¡Empieza MAL la campaña electoral en EE.UU.! Una llamativa acusación de Trump

El actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, siempre fue activo en Twitter. Sus decisiones, sus aspiraciones y sus broncas, las vuelca ahí. Pero desde que comenzó el «clima de campaña», cuando los Demócratas eligieron su candidato, está «on fire», como dicen los jóvenes…en Argentina. Hace dos días Trump cuestionó en un tuit las razones por las que un Presidente anterior, de su mismo partido, fue a la guerra de Irak… Se lo traducimos   «Colin Powell, un real tronco que fue muy responsable de llevarnos a las desastrosas Guerras de Medio Oriente, acaba de anunciar que votará por otro tronco, el Dormilón Joe Biden. ¿No dijo Powell que Irak tenía «armas de destrucción masiva»? No las tenía, ¡pero nosotros fuimos a la GUERRA!» (Aclaramos que Colin Powell es el general que comandó el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas con Bill Clinton, y fue Secretario de Estado con George W. Bush, cuando la invasión de Irak. La semana pasada anunció que votaría por Biden)

Dan el adiós a la globalización. Pero no se va lejos

Esta tapa de The Economist -probablemente la revista más leída en los círculos dirigentes de los países del Atlántico Norte- impactó, aún acá en el Sur donde no se la lee tanto. Preocupó a algunos, entusiasmó a otros… Reproducimos la lúcida transcripción de Pablo Maas, y agregamos luego -no íbamos a dejar de hacerlo- un comentario de AgendAR. «Carlos Marx era uno de sus lectores más atentos allá por la década de 1860 en Inglaterra. Recortaba y pegaba en sus cuadernos de notas artículos enteros de The Economist, los subrayaba y escribía anotaciones que luego utilizaría en la redacción de su obra cumbre. Desde entonces, este semanario fundado en 1843 es de lectura indispensable si se quiere saber hacia dónde marcha el capitalismo. La otra semana, dio un indicio sugerente y publicó una portada de su edición internacional (tiene otra para Europa) con un título contundente. “Adiós a la globalización” y la ilustración del mundo como una naranja pelada. “Nuestro diseñador quiso representar las fuerzas que están despellejando la globalización”, contó en un e-mail a los suscriptores la editora en jefe de la revista, Zanni Minton Beddoes, la primera mujer en ocupar ese cargo en los 177 años de historia de la publicación. El subtítulo, “El peligroso atractivo de la autosuficiencia” hizo pensar a muchos que lo comentaron en Argentina en las redes sociales que se trataba de una crítica al intenso proceso de desglobalización que registra la economía internacional en los últimos años. Pero el artículo principal (“Has covid-19 killed globalisation?”) muestra ser más un lamento que una crítica. El texto puede leerse casi como un manifiesto de agudo realismo económico. Comienza recordando que la pandemia global no es más que el tercer golpe que enfrenta la globalización en una docena de años, después de la Gran Recesión de 2008-2009 y la más reciente guerra comercial entre Estados Unidos y China. Ya cuando el comercio y las inversiones se estancaron en relación al PIB mundial, The Economist llamó al proceso “slowbalisation”. Cuando las economías reabran, la actividad se recuperará, pero ya nada será igual, anticipa. Las heridas que está sufriendo el comercio internacional en lo que va del año son sencillamente brutales, con una caída del orden del 10% al 30%. En los primeros 10 días de mayo, las exportaciones de Corea del Sur se desplomaron 46%, el peor resultado desde que se comenzaron a anotar los registros, en 1967, ejemplifica el artículo. La pandemia dejó en evidencia un alto grado de anarquía en la gobernanza global, con enfrentamientos entre Gran Bretaña y Francia por las cuarentenas o con China amenazando con imponer tarifas de importación punitivas a un importante proveedor como Australia, que le exige investigar el origen del virus. Y esto es solo el comienzo, advierte The Economist. Traten de imaginar el retorno de los viajes. Muchos gobiernos solo se abrirán a países con los mismos protocolos sanitarios (mala noticia para Brasil, por cierto. Pero no sólo para él). La industria turística se está preparando para pasar largas temporadas de escasa actividad. Airbus, el fabricante europeo de aviones, redujo su producción en un tercio y Emirates, una aerolínea-símbolo de la globalización, no espera una recuperación antes de 2022. La lista de calamidades que se ha abatido sobre la globalización, que muchos creían era como una fuerza imparable de la naturaleza, incluye otros ejemplos. Los gobiernos y bancos centrales están pidiendo a sus contribuyentes que apoyen a sus empresas nacionales a través de los paquetes de estímulos, creando un enorme incentivo a su favor. El 12 de mayo, el primer ministro de la India, Narendra Modi, anunció a la nación que está comenzando una nueva era económica de autosuficiencia. Japón ya subsidia la repatriación de sus empresas. Estados Unidos quiere que Intel levante plantas industriales en su territorio. Es cierto que el comercio digital está en aumento, pero su escala todavía es modesta. Las ventas al exterior de Amazon, Apple, Facebook y Microsoft son equivalentes a apenas el 1,3% de las exportaciones mundiales. Los flujos de capitales están en retroceso. Las inversiones chinas en capital de riesgo en EE. UU son hoy 60% menores que hace dos años. Washington ha ordenado a su principal fondo de pensiones estatal que deje de comprar acciones chinas. Los flujos de bienes también han caído, incluso antes de la irrupción de la pandemia. La guerra comercial entre Washington y Pekín llevó las tarifas de importación estadounidenses de vuelta a sus niveles de 1993, cuando la actual etapa de la globalización recién estaba comenzando. “Que nadie crea que un sistema comercial con una red tan inestable de controles nacionales será más humana o más segura. Los países más pobres la tendrán más difícil para progresar y en las naciones ricas, la vida será más cara y menos libre”, advierte The Economist. La forma de reparar las dañadas cadenas de valor global, por ejemplo, no es domesticándolas, sino diversificándolas, propone. Pero trágicamente, se responde, “esta lógica ya no está más de moda. Los tres golpes han herido tan malamente al sistema abierto de comercio que los poderosos argumentos en su favor están siendo ignorados”, se lamenta. Y concluye como en una letra de tango: “Dígale adiós a la mayor era de la globalización y preocúpese por lo que va a tomar su lugar”. Hace poco, la propia revista dio un indicio de respuesta a esta inquietud. En junio de 2019 publicó una entrevista premonitoria a Michael O’Sullivan, autor del libro: “The levelling: What’s next after globalisation”. Según este economista de la universidad de Princeton y ex banquero, se viene un mundo de bajo crecimiento y alto endeudamiento (dicho esto antes de la explosión de deuda causada por la pandemia). – Describa qué viene después de la globalización, le pidió The Economist. – «La globalización ya está detrás de nosotros. Debemos decirle adiós y enfocarnos en el mundo multipolar emergente. Este estará dominado por al menos tres grandes regiones: Estados Unidos, la Unión Europea y China, como centro de Asia. Todos van a tomar caminos distintos en términos de políticas económicas, libertades políticas, tecnologías, etcétera.» Será interesante ir tomando nota de la nueva realidad de cambio acelerado que describe ahora The Economist (el Financial Times también lo hizo recientemente) en un país como Argentina, en la que muchos de sus dirigentes, del gobierno y la oposición, repiten el “hay que integrarse al mundo” y “vivimos en un mundo globalizado”.

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Felicitamos a Maas por esta nota, pero debemos decir que O’Sullivan, como muchos economistas, simplifica demasiado la realidad. La idea de tres grandes poderes que dominan que un mundo dividido en tres estuvo muy de moda en los comienzos de la década de 1940 (James Burnham, entre otros), y sirvió de inspiración a Orwell para su «1984» y los tres superestados totalitarios: Eurasia, Estasia y Oceania. Pero la historia, los seres humanos, nunca toman los caminos previstos. Sobre todo cuando se dejan de lado hechos tan grandes como la India, por ejemplo, que en pocos años será la nación más poblada del globo y cuya economía crece con rapidez, aunque con una espantosa desigualdad. Y Rusia ¿no jugará su propio juego, como siempre lo hizo, esta vez entre China y la Unión Europea (bah, Alemania y sus socios)? Pero la observación principal que hay que hacer a ese cuadro es que omite analizar que las fuerzas que impulsaron la globalización no son solamente un complot de banqueros y gerentes de fondos de inversión (aunque la aprovecharon bien), sino el crecimiento demográfico y los avances tecnológicos en transportes y comunicación. Seguirán operando. En este escenario imprevisible nuestro país deberá manejarse con suma prudencia, por cierto. Tomando en cuenta que contando con una región fértil entre la media docena de las más extensas del mundo y una base tecnológica modesta pero no insignificante, algunas cartas tiene para jugar. También las tiene la región, cuando Brasil vuelva a la racionalidad.

Sunchales, un «Silicon Valley» argentino, ahora enfocado en la salud

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En Sunchales, una pequeña ciudad agrícola de apenas 25.000 habitantes en medio de la pampa gringa, a 110 kilómetros de Santa Fe y 270 de Rosario, una combinación entre la universidad, el sector privado y los estímulos del sector público dieron luz a la nueva generación de la economía del conocimiento, las empresas de tecnología profunda. Todo arrancó cuando un grupo de científicos convenció a SanCor Seguros para hacer una inversión de US$ 20 millones que se sumó a apoyos del ministerio de Ciencias y a las alianzas estratégicas con los principales centros del saber. En ese lugar de tambos, pasturas y cosechas con buenos rindes, un edificio que simula en sus formas al símbolo del infinito, cobija a empresas que están dando respuesta al Covid-19. Sunchales sigue invicta al virus, pero le da pelea. Con la app Llamando al doctor, toda la comunidad -y en el país, los afiliados a SanCor seguros-, establecen el primer contacto con el sistema médico ante cualquier síntoma. Otra tecnológica fabrica en impresoras 3D mascarillas de alta complejidad para médicos y también a través de un ploteo con rayos láser sobre placas de poliuretano. Con una start up desarrollan a gran velocidad un respirómetro que sirve para medir remotamente la frecuencia respiratoria del paciente y de esa manera controlar a distancia la evolución de la enfermos. Y con Radbio están desarrollando moléculas para tratar la fibrosis que genera el Covid 19 en los alvéolos pulmonares. ¿Milagro? “No, ningún milagro. Esto es fruto de un largo trabajo como el que requiere la ciencia, dice Nicolás Tognalli. Este doctor en Física de 40 años que se formó en el Instituto Balseiro, la prestigiosa universidad estatal de ciencias e ingeniería ubicada en Bariloche y que sólo acepta quince alumnos por año en cada disciplina, impulsó la creación de una incubadora de este tipo de firmas. Tras recibirse con honores, Tognalli hizo un posdoctorado en España y después regresó a su Sunchales natal para crear la incubadora en 2013. Necesitaba el apoyo financiero y lo encontró en SanCor Seguros que buscaba proyectos innovadores. Tognalli es el gerente general de CITES (Centro de Innovación Tecnológica, Empresarial y Social), que es la primera incubadora privada de empresas de base científica y tecnológica. Contó con el asesoramiento de Lisandro Bril, un inversor de capital de riesgo y contrataron en la primera etapa a Oren Greshtein, un experto internacional de Tel Aviv que ahora se convirtió en socio. ¿El objetivo? Copiar el modelo israelí que pasó de la exportación de naranjas a la de patentes tecnológicas en solo 20 años. Tognalli y Alejandro Simón, CEO de SanCor Seguros, sostienen que este tipo de empresas requieren mucha inversión, paciencia y tolerancia al fracaso hasta ver los resultados. Lograron convencer a científicos de diversas partes del mundo que se están radicando en Sunchales. Y a otros argentinos como Sergio Simonetta, doctor en Biología e investigador del Instituto Leloir y del Conicet, multipremiado por las innovaciones de su empresa de biotecnología Phylum Tech. Por cierto, Sunchales hizo historia en Argentina con la creación primero de la láctea SanCor, que quedó desguazada tras su quebranto financiero. Pero esa cooperativa de tamberos implantó una cultura de trabajo que permanece en la comunidad. SanCor Seguros fue un desprendimiento surgido en los años cuarenta y es la principal aseguradora del país con filiales por toda la región, una ART como Prevención y hasta un banco. La novedad, en cuanto amaine la pandemia, será la salida a la bolsa. Necesitan más fondos para más tecnología profunda. Hacen falta.

