El patriarcado está vivo, y lo invitan a Davos

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En estos días en que los medios se hacen eco de la presencia y la afirmación de la mujer en todas partes, que nos informan de un feminismo rampante, y que se han puesto de moda los términos «empoderamiento» y «Me too», nos llamó la atención saber que este año, en el Foro Económico de Davos, donde se muestran el poder económico y el poder político -y sus expertos en relaciones públicas-, las mujeres son solamente el 22% de los asistentes.

Nos pareció interesante reproducir esta nota de opinión de Silvia Fesquet. Tal vez, demasiado optimista, pensamos.

«Cuentan que cuando en el Foro Económico Mundial de Davos el ex vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, estrechó la mano del marido de Ann Cairns, estaba convencido de que el hombre era el ejecutivo con quien debía reunirse. Sin embargo, la vice-chairman de servicios financieros de Mastercard era la propia Cairns; el señor estaba en el encuentro en calidad de esposo.

Ante la BBC, que lo registró, ella dijo que, mientras observaba la escena, pensaba: “Soy yo. Yo soy la persona a la que usted vino a ver”. Y, reconocía que, de la mano de los prejuicios, se trataba de un error fácil de cometer: alto e imponente, su esposo, un profesor de geografía jubilado, transmite la imagen que los convencionalismos atribuyen a un líder. Como bien concluye la autora de la nota, además de medir 1,63 metros, Cairns es mujer.

A Barri Rafferty, ejecutiva jefa de la firma internacional de relaciones públicas Ketchum, le pasó otro tanto: fueron muchas las veces, a lo largo del Foro, en que debió aclarar que no estaba allí como acompañante sino como participante. Y comentaba su sorpresa por tener que dar peleas que, suponía, habían terminado con la generación de su madre.

Algunas cifras ratifican la vigencia de ese statu quo: sólo el 22% de los asistentes este año a Davos, reunión cumbre de las finanzas y la política mundial, son mujeres, superando en apenas 2% la marca registrada dos años atrás. Y eso a pesar de un sistema de cupo, para las grandes empresas, que obliga a que uno de cada cuatro asistentes sea mujer. Hay sin embargo algunos datos auspiciosos: del centenar de participantes menores de 40 considerados “jóvenes líderes globales” invitados cada año, en esta edición del Foro cerca de la mitad eran mujeres.

Según el último informe del Foro Económico Mundial, presentado el mes pasado, se necesitarán 108 años para cerrar la brecha de género en general, y 202 para alcanzar la paridad salarial en la fuerza de trabajo. De los 149 países relevados, Argentina quedó en el puesto 36, y cayó dos lugares respecto de la edición anterior, con desmejora en los subíndices de educación. Se aclara que ostenta “un ligero aumento en la paridad de género en los ingresos laborales estimados y en los legisladores, altos funcionarios y administradores”.

Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial, resumió: “Las economías que triunfarán en la cuarta revolución industrial serán aquellas que estén mejor capacitadas para apalancar todo el talento disponible. Las medidas proactivas que favorecen la paridad de género y la inclusión social y que abordan los desequilibrios históricos son esenciales para la salud de la economía mundial y por el bien de la sociedad en general”.

​Más allá de la justicia de los reclamos de igualdad -de oportunidades, de acceso, de condiciones, de remuneración- que se hicieron escuchar con más fuerza a partir del #MeToo el año pasado, hay resultados económicos que se están poniendo sobre la mesa.

En el blog del FMI, su titular, Christine Lagarde se refirió tiempo atrás a una investigación llevada a cabo por el organismo sobre 2 millones de empresas en 34 países de Europa. “Muestra -escribió- que cuanto mayor es el número de mujeres que ocupan puestos de alta dirección y en los consejos directivos de las empresas, más rentables son las empresas. Cada mujer adicional en un puesto directivo o en un consejo directivo trae consigo un aumento de 8 a 13 puntos básicos en el rendimiento de los activos”.

Y agregaba: “La relación positiva entre la presencia de más mujeres en niveles superiores de la escala corporativa y la rentabilidad de las empresas es más pronunciada en sectores en que las mujeres representan una mayor proporción de la fuerza laboral, lo que destaca la importancia de reducir la brecha de género entre la alta dirección y la fuerza laboral general”.

Por conciencia o por resultados, dicen que no hay nada más incontenible que una idea a la que le ha llegado la hora».

Según Soros: «China es el enemigo más peligroso de las sociedades abiertas»

George Soros no es, por cierto, el único multimillonario en el planeta que usa su gigantesca fortuna para impulsar causas y organizaciones. Pero es probablemente quien ha sido más consistente en sus apoyos por un tiempo más largo, y eso lo ha hecho, sin duda, el más conocido. Y el más maldecido por un mayor número de gobiernos y partidos.

