicaciones contradictorias de autoridades sanitarias. Entonces: ¿Es segura la rusa? ¿Las nuevas, basadas en ARNm, son mejores? ¿No les faltarán más pruebas? ¿Serán obligatorias?
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A grandes rasgos, lo que tienen en común estas vacunas es que buscan enseñar al sistema inmune a reconocer al nuevo coronavirus y, con distintas estrategias y mecanismos (en eso se diferencian), frenarlo. Y ese objetivo requiere un proceso y un tiempo. ¿Su aceleración conlleva riesgos?
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“Los tiempos están siendo acortados y eso genera ciertos riesgos inevitables, como lo ha dicho bien claro la European Federation of Pharmaceutical Industries and Associations en sus notificaciones. Ese es el argumento esgrimido para pedir inmunidad (legal) contra procesos civiles o una indemnización si eso ocurriese”, comenta Guzmán.
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Y cita algunos ejemplos de lo que podría pasar: “Ese acortamiento de tiempos provocaría, tal vez, no poder detectar efectos adversos tardíos o que requieran algún tipo de concomitancia. Tampoco vamos a saber la duración de la respuesta de protección. El riesgo potencial podría ser mayor para tecnologías nuevas que nunca se utilizaron para ninguna otra vacuna”, detalla.
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Un enigma ruso
“La vacuna rusa se basa en una idea única e interesante, pero que aún no ha sido ampliamente probada, por lo que no tenemos ningún dato sobre su eficacia o seguridad. No sabemos qué sucede cuando se administra a un gran número de personas. No estoy a favor de pensar que podría ser obligatoria, no debería serlo esta o ninguna otra. Hay que esperar los resultados completos de la fase tres”, sentencia Poland, de Mayo Clinic.
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Kirill Dmitriev, CEO del Fondo Ruso de Inversión Directa, organismo que financia el desarrollo de esa vacuna, sin embargo, se anima a picar en punta. “Nuestra ventaja clave es que nos basamos en adenovirus humanos, una tecnología ya probada. Estamos confiados; en mi caso, mi familia, mi mujer y mis padres, ya fueron vacunados. Y la Argentina será uno de los primeros países en ser protegidos”, dice, como para despejar las dudas que se instalaron cuando el 2 de noviembre el gobierno argentino anunció que compraría 25 millones de dosis sin haber visto aún resultados de la fase 3.
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Denis Logunov, director adjunto del Centro Nacional de Investigación en Epidemiología y Microbiología Gamaleya, donde nació la Sputnik, también quiere un voto de confianza. Comenta que en diciembre se publicarían esos esperados resultados en la revista médica The Lancet. Y cuenta detalles de la vacuna que vendría al país.
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“La vacuna que llegará a la Argentina será elaborada, mediante la transferencia de nuestra tecnología, en India, Corea del Sur y China, con nuestra supervisión y protocolos. En nuestro país planeamos hacer de 5 a 6 millones de dosis por mes durante el año que viene. Y también estamos dispuestos, si la Argentina lo desea, a que ustedes la produzcan en su territorio”, dice.
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Sobre la inmunidad que permitiría alcanzar, sólo comenta que espera que “sea muy duradera”.
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Otro obstáculo en el camino hacia el fin de la pandemia es la inmunidad. ¿Qué porcentaje de la población debería estar inmunizada para que el coronavirus perdiera fuerza (si es que no lo hace antes naturalmente)?