El precio de los granos exportables repunta: compras de China y debilidad del dólar

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Impulsada por la demanda, la soja continúa subiendo en el mercado de Chicago y se encaminaba a cerrar la mejor semana en ocho meses, acercándose a los US$ 320. «El mercado encuentra sostén en las buenas cifras de exportaciones semanales ya que la mayor parte de esas ventas son a China, a pesar de las recientes tensiones entre ambos países». Esta semana el Departamento de Agricultura de los EE.UU. volvió a informar ventas a destinos desconocidos». Los operadores están convencidos que el comprador es China. La posición más cercana de la soja sube un 3,7% en la semana, siendo la mayor ganancia desde comienzos de octubre. La debilidad del dólar también sostiene al maíz, que se encamina a la segunda suba semanal. Pero esta mejora se ve limitada por el buen clima para el desarrollo de los cultivos en Estados Unidos y los amplios stocks. Además, las exportaciones de maíz se ubicaron por de bajo del rango estimado para la campaña 2020/21 y dentro de lo esperado para la campaña 2019/20, generando un efecto neutral. El trigo también sube y se encamina a cerrar la tercera semana consecutiva con saldo positivo encontrando sostén en la debilidad del dólar. «Los temores respecto a las condiciones climáticas que podrían afectar la cosecha tanto en Estados Unidos como Rusia, ante pronósticos de elevadas temperaturas en áreas productivas clave siguen brindando sostén». Las exportaciones de trigo se ubican dentro del rango esperado para ambas campañas, 2019/20 y 2020/21. Estos son datos cruciales en la coyuntura actual de la economía argentina, ante la deuda externa y la paralización de la mayoría de las actividades -no el agro- provocada por la pandemia. Como señaló el sábado Mauricio Bártoli, de las casi 50 millones de toneladas de soja cosechadas, la mitad está acopiada y otro 20% está “entregada” pero sin precio. Así, los granos de la oleaginosa que aún están en poder de los productores argentinos valen US$ 12.500 millones. Ese número surge de multiplicar 35 millones de toneladas aún no comercializadas por el valor FOB del producto, que este viernes alcanzó a US$ 347.

7 de junio Día del Periodista. Pero no hay día del periodista científico

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Del tratamiento de la pandemia en los medios de comunicación masivos no puede decirse que ha logrado llevar tranquilidad y claridad conceptual. Más bien, derramó confusión. En AgendAR creemos que en parte era inevitable. La ciencia no ofrece una «verdad revelada». En realidad, es un método para ir buscando respuestas, en un camino de prueba y error. Pero otra parte brota de la irresponsabilidad en muchos de los medios. Esta entrevista a Diana Costanzo, periodista, locutora -trabaja en Radio Nacional y hace 15 años se especializa en ciencia y salud- y que integra la Red Argentina de Periodismo Científico, nos parece un llamado de atención válido. —¿Qué temas aborda en general un/a periodista científico/a? —Todo lo que tiene que ver con desarrollos en ciencia, salud, tecnología, innovaciones, también temas relacionados con las ciencias sociales. En una pandemia como la que vivimos, la mirada de un/a profesional especializado/a ayuda a entender con mayor claridad y precisión sobre nuevos tratamientos, potencial desarrollo de vacunas, avances en tests de detección, factores de riesgo, política sanitaria, etc. Es un/a profesional que está sumamente preparado/a para ello, porque tiene una formación previa. —¿En qué ámbitos se capacitan? —A través de la Red Argentina de Periodismo Científico no solo debatimos cuestiones que son inherentes a nuestra profesión, sino que también nos capacitamos. Hace mucho tiempo nos venimos preparando, haciendo varias capacitaciones por año, generalmente relacionadas con sociedades científicas u organizaciones no gubernamentales. También asistimos a cursos dictados por los ministerios de Ciencia y Salud. En ese sentido, lo que vemos con preocupación es que, en este contexto inédito en el que la información es tan dinámica, muchas personas hablan en los medios sin tener sustento científico ni, fundamentalmente, evidencia. Lo hacen sin conocer a qué fuentes recurrir o cómo deben tratarse determinados temas. —En los últimos días, desde la RAdPC sacaron un comunicado en el que precisamente manifiestan la falta de periodistas de ciencia y salud en los medios de comunicación. ¿Esta situación es generalizada o se da en determinados medios (radio, TV, portales, redes sociales, etc.)? —Donde más se ve la ausencia es en televisión, sobre todo en los canales de noticias que permanentemente están informando sobre la pandemia. En radio pasa algo similar. Los medios gráficos están un poco más cubiertos, pero igualmente, en general, faltan periodistas especializados. Hay muchos colegas muy capacitados que, sin dudas, deberían tener más espacio y hoy no lo tienen. —¿Por qué crees que los medios no recurren a estos especialistas que, en estas circunstancias, resultan tan imprescindibles? —A mi parecer, esto está directamente asociado con la precarización laboral que sufren muchos periodistas de distintos rubros, no solo los especializados en ciencia y salud. Tiene que ver con una reducción de costos en los medios y con que se generaliza la tarea profesional. Un mismo periodista puede hacer diferentes coberturas, lo cual deja de lado lo que es la especialización, como debería cumplirse en estos casos. Si bien algunos periodistas especializados son invitados a programas de televisión, su participación es eventual. Es decir, no hay una continuidad; no se los contrata formalmente, con un salario como corresponde, por un trabajo de prensa que tiene que ver con una tarea específica. Esto se ve ahora con mayor claridad en el marco de la pandemia, porque es cuando más se necesita la mirada de estos especialistas. —Al menos esas intervenciones puntuales de las que hablas ¿son pagas? —No conozco en detalle la situación de cada colega, pero, en mi caso, las entrevistas que me han hecho para hablar del tema o las invitaciones, han sido sin remuneración. Hoy por hoy, la mayoría estamos trabajando todo el día, leyendo e informándonos permanentemente. Hay que estar muy actualizado con los datos, porque lo que ayer era hoy no es. Es una tarea que demanda mucho tiempo y, a la vez, agota. Venimos de años de formación. Todo eso, a lo mejor, no se reconoce, pero está en la responsabilidad del trabajador y la trabajadora de prensa el poner en primer plano que esto es un trabajo. No estamos haciendo favores. —El ejercicio periodístico es considerado una actividad esencial en tiempos de pandemia. ¿Crees que al profesional se lo protege y valora como tal? —En el marco de esta pandemia, hay colegas que están atravesando situaciones complejas y los medios deberían tenerlo en cuenta. Obviamente, los profesionales de la salud son los primeros que ponen el cuerpo en este momento de crisis sanitaria, pero también las y los trabajadores de prensa están allí en la primera línea cubriendo notas y exponiéndose muchas veces a la transmisión del virus. Deben ser cuidadas y cuidados especialmente. —Más allá de la precarización, ¿coincidís en que también hay cierto menosprecio hacia el rol de los periodistas científicos? Que no tienen el mismo peso que uno de economía o de política… —Si hay un tema económico, seguramente será cubierto por un periodista especializado en economía; el periodista deportivo hará lo propio con todos los deportes; en cualquier caso, no van a hablar con uno científico. Entonces, en ese sentido, me da la impresión de que se relativiza todo lo que tiene que ver con la salud y la ciencia. Tal vez, como la salud es algo que nos atraviesa en nuestra subjetividad como personas en la vida cotidiana, muchos conductores o animadores se sienten autorizados a hablar, pero sin tener en cuenta esta cuestión de la precaución. —En relación al tratamiento general que los medios hacen de la pandemia, ¿qué es lo que más te llamó la atención? —Muchas cuestiones. El tema de las vacunas, por ejemplo. Hay más de 100 proyectos que están en desarrollo en el mundo y alrededor de 10 ya comenzaron a probarse. Pero recién iniciada la pandemia, se comenzó a hablar de que China ya tenía la vacuna… La verdad es que era una información muy precoz como para darla con tanto énfasis. En temas de salud, una mala información puede llevar a una mala decisión de la población. Genera falsas expectativas y no contribuye a que la audiencia tenga una correcta percepción del riesgo que estamos viviendo. —Qué opinión tenes acerca de la dicotomía existente en torno a “cuarentena sí” vs “cuarentena no”? —Esta “guerra” que ha surgido contra los médicos infectologos, epidemiólogos y también científicos da cuenta de una intencionalidad que no podría definir con claridad cuál es, pero que, en primera instancia, no parece ser la de cuidar la salud de la población. Me preocupa que haya gente en los medios que pida que se levante la cuarentena, sin ningún tipo de responsabilidad ni conciencia del rol social que ocupan. Lo hacen como si estuvieran conversando en un café. —La postura de un periodista científico, más proclive a continuar con el aislamiento, quizás ayude a entender el por qué de su poca presencia mediática… —Tenemos argumentos para decir por qué es necesario el aislamiento y no serviría de nada levantarlo. Hay estudios científicos que lo han avalado, se han comparado las situaciones ocurridas en otros países, también conversamos con los especialistas… Hace poco, en un noticiero central de TV, dijeron: “La cuarentena puede durar hasta dos años”. Se trató de un paper (artículo científico) mal interpretado que, por ende, se convirtió en una información errónea. Hasta hubo personas angustiadas que me consultaron si eso era cierto. Ese tipo de publicaciones deben tener una segunda mirada y un periodista científico puede hacerlo: mirar, comparar, leer, poner en contexto, saber en qué revistas buscar estas informaciones y, sobre todo, cómo transmitirlas.

Los importadores avisan que el stock de notebooks no alcanza para satisfacer la demanda local

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Lo afirmó Matías Plaul, gerente de Producto de ASUS en Argentina. El consumo de estos dispositivos en el país ronda los 30.000 a 40.000 por mes, pero podría comercializarse incluso el doble, si existiera inventario. “Esperamos que a partir del tercer trimestre lleguen equipos para atender esta demanda. Hoy estamos alineados con la disponibilidad de notebooks. Se vende lo que hay”, comentó.
El consumo de estos dispositivos en el país ronda los 30.000 a 40.000 por mes
La primera medida que implementará Asus frente a este desequilibrio es cambiar fletes marítimos por aéreos, con lo que podría “ganar” un mes; y luego, planificar con mayor antelación los embarques. Las ventas de ASUS llegaron a alcanzar picos de un 400% respecto de una semana habitual, en el inicio de la cuarentena. En el segmento específico de notebooks para gaming, se duplicó la demanda: la compañía importaba cien equipos, que servían para abastecer un mes el mercado local, y actualmente este plazo se reduce a quince días.

Mar del Plata está pensando en la post pandemia

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El intendente de General Pueyredón, Guillermo Montenegro, analiza un eventual regreso del turismo para el verano, con posibilidades de retomar la actividad turística con la llegada de la primavera. “Creemos que puede ser una muy buena temporada”. “Pasada la pandemia, tenemos una oportunidad y tiene que ver con estar cerca de Capital Federal y el Gran Buenos Aires, mucha gente va a venir. Creemos que puede ser una muy buena temporada para Mar del Plata y la costa. La gente viajará mucho menos al exterior”. “Hay que procotolizar todas las actividades juntándonos con todos los sectores gastronómicos, hoteleros y entretenimientos. La misma foto no va a estar”. “Vamos a tener que ir viendo de acuerdo a la evolución de la pandemia porque el miedo va a estar”. A pesar de eso, admitió que están expectantes por un “eventual regreso del turismo para septiembre y octubre”.

