China, el gran mercado de la América del Sur (Lo sentimos, Donald, pero…)

Nos parece útil compartir este análisis de Gabriel Balbo, analista de Relaciones Económicas Internacionales, Tecnología y Geopolítica, y director de ESPADE (Estudios para el Desarrollo).

Aclaramos que la opinión del profesor Balbo no es necesariamente la de AgendAR. La capacidad de presión del gobierno estadounidense es grande, y la actual Administración no vacila en usarla. De cualquier modo, no podemos dejar de recordar que cuando en 1980 EE.UU. decidió un boicot a la venta de trigo a la Unión Soviética, Argentina estaba gobernada por una dictadura visceralmente anticomunista, y muy interesada en comprarle armas a los EE.UU. Pero...

«La condición de China como el mayor comprador de commodities del mundo (y principal vendedor de manufacturas) le otorga, con respecto a países dependientes de alguno de ellos, una importante arma de negociación a nivel comercial y diplomático. Algunos ejemplos válidos en nuestras latitudes: Chile depende del cobre, Brasil depende (ciertamente con una menor magnitud relativa) de la soja, el mineral de hierro y el crudo (petróleo), y Argentina también depende en buena medida de los granos y los combustibles fósiles para equilibrar su balanza de pagos.

Así es como China sale a jugar estas cartas a la hora de la venta de tecnología a los “commoditizados”, intentando neutralizar los “issues” (principalmente de seguridad) que alega su gran rival comercial global (y player a vencer) en generación de alto valor agregado: Estados Unidos.

Entonces se pueden advertir los malabares diplomáticos que deben realizar tanto Chile como Brasil para no perder condiciones comerciales favorables con el gigante asiático y, a su vez, no enfurecer a la administración Trump, que presiona solicitando la exclusión de la china Huawei de los grandes proyectos tecnológicos en danza, principalmente (y de forma casi excluyente) aquellos relacionados con el despliegue de la Quinta Generación de tecnología celular móvil (el 5G).

En el caso chileno, el destino financiero del país depende en gran medida de las ventas de cobre. Este commodity representa en la actualidad el 10% del total del PBI y prácticamente un 50% del total de las exportaciones del país transandino: 30 mil millones de dólares. De esa cifra, el 42% corresponde a exportaciones del metal rojo a China.

En lo que va de 2019 el precio del cobre ha bajado de manera considerable, (primordialmente por las adversas expectativas económicas globales, que llevan al gigante asiático a demandar menos cantidad), lo que ha encendido las alarmas del otro lado de la cordillera: el 18 de julio pasado, COCHILCO (Comisión Chilena del Cobre) comunicó un ajuste a la baja de su proyección de precios para 2019 (de 3,05 a 2,81 dólares por libra) y para 2020 (de 3,08 a 2,90 dólares) debido a que “continúan las tensiones macroeconómicas y geopolíticas globales, lo que ha deteriorado las expectativas de crecimiento mundial; y a que China enfrenta un ciclo de desaceleración económica que ha socavado las expectativas de demanda del metal en el corto plazo”.

En este contexto, la diplomacia comercial chilena pugna por lograr mayores despachos de vinos, salmón y fruta fresca para equilibrar la balanza externa. Así, el presidente Piñera lidera la cuestión, intentando avanzar en una profundización de las relaciones comerciales con China (que actualmente, con el 28% del intercambio global total del país, se revela como su principal socio comercial). Intenta cautivar a su par Xi Jinping con la implementación de un “nuevo y modernizado acuerdo de libre comercio y el desarrollo de áreas como la electromovilidad, la tecnología 5G, la política espacial y la colaboración en ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento” (Prensa de Presidencia después de la primer visita de Estado de Piñera a China).

Asimismo, los chilenos redoblan “esfuerzos”, manifestando a través de su viceministro de Relaciones Exteriores, Rodrigo Yañez Benitez, que no van excluir a Huawei de las futuras licitaciones por equipamiento 5G, pese a las advertencias recibidas por parte de Mike Pompeo, Secretario de Estado norteamericano, sobre “los peligros” que implica la tecnología de la firma china.

En este punto se puede advertir claramente el trade off que China implícitamente propone y que Chile acepta: commodities por infraestructura. Tiene su lógica desde ambos lados: los chinos avanzan en todos los mercados con su oferta tecnológica, los chilenos no tienen una gran estructura científico-tecnológica que deban proteger dentro de algún tipo de negociación comercial, y sí están dispuestos a avanzar en mercados para su oferta primarizada y/o de manufactura básica (como los vinos).

En tanto que Brasil, con mucho más juego diplomático y comercial a partir de su tamaño como mercado y como productor de bienes y servicios, también trata de mantener una posición equilibrada entre Estados Unidos y China, aunque lo acecha el mismo trade off que domina las relaciones del país asiático con Chile: el 82 % de la soja brasileña (principal productor mundial, con 83 millones de toneladas producidas en 2018) actualmente tiene destino chino.

En este caso, Huawei ha sido el elegida para realizar los primeros tests de 5G por la firma TIM en el sur del país (Florianopolis), materializando de esta manera la no exclusión en territorio brasileño de la icónica firma tecnológica china como proveedora de redes de telecomunicaciones móviles de quinta generación. Complementariamente también Huawei ha avanzado en la apertura de un Laboratorio de Internet de las cosas (IoT) en el estado de São Paulo y planea construir una planta de ensamblaje de teléfonos inteligentes.

Por último, Argentina también presenta un horizonte de mucho trabajo para su diplomacia. Dada la importancia de China como socio comercial por un lado y las devenidas estrechas relaciones con Estados Unidos (como ejemplo, principal garante de la administración Macri ante el FMI), el Palacio San Martín deberá surfear los malestares que generen sus decisiones comerciales que, en el mejor de los casos, contemplará una industria propia que (aún con dificultades) tiene efectivas capacidades científico-tecnológicas.

En este sentido, China no solamente detenta la compra de más del 80% de la cosecha de soja argentina sino que “seduce” a nuestro país con la posibilidad de abrir su mercado a la harina de soja, cuestión que ha sido un objetivo malogrado en los últimos 20 años y que implica incrementar el valor agregado del mix exportador local y principalmente del complejo sojero (algo muy positivo sin dudas). Sabido es que en la arena de las relaciones internacionales nada es gratuito, esta decisión de los chinos posiblemente apunte a allanar el camino para la entrada de sus campeones tecnológicos (con Huawei a la cabeza) en el mercado de las telecomunicaciones vernáculo.

En tanto que Estados Unidos por un lado mantiene hacia Argentina la misma postura que en las naciones vecinas respecto de la participación de Huawei en las arenas mencionadas, y por otro lado le hace un guiño a las posibles compras de tecnología israelí (equipamiento para seguridad) o coreana (aviones militares). Las advertencias sobre Huawei habrían provenido en este caso del Comando Sur, dirigidas al ministerio de Defensa por las presumibles amenazas de seguridad que presentarían los equipamientos de redes y telecomunicaciones chinos.

Se podría considerar que los tres casos expuestos vendrían a disponer implícitamente una suerte de “commodities for technology” llevado adelante por China, valiéndose de su actual músculo económico y homenajeando así al extinto “Oil for Food”, creado por las Naciones Unidas en 1995 que permitía a Irak vender su petróleo a cambio de comida, medicinas y otros. Este último programa se extinguió relativamente pronto; el que propone China tiene el aspecto de que va a durar bastante más».

Brasil: átomos, represas y deforestación. El camino a Bolsonaro – I

Cualquiera que mire un mapa -político, económico- de la América del Sur, puede darse cuenta que Brasil y Argentina serán socios o enemigos. Como Francia y Alemania en Europa. Por eso decidimos en AgendAR empezar con la publicación de este trabajo de Daniel Arias.

La mayor parte del material forma parte de una historia del programa nuclear argentino que Daniel publicó hace años en mi blog personal. Esto está enfocado en Brasil, pero tiene lecciones para el presente y el futuro argentino.

¿CÓMO SE LLEGÓ A UN PRESIDENTE QUE SE PROPONE TALAR EL AMAZONAS?

  1. El primer fracaso fue comprar “llave en mano”

El presidente Jair Bolsonaro acaba de lograr que Brasil sea declarado “aliado preferencial extra OTAN” por el presidente Donald Trump. Hemos estado allí: con Carlos Menem tuvimos ese misma distinción otorgada por el presidente George Bush, y no nos fue bien. Pero Bolsonaro acaba de ser distinguido por otro sector de la política estadounidense: la élite que lee el New York Times, lo considera una amenaza planetaria, por el impulso que le dio a la deforestación del Amazonas.

