Lo que se puede decir y aconsejar sobre el coronavirus, en el 10° mes de la pandemia

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Daniel Feierstein, @DanielFeiers, sociólogo y doctor en Ciencias Sociales, investigador del CONICET y profesor en la UBA y en UNTREF, de quien publicamos hace dos meses un diagnóstico duro y acertado de la situación, resumió en las redes sociales lo que se sabe hoy del coronavirus y las precauciones que se pueden recomendar. 1) Ante la profusión de mucha desinformación que colabora con las formas de negación, abro hilo con algunas preguntas comunes y mitos que circulan en relación al COVID 19 y algunas respuestas posibles a partir de lo que sabemos hoy 2) «¿Por qué mucha gente que viola desde hace meses las normativas no se ha contagiado?» En la mayoría de los casos es posible que SI se hayan contagiado pero hayan sido asintomáticos, en especial los jóvenes. En casos muy puntuales puede tener que ver con los sistemas de defensa 3) Esta información es crucial para entender otro punto erróneo: «¿Puedo ir a reunirme incluso con personas mayores si me siento bien? Los cuido porque, si tengo algún síntoma, no voy a ir». El problema es justamente no entender que con este virus LOS ASINTOMÁTICOS CONTAGIAN 4) Ese mismo que sale y siente que nunca no le pasó nada y se burla de los cuidados de los «miedosos» es el que contagia a otros que no resultan asintomáticos y sufren de modos mucho peores la enfermedad, sea por la edad, por tener otras enfermedades o simplemente por mala suerte 5) «¿Entonces nos tenemos que quedar encerrados toda la vida porque en una de esas podemos contagiar? Eso no es posible» No, simplemente tenemos q comprender que cada uno de nosotros es el posible agente del virus (aun si no sentimos nada) e implementar los cuidados necesarios 6) Ya dediqué un hilo previo a esos cuidados pero volvamos con lo básico: no compartir lugares cerrados, utilizar siempre barbijo (tapando boca y nariz), mantener distancia social, evitar encuentros de mucha gente, minimizar los encuentros, registrar los contactos diarios, 7) autoaislarse 10 días antes de ver a una persona mayor o q pueda tener riesgo, tratar de ver siempre a la misma gente, hacer más encuentros con menos personas en lugar de un encuentro todos juntos, encontrarse siempre al aire libre, no compartir alimentos ni vajilla 8) «Pero entonces… ¿por qué si contagian tanto los asintomáticos solamente se testea a los sintomáticos?» Cri cri, cri cri… perdón, teléfono para las autoridades. Esto es parte central de la confusión y uno de los motivos por los que no podemos parar la cadena de contagios 9) «¿Y las restricciones para qué sirven? No podemos estar seis meses encerrados». Nunca hizo falta estar seis meses encerrados. Las restricciones más fuertes se deben implementar cuando los casos semanales son demasiados e impiden utilizar un sistema de rastreo 10) Como el virus no vive más de 15 días, en esos momentos de crisis se requiere un período de cuidados más intensos para cortar la cadena de contagios y restablecer el sistema de trazabilidad. En los países donde se respetaron esos 15-20 días, luego se pudo volver a abrir 11) De hecho fue lo que ocurrió en gran parte de Argentina entre abril y agosto, con lo cual cuesta entender por qué no puede comprenderse la necesidad de nuevos 15 días allí para volver a abrir tranquilos otros 3-4 meses. Como no lo entendemos, seguimos apilando muertos 12) «Pero cuando abrimos igual hay cosas q no se pueden hacer». Sí, lamentablemente es difícil de aceptar, pero necesario. Mientras siga existiendo un virus q no tiene vacuna ni tratamiento, hay algunas cosas (no tantas) que no podremos hacer o q tendremos que hacer de otro modo 13) La alternativa sería aceptar que se mueran nuestros mayores y secuelas que desconocemos en quienes se recuperan. No parece un precio sensato a pagar por implementar algunos cuidados mínimo como reunirnos con menos gente, en lugares abiertos y utilizando barbijos, no? 14) «¿Pero vale la pena tanto cuidado por un número tan bajo de muertos?» Parece q este argumento se ha caído solo porque nos acercamos aceleradamente al 0,1% de la población total argentina (serían 45.000, número que parece difícil de evitar antes de fin de año) 15) No se me ocurre proceso alguno en la historia argentina que implicara la muerte en un año del 0.1% de la población. Pero además este número parece más un piso que un techo. ¿Realmente nos parece que 45.000 son «pocos muertos»? 16) «Pero esa gente se iba a morir igual. Eran viejos o tenían otras enfermedades». Difícil responder semejante barbaridad pero no, ni esa gente tenía por qué morir este año ni sus familiares por qué sufrir esa pérdida y solo puede decir eso quien no lo ha vivido en su familia 17) Otra vez: no me parece que los cuidados a implementar sean tan tremendos (algunos cambios en nuestras prácticas, algunos cierres intermitentes de 15 días de algunas actividades cada 3-4 meses). ¿No estamos dispuestos a eso a cambio de 45.000 vidas 18) Es cierto que no es fácil aceptar los cambios en la vida cotidiana. No es fácil aceptar la muerte ni la enfermedad. Pero nada ganaremos mirando para otro lado y queriendo vivir la vida como si este virus no existiera 19) No podemos aceptar como sociedad que «somos así», que no cambiaremos nada, que no nos importan los muertos por COVID como no nos importaron los muertos por desnutrición, por frío, por tuberculosis, sarampión u otros motivos evitables 20) Habrá quien pueda implementar el 100% de los cuidados, quien pueda el 90, quien pueda el 80 o el 50. Si todos tratamos de aportar un granito más a lo que estamos haciendo, la diferencia se notará en vidas salvadas, que pueden ser las de nuestros seres queridos 21) Animémonos a mirar al virus de frente y a cambiar aquello que podamos en nuestros comportamientos. No es fácil pero tampoco es TAN difícil. Solo requiere parar un poquito la pelota y darle un mejor lugar a nuestra angustia en vez de seguir viviendo como si no pasara nada 22) Si aprendemos a ser un poco mejores frente al COVID, podremos ser capaces de ser un poco mejores también para enfrentar tantas otras cosas que nos pasan como sociedad, apelando al cuidado de los demás en lugar de dar rienda suelta a nuestro egoísmo.

EE.UU. financiará 2 nuevos reactores nucleares en Rumania, de tecnología CANDU

Cuatro meses después de que Rumania detuviera la participación de China en el proyecto, Estados Unidos y Rumania están firmando un acuerdo para incorporar a Washington en un proyecto de 8.000 millones de dólares para construir dos nuevos reactores en la única planta nuclear del país.

Balkan Insight – «Rumania y Estados Unidos sellaron el viernes un acuerdo histórico que involucrará a Estados Unidos en la construcción de los reactores 3 y 4 en la planta de energía nuclear de Cernavoda, anunció el jueves el embajador estadounidense en Rumania, Adrian Zuckerman. “El ministro de Economía Virgil Popescu se reunirá con el secretario del Departamento de Energía de Estados Unidos Dan Brouillette para firmar un Acuerdo de Cooperación Intergubernamental para la restauración de un reactor nuclear y la construcción de dos nuevos reactores en la instalación nuclear de Cernavoda». “Este proyecto de 8 mil millones de dólares será un paradigma para los futuros proyectos de desarrollo económico y energético rumano-estadounidenses”, agregó el embajador de Estados Unidos. El ministro rumano también se reunirá con la presidenta y presidenta del Exim Bank estadounidense, Kimberley Reed, “para ejecutar un Memorando de Entendimiento para la financiación del proyecto nuclear Cernavoda y otros proyectos en Rumania”, continuó Zuckerman. Este paquete de financiación sería «el más grande jamás recibido por Rumania», señaló el embajador, (se habla de 9 mil millones de dólares más, destinados a infraestructura y telecomunicaciones, áreas favoritas de la inversión china en Europa Oriental). Popescu señaló que la relación bilateral «nunca ha sido más fuerte», y subrayó varias veces que Rumania es un integrante de la OTAN. Respetando los deseos de Estados Unidos, en junio de este año Rumanía rescindió un acuerdo preliminar firmado en 2015 con la Corporación General de Energía Nuclear de China, GCNPC, para agregar dos unidades más a los dos reactores de la planta de Cernavoda. Acuerdos posteriores incluían a otra nuclear china, la misma que atiende los negocios de exportación a Argentina de la central Hualong-1 a uranio enriquecido, la China National Nuclear Corporation (CNNC). Rumania insistió ahora en que sería más conveniente desarrollar un proyecto estratégico de este tipo con socios y capital de un aliado democrático. En abril de 2016, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a GCNPC de espionaje nuclear. El 5 de agosto, el gobierno presentó a debate una legislación que excluiría de facto al gigante chino de las comunicaciones Huawei de implementar la tecnología 5G en Rumania. El gobierno de minoría de centro-derecha en Rumania es un aliado incondicional de Estados Unidos en los esfuerzos de este último para contrarrestar lo que Estados Unidos llama «influencia maligna de Rusia y China» en el mundo democrático.»