Atucha II: una crónica argentina – Conclusión

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(La primera mitad de este artículo está aquí). Si Atucha II hubiera sido terminada en tiempo y forma, es decir en 1987, ya estaría en el último tercio de su primera vida útil programada. NA-SA, la CNEA y la ARN estarían sentadas en una mesa discutiendo su extensión de vida útil. En 1984 sólo teníamos la pequeña Atucha I, entonces de 320 MW, y la mediana Embalse, de 600 MW, en Córdoba. Juntas no sumaban 1000 MW. Pero la contribución nuclear total (producida por la pequeña Atucha I y Embalse) al Sistema Interconectado Nacional (SIN), entonces mucho menor que la red actual, era del 10% de la electricidad anual circulante. Y es que por su diseño muy robusto, las nucleares se bancan un “uptime” que demolería a cualquier central térmica. Pero entre 1987 y 1988, todavía en épocas de Alfonsín, la contribución nuclear se disparó al 14 o 15% sin ningún añadido al parque nuclear. Sucedió porque el parque térmico, formado por viejas máquinas a fueloil, estaba hecho fruta y falto de mantenimiento. Pero también por esas oscilaciones secas que hoy llamamos “eventos Niña”: faltaba agua simultáneamente –algo que no se creía posible- en enclaves hidroeléctricos tan alejados uno de otro como el de los ríos Limay y el Uruguay. Bienvenido al cambio climático, señor Secretario de Energía Jorge Lapeña. Ud. sí que nos hizo sacar a todos chapa de doctores en apagones, entre 1987 y 1988. Apagones de 8 a 12 horas diarias en el AMBA. Todos los malditos días de ambos veranos. ¿Cómo olvidarme, si yo vivía en un departamentito en un piso 19, y tenía que subir con los baldes de agua, 10 kilos en cada mano, 4 o 5 veces por día? ¿Sabe cómo me acordaba de Ud? ¿Y cómo no recordar los tortazos diarios que veía desde el balcón en la avenida Luis María Campos, tan llena de colectivos que iban como los bomberos, y tan difícil de cruzar con todos los semáforos apagados? ¿Cuánta gente terminó en terapia intensiva o en la Chacarita por esa encantadora desidia del señor Secretario de no preocuparse por mantener el parque térmico, o por su jovial confianza en la lluvia, o por poner siempre cuanto palo se pudiera en la rueda para que Atucha II no se terminara? De haber entrado en línea en 1987, como debió, Atucha II habría aumentado el aporte atómico a la red a entre un 17 y un 20 % sin esfuerzo. Tal vez el gobierno del doctor Raúl Alfonsín se habría salvado de algunos de esos apagones estivales monstruosos que tanto corroyeron su autoridad. Y que, sumados a las hiperinflaciones, le pusieron fin prematuro a su mandato, por exceso de pruebas de acefalía. Hasta su muerte en 2009, el popular dirigente bonaerense jamás mentó el tema. Pero desde que en 2003 la demanda eléctrica empezó a crecer en flecha, a razón de 1,5 puntos por cada punto de suba del PBI, al menos un par de presidentes –Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández- trataron de no repetir la historia de Alfonsín y su peculiar secretario. Sin el peculiar secretario y decenas como él, la historia argentina pudo ser muy distinta. En 1983 la CNEA se quedó sin fondos en medio de un plan de 6 centrales en asociación estratégica con la República Federal Alemana y Siemens. La primera de ésas 6 era Atucha II. Las 3 últimas de esa serie serían aún mayores, de 1100 MW, pero siempre de uranio natural y agua pesada. La idea del contralmirante Carlos Castro Madero, el artífice de aquel plan, era mucho mayor que tener 4 o 5 mil MW nucleares. El propósito era exportar a los países del Tercer Mundo. Y que la Argentina fuera un socio igualitario de Alemania, dado que en este tipo de máquinas PHWR, de uranio natural y agua pesada, nuestro “know-how” ya estaba a la par, y en cualquier obra en tierras lejanas nuestra hora/hombre de ingeniería era, a igual calidad, mucho más barata que la alemana. En 1987 pude ver las pruebas de aquel delito de “hybris”, como lo habrían llamado los antiguos griegos. Abel González, ingeniero nuclear, experto en radioprotección y a la sazón gerente de ENACE, me presentó unos planos que hacía semanas quería mostrarme, como un regalo. ENACE era una firma mixta en todo sentido, combo de lo público y lo privado, de lo argentino y lo alemán: CNEA iba con el 75% de las acciones, Siemens con el 25%. “Pero ésta es Atucha I”, le dije a González, un poco decepcionado. Me miró con bronca. “¡No, Arias!… Bueno (se atajó un poco)… En fin…. es parecida pero más potente, 380 MW. Y tiene muchísima seguridad activa, mirá la cantidad de generadores de back-up. Le pusimos ARGOS 380. No, nada de mitos griegos, Arias, es un acrónimo de ‘Argentine Offer for a Safer Nuclear Reactor’. La estamos mostrando en el Norte de África. Y hay ganas de comprar, muchas… pero también un problema”, me dijo. ¿Cuál? En 1987, mientras sucedía esta conversación, ENACE debía estar inaugurando Atucha II y empezando a cavar los cimientos de dos centrales más del mismo tipo, pero «ni ahí»: el avance de obra estaba atascado en el 30%. Horrible publicidad para un potencial exportador. Si no podíamos ni siquiera completar Atucha II, ¿quién que no estuviera loco nos iba a comprar clones mejorados de Atucha I? González estaba teniendo un mal año, y el país, una mala década. El mes anterior González había tenido que hacer desalojar con Gendarmería la obra, otra vez detenida por falta de fondos, y nuevamente tomada por los obreros que se veían venir otro gran raje. “Mi viejo era un laburante de la construcción. ¿Entendés lo que me pasa, Arias, cuando se arman estos quilombos?”, me había dicho González en aquella ocasión. Estaba abrumado. En aquella misma semana González había ido a ver a Mario Brodersohn, secretario de Hacienda de Alfonsín, para destrabar fondos prometidos pero no entregados para la obra. González le aseguró a Brodersohn que sin Atucha II el Sistema de Interconexión (su nombre de entonces) se iba al tacho aquel mismo verano: habría cortes. A izquierda, nuestro Rafael Grossi, hoy director del OIEA. A derecha, Abel González. Lugar: Viena. Tema: seguridad radiológica Brodersohn -parte de un grupo de economistas a quienes los medios llamaban «tecnócratas» aunque no diferenciaban tuercas de tornillos- casi no lo escuchaba: estaba pendiente de la evolución de algún bono argentino, y exigía actualizaciones de valor a su secretario cada 5 minutos. Tras 40 minutos de ninguneo, González se fue obviamente con las manos vacías otra vez. Meses después, González se tomó un avión a Viena para volverse la mayor referencia mundial en protección radiológica en el Organismo Internacional de Energía Atómica. Fue el primer experto occidental que los soviéticos dejaron ingresar a Ucrania para inspeccionar la planta siniestrada de Chernobyl. Perdimos otro jefe de proyectos de la gran siete. Pero ésa es otra historia. El programa de Castro Madero habría sido posible sin el endeudamiento externo atroz que promovió José Martínez de Hoz, “Doctor Joe”. Pero llovido sobre mojado, en 1982 la Argentina se había metido en una guerra inesperada con un país de la OTAN, y en 1983 anunció –para sorpresa de esa alianza militar- que tenía dominada la tecnología de enriquecimiento de uranio en una plantita perdida en la quebrada de Pilcaniyeu, en la estepa rionegrina. En los días que corren hoy y por menos que eso, los EEUU y la OTAN te invaden o te bloquean. Invadirnos (se sabe desde 1806) es difícil, y bloquearnos (se supo en 1847) muy caro. Resultó mucho más fácil bloquear los fondos del hasta entonces poderoso Programa Nuclear Argentino, y dejar que se lo devoraran los costos improductivos de tanta obra parada: Atucha II, la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) de Arroyito, Neuquén, el Laboratorio de Procesos Radioquímicos de Ezeiza, y siguen los nombres… Con pisarle la plata a la CNEA, el resto sucedía solo: que los precios se dispararan por renegociación de contratos, por juicios de despido, por almacenamiento de piezas críticas en salas de atmósfera de nitrógeno, etc. Es más cara una obra parada que una terminada, siempre, y Atucha II fue un caso de libro de texto. Cuando se termine el año próximo va a haber costado 2 o 3 veces su precio inicial por kilovatio instalado, aunque –para embrollar más el cálculo- no a dólar constante. U$ 1000 en 1981 son el equivalente del U$ 2800 a fecha de 2014, año en que se pondrá crítica. Intocable desde su fundación en 1950 hasta 1983 para decenas de gobiernos de la más distinta laya y legitimidad (o sin ella), a fines de los ’80 la CNEA dejó hasta de cobrar la electricidad que le vendía al estado. Con tanto vendepatria conspirando contra ella y desde adentro de ella, pasó de reina a mendiga en muy pocos años. Ya en épocas de Menem y de la Alianza, se la degradó en el tótem estatal, quitándole la dependencia directa del Poder Ejecutivo y poniéndola a rodar por distintos ministerios. Y se buscó con ahínco la jubilación prematura, el desaliento y la dispersión de sus expertos, mientras simultáneamente se impedía el ingreso de profesionales jóvenes. Y todo sucedió sin que ningún presidente explicara que se cumplía con un ultimátum externo, plasmado elípticamente como “recomendaciones” de bancos, fondos y países acreedores. Y sin que ningún dirigente hasta 2004 se planteara los costos para el país de semejante apagón nuclear, si alguna vez salíamos de la monodieta noventista de deuda, ajuste y recesión. Pero en 2003 fuimos dejando esa noche atrás y la economía volvió, inesperada, a crecer, y en cuanto lo hizo, a tropezarse con sus límites energéticos. A fuerza de apagones, el país (o una parte de él) descubrió que necesita otra matriz energética. ¿Hoy estaríamos pagando 12.000 millones de dólares anuales por importaciones de combustibles gaseosos y líquidos, si en lugar de 957 escuetos megavatios nucleares instalados la Argentina tuviera los 6000 que planeaba tener a fecha de hoy, allá en tiempos del contralmirante Carlos Castro Madero? Ni ahí. Operación “Levántate y anda” La lógica de terminar Atucha II: si exportamos reactores como el OPAL, vendido a Australia, podemos exportar centrales. Pero si no terminamos Atucha II, no vendemos más reactores. En 2005, vista el techo energético que tenía el crecimiento argentino, el presidente Néstor Kirchner ordenó sacar Atucha II “del freezer”, medir el avance de obra y estimar los costos para terminarla.  Se juzgó que estaba hecha al 93% y con 700 millones de dólares más se terminaba en 2009. Fueron cuatro subestimaciones implícitas en tres. Faltaba mucho más montaje, mucho más plata y 5 años más de tiempo. Pero sobre todo, faltaban más ingenieros nucleares. En 1987 ya se estaban yendo del país unos 3 por mes. No quieras contar cuántos quedaban en 2005. ¿Y de dónde sacarlos? Al cerrar ENACE para tratar de privatizar las centrales, don Domingo Cavallo cerró el ingreso a planta de la CNEA y de NA-SA de los egresados del Instituto Balseiro. Tanto éxito tuvo la movida en eliminar a toda una generación de expertos que en 2006, cuando Kirchner decidió completar Atucha II, se quiso recontratar jubilados y otros “duros de matar” menos canosos (pero más remisos a emigrar). Incluso tentándolos con los muy buenos sueldos que empezó a pagar NA-SA, sólo volvió a filas el 10% del plantel original. El que se quemó con leche, ve una vaca y llora. La vieja Dirección de Centrales Nucleares (DCN) de la CNEA había sido particularmente devastada: era el reducto de los fieles del extinto Jorge Sábato, el ideólogo del Programa Nuclear hasta 1976. Allí, bajo la dirección de Bernardo Murmis, se juntaban “los Sabatianos”: profesionales poco proclives a romances con Alemania Federal, y muy de la idea de desarrollar en forma independiente una central argentina de tubos de presión parecida a la CANDU canadiense. La AECL, la empresa estatal canadiense propietaria de esta tecnología, estaba contentísima de tener hinchada propia y vehemente dentro de la CNEA, pero de volver a financiar una obra en Argentina ni hablar. No tras los problemas que habían tenido para cobrar Embalse cuando la hiperinflación de 1975, el llamado “Rodrigazo”. Los “canucks” también se habían quemado con leche en estas pampas de Dios. Por lo demás, a partir de 1974, la diplomacia de los EEUU obligó a Canadá a exigir que sus clientes nucleares firmaran el Tratado de No Proliferación, TNP, un documento que le complica la vida a los países como el nuestro, no proliferador, pero exime de obligaciones a los verdaderos proliferadores. Con eso destruyeron a la AECL, espantándole a la clientela. Desde entonces, sólo vendió 4 centrales y en 2011 se fundió. Los alemanes tendrían una tecnología más compleja y cara, pero también bolsillos más profundos y ninguna voluntad de someterse a las órdenes del Departamento de Estado. El propio Castro Madero en 1976 había presentado un primer plan de 4 CANDÚ idénticas a Embalse, pero ante las trabas diplomáticas de Canadá, debió resignarse a la ingeniería alemana, más compleja y cara. Y tanta onda le puso al plan B que hasta tejió con Alemania la asociación estratégica, y fundó ENACE. Por fuerza ahorcan, como dicen en España. Los de la DCN no estaban tan locos: en realidad, la CANDU es el único tipo de planta de uranio natural que tuvo éxito de ventas internacional: hay 29 CANDÚ “legítimos” vendidos por la AECL en Canadá, Corea del Sur, China, La India, Pakistán y Rumania, y 11 “clones” más en la India, hechos sin autorización de Canadá. Y a añadir, 6 más en construcción, también en la India. Andan joya. El complejo de las Atuchas I y II junto a las barrancas sobre el Paraná de las Palmas. Son 2 prototipos únicos en el mundo. En cambio sólo existen 2 reactores de tipo PHWR (presurizados de agua pesada) con recipiente de presión. Son nuestras germánicas Atuchas, que ni siquiera puede decirse que sean la misma máquina con distintas potencias, porque hasta los elementos combustibles son sutilmente distintos. Cada Atucha es un prototipo, y además, un prototipo sin futuro. ¿Por qué sin futuro? Por abandono del proveedor. Resultó que además de cerebros propios, habíamos perdido ajenos. En los ’90, en un ataque de antinuclearismo frecuente en la política de Alemania, Siemens le había vendido su división atómica a la estatal nuclear francesa FRAMATOME, ex EDF, y que luego se transformó en AREVA. Pese a su manía de cambiar de nombre como quien cambia de medias, esa empresa estatal francesa ha sido y sigue siendo la mayor y más exitosa constructora de centrales nucleares de la historia, con 57 unidades en suelo francés. Es más, las centrales de mayor futuro de las empresas nucleares chinas son copias potenciadas y mejoradas bajo licencia de la central EDF de 900 MW. Cuando en 2006 la Argentina quiso resucitar Atucha II, los alemanes ya no entendían mucho de la materia, y los franceses nos hicieron saber que éramos un peludo de regalo en la Pampa Húmeda del que no pensaban hacerse cargo. Ni terminarían la obra ellos, ni nos darían garantía alguna sobre aquella tan extraña tecnología teutónica de uranio natural. Fue un doble sopapo para la Argentina. A veces vienen bárbaro, esos sopapos. Nos cayó la ficha: no tendrá mayor valor comercial en estos tiempos, pero somos los mayores y además los únicos expertos del mundo en Atuchas. La primera evidencia de esto la habíamos tenido en 1987, cuando se rompió un elemento combustible dentro del primario de Atucha I. La Siemens nos ofreció el favor de reparar la central por 200 millones de dólares, destapando el recipiente de presión y parándola un año y medio, mientras al país se lo comían los apagones del peculiar señor Secretario Lapeña. Expeditiva, la doctora Emma Pérez Ferreryra, presidenta de la CNEA, apretó los dientes, le juró al alarmado presidente Alfonsín que estaba todo bien, juntó a la DCN, a INVAP y a TECHINT, reparó la central en 9 meses y por 17 millones, y su ruta. “No comment”, como dicen los políticos en los policiales de TV. Somos muy “atuchólogos”. Con cero ayuda externa y en la peor hora de su historia, la CNEA durante los ’90 aumentó la potencia neta de Atucha I de 320 a 335 megavatios eléctricos cambiándole el uranio natural por ULE (levemente enriquecido), y además logró duplicar el bajísimo quemado de diseño original, con un ahorro de combustible de 7 millones de dólares anuales. Sacada la cuenta de tanta atuchología rendida con buenas notas, en 2006 para terminar Atucha II le pedimos ayuda al único país que podía dárnosla en el mundo: el que está bajo nuestros pies. Argentina, lo llaman. El fin de lo infinito Aérea del predio de las Atuchas, con el Paraná de las Palmas en primer plano NA-SA dividió la obra, se asignó el montaje del reactor y de los sistemas de cambio de combustibles, de ventilación y de control, y empezó a licitar la finalización de otras partes. Fue el fin de lo infinito. Electroingeniería hizo el edificio del reactor y su “annulus”, amén de sistemas de refrigeración de emergencia. En realidad, la firma cordobesa ya se va retirando de Atucha II mientras se prepara para jugar en la siguiente gran licitación: el “revamping” de Embalse para sacarle 20 años más de vida útil. Techint hizo el edificio auxiliar de turbinas. IECSA, los piletones para combustibles gastados y las plantas de tratamiento de aguas. DYCASA, las terminaciones de la obra civil. NA-SA, dirigida por el mentado ingeniero José Luis Antúnez, otro a quien conozco sólo por teléfono, hizo magia. Con las viejas ENET (Escuelas Nacionales de Educación Técnica) cerradas durante más de una década, en el país no había ni siquiera suficiente cantidad de soldadores de alta calificación para la obra. Hubo que organizar una escuela y formarlos “in situ”. Antúnez logró incluso que Siemens reapareciera para montar la turbina, y la propia AREVA –que en los ’90 se comía crudo el mundo, pero hoy retrocede ante el empuje exportador nuclear chino y coreano- se costeó hasta estas pampas olvidadas de Tata Dios para reconvertir la vieja sala de mandos de instrumentación analógica a digital. Algunos “relojes” alemanes viejos se mantuvieron por su insobornable exactitud o más bien –sospecho- por su encanto “vintage”. Vean si no: Es el caso del medidor de desintegraciones nucleares que se ve en la foto de arriba. Y la traza roja corrida hacia la derecha del papel troquelado (¿de dónde lo sacan?) indica el inicio de la reacción en cadena. Veo eso y siento lo mismo que cuando escuché por primera vez el Aleluya de Händel, pero en mi familia saben que soy un caso grave. INVAP, la única empresa exportadora nuclear del Tercer Mundo que compite con el Primero y en el Primero (y gana), hizo tres trabajos modestos pero de sustancia: construyó dispositivos y máquinas especiales para las penetraciones del recipiente de presión, alineó con precisión de 0,5 milímetros los canales de refrigeración con las penetraciones de la tapa del mismo (son 356 agujeros en una monopieza de 250 toneladas), y con su mucha experiencia de puesta en marcha de reactores, escribió los procedimientos para la entrada en línea de Atucha II. A futuro, INVAP se encargará de definir el tratamiento y gestión de los residuos radioactivos “de alta” (combustibles quemados), “de media” (resinas y filtros de depuración de los sistemas de enfriamiento) y “de baja” (eventuales derrames de agua pesada, descarte de guantes y guardapolvos usados en “áreas calientes”, etc). Esto me lo explica el ingeniero Fernando Macario, de INVAP, y a deshoras. Lo estoy haciendo quedarse tardísimo en el trabajo… Bueno, sí, ya entendí, buenas noches, Fernando. Hoy Atucha II me interesa no tanto por su tecnología, una rareza francamente ya más criolla que alemana. Tampoco por la electricidad que dará, por muy firme que sea. Me interesa porque significó el reagrupamiento de firmas privadas argentinas de ingeniería alrededor del Programa Nuclear, un milagro tras décadas en que los ingenieros argentinos manejaban taxis y los científicos eran mandados a lavar los platos por un muy mentado señor ministro de Hacienda. Hoy en Atucha II algunos empresarios sacaron chapa nuclear, como dijo Arbarellos. Y los que la tenían desde tiempos viejos, hoy la lustran para quitarle la pátina, porque vuelve a tener valor. Ahora van apareciendo otras empresas: los peones, las torres y los caballos criollos en un ajedrez nuclear internacional donde antes la Argentina jugaba sólo con un rey, muy incisivo pero único: INVAP. Y cuando se haya puesto en marcha Atucha II, muchas de estas empresas tendrán un nuevo campo de entrenamiento en la extensión de vida útil o “revamping” de Embalse. Y probablemente también jugarán en la cuarta central, Atucha III CANDÚ, 700 megavatios, con CANDU Energy, la continuadora de AECL, dispuesta a colaborar… ¡y China deseosa de dar financiación! ¿Sólo para salir en la foto? Obviamente no. China nos financia el 85% de una central en la que participará con muy pocos componentes (el 15% en valor). Por supuesto, a condición de vendernos también su máquina “de bandera”, la Hwalong-1, que tiene la ventaja de ser de tercera generación plus, pero la contra –para nosotros- de quemar uranio enriquecido. En esas negociaciones anda don Antúnez, me dicen, lo cual quizás explica por qué no me contesta los llamados. Dejo la polémica uranio natural vs. uranio enriquecido para otra ocasión. Lo evidente es que el mundillo nuclear en el exterior parece tomarse nuestro renacimiento en la materia más a pecho que nosotros mismos, prueba de que fuimos grandes. De seguir vivo, Jorge Sábato estaría muy extrañado pero probablemente muy contento. Maestro de la ironía como era, tal vez estaría buscando alguna frase mordaz para definir este momento rarísimo. O más probablemente, como todos los que traté de entrevistar, estaría corriendo como loco de aquí para allá y no tendría ni 10 minutos para sentarse conmigo, ni siquiera por teléfono. Casi simbólicamente, al lado de esa escuela gigante en que devino Atucha II, la Argentina está construyendo el pequeño prototipo de 32 megavatios de su primera central puramente propia, el CAREM. Y ésa sí que es tecnología interesante para nosotros y para el mundo, mucho más que la de Atucha II. Porque es nuestra.