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“Si las vacunas que están en última fase de desarrollo son exitosas, aproximadamente entre un 60 y 70 por ciento de la población mundial debería inmunizarse para garantizar el fin de la pandemia”, calcula Soumya Swaminathan, científica jefe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Ese sería el porcentaje ideal, pero el objetivo para 2021 es alcanzar por lo menos un 20 por ciento”, agrega su colega Kate O’Brien, directora del departamento de Inmunización de la OMS.
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“Hay que tener en cuenta que no sabemos cuánto va a durar la protección de las primeras vacunas. Se asume que va a ser por lo menos uno o dos años, pero no hay certeza: no hubo tiempo durante el desarrollo clínico para evaluarlo. En el peor escenario, habría que producir vacuna para inmunizar a los que no fueron inmunizados y vacunas para refrescar la inmunidad de los que se vacunaron en el primer año”, comenta Guzmán.
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Para Poland, también es un problema no contar aún datos certeros: “No tenemos datos de durabilidad. En 2021, los estudios recopilarán datos de eficacia. ¿Qué sucederá en el otoño o el invierno siguientes? No lo sabremos hasta que lleguemos a 2021 y a 2022. Mi sentido común indica que si estas vacunas resultan ser seguras y eficaces, será en los años 2022-2023 cuando finalmente podremos lograr dominar esta pandemia. Y eso es porque creo que vamos a descubrir que vamos a necesitar dosis de refuerzo”.
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¿Se vienen más olas?
Miguela Caniza es directora del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Hospital de Investigación pediátrica St. Jude, de los Estados Unidos, y una entusiasta de las prospectivas.
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“Hay que enfrentar esta pandemia con información. A nivel personal, uno debe saber cuál es su verdadero nivel de riesgo frente a Covid-19 y actuar en consecuencia. Y a nivel global, continuar elaborando modelos que nos permitan vislumbrar qué se puede esperar y prepararnos”, dice, y comparte datos vitales, especialmente sobre Sudamérica.
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“Según estudios publicados en Science, en este año, debido a la alta transmisibilidad del virus (incluso por aire en espacios cerrados), existe una alta probabilidad de continuar la infección de individuos susceptibles. Además, no se conoce completamente la duración de la inmunidad y las personas pueden tener segundas infecciones. Por eso se predice más de una ola de brotes de Covid-19 en cualquier región, incluida Sudamérica, a menos que exista una vacuna eficaz y antivirales efectivos. Por ahora no tenemos estas intervenciones farmacológicas implementadas, de modo que seguiremos teniendo brotes durante los próximos 3 a 4 años”, detalla.
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Como pediatra, asume que “la salud del niño sano ya está resentida por la pandemia” y recomienda que no se descuiden los calendarios de vacunación.
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“Millones de niños no recibieron sus vacunas pediátricas en este 2020, y las consecuencias las veremos recién en los próximos años”, revela Guzmán. Otra razón más para preguntarse cuándo termina esto.
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El grupo santafesino Olio está operando las plantas de Vicentin

