¿Por qué las encuestas fallan?: «Todo el mundo miente»

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Seth Stephen Davidowitz es filósofo y doctor en economía. Y además de haber trabajado como científico de datos en Google, escribió el best seller Todo el mundo miente, acerca de lo que Internet y los datos masivos (el muy mencionado Big Data) pueden decirnos sobre nosotros mismos.

Durante su visita al país para participar como invitado de la Federación de Docentes de las Universidades (Fedun) en el XIII Congreso Internacional de Economía y Gestión ECON 2019, de la Facultad de Ciencias Económicas, este profesional de 37 años dialogó con la periodista Débora Slotnisky acerca de cómo usamos las redes sociales, lo que Google revela de nuestros verdaderos intereses y las debilidades de las encuestas.

-Usted predijo el triunfo de Donald Trump tras analizar las búsquedas en Google de términos racistas y otras palabras xenófobas. La clave de su estudio fue entender que en privado las personas revelan gran parte de sus verdaderos intereses y motivaciones, mientras que difícilmente lo hacen en público.

-Es un tema universal. Plataformas como PornHub evidencian que todos miramos pornografía, aunque nadie lo admite en público.

-¿Eso significa que las encuestas tradicionales están quedando obsoletas?

-Las encuestas arrojan resultados erróneos por varios motivos. Entre ellos, que muy pocas personas están respondiéndolas, y encima, mienten. Por caso, en el sondeo expresan que van a votar a un candidato, pero luego emiten su voto a favor de otro. Otra contradicción: si se les pregunta qué les importa, lo habitual es escuchar la economía, el calentamiento global y el trabajo, pero en Google una de las búsquedas más populares es «el hijo de Alberto Fernández es drag queen». O sea que eso es lo que le interesa a una mayoría de la gente.

-O quizás les da curiosidad el hijo de Fernández. Curiosidad e interés genuino no son sinónimos.

-Es cierto. Puede ser que la búsqueda acerca del hijo de Alberto Fernández esté relacionada a una curiosidad momentánea, pero también es posible que se trate de algo más profundo que eso.

-¿Tuvo la oportunidad de analizar el comportamiento de los argentinos en las redes sociales?

-Sí, en este país muchas personas hablan abiertamente de temas que son de índole privado, pero también pueden ser que estén mintiendo al expresarse.

-Si su hipótesis principal, la de que todos mentimos, es cierta, las compañías que trabajan en base a esos datos para hacer marketing personalizado no van a llegar a resultados exitosos.

-Si, ese es un gran problema para las empresas, porque como las redes sociales son aspiracionales, los consumidores fingen que creen en sus productos, pero en realidad no. Mi recomendación para las marcas es que analicen qué sucede en las redes sociales, pero que también lo hagan en los buscadores, que son una suerte de confesionario virtual. Por ejemplo, todos sabemos que el sexo mueve el mundo, pero al momento de navegar por sitios de pornografía cada cual tiene sus preferencias. Es por eso que las marcas se equivocan al elegir siempre los mismos estereotipos físicos, porque esto no atrae a todas las personas.

-Siguiendo su pensamiento realicé un ejercicio muy impactante. Leí en mis redes sociales cómo mis amigas hablan de sus maridos. En todos los casos son «Mi esposo es el mejor del mundo», «es el amor de mi vida», y así. Luego puse en Google «Mi marido es…» y las cinco principales maneras de completar esa frase son: «un idiota», «el mejor del mundo», «un vago», «aburrido» y «un inútil». En base a esto, ¿qué consejo le puede dar a los lectores que leen las redes sociales?

-El peligro es cuando los usuarios leen las redes sociales y esto los lleva a sentirse mal respecto a sus propias vidas. Porque, claramente, todas las parejas discuten. En resumen, mi consejo es recordar que todos mienten en las redes, y que nadie tiene una vida tan maravillosa. De hecho, todos tenemos problemas similares.

-Usted afirma que los algoritmos nos conocen mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. ¿Cómo deberíamos actuar teniendo en cuenta esto?

-Deberíamos regular a las compañías como Facebook y Google porque nos pueden engañar. Además, a medida que la inteligencia artificial (IA) se vuelva más poderosa, las empresas podrán obtener más ventajas de nosotros. Y estas tecnologías, como la IA, también deberías ser reguladas. Hay que hacer con ellas lo mismo que se hizo con los fabricantes de cigarrillos. En este sentido, ya está estipulado la cantidad de nicotina que puede contener cada cigarrillo y dónde pueden difundir su publicidad. Hoy, como no hay regulación, todos nosotros somos ratas de laboratorios, y eso se pone de manifiesto en las pruebas de A/B, que son test que consisten en difundir dos versiones de un mismo contenido para medir cuál funciona mejor.

-¿Deberíamos dejar de usar redes sociales?