Podríamos pasar de esta disputa entre un magnate hotelero y la prensa liberal yanqui si no fuera por esto: si hay alguna verdad en el asunto y la selva amazonica efectivamente desaparece, desaparecen también las lluvias en la llanura chacopampeana, es decir en los dos ecosistemas agroganaderos más importantes de la Argentina.

Brasil tiene quilates en esto de hacer desaparecer grandes bosques. Entre 1920 y 1970 “se cargó” entera la Mata Atlántica, que después de la selva amazónica y el bosque siberiano, era la tercera masa forestal del planeta. Los relictos discontinuos que quedan de ella no suman el 7% de su extensión de preguerra y hoy son reservas estatales o parques nacionales, entre ellos el que compartimos en forma transfronteriza, el de Iguazú. Cuando Antoine de Saint Exupéry con sus monomotores franceses inauguró la Aeroposta, primer correo aéreo entre Río y Buenos Aires, decía que una plantada de motor en cualquier punto de la costa brasileña era matarse: la masa forestal costera era tan alta y cerrada que, salvo por tal o cual playa, no había ninguna chance de hacer un aterrizaje forzoso. Hoy de eso no queda casi nada.

Las causas por las cuales Bolsonaro odia el Amazonas son diversas: su educación militar hace que lo vea como un sitio donde el estado brasileño tiene poco poder, en parte porque en 1988 se le otorgó constitucionalmente a las etnias que viven allí y a las cuales él desprecia visceralmente. La selva, amparada hasta hace poco –y bastante mal- por la ley y el estado, administrada por la población original, es un enclave relativamente resistente al “Big Business” maderero, minero y agropecuario.

Pero como representante de un país básicamente hidroeléctrico, Bolsonaro ve la selva amazónica como el futuro enchufe de Brasil, una reserva de “potencia de base” fácilmente transformable en teravatios/hora. Y se equivoca por completo. Si tuviera un poco de visión histórica y conocimiento tecnológico –y algunos de los militares brasileños los tienen- sabría que Brasil está energéticamente contra las cuerdas por el fracaso de su programa nuclear pacífico. Y trataría de sacarlo de su actual marasmo.

El programa nuclear brasileño capotó social y económicamente por causas que se entienden mejor retrocediendo a los ’60, y hablando –entre otros temas- de la bomba atómica y el Mercosur. Son causas-raíz de que hoy Bolsonaro está tratando de hacer con el Amazonas lo que Brasil ya hizo con la Mata Atlántica. En aquella década decisiva, los ’60, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) recibió mandato del presidente Arturo Illia para construir su primera central nuclear en 1965, y su combustible lo propuso también la propia CNEA al año siguiente a un presidente muy distinto, el general golpista Juan Carlos Onganía, que acató el consejo. NADIE en la política argentina, fuera civil o militar, desechaban una opinión experta de la CNEA. Otros tiempos…

Por eso aquí, a diferencia de México y Brasil, elegimos centrales a uranio natural. En buena medida, lo hicimos para desmalezar el terreno de propuestas yanquis para Atucha I (había 18 oferentes, y queríamos llegar a 2). Pero fundamentalmente, abjuramos de las compras “llave en mano” para apropiarnos –hasta donde pudimos, y pudimos en un 100%- de la tecnología alemana y de la canadiense, las ofertas alternativas en uranio natural.

Brasil decidió imitar a los países con gran desarrollo nuclear, y hacer sus centrales con uranio enriquecido. Como quien dice, pisó el palito. Mientras aquí se decidía si Atucha I se hacía con tecnología canadiense o alemana, en Brasil la propuesta de Westinghouse para la central de Angra I venía avanzando viento en popa contra las de otros cinco oferentes. Ganó en 1971, 5 años después de que aquí, en la Argentina, en un final cuello a cuello en que parecía destinada triunfar por una cabeza la oferta canadiense, pero … Überraschung!, a último momento ganó la alemana. Porque el oferente, KWU, literalmente le regaló Atucha I a la CNEA con tal de no quedarse afuera del Programa Nuclear Argentino. Así de importante era para una multinacional atómica ganar pie en Argentina.

En Brasil algún diablo metió la cola en Angra 1, y en las centrales que siguieron. Construida en 14 años en lugar de 6, ya comisionada y operando, Angra 1 tenía tantas salidas de servicio por desperfectos que su factor de disponibilidad entre 1986 y 1994 fue de apenas el 55%. Era un aparato nuevo y de buena marca: tendría que haber estado en un 80%, lo típico de las máquinas de los años ’70. Durante 8 años, la operadora Eletrobras y la constructora Westinghouse se echaron mutuamente la culpa, mientras los cariocas, siempre listos para la cargada, apodaron el fierro “A Vagalume” (la luciérnaga), porque se prendía… y apagaba. A partir del ’94, se logró aumentar la disponibilidad al 71%. Sigue siendo poco para una PWR de esa marca y año de diseño.

Pero las cosas se empiojaron aún más.

Brasil se había coordinado diplomáticamente siempre, en forma bastante reservada “ma non troppo” con la Argentina. En lo nuclear, éramos competidores tecnológicos pero socios diplomáticos a rajatabla. Nos cubríamos las espaldas el uno al otro: éramos los dos retobados de la región que se negaban a firmar el Tratado de No Proliferación (TNP) de 1968 por considerarlo incompatible con nuestras respectivas autonomías tecnológicas. Lo era. Y sigue siendo.

Más allá de que desde 1964 gobernaran los militares, todas las clases dirigentes brasileñas veían con simpatía todo lo que sigue, y que es muy difícil de hacer si uno ha firmado el TNP:

  • Enriquecer uranio, al 3 o 4% para sus centrales y a valores muy superiores para motorizar un submarino atómico.
  • La eventual construcción de un reactor plutonígeno, el reprocesamiento de su combustible para extraer plutonio,
  • Usarlo el plutonio en una bomba, y testear ésta bajo tierra, “con fines de ingeniería” (apertura de puertos, canales y otros grandes movimientos de tierra).

Obviamente lo de «la geoingeniería extrema» es discurso para la gilada pero no hay quien se lo crea y tampoco es original: los brasileños se amparaban en la propuesta del programa “Ploughshares” de la USCEA, la Comisión de Energía Atómica de los EEUU. Su director era Glenn Seaborg, premio Nobel de química en 1951 por la identificación de 11 elementos artificiales más pesados que el uranio. Seaborg ofrecía amablemente dar este servicio a países en desarrollo, obviamente usando bombas estadounidenses.

Sucesor de Humberto Castelo Branco, el siguiente presidente militar Artur Da Costa e Silva tomó la idea prestada, obrigado, seu Glenn, sólo que prefería llevarla a cabo con artefactos propios. Y rebautizar las bombas como “cosas que explotan”, supuestamente para no alarmar. Eso, dicho en el hermetismo habitual del Consejo de Seguridad Nacional, se publicó curiosamente sin censura: en suma, nuestros vecinos iban por todo. Y lo decían.

Nuestros generales se alarmaron muchísimo, pero por suerte no eran quienes tomaban las decisiones en este campo: las firmaban, que es distinto. En la CNEA, el almirante Oscar Quihillalt y la muchachada nuclear criolla se encogieron, pragmáticos, de hombros: “Veamos hasta donde los dejan llegar los yanquis, y luego, si hace falta, los alcanzamos caminando”. Previsiblemente a los primos los EEUU no los dejaron llegar lejos. Y como resultado, las relaciones carnales de Brasilia con Washington, tórridas hasta entonces, se congelaron bastante.

Brasil ocupa la mitad de Sudamérica y limita con 10 estados: nació imperio antes de ser república, y no se olvida de ello. En comparación con ellos, en materia de querer ser la subpotencia regional, la Argentina nunca fue Heidy, pero a fuerza de fracasos económicos seriales está obligada a ser más modesta y realista. Por empezar, nunca quisimos meternos en una carrera armamentista nuclear con Brasil, porque eso habría dejado sin un peso al programa nucleoeléctrico y el desarrollo de tecnologías de exportación competitivas. Habría sido seguir el camino militarista que a partir de 1974 tomaron la India y Pakistán, cuyos arsenales hoy suman unas 400 armas termonucleares, pero que son incapaces de exportar reactores nucleares de investigación. Nosotros, en cambio, somos el primer exportador mundial. Y por ahora somos el único país con una planta de potencia compacta modular, o SMR, el construcción, el CAREM. Y los SMR probablemente serán el futuro de la nucleoelectricidad.