Daniel E. Arias

Nora Bär: «El debe y el haber de la pandemia». En la Argentina

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Reproducimos esta desafiante columna de Nora Bär. Y agregamos en el título «en la Argentina», porque los ejemplos y las lecciones se refieren en particular a nuestro país: «Cuando el aislamiento, la imposibilidad de abrazar a nuestros familiares y amigos, de viajar, de vagabundear por las librerías o pasear mirando vidrieras, de ir al cine o al teatro, de ver fútbol o practicar deporte «de entrecasa» queden en el recuerdo y ya no se nos hagan tan lacerantes, cuando los evoquemos a la distancia, sin que nos provoquen emociones estridentes, cuando este episodio de nuestras vidas sea como esas fotos de tonos desvaídos por el paso del tiempo, tal vez el balance de los días en que, literalmente, «se paró el mundo», no sea totalmente negativo. Por supuesto que habrá muchos a los que esta pandemia, surgida de improviso a fines del año pasado y que en una decena de semanas había dado la vuelta al mundo, les dejará cicatrices indelebles. Para los que padecieron cuadros graves de Covid-19 y sus familias, 2020 será el año que marcará un antes y un después en sus vidas. Lo mismo les sucederá a quienes sufrieron penurias o quebrantos económicos irrecuperables. Pero tal vez (¡ojalá!), podamos anotar en la columna del «haber» que fue el inicio de un nuevo vínculo entre científicos y tomadores de decisión. La masiva respuesta que tuvo la convocatoria del Ministerio de Ciencia, Salud e Innovación para aportar las capacidades y el conocimiento de sus investigadores al control de la epidemia reveló que, contra lo que muchas veces se le objeta, la comunidad científica no está recluida en una torre de cristal. Centenares de sus integrantes dejaron de lado los papers que les hacen ganar prestigio internacional y se pusieron manos a la obra. Y como pasó otras veces, en cuanto dispusieron de los medios mínimos y se les dio oportunidad de colaborar, los frutos fueron inmediatos. La Argentina fue el único país de la región que en 45 días tuvo la capacidad de producir un test de anticuerpos contra el SARS-CoV-2 y, poco días más tarde, otros de detección viral por PCR que pueden realizarse en una hora y con equipos que están al alcance de cualquier laboratorio. El país participa en los estudios internacionales de la OMS y lanzó un gran ensayo clínico con suero de pacientes recuperados. Pero, además, puso a disposición el capital intelectual de sus matemáticos, bioinformáticos y especialistas en Big Data para interpretar qué nos están diciendo los indicadores, cartografiar el escenario epidemiológico, y orientarnos en un océano de datos inciertos y cambiantes. Desde el punto de vista sanitario, por lo menos hasta el momento, todo parece indicar que haberse apoyado en el conocimiento experto, y no en opiniones más o menos inspiradas, permitió resultados considerablemente mejores que los que se obtuvieron actuando al revés, como ocurre en otros países del continente. Que la ciencia y la tecnología son vitales para el desarrollo ya es una verdad de Perogrullo. No hace tanto, en este mismo espacio, mencioné el documento elaborado por el físico y nanotecnólogo Fernando Stefani, vicedirector del Centro de Investigaciones en Bionanociencias del Conicet, que pasa revista a una serie de los argumentos más convincentes que muestran la íntima relación que existe entre la inversión en ciencia y tecnología, y la riqueza. Por ejemplo, destaca que en una muestra de 61 países tomada entre 2001 y 2014 se advierte claramente que «Los que generan más riqueza por habitante son también los mismos que invierten mayores fracciones de su PBI en investigación y desarrollo. Los más rezagados, con menor PBI, son los que invierten proporciones menores». Hace décadas que venimos escuchándolo. Pero esta pandemia también está mostrando en forma palmaria lo importante que es contar con ciencia y tecnología para trazar políticas públicas basadas en evidencias. Y para monitorearlas. Ojalá que, como saldo a favor, la catástrofe global nos deje esta fluida interacción entre la política y la ciencia. Sería histórico.»

