En AgendAR creemos que esta medida se aceleró por el rechazo a Bolsonaro y a algunas de sus políticas en buena parte de la opinión pública europea. Pero no importa: estas exigencias servirán como restricciones a nuestras exportaciones, si no somos cuidadosos.
Y en es en el interés de todos que lo seamos, especialmente con los bosques. Compartimos el informado análisis de Matías Longoni:
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Algún día iba a suceder y las discusiones de la cumbre climática de Glasgow al parecer han acelerado este proceso. La Unión Europea comenzará a exigir un “certificado de libre de deforestación” a una serie de productos agropecuarios que importe desde terceros países, incluida por supuesto la Argentina.
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En la lista dada a conocer este miércoles por la Comisión Europea aparecen rubros importantes para los exportadores locales: el ganado (se sobreentiende que abarca la carne bovina, la aviar, la porcina y de otras especies), y la soja (y sus derivados, claro) exportados por la Argentina a Europa.
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También se mencionan otros rubros donde el país no participa, como el aceite de palma (proviene de Asia) o el cacao y el café (que se produce en Brasil y otras naciones latinoamericanas). La madera es también un sector sensible, aunque no hay muchos negocios en ese rubro realizados con Europa.
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Lo que sucedió es que, tras los grandes acuerdos marco alcanzados en la COP26 (entre ellos uno de compromisos para dejar de deforestar a partir de 2030, suscripto también por la Argentina), la Comisión Europea adoptó este miércoles tres nuevas iniciativas dentro del llamado Pacto Verde Europeo, que podrían complicar a muchos productores y empresas argentinas.
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“La deforestación y la degradación de los bosques se están produciendo a un ritmo alarmante, lo que agrava el clima cambio y pérdida de biodiversidad. El principal impulsor de la deforestación y la degradación forestal es la expansión de la tierra agrícola para producir productos básicos”, explicó la CE en una de esas propuestas regulatorias.
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En este contexto, la UE se asume como “un importante consumidor de productos básicos asociados con la deforestación y los bosques”, y hace un mea culpa porque “carece de reglas específicas y efectivas para reducir su contribución a estos fenómenos”. Por eso tomará la decisión de detener sus importaciones de esos alimentos en lso casos en que las empresas que los produzcan «no puedan probar que no se hayan producido en tierras deforestadas o degradadas”.
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La fecha de corte para comenzar con este proceso de certificación sería el 31 de diciembre de 2020.
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“La iniciativa tiene como objetivo minimizar consumo de productos provenientes de cadenas de suministro asociadas con la deforestación o degradación forestal y aumentar la demanda y el comercio de la UE de productos legales y ‘libres de deforestación’”, se explicó en un comunciado oficial de la CE.
Entre 1990 y 2020 el mundo ha perdido 420 millones de hectáreas de bosques
“Las nuevas normas propuestas garantizarían que los productos que los ciudadanos de la UE compran, utilizan y consumen en el mercado de la UE no contribuyan a la deforestación global y la degradación forestal”, define el ejecutivo comunitario, que no duda en culpar al proceso de desmonte a “la expansión agrícola vinculada a los commodities soja, carne vacuna, aceite de palma, madera, cacao y café, y algunos de sus productos derivados”.
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La Argentina es un importante exportador de harina de soja hacia los países de la comunidad europea, con ventas por más de 1.600 millones de dólares en 2020. Pero además embarca grandes cantidades de maní (561 millones de dólares) y de productos cárnicos (369 millones de dólares). Otros rubros que podrían verse afectado son los frutícolas, el maíz y el girasol. Y las legumbres del NOA.
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Por otro lado, la CE lanzó un nuevo Reglamento revisado sobre traslados de residuos, tendiente a imponer la llamada economía circular y reducir la combinación que surge de los desechos. La iniciativa promueve normas más estrictas sobre la exportación de residuos, un sistema más eficiente para la circulación de residuos y una acción decidida contra el tráfico de residuos.»
La publicación The Economist ha sido el vocero del liberalismo inglés, y de sus finanzas, por 178 años. Uno puede considerar sus políticas nocivas, pero debe reconocer que las plantea con un elegante estilo literario.Esta semana publica como artículo de tapa «El mundo está entrando en una era en la que seguirá creciendo el Estado«. Y se pregunta «¿Qué podemos hacer los liberales clásicos?». No lo traducimos para reproducirlo aquí porque The Economist es uno de los medios que no lo permite, pero ellos mismos hacen este resumen. Vale la pena:
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«Nuestra portada de esta semana analiza el crecimiento incesante en el tamaño del estado. Los gobiernos han gastado u$s 17 billones (millones de millones) en la pandemia, incluidos préstamos y garantías, para un total combinado del 16% del PIB mundial.
Según las previsiones actuales, el gasto público será mayor como porcentaje del PIB en 2026 que en 2006 en todas las principales economías avanzadas. Los enemigos del gobierno gastador, como Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Gran Bretaña fueron, parece, solo un episodio en una tendencia ascendente de larga duración.
Hay malas razones para esto, incluido el reparto de contratos y prebendas como estrategia política, y la construcción de imperios burocráticos. Pero parte de la explicación es el hecho ineludible de que los precios de los servicios que brindan los estados de bienestar, como la atención médica y la educación, crecen más rápido que la economía.
Y, lo que es más importante, el gobierno se está haciendo más grande porque los votantes quieren más: mejor educación y atención médica; gasto en ancianos que crece con el envejecimiento de la población; y acción sobre el cambio climático.
Es vital reconocer lo que el estado puede y lo que no puede hacer bien, y evitar que Leviatán ejerza su poder en beneficio de los de adentro y los compinches. El premio por administrar bien el estado no es solo la transición a cero emisiones de carbono y una red de seguridad para los ancianos, sino también sociedades más justas y prósperas.»