También influye su historia personal, que daría el argumento para una serie de Netflix (tal vez la productora rusa, cercana a Putin, que hizo la interesante Trotsky, se decida a encararla?): un magnate que ya ha cumplido 88 años, judío de origen húngaro, que sobrevivió a la ocupación nazi falsificando sus documentos de identidad y que ganó mil millones de dólares en 1992 apostando contra la libra británica… El personaje ideal, vamos.

Desde entonces, ha apoyado con donaciones muy importantes a una gran variedad de causas «liberales», en el sentido que esa expresión tiene en los EE.UU.: promoción de la democracia representativa y de los derechos humanos, en el marco del capitalismo occidental.

Ha estado muy activo, desde la caída de la URSS, en el apoyo a los partidos democráticos y pro occidentales, en particular en Europa Oriental. Y los partidos nacionalistas que han surgido allí, en especial el que gobierna Hungría, lo cuestionan con dureza, hasta con algún matiz que recuerda el antiguo antisemitismo. Curiosamente, también lo ha hecho en Israel el hijo de Netanhayu, por algún apoyo de Soros a ciertos reclamos palestinos.

Tal vez el dato más importante: es un importante donante del Partido Demócrata. Apoyó decididamente la candidatura de Hillary Clinton, tres años atrás.

Todo esto hace que merezca la pena tomar en cuenta esta noticia de la BBC, que entre nosotros también reprodujo La Nación:

George Soros utilizó esta vez su discurso anual en el Foro Económico Mundial, en Davos, para lanzar ataques muy duros contra China y contra su presidente Xi Jinping. En el plano interno, advirtió que el gobierno chino podría usar su desarrollo de la inteligencia artificial y del aprendizaje automático para consolidar el control totalitario en el país. Este escenario, dijo, presenta un «peligro sin precedentes».

Pero también señaló a China como un peligro global. «China no es el único régimen autoritario en el mundo, pero es el más rico, el más fuerte y el más avanzado tecnológicamente. Esto convierte a Xi Jinping en el oponente más peligroso de las sociedades abiertas».

Soros instó a Washington a tomar medidas contundentes contra empresas de tecnología chinas como Huawei y ZTE, porque -dijo- «representan un riesgo de seguridad inaceptable para el resto del mundo».

Hasta se despachó contra el gran proyecto chino de la «nueva Ruta de la Seda», con el que Beijing financia enlaces por carretera, ferrocarril y mar en gran parte del mundo para impulsar el comercio internacional. Afirma que este plan «fue diseñado para promover los intereses de China, no los intereses de los países receptores». Aseguró que China concedió préstamos, no subvenciones, a los países que forman parte del proyecto afirmando también que «frecuentemente los funcionarios extranjeros recibieron sobornos para aceptar los préstamos».

Soros casi todos los años emplea su invitación permanente a Davos para cuestionar las cosas que rechaza o le preocupan. También habló, sin nombrarlos, de otros regímenes autoritarios, en lo que algunos vieron su preocupación por la Rusia de Vladimir Putin. Y el año pasado, Soros usó su discurso para atacar a gigantes tecnológicos como Facebook porque considera que tienen un efecto perjudicial para los sistemas democráticos.

Pero en este delicado momento de las relaciones entre EE.UU. y China, es difícil creer que un hombre del poder y las conexiones de Soros dé rienda suelta a inquietudes teóricas.

También la Sociedad Rural cuestiona al gobierno

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Daniel Pelegrina, presidente de la Sociedad Rural Argentina pronunció en Junín de los Andes un discurso muy duro hacia la política oficial: “No necesitamos que nos protejan o nos subsidien; basta con que nos dejen hacer lo que mejor sabemos hacer: que es trabajar y producir. 2018 será amargamente recordado porque perdimos el Ministerio que representa al sector motor del país y por la vuelta de los derechos de exportación. Nos trajo decepción retroceder con mecanismos que sinceramente creíamos largamente superados y que hoy, están causando muchos perjuicios en nuestras economías regionales y en otras actividades”.

Hay que tener presente que la S.R.A. es la más poderosa de las entidades que representan a los productores agrarios, y que hasta hace poco elogiaba al gobierno de Macri. También, que su ex presidente Luis Miguel Etchevehere fue ministro y ahora es secretario de Agroindustria.

Lo cierto es que, pese a que es uno de los pocos sectores que muestra indicadores positivos en medio de esta recesión, Pelegrina pide a los funcionarios que “se pongan a la altura”.

Pelegrina exhibió como ejemplo lo que sucede con la fruticultura y la viticultura “con retenciones del 12% o cuatro pesos por dólar y reintegros reducidos la mitad, le va a ser difícil despegar de la gran crisis que viene arrastrando desde hace más de 6 años”.