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A días de cumplirse un año del anuncio oficial de default, la agroexportadora Vicentin sigue pagando sueldos y manteniendo sus plantas mayormente operativas. No es un dato menor, teniendo en cuenta el antecedente de muchas empresas que tuvieron sus fierros oxidados y cientos de trabajadores en la calle a poco de iniciar sus crisis. La fórmula que le permite seguir a flote tiene varios elementos, pero hay uno que se destaca sobre el resto: los contratos a fasón con el Grupo Olio, una firma que viene experimentando un meteórico crecimiento que deja perplejos a propios y extraños. Grupo Olio es el nombre de un conglomerado que tiene en el rosarino Ariel Olio su principal referente. Dedicado históricamente al agronegocio, el empresario tuvo su primer gran hito en 2016, cuando se hizo cargo de la operación del puerto de Barranqueras, en Chaco, con una inversión de U$S 40 millones. Ya en 2019 anunció una serie de novedades: en marzo informó el lanzamiento de una marca propia para comercializar productos premium de exportación (desde carnes hasta vinos, pasando por aceitunas y garbanzos), la apertura de una oficina en Madrid y una emisión internacional de deuda en la Bolsa de Viena. Meses más tarde, se hizo cargo del 50% del paquete accionario del frigorífico Alberdi –ubicado en la localidad entrerriana de Oro Verde– para potenciar las exportaciones cárnicas, una jugada que implicó U$S 3 millones. Y este año, a través de la operación de las plantas de Vicentin, el grupo alcanzó cifras récord de exportación: según revelaron los investigadores Alejandro Gaggero y Gustavo García Zanotti, en un informe encargado por el Banco Nación, para julio de 2020 ya acumulaban U$S 212 millones exportados, 50 veces más que lo registrado en todo 2019. La apuesta de Olio es ambiciosa. El juez de la convocatoria de Vicentin ya autorizó nuevos contratos de fasón para 2021 y 2022, que le permitirán a la malograda exportadora ingresos por entre U$S 80 y 100 millones por año. El piso que establece el acuerdo es de 3 millones y medio de toneladas de soja y medio millón de toneladas de girasol por todo concepto (crushing y molienda). Asimismo, aunque supeditado a la coyuntura, Grupo Olio podrá sumar la tarea de refinado para su posterior venta en el mercado doméstico. La firma rosarina ya dejó trascender un plan para quedarse con Vicentin: según reveló el portal Punto biz, el proyecto incluye la llegada de fondos chinos. En ese marco de proyección internacional, la compañía acaba de abrir una oficina en Miami, como paso previo para cotizar en Wall Street. Preguntas Frente a este panorama, no son pocos los que se preguntan cómo hizo una empresa que hasta hace poco era una más en el universo agrícolo-ganadero para hacerse lugar en un mercado dominado por multinacionales. Estas últimas no parecen haberla recibido muy bien: el CEO de Grupo Olio, Fernando Jurado, declaró al portal Rosario3 que «hubo actores de la competencia que se encargaron de hacernos sufrir bastante». Según dijo, esas compañías preferían ver cerradas las plantas de Vicentin. La incursión del grupo rosarino en la agroexportadora se dio a través de una de las tres firmas que lo componen –Díaz & Forti SA, especializada en el negocio granario–. Las otras dos son Los Reartes SA (ganadería) y el mencionado Frigorífico Alberdi SA. A ello debe sumarse que, a título personal, Ariel Olio participa en varias sociedades más, como la financiera Compañía Bursátil SA y la metalúrgica Iron Concept SA. En estas dos tiene como socio a Gabriel Adrián Guglielmino, quien a su vez preside MG Group SA, una financiera especializada en la comercialización digital de créditos prendarios. Según los registros públicos del Banco Central, entre las fuentes de financiamiento nacional a las que acudió Díaz & Forti en el último tiempo aparece la Asociación Mutual 18 de Julio, una entidad que estuvo suspendida en 2018 y 2019 por el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes) por relaciones irregulares con MG Group SA. Tanto esta última, como la mutual y las dos sociedades anónimas en las que participan Olio y Guglielmino, funcionan en un mismo edificio del microcentro rosarino, aunque en diferentes pisos. La información provista por el BCRA también indica que actualmente Díaz & Forti no utilizan los bancos tradicionales como alternativas principales de financiamiento. En los últimos meses incrementó su pasivo con dos «proveedores no financieros» –según la terminología oficial– emplazados en la city porteña: Crediserv SA y la Cooperativa de Crédito, Consumo y Vivienda Fincredit Ltda. El respirador y la vacuna Según revelaron los integrantes del actual directorio de Vicentin –tras el recambio autorizado por la última asamblea del 15 de octubre–, gracias al fasón con Grupo Olio, la compañía ya tiene cubiertas las necesidades de todo 2021. «Tenemos comprometido el 70% de la capacidad en soja y el 50% de girasol. El resto lo tenemos disponible para nuevos operadores que quieran acercarnos una propuesta», dijo Omar Scarel, el histórico contador de la empresa que hoy encabeza el management. Más allá de esa afirmación, aún nadie sabe dar precisiones sobre qué pasará con la compañía, que necesita millones solo de capital de trabajo para volver a operar con normalidad. Mientras la empresa juega con los tiempos del concurso preventivo, las plantas siguen funcionando con respirador artificial, a la espera de una vacuna que, siendo optimistas, podría ser realidad recién a lo largo de 2021.