El Gobierno define su agenda energética. Falta algo muy importante

La agencia estatal Télam informa que el Ministerio de Desarrollo Productivo que conduce Matías Kulfas enviará al Congreso una nueva Ley de Hidrocarburos, y también la definición de una prórroga del régimen de promoción de biocombustibles. Además de Hidrocarburos y Energías Renovables, el borrador incluye Biocombustibles. PERO hasta ahora se nota la completa ausencia de menciones a (en palabras de Roberto Bobrow) la única fuente no contaminante de disponibilidad continua, la nuclear, en la que Argentina además tiene tecnología de punta exportable, el CAREM, esperando terminarse. La agenda energética del gobierno nacional para la post pandemia contempla el envío al Congreso de una nueva Ley de Hidrocarburos, más la definición de una prórroga del régimen de promoción de biocombustibles, el impulso de la electromovilidad y la continuidad del desarrollo de las energías renovables con énfasis en la promoción de tecnologías y proveedores locales. Estos son los temas que se suman a los que el Gobierno nacional se propuso definir vinculados con los servicios públicos. Es decir, la revisión de los cuadros tarifarios como el viernes anunció el presidente Alberto Fernández en La Pampa, y la elaboración de un plan de incentivo a la producción de gas para evitar dificultades de abastecimiento en el la temporada invernal de 2021. Hidrocarburos En el Ministerio de Desarrollo Productivo ya estaba elaborado en el primer trimestre del año el proyecto de una nueva Ley de Hidrocarburos, que pretendía generar mejores condiciones de inversión, yendo más allá del desarrollo masivo de Vaca Muerta, sino que resulte abarcativa de todas las cuencas del país e inclusivo del sector minero. Por encima de las modificaciones que se le puedan realizar por la coyuntura de la pandemia, el espíritu del proyecto sigue siendo el de buscar un marco normativo que permita al sector ser palanca para el desarrollo, a partir de un entramado productivo tecnológico y diversificado en todas las provincias. «Queremos que el sector hidrocarburífero permita promover el desarrollo de una cadena con miles de empresas proveedoras más competitivas, impulsar el empleo directo e indirecto en todo el país, e incrementar las exportaciones, tanto desde la producción convencional como no convencional, el off shore, y lo que tiene para aportar la recuperación secundaria y terciaria». Energías renovables Otro escenario energético a la espera de definiciones es el de las energías renovables, sector que recibió un gran impulso durante la gestión Cambiemos mediante las distintas rondas del programa Renovar, pero que desde el Ministerio de Desarrollo Productivo se ve con «una mirada crítica» por tratarse de «un modelo muy vinculado al sector financiero internacional». Es una cita casi textual las palabras que repite Kulfas sobre el tema: reconoce que se impulsó un sector que venía rezagado, pero es «un modelo que tuvo como eje un flujo financiero con inversores extranjeros que venía asociado a un paquete tecnológico, también importado y que debía incorporar jugadores nacionales, lo que no ocurrió». De la variedad de tecnologías que las energías renovables comenzaron a desplegar en el país, las vinculadas con la energía eólica y la biomasa parecen tomar la delantera con este Gobierno: la primera por la existencia de un Cluster Eólico pre existente a la ley de promoción de 2015 y muy asociado a la industria metalmecánica, y la segunda por la amplia disponibilidad de abundantes residuos biomásicos en todas las regiones del país. Una vez más el componente de proveedores locales, dispersión geográfica del desarrollo, agregado tecnológico local y generación de empleo, se presentan como las guías para las definiciones que el Gobierno dará a conocer para las energías renovables. Biocombustibles Otro sector que espera la señal de la actual gestión es el de los biocombustibles, una industria que logró alto grado de competitividad global a partir de la ley de promoción de 2006 -vence en 2021- pero que entró en modo de espera por las restricciones de mercados externos clave como el de Estados Unidos y Europa, y la falta de ampliación de su participación en el mercado local de naftas y gasoil, además del rezago en sus precios regulados. Para este campo, el equipo del ministro Kulfas asegura que «el tema está en trabajo y evaluación para definir si es conveniente una prórroga de la Ley 26.093» que estableció el Régimen de Regulación y Promoción de los Biocombustibles, pero con la idea de centrar el apoyo en las empresas pymes y no en las grandes productoras que ya tienen competitividad desarrollada. Las fuentes señalaron que por este tema «es saludable el diálogo con toda la industria, para rediscutir la ley, y en los próximos meses se va a tomar una definición no para terminarla sino para ver con qué condiciones continuarla, luego de un régimen que en 15 años dio muchos resultados positivos que este gobierno no quiere perder»: Pero el sector de los biocombustibles miró con recelo en los últimos meses la irrupción con fuerza en la agenda energética -siempre más allá del petróleo y el gas- del tema de la electromovilidad, y que Kulfas llevó adelante públicamente al lanzar la convocatoria a su desarrollo, una vez más desde una mirada integral que incluye al litio, el mineral con que el país cuenta generosamente. Orientada en principio a una red eléctrica de transporte publico, la idea del Gobierno es promover la industrialización del litio -recurso clave hoy para las baterías eléctricas-, la incorporación de las terminales locales y los fabricantes de autopartes y las empresas de transporte y sus rubros de servicios asociados, en el marco de lo que denominamos agenda verde. Las fuentes explicaron que la aspiración es «poner en práctica lo antes posible un programa de alta tecnología», a tono con la tendencia global de la industria automotriz, que arranque con el litio y el desarrollo de una cadena completa de fabricación local de buses.

«Argentina debe mantener activa la investigación de lanzadores orbitales»

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El astrónomo e investigador principal del Conicet, César Bertucci, que participó del proyecto Cassini-Huygens y otras iniciativas de la agencia espacial estadounidense (NASA), afirmó que «el lanzamiento de la ‘Crew Dragon’ de SpaceX es una demostración más de que Argentina debe mantener activa una línea de desarrollo de lanzadores». Bertucci, que además es docente de la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), sostuvo que «cada vez está más claro que es estratégico que un país tenga sus propios medios para acceder al espacio, y por eso es muy importante que el Estado argentino mantenga el apoyo al desarrollo de lanzadores que hace junto a la empresa aeroespacial argentina VENG«. «Hoy en Argentina cualquier universidad con un presupuesto razonable puede desarrollar un satélite, pero el cuello de botella se produce a la hora de ponerlo en el espacio por el limitado acceso a los lanzadores que operan muy pocos países». Bertucci destacó que «hoy el mercado argentino y hasta el regional son muy chicos como para que los privados se interesen en el desarrollo de lanzadores, por eso es el Estado el que debe asegurar los desarrollos a través de contratos y proyectos; si hay algo que nos enseña la historia, es que para todo proyecto de investigación serio y de largo plazo el primer inversor debe ser el Estado, porque los privados recién llegan cuando aparecen más seguridades y expectativas comerciales». El sector industrial espacial es hiperdinámico y vive en innovación permanente, por eso es vital la formación continua y actualizada del recurso humano, y regenerar el ecosistema de pequeñas empresas que la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) había ayudado a forjar y que la crisis económica de los últimos años afectó especialmente». Bertucci destacó que «Elon Musk y Jeff Bezos entendieron que la apertura del acceso al espacio les abre un enorme mercado de posibilidades y para eso invierten y trabajan en proyectos como este». «Esta es la primera vez que una empresa privada se pone a la cabeza del desarrollo de un lanzador y lleva a dos personas a la Estación Espacial Internacional. Esto es muy importante para Estados Unidos que hace diez años que no lleva por medios propios a sus astronautas al espacio y necesitaba para esos de los cohetes rusos». «La NASA tiene la voluntad de abrirse cada vez más a la cooperación con empresas privadas, e incluso hay proyectos que SpaceX desarrolla de manera independiente». «Si uno compara esta cápsula con las anteriores va a ver que es mucho más ergonómica, y que palancas y botones fueron reemplazados por pantallas táctiles, lo mismo pasa con los trajes de los astronautas, porque son todos desarrollos de nuevas tecnologías; con cada lanzamiento al espacio se generan una serie de nuevas patentes asociadas de nuevos productos de mucho valor».

Encontraron cuatro gliptodontes en Bolívar

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Un granjero de Bolívar, provincia de Buenos Aires, halló por accidente los restos fósiles de una especie enorme de armadillos que vivieron hace más de 10.000 años. El tamaño de cada uno -y también la forma- era similar al del «Escarabajo» de Volkswagen. Estos restos fosilizados, que se encontraron cerca de un arroyo al quedar parcialmente descubiertos a raíz de una intensa sequía que afecta el área, pertenecen a cuatro gliptodontes, un gran mamífero extinto, herbívoro, acorazado, al que se supone antecesor de los actuales armadillos. El granjero, Juan de Dios Sota, divisó accidentalmente la parte superior de uno de los caparazones mientras llevaba a pastar el ganado, y dio parte a las autoridades del municipio, que se comunicaron con el Conicet. Según los investigadores, estos ejemplares pesaban más de una tonelada, y medían más de tres metros de largo. Y como murieron en las mismas circunstancias, se trata de un caso «excepcional». «¡Un póker de gliptodontes!» comentó uno. Su caparazón era muy resistente, a tal grado de que les permitía resistir los mordiscos de los smilodones -los conocidos tigres dientes de sable- o de otros depredadores prehistóricos que quisieran atacarlos. El equipo de expertos del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Paleontológicas del Cuaternario en la Pampa (INCUAPA) ya está trabajando para extraer los restos fósiles de las cuatro criaturas.

El trabajo en el cine argentino de este siglo: desempleo, experiencias autónomas. Video

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Trabajo sobre trabajo es una muestra virtual con idea, guión y dirección de Florencia Eva González y diseño y edición de Biby Aflalo, que se exponía en el Centro Cultural Kirchner. Cada una de sus piezas diseña, con un pulso distinto, una estética que guarda relación con un momento histórico del mundo laboral. Y del cine argentino, que en estos años ha puesto énfasis en el formato documental. Hoy mostramos el cuarto video, poco más de 2 minutos, con imágenes de 4 películas argentinas que filman experiencias -reales o ficcionales- de rescates autónomos de las fuentes de trabajo.
Acerca de las realizadoras Florencia Eva González es documentalista y ensayista. Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA), se desempeña como docente en el CBC y en la Carrera de Artes Combinadas (UBA), entre otras instituciones desde hace más de 20 años. Dicta cursos gratuitos de cine, arte y filosofía, y coordina ciclos de cine en la Biblioteca del Congreso. Escribe para diversos medios sobre cine y estética. Trabaja en realización de documentales desde la década del ’90 y formó parte del «Movimiento de documentalista». Publicó los libros ´Desajustes. Sobre arte y política en Argentina´ (Ed. Paradiso, 2014). ´1989. Cine y muro de Berlín. La memoria de las ruinas´ (Ed. Caterva, 2019), y ´Fantasmal´. Inventario crítico del cine argentino 1897-2018´ (Ed. Colihue, 2019). Biby Aflalo trabaja combinando las artes plásticas, gráficas y escénicas desde los años ’80. Integrante en la década del 2000 del equipo artístico MUTE (Música y Teatro), grupo que participa en diferentes convocatorias teatrales vinculadas a la tecnología y a la música electroacústica: ´El fin del Espacio´, Tecnoescena´; ´La voz que guarda el silencio, Ciclo historias CCRR´; entre otras. En mayo del 2012 realiza la dramaturgia y puesta en escena del Arte de la Fuga de J. S. Bach, en el Centro Experimental del Teatro Colón (CETC), de la Ciudad de Buenos Aires, junto a la pianista Silvia Dabul.