Promediando los ’60, la CNEA sabía que si los brasileños efectivamente lograban llegar a una bomba, ponerse a la par no nos costaría demasiado. Ya sabíamos mucha ciencia de materiales y suficiente de radioquímica, dos pilares de la ingeniería nuclear, aprendida en los laboratorios de combustibles de la CNEA, porque nada de ello se enseña, vende o publica. Y en materia de construcción, con los RA-1, 2 y 4 funcionando, el RA-3 inaugurado y el RA-6 en construcción, veníamos haciendo aparatos mucho más complejos que los llamados “plutonígenos”. Nuestros vecinos, en parte por su costumbre de comprar “know how” estadounidense y europeo de todo tipo como transferencia de tecnología anexa a la adquisición de fierros, en construcción nuclear habían avanzado menos.

Los argumentos de nuestra capacidad para hacer una bomba, si a Brasil se le daba por ir por ese camino, aquí tenían la contundencia de lo visible y tangible: reactores formando nuevas camadas de expertos, fabricando los primeros radiofármacos de la región, y una primera planta nucleoeléctrica en construcción con un 31% de participación nacional que incluía sistemas electromecánicos, y la fabricación local del combustible. La CNEA usó todos estos argumentos para calmar a nuestro generalato.

Desde comienzos del período militar brasileño iniciado con el golpe de 1964, los sucesivos generales-presidentes hicieron saber a Buenos Aires que verían con simpatía algunos intercambios “colaborativos” de tecnología nuclear, en los que era obvio que seríamos más dadores que receptores. Dado que los nuevos ricos de Sudamérica eran más ellos que nosotros, por plata nos habría convenido, y por diplomacia, más aún. Pero aquí el Ejército no quiso saber nada de transferir know-how argento hasta tanto no se negociara el uso compartido del Paraná, cuyas alta cuenca los brasileños venían represando sin preguntarnos, y a velocidad de escape.

Quienes hoy combatimos exitosamente las canas mediante la calvicie, recordamos que en nuestras peludas mocedades el tema del Alto Paraná alarmaba no poco a Juan C. Onganía, Roberto Levingston y Agustín Lanusse, la tríada de generales que sucesivamente dirigió a la Argentina entre 1966 y 1973. Si Brasil en una sequía histórica cerraba todas esas compuertas para “encanutar” agua turbinable, ¿qué iba a quedar para represar en la entonces futuras hidroeléctricas de Yacyretá y Paraná Medio, aguas abajo?

Represa de Itaipu

(Continuará)

Daniel E. Arias

Medidas de control y seguridad para el escrutino electoral

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La Cámara Nacional Electoral -los jueces Santiago Corcuera y Alberto Dalla Vía-, a solicitud de los apoderados de los partidos políticos, dictó este jueves 1° un conjunto de medidas para facilitar la fiscalización del proceso electoral.

Esto se consideró necesario a partir de que el gobierno contrató para el escaneo y transmisión de los datos del escrutinio a la empresa Smartmatic, sin antecedentes en los países más desarrollados y cuestionada por su actuación en otros.

Se trata, entendemos, de un aspecto fundamental. Los votos no garantizan que la decisión sea acertada -nada puede hacerlo- pero es la única forma en una sociedad moderna de dotar de legitimidad a los actos de gobierno. O, en una expresión no tan moderna «el consentimiento de los gobernados». Por lo tanto, es necesario que no haya sospechas sobre el resultado de las elecciones.

Un resumen de las medidas más importantes dispuestas:

• Los fiscales podrán fotografiar toda la documentación del escrutinio (Acta de escrutinio, Telegrama y Certificado de escrutinio)

• Los fiscales informáticos podrán permanecer en los CET ubicados dentro de las escuelas y fotografiar la pantalla durante el escaneo del telegrama.

• También se accederá a las imágenes del telegrama escaneado antes que sea procesado

Puede accederse al texto completo de la Resolución en el Expediente “S” 67/2018, cliqueando aquí.

La semana cerró con malas señales: dólar, riesgo país y caída de inversión extranjera

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El precio del dólar en la plaza local registró la mayor suba semanal en cuatro meses: subió un 3,1%. En algunos bancos, como el Galicia, ya se vendía a $ 46.-

El índice de «riesgo país» llegó a los 829 puntos; el máximo en 5 semanas.

Y en el primer trimestre de este año -el período informado por la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional- la inversión extranjera, ya bastante escasa, excepto en Vaca Muerta, se redujo en un 25%.

Un comentario irónico en las redes sociales decía «Moscú no cree en lágrimas y Wall Street no cree en encuestas«. Probable, pero, en todo caso, eso se refiere a la coyuntura.

El problema estratégido -de estrategia económica, para ser precisos- es que con el actual esquema, las únicas inversiones productivas con razonable rentabilidad son los que se hacen en petróleo y gas -si se asegura que pueden exportarlo-, en nichos subsidiados por el Estado, y en explotaciones agropecuarias en la Pampa Húmeda. Y aún ellas no pueden competir con la timba financiera.

No hay buenas señales en el largo plazo con este esquema.

Climatóloga argentina premiada por «difusión de la ciencia climática»

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Aviones de combate surcoreanos para la Fuerza Aérea Argentina – Análisis

Fuentes del Ministerio de Defensa confirmaron negociaciones «en última fase» para el equipamiento de la FAA: una pequeña flota de aviones de combate a Corea del Sur por cerca de US$ 400 millones. La cartera que maneja Oscar Aguad eligió el FA-50 de la Korean Aerospace Industries (KAI) después de 3 años negociaciones. Se están limando los detalles de una financiación a 10 años, y los contratos están a la firma

Hasta ahora se busca que lleguen primero dos aviones, de una flota de entre diez y doce.

Un entusiasta artículo de Clarín define al FA-50 como «…un avión de alta superioridad aérea, que puede interceptar aviones de gran performance como puede ser un avión ejecutivo o los propios comerciales -las fuentes ponen de ejemplo las aeronaves que atacaron las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001- y que será usado por la Fuerza Aérea para control de frontera y de reuniones internacionales, como las cumbres que vienen teniendo lugar en Argentina. Lo comparan al F-16 de los Estados Unidos que hoy tiene Chile».

El FA-50 es, efectivamente, un F-16 para pobres: KAI lo fabrica bajo licencia de Lockheed Martin, y hereda su motorización y rasgos de diseño, pero no todos: en lugar de 10.000 horas de ciclo de vida, tiene 8334, y tiene un mantenimiento bastante alto: 5,2 horas de reparaciones por cada hora de vuelo. El costo de la hora de vuelo parece similar a la del Gripen sueco: U$ 4500.

La idea del F-16 para pobres KAI la tuvo del modo más obvio: fabricando el F-16 bajo licencia en sus talleres. Lockheed estuvo interesada en tener «segunda marca», adelantó el 13% de la inversión, y salieron primero un aparato de entrenamiento, luego un aparato-escuela con capacidad de ataque ligero a tierra, y finalmente el Golden Eagle FA-50 propiamente dicho. ¿Dos ejes de comparación con el F-16? A U$ 30 o 35 millones la unidad, cuesta la mitad. Con una carga alar menor, es más maniobrable y hereda una virtud típica de una plataforma de entrenamiento: es más perdonavidas, más tolerante con los errores de pilotaje.

El avión tuvo aceptación rápida en Lejano y Medio Oriente: además de la propia Corea, lo adquirieron Indonesia, Irak, Filipinas y Tailandia. Lo que se buscó es bajar el costo de la hora de vuelo del F-16, un obstáculo importante en un país periférico si se trata de mantener una fuerza de pilotos en estado de entrenamiento, con al menos 200 horas de vuelo/año.

El artículo de Clarín amplifica la confusión frecuente en la comunicación de Defensa a la hora de justificar sus compras. Lo que define que un caza de 4ta o 5ta generación pueda ejercer superioridad aérea son el armamento, la aviónica y el alcance. Hoy en día el armamento debe comprender misiles BVR (Beyond Visual Range), capaces de derribar oponentes a distancias muy superiores al alcance visual de los pilotos. Para ello, la aviónica incluye un radar a bordo capaz de detectar y seguir varios de tales blancos a más de 120 km, e incluso de programar los misiles para alcanzarlos.

Si el aparato que llega a la Argentina se parece a los que compró Filipinas, el radar será israelí, tendrá un alcance de 100 km, y alguna vez -si hay plata- el avión podría llevar el misil Sparrow, con un alcance BVR relativamente limitado (70 km) y la contra de no ser un «fire and forget»: hay que mantener el blanco «iluminado» con el radar para que el misil lo encuentre. De todos modos, «pistear» un FA-50 base para llevar el Sparrow implica añadir de U$ 17 a U$ 22 millones al costo de cada aparato. Lo cual resulta simplemente ridículo.