El CEO dela petrolera estatal, Sergio Affonti, declaró en una conferencia de prensa en la Casa de Gobierno de Neuquén. que el objetivo de la compañía es seguir incrementando la producción para convertirse en exportadora de crudo desde mediados de 2023.
Para ello, adelantó que YPF aumentará lasinversiones Vaca Muerta, las cuales durante 2022 ascenderán a 1.650 millones de dólares, un 37% más que los u$s 1.200 millones que ejecutará este año.
“Estos son números preliminares porque todavía no hemos aprobado el presupuesto para el año próximo”. El CEO de la petrolera indicó que el incremento de inversiones se traducirá en un crecimiento de producción de hidrocarburos no convencionales del 30% el año próximo con respecto a 2021.
“Hoy compramos a terceros el 20% del petróleo que refinamos. Nuestro objetivo es convertirnos en una compañía exportadora de petróleo a mediados de 2023″, dijo Affronti. «Queremos ser autosuficientes y comenzar a exportar”, agregó.
El directivo ratificó que en el último trimestre de este año la compañía acelerará las inversiones -que ascenderán a US$ 900 millones– para completar el plan global de u$s 2.700 millones trazado para 2021. El año próximo, la petrolera bajo control estatal incrementará su Capex a 3.500 millones.
“Vamos a estar trabajando sobre todo en petróleo, más que en gas, luego de lograr un aumento en la producción muy importante: en tres meses pudimos incrementar la producción del gas no convencional en 10 millones de m3 por día, un 35%, que es algo muy novedoso. En este trimestre vamos a trabajar para producir más petróleo. En Vaca Muerta tenemos tres set de fractura y entre 12 y 13 equipos de perforación trabajando”.
ALTA, la Asociación Latinoamericana del Transporte Aéreo, entrevistó al Presidente de Aerolíneas Argentinas, Pablo Ceriani, sobre la situación de la empresa y del transporte aéreo de pasajeros en América Latina:
Ceriani es Presidente del Grupo Aerolíneas Argentinas desde 2019, es licenciado en Economía por la Universidad Torcuato Di Tella con maestría en Economía de la Universidad de Buenos Aires. Cuenta con una extensa trayectoria académica-docente y experiencia en distintos organismos y ámbitos estatales en asesoramiento económico.
-¿Cómo avanza la aviación argentina hacia una operación cada vez más sustentable?, ¿cuál es el rol de Aerolíneas Argentinas?
-La pandemia ha tenido efectos catastróficos sobre las finanzas de las aerolíneas y, particularmente, en los países de América Latina en los que los Estados tienen menos recursos para poder brindar asistencia.
Sin embargo, con el esfuerzo mancomunado de los gobiernos más la capacidad de adaptación de toda la industria aeronáutica ante este fenómeno sin precedentes, se han podido generar las condiciones para poder construir un puente que nos haga llegar a la recuperación del tráfico doméstico e internacional.
Un factor fundamental para poder lograr la recuperación es, sin lugar a dudas, la vacunación de la población. Con un alto porcentaje de inmunización colectiva, los pasajeros se sienten más seguros y mejoran las cifras epidemiológicas. Esto permite la vuelta del tráfico aerocomercial tanto por un aumento en la demanda como por una reducción en las restricciones de movilidad que imponen las autoridades sanitarias.
-¿Cómo se ha reinventado Aerolíneas Argentinas en el contexto actual? ¿Cuál es la clave para mantener el vuelo?
-Aerolíneas Argentinas ha tenido que cambiar su forma de trabajar para poder brindar sus servicios. Por un lado, hemos adaptado la operación a nuevos protocolos sanitarios, a los efectos de que las autoridades sanitarias pudieran aprobar las condiciones en las que se viajaba. Por otro, ahora también debemos realizar el control de la documentación sanitaria, para verificar que los pasajeros estén en condiciones de volar.
Desde el punto de vista comercial hemos tenido que desarrollar fuertemente la oferta de vuelos charters, que proliferaron ante la reducción en la programación regular. Además, hemos tenido que usar nuestros aviones de pasajeros para transportar carga, tanto en bodega como en cabina, para lo cual tuvimos que trabajar fuertemente con las autoridades aeronáuticas a los efectos de poder operar bajo esta nueva modalidad.
Otra situación a tener en cuenta es la forma de programar estos vuelos, que es totalmente distinta a la programación regular y exigió un esfuerzo adicional de toda la organización a los efectos de poder tener los recursos en tiempo y forma para realizarlas casi a demanda o con muy poca anticipación. Adicionalmente, la operación bajo los protocolos sanitarios es mucho más compleja y lenta, y reduce la capacidad de reacción de la organización con lo cual el esfuerzo ha sido doble.
-¿Cuál ha sido el rol principal de Aerolíneas Argentinas durante la pandemia?
-Al inicio de la pandemia, el rol principal fue el de repatriación de pasajeros varados por las limitaciones de vuelos, que en un principio fue altamente restrictivo y de gran impacto por la rápida expansión del virus. Luego, adaptamos los aviones de fuselaje ancho para poder utilizarlos como cargueros para traer insumos médicos de China. De esta manera, ayudamos a abastecer los hospitales y proteger al personal médico, que estaba en la primera línea de fuego en la lucha contra el virus. Finalmente, Aerolíneas Argentinas también se dedicó a traer vacunas desde Rusia, China, Estados Unidos y España.
En total, desde el 13 de marzo al 21 de octubre de 2020, realizamos 384 vuelos de repatriación en los que transportamos 78.430 pasajeros a sus destinos de origen. En ese periodo, también trasladamos a 27.462 personas dentro de Argentina, en un total de 160 vuelos especiales.
En materia de carga, realizamos 42 operaciones a China, para buscar un total de 1.068 toneladas de insumos médicos. Más importante aún, en cuanto a las vacunas, Aerolíneas Argentinas es el principal transportador del país. Hasta octubre, llevamos realizados 52 vuelos, en los que trajimos un total de 39.286.375 dosis.