Admitió que las exportaciones de peras y manzanas mejoraron durante 2018 un 15% en valor, alcanzando US$ 380 millones, pero “todavía estamos lejos de los 580 millones de dólares que supimos exportar hace 6 años. Y el estancamiento de años no significa solo oportunidades de exportación perdidas: es destrucción de empleo, pobreza, marginalidad, emigración, desarraigo, abandono escolar, destrucción de la cultura del trabajo”.

También se refirió a las tasas de interés (como todos los empresarios): “Hace falta mucha inversión para revertir la crítica situación de deterioro de una economía devastada. Y eso será imposible con las actuales tasas de interés por las nubes, sumado a la asfixiante carga fiscal, que para el caso de la fruta de exportación se multiplicó por tres”.

Así, solicitó que se analice disminuir la carga tributaria ya sea por la eliminación de los derechos de exportación o por otros mecanismos que “puedan garantizar el marco adecuado para que la fruticultura y la viticultura de la región comiencen a revertir su crítica situación”.

Exhortó: “Que las autoridades locales y nacionales estén a la altura de las circunstancias, no solo hoy cuando el agua aún cubre los campos y poblaciones, sino también cuando discurra y deje al descubierto sus terribles secuelas».

Vuelve el «carry trade»: 50 mil millones en Lecaps

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«Carry trade», por si queda algún afortunado que no tuvo que preocuparse por tasas y devaluaciones en los últimos meses, se refiere a los especuladores -locales o extranjeros- que apuestan a que lo que ganan con los altos intereses de los bonos argentinos compensa el riesgo de una devaluación.

En términos clásicos de las bolsas, cuando la codicia le gana al miedo.

Ayer tuvimos un ejemplo muy claro: el Ministerio de Hacienda emitió Letras del Tesoro capitalizables (Lecap) en pesos a una tasa nominal del 40% anual, por un total de $ 50.000 millones. Consiguió así los fondos necesarios para cancelar compromisos por ese mismo importe, que vence el 31 de enero. Una colocación del mismo bono realizada en septiembre pasado. Endeudarse para pagar deudas, bah.

Es la tercera renovación del 100% al hilo en lo que va del año por parte del gobierno. Esto confirma que los especuladores apuestan que el «veranito» financiero -la tranquilidad en el precio del dólar- se prolongará al menos hasta mayo. ¿Acertarán?

Está en riesgo el CAREM, el 1° reactor nuclear de diseño argentino

Techint, el mayor holding industrial de la Argentina, advirtió que abandonaría el proyecto de construcción del reactor CAREM 25, que lleva adelante en la planta de Zárate, si el Gobierno no actualiza los precios de los certificados de obra.

La cuestión se origina en que los precios fueron establecidos al inicio de las tareas en 2017. De acuerdo a fuentes de la empresa, no volvieron a ser actualizados a pesar de la evolución de la inflación y del incremento de los costos de la construcción.

Esto pone en peligro el liderazgo mundial argentino en SMRs (Small Modular Reactors), centrales nucleoeléctricas pequeñas integradas por módulos independientes de suministro de calor. La potencia final de una SMR la determina el número de subunidades que abastecen de potencia a la turbina generadora de electricidad. Existen SMRs rusas y chinas en servicio, pero el CAREM es la única planta relativamente convencional con diseño compacto y seguridad inherente. Lo primero permite la fabricación en serie de los módulos, como si se tratara de camiones, y su traslado a obra en trenes y camiones para su montaje.

La seguridad inherente depende más de sistemas pasivos (que no necesitan de energía) para el control de emergencias, y el resultado es un aparato mucho más seguro que los actuales ante derretimientos de núcleo, pero paradójicamente también más barato. El CAREM es el más seguro y casi convencional de los SMRs actualmente en construcción en el mundo, ya que usa uranio levemente enriquecido y agua liviana presurizada, como la mayor parte de las alrededor de 450 plantas nucleoeléctricas operativas en el planeta a fecha de hoy. Pero es mucho más sencillo y robusto que las mismas.

Si el CAREM accede a la fabricación en masa, quizás logre ser la más barata de las plantas nucleares, medida por potencia instalada. Pero corre contra diseños como el NuScale estadounidense o el SMART coreanos (copiados del CAREM), libres de todo problema de financiación y de reyertas o aprietes entre estado y contratistas.

De hecho, con obra iniciada en 2011, incluso teniendo en cuenta los atrasos inherentes a las dificultades inevitables en un prototipo, el CAREM debería haberse terminado en 2018 y hoy debería estar poniéndose «crítico», es decir en marcha. La obra tuvo retrasos «por cambio de titularidad» del proyecto, y empezó a acumular otros mucho más significativos por la desfinanciación del sector nuclear desde 2016. Ya no es imposible que NuScale inaugure primero.