Pero lo fundamental en un caza contemporáneo es una conexión «data link» para combatir «en red». Esto significa que el rastreo de los blancos se hace desde un avión AWACS de control aéreo, aparato grande con radares muy potentes que en general orbita a gran altura en retaguardia, fuera de peligro. El AWACS, esencialmente una torre de control voladora, transforma a los cazas adelantados en plataformas de tiro, y los mueve por el teatro de operaciones como un ajedrecista a sus alfiles. Esta conexión el FA-50 la tiene. Pero lo que no tiene Argentina son los AWACS para darle utilidad.

Por último, la superioridad aérea, y máxime en un país de casi 2,8 millones de km2 como la Argentina -más el millón adicional de la jurisdicción marítima-, supone capacidad de alcanzar teatros de operaciones distantes y poder quedarse «in situ» lo que deba durar una misión de combate. Dada la voracidad de las turbinas de buen rendimiento (y el FA-50 alcanza los 1650 km/h), la superioridad aérea en Argentina supone sí o sí una lanza para reabastecimiento de combustible en vuelo. La opción para lograr un modesto alcance en misión de 700 km. es lastrar el avión con tanques de reserva, lo cual supone quitarle munición para compensar el sobrepeso.

Para derribar un jet ejecutivo o comercial no se necesita mucho más que un radar a bordo o en tierra, y un cañón de 20 mm. No es algo fuera del alcance -al menos el técnico, no el legal- de un entrenador Pampa III. Subrayamos lo del alcance legal, porque sin ley de derribos los aparatos civiles no son atacables por fuerzas militares. Puede gustar o no, pero la pena de muerte sin juicio previo viola doblemente la Constitución.

Defensa dice que los FA-50 pueden usar un armamento variado. Y es cierto, pero se está comprando el avión «destripado», con un radar y un cañón. Se le pueden montar los misiles antiaéreos autoguiados por infrarrojo Sidewinder 9 Lima y 9 Mike que usaban nuestros viejos A4.

El primero de esos cohetes peleó en Malvinas (lamentablemente, del lado inglés) y el segundo en la 1ra Guerra del Golfo (1991): muy nuevos no son. Los Sidewinder persiguen el calor de las toberas de los motores del enemigo y su rango de efectividad está entre 1 y 30 km del sitio de lanzamiento. El Lima en Malvinas tuvo una efectividad de hasta el 80%, porque en general nuestros aviones no tenían «flares» o bengalas para engañar al misil multiplicando las fuentes de calor. Las bengalas y el detector que advierte al piloto que está siendo iluminado por un radar de tiro hoy son parte del equipamiento básico de cualquier caza, y el FA-50 los incluye. Para añadirle sustancia y pegue, la Fuerza Aérea tiene también un stock de la contraparte israelí de los Sidewinder: los Shafrir y los Python.

Pero enfrentarse con los aviones de combate de otro estado-nación, incluso defensivamente y sobre territorio propio, eso exige misiles BVR de largo alcance, mejores misiles infrarrojos para la corta distancia y una lanza de reabastecimiento para sostener las escuadrillas propias en el aire lo que duren las misiones, que aquí jamás podrían ser breves. Demás está decirlo: con semejantes espacios a controlar sobre tierra y mar y 15 exitosos años construyendo radares, incluso espaciales, somos un país que no puede no tener algunos AWACS.

La Fuerza Aérea Argentina sigue históricamente corta de aviones reabastecedores (tiene 2 Hércules KC-130). Pese a que el país desarrolla sus propios sistemas de radares INVAP desde 2004, no convirtió ningún avión de porte mediano o grande en un AWACS. Es decir que más allá de que el avión caza elegido sea un FA-50 o cualquier otro, si se trata de ejercer superioridad aérea, aquí no existe la infraestructura suficiente de reabastecedores, AWACS y armamentos que la hagan efectiva.

Esas fuentes en Defensa señalaron que el valor unitario de cada supersónico FA-50 que Surcorea le venderá a la Argentina es de unos US$ 35 millones. Esta nueva precisión sobre el costo despeja al menos una incógnita: el mes pasado se hablaba de aproximadamente U$ 20 millones por avión. Cruzando información con la revista Jane’s, referencia mundial en armamento, eso indicaba compra de FA-50 reacondicionados por Corea, y dados de baja por -probablemente- Filipinas, cuyo presidente Rodrigo Duterte los llamó «un despilfarro de plata».

Con este nuevo precio más salado, sólo puede tratarse de aparatos nuevos. Sería una novedad en una administración de Defensa que viene comprando chatarra de descarte de la OTAN e Israel como no se recuerda otra.

En el precio final de U$ 400 millones se incluyen los simuladores, el soporte logístico por un período determinado, el adiestramiento de la tripulación y del personal de mantenimiento, y ahí se acabó el amor coreano. «El armamento no es parte de las negociaciones pero vienen con toda la capacidad de utilizarlo. Y lo que tenemos ya en el país de armamento es utilizable», señalaron fuentes militares argentinas.

Lo utilizable -ya se dijo- son Sidewinder, Shafrir y Python del año de ñaupa. Que los aviones posean la capacidad de usar armas más potentes no altera el hecho de que no las tenemos en stock ni vienen incluidas en esta operación. Dado que el FA-50 hereda de su antecesor, el «trainer» TA-50, una enorme cabina para dos pilotos en tándem, lo que estamos comprando son aparatos de entrenamiento e intercepción (rápida trepada, techo en la estratósfera, autonomía mediocre) que sólo podrán combatir contra blancos al alcance visual, y mientras no estén demasiado lejos del aeródromo de despegue. Hasta ahí, de superioridad aérea, nada.

La administración anterior de FAdeA fue poco elogiosa con esta compra. La llamó «plataforma de entrenamiento, pero con esteroides” y también «cascarón vacío», y pronosticó que sería un excelente negocio de repuestos (para KAI) durante el ciclo de vida de estos aviones, ya que no se contempló ninguna transferencia de tecnología para fabricar siquiera una parte de sus componentes aquí.

Como cazas de ataque a tierra o a barcos, los FA-50 «pelados» tienen la misma limitación: carecen de armamento específico. No es el caso de los que compró Filipinas, que llegaron a Manila con el «paquete full» de bombas inteligentes JDAM guiadas por GPS, así como misiles antitanque o antibarco Maverick. La computadora de adquisición de blancos del FA-50 es lo bastante precisa como para lograr aciertos incluso en lanzamiento de «bombas bobas».

Pero los aviones argentinos se compran pelados de toda esta parafernalia. Y por supuesto, no pueden aventurarse muy lejos de la línea costera argentina, porque fueron diseñados para proteger el espacio aéreo de un país -Corea del Sur- no mucho mayor que nuestra provincia de Jujuy. Nadie los pensó para reabastecimiento en vuelo.

El citado presidente filipino, Duterte, les tiene inquina a los FA-50 justamente por ello: su hipótesis más caliente de conflicto la tiene con China por la posesión del lejano atolón de Scarborough. Si un FA-50 filipino tuviera que salir a interceptar MiGs chinos sobre esas aguas, llegaría al combate sin suficiente combustible como para estar allí unos minutos. ¿A que Ud., lector, se está acordando de nuestras islas demasiado famosas, allá por 1982?

En 2015 se desprogramaron los últimos Mirage III, aparatos que Argentina compró en tiempos de Onganía y nuevos. Estaban de moda, tras ser usados de modo devastador por Israel en la Guerra de los Seis Días, y muy fuera de la finalidad con que los diseñó Marcel Dassault: el Mirage III era un interceptor puro.

Forzando la tecnología y la imaginación al límite, los israelíes usaron sus Mirage III sorpresivamente como aviónes de ataque a tierra en 1967: en las 4 primeras horas de la guerra habían liquidado todas las pistas de aviación de Egipto, Siria y Jordania. Pero pasada la guerra, los israelíes siempre supieron que necesitaban un avión capaz de atacar a distancias mayores, de modo que alargaron el Mirage III para dotarlo de tanques de combustible más generosos, y lo transformaron en el Nesher, avión veloz y mediocre que no tardaron en desprogramar, y que Argentina compró en tiempos del Proceso con el nombre de Dagger. Peleó bien en Malvinas, pero mucho mejor lo hicieron los vetustos A4, porque tenían lanza de reabastecimiento y pudieron volar en misiones de muy largo alcance, como el ataque al portaaviones HMS Invincible, que los británicos consideraban invulnerable por estar operando muy al Este de las islas.

Los FA-50 pueden ser un buen sustituto de los Mirage III y darle salida profesional a los pilotos ya entrenados con el Pampa III, pero el sistema de armas que estamos comprando no da para ir a la guerra con otro estado. Resulta útil para mantener una pequeña fuerza de pilotos en estado de entrenamiento. Pero de un entrenamiento limitado, porque por todo lo dicho antes, los pilotos que los vuelen no tendrán práctica alguna de misiones de largo alcance, de pelea a distancias BVR o de ataque a buques.