-Puede usárselas, pero con cautela, sabiendo que todos las aprovechan para presumir.

Seth Stephen Davidowitz

Los semilleros se preocupan por los controles

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La Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) reclamó por nota al presidente actual, Mauricio Macri, que continúe “sin cambios el sistema de control de semillas acordado hace cuatro años que ha sido muy exitoso en soja y tiene participación activa público-privada, evitando cambios como los que se están impulsando desde el INASE (Instituto Nacional de Semillas)”.

El texto recuerda los dichos del Presidente referidos a que “si funciona no lo desarmen”, y en tal sentido indica que “adherimos a esta idea y es por eso que le solicitamos que el Ministerio de Agricultura no introduzca cambios a los sistemas de control vigentes en semillas”.

En tal sentido, fuentes del sector señalaron su sorpresa por “la iniciativa unilateral, sin base jurídica”, del ministro del área saliente, Luis Etchevehere, quien estaría dispuesto a acompañar una resolución, contraria al criterio legislativo ya consensuado, que terminaría con los actuales controles a la venta de grano, provocando una alteración que afectaría al negocio de los semilleros.

En la carta enviada a Macri, la entidad resalta que “aún resta mucho por hacer para lograr reducir la informalidad en el comercio de semillas, mejorar la calidad y garantizar la trazabilidad de todas las producciones que permita promover nuevas tecnologías en el principal cultivo del país”.

ASA es una institución, sin fines de lucro integrada por unas 80 empresas nacionales e internacionales que proveen el 90 % de la semilla sembrada de maíz, soja, girasol y trigo, además de instituciones oficiales con representatividad local e internacional.

La nota que fue girada en copia a Luis Etchevehere señala que en estos 4 años “uno de los temas prioritarios ha sido la modificación de la Ley de Semillas 20.247/73, que ha involucrado tanto el sector privado como las autoridades en muchas de las mesas de competitividad, aunque el año legislativo esté finalizando y la reforma haya quedado pendiente”.

Esta noticia, que reproducimos de Ámbito, también fue tomada por Clarín Rural y El Cronista, todos medios sensibles a las preocupaciones de los tenedores de patentes sobre las semillas genéticamente mejoradas (Bayer-Monsanto, en primer lugar).

AgendAR ha tomado posición en el pasado en esta discusión, pero mantenemos una mente abierta. Nuestro énfasis es que cualquier modificación, como señalamos hace 2 meses y medio, es que cualquier modificación se haga con la participación de los productores argentinos.

Carne cultivada: un laboratorio porteño ya la fabrica

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(La mayoría de los argentinos -salvo los de convicción vegana- encuentran el tema ligeramente absurdo. Y, no nos engañemos, en términos económicos, de producción masiva, lo es. Pero por algo hay una buena cantidad de empresas en el mundo que están explorando esta tecnología).

En el país del bife resulta inimaginable que pueda fabricarse carne animal en un laboratorio, pero una empresa argentina ya lo logró. En pleno corazón de Caballito, el laboratorio Craveri desarrolló una carne cultivada que no es sintética ni vegetal. Es carne vacuna, solo que la empresa no necesitó criar ni sacrificar a ninguna vaca.

La primera vez que este tipo de desarrollo se presentó al mundo fue hace seis años, cuando la firma holandesa Mosa Meat creó la primera hamburguesa de carne cultivada que valía 250.000 euros.

La carne cultivada del laboratorio Craveri tiene el aspecto de pequeños anillos del tamaño de una perla y, según informaron, para fabricar una hamburguesa de 100 gramos, se necesitan entre cuatro y cinco semanas de cultivo. Sin embargo, aún no están en esa etapa de desarrollo.

Bajo la premisa de «Comé carne, no animales», la empresa utiliza técnicas de cultivo para desarrollar un sustituto de la producción de carne tradicional.

Cuando en 2016 Juan Craveri, titular de la empresa, decidió incursionar en la carne cultivada, su laboratorio ya llevaba 20 años investigando la tecnología de cultivo para la multiplicación de células.

La inversión principal ya había sido desembolsada y ascendía a más de un millón de dólares. La planta ya estaba montada, por lo que para desarrollar la carne invirtió alrededor US$200.000. Así nació Bife, cuyas siglas significan Bioingeniería en la Fabricación de Elaborados. De las 320 personas que trabajan en el laboratorio, ocho se dedican al proyecto Bife.

Cómo se elabora la carne cultivada
Para comenzar el proceso de elaboración, se extraen muestras de animales de un campo en Atalaya. «Para el cultivo elegimos animales jóvenes, porque el potencial para dividirse y crecer de sus células es mayor», explicó Diego Dominici, bioquímico miembro de Bife. La biopsia es extraída del músculo sóleo del animal y tiene el tamaño de una pastilla de Tic tac, es decir, alrededor de cinco milímetros.