La pandemia no ha pasado, es más brillante la luz al final del túnel, pero todavía falta mucho trabajo para volver a los niveles de tráfico pre-pandemia, sobre todo en lo que respecta al tráfico internacional.
La Organización Panamericana de la Salud anunció que la mitad de las personas en América Latina y el Caribe ya han recibido la pauta completa de vacunas contra el COVID-19 y que el número de muertos por la enfermedad disminuyó un 17% durante la última semana. Pero algunos países están muy por debajo de estos porcentajes.
El subdirector de la agencia regional de salud de la ONU, el Dr. Jarbas Barbosa, confirmó esta noticia en rueda de prensa y explicó que ya se han administrado en la región unos 750 millones de dosis de la vacuna contra el coronavirus, aunque recordó que todavía hay una desigualdad muy importante entre países.
“Afortunadamente, ya tenemos 20 países en las Américas con más del 40% de su población protegida, pero todavía tenemos cinco países que no alcanzaron el 20% que corresponde a los grupos más vulnerables: los profesionales de la salud, los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas”, detalló.
La directora de la Organización, la Dra. Carissa Etienne, aclaró previamente que el quinteto de países a los que se refirió el doctor Barbosa es: Guatemala, Jamaica, San Vicente y las Granadinas, con menos del 20% de la población inmunizada, y Nicaragua y Haití con registros de un solo dígito.
Respecto a la posibilidad de alcanzar el objetivo marcado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de tener vacunada al 40% de la población, Barbosa indicó que cree “que casi todos los países” de la región pueden lograr esta meta.
Sin embargo, con relación al propósito adicional de llegar al 70% de la población inmunizada para el final del primer semestre de 2022, declaró “que se necesita tener más acceso a las vacunas”, pero matizó que alcanzar ese registro no garantiza el fin de la transmisión de la enfermedad.
“Es muy importante ampliar la vacunación lo máximo posible para alcanzar no solo el 70%, pero quizás el 80, 85 o el 90% para proteger a todos, pero también es muy importante mantener las medidas de salud pública hasta que la transmisión esté controlada. La cobertura de vacunas no es el único indicador para decir que la transmisión terminó. Se tienen que monitorear todos los datos epidemiológicos y las medidas de salud pública”, alertó.
El peligro que viene: «superbacterias»
Pese a los avances en materia de vacunación, Etienne también alertó sobre el aumento del uso de antibióticos durante la pandemia a unos “niveles sin precedentes”, “con consecuencias potencialmente graves para los próximos años”.
Según la OMS, la resistencia a los antibióticos aparece cuando las bacterias, los virus, los hongos y los parásitos cambian a lo largo del tiempo y dejan de responder a los medicamentos, dificultando el tratamiento de las infecciones e incrementando el riesgo de propagación de enfermedades, de aparición de formas graves de afecciones e incluso de muerte.
Etienne señaló que con el uso “excesivo y erróneo de los antibióticos y otros antimicrobianos” se corre el riesgo de perder los medicamentos de los que dependemos para tratar infecciones comunes.
“En toda nuestra región, varios países, como Argentina, Uruguay, Ecuador, Guatemala y Paraguay, están informando de un aumento en la detección de infecciones resistentes a los medicamentos que probablemente han contribuido al aumento de la mortalidad que hemos observado durante la pandemia en los pacientes hospitalizados”.
La directora de la OPS también destacó que los antimicrobianos se usaron indebidamente fuera del ámbito hospitalario y que medicamentos como la ivermectina, la azitromicina y la cloroquina se utilizaron de forma generalizada como tratamientos no probados, incluso cuando se dispuso de evidencias de que no tenían ningún beneficio para los pacientes de COVID.
Ayer jueves la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, en un encuentro de expertos en resistencia antimicrobiana, señaló que el uso excesivo de antibióticos se había convertido en un grave problema en nuestro país
El proyecto Natrium (nombre latino del sodio, un metaloide liviano), viene impulsado por Bill Gates. Reemplazará una central eléctrica de carbón, y tiene la ayuda de una financiación del gobierno estadounidense de 1.900 millones de dólares.
TerraPower, una empresa de energía nuclear avanzada fundada por el multimillonario estadounidense Bill Gates, anunció el martes que construirá en el estado de Wyoming una planta de demostración que costará unos 4.000 millones de dólares y obtendrá la mitad de su financiación del Gobierno del país norteamericano. Las instalaciones se ubicarán en la remota localidad de Kemmerer, donde la central termoeléctrica a carbón de Naughton deberá cerrar en el 2025.
Gates apuesta a cuádruplemente seguro: la masa de dinero invertida por EEUU en carbón, todavía inmensa hace 10 años, hoy es considerada «a stranded investment«, inversión náufraga en la parla financiera: los fondos de pensión evitan la mala imagen de este combustible, el más contaminante y menos eficiente de la lista de los fósiles. Ese capital busca radicarse en tecnología energética nueva, libre de emisiones de carbono, con la que pueda «primerear» para después vendérsela al planeta entero.
En ese sentido el proyecto Natrium es una garantía: la central es técnicamente muy disruptiva respecto de las nucleoeléctricas PWR y BWR hoy dominantes, las de uranio enriquecido, moderadas y refrigeradas a agua.
Pero además, por diseño, el Natrium es «proliferation resistant«. Las centrales convencionales son económica y políticamente ruinosas para «cocinar» plutonio militar grado bomba, asunto que los militares de los países con armas nucleares hacen en sus propios y primitivos reactorcitos llamados «production facilities», en la parla diplomática. Con un reactor de sales de sodio, recuperar plutonio 239 se vuelve no sólo incoveniente sino además físicamente imposible. Esto probablemente facilitará la exportación de la tecnología a países no necesariamente alineados con EEUU. Y todo ello vuelve al Natrium doblemente seguro como inversión.