El intento de reequipamiento más ambicioso en los tiempos del Unasur fue el los Gripen suecos fabricados «en vaquita» entre la Saab y Embraer. Entre sus muchas virtudes para operar en países grandes tienen lanza de reabastecimiento. Pero el Gripen trae mucha aviónica inglesa, y por temas malvineros, el Reino Unido objetó la adquisición. Recientemente Israel frenó la provisión de aviones de entrenamiento avanzado Pampa III a Bolivia haciendo valer similares derechos: el pequeño «trainer» argentino nació con el pecado fundacional de un 100% de componentes importados, que se logró reducir a un 87%… a lo largo de 32 años, Y viene con un cockpit repleto de excelente aviónica israelí.

Se evaluaron aviones italianos, rusos y chinos, dice Defensa, pero probablemente por afinidades y favores del gobierno con el de los EEUU, no parece que rusos y chinos tuvieran chance. Al final, el presidente Macri mismo dio su consentimiento para que este año lleguen dos de «los supersónicos surcoreanos», como los proclama Clarín. No sería raro que aterricen antes de las elecciones. ¿Cuántos votos le ganó a Perón el Pulqui II haciendo acrobacia aérea sobre Aeroparque, allá por 1951? Ahí se termina la comparación, porque aquel avión aquel año fue uno de los 3 mejores cazas del mundo, y además fue diseñado y construido íntegramente en Argentina, que tenía hasta garantizada la fabricación local de las turbinas.

Como observó el mes pasado Ámbito Financiero, cuando uno compra a otro país un sistema de armas complejo, lo que está comprando es una red de relaciones internacionales. Siguiendo con esa matriz de pensamiento, tal vez Corea sea nuestra próxima China, pero en tanto no lo es (y no parece que pueda, por cantidad de habitantes), ¿no tendría más sentido reexaminar las ofertas y guiños que nos estaba haciendo China en 2015 para vendernos su caza multirrol J-10?

Es esencialmente una versión algo más robusta de un avión con que Israel se aprestaba a barrer del mercado al Lockheed F-16: el Laví. Costaba menos que el F-16, tenía un alcance mucho mayor (Israel, por su tamaño, está obligado a pelear toda guerra sobre suelo enemigo) y podía llevar clases y cantidades prodigiosas de armamento. Pero «de algún modo» EEUU logró persuadir al gabinete israelí de interrumpir la fabricación en 4 prototipos. Ni lerdos ni perezosos, los israelíes le transfirieron la tecnología a China.

El J-10 sirve tanto en intercepción como en ataque a tierra, y con su lanza de reabastecimiento en vuelo es capaz de ejercer superioridad aérea en serio, y también atacar blancos a distancia y mar adentro. Por lo demás, Corea (al menos la del Sur) está demasiado ligada a los EEUU: si volviéramos a tener algún chispazo con el Reino Unido, estos aviones se quedan sin repuestos «al toque». Y hay otra cosa que lo podría dejar en tierra con tanta facilidad más facilidad que la falta de componentes: el costo de la hora de vuelo. Los pilotos chilenos gruñen (muy por lo bajo) que la del F-16 es carísima, y que eso termina con menos horas de vuelo anuales de las necesarias «para estar afilados». Aún si ellos pagaran el doble que nosotros, ¿nos bancamos un avión que quema U$ 4500/hora sólo en combustible, mantenimiento y amortización?

Defensa señaló que se optó por un avión que se pudiera usar hasta tener más presupuesto y adquirir máquinas «aún más sofisticadas». Es decir que el FA-50 es un «mientras tanto». Promete durar.

Para AgendAR el problema no está tanto en que el avión no tenga mucha relación con el tamaño y necesidades de la Argentina, o en que se lo adquiera destripado de armas y para lucimiento en desfiles, sino en que se trata de una compra «llave en mano»: aquí no se fabrica ni un tornillo. La FAdeA (Fábrica Argentina de Aviones), que en 2027 cumplirá un siglo, no participa del caza coreano con un solo componente, y sus proveedores tampoco.

Turquía, país con el que INVAP acaba de iniciar una sociedad para construir satélites geoestacionarios, aceptó el F-16 a condición de que una parte sustantiva del mismo se construyera en su planta aeronáutica, Turkish Aerospace Industries, TAI. El propio FA-50 es hijo de una incubación parecida de Lockheed Martin en KAI, de Corea. Lamentablemente, de esa empresa estadounidense sólo conocemos el lado oscuro, gracias a una administración particularmente vendepatria que en los ´90 le regaló la actual FAdeA, y a la que dejó en estado de ruina.

AgendAR aplaudiría la fabricación local del FA-50, a condición de recibir toda la transferencia de tecnología, co-diseñar con KAI el implante de una lanza de reabastecimiento, pactar cero restricciones para la exportación y tener la libertad de reinventarle la aviónica al aparato, para no oir toques de silbato si queremos vendérselo a algún vecino. Y para su armamento, propondríamos algún «joint venture» con Brasil. ¿Construimos asombrosos radares espaciales como el del SAOCOM, y no podemos resolver la electrónica de un avión?

Un avión con una hora de vuelo cara cuesta menos divisas cuando su construcción paga sueldos en casa. No ha sido el caso. No se le eche la culpa al avión. Punto.

Daniel E. Arias

Ciencia, tecnología y desarrollo:

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Fernando Peirano es un economista especializado en temas de investigación y desarrollo. Ha sido subsecretario de Políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación (2011-2015), y es profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Univaresidad Nacional de Quilmes. Compartimos esta columna que escribió para la revista Noticias.

«Hasta hoy, la Argentina parece condenada a un péndulo que oscila entre dos modelos, uno que prioriza los salarios y hace base en el mercado interno, y el otro que apuesta a la liberalización de la economía como respuesta a todos los obstáculos. La historia reciente nos muestra que hubo gobiernos que ampliaron derechos, pero han sido poco efectivo en mejorar la productividad y diversificar exportaciones; y gobiernos que han venido a plantear que esta incongruencia se resuelve bajando derechos y flexibilizando regulaciones, y solo han conseguido mayor endeudamiento, caída del consumo y parálisis de las inversiones.

Ambos enfoques han carecido de un proyecto de desarrollo bien delineado y mejor implementado sobre cómo crear valor agregado. Esta carencia nos condena a ser un país sin anclajes, donde prima la volatilidad. Sin embargo, la respuesta para superar está dinámica de vertiginosa oscilación, aún la podemos encontrar en tres particularidades.

Primero, la Argentina es un país con una importante dotación de recursos naturales aunque, es importante subrayarlo, insuficiente para permitirnos vivir de sus rentas. Segundo, somos un país con un desarrollo industrial significativo. Y tercero a partir de una rica tradición en ciencia y tecnología, Argentina cuenta con una potente plataforma de investigación y desarrollo. Aquí por cada mil trabajadores, tres son investigadores, ningún otro país de América Latina está cerca de esto. Su sistema científico tecnológico es bien diversificado con capacidades que van desde la tecnología satelital o nuclear pasando por la biotecnología y el software hasta los destacados aportes de las ciencias sociales.

Ahora bien, lo que no se ha logrado y es crucial, es aprovechar este potencial. Para esto se necesita ensamblar: recursos naturales, producción y conocimiento. Y como si se tratará de resolver el cubo mágico, solo puede lograrse si el planteo es unificado. El cubo mágico no puede resolverse si se intenta hacer cara a cara. Pero esto exige una mirada nueva de la política y el desarrollo. Asumir que antes que una restricción de recursos, tenemos una restricción originada en nuestra mirada estratégica. De otra manera seguimos atrapados en el laberinto.

Numerosos países entre ellos la Argentina sufren lo que en la literatura especializada se conoce como la trampa de los ingresos medios: en las primeras etapas de crecimiento es más fácil dinamizar la economía, pero después si no hay transformaciones estructurales, tiende a empantanarse.

Para superar esta restricción es necesario lograr un Estado competente y coherente. No es una fórmula nueva. La generación del 80 armó un Estado coherente con su proyecto liberal y la oportunidad de esa época. Perón fue otro que logró un Estado coherente para su proyecto. Pero después de esas experiencias hemos tenido un Estado más bien residual de estos impulsos, donde se combinan capas geológicas al ritmo de las oscilaciones. Así es como encontramos que durante el kirchnerismo, se implementaron interesantes experiencias en temas de innovación, de ciencia y tecnología. Pero los programas más sofisticados llegaron sobre el final, casi sin tiempo para consolidarse y con una macroeconomía aletargada.

