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El área nuclear es una rara excepción en el desarrollo de tecnología en la Argentina. El 31 de mayo, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) cumplió 72 años desde su creación por un decreto del presidente Perón. En todos esos años, este sector fue atravesado por políticas que lo favorecieron y otras que lo desfinanciaron, pero la institución logró sostener proyectos de largo plazo y ha sido el germen del desarrollo tecnología para centrales nucleares y también de empresas como INVAP, que se ha expandido a las áreas de desarrollo de satélites y radares, entre otras. A mediados de la década de los 80, los investigadores de la CNEA presentaron una idea por entonces novedosa: en lugar de hacer reactores cada vez más grandes y potentes, ¿por qué no hacer reactores pequeños, que puedan ser instalados en zonas remotas y construidos de manera modular? Esa idea prendió en el mundo y, con el resurgimiento de la necesidad de contar con energía nuclear en muchos países, debido a que no emite gases de efecto invernadero y permiten un abastecimiento constante de energía, varios países se lanzaron a diseñar sus propios reactores pequeños y modulares. El CAREM hizo punta en iniciar su construcción, en el año 2014, pero los retrasos en la obra –en parte por demoras propias del desarrollo de un prototipo pero también por el desfinanciamiento que sufrió durante el gobierno de Macri– le han hecho perder terreno frente a sus pares de otros países. Aún así, todavía tiene un gran potencial para ser utilizado y también exportado.
Febrero de 2019. Hormigonado de la losa del nivel cero de la contención del reactor, uno de los hitos más relevantes del proceso constructivo del edificio de la Central Nuclear.
Vista aérea del edificio del reactor, en la etapa previa al hormigonado de la contención donde estará ubicado el Recipiente de Presión del prototipo CAREM.
“El programa habla de 2027. Hay varias cosas muy importantes para terminar. Una son los pendientes de ingeniería porque es el primer reactor de potencia de diseño argentino y plantea desafíos tecnológicos para el país y el mundo”; señala Sol Pedre.
Maqueta del edificio completo donde se alojará el prototipo del reactor nuclear CAREM con sus dependencias asociadas.
Matías Alonso (Agencia TSS)
Comentario de AgendAR:
Soy caremista de la primera hora. El proyecto CAREM se presentó por primera vez en 1984 y lo conocí con muchas reticencias de su depositario (por default de la CNEA), la firma barilochense INVAP, allá por 1985. Sigo y apoyo al CAREM desde entonces. La CNEA en 1985 estaba con la mitad de su presupuesto de 1981 en pesos, y luchando contra demasiadas obras inconclusas (Atucha II, la Planta Industrial de Agua Pesada, etc). No tenía un centavo ni recursos humanos como para ocuparse de este proyecto, entonces considerado entre marginal y lunático: iba a contramano de la ideología tayloriana según la cual cuanto más potente la central, más baratos salen el megavatio instalado y el megavatio/hora de electricidad. Ja. Esa ideología implicó la quiebra de la mayor parte de los grandes oferentes occidentales, con plantas gigantescas de 1200 a 1600 MWe que rara vez logran terminar, o se terminan con sobrecostos enormes, proporcionales a los años de demora elevados a alguna potencia conjetural. El concepto de «big enough» no les entró nunca en el mate a los dueños de entonces del mercado nuclear. Los llevó a fundirse. Ese problema mundial ya se empezaba a olfatear en los ’80. El CAREM fue la primera respuesta coherente al mismo. INVAP, que en los ’80 estaba económicamente en la lona, lo entendió bien e hizo de esta centralita su proyecto de bandera. Del CAREM confieso haberme enamorado a primera vista por su tamaño pequeño y su sobria sencillez conceptual, ese modo elegante de bajar costos y al mismo tiempo aumentar la seguridad operativa. No tuve dudas en dedicarle al CAREM la mayor parte de mi carrera como periodista científico, que empezó justamente en 1985. Sobre cómo y por qué 38 años después no está construido, testeado y vendido «urbi et orbi», en