Lo que lo hace triplemente seguro al Natrium es que Gates eligió poner el prototipo en el estado de Wyoming, origen del 40% del carbón usado aún en los EEUU, y donde la estampida de desinversión está dejando un tendal de desocupados en las minas y en las termoeléctricas. El cercano pueblo de Kemmerer (2000 habitantes) apenas 210 km. al Norte de las áridas salinas de Salt Lake City, queda literalmente en medio de la nada, vive enteramente de una triste y vetusta central a carbón, y cierra sí o sí en 2025.
Sin el proyecto de Gates, Kemmerer se vuelve un pueblo fantasma. Wyoming hace una década que está en ese camino, pero a escala estatal, y debido al abandono masivo del carbón por Wall Street, que ni siquiera Donald Trump logró detener. Árido, mediterráneo, frío, seco y sin industrias, vive del turismo en el Parque Nacional Yellowstone y logra mantener apenas 576.000 habitantes.
Por ello, no parece que vaya a haber manifestaciones de Greenpeace contra Gates en esta polvorienta aldea, ni en el resto de Wyoming. Porque el prototipo del Natrium promete, vaya coincidencia, 2000 empleos durante la construcción de la central Natrium, y 250 puestos fijos y más calificados durante su vida operativa. Que no es imposible que exceda los 80 años o el siglo.
Hoy las centrales nucleares se construyen y licencian como las represas hidroeléctricas: para durar generaciones. Y dan electricidad de base, que es el requisito para instalar industrias electrointensivas como acero, vidrio, cemento, química, e incluso algo tan indispensable, en la fría aridez de las «badlands» del Noroeste yanqui, como la desalinización de agua subterránea.
Lo que apalanca de modo cuádruple el Natrium es la física: el sodio, un metaloide liviano, sustituye al agua como refrigerante con una ventaja enorme en conductividad térmica, y eso en reactores de tipo bastante diverso. Esto le permite al Natrium funcionar a temperaturas el doble de altas que una PWR, lo que se refleja en mucho vapor y muy caliente en las turbinas del grupo generador, lo que equivale a más electricidad con menos combustible. Pero además, el sodio garantiza que el reactor se enfríe pasivamente por circulación de aire en «parada caliente», pero también en caso de accidente.
Para perfeccionar el combo, el largo circuito de circulación de sodio del Natrium incluye un remanso: un enorme tanque térmicamente bien aislado donde este metal líquido se estoquea como reserva de calor. Si la red eléctrica pide energía de respaldo con urgencia, porque el viento se planchó en los parques eólicos de la región, se pone a circular esta reserva y la potencia nominal de la central sube de 345 MW eléctricos a 500 MW, cifra que puede sostener durante 5 horas y media diarias.
Esta flexibilidad es ajena a los PWR y BWR, diseñados para funcionar 24×7 al 100% de su potencia nominal. ¿Qué ventaja comercial le daría esto al Natrium? «Seguimiento de carga», como dicen los ingenieros eléctricos. En castellano, eso es funcionar de modo flexible en una red eléctrica muy dominada por fuentes renovables intermitentes e incluso impredecibles en el corto plazo, como la fotovoltaica y la eólica. Y de aquí a 20 años, fogoneada su transformación de térmica a renovable por las consecuencias espantosas del cambio climático, todas las grandes redes eléctricas del mundo serán así: cada vez más libres de carbono fósil.
Pero sin energía nuclear flexible capaz de garantizar un suministro de base 24×7, la penetración de intermitentes está limitada a un 20%. Una red eléctrica que no esté fondeada en producción «de base», como sólo la dan los combustibles fósiles, las centrales hidroeléctricas y las nucleares, es inestable e incontrolable, un verdadero barrilete sin cola. Los alemanes hicieron el experimento de cerrar sus centrales nucleares e intentar mover sus ciudades e industria a eólica y solar… y como resultado tuvieron que reabrir sus minas de carbón, importar electricidad de Europa Oriental (salida del carbón) y se han vuelto el peor contaminante por cabeza de habitante de la UE.
Si algo disuade a la industria de instalarse, si algo molesta a los usuarios son las fluctuaciones de potencia que queman motores eléctricos y heladeras. Y ni te cuento de los apagones a repetición. El Natrium está pensado para el ecosistema eléctrico del futuro, descarbonizado y con grandes factores de penetración de intermitentes.
Lo que le pone demasiada adrenalina, sin embargo, a la apuesta de Gates es no la física sino la química: el sodio es infernalmente corrosivo y literalmente disuelve los aceros de cañerías. Peor aún, se incendia y explota al contacto con el agua o con la humedad atmosférica. Para dominar bien la refrigeración con sodio se requirió de décadas de desarrollo en ciencia de materiales por parte del estado soviético, cuando éste existía.
Como Gates no pudo reclutar a la URSS por motivos cronológicos y ontológicos, y como su gobierno no lo deja hacer emprendimientos nucleares con la Rusia de Vladimir Putin por motivos políticos, el multimillonario echó mano de socios más cercanos. La ciencia pura y aplicada la proveen los 5 grandes National Laboratories: el de Los Álamos, Oak Ridge. Argonne, Idaho y Pacific Northwest. Contribuyen también las universidades estatales de Oregon, Wisconsin y North Carolina. El conocimiento tecnológico y parte de la plata la ponen firmas nucleares enormes como Bechtel, GE-Hitachi, Global Nuclear Fuels, American Centrifuge y Orano, y la experticia en mercados eléctricos Pacificorp, Energy Northwest, Duke Energy y otras «utilities».
La ventaja de apellidarse Gates y haber fundado Microsoft es que uno pega el chiflido y los muchachos vienen. Pero vienen sobre todo porque detrás de Gates, y con mayor billetera y mayor expectativa de vida, está el Department of Energy, el famoso DOE. El DOE está indignado porque hace 40 años que no logra que se venda una central PWR estadounidense ni siquiera en territorio propio. Y es que bajo su administración, ya en los ’80 se habían vuelto demasiado complejas, caras, difíciles de licenciar y -seamos francos- atrasadas.