Atucha II: una crónica argentina

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A 6 AÑOS DE LA CRITICIDAD DE ATUCHA II

Hace 6 años, el 3 de junio de 2014, en el aniversario número 244 del nacimiento de Manuel Belgrano, la central nuclear Atucha II alcanzó su primera criticidad. Un momento argentinísimo, pero hay que entenderlo. Dicho de otro modo, para asombro del país y con 27 años de retraso, esa máquina cuya terminación “era técnica y económicamente imposible”, según más macaneadores de los que se puede mentar en este artículo, se prendió: el uranio 235 de sus elementos combustibles empezó una reacción controlada en cadena. Así lo indicaban no sólo instrumentos digitales franceses de última generación, sino “relojes” analógicos alemanes fabricados en los años ’70. Desde aquel momento medio milagroso, Atucha II viene entregando potencia a la red con la rutinaria confiabilidad de un granadero, y su turbogrupo es la unidad individual de generación más poderosa del Sistema Argentino de Interconexión (SADI). Una excepción: aquella salida de servicio para cambiar una bomba de refrigeración averiada, a principios de 2017, y la limpieza subsecuente del circuito primario, que se prolongó 5 meses, para alegría esperanzada de los “ut supra” mencionados macaneadores. Luego hubo que tener más meses la máquina bajo la mirada glacial de la Agencia Reguladora Nuclear (ARN) que buscaba signos de que pudiera repetirse esa avería. Después de todo, estamos hablando de bombas fabricadas en Alemania cuando a ese sustantivo toponímico había que añadir el adjetivo «Occidental» (vale decir en el tiempo de ñaupa), conservadas en atmósfera inerte de nitrógeno durante décadas. Esos meses precautorios Atucha II los pasó funcionando a potencia reducida, aumentándola paso a paso. Desde primavera de 2019 ya está al 100%, generando sus 750 MW/h nominales. Deducido el fuerte consumo de electricidad de la propia central, básicamente insumido en mover sus gigantescas bombas de refrigeración, quedan 692 MW/h netos para entregar el SADI. Y Atucha II hace esto 24×7 más de 320 días por año, llueva, truene o brille el sol. El resto son paradas de mantenimiento programado, las propias de una máquina que es extraña y simultáneamente nueva y vieja a la vez. Con su factor de disponibilidad algo inferior al 90%, propio de las nucleoeléctricas “ochentosas”, Atucha II sustituye la importación de aproximadamente 1630 millones de metros cúbicos anuales de gas emiratí o boliviano, o mucho fracking y enchastre de suelos y aguas subsidiado por el estado nacional en Vaca Muerta, según los tiempos. Eso explica por qué las petroleras y sus 8 pintorescos ex secretarios de energía no la pueden ver. Si se añade a tan rancio club una embajada que viene poniendo peñascos y troncos en la vía del desarrollo nuclear independiente de todo país mediano, se entiende no sólo el estrepitoso silencio de prensa que rodea este aniversario. Se entiende también por qué Atucha entró en línea recién en 2015, con 28 años de retraso. Nadie dijo que fuera fácil, pero viene siendo todo mucho más difícil de lo esperable. Cuando en 2045 se acerque el momento de decidir si Atucha II merece 10 o 20 o más años de extensión de su primer ciclo de vida, su factor de disponibilidad, que probablemente haya ido bajando a un probable casi 80% por envejecimiento, va a ser esa cifra la que decida qué se hace. Para esa fecha y a la luz de la erosión de autoridad en curso tanto de los EEUU como de las petroleras, cuesta creer que dentro de 31 años puedan hacerle mucha guerra. Pero eso es conjetural. Una turbina eólica del parque de Tricastin-Trois Chateaux, Francia. De fondo, la central nuclear homónima, una de las 57 de ese país: imagen del probable futuro de la energía  No añado las energías renovables a la lista de enemigos de la electricidad nuclear. A la luz del recalentamiento global, y de sus costos hídricos, epidemiológicos, climáticos, energéticos y bélicos, el mundo avanza por défault hacia un combo energético inevitable: nuclear para potencia de base, la que no puede faltar nunca, y renovables para consumos “de punta”, en horarios de máxima demanda. “Two strange bedfellows”, como dicen los gringos (dos extraños compañeros de cama). Ese futuro parece programado, al menos hasta donde se dejen someter a planeamiento los recursos intermitentes como el sol, o intermitentes y además impredecibles como el viento. Sin sistemas baratos y fiables de almacenamiento de electricidad a la vista, la fantasía germánico-ecologista de un mundo propulsado únicamente a renovables seguirá siendo una fantasía, por cierto -según se ve en Alemania- muy contaminante y nada barata. Cuando se deba decidir la extensión de vida de Atucha II, la decisión se tomará en un mundo muy distinto del actual. Pero estamos hablando de 2045, y como decía Niels Bohr, es difícil hacer predicciones, especialmente acerca del futuro. Entre tanto, son inevitables algunos homenajes a gente de muy bajo perfil que evitó, muy contra viento y marea, que Atucha II hoy sea un cavernoso edificio abandonado, poblado sólo por yuyos, ratas, lechuzas y palomas. Un brindis tardío para el ingeniero Aníbal Núñez, a quien se extraña. Allá por 2000 hizo instalar el recipiente de presión de 971 toneladas dentro de “la catedral”, como se llamó durante décadas al inmenso pero vacío edificio de contención. Con eso, volvió imposible la conversión a gas de Atucha II. Hoy esa idea puede parecer descerebrada, pero por ella militaron Greenpeace, los 8 entonces futuros ex secretarios de energía y un olvidable séquito de diputados y senadores que seguramente hoy pagarían por no pintar en aquella foto. Cuando “El Petiso” Núñez instaló dentro del edificio de contención y casi subrepticiamente esa gigantesca pieza de acero forjado dentro del edificio de contención, les hizo jaque mate a todos: andá a sacarla. Tras esa movida, Atucha II o se terminaba nuclear o se abandonaba, una de dos. Te salió bien, Aníbal. Ojalá hubieras llegado a verlo. Y alzo la copa por quienes están vivos y pusieron mucho más que el hombro: respectivamente un reactorista y una “combustiblera”. Son el entonces titular de Nucleoeléctrica Argentina SA (NA-SA), ing. José Luis Antúnez, y la entonces presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la Dra. Norma Boero. Ing. José Luis Antúnez, el hombre que terminó Atucha II Lic. Norma Boero, presidenta de la CNEA durante la terminación de Atucha II Estos notables con poca prensa no podrían haber hecho gran cosa sin el paraguas de la Presidencia de la Nación, es decir del difunto Néstor Kirchner y luego de Cristina Fernández. Por denominación política de origen (Santa Cruz), ambos fueron gente que venían del petróleo y el gas, es decir de una matriz mental extractiva. Pero con el país creciendo al 8% anual, en medio de los apagones de la reactivación, se reprogramaron. No es frecuente. Entendieron que la electricidad de base no podía venir únicamente de recursos sujetos a un clima cada vez más extremo e impredecible, como nuestras dos grandes cuencas hidroeléctricas, y tampoco de hidrocarburos en manos de multinacionales, y que además son la causa del desastre climático en curso. Hubo coraje en esa visión: en 2006, en política todavía daba ventajas echar pestes del átomo, una ocupación entonces tan segura como pegarle patadas a un burro difunto, pero -ver Greenpeace- más gananciosa. Pero además, los Kirchner pensaban en plata y prestigio. Dejar Atucha II incompleta era una vergüenza internacional para la imagen de un país que, desde 1981, se estaba transformando, casi pese a sí mismo, en un exportador muy exitoso de reactores nucleares (Perú, Argelia, Egipto, Australia). Por el contrario, la patriada de completar Atucha II cuando ya el proveedor original (Siemens) se había borrado del negocio nuclear sería un “show” de capacidad argentina. Y en eso no erraron: en 2018 Holanda pidió un reactor argentino que va a ser el 2do. más potente del planeta en producción de radioisótopos. En 2019 se completó otro puramente de investigación en Arabia Saudita. Terminada en tiempo y forma en 1987, Atucha II habría salido alrededor de U$ 2500 por kilovatio instalado. Una CANDÚ, al carecer de esa pieza gigantesca y costosa, el recipiente de presión, habría sido un 40% más barata. Completada con 27 años de retraso, salió al menos el triple de su estimación inicial. Las cuentas nunca se aclararán, porque el presidente Carlos Menem, viendo que no podía privatizar esa central inconclusa, decidió volverla una caja política propia: su negocio era darle plata, mucha, y que no se terminara jamás. Sin embargo, Atucha II trabajando honradamente y a full, como lo hace desde 2015,  ahorra mucho gas importado y/o mucho fracking en Vaca Muerta. Las tres centrales nucleares argentinas, viejitas como son, evitan quemar 2600 millones de metros cúbicos de gas por año. Es más, pese a que Brasil se viene literalmente robando el río Paraná y Yacyretá por ende está generando bien debajo de su capacidad, las tres nucleares pasaron de generar el 5% al 14% de la electricidad circulante, y se encargan de que no se apague la luz en medio de la cuarentena. En 2006, cuando Kirchner avisó que Atucha II se terminaba sí o sí, los ex secretarios salieron a embarrar la cancha: era caro, inconveniente, peligrosísimo y además imposible: los «Walking Dead» al ataque. El 3 de junio de 2014, cuando la central se puso crítica, recuerdo haber pensado: “De esta paliza no se levantan”. Por supuesto, me equivoqué. Vino el ingeniero Mauricio Macri y con su presidencia, El Mejor Ministro de Energía de la Shell, el ing. Juan J. Aranguren. El Programa Nuclear, recién salido de terapia intensiva y en rehabilitación, regalado a los Walking Dead. Para celebrar el sexto aniversario de la primera reacción nuclear controlada de Atucha II rescato este viejo artículo. Lo escribí para una revista nuclear en 2013, en medio del apuro febril por llegar a 2014 con la central terminada.  Creo que pinta las enormes urgencias y esperanzas del resurgimiento nuclear, tecnológico, industrial y educativo argentino que se vivió entonces. Pese a que peino muchas canas, elijo ese texto ingenuo y ya casi fiambre con la esperanza de poder volver a escribir algo semejante sobre todo lo que sigue:
  • la terminación del prototipo de la centralita nuclear compacta argentina CAREM, junto a las Atuchas I y II
  • la compleción del reactor de producción de radioisótopos en investigación RA-10 en Ezeiza,
  • la reapertura de la Planta Industrial de Agua Pesada de Neuquén,
  • y el diseño y licenciamiento de la ingeniería básica de Atucha III CANDÚ nacional, una tarea que nos dejó pendiente el ing. Antúnez, capitán de la terminación de Atucha II, y que en un primer período presidencial se puede encarar prácticamente sin plata: es más hacer software que fierros
  • sin gran entusiasmo, le haré también algún artículo a la central china de uranio enriquecido Hwalong-1, aunque venga llave en mano y no aporte mucho a nuestro desarrollo industrial o tecnológico
Y los dejo con este fiambre periodístico: su mérito es que retrata el potencial del átomo para reconstruir país, rehacer recursos humanos y generar empleo. Algo que, a la vista del programa energético actual, la Argentina parece olvidar en forma recurrente.