AgendAR se escribió bastante. Si quiere curiosear, apriete aquí. O también aquí. Contra el CAREM obraron muchas fuerzas externas e internas, pero sobre todo, esa invencible predisposición nacional a pisarnos el poncho. El CAREM volvió de INVAP a la CNEA en 2006, y comparto lo que dijo el difunto Ing. Héctor «Cacho» Otheguy de ahí en más: si quedaba en INVAP, el CAREM ya estaría construido. Lejos de ello, las obras la CNEA las inició tras muchos rediseños de lo hecho por INVAP con la excavación de cimientos en 2011, no en 2016. Y luego siguieron más años de rediseños del rediseño antes de las primeras coladas de hormigón en 2016. No puedo juzgar técnicamente la necesidad de tanto cambio. La CNEA dice que eran imprescindibles. La potencia del prototipo subió de un estimado de 25 MWe a 32 MWe, creo que sobre todo en los 12 generadores de vapor, que dejaron de ser haces de túbulos en forma de «U» invertida (lo clásico desde los años ’50), a la compleja e innovadora trama de espirales encamisados que describe la Dra. Pedre. Esta arquitectura audaz todavía deberá construirse y testearse en forma experimental para quitarle los defectos, antes siquiera de encargar la construcción de otros 11 artefactos similares para integrar el prototipo. Tengo dudas de que 7 MWe más en el prototipo justifiquen una entrada en línea fijada, no sin gran optimismo técnico y sobre todo político, para 2027. Los gobiernos de Menem, De la Rúa y Macri sabotearon el proyecto de mil modos, algunos muy imaginativos, otros sencillamente delincuenciales e impunes. ¿Por qué creer que ese problema no está por volver? Este gobierno peronista ha terminado apoyando casi distraídamente el desarrollo nuclear, después de un sopor que duró hasta 2021, y ni la continuidad del apoyo ni la del propio gobierno parecen garantizados ante las elecciones presidenciales de 2023. El «sex appeal» del CAREM era su simplicidad inicial, y fue lo suficientemente fuerte como para que en 1988 Turquía nos ofreciera un «joint venture» para co-producirlo y exportarlo, que el gobierno de Carlos Menem saboteó. Luego, en tiempos de la Alianza, el CAREM atrajo también a empresas nucleares coreanas y japonesas que simplemente querían llevarse la ingeniería básica por chirolas, algo que -ante la negativa de la CNEA- probablemente los coreanos hicieron por izquierda. De algún lado salió el diseño de su SMART de 100 MW, que recibió aprobación regulatoria de Corea en 2012, y que ofrecieron al toque a Arabia Saudita para desalinizar agua, sin siquiera hacer el prototipo. Esa simplicidad del módulo CAREM fue copiada también sin disimulos por NuScale, la compleja Unión Transitoria de Empresas (y universidades y laboratorios nacionales) a cargo de esa centralita modular estadounidense. No está ni remotamente en construcción y sin embargo ya generó cantidad de MOUs (Memoranda of Understanding) de parte de Canadá, Bulgaria, República Checa, Polonia, Rumania, Ucrania, Jordania… y siguen las firmas. En Junio de 2021 ya eran 11 países, y hasta una firma privada británica. NuScale logra ese efecto porque los posibles clientes ven un embale societario y regulatorio que avanza a saltos, traccionado por un tremendo apoyo federal con más del 80% de los costos, y que se mantiene tanto con republicanos como federales, sin importar quién ocupe la Casa Blanca. Y eso sucede pese a que EEUU desde los años ’80 no se venden una central ni a sí mismos, tan grandotas, complejas y caras las volvieron durante los ’70. Ese apuro por firmar algún MOU decente con la CNEA por el CAREM sencillamente no está sucediendo. Al menos, no desde que Menem logró espantar del proyecto a la TAEK, la Comisión Atómica Turca. El mundo nuclear no nos está tomando en serio por las desconcertantes demoras en llegar a un prototipo en línea, y la pérdida a espuertas de recursos humanos. La gerencia CAREM, como dice la Dra. Pedre, es bastante joven. Pero eso sucede porque los ingenieros más veteranos se van a la actividad privada o a otros países debido a los salarios bajísimos y la frustración de un proyecto que vive muriéndose en el huevo. Lo que no ha calado aquí, y