Desde el laboratorio informaron que se trata de un procedimiento rápido, inofensivo y bajo anestesia. La muestra se traslada al laboratorio en un kit de transporte en un medio de cultivo. Una vez que llega, el primer paso es la disgregación mecánica en una cabina de bioseguridad, es decir, se aísla a las células satélites, que luego son transferidas a un medio que contiene nutrientes y factores de crecimiento que permiten proliferar a las células como lo harían en el interior de un animal.

La solución donde se reproducen es cambiada cada 48 horas. «Liberamos las células y las pasamos a ambientes controlados con estufas de cultivo para que aumenten en número. Simulamos un ambiente similar al cuerpo para que la célula piense que está en el cuerpo y se reproduzcan. Las células las combinamos con un gel de kitosano», explicó Dominici.

Las células proliferan hasta obtenerse trillones de ellas. Estas células cultivadas se fusionan naturalmente hasta conformar estructuras que se llaman miotúbulos de 0,3 mm. Luego, esos miotúbulos se colocan en un soporte adecuado y, debido a su tendencia innata a contraerse, forman anillos. «Este anillo es carne», expresó Dominici.

Por el momento, desde el laboratorio están en una etapa de desarrollo, por lo que ninguno de los involucrados probó todavía la carne cultivada. Sin embargo, aseguraron que en el mundo solo 50 personas degustaron este tipo de producto.

«La carne cultivada no es ciencia ficción y se está creando una nueva era que es la agricultura celular», dijo el titular de la empresa, quien señaló que tanto la población mundial como el consumo cárnico aumentan y que no hay suficiente espacio para la actividad ganadera.

«La población crece a gran velocidad, pero la capacidad del planeta para producir es limitada», añadió. Craveri aseguró que la carne cultivada en laboratorio permite un ahorro del 45% en energía, requiere un 99% menos de terreno y, según dijo, reduce un 96% la emisión de gases de efecto invernadero. Además, utiliza un 96% menos de agua.

No obstante, Craveri contó que faltan entre cinco y diez años para que la carne cultivada sea comercializada. «Estamos tratando de desarrollar la monetización. Nadie invierte sólo por filantropía desde una empresa privada sino no es sustentable», dijo.

Laura Correa, la coordinadora de la División Bioingeniería del laboratorio, explicó que para poder comercializar primero necesitan alcanzar una escala industrial que baje los costos y que exista una regulación estatal que permita su consumo. Además, afirmó que una segunda etapa implica el trabajo con un chef para innovar en texturas y sabores.

Desde la empresa indicaron que a nivel nutricional es como la carne tradicional, pero tiene como ventaja que desde el laboratorio se pueden alterar la nutrición, la grasa e incluso agregar vitaminas y minerales.

Hay un nuevo jefe de la misión del FMI en Argentina

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) decidió reemplazar al italiano Roberto Cardarelli por el venezolano Luis Cubeddu como jefe de la misión de ese organismo para la Argentina. Cubeddu, de 53 años, vivió en Buenos Aires entre 2002 y 2004 cuando trabajó como representante del Fondo en los años posteriores a la crisis que padeció la Argentina, durante el gobierno de Eduardo Duhalde y la primera parte del mandato de Néstor Kirchner.

Desde el Fondo aseguran -en forma extraoficial- que el cambio obedece a «la rotación de rutina del personal superior del Fondo, y aprovechando la transición actual en Argentina y el hueco en las negociaciones».

Cubeddu desarrolla funciones dentro del Fondo desde hace 23 años y durante esta trayectoria fue encargado de los programas del organismo con Argentina, Grecia, Indonesia, México y Ucrania.

Estudió economía y matemáticas en la Universidad de Carolina del Norte, y completó su doctorado en la Universidad de Pensilvania. En la década del 90, dio clases en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) de Venezuela y en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Su esposa es argentina.

Brasil, China y EE.UU. ¿Y Argentina?

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El embajador Marcos Caramuru de Paiva, que estuvo al frente de la embajada brasileña en Beijing hasta junio del año pasado, y que es miembro del Consejo Empresario Brasil-China, dice en este reportaje que le hizo Guido Nejamkis “Para Brasil, China hoy es más importante que Estados Unidos».

No es una frase trivial, para alguien que forma parte de la clase dirigente de nuestro vecino del norte. Nos parece importante reproducirlo (y señalar, de paso, el espacio y el énfasis que le dió ayer Clarín).

Al final, agregamos algunas reflexiones de AgendAR.

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«Ex embajador de Brasil ​en China, Marcos Caramuru, socio de la consultora KEMU, con base en Shanghái, es hoy la principal referencia para las compañías brasileñas con negocios en el gigantesco mercado asiático y también para grandes empresas chinas que operan en la mayor economía de Latinoamérica. Caramuru atiende en China los intereses de los brasileños que buscan internacionalizar sus empresas y aprovechar el crecimiento del comercio entre Brasilia y Beijing, que en los primeros 10 meses de 2019 superó los 80 mil millones de dólares.