Fuera de liderar un nicho enteramente nuevo del mercado energético mundial, en el aquí y el ahora están en juego los puestos de más de 350 trabajadores en las obras civiles, lo que ha motivado que UOCRA apoye, con la presión gremial, el reclamo. En el variopinto conjunto de gremios y cámaras industriales ligados al área atómica, y ante los insólitos retrocesos sufridos por el Programa Nuclear Argentino desde 2016, se empieza a juntar presión a favor de medidas de movilización y fuerza conjuntas; donde patronales y gremios por una vez se alinearían, porque en el cuadro actual están amenazados todos.

Efectivamente, desde 2016 se atrasaron proyectos «de bandera» como el reactor RA-10 del Centro Atómico Ezeiza y se cajonearon las centrales nucleares Atucha III CANDÚ y Hualong I, obras de 5 años de duración cada una que sumaban 1920 MW eléctricos en la zona de mayor consumo. Estas dos obras y la retubación de Embalse, en Córdoba, alcanzarían para aliviar la demanda de electricidad de base en las provincias más pobladas e industriales de Argentina. Para el argentino de a pie, menos apagones y menos tarifazos.

El abandono de estas dos centrales empezó con 600 despidos de contratados para preparar el terreno de Atucha III, sigue hoy con los retiros «voluntarios» de 450 expertos en la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) de Neuquén, una obra de U$ 1000 millones que se transformará en chatarra. Pero desde mayo y luego desde noviembre de 2018, la sucesiva cancelación de las dos centrales determinó la no contratación de al menos 10.000 personas para la fabricación de componentes, montaje y obra civil por parte de más de un centenar de empresas argentinas metalúrgicas y metalmecánicas, de ingeniería y construcción. Muchas de estas empresas, que van desde medianas hasta gigantes, ya se habían equipado desde 2014 y 2015 del personal y de los ingenieros nucleares para ambas obras. Ahora están despidiendo gente y cerrando sus departamentos o secciones nucleares.

Las dos centrales abandonadas, Atucha III CANDÚ y la Hualong-1, tenían participación masiva de la industria argentina, financiación china del 75% y se pagaban en en 20 años pero con 8 «de gracia» iniciales: no generaban deuda. Las pagaba la venta de su electricidad al año 28 de su puesta en marcha, y generaban ganancia pura 32 años más, dada su vida útil planificada de 60 años. Su discontinuación dejó sin obras a más de 140 empresas argentinas metalúrgicas, electro y metalmecánicas, de ingeniería y de montajes, sumando las que completaron Atucha II en Lima, provincia de Buenos Aires, y las que «retubaron» Embalse, en Córdoba.

El CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares), mencionado muchas veces en AgendAR, es un proyecto de reactor nuclear de baja potencia (25 megavatios) pero escalable a 100, 200, 300 y hasta 400 MW aumentando el número y tamaño de los módulos SSS (Steam Generation System), que generan calor y vapor.

La idea del CAREM es original de la CNEA y data de 1984, pero como en aquella década «La Comisión» no tenía un centavo y de haberlo tenido lo hubiera puesto en terminar Atucha II, entre 1985 y 2006 este idea huérfana fue «criada» con el desarrollo, componente a componente, por la estatal rionegrina INVAP, que invirtió en ella cada dólar disponible de los que conseguía exportando sus reactores de investigación.

El CAREM regresó a la CNEA aquel 2006 en que resucitó en bloque el Programa Nuclear Argentino. Lo hizo a lo grande, como «de proyecto bandera y para exportación» de la CNEA, y no sin chirridos por parte de INVAP, que había apostado a ese caballo su futuro como empresa.

No era una consideración errónea. La industria nuclear mundial considera desde fines del siglo pasado que el segmento de este tipo de centralitas compactas, modulares y de seguridad inherente será su nicho de mercado de mayor crecimiento en el siglo XXI. En vista de ello, la CNEA consideró que este proyecto le servía para reagrupar sus fuerzas y creó una gerencia «ad hoc» para el CAREM, diseño al que le añadió faltantes en ingeniería de detalle y montaje. El resultado fue sin duda un mejor CAREM, pero también que éste siguiera unos años más en un limbo de rediseños y planillas de cálculo, en lugar de una obra real.

Pero en 2016 el Programa Nuclear Argentino ingresó nuevamente a zona de peligro. Después de la cancelación de Atucha III, la Hualong-1, la paralización y deterioro de la PIAP y los atrasos en el RA-10, el CAREM es el último proyecto importante en pie, y la única propuesta competitiva nacional en centrales de potencia, especialmente en el segmento de los SMRs, reactores nucleares pequeños, el de mayor futuro internacional.

De acuerdo a las especificaciones técnicas, puede proveer de energía a pueblos y ciudades de hasta 120.000 habitantes. Por su ingeniería, está totalmente dedicado a la producción eléctrica. Esto a veces genera confusiones, pero una planta nucleoeléctrica chica (en este caso 25 MW eléctricos (y alrededor de 100 térmicos) NO puede utilizarse para irradiar radioisótopos médicos e industriales, como el RA-10 de Ezeiza, de 30 MW térmicos. La ingeniería es totalmente distinta. Una planta nucleoeléctrica suministra vapor para fabricar electricidad. Una planta de irradiación multipropósito suministra neutrones, que se usan para fabricar radiofármacos, obtener nuevos materiales electrónicos, experimentar con combustibles nucleares novedosos y formar nuevos expertos en física, ingeniería, radioquímica y ciencia de materiales.