está resultando comercialmente letal, es el concepto de «good enough». Guiándose por la idea de que la simplicidad inicial era la base del atractivo de esta central, todo lo que hizo más complejo y caro el diseño lo estamos pagando con atrasos. Y los atrasos, en el mundo nucleoeléctrico contemporáneo, espantan a gobiernos e inversores privados más o menos como la lepra a los campesinos medioevales. Los atrasos quebraron y se comieron firmas gigantes que se comían el mundo, como Westinghouse, General Electric y la francesa Areva. Los oferentes que siguen en pie son Rosatom, la coreana Kaeri y las empresas nucleares chinas como CNNC y CGN. Y no sólo por tener buenos fierros, sino porque no se atrasan. Con la excavación de cimientos empezada en 2011, el CAREM podría -debería- haber entrado en línea el año pasado. Eso, tomando por normal que un prototipo, incluso uno reducido como éste, da mucho más trabajo de cepillar detalles y hacer cambios, incluso en fase de montaje. Y ojo, hablamos de una miniatura de 32 MW, no de un módulo de escala comercial, con los muchos cambios de ingeniería que ese salto de potencia implica. En el CAREM el módulo base podría ser de 100 a 150 MWe. No me quiero imaginar cuánta reingeniería falta para llegar hasta ahí desde un prototipo que entre cambios de los honestos y zancadillas de los no tanto, no termina de construirse jamás. Por último, pido permiso para desacordar con algunos de los «sitings» y propósitos del CAREM, según la visión de la Dra. Pedre. ¿Proponer un reactor nuclear a Villa La Angostura? Está en Neuquén, colindando con los parques nacionales Nahuel Huapi y Los Alerces. Río Negro todavía se siente propietaria del CAREM por ser sede de INVAP, y su constitución permite expresamente construir ese reactor. Neuquén, por el contrario, no viene manifestando mayor entusiasmo por lo nuclear. Puedo imaginarme el repudio de toda esa gente linda y ecologista de «la Villa», como principio de una cascada ulterior de repudios municipales. Los americanos tienen una expresión idiomática excelente: «to paint yourself into a wall», pintar el piso sin una estrategia de salida hacia una puerta, y quedar acorralado contra una pared. Hacerle ofertas a La Angostura es eso. La necesidad insatisfecha básica de las ciudades de la costa y la estepa patagónica es el agua potable. El agua de napa es mayormente salada en casi toda la estepa, con al menos la mitad de carga de cloruro de sodio (y otras sales) que el agua de mar. A la Angostura, colindante con el río homónimo y con el tremendo lago Nahuel Huapi, le sobra agua potable. No así a Puerto Madryn, Rawson, Comodoro Rivadavia, Rada Tilly, Caleta Olivia, Puerto Deseado y Puerto San Julián. Deseado, con una hora diaria de agua distribuida por la municipalidad en los ’90, pasó a una hora cada 2 y luego cada 4 días, hasta que puso una planta de potabilización por ósmosis inversa. Es carísima, como cualquiera de su tipo en el ancho mundo, por su consumo eléctrico. Pero más cara es la falta de agua, y máxime si se tiene alguna industria. Comodoro, Rada Tilly y Caleta Olivia, con su necesidad cada vez más desesperada de agua hicieron desaparecer literalmente el lago Musters, de 43 kilómetros de largo por 13 de ancho. Lindo, aquel lago. Y aguantador. Duró ahí desde la deglaciación, hace 18.000 años, pero desapareció en los últimos 20 y lo que queda en su lugar es un desierto de médanos grises que se vienen tragando, una tras otra, las estancias ubicadas en las que antes eran orillas. Las centrales nucleoeléctricas a la orilla del mar tienen ventajas sobre las que están sobre aguas interiores: su enfriamiento está garantizado por la temperatura del mar, mucho menos sensible al recalentamiento global. En estas olas de calor y sequía que no terminan de suceder, parte de las 56 centrales nucleares de Francia hoy están apagadas porque ríos como el Ródano y el Loira están a temperaturas jamás vistas ni previstas, se han casi secado, y el calor de los reactores a potencia plena destruiría la vida acuática aguas abajo. El poderoso Paraná estuvo caminable por el fondo desde 2020, y recién ahora