El volumen de negocios bilateral pasó de 1.000 millones de dólares en el 2001 a asombrosos 1.000 millones de dólares cada 80 horas en la actualidad, y Brasil ya es el cuarto mayor destino global para la inversión china.

Diplomático retirado, Caramuru estuvo en Brasil acompañando la cumbre del grupo de naciones BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que contó con la participación de una amplísima delegación china encabezada por el presidente Xi Jinping. Pocos días después de ese encuentro, el presidente Jair Bolsonaro, que protagonizó un giro radical desde la posición refractaria que mostraba hacia China, recibió al CEO de Huawei en Brasil, Yao Wei, y anunció que la empresa a la que Donald Trump quiere excluir de las licitaciones globales para la futura generación de telecomunicaciones móviles busca operar la tecnología 5G en el mercado brasileño.

El ex embajador Marcos Caramuru destaca la relación entre Brasilia y Beijing

-Considerando el contexto geopolítico, ¿cuál es su evaluación sobre el encuentro entre el presidente Bolsonaro y el CEO de Huawei en Brasil?

-El presidente Bolsonaro escuchó a Yao Wei, quien hizo su trabajo: acercarse a las autoridades y saber cómo es y cómo va a ser la conducción y la legislación sobre el 5G. Creo lo siguiente: Brasil no tiene razones políticas para excluir un país o una empresa de una licitación por su origen. Al contrario, tenemos una relación muy estrecha con China y no hay razones de seguridad o de otra naturaleza estructural que nos lleve a una decisión deliberada de excluir una empresa o un país. Y en la licitación, si Huawei es incluida, disputará con las demás en condiciones de competitividad, precio y calidad. La empresa tiene una tradición de presencia en Brasil, pasó de la telefonía celular a las antenas de transmisión… Todo dependerá de los términos de la licitación (que se hará en el 2020). Mi evaluación es que el encuentro fue bueno. Es muy bueno que el presidente Bolsonaro escuche a los lados involucrados y considere lo que ellos tienen para decir.

-¿Ve un cambio del presidente Bolsonaro en relación a la importancia estratégica del vínculo con China?

-Yo creo que hubo un cambio, claro. Quedé muy impresionado cuando en la declaración a la prensa que dio con el presidente Xi Jinping, el presidente Bolsonaro dijo que China forma parte de nuestro futuro. La visita reciente de Bolsonaro a China fue muy positiva y generó un capital de buena voluntad en relación a Brasil. El resultado fue visible, la participación de empresas chinas en la reciente subasta petrolera de Brasil, y el interés brasileño por China. El movimiento económico presta atención a lo que los gobiernos hacen. Los gobiernos dan el tono, las inversiones vienen después. Cuando el tono es negativo las inversiones no vienen, cuando el tono es positivo los inversores se sienten más cómodos.

-En Brasil es cada vez más importante la presencia de empresas chinas en áreas como gas y petróleo, electricidad e infraestructura en general. ¿En qué otros sectores veremos cada vez más presencia china?

-Sin dudas en tecnología. La propia situación de Huawei en 5G indica que lo que se asoma es un esfuerzo mayor de empresas que van a buscar dominar en ese sector. China está cada vez más sofisticada en esa área de digitalización, y creo que las cosas aún no empezaron, va a llegar mucho más. Y eso no disminuirá el interés por el área de infraestructura, ni en determinados segmentos industriales, pese a que no sean esenciales. Hay áreas en las que la inversión en Brasil se mantendrá, como gas y petróleo, y otras en las que aumentará, como infraestructura. Pero donde veremos mucho y nuevo es en tecnología.

-¿Habrá nuevas oportunidades para los latinoamericanos en el mercado chino?

-La primera gran oportunidad es continuar exportando commodities y aumentar esas ventas. Proteínas, celulosa, cereales, soja, maíz… En Brasil existe un número creciente de empresas que miran oportunidades en el área industrial. Llegamos tarde. Años atrás si hubiésemos invertido en el área industrial china, bienes de consumo, habríamos competido con los europeos. Ahora no, la competencia china es fuerte. Las empresas chinas se hicieron más sofisticadas, mejoraron su calidad, diseño y diversidad. Pero aún hay segmentos, calzados, cosméticos y moda, en los que hay espacio para todos, porque es un mercado muy grande. No pesarán en la balanza comercial, pero aumentarán la calidad de nuestras exportaciones y la interacción de nuestras empresas con el mercado chino.

-Considerando la importancia de Brasil como proveedor de materias primas, y de China como inversor en energía e infraestructura, ¿puede decirse que la relación entre los dos países es más densa que la que existe entre Brasil y Estados Unidos?