En estos momentos el competidor más acérrimo del CAREM es el NuScale estadounidense, pero una revista rápida de los SMRs actualmente en estudio o desarrollo en el mundo muestra decenas de otros proyectos que le podrían hacer sombra, de los cuales 3 al menos son copias yanquis y coreanas del CAREM. KAERI de Corea y Hitachi de Japón trataron antes de comprar «por derecha» el proyecto, pero la CNEA consideró (creemos que correctamente) que era mejor ser dueña única, porque lo que se ofrecían eran «asociaciones del elefante con la hormiga», y nos tocaba el rol de hormiga.

Con parte del mundo nuclear copiando el CAREM y otra parte haciendo diseños mucho más audaces y novedosos (lo que es una desventaja, en un ambiente tecnológicamente cauteloso y conservador como el atómico), la ventaja residual del proyecto argentino ha sido que desde 2011 es el único en obra. Pero los atrasos sumados desde 2016 están acortando la distancia con demasiados competidores, demasiado más ricos, demasiado más determinados y demasiado bancados por gobiernos que la tienen demasiado más clara.

La primera etapa del proyecto del CAREM comenzó bajo el gobierno anterior, en 2011, con la autoridad técnica de la gerencia CAREM de la CNEA, la dirección de obra de la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA). En 2017, tras haber retrasado un año todo el Programa Nuclear Argentino para auditorías que en 2018 desembocaron en cancelaciones de obra, la administración de Mauricio Macri licitó y adjudicó a Techint la segunda etapa de las obras civiles. En 2017 fue un contrato por 1148 millones de pesos, generoso para el valor dólar del momento.

Las otras empresas que participan en la obra son la alemana Siemens como proveedora de la turbina generadora. IMPSA sin duda es la contratista principal: está fabricando el recipiente de presión anillado por 12 generadores de vapor internos al mismo, el «ícono» del CAREM desde 1984, pero entró en quiebra. Tecna participa en ingeniería y desarrollo de equipos, y CONUAR, una sociedad entre la CNEA y el grupo Perez Companc, fabrica los elementos combustibles. En este caso, también un corset de acero que enmalla el recipiente de presión dentro del edificio de contención.

INVAP, dueña hasta 2006 del 100% del diseño y desarrollo de componentes, participa en el rol de huésped de una casa que fue enteramente suya, y que hoy en los hechos dirigen personas intelectualmente ajenas y económica o políticamente adversas al desarrollo nuclear argentino, los mundillos «Oil & Gas» criollo y los sectores más pro EEUU de la Cancillería, a través de ese nuevo actor, la Subsecretaría de Energía Nuclear.

Se calcula que hasta ahora el proyecto está en una fase de avance del 50 por ciento y demandó una inversión de 380 millones de dólares, cifra que irá subiendo -como ya pasó con otros emprendimientos nucleares bajo administración de gobiernos hostiles- a medida que los atrasos de obra se acumulen o que la misma se pare. El anuncio de Techint podría ser el ingreso a la etapa «stop and go» que retrasó 27 años (hasta 2014) la inaguración de Atucha II, prevista para 1987 cuando aquella obra arrancó a todo trapo en 1981. En Argentina y tratándose de átomos, el «stop and go» tiene mucho de stop y décadas de cero «go».

Y aún si este problema con Techint se soluciona, el CAREM no estárá terminado antes del 2022. Nuevamente, si se hubieran mantenido las expectativas iniciales de 2011 con el «cash flow» planificado entonces, NuScale y la empresa de ingeniería que lo banca en la lejana Idaho, Fluor, o KAERI en Corea del Sur, estarían buscando algún modo de asociarse al CAREM. El que primerea, domina al menos un tiempo.

Hoy Fluor y KAERI empiezan a pensar seriamente en ganarle al CAREM el mercado mundial de los SMRs compactos, refrigerados por agua y de seguridad inherente. A diferencia del mercado de los reactores de investigación, dominado hoy por INVAP y en el que se mueven a lo sumo miles de millones de dólares por década, el de las centrales de potencia piensa más bien en billones (millones de millones), y está acercándose a su momento de «Big Bang».

El que inaugure primero, liderará el pelotón de punta durante varias vueltas. Alguien se está encargando de que la Argentina pierda su «pole position» en la grilla de partida.

15 mil empresas, en su gran mayoría pymes, desaparecieron en un año

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Alrededor de 15.000 empresas que se caen en un año es un número que hace reflexionar, sobre todo si se tiene en cuenta que el registro incluye hasta julio del año pasado, antes de los meses más duros de la recesión.