se va recuperando. Ese río nuestro es un coloso: resulta incomparablemente más caudaloso que cualquier río europeo, y las Atuchas I y II se refrigeran con agua sacada de las profundidades a pie de barranca, que llegan a insólitos 80 metros. Pero después de que se terminen Atucha III y el prototipo del CAREM, dudo de que sea prudente seguir apostando con obra nuclear nueva contra los cambios globales de temperaturas y precipitaciones en ese sitio. Y es que esos cambios están desatados y no les conocemos los límites. Los considerados normales en los ’80 hoy no rigen más, para asombro y consternación generales. Lo mismo vale para el Embalse de Río Tercero, cuyo lago artificial refrigera la central eléctrica llamada Embalse. Por disponibilidad, es la mejor que tenemos. El lago es extenso pero no profundo, y el calor sumado de los veranos mediterráneos y de una segunda central podrían ahogarlo de una floración de algas. Pero el mar, lectores, es otra historia. Tenemos mucha costa atlántica continental: 4725 km. según el Instituto Geográfico Militar, 5087 km. según el Servicio de Hidrografía Naval de la Armada, y 6816 km. según el CONICET. Si tan brutal discrepancia geográfica da una medida del desinterés nacional por lo marítimo, estamos fritos. Pero en materia nucleoeléctrica, lo más a prueba que hay de recalentamiento o sequía es el mar. Tampoco tenemos países vecinos que vayan a armar escándalo por un proyecto nuclear autóctono que según ellos, los amenaza (como ha pasado con Paraguay, cuando se hablaba de poner un CAREM en Formosa). Pero a todo esto, el Atlántico es el único cuerpo de agua propio donde la Argentina no tiene ninguna central nuclear, ni siquiera planificada. Estoy de acuerdo totalmente con la Dra. Pedre en que el CAREM comercial hay que venderlo como aparato de co-generación: su oferta de electricidad, incluso en una central multimodular, promete ser bastante inelástica. A cualquier central nuclear le cuesta trabajo seguir la curva de demanda eléctrica, que en redes con poca industria puede tener variaciones estacionales y diarias enormes. Co-generación significa tener el reactor andando a potencia nominal, es decir al 100%, algo para lo cual todas las centrales nucleares están diseñadas. Pero en co-generación, cuando la red local afloja en su demanda, se puede usar el excedente eléctrico para fabricar algo imprescindible para la gente del lugar. Creo que la propuesta invencible, con la que agarran viaje sin pestañear gobernadores, intendentes, concejales, periodistas y vecinos de la costa patagónica obligados a vivir con algunas pocas horas de suministro diario, la más blindada contra los autodenominados ecologistas, es ofrecer agua potable. A un precio también potable. No veo todavía al CAREM como proveedor de agua caliente industrial, ni mucho menos como fuente para fabricar hidrógeno verde baratito. Ése por ahora es un artículo imaginario, para el cual no existe precio porque tampoco existe un mercado local o internacional, ni medios técnicamente satisfactorios de almacenamiento y transporte terrestre marítimo. El CAREM puede producir electricidad disponible 24×7 y agua, pura y simple agua pura. Imprescindible siempre, cada vez más escasa por el «boom» demográfico e industrial de las ciudades costeras patagónicas, y hoy, más demandada que nunca. Agua. Nada más. Nada menos. Es lo que le ofreció Corea a Arabia Saudita con el SMART que los coreanos copiaron aquí del CAREM mientras andábamos, para variar, en la total pavada. Al menos, copiémosle esa idea a los coreanos. No la patentaron.Daniel E. Arias


A su turno, Hurtado se refirió a las misiones de cada uno de los desafíos nacionales del Plan y a las estrategias de I+D+i. En este sentido, planteó que la incorporación de Agendas Territoriales Integradoras de Ciencia, Tecnología e Innovación (ATI-CTI) representa una oportunidad de fortalecer las capacidades científico-tecnológicas nacionales. Al respecto aseguró que se elaboraron 24 agendas territoriales en función de uno de los ejes del plan, la federalización que permitirá subsanar los desequilibrios estructurales provinciales.