-La relación Brasil-China es muy estable y hay una dependencia real. China de hecho depende de las exportaciones de soja, de mineral de hierro y de petróleo de Brasil. Al mismo tiempo necesitamos de las inversiones chinas en infraestructura y de la gran presencia de empresas chinas en sectores sensibles, como la energía. Es una relación de dependencia mutua, diferente a la relación con EE.UU. La verdad, nosotros no necesitamos de Estados Unidos, como ocurría mucho tiempo atrás. Había una necesidad estructural en el área de los mercados financieros, de atracción de inversiones de portafolio, de capital, hoy es menos eso. La relación de Brasil con China es muy intensa, estratégicamente intensa para los dos lados. Es un casamiento sin divorcio».

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Muchos argentinos politizados, de los dos lados de la «grieta», miran el escenario global, la competencia entre la Potencia hasta ahora hegemónica, EE.UU., y la Potencia en ascenso, China; leen que los medios y buena parte de la dirigencia norteamericana se preocupan por la «entente» chino-rusa, y lo piensan con las categorías de la Guerra Fría, derretida 30 años atrás. Nada que ver.

El elemento que hoy no forma parte de la puja entre potencias es el uso de las ideologías como herramientas de alineamiento y poder. El «comunismo internacional» ya no existe, como tampoco la Unión Soviética, y Mao descansa en su mausoleo. Ni China ni Rusia están interesadas en que otras naciones adopten sus sistemas de gobierno. En Estados Unidos… todavía existe una tradición «wilsoniana» de extender a otros pueblos el liberalismo, en particular el económico. Pero no permiten que ese prejuicio interfiera con sus intereses concretos. En particular, Trump ni se molesta en disimular.

En algunos de nuestros compatriotas hay una nostalgia por esa lucha ideológica que permitía imágenes claras del mundo, dividido entre Buenos y Malos, los que pensaban como «nuestro lado» y los que no. En muchos otros, es la esperanza de recibir apoyo en nuestros enfrentamientos internos.

Y algo de eso hay: los sectores que apuestan a la globalización, por rechazo a lo propio o por sus intereses, pueden contar con apoyos en algunas reparticiones oficiales o semioficiales cercanas a Washington D.C. o en sus embajadas; lo hemos visto hace pocos días en Bolivia, por ejemplo.

Pero eso es coyuntural; no pesa demasiado frente a intereses concretos. Los EE.UU. no olvidan, ni debemos hacerlo quienes nos interesamos en la política argentina, que en plena Guerra Fría, en 1980, cuando EE.UU. decidió un embargo limitado a las exportaciones a la URSS. por su invasión de Afganistán, una dictadura ferozmente anticomunista decidió seguirle vendiendo trigo.

El hecho es que las exportaciones argentinas son competitivas con las de los EE.UU., mucho más que las brasileñas, por lo menos hasta que nuestros vecinos también empezaran a exportar soja en gran escala. Este factor ha condicionado la política exterior argentina con cualquier gobierno, sobre todo a partir de 1930.

En concreto: Argentina debe esforzarse en mantener buenas relaciones con los EE.UU.; defender nuestros intereses, sin antiimperialismo verbal, «para la tribuna». Es el grandote del barrio, y también de la «gobernanza» internacional. Sin dejar de defender nuestros intereses, con mucha más firmeza que lo hicieron Menem y Macri.

Y también necesita mantener buenas relaciones con nuestro principal cliente, y significativo inversor, China. Sin permitir que se desarrolle una situación tan inclinada como la que mantuvimos con quien fue durante 100 años nuestro principal cliente, y significativo inversor, Inglaterra. En particular, no comprarle centrales nucleares ni tecnología de punta «llave en mano».

Si ¡Bolsonaro! entiende la necesidad de mantener buenas relaciones con EE.UU. y con China ¿es mucho esperar que lo entendamos los argentinos?

A. B. F.

El satélite extranjero número 26

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Hace dos días informamos en AgendAR de la Resolución 1854/2019: Macri autoriza otro proveedor satelital a 2 semanas de irse. Ahora, Daniel Arias detalla brevemente el asunto:

A pocas semanas de su probable disolución, la Secretaría de Modernización acaba de habilitar el satélite extranjero de telecomunicaciones número 26 de la gestión macrista. Es la misma presidencia que en 2016 canceló la construcción de los ARSAT 3, 4, 5, 6, 7 y 8, decidida por ley 27.208/15.

Con esa resolución, cuyo texto se adjunta aquí, Argentina volvió a ceder a cambio de nada su mercado propio de telecomunicaciones satelitales. Desde 2016, las beneficiadas en perjuicio del estado argentino, representado por ARSAT SA, son las siguientes multinacionales: Eutelsat, Hispasat, SES, Intelsat y Telesat o de sus subsidiarias en la región (Hispamar, Eutelsat Américas).