Daniel E. Arias

2013: EL “LEVÁNTATE Y ANDA” DE LA INDUSTRIA NUCLEAR CRIOLLA

Instalación de un sensor dentro de un canal refrigerante del recipiente de presión. Con un estrépito de distintos “ringtones” como fondo, inevitablemente me contestan: “Perdone, Arias, ¿no me llamaría mañana? Hoy tengo un día de locos”. Mañana va a ser lo mismo o peor, ya lo sé. La disculpa repetida resume mis intentos de conversación con distintos directivos de algunas de las empresas privadas que trabajan, supervisadas por NA-SA. Están inmersos en el ordenado caos de la terminación y pruebas “en frío” de la central nuclear Atucha II. Otros ejecutivos directamente no me atienden, soy “números desconocido” y están hasta las manos. Los tipos dirigen decenas de firmas, y van de multinacionales a PyMES. Este informe es un “collage” de entrevistas fragmentarias con gente apuradísima. Trata de dar una idea del ir y venir de máquinas intraducibles, del chisporroteo constante de los soldadores, del chirrido de amoladoras, del desfile aparentemente aleatorio de miles de contratistas uniformados por colores según su pertenencia a tal o cual firma. Es una multitud con casco que, derramada por los corredores y salas de un edificio colosal, acciona, discute y examina apasionadamente tablets que contienen planos, como si se tratara de sentencias judiciales debatibles. En los exteriores, donde hay señal, se ve a más de uno hablando por dos celulares a la vez mientras un tercer interlocutor parado enfrente le reclama atención con vehemencia inútil. El escenario no se compara con la torre de Babel porque aquí se habla castellano, porque la obra no es el capricho de un rey loco sino la necesidad de una república que recuperó la razón, y sobre todo, porque a diferencia de aquella torre demasiado famosa, esta obra se termina. Por fin se termina. Las “pruebas en frío” de Atucha II, ya en curso, son miles. Se van haciendo según un protocolo de complejidad laberíntica y creciente: hay que comprobar caso por caso la estanqueidad de miles de kilómetros de tuberías de agua, vapor, aceites, y la funcionalidad de otros tantos sistemas electromecánicos de cierres, esclusas y válvulas. Y tildar todo. Hay que revisar también el funcionamiento de un cableado y una electrónica de control indescifrables para la mayor parte de los terrícolas. Luego de testear componentes, se ponen a prueba subsistemas, y luego sistemas enteros, por ejemplo, toda el circuito primario. Y con una paciencia maníaca, porque el diablo está en los detalles. “En obras tan complejas nunca sabés si alguno se dejó una herramienta adentro de una tubería, o si un interruptor no hace contacto por una mancha de grasa”, me explica por teléfono el ingeniero Miguel Báez, un jefe de Puesta en Marcha de NA-SA que me dejó plantado en la obra, y pide perdón pero tiene que cortar porque llega tarde a… Nunca estuve tan feliz de ser plantado tantas veces por tanta gente. Se respira, se huele a final de obra. Atucha II, contra todo pronóstico, ya se acerca a los ensayos “en caliente”. Estos se harán con agua y vapor a temperaturas y presiones de operación real (casi 300 grados, casi 120 atmósferas), pero todavía sin combustible nuclear. Cuando finalicen las pruebas en caliente, recién entonces se le cargará el combustible a la central, se la irá poniendo “crítica” de a poco, y llegado el momento, irá entrando despacio en línea hasta desplegar sus rugientes 2.200 megavatios térmicos y sus 750 gloriosos megavatios eléctricos. Bueno, en realidad 692 netos, deducida la electricidad que la planta usa para su propia operación. Gloriosos igual, pese a que inyectados en el Sistema Argentino de Interconexión, representarán sólo el 3% de la electricidad circulante. Porque la red y su capacidad instalada crecieron enormemente desde 2003, hace 11 años, cuando la economía Argentina volvió a crecer con descaro, y especialmente desde que el embalse de Yacyretá pudo alcanzar su cota de diseño a pie de muralla, y alcanzar su potencia nominal de 3200 MW. Pero por la temporada de estiaje de los ríos argentinos,  cada vez más dura e impredecible, cada kilovatio instalado nuclear produce del doble al triple de electricidad anual que su equivalente hidroeléctrico. Por ello, los futuros 750 “mega” nucleares de Atucha II producirán tantos megavatios/hora anuales como 1500 “hidro” sobre el Paraná, o 2100 sobre el Limay. Lo atómico, de todos modos, tiene otros encantos. Aún con el poco uranio que hay en la Argentina, tenemos décadas de combustible asegurado, sin importar si llueve. Y si se lo juzga contra el gas, un elemento combustible nuclear no es naturaleza cruda. Es una manufactura local de alta tecnología, ciencia aplicada criolla de materiales cerámicos y metalúrgicos. Y eso nos lo pagamos a nosotros mismos y mayormente en pesos. No se trae de Bolivia, no viene de ningún emirato, no hacemos puré ningún acuífero para fabricarlo. Bueno, cuando Atucha II se ponga crítica de una vez por todas, el país –si se entera- acaso querrá celebrar que se dotó de un enchufe importante, que es un modo bastante bobo de entender este asunto. Hay miradas más sagaces. Los jefes de firmas de ingeniería, como Sergio Marsilli, de CRUMA SRL o Adrián Arbarellos, de TERMIPOL, celebran algo menos evidente: lo que le queda en la Argentina como resultado de su trabajo no es simplemente otra central. Es educación tecnológica. NA-SA y decenas de industrias agrupadas por el proyecto con esto sacan diploma de calidad nuclear. Grandote, muy: el turbogrupo de Atucha II, el mayor del país, y algunos estudiantes de ingeniería “Por más que uno tenga 40 años en lo suyo y las certificaciones ISO que se te ocurran, esto es energía atómica y da chapa. Y perdón, Arias, pero me fui” –reflexiona un segundo Arbarellos, a quien esperan en tres otros lugares, y me cuelga. “Y esa chapa pensamos usarla aquí y en el mundo”, remata una hora después Marsilli, y se disculpa, pero tiene otros compromisos. Andan todos como locos, no me dan ni la hora. Y yo, feliz. CRUMA hace cerramientos de alto desempeño. Son 1550 en toda Atucha II si se suman puertas, escotillones y escotillas a prueba de fuego o de fugas de fluidos o de radiación, así como portones antitornado y antimisil. También hizo el doble cerco perimetral olímpico coronado de alambre concertina, reluciente de navajas. TERMIPOL, en cambio, colocó andamios multidireccionales de seguridad, que han permitido el milagro de una accidentología cercana a cero, pese a que en esta obra centenares de personas trabajaron a alturas de vértigo, vértigo del que paraliza. Si el resto del gremio de la construcción trabajara así… TERMIPOL hizo además escurrimientos, tajamares y las aislaciones térmicas de lana basáltica en esta central. Tiene trabajos parecidos en cuanta otra central térmica se construyó este último decenio, me subraya luego Arbarellos por mail: “Campana, Timbúes, Río Turbio, más obras en YPF y plantas de biodiesel y una punta de contratos afuera del país. No dejes de poner eso, Arias, no somos una PyME, ojo”. Da para pensar: esta empresa -no la conozco- viene trabajando en Atucha II desde 1981. Nunca se fue, pese a tanto porrazo. Arbarellos, que la semana que viene cumple 38, cuando arrancó esta obra estaba en la escuela primaria. Me pregunto cuántos ingenieros pasaron por el cargo de Arbarellos en los 32 años transcurridos desde entonces. Me pregunto también cuánto habrán puteado por las recurrentes interrupciones de obra, por tener que renegociar contratos a cada rato, por cobrar tarde, por tener que despedir gente casi al toque de haberla tomado. También me entero de que la persistencia rinde: ahora TERMIPOL ostenta algo rarísimo en las firmas de ingeniería argentas: una división nuclear. En Argentina, es como que tu vecino de puerta estacione un avión propio frente a su casa. “El país ahora tiene 400 ingenieros nucleares nuevos, Arias, y muchos están en la industria privada –me dice más tarde Báez, ese jefazo de NA-SA a quien no lograré verle la cara, siempre por teléfono-. Poné eso, Arias. No te olvides. Eso es lo que logró Atucha II. Lo que importa es eso”. Si Báez tiene razón, si cuentan más los cerebros producidos que los megavatios/hora, Atucha II, más que una central, fue una escuela. Sí, pero aprender fue carísimo.

(Concluye mañana)

Daniel E. Arias

Fernando Vilella: “No generamos alimento para 400 millones; exportamos alimento para animales”

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ernando Vilella es un docente de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA). Fue decano allí y creó la primera cátedra de Agronegocios, pero ahora prefiere enfocarse hacia la Bioeconomía. Este viraje no es solo de nombres. Vilella, que es uno de los mayores pensadores dentro del sector agropecuario local, está revisando los conceptos que él mismo ayudó a acuñar. Está revisando su propia ideología. Desde hace siete años el académico organiza un seminario llamado “Del Sur al mundo”. La semana pasada esa cita se volvió a concretar, claro que esta vez de modo virtual. Bajo el lema “Del sur al mundo 2030, analizado desde la pandemia de 2020”, convocó a distintos referentes de los más diversos rubros agropecuarios, más analistas y economistas. A Fernando lo motiva pensar en el futuro y se define como “un optimista”, a pesar de que ni la Argentina ni su sector agropecuario hayan evolucionado ni expresado el potencial que él sabe que tienen. “Yo creo que la Argentina tiene una chance, en base a ser una de las superficies fotosintéticas más amplias del planeta. Pero tenemos que dejar de producir y exportar alimento para animales y pasar a producir alimento para humanos”, resume. -¿Por qué decís esto, que exportamos alimento para animales? -Porque los productos que exportamos no son de consumo directo por los humanos. Salvo el trigo, la soja y el maíz van a otros países para que estos lo transformen luego en carne y se alimenten de eso. Argentina exporta dos tercios del maíz producido como grano y el 90% de la soja como harina, para que otros la integren. -¿Hacés con esto una revisión de los conceptos acuñados por el ‘agronegocio’ local? Porque aquí siempre se dijo que exportar granos estaba bien porque ya tienen un montón de valor agregado. -Eso es verdad, cada grano tiene un montón de trabajo incorporado en investigación y desarrollo, pero la carne tiene todavía más valor agregado. «La Argentina debe revisar su modelo de desarrollo agropecuario para intentar agregar valor y obtener un mejor precio por sus exportaciones de base agropecuaria. Eso debería servir para generar aquí trabajo y riqueza. Existen sectores muy dinámicos en el mundo, que están pensando en todo el diseño de los productos. Vale más el marketing y el envase que el producto primario”. En una revisión de ideas pocas veces vista entre quienes piensan y discuten sobre agro, el ex decano de la FAUBA añadió: “Después está el otro cuento, del que yo me siento responsable, que habla de que producimos alimento para 400 millones de personas. Eso es mentira. Eso salió de multiplicar los granos que producimos por su contenido calórico y dividirlo por los requerimientos de una persona. Pero la verdad es que nadie consume esos granos directamente, con lo cual ese argumento es falaz”. -Estás rompiendo varios leitmotiv de la agroindustria con esta definición. Pareciera que están buscando sintetizar estas ideas tan arraigadas con las de otros que han criticado la exportación de materias primas y que prefieren hablar de la “seguridad alimentaria”. -Yo creo que hay que una posibilidad de integrar todos estos conceptos a través de la Bioeconomía, agregándole valor a la biomasa y haciendo un salto cualitativo en este sentido. Por ejemplo, se puede hacer hasta casas con paja de trigo como aislante, entre tantas cosas. Según esta lectura, “la realidad es que si duplicamos la producción de granos en el país (y seguimos exportando solo esta materia prima), el impacto por habitante en el PBI es de 1.000 dólares, que no es tanto. En cambio si transformás eso y vendés el producto final, es mucho mejor para el país”. Y abundó: “La Argentina tiene un problema estructural de déficit, que si no triplicamos las exportaciones no se soluciona. Mientras no resolvamos la generación de dólares genuinos, no saldremos adelante. Y la capacidad fotosintética de la Argentina debe ser la solución. Es la ‘vaca viva’, a diferencia de la ‘vaca muerta’”. Vilella lamentó que en el gobierno muy pocos se animen a discutir estos conceptos y finalmente el modelo de desarrollo del país.

«Esta pandemia hace evidente que la conexión es tan necesaria como el agua y la electricidad»

«Hechos como el aislamiento de Villa Azul y otros barrios humildes ponen en evidencia la necesidad de tener conectada a toda la población. Y también lo que todavía falta»

El subsecretario de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de la Jefatura de Gabinete, Martín Olmos, manifestó que el sector de las telecomunicaciones está tomando mayor importancia y que eso ya se está viendo en el orden político. «La pandemia del coronavirus dejó en evidencia que la conectividad debe tener el mismo nivel de relevancia de política pública que cualquier otro servicio esencial para los ciudadanos. Las brechas sociales van a estar cada vez más atravesadas por la conectividad y la sociedad demandará más servicios de telecomunicaciones del mismo modo en que exige agua potable, energía eléctrica, cloacas y gas.» Dio como ejemplo las imágenes de esto días cuando funcionarios del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) estuvieron en Villa Azul junto con los intendentes de Quilmes y Avellaneda, para garantizar la conectividad de quienes viven allí ante los contagios de coronavirus que se registraron en diversos barrios populares del Área Metropolitana. «Las brechas van a estar más atravesadas por la conectividad. Esto va a exigir mayor demanda de la sociedad de más cobertura de los servicios, de mayor calidad. Y es también una oportunidad para darle más prioridad a los objetivos de política pública. Se ve claramente en las agencias internacionales de cooperación y desarrollo donde hay mucho interés por apoyar proyectos de conectividad», dijo Martín Olmos durante una conferencia virtual organizada por ConverCom – Centro de Estudios sobre la Convergencia de las Comunicaciones. «La Corporación Andina de Fomento es uno de los organismos a nivel regional que más énfasis viene poniendo sobre la necesidad de impulsar a las infraestructuras de telecomunicaciones para que el grueso de la sociedad pueda subirse a la acelerada digitalización de distintos procesos y actividades de la vida cotidiana pues, de no hacerlo, las brechas sociales se profundizarán.» También sostuvo que esta misma situación se verá reflejada cuando se discutan los presupuestos del sector. «Hay conciencia en todos los sectores políticos. Va a haber una mayor exigencia y prioridad de la sociedad hacia proyectos para desarrollar la conectividad». La antena móvil y el asfalto «La centralidad política que está tomando el sector sucede de un modo que no se veía antes. Hace poco escuché a Lucas Gallitto (N. de la R: director de políticas públicas de la GSMA) reflexionando sobre qué importante sería que para los intendentes fuera relevante inaugurar una torre de telefonía celular tanto como una obra de asfalto. Cuando ese cambio de mentalidad se produzca seguramente el sector va a tomar un impulso muy grande. Creo que esta crisis que estamos atravesando está empujando las cosas en esa dirección», aseveró el funcionario. Por esa razón, reiteró que la foto de Villa Azul compartida por funcionarios de telecomunicaciones y de la política tradicional fue «una escena que tal vez no era tan frecuente con autoridades del sector» y que, por tanto, es una muestra «de la centralidad política que está tomando el tema». En ese sentido, comentó que los distintos actores del mercado de las telecomunicaciones fueron y continúan siendo contactados y convocados por intendentes de distintos municipios para resolver temas de conectividad ante las necesidades que expuso el coronavirus. «Sin lugar a dudas hay una mayor centralidad política y habrá una mayor conciencia transversal y mayor importancia de parte de todos los sectores. Esto quiere decir que cuando se discuta sobre educación, sobre trabajo, también se va a discutir más sobre conectividad. Y las brechas en el acceso van a estar más atravesadas por las brechas de conectividad. Nos va a generar una mayor exigencia y demanda de la sociedad en términos de cobertura y calidad de los servicios», sentenció Olmos. Los ejes de la nueva agenda Tras la exposición de Olmos, José Otero, director de 5G Americas, señaló que los gobiernos deben entender hoy la relevancia de las telecomunicaciones, y que así como se toman medidas para garantizar la provisión de alimentos o de insumos de salud también se tiene que dar el mismo nivel de importancia al abastecimiento de equipamiento, sea para las redes o para los mismos dispositivos de acceso, como los teléfonos.» Cuando señalamos lo que está sucediendo en este momento también debemos ver que, en términos de recambio de equipos, es importante que los gobiernos entiendan que así como se da prioridad a insumos de salud también deben tener prioridad los equipos de tecnología y telecomunicaciones. Porque se debe hacer mantenimiento y remplazo de equipamiento para no interrumpir la conectividad de un país» sostuvo Otero.