Plan CTI 2030
Traza los 10 desafíos nacionales para la próxima década, los cuales son: erradicar la pobreza y reducir la desigualdad y la vulnerabilidad socioambiental; impulsar la bioeconomía y la biotecnología para potenciar las producciones regionales, alcanzar la soberanía alimentaria; contribuir al diseño de políticas para fortalecer la democracia y ampliar los derechos ciudadanos; construir una educación inclusiva y de calidad para el desarrollo nacional; lograr una salud accesible, equitativa y de calidad; desarrollar los sectores espacial, aeronáutico, de las telecomunicaciones y de la industria para la defensa; fortalecer la investigación marítima, la soberanía y el uso sostenible de los bienes del Mar Argentino; promover el desarrollo de la industria informática y de las tecnologías de la información para la innovación productiva y la inclusión digital; potenciar la transición al desarrollo sostenible, y fomentar y consolidar un sendero para la transición energética.
Los nuevos Barak 8 de la India en desfile, este año
Tal vez la generala Laura Richardson, jefa del Comando Sur, tiene otra lista más corta en la que dice que Argentina no debe tener sistemas misilísticos de defensa antiaérea, punto. Bastante le debe incordiar que, INVAP mediante, seamos productores y exportadores de radares. El problema de los vuelos ilegales desde Chile empieza justamente cuando se instala un radar de control aéreo RPA-170 de esa empresa rionegrina en Río Grande.
Un radar como el RPA-170 no pone nervioso a un piloto militar. Sobre todo, si su misión es hacernos “pito catalán” volando sin permiso sobre territorio argentino, y mostrarnos que no podemos hacer nada al respecto.
Otro gallo cantaría si, tras interrogar cortesmente por la radio al piloto y pedirle que por favor se digne aterrizar en Río Grande o en Ushuaia, a falta de respuesta, al tipo le iluminás el avión con el radar de tiro de alguna de las cuatro baterías misilísticas que mencioné.
Se prende la luz y suena la alarma del RWR (Radar Warning Receiver) y la vida del piloto cambia para siempre. Sabe que el diálogo con la torre de control está siendo grabado y será difundido, y que si desobedece o intenta rajarse va misilazo, y si zafa del primero lo agarra el segundo.
Y a todo esto, no ha tenido que encender su turbina ni un solo interceptor argentino, para lo cual no habría tiempo aunque hubiera interceptor. Que no lo hay.
Es raro que el tema de las conversaciones se limite a si compramos el JF-17 chino-pakistaní y nos arriesgamos a la ira de la generala Richardson, o si la complacemos y compramos F-16 estadounidenses que sólo servirán para desfile. Si logran despegar, claro.