La introducción justificatoria de la resolución que acaba de habilitar el HISPASAT 74W-1 está escrita en el “leguleyés” impenetrable de práctica en estos casos. No obstante, se discierne que llama “brasileña” a Hispamar. Lectoras, lectores: esta no es una gauchada a Brasil, nuestro socio continental. Hispamar es tan brasileña como el toreo, las castañuelas y el cantejondo. El retintín ibérico del nombre se debe a que es una sucursal de Hispasat, empresa española cuyos funcionarios/socios integraron nutridamente el extinto Ministerio de Telecomunicaciones que dirigió Oscar Aguad. Desde Modernización, muestran ser buenos soldados del “rey querido”: siguen operando hasta el final.

Con este tipo de recursos administrativos de bajas calorías legales, Macri no sólo incumple 26 veces en 4 años una ley nacional. Logra irse dejando acorralada en una parte ínfima del mercado satelital argentino a la empresa nacional ARSAT SA. La cancelación de sus 6 satélites todavía en diseño dejó a firma nuclear y aeroespacial barilochense INVAP a punto de quebrar. Probablemente era el objetivo de máxima de esta movida: dos pájaros de un tiro.  Un pájaro sobrevivió gracias a un reactor nuclear que compró Holanda en 2018. ARSAT, en cambio, quedó bajo administración de Modernización, que la sostiene como la cuerda al ahorcado.

En 2014 y 2015, con sus satélites 1 y 2, ARSAT hizo de Argentina uno de los dos países americanos capaces de diseñar y operar estos aparatos monstruosos. No son satélites comunes de órbita baja. Son GEOs, más espacionaves que satélites. Tras “apearse” del cohete lanzador, que los deja a unos 2000 km. de altura, deben llegar autopropulsados a su posición fija sobre la vertical de un punto ecuatorial, a 35.876 km. de altura sobre la Tierra.

Allí “se anclan” con sus sistemas de “stationkeeping”, inmóviles como torres retransmisoras invisibles, en la zona más hostil y peligrosa de nuestro espacio orbital: el cinturón geoestacionario. Allí, resistiendo la agresión del “viento solar” y la de los complejos tirones gravitatorios del Sol y la Luna, deben durar 15 años. Y dando servicios las 24 horas.

El otro país del continente capaz de esta ingeniería es EEUU.

Daniel E. Arias

Nuevas / viejas ideas de negocios

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«Todo vuelve», dice un refrán argentino. Por ejemplo, las crisis económicas periódicas. Y, con ellas, también vuelven los negocios acoplados. Es el caso de las cuponeras y programas como los de «Tickets» para almuerzos y compras que proliferaron alrededor de la crisis del 2001. Ahora, de la mano de un largo bajón económico, vuelven a crecer los negocios que proponen empresas como CuponstarHR, ahora bautizados como «programas de beneficios corporativos».

«Nuestra empresa, dedicada a ofrecer cupones con descuentos para usuarios finales, nació en 2010, pero con un modelo de negocios que en Argentina no logró despegar. Asique tuvimos que reinventarnos y fuimos poniendo a punto esta opción similar, pero enfocada a las empresas que quieran darle beneficios extras a su personal», le resumió a F5 Agustín Perelman, cofundador de la compañía.

Según explicó Brian Klahr, Business Developer, «lo que hacemos, básicamente, es ofrecerle a los directivos de recursos humanos de las organizaciones una plataforma con beneficios, ya lista para que cualquier compañía pueda brindárselo a sus empleados: desde el cadete hasta el gerente».

Y para atraer el interés de los departamentos de RRHH, el producto que ofrecen viene con formato «llave en mano». «O sea, negociamos los beneficios, damos el soporte administrativo y hasta diseñamos el look and feel que cada cliente quiere darle. En definitiva, el responsable de RRHH de la compañía tiene todo resuelto: lo único que debe hacer es difundir la existencia de este programa para que el personal lo aproveche», agregó Perelman.

¿Quiénes lo usan? «Todo tipo de clientes, porque es algo que comienza a rendir beneficios palpables en cualquier organización de más de 50 personas, aunque también tenemos clientes con miles de empleados», dijo Klahr. Y les rinde a las compañía porque CuponstarHR cobra un fee «por cápita». Pero el equivalente en dinero que reciben los empleados de la empresa que aprovechan a fondo los beneficios supera en mucho lo que invierte mensualmente la compañía en el programa. «En definitiva, nuestro «club» les facilita aumentar el poder adquisitivo de los sueldos de los empleados de la empresa, pero sin elevar el monto total de la masa salarial», explicó Klahr.