Pero hay otro número que deja pensativo: las empresas en actividad en nuestro país son más de 800.000, si se cuentan todos los aportantes de la ANSES registrados como tales, desde una gran cadena de supermercados con 20.000 empleados, o una automotriz con 5.000 operarios, hasta emprendimientos unipersonales, como sería un kiosco (registrado) o cualquier comercio chico. ¿Argentina, un país de empresarios?

Nos parece interesante reproducir este relevamiento de la consultora Claves, a partir de los datos de la ANSES:

El total de empresas registradas bajó entre julio de 2017 y julio de 2018 de 829.501 a 814.906. Todo indica que en los meses siguientes la cuenta seguirá dando hacia abajo, sobre todo en renglones sensibles al consumo como actividad manufacturera, comercio y construcción.

“Los que más se cayeron son los emprendimientos sin empleados, empresas que habitualmente están registradas a nombre de una sola persona ,que se dieron de baja,”, señaló Nelson Pérez Alonso. titular de Claves. El renglón de “empresas sin empleados”, donde confluyen desde personas físicas como monotributistas hasta firmas que no hacen aportes de empleados a la Anses, se redujo en 25.275 a lo largo de un año, contra un incremento de 10.680 nuevas empresas con al menos un empleado.

El relevamiento de la consultora abarca un período en el cual la actividad económica todavía daba hacia arriba y los efectos de la la corrida cambiaria comenzada en abril-mayo no se reflejaban con la crudeza de fines del año pasado. Aun así, la suma de indicadores ya daba negativa, según la estadística recopilada por Claves.

“Los sectores que más sufrieron fueron la actividad manufacturera y la agropecuaria”, agregó Pérez Alonso. “En sentido contrario, se crearon más empresas vinculadas a la construcción, a tono con lo que fue la actividad de ese sector”.

Para el período que sigue, el segundo semestre de 2018 y los primeros meses de este año, el panorama pinta aún menos alentador, según estimó Javier Cao, responsable de Equipo Sectorial de la consultora Abeceb. “Lo que vamos a observar que prácticamente todas las actividades económicas van a tener un peor desempeño, sobre todo en la industria, el comercio y la construcción”.

Para el economista de Abeceb, la excepción a la regla durante estos meses pasará a ser el campo. por lo menos los que no hayan sido golpeados por las inundaciones. “Mientras un año atrás la cosecha cayó un 20% a causa de la sequía, para este año se espera un buen desempeño de este sector”.

El gobierno nacional se endeuda con la ANSES en 10 mil millones de pesos

La ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social) adquirió una Letra del Tesoro en pesos por $10.000 millones a un plazo de seis meses. Parte del monto viene de una renovación de una letra anterior, con vencimiento el 28 de enero. De esa emisión, aún restaban $6000 millones. Se sumaron fondos adicionales por $4000 millones para la esta colocación.

Según la resolución 6/2019 de las secretarías de Finanzas y Hacienda, la Anses suscribirá de forma directa una Letra del Tesoro en pesos a 182 días. Los título vencen el 29 de julio de este año, y pagan una tasa variable según «el promedio aritmético simple de las tasas nominales anuales de las Lecaps».

Estos montos de la ANSES se originan en fondos del blanqueo y del impuesto al cheque, que a partir de enero de 2018 se destina al organismo previsional. «El dinero no se puede tener líquido y tampoco en instrumentos con vencimientos poco laxos. Estas letras son la mejor opción dentro del menú de posibilidades porque pagan buena tasa y son precancelables», justificaron en el organismo que conduce Emilio Basavilbaso.

También se puede decir que son vulnerables a una devaluación importante, pero el gobierno no quiere pensar en esa posibilidad.

Advierten de una moda peligrosa de adolescentes argentinos: «vapear»

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En los últimos tiempos, es frecuente encontrar, al menos en Buenos Aires, a fumadores empedernidos que -tras intentos frustrados de abandonar el hábito- recurren, por consejo de algún otro, al «cigarrillo electrónico». Vapean.

Ahora, un artículo en Perfil denuncia que se han convertido en una moda entre los adolescentes: «Son el último «chiche tech». Cigarrillos electrónicos, vapeadores y sus versiones de última generación –pod mods y el tabaco sin combustión– se publicitan y venden como una opción más saludable o una alternativa para dejar de fumar.

Sin embargo -afirma la nota- no hay evidencia científica que dé cuenta de su inocuidad ni de su eficacia para abandonar el tabaco. Y hay especialistas en salud que advierten que “se están utilizando para captar a nuevos potenciales fumadores entre los adolescentes, que muchas veces los consumen sin saber que contienen nicotina”.