Hace ya más de 5 décadas, en los cielos de Vietnam, Laos y Camboya, la Fuerza Aérea y la Marina estadounidenses perdieron 3374 aviones de ala fija, con –cifras norvietnamitas- un 31% de derribos por misiles S-75 (SAMs, en la jerga), un 60% por baterías de cañones y sólo un 9% por los interceptores MiG 15, 17, 19 y 21 de la aviación de Vietnam del Norte.
Lo central es que tanto las baterías de misiles y cañones como los interceptores en Vietnam del Norte estaban integrados por radar y radio en un dispositivo único, tan mallado y complejo como el que volvía letales los cielos de Alemania en 1944. Sólo que a esa orquesta hoy se añaden misiles antiaéreos con baja tasa de fallas.
El Barak 8 israelí en la India se llama MR-SAM. El puntal local de su desarrollo fue la DRDO, la Defense Research and Development Organization, un equivalente de nuestro CITEDEF. Su fabricación está a cargo de varias empresas de tecnología del Ministerio de Defensa, dirigidas por Bharat Dynamics Ltd.
A la India le hemos vendido algunos componentes para combustibles de las centrales nucleares tipo CANDÚ. Si alguien tratara, ese país debería ser socio en la reapertura de nuestra PIAP, la Planta Industrial de Agua Pesada de la CNEA en Neuquén, Arroyito: cuando vuelva a servicio, será la mayor del mundo y la más barata. Y la India va rumbo de tener la mayor flota de plantas nucleares de uranio natural y agua pesada del mundo.
Más importante, quizás: Nueva Delhi quiere comprarnos trigo Hb4 resistente a sequía, y seguramente también soja Hb4.
La India es una oportunidad de pagar armas con alimentos, hoy que no tenemos dólares. No sería nuestra primera vez. Así se compraron 100 cazas ingleses Gloster Meteor y 400 tanques Sherman M4 y Firefly en la posguerra. Los cereales y la carne hoy vuelven a ser buena moneda: desde 2014 el hambre, en retroceso continuo desde los años ’50, está regresando al mundo.
En la India, según la FAO, hay un 14% de población subalimentada, es decir 189 millones de personas. Algo casi inevitable para 1400 millones de habitantes hacinados en 3,3 millones de km2, con grandes áreas del centro del país que el cambio climático va volviendo inhabitables por la sequía y el calor.
Un pedido argentino hoy podría complicar a los israelíes: son vulnerables a presiones del State Department, y necesitamos seguir comprándoles otros ítems de defensa. Y carecen de todo problema alimentario: van a querer dólares, no comida. Pero es un crimen no hacerle un cabeceo a la India.
El Barak 8 es parecido a muchos otros sistemas móviles: módulos con radares, otros con las plataformas lanzamisiles, y un habitáculo de comunicaciones, comando y control, con personal y computadoras. Su primer despliegue fue naval. Hoy lo tienen todas las armas de la India, obviamente las de Israel, y –cosa que nos interesa- las de Azerbaiyán. Sobre esto, volveré.
El próximo Barak será multicapa, con tres distintos vectores que delimitan perímetros defensivos interno (hasta 150 metros), intermedio y externo (hasta 150 kilómetros). Pero el de hoy consta de un único misil de 2 etapas con un alcance efectivo de más o menos 100 km. No es mucho, pero la movilidad de la caravana de camiones la hace un arma de acecho.
En vuelo terminal, la 2da etapa del misil rinde un modesto Mach 3. Modesto, más o menos: un único avión a turbina logró esa velocidad, el Blackbird estadounidense, y hace mucho. Pero en revancha, este misil atiende a todo tipo de clientela: desde aviones, helicópteros, drones de diversas finalidades, misiles balísticos, de crucero, antibuque, y obviamente cazas de todo rol. O eso dicen los fabricantes.
Guerra de Malvinas, cuando el Mirage III no pudo hacer de interceptor
Seguimos terriblemente tradicionalistas en nuestra política de defensa aérea: ¿cuántos cazas supersónicos se necesitarían para defender un país de 2,78 millones de km2?