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El 2 de septiembre AgendAR publicó Estados Unidos vuelve, lentamente, a la energía nuclear, donde se señalaba que en EE.UU. sus gobernantes (Republicanos y Demócratas) están reviendo los errores estratégicos, y los prejuicios. que provocaron que allí no se construyen nuevas plantas desde 1977. Ni tampoco vendieran al exterior ninguna otra. Esto de Rumania es un paso significativo. Porque el país balcánico había firmado un convenio con China en 2015, como parte de la iniciativa de La Franja y la Ruta. Pero las demoras chinas en concretarlo dieron una oportunidad a sus rivales. De acuerdo a una información que se nos ha hecho llegar, EE.UU. no sólo ofreció financiar el 100% del proyecto, sino que los dos nuevos reactores serán, como los que ya operaban en la planta rumana, de tecnología CANDU, es decir, con uranio natural. Los funcionarios argentinos que están llevando adelante la negociación con la CNNC deberán tomar nota de esto.

Hace 68 años nacía la legendaria moto «Puma», un vehículo muy barato «al alcance de todos»

El brigadier Ignacio San Martín metió la mano en el bolsillo, sacó unos pesos y mandó a comprar una botella de vino; hizo lavar un tanque de moto a medio fabricar y preparó ahí una sangría con la que brindó junto con los obreros de la planta por la naciente industria nacional. El hombre, que había impulsado a Perón para que produjera vehículos en el país, festejaba así que había salido perfecta una muestra de estampado de su nuevo objetivo: la moto Puma.

Fue así como, en tiempos de «la Argentina potencia» en la que el proceso de industrialización nacional del Plan Quinquenal incluía desde aviones hasta televisores, pasando por autos, también empezó a rugir un vehículo de dos ruedas que se transformaría en leyenda, con las luces y sombras que envolvieron a toda esa época. La cuna de este vehículo fue un conglomerado industrial creado por el gobierno peronista y que se denominó Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (IAME), que tenía su antecedente en la Fábrica de Aviones (nacida en 1926), que luego pasó a ser Fábrica Militar de Aviones y que en 1944 se transformó en Instituto Aerotécnico. Fue en 1952 cuando se convirtió en IAME, para pasar a denominarse Dinfia en 1956. Y luego de muchos cambios de nombres llega hasta la actualidad como FAdeA. La Pumarola, Pumita o Pumanski, como también se la conoció nació de la idea del gobierno peronista de industrializar al país. Así fue cómo en 1952 se empezó con los prototipos y en 1953 se lanzó el primer modelo. Hubo cinco series, pero la tercera de ellas nunca salió al mercado (hubo todo tipo de teorías, leyendas y falsas explicaciones sobre lo que realmente sucedió con esa serie) y se saltó directamente a la cuarta. Enseguida pasó a ser la «moto del pueblo», porque su costo, de 6.500 pesos de aquel entonces, era menos de la mitad de lo que valían las otras que había en el mercado y que, por otro lado, eran modelos grandes, que sobrepasaban la necesidad básica que un obrero exigía de un vehículo así. «Incluso, la segunda serie, que salió en 1956, era más económica que la primera, porque tenía un diseño más fácil de producir», destaca Juan Domingo Corso, investigador de la industria nacional y secretario del club Motos Puma en Buenos Aires. Además, se creó el CIPA (Consorcio Industrial para la Producción Automotriz), donde trabajó uno de los editores de AgendAR. CIPA era el vendedor de los productos fabricados por la Fábrica Militar de Aviones, que vendía en cuotas con bajo interés, lo que permitió que muchos pudieran comprarla. La idea era que fuera económica y fácil de mantener, pero claro que comparada con las motos de 550 cc que había en el mercado en ese tiempo, la Puma era muy inferior.  
Modelo de la cuarta serie de la moto Puma
Modelo de la cuarta serie de la moto Puma
  La primera Puma, de la que se hicieron 20 prototipos, tenía un motor copiado de otro alemán llamado Sachs, al que se le hicieron modificaciones, y se tomó como referencia la motocicleta Göricke. Contaba con 2309 piezas, 98 cc, dos velocidades (con palanca al tanque), arranque con pedales duales tipo bicicleta, freno trasero contrapedal y delantero con patines expandibles, y cinta, rodado 26″, con suspensión delantera y cuadro trasero rígido. «Su problema principal fue que, como se producía en la Fábrica Militar de Aviones, debían elaborarse piezas específicas y se hacía muy difícil su producción en serie», explica Corso. Guillermo Galíndez, químico que trabajó en Dinfia en los tiempos en que se producía la moto Puma, dice que este vehículo era en sí una Göricke, del año 1936, y recuerda el contraste que produjo su aparición en un país donde solo se vendían motos de 550 cilindradas. «Las primeras 20 unidades se las dieron a los operarios para que las probaran y todo el mundo se les reía, porque eso era una bicicleta con motor», relata. Galíndez, que años después adquiriría una Puma en cómodas cuotas, gracias a su calidad de empleado de Dinfia, dice que en un primer momento el producto tuvo un rechazo total de la sociedad. «Para colmo, hacía un ruido muy particular, y el olor a aceite era tremendo. No había ni punto de comparación con las otras motos, por lo que le costó mucho afianzarse, pero su gran funcionalidad y su bajo precio le permitió ganarse un lugar en el mercado». Fue la primera moto que se fabricó íntegramente en la Argentina. Cuando se empezó a fabricar, se invitó a diferentes firmas de todo el país, se la desarmó y se le preguntó a cada empresa qué parte de la moto podía proveer. «En la primera serie los proveedores tuvieron problemas con los materiales, ya que esto era muy incipiente. Por ejemplo, los imanes para el volante no tenían la calidad debida, las pipetas recibían mala calidad desde las fundiciones y se partían», detalla Corso. Al tomar nota de estos inconvenientes, el IAME empezó a mandar un técnico a cada proveedor para explicar bien cuál era el plano de la pieza, la tolerancia y el procedimiento de fabricación de cada elemento.
Afiche publicitario de la moto Puma
Afiche publicitario de la moto Puma
La primera serie se comercializó desde 1952 hasta 1956 y logró vender 10.056 unidades; la segunda serie abarcó desde 1956 hasta 1963, y fue la más exitosa, ya que de ella se vendieron 56.928 unidades; la tercera serie, como se dijo, nunca vio la luz; la cuarta serie salió al mercado desde 1959 hasta 1966 y tuvo ventas por 36.755 unidades (25.423 de 125cc y 11.332 de 98cc); mientras que la quinta y última serie se fabricó desde 1963 hasta 1966 y solo colocó 1936 unidades. Según indica Galíndez, en los años 60 llegó a haber más de 70 fábricas de motos Puma en el país, gracias a que el motor se vendía a un precio muy bajo y cualquier armador se animaba a fabricarla hasta en un garaje. «El gran desarrollo industrial que se produjo en Córdoba desde 1948 hasta1960 fue impresionante, por eso la ciudad llegó a posicionarse como segunda en el ranking mundial de cantidad de fábricas de motos, detrás DE Milán», señala el químico. Fue por esos años cuando se produjo el auge de la «Pumarola», pero pronto todo empezaría a cambiar: algunos de los inventos industriales peronistas sucumbieron porque no llegaron a producirse en serie, como ocurrió con el avión Pulqui o con el auto Justicialista, por ejemplo, pero ese no fue el caso de la Puma. Su mayor problema fue que nunca se actualizó. «Hay que encuadrarlo dentro de la política económica de cada época. En 1955 al haber cambio de gobierno la producción de todas las fábricas se vino abajo. La moto anduvo bien, tuvo mucha competencia y no hay duda de que la industria privada en un momento determinado superó a la del Estado», explica Galíndez. En 1966 se vendió la marca a Luján Hermanos, que continuó con su fabricación hasta los años setenta, con modelos de la cuarta y quinta serie. «Esta empresa sí desarrolla un buen vehículo, pero queda envuelta en la crisis económica de 1970 y la apertura de la importación, por lo que tuvo que cerrar», dice Galíndez. «Yo creo que el fin de la moto se debió a que no hubo una política consistente de desarrollo de la industria nacional». Al discontinuarse la producción de la moto Puma se abrió paso la leyenda, ya que muchas de las unidades producidas siguieron en la calle, se convirtieron en objeto de culto e impulsaron a sus fanáticos a crear clubes en distintos puntos del país. También empezó a ocupar un lugar en la nostalgia, como ocurre en el caso de Galíndez, que la rememora así: «Para nosotros, la Pumita era el equivalente a lo que hoy es el celular para la gente, porque con ella nos comunicábamos de forma rápida entre unos y otros». El rugido de la Puma, Pumarola o Pumita todavía puede escucharse por algunos caminos, calles y rutas argentinas, casi 70 años después de que en una fábrica de Córdoba medio tanque de su primer prototipo fuera lavado y llenado con sangría para brindar en honor de lo que el hombre que pagó aquel vino llamó la «naciente industria nacional».