Además, la extensión de estos planes de beneficios se ha convertido en un argumento para atraer, y conservar, talentos. «En las entrevistas de personal se mencionan, junto al sueldo, los beneficios disponibles. Y ahí entramos nosotros que ofrecemos alrededor de 1000 beneficios diferentes -desde supermercados hasta entretenimiento, pasando por descuentos en negocios de ropa, deportes, o cadenas de comida y otra decena de rubros, con prestadores en todo el país», ennumeró Perelman. Incluso son ítems que se analizan en los concursos sobre «Great Place to Work»

Mal no les va: como las empresas no logran aumentar los sueldos de sus empleados al ritmo de la inflación, mucha están optando por sumar esta panoplia de opciones. «Desde el año pasado la cantidad de compañías que contrató CuponstarHR se duplicó», se entusiasmó Klahr. «Crecimos casi 100% y terminaremos 2019 con 240 clientes y unas 500 mil personas usando nuestra plataforma de cupones. Y nuestro pronóstico para 2020 es crecer otro 100% y terminar con 500 clientes ofreciendo los beneficios de nuestros programas a sus empledos».

Educación Técnica, para una política de empleo

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La Confederación General Empresaria de la República Argentina (CGERA), la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires (CEPBA), la Unión Obrera Metalúrgica – Zárate Campana, la CGE Federal, GESTARA, y una serie de entidades empresarias, sindicales y sociales de distintas provincias, llevan adelante este martes 26 -entre las 9 y las 13 hs.- un Encuentro Nacional en la «Manzana de las Luces», Perú y Moreno, CABA.

El objetivo es mejorar la Educación Técnica Profesional, para la recuperación del trabajo y la producción que han sido devastadas, en especial en el nivel de las pequeñas y medianas empresas.

El criterio fundamental, plasmado en el documento sobre políticas de empleo preparado por la CEPBA, es «Toda política de empleo virtuoso y sustentable, debe estar basada en la producción, el desarrollo regional, el trabajo decente y la construcción de una sociedad justa y con futuro».

Lacalle Pou alcanzó la ventaja necesaria y será el próximo presidente de Uruguay

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En una situación calificada como inédita, la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Uruguay celebrada ayer domingo no arrojó un ganador definitivo.

Con el 100% de los votos escrutados, el candidato del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, con 1.168.019 votos, supera en apenas 1,4% al del oficialista Frente Amplio, Daniel Martínez, con 1.139.353.

La diferencia entre los candidatos es tan ajustada que la definición dependerá de los votos observados, según explicó la Corte Electoral.

Los votos observados son aquellos de las personas que no pudieron votar en las mesas que les correspondía, como por ejemplo los presidentes, secretarios y demás funcionarios de las mesas electorales que no pudieron acudir a su circuito habitual.

Si la cantidad de votos observados es prácticamente la misma o superior a los votos que separan a uno y otro candidato, como es el caso, la Corte Electoral no se considera capaz de anunciar un ganador, y se posterga la decisión hasta el recuento definitivo, jueves o viernes.

El presidente Tabaré Vázquez dijo que está preparado para enfrentar un periodo de transición: “No hay drama con alternar personas y partidos”.

Rafael Kohanoff, 94 años, a cargo de diseñar en el INTI ayudas para adultos mayores

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Rafael Kohanoff es fácil de encontrar. Todos los días pasa varias horas trabajando en su atiborrada oficina del parque tecnológico del INTI: mantiene reuniones con ingenieros electrónicos, técnicos en plástico o empresarios PyME. También viaja con frecuencia a visitar escuelas técnicas de las provincias, para hablar con profesores y alumnos. O para dar charlas y hacer preguntas en centros de jubilados. Nada fuera de lo común para un empleado estatal. Claro que lo particular de este ingeniero químico, que nació en 1925 en Santiago del Estero, es que a los 94 años es el encargado de concretar y difundir los diferentes proyectos que idean desde el Centro de Tecnologías para la Salud y Discapacidad (CTSD) que funciona en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

«La idea que nos guía es simple: diseñar soluciones adecuadas para cubrir las necesidades de personas con alguna discapacidad. Hay que pensar que alrededor del 11% de la población argentina tiene algún tipo de discapacidad, ya sea motriz, visual o cognitiva», contó Kohanoff. «Y muchas veces son cosas simples que no necesitan ni de electrónica sofisticada ni tienen un alto costo».

Justamente, una de las ideas más simples que popularizaron es algo que cualquier persona puede hacer en su casa: «se trata de un apoyo para que cuando alguien coloca su bastón contra una mesa éste no se «patine» y caiga al piso. Basta con unos centímetros de goma-eva y una tijera. Incluso se puede hacer usando un pedazo de goma de auto».

Claro, hacerlo no es el problema sino que la idea llegue a las miles de personas que usan bastón. Y como no es un gran negocio, es algo que no le interesa a las empresas. «Por eso pensamos que podrían hacerlo chicos de primer año de las secundarias técnicas, como parte de un trabajo práctico. Y así publicamos todos los instructivos necesarios en nuestra web, para que -inclusive- lo fabriquen los cuidadores domiciliarios de ancianos».

En ese mismo plano de tecnología simple pero adecuada pensaron la cartilla autoimprimible para ayudar a detectar problemas visuales. «Son afiches de diagnóstico que suelen estar en consultorios oftalmológicos. Pero allí concurren los que saben que tienen un problema de visión. Y muchas veces tardan años en llegar a la consulta. Esta cartilla con su instructivo puede ser usada por cualquiera, sin tener entrenamiento médico: una maestra o una mamá. Y, si detecta un problema, puede llevar al chico a un oftalmólogo en forma prematura».

Otros desarrollos tecnológicos consistieron en perfeccionar ideas simples: «recurriendo al velcro, alambres, caños de plástico, palos de escoba, platos de madera, un pedazo de goma-eva, tornillos e ingenio, diseñamos elementos que pueden ayudar a las personas de la tercera edad a tener una vida cotidiana autónoma». Así pusieron a punto dispositivos que facilitan a las personas con diferentes discapacidades el vestirse, prenderse los botones, colocarse medias y zapatos, levantarse de la cama o entrar y salir de un vehículo. Todas cosas que facilitan la vida cotidiana de los mayores, y también de sus cuidadores y familiares.

«Todo esto es clave ya que hace décadas que viene aumentando la expectativa de vida y cada vez más gente necesita llevar una vida autónoma el máximo tiempo posible», explicó Kohanoff. Y desde su Centro diseñadores textiles prepararon moldes para hacer camisas y pantalones que pueden ser usados por personas postradas, en silla de ruedas o con sondas urinarias y bolsas de colostomía.

«Son ocho dispositivos simples. Todos tienen los planos y especificaciones en la web, con instructivos completos, los materiales necesarios y como fabricarlos.

Complejidad. Claro que también desarrollaron tecnologías más complejas. Un ejemplo de los productos salido del trabajo de los equipos técnicos de este Centro es un dispositivo diseñado para hacer rehabilitación neurológica, pensado para aquellas personas que tienen que realizar ejercicios físicos en forma sistemática para recuperarse, por ejemplo, tras haber sufrido un ACV. «Con la suma del trabajo de expertos de diferentes centros del INTI, pusimos a punto un prototipo de un equipo de rehabilitación sofisticado. Ahora está siendo homologado. Pero lo importantes es que podrá ser utilizado por cualquier centro médico ya que ofrece todas las funciones básicas la rehabilitación». Lo interesante, destacó Kohanoff, es que fabricarlo nos cuesta alrededor de US$ 20 mil. Y sirve para reemplazar equipos importados, con tienen prestaciones similares, pero que cuestan unos 500 mil euros».

En esa línea, Mario Aguilar, ingeniero electrónico del equipo de desarrollo del CTSD, explicó que hicieron otro aporte a la rehabilitación con equipos dedicados al «analisis» de la marcha que permite mejorar estos tratamiento. «Los que se consiguen importados usan sofisticadas cámaras digitales y un software especial. Y su precio no baja de los US$ 60 mil. El que diseñamos nosotros es equivalente, pero como usa cámaras web comunes y desarrollamos nuestros propio software, el costo del prototipo no supera los $ 25 mil».

Exoesqueleto para rehabilitación
Uno de los problemas de salud más comunes que deben resolver los expertos en rehabilitación es mejorar la calidad de vida de personas que sufren patologías neurológicas que afectan las movilidad de rodillas y tobillos. «Cuando supimos de esa problemática, hace ya un lustro, junto a expertos de otros países, se armó la Red Iberoamericana de Exoesqueletos Robotizados de Bajo Costo. Expertos en robótica de esta red pusieron a punto varios prototipos. Están pensados como una herramienta de tratamiento para ser utilizados en las clínicas de rehabilitación de manera de asistir y reeducar la marcha de los pacientes que sufren este tipo de problemas».
Pero estos exoesqueletos robotizados tienen la posibilidad de ser mejorados y también poder ser empleados en cuidados de salud de pacientes con otras patologías: «por ejemplo, personas que padecieron poliomelitis o botulismo. Y algunos de estos prototipos de exoesqueletos serán evaluados y homologados en forma conjunta por expertos del INTI y médicos especialistas en rehabilitación del hospital Nestor Lencinas, en Mendoza antes de que termine el 2019», contó Kohanoff.

Cifras:

  • Entre el 11 y el 15 % de la población argentina padece alguna discapacidad.
  • Se calcula que hay cerca de 5 millones de personas discapacitadas.
  • De esa cifra, las discapacidades motrices rondan el 50 %.
  • Los problemas visuales son el 20 %.
  • Los déficit auditivos son el 20 %.
  • El resto son discapacidades cognitivas.