En suma, que el gobierno federal se ha convertido de nuevo a átomos, y pone prácticamente el 50% de la inversión. Y tiene otras apuestas nucleares parecidas, toda una canasta de ellas, como la central NuScale a construirse en Idaho, una copia amplificada y bastante tuneada de nuestra centralita CAREM.
Para los que se impresionan fácilmente con tanto nombre y tanta chequera, EEUU simplemente se defiende. Trata de que China, que se propone construir 150 centrales atómicas nuevas, no le pase por encima como una topadora. Rusia, un estado mucho más pobre, vive pasándole por encima hace 20 años: hoy es el mayor exportador de centrales PWR del mundo.
Y sucede que además de prestigio tecnológico, hay mucha plata en el futuro mercado nuclear como para que los EEUU se lo regalen a China y a Rusia. Según pintan los vientos que volvieron a soplar en el COP 26 de Glasgow, donde el átomo fue recibido de regreso como una especie de hijo pródigo inevitable ante la catástrofe climática, ese mercado volverá a ser nuevamente enorme. Y no reducido a 30 países. Será planetario.
Lo que falta saber es si con tanta chequera y nombre se le puede poner coto a la tremenda reactividad química del sodio como refrigerante. La vieja URSS al parecer lo logró no mucho antes de desaparecer como estado, con el reactor reproductor a neutrones rápidos BN-600 en Bieloyarsk, Zarechny, provincia de Sverdlovsk. El BN-600 no sólo fue un éxito técnico sino comercial, algo inesperado en una unidad de demostración.
Machacando sobre caliente y en el mismo enclave geográfico, el estado ruso hizo un 2do reactor enfriando a sodio líquido aunque de base técnica distinta, el BN-800, y por ahora al parecer anda joya.
Tampoco es de extrañar. Si uno escarba en la historia estadouidense reciente, resulta que los planes de Gates y asociados no son tan disruptivos: el Oak Ridge National Lab tenía bastante dominada la tecnología de reactores a sal fundida, al menos a escala de prototipos. Podría haber avanzado a escala comercial. Pero Richard Nixon, presidente más astuto que inteligente, le cortó los fondos. Esto que hoy intenta lograr Gates lo podrían haber hecho tranquilamente la Westinghouse, la General Electric o Bechtel hace décadas, y con tecnología del gobierno.
«Nuestra innovadora tecnología ayudará a garantizar la producción continua de electricidad fiable, a la vez que se realiza la transición de nuestro sistema energético y se crean nuevos puestos de trabajo bien remunerados en Wyoming», declaró Chris Levesque, presidente y director ejecutivo de TerraPower, con su relamido lenguaje corporativo. Lo raro es que parece estar diciendo la verdad.
«Una subvención gubernamental muy importante»
El proyecto recibirá unos 1.900 millones de dólares del Gobierno federal, de los cuales 1.500 millones corresponden a la Ley de Infraestructuras que Joe Biden firmó esta semana y que incluye 2.500 millones de dólares para reactores nucleares avanzados.
«Es una subvención gubernamental muy seria», señaló Levesque. «Esto era necesario porque el Gobierno y la industria nuclear de Estados Unidos se estaban quedando atrás», agregó. También es muy poca plata, medida por el costo del megavatio instalado. Demasiado poca.
Por su parte, la secretaria de Energía, Jennifer Granholm, apuntó que la nueva instalación daría esperanza a una ciudad donde se cerrará una planta de carbón. «Las comunidades energéticas que nos han abastecido durante generaciones tienen oportunidades reales de impulsar nuestro futuro de energía limpia a través de proyectos como este».
La empresa canadiense apoyada por Bill Gates planea instalar plantas que pueden capturar un millón de toneladas de dióxido de carbono al año.
Está previsto que la planta Natrium se inaugure en el año 2028, dentro del plazo establecido por el Congreso estadounidense. Tratándose de un prototipo, es un cálculo optimista, y ni hablar del costo final de U$ 4000 millones. Y francamente, no importa, porque los costos en vidas y plata del descalabro climático son inmediblemente mayores y hay que cambiar la matriz energética mundial. Como dicen los náufragos, al menos los que sobreviven: no hay salvavidas caros.
Inicialmente, Gates planeaba construir una planta nuclear experimental cerca de Beijing, con la empresa estatal China National Nuclear Corp, la misma CNNC que hoy le vende a la Argentina una central Hualong-1 de 1080 MWe. Por ello, TerraPower se vio obligada a buscar nuevos socios después de que la Administración del entonces mandatario Donald Trump restringiera los acuerdos.
Y por casa, ¿cómo andamos?
AgendAR arrima una reflexión: la Secretaría de Energía de la Argentina acaba de salir con un plan a una década que atrasa algo más de una década. Se apoya en completar obras hidroeléctricas atrasadas por el macrismo (las centrales sobre el río Santa Cruz y Chihuidos) y en instalar todos los parques eólicos y solares que quedaron sin hacerse en el gobierno anterior por el derrumbe cambiario. La Secretaría dice claramente que de aquí a 2030 la única obra nuclear que entrará en línea es el CAREM, un prototipo de 32 MW eléctricos de potencia.En suma, y para sorpresa de casi nadie, una repartición federal dominada por el pensamiento petrolero presenta el mismo plan energético que el macrismo. Con agravantes: no parece siquiera preocupada por acelerar la entrada en línea de la central Hualong-1, comprada a China llave en mano, aunque es fama que el fabricante (CNNC) termina sus obras en 6 años justos contra-reloj, y de yapa en este caso pone el 75% de la financiación.
Esta timidez ante el uranio, inherente a la Secretaría, puede explicarse como pura conveniencia petrolera: 1000 MW eléctricos nuevos serían 1600 millones de m3 anuales de gas que no haría falta sacar por «fracking», con los costos ambientales consiguientes. ¿Alguien podría darle una noticia tan mala a la Shell, que hasta 2019 dirigía la Secretaría, y ahora se asoció a YPF en lo mejorcito de Vaca Muerta?