Desde esta perspectiva deberíamos mirar Vaca Muerta o el litio. No solo como yacimientos sino también como la oportunidad para edificar un modelo productivo donde el valor agregado provenga de nuestro conocimiento. En un mundo interrelacionado como el de hoy, el desarrollo se describe en los grados de libertad para llevar adelante un proyecto social. Hay unos 25 países que pueden decidir su propio destino, el resto acompaña. La Argentina tiene que decidir dónde se va a ubicar.

La etapa actual requiere de políticas sofisticadas que respondan a la diversidad de las agendas pendientes: no es lo mismo la agenda científica que la tecnológica, tampoco las tecnologías con relevancia geopolítica, que las de innovación. Es clave pensar las maneras de construir dominio sobre diversos paquetes tecnológicos. El camino de la tecnología es con más riesgos y costos que el que recorre la ciencia, por eso el rol de lo público también es importante para explorar los nuevos caminos o moldear una conveniente articulación entre lo nuevo y lo viejo.

En tiempos donde el mundo reconstruye sus sistemas productivos a partir del concepto de Industria 4.0, necesitamos de una mirada nueva, de una narrativa propia sobre nuestro futuro. Asumir como propias las proyecciones de otros es una limitación muchas veces insalvable. Debemos recuperar la planificación para que el conocimiento circule desde los laboratorios hacia la producción.

El país cuenta con un sistema de ciencia robusto, que es reconocido y es motivo de orgullo, ahora es necesario también desarrollar un sistema tecnológico, que renueve nuestros activos productivos, nos permitan capturar el valor de nuestros recursos naturales y amplíe el impacto de nuestros saberes científicos».

China y Rusia niegan violación del espacio aéreo de Corea del Sur en maniobras conjuntas

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La semana pasada la agencia alemana DW publicó esta noticia: «El ministerio ruso de Defensa y una portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino desmienten la denuncia de Seúl sobre la violación de su espacio aéreo por bombarderos rusos y chinos. Japón, por su parte, reclama por violación de Seúl.

«Dos bombarderos Tu-95MS de las fuerzas armadas rusas efectuaron un vuelo planificado por encima de las aguas neutrales del mar de Japón», indicó un comunicado del ministerio ruso de Defensa, que niega que la Fuerza Aérea rusa haya violado el espacio aéreo surcoreano. El comunicado ruso añade que los surcoreanos no efectuaron ningún «disparo de advertencia», como habían afirmado.

El Ministerio de Exteriores de China, por su parte, en sintonía con la posición rusa, afirmó que la zona de identificación del espacio aéreo de Corea del Sur no es un espacio aéreo territorial y todos los países disfrutan de libertad de movimiento en él».

El gobierno japonés, por otro lado, ha presentado una protesta contra Corea del Sur y Rusia, luego que aviones de combate surcoreanos dispararan cientos de disparos de advertencia contra naves militares rusas el 20/7, aseguró el secretario jefe del gabinete japonés, Yoshihide Suga.

En AgendAR creemos que -como afirma desde su (alarmado) punto de vista la publicación Foreign Policy– que el significado de este incidente aéreo menor es indicar que la alianza de esos dos gigantes territoriales marca una nueva relación de poder en el Este de Asia.

Techint incorporará a los trabajadores despedidos de la obra del CAREM 25

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La UOCRA Seccional Zárate confirmó que la empresa Techint empezó a entrevistar y a tomar exámenes preocupacionales a los 73 trabajadores que fueron despedidos de la obra nuclear del Proyecto Carem 25 en Lima.

E conflicto se inició en el mes de mayo cuando la empresa contratista Tecna suspendió por veinte días sin goce de sueldo a los 73 trabajadores. A partir de ese momento se inició un largo proceso de audiencias en el Ministerio de Trabajo en el cual la UOCRA y la Comisión Nuclear de Energía Atómica (CNEA) mantuvieron una serie de negociaciones.

El acuerdo plantea que los 73 trabajadores suspendidos sean reabsorbidos por la empresa Techint, otra de las contratistas del proyecto nuclear Carem; y así resolver el conflicto de fondo. Es otra etapa en la destrucción del proyecto tecnológico más ambicioso que emprendió la Argentina.

Esto concluye, si no hay cambios fundamentales en la política científica -es decir, en la política-, en su eliminación -como está sucediendo con la PIAP- o su compra por alguno de sus muchos competidores extranjeros de tecnología «CAREM-like»: NuScale de los EEUU, AP-100 de CNNC, China o Smart de Kaeri, Corea. No se excluye tampoco la posibilidad de una compra hostil, para eliminarlo.

Alberto Fernández prometió que volverá a crear un Ministerio de Ciencia

A días de las PASO, el candidato por el Frente de Todos Alberto Fernández, le hizo un guiño a uno de los sectores sociales más activos y desencantados con el actual gobierno: durante una reunión en la que recibió el apoyo público de investigadores y profesores universitarios, Fernández prometió que, en su eventual presidencia, volvería jerarquizar el área y convertirla en Ministerio de Ciencia y Tecnología.

El candidato fue presentado por el matemático y periodista Adrián Paenza que bromeó con el público que desbordaba el aula magna de la facultad de ciencias exactas de la UBA y que esperó con paciencia sus palabras por casi una hora y media. Paenza ensayó una de sus didácticas demostraciones, esta vez aplicada a que si cada votante lograra persuadir a otros dos para votar al Frente, en pocas semanas la progresión matemática haría que en menos de un mes haya cientos de millones de electores dispuestos a poner la boleta correspondiente.

Para mostrar el amplio acompañamiento del sector, Fernández subió al escenario rodeado de varias decenas de investigadores destacados como Alberto Kornblihtt, Ana Franchi, Andrea Gamarnik, Andrés Kreiner, Daniel Filmus, Dora Barrancos, Roberto Salvarezza y Juan Pablo Paz y también de becarios y aspirantes a ingresar al Conicet.
En ese marco, Alberto Fernández reveló que «en 2007 yo tuve la idea de que el gobierno jerarquizara el área y le sugerí a Cristina armar el ministerio, algo que se llevó a cabo». Con esa anécdota no se privó de tirar un palito al presente ya que insinuó -con una sonrisa- que «tal vez si nos equivocamos al nombrar al ministro (por Lino Barañao, funcionario que sigue hasta ahora en esa función).»

Apenas iniciado el acto, la doctora Graciela Morgade, decana de la facultad de filosofía y letras, le entregó al candidato una adhesión a la fórmula, respaldada en una solicitada firmada por más de 8000 científicos del Conicet, la UBA y otros organismos ligados a la ciencia y la tecnología, e incluso varia decenas de profesionales emigrados, que trabajan en universidades de otros países.

Esta declaración pública está redactada en términos llamativos, apuntando -de alguna manera- a cierta conciliación de diferencias ideológicas. Es que, si bien aclara que «queremos cerrar la etapa de restauración conservadora abierta en 2015, que condena a nuestro país al atraso, endeudamiento y pobreza», también reconoce que se firma «desde una perspectiva pluralista, por un colectivo que incluye personas con historias y visiones políticas diversas». Y convoca a la ciudadanía en general y a la comunidad científica, tecnológica y universitaria en particular, a acompañar la fórmula Fernández – Fernández.

Aunque el acto fue breve, Alberto Fernández tuvo oportunidad de asegurar que «entre pagar las Leliqs y apoyar a los investigadores, se muy bien donde va mi voto». Y se comprometió a que haya «reconocimientos a los científicos y recursos para que trabajen».

Desde Alemania advierten de los peligros del libre comercio

Habitualmente AgendAR no publica videos largos. Pero este documental, filmado por un grupo de ONGs alemanas, nos pareció que podía ser de interés. Da argumentos a los que ya estamos convencidos de la necesidad de un proteccionismo inteligente (Es decir, uno que toma en cuenta la existencia de cadenas de valor transnacionales. Pero que considera que el supremo valor es el trabajo de los compatriotas).

Trump exige más bajas de la tasa de interés (No está hablando de Argentina)

WASHINGTON.- (Agencia Reuters) La Reserva Federal de los Estados Unidos (la Fed) bajó su tasa de interés de referencia en 25 puntos básicos y la colocó en un rango de 2 a 2,25%, una decisión muy esperada y anticipada- por los mercados financieros.

Horas después del anuncio, el presidente Donald Trump tuiteó que el jefe de la Fed, Jerome Powell, «nos decepcionó». «Lo que el mercado quería oír de Powell y de la Reserva Federal era que este era el inicio de un prolongado y agresivo ciclo de recorte de tasas que seguiría el ritmo de China, la Unión Europea y otros países» (Insistimos: no se refiere a la Argentina).

  «Como siempre, Powell nos decepcionó, pero al menos está terminando el endurecimiento cuantitativo (tasas altas de interés, como del 4%), que no debería haber comenzado en primer lugar», agregó el mandatario.