Alberto Fernández anticipa la creación del Consejo Económico y Social

El presidente Alberto Fernández anunció este martes 25 que pondrá en marcha en los próximos días el Consejo Económico y Social. “Tenía el propósito de que sea aprobado por ley, pero me parece que se puede dilatar mucho en el tiempo y entonces estoy pensando en ponerlo a funcionar rápidamente”, dijo en la convención Pro Textil 2020. La intención es que el Consejo sirva para consolidar medidas a largo a plazo. Será también una señal al Fondo Monetario Internacional que existe un amplio acuerdo político y social. Y, se espera, funcionará como paraguas en las discusiones de precios y salarios. En su disertación, Fernández amplió el concepto: “Tenemos que tener una mesa donde discutamos la coyuntura y tenemos que crear la institución donde discutamos a largo plazo cosas muy centrales, por ejemplo, la educación”. Por ahora, sería la institucionalización de un diálogo entre empresarios, sindicatos y representantes del Estado. La iniciativa cuenta con un amplio aval. El dirigente de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Urtubey, dijo que “es un anuncio muy oportuno. Las políticas a abordar en la pospandemia requieren de consenso y mucho análisis conjunto”. Los industriales consideran que aún tienen pendiente con el Gobierno una agenda impositiva y de incentivos para aumentar dotaciones de personal. Se espera que esos sean algunos de los temas que pongan sobre la mesa. Desde el sector agroindustrial se expresaron en la misma línea: “Es una excelente iniciativa”, recalcó el titular de la Cámara Aceitera, Gustavo Idígoras, quien además marcó la cancha al señalar que “es clave que el Consejo Agroindustrial Argentino sea el representante de todos los sectores del agro”. Si la silla para el campo es una sola, será disputada entre varios actores. Carlos Achetoni, presidente de la Federación Agraria, indicó: “Como entidad, siempre hemos pedido participar de este tipo de espacios, así que esperamos ansiosos poder formar parte para plantear las dificultades, necesidades, expectativas y propuestas de los pequeños y medianos productores”. Las cámaras que agrupan a las pequeñas y medianas empresas también celebraron el anuncio de Alberto Fernández, pero remarcaron la necesidad de que el sector esté representado. “Las pymes no pueden faltar en el Consejo Económico y Social, ya que son las principales empleadoras de los argentinos y las más golpeadas por los efectos de la pandemia”, afirmó Marcelo Fernández, presidente de la Confederación General Empresaria de la República Argentina. En el mapa político, la vicepresidenta Cristina de Kirchner, ya había lanzado una convocatoria. El pasado 27 de octubre publicó una carta donde señaló la necesidad de “un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina”.

«Los centros de CONICET en la Ciudad de Buenos Aires siguen sin abrir»

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SABIAMAR – Satélites Argentino-Brasileños para Información del Mar

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La Misión SABIA-Mar, constelación de dos Satélites Argentino-Brasileños para Información del Mar, es un proyecto de cooperación entre la CONAE y la Agencia Espacial Brasileña (AEB), en el marco del Acuerdo de Integración y Coordinación Bilateral Argentina-Brasil.

El mundo despide a Maradona. Los que aman al fútbol lo lloran

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Aquí en Argentina se siente su partida como en ningún otro lugar, porque muchos, muchísimos aman su rebeldía y su insolencia. Parte de nuestra identidad. El adiós en Nápoles también es especial, porque allí se mostró no solamente como un jugador fuera de serie, uno entre los muy pocos en la cima del fútbol de todos los tiempos, sino que tenía algo más grande y raro, la capacidad de inspirar y conducir a un equipo humilde y derrotar a los «grandes». Pero lo que hace pensar es que en todo el mundo que disfruta del fútbol, en la mayoría de los países, el nombre de Maradona resuena con admiración y respeto. El argentino más conocido y admirado… Arriba hay una imagen de anoche del estadio del Bayern Munich. Aquí, la tapa de los diarios franceses: La despedida de Emmanuel Macron tiene la elegancia francesa: «La mano de Dios había puesto a un genio del fútbol en la tierra. Ella simplemente nos lo quitó, con una gambeta imprevista que engañó a todas nuestras defensas. ¿Quería, con este gesto, zanjar el debate del siglo: es Diego Maradona el mejor futbolista de todos los tiempos? Las lágrimas de millones de huérfanos le responden hoy con dolorosa evidencia. … El presidente de la República saluda a este indiscutible gobernante de la pelota redonda que tanto han amado los franceses. A todos los niños que ahorraron para completar el álbum de México 1986, a todos los que intentaron negociar con su pareja para bautizar a su hijo Diego, a sus compatriotas argentinos, a los napolitanos que dibujaron frescos dignos de Diego Rivera con su efigie, a todos los amantes del fútbol, ​​el Presidente de la República envía su más sentido pésame. Diego se queda.» Los presidentes de la República Francesa tienen quien les escribe. Pero me parece mejor cerrar con el homenaje de sus pares, los que se enfrentaron con él en la cancha. Entre muchos, lo dijo el poderoso AC Milan, y lo subieron a Twitter los Diablos Rojos de Bélgica: «Fue un honor competir contigo, Diego»