En un cálculo optimista, no menos de 80. Un JF-17 chino, que según los entendidos no es exactamente la octava maravilla, “pelado” vale U$ 50 millones, y equipado con 2 misiles infrarrojos para combate visual y 2 radáricos para combate a distancia no visual, no menos de U$ 60 millones “tout compris”.
La cuenta para tener supremacía aérea sobre nuestro propio país daría U$ 4800 millones sólo en cazas. ¿Cuánta menos plata necesitamos con un sistema mixto, que incluya baterías antiaéreas misilísticas?
Así como un caza valdría menos si se construye aquí bajo licencia, aunque sea en parte, ¿cuánto menos valdría un sistema misilístico, habida cuenta de que desde principios de siglo somos productores de radares? Toda la radarística la podríamos hacer aquí.
El precio que consiguió la India de Israel por una primera compra grande para desparramar Baraks sobre todo el territorio nacional anduvo en U$ 24 millones por el combo de 8 misiles, sus canastas, los radares, las computadoras y los sistemas de comunicaciones, comando y control. La operación total sumó U$ 1100 millones. Pero así como co-desarrollaron, co-fabrican. La India atiende pedidos insatisfechos de Israel, y viceversa.
Para volver a la novedad, hay vuelos provenientes de Chile que violan nuestro espacio aéreo fueguino a placer. No sabemos desde cuándo sucede esto, pero sí que ocurrió sistemáticamente durante la Guerra de Malvinas: los aviones intrusos eran tres bombarderos Canberra de la Royal Air Force enmascarados con escarapelas de la Fuerza Aérea Chilena.
Estos aviones operaban desde Punta Arenas y hacían observación de varios objetivos, pero especialmente de la Base Aérea Militar Río Grande, sede transitoria entonces de los 5 cazas Super Étendard armados de misiles antibuque AM39 Exocet. Por lejos, fueron el sistema de armas más temido por la Task Force.
Si bien en 1982 esos aviones intrusos pintaban en el radar, no había modo de cazarlos sobre territorio argentino. Y es que entraban volando muy alto. El modelo PRB9 del Canberra, pese a que el avión base es un diseño de la década del ’50, tiene un techo de vuelo todavía hoy impresionante (18.000 metros).
Nuestros interceptores de entonces, los Mirage III tenían un techo de vuelo algo inferior (17.000 metros), pero con un par de misiles bajo las alas, se habrían tomado al menos 10 minutos en llegar a esa altura. Y eso si hubieran estado esperando la orden de despegue en pista, con la turbina ya caliente y el piloto en cabina.
Pero habría sido carísimo tener un Mirage III en “guardia pasiva en pista”. Sólo poner la turbina en marcha de un Mirage III, sumando todos los costos y amortizaciones del motor y de otros sistemas a bordo y en tierra, ya entonces salía miles de dólares.
Por lo demás, como interceptores puros, los Mirage eran todo trepada rápida. Con ala limpia, para un derribo a cañón, podían llegar a su techo en 6 minutos. Pero, hechos para Francia, país que cabe 5 veces dentro de la Argentina, tenían muy poca autonomía y carecían de lanza de reabastecimiento.
Como además eran muy pocos (se compraron 19, Francia no hace regalos) había que cuidarlos. No daba el número para tenerlos en patrulla constante. Y como su base durante la guerra fue mayormente Comodoro Rivadavia, habrían tenido que llegar hasta los intrusos sobre Tierra del Fuego desde casi 1000 km. de distancia, en ascenso supersónico y usando postcombustor. Es una receta perfecta para quedarse sin combustible sobre Santa Cruz.
Los pilotos de aquellos Canberra sabían no arriesgarse inútilmente.