Donald Trump y las estrategias frente a la pandemia: «Brasil está teniendo problemas ahora, y Suecia»

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En su habitual conferencia de prensa, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, diferenció su estrategia de las que tomaron Brasil, y Suecia. Y señaló que, si en EE.UU. tienen muchos casos de COVID-19, es porque han hecho muchos testeos. También habló bien del gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. El siguiente video es un extracto de la conferencia, de poco más de 5 minutos, subtitulado en castellano.

Mercosur-Unión Europea: el parlamento de Holanda rechaza el tratado

El año pasado, antes del cambio de gobierno en Argentina, los representantes del Mercosur y de la Unión Europea cerraron las negociaciones sobre un tratado de libre comercio. Pero el texto entrará en vigencia recién cuando sea aprobado por los parlamentos de todos los países de ambos bloques. Y algo que exige una aprobación de todos los parlamentos no parece ser tan fácil. Ya el año pasado el Parlamento austríaco y la región de Valonia (Bélgica) votaron en contra al tratado. Además, varios países se manifestaron en contra de dicho acuerdo hasta que el gobierno de Brasil deje de alentar los incendios y la deforestación de la selva amazónica. Ahora es Holanda el país que se suma al núcleo en contra del acuerdo bilateral. Esta semana el Parlamento de los Países Bajos -el nombre correcto de Holanda- rechazó el acuerdo por mayoría simple, gracias al corrimiento hacia los votos opositores del partido ChristienUnie (Unión Cristiana), el más pequeño de los que forman la coalición de Gobierno. El voto refleja el fuerte lobby agrícola en ese país. Los productores no confían en su ministro de agricultura, quien ha sostenido que el acuerdo se ajusta a los estándares sanitarios que prevé la legislación holandesa. La decisión tornará inevitable la presión sobre los gobiernos de Mercosur para reformular políticas comerciales y sectoriales para alinearlas con exigencias consideradas críticas por los gobiernos europeos, caso contrario, el tratado entre ambos bloques será letra muerta. Ya en el mes de mayo, el Parlamento Europeo publicó un informe encargado por el Comité de Medio Ambiente, Salud Pública y Sanidad Alimentaria (ENVI) a la funcionaria austríaca Cristina Müller, muy crítico del tratado. Se argumenta que los países del Mercosur no cumplen con los estándares europeos en materia sanitaria, ambiental y seguridad laboral. La hostilidad a ese acuerdo está también arraigada en los productores agropecuarios y de agroalimentos de Francia, Alemania, Irlanda y España. Frente a esta realidad, y al estímulo que la pandemia da a políticas proteccionistas en todo el globo, y aunque las autoridades de la Comisión Europea se han negado a considerar la posibilidad de una renegociación, en opinión de AgendAR esta será inevitable. O el tratado sera «cajoneado».

Alberto Fernández con los grandes empresarios

La realidad de las empresas argentinas, y de los que trabajan en ellas, tiene algunas características que no son obvias. Según los parámetros que se tomen, las empresas pequeñas, las muy pequeñas y las medianas dan no menos del 65% del total de empleos, y algunas estimaciones, que incluyen al mundo informal, lo elevan a más del 80%. Pero su capacidad de tomar decisiones que afecten a la marcha diaria de la economía, es muchísimo menor que el de las grandes empresas. Por eso, en una cadena de causa y efecto, todos los gobiernos prestan mucha más atención a esos gigantes. Lo que, naturalmente, refuerza su influencia. Esto se agrava porque las pymes se han mostrado mucho menos dispuestas a construir estructuras fuertes que los sindicatos de trabajadores, que conservan mayor capacidad de negociación. Como sea, el gobierno de Alberto Fernández, en medio de la pandemia, no iba a ser una excepción (si es que tuviera intención de serlo). Por eso es importante la reunión que el presidente Fernández mantuvo con diez grandes empresarios esta semana. Reproducimos las notas que dedicaron al asunto Clarín e Infobae, que iluminan distintos aspectos, político, empresario, de la reunión. Y si nos preguntan porqué no reproducimos la versión de algún medio más cercano al oficialismo, tenemos que decir que no la encontramos.

Cuenta Clarín:

«En la que para muchos fue una reunión inesperada, el encuentro de Alberto Fernández con los dueños de varias de las principales empresas del país comenzó a gestarse hace varios días entre Gustavo Béliz y el presidente de la UIA, Miguel Acevedo. A tal punto, que el propio Acevedo se encargó personalmente de las invitaciones para acercar a Olivos a compañías dedicadas a la producción. Tal vez para no desafinar en términos de tamaño empresario, no invitaron al convite en Olivos a ninguna mujer. Hasta anoche no hubo tweet de Vilma Ibarra interpelando por ese olvido. Eso sí, durante los 90 minutos exactos que compartieron sobrevolaron varios temas, siempre en tono cordial. Uno de los asistentes se detuvo en la cantidad de veces y en los elogios que Fernández dedicó a Roberto Lavagna, con quien había estado almorzando minutos antes. “Tenemos que hacer acuerdos para la recuperación, con Roberto hablamos de la importancia del pacto social como el diálogo que tiene la UIA con la CGT o Toyota con Smata”, soltó el Presidente mirando a Daniel Herrero de Toyota que había contado que la automotriz trabaja con apenas un sólo turno de los tres habituales. “Quiero que me conozcan, esta es una reunión de diálogo. Y si quieren saber cómo pienso, tengo una enorme afinidad con Roberto. No estamos acá para hacer locuras”, soltó para reiterar el rechazo a posibles estatizaciones según se ocupó de remarcar un industrial que participó y que no peca, precisamente, de ingenuo. Les habló de un plan de trabajo conjunto público-privado para la post pandemia. Y les prometió destrabar todo aquello que complique la actividad productiva. Varios se acordaron de la última normativa del Central que complica el acceso a dólares para importar. Miguel Pesce a quien muchos esperaban verlo, no estaba. A juzgar por lo que sucedió más tarde, Fernández destrabó: Pesce recibió a técnicos de la UIA. En otro tramo, Fernández mencionó que no conocía a algunos de los invitados como a Roberto Murchison, de la líder en logística portuaria y a Mariano Bosch, de Adecoagro, un peso pesado en el sector lácteo. Muchos imaginaron que le iba a dedicar más espacio a la negociación de la deuda. El Presidente reconoció que es difícil y reiteró como convicción no caer en default. A su lado, el ministro Guzmán no emitió palabra. Pero la ocasión sirvió para conocer que entre bonos y obligaciones negociables, la deuda de las empresas acumula US$ 15.000 millones. «Caer en default implica no poder refinanciar y una seguidilla de quiebras», deslizó otro invitado cuando ya se retiraba de Olivos.»

Cuenta Infobae:

«Si bien el encuentro de diez empresarios de primer nivel con el Presidente en Olivos fue a agenda abierta, la situación del dólar y el acceso al mercado cambiario pasaron a concentrar rápidamente el centro de la escena. La respuesta de Alberto Fernández ante los reclamos por las dificultades para importar fue con buen tono pero contundente: “Por qué no hablan con sus gerentes para que traigan los dólares que estuvieron comprando”, les dijo dirigiendo su mirada a Miguel Acevedo,titular de la Unión Industrial Argentina, ante un comentario previo del hombre de negocios. Una suerte de reproche por la escalada que tuvo el tipo de cambio a través del “contado con liqui” y que lo hizo subir hasta casi $ 140 a mediados de mayo. Enseguida buscó poner paños fríos el ministro de Producción, Matías Kulfas: “Para los que precisen importar insumos para la producción no habrá dificultades, quédense tranquilos” . Y también se mostró optimista sobre la evolución del tipo de cambio: “No deberíamos tener nuevos saltos del dólar». En silencio asentía Martín Guzmán, que evitó dar pistas sobre cómo sigue la renegociación de la deuda. El Presidente reconoció en el mismo encuentro que las trabas que puedan existir para el acceso al mercado cambiario para importar son sólo coyunturales: “Una vez que esté solucionado el tema de la deuda vamos a volver a la normalidad. Nosotros siempre fuimos favorables a poder arreglar”. Pero en la práctica está todo frenado. Varios de los diez empresarios que asistieron a la reunión se fueron bien impresionados por varios comentarios que realizó el Presidente, por ejemplo cuando dijo que quiere que “a las empresas les vaya bien, que generen riqueza y empleo”. También adelantó que están pensando en una reforma tributaria “con menos impuestos, con un esquema más simple pero que haya más gente que pague”. Varios ejecutivos se vieron cara a cara por primera vez con Alberto Fernández y destacaron el tono cordial del encuentro.»

El tema de los dólares:

Este fue, como dice Infobae, el tema pesado de la reunió. Gira sobre la Comunicación «A» 7030 del BCRA, que obliga a las compañías que hayan efectuado “contado con liqui”, a utilizar esos dólares para hacer frente a sus compromisos en divisas, antes de pedirle dólares -al precio oficial- al Central. Esa resolución no será modificada en sus aspectos centrales, según se preocuparon en aclarar desde la autoridad monetaria. Pero sí se analizarán mecanismos para aceitar los procesos, ya que la traba se produce en los bancos comerciales. “Hay muchas dudas sobre la interpretación de la norma y tendríamos que aclarar algunos puntos que generan dudas», reconocen. El objetivo no es afectar las importaciones de insumos, sino evitar otro tipo de situaciones que impactan directamente en el nivel de reservas del Banco Central.

Los gráficos de la batalla contra el coronavirus en Argentina

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Más que los discursos, que ya reprodujo la televisión, estos gráficos que mostró el Presidente -esta vez chequeados con más prolijidad- resumen bien los resultados de las medidas que se tomaron en nuestro país. Los argentinos evaluarán el costo de las vidas que se salvaron. Este gráfico es muy claro. Es el número de casos registrados de COVID-19 por 100 mil habitantes, en Chile, EE.UU., Perú,… Este es todavía más fácil de interpretar. Es el número de muertes atribuidas al COVID-19 por cada millón de habitantes, en cada país. Este gráfico es un poco menos intuitivo. La curva representa el número de infectados por el COVID-19. Los números en cada columna, representan los días que tardó esa cantidad de infectados en llegar al doble, en cada etapa de la cuarentena, desde el 20 de marzo. Muestra que cada vez tarda más en duplicarse, aunque se registró un «pico» (tardó menos tiempo) después del 23 de mayo. Ahora, el número de contagios que se detecta -aunque se hacen muchos más testeos- tarda en duplicarse 15 días y medio en el Área Metropolitana y casi 44 días en el resto del país. Pero, ojo, también muestra que el número de contagios sigue creciendo. Más lentamente, pero crece.