Pero la falta de compromiso de la Secretaría de Energía con el desarrollo tecnológico e industrial del país es imposible de medir, porque ese compromiso no existió jamás, razón por la cual el Programa Nuclear Argentino debe volver a su lugar de origen en el tótem del estado, o desaparecer: depender directamente del Poder Ejecutivo. Sin garantías de que éste entienda con qué se come el átomo. Pero esto deberá suceder y es cuestión de tiempo.
Hasta 2015, la Argentina iba a construir TRES centrales nucleares: primero una CANDÚ de 700 MW parecida a Embalse, pero con mucho rediseño propio, un 80% de componentes nacionales, que debió empezarse en 2016 (estaríamos inaugurándola el año que viene).
Llamada «Proyecto Nacional», esta máquina tenía financiación china. Dos años más tarde, en 2018, debía entrar en obra la Hualong-1, dentro del mismo paquete financiero, y con un grado de participación comprensiblemente menor de la industria argentina. Era aceptable hasta cierto punto, porque la CNNC prácticamente nos estaba regalando la «Proyecto Nacional» y dejándonos total libertad tecnológica e industrial en su construcción. Esa largueza da una medida de la urgencia propagandística de China en venderle una de sus centrales a la Argentina, único país nuclear exitoso, autónomo y exportador de su tecnología al Sur del Río Grande.
Las cosas sucedieron muy de otro modo. El ingeniero Juan Carlos Aranguren, el Ministro de Energía de la Shell, paró todo «para reexaminarlo». Todo incluía las dos represas sobre el río Santa Cruz, hasta que los chinos -a cargo de la obra- le recordaron al presidente Macri que por cláusulas de inversión cruzadas y ya firmadas, si no se hacían esos diques China no ponía un mango más en el Belgrano Cargas, el ramal ferroviario que le permite a la soja salir de lo profundo de la llanura chaqueña occidental y llegar al Paraná. En 2018, y dado que la «Macrinomics» había provocado simultáneamente una recesión por tarifazos y despidos mientras fundía al país por fuga y endeudamiento, Aranguren «no tuvo más remedio» que matar el Proyecto Nacional, y dejar sin empezar la Hualong-1.
La tercera central a inaugurar era el prototipo del CAREM, que también se paró. No por merecer examen por parte de Aranguren (32 MW eléctricos no asustan a un petrolero), sino porque los fondos para la CNEA en dólares bajaron en un 52%. El cacique de la Shell además apartó a la Gerencia CAREM de la obra civil y se la entregó a Techint, que procedió a pararla y a despedir obreros toda vez que la CNEA se quedaba sin plata. Algo inevitable y repetitivo, dado el recorte de fondos.
Lo interesante del plan energético actual es que copia al de Macri, pero lo supera. La central Proyecto Nacional no resucitó, aunque se obstina en permanecer como prioridad en el programa de la novísima dirección de Nucleoeléctrica Argentina SA (NA-SA). La Secretaría de Energía sencillamente no habla del tema. Aunque un CANDÚ argento representa al menos 5000 empleos directos durante la construcción, y la participación de entre 80 y 130 proveedores nacionales de fierros e ingenierías, que van desde empresas gigantes como IMPSA y CONUAR, del grupo Pérez Companc, a medianas como Termipol o Cruma.
En esa cadena de proveedores hay muchos miles más de puestos de trabajo calificados. Sólo con terminar Atucha II, entre 2006 y 2016, NA-SA logró que 400 ingenieros en esas empresas pudieran añadir a sus títulos el adjetivo «nucleares». Significativamente, terminar Atucha II costó unos U$ 3200 millones, PERO SE PAGARON EN PESOS, PORQUE EL 95% DE LOS CONTRATOS SE HIZO CON PROVEEDORES NACIONALES. Lo mismo podría suceder con la CANDÚ Proyecto Nacional, pero andá a explicarle a la Secretaría de Energía que la industria nuclear es industrializante, como decía Jorge Sabato.
Pero lo más revelador son los planes para el CAREM, una PWR rediseñada y compactada con una sencillez conceptual admirable en 1984. Dada la pertinaz negativa de los decisores argentinos a construirlo este reactor, fue copiado e imitado por Corea y EEUU. Lo que dice la Secretaría de Energía en sus planes a futuro sin futuro es que va a dejar que el CAREM se inaugure… pero es un prototipo, con un único módulo de 32 MW. El reactor comercial subsiguiente, pensado para ser exportado al menos a 30 países, consta de 4 módulos de 125 MW cada uno.
De cómo pasar del prototipo inaugurado al CAREM comercial, la Secretaría de Energía no dice una palabra, porque no tiene maldita la intención de que suceda.
Lectores, el CAREM es, a su modo, el equivalente del reactor que ahora se propone construir Bill Gates en Idaho: una tentativa de rescatar la industria nuclear de su país del completo desastre, y una idea que en realidad ya había sido bastante desarrollada en los ’60 y ’70 hasta que la mató en el huevo don Richard Milhous Nixon. Que era, como se dijo, más astuto que inteligente.
Y tiene muchos imitadores locales.
Patricia Miranda es doctora en Química de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y es investigadora del CONICET en el Instituto de Agrobiotecnología Rosario (INDEAR), en el área de I+D de Bioceres. Allí se desempeña como gerente de Asuntos Regulatorios y por eso su trabajo ha sido clave para la aprobación del trigo HB4 desarrollado por Raquel Chan. Para la revista «Bichos de campo», Patricia es la segunda mujer detrás de esta innovación argentina.Pero Miranda además lideró el primer proyecto de “Molecular Farming” o “fábrica vegetal” para desarrollar una proteína animal en plantas. Consiste en utilizar a los vegetales como usinas productoras de un compuesto de interés comercial, es decir que la planta elegida se utiliza como un sistema de producción.
Las proteínas que hizo fabricar en Argentina Patricia Miranda son enzimas llamadas «cuajos» por la industria láctea, y «quimosinas» por la gente de laboratorio. Se generan en la primera de las cámaras en que se divide el estómago bovino, y sirven justamente para coagular la fase proteica y lipídica de las leches, y separarla del suero.
Una firma de biociencias extranjera logró transfectar a las plantas de cártamo los equipos de genes correspondientes a la síntesis de cuajos. Desde que Miranda se ocupó del licenciamiento a campo de estas plantas recombinantes y de la aprobación regulatoria del uso de las quimosinas, la industria quesera argentina extrae quimosinas de cártamo y no de estómagos de vaca. Es un proceso más sencillo y barato.
Todas las industrias de la fermentación, desde las del vino hasta las de la cerveza, el queso y los fiambres, usan enzimas oriundas de bacterias, levaduras y de organismos multicelulares transgénicos, y ahí hablamos tanto de plantas como de animales. Y esto es así desde los años ’80 y ’90, aunque los puristas de la biología pre-recombinante ni se enteran.
Lo cual es lógico: la biología pre-recombinante no existe ni existió jamás. La historia de la vida terrestre es la historia de especies que hace 3600 millones de años se transfieren genes unas a otras, cruzando impunemente y en forma natural su información genética a través de la barrera de las especies, y a caballo de vehículos moleculares tan variados como virus, liposomas, bacterias en conjugación y otros métodos de intercambiar información útil con el entorno biológico, que es una biblioteca circulante. La recombinación es una de las fuerzas fundamentales de la evolución.
Patricia Miranda
Según la experta, este sistema de obtención de quimosina posee muchas ventajas ambientales y económicas:
La producción en gran escala de moléculas en plantas es más económica que en microorganismos porque se utiliza energía solar en la mayor parte del proceso (en la planta) y no se necesitan instalaciones ni personal especializado para su manejo (como los fermentadores donde se cultivan los microorganismos).
Es más amigable con el ambiente y conlleva una menor huella de carbono ya que no se usa energía eléctrica en los primeros pasos de producción y las plantas consumen dióxido de carbono en lugar de producirlo, como los animales.
Se puede incrementar la escala de producción de manera rápida y simple (aumentando la superficie sembrada de cártamo, en este caso).
Hay menor posibilidad de contaminaciones durante la producción, ya que no hay cruce de patógenos entre plantas y animales. Explicación: a los estómagos de vaca hay que sacarles la quimosina con temperaturas y pH muy controlados y alejados de extremos, para que el producto no se desnaturalice. Y estos rangos medios de calor y acidez son ideales para que un virus de vaca llegue intacto al producto.
Y hay más: cuando la producción se hace en semilla se puede almacenar a bajo costo y ajustar el procesamiento a la demanda. Y además del producto principal, en este caso la quimosina, se pueden comercializar aceites y forrajes de cártamo.
Lo mismo vale para centenares de otras plantas recombinantes con las que trabaja la mayor parte de la industria alimenticia. ¿Te comiste un pan negro de masa madre comprado en «El templo del espíritu de Gaia», esa dietética de tu barrio atendida por veganos? Fue fermentado con levaduras recombinantes, aunque los dueños no tienen por qué saberlo. ¿Acompañado de un jamón serrano Bellota, ahora que ya no podés creer en el queso? Fue curado por levaduras recombinantes que mantienen mejor su nivel de acidez, y por ende lo vuelven menos contaminable con bacterias anaeróbicas de la putrefacción.
¿Esa constatación te deprime tanto que tenés que abrir una cerveza artesanal de otro boliche cercano? Fue también fermentada con levaduras recombinantes, sólo que los cerveceros no están al tanto de que tienen genes importados de otras especies. Son buenos en su oficio, pero no leen genomas.
Y es que son seres transgénicos, como todas las especies. La definición misma de especie es un invento humano, y la naturaleza es insospechable de atrincherarse en ella.
El Ministerio de Desarrollo Productivo está enfocado en desarrollar sectores con salida exportadora. En los próximos días anunciará un plan estratégico para el desarrollo minero, que busca atraer inversiones por u$s 25 mil millones en minería. El razonamiento detrás del proyecto es que, compartiendo la misma cordillera, Chile tiene exportaciones anuales de minería por u$s 42 mil millones, DIECISEIS veces más que Argentina.
La semana pasada, el Gobierno anunció que la empresa minera canadiense Lundin realizará una mega inversión de u$s 4.200 millones para producir cobre, y en menor medida oro y plata, en la provincia de San Juan, generará 2.500 empleos y u$s 1.700 millones en exportaciones anuales.
Tras el cierre de la minera Alumbrera, Argentina dejó de exportar cobre, mientras que en este mineral, Chile tiene exportaciones por u$s 35 mil millones. Hay otros 5 proyectos de inversión a punto de cerrarse en cobre, siendo un mineral que requiere mega inversiones extranjeras por al menos u$s 2.000 millones.
La demanda por minerales irá en ascenso para mitigar el cambio climático, afirman en la Secretaría de Minería, que encabeza Alberto Hensel. El economista experto en minería Nadav Rajzman, recientemente designado director nacional de promoción minera, escribió sobre sus posibles usos: “La adopción de vehículos eléctricos, baterías de nueva generación y sistemas de almacenamiento, harán que los requerimientos de litio a nivel mundial se multipliquen por cinco”. Además, en el artículo publicado en la revista Misión Productiva, Rajzman agregó: “La creciente electrificación hará crecer la demanda de cobre y otros minerales, siendo que los motores de los vehículos eléctricos requieren cinco veces más cables y uniones a base de plata que los automóviles tradicionales”.
Las exportaciones en minería fueron en 2020 de u$s 2600 millones, explicadas en su mayoría por el oro y la plata, con ventas que cayeron 50% desde el pico de exportaciones en 2013. Las estimaciones de la Secretaría de Minería es que podrían triplicarse para la próxima década, por el aporte que harían el cobre y el litio.
Para que puedan darse efectivamente estas proyecciones es que el Gobierno pondrá en marcha el Plan Estratégico para el Desarrollo Minero (PEDMA), listo desde hace semanas, pero, se afirma, el oficialismo decidió posponerlo durante las elecciones para evitar polémicas con una parte del ambientalismo.
Desde que asumió el actual gobierno hubo anuncios de inversiones por u$s 8.700 millones, y para la próxima década se esperan otros u$s 25 mil millones. Cerca de Hensel consideran que la baja de retenciones al 8% fue uno de los factores que funcionaron como atractivo. Sin embargo, existe una fuerte competencia a nivel internacional por las inversiones, con marcos jurídicos homogéneos, según analizó Rajzman en su trabajo.
A la competencia internacional, se suman los problemas locales, según analizó Matías Baglietto, miembro de la Cámara Argentina de Proveedores Mineros (CAPMIN) “Las empresas miran el riesgo país a la hora de invertir, poder sacar la plata de la inversión para el repago de deudas, la parte impositiva, dado que son inversiones de mínimo 10 años, por lo que requieren estabilidad fiscal, y la facilidad para poder importar insumos, cuatro puntos en los que el país está complicado”, describió. Por este motivo, el mercado espera que el Plan Minero ratificará la estabilidad fiscal y la facilidad en el acceso al mercado de cambios.
Baglietto dijo que hay que trabajar lo máximo posible en un punto: desarrollar la cadena de valor. “En la tonelada que se exporte, los empresarios argentinos tienen que participar lo máximo posible, para que quede valor agregado”.
El Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), estudiará los cambios vinculados con la acidificación oceánica junto al club de buceo CASE, en Mar del Plata.
La iniciativa de ciencia ciudadana, es parte del proyecto «El Veril del Banco de Afuera». El objetivo es recopilar información sobre el medio marino para monitoreo integrado de los cambios vinculados a la acidificación oceánica en el sector costero de la ciudad balnearia.
Se trata de un proyecto co-desarrollado entre investigadores del INIDEP e integrantes del Centro de Actividades Submarinas Escualo (CASE), que fue incorporado en el mapeo de ciencia ciudadana ambiental, presentado el viernes 12 de noviembre por el Ministerio de Ciencia de la Nación y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), representado en Argentina por Co_Lab – Laboratorio de Aceleración.
El mapeo incluye 30 iniciativas locales de ciencia ciudadana con foco en ambiente, que desarrollan herramientas para problematizar, medir y actuar sobre diversos fenómenos y temas en territorio. La iniciativa colabora con el desarrollo de políticas públicas, y busca inspirar y sumar nuevos voluntarios a las investigaciones comunitarias.
«El Veril del Banco de Afuera», se lleva a cabo desde 2018 por integrantes del Programa Dinámica del Plancton Marino y Cambio Climático (DiPlaMCC) del INIDEP; ciudadanas y ciudadanos científicos del CASE, en el marco del Proyecto internacional NANO-DOAP, un estudio global de productividad, desoxigenación y acidificación de los océanos en sitios seleccionados, del cual participan 16 países.
Durante sus salidas recreativas, los buzos del CASE recolectan con frecuencia mensual o bimensual, muestras de agua de mar, para el análisis de pH y alcalinidad total, salinidad, oxígeno disuelto, clorofila-a, nutrientes y abundancia de fitoplancton y bacterioplancton). También documentan los metadatos requeridos en el sitio de muestreo (coordenadas GPS, fecha y hora, profundidad del muestreo, perfil de temperatura de la computadora de buceo y condiciones del mar).
El gobierno nacional dio este comunicado, y en AgendAR sentimos que nuestra prédica de la conveniencia y necesidad de financiar el desarrollo y la producción de las vacunas argentinas, de la que este Especial es un ejemplo, comenzó a rendir frutos. Seguiremos insistiendo.
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«El presidente Alberto Fernández encabezó en Casa Rosada el primer encuentro de la comisión interministerial conformada por los Ministerios de Salud, Ciencia y Desarrollo Productivo, cuyo objetivo será avanzar en proyectos de producción de vacunas de origen nacional, además de contribuir al desarrollo de medicamentos con mayor valor agregado y menor dependencia de las importaciones.
Participaron del encuentro los titulares de las carteras de Salud, Carla Vizzotti; Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus; y Desarrollo Productivo, Matías Kulfas.
También estuvieron presentes la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca; el presidente de la Agencia I+D+i, Fernando Peirano; la presidenta de ANLAP; Ana Lía Allemand; el subsecretario de Integración de los Sistemas y Atención Primaria del Ministerio de Salud, Gaston Moran; y la subsecretaria de Economía del Conocimiento, María Apólito.
Durante la reunión, el Presidente pudo interiorizarse acerca de las líneas que lleva adelante la comisión, entre las que se encuentra el trabajo en torno a la producción de la vacuna argentina contra el coronavirus COVID-19, que se enfoca en tres factores centrados en la excelencia científica, la regulación de las compras públicas, y el escalamiento y la producción a nivel nacional.
Los titulares de las carteras explicaron al mandatario que para avanzar en la fase clínica de la vacuna se realizarán evaluaciones y seguimientos conjuntos entre los organismos para asignarrecursos y resolver los requerimientos institucionales y regulatorios de los proyectos público-privados que se encuentran en marcha.
La Mesa Interministerial para la Investigación, Desarrollo y Producción de Vacunas, Tratamientos, Diagnóstico y Otras Tecnologías Sanitarias busca establecer un marco estratégico para la construcción de políticas para la investigación, el desarrollo y la producción de nuevas tecnologías que promuevan en diagnóstico, el tratamiento y el control del coronavirus COVID-19 en el país.»