En una arriesgada (según los banqueros más ortodoxos) apuesta por estirar la bonanza de la economía, la Reserva Federal recortó la tasa de interés por primera vez desde fines de 2008, cuando la crisis financiera global llevó al banco central a llevar prácticamente a cero el costo del dinero, la movida más drástica y audaz de su historia, con la cual habría conseguido evitar una nueva Gran Depresión.

Esta movida de la Fed apunta a prolongar la expansión de Estados Unidos, la más larga de su historia, y eludir una nueva crisis ante un cúmulo de luces amarillas que han generado preocupación sobre la salud de la economía global. A una desaceleración en el crecimiento en China y en Europa se suman la guerra comercial entre Washington y Pekín, y la posibilidad de un Brexit duro, un cóctel inédito que llevó al banco central a implementar un recorte «precautorio» para blindar la bonanza».

Trump no está satisfecho y quiere un recorte mayor y prolongado en el tiempo ¿Aquí lo llamarían un keynesiano irresponsable?

Los riesgos del «chip sexual»

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«Aumentá tu energía”, “Recuperá el deseo sexual”, “Mejorá la memoria y la concentración”. Estos anuncios invitan a quienes están en la mediana edad -concepto impreciso si los hay- a vivir una segunda juventud. La publicidad sugiere que existe una especie de “elixir” antienvejecimiento que, por unos 15 mil pesos, puede disminuir el cansancio, potenciar la vitalidad y, sobre todo, mejorar la libido.

Se lo difunde como el “chip sexual” o el “chip de rejuvenecimiento” y hasta famosos como Carmen Barbieri, Catherine Fullop y Sergio Goycochea lo utilizan y hablan de sus bondades en los medios.

En realidad, se trata de un pellet (un dispositivo que se coloca bajo la piel) que libera testosterona, una hormona que, aunque se venda como sinónimo de apetito sexual y fortaleza, no es un medicamento inofensivo que vuelve atrás el tiempo.

Este pellet que se vende en farmacias y hasta por internet, no cuenta con la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat). “No existe en esta Administración ningún implante subdérmico que libere hormonas registrado a la fecha”, fue la respuesta de la Anmat ante los requerimientos de Florencia Ballarino, la periodista de Perfil. ¿Por qué se continúa vendiendo si no está aprobado? “Como no está registrado, no podemos expedirnos acerca de su comercialización”, fue la respuesta.

La testosterona es una hormona clave para el desarrollo sexual y el buen funcionamiento de la masa muscular, que también está presente en las mujeres. Desde hace décadas se indica para tratar ciertas enfermedades como el hipogonadismo. Pero está creciendo su uso para contrarrestar los efectos de la edad, aunque no hay suficientes estudios concluyentes al respecto. Se sabe que a medida que se envejece los niveles de esta hormona disminuyen progresivamente. Pero no se trata de un descenso patológico, sino normal.

“La terapia con testosterona no es algo nuevo, siempre fue bastante cuestionada. Lo que avalan las distintas sociedades científicas es el uso de tratamientos con testosterona en pacientes que tienen un déficit de esta hormona, por ejemplo mujeres a las que les sacaron los ovarios o tienen alguna patología. Todo lo demás es off label (uso fuera de indicación)”, dice Marta Tutzer, médica ginecóloga especialista en climaterio del Hospital Italiano de Buenos Aires.

“Para mujeres los valores de andrógenos no están catalogados, no hay un valor mínimo ni uno máximo. Si no se tiene un déficit de testosterona, el pellet no suma”, sostuvo, por su parte, Silvina Valente,  jefa de sección Sexología en la división Ginecología del Hospital de Clínicas. Para las especialistas, en dosis más altas que lo normal la testosterona puede tener efectos negativos en las mujeres como cambios androgénicos (aumento del vello, cambio de la voz), presión alta, aumento de los triglicéridos e impacto sobre el hígado. Tampoco está claro su papel en el cáncer de mama.

En el caso de los varones, en 2015 la FDA de Estados Unidos advirtió que “la prescripción de productos de testosterona está aprobada únicamente para los que presentan niveles bajos de esta hormona a causa de ciertas afecciones médicas. No se ha establecido el beneficio ni la seguridad de estos medicamentos para el tratamiento de los niveles bajos de testosterona debido al envejecimiento”. Y ahí obligan a las farmacéuticas a incluir una alerta en su prospecto sobre “un potencial incremento del riesgo de infarto y ACV en mayores de 65 años”. Para el doctor Walter Ghedin, psiquiatra y sexólogo, en general son hormonas seguras siempre y cuando se usen en dosis terapéuticas y personalizadas; es decir, de acuerdo con los requerimientos del paciente. “Se deben hacer estudios previos y posteriores a la indicación para monitorear las dosis y efectos terapéuticos e indeseables. Están contraindicadas cuando se padece cáncer de mama, de ovario, adenoma y cáncer de próstata. Otros riesgos potenciales son la formación de trombos venosos. Sobre todo cuando existen antecedentes de enfermedad tromboembólica, pueden aumentar las apneas de sueño y reducir la producción de espermatozoides. La indicación la debe hacer el profesional médico».

Hay un montón de cuestiones más allá de las hormonas”, sostuvo la médica ginecóloga Marta Tutzer. Los especialistas llamaron a tener en cuenta el efecto placebo: “A uno le ponen algo que le dicen que le va a mejorar la sexualidad y eso genera un efecto positivo”. “El deseo sexual no responde solo a las hormonas o a los cambios físicos; los factores ambientales son de crucial importancia, así como la capacidad personal y de la pareja para adaptarse a esta etapa de la vida. Por lo tanto, podemos decir que el deseo sexual no es mensurable; es variable a lo largo la vida de la persona; está sujeto a la edad, cultura, problemas personales, estrés, enfermedades, fármacos, etc., es adaptable a las diferentes situaciones eróticas; se modifica durante el acto sexual; está influido por las fantasías, las emociones y los estímulos externos”, explica Walther Ghedin.

La «canasta tecnológica» aumenta más que los alimentos: se paga hasta $ 7.000 por mes de Internet, cable y telefonía

Hay un rubro del que los medios comentan muy poco cuando se habla de inflación, que resulta cada vez más necesario para una amplia faja de la población, y que casi triplicó el promedio de los aumentos de precios.

Son los servicios que están incluidos en la categoría Comunicación, cuya suba mensual fue de 7,1%. El motivo ha sido, en gran medida, el incremento de las tarifas de telefonía celular y servicios de Internet. Fue, por lejos, el ítem más alto del Índice de Precios al Consumidor. No sólo eso: en lo que va del año acumula 28,1%, ubicándose por delante de Alimentos y Bebidas (24,7%) y de los servicios públicos y combustibles (24%).

«Si bien no se trata de un rubro con un peso protagónico en la variación general de precios, en términos interanuales es el que presentó los mayores incrementos. Respecto de junio 2018, la escalada fue del 65,3%, superando la evolución de los precios de Transporte (63,6%), Salud (61,9%) y Alimentos (60,8%)», indica la economista Natsumi Shokida, analista del INDEC.

Se sugiere a los usuarios «amenazar» con desuscribirse, ya que en muchos casos, en ese preciso momento, la operadora del call center saca de la galera la propuesta de una rebaja sustancial.

El gobierno contrata a una consultora estadounidense para rediseñar el mercado eléctrico

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El gobierno decidió contratar a la consultora estadounidense NERA para avanzar en el rediseño del mercado regulatorio de la electricidad.

Para presentarse a la convocatoria realizada por CAMMESA, la firma comandada por Lawrence Wu elaboró una propuesta técnica: NERA realizará un diagnóstico del sector eléctrico, lo comparará con México, Irlanda, Reino Unido, Colombia, Chile, Nueva Zelanda y Estados Unidos, propondrá un rediseño y detallará una propuesta para avanzar con su implementación.

Agroindustria volverá a subir a la categoría de ministerio

A once meses de la reestructuración del gabinete de su gobierno, el presidente Mauricio Macri decidió que Agroindustria vuelva a tener estatus de ministerio. El decreto con la oficialización del cambio se publicará pasado mañana en el Boletín Oficial, un día antes de su presentación en el acto inaugural de la Exposición Rural de Palermo.

Se trata de una respuesta al pedido que le hizo la Mesa de Enlace hace tres semanas y un gesto político del Presidente para un sector afín al gobierno nacional.

A diferencia de otros ámbitos de la economía, el sector agropecuario cerrará el año con una cosecha récord -147 millones de toneladas- y con una suba de la producción total de carnes (vacuna, aviar, porcina y ovina), que ya se ubica en seis millones de toneladas, según las últimas estimaciones.