Por otra parte, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) había destinado los Mirage III a otras misiones en las que sí servían: dar escolta a los Hércules que iban y volvían de las islas, a los Canberra argentinos que iban a atacar la flota y al ejército británicos, y sobre todo a generar alertas de radar que distrajeran las PAC (Patrullas Aéreas de Combate) de aviones Harrier.
Los Harrier daban cobertura aérea a la Task Force, eran su sombrilla. La aparición inquietante en los radares ingleses de los Mirage III, por cualquier radial del Oeste, atraía las PAC en esa dirección y lograba alejarlos de los ataques en serio. Estos eran bombardeos a ras del agua de los cazas de ataque A4 Skyhawk y de los IAI Dagger argentinos, y sistemáticamente, se detectaban un poco tarde.
Los radares de alerta temprana de los británicos sacaban la altura, velocidad y rumbo de los Mirage III dentro de un radio de unos 480 km, y por la velocidad podían determinar si eran cazas o aparatos más cuerpudos y lentos, e incluso cuántos eran. Pero no se enteraban de cuáles cazas, ni con qué armamentos e intenciones venían. Por lo tanto, había que salir sí o sí a pararlos.
Obviamente en cuanto la radio de la Base Aérea Malvinas le avisaba a nuestros pilotos que los Harrier habían salido a por ellos, los Mirage III se volvían al continente, tratando de no apurarse demasiado pero sabiéndose inalcanzables. Con postcombustor, el avión da Mach 2,2, es decir 2700 km/h.
Mientras tanto, ocultos de los lóbulos de radiación de los radares británicos bajo la redondez de la Tierra y generalmente desde otras direcciones, volaban hacia la Task Force los Skyhawk y Dagger, con su “delivery” de bombas. Los Brits los veían en el radar sólo minutos antes de verlos con los ojos.
Lo que lograron los Mirage III es incuantificable: fueron “socios dormidos” en cada regreso al continente de un aviador argentino ileso, en cada hundimiento de un barco de Su Majestad, y sobre todo, de los varios accidentes de los Harrier en despegue y aterrizaje desde las cubiertas de los portaviones HMS Hermes y HMS Invincible.
Dado que los gringos se vinieron con pocos Harrier, con esto de las falsas alertas los teníamos a ellos haciendo guardia pasiva en los portaaviones. Y así les desgastábamos las turbinas y a fuerza de despegues al cuete, les generábamos una fatiga de órdago a los pilotos.
Si tuviéramos todavía los Mirage III en servicio, seguramente estos vuelos desde Chile nos estarían haciendo el mismo trabajito a nosotros, obligándonos a vivir en alerta de intercepción.
Obviamente, toda intercepción con aviones es hoy imposible dado que la Argentina desprogramó en 2015 sus últimos interceptores Mirage, ya con 43 años de servicio.
Pero mientras no se resuelva qué caza multirrol va a reequipar a la FAA, unos sistemas misilísticos tierra-aire o mar-aire, harían de esta falta una virtud. En realidad, misiles antiaéreos como la gente, de largo alcance, verdaderos SAMs, nos faltaron siempre. Porque seguimos pensando como en la 2da Guerra Mundial.
Podemos empezar el rearme de la defensa aérea nacional por otro wing. Sea con cazas o con baterías misilísticas, o mejor aún ambas cosas, no va a ser rápido ni barato.
Pero subrayo que en Malvinas nos sobraban aviones. Nos faltaron baterías misilísticas, y de eso, ni palabra. Y la situación continúa, y es como si el tema no existiera.
Según la empresa desarrolladora de la aeronave, el Overture podrá conectar Nueva York y Londres en tan sólo 3 horas y media, o recorrer los cielos entre Los Ángeles y Sydney en poco más de 8 horas de vuelo.
Si bien American Airlines ya efectuó un primer acuerdo de compra, el último diseño de producción final del Overture fue revelado en julio de este año, y se prevé que los primeros modelos estén listos para el año 2025 y que recién podrán transportar pasajeros en el 2029.