Aparentemente, es lo que ocurre en Estados Unidos, donde el uso de cigarrillos electrónicos está alcanzando niveles de «epidemia». El uso de vaporizadores aumentó un 78% en los estudiantes de secundaria y un 48% en los de escuela intermedia (entre 11 y 13 años), según la Encuesta Nacional de Tabaco. “No permitiré que una generación de niños se vuelva adicta a la nicotina a través de los cigarrillos electrónicos”, dijo el titular de la FDA, Scott Gottlieb, al anunciar una serie de medidas.

En la Argentina, desde 2011, por disposición de la Agencia Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), la importación, venta, comercialización y publicidad del cigarrillo electrónico y sus accesorios están prohibidas. Dicha disposición fue ratificada en 2016 .Sin embargo, la oferta de vaporizadores prolifera por Internet y hasta se vende en muchos locales,como gimnasios».

Venezuela: el rentismo petrolero

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Publicamos este fragmento de un trabajo sobre un tema fundamental de la economía venezolana, por tres motivos: 1) porque es lúcido e informado; 2) porque su autor -Franco Vielma- lo escribió en «Misión Verdad», es decir, desde una estructura chavista, uno de los lados de la amarga división que enfrenta a los venezolanos, lo que no le impidió tener una mirada crítica y realista sobre un problema clave y permanente, y 3) porque nos dice algo sobre nuestros problemas estructurales. No tan agudos como los de ese país petrolero, pero que tampoco están tan lejanos.

«Oscar Battaglini en su libro Betancourismo, 1945-1948: rentismo petrolero, populismo y golpe de Estado develó que el modelo rentista no estuvo modulado exclusivamente desde la economía. También hubo un ingrediente político, inspirado por una clase empresarial aspirante alineada en el golpe de Estado adeco contra Rómulo Gallegos y que se estaba perfilando alrededor de las mieles que el rentismo perpetuaría para una élite construida alrededor de ella.

Eran tiempos aquellos en los que los séquitos alrededor de la renta emprendían una disputa, pues ocurría en simultáneo el desmembramiento de la estructura económica que precedió al siglo petrolero, el cual fenece ante el frenesí de los petrodólares. Testigo de excepción de esta época fue Domingo Alberto Rangel (padre), quien vio el preludio del ciclo adeco señalando que «Venezuela padeció una borrachera de plaza pública… Jamás se ha hecho tanta demagogia en la historia nacional…».

El rentismo petrolero a ultranza sobrevino desde ese período. Quizás algunas de las consideraciones más desoídas vienen planteadas desde los años 60 y venían de la mano del mismo Domingo Alberto Rangel, quien caracterizó la evolución del «capitalismo rentista petrolero» como una entidad en permanente «metástasis», asumiéndolo como un entramado de relaciones económicas condensadas alrededor de la «transferencia de capital generado por la renta» a factores específicos de la economía privada, generando con ello una fuerte relación de dependencia.

El problema de la renta en Venezuela, señalado por Bernard Mommer en su libro Petróleo, renta del suelo e historia venía desde la segunda mitad del siglo XX, en una vorágine expansiva aupada por los beneficios del desarrollo y la expansión de la industria petrolera venezolana desde ese período, viniendo a transformar las relaciones sociales, culturales y políticas en el país alrededor de este recurso.

Estos factores, ampliamente conocidos por el país, han consistido en la configuración de un modelo de «riqueza expedita», instantánea, generada por la conjunción de relaciones no asociados al trabajo, ni al desarrollo del potencial tecnológico, ni tampoco asociadas a la acumulación del conocimiento. La lucrativa industria extractiva claramente transnacionalizada y dependiente relegó al país no solo a la perpetuidad de «factoría petrolera», sino que además abrió paso a que se inhibieran y debilitaran todas las estructuras alternativas al petróleo y las que existieron hasta el fin del ciclo de la Venezuela agroexportadora, que vio su ocaso a mediados del siglo pasado.

El reconocimiento de estas realidades no viene señalado por Hugo Chávez ni es descubierto por Nicolás Maduro. La realidad venezolana actual viene precedida por monumentales fracasos en el intento de revertir las estructuras consolidadas alrededor de la dependencia petrolera.

Ejemplos emblemáticos fueron la política del «Gran Viraje», acompasado a la creación de las empresas básicas de Guayana como una fórmula para sustituir un modelo extractivo por otro. El VIII Plan de la Nación propuesto durante el ciclo adeco-copeyano venezolano supuso también la colocación del potencial del país en un esfuerzo para aupar mecanismos sustitutivos de la dependencia de la renta, tiempos en los que el Ministerio de Fomento (hoy extinto) colocó ingentes recursos generados por la renta a factores privados para favorecer alternativas orientadas a la sustitución de importaciones y diversificación de las exportaciones venezolanas, terminando en fracaso.

Otro intento de ciclo regresivo del rentismo fue el de la «Agenda Venezuela» del segundo gobierno de Rafael Caldera. Este vino al unísono de la entrada a Venezuela del neoliberalismo a ultranza que afinaba la política regional. Más bien consistió en una regresión de la (chucuta) nacionalización petrolera de los años 70, generando una pérdida enorme de la soberanía y vino a agudizar profundos estragos sociales.