Luis Miguel Etchevehere volverá a ocupar una silla en las reuniones diarias que el Presidente mantiene con su gabinete. Y había sido uno de los ministros degradados a fines de agosto de 2018 cuando se decidió relanzar la gestión como una señal a los mercados y para calmar los reclamos de cambios que le hizo llegar el «círculo rojo» en medio de la crisis económica.

Se trata también de una victoria para la insistencia de Etchevehere, que no perdió oportunidad frente al Presidente para explicar los inconvenientes que generaba en el mundo la falta de ese cargo para negociar.

En la práctica es poco lo que cambiará. Etchevehere no sumará presupuesto ni gente, pero tendrá una relación diaria con el Presidente, algo que hasta ahora tenía que dosificar o hacerlo a través de su jefe, el ministro de Producción, Dante Sica.

EE.UU. advierte a Brasil, y al Mercosur «Cuidado con los europeos»

El secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, de visita en Brasil, instó al Gobierno de Jair Bolsonaro a evitar «píldoras venenosas» en el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur, del que Brasil es parte, y la Unión Europea (UE) que le impidan al país suramericano firmar uno con ellos.

«Cuidado porque ustedes necesitan garantizar que no haya píldoras venenosas que nos impidan tener un gran acuerdo comercial con ustedes», dijo Ross en un acto en Sao Paulo, con motivo del centenario de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Brasil (AmCham Brasil).

Ross se encuentra esta semana en Brasil para promover el intercambio bilateral. Su visita es la primera de un secretario de Comercio estadounidense al gigante sudamericano desde 2011, y busca reforzar el compromiso de la administración Trump «con una fuerte relación comercial y económica con Brasil», según un comunicado oficial.

El Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y la Unión Europea anunciaron el 28 de junio, en Bruselas, un acuerdo de libre comercio tras dos décadas de negociaciones, que supondría la creación de un mercado de cerca de 800 millones de consumidores. Pero para su entrada en vigor aún falta un largo camino que se calcula que será de un mínimo de dos años, pues ahora hay que revisar y traducir el acuerdo, además de la necesaria aprobación del mismo en los respectivos Congresos de los países que integran ambos bloques.

«Nosotros tenemos diferencias con la Unión Europea con relación a nuestras normas» en áreas como la industria química, automotriz, alimenticia, entre otros sectores, así como en «cuestiones sanitarias» que hacen que «tengamos problemas con su visión», explicó el secretario de Comercio estadounidense.

Bolsonaro, quien afirma ser un admirador de Trump y el pasado marzo realizó una visita oficial a Washington, tendrá que coordinar ahora sus ansías de aproximarse a los EE.UU. y su compromiso con el acuerdo entre el Mercosur y la U.E., su gobierno ocupa la presidencia semestral del bloque suramericano.

Ese acercamiento con EE UU también ha generado dudas sobre cómo afectaría a su relación con China. Actualmente, la República Popular es el mayor socio comercial de Brasil. El segundo son los Estados Unidos…

El Secretario Ross se presentó como el «socio perfecto» y aseveró que «Trump está comprometido» a impulsar «una relación más fuerte y dinámica» con Brasil. «Podemos expandir nuestros lazos económicos y comerciales todavía más».

Horas antes de las declaraciones de Ross, fue el propio mandatario norteamericano, Donald Trump, quien reveló que quiere negociar un acuerdo de libre comercio con Brasil (No mencionó al Mercosur). «Tengo una gran relación con Brasil. Tengo una relación fantástica con su presidente. Es un gran caballero y está haciendo un gran trabajo», dijo Trump a periodistas en la Casa Blanca, lugar donde en marzo recibió al líder sudamericano. «Vamos a trabajar en un acuerdo de libre comercio con Brasil. Brasil es un gran socio comercial», agregó, aunque consideró que el país más grande de la América del Sur cobra «muchos aranceles», habitual queja del presidente y su política proteccionista. El mandatario también hizo mención al hecho de que Bolsonaro a veces es llamado «el Trump brasileño», ya que tienen en común una ideología conservadora y una incendiaria retórica. «Me gusta eso, es un cumplido», dijo sobre la comparación.

Cuando AgendAR informó sobre el proyecto de acuerdo suscripto en Bruselas entre el Mercosur y la Unión, invitó a considerar cuál sería la opinión de Trump sobre el asunto. No era difícil de prever. Más allá del enfrentamiento verbal entre globalizadores y proteccionistas, la puja real es sobre quien gobernará la globalización.

Tenaris, nave insignia de Techint, se va de la Bolsa de Buenos Aires

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Como se anticipó en AgendAR el 22 de junio, tras un año de fuerte inestabilidad y pérdida de valor por la crisis de la Argentina, Paolo Rocca retira a Tenaris, nave insignia del Grupo Techint en la Argentina, de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, donde empezó a cotizar en 1958.

En un comunicado, la empresa afirmó que «la asamblea de accionistas aprobó el retiro del régimen de oferta pública de Tenaris en el mercado de Valores de Buenos Aires y Bolsas y Mercados Argentinos S.A.».

Una acción de Tenaris valía 493 pesos en junio de 2018. Alcanzó los 709 pesos en octubre en plena crisis cambiaria, dado que este papel siempre fue un refugio de valor para los inversores bursátiles, pero no se pudo mantener.

En un escenario de alta volatilidad y especulación, el precio de la acción de esta gigantesca compañía descendió hasta los 395 pesos en diciembre. Y desde entonces remontó hasta 522 pesos, cuando se tomó la decisión que ahora se formaliza. Por supuesto. en dólares su valor es mucho menor al que tenía.

De todos modos, su cotización local no es importante para Tenaris: se trata de una empresa multinacional. El golpe es para la Bolsa local, que pierde un título de referencia.

Esta empresa, la mayor productora global de tubos de acero sin costura para la industria petrolera y que es controlada por el grupo Techint, había dado a conocer una ganancia de 243 millones de dólares en el primer trimestre de 2019.

Desde hace más de 60 años, Tenaris es un importante protagonista en el desarrollo del mercado del petróleo y gas en Argentina a partir del establecimiento de la planta de Siderca en la ciudad de Campana en 1954. Actualmente, la planta es considerada una de las más eficientes e integradas de su tipo en el mundo, con una capacidad de producción anual de más de 900.000 toneladas de tubos sin costura.

Además, produce una amplia gama de productos para el mercado energético, automotriz, para aplicaciones agro-industriales y exporta más del 70% de sus productos de alto valor agregado a todo el mundo.

Pero en medio de la inestabilidad y de algunas tensiones con el gobierno de Macri, Rocca –el empresario ítalo argentino que es el alma mater de esta compañía- anunció su deseo de abandonar el listado que cotiza en bolsa y llamó a una reunión de directorio para proponer su decisión.

Eliminan tasa aduanera a importaciones de insumos para ciencia y tecnología

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El gobierno eximió del pago de una tasa aduanera a los insumos importados destinados a investigaciones científicas y tecnológicas, por el Decreto 515/2019.

La ley 25.613 había establecido el régimen de Importaciones para Insumos destinados a Investigaciones Científico-Tecnológicas, mediante el cual se exime del pago de derechos de importación y de todo otro impuesto, gravamen, contribución, arancel o tasa de carácter aduanero, creados o por crearse, con exclusión de las tasas retributivas de servicios, para la importación de bienes efectuada por los beneficiarios. A pesar de ello, la tasa aduanera se cobraba, lo que despertó los reclamos de las instituciones científicas.

La medida está destinada a los organismos y entidades del Estado Nacional, las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con competencia en la materia y las entidades de bien público comprendidas en el artículo 20, inciso f) de la Ley de Impuesto a las Ganancias (t.o. 1997).

Por el inciso f) se incluye a las asociaciones, fundaciones y entidades civiles de asistencia social, salud pública, caridad, beneficencia, educación e instrucción, científicas, literarias, artísticas, gremiales y las de cultura física o intelectual y excluyen a las entidades que obtienen sus recursos, en todo o en parte, de la explotación de espectáculos públicos, juegos de azar, carreras de caballos y actividades similares, así como actividades de crédito o financieras, con la salvedad de los Colegios y Consejos Profesionales y las Cajas de Previsión Social, creadas o reconocidas por normas legales nacionales y provinciales.

El cambio climático y la geoingeniería

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La idea es audaz: ante el calentamiento global, al que la gran mayoría de los meteorólogos consideran una amenaza real e inmediata, algunos científicos han planteado una propuesta de geoingeniería, ingeniería en escala planetaria: inyectar partículas de carbonato de calcio en la atmósfera para reflejar parcialmente la luz solar y así disminuir el calor que llega a la superficie.

La Universidad de Harvard ha creado un panel para estudiar a fondo el proyecto antes de avalarlo. Las consecuencias podrían ser imprevisibles…