“Quédense en casa”: el llamado de Angela Merkel ante el avance de la pandemia en Alemania

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Mientras el coronavirus se propaga en forma alarmante por Europa, la jefa del gobierno de Alemania, Angela Merkel, lanzó ayer sábado una fuerte advertencia a la población y pidió que todos limiten al máximo su vida social. Más aún, los llamó directamente a no salir, cuando el país registró un récord diario de contagios.
«Lo que sucederá en invierno, lo que sucederá en Navidad, se decidirá en los días y semanas venideros». Alemania registró 7.830 casos de coronavirus en 24 horas, un récord para este país, que no contabilizó cifras tan altas ni siquiera en la primera ola de la pandemia, aunque en aquel momento no se realizaban tantos test de diagnóstico. Desde que la epidemia llegó al país murieron 9.767 personas, 33 de ellas el viernes. Merkel insistió una vez más en la necesidad de respetar la distancia, usar barbijo y ventilar los espacios cerrados, pero reconoció que hay que «ir un poco más lejos». El gobierno alemán había decretado el miércoles nuevas restricciones, entre ellas el cierre nocturno de bares y restaurantes a partir de un cierto número de infecciones, pero la justicia dejó sin efecto esta medida en algunos lugares, como Berlín, por considerarla desproporcionada.

Un debate, y un mar a proteger ¿Cómo puede Argentina recuperar sus submarinos?

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La valiosa publicación Zona Militar, especializada en temas de defensa, aportó, con una semana de diferencia, dos visiones antagónicas (por la misma periodista) sobre el camino que debe seguir nuestro país -oceánico por geografía, aunque en la mayor parte de su historia haya dado la espalda al mar- para reconstruir una herramienta básica para su defensa. Creemos que esas dos miradas traen información, sobre nuestra situación actual y las alternativas que se consideran. Reproducimos ambas aquí, y ofrecemos nuestra opinión. No para cerrar el debate, por cierto. Para contribuir a ampliarlo a más argentinos.

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ARA Santa Cruz: la alternativa para recomponer la Fuerza de Submarinos

Jennifer P. Olivera

Tras la tragedia con el submarino ARA San Juan, el Comando de la Fuerza de Submarinos de la Armada Argentina quedó sin unidades en servicio en 2017, y desde entonces poco se ha dicho sobre el tema. En la actualidad, los submarinistas argentinos se capacitan gracias al submarino ARA Salta que opera como simulador, dado que ya no puede navegar, y a su vez, existen convenios con la Armada de Perú para la realización de las prácticas de inmersión. Sin embargo, esta situación actual dista de ser la más conveniente para la fuerza de submarinos, si lo que se pretende, es mantener la capacidad submarina en la Armada. La aprobación del FONDEF este año estableció cuáles son los proyectos prioritarios para la defensa, y como alternativa, la gestión de Rossi planteó la posibilidad de incorporar un submarino nuevo del extranjero y acelerar la reparación del submarino ARA Santa Cruz (S-41) que se encuentra en Tandanor. Sin embargo, al analizar el FONDEF, ese fondo tiene como objetivo principal realizar el reequipamiento de las Fuerzas Armadas mediante el impulso de la industria nacional siempre que sea posible. Por consecuencia, el lineamiento general del nuevo fondo para la defensa establece que, en primer lugar se hará la recuperación de material, en segundo lugar, se pensará en la modernización, y como última opción, se analizará la incorporación de nuevo equipamiento. Por ende, entiendo que, acelerar la reparación del ARA Santa Cruz, es la respuesta más inmediata que se podrá esperar del Ministerio de Defensa ante la pregunta sobre qué sucederá con la fuerza de submarinos argentina. Si bien el ministro Rossi ha dicho públicamente que espera analizar la adquisición de un submarino del extranjero (se mencionó opciones de Brasil y Noruega), lo cierto es que todavía no existe un proyecto viable que se haya dado a conocer. Esto me lleva al análisis de la opción más esperanzadora que tiene la Argentina: el ARA Santa Cruz. El ARA Santa Cruz fue construido en el astillero Thyssen Nordseewerke de Alemania en 1980 y entró en servicio en la Armada Argentina en 1984. En 1999 se le realizaron tareas de Media Vida divididas en dos etapas, una en el Arsenal de Marinha do Ro de Rio de Janeiro en Brasil y otra en el Arsenal Naval de Puerto Belgrano. En esa oportunidad se cortó el casco para acceder a los motores y cambiar sus 960 baterías. En su momento se optó por una opción especial de la marca MTU, que en comparación con otros motores, no presenta una duración tan prolongada, ofreciendo una prestación de tan sólo 2.000 horas. Ya en Argentina, se le realizó las tareas de Media Vida en el casco, el armamento y los sensores. Se estima que en su momento, el costo del trabajo en las baterías fue de unos 6 millones de euros. Actualmente, el S-41 está en el Astillero Tandanor, siendo sometido nuevamente a tareas de Media Vida, dónde, según pude conocer, se estarían realizando trabajos a las baterías que han presentado problemas, además de arreglos en el casco del submarino y a varios equipos que muestran signos de degradación. De acelerar y finalizar la tarea de Media Vida en el ARA Santa Cruz, el sistema gozará de la extensión en su vida útil, pudiendo incorporarse en el mediano plazo, a la Fuerza de Submarinos. De este modo, la Fuerza de Submarinos pasaría a contar con un submarino modernizado y un simulador. Pero sobre este punto, me planteo la siguiente pregunta: ¿Qué otra alternativa existe? ¿Analizar la oferta de submarinos procedentes de Noruega? ¿Terminar el ARA Santa Fe? ¿Es suficiente un único submarino en servicio? Considero que debido a la compleja situación económica que transita el país, adquirir equipamiento extranjero parece poco probable. Por otro lado, finalizar el ARA Santa Fe, es una opción que la Armada está evaluando, pero no hay información todavía sobre la viabilidad del proyecto.

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El ARA Santa Cruz, lejos de ser la mejor opción para la fuerza de submarinos

Jennifer P. Olivera

En una nota anterior abordé la problemática de la Fuerza de Submarinos argentina, incorporando al submarino ARA Santa Cruz (S-41), como una alternativa para recomponer la fuerza que se encuentra sin unidades en servicio desde que el ARA San Juan naufragó en el fondo del mar tras un siniestro que dejó a 44 personas sin vida. El ministro de defensa en reiteradas ocasiones al ser consultado sobre la situación de la Fuerza de Submarinos, afirmó que, una de las alternativas y la más próxima a ser resuelta, sería finalizar la tarea de Media Vida del ARA Santa Cruz para incorporarlo a la fuerza. Sin embargo, la discusión interna que surge es si es realmente viable invertir dinero y tiempo en la modernización del submarino. Para algunos, la misma presenta una oportunidad de contar con un submarino para la fuerza en el corto/mediano plazo, pero para otros, implica invertir una suma considerable de dinero en un submarino que ya quedó obsoleto, no solo ante el avance tecnológico mundial, sino que el mismo ya no contempla las necesidades actuales de la defensa marítima argentina. De tal modo, disponer del submarino Santa Cruz ya no sería una opción porque por más que se pretenda modernizarlo, lo cierto es que su casco ya tiene más de 40 años, con una vida estimada de 50 años. Además, al S-41 ya se le realizó una tarea de media vida en 1999, y es importante determinar si es posible volver a realizar el corte del casco nuevamente para proceder con dicha tarea. Del mismo modo, una reparación de tal envergadura precisa de un tiempo estimado de 3 a 4 años antes de que pueda volver a navegar, con lo cuál, se estaría ya ante un submarino que le restaría poco tiempo de utilidad. Sin embargo, la opción del ARA Santa Cruz aún figura como una alternativa. Pero al consultar a expertos, la respuesta es que la modernización del ARA Santa Cruz está lejos de ser la mejor opción para recomponer la fuerza de submarinos. Hay que tener en cuenta que, prácticamente todos el sistemas de radares, el sonar, el snorkel, etc. que se encuentran en el submarino, operan con tecnología hidráulica y en la actualidad los submarinos del mundo operan con todo eléctrico. También el hecho que los submarinos de la clase TR1700 no ofrecen la misma autonomía que los más modernos, y teniendo en cuenta la amplia plataforma marítima argentina, habría que que contemplar la recomposición de una flota de submarinos capaz de cubrir todo el territorio marítimo argentino, y que sea capaz de hacerlo con tecnología moderna, sobre todo en lo que se refiere a las telecomunicaciones, la electrónica y la capacidad de los motores y baterías que en el presente se utilizan las de iones de litio porque presentan una carga más rápida y mayor duración para garantizar que el submarino pueda operar y realizar las misiones para las cuales está diseñado de una forma más eficiente. Por otro lado, muchas de los sistemas y partes que se encuentran en los submarinos TR1700 que requieren reparación y modernización ya no se fabrican en ninguna parte del mundo, con lo cuál se necesitaría solicitar que se hagan especialmente para la Armada Argentina, elevando el costo. La otra alternativa como se planteó en una nota anterior, es esperar a incorporar un submarino extranjero que este en proceso de ser dado de baja pero que se encuentre aún en condiciones de operar. Se observa que la Armada de Noruega podría estar dando de baja unidades en los próximos meses pero habría que ver si la situación económica en el país permite un proyecto así. Cómo conclusión, dado que el submarino ARA Santa Cruz presenta un costo de modernización muy alto teniendo en cuenta las prestaciones que podrá realizar en el largo plazo, tal vez lo más conveniente sea optar por la adquisición de un submarino de procedencia extranjera, y comenzar a estudiar alternativas. Claramente modernizar al ARA Santa Cruz implica desembolsar mucho dinero para obtener un sistema que, incluso modernizado, no estaría a la altura de las necesidades actuales de la Argentina. La otra vía es la incorporación de un submarino nuevo, sin duda, la opción más atractiva pero difícil de vislumbrar en el escenario económico actual, con lo cuál la necesidad de restituir la capacidad perdida con el hundimiento del ARA San Juan, aún permanece incierta.

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Sugerencia de AgendAR:

Estas posiciones divergentes dejan en claro algo que debería ser obvio: es necesario separar las decisiones estratégicas para la defensa nacional, que necesariamente se desarrollan a lo largo de años y décadas, de las urgencias inmediatas. Argentina necesita reforzar ahora su capacidad de vigilancia e intervención en el Atlántico Sur, para evitar el saqueo a que está siendo sometida, evaluado (por lo bajo) en U$ 2.000 millones/año sólo considerando la materia prima de peces de escama y moluscos, que se vuelven U$ 14.000 millones con los productos terminados. El S-41 Santa Cruz, se evaluó en 2018, puede volver al mar por U$ 60 millones. ¿Entonces? Hay muchos instrumentos para defender nuestro mar más apropiados y económicos que un submarino. Igual, contar con al menos uno en condiciones de navegar es imprescindible para no terminar aprobando sin siquiera discutir toda nueva exacción de territorios marítimos que nos impone el Reino Unido. Necesitamos recuperar alguna herramienta de disuasión creíble, y más vale tarde que tardísimo. En el plano estratégico, hemos sugerido en varias ocasiones que se empiece a estudiar en profundidad un proyecto que se esbozó en la cámara de Diputados hace pocos años: construir un submarino nuclear. Un proyecto ambicioso, pero posible, al menos del modo en que vienen encarándolo nuestros vecinos brasileños: ya se van tomando dos décadas para ello. Y no dude que llegarán. Aquí eso llevaría no menos de 15 años, y probablemente más. Los submarinos nucleares no se sacan de una galera. Implicaría ante todo el desarrollo de un reactor nuclear tipo PWR -que es difícil de compactar- adecuado para la propulsión de un submarino, y se aprovecharía la estructura inconclusa del S-43 ARA Santa Fe, el sumergible tipo TR-1700, similar al malogrado S-42 ARA San Juan. Sin embargo, diseñar desde planos, licenciar en cada etapa de avance, construir, testear y desplegar un nuevo motor nuclear tipo PWR (Pressured Water Reactor) sería una tarea de una década en sí misma por lo bajo, incluso para la Argentina, hasta hace poco el único país del Hemisferio Sur con capacidad de diseño de reactores nucleares de potencia. Entre otras cosas, porque además de hacerlo desde cero, ese motor hay que construirlo por duplicado, con una copia de simulación a tamaño real en tierra que certifique si la versión embarcada está en condiciones de navegar. En tiempos de CFK se especuló con la posibilidad de ponerle al S-43 Santa Fe una planta nuclear de potencia de tipo CAREM, convectiva y sin bombeo, como la que hoy se construye (sumando atrasos sobre atrasos) en Lima, provincia de Buenos Aires, al lado de las Atuchas 1 y 2. Pero este tipo de reactor podría ser útil a lo sumo en una nave de superficie: su recipiente de presión debe ser muy largo en la vertical por necesidades de termohidráulica, y perdería potencia y capacidad de enfriamiento en caso de inclinarse por rolido, pique o cabreo. Por lo demás, el recipiente del CAREM prototipo actual, de más de 11 metros de alto, no hay modo de hacerlo entrar en el escueto diámetro del casco resistente de un TR-1700. La opción de terminar el S-43 Santa Fe con su propulsión original diésel, y tal vez mejores baterías (de iones de litio) que las de plomo-ácido con las que fue diseñado en Alemania en los ’70, es menos fantasiosa. Daría una nave de muy largo alcance en navegación a profundidad snórkel, aún con sus baterías originales de plomo-ácido. Aunque jamás  podría dar la vuelta al mundo sumergido a profundidad de combate (hazaña exclusiva de un submarino nuclear), de todos modos sería amenazante a más de 20.000 km. de distancia y sobre todo, casi inubicable, que en conflicto, es cuando obliga al enemigo a invertir grandes recursos antisubmarinos en encontrarlo: puede estar en cualquier lugar del planeta, y atacar por sorpresa y «en la retaguardia». Un submarino oceánico, incluso uno viejo, es la materialización de que la mejor defensa es un buen ataque, aunque ese ataque no suceda jamás. Así era nuestro perdido S-42 San Juan, y así también podría volver a ser el S-41 Santa Cruz, que en esa nota de Zona Militar se sugiere que debemos dejar a medio reparar -es decir chatarrear, tirar a la basura- para comprar una unidad costera, probablemente usada y con poca vida útil por delante, cara también de reparar y poner en orden de batalla, y por su corto alcance, de prestaciones inferiores. Contra ese argumento contrapesamos que el S-41 Santa Cruz ya está comprado, así como también está comprado (y al mismo fabricante, Thyssen, en los ’70), el que fue durante décadas el único astillero de submarinos de la región: el Domecq García, hoy CINAR. Respecto de su vida residual, y la afirmación de que el casco resistente del S-41 Santa Cruz está cerca de su límite de servicio, hay que descontar la cantidad de años no navegados que esa nave lleva juntando polvo en el astillero porteño. Y además no se puede dejar la decisión en un par de altos escritorios navales culturalmente proclives -ver un siglo y medio de historia previa- a la importación, a la compra «llave en mano», de material nuevo cuando las vacas están gordas, de segunda mano cuando no, y a desdeñar olímpicamente la industria local electrónica, electromecánica, naviera, de grandes construcciones metálicas, y últimamente, desde que INVAP empezó a tallar en la materia, de radares, sonares y sistemas electroópticos argentinos para control de grandes espacios. Necesitamos la opinión respecto del casco del S-41 Santa Cruz de los expertos en alta metalurgia de la Comisión Nacional de Energía Atómica y de IMPSA (hoy una empresa nacional): son la autoridad de referencia en recipientes de presión, como los de de centrales nucleares. Por ende, pueden dar un cuadro realista de cualquier pieza gigante de aceros forjados especiales en materia de fragilidad, resistencia y corrosión bajo desgaste físico y químico. También deben expedirse acerca de si el casco resistente del S-41 Santa Cruz admite un doble corte sin pérdida de su capacidad de operar a profundidad de combate (300 metros o más). Los submarinos diésel-eléctricos, además, son más silenciosos que los nucleares: no tienen que usar ruidosas bombas de refrigeración del combustible de barras de uranio. Y aquí surge otro problema más: forzosamente, el combustible nuclear de un submarino nuclear argentino debería ser de un enriquecimiento bastante alto (HALEU, casi el 20%), y eso para alcanzar una potencia y una vida operativa decentes. ¿Y quién en el ancho mundo nos vendería HALEU para un submarino de guerra? Nadie. Para reactores que fabrican radioisótopos médicos, es otra historia, INVAP vive exportándolos. ¿Pero obtener HALEU para la propulsión de un arma dedicada al hoy muy contestado dominio de nuestro mar? Nuestra planta de enriquecimiento de Pilcaniyeu, Río Negro, es demasiado chica y obsoleta para fabricar la cantidad y calidad de uranio necesarias. La construcción del S-43 Santa Fe fue abandonada hace 25 años, cuando se había completado en un 74 por ciento. Es un crimen, agravado por cada día que pasa sin solución. El armazón de este submarino nuclear se encuentra sin avances al menos desde mediados de los ’94, en los astilleros del Complejo Industrial y Naval Argentino, CINAR. Terminar el S-43 Santa Fe con propulsión diésel-eléctrica, sea la original alemana o actualizada con nuevas baterías, se puede hacer con las capacidades nacionales. No de otro modo en 2014 y con 27 años de atraso se terminó Atucha II, que en 2006 era una colección de 85.000 piezas desarmadas. Hoy es la central nuclear más potente de la región, y una de las dos de mayor disponibilidad, pese a sus años. Cuando algo está bien hecho, viejos son los trapos. Y volver a poner en marcha el astillero permitiría también devolver al mar el S-41 ARA Santa Cruz. Dicho de nuevo: lo eficaz de tener dos submarinos oceánicos como estos tremendos TR-1700 es su capacidad ubicua: incluso como máquinas defensivas son mejores que submarinos costeros más pequeños y de menor autonomía, y si son mejores en este rol es porque pueden defender el Mar Argentino desde afuera y a cualquier distancia. Finalmente, dado que nuestro gran conflicto marítimo de fronteras es el que tenemos con el Reino Unido, debería ser prioridad nacional obligar a que el Ministerio de Defensa inglés deba gastar mucha más plata que hoy en campear sobre el Mar Argentino. Eso es algo que hoy logra por centavitos. Volverles caras las Malvinas a Su Majestad se logra de dos modos: pescar calamar en serio antes de que llegue a las aguas que le arrebataron a nuestro país, y con un astillero, más que con sus productos, los submarinos. Devolver lentamente el CINAR a su pico de capacitación y calidad en recursos humanos y materiales, un taller de referencia capaz de fabricar unidades, mantenerlas y eventualmente modernizarlas, es algo más efectivo que tener varios submarinos comprados que deben repararse fuera de la Argentina. Es el astillero CINAR nuestra carta brava para negociar el mar durante las próximas décadas, más aún que los submarinos. Y además un CINAR elevado a la fama que nunca le dejaron alcanzar ganaría plata. Abriría el negocio de reparar submarinos de otros países… y no sólo en la región. No concordamos en este tema con Zona Militar.

Para la polémica sobre la Economía del Conocimiento – 2° parte

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(La primera parte de este trabajo de Verónica Robert, Gabriel Baum, Nicolás Moncaut y Lucas Olivari está aquí) El tipo de especialización construida en los últimos 15 años siguió la dinámica global del sector; entre otras razones, para aprovechar las oportunidades. La promoción sectorial hacía foco en la inserción exportadora. Para acceder a los beneficios fiscales que otorgaba la LPS las empresas debían cumplir con dos de tres requisitos: realizar inversiones en Investigación y Desarrollo (I+D), certificar calidad y exportar. De ellos, los dos últimos estaban alineados con una estrategia exportadora en el marco de cadenas globales ya que para insertarse como proveedores se requerían certificaciones (garantía del cumplimiento de estándares productivos que reducen los costos y riesgos de la tercerización). De este modo, la LPS dejaba la puerta abierta para dos trayectorias posibles. Una basada en la diferenciación de productos vía I+D y en la explotación de modelos de negocios con mayores tasas de ganancia. La otra, basada en la oferta de servicios estandarizados donde la competencia se orienta a la reducción de costos. Sin embargo, la segunda es la que cobró mayor protagonismo. Por ejemplo, en el último informe de la CESSI, se indica que alrededor del 90% de las empresas considera que los costos salariales son uno de los principales problemas para el crecimiento. Hoy, el salario anual de un desarrollador de software junior en Estados Unidos es de cerca de 70.000 dólares, entre 8 y 10 veces más de lo que cuesta un programador argentino de la misma categoría.

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Contar con un sector de software exportador que se consolidó rápido en el mercado global es un gran mérito y un resultado nada desdeñable de la política industrial. Sin dudas la complejización del perfil productivo y comercial argentino es el único camino para el cambio estructural y el desarrollo económico. La LPS ya hizo su aporte. Por eso, hoy es momento de redoblar la apuesta y procurar una mejor inserción exportadora. La nueva LEC no explora esa posibilidad. Al contrario, alienta a otros sectores industriales y de servicios intensivos en conocimiento a replicar el “exitoso modelo de la industria de Software”. Esto lo vemos, por ejemplo, en los requisitos para acceder a los beneficios fiscales que ofrece este proyecto legislativo, entre los que se mantiene exportar y certificar calidad, pero permite canjear la acreditación de I+D por actividades de capacitación. Es decir, clausura, al menos de forma parcial, la trayectoria de crecimiento apalancado en la innovación y la diferenciación, y se fortalece la especialización en la provisión al mercado global de servicios de menor valor relativo.   Esto profundiza un modelo exportador que garantiza a clientes globales previsibilidad en los proyectos de desarrollo y calificación y calidad de recursos humanos a bajo costo. Pero no genera espacios para la apropiación local de los conocimientos y las rentas de innovación que las capacidades y competencias argentinas contribuyen a formar. Exportar horas hombre programador no es más que la exportación de un recurso en bruto. Se diferencia quizás en que el segundo se halla en la naturaleza, mientras que el primero fue construido con inversiones públicas en educación. Por eso decimos que la exportación a bajo valor de trabajo informático no es más que una nueva forma de extractivismo. Muchas veces se da por entendido que la promoción de las industrias intensivas en conocimiento, como el software o los servicios empresariales, se justifica en su transversalidad y porque permiten que otras industrias ganen competitividad. Pero la orientación exportadora basada en bajos costos atenta contra eso. Ahora las empresas locales deben competir por recursos humanos calificados, formados en instituciones y universidades públicas con demandantes globales de mayor poder adquisitivo que se llevan la mayor parte de los beneficios del desarrollo del sector en nuestro país. Seguir orientando los esfuerzos en la misma dirección -como propone la LEC-, y más aún orientar hacia allí a otros sectores de alta tecnología, es cuestionable. La industria de alta tecnología global (Google, Amazon, Facebook y Apple) continúa concentrando poder y decidiendo el futuro en función de los intereses de una pequeña élite global. La subordinación a estos actores puede significar el ingreso de divisas pero la competencia por bajos costos no es sustentable en el mediano plazo. La Argentina y la pospandemia requieren del aporte de las tecnologías clave para su recuperación industrial, económica, social y cultural, como los nuevos avances en I4.0, inteligencia artificial y grandes datos. Para el desarrollo nacional es fundamental superar el perfil de especialización construido en los últimos 15 años. Ofrecer beneficios fiscales sin restricciones sobre el origen del capital de las empresas ni el tamaño de las mismas -aún cuando se beneficia más a las pymes– puede agudizar la concentración y extranjerización del sector por la vía de la canibalización de las empresas más pequeñas en la disputa por los trabajadores informáticos. Un ejemplo de esto fue la llegada de EDS a Córdoba a mediados de 2000, que presionó sobre el mercado de trabajo de informática de la ciudad al contratar más de 400 programadores. La pandemia desnudó a la Argentina. Muestra los enormes desafíos informáticos que tiene tanto a nivel estatal como en su aparato productivo. Pero nuestro país también cuenta con una masa crítica de empresas y trabajadores especializados, herencia de una importante tradición de desarrollo tecnológico y de un sistema de educación pública masivo. Esta debe ser la base para construir la infraestructura de una nación soberana y una sociedad más justa e inclusiva. Además de estimular las exportaciones con alto valor agregado, el desafío es crear propiedad intelectual local e insertarse en las demandas estatales y privadas de tecnologías de la información. Así, el sector SSI se articulará también como una parte dinámica y fundamental del entramado productivo y social de nuestro país.e

INVAP y FixView desarrollan un POD de inteligencia para el avión argentino IA-58 Fénix

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Las empresas argentinas INVAP y FixView S.R.L. trabajan en un POD aerotransportado destinado a misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento para el IA-58 Fénix modernizado por FAdeA para la Fuerza Aérea Argentina.

Esta la versión Fénix del Pucará, modernizado. Con turbinas Pratt & Withney canadienses, abarriladas, y la hélice cuatripala. Distinto del querido Pucará viejo, de la foto de arriba, con sus turbinas Turbomeca Astazou francesas y hélices tripala.

Aclaramos también, para los lectores de AgendAR que no pertenecen a la FAA ni tienen conocimiento especializado, que un pod es un tubo más o menos fusiforme que un avión puede llevar en posición subventral o sub-alar. Un pod aloja diversas cosas, desde combustible extra hasta sensores visuales, infrarrojos o de microondas (por ejemplo, un radar). También puede llevar electrónica de inteligencia, para mapear o interferir radares y comunicaciones enemigas, e incluso armamento extra, como un cañón automático de gran calibre (un 30 mm., por ejemplo). Un pod, en suma, transporta cosas que en un avión de mayor tamaño tal vez podrían caber dentro del fuselaje. La ventaja de llevarlas afuera, en un podo, es que son de quita y pon, con lo que se puede reconfigurar la misión de un mismo avión antes de que despegue. Un aparato biturbohélice robusto como el Pucará, diseñado para llevar hasta 1500 kg. de armamento colgado bajo las alas o la panza, con esto de los «pods» se vuelve un avión para muchas misiones distintas. Para INVAP, el IA-58 Fénix será el marco para el desarrollo del POD ISR mediante sucesivos MET (Modelos de Evaluación Tecnológica) que irán incorporando capacidades al producto. El MET 1 portará solo el radar que contará con una antena pasiva (detecta rebotes de microondas emitidas por otros radares). En los siguientes MET se incorporarán la antena activa con capacidad AESA, los sensores EO/IR y se definirá su configuración final. Para poner toda esta jerga en buen romance, un radar AESA es algo muy de última generación: la sigla significa Active Electronically Scanned Array, y describe un conjunto plano de células que emiten microondas. Al estar interconectadas, las células pueden interferir recíprocamente sus emisiones, cancelándolas o potenciándolas, de modo que se forme un haz resultante que se puede apuntar rápido y en casi cualquier dirección hacia el frente de la pantalla, pero sin que ésta se mueva. Un radar de este tipo trata de caber en lugares muy estrechos, como la nariz de un avión caza, o en el caso del «Puca», como la nariz está ocupada por la rueda delantera del tren de aterrizaje, un pod bajo un ala. ISR es una sigla inglesa: Intelligence, Surveillance and Reconnaisance, que va por espionaje, vigilancia y reconocimiento. En suma, que los pods de Fix-View e INVAP van a volver al Puca en su modelo «Fénix» un avión capaz de hacer cosas muy fuera de su misión de diseño, que era la guerra asimétrica contra insurgentes no muy armados. Estos pods lo van a volver una patrulla armada para espiar a narcos, pero también eventualmente útil para enfrentamientos más simétricos contra radares, equipos de comunicaciones o instalaciones antiaéreas de otros estados. En este segunda vida del Fénix resulta muy importante la fenomenal resistencia del Puca a los impactos de bala, no sólo de fusilería sino también del cañón de 30 mm de los Harrier británicos. Las células siguen siendo las mismas fabricadas antes de 1983, y en Malvinas mostraron su fortaleza: hubo Pucas que aterrizaron con arriba de 150 agujeros, y todavía seguían en condiciones de volar. Sistema de adquisición de imágenes Invap espera que su POD se integre con un Sistema de Adquisición de Imágenes (SAI), montado en una unidad estabilizada, que elimina las vibraciones y los efectos aerodinámicos, compuesto por un sensor electro óptico e infrarrojo, junto a un telémetro e iluminador laser con capacidad de seguimiento automático y marcado de blancos. El láser normalmente es infrarrojo, de modo que un blanco iluminado carente de sensores infrarrojos no percibe que está siendo «pintado» para que un misil autoguiado siga el reflejo. Este tipo de láseres es bueno cuando se tienen los misiles para la segunda parte del show, que no es -todavía- el caso de Argentina. Pero es un sistema vendible a otros países, y capaz de conseguir fondos para comprar o desarrollar tales misiles. Este elemento electroóptico a su vez trabaja en conjunto con un radar aerotransportado de apertura sintética, compuesto por un sensor AESA de banda X, con distintos modos de imagen SAR y modos de detección de objetivos móviles en tierra. Nuevamente, y como homenaje al castellano, SAR significa «Search and Rescue», búsqueda y rescate. Es un uso pacífico de una tecnología dual. Se supone que el Puca tendrá a bordo la suficiente electrónica como para integrar las imágenes generadas por el pod con un radar AESA en banda X, y las ópticas e infrarrojas generadas por una versión aún más potente de ese mismo pod, o por otro. Además, el sistema cuenta con un link de datos de banda ancha para transmitir en tiempo real la información obtenida a un centro de control, donde seguro que la capacidad de procesamiento de imagen es mucho mayor. Este proyecto constituye el hito inicial del camino de Invap en el segmento de radares AESA aerotransportados, que se complementa con la experiencia de la empresa en sensores EO/IR aerotansportados (EO es electroóptico, IR es infrarrojo), y abre las puertas a su continuación con el desarrollo de un radar aire–aire para aeronaves de combate. INVAP sería la empresa integradora que aprovecharía las capacidades de lo sensores electroópticos desarrollados por Fixview, los que se adaptarían a sus requerimientos. Por su parte Fixview diseñó un POD de Observación Aérea (POA) que cuenta con computadora, sistema de baterías, sistema de transmisión y se comanda de modo inalámbrico, de esta forma no se tendrá que modificar la parte eléctrica de la aeronave, que no es en absoluto sofisticada: el Puca, después de todo, fue construido para aguantar tiros, no para fungir de avión espía. Asimismo, este pod multifunción tendrá un sistema de vigilancia multisensor óptico e infrarrojo FV-300.
Los Pucará modernizados, contarían con una pantalla de 17 pulgadas en el asiento trasero y un mando fijo.
El CEO de Fixview, Marcelo Buteler, comentó: «Para el Pucará, Fixview ya diseñó, construyó y tiene el primer prototipo listo para vuelo desde noviembre del año pasado, con el modelo de cámara FV-300 de su configuración básica, con un solo sensor, al que se le puede ir agregando sensores y funcionalidades». El programa Pucará Fénix es dirigido por la Dirección General de Investigación y Desarrollo (Digid) de la FAA y se espera que éste vuele a finales del 2020 y que ,a principios del 2021, se lleven a cabo los vuelos de certificación. Este sistema permitirá brindar a la Fuerza la capacidad de vigilancia y reconocimiento en cualquier condición climática. Y eso en un avión que, desde su nacimiento, tiene una más que interesante artillería de tubo en la proa.

Incendios en Argentina: «Tenemos herramientas para prevenirlos»

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Hoy existen herramientas satelitales para tomar medidas de prevención, monitoreo y evaluación que no se estarían aprovechando en toda su dimensión.

“Estamos ante un fenómeno que no es local ni esporádico, sino todo lo contrario: los incendios son cada vez más frecuentes en muchas regiones del planeta”, afirmó Carlos Di Bella, investigador del Departamento de Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), y detalló: “en agosto del año pasado estábamos hablando del fuego en el Amazonas. Este año también afectó a Australia y otras regiones menos difundidas de África e Indonesia, por ejemplo. En la Argentina año a año se queman millones de hectáreas, sobre todo en la porción semiárida del país. En 2020, los incendios comenzaron en febrero en el Delta y llamaron la atención de los medios por la cercanía a la ciudad de Rosario, pero es una zona afectada por el fuego todos los años. En 2018 se registraron ahí tantos focos como ahora. En 2008 el humo incluso llegó a la ciudad de Buenos Aires, provocando caos en la Panamericana”. “Evidentemente los fuegos son frecuentes en el Delta del Río de la Plata, en la Mesopotamia, en la Región Chaqueña, en las Yungas, en la provincia de La Pampa y en San Luis, entre otros sitios. Es una problemática que se repite todos los años y sin embargo no está siendo tenida en cuenta en toda su dimensión”, aseguró. Al respecto, destacó que la Argentina posee el Plan Nacional de Manejo del Fuego, dependiente del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, un área sobre la cual no avanzaron incluso algunos de los países desarrollados que también sufren el fuego, como Australia. Tal es así que recientemente la revista Nature publicó un artículo sobre la necesidad de crear una agencia nacional de monitoreo de incendios en ese país. En la Argentina, si bien existe este organismo, también es cierto que los recursos naturales son de las provincias y esa condición lo limita, aunque muchas veces el fuego excede la capacidad de las administraciones provinciales. “Deberíamos de una vez por todas aunar esfuerzos, utilizar todas las herramientas disponibles para tomar decisiones y actuar de una manera más integrada y global, entre los municipios, las provincias y la Nación, así como también interinstitucionalmente y a nivel internacional”, indicó el docente de la FAUBA.

Herramientas disponibles para actuar

Según Di Bella, actualmente existe una gran disponibilidad de herramientas para planificar, prever, actuar y evaluar el efecto de los incendios. “No conozco otra herramienta como los satélites que sea tan rápida, tan barata y eficiente. Existen satélites de alta resolución que incluso permiten ver en detalle exactamente cuándo se inició el foco”, dijo, y consideró que de este modo también podrían identificarse quiénes son los posibles responsables. En relación a la colaboración internacional, destacó que la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) forma parte un protocolo internacional con otras agencias espaciales de diferentes países, para proveer a la Argentina información generada con sus satélites ante la emergencia provocada por los incendios. También subrayó el aporte de SEPA, un servicio del INTA con información actualizada, que permite programar alertas de incendios según áreas de interés. La Nasa también posee funciones similares en su sitio Firms, donde cada uno de sus sensores MODIS genera imágenes con información actualizada cuatro veces por día. En ambos casos, durante los últimos días se observan una cantidad enorme de focos de calor en las provincias de Córdoba, San Luis, Santiago del Estero, Corrientes, Misiones, Formosa y Chaco, así como en Paraguay. Esta plataforma también permite realizar búsquedas históricas, con una cantidad similar de focos en las mismas fechas de 2019. El portal del Programa de Incendios de Instituto Nacional de Investigación del Espacio de Brasil también brinda imágenes útiles para planificar políticas de gestión ante el riesgo de incendios. “Brasil está mostrando que existe riesgo de fuego en la Argentina desde hace siete meses. Los mapas muestran en color marrón lugares donde la vegetación está seca, está lloviendo poco, la humedad relativa es baja y el viento es alto. Estas zonas de riesgo coinciden con las que se están quemando hoy, señaladas en el mapa de la Nasa”, explicó el investigador.
Prever no significa que vayamos a saber dónde van a ser los fuegos, porque el 99% son intencionales
No obstante, advirtió: “Prever no significa que vayamos a saber dónde van a ser los fuegos, porque el 99% son intencionales. Y si bien en algunas provincias, como en La Pampa, se pueden sacar permisos de quema prescripta, en la Argentina el fuego está prohibido por Ley. Las herramientas satelitales nos permiten, ante la amenaza, priorizar las acciones en función del nivel de daño que pueda generar el fuego por la extensión, el valor ecológico o de la cercanía a zonas habitadas, por ejemplo”. Si bien los incendios van a ser cada vez más frecuentes, también es cierto que hoy existen cada vez más herramientas con información valiosa para la gestión de las emergencias. “Si puedo acceder a información sobre todos los fuegos ocurridos día a día en los últimos 25 años, y saber cuáles son los lugares donde los incendios son recurrentes en la misma época, puedo tomar mejores medidas de prevención, monitoreo y evaluación. Todavía hay mucho por hacer”, dijo, y afirmó que desde la universidad y otros organismos del sistema de Ciencia y Tecnología se puede hacer un aporte en este sentido.

Impacto sobre los ecosistemas

Di Bella también se refirió al impacto que provoca el fuego sobre los ecosistemas. “Si es poco intenso y de corta duración, es posible que el ambiente pueda recuperarse. Pero si dura varios días y es muy intenso, puede provocar la muerte de árboles y, si es en zonas con pendientes, puede afectar enormemente la hidrología del lugar. En primavera-verano, cuando las lluvias suelen ser más intensas, en las zonas incendiadas las gotas impactan directamente sobre el suelo, generando un mecanismos de desagregación y de escurrimiento superficial que destruye los terrones del suelo y acelera un proceso de erosión hídrica”. Una investigación del técnico del INTA Nicolás Mari, conjuntamente con Carlos Di Bella, muestra la respuesta de la vegetación a los incendios en los distintos ecosistemas, utilizando herramientas satelitales. “En un arbustal herbáceo de La Pampa, por ejemplo, el fuego quema rápidamente el material senescente y, al poco tiempo, ese ecosistema se recupera e incluso mejora su actividad fotosintética. Lo mismo sucede en un pastizal abierto de San Luis, que podría recuperase en dos o tres meses. Pero un bosque caduco del Chaco Seco, que se extiende en Santiago del Estero o en el norte de Córdoba, que se quemó, no se regenera de la misma manera y posiblemente no se recupere más. Incluso si se introducen animales para pastoreo a ese lote quemado, la regeneración es aun más difícil”.

YPF aumenta los combustibles un 3,5% en promedio

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La petrolera estatal YPF anunció anoche un nuevo aumento, en los combustibles del 3,5% promedio, lo cual meterá más presión a la inflación. En un comunicado difundido ayer a las 23:52, la empresa dijo que la «actualización de precios» se debe al «aumento de impuestos y biocombustibles». «A partir de las 00hs del viernes 16 de octubre, YPF actualizará sus precios en un 3,5% promedio país como consecuencia del aumento de los valores en el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ILC), el Impuesto al Dióxido de Carbono y los biocombustibles», indicó la compañía. El 18 de septiembre último, YPF había subido los combustibles también 3,5% promedio. En esa oportunidad el alza fue mayor para el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde la suba promedio fue de entre 4,8% y 4,9%. Es previsible que las otras petroleras aumenten sus precios.

Los incendios en el Paraná y una Ley de humedales

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El jueves 3 de septiembre, el Servicio Nacional de Manejo del Fuego avisó que los focos de incendios de lo que coloquialmente conocimos como “incendios en el delta” habían sido sofocados por precipitaciones. En específico, se informó que los incendios en Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba se encontraban “bajo guardia de cenizas” y que ya habían sido extinguidos por completo en San Luis, La Rioja y Santiago del Estero. Durante las últimas semanas, en torno a la crisis ambiental y social generada en la Mesopotamia y alrededores, circularon montones de noticias, hipótesis, cruces políticos y, en particular, militancias ecologistas empoderadas en torno a la situación. Creemos que echa luz sobre el tema esta entrevista que hizo la Revista Ruda a Patricia Kandus, doctora en Ciencias Biológicas, directora de un grupo de investigadores de la UNSAM que se especializan en Humedales, partícipe del desarrollo de los proyectos de inventario y monitoreo de humedales a escala nacional, entre otras ocupaciones.
Se habla de las causas humanas de los incendios en los humedales del delta, también se mencionan frecuentemente las sequías y la baja del río Paraná, ¿es un fenómeno multicausal? ¿Las distintas causas son todas de origen humano? En principio, no solamente está ocurriendo en el delta, sino en todo el valle del Paraná. Al respecto de los incendios, se manejan diversas hipótesis, que van ganando o perdiendo terreno a medida que transcurre el tiempo. Uno tiene que tener cuidado de acusar en general. Hay un modelo imperante de primarización, que es el causante original de esto. Digo, la sojización, el avance no solamente sobre los humedales sino sobre todos los ecosistemas, del delta al bosque chaqueño se realizan procesos tristísimos. Hay que conjugar eso con que tenés múltiples hipótesis. Dependiendo de la situación puede haber una u otra. Sobre la posible causa ganadera, hay que considerar la historia de la región. En la zona hay una historia de uso del fuego asociada al uso ganadero y asociada también a la caza (se hacen quemas para que los animales, como carpinchos y nutrias, se espanten). Es un sistema de pulsos, con épocas de inundación y de sequía. La vegetación que hay, sobre todo en el Bajo Paraná, está dominada por vegetación herbácea, los bosques nativos apenas cubren el 4% de la superficie, entonces estamos hablando de un mosaico de vegetación herbácea que tiene como característica que la biomasa cuando se seca queda en pie, es decir, la masa vegetal cuando se seca, en invierno o en una época seca, queda en pie, y eso se acumula como biomasa. Eso hace que la descomposición de la hojarasca sea mucho más seca y se generen zonas con suelos que tienen una gran cantidad de materia orgánica con bajo grado de descomposición. En general estos ambientes suelen tener los suelos bastante saturados. Eso, cuando se produce una seca, también es combustible, entonces, estos sistemas uno puede imaginarse que en alguna época estaban sometidos a incendios, por rayos o lo que sea, y más en una época seca. Pero eso cambió… Sí. Históricamente, estas planicies del delta, en particular, y la planicie del Paraná, poseían una dinámica de uso ganadero estacional. Cuando venía el pulso de inundaciones, se corría el ganado y se lo llevaba a tierra firme, cuando venía la bajante volvían a poner el ganado, porque además crecían las pasturas. Son lugares muy ricos, donde convivía la ganadería con la pesca artesanal, la apicultura, la recolección de juncos y otras actividades extractivas locales. Eso desde la década del noventa tuvo un cambio muy fuerte. Ya desde antes, todos estos humedales, en particular los humedales fluviales, fueron considerados tierras de baja productividad porque la lógica es la productividad en tierra firme, donde yo puedo meter maquinaria pesada y tener una estacional térmica-hídrica favorable. Pero con la expansión agrícola, se va a extendiendo la frontera. Es decir, ya no te alcanza la Pampa, tenes que desmontar Chaco, y, mientras tanto, estos suelos, los humedales, se destinan para el ganado, para que el ganado no ocupe lugar en zonas que pueden ser tierras agrícolas, sobre todo porque lo que es agricultura pasa a ser producción de commodities, no es la agricultura para que la gente coma, es para un mercado de exportación. Entonces, cuantas más tierras tengas… Y en cima, en el país hubo una concentración enorme de tierras, que hace que se desplace no solamente la gente, sino que queden cada vez menos productores pequeños. Ahora, qué pasa, la necesidad de tener el ganado todo el año sobre los humedales no se lleva muy bien con el sistema de pulsos, y de pronto se aparece la idea de intervenir más directamente. Yo no te diría que necesariamente sean los productores locales, los que tienen campo en la isla. Yo hablé con muchos productores y muchos te dicen “nosotros no somos”, a muchos productores ganaderos se les esta quemando el campo. Pero también el delta es el sumidero de un montón de productores que son oportunistas, arrendatarios de tierras, de tierras fiscales, sobre todo, que ven la oportunidad de avanzar sobre esas tierras. Esa es una hipótesis. Otra hipótesis es usos inmobiliarios… Para hacer, digamos, barrios cerrados… Exactamente. O sea, hay alguien que está comprando tierras a bajo precio y le pone un valor agregado, en los términos que ellos manejan, y la vende a alguien que quiera comprar “vida verde”. Esa es otra hipótesis. Por otra parte, está el antecedente del 2008, cuando se produjo una quema más o menos del mismo calibre que las actuales, en una época de baja del río Paraná, de mucha sequía. A diferencia de ahora, que la mayor cantidad de focos está en Entre Ríos, sobre todo en las zonas de Victoria y Lechiguanas, y en zonas de Santa Fe, en ese momento los incendios se concentraron zonas de Buenos Aires y en el sureste de Entre Ríos. Estos incendios estaban asociados a una expansión grande que hubo de los endicamientos. ¿A qué llamamos endicamientos? Son terraplenes que se construyen rodeando un predio para impedir que el agua entre a ese predio. Eso es una tecnología que se copió de Holanda, es lo que se llama “polderización”, pero bueno, los holandeses lo hacían porque no tenían tierra y acá si hay algo que sobra es tierra firme.
Crédito: Ministerio de Ambiente
¿Acá la polderización vendría a ser por el desplazamiento de actividades? Sí, pero tiene antecedentes antes del desplazamiento de actividades. El polder que se hizo en Lechiguanas es de la década del ’60, unos polders muy grandes, que se hicieron primero con el fin de hacer fruticultura, después pasó a forestación, y después fueron abandonados. En esa época el INTA impulsaba los proyectos de polderización como ejemplo de desarrollo, como ejemplo de cómo el hombre domina la naturaleza. Volviendo al 2008, en ese momento se hicieron muchos diques, se llegó a que aproximadamente el 13% de la superficie del delta se endique, ya no solo para forestación, sino también para hacer ganadería y, algunos, frente a Baradero, para hacer agricultura. O sea, los incendios en ese momento estaban muy de la mano con el avance de los endicamientos. Por eso digo que las hipótesis son muchas, hoy se está señalando fuertemente a los ganaderos, y puede ser que algún ganadero haya encendido focos. Y esos focos, con las condiciones del suelo, se expanden de una manera rapidísima. Es tristísimo, yo tengo fotos del 2008, donde tenes sesenta centímetros de profundidad en lugares donde antes había suelo, es decir, todo eso era materia orgánica. Además, muchas veces quedan brasas latentes bajo el suelo y basta que venga un poco de viento para que vuelva a reaparecer el incendio que se había apagado. No es que todos los ganaderos queman su propio campo, es que puede haber un foco y en muy poco tiempo generarse multitud de focos. La otra cosa que llama la atención es que, habiendo una legislación que surgió después del 2008 de la provincia de Entre Ríos, prohibiendo los fuegos, ni la justicia de Entre Ríos ni el gobierno de Entre Ríos se hará cargo en lo que esta pasando en la provincia. Y si la ley provincial tiene esas limitaciones, ¿cuál podría ser el verdadero alcance de una Ley de Humedales? Yo creo, y es una opinión personal, creo que lo mejor que podría hacer la ley es generar un espacio de gestión a largo plazo sobre los humedales. Uno de los problemas que tenés cuando pasan estas cosas es que queda en evidencia cuando uno dice “se desarma el Estado” o “las políticas neoliberales apuntan al desguace del Estado”; bueno, esto es otra forma de desguace del Estado, cuando no tenes capacidad de respuesta frente a un hecho así, cuando tenes las provincias desmembradas y cada una tira para un lado o para el otro sin una conciencia de Estado nacional. Entonces, me parece que lo mejor que puede hacer una ley de presupuestos mínimos es fortalecer la gestión publica de los humedales, y tomar los instrumentos de la ley general del ambiente y poder desplegarlos en todas sus dimensiones. Además, es necesaria la participación social, como parte de una democratización del acceso a decidir en qué modelo de país queremos vivir. Esto requiere dinero, que si es garantizado por ley sería fantástico, pero implica también formar recursos humanos que estén dentro del Estado y dentro de la gestión pública en las provincias y en Nación. Esto permitiría gestionar los ecosistemas y fortalecer a la gestión para que se plante frente a quienes vienen con intereses egoístas o particulares. La otra cosa importante que es necesaria es capacitar a la gente. Si uno empieza a preguntar a personas si quieren una ley de humedales, van a decir “sí, bárbaro, está buenísimo”. Ahora, si la pregunta es “¿qué son los humedales?”, no hay conciencia, no se sabe, incluso te diría en el mismo espacio académico y científico. Entonces, es necesario capacitar personal para la gestión, pero también educar en general. Por supuesto, el interés de algunos productores es que no se regule nada, y es muy difícil discutir ahí porque ellos generan una falsa dicotomía de que si hay una ley de presupuestos mínimos de humedales va a causar que no se pueda producir más, que va a ser toda tierra protegida, lo cual es mentira, es una falsa dicotomía y solo favorece a este grupo de productores. Es muy falso que no se van a utilizar los humedales, por la densidad poblacional que tenemos mundialmente hay muy pocos lugares en el mundo que se pueda decir que son prístinos. Entonces, de nuevo, es una situación compleja avanzar en la gestión de los ecosistemas Sí, tampoco se puede simplificar, otra de las cosas que ocurren es que se simplifica la ley como si fuese una ley de inventario. Todos los proyectos de ley de presupuestos mínimos de humedales que se escribieron copiaron letra de la Ley de Bosques y, en realidad, no todo es lo mismo. No es que vos hacés una ley de bosques y te la llevás a los pastizales y a los humedales. En verdad, cada uno de los ecosistemas tiene sus dinámicas propias, sus problemas particulares. De la ley de bosques se tomó una cosa que quedó incorporada que es, digamos, en la ley general del ambiente se propone el ordenamiento ambiental del territorio, y la ley de bosques interpretó eso como “el ordenamiento de los ecosistemas de bosques”. Eso tuvo sus éxitos y sus fallidos en la ley de bosques, pero en el caso de los humedales transportar eso, así como así implica olvidarse algo fundamental: que los humedales funcionan en estrechísima relación con los sistemas terrestres vecinos, entonces, vos no podés ordenar el humedal y destruir lo que está al lado. Por ejemplo, en la ley de bosques hay un “semáforo”, que se pinta de rojo, amarillo o verde, pero en el caso de un humedal corres el riesgo de que arbitrariamente se decida pintar de ver un humedal y se destruya el sistema de al lado por hacer eso. La lógica que hay que seguir es diferente y esa, a mi juicio, es una de las principales batallas que hay que dar, hay que tratar de que en la ley no salga eso. El ordenamiento es sobre el territorio. Las ONGs y los movimientos, que están en buena hora peleando por que salga una legislación, no lo terminan de entender, porque, claro, pensar en términos de territorio es más complejo, pero creo que es a lo que habría que apuntar, es un paso de madurez que deberíamos dar, y haría que la ley de presupuestos mínimos no quede encajada en simplemente ser una ley de inventario. Yo trabajé mucho en desarrollar, conceptualizar y pensar el inventario de humedales para Argentina, con mi colega, Priscilla Gail Minotti, y el equipo de gente de la Universidad de San Martín, y, sin embargo, yo creo que los inventarios tal cual los pensamos con los técnicos de la gestión deben ser parte de un proceso en el cual también se busque fortificar al Estado para que haya instrumentos de gestión efectiva. Ese debería ser el fin de la ley.
En este sentido, para ir cerrando, una serie de preguntas: ¿por qué los humedales son importantes para la biodiversidad? ¿Por qué los humedales son importantes para el ser humano y por qué la biodiversidad es importante para el ser humano? La forma más simple describirlo es: los humedales significan agua, y el agua significa vida. En verdad, el termino humedal es bastante moderno. Cuando yo estudiaba, en la década del ’80, había sistemas terrestres y sistemas acuáticos, el resto lo llamábamos ecotonos o bordes. En Estados Unidos y Europa se empezaron a identificar esos lugares entre los sesentas y los setentas, y se los llamaban humedales o wetlands, pero a nivel mundial siempre se los llamó con nombres locales. Acá hablamos de esteros, cañadas, bañados, marismas, entre otros, y en realidad todos esos nombres, que son lugares muy particulares y muy diferentes desde el punto de vista fisonómico, no tenían un nombre genérico que los agrupara. En el ’71, cuando se firma el Tratado de la Convención RAMSAR, creo que ahí se catapultan los humedales como término, pero acá en Argentina te diría que hasta la década del noventa, cuando se refrendó el tratado, no se utilizaba el término, incluso en la jerga de los científicos no estaba incorporado. Si uno mira la literatura mundial, se ve que desde la década del ’90 se empieza a publicar la literatura, las revistas científicas sobre humedales. En parte, todo esto puede deberse a que son zonas de difícil acceso, entonces, para un lego es muy difícil, es decir, si yo pregunto qué es un bosque, me pueden decir que es un lugar que tiene muchos árboles; pero si yo pregunto qué es un humedal, en principio me pueden decir que tienen agua, pero los humedales a veces no tienen agua todo el tiempo, entonces se genera una dificultad muy grande para poder definirlos fisionómicamente. Pero, una vez que los podés distinguir, entendés que son lugares que, sin importar la fisonomía que posean, son espacios donde el agua marca la dinámica del sistema, y la marca de forma tal que genera una oferta de agua, de productividad, muchas veces desacoplada del clima. Por ejemplo, en las zonas del oeste y noroeste de la Argentina, y la Patagonia, aparecen vegas, que son como pequeños oasis, donde hay permanentemente agua que se acumula por la posición geomorfológica de esos sitios, entonces tenes siempre materia verde, de la cual puede alimentarse la ganadería local, tienen agua almacenada, que pueden utilizar los pobladores, y tienen un colchón de materia orgánica muy rico en nutrientes, que sostiene esa productividad. Esa disponibilidad de agua y de productividad los convierte en lugares donde se concentra la biodiversidad, que no es la biodiversidad local solamente, dado que la existencia de humedales sostiene también la biodiversidad del sistema terrestre adyacente. Y el delta del Paraná es apenas un tipo de estos humedales… Sí. Digamos, es un humedal, es un mosaico de humedales muy particular. Cuando se piensa en la ley de humedales, se piensa en todos los humedales del país, y dudosamente puede una ley de presupuestos mínimos de humedales controlar los incendios y los desastres que se dan en el Delta; o sea, no lo pudo hacer la legislación local. Lo que se necesita es política y gestión. Porque, en realidad, es un problema de gestión, de cómo se gestionan estos territorios. Y hay que considerar que somos un país federal, por lo cual las provincias son dueñas de sus recursos, entonces son ellas las que tienen responsabilidad directa sobre la gestión del territorio. La ley de presupuestos mínimos lo que hace es generar un paraguas con determinados criterios y con instrumentos para garantizar el uso sustentable y la conservación de esos ecosistemas. Retomando la pregunta, además de por la biodiversidad, los humedales son valiosos porque son reguladores de agua, reguladores de pulsos de inundación. Son zonas de carga y descarga de napas freáticas. Difícilmente encuentres un humedal que no haya sido aprovechado por el hombre, aunque eso no implica que la gente tenga que vivir adentro del humedal. En el caso del delta, que es un paisaje de humedales, un mosaico de paisajes de humedales; sí, claro, la gente vive adentro, pero no siempre es así. Lo que sí hay que remarcar es que un montón de usos posibles están sostenidos por esa biodiversidad que tienen, y lo más crítico con los modos de uso actuales es que estos modos avasallan otros posibles usos. Me refiero, por ejemplo, en el delta está la pesca, que es un recurso enorme para los pobladores y las comunidades de pescadores artesanales del lugar requieren mantener el recurso. Pero cuando se piensa al delta como un terreno ganadero o un terreno forestal, y el resto de las posibilidades que tiene el sistema para dar vida a la gente, se desecha, porque no son usos en favor del interés económico de particulares, entonces se están desaprovechando posibles usos futuros en favor de un modelo de explotación detrás del cual está el mercado, el interés económico.