Un factor relacionado con estas experiencias ha sido la posición del sector privado en esas instancias. El vínculo entre el gran capital privado y el Estado se efectuó gracias al cordón umbilical de la renta y la transferencia (por diversos mecanismos) de la riqueza captada o generada por el Estado. Una permanente relación de «ganar-ganar» (favorable al sector privado) que ha tenido ciclos.

La política cambiaria y monetaria ha sido un signo de ello, si entendemos que, bien sea en tiempos de control de cambio o en tiempos de libre cambio, es decir, un ciclo de casi 40 años, donde los mecanismos de transferencia se han perpetuado generando una relación centrípeta, la economía en la que prevalecen quienes más cerca queden del epicentro de la renta y más empobrecidos quedan quienes más lejos están de él. La relación histórica de desigualdad en Venezuela y las asimetrías que generó, con el auge de una petro-burguesía y un enorme caudal de población marginada.

Tan grave como las asimetrías sociales que se generaron, vinieron las relaciones de dependencia estructurada. La construcción de un «capitalismo anómalo», o lo que ha sido para algunos, la «ausencia de una burguesía nacional» como la llamó Chávez. Las relaciones paternales entre el Estado y el sector privado se traducen concretamente en que, por mera matemática elemental, es evidente que el sector privado venezolano no produce, no exporta.

Según cifras del Banco Central de Venezuela -BCV-, hay una relación matemática que desnuda la anterior afirmación: en las últimas décadas se ha construido una relación en la que, de cada 10 dólares que ingresan a la economía venezolana, solo 1 es generado por exportaciones privadas.

Para hablar de tiempos recientes, entre 1999 y 2015 el sector privado exportó bienes para ingresar al país unos 121 mil 40 millones de dólares, no obstante, sus importaciones fueron de 680 mil 164 millones de dólares. Generando un diferencial en la balanza de 559 mil 124 millones de dólares. Sabemos que durante ese periodo predominó el control de cambio, que puso en manos de los privados dólares preferenciales.

En términos netos, el financiamiento del Estado a la importación de la actividad privada en ese período fue superior al monto que Estados Unidos invirtió para la reconstrucción de Europa durante el Plan Marshall luego de la Segunda Guerra Mundial.

El problema no sólo se reduce a que el sector privado es improductivo y no exporta, es que además es sumamente costoso de sostener. No es esa una relación política construida en tiempos de chavismo. El investigador Luis Salas, empleando cifras del BCV, señala que entre 1950 y 1998 el sector privado venezolano exportó 41 mil 464 millones de dólares y durante el mismo período importó 220 mil 547 millones de dólares. «Eso quiere decir que importó 5,3 veces más de lo que exportó».

La explicación a la cobertura de este déficit está en los mecanismos de transferencia de renta, que, sabemos, se produjeron en el período anterior a Chávez no sólo mediante el control cambiario, también en períodos de libre cambio, allanando con ello el camino para que los grandes tenedores de bolívares accedieran a la compra discrecional de dólares generados por la actividad petrolera».

Trump retrocede: se firma el presupuesto, sin fondos para el «muro»

Después de 35 días de cierre administrativo de las oficinas del gobierno, Donald Trump cedió este viernes a las presiones y aceptó firmar un presupuesto -provisional- para reabrir la administración durante tres semanas. No incluye fondos para construir un muro en la frontera mexicana, como el exigía.

Así se pone fin al cierre más largo de la historia de los EE.UU. (El 2° sería uno de 22 días, cuando pulsearon Bill Clinton y el Senado de mayoría republicana). El proyecto fue aprobado rápidamente por el Senado y la Cámara de Representantes y con la firma del presidente se convirtió en ley.

En EE.UU., el poder del Ejecutivo está más restringido que en la mayoría de los países, en lo que hace a la política interna. El gobierno federal no puede pagar nada sin un presupuesto previamente aprobado por el Congreso.

La Casa Blanca ordenó a los departamentos federales que reabran las oficinas de manera «rápida y ordenada» y llamó a los empleados que fueron licenciados a volver a sus trabajos.

Después de un mes, Trump cedió presionado por la intensificación de las demoras en los aeropuertos nacionales y por otra quincena sin pagar a cientos de miles de empleados públicos. «Esto no fue de ninguna manera una concesión. Estoy cuidando de millones de personas que estaban siendo gravemente heridas por el cierre», dijo en Twitter.

Es sólo una tregua. Tiene hasta el 15 de febrero para conseguir -negociando, presionando a su vez al Congreso- los 5.700 millones de dólares que pide para construir el muro. Y los Demócratas tratarán de impedirlo, básicamente para debilitarlo. Allí